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T1 - Puñales Fuera - Ashura - 11-08-2025 Día 86 de Primavera, Año 16
En la zona Norte de Sorbet un mink es reclutado por un mayordomo de una familia adinerada, es él quien se encargará de llevar el testamento escrito de mano y letra por Maratrush para que ninguno de sus hijos pueda corromper el tratado y generar un conflicto una vez este anciano pierda la vida. ¿Si los hombres no deciden su destino qué nos queda? En un viejo salón un hombre yace cansado, el sillón en el que se postra muestra las mismas marcas que el paso del tiempo muestra en la anciana cara del anfitrión, un hombre saluda ante su llegada y espera ante la respuesta del anciano. - Alfred, dime que has encontrado a alguien - la voz suena cansada. A la espalda un ventanal de vidrieras coloridas da a contra luz al anciano mientras que ciega a la persona en pie que espera frente a él. - Sí mi señor - Contesta Alfred con un inclinación respetuosa - es un... - titubea dada la raza de quien habla - ser serio mi señor. Un espadachín errante - - Perfecto - contesta - Hacedlo pasar - No hubo respuesta que el aire escuchara, solo los pasos del mayordomo que se encaminó directamente hacia la puerta de la mansión. Recorrió desde el salón el pasillo principal que estaba lleno de obras de arte y artefactos valiosos apostados tanto a la izquierda como a la derecha de la gran alfombra roja que amortiguaba los pasos y se extendía por todo el pasillo. El pasillo medía 15 largos metros con puertas cerradas en perfecta simetría a ambos lados, mientras caminaba, dejaba en su espalda la gran entrada del salón dónde el dueño y señor de esa mansión esperaba, guardada por dos grandes columnas de madera, al lado de la columna izquierda había unas escaleras que subían hacia la parte superior de la mansión, a la derecha, unas escalares que bajaban hacia la parte subterránea. Alfred llega hasta la puerta de la mansión, dos hojas de maderada maciza y tallada con lo escudos de la casa, con la fuerza necesaria para abrirlas Alfred tira de los agarraderos de las hojas y las bisagras sin ofrecer resistencia abren la puerta sin chirridos ni sonidos molestos. En la puerta, un hombre, mejor dicho un mink, espera en la entrada de una gran mansión, ya ha recorrido el sendero que da desde la verja de forja que cuida la entrada hasta el portón, pasando por los jardines cuidados y llenos de vida del lugar. La mansión es colosal, 80 metros de base se extiende de lado a lado en un rectángulo perfecto. Pilares y ventanales decoran su exterior formado por pierda vieja y de colores oscuros, es de más de una planta y el tejado es de un color viejo, su teja se ve medio quemada, esa mansión tiene más historia de la que a simplemente se vería a primera vista - Señor Sam Bernard - Se pronuncia respetuosamente ante su invitado - Como le he indicado con anterioridad, esta casa necesita servicios de una mano ajena. El señor Maratush requiere de su presencia, el será quien le de las instrucciones de su tarea - Comentó mientras se hacía a un lado de la entrada y con un movimiento de su mano junto a un flexión de torso leve invitaba a Sam Bernard a entrar. Cuando este entró por la gran entrada de la mansión, Alfred le guío por el pasillo hasta el final del salón, dónde, Maratush esperaba con la paciencia que dotaban los años y se mantenía a la espera de que alguien fuera de su circulo se encargase de un gran problema que atribulaba su mente en los últimos días de su vida.
información de la aventura
RE: T1 - Puñales Fuera - Sam Bernard - 12-08-2025 Hay ocasiones en la que un hombre tiene que hacer lo que sea para sobrevivir, pues morir no es una opción cuando tienes algo que vengar.
Había sido contactado hace un tiempo por un mayordomo quizás, lo que si estaba claro era que este hombre era un empleado de una familia con dinero, esas familias que tienen tanto que no terminan de gastarlo durante varias generaciones. Cuando llegué a la mansión, excesivamente grande, casi del tamaño que ocupa una tribu mink, me detuve en la puerta de metal, una verja realmente grande, adornada maravillosamente, pero con demasiado descuido, quizás había pasado por mas historias de la que uno podía pensar.
Tras presentarme de manera simple me dejaron pasar, tuve que caminar por el jardín, desde la entrada hasta un gran portón, dos hojas de madera maciza, parecían talladas a la perfección con una especie de emblema, quizás algo simbólico para esta gente. Había recibido la información de no entrar imprudentemente si no nadie abría esa puerta, puede que por ser un mink pensaban que yo no tenía modales, no pueden estar mas lejos de la realidad.
La decoración del exterior parecía un poco pesada para mi gusto, pero quien dice que yo estoy aquí para fijarme en esas cosas, tengo que limitarme a escuchar y cumplir con el encargo que me darán dentro de la dichosa mansión. Mi espada en su funda colgaba del lado derecho de mi cintura y mis ojos casi no lograban ser vistos por mi cabellera, pero ahí permanecí, de pie esperando que alguien abriera la dichosa puerta, cosa que pasó relativamente rápido.
El hombre que se había contactado conmigo abrió las puertas con la paciencia que tiene un perezoso al comer, no tenia idea de si aquello era debido a lo pesada de la puerta o es que este hombre era así, igual lo reconocí por su tono de voz, era exactamente la misma que había escuchado a través del den den mushi cuando recibí el encargo.
—Comprendo, estaré encantado de prestar mis servicios al señor de esta casa. — Sin mucha conversación ni contextualización simplemente procedí a entrar, claro, con paso calmado, estos pasillos parecían infinitos, largos, con puertas a cada lado colocadas a la perfección, parecían más decoración que aposentos. Sin embargo eso no llamaba del todo mi atención, lo que en realidad me sobresalto un poco en mis adentros era el hombre sentado al final del gran pasillo.
Ese hombre parecía estar en las últimas, su respiración, sus gestos, cada mínimo pliegue de piel en su cara, eran marcas tanto de la vejes, como de la enfermedad, parecía que aguantaba por pura voluntad y aun así se encontraba ahí, siendo la cabeza de probablemente una familia con mucha influencia en estos lares.
Tras colocarme frente a él, hice una leve reverencia. — Mi nombre es Sam Bernard, será un placer prestarle mis servicios señor Maratush, deme las indicaciones y no habrá montaña que no mueva para cumplirlas. — Expresé con sumo respeto ante el hombre que estaba frente a mí.
RE: T1 - Puñales Fuera - Ashura - 13-08-2025 Cuando Sam entró al salón encontró de frente al señor de la casa, en un sillón individual que se rodeaba de sofás de amplia longitud. El tapizado de estos era de un color rojo brillante adornado en las costuras con lo que parecía hilo de oro. En la pared de su derecha un gran cuadro de 3 metros de alto por 2 de ancho mostraba a Maratush en su días pasados, la figura era esbelta los cabellos dorados y el hombre que alguna vez aquel anciano había sido se mostraba con una posición de seguridad y de grandeza. Enfrente de ellos 6 ventanales con vidrieras de colores daban luz y claridad a la estancia, llegando incluso a cegar al mink en algunas posiciones, al lado izquierdo unos grandes estantes repletos de libros de todo tipo de índole se levantaba hasta el techo, el cual, mostraba vigas que le daban profundidad de las que colgaban lámparas ornamentadas que daban a la estancia el broche final al lujo que se respiraba de ella. Ante la presentación de Sam Bernand un suspiro cansado se escapó de la boca del Maratush, el cual en contraposición a su cuadro ahora estaba encogido en su sillón, un chape sobresalía en su espalda, su pelo, ahora de colores canos ya no era tan abundante, per aún así, era largo cayendo en cascada sobre sus hombros. Sus ojos se ocultaban pequeños tras unas gafas, su nariz marcaba estrías por la edad y su rostro estaba completamente repleto de arrugas. Sus manos apoyadas sobre el reposabrazos temblaban incluso con la ayuda de los mismos y sus piernas colgaban si llegar al suelo, de manera diagonal. Un gotero infundía alguna especie de líquido que hacía más llevadores sus dolores, pero aún así, la imagen de ese hombre era la de alguien que pronto pasaría a mejor vida. - Oh que educado - le contestó su anfitrión con una voz apagada y cansada - muchas gracias joven. Necesito de los servicios de alguien de fuera de mi casa. Mis 14 hijos están peleándose en vida por mi cadáver... Ay si mi querida Silibi los viera, que decepción se llevaría, nosotros le hemos dado una educación mucho mejor - Se revolvió en su asiento y con movimientos lentos sacó de un compartimento del lado derecho una carta - Esto - dijo mientras la levantaba el papel temblaba como si un terremoto asolará la mansión - es mi testamento. Esta sellado por mi sello personal, nadie más en el mundo tiene un sello para el lacre con esta forma. Si se rompe o abre antes de que llegue a mi notario, perderá toda la validez que tiene este escrito. Me he esforzado en inculcar a mis pequeños la igualdad, que la posición aventajada de la que disponemos es para ayudar a los desfavorecidos, que el señor nos dio todo este dinero para hacer el bien y no para el egoísmo... Pero parece que no han aprendido nada. Por eso, entregaré esta fortuna y este hogar a una administración que quedará al nombre de todos ellos y que tiene como objetivo ayudar a la zona sur de la ciudad, dar comida a los mendigos, rehabilitar sus calles, producir un cambio, solo dispondrán de nuestras riquezas si trabajan para mi causa, si no, se quedarán sin nada. Sé muy bien que tu travesía hasta el notario será peligros chico, no todos mis muchachos están de acuerdo con mi decisión, por eso estoy solo en mis últimos días de vida. Por favor, hazle el favor a este alma anciana y entrega esta carta. Todo por un mundo mejor - Dejo un momento de silencio como si aquel monólogo hubiera agotado las pocas energías que le quedaban. - Por favor... - La voz del mayordomo sonó preocupada, como si aquel hombre no cuidara de su jefe por trabajo si no por devoción, como si las palabras de aquel anciano fueran la luz entre la sombra del egoísmo del mundo. Dio dos pasos prestos y con toda la delicadeza del mundo agarró la carta para entregársela a Sam Bernard - Deberás llegar a la Plaza Principal y entregar esta cara al Notario Buenavista, esta a 2 km de aquí. Ten cuidado, se muy bien de lo que son capaces esos bribones, tendrás que ser más listo que ellos. Ayude a mi señor, por todas las veces que él ha ayudado a los demás - dijo Alfred clavando sus ojos en Sam, en su mirada se podía ver la pureza de la bondad, la resistencia de la justicia, aquella misión era un grano de arena en una isla completamente perversa.
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RE: T1 - Puñales Fuera - Sam Bernard - 15-08-2025 No podía evitar sorprenderme al escuchar que tenia 14 hijos, no había duda de que había disfrutado de su juventud en su máximo esplendor, con una cantidad de hijos como esa, pasaba mas tiempo arriba que en el mar, no se si me doy a entender.—La juventud no tiende a pensar en el caos que sus acciones pueden causar. — Respondí ante sus primeras palabras a mi persona, en un intento casi irregular de calmar la tristeza que sus propios hijos pudieran causarle.
—Señor Maratush, en nombre de mi tribu le prometo que su testamento llegara a manos de ese notario, cueste lo que cueste. — Aquellas no eran palabras vacías, era la realidad, cuando un samurai tiene una promesa dará todo por cumplir la misma, esa es la doctrina que llevamos aquellos que nos hacemos llamar Samuráis. —Señor Maratush, si no fuera peligrosa entonces hubiera ido usted mismo, no se preocupe por mi bienestar, podre protegerme a mi mismo y su testamento con mi vida. — Las preocupaciones del señor de la casa parecían completamente reales, aunque en un principio imagine que este seria egoísta, clasista y racista, pero como dicen, jamás juzgues a un libro por su portada.
Mire al mayordomo como quien mira a un espejo en medio de la oscuridad, estaba claro que aceptaría la misión, era algo sencillo y mientras nadie me atacase no debería haber heridos, pero quien sabe. —Si por bribones se refiere a los hijos del señor de esta casa, tendrá que especificar como son, pues no quisiera herirlos o algo peor si interfieren en la encomienda que su padre me ha otorgado. — En ocasiones el corte de una espada causa mas enemigos que un país corrupto, en esos precisos momentos es cuando hay que tener sumo cuidado.
—Lo que si también voy a necesitar es que me indique como se ve ese notario, no quisiera ser engañado o engatusado por uno de los chiquillos del señor Maratush, en cuanto me comparta esa información podre partir sin mas preámbulos. — Acomode mi espada, me aleje un poco del casi moribundo señor de la casa Maratush para poder hablar directamente con el empleado del mismo, era evidente que quien salia de dicha casa era él y no el anciano que estaba en su lecho de muerte.
RE: T1 - Puñales Fuera - Ashura - 18-08-2025 -Tranquilo chico - contestó Maratush - mis hijos nunca se mancharían las manos, puedes estar tranquilo por eso, ellos aman demasiado su estatus como para ensuciarlo de esa manera - dejo que el silencio acompañara sus palabras como un vals - Buenavista, mi gran amigo Buenavista, cuantas tardes habremos pasado juntos jugando a la cartas, soñando con lo que hoy vivimos. Desde bien pequeños siempre estuvo para mi, igual que yo estuve para él. Como se verá... - -Perdone que le interrumpa señor - se entrometió Alfred - pero usted hace mucho que dejó de ver... Buenvista es un hombre pequeño, muy pequeño mide alrededor de 1 metro y 20 centímetros diría, es de huesos anchos... Siempre lleva un monóculo en su ojo izquierdo y suele llevar zapatos de color naranja. Es bastante.. Excéntrico - Con esa información tanto Maratush como Alfred despidieron a Sam dejándole que marchase en su misión. El mink partió de la mansión y empezó a caminar por las calles de la ciudad Norte, había ajetreo, carros tirados por reos, gente trajeada de aquí para allá trabajando, toda la ciudad se movía al ritmo del dinero. Tras recorrer 500 metros y llegando a la altura de un cruce una mujer para a Sam. Una mujer hermosa, de grandes ojos castaños y labios carnosos, su pelo liso de color canela caía en cascada hacia el vestido blanco ajustado que llevaba, era una mujer preciosa y de una figura que podría hacer parar el corazón de muchos. La mujer de prominentes caderas y esvelta figura le pregunta: -¿A dónde vas? - antes de que Sam pueda hacer nada la para agarrándole del brazo y de un suave tirón hace que su antebrazo choque con el enorme busto de la mujer mientras que con su mano izquierda agarra su palma y le cierra la mano haciendo que sienta el calor de otro cuerpo junto al suyo - ¿de dónde eres? - le pregunta al oído con un hilo fino de voz - Nunca antes había visto un mink por la ciudad sin correa... - Hay lujaría en las palabras - pero a ti... - susurra mientras se pega más, el aliento de la mujer toca el cuello del mink perro - dejaría que me la pusieras tú - termina mientras le da un leve empujón con las caderas y mueve la mano que le está agarrando hasta llevarla a su espalda poniéndola por debajo de la cintura haciendo que Sam no pueda hacer nada para evitar poner su palma sobre el trasero de la bella mujer. Los ojos de la misma se clavan en el mientras se muerde el labio inferior, otros hombres ahí mismo hubiera caído ¿pero Sam Bernard? RE: T1 - Puñales Fuera - Sam Bernard - 20-08-2025 Al menos me tranquilizaba saber que, de tener que desenvainar mi espada, no sería contra uno de los hijos del señor Maratush. Aunque, siendo honesto, me cuesta otorgar plena credibilidad a las palabras del anciano. Habla como quien vive atrapado en un pasado que ya no existe, enredado en recuerdos que parecen más fantasmas que certezas. Quizá hace décadas que no abandona aquella mansión colosal. Por fortuna, su fiel empleado me dio las indicaciones necesarias: sabía a quién debía buscar y dónde hallarlo, para entregar el testamento que Maratush había confiado en mis manos. Tras las despedidas tanto de él como de Alfred, emprendí la marcha con la encomienda clara en mi mente. Me adentré en la ciudad Norte. El bullicio era constante: carruajes tirados por reos, comerciantes trajeados corriendo de un lado a otro, el compás incesante del dinero que movía cada calle, cada suspiro, cada vida en aquel lugar. Y aunque la avidez del Norte de Sorbet me provocaba cierto desprecio, debía cumplir mi deber: asegurar recursos, cumplir la misión y regresar al poblado del Sur. Habría caminado unos quinientos metros cuando, al llegar a un cruce, alguien me detuvo. Era una mujer de gran hermosura, de ojos castaños y labios carnosos. Su cabello liso, color canela, caía en cascada sobre un vestido blanco ceñido a su cuerpo. Tenía una figura que muchos considerarían capaz de detener un corazón en pleno latido. Ella, sin reservas, me abordó como si me conociera desde siempre. Su familiaridad repentina me incomodó. Pensé en ignorarla, seguir mi camino, pero me sujetó del brazo como lo haría un niño aferrado a su padre. Y lo que vino después heló mi espíritu, lo cual en mí es decir bastante. Sus preguntas fueron incisivas, casi hirientes —¿De dónde eres? Nunca había visto un mink en la ciudad sin correa… ¿dejarías que te la pusiera yo? —Sus palabras me resultaron una daga de incomodidad, pero peor aún fue cuando, con un atrevimiento indebido, llevó una de mis manos hacia su trasero. —Debería tener más pudor, señora —respondí con calma, aunque una gota de sudor frío descendió por mi frente. Retiré mi mano con firmeza, y mi cuerpo, de manera instintiva, dio un paso hacia atrás. Mis ojos, aunque ocultos tras mi melena, no dejaron lugar a dudas en mi tono—No vuelvas a tocar a un hombre sin su consentimiento. Si fuese al contrario… si mi mano se hubiese atrevido sobre ti sin permiso, los marines ya me habrían marcado como un criminal por acoso. La justicia debería medir con la misma vara, dama. — Me mantuve recto, con voz serena, pero con la convicción firme de quien no tolerará un segundo ultraje, rapidamente revise mis bolsillos en busca de aquel escrito que contenia la información de la herencia del señor Maratush. RE: T1 - Puñales Fuera - Ashura - 22-08-2025 Las palabras de Sam y el rechazo del mink generaron un cambio drástico en las facciones de la mujer. Quién de un segundo a otro paso de mostrar una cara dulce y picarona a una mirada asesina fría y sin vida. - Mejor me dan asco las mascotas que hablan - susurro... Entonces cogió un gran bocanada de aire y gritó - ¡SOCORRO! ¡ESTE ASQUEROSO MINK QUIERE ABUSAR DE MI! - Gritó mientras su ojos empezaban a empantanarse y su cara fría se empezaba a enrojecer. Aquel grito acabó llamando la atención de toda la gente presente mientras se giraba dejando ver en su vestido blanco una mancha negra con la forma de la mano de Sam. Algo que el templado mink no se había dado cuenta, es que cuando le agarró la mano y juntaron sus palmas la manchó con ceniza, que rápidamente se limpió metiendo la mano en el bolso - ¡SOCORROOO! - - ¿esa no es la hija menor de Zaratush? - el cuchicheo llegó antes que las ideas, la valentía o la inteligencia. - Sí - - ¡CABRONAZO! - - ¡HIJO DE PUTA! - - ¡SUCIO PERRO! - Toda la calle se volcó de un momento a otro en contra de Sam, quien sin poder hacer nada vio como la transitada calle se volcaba en su contra en forma de improperios, ofensas y gritos. La hermosa joven ahora a 2 pasos de él se giró para mostrar su trasero a un grupo que había en la otra acera, formado por 10 hombres de trajes negros y aspecto rudo, para después caer de rodillas y llorar desconsoladamente mientras se tocaba el vestido. - ¡LA CARTA! - Gritó mientras berreaba - ¡LA CARTA DE MI PADRE! ¡ME LA HA ROBADO! - Su pelo calló tapando su rostro para ocultar una sonrisa. Aquella trampa había sido orquestada por todos los hermanos, que sabiendo el desconocimiento del mensajero sobre la familia habían tramado esta trampa, para, engañarle sabotearle y dejar aquel truco a su favor. Los 10 hombre de negro habían sido contratados para llevar acabo el apalizamiento delante de las calles y el robo del testamento, todo forjando en un estrategia sublime que no salpicaría el estatus de la familia y que haría que ese testamento pudiera ser manipulado sin problemas. Los hombres cruzaron la calle mientras chascaban sus nudillos, estiraban sus cuellos y se preparaban para el combate. - Asqueroso, no se roba ni toca a las damas sin su consentimiento - - A por él - - Cerdo animal, nunca debiste dejar de sentarte por un premio - - Destruidlo - gritó la callé. Aquella trifulca a plena luz del día había convertido al mink en el malo de un película mal contada, pero es que, todo había estado en su contra desde el principio, un extranjero, de otra raza y que se enfrentaba a la riqueza de una ciudad rica ya de por sí. Solo le quedaban asumir las consecuencias, aprender que nadie en este mundo es de fiar... Y si ayudar a aquel viejo era algo por lo que valía jugarse el pellejo. Los 10 hombres le rodearon, mientras se ponían entre la chica él, la cual reculó mientras lloraba, transeúntes se acercaron a ella mientras la apoyaban, y acariciaban mientras le decían que todo había acabado. Entonces... El conflicto inició, los 10 hombres saltaron al unisonó a por Sam. ¿su respuesta?
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RE: T1 - Puñales Fuera - Sam Bernard - 27-08-2025 El bullicio de la calle se volvió un coro de odio. Los insultos me alcanzaban como piedras lanzadas, aunque lo que más pesaba no eran las palabras, sino la mentira que se estaba tejiendo frente a todos. Yo no mentiría, aunque pudiera, soy incapaz de disfrazar la verdad, incluso cuando el mundo entero quiere pintarme como un monstruo. Bajé la vista hacia mi propia mano, aún marcada con el rastro de ceniza que no había notado antes. Mis labios se fruncieron con amargura. Así que todo estaba dispuesto, esto era una trampa, cuidadosamente armada, el peso del testamento en mi interior se volvió un recordatorio del viejo Maratush y de lo que estaba en juego. —La verdad nunca necesita adornos—murmuré, mi voz grave y serena, mientras alzaba lentamente la katana, aún envainada, y la acomodaba en mi costado —Pero las mentiras, siempre llegan acompañadas de teatro. — Los diez hombres avanzaban, chasqueando nudillos, con la confianza de quien cree que el número y el dinero lo deciden todo, la multitud rugía, exigiendo mi sangre y sin embargo, yo permanecía en calma, porque no había mucho que hacer, un pueblo maltratado, dolido, con escenas que hacen enaltecer su alma impura. Mis orejas cayeron pesadas hacia los lados, mientras el viento agitaba mi melena anaranjada ocultando mi mirada. —Soy un pacifista— dije con un tono que no dejaba dudas —No empuño mi espada por gusto. — Esperaba que se detuvieran, pero mis palabras no tuvieron ningún eco en sus cabezas entonces el eco de mi risa rompió la tensión. —KUH… KUHUHU KUHH… — Di un paso adelante, hundiendo mis sandalias contra la piedra del suelo, y los miré de frente. —Pero protegeré mi vida, y protegeré la verdad, aunque todos ustedes la hayan olvidado. — En ese instante, los diez hombres saltaron a la vez sobre mí. Y mi mano, firme, se posó sobre la empuñadura de la katana, en ese momento sentí que el aire a mi alrededor se volvió gélido, pesado, como si la calma antes de la tormenta hubiera descendido en el corazón de Sorbet Norte y es que yo no era quien iniciaba el conflicto, pero este ya había comenzado y yo respondería. Con un solo desenvaine, mi katana describió un arco limpio en el aire. El corte horizontal se extendió en todas direcciones, como si hubiese girado sobre mi propio eje, y alcanzó a cada uno de los hombres que me rodeaban. No fue más que un gesto rápido, pero cargado de la firmeza de quien no busca gloria, sino poner fin a una farsa. Entonces permanecí erguido, con la hoja aún goteando el peso del acto, y hablé con voz grave. —Basta ya de teatro. Sus cuerpos conocen la verdad, aunque sus bocas la nieguen. — Mis ojos, ocultos tras la melena, se posaron en la joven de los Maratush. —Y tú, muchacha, tu padre debe sentirse decepcionado al ver que recurres a trucos tan bajos para manchar el nombre de un samurái. La deshonra no se limpia con lágrimas fingidas. — Guardé silencio un instante, esperando que el corte fuese suficiente para que se rindieran, que comprendieran que aquel engaño no les serviría de nada. Y aguardé también que la multitud hiciera lo que siempre hace cuando la verdad resulta incómoda, mirar hacia otro lado, como quien ignora al hambriento que pide pan en la calle. RE: T1 - Puñales Fuera - Ashura - 30-08-2025 La calle estalló en gritos. El pánico se extendió como el polvo en un lugar abandonado. El corte de Sam con un solo movimiento dejó fuera de combate a los guardas. Todo había escalado tan rápido como había terminado. La joven mujer miró con los ojos abiertos al Mink y quedó atónita sin poder decir ni una sola palabra, giró su muñeca en la cual tenía un Den Den pequeño y comentó que la misión había fallado. Desde allí hasta la plaza, nadie, ni una sola alma se antepuso a Sam, quién pudo caminar tranquilo, mientras que los que habían visto el acto se apartaba de su paso y le proferían miradas que viajaban desde el miedo hasta el asco. Una vez llegó a la plaza, un hombre que se correspondía a la descripción que el mayordomo le había dado se acercó a él. Con el ojo derecho guiñado y con el izquierdo detrás de su monóculo le observó - Hmm, sí debes ser tu - Pronunció mientras no le apartaba la mirada - ¿Traes eso de mi amigo? Venga rápido, no quiero que ninguno de sus muchachos me monte el pollo - el pequeño hombre de ropas estridentes extendió su mano pidiéndole el testamento, se le veía bastante apurado. Buenavista era igual que la descripción que Alfred le había dado, así que, Sam no debía de tener mucho problema en entregarle la carta, no debía de dudar, estaba claro que era ese hombre. Quizá Sam esperaba que hubiera habido más trabas en su camino, pero la verdad era que con la bestial manera de solventar su primer y único problema los hijos de Maratush entendieron que junto al sello que descansaba en el lacre, su herencia estaba guardada por algo mucho más fuerte: la ferviente y fría decisión del mink. Es así como Sam entregó la herencia y doy por cumplido su mandado. Pudo volver a la mansión en la que aquella pequeña travesía dio inicio en primer lugar y cuando llegó, no pudo ver al señor Maratush. - Ya nos ha contactado Buenavista, muchas gracias, lo único es que el señor no podrá atenderte... Según marchaste, el señor empezó a encontrarse mal. Tiene fiebres elevadas, siento que no pueda agradecerte como se debe en persona, espero que mis agradecimientos sean más que suficientes - Le dijo mientras se reverenciaba - Espero que esta recompensa sea más que justa por tu labor - entonces, le hizo entrega de la cantidad de dinero que estipularon días atrás - y muchas gracias otra vez, ahora al señor se le ve más tranquilo - Una vez Alfred se despidió, cerró las puertas y volvió a entrar en la mansión para ayudar a su señor. A los pocos días el dueño y patriarca Maratush murió, pero gracias a los esfuerzos de un mink anónimo, pudo descansar en paz sabiendo que su herencia había quedado cerrada de la manera que él creía conveniente.
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RE: T1 - Puñales Fuera - Sam Bernard - 31-08-2025 El eco de mis pasos acompañó mi camino hacia Buenavista. A cada lado de la calle, los curiosos se apartaban como si el mismo hielo que piso se hubiera extendido a sus corazones. No dijeron nada, pero sus ojos lo dijeron todo; miedo, desprecio, repudio. Esa mirada que la gente suele reservar para las bestias que no pueden domar y yo debería estar acostumbrado, y quizás lo estoy, pero nunca deja de dejar un rastro en mí. Buenavista tomó la carta con manos temblorosas, incapaz de sostener siquiera la apariencia de calma. Vi en él lo que siempre veo en los hombres desesperados, la urgencia disfrazada de codicia pero yo no lo juzgué, noq era mi papel. El papel del samurái no es condenar, es cumplir. Y cumplí. Cuando regresé a la mansión, Alfred me recibió con solemnidad. La noticia de la enfermedad del viejo no me tomó por sorpresa. He visto demasiados finales para saber que los cuerpos, por mucho que se aferren, siempre ceden. Aun así, escuchar que estaba apunto de encontrar paz después de recibir la noticia de que todo fue un exito y su herencia estaría en buenas manos, me hizo detenerme unos segundos. Era extraño pensar que mis manos, acostumbradas a empuñar la espada y a arrebatar vidas, habían servido en esta ocasión para que un hombre pudiera morir tranquilo. No sé si eso cambia algo, pero tampoco me interesa descubrirlo. La recompensa tintineó en mis manos, y Alfred se inclinó con respeto. Lo observé en silencio, preguntándome por qué tantos hombres ponen su fe en papeles, sellos y testamentos, cuando al final lo único que queda es el recuerdo de lo que hicieron en vida. El patriarca Maratush creyó que su legado debía asegurarse con la fuerza, y yo fui esa fuerza. Quizás ese fue su último acierto. Cuando la puerta se cerró tras de mí, comprendí que esa era la última vez que pondría un pie en aquella mansión. El viejo moriría, el oro se gastaría, y el nombre Maratush seguiría su curso. Yo, en cambio, seguiría caminando. Eso es lo único que sé hacer, caminar, cortar, cumplir es lo mínimo indispensable que se debe hacer en la revolución. No soy héroe, ni villano, aunque la gente me ponga en cualquiera de esos papeles según lo que vea o necesite creer. Yo soy Sam Bernard, un mink samurái. Mi herencia no es el oro ni el agradecimiento de nadie. Mi herencia se escribe en el hielo que dejo tras de mí, en los enemigos que caen, y en los silencios incómodos que quedan cuando abandono un lugar. Así terminó la voluntad del patriarca. Y así, como siempre, empieza otra página de mi propio camino. |