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+18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - Ikirami - 13-07-2024 Día 33 de primavera, año 13.
Reino Kamabakka, Isla Momoiro.
Salí de mí bellos aposentos a media mañana, acompañada por la señorita Beaufleur. Curiosamente, siempre que yo debía salir a hacer algo, parecía que ella también tenía algún recado que atender por la zona, pues siempre venía conmigo hasta la ubicación que necesitaba. Era una buena mujer, a cada día que pasaba le cogía más cariño y más me dolía la idea de tener que partir de la isla en algún momento, pero era algo que tenía asumido por mi trabajo. Además, había alguien que me esperaba en algún lugar de los mares y la espera se hacía eterna, cada día volviéndose más punzante su ausencia. Anduvimos durante varios minutos por las espectaculares y rosadas calles del reino, saludando aquí y allá a algunos de los conocidos de la mujer, hasta que llegamos a nuestro destino. Aunque en aquel lugar la mayoría de los habitantes no estaban interesados en personas de mi sexo, sí que me miraban y alababan por mi gran sentido de la moda. Aquel día, aprovechando la primavera, me había vestido con una camisa de mangas largas, hechos con un tejido de dina seda de color rosado que llevaba desabotonada y al viento. Bajo esta, lucía un sujetador negro cuyas copas estaban adornadas con unas planchas de un metal plateado muy ligero, que le daban un toque estéticamente interesante. Unos ajustados pantalones cortos aunque anchos de cuero coronaban mis hermosas piernas, que se cerraban a la altura de mi cintura encajando como un guante. Y por último, llevaba unos tacones de casi veinte centímetros de color negro, abrillantados y con la puntera metálica, al igual que la suela, que repiqueteaba al caminar. Mi pelo, ligeramente ondulado, danzaba detrás de mí, y de mi hombro colgaba un bolso formado por triángulos geométricos, algo grande, con una hebilla metálica en su centro. En él llevaba mi querida libreta, unos guantes, una goma de pelo y mi botellín de sriracha. Por si acaso, también me había llevado un par de botiquines, hacía una temporada que estaba estudiando las artes de la medicina y me parecían de lo más útil. —Florecilla, si necesitas algo, ya sabes. Oui, oui. Dale recuerdos de mi parte a monsieur, y asegúrate de que le lleguen mis galletas. —se despidió, extendiendo hacia mí una cesta llena de unas crujientes galletas con virutas de chocolate negro y frambuesas liofilizadas. —Por supuesto, Beaufleur. Después te llevaré la sombra de ojos que te comenté cuando vuelva. Estoy segura de que te quedará divina, ¿sabes? —respondí sonriente tomando con una mano la cesta y abriéndola para tomar una con la otra y llevármela a la boca— Mef quedop coñ eshta comof pago. Shshshshsh. Así pues, me despedí de ella y entré en la tienda, haciendo sonar una campanilla al abrir la puerta. Fui degustando la galleta, que estaba increíblemente buena, avanzando por el pasillo principal y echando un vistazo rápido a la ropa hasta llegar a la aparte trasera, donde había una puerta en la que ponía “Privado”. Sin ningún tipo de preocupación, abrí la puerta y avancé por un pasillo lleno de cajas y perchas hasta llegar casi al final, donde había una puerta abierta con el interior iluminado. Me acerqué y llamé a la puerta de todos modos. —¡Okaliva! Ya ha llegado tu musa, querido. Shshshsh. —anuncié avanzando con una sonrisilla. La habitación era lo que se podría decir un camerino. Tenía una pared cubierta en su totalidad por espejos, con una encimera con cientos de brochas y maquillaje de todo tipo sobre ella y varios taburetes a lo largo. A los lados, rodeando el resto de la habitación, había una gran cantidad de armarios descubiertos, en los que se podía apreciar todo tipo de ropa. Me acerqué hasta uno de esos taburetes, justo en el centro de la estancia, en el que un fornido hombre con camisa morada se sentaba y dejé la cesta de galletas frente a él. —¡MY QUEEN! —exclamó el hombre levantándose para darme dos besos en las mejillas— Llevo mucho esperando por este day, you know. Con la cabeza señalé la cesta sonriente. —Un regalo de Beaufleur. Es una fan acérrima tuya, ¿sabes? —comenté a la vez que me acercaba a uno de los taburetes y lo llevaba hasta ponerlo cerca del suyo. —Esa mujer es absolutamente fabulous, amazing. ¡I’m in love! —respondió levantando la tapa de la cesta para coger una de las galletas. Al lado de sus enormes manos las galletas parecían del tamaño de una moneda, era sin duda, además de musculoso, extremadamente grandioso— Ou… So much sugar… Pero no puedo rechazar tan generoso regalo de una bella dama como ella, ¿verdad? —preguntó parpadeando como una niña pequeña hacía mi, como pidiendome permiso. Reí e hice un gesto para que se diese el placer. Antes de sentarme, me acerqué a uno de los pecheros y comencé a mirar la ropa que colgaba en él. —Bueno, ¿hoy qué toca? ¿Algo más “girly”? ¿Tal vez un estilo pop-art? La última vez me gustó mucho el estilo lolita, aunque creo que no acaba de encajar conmigo, ¿sabes? —comenté mientras miraba un hermoso vestido largo y rojo con lentejuelas. Okaliva arrasó con las galletas en un abrir y cerrar de ojos. Beaufleur había colocado servilletas en su interior que de manera muy educada él utilizó para limpiarse las comisuras de los labios. Negó con la cabeza. —No, no, no, sweet heart. Allí. —dijo señalando con la servilleta a un perchero de la esquina donde descansaba un único conjunto completo— I need to see como queda eso en ti. Me llegó hace apenas unas horas y no me imagino un body mejor para probarlo. —continuó volviendo a sentarse y cruzándose de brazos— Adelante, all yours. Caminé hasta el lugar y sonreí al ver lo que había. —Uuhh… —susurré sintiendo el tacto suave de la prenda principal entre mis dedos— Es atrevido. Me gusta, ¿sabes? —comenté comenzando a desvestirme, dejando caer suavemente la camisa resbalando por mis brazos— El maquillaje, ¿lo tienes ya pensado? —Esta vez, beautiful, te dejo a ti hacer los honores. I believe que ya no tengo nada más que enseñarte, eres toda una maestra, just like me. —dijo comenzando a colocar varias paletas de maquillaje frente a mi taburete. Poco a poco, me desvestí, hasta quedar solo en ropa interior, la cual, sin ningún tipo de pudor frente a mi amigo, me quité y sustituí por lo que él había escogido para mí. Okaliva se había ganado mi confianza durante aquellas semanas que había pasado en la isla. Desde el primer momento sentí que teníamos una pasión en común, la moda. Y además reconocía sin disimulo lo maravillosa que era en todos los aspectos. ¿Cómo no iba a agradarme su compañía, entonces? Habíamos pasado tardes de cotilleos juntos, compartido alguna que otra bebida y cena, pero sobre todo habíamos pasado tiempo dentro de aquel camerino, probándome atuendos y maquillajes de todo tipo que, por supuesto, me quedaban sublimes. Comprobé como el nuevo conjunto me quedaba a la perfección, volteando mientras él silbaba y aplaudía. Después me acerqué hasta él y, tras guiñarle un ojo, me senté en mi taburete y comencé a pasar el dedo índice por encima de las muchas sombras de ojos y bases que había. Debía escoger cuidadosamente cuáles utilizaría en aquella ocasión. Mi piel, suave, tersa y perfecta, era un lienzo en blanco ante unos dones como los que había adquirido junto a él. Así pues, comencé a maquillarme. —Cuéntame, my delicious beauty, ¿cómo va la búsqueda de tu brother? —preguntó Okaliva apoyando el codo sobre la mesa para reposar la cabeza sobre su mano. —Por desgracia, no muy bien. —confesé, agachando la vista por un momento— Hace poco descubrí que es puede que haya abandonado la isla ya. Al parecer vieron a alguien que encaja con su descripción abandonando Momoiro en un barco que paró a reponer suministros… —suspiré un momento, volviendo a sonreír después— Pero no estaban del todo seguros, así que aún no me daré por vencida, ¿sabes? Okaliva asintió y levantó un pulgar hacia mí con una radiante sonrisa en el rostro. —Estoy seguro de que if you try, you’ll find him. El destino os unirá de nuevo, I’m sure of it. —concluyó, haciendo que me sonrojase por un momento con sus palabras— ¿My lady? —preguntó algo confundido. —No… No es nada. Shshshsh. Solo que lo que has dicho me ha recordado… algo. —respondí intentando encubrir mis emociones saliendo a flote. Por desgracia, no pareció funcionar demasiado bien, pues apoyó su otra mano de la misma forma, y con la cabeza reposando en ellas me miró fijamente sonriendo. —Oh, tell me please. Soy una tumba para los secretos, you know. —insistió, haciendo que me debatiese sobre si contárselo o no. —Mmmm… Bueno… Lo cierto es que hay alguien más a quien busco, ¿sabes? —respondí tras unos momentos, comenzando a juguetear algo nerviosa con la brocha entre mis dedos y agachando la cabeza con mis mejillas encendiéndose— Tengo… novio. Es un hombre muy apuesto, a la vez que dulce y… Comencé a sonreír, pensando en él y en las ganas que tenía de volver a verlo. Además, me daba bastante vergüenza hablar de ello, todavía no se lo había contado a nadie, aunque había una gran razón para ello. Cogí aire y exhalé, para tranquilizarme un poco y así poder volver con la faena que tenía entre manos. Dejé la brocha con la que apliqué el contourning y pasé a la sombra de ojos, recogiendo uno de los muchos estuches que había sobre la mesa. —Love, love, love… —murmuró echándose hacia atrás y asintiendo— Ya veo. ¿Y qué más puedes decirme de ese hombre? Debe ser todo un gentleman si ha conseguido cazar el heart de una amazing lady like you. Reí al escuchar que lo llamaba caballero. Probablemente, él era lo más opuesto que podía haber a un caballero, aunque me había tratado mejor que el más noble de ellos. Al fin y al cabo, era un pirata. Era un alma libre. Pero esa parte tal vez era mejor no comentarla. —Es músico, ¿sabes? Nos conocimos en una isla, de camino hacia aquí. —suspiré de nuevo, ahora con cierta tristeza— Por desgracia no pudimos enlazar nuestros Den Den Mushi, así que no me queda otra que… esperar que el destino nos vuelva a unir, como has dicho antes. Shshsh. —Hmmm. I see, I see. —continuó Okaliva, mirandome con una expresión que denotaba algo de pena— Así que músico, an artist. Espero que no sea como la mayoría. Ya sabes, de los que dejan a una mujer en cada isla. Solté la brocha del sombreado de golpe, girando la cara lentamente para mirarlo apretando los labios y abriendo los ojos por completo. Lo que decía no podía ser verdad… ¿No? Él no era así… ¿O sí? —¡I’m sorry! No quería decir que lo fuese, solo que… You know, es algo que se dice de ellos… —intentó corregir rápidamente poniendo las manos ante él y con las palmas hacia fuera y agitándolas a los lados— Ehmm… Yes… Talking about musicians. Me han dicho que hace unos días uno dio un concierto en una fuente, ¿estuviste ahí de casualidad? Exhalé sonoramente y apreté los ojos, con cuidado de no deshacer el maquillaje que tanto esfuerzo me estaba llevando. No servía de nada pensar en aquello, además que yo le creí. Dudaba mucho que todo aquello fuese falso. No. —¿Un concierto? No, no sabía nada. ¿Estuvo bien? —pregunté recuperando la compostura y recogiendo los utensilios que había usado para pasar ahora al pelo.
Inventario
Karmas
RE: [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - Garnet D. Matlock - 13-07-2024 Un nuevo día amanecía en la monocromática y viva isla de Momoiro. Finalmente, después de semanas de estancia allí pudieron dar con el actual paradero de los Alas Negras y, tras organizarse, hacer oficial ya su tan ansiada unión. Tras eso, lo cierto es que no quedaban demasiadas tareas para Garnet que realizar en Momoiro, más allá que divertirse con sus amigos, claro. Ya había dado un gran concierto, se había reunido con el resto de su nueva tripulación y, por desgracia, no había escuchado ningún rumor de que los residentes hubieran avistado a ningún grupo de marines, por lo que era poco probable que Ikirami se encontrara allí. Cada segundo que pasaba sin verla le quemaba y ardía por dentro, pero confiaba en las palabras que se intercambiaron antes de que se despidieran en su rincón de amor. El destino, de alguna forma, los volvería a unir y de eso estaba completamente seguro Garnet. Con esto en mente, aquella mañana, buscando que ponerse de ropa ese día, se percató de algo que había pasado completamente desapercibido por el músico. Se estaban quedando sin prendas de vestir y esto era, por la manía que había cogido últimamente de arrancarse la ropa de cuajo, o bien rompiéndola, o bien dejándola por ahí tirada y sin recogerla.- Que putada... Tendrá el menda que darse un voltio para pillarse algo de ropa para cuidar su look, ¿es o no es?- Meditaba, observando su armario casi vacío y preparándose para salir al Reino de Kamabakka a por nuevas inquisiciones. En esta ocasión, se puso una camisa blanca con estampados de corazones rojos de manga corta, que conjuntaba a la perfección con unas gafas de sol que también tenía forma de corazón. En la parte inferior se pondría unos vaqueros rotos y unas botas de color negro - ropa que va a durar lo que va a durar -. Se colgó, como siempre, todas sus pertenencias, incluyendo su instrumento - pues uno nunca sabe cuando puede darse la oportunidad perfecta de tocar en un concierto callejero - y salió del Frog Guild en dirección al Reino de Kamabakka. Garnet comenzó a deambular y perderse por las distintas calles mono-coloridas de la ciudad, buscando alguna tienda de ropa que le pudiera llamar la atención para añadir a su colección un buen atuendo que fuera igual de llamativo que él. Conforme paseaba muchos de los residentes con los que se cruzaba, que estuvieron presentes en el concierto de la plaza de hace pocos días, le iban saludando o parando para felicitarle por su tan divertido y emocionante espectáculo. El músico lleno de gozo y orgullo, se lo agradecía de todo corazón, prometiéndoles además que ya volverían a partir la pana. Daba muchísimo gusto contar con fans y seguidores de ese calibre. Hasta ese entonces, su experiencia dando espectáculos musicales no había sido demasiado buena, pero aquel concierto sería, al 99'9%, un puto de inflexión en su carrera musical. Después de varios minutos recorriendo la gran ciudad del reino, fue a parar frente a un gran edificio que captó la atención de Garnet por su magnitud pues, al ver que en ese local tan solo había un local donde ponía "Okaliva Okaliva", intuyó que el edificio debía pertenecer a una único negocio.- Hmmm, por probar el menda no pierde nada...- Se dijo así mismo, yendo directo a la puerta de la construcción para abrirla y, seguidamente entrar en la misma acompañado del sonido de una campanilla. Al estar dentro del establecimiento, la imagen de una inconmensurable cantidad de maniquíes repartidos por toda la planta, cada uno con una prenda más llamativa, atrevida y única que la anterior, hicieron explotar y volar el cerebro del skypiean.- ¡Y una polla! ¡Este sitio es la bomba! ¿Es o no es?- Exclamaba absolutamente maravillado y mirando de lado a lado a cada uno de los distintos conjuntos. Si lo que había visto del edificio desde fuera, correspondía de verdad a toda la tienda de ropa, no quería ni imaginarse que podía haber en el resto de plantas. Sin embargo, no pudo ver a nadie por los alrededores, ni siquiera un encargado o un currante de la zona. Garnet simplemente pensó que estaría en alguna de las otras plantas quizás. La verdad que suerte para ellos que no se trataba de ningún ladrón - o al menos, había conectado tanto con la comunidad de Kamabakka y Momoiro que no les iba a hacer el feo de hacerles alguna maldad -. Hasta que alguien le atendiera, siguió mirando prenda por prenda, llegando a ver varios modelitos y vestidos, imaginándose entonces a su amada pelirroja con ellos puestos y poniéndose sonrojado del resultado que había generado su mente.- Estaría que te cagas hasta con un trapo... Pueje... Pueje...- Pensó, con una mezcla de perversión, devoción y amor. Así estuvo hasta que llegó a la parte trasera del edificio, momento en el que pudo de pasadas una puerta con un letrero en el que ponía "Privado". No le hizo mucho caso pues, en ese momento, casi al frente de esa puerta, vio un maniquí con una chaqueta de cuero negro con pinchos en los hombros que le cautivó a primera vista.- ¡Esto ruge explosividad!- Volvió a buscar con la mirada a ver si encontraba a algún encargado a los alrededores, pero nada.- ¿Huh? Es que aquí no trabaja nadie, ¿o qué?- Volvió a girarse hacia dicho maniquí, sonriendo y levantándose levemente, con su diestra las gafas de sol, para admirar con mayor detenimiento la chaqueta.
INFO
RE: [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - Ikirami - 14-07-2024 Con mucho cuidado, me recogí el cabello en un moño bajo, asegurándome de que cada mechón rojo quedara perfectamente sujeto. No quise dejar ningún detalle al azar, así que, en lugar de detenerme ahí y dejarlo suelto, tomé unas horquillas de la mesa y las coloqué estratégicamente para mantener toda mi melena en su lugar. —¡Absolutely! Eso he escuchado por ahí. Pero, ¡shame on me! —exclamó, llevándose una mano a los ojos en un gesto exagerado de vergüenza. Su dramatismo habitual siempre lograba sacarme una sonrisa, y esta vez no fue la excepción. Lo miré de reojo, disfrutando de su actuación— Aunque hubiera sido una amazing experience, yo estaba aquí en la tienda, esperando for some fabulous products, you know. Con un cepillo en mano, comencé a peinar el cabello lacio que caía sobre mis hombros, dándole forma y volumen. Arreglé mi flequillo con especial cuidado, queriendo que todo quedara impecable. —¿Suele actuar mucho por aquí? —pregunté mientras dejaba el cepillo sobre la mesa y finalizaba los últimos retoques de mi maquillaje. Apliqué un pintalabios en un tono rojo mate, asegurándome de que el color se distribuyera de manera uniforme sobre mis labios y juntándolos para sellarlo— Podríamos ir a verlo alguna vez, todavía tienes que enseñarme los movimientos prohibidos de los que me hablaste, ¿sabes? No lo he olvidado. Shshsh. —My beautiful lady, eso podría arrebatarte el corazón if you saw them. —declaró sonriente, levantándose de su taburete y chasqueando los dedos con gracia a un lado— Unfortunately, él no era de por aquí, un newcomer o algo por estilo. Creo que era Garnet Matlock, or something like that. C’mon, my queen, enséñame cómo te queda el… Había terminado de maquillarme finalmente, prestando atención a sus palabras, hasta que sentí que mi corazón se detenía por un instante. La noticia hizo que girara en el taburete con tanta rapidez que perdí el equilibrio y caí al suelo. Afortunadamente, logré agarrarme al tocador, aterrizando de rodillas. Miré hacia Okaliva con los ojos muy abiertos, mi mente dando vueltas como en una montaña rusa por la información que me acababa de revelar. —¡¿Are you okay, beautiful?! —preguntó Okaliva con preocupación, su rostro reflejando auténtico interés mientras se agachaba rápidamente y extendía su poderosa mano para ayudarme a levantarme. Agarré su mano, y una sonrisa apareció instantáneamente en mi rostro. Tiré de su mano con tanta fuerza que casi lo hice caer. Sin embargo, no podía contener mi emoción. Recogí mi bolso corrí hacia la puerta del camerino sin decir una sola palabra, recorriendo el pasillo con toda la velocidad que mis botas de tacón me permitían. La adrenalina recorría mi cuerpo mientras mi mente repetía una y otra vez: “¡Es él! ¡Está aquí!” La anticipación y el nerviosismo se mezclaban en mi interior, creando una sensación de euforia. No tenía ni idea de cuando había sido y de si todavía estaría en la isla, pero iba a buscarlo sin descanso aunque tuviese que recorrerme la isla entera. Tras de mí, Okaliva me llamaba, pero no le presté atención. Llegué al final del pasillo, mi corazón latiendo con tanta fuerza que parecía que estallaría en cualquier momento, y abrí la puerta con un movimiento decidido, lista para comenzar la búsqueda.
Aspecto de Ikirami
Todavía sujetando el pomo de la puerta, pestañeé un par de veces con confusión. Ante mí, a apenas un par de metros de distancia, estaba él, mi minino. Vestía una camisa blanca con corazones, unos pantalones vaqueros rotos y botas negras. A su espalda llevaba su laúd, el mismo que había usado para tocarme aquella melodía en nuestro claro, y llevaba unas gafas de sol de corazones que le quedaban es-pec-ta-cu-la-res. El gatito admiraba una cazadora negra con pinchos, casi idéntica a la que yo llevaba, pero mi mente no era capaz de conectar del todo con la realidad. No podía ser él, ¿no? Es decir, sí, estaba en el lugar, presuntamente… Pero no podía ser que ya lo hubiese encontrado, como si por arte de magia nos hubiésemos reunido. —Ho… —intenté decir, pero se me cortaba la voz— ¿Ho…la? ¿Sería una ilusión de mi mente trastornada por la repentina noticia? No me podía creer que, al fin, después de tanto tiempo, al fin tuviese frente a mí a mi querido gatito, a mi novio, a mi amor.
Aclaraciones
RE: [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - Garnet D. Matlock - 14-07-2024 Garnet seguía observando con detenimiento la chupa de cuero que se hallaba frente a él mientras esperaba a que algún encargado apareciera para atenderle. Ciertamente era una chaqueta muy bien acabada, llamativa y resultona. Ese color negro que brillaba con la luz incidiendo sobre la prenda le cautivaba, por no hablar de esos pinchos que gritaban a más no poder rebelión y poder. Tendría que seguir mirando más ropa teniendo en cuenta lo vacío que se comenzaba a sentir su armario pero esa chaqueta había sido un buen inicio para empezar su compra. Entonces, el ruido de una puerta abriéndose a su izquierda le llamó por completo su atención, girándose hacia la dirección de la que provenía el sonido.- Coño, ya iba siendo hora, ¿es o no es?- Finalmente llegaría algún o alguna dependiente para poder venderle la chaqueta e, incluso, asesorarle e indicarle dónde podría encontrar más ropa que encajara con su estilo resultón. No obstante, al fijarse mejor en la figura que había aparecido tras la puerta en la que venía el cartel de "Privado" se quitó, por completo las gafas de sol, quedándosela en su diestra, agarrando - con su índice y pulgar - la patilla derecha de la misma mientras, lentamente, se acercaba a ella, quién dijo algo que no pudo ni escuchar ni entender en absoluto. Los ojos se le abrieron como platos al observar a la mujer que agarraba aún el pomo de esa puerta. Probablemente era de las mujeres más bellas que había conocido jamás que, sin poder rivalizar a su Ikirami, le había conseguido robar por completo el aliento al músico. Ese pelo moreno con ese flequillo que dejaban casi asomar esos radiantes ojos rojizos, puestos en una preciosa y dulce carita que contrastaba completamente con su estilo gótico - punk, que favorecía absolutamente su perfecta figura. No pudo evitar perderse en ese prominente escote que resaltaba gracias a ese sensual corsé de látex. Y esas piernas recubiertas por esas medias con ligueras... Terrible, habíamos perdido a Garnet. Estando a un metro frente a ello, cerró los ojos por un momento, momento en el que comenzó a generar más saliva y babas de lo normal. Al volver a abrir los párpados, sus ojos habían adoptado la forma de las lentes de sus gafas de sol y de los estampados de su camisa.- ¡WOOOOOOOOOAUUUUU! ¡¿Y TÚ DE DÓNDE HAS SALIDO MORENAZA?!- Gritó con gran exaltación mientras miraba, lascivamente, de arriba hacia abajo - parándose detenidamente en sus tetas - a la mujeraza que tenía ante ella. Se llevó, entonces, su brazo derecho debajo de su boca para limpiarse el exceso de baba que recaía sobre ella.- PUEJEJE... ¡ESTÁS ANTE EL GRAN MÚSICO, GARNET MATLOCK!- Se señalaba así mismo con el pulgar de su siniestra, llena de babas.- ¿QUÉ TAL SI TE TOCO ALGO Y LUEGO TE TOCO ALGO DE...- Le iba a proponer cosas indecentes a aquella bellísima mujer, cuando, al tener la intención de decirle la misma frase que usó con Ikirami cuando empezó a ligar de ella, se acordó de ella. De todo lo que habían empezado en Skypiea, en su claro y rincón de amor... Lo que le había visto sufrir... Coni le había ayudado y había sido un apoyo para él... Todo lo que se habían prometido... Y, por encima de todo, todo lo que la amaba. Meneó su cara entonces de lado a lado con intensidad, mientras también agitar su brazo derecho para desprenderse de la baba que se le había quedado al limpiársela anteriormente. Paró, en seco y abruptamente, cerrando sus ojos y comenzando a controlar su respiración para, después, con todas sus fuerzas, darse un bofetón que resonaría en toda la primera planta con ambas manos impactando, cada una, en una de las mejillas.- ¿En qué cojones estabas pensando tarugo? ¡Qué tienes novia! ¡Qué tienes a Ikirami! ¿No íbamos a hacerla feliz o qué? La quieres con locura, ¿es o no es?- Se recordaba a sí mismo, abriendo, a continuación, los ojos mostrando un semblante aún más serio y con los mofletes ardiéndoles del guantazo. Miró con la mayor seriedad que pudo a la gótica culona. Garnet tenía que hacerse mirar su problema con las mujeres de ese calibre y sí, vaya que si era preciosa, pero su Ikirami simplemente era eso, su Ikirami.- Perdona, chata, se me ha ido la perola...- Desvió su mirada, emitiendo una sonrisa picarona.- La verdad que este cuerpo serrano ya tiene nombre, así que se te pasó el arroz, ¿es o no es?- Suspiró, negando con la cabeza, para volver a posar su mirada en ella.- Y no sé por qué te suelto esto, si ni te la pelara fijo, pero bueno.- Señaló con el pulgar de su mano izquierda al maniquí con la chaqueta que le había molado.- ¿Eres la encargada? Me molaría llevarme la chupa de ese maniquí, ¿es o no es?- Dedujo que quizás aquella mujer, que vestía también y había salido de una puerta de acceso restringido debía trabajar allí así que, después de su numerito, esperó a que le respondiera.- ¡¡Joder!!Pero está de tan buen ver... Sobre todo esos ojazos... - Meditaba Garnet pues, por alguna razón, el color de sus ojos le resultaba ciertamente familiar, aunque no conseguía atar cabos.
INFO
RE: [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - Ikirami - 14-07-2024 Estaba ahí, no podía creérmelo. El gatito, nada más verme, se quitó las gafas y se acercó a mí lentamente. Intenté llamar su atención, apenas siendo capaz de articular las palabras por la timidez, pero él se quedó en silencio recorriendo mi cuerpo con la mirada, prestando sobre todo atención a mi escote. Sonreí, algo sonrojada a pesar de que me encantaba generar en él ese tipo de reacciones. Cerró los ojos un momento, ¿estaría tan sorprendido como yo por encontrarnos? La emoción por verlo, por tenerlo delante de mí al fin, era abrumadora. Tenía ganas de saltar a sus brazos y besarlo hasta caer agotada. Pero, entonces, comenzó a babear y abrió los ojos convertidos en corazones por completo, levantando la voz en un grito de asombro preguntando que de dónde había salido. “¿Mo… renaza?” me pregunté por un momento. Es entusiasmo por encontrarlo había hecho que olvidase por completo que llevaba una peluca y que me había maquillado de forma que me hacía prácticamente irreconocible. Parpadeé varias veces, perpleja por la situación. ¿Me había reconocido o…? De nuevo, recorrió mi cuerpo con una mirada absolutamente lasciva prestando atención especialmente a mis pechos, contenidos a duras penas por aquel ceñido corsé. Sentí una pulsación en mi frente y solté el pomo de la puerta, formando un puño con la mano y cerrándolo con fuerza. Se presentó ante mí señalándose a sí mismo con el dedo como el gran músico Garnet Matlock, haciendo que me diese cuenta de que no me había reconocido para nada. Con un ligero tic pulsátil en mi ojo derecho, mantuve el puño a mi lado, intentando con todas mis fuerzas contener la ira cobrando fuerza en mi interior, diciendome a mi misma que era un error y que mi gatito me quería. Pero lo último que dijo hizo que la contención fracasara por completo. Esa misma frase que me había dicho a mí, sobre tocarme algo y después tocarme algo de música. Un calor sofocante subió de mi pecho directo hacia mi cabeza, haciéndome apretar los dientes de la furia. Intentaba contener la respiración, pero era absolutamente imposible para mí en aquel momento. Cerré los ojos y los apreté con fuerza intentando calmarme de nuevo, pero las palabras de Okaliva volvieron a mi mente como una estampida: “Como la mayoría… Una mujer en cada isla… Es algo que se dice de ellos…”. Así que, el gatito al que tanto quería, por el que me había pasado semanas suspirando y soñando con verle, era un músico mujeriego que solo me había utilizado y me había conquistado con bellas palabras. ¿Era esa la verdad? Aunque mi corazón no estaba de acuerdo con ello, la lógica y lo que estaba viendo en ese momento me decía que así era. “Me las vas a pagar… minino.” me dije a mí misma en ese momento. Algo comenzó a formarse en lo más profundo de mi pecho, no era una emoción, sino más bien una sensación, la cual amenazaba con salir a flote en cualquier momento. Abrí los ojos arrugando el entrecejo, claramente enfadada. Lo vi golpearse las mejillas, dejando la huella roja de sus manos en ellas, y con la mirada seria se disculpó diciendo que se le había ido la cabeza. Sonrió picaronamente a continuación, añadiendo que ese cuerpo ya tenía nombre y que se me había pasado el arroz, negando con la cabeza y diciendo que no sabía por qué me lo decía si seguro que me daba igual. Después pasó a preguntar por la ropa del maniquí, por esa chaqueta que llevaba tanto tiempo mirando. Exhalé con fuerza por la boca, tomándome un momento para relajarme. Vale, se había comportado como un baboso asqueroso con otra mujer que no era yo, aunque, considerando mi cuerpo, casi podía entenderlo. Sin embargo, al menos después había recuperado la razón y esperaba que el nombre que había mencionado grabado en su piel fuera el mío. La ira disminuyó ligeramente, devolviéndome algo de la confianza que había depositado en él, pero la nueva sensación en mi pecho no desapareció. Levanté la cabeza para mirarlo directamente a los ojos, con los párpados entrecerrados y una expresión seria y fría, cruzando los brazos bajo mis pechos. —¡Minino! —lo llamé, con más fuerza de la que esperaba. Al hacerlo, fue como si aquello que había crecido en mi pecho estallase y saliese a flote, liberando una presión a mi alrededor que arrastró los roperos y maniquíes que había en 10 metros a la redonda de mi posición. De no ser por lo enfadada que estaba, me habría sorprendido, pero estaba demasiado centrada en lo que tenía delante, mi querido Garnet. Tanto, tantísimo tiempo esperando por verle, esperando por que el destino nos uniese una vez más e iba él, y la cagaba al instante. Me daba absolutamente igual que no me hubiese reconocido, el gatito debía disculparse por haber actuado así con otra mujer. Los libros que había estado estudiando en Momoiro decían que, como dueña de un gato, debías ponerlo en su lugar cuando hacía algo malo, y aquello había estado muy pero que muy mal. Extendí el brazo derecho adelante señalando el suelo con el dedo índice, llevando el otro sobre mi cadera y apoyando la mano en ella. —De rodillas, ahora. —ordené con la cabeza todavía alzada— Y que ni se te ocurra venir con milongas diciendo que sabías que era yo, ¿sabes? Discúlpate conmigo y puede que te perdone, gatito.
Técnica
RE: [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - Garnet D. Matlock - 15-07-2024 Si la situación dentro de Garnet ya pintaba mal, al sentir que le estaba fallando a Ikirami por ser un completo baboso, no hablemos de como iba de puertas para afuera. Para empezar, ante los comportamientos del músico, pudo observar como, la increíblemente sensual mujer, se le veía, en cierto modo, incómoda y molesta, quedando claramente reflejado por la forma en la que cerraba su puño tras apartar su mano del pomo y, por un pequeño tic que se le manifestó en su ojo derecho. Por si fuera poco Garnet, al abrir los ojos después de darse cuenta de la estupidez que estaba cometiendo, se encontró con su rostro enfadado y su ceño completamente fruncido. Debía disculparse cuánto antes, ya no sólo a la pobre Ikirami, sino también a aquella góticona que había tenido que sufrir, probablemente, un momento de absoluto bochorno. Pero es que, por mucho que quisiera Garnet, de verdad que no podía evitar ser... Así de gilipollas, o mejor dicho, así de mujeriego. Era como algo intrínseco de él, algo innato... Aunque por supuesto, su amor hacia su novia iba más allá de eso y, sólo recordándola, podía detener esos horribles y perversos impulsos que se les pasaba por la entrepierna. Después de abofetearse las mejillas, las disculpas salieron de la boca y corazón de Garnet - añadiéndoles algo de fanfarronería, alegando que su cuerpo ya estaba pillando - y preguntando, seguidamente, en caso de que fuera la encargada, si podía pillarse la chaqueta vaquera que le interesaba. Esperando su respuesta, pudo observar Garnet, como el bello pivón se tomó su tiempo para procesar, probablemente, las disculpas y decidir si perdonar al skypiean o echarlo a patadas de allí. O al menos eso pensaba el músico. Parecía que se empezaba a relajar la mujer hasta que, tras levantar su cabeza hacia Garnet, una expresión gélida cual glacial, acompañada de un gesto que consistía en cruzar sus brazos debajo de sus inconmensurables pechos, hizo que estuviera en guardia.- Tch el menda se queda sin chupa, ¿es o no es?- Se arrepentía el músico de haber perdido la oportunidad de adquirir esa prenda, pero entendiendo que su babosería tenía consecuencias. Sin embargo, lo que vino a continuación, no se lo esperaba para nada en absoluto. A grito de "Minino", de la mujer comenzó a emanar una especie de presión explosiva que amenazaba con quebrar el espíritu de Garnet y de todo lo que había alrededor, hasta el punto de que roperos y maniquíes salieron desplazados lejos de la fuente de aquella energía. El músico, lejos de por lo que acababa de sentir en sus carnes, comenzó a temblar y a palidecer, quedándose completo boquiabierto y ojiplático, hasta el punto de soltar sus gafas de sol y caer al suelo.- ¿Mi-minino? Espera, ¿qué? No puede ser, ¿verdad? ¿Me están filmando? ¿Es o no es?- Se cuestionaba a sí mismo el pirata pues sólo había una persona en el planeta que le había llamado de la forma que lo había hecho aquella mujer, y esa no era otra que su novia y amada, Ikirami. ¿Significaba eso que la mujer a la que le había tirado los tejos, fue desde el principio la marine? No entendía nada. Dentro de Garnet, ahora mismo, había una disputa de emociones dónde luchaban la alegría y felicidad de haber encontrado al fin, después de tanto tiempo, a su pelirroja; el miedo que acababa de sentir al ver como su alma se veía amenazada por esa explosión de energía que, de alguna forma, le resultaba similar; y, por otro lado, la culpa de haber hecho sentir mal a Ikirami, al poder ver como Garnet coqueteaba con otra chica que no fuera ella.- Joder... ¡Mierda! ¡Qué cagadón, Garnet!... ¿Y qué coño ha sido eso?...- Reflexionaba, tembloroso y respirando de manera agitada ante el increíble poder que acababa de sentir y el descubrir que la gótica era Ikirami desde el principio. De repente, los ojos se le abrieron más si cabía.- ¡Eso es! ¿Esta mierda no es la misma que lo que ocurrió en Skypiea antes de que...?- Estaba completamente asombrado Garnet ante lo que acababa de sentir y ver. ¿De qué pasta estaba hecha realmente Ikirami? La pelirroja lo sacó de su trance pensativo cuando, señalando con su dedo índice hacia el suelo, y con su otra mano sobre su cadera, ordenó a Garnet que se pusiera de rodillas, pidiéndole que se disculpara sin ninguna clase de excusa. No pasó ni un segundo cuando el músico se echó de rodillas al suelo, apoyando ambas manos en el mismo frente a Ikirami.- Sí, mi ama...- Dijo casi por inercia, hundiendo su frente, seguidamente, en las baldosas de las tienda.- Perdona al menda Iki, de verdad, soy un completo tolai, un cabeza hueca...- No era capaz ni de mirarla a la cara, pero debía dejar de ser un cobarde, aunque ahora mismo estuviera cagadísimo de miedo, por lo que alzo su cara, para posar su mirada en su molesta faz, mostrando a un arrepentido y entristecido Garnet.- He echado a perder por completo el reencuentro con el que soñábamos día y noche, todo porque tengo un problema y soy un puto babas, ¿es o no es?- Apretó sus labios con fuerza.- Aún así, Iki, te quiero, y no he dejado este tiempo de bichearte, o intentar llamar la atención todo lo posible para que, de alguna forma, supieras del menda, ¿es o no es?- Quiso volver a bajar su cabeza y quedarse así hasta que le tragara la tierra, pero entonces, observando con atención su cara y, sobre todo, el rojo de sus ojos, que seguía intacto a los de su Iki sin disfrazar, no pudo evitar ponerse de pie, lentamente y con suavidad y, con el mismo ritmo, acercarse a su novia, hasta darle un fuerte abrazo alrededor de sus caderas, apoyando su cabeza en su hombro derecho.- No tienes ni idea de cuánto se alegra el menda de verte, Iki... Te he echado mucho menos... Y te sigo amando con locura desde que nos dijimos adiós en nuestra nube de amor.- Confesó de todo corazón entristecido.- Pero si después de lo gilipollas que he sido no me quieres volver a ver lo entenderé, ¿es o no es?- Declaró con la voz entrecortada, como si estuviera a punto de llorar. Garnet había cometido muchos errores debido a su estupidez a lo largo de su vida, pero sin duda, perder a Ikirami y de esa forma, podría ser la mayor de todas.
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RE: [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - Ikirami - 15-07-2024 Garnet palideció al instante en cuanto lo llamé por el cariñoso mote que le había puesto, estaba claro que finalmente se había dado cuenta de que era yo. Su sorpresa fue tal que soltó las gafas, que se estrellaron contra el suelo, y no solo eso, sino que podía percibir miedo en su mirada. ¿Tal vez me había pasado enfadándome tanto? “No, para nada. La próxima vez me llevaré el flush flush de agua de mar, pero esta vez se ha pasado.” me dije reafirmándome en mi posición. Aun así, me sentí realmente mal al verlo hasta temblando del miedo, ¿realmente había sido para tanto? Por mucho que estuviera tan enfadada, no quería verlo así, apreté los labios un momento antes de pedirle que se disculpase. Sí, si lo hacía de corazón, tal vez lo perdonara y pudiera abrazarlo de una vez. Al darle la orden de que se arrodillara, queriendo ver su arrepentimiento, cumplió al instante, quedando postrado ante mí con la cabeza en el suelo y llamándome su ama. Sonreí con una agradable satisfacción. —Así me gusta, buen chico. —murmuré complacida y llevando la mano que había extendido a la otra cadera mientras asentía. Era una lástima que no hubiese podido planificar nuestro encuentro, pues había comprado algunos premios para cuando hiciese las cosas bien y alguna que otra cosa más. Pensé en ese momento en las galletas de Beaufleur, pero Okaliva había arrasado con ellas en un abrir y cerrar de ojos. Así pues, lo observé desde arriba disculparse, diciendo que era un idiota y un cabeza hueca. —Lo eres. —contesté, dejando escapar un profundo suspiro. ¿Por qué tenía que ser tan tontito? Teniendo a la mujer más bella como su pareja, me resultaba incomprensible qué podía haberle pasado por la cabeza para actuar de esa manera frente a la primera que se le cruzaba. ¿Acaso no se daba cuenta de lo que tenía a su lado? Sin embargo, podía darle un pequeño pase, ya que, aunque mi aspecto fuera diferente, seguía poseyendo una belleza incalculable, además de mis espectaculares curvas, esculpidas por los mismísimos dioses. Y para que negarlo, aquel modelito me quedaba fabuloso. Finalmente, levantó la vista del suelo, mostrándome una cara llena de pesar y arrepentimiento que suavizó bastante mi corazón dolido. Se lamentó por haber echado a perder el reencuentro con el que soñábamos por tener un problema y ser un baboso. Volví a suspirar, relajando ahora la expresión y sustituyendo la mirada glacial por una llena de ternura. Me sonrojé sin remedio cuando me dijo que aun así me quería y que no había dejado de buscarme y llamar la atención para que pudiese encontrarlo. Y así había sido, precisamente hacía un momento que había descubierto que estaba en la isla porque se había corrido la voz de su nombre entre la gente que acudió a su concierto. Lo observé levantarse lentamente, clavando esa mirada que me enamoraba en la mía. “Está claro que no tengo remedio.” pensé con dulzura en el rostro, dándome cuenta de que le seguía amando con locura y reconociendo que, a pesar de aquello, me alegraba infinitamente de verlo. Se acercó a mí hasta rodearme con sus brazos las caderas y apoyar su cabeza en mi hombro. La sensación que recorrió mi cuerpo cuando me rozó fue como una descarga eléctrica que relajó al instante todos los músculos de mi cuerpo haciendo que me derritiese de amor por completo. Mientras me decía lo mucho que se alegraba de verme y cuánto me había echado de menos, llevé mi mano derecha por detrás de su cabeza y hundí la mía en su hombro, apoyando mi frente contra su cuello. Al mismo tiempo, posé mi mano izquierda en su hombro y me aferré con fuerza a su camisa, buscando consuelo en su cercanía. Me seguía amando con locura, dijo, desde que nos dijimos adiós en nuestra nube de amor. —Ay, mi minino… —susurré casi al borde de las lágrimas por sentir finalmente su tacto de nuevo en mi piel. El amor que sentía en ese momento era incomparable. Sentir su calor, su dulce voz, ese hombre era capaz de bajarme las defensas por completo. Con la voz entrecortada, casi a punto de llorar, me dijo que si después de aquello no quería volverlo a ver lo entendería. —No es. —sentencié rápidamente para cortar de cuajo aquel pensamiento— No quiero pasar ni un momento más sin tenerte cerca, minino. Te amo demasiado, más que a nada en el mundo, y te he echado de menos cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo. No he dejado de pensar en ti ni un solo instante. No podría soportar no volverte a ver. —declaré aferrándome más a él y acariciando su cabello— Eres un idiota, sí. Pero eres mi idiota, ¿sabes? Retiré la mano de su pelo para llevarla a su mejilla e hice lo mismo con la mano contraria, alejando mi torso un poco del suyo para poner su cara frente a la mía. —A ti te lo perdono todo, amor. —afirmé sonriendo tímidamente y ruborizada. Paseé la vista por ese rostro que tanto amaba, observando sus bonitos ojos y acabando por clavar la mirada en sus labios. Hacía tanto que no los sentía que no podía aguantar ni un segundo más sin ellos. Adelanté la cabeza muy poco a poco hasta juntar mis labios con los suyos. Él era mi adicción, la mejor de las medicinas para mi alma y para todo mi ser. Lo besé con dulzura mientras sostenía sus mejillas y después pasé los brazos hasta cruzarlos por detrás de su cabeza, aumentando la intensidad con la que lo besaba. Me impulsé ligeramente con las piernas para rodear sus caderas con ellas y cruzarlas por detrás y sujetándome a él. Cualquier enfado que pudiese haber existido parecía algo lejano, estaba increíblemente feliz, más de lo que recordaba haberlo estado nunca. RE: [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - Garnet D. Matlock - 15-07-2024 La cara de Garnet cuando se percató de quién era la deslumbrante mujer que se situaba frente a él tenía que ser un verdadero poema. La mezcla de emociones que sentía en su interior hacía que le fuera complicado asimilar que Ikirami, la persona a la que ha estado anhelando encontrar desde su adiós, su amada, estuviera allí mismo, a menos de un metro de distancia. Cuando la pelirroja con peluca le ordenó que se pusiera de rodillas y se disculpara por la estupidez que había cometido, el músico, como buen sumiso de su novia - y siendo claro conocedor de lo mal que había actuado - se puso de rodillas, tratando a Ikirami como "ama". En la cara de la marine, al escuchar al pirata decir asentir de esa forma, se dibujó una sonrisa de satisfacción que, Garnet, no fue capaz de ver al hundir su cabeza, inmediatamente en el suelo. Desplazando su mano con la que señalaba hacia el suelo a su otra cadera, murmuró que así le gustaba, llamándole buen chico. Para que mentir, el skypiean seguía con una sensación de miedo pero, no tanto por el hecho de aquella increíble presión que sintió hace unos instantes en su alma, sino por el mero pensamiento de poder perderla y, aún más, por obra de una de las muchas gilipolleces que cometía el pelirrojo, miedo que se incrementaba al sentir como su corazón danzaba de felicidad al escuchar la voz que tanto había añorado todo este tiempo, causando un agradable cosquilleo en su zona lumbar cuando el tono de su voz circulaba a través de su sistema auditivo. Era por eso que, a pesar de lo orgulloso que era Garnet y de su carácter, a priori, indomable, decidió disculparse de todo corazón pues, si había algo que era aún más importante que su ego, eso era los seres a los que de verdad quería con toda su alma, estando Ikirami, por obvias razones, entre ese selecto grupo de personas. Comenzó a confesar su lamento, alegando que era todo un idiota y un cabeza hueca por actuar como lo había hecho hace escasos minutos, recibiendo -antes de que exhalara un suspiro- la gélida afirmación de la pelirroja que, gustosamente, recibió. Después de que levantara su mirada del suelo, ansioso de posar su vista en sus radiantes y carmesíes luceros, siguió disculpándose, tanto por haber estropeado lo que podría haber sido un reencuentro de película como por ser un baboso sin ninguna clase de remedio, observando esta vez, como suspiraba de primera mano y enterneciendo la expresión de su rostro, causando que el pelirrojo se sonrojara en el acto. Era una pena que estuviera disfrazada, pues quería ver a su amada tal y como era ella. Pero es que era tan preciosa. Se atrevería a decir incluso que, desde que descubrió que la gótica se trataba de la mismísima Ikirami, le parecía incluso más atractiva, bella y sensual de lo que ya era cuando desconocía este dato. Seguidamente, al declarar como, a pesar de lo bobo que había sido, la seguía queriendo y que no había dejado de buscarla y llamar la atención lo máximo posible para que supiera de ella, ella también se ruborizó. Esas pequeñas señales parecían indicar que, de momento, las disculpas marchaban como la seda así que, con esto en mente, y dado que no podía aguantarse las ganas de tenerla entre sus brazos, fue cuando se levantó con lentitud hacia la marine, sin despegar su vista en ningún momento de perfecto e impoluto rostro que reflejaba un sentimiento de dulzura. Toda la tensión que había y pudo haber, desapareció de manera abrupta cuando el músico, finalmente, la abrazó, sintiendo como el cuerpo de la mujer se relajaba por completo. Pero aún no podía cantar victoria pues, en su corazón, aún persistía ese miedo de que Iki no le hubiera perdonado del todo por haber coqueteado con una chica que no fuera ella -aunque si lo era-. Al mismo tiempo, pues, que le expresaba de todo corazón lo mucho que se alegraba de verla, de lo mucho que la quería y de lo mucho que le había echado de menos, notó en sus carnes aquel tacto que había soñado sentir día tras día y noche tras noche después de su despedida, posando su mano derecha por detrás de la cabeza del pirata y su izquierda en su hombro, notando como aferraba su camisa de corazones con intensidad. Sumado a esto, el notar la cabeza de su Iki entre su hombro y su cuello más el posterior susurro de su amado llamándole minino, causaba que todo el interior de Garnet se comenzara a derretir de amor, amor que no quería perder por nada del mundo.- ¿Qué sería del menda ahora sin ti? - Se cuestionaba, entre lamentos el músico. De esta forma, al borde de la lágrima y con el corazón a mil, finalizó diciendo que, si aún así, no quería volver a verle que lo entendería, obteniendo, ipso facto, una rotunda negación que hizo que apretara sus labios y respirara aliviado el músico. Lejos de querer dejar al pirata por su insensatez, Ikirami declaró que no quería pasar más tiempo sin tenerle a su lado, llamándole minino por tercera vez y haciendo que, por un segundo, Garnet abriera los ojos como platos.- ¿Minino...? Mierda...- Pensó el pirata al darse cuenta que su novia no tenía ni idea de lo que había pasado con su fruta y que, para su desgracia y, sabiendo lo que le gustaba, ya no contaba con ella. Esta línea de pensamiento, sin embargo, se vio interrumpida cuando escuchó de los labios de su mujer decirle que le amaba demasiado, más que nada en el mundo y que le había echado de menos cada instante. Las lágrimas que amenazaban con salir con anterioridad lo hacían ahora pero de felicidad, al escuchar como los sentimientos de la marina hacia él no habían cambiado en absoluto. Al decir la pelirroja que no había parado de pensar en él y que no soportaba la idea de no volver a verlo, situó su mano derecha en la parte trasera de su cabeza, entrelazando sus dedos en los cabellos de la peluca que portaba y, al mismo tiempo que ella lo hacía, aferrándola con más fuerza entre sus brazos. Cuando dijo que era un idiota, pero que era su idiota, asintió en silencio, con un par de lágrimas bajando por sus mejillas. Su corazón amenazaba con salir ardiendo por combustión espontánea en cualquier momento. La bella pelirroja con peluca, entonces, posó la mano que tenía en el pelo de Garnet en su mejilla, haciendo lo mismo con la contraria, situándola en la otra, alejándose lo suficiente para que ambos rostros quedaran frente a frente, declarando que ella, a su amor, le perdonaba todo, causando que el músico exhalara un suspiro lleno de amor y admiración hacia su novia.- Este sandwich de idiota te ama, Iki... Gracias por ser tan increíble, eres la mejor ¿es o no es?- Agradeció el skypiean, diciendo lo primero en referencia a las anteriores palabras de la marine y como, ahora, su cara estaba entre las dos manos de Ikirami, como si de un sandwich se tratara. Con todo aquel malentendido y metedura de pata esclarecido y perdonado, Garnet ahora no podía dejar de observar con admiración y de cerca la preciosa faz de la mujer que amaba, recorriendo con sus ojos cada célula de la piel de su cara hasta llegar a sus pintados labios. El mero hecho de volver a poder degustar y deleitarse con su sabor y textura hizo que el pirata se mordiera el suyo inferior. No sabía cuánto había estado realmente sin sentir la presencia de Ikirami, pero tan sólo sabía que se le había hecho una eternidad y que no podía estar más tiempo sentir sus labios con los suyos. Como si de dos imanes en perfecta atracción se trataran, Garnet, lentamente, buscando disfrutar del momento, acercaba su boca a la de la marine, al mismo tiempo que ella lo hacía hacia él. El primer beso, después de tanto tiempo, fue uno lleno de dulzura, del más puro de los amores, un beso que gritaba a los cuatro vientos "te quiero" y "te echado de menos". Las manos, que sostenían las mejillas del músico, pasaron a situarse por detrás del cuello de Garnet, rodeándolo. Del mismo modo, la mano que el ex-minino tenía en la cabeza de su amada, la descendió hasta llegar a su cuello, acariciándolo con intensidad por la parte que no tenía el choker puesto. De esta forma, sintió como sus besos, ahora, pasaban a exclamar "te deseo" y "he echado de menos el roce de tu cuerpo". Ikirami, entonces y con complejo de koala, se quedó colgando de Garnet tras dar un salto y cruzar sus piernas alrededor de la cintura del músico. Por instinto, y para ayudar al apoyo de la marine, la mano que tenía aún puesta sobre la cadera, la descendió hasta situarla en sus glúteos, protegidos por esa capa de látex negro que resultaba gustoso al tacto. El pelirrojo sentía como algo se comenzaba a encender en su interior, una pasión que no sentía desde la última vez que la vio. Sus pulsaciones se aceleraban, y con ello el ritmo de sus besos y de sus lenguas danzando. Ardía en deseos de volver a hacerlo con la mujer a la que amaba, a tal punto que le daba igual si lo hacían ahí en el suelo, en mitad de la primera planta. Pero tampoco se había olvidado que, para Garnet, habían quedado cosas pendientes.- Iki...- Intentó comunicar, despegando sus labios de los de su novia, pero sin éxito, al volver a unirse a ellos, como si de un hechizo se tratara.- Hay tantas cosas que...- Un segundo intento.- Tantas cosas que el menda te tiene que contar...- Y ahí iba el tercero. Parecía que ya lo tenía pero no podía luchar contra la pasión que sentía hacia esa mujer.- Pffff, pero ya te contaré...- Dijo resoplando al notar como la temperatura seguía creciendo en él, dejándose caer, seguidamente, hacia delante con lentitud, con cuidado de no hacer daño a Ikirami de forma que quedarían tumbados en el suelo con Garnet por encima.- Ni te coscas de lo que he esperado por esto, Iki...- Siguió diciendo entre besos pasando ahora a morderle, con cierta dificultad por el choker, su cuello. Levantó su cara, entonces, para mirarla con detenimiento.- Eso sí... ¿Puedes quitarte la peluca por esta vez? El menda quiere hacerlo con la "verdadera" Iki, al menos esta primera vez, ¿es o no es?- Confesó sus ganas de verla tal y como ella era, la mujer de la que se había enamorado realmente. Quería volver a ver su perfecto y sedoso cabello pelirrojo. Tras eso, volvió a acercar sus labios a los suyos para seguir besándolos con intensidad. Menos mal que en aquella tienda no había encargados... O eso creía Garnet. En pleno acto, una presencia apareció tras la misma puerta de la que apareció Iki. Una mole de músculos, de perfectamente dos metros de alto y piel morena de la que, a pesar de su llamativa corpulencia, Garnet no se percató en absoluto, pues estaba demasiado concentrado en lo suyo.- ¡My beautiful lady! ¡My beauty! ¿Where te has metido?- Dijo alguien misterioso a ojos del músico segundos antes de que presenciara lo que estaba ocurriendo en la primera planta de su tienda.- ¡OH MY GOOOOD!- Exclamó, abriendo los ojos por completo y llevándose ambas manos a su boca y juntando todos sus dedos y, observando al músico encima de la marine enrollándose. Y no sólo eso, también vio como varios maniquíes y roperos estaban fuera de lugar.- ¿WHAT in the WORLD ha ocurrido HERE?- Se preguntó el mastodóntico dependiente, con sus manos aún puestas delante de su boca. El grito llamó por completo la atención de Garnet, quién, repentinamente, ante la existencia de espectadores, paró, irguiendo su tronco superior y mirando en dirección de la que provenía la voz.- Hostia puta, ¡vaya bicho!- Pensó, sorprendido el músico y para nada avergonzado de que lo acabaran de pillar dándose el lote con Ikirami.- Ey... ¿Qué hay, tronco?... Bueno, o tronca, puejeje...- Saludó con pachorra, levantando, levemente, su mano derecha a modo de saludo.
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RE: [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - Ikirami - 15-07-2024 Al separarme de él, apresando sus mejillas entre mis manos, suspiró con amor y me dijo que aquel sandwich de idiota me amaba. Ahora que le tenía así junto a mí, cualquier tipo de duda o inseguridad desaparecía y se iba volando como si no fuese más que una mota de polvo ante el vendaval. Me agradeció por ser tan increíble, añadiendo que era la mejor. —Sí es. Y además, soy tuya, ¿sabes? Serías mil veces peor que un sandwich de idiota si no lo valorases. —respondí alzando una ceja divertida. Ningún hombre en su sano juicio desperdiciaría la oportunidad que le había brindado a él y solo a él. Y aunque hacía falta una pizca de locura para iniciar una relación con una marine siendo pirata, echar su oportunidad conmigo por tierra por otra era algo de lo que ni el más desquiciado de los dementes sería capaz. En cualquier caso, el corazón de ambos latía deseoso de ceder de una vez a la necesidad de sentirnos el uno a otro, de forma que, cuando me acerqué para besarlo, él lo hizo a la vez y finalmente nos saludamos de verdad. El beso cargaba con todo lo que habíamos estado reservando el uno para el otro, todos los buenos días y buenas noches que no nos habíamos podido dar, todos los te quiero, te amo y te extraño concentrados en un único acto de puro amor y devoción por el otro. Los besos se sucedieron uno tras otro, anhelando cada vez más de él, convirtiendo la situación en una algo más caldeada cuando me subí a él y me cogió por el cuello con una mano y la otra en mis gemelos traseros. Nuestros cuerpos se llamaban y se atraían con una fuerza mayor a la propia gravedad. Si algo había aprendido con él es que existen cosas más grandes y más potentes de lo que creía, que escapaban a la lógica, como nuestro amor. Mi corazón danzaba entre las muchas emociones que el minino despertaba en él, obligándome a morder su labio cuando amenazó con alejarse un momento, haciendo que volviese a mí tras pronunciar mi nombre. Osó de nuevo en separarse de mis labios, a pesar por mis intentos por evitarlo, diciendo que había muchas cosas que quería contarme. Se merecía un castigo por aquella afrenta, así que desplacé mi mano derecha directa hacia su bragueta, acariciando la zona por unos segundos y volviendo a enganchar con mis dientes su labio. A continuación subí, la mano hasta su camisa y comencé a desabotonarla por arriba cuando él finalmente aceptó que ya lo hablaríamos mas tarde y me bajó hasta quedar de espaldas contra el suelo con él encima. La temperatura había aumentado drásticamente, hasta el punto que perdí la paciencia desabrochando su camisa, habiendo logrado apenas quitar de ellos. Entre besos, me dijo que no me imaginaba lo que había esperado por esto. —Mentiría… si dijese que no lo llevo deseando… cada día, todo el tiempo. —confesé jadeando y enrojecida, con la mente muy nublada por el deseo. No pude contener los gemidos cuando pasó a morderme el cuello, ese hombre volvía loco cada centímetro de mi cuerpo. Pasé mi mano a su cabeza para sostenerlo, queriendo que no parase de hacer aquello que me encantaba, pero paró para pedirme que me quitase la peluca, que quería hacerlo con la verdadera yo. Sonreí y de un tirón lancé la peluca a algún lado, sin mirar hacia donde, me daba totalmente igual. Sacudí la cabeza, con la mano ayudándome para deshacer el moño y las horquillas que lo sujetaban. Reposé mis manos en sus hombros con ambos brazos flexionados, clavando una mirada en él con picardía. Sabía que tenía el pelo alborotado, pero me daba igual, peor quedaría después de lo que íbamos a hacer. —¿Así mejor? —pregunté para ser respondida con un intenso beso de sus dulces y tiernos labios. Me volví a fundir con sus besos mientras con las manos recorría su cuerpo y le arrancaba la camisa y la ropa de una maldita vez. En el caso de la mía, tuve cuidado al quitarla y la lancé aleatoriamente a donde fuese, sin alejarme por un solo momento de su boca. Al hacerlo, vi una extraña marca en su abdomen, una que no estaba ahí antes. —¿Qué dem…? —intenté preguntar, pero ya era demasiado tarde como para prestar atención a algo que no fuese el placer de su cuerpo y el mío uniéndose. Estábamos en pleno acto de demostrarnos el amor y pasión que sentíamos cuando, de forma repentina, escuché unos pasos aproximándose por el pasillo tras la puerta por la que había salido antes. “Mierda… Ahora no…” pensé de forma errática, pues no podía prestar atención realmente a otra cosa que no fuese él y lo bien que me hacía sentir. Llevaba demasiado tiempo anhelando aquello y me daba todo igual. Seguí a lo mío con el minino hasta que finalmente la puerta se abrió. Okaliva aprecia estar buscándome y, desafortunadamente, consiguió su objetivo. Gritó al darse cuenta de lo que estaba pasando, preguntando por lo que sucedía. Miré alrededor nuestro, la verdad es que de alguna forma habíamos dejado el sitio hecho un desastre, al menos aquella vez no había ningún animal muerto por allí, esperaba. Solté una carcajada, lamentablemente para Okaliva yo estaba demasiado feliz como para que me importara nada en ese momento. Garnet levantó la vista hacia él, saludándolo como si no pasara nada y levantando la mano. Lo miré enamorada hasta la médula, me encantaba ese hombre y su naturalidad. —Okaliva… te presento a… Garnet Matlock… mi novio, ¿sabes? Shshsh. —lo presenté ante él todavía con la respiración entrecortada por nuestra actividad y riendo— Minino, este es Okaliva… un buen amigo y el mejor modista del mundo. El hombre se llevó las manos de la boca a los ojos, al ver como ambos retozábamos desnudos en pleno acto y se giró rápidamente dándonos la espalda. Alzó la vista al techo, frotándose las sienes con los nudillos —Oh… My… My… —comenzó a decir negando con la cabeza— ¿No teníais un lugar mejor where… to make it? —preguntó para después soltar un suspiro— Well, el amor es el amor, I guess. —Perdón… —me disculpé con Okaliva, pero sonreía divertida por toda la situación— Ya te he dicho que me moría de ganas por verlo. Shshshsh. Reí entrecerrando los ojos y me incorporé un poco, besando a Garnet en la frente al hacerlo. —Okey… ¡BUT! Id a otro lado y after that me lo presentas properly, you know. ¿Okey, my queen? —nos dijo, haciéndose a un lado de la puerta y negando mirando al suelo cubriéndose la vista con una mano. Aunque me molestaba la idea de separarme en ese momento de él, lo hice y me levanté, extendiendo una mano hacia Garnet sonriente —Ven, amor. —dije a mi minino para que cogiese mi mano y fui hacia la puerta. En lugar de ir al camerino, sabía que había un lugar mejor para estar con él allí. Corrí con él hasta una puerta más adelante del camerino, en el lado contrario del pasillo. Abrí la puerta y lo empujé dentro de la habitación a oscuras. Cerré la puerta tras de mí y me acerqué a una pared para encender la luz. Una gran cantidad de focos se encendieron en la sala, que era realmente grande. Era un plató fotográfico, con varios escenarios dispuestos cada unos diez metros. Había estado ahí varias veces para ayudar a Okaliva a hacer fotografías de modelos con los den den mushi, incluso había participado en algunas de las sesiones. Me mordí el labio y me acerqué a mi minino, besándolo a la vez que lo empujaba por los hombros hacia atrás, hasta empujarlo contra una cama de matrimonio con sabanas rojas. Una vez lo senté ahí, me coloqué sobre él y levanté su barbilla mirándolo desde arriba. —Bueno… ¿Por dónde íbamos? —pregunté antes de volver a besarlo y acompañé su mano hasta mis pechos. Okaliva esperó hasta escuchar la puerta cerrarse tras ellos antes de quitarse la mano de los ojos. —These youngsters… —murmuró para sí mismo consternado por lo que había presenciado, pero rápidamente exhaló una leve risa y sonrió. Se giró para ver el estropicio que los dos amantes habían generado, parpadeando confundido al ver como la peluca negra de Ikirami colgaba de una lámpara en el alto techo junto a un sujetador. Se paseó alrededor del desastre de su tienda, vacía aquel día, pues había comunicado con anterioridad a sus clientes que ese día estaría ocupado con una amiga. Fue recogiendo los percheros y colocando los maniquíes en su sitio con cuidado, dejándolos exactamente en su posición inicial. Sacó de su pantalón un paño para recoger la ropa de esos dos locos de amor y dejarla doblada encima de una silla, pero sin tocarla con las manos. Cuando terminó, se acercó a la zona de probadores, a uno en el que ponía “Fuera de servicio” y abrió la cortina para sacar de entre varias cajas una fregona. La pasó tranquilamente por toda el área que los dos habían utilizado a modo de “lecho” improvisado, tarareando una bella canción. No podía enfadarse con dos amantes que se dejaban llevar por la pasión del reencuentro, iba en contra de todo en cuanto creía. Incluso sentía alegría por su amiga, que había sonado entristecida cuando le habló mal de él sin quererlo. Además, el tal Garnet tenía un buen cuerpo y una cara bonita, tal vez le podría pedir probarse algunos de los últimos vestidos que él mismo había hecho a cambio. En cuanto dejó todo perfecto, como si nada hubiese sucedido allí, se sentó en un sillón cerca de los probadores, suspirando y levantando la vista a la nada. —Love, love, love… —susurró sonriente. RE: [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - Garnet D. Matlock - 16-07-2024 Al estar sus mejillas apresadas, o mejor dicho, bendecidas con el tacto de sus suaves manos, lo primero que se le vino a la cabeza a Garnet fue denominarse a sí mismo como un "sandwich de idiota" para, seguidamente decirle lo mucho que amaba a Ikirami y lo agradecido que estaba al ver, tal y como recordaba, que era la mejor y la más increíble novia de todas. Ante esto, con cierto aire jocoso, su pelirroja con peluca le afirmaba, lo que eran hechos, al minino declarando, además, que sería mil veces peor incluso si un sandwich idiota no lo valorara. Y por supuesto que Garnet la valoraba, sabía de sobra la pedazo de mujer que tenía a su lado y lo verdaderamente afortunado que tenía ya sólo de poder respirar el mismo aire que ella. Simplemente, como si fuera una polilla que se viera atraído hacia la luz de manera inexplicable, no era capaz de resistirse ante la necesidad de babear y ligar por cada mujer bella que viera. Era como algo superior a él que no podía evitar pero, que aún así, la mera imagen de su maravillosa amada en su cabeza y los recuerdos compartidos con ella eran suficientes para frenar en seco la lujuria del músico hacia otras mujeres. Cuando, finalmente, sus labios se besaron, pudo sentir un chute de amor y pasión desenfrenada recorrer cada poro de su cuerpo con cada movimiento de su boca, lengua, respiración y jadeo. No se podía creer que todas las noches y días en los que había ansiado estar junto a la mujer de la que se enamoró perdidamente se habían acabado para, al fin, poder volver estar junto a ella. Justamente debido a todo el tiempo que había estado sin su presencia y sin su cariño era que ahora lo deseaba todo de ella, notando como la temperatura entre los dos crecía exponencialmente. Aún así y, sorprendentemente, el lado más racional de Garnet - sí, sorprendentemente Garnet tiene de eso - sentía que primero debía contarle varias cosas que sucedieron en su ausencia en Skypiea, demasiadas de hecho. Algunas más buenas y otras más malas, pero temas que al final le interesaba saber a la marine. Los múltiples intentos del músico por llamar la atención de la pelirroja, combatiendo y luchando con su ferviente deseo y ganas de placer, sumados al impedimento que ponía Ikirami tanto mordiéndole su labio como colocando su mano en la bragueta del skypiean - para seguidamente comenzar a intentar desabrochar su camisa con estampados de corazones -, fueron un fracaso total.- Pfffff... El menda se pierde... Tú lo has querido, Iki...- Intentaba pensar al borde del éxtasis Garnet, momento en el que decidió echarse con sumo cuidado sobre el suelo para poder dar libre albedrío a su intenso amor. Una vez tumbados en la planta del local, al Garnet confesar todo el tiempo que había pasado anhelando por aquel momento Iki, entre jadeos y sonrojos, expresó como ella también lo llevaba deseando todo el tiempo que habían estado separados. Escuchar como su novia sentía lo mismo que el músico no hizo sino que acrecentar sus ganas de darle todo el placer que se merecía, yendo directo a brindarle toda clase de besos para, acto seguido, morderle el cuello, haciendo que la marine emitiera música para los oídos de Garnet en forma de gemidos que hacía erizar el vello del pirata. Fue entonces cuando pensó en que su primera vez con su mujer quería que fuera en condiciones, y no, no se iban a mover a un lugar más privado o a una cama, ni hablar. Garnet lo que quería era ver a Ikirami como la mujer que era, la mujer que había conocido pues sentía que en parte, con esa peluca y al estar irreconocible, el pirata lo estaría haciendo con otra persona que no fuera su amada. Por esta razón, le pidió, con dificultad, que se quitara la peluca para poder ver su radiante cabello del que se había quedado prendado, como del resto de todo su ser. Así pues, y con una sonrisa, se desprendió de la peluca, lanzándola fuera sin mirar y, tras eso, comenzó a sacudir su cabeza para quitarse, con ayuda de su mano, el moño y las horquillas que le sujetaban el pelo, dejándolo suelto por completo y alborotado, dejando al músico embobado por completo ante la escena que acababa de presenciar. A esto súmale la cara llena de picardía que se dibujaba en su faz y el fuego que yacía encendido en el interior de Garnet se avivó exponencialmente, viéndose reflejado con una mayor rigidez en la tercera antena del skypiean.- ¿U-una...Diosa?- Musitó el skypiean, con los ojos como platos y sonrojado. Había sido demasiada belleza y atracción sexual condensada en un sólo movimiento. Al preguntarle Ikirami si así estaba mejor, Garnet salió de su pequeño y corto trance, exhalando un resoplido.- Joder... Ni te coscas de cuánto, Iki... No sabes de que manera te voy a fo...- Comentó lleno de excitación, tanta que no pudo acabar la frase al ver sus labios atraídos hacia los suyos, queriendo más y más de ella. Mientras se perdían en la pasión de sus besos, Ikirami comenzó a arrancar sin ningún tipo de cuidado toda la ropa de Garnet, hasta el punto de romperle la camisa y, sinceramente, daba lo mismo, estaban en una tienda de ropa ya conseguiría más adquisiciones. Y encima estaba demasiado concentrado en el cuerpo de su amada, que se iba quedando cada vez más y más desnuda y haciendo que, el roce de su suave piel con la del skypiean alimentaran aún más el fuego que ardía con fuerza y pasión en cuerpo, mente, alma y entrepierna, como si de un combustible se tratara. Pudo escuchar como la pelirroja intentó decir algo pero, al igual que ella en su momento no le había dejado hablar, se quiso vengar a su manera mordiendo con lujuria su labio inferior para atraerlo a los suyos. Al mismo tiempo, agarraría, con su mano derecha la siniestra de la marine, situándola por encima de sus cabezas, en el suelo. Estaba por una parte el lado más salvaje de Garnet, queriendo salir y tener el más desenfrenado de los polvos posibles y, en la otra parte, el lado del músico más suave y que amaba puramente a Ikirami, queriendo hacer el amor con la persona a la que anhelaba, resultando en una mezcla explosiva que no dejaría a nadie indiferente. Sin embargo, antes de poder acabar, y sin que Garnet pudiera percibir lo que se avecinaba, una mole aparecería en escena, preguntando, de manera extravagante, que qué narices había ocurrido allí. El músico lejos de sorprenderse porque le hubieran pillado en pleno acto sexual, en lo que verdaderamente se fijó fue en la increíble complexión que tenía aquel robusto y moreno hombre para, seguidamente, con toda la naturalidad del mundo, saludarle como si no estuviera pasando nada, cesando, entonces, su actividad sexual, pero sin sacar el "bizcocho del horno". Tras eso, como si cada segundo sin mirarla fuera una condena, volvió a posar su vista en la bella mujer, recibiendo una mirada llena de amor que, por inercia, el músico le devolvió con una pura sonrisa, seguida de un beso en su mejilla izquierda. Sería entonces cuando, Ikirami, le presentaría, con la respiración entrecortada, como su novio ante aquel señor que parecía conocer. Al escuchar como la palabra novio salía de su boca para referirse a otra persona no pudo sino volver a darle un aluvión de besos por toda la cara.- Novio... Joder, suena tan de puta madre...- Se alegraba internamente mientras seguía propinándole besos a Ikirami. Seguidamente, Iki presentaría a su amigo, Okaliva, denominándolo como el mejor modista del mundo. Garnet, ante esto, volvió a alzar la mano levemente, sonriendo con los ojos cerrados.- ¡¿Mejor modista?!... Huh... ¡Eso tiene... que ser flipante!... ¿Es o no es?... "Encantronio", tronco.- Expresó su placer de conocerle y emoción de conocer al mejor modista del mundo, entre jadeos al sentir todavía el calor de Ikirami en su aparato reproductor. Okaliva, al ver como los dos pelirrojos estaban desnudos, con sus cuerpos casi retozando, se giró para darles la espalda y alzando su cabeza hacia el techo. Comenzó a negar y a recriminar, a su manera, si no tenían un lugar mejor para hacerlo, mas entendiendo, tras un suspiro, que al final el amor era el amor. Sólo con esa actitud, aquel bicharraco de 2 metros ya se había ganado el respeto de Garnet. ¿Le jodían la primera planta del local, se encontraban a un desconocido haciendo el acto sexual con su amiga y se lo tomaba con la mayor de las calmas - dentro de lo que cabía- posibles? - Puejeje... Este tronco es un figura, un máquina... Le sabe a la libertad y a la diversión.- Opinaba el pirata sobre el comportamiento del modista sabiendo que, la mayoría de las personas, lo habrían echado ya a patadas del lugar y llamado de todo. Mientras el skypiean pensaba aquello, Ikirami se disculparía, con una sonrisa que, de solo verla, le daban más arrebatos de seguir llenándola de besos, aclarándole que ya le había dicho que se moría de ganas de verlo, haciendo que Garnet sonriera de felicidad, otra vez, manifestando ese arrebato que sintió hacía nada y disparándole una ametralladora de besos. Cuando paró, la pelirroja se incorporaría para, entonces, darle un beso en la frente al pirata.- Puejeje...- Rio de felicidad al sentir sus labios sobre su cabeza, para acto seguido mirar hacia Okaliva de nuevo.- Eso eso... Perdona por lo de la tienda y gracias por entender nuestro amor, ¡eres un tío legal! ¿Es o no es?- Dijo Garnet con una sonrisa, tras lo cuál, y antes de hacerse a un lado y mirar hacia el suelo con la vista tapada, mandó a los enamorados a que acabaran en otro lado para, después, presentárselo como era debido. Garnet, a pesar del placer que seguía sintiendo estando dentro, decidió salir frente a la petición del modista al que había comenzado a respetar. Le habría gustado acabar allí mismo, pero bastante comprensivo había sido el hombre como para que no le hicieran encima caso. Además que era amigo de Ikirami, y los amigos de Ikirami son panas de Garnet, a no ser que sean marines claro. El pirata, al mismo tiempo que la marine, se levantó tras lo cual, sonriente y radiante como el mismísimo sol, su amada le extendió su mano, invitándole a que se la cogiera tras lo cuál, y con una sonrisa llena de picardía, se la cogió.- Gracias por ser el colegui de Iki, Oki, recuérdame que te toque algo de música por todo este desastre.- Agradecía Garnet a Okaliva mientras seguía los pasos de Ikirami hacia la puerta, perdiéndose tras de ella.- Okay... Whatever... ¡Es una promise! Más te vale keep it, you know.- Dijo aún con la mirada desviada al suelo. Y por supuesto que la iba a cumplir. Siguiendo a su fascinante novia, comenzaron a recorrer el pasillo detrás de la puerta. No tenía ni idea de hacia dónde lo estaba llevando pero, aquel sentimiento de dejarse llevar por la pelirroja, le transportó a cuando se encontraron en la entrada del bosque junto a Shandora y, de la misma manera, le llevó hasta su claro especial. No pudo evitar suspirar de amor y melancolía, sentimientos que se transformaron en lujuria cuando descendió su mirada hacia su culito prieto en movimiento, no pudiendo evitar darle una cachetada juguetona con la mano que tenía libre.- Pueje puejeje...- Reía con la lengua fuera cual perro. Fue entonces cuando llegaron hasta una puerta, la cuál Ikirami abrió empujando a Garnet a la habitación que guardaba, una habitación llena de oscuridad, en la que era imposible ver nada. El skypiean no paraba de resoplar de la excitación por saber y no saber lo que se venía al mismo tiempo. Y de repente se haría la luz, iluminándose la habitación gracias a una gran cantidad de focos que estaban situados estratégicamente en la sala. Garnet no entendía muy bien para que se podía usar aquella habitación, pero se quedó fascinado en la variedad de escenarios que poseía, llamándole la atención uno en especial que poseía una cama de matrimonio con colores muy sugerentes.- Creo que se por dónde vas Iki, puejeje...- Vaticinó, volviendo a posar su mirada en la perfecta figura de Ikirami, que se acercaba hacia él mordiéndose sus labios. Los resoplidos de Garnet se intensificaban, mordiéndose el también los labios mientras se acercaba también a la pelirroja para reducir la distancia entre ellos a cero cuanto antes, momento en el cuál volvieron a besarse con pasión para, en ese entonces, empujarlo hacia atrás hasta la misma cama de matrimonio que había visto justo antes.- Joder sí, ¡la puta cama!- Se alegraba internamente el ex-minino ante la continuación del acto de placer que estaban teniendo en la planta de la tienda. Como si de una pantera se tratara, Ikirami se colocó encima del skypiean, levantando su barbilla para mirarlo desde arriba, agarrando entonces las manos del pirata para llevarlos hacia sus exuberantes pechos que comenzó a palpar con gusto al mismo tiempo que sus labios se volvían a fundir en uno, no sin antes preguntar que por dónde iban. No pudo ni responder, no quería responder, y no quería ya hablar. Tan sólo quería concentrar todos sus sentidos en disfrutar del hermoso y perfecto cuerpo de su mujer y del acto que estaban a punto de hacer. Ahora sí que sí, estaba el horno para bollos. Largos minutos después de que Garnet disfrutara, junto a Ikirami, de sus carnes después de tanto tiempo separados, el skypean se encontraba con los ojos cerrados y abrazado a la marine, como si estuviera acurrucado a ella,- con su brazo y pierna izquierda sobre su cuerpo, y su cabeza ubicada entre su hombro izquierdo y su cuello - mientras emitía sonidos de satisfacción por lo que acababa de suceder, que se asemejaban a los ronroneos de un gato. Toda la espera que había tenido que sufrir sin ella, desde luego que ya solo por el acto de amor que acababan de realizar, había merecido la pena de sobremanera.- Ha sido... Una pasada, Iki...- Confesaba, completamente relajado y feliz Garnet, dándole un suave beso en el cuello de la mujer.- Ahhh... El menda está que rebosa de felicidad...- Seguía expresando su genuino gozo depositando, esta vez, un beso en su mejilla izquierda.- Te quiero, Iki.- Dijo con una radiante sonrisa para, seguidamente, girarse y quedar bocarriba, incorporando, entonces su tren superior y quedando sentado sobre la cama. Agarró, entonces, la siniestra de Ikirami, llevándosela a su boca para darle otro beso.- Ahora que nuestros cuerpos se han puesto al día...- Le dijo con una sonrisa picarona, acompañado de un guiño.- ¿Cómo has estado todo este tiempo?- Cambió la sonrisa de picardía por una de ternura.- El menda quiere saber si has estado bien o si te ha pasado algo increíble.- Desvió su mirada y se puso de morritos.- Aunque ni de blas te ha podido ocurrir algo igual de increíble que lo que tu eres... Nanai, ¿es o no es?- Finalizó para sonreírle intensamente con los ojos cerrados. Solo esperaba que durante todo ese tiempo, quitando su ausencia, hubiera ido todo bien por parte de Ikirami.
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