[EVENTO - GRUPO 6] Okawa Ken, Egil, Kurotabo y Joe

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Re: EVENTO: ENTRADA AL GRAND LINE - CABOS GEMELOS

Mensajepor Kurotabo » Sab Jul 21, 2018 1:26 pm

Como buen cocinero me encuentro preparando todo para organizar una comida, algo que alimente al cuerpo y al espíritu de todos los que coman en aquella embarcación. El movimiento en un barco que viaja en alta mar es habitual, no le doy demasiada importancia, la verdad, estoy acostumbrado a preparar comidas en situaciones de lo más variopintas, todo lo que necesito lo tengo, listo y preparado sobre la cocina. - Espero que no haya problema con que prepare algo de estofado, no hace tanto calor como para que el estofado siente mal. - Pienso mientras coloco una olla llena de agua en una de las bocas de la cocina para cocer las patatas y las zanahorias con las que prepararía el estofado.

Luego comienzo a partir la carne en pedazos para que absorbiera mejor el sabor de los demás ingredientes, así como para que se cociera de manera uniforme, evitando así que partes se quedaran crudas y estropearan el sabor de la comida. De pronto una de las ollas se mueve, no de la forma habitual, sino que sale volando hacia la parte posterior de la cocina. - ¿Qué demonios pasa? - Pienso mientras me asomo un segundo a la proa del barco para ver que demonios sucede para que todo comenzase a seguir la olla. El barco es sobrepasado por un barco, aparentemente vikingo, que sube por una enorme montaña, siguiendo un canal.

Aquello solo puede significar una cosa, estamos ya llegando a la Reverse Mountain, por lo que vuelvo a la cocina y apago todo. Guardo la olla en su armario y sobre todo, los cuchillos en sus respectivos cajones, lo último que necesito es que aquello se convierta en una lluvia de cuchillos que puedan perfectamente matarme.

Por lo que tengo leído sobre el acceso al Grand Line, a través de la Reverse Mountain, el barco tomará una velocidad asombrosa, de modo que me coloco en una esquina, reduciendo la posibilidad de salir volando del barco a prácticamente nula. Soy consciente de que todo lo que sube, tiende a bajar, y por eso tengo pensado mi movimiento una vez note el cambio de inclinación en la embarcación.

Así aguanto en el rincón la subida mientras el barco toma velocidad. En el exterior se escucha el zumbido de millares de alas, seguramente algún enjambre de insectos en lo alto de la montaña. Justo después, el barco cambia de inclinación, momento en el cual me sujeto de la construcción firme más cercana, la pila, en la que se lavan los alimentos y utensilios. La velocidad es notoriamente superior a la de subida, pues a la velocidad de la corriente, se suma la que imprime la propia gravedad.

Toda esa velocidad es detenida en seco, lo que hace que salga disparado de la embarcación, en ese instante me vi muerto, pues iba directamente a caer al mar, pero algo me retiene y me lanza hacia la derecha. Un milagro, o algo totalmente voluntario, la verdad es no estoy muy seguro de lo que acaba de ocurrir. Sólo sé que ahora me encuentro en una especie de cabo que se interna en el mar, es muy amplio, y en mitad del mismo se ve un faro, junto al cual se ve una hamaca, y del cual proviene una voz llamándonos locos a todos los que acabamos de estrellarnos contra un muro de un extraño material blanco. - ¿Qué clase de psicópata coloca un muro blanco al final de una corriente descendente tan veloz? - Pienso mientras veo como los demás también son atrapados por una extraña sustancia y como el gigante que montó un espectáculo en Loguetown cae al agua directamente. Es hora de investigar qué demonios ocurre, así que espero a ver quién más hay por donde me encuentro y veré si me beneficiaría unirme a alguno de ellos para no estar solo y, por tanto, más vulnerable.
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Kurotabo empieza a preparar un estofado hasta que nota como el movimiento del barco cambia, debido al incremento de velocidad. Tras comprobar que está cerca de la Reverse Mountain se las ingenia para no salir despedido en el trayecto, y así es hasta que el impacto lo manda a volar, momento en el que piensa que va a morir hasta que le llevan a tierra, donde busca a alguien con quien poder aliarse, al menos temporalmente, para no estar solo.
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Re: EVENTO: ENTRADA AL GRAND LINE - CABOS GEMELOS

Mensajepor Egil » Sab Jul 21, 2018 3:06 pm

Durante el trayecto desde Loguetown hasta la Reverse Mountain, fue Égil quien se encargó del timón y de llevar la dirección del barco. Sin duda podía dejarle todos los detalles a mayores a Kida, experimentada navegante como él, y así no tendría que preocuparse por desatar algún cabo o de plegar la vela mayor si adquirían demasiada velocidad. Por el momento el clima estaba bastante bien, por lo que la ayuda necesaria era mínima. Égil disfrutaba cada momento con el timón en sus manos. Volver a manejar un barco después de tanto tiempo le traía recuerdos hermosos de los días idos. Si cerraba su único ojo, casi podía ver a Marco y a Julián bailar en la proa de un barco imaginario. Canturreaban alegremente mientras bebían vino e invitaban a Égil a unirse a ellos. Se regocijó en aquel recuerdo durante unos minutos, hasta que decidió desecharlo para volver a la realidad. Égil no tardó en notar el aumento de velocidad en el barco. -¡El barco está ganando velocidad! ¡Si lo poco que sé es cierto, pronto alcanzaremos velocidades inimaginables para un barco, agarraos bien a algo!- Egil se concentró en mantener un rumbo estable y en agarrarse bien al timón del barco mientras la velocidad se volvía cada vez mayor. Se había fijado hacía casi una hora en que detrás tenían otro barco, pero decidió no darle importancia. Otros navegantes, tal vez. Piratas o marines, le daba igual. Ellos iban en cabeza y así seguirían hasta el final. Terminarían perdiéndolos de vista, supuso.

En el horizonte, en la dirección de la proa del barco, una montaña se alzaba imponente, invitando a los navegantes a surcarla. Sí, surcarla. Pues aquella montaña era la famosa Reverse Mountain. La única montaña, en conocimiento de Égil, que era escalada por los cuatro mares. El acceso al Grand Line. Diez mil metros de subida, diez mil de descenso. La corriente se volvía más y más fuerte conforme se acercaban a aquel gigantesco coloso y cada vez se presentaba más inevitable el ascenso. Égil tembló un poco de la emoción. Tenía también un poco de miedo, para qué ocultarlo. Cuarenta años en los blues te acostumbran a la vida tranquila y sosegada, por muy pirata que hubieras podido ser. -¡Agarraos ahora!- Y avisando una vez más, Égil se agarró con todas sus fuerzas al timón, confiando en que este aguantase el poder del ascenso por la Reverse Mountain. Las garras de sus pies se enterraron ligeramente en la madera del barco y logró una postura más o menos equilibrada, compensando la inclinación y la velocidad de ascenso del barco. Así duró el viaje durante minutos que parecieron horas. El barco completamente diagonal, cientos de barriles, algunos de cerveza que arrancaron una maldición del león por no haber pensado en ellos antes, se precipitaron al vacío. La cima de la montaña se veía inalcanzable, pero el barco era imparable, o eso parecía. Pronto Égil logró ver que la montaña se acababa, por lo que pronto llegarían a la cima de la misma. Entonces empezaría lo bueno.

Mantener el equilibrio en situaciones extremas se le daba bien, pero tampoco era algo absurdo, porque cuando, de repente, decenas de enjambres de moscas aparecieron y rodearon al león, este se dio cuenta de que, por mucho equilibrio que tuviese, jamás podría defenderse y conservar su vida al mismo tiempo. Cerró su ojo mientras se agarraba con todas sus fuerzas al timón y las moscas le mordían por el cuerpo. Soltó un rugido de dolor en el proceso. De repente, la gravedad que hasta hace un momento los arrastraba hacia el vacío por un lado de la montaña, tuvo problemas al encontrarse con la gravedad que pretendía arrastrar el barco hacia el vacío por el otro lado de la montaña. Discutieron un rato acaloradamente, dejando el barco vikingo en una especie de punto muerto en el que casi podían flotar en el aire, y finalmente una cedió a la otra por la influencia de las conciliadoras, aunque brutales, corrientes marinas. Empezó entonces el descenso.

La velocidad entonces alcanzada fue inimaginable. El león pudo agarrarse y mantener su posición con algo de dificultad, era más duro que durante el ascenso. Se sentía extraño, como si estuviera más débil. Las moscas ya se habían dispersado gracias a la velocidad del descenso y ahora el rostro y torso de Égil se descubría como una especie de mapa del tesoro hecho con picaduras. Encima picaban. En cuestión de minutos el barco se recorrió toda la diagonal de la montaña en descenso. Tanto a la izquierda como a la derecha podían verse dos trozos de roca, cada uno con una enorme estructura. Parecían ser faros. Pero Égil no tuvo mucho tiempo para especular, porque de repente, surgida de la nada, una pared de una sustancia blanca desconocida para Égil en aquel momento envolvió el barco y lo detuvo con tremenda brusquedad. La velocidad del descenso sumada al choque con dicha pared hizo que la embarcación prácticamente estallase en cientos de astillas de madera. El timón al que se había estado agarrando Égil todo el tiempo reventó y el león salió disparado hacia el cielo. -¡NOOOO!- Se sorprendió a sí mismo temiendo por la vida de sus compañeros. Extendió uno de sus brazos hacia el más cercano de ellos, tratando de agarrarlo, pero falló estrepitosamente. Una de las putadas de ser tuerto es que uno pierde cierta capacidad para la visión en tres dimensiones.

Con toda la esperanza por su vida ya perdida, Égil cerró su único ojo y esperó que la muerte fuera rápida. Sin embargo, lo que ocurrió no fue su muerte, sino su salvación. Un hilo de la misma sustancia blanca que había detenido y destrozado el barco le agarró y le atrajo hacia uno de los dos cabos. Era el derecho. En cuanto tocó tierra, empapado y mareado, trató de levantarse. El primer intento falló de forma patética. -Qué cojones...- No entendía lo que le pasaba. No debería de sentirse de aquella forma. ¿Se había golpeado al caer? No recordaba nada parecido. Al segundo intento logró levantarse y apoyarse en una pared de roca bastante caliente por el sol. Buscó con la mirada la voz que les hablaba. Buscó con la mirada a sus amigos. ¿Dónde estaban?

EDIT: Al buscar con la mirada a sus compañeros, se dio cuenta de allí había tres personas con él. Un joven de pelo largo y negro, otro de pelo también largo y azul y otro rubio y con el pelo un poco más corto. Los inspeccionó brevemente con su único ojo azul. No conocía a ninguno y no sabía si eran peligrosos o no. Su estado de salud se deterioraba por momentos. ¿Necesitaría la ayuda de aquellos desconocidos? ¿Cómo estarían sus amigos? Un muro de cera les rodeaba. Estaban en una especie de cilindro. Miró hacia la cima. Estaba bastante alta.
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Subimos, bajamos, caemos y nos rescatan. Creo que es un buen resumen. Por si hiciera falta más, Égil se agarra al timón de principio a fin, es picado (no me voy a defender) y el timón revienta al chocar contra la pared blanca, momento en que, como describe el narrador, le rescatan unos hilos blancos. Ahora sufre los efectos secundarios de las picaduras, pero no sabe que ha sido por ellas.

EDIT: Bueno, he añadido que veo a mis compañeros de cilindro y al propio cilindro en vista de lo que ha sido revelado. Como nadie ha posteado después de mí no creo que haya problema en editar. De todas formas lo he hecho transparente y se lo enviaré a Sogeking para que me diga si está bien o si quiere que lo elimine.

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Re: [EVENTO - GRUPO 6] Okawa Ken, Egil, Kurotabo y Joe

Mensajepor Joe » Dom Jul 22, 2018 9:33 pm

Ignoro las provocaciones del peliazul. -¿En serio cree que quiero volver a un puerto lleno de marines persiguiéndome? ¿Como puede ser tan idiota?- Pienso mientras me dirijo al centro de la cubierta y me prendo otro cigarro. En cualquier caso, y por poco que me guste, no parezco tener más opción que la de quedar a la deriva con esos tipos.

Casi había vuelto al montón de redes en el que pretendía recostarme de nuevo, cuando las palabras del otro cyborg, que parecía haberme leído la mente, me hicieron cambiar de rumbo y apoyarme en la popa, cerca del inicio del mástil donde el peliblanco se había colocado, para seguir fumando. -Compruébalo tu mismo si quieres- digo con toda la cortesía que tengo, que no es mucha, señalando el timón con la cabeza.

Al cabo de un rato, una enorme masa de roca se perfila en el horizonte. No hace falta ser muy listo para saber cuál es nuestro destino: la Reverse Mountain. Al poco de percatarme de la gran montaña, la velocidad de la embarcación empieza a aumentar más y más. Rodeo el mástil de la embarcación con un cabo y lo enrollo en mis puños. El inicio del ascenso casi me hace salir disparado hacia atrás. Los minutos se hacen eternos hasta la cima, y una vez arriba nuestros problemas no han hecho más que empezar, pues un enjambre de moscas nos ataca apenas terminamos el trayecto. Al ver los 10.000 metros de caída a nuestros pies, con la embarcación suspendida en el aire, desisto de cualquier intento de protegerme de las picaduras y tiro de los cabos para acercarme al mástil hasta encaramarme al mismo. La vertiginosa caída es tan intensa que me corta la respiración. Llegando al fin a las aguas del Grand Line, un inmenso muro blanco se alza en nuestro camino, bloqueando el acceso a dos enormes cabos que se adentran en el mar. Cierro los ojos ante la inminente colisión y siento como salgo disparado mientras el mástil al que me agarraba y el suelo que me sostenía estallan en astillas.

Cuando vuelvo a abrir los ojos, me encuentro en tierra. -¿Estoy vivo?- me pregunto incrédulo mirándome las palmas de las prótesis. A los pocos segundos miro a mi alrededor, me encuentro en un extraño y enorme cilindro blanco, al parecer del mismo material que el muro con el que habíamos chocado. Y no estoy solo, un extraño hombre de aspecto cuidado y pelo oscuro me observa, aunque no le presto mucha atención, ya que otro individuo me sorprende en cuanto me percato de él: un enorme hombre león, de más de dos metros de alto, se erguía apoyado en una pared. Aquél tipo casi hace que no me fije en el tercer ocupante del cilindro, pero su inconfundible melena azul delata al tipo que me acompañaba desde Lvneel.

Esperando la reacción de alguno de ellos, me enciendo un cigarro, sin embargo, en cuanto la adrenalina del momento desaparece, todo mi cuerpo comienza a dolerme como nunca lo había hecho. -¿Qué me ha pasado?- pienso a punto de entrar en pánico. Consigo dar otra calada, calmarme y ponerme a pensar. -¡Las moscas!- me digo al recordar algo sobre especies tropicales cuando estudiaba medicina. -Necesito un antídoto… No, necesito a alguien que conozca un antídoto.- Pienso mientras me concentro en intentar no mostrar mi estado.

-¿Estáis todos bien?- pregunto haciendo un esfuerzo increíble para levantarme y mantenerme recto, aparentando estar lo mejor posible. Al fin y al cabo, necesito salir de allí, y para ello, voy a necesitar ayuda
.
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Llegamos a la Reverse Mountain, la subimos, me pican, caemos y chocamos. Milagrosamente llego a tierra y, al darme cuenta de que he sido envenenado por las moscas, trato de hablar con el resto para conseguir ayuda.
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Re: [EVENTO - GRUPO 6] Okawa Ken, Egil, Kurotabo y Joe

Mensajepor Okawa Ken » Dom Jul 22, 2018 10:21 pm

El viento junto con la corriente los había conducido fuera de puerto y los edificios del reino de Lvnell quedaban atrás, haciéndose poco a poco más y más pequeños en la lejanía. Parecía que sus comentarios sarcásticos no habían servido para relajar el ambiente precisamente, pero poco le importaba. Ya había advertido al hombre de hojalata, alias “Destructor de timones”, que podría marcharse de allí y al no hacerlo estaba condenado a sufrir el acoso verbal de Ken. Por si fuera poco, llegó un invitado extra: el famoso Mr. Gadget, más gruñón que nunca, el cual estaba reprochándole a Ken su comportamiento. – Eres un aburrido, Mr. Gadget… – Contesto el peliazul, sonriente y observando con un ojo abierto a los otros dos individuos mientras estaba echado sobre la panza de Walter – Está bien… Seré un niño bueno… No quiero hundir mi carta de salida. – No tenía problema en pelear con ellos, aunque se molestasen por tan poco, aunque preferiría que no fuese nada más salir de aquel puerto.

Lvnell dejó de verse hace tiempo, seguían sin conocer cuál era el rumbo a donde los llevaba aquel barco pesquero y Ken seguía durmiendo la siesta junto a su león negro, ambos preferían no tener que preocuparse por la situación que los rodeaba. Se dice que las mascotas se parecen a sus dueños ¿No? Aún así el sueño plácido tenía un final inevitable, el oído del viejo Walter había sido alertado de un extraño susurro del agua a lo lejos. Se levantó de su siesta como si no tuviera al peliazul al encima, dejándolo caer sobre la madera del barco. Recibió un buen golpe cuando su cabeza chocó con la superficie sólida, despertándole de una forma un tanto brusca. – ¡Auch! – Exclamó para luego llevarse instintivamente las manos detrás de la cabeza y acariciarse la zona del golpe. – ¿Qué pasa Walter? ¿No puedes seguir durmiendo? – Le preguntó a su amigo por su extraño comportamiento, que normalmente era tan perezoso o más que Ken. El peliazul estaba observando al gigantesco felino aún desde aquella posición en el suelo, el gatito se veía mucho más grande e intimidante. ¿Así veían las hormigas a todo el mundo? Esa pregunta que haría temblar los cimientos de la filosofía no encontraría su respuesta en aquel mismo momento. Walter estaba tenso, nervioso, sus ojos azules estaban clavados en un punto fijo del horizonte. Habían crecido juntos y sabía reconocer esos cambios en su fiel amigo. – ¿Qué diablos te pasa? – Volvió a preguntar sabiendo que no podía ser respondido con palabras, por lo que al final de la frase comenzó a levantarse apoyando su diestra en la baranda del barco para luego mirar en la misma dirección.

Por un momento creyó ver una alucinación, en el horizonte veía una montaña y el agua subía por ella como si fuerzas sobrenaturales la empujasen a elevarse hacia el cielo. – Imposible – Algo así no entraba dentro de la mente del joven que acababa de lanzarse a la aventura, donde todo le era desconocido. Ken se frotó los ojos pensando que era imaginación suya… pero no… ahí seguía, no tenía sentido… el agua siempre cae, no sube. – Debe ser un sueño – Era la respuesta más lógica que se le ocurrió. Se pellizco una mejilla para despertar de él pero seguía estando allí, luego lo hizo con más fuerza esperando que surtiese efecto y para su sorpresa continuaba sin funcionar. Empezaba a preocuparse y en un acto desesperado agarro con cada mano un lado de la boca y estiró todo lo fuerte que pudo. – Duele – Se quejó, pero nada, seguían acercándose y ahora se veía más claramente. Soltó su adolorida boca, recuperando su forma original, y volvió a apoyar ambas manos en la baranda, quedándose un rato observando al mismo punto que Walter.

Tratar de asimilar eso era difícil, el rostro de Ken estaba atónito, pero poco a poco se fue transformado en uno de jubiloso asombro. Simplemente no había que buscarle explicación a lo inexplicable, solo había que coger al toro por los cuernos y vivir la aventura. Solo la simple vista de aquella maravilla hizo que mereciera la pena escapar de casa. – ¡Chicos, chicos! ¡Mirad eso! – Llamo a Mr. Gadget y al hombre de hojalata, cuyo nombre aún desconocía, para compartir su descubrimiento. Sin embargo, el felino parecía más asustado, Ken tardo en darse cuenta y cuando lo hizo busco la causa. El motivo era que la embarcación iba rumbo a la montaña y si el agua subía ellos también lo harían si no cambiaban de rumbo ahora mismo. Una pena que el hombre de hojalata se hubiera cargado el timón, porque ahora se iban a comer la montaña enterita. ¡Pero ahí estaba la diversión!

– ¡Chicos agarraos! ¡Tú igual Walter! – Exclamo advirtiendo a los demás y el león obedeció al instante, era más listo que algunos humanos. Sin dudarlo sacó sus garras y las clavó con toda la fuerza posible en la madera de la embarcación, tanto las patas delanteras como las traseras. Ken se subió encima de Walter y se agarró fuertemente a su cuello, abrazando aquella melena negra. Nada podía borrar la sonrisa de su rostro pese a que adivinada que aquello era peligroso y que seguramente palmasen. – ¡Allá vamos! – Gritó antes de entrar en la corriente ascendente, alcanzando una velocidad increíble en cuestión de segundos. Los objetos del barco comenzaron a caer o directamente salía disparados de la embarcación, el aire comenzaba a hacer presión. Walter cerraba sus ojos y apretaba sus dientes mientras que el aire descontrolaba sus bocas cuyos labios parecían salir disparados en cualquier momento. Ken reía y gritaba, mientras tornaba entre un ojo y otro ojo abierto para tratar de ver a donde se dirigía.

Algo empezó a dibujarse en la cima, algo que cada vez era más preocupante. ¿Eran unas masas negras que flotaban? No tenían una forma definida, más bien cambiaban constantemente. Una siniestra sospecha se formó en su mente cuando empezó a escuchar un zumbido que se hacía más y más fuerte a medida que se acercaban. ¿Eran insectos? Intentaba creer que no, pero la realidad se hizo evidente cuando apenas estaban a unos palmos de distancia. ¿Dónde estaba ahora el sonriente Ken? ¿Y esa cara de asco? Se supone que es divertido. El peliazul, asustado, enterró su rostro en la melena de Walter y se abrazó con mayor fuerza a éste tratando de protegerse de la forma que fuera. No quería mirar, pasó unos segundos largos antes de volver a abrir los ojos, la sola idea de estar cubierto de insectos… Pero para su sorpresa no le había pasado nada, quizás por su cercanía a la presencia del felino. Sus compañeros inesperados de viaje no correrían la misma suerte que él, los busco con la mirada para luego encontrárselos cubiertos de moscas. – ¡Qué asco! – Exclamo con un rostro que parecía enfermizo.

Llegó un punto en el que la subida parecía eterna, pero todo lo que sube debe de bajar. ¿Correcto? Ellos no eran una excepción, hubo un momento en el que la corriente cambió en una bajada y ellos también lo hicieron. El aire seguía golpeando con fuerza y tenían que continuar bien sujetos. Aquello disparaba la adrenalina, era una sensación que Ken no había experimentado nunca y por eso le encantaba, eso o estaba empezando a descubrir un ocio bastante extraño.

Pero todo tenía un fin, una pared blanca empezó a dibujarse en la distancia, bloqueando el camino y no tenía el aspecto de ser precisamente blandita. ¿Era su final? ¿Tan pronto? No quería morir, debía de admitirlo, no obstante, prefería hacerlo con esa sensación de libertad tras vivir algo que no experimentaba todo el mundo. Lejos de las ciudades, del circo y las obligaciones. – Ha sido un placer haberte conocido Walter, has sido como un hermano para mi – Le susurró al león negro para luego abrazarse más fuerte de nuevo a su cuello y enterrar una vez más su rostro en la melena, pero esta vez con más cariño. El gigantesco felino, aún agarrado a los tablones de madera, respondió con una especie de ronroneo y cerrando sus ojos azules lentamente. Eso sí, no solía ser propio de Ken estar serio durante mucho tiempo, ni siquiera en esos momentos. – También me alegro de conoceros a ustedes dos, pero… ¡Qué os den! – Les gritó a sus compañeros de viaje para burlarse de ellos una última vez.

Sus parpados se cerraron cuando estaban a punto de chocar con aquella pared, recordó a sus hermanos, a sus padres, a toda su familia pese a dejarlos atrás. No se arrepentía de nada. El mundo quedó sordo y mudo durante unos instantes, le invadió una sensación de estar flotando. ¿Ya estaba muerto? Si es así no sintió el choque, nada de dolor. ¿Estaba en el cielo entonces? La gente decía que era un bello campo de flores… Abrió los ojos para encontrárselo, ver si era tan bonito como en las historias y… nada de eso. ¿Seguía vivo? Podía observar dos faros a cada lado del agua, la roca desnuda de la misma montaña, aquella endiablada pared blanca con restos de madera de diferentes naves acumulándose en su base.

¿Pero cómo había sobrevivido? ¿Cómo flotaba? Exactamente flotar no era, seguía montado sobre Walter y una extraña sustancias los rodeaba, estaban siendo arrastrado por ella en dirección a un peculiar cilindro blanco y hueco. ¿Qué coño estaba pasando? Como se menciono antes, era mejor no explicar lo que no tenía sentido.

Estaba acompañado, había más personas encerradas en aquella extraña prisión de peculiar composición y sin embargo no había ojos para ellos. Nada más llegar al suelo se bajó del león para prestarle máxima atención a él – ¿Estás bien Walter, no te has hecho daño? Quizás te forzaste demasiado. – Le preguntó, arrodillándose frente a él para tomar una de sus patas delanteras y presionar sobre las esponjosas bases, sacando sus uñas y examinándolas con cuidado. Demasiada sobreprotección, el propio felino le hizo entender que estaba bien con un lametón que recorrería el rostro del peliazul de abajo a arriba, haciendo que soltara su pata. – ¡Iugh, que asco! ¡Me has llenado de babas de gato! – La sensación áspera de su lengua era desagradable y también la de sus babas, pero al mismo tiempo estaba tranquilo de que estuviera en perfecto estado.

Entonces una voz grito fuera de aquellos conos, preguntando de una forma un tanto agresiva que si estaban locos. ¿Estaba enfadado? Walter respondió con un rugido, poniéndose tenso al momento. Ken se levantó para dirigirse al emisor. – ¡Sí, estoy loco! – Exclamó para que le escuchase aquella misteriosa y enfadada voz. – ¡Estoy loco porque juraría que he visto y navegado por una montaña donde subía el agua! ¡Porque nos han atacado una nube de insectos, casi lorimos contra una pared blanca que sale de la nada y… – Miró a un lado pues escuchó varias voces y entre ellas una voz conocida que preguntó si estaba bien, encontrado a su compañero de navío y a un hombre de extraños trapos, a los cuales señalo para, a continuación, procer con la conversacuón. — … ¡estoy atrapado con un hombre de hojalata destroza timones, un samurái pasado de moda y con…! – Giro su rostro hacia su izquierda para identificar al tercer individuo, que expresó una frase cargada de masculinidad mencionando las partes nobles de un hombre – …con… – Bajo el tono de voz, tratando de asimilar por segunda vez algo increíble. ¿Era un León? Tenía cara de León o de gato como mínimo, pero no era Walter y… ¡Caminaba sobre dos patas! ¿Qué era ese ser? ¿Había hablado? Se quedó unos segundos contemplándolo, con cara de póker, aunque poco a poco fue convirtiéndose en un rostro de fascinación y sus ojos de color dorado empezaron a brillar sin poder quitarle ojo a dicho ser. – ¡Se ve genial! ¡¿Qué eres?! ¡¿Puedes hablar?! – No se le ocurría nada mejor que decir, en aquel momento pensó que definitivamente estaba loco de remate y daba gracias por ello.

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La narración empieza aún saliendo de Reino de Lvnell, pasa un tiempo y luego se encuentran con Reverse Mountain y Ken se queda maravillado pensado que era un sueño pero al final asimila que eso es verdad. Vive con asco su encuentro con las moscas y cuando va a chocar con el muro tiene un momento tierno con su masco, pensando que estaban muertos. Luego se da cuenta de que estan vivos y que una sustancia blanca arrastra a ambos al un cilindro. Ken responde a aquella voz enumerando a sus compañeros para finalmente quedarse maravillado con la presencia de Égil. Estado emocional final de Ken: "Tengo hype" (?)

PD. Si me he saltado algo de alguno de los presentes avisadme y si puedo edito (?) En cuanto a Kuro me ajusté a las descripción física de la ficha, de ahí que lo identifique con un samurai. A lo mejor lleva un delantql, porque estaba en ls cocina, no?. Y como habreis notado Ken no tiene ni idea de la Reverse Mountain, ni ha oido hablar del Grand Line, ni siquiera sabe lo que es una akuma (?)
Suerte boys!! Divirtamonos juntos!!
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Un lunes cualquiera...Mostrar
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Cuando ves la factura de Orange...Mostrar
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¡No pienso renunciar a mi sueño! (?)Mostrar

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Re: [EVENTO - GRUPO 6] Okawa Ken, Egil, Kurotabo y Joe

Mensajepor Voz Seductora » Lun Jul 23, 2018 5:43 pm

Aclaraciones: Egil tu personaje no tiene la inteligencia suficiente como para deducir a simple vista y de una pasada que lo que os rodea es cera.
 ! Mensaje de: Voz Seductora
Todos aterrizasteis sin mayor repercusión, sin daños aparentes visibles pero sólo con lo puesto, sin llevar nada de equipaje a vuestra zona ni ningún suplemento que no fuera lo que portábais.
Kurotabo parecía solemne y paciente se preguntaba qué clase de psicópata frenaría los barcos de tal forma, Egil inspeccionaba con su único ojo a sus acompañantes apoyándose con la mano en el cilindro para levantarse, visiblemente afectado por el veneno de su cuerpo, a la vez que Joe fumaba y se levantaba haciendo un esfuerzo para aparentar estar bien, preocupándose por la salud de los demás, acabando con Ken y su acompañante peludo acercándose a Egil para preguntarle que qué era y que si podía hablar.
Egil al tocar los muros podría dictaminar y deducir que eran consistentes y macizos, y que la fuerza física no sería una opción barajable.

Por fuera se apreciarían los gritos de algunas personas entremezclados entre sí, pero nada claros excepto para los que tuvieran un oído de más de desarrollado frente a la media humana habitual, pero todos fueron capaces de escuchar un bramido que inundó el aire mismo y lo cargó con esencia de terror. Un gran monstruo gruñía enfurecido en la lejanía (y no tan lejanía) pero parecía que todos estaban a salvo dentro de esos cilindros blancos.
De hecho, si se prestaba atención, se podría ver que al ser totalmente cerrados a excepción del techo, dejaban dos vías de escape posibles aparentemente, pero ¿era salir verdaderamente lo que se quería? Eso era cosa de cada uno.

Tras el bramido de aquel monstruo, se escuchaba la voz repetitiva de un anciano gritando por sobre todas las demás.
- ¿¡QUÉ!? ¿QUÉ COJONES DICES? ¡HABLA MÁS ALTO QUE NO TE ESCUCHO! - repetía de forma desordenada como si mantuviera una conversación con alguien - ¡¡QUE NO TE ESCUCHO PUTO VIEJO!! - insistía, visiblemente malhumorado.
Por desgracia, al estar en el cabo de la derecha (el de la hamaca) sólo podías escuchar contestar al hombre gritón, quien sonaba relativamente cerca.

Tampoco era algo a lo que aferrarse en este momento, pues parecía que el destino había querido deparar a aquel variopinto grupo. Un hombre león, un hombre domador de leones con su león, un cyborg y un monje de tez serena. Dos piratas aparentemente experimentados en vivencias y dos ciudadanos voluntariosos y curiosos. ¿Se enfadaría el león con el domador? ¿Querría el domador domarlo y sumarlo a su colección de acompañantes? ¿Qué haría el reflexivo monje? ¿y el vivaz cyborg?
¿Qué sucedería en este lugar?
Información adicional
Tenéis dos turnos completamente libres sin intervención de Narrador, para contestar lo que queráis, interactuar entre vosotros, luchar, tratar de escapar (si de verdad queréis hacerlo) o simplemente esperar charlando. Lo que os guste, pero recordar... que las decisiones no sólo dependen de uno mismo y quizá los que os acompañan os fuercen a veros en una situación que no queréis.
Tenéis las mismas 48 horas para postear, ya que mi post vendrá en la tarde del Miércoles (estamos siendo flexibles con los horarios porque es el primer evento y estamos empezando, pero cada vez se ajustarán más los horarios.
Cuidado los rezagados.)

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Re: [EVENTO - GRUPO 6] Okawa Ken, Egil, Kurotabo y Joe

Mensajepor Egil » Lun Jul 23, 2018 6:53 pm

Su visión se volvía doble por momentos. A veces, esta misma visión le apartaba de la postura de tío duro que intentaba adoptar de forma casi instintiva. Verse rodeado de desconocidos en un estado en el que con dificultad podría presentar batalla, una vez su mermado cerebro pudo procesarlo, le produjo un poco de nerviosismo que ocultó con su semblante serio. Continuó apoyado en aquella pared de un material extraño, y fue gracias a ello que logró notar su tremenda dureza. ¿Qué es esto? pensaba para sí mismo. Es blanco y duro, ¿es algún tipo de piedra?. El muro le parecía similar al que había aparecido de la nada para bloquear todos los barcos. También le parecía similar al hilo que los rescató en pleno aire. Pero su cerebro no lo conectaba con ningún material conocido. Su mente, en aquel momento unidireccional, se decidió por un aproximamiento empírico hacia la causa del problema. En verbo simple, digamos que Égil le pegó un lametón a la pared. -Buagh, esto no es puta piedra.- Escupió un par de veces. Estaba duro, pero era viscoso. Su cerebro trabajaba a toda velocidad, casi lo tenía. Su mente viajaba a través del pequeño Universo que era la memoria de Égil. Cada vez más pequeño debido a su estado similar al de la fiebre. Una luz brillaba al borde de aquella oscuridad. Estaba a punto de alcanzarla. Estaba a punto de saber...

"¡Se ve genial! ¡¿Qué eres?! ¡¿Puedes hablar?!"

-¿Qué?- La voz de Égil sonó como el golpear de un martillo que rompe el silencio de la noche. Su único ojo se movió para localizar la fuente de aquel sonido. Era el chico de pelo azul y ojos dorados, que le estaba hablando con emoción desmedida. Le hacía preguntas. Le preguntaba si podía hablar. Égil suspiró. Otra vez la misma historia. La idea, fuera la que fuera la que estuviera a punto de alcanzar, se desvaneció en el subconsciente de Égil como si fuera un sueño juvenil. Ahora tenía otro problema. -Sí, chico, puedo hablar. Soy un león que habla y anda a dos patas.- Era uno de esos momentos en los que su visión recuperaba la claridad. No duraría mucho. Fue entonces cuando se dio cuenta de que el muchacho tenía un león. Un puto león. Hermano de otra madre... de otra especie. Nunca había visto uno en persona. Por un momento sintió la llamada de un instinto ancestral que despertaba.

Es un macho.

La llamada del combate le... bueno, le llamaba, para qué vamos a ponernos poéticos ahora. Quería zurrarle la cara al león. Quería demostrarle que él era el mejor. No, no lo hagas, estás malo, vas a perder. Su lado humano, por otro lado, le suplicaba que no lo intentase. Era un león joven, sano, fuerte. Égil estaba en la mierda. Maldijo para sí mismo mientras redirigía su mirada al muchacho, el cual le miraba como si fuese lo más guay del Universo. Este chaval... puede venirme bien. -Oye chico, si me ayudas a salir de aquí suelto un rugido. Se me dan muy bien, pero tengo que ponerme bueno, me siento un poco enfermo.- Esperaba conseguir la ayuda de aquel chaval. Cambió un poco de postura moviendo la mano con la que se apoyaba hacia otro punto, pero entonces sintió algo extraño. Volvió a mirar hacia donde se había apoyado. Estaba todo igual. Acercó su único ojo hacia la pared, la rascó un poco con su uña. Un trocito muy pequeño de la pared, antes dura como la piedra, se desprendió en forma viscosa, pegándose al dedo de Égil. Era como si se hubiera derretido. Su mente volvió a trabajar a toda velocidad. La idea que antes no logró alcanzar brilló con más fuerza. Se miró su mano peluda. Era la primera vez que la movía de ese punto de la pared desde que la usó para apoyarse. Égil siempre se jactó de tener un pelaje blandito y muy calentito que le jodía bastante la vida en los meses de verano. Aquella pared no era piedra. Le afectaba el calor, aunque probablemente necesitase mucha más temperatura para derretirse de verdad. -Oye, chico, dime si esto es cera. Porque es lo que parece, ¿no?- Su visión volvió a volverse doble. Me cago en Dios. Maldijo para sus adentros.
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Bueno, he pretendido dar una justificación lógica para averiguar que la pared es de cera y respondo a la pregunta del peliazul. No he hablado con ninguno de los otros dos porque todavía no han llamado mi atención personalmente. Espero que esté bien y me disculpo por el error del anterior post, no pretendía que fuera una revelación, solo se me escapó. Esta vez, por otro lado, sí que pretendo averiguarlo.

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Re: [EVENTO - GRUPO 6] Okawa Ken, Egil, Kurotabo y Joe

Mensajepor Okawa Ken » Mar Jul 24, 2018 5:56 pm

Si Ken hubiese sabido que el comienzo de su viaje por el mundo iba a ser tan intenso como lo estaba siendo en aquel momento habría escapado hace mucho. En buen momento había decidido perder sus miedo e inquietudes para decidir abrir aquella jaula y comenzar su particular aventura. Ahora estaba boquiabierto contemplando una maravilla de la naturaleza, un espectacular hombre-león que se sostenía sobre sus dos patas y que podía hablar o al menos eso pensaba Ken pues juraría que lo escuchó hablar. Casi le dio un vuelco a su corazón cuando dicho ser pronuncio un: “¿Qué?” mientras que su mirada se dirigía al peliazul. Éste estaba como hipnotizado por el león, el cual tenía aspecto de ser una persona con gran fortaleza a juzgar por sus heridas de batalla, de hecho, podía apreciar que estaba tuerto. – Maravilloso… Seguro que has vivido aventuras, pareces fuerte… – Le contestó después de que aquel peculiar ser le confirmase que era un león que andaba a dos patas y hablaba. Pero la cosa no acababa ahí, se ofreció a soltar un rugido en exclusiva para Ken si éste lo ayudaba y eso era algo a lo que no podía negarse. – ¡Cuenta conmigo! – Dijo entusiasmado, con una sonrisa de oreja a oreja y llevándose las manos detrás de la cabeza, quizás aquel chico era el menos preocupado por la situación.

No es que no la entendiese, sabía perfectamente que estaban encerrados, que su embarcación había sido destruida y que algunos de los que estaban allí parecían enfermos. Aquel hombre-león no tenía buena pinta, parecía costarle ubicar su mirada y mantenerse en pie. Volvió a mirar a los otros dos, el samurái ese parecía sano pero el hombre de hojalata parecía tener que esforzarse para mantenerse en pie. El repulsivo recuerdo de la nube de moscas atacando a Mr. Gadget y a Lucecitas volvió a su mente. ¿Quizás no fueron los únicos en sufrir la furia de aquellos insectos? – ¿Vosotros también fuiste atacados por una especie de nube de moscas? – La pregunta iba dirigida al samurái y al león parlanchín, ya sabía la respuesta de Joe pues pudo presenciarlo. Luego su mirada se posó en la de su fiel amigo…

Walter tampoco le quitaba el ojo de encima a la criatura, estaba nervioso con la presencia del otro felino, pero, a pesar de que los instintos son fuertes, no atacaría ya que eso disgustaría a Ken. Era completamente fiel y leal al peliazul. El pequeño gatito de trescientos kilos apartó su mirada para dirigirla a las otras dos presencias en aquel lugar, una ya lo conocía, por lo que sus ojos azules duraron más sobre el individuo de ropajes extraños y de cabello oscuro. Enseguida lo olvidó, había algo que inquietaba más al felino que no era la presencia de extraños o la de otro león, esas solo eran pequeñas molestias. Miraba al cielo y la salida estaba demasiado alto, empezó a dar vueltas siguiendo el borde del cilindro. Su paso se volvía más nervioso y acelerado, otra vez encerrado. – Walter... – Le llamó el peliazul al darse cuenta del comportamiento del felino y este lo busco con su mirada hasta que ambas se cruzaron. – Relajate, no permitiré que te encierren de nuevo. – El león se quedó mirando un rato al peliazul, la sonrisa había desaparecido, su rostro estaba serio y al mismo tiempo sus ojos dorados estaban calmados. Ambos se entendían solo con la mirada. El animal decidió confiar y esperar, como siempre había hecho, echándole en el suelo y cruzando sus patas delanteras sin quitar ojo a los presentes.

Mientras que su preocupación por Walter se disipaba, Ken se centraba de nuevo en aquellos muros, no parecía simple cemento ni una roca natural. Se escuchó el bramido de alguna especia de bestia y a continuación otra vez aquella voz de un anciano gritando a pleno pulmón, pidiendo que se hablase más alto. ¿Estaba sordo? No era la única voz, se escuchaba más bullicio fuera de aquellos peculiares muros. ¿Había más gente encerrada? Pensó en lo que había sucedido recientemente, aquel muro blanco, luego la sustancia que los había salvado y conducido a aquella particular prisión, tenían el color de aquellas paredes. ¿Estarían hechas de lo mismo?

Luego su mirada se posó sobre el león, que había decidido examinar las paredes. ¿Se daría cuenta también de que su composición no era nada habitual? Eso parecía cuando llamó de nuevo al peliazul preguntándole si aquello era cera. ¿Cera? Bueno, no era la sustancia en la que estaba pensando, pero al menos sí que era peculiar como había pensado Ken – Vamos a comprobarlo. – Le respondió dirigiéndose al mismo punto. Posó su zuda sobre una zona sólida sobre la pared, palpándola y luego rascándola. Era sólido y duro, pero… la textura no era exactamente igual al de una piedra, no sabía definir muy bien aquella sensación. Posó su diestra en la misma zona que había palpado aquel león para notar el contraste, la zona era más cálida y ablandada, era como si el calor alterase la estructura del material. No quería creerse que aquello era cera, había visto muchas cosas imposibles el primer día de su aventura. Acercó su rostro a la pared para olerla, tenía un débil aroma… definitivamente eso no era piedra ni cemento, la teoría de la cera era más fuerte que nunca por imposible que pareciese. Decidió hacerle una prueba más, la del gusto… Le dio un lametón a la pared, tratando de recorrer la mayor longitud posible con su lengua, segundos después Ken empezó a toser. – … Argh… sabe horrible... – Dijo entre toses.

Retrocedió un par de paso para tener mayor perspectiva de la extraña estructura. – Sí, es cera… ¿Pero cómo demonios han hecho esto? Es imposible. – Ken no podía comprender como se había formado algo así o con que propósito. ¿La sustancia que los recogió estaba hecha con el mismo material? Pero lo importante era salir de ahí, tanto el león como lucecitas estaban sufriendo las secuelas de un extraño veneno y Walter empezaría a estresarse. Y pensar que su prisión no era distinta a una vela. Una vela, eso es. Las velas eran consumidas poco a poco por su fuego. Si conseguían aplicar el suficiente calor podrían salir de allí. ¿Pero cómo? Ken seguí pensando cruzándose de brazos y cerrando sus parpados. Trataba de imaginarse algo que tuvieran a mano para generar calor, pero ni siquiera tenían dos palitos de madera para frotar uno con otro. Fue entonces cuando vio la luz en forma de recuerdo…

Estaba de nuevo en el barco, saliendo del Reino de Lvnell. Había dos polizones a bordo, los reconocía. Mr. Gadget y Lucecitas… ¿Por qué lo llamo así? Lucecitas se levantó alertado porque el barco se movía, no podía girar el timón y entonces decidió usar toda su fuerza. Sus brazos se iluminaron con una extraña luz, parecía emanar el ruido de varios motores e hizo tanta fuerza que destrozó el timón. Pero eso es, esos brazos no parecían estar frios precisamente. Aquella era su salida. Ken abrió sus parpados de golpe y sus pupilas doradas buscaban al hombre de hojalata, volvía a sonreír con entusiasmo. – ¡Tú, Lucecitas! – Exclamó llamándolo por el apodo que le había puesto. – ¡Ya sé como vamos a salir de aquí y vas a ayudarme! – Volvió a la pared y le dio una palmada con su diestra sin dejar de mirar al ciborg, quería señalarle el lugar. – Vas a abrir un agujero aquí. – Le dijo como si fuera lo más fácil del mundo. – Puedes generar mucho calor con esas prótesis tuyas, ¿verdad? No necesito tu fuerza, solo necesito que te pegues al muro y generes todo el calor que puedas para derretirlo y en nada saldremos de aquí. – Le habló eufórico. – Se que no te encuentras bien, pero es mejor hacer algo que quedarse aquí esperando.

Acto seguido cogió su arco, el eje de madera estaba a su espalda, su cuerda recorría su pecho y abdomen hasta que se lo quitó para sostenerlo con su zurda. Deslizó su diestra al carcaj para recoger una flecha y colocarla sobre el arco, pero sin tensar la cuerda. – Oye, samurái. – Le habló esta vez al pelinegro, observándole ahora a él. – Habrás oído que hay algo ahí fuera, si esa cosa o alguien nos ataca depende de nosotros dos pelear porque estos dos tíos no parecen encontrarse en condiciones. – No era mentira, los que mejor se encontraban era el samurái y Ken, si algo los atacaba dependía de ellos dos. – Yo estoy dispuesto a liarme a hostias si es necesario… Espero que sepas pelear, porque yo no tengo ni puta idea. – Le sonrió para a continuación empezar a reírse, como si lo que acababa de decir fuera lo más normal del mundo. Ya era libre y protegería esa libertad con su vida aunque no tuviese ni idea de cómo hacerlo, no había cabida para el miedo a esas alturas.
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Resumen: Ken manifiesta cercanía hacía Égil y se ofrece a ayudarle. Tranquiliza a Walter, examina las paredes e idea una forma de escapar, derritiendolas. Habla con Joe y le encarga el generar suficiente calor para abrir un agujero en la pared. Se dirije a Kurotabo y le pregunta si esta dispuesto a enfrentarse si algo les ataca allí muerda.

PD: Se ha editado para dar color a un par de frases que me deje y corregir algunas faltas de horrografía.
Última edición por Okawa Ken el Mié Jul 25, 2018 12:26 pm, editado 2 veces en total.
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Re: [EVENTO - GRUPO 6] Okawa Ken, Egil, Kurotabo y Joe

Mensajepor Kurotabo » Mar Jul 24, 2018 6:30 pm

Silencio, aquello parece más una tumba a un cabo, pero solo sé que es un cabo porque se pudo ver en la caída, no descenso pues si fuera un descenso no sería tan problemático, caótico y peligroso como la caída a no sé cuanta velocidad que causa que el barco se haga pedazos contra un muro blanco, cuya materia realmente no me importa cual sea, pues ahora mismo solo quiero saber como liberarme de la prisión en la que me encuentro. En mi observación del entorno me encuentro con un sujeto en parte metálico, un sujeto medio humano medio león, ambos aparentemente en una condición física bastante reducida, y un joven entusiasta acompañado por un león, aquello parece más un circo que el ingreso al Grand Line, mis planes de encontrar piratas fuertes y formidables a los que unirme para alcanzar nuestras metas fueron frustrados en el momento en que quedé encerrado en aquella estructura cónica blanca, formada por no sé qué demonios de material.

El primero en hacer algo es el hombre león, pegándole un soberano lametón a la pared blanca, por su cara el sabor no es precisamente agradable, no me apetece comprobarlo, pues tampoco ando con ganas de exponerme a situaciones que no conozco, ni mucho menos a agentes que puedan perfectamente ser tóxicos para los seres vivos, aunque el metálico me causa cierta duda sobre si podría calificarlo de ser vivo. Parece confuso, como si conociera la composición de la pared, pero no halle la palabra que la defina.

En eso el joven entusiasta, un chico de cabellos azules, que parece hipnotizado por el semileón, habla con él, alcanzo a escuchar que le pregunta si puede hablar, es casi evidente que puede, y queda patente cuando el león dice un “¿Qué?”. - Madre mía, menuda fauna he ido a tener de compañía en mi primera aventura en el Grand Line… - Pienso mientras me ubico un segundo. Veo que las salidas están arriba, al menos las que están abiertas. - Nura, sal y observa los alrededores, si hay algo extraño, algo que pueda suponer un peligro grazna, no te acerques a nada ni nadie que pueda ocasionarte daño. - Digo a un cuervo que sale volando desde mi cabeza hacia la parte superior de la estructura en la que parece estamos encerrados.

- Mierda, me olvidé el alcohol… - Pienso mientras veo como el león y el chico hablan, sobre la pared y seguramente sobre una forma de salir del lugar. El chico pasa la mano por la pared, parece estudiar su textura y demás, luego pasa a comprobar algo de una forma que jamás hubiera esperado ver dos veces en tan poco tiempo, le pega un lametón de gran recorrido a la pared. Acto seguido se aparta y llama a su león, para pensar sobre todo lo que ha pasado y lo que nos rodea.

Está convencido de que es cera, eso es lo que explicaría que le diga al chico robot que funda la pared de cera, no sin antes preguntar como han hecho aquella pared. - Hay mucho que desconocemos de este mundo, hay poderes que escapan de nuestros conocimientos y nuestro entendimiento, gente con fuerza para matar a un elefante con un solo golpe. Todo es posible por lo que tengo entendido. - Digo respondiendo a esa pregunta del joven antes de que siga con su explicación, la verdad veo su plan muy bueno.

Luego toma su arco y se prepara como para pelear, pregunta si sé pelear, afirmando que él no tiene ni la más remota idea de combates, lo que parece hacerle gracia, a mí la verdad no me hace ninguna, y menos teniendo en consideración los bramidos que se escuchan y al viejo gritón que se escuchan. - Si hay algún peligro lo sabré, y en cuanto a pelear, sé pelear, desde pequeño entreno para ello. Por cierto, ¿tiene alguien algo de alcohol? Además, no soy un samurái, soy un monje, cuidado con lo que dices. Además, no me hace ni pizca de gracia que de los que quedamos sin daños solo yo sepa pelear. - Digo mientras me acerco al grupo, no quiero quedarme rezagado, en caso de que me necesiten los ayudaré desde el inicio.
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Re: [EVENTO - GRUPO 6] Okawa Ken, Egil, Kurotabo y Joe

Mensajepor Joe » Mar Jul 24, 2018 10:14 pm

El peliazul hace oídos sordos a mi muestra de preocupación. -Imbécil…- Pienso frunciendo el ceño. -Ese tipo realmente me pone de los nervios. Aunque para ser justos, estoy impresionado de que mantenga la calma en esta situación… Claro que él no parece estar envenenado.- Un mareo dobla mi visión por unos segundos. -Tengo que darme prisa.-

Hasta el momento, no me había percatado de los distantes gritos entremezclados que se escuchaban a lo lejos. No llaman mucho mi atención, ya que al poco son interrumpidos por un temible bramido que provenía de una media distancia. -No tengo ni idea de que coño es eso, pero no pienso averiguarlo-. Me digo tratando de autoconvencerme, al tiempo que contengo un gemido de dolor.

Me prendo un cigarro para reflexionar en cómo salir de allí. Cuando apenas llevaba unas caladas, algo me llama la atención. Tras unas palabras del hombre-león, el peliazul se había puesto a palpar y lamer las paredes. -Vaya, y yo que empezaba a pensar que no era tan imbécil… Definitivamente no tengo buena intuición con la gente- pienso mientras una sonrisa se dibuja en mi rostro.

Mi sonrisa no dura mucho, pues al poco se ve interrumpida por el peliazul, quien para variar, tenía una buena idea. Tras escuchar su plan de fundir las paredes, doy una calada larga. -Muy bien, peliazul.- Digo mientras me levanto y me acerco hasta ponerme frente a él. -Voy a sacaros de ahí. Espero que me saquéis de donde lleguemos, porque definitivamente después de esto yo no podré hacerlo- añado mientras pego mi mano al muro, mientras aún le miro. -Ahora aparta, no vayas a quemarte ese flequillo tan mono- digo con tono de burla, al tiempo que apoyo mi otra mano a escasos centímetros.

Justo en ese momento, escucho al hasta entonces samurai, Sr.Monje como se une a nuestra pequeña empresa suicida. -Muy bien, ahora te toca a ti, montón de chatarra- me digo a mí mismo, queriendo creer que el problema iba a ser el rendimiento de mis prótesis. -Por cierto, me llamo Joe- digo sin saber muy por qué.

Doy una última calada al cigarro que mantenía en la boca y lo dejo caer, al tiempo que comienzo a acelerar los motores. Las turbinas situadas en mis hombros y codos, que hasta el momento giraban pausadamente, casi el doble que el segundero de un reloj, pronto alcanzan una velocidad a la que es imposible distinguir las pequeñas hélices. Los conductos de energía, prácticamente invisibles en modo de reposo, llenan todo el metal negro de ambos brazos de líneas doradas cada vez más grandes y brillantes. Me concentro en acumular todo el calor en mis palmas, mientras pequeñas gotas de cera empiezan a gotear por la pared como si emanaran de mi mano.

A los pocos segundos, las turbinas empiezan a enrojecerse como una espada recién salida de la forja, solo que no tenía agua para enfriarlas, sino un muro de cera en el que ya había penetrado medio antebrazo. Para cuando ya tenía ambos brazos metidos hasta el hombro, el agujero se había agrandado notablemente, aunque ni de lejos lo suficiente. Abro un poco más las piernas, y empiezo a hacer fuerza para separar mis brazos mientras me concentro en acelerar las prótesis por encima de los límites de seguridad. Las gotas de cera fundida disparadas por las turbinas de los codos impactan en mi cara mientras las chipas que empiezan a salir, con creciente violencia, de las de mis hombros queman mi camiseta, de la que apenas quedan jirones en cuestión de segundos.

No obstante, la ropa es lo último que me preocupa, pues los mareos habían llegado a tal punto que solo me mantenía en pie por el apoyo del muro y el bloqueo de las piernas mecánicas, además, las terribles cicatrices ocultas bajo las prótesis de los brazos me producían un intenso dolor que amenazaba con hacerme perder el conocimiento constantemente. Cuando pensaba que iba a desfallecer, un rayo de sol penetra desde el otro lado del muro y me ciega, haciéndome perder el equilibrio definitivamente y caer hacia atrás. -¿Lo he conseguido? Por supuesto, no iba a quedar mal después de ese numerito de puto amo.- Pienso feliz mientras mi conciencia se nubla a medida que caigo hacia el suelo, sintiendo como si fuese a cámara lenta.
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Re: [EVENTO - GRUPO 6] Okawa Ken, Egil, Kurotabo y Joe

Mensajepor Egil » Mié Jul 25, 2018 12:46 pm

Una vez lanzada la pregunta, el chico de pelo azul decidió comprobarlo por sí mismo. Analizó el material de forma similar a Égil, de forma empírica. Lo palpó primero, tanto en la zona fría como en la calentada ligeramente por Égil. Lo lamió y tuvo la misma reacción que el león e incluso lo olió, cosa que no se le ocurrió al león, que también lo hizo al instante. Olía a vela. En su casa, de pequeño, usaban velas, porque la madera era para vender y no podían permitirse tener hoguera. El peliazul confirmó que el material era cera. -¿Cómo lo han...?- Pero se detuvo a mitad de una pregunta para sí mismo. Los mareos eran regulares y constantes, de modo que tendía a perder la concentración rápido. El que más tarde afirmaría ser un monje afirmó que había poderes en el mundo que escapan a nuestra comprensión. Égil no lo dudó. El peliazul habló con el hombre con un brazo de metal. Lo llamó lucecitas y le dijo que derritiese la pared. Al parecer tenía una "protástasis" o alguna palabra rara de esas en el brazo. Égil no comprendía muy bien de qué iba el tema, pero si el chaval podía hacer que la pared se calentase para abrir un agujero, le daba igual cómo lo hiciera. Mientras le peliazul hablaba con el monje y le decía que no tenía ni puta idea de pelear, el rubio con el brazo especial se acercó a la pared dándole las últimas caladas al cigarro y pegando su brazo a la cera. Afirmaba que los sacaría de ahí, Égil se sorprendió a sí mismo sonriendo levemente. Le caía bien la gente así. Eran duros y directos. Se llamaba Joe. Lo recordaría.

Entonces pasó. El brazo del chico empezó a hacer ruidos extraños, ruidos que Égil en calidad de navegante y anteriormente leñador no era capaz de comprender. Inexplicablemente, el brazo del rubio empezó a iluminarse con líneas doradas. El calor empezó a aumetar en el cilindro sensiblemente, aunque según uno se acercaba a Joe, el calor era cada vez mayor. Fue entonces cuando notó que el rubio no debía de estar en sus mejores momentos. Parecía como si estuviera mareado, igual que Égil. El león le contempló con seriedad. Estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para sacarles de ahí. Era una cuestión de honor el ayudarle. No era un amigo, no. Apenas un conocido, pero un conocido que estaba ayudándole. Eso bastaba. Égil se acercó a Joe por la espalda y creó una especie de tejado con sus brazos cruzados sobre la cabeza de Joe. No podía evitar que la cera fundida fuese a parar a sus brazos, pero sí que podía proteger su cabeza y mantener su espalda protegida. Égil flexionó sus piernas para mantener la postura incluso aunque se marease, por si el chaval se caía hacia atrás. -Yo me llamo Égil, muchacho, mientras yo esté por aquí, llegarás a un lugar seguro. Garantizado.- Algunas gotas de cera caliente cayeron sobre los brazos del león, que resistió el momentáneo dolor de pequeñas quemaduras por los mismo. El calor era también bastante intenso, porque el brazo de Joe no debaja de ventilar y liberar calor para no sobrecargar el cuerpo del rubio. ¿Cómo funcionaba aquel brazo? Era impresionante. Tras unos minutos que parecieron horas, Joe atravesó el muro con su brazo incandescente y se desplomó hacia atrás. Égil reaccionó tan rápido como pudo. Por suerte ya estaba preparado para algo así, dado que al chaval no se le veía en buenas condiciones. En cuanto Joe cayó hacia atrás, Égil lo sostuvo por la espalda, teniendo cuidado de no tocar su brazo robótico y lo apoyó con cuidado en el suelo. Veía el exterior a través del agujero. Pero el que hubiera hecho el cilindro, si es que era algún ser vivo, estaría ahí afuera. Égil no podía salir primero debido a su estado debilitado, por mucho que le costase reconocerlo. -Eh, monje, peliazul. Ya habréis escuchado mi nombre, pero yo no sé el vuestro. Estoy algo débil, todavía no sé la causa, pero me pasa algo parecido que a Joe. Si salgo yo primero no podré garantizar vuestra seguridad al salir, de modo que creo que lo mejor es que yo cargue con el chaval mientras vosotros nos cubrís. En cuanto vea que está fuera de peligro, me uniré a vosotros con todo lo que tengo.- Otra vez un mareo, aquello era una puta mierda.


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