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[Presente Absoluto - Aventura T2] La Cretina - Caelum Drift - 09-06-2025 Día 24 de invierno, Año 16
El frío es abrazador, cruel, capaz de desmoronar a cualquier mortal que no esté lo suficientemente preparado. El lugar está alejado, como si nadie quisiera llegar allí, como si todo a su alrededor hubiera sido puesto a la fuerza para ocultar la morada. Árboles fuertes, gigantes y frondosos, que en la oscuridad parecen demonios, cubren un claro donde se alza lo que parece ser una cabaña gigante, un espacio donde la luna es la única opción frente a la oscuridad, a pesar de la luz que se cuela por las ventanas de la entrada principal. Ustedes cuatro, el zoológico de seres humanoides, consiguen la invitación gracias a Emalf. Desconozco cómo obtiene esos cuatro pases a la Cretina. Esos pedazos de papel finamente plegados, intencionalmente manchados, con una cursiva exquisita en tonalidades de azul y turquesa, tienen como única palabra en su encabezado. “INVITADO”, sobre un mapa pintado en azules que indica la ubicación exacta. Sin ese mapa, sería casi imposible llegar. Aquel señor particular que le facilita las invitaciones a la orca les da un sutil consejo, más que consejo, una advertencia. “Golpea la puerta cuatro veces, en intervalos de dos segundos.” Todo parece medido, matemáticamente endemoniado, en lo que promete ser el pub de los malos modales. Y luego del cuarto golpe, como si hubiera estado acechando tras la puerta, aparece un centinela. Así se presenta. También les dice su nombre. Alfin, el mayor de los hermanos que vigilan el establecimiento. Es el mayor por una hora exactamente, lo dice con voz recta, imperturbable y serena, como si las palabras llevaran tras de sí parte de algún juego o simplemente la necesidad de aclararlo todo. Es un tipo impecable, sin arrugas ni desperfectos; parece más un títere que un ser vivo. Viste un traje que realza su espectacular figura humana, escandalosamente entrenada en dos metros y diez centímetros, y lleva una peculiar máscara en tonalidades de blanco y negro. La máscara, repleta de picos y ojos como si fueran ustedes cuatro observados al mismo tiempo, lo convierte en un ser aterrador. Tras la puerta entreabierta se observa el jolgorio, en notable contraste con la juiciosa apariencia y las palabras de aquel gigante, una fiesta alocada, canto, gritos, delirios y gemidos seducen sus oídos, invitándolos a una brutal bacanal. Antes de entrar, el perfecto centinela les extiende la diestra para entregarles un pergamino enrollado. Allí están perpetuadas una serie de reglas que deben seguir al pie de la letra. Cualquier perturbación del reglamento está penada con la expulsión. Nadie puede entrar sin leerlas, así lo exige el anfitrión. Él los espera sin exaltarse por sus excéntricos modos de ver el mundo. Se mantiene impecable, como si lo que sucede adentro y lo que ustedes puedan pensar no le afectara; es una máquina haciendo su trabajo. En el papel, que parece más una invitación de boda por la calidad de la letra y la delicadeza, se lee. Bienvenidos a La Cretina
Si han llegado hasta aquí, solo queda aceptar el contrato para darle rienda suelta a sus más bajos instintos, a los más desopilantes malos modales.
Reglas de expulsión
Reglas Mortales (Todo el staff de la cantina los atacará hasta la muerte)
Con el fin de hacer la convivencia amena y respetar el templo que hemos construido para ustedes, se crearon reglas donde su vida se pone en riesgo. Depende de ustedes.
Sin nada mas que agregar los saluda Jones J K
Firma Aceptando el reglamento:
Luego de firmar, con la el pedido de que utilicen sus nombres reales, el centinela los conduce a su mesa. El mar de bandidos que llena el lugar les clava la mirada; no se detiene la bacanal, pero las sonrisas de los habitués al ver carne fresca desfilar hacen que la atmósfera se torne aún más densa. Dentro, el lugar es acogedor, como si la ira del invierno quedara en ridículo frente al sistema de calefacción a base de estufas y cañerías que transmiten un calor constante a cada rincón. La estufa principal, una pieza de hierro forjado con relieves de dragones y relámpagos, está a la izquierda, dividiendo el salón en dos, todo un espectáculo de la herrería, como si fuera la estufa de un rey. De un lado, las mesas rebosan de seres pintorescos, que juegan a los dados y a las cartas, comen con las manos y ríen con carcajadas estridentes, pero pese a ese caos, la limpieza es impecable en cada mesa y en el suelo. Del otro lado, al fondo, se extiende una pista de baile iluminada por faroles colgantes y una luz tenue que invita tanto al baile como al duelo. Algunas parejas alocadas bailan y se besan, mientras que otros se lían a puños limpios, siempre cuidando las instalaciones. Al fondo a la derecha, se encuentran los baños, apenas señalados con un cartel tallado a mano que dice “Una estadia para toda la vida”. Son unisex, una fila de baños individuales para las necesidades y, frente a los boxes, una pileta gigante con un espejo de marco dorado. Enseguida de ellos, está el sector del personal, un lugar sin ventanas ni conexión con el salón, salvo una puerta discreta tras la barra. Esa puerta, de madera negra y con una cerradura pesada, se abre solo para quienes trabajan allí. La barra, robusta y amplia, iluminada con lámparas de hierro forjado que cuelgan como testigos de cada trago servido y cada historia contada, invita a dejar el salario en la lista de tragos artesanales y hechos en el momento por el personal. Sus quince metros de longitud permiten atender a toda una horda de almas sedientas y hambrientas, funcionando como punto de contacto entre el caos del salón y el corazón palpitante de la cocina. Tras ella, la cocina se despliega en un entorno gobernado por el fuego y el cuchillo. Un espacio de diez por diez metros perfectamente distribuido, donde cada metro cuadrado se aprovecha al máximo. Desde la barra se ve el bullicio de la cocina caliente y el pase de servicio, una franja donde los platos se visten con sus mejores galas antes de desfilar ante los comensales. El chef y su equipo trabajan como bestias enjauladas; nada los perturba, cada uno de los veinte trabajadores sabe qué hacer sin que el silencio se perturbe. Cada pedido es una ofrenda que viaja desde la cocina hasta el cliente, con la promesa de una experiencia intensa, con la promesa de la ira de un plato hecho con amor. Detrás de la cocina, una escalera metálica, traicionera y oxidada, conduce al subsuelo, donde aguarda la despensa, un espacio gemelo en dimensiones a la cocina, pero distinto en esencia. Diez por diez metros de provisiones, secretos y caos contenido. Aquí duermen los alimentos no perecederos, las latas que esperan su oportunidad y las carnes que descansan en las fauces de congeladores industriales. En el lado derecho del salón, apenas señalada con un dibujo de un abano y una cortina de terciopelo, se abre la sala de fumadores. Un espacio expansiono cargado de aromas y charlas densas, donde el humo se mezcla con el ron y las historias se arremolinan entre caladas. Es un lugar donde los robos y los retos son moneda corriente. El calor, el humo y el júbilo forman un manto que abraza a ustedes, los recién llegados, advirtiéndoles que aquí las reglas son sagradas y el respeto se gana a tragos y a gritos. Axel, Velvette y Emalf están sentados frente a un viejo, uno de esos personajes folclóricos con más derrotas con el alcohol que besos de una dama bonita. Los observa durante algunos segundos mientras ustedes esperan que el mozo traiga el menú. -¿Primera vez por aquí? Pregunta de pronto, con una voz ronca y una sonrisa torcida. -Les doy un consejo. No miren al loro por mucho tiempo. Nunca le van a ganar en un duelo de no pestañar. ¡Jajajaja! El anciano habla con un tono imponente, como si hubiera perdido el oído hace años o, simplemente, se burlara de ustedes. Señala el centro de las mesas, donde de un palo cuelga un loro que los observa a todos. -Les voy a decir algo importante Continúa, inclinándose hacia adelante como si compartiera un secreto que no quiere revelar a nadie más. -Los centinelas son los que hacen que las reglas se cumplan al pie de la letra. Pero hay puntos ciegos en sus rondas. Actualmente, la sala de fumadores está sin centinela hasta que llegue el que toma turno allí; quedan cubiertos la cocina, el baño y el salón. En total son cuatro. Se turnan para descansar. El del salón cubre cocina y salón; el del baño, solo los baños; y el de la sala de fumadores, únicamente ese sector. El siguiente lugar que va a quedar descubierto será el baño, y luego el salón y la cocina. Pero eso son apenas segundos. Tómenlo o déjenlo. Son tres centinelas activos, y el cuarto se retira al sector de funcionarios a descansar. Y recuerden, de sus ojos no se escapa nada. Tras sus palabras, como si fuera un premio, un mozo impecablemente vestido se acerca. Le ofrece un vaso con dos hielos y una bebida espirituosa, acompañado de una frase. -Su trago gratis, señor. El viejo levanta el vaso, brinda al viento y se ríe en sus caras con un tono burlón. Detrás de ustedes, alcanzan a ver al grupo donde está el Rey del Caos, jugando un juego peculiar en el que los gritos y las risas son la banda sonora indispensable. -¡Voy a vos! Exclama uno de los cuatro, mientras arroja un naipe sobre la mesa que muestra cuatro copas. Sus hebras coloradas, su abrigo para el frío, la barba frondosa y la camisa a cuadros lo hacen parecer un leñador. En su regazo descansa un hacha, como si fuera parte de su linaje. Está sentado sobre sus propias piernas, haciendo de su serenidad un rito. La siguiente jugadora es una especie de mujer pez que prefiere no sentarse. Permanece de pie, con guantes de boxeo y un atuendo que parece hecho de escamas de sus hermanos. No dice nada, lanza su carta con el rostro lleno de terror, como si entre sus tres naipes guardara la peor opción. Su carta muestra cuatro espadas. Mira tímidamente a su compañero, con un gesto que es más un pedido de disculpas que de complicidad. -¡Qué lindo es jugar así, repleto de cartas! Exclama el tercero, con una sonrisa despiadada -Me van a tener que pagar muchos tragos, y espero que aguanten la presión, hijos de puta. ¡Envido! Es el más hablador, con una energía casi infantil. Viste como un joven explorador, pero su musculatura lo delata como un luchador formidable. De su costado cuelga una resortera hecha de la manera más sencilla y artesanal. Es el compañero del leñador y se comporta como un niño malcriado meciéndose en la silla. -Tengo flor Dice el cuarto, fulminando las palabras del hablador. Él es el Rey del Caos. Está de cabeza en la silla, dejando en claro que allí las reglas se cumplen con exactitud. Lleva la corona en el trasero y muestra una flexibilidad tan grotesca que parece su estado natural. Su rostro pintado y su atuendo de mimo completan su presencia estrafalaria. Pero lo que más llama la atención es la presencia de alguien que no está. Una quinta bebida servida y un plato vacío, devorado por un fantasma reciente. Mientras tanto, Kayx se encuentra en el baño, con un dolor abdominal tan intenso que lo obliga a eliminarlo todo de manera explosiva. En el borde de la habitación, como una estatua viviente, está el centinela, vigilando con ojos de piedra. Desde el box contiguo se escuchan ronquidos profundos y bestiales, de alguien que ha decidido que ese es el lugar más seguro para dormir.
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Contenido Oculto
RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La Cretina - Emalf - 09-06-2025 El frío siempre había sido su mejor amigo, pues desde pequeño convivía en temperaturas suficientemente altas para congelar al menos experienzado, Emalf era capaz de soportar bajo zero, incapaz de moverse por otros lugares que no tuvieran temperaturas frioleras. Sus días se basaban siempre en estar moviéndose con gracia por los lugares que le persiguen en una danza interminable, la cual sabe que acabará de una forma u otra en un final agridulce. Emalf fue el mismo causante de lo que ahora sería el caos personal de los tres acompañantes, quienes ahora formarían parte de una danza con la misma muerte, el hombre de las mil caras frente a frente con los capaces de verle y el no tan capaz. La sonrisa que se ensancha de par en par en su faz disfraza a la perfección reales intenciones; ya fuese la última vez que se vieron, o la que los esperaba. Espera que sepan los pasos en ese baile de vis a vis con la muerte; porque sino, el destino esperable para ellos será mucho, mucho peor que estar con Velvette cinco minutos, o intentar describirle un color al ciego de los cojones, que lamentablemente es el único al que soporta en lo más mínimo. La verdadera pregunta es, una vez aquél demonio vestido de traje, el cual según se hacía llamar como "Hanten", desapareció tras ellos en forma de un cigarrillo moviéndose por el lugar, el humo impregnando sus orificios nasales una última vez.. ¿A dónde fue? La respuesta es simple, siendo aquél quien se movía de forma grácil por los peores sitios conocidos de la mano de Dios; esto acaba con él revoloteando en su mano unas pequeñas cartas en cuanto oye a lo lejos esa conmoción del índole sexual, como para ignorarla, si él sabe perfectamente de quienes se tratan. — Heeeeeyyy~. Espero no estar arruinando sus planes, ¡aunque si lo hago me la suda; os traigo algo mucho más interesante!—dirá, a griterío suelto, en lo que se acerca y le entrega uno a cada uno, sonrisa afilada amenazante, entre colmillos yace un cigarrillo, doblado con cada palabra soltada con veneno hace que incluso quien no le vea sepa que es una mala idea—. Así es, observen como puedan, aquí tienen un ticket directo al infierno que no tiene retorno. La diversión asegurada, será un día que jamás olvidarán en sus miserables vidas. Sigan mis pasos, porque les estoy haciendo un favor. Fue lo único que dijo, lo último que saben y ya están frente al portón que la ubicación indica, con Emalf siendo el portador a seguir los golpes. Cuarto golpe, aparece alguien, y con él, sonrisa de la orca ensancha, mirando de reojo a sus acompañantes y sus reacciones, que podrían definirse en “¿Y este pavo?”. Emalf seguía el mismo reglamento, un traje bien puesto, sin arrugas, bien vestido para ocultar en su vestimenta lo bien que encajaba en ese lugar. Emalf era hábil con sus movimientos, y al agarrar el pergamino, poco tardó en abrirlo para leerlo, tan confiado como debía de ser para que le invitaran a un sitio así y le ofrecieran traer acompañantes. Más vale no decepcionarle, o él mismo les rebana el cuello antes que los otros visitantes lo hagan, y eso es una promesa que les ha hecho ya anteriormente–no piensa ser dejado en ridículo por un par de tetas, un ciego, y un virgen. — Joder, la máscara no hace mucho a tu favor, eh.. Te apuesto 10 berries a que al final de la noche te consigo una mejor, y encima gratis. Dijo, como comentario al aire. El contrario no dice nada, tampoco reacciona, pero claramente está recibiendo un trato más ameno en cuanto a su forma de tratarle, o es su esquizofrenia hablando. Luego, muerde su dedo, consigue así sacar algo de aquella sangre superficial, suficiente para que, manchando su uña al hincar en uno de los huecos del mordisco, acabe firmando con una letra en cursiva su nombre, bañado en sangre, haciéndose a cuenta de que ninguno del grupo viera su nombre–o lo entendiera. Una vez entra, sus ojos se mueven por la zona, haciéndose una idea en su mente tan privilegiada de forma fotográfica de todo lo que recibía de información visual. Todas las personas haciendo sus cosas raras, ya sean besos, peleas, o bailes, o solamente bebiendo como putos desalmados deprimidos sin nada mejor que hacer con su puta vida. Rápido e inteligente, su cabeza adapta ahora el papel de un nuevo ser; Emalf ya no se llamaría así hasta el final de la noche, donde ahí decidirá si ellos son merecedores de saber quién es en verdad (osea, su nombre de mierda). El hombre de las mil caras se pasea, tal vez con demasiada confianza y picardía, a veces su paso dejaba de ser recto y caminaba de otra forma, todo sea por seguir las reglas y aún así pasarlo bien, su cuerpo zarandeado para acabar siguiendo al centinela que les llevaría a una mesa muy bien decorada, sorprendente para la situación y promesa que otorga ese lugar, y Ezrah aparece como nuevo actor. Aunque poco le va a durar el nombre, porque él le va a decir uno distinto a todo el mundo, a ver si tienen polla para descubrir el real si ninguno va a coincidir con un putísimo nombre sobre él. Sorprendentemente, es capaz de escuchar al vejestorio, quien cuando le habla parece ir más relajado, apoyado de forma confiada en una de las sillas, sin sentarse exactamente para no romper la primera norma ya de cabeza como buen subnormal. En lo que el abuelo decrépito habla, espera que Axel se apunte la información, porque su buen amigo Kayx estaba ya más que desaparecido, y él no va a actualizarle sobre los secretos de estado que sueltan. Sus ojos están más atentos al Rey del Caos, quien se vuelve víctima de Ezrah, en cuanto lo ve; va a arrebatarle esa puta corona sea como sea, siguiendo las reglas del lugar más ilegal conocido. Él está en su salsa, pero se gira a sus acompañantes, y como si se presentara al abuelo, hablará, sus dotes de mentiroso saliendo a la luz. — Es una maravilla saber lo de los puntos ciegos por parte del abuelo decrépito, ¿eh~? Pero se merece saber nuestros nombres, ¿No creéis? Es un trato justo a cambio de esa información. El mío es Ezrah, recuérdalo bien si el alcohol aún no te ha matado las neuronas, porque esa corona va a acabar con mi nombre grabado. Dirá, el abuelo reirá de forma tenue, en lo que él apunta de forma disimulada con mano enguantada, la otra estaba sin enguantar, por razones que sólo él sabía, a donde se hacía el caos, pero todos saben a qué se refiere exactamente. Luego, hará una pequeña reverencia a sus... ¿Dos? Acompañantes, dándoles paso a brillar con sus nombres falsos. Esta era la idea de "Ezrah" sobre conocer a alguien para ver si es digno de ser su amigo, al parecer, porque en su cara se notaba que tenía muchas ganas de presenciar este sitio. — Cagadla, y antes de que los centinelas os maten, lo haré yo mismo con esta monada que tengo detrás, hijos de puta—Susurró como un hilillo incapaz de leer. Sus ojos ruedan, hacen alusión clara a su guadaña. Si no entienden la amenaza, duda que sobrevivan siquiera en la noche. Las próximas serán sus últimas palabras en su reverencia:—. Venga, tengan modales, que el escenario es vuestro, ¡KYAHAHAHÁ! —. Su único problema es aguantarsd las ganas en toda la noche de robarse 20K berries. Bueno, qué cojones, lo va a hacer y luego se lo va a chulear a sus acompañantes.
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RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La Cretina - Velvette - 09-06-2025 El frío de fuera era un cuchillo, pero Velvette no parecía sentirlo. Se mantenía de pie con una sonrisa torcida y los brazos cruzados mientras el gigante con máscara —Alfin, según se presentó— les ofrecía el pergamino. Todo era tan ridículo y ceremonioso que no pudo evitar soltar una risilla nasal. —¿Reglas? Qué emocionante, nyah~ — murmuró mientras Ezrah garabateaba su nombre con sangre y teatralidad, ella rebuscó entre su escote y sacó un pequeño pintalabios rojo, brillante como una amenaza. Con movimientos lentos y cuidadosos, escribió sobre el pergamino, justo debajo del encabezado, con una letra excesivamente adornada su nombre: Velvette. Añadió una pequeña carita guiñando el ojo y sopló suavemente para secar el trazo antes de devolver el pintalabios a su escondite con una sonrisa ladina. —Listo, ya estamos todos civilizados, ¿no? — dijo, mirando al centinela con descaro. Tras eso, cruzó la entrada de La Cretina como quien entra a su propio espectáculo. El calor era casi insultante tras el crudo abrazo del invierno. Velvette se dejó caer sobre el filo del respaldar del sofá como si fuese un felino perezoso con un enorme martillo acompañándola en un equilibrio bastante precario. Se encontraba tumbada a lo largo de la estructura de madera tapizada, equilibrándose con elegancia insultante justo detrás de Axel, como si su cuerpo fuera una extensión del mueble. Tenía una pierna colgando hacia un lado, la otra flexionada, y la cabeza apoyada sobre su brazo izquierdo doblado a modo de almohada mientras que con la mano derecha trató de acariciar la cabeza de Axel. Su cola se balanceaba con desdén sobre el hombro del pelirrojo, rozándolo de tanto en tanto. —Ah… esto casi que es como estar en casa, nyah~ —suspiró con satisfacción teatral, como si no acabaran de leer una lista de normas que parecían redactadas por un poeta ebrio con sed de sangre y sentido del humor. Desde su ángulo torcido, observaba a Ezrah —como se había presentado ante el anciano— con ese aire de orca recién salida del reformatorio que solo convencía a quien no sabía cuánto disfrutaba con las provocaciones. Velvette no lo miraba, pero escuchaba. Porque siempre escuchaba. Especialmente a los que parecían tan cómodos en un lugar donde nadie cuerdo estaría cómodo. La voz de Ezrah cortó la distancia con ese tono suyo, burlón y amenazante, como una carcajada vestida de advertencia. Velvette sonrió, sin girarse, mientras dejaba colgar la pierna hacia atrás. —Ezrah, nyah~ —ronroneó —Suena como nombre de profeta bíblico con problemas de ego... Entonces se deslizó con una ondulación lenta, descendiendo desde el respaldo del sofá como si su columna no tuviera huesos. Se acomodó de lado, apoyando la cabeza en el hombro de Axel sin pedir permiso. Movió la cola una vez más, tratando de golpearle en la cara. —Yo soy Lady Delito nyah~ — dijo por fin, con voz melosa y ojos brillantes —Dueña de ningún reino, heredera de ninguna fortuna, pero sí de un buen gusto... como puedes ver — Sacó de entre su ropa interior un pequeño trofeo: unas braguitas de encaje negro, arrugadas y evidentemente usadas. Las lanzó con un gesto de muñeca al anciano con una sonrisa traviesa —Un regalito de bienvenida, que no se diga que no tengo detalles con los mayores nyah~ Están en su punto, calentitas y bien húmedas, espero que las disfrutes nyah~ Aunque todos pudieran pensar que la prenda interior pertenecía a la humink, la verdad es que la había robado por el camino de la mano de un hombre que estaba metiendo mano a una "señorita". Acto seguido, alzó la vista hacia Axel y le guiñó un ojo. —No te pongas celoso, cariño. Tú me tienes a mí toda enterita nyah~— la cabeza hacia Ezrah sin mirarlo, ronroneando con aire distraído —Y tú, Ezrah… vete a dar vueltas como la mosca cojonera que eres, mi marido y yo vamos a necesitar algo más de espacio en el sofá ¿verdad darling? nyah~ No tenía prisa. Estaba en su elemento. Y si no pasaba nada interesante... siempre podía hacer que ocurriera.
OFF ROL
RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La Cretina - Axel - 10-06-2025 El ballenato monocromático se había encargado de reunirnos a los mismos del callejón de hace unos días. La verdad había sido supremamente fácil detectar sus mensajes por toda la ciudad dirigidos a nosotros: Dibujó a una orca, un gato morado y dos encapuchados en un arbol con un número correspondiente a la fecha y hora del encuentro en no menos de 46 callejones de la ciudad, por no mencionar una lluvia de papeles con el mismo garabato en la plaza central en pleno desfile del domingo al mediodía. ¿Por qué había venido? pues porque Kayx no quería venir solo, y siendo francos, más de una vez él ha accedido a incursiones y misiones por capricho mío sin estas entrar en sus planes o estándares. ¿Su justificación? que sharkboy y prostituta-girl le parecieron chistosos y agradables, como si estuviéramos buscando amigos. Cuando me dijo aquel ridículo motivo le dije sin dudar que no era más idiota porque no le entraba más aire por las orejotas. Total que fui equipado con mi atuendo tradicional: mi capucha bien abrochada al pecho y el antifaz para cubrir mis ojos como segundo filtro. Mis guantes de cuero y mi anillo con el número VIII bajo el guante en mi dedo medio de la mano izquierda. Mis botas y mi excelente personalidad eran más que suficiente y me dejaban claramente sobrecalificado para cualquier situación posible. Kay por su parte, bueno, iba vestido como Kayx. Llegamos a la hora pautada a aquel nada sutil y mucho menos clandestino punto de encuentro, donde el mocoso que otrora se hubiera dado al pire en cuanto le devolví su derecho al oxígeno hizo acto de presencia. Nos entregó unas invitaciones de un lugar que quién sabe cómo había obtenido y nos dijo que allí encontraríamos una experiencia única e inigualable. A mi me parecía que nos estaba invitando a un putero más, pero si este era un lugar así de difícil para acceder, sin duda valía la pena echar un ojo en caso de que posibles individuos pudieran estar frecuentando allí. Si algo me gustaba más que atrapar a mis enemigos, era pararles los pasos antes de que empezaran a ir a por mí. En todo el trayecto, el fumón semigyojin iba adelante dirigiendo la marcha, mientras Kayx y yo íbamos, al medio, seguidos de Velvette, la gata calenturienta que no se despegaba del culo mío desde el otro día en la taberna. Tenía ahora dos sombras: una mía y una puta. Mientras avanzábamos y Velvette nos seguía hablando de sus cosas y sus mundos de fantasía, conversaba a los susurros con Kayx: Te apuesto 20000 Berries a que nos va a terminar metiendo el problemas el seguir a este chico-Reflexionaba mientras me iba rascando la nuca- Igual te digo, Si hace falta te diré a dónde lanzar putazos como si fueras un reloj ¿Se te grabó? horas, minutos, segundos para dirección, distancia y cantidad-Sentencié a la par que me pegaba en la sien, girándome a mirar a mi invidente colega y guiñarle el ojo, aunque él por supuesto no vería este último gesto. En la entrada un tipo trajeado de unos dos metros y tanto, con una máscara que parecía una masa compuesta por múltiples ojos, nos dió la bienvenida y se presentó como Alfin. Acto seguido nos entregó unos papeles con las absurdamente rebuscadas reglas del recinto al que estábamos por entrar. Leí en el susurro más filo que mi voz pudiera proyectar el escrito de aquel papel, para que mi compañero Séptimo pudiera estar al tanto de la información. Al fondo del papel, un espacio requería que plasmara mi rúbrica con un nombre. El fumón como su apariencia emo indicaba, usó su sangre como tinta, mientras que Velvette, firmó usando un pintalabios. Yo aproveché que la muy regalada aceptaba cualquier mal trato de mi parte y, sacando la garra de mi índice izquierdo, perforé con un pinchazo su hombro descubierto y usé aquella gota como fuente para escribir mi firma: Axel. Una vez dentro, intenté seguir las normas del lugar, por absurdas que fueran, pues dentro de todo me parecían algo chistosas. Caminar sin hacer una línea recta era lo más fácil, luego tocaba ir a tomar asiento de una manera que no fuera la normal. llegué a ver personas de cabeza, paradas de manos, sentados uno sobre otro y demás. Cuando el centinela nos dirigió al que sería nuestro puesto en aquel curioso lugar. Ningún encapuchado ni miembro de la organización estaba asomando las narices hasta donde lograba divisar. Decidí sentarme en la mesa, mientras apoyaba mi pie derecho en el asiento y mi pierna izquierda sobre la rodilla derecha. Velvette intentó acariciar mi cabeza, pero le dí una palmada en la mano para que lo dejara. Noté al ojear el sitio que cerca había una gente bastante variopinta y curiosa jugando a una mierda con unas cartas que solo había visto jugar a la gente más pobre de la ciudad. Esas personas sin hogar, malolientes y casi siempre sin dientes. Un viejo empezó a hablarnos, resulta que compartía mesa con nosotros. Nos empezó a dar consejos y a mencionar que el lugar tenía puntos ciegos, así como las rondas de los centinelas del lugar. Escuché atentamente a la información, para luego ver al niño orca presentarse como Ezrah, a lo que Velvette reaccionó con una mofa y apoyó su cabeza en mi hombro, pero rápidamente la empujé.Esta se presento con un nombre totalmente ridículo y le lanzó unas bragas al viejo. Cuando el anciano recibió su trago y me miró, esperando un nombre, por un momento pensé en echar a Lea a la calle, pero entonces dije: Hendrix. Muchas gracias por tus recomendaciones, pero nosotros no vamos a caer en una mentira tan barata, ¿Se te grabó? - Le dije, dejándole claro que no había caído en su discurso. No fue sino hasta entonces que noté que Kayx no estaba en la mesa con nosotros. Me pregunté qué habría pasado. Le busqué rápidamente con la mirada pero no le encontré. Me puse entonces de pie y dije a Velvette - ¿Dónde está el otro?
Resumen
Karmas Pertinentes
Inventario
RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La Cretina - Kayx - 10-06-2025 Axel me habia comentado que el bueno del chico que apestaba a cigarro que encontramos junto a nuestra nueva compañera, estaba dejando información por todo el pueblo, ¿Acaso el muy idiota no sabía donde vivíamos?, teniendo a Velvette con nosotros no era muy dificil deducirlo, pero dejado a la gata sobre excitada de lado, el muchacho me habia caido bien, era un contador de chistes nato y ya para mi eso era suficiente, asi que logre convencer a Axel que seguirle el juego y sus señales poco prudentes, de encontrarnos en un sitio y lugar acordado, porque don gato me debe unas cuentas y yo no olvido, asi que me era momento de cobrarme una de tantas, ademas soportar a Velvette eran como 16 favores en uno, por lo que malevolo tigreton no tenia excusa para decirme que no.
Me tome mi tiempo para acomodarme esa noche, por algun motivo pense que era apropiado encontrarse con el ballenato que decia llamarse “Hanten” pero ese no era su nombre, ya sabia yo que mentía, pero su olor no lo iba a olvidar, el peso de sus pies, todo seguía en mi cabeza. Asi pues, me coloque mis botas negras, mi gabardina negra y me coloque mi anillo con el numero VII en el dedo anular izquierdo, me cole ademas mi cinta roja en el brazo izquierdo tambien con el numero VII en ella, tome mis cosas y mi hacha, “El Septimo Filo” y me la ajuste a la espalda, estaba vez por ser de noche no me coloque la bandana en los ojos sería raro, asi que al bajar al sitio donde me esperaban Axel y la gata maulladora, les dije. – No me digan como me veo, porque yo ya se que me veo absurdamente espectacular, es mas Velvette te apuesto 10 berries que me veo mejor que tu marido, venga no perdamos tiempo.
Salimos de la posada y el frio del invierno nos recibió, yo inhale fuerte y deje que ese mismo frio llegara a mis pulmones mientras empezábamos a caminar hacia el sitio que Axel dedujo que era la cita con el hombre del cigarro, que resulto ser el mismo callejón donde le ofrecí romperlo a la mitad sino hablaba. Caminaba detrás de Axel por pura costumbre no necesitaba que alguien me guiara, yo sabia llegar solo a los sitios. Pasados unos minutos de caminata llegamos al sitio indicado, el olor a cigarro me dio a entender que Hanten ya estaba alli.
Este haciendo gala de su altanería, comento que nuestros se los pasaba por el sin esquinas y que el traía un plan mejor e interesante, para acto seguido acercarse y ponerme algo en las manos diciendo “observen” y que esto que me entrego era un tique al infierno, un pase asegurado al mejor día de nuestras vidas y que le siguiéramos porque esto era un favor, a lo que antes de partir no pude evitar decir. – Lo de observen, fue muy grosero de tu parte Hanten, FijFijFij, marca el camino idiota, te apuesto 30 berries a que no eres capaz de decirme tu nombre real.
Mientras caminábamos Axel me hizo una apuesta, en la cual afirmaba que el hombre del cigarro nos meteria en problemas y yo lo iba a refutar, pero eso era una apuesta que no podia ganar, porque claramente nos íbamos a mter en un problema y no gordo tal vez. Luego me comento en caso de que se armaran la repartición de citas con san pedro, el me indicaría donde atacar mediante el sistema horario y en mi cabeza quedo grabado “Horas, minutos y segundos, dirección, distancia y cantidad, respectivamente”, le conteste poniéndole la mano en el hombro, señal suficiente para que mi compañero supiera que estaba todo entendido.
Llegamos al lugar indicado o al menos eso supuse pues nos detuvimos, Hanten comenzó a hablar haciendo referencia a una máscara, claramente habia otra persona alli y esta portaba mascara, pero si cara no me importaba, este me entrego un pergamino o algo asi y automáticamente Axel comenzó a leérmelo en un susurro que solo mi buen oído podia detectar, yo intente pasar la mano por el papel, pero era inútil este no estaba en Braille.
Sin embargo, la lectura de Axel fue excelente, basicamente estabamos en un bar llamado “La Cretina” mira tu que nombre más raro pense, pero más raras aun eran las directrices para entrar a la cantina, esto iba a hacer divertido, raro pero divertido.
Escuchando lo ultimo que dijo Axel debía firmar, pero no tenia nada encima, asi que me corte el dedo indique con mi colmillo derecha y con la sangre que brotaba de este escribi “Kayx”.
Pero no se que sucedió, en mi una vez dentro del bar, sentí unas ganas terribles ir al baño, creo que las 12 chimichangas, 5 tacos y 6 burritos que me desayune para ganar una apuesta que le hice a Axel esta mañana, la cual gane, dicho sea de paso, empezaron a hacer efecto, asi que aguce el oído y pude escuchar de donde provenía el sonido el baño. Asi que emprendí mi camino hacia alli, mientras caminaba por el salón sin tropezar a nadie dado mi buen sentido de la ubicación, y siguiendo las reglas raras que ya tenia memorizadas a la perfección, podia escuchar varias cosas mientras me dirigía al baño, personas que hablaba, olores, uno decia que tenia una flor, pero no olía a flor y eso me causo gracia.
Al llegar al baño entre y fui directamente al inodoro y vomite, maldita sea, ve que sentirme asi de mal ahora mismo era una putada, pero a pesar de todo seguía con el oído activo por si alguien entraba, me palpe la gabardina buscando mi medicina, pero recordé que la habia dejado en el estante de la habitación que alquilaba, por lo que simplemente y me acerque a un lavamanos para ponerme un poco de agua en la cara, mientras esperaba que las ganas de vomitar desaparecieran
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RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La Cretina - Caelum Drift - 12-06-2025 Baño Los zapatos sobre el piso de madera hablaron: tac tac tac, una apresurada manera de gritar que ya era tiempo de moverse. Y tras la velocidad del sonido, la silueta del enmascarado dejó el baño para dirigirse al descanso. Nadie hizo relevo, nadie quedó observando la inmensidad de los azulejos. El baño estaba desprotegido, a merced de aquellos que disfrutan romper el orden y las reglas. Incluso la música parecía más intensa, como si al perder a su vigía, el descontrol hubiera sido invitado a entrar sin tocar la puerta. Un chasquido de encendedor acompañó el último ronquido del ser que habitaba el box lindero al del ciego. Una calada de pulmones hambrientos devoró la mitad de un cigarrillo de un solo tirón. La bestia miró hacia arriba y vomitó una gigantesca nube de humo, con placer, como si en esa bocanada se desprendiera un orgasmo. -Veo que te encuentras mal... ¿Querés una calada? Extendió la mano por debajo de la pared que separaba a ambos animales, con un tono de compasión. Era una mano peluda, de tonos carmín, una mano que invitaba al delirio. Aquello no era tabaco normal, era una sustancia con efectos alucinógenos, de esas que te llevan a otro sitio y al mismo tiempo te clavan en el ahora. Donde la percepción y los reflejos se hacen añicos. La fragancia era intensa, como si un zorrillo estuviera en peligro. Humeante, artesanal, la flor envuelta en celulosa volvió a su dueño de golpe. Como si algo no estuviera bien, como si ya no fuera compartible. -¿Acaso, pedazo de mierda, hueles a mandarinas? Un balido potente hizo retumbar las paredes repletas de baldosas, seguido de un golpe seco. No buscaba romper el muro de madera, sino intimidar. Olfateó un par de veces, confirmando el perfume que emitía el ciego. Y, acompañado de su estado alterado, abrió la puerta de un solo golpe, saltando fuera del inodoro como poseído por una ira animal y fugaz. -¡Sí, hueles a mandarinas, hijo de puta! ¡BEEEE! Era una bestia gigantesca, un hombre-cabra de pelaje rojo, con un pijama que lo hacía cómico incluso en su furia. Bajo sus brazos, una almohada de plumas que llevaba a todos lados como un tic; tenía la costumbre de dormirse cada vez que cagaba. Su semblante lucía cuernos imponentes que usaba como arma, ese instinto bruto de embestirlo todo. -Sal de ahí y hablemos. Soy Bestia. Mucho gusto. La tonalidad era calmada, casi amigable, una invitación serena al ciego ediondo de perfume cítrico. Como si buscara una charla y no un combate. Tal vez un trastorno mental lo hacía oscilar entre el amor y la furia, o tal vez la droga había limpiado su costado más salvaje. Salón El viejo olfatea las bragas que le dio la gatita, mientras escucha los nombres con atención, como si se tratara de una misa. -Ahora entiendo por qué usás tanto perfume. Estas tangas... podrían haber surcado mil barcos con ese olor a playa. ¿Pero sabés qué? Le da una última calada profunda a la prenda, como queriendo perpetuar la fragancia, y luego la sumerge en su bebida. -¡Agua de calzón! Ya me traés loco con esa figura, pero con esto... me vas a tener a tus pies. De un solo trago se fondea el vaso sin usar las manos, mostrando su lado más animal. -Por cierto, yo soy Ese. Con la diestra señala un mueble repleto de platos como si su nombre dependiera de aquel objeto. El mimo, que jugaba a las cartas, se pone de pie tras él. Furioso parecía que el viejo estaba rompiendo alguna regla o algo por el estilo. Procede a contarlos en voz alta como si fueran ovejas. -Uno... dos... tres. Y sin previo aviso, abofetea al viejo con un gesto de desprecio, ahuyentándolo hacia la pista de baile. El viejo se aleja, mascando el aire, con más respeto por las reglas y por la corona que por el mimo. Como si hubiera perdido una batalla. -Disculpen al viejo, está senil. Me presento soy Blanca Nieves. Y ahora que están ustedes aquí. Los mira con una mueca cínica, y de un brinco se para sobre una mesa. Da un pequeño giro y grita a todo pulmón. -¡Yo, el Rey, decreto la decimosexta regla! ¡NADIE PUEDE RETARME A DUELO DURANTE ESTA NOCHE! ¡CRUC, CRUC, CRUC! Carcajea Blanca Nieves, mientras uno de los centinelas, desde un altoparlante, transmite la nueva regla a todo el establecimiento, quedando fijada de inmediato. De pronto, como si todo lo que dijo “Ese” fuera verdad, los centinelas comenzaron a moverse. Primero, el del baño pasó a la sala de funcionarios. De allí salió alguien exactamente igual, o quizás el mismo, quién sabe, y se dirigió a la sala de fumadores, donde relevó a un ser idéntico a él. Este, a su vez, caminó hacia el salón, donde tras un breve diálogo, se dirigió hacia el grupo de recién llegados. Los centinelas eran hermanos. Idénticos en rostro y maneras, su voz era una réplica perfecta. No había forma de distinguirlos… a menos que se los preguntase directamente. Con voz imponente y recta, el que quedó en el salón habló. -Yo soy Ulfin, el menor. Me llevo 1200 segundos con mi hermano inmediato. Seré el centinela aquí. Nuevamente ese detalle obsesivo de precisar el tiempo entre ellos, esa necesidad absurda de aclararlo todo. Alfin, antes de retirarse hacia el baño, señala a Axel con voz firme. El mozo que estaba llegando con las cuatro cartas se detiene un instante ya que algo serio esta por suceder en sus mesas. -Has caminado cuatro pasos en línea recta. Te invito a retirarte. Lo escolta hasta la puerta, mientras el grupo lo ve perderse en la noche invernal.
Off
RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La Cretina - Velvette - 12-06-2025 Velvette ronroneó con gusto cuando el anciano olfateó las bragas que, supuestamente, eran suyas. Observó toda la escena sin moverse del filo del respaldar del sofá, aún tumbada como un felino, la cabeza apoyada ahora en el respaldo y los ojos entrecerrados, como si estuviera más interesada en la sensación del calor que en el patetismo del viejo pero cuando este proclamó con júbilo que haría "agua de calzón", no pudo contener una carcajada estridente. —Qué asco, abuelo. Te juro que si te mueres aquí mismo, nadie va a reclamar tu cadáver. Nyahaha~— observó cómo el mimo le cruzaba la cara y lo mandaba a la pista como un perro humillado, chasqueó la lengua, divertida —Tanto drama por un par de bragas ajenas… — murmuró entre dientes —Y yo que pensaba que el circo estaba fuera del local nyah~ Entonces se incorporó con suavidad, deslizándose con la misma agilidad con la que una pantera baja de una rama. Estiró los brazos por encima de la cabeza y dejó que su cola se meciera de lado a lado, disfrutando del espectáculo del tal "Blanca Nieves" y su decreto ridículo. Iba a decir algo, pero se contuvo; sabía cuándo hablar y cuándo el silencio tenía más efecto que le robaran el protagonismo le daba igual, al menos por ahora. Cuando Axel se levantó y le preguntó por Kayx, Velvette ya estaba a medio camino de lamerse un dedo para limpiarse una mancha invisible en el escote. Levantó la vista, ladeando la cabeza con fingida inocencia. —¿El otro? Ah… no sé. Iba detrás de nosotros, pero luego hizo una mueca rara. Supuse que le habría bajado la regla... nyah~ Entonces, el centinela hizo su entrada. Otro igual al anterior. Otro igual al que los recibió. Velvette lo observó con una ceja alzada y una sonrisa torcida, como si se preguntara cuántos muñecos saldrían si abría una caja más —Ulfin, 1200 segundos más joven. Fascinante nyah~—dijo, fingiendo asombro, sin poder evitar el tono de burla —Casi que me dan ganas de cronometrarme los orgasmos para mantener la tradición nyah~ Pero la burla se le congeló en los labios cuando el mozo se detuvo, y Alfin señaló a Axel con ese tono seco que hacía que incluso el aire pareciera contener la respiración. Velvette bajó del respaldo del sofá de un salto, aterrizando como una gata sobre las patas, apenas sin ruido. Dio un par de pasos rápidos. —¡Eh, eh! Espera un segundo, ¿no hay margen para una advertencia primero? Venga, fue un despiste, ¿no puedes hacer la vista gorda solo esta vez, nyah~? —dijo, interponiéndose brevemente en el camino, pero el centinela ni siquiera la miró. Era como hablarle a una estatua. Velvette frunció el ceño, apretó los dientes y finalmente, al ver que no podía detenerlo, simplemente bajó la cabeza y se quedó allí, de pie, viendo cómo Axel desaparecía entre la ventisca. No dijo nada más. No montó una escena, ni chilló. Solo volvió a sentarse, esta vez de manera aún más extravagante: con una pierna sobre el respaldo, el torso apoyado en el asiento, y la cabeza colgando por el lado opuesto. El mundo al revés le sentaba bien. Como todo en ese antro. Y mientras el mimo danzaba, el viejo se lamía la herida del ego y Emalf jugaba a ser la estrella, Velvette se limitó a relamerse un colmillo, con los ojos brillando como carbones encendidos. —Te vas un minuto y ya me quitan el entretenimiento… —murmuró al aire, como si Axel pudiera oírla desde la ventisca. Tras unos segundos en silencio, se giró hacia el mimo, ladeando la cabeza —Oye, tú. El de las bofetadas dramáticas. ¿Sabes jugar al black jack? —preguntó con voz cantarina, arrastrando una silla con el pie —Necesito algo con lo que distraerme... nyah~
OFF ROL
RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La Cretina - Kayx - 13-06-2025 Escuche como unos pasos se alejaban, intuí que alguien habia dejado el baño, yo volvi a inodoro donde minutos antes habia vomitado y me sente en él, cuando alguien me dirigió la palabra, preguntándome si me sentía mal y ofreciéndome una calada de aquello que fumaba, por un momento pense en decirle, si claro desconocido, aceptare de tu cigarro, pero luego de reírme de manera interna de mi chiste, le dije. – No, gracias, pero eres muy amable, no te escuche cuando entre, espero no haberte asqueado con mis vómitos. – Dije mientras me volvía a palmar la cara para quitarme un poco el sudor. Mi interlocutor me llamo “mierda” y luego me pregunto si olía a mandarinas, cuando me disponía a responderle que sí, escuche un sonido como de cabra, un balido, frunci el ceño y tome mi hacha con mi mano derecha, mientras seguía sentado en el inodoro, luego el ser que me ofrecio el cigarro empezó a olfatear, asi que me dije, o es un mink o un humik. Luego de un golpe salio de donde estaba, o al menos eso intuí por otro el alboroto que habia armado, me seguía sintiendo mal, pero esto podría ser peligroso. Luego volvio a cambiar su tono de voz, el tipo era simplemente raro, me pidio que saliera de alli y habláramos, que su nombre era “Bestia” pero ya sabia yo que era mentira, según las reglas se debía escoger un apodo, asi que me levante del inodoro aun con el hacha en mi mano derecha y abri la puerta, el olor animal de Bestia inundo mis narices y pude saber que se encontraba a más o menos unos 2 metros de mí, me aclare la garganta y le dije. – Hola otra vez, mi nombre es Nigthscream, un placer y antes de que lo preguntes… si soy ciego, ¿Si ves?. Dije mientras señalaba mis ojos carentes de luz.
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RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La Cretina - Emalf - 16-06-2025 Manos sin enguantar enlazan una trayectoria hacia sus bolsillos, ojos atentos y afilados que dan un rápido tour por la zona para observar su alrededor y detectar algún tipo de cenicero por allí, al instante que reconoció uno cerca de la mesa del mayor de los tres, estira uno de sus brazos para el mismo expropiarse a la mesa en la que estaban dialogando, poco tardando en rebuscar sus bolsillos y sacarse otro cigarrillo de la caja, haciendo uso de sus labios en el proceso y encenderlo. Cada vez que Ve... "Lady Delito", abría la boca, él se arrepentía de invitarla con cada vez más fuerza, en lo que Hendrix simplemente estaba ahí.. Hasta que oye salir de los labios rojizos de Lady Delito su nombre falso, donde arquea una ceja, dando una larga calada. — ¡BWAHAHA!—bufó, el humo saliendo disparatado de sus labios, pero con cuidado de que la ceniza no caiga al suelo; capaz que eso cuenta como joder el lugar y se lo cargan por la mierda esa— Lady Desesperada, o como coño fuese, no pienso pirarme de aquí. Así que o te jodes y bailas, o te piras tú, ¿Vale? El sitio es grande, y los baños también lo son. Finalizó, una de sus manos rodea su propia cintura, clavando propias uñas en ella, por la situación y espectáculo que el viejo estaba dándole por las bragas de los cojones; el silencio y la cara de poker parece reinar en su faz por cinco segundos, lo siguiente es él sonriendo de forma tenue, mostrando los colmillos, y el cigarro manteniéndose en su mano. — Sabes que esas bragas son de un tío, ¿no..? Tenemos un colega al que le van el rollo de vestirse como mujer; le hemos robado las bragas hace un rato y pensábamos que sería gracioso.. Espero que sepan bien—Dijo, con toda seriedad, esperaba que el viejo se lo creyera y que Lady Delito le siguiera el rollo; sabe que el emo no le va a dar el gusto de seguirlo. El mimo aparece, y él arquea una ceja, completamente ensimismado con la corona cual cuervo al ver algo que brille. Era.. Perfecta. Mientras "Ese" se va por patas, la mano hábil de Emalf se dirige al bolsillo, si cuela lo suficiente para que le dé tiempo a robarle lo más mísero, pues eso que se lleva, ocultando el mismo robo en su manga de salir exitoso. Si no lo consigue, se va a hacer el loco como el que más. — Huh. ¿Nadie puede retarle a un duelo? Pues vaya puto aburrido, y cobarde también, eh. Se llevó la mano a la barbilla, con un suspiro decepcionado. Había susurrado tal insulto, se hace a la idea de que le reventarían solo por decir eso en voz alta o si se diera la casualidad de oírle. Hubiera sido divertido reventarle la boca al señorito Blancanieves, de todas formas. Su interés se vió pisoteado en cuanto escoltaron a Axel fuera del establecimiento, donde solo se llevó la mano al puente de la nariz para decir muy decepcionado, y bien en alto: — No sé por qué pensaba que era buena idea traerte, idiota. ¡No espero nada y aún así consigues decepcionarme, emo de cuarta!—se despidió, con voz cantarina y llena de desprecio en cada una de sus palabras, su mano agita y revolotea de forma caricaturesca. No podía esperar para salir de allí y gritarle a Axel, no le cabía en la cabeza el cómo era siquiera capaz de romper la puta norma más jodidamente sencilla de todo el establecimiento en CINCO MINUTOS. Vió a Lady Delito ofrecerle una partida a Blanca Nieves, sonriendo ante el hecho de que era muy mala idea dejar que eso continúe, y él solamente se pregunta una cosa que no se le va de la cabeza, para intentar salvarle la cuenta bancaria robada a su acompañante, o al menos su propio orgullo. — ¿Lo de llamarte Blanca Nieves fue por elección propia o fue por mala suerte, tío? Por curiosidad, más que nada, eh, porque te doy el menos sincero pésame que tengo. Una vez termina de preguntar y el cigarro se ha consumido por completo, se encoge de hombros. Sabe que Kayx está desaparecido, y en cuanto esta conversación se vea finalizada, va a ir a buscarlo cuanto antes. No porque le importe, sino para irse familiarizando un poco con el local.
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RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La Cretina - Saint Topman Warcury - 22-06-2025 MODERACIÓN
Con base en la petición de Velvette de salir de la Aventura dada la inactividad de los demás usuarios de la misma, tanto narrador como participantes, y la no respuesta de estos a la usuaria, se concede a Velvette abandonar la Aventura no recibiendo recompensa alguna por la misma y desbloqueando su Presente Absoluto.En caso de continuar la aventura el resto de participantes, el narrador deberá mencionar como ella se marcha y continuar con la narración. Pueden continuar desde aquí. |