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Llegando a Pushkin[Pasado] - Versión para impresión

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Llegando a Pushkin[Pasado] - Bertram Gaufrid - 14-08-2025

El joven arquero había estado en el West Blue durante un tiempo, pues nada más alistarse a la marina fue enviado a ese mar desde su isla natal, concretamente lo mandaron a la base de Ilisia, donde primero se encontró con un marine a quien ayudó a lidiar con una especie de plaga en un pueblo, siendo que lo que hizo fue preparar juegos para hacer reír a los niños y con eso sacar a los adultos de su trance, o al menos ese fue el plan ideado por el hombre que al parecer fue el culpable de lo que sucedía en un intento de hacer el bien por la gente. Tras eso el joven se encontró con un gigante en las proximidades de otra de las ciudades del reino, con quién habló tranquilamente sentado en el campo disfrutando de la brisa y la tranquilidad.
 
Tiempo después fue que se dirigió a la base marine de la isla, donde tuvo que participar en un combate supuestamente de entrenamiento, donde cometió el error de no llevar flechas, lo cual hizo que los jefes tuvieran que lanzarle un carcaj de flechas para que pudiera pelear en condiciones. Sin embargo, el combate no fue para nada igualado y el rival del pelirrojo tenía mucha más fuerza que el arquero, por lo que no tardó en inmovilizar al arquero y darle una auténtica paliza llegando a romperle el tabique de la nariz, pero la resiliencia del pelirrojo y su determinación hizo que se ganara el respeto de todos los demás marines, quienes parecían tener un conflicto previo con ese marine, quien al parecer abusaba del poder de su padre.
 
Los demás reclutas querían entrenar con el arquero, quien encantado lo hizo durante el tiempo que estuvo en la isla, pero lamentablemente un marine no siempre podía elegir la base en la que estaba asignado, y al igual que cuando se unió a la marina en un principio, volvieron a mandarle a otra base, por lo que se despidió de todos los reclutas con los que había estado entrenando y se embarcó a su nuevo destino, donde al menos esperaba no tener un encuentro tan desagradable, pero igualmente no dejaría de entrenar para que no se repitiera, siendo que dedicaría parte de su entrenamiento a mejorar su agilidad para poder reposicionarse con mayor facilidad al mismo tiempo que reduce la velocidad enemiga con sus flechas y técnicas, además de buscar una forma de aplicar su recién desarrollado estilo elemental.
 
Cuando el joven llegó a la isla destino tuvo que abrigarse como nunca en su vida, o más bien cuando se estaban acercando pues fueron a mandarle a una isla completamente cubierta de nieve. El joven llevaba un abrigo de sus abuelos, el cual estaba hecho de piel de oso, por lo que le daba un aspecto intimidante si lo veías de lejos o no te fijabas, pero el joven seguía siendo alguien calmado y tranquilo. El arquero desembarcó tras escuchar las indicaciones de los marines a cargo de llevarlo a esa isla, sabiendo que le esperaban en la base al anochecer, lo que le daba prácticamente unas 6 horas para poder descubrir parte de la isla. Con eso en mente el joven ajustó el arco y las flechas a su espalda y empezó a caminar por la ciudad a la que llegó y observar todo lo que había alrededor.


RE: Llegando a Pushkin[Pasado] - Stroud Nanashi - 15-08-2025

Apenas ataviado con su gorra blanca y una delgada chaqueta blanca, Stroud Redgrave bajó del enorme barco de kairoseki que lo había transportado hasta aquella isla desde una de las principales academias Marine en South Blue. Sus compañeros habían preferido quedarse a bordo por el momento, temiendo las temperaturas célebremente gélidas que les esperaban en Roshwan. El tabloncillo de madera que unía la cubierta del barco con el suelo pétreo y nevado del puerto de Pushkin crujió bajo su peso al caminar, aun sin ceder. Miró a su alrededor. ¿Este era el sitio tan frío del que todos le habían advertido? Exhaló, vaho saliendo de su boca como humo de una chimenea. "No es para tanto," pensó. "En Spider Miles llegaba a hacer más frío en invierno."

Tras abandonar su isla natal, Stroud había pasado varios meses en una academia Marine en el North Blue, no muy lejos de la propia Spider Miles. Sin embargo, al cabo del tiempo, algún capitán decidió que el joven se encontraría más a gusto más allá del Grand Line, en el South Blue, donde lo trasladarían a una academia de mayor prestigio, o eso había le habían dicho a Stroud. En cualquier caso, era consciente de que no era quién para exigir nada, y aceptó el cambio con su entereza habitual. Lo cierto es que, cuanto más lejos de Spider Miles, mejor para él. Aunque lo del prestigio acabó resultando ser algo más subjetivo, lo cierto es que el cambio fue para mejor, y la segunda academia le sirvió para cimentar su futura carrera. Tras los años de academia, Roshwan era su primer destino como Soldado Raso, como parte oficial del cuerpo de Marines. Nada especial, según había oído; simplemente un lugar para poner a prueba a los novatillos que se creían algo. El frío ablandaba rápido a cualquiera que entrase en Roshwan con más humos de la cuenta: lo que antes eran agradables y cálidas noches de guardia en casi cualquier lugar del South Blue, allí eran auténticas batallas contra la hipotermia que el Marine debía dar durante toda la velada. Cualquier ejercicio de campo, que en otra isla hubiese sido poco más que un agradable picnic en la pradera, allí era una caminata de horas por más de un metro de nieve, con suerte. Y si el tiempo apestaba, la comida era aún peor. Parecía que los habitantes de Roshwan preferían mantenerse calientes con el alcohol a cocinar algo más que patatas y zanahorias o cualquier otra combinación mísera que se les ocurriese.

Nada de ello importaba demasiado a Stroud, en principio, aunque bajo una importantísima condición: poder hacer algo de importancia. Tras su período de aprendizaje, sentía el impulso irrefrenable de dar sus servicios a la Marina, de ofrecer su potencial de verdad al servicio de la Justicia. El ansia de orden corría por sus venas como un fuego que impulsaba todas sus decisiones, que venía impulsándolas desde hacía años. ¿Qué le esperaba en la base de Ciudad Pushkin?

Sus botas fueron dejando huellas profundas en la nieve que invadía incluso el puerto de la urbe a medida que caminaba hacia el centro, manos en los bolsillos. Sus atentos ojos recorrían en lugar de cabo a rabo. De vez en cuando, al cruzarse con un superior, detenía su marcha para cuadrarse ante él como era debido antes de continuar. Incluso en la Academia, lo estricto de su conducta le había valido un cierto aire de excéntrico, que había sido capaz de suplir con una moderada popularidad entre sus pares. Su respeto por las reglas estaba presente en cada aspecto de su vida; Stroud era el tipo de persona que respetaba una norma aunque no hubiese nadie mirando. Era su forma de hacer las cosas. Era la forma de hacer las cosas.

Aquella ciudad no era como ninguna que hubiese visto antes. Las calles eran estrechas, empedradas, cubiertas de nieve compacta, con surcos por los que pasaban trineos. Las casas eran en su mayoría de piedra, a menudo combinadas con madera, de techos inclinados y pequeñas chimeneas que exhalaban permanentemente humo blanco. Las plazas y las calles conectaban entre sí con puentes de madera construidos sobre los canales semicongelados. Por todas partes, tenderetes cubiertos con pieles para protegerse del viento vendían pescado, pan y bebidas calientes especiadas. Los niños se lanzaban bolas de nieve. Aquí y allá, artesanos trabajaban distintas maderas o huesos de animales marinos de algún tipo. El crujir de la nieve bajo las botas de los habitantes de la ciudad era prácticamente constante.


RE: Llegando a Pushkin[Pasado] - Imai Seeman - 18-08-2025

Después de un duro entrenamiento, y claramente la burla de muchos reclutas en la academia por la costumbre tan extraña que tenia Imai de pintar todo su cuerpo de azul, según ella porque era el color que resaltaba mas su piel, aunque muy probablemente tenga otra razón mas profunda. En fin, sin más preámbulos un día tras un duro entrenamiento le fue dada la noticia, por fin iba a ser trasladada a un cuartel real de la marina, nada de academias, ni esas cosas, lo que significaba que por fin se había convertido en una soldado raso de la marina cosa que ponía a Imai en la cima del mundo, al menos para sus adentros.
 
La Semioni de 4 metros de altura, siendo casi la mas alta entre los reclutas de su academia se encontraba ahora en las costas del reino de Roshwan, las instrucciones eran claras, la ahora soldado debía llegar al cuartel de la marina a las 2100 horas es decir al anochecer, pero quien le haya dicho que la tantosa isla era invernal, nadie le había dicho eso, es más, parecía que no quisieran decírselo por aquella tonta costumbre de llevar la camisa abierta a todas partes para exhibir sus músculos, cuando desembarcó recibiendo las indicaciones de hacia donde dirigirse y sintió aquella hola de frio pareció que la habían traicionado de la peor manera posible.
 
Pero todos sabemos que no fue así. Los marines son llevados a diferentes bases o cuarteles a lo largo de su carrera como miembros de la marina e indiferentemente del resultado de su entrenamiento como recluta son divididos, pero parecía una broma llevar a la marine medio nudista a un lugar tan frio como el infierno. Imai siguió la guía de sus superiores caminando por ciertas calles, observando la arquitectura de las casas, disfrutando de la vista y sufriendo por el frio.
 
Las casas, aunque pequeñas para su gusto eran realmente bonitas, tenían un estilo medieval que daba un aire de país de fantasía y eso a Imai le encantaba, aunque no estaba ahí para ver ni hablar de arquitectura, por eso cuando llegó al cuartel de la ciudad Pushkin, justo en la entrada lanzó su gran bolso lleno de ropa y spray de pintura corporal azul y como un niño pequeño saltó de alegría.
 
—Por fin en casa. —Es claro que tiene toda la intención de que esta sea su casa, es la primera vez que es asignada a un cuartel y tiene toda la intención de ser la mejor entre las mejores.


RE: Llegando a Pushkin[Pasado] - Bertram Gaufrid - 18-08-2025

El joven arquero caminaba tranquilo por su nuevo destino, acostumbrado a adaptar su vestimenta y comportamiento al clima y a sus objetivos cuando cazaba siempre era alguien precavido y previsor, y por ello fue que se informó de la isla de destino antes de dirigirse a él y arrepentirse de la decisión de vestimenta o de comportamiento para el lugar. Por ese motivo fue que recordó llevar consigo su abrigo más eficaz, aunque tapaba su traje de recluta era provisional hasta que pudiera hacerse con un abrigo de la propia marina o conseguía dar con un sastre que lograra adaptar su abrigo para que fuera acorde al uniforme de la marina.  El joven había estado en una isla en otro mar, donde tuvo una pequeña misión nada más llegar y luego un entrenamiento en la base marine, donde perdió de manera estrepitosa pero sin rendirse en ningún momento, ganándose el respeto de los demás marines de la base. Tras recuperarse de sus heridas fue enviado a la isla, por lo que decidió formar una división marine con la que poder cumplir las misiones y los trabajos que se les asignara, además de tener compañeros con los que entrenar y apoyarse mutuamente.

Si había algo que el joven pelirrojo valoraba por encima de muchas cosas era el respeto, tanto a los demás como a las normas y jerarquía, pues en el momento que uno empezaba a hacer lo que quisiera sin tener en cuenta las consecuencias a menudo llevaban al desastre, y por eso era que el propio sargento siempre saludaba a todos con respeto, sin importar el rango, pues para el arquero el respeto es la base de la confianza. Mientras caminaba pudo ver a un recluta actuar de la misma manera que lo hacía él, sobre todo con los superiores por lo que tras asentarse buscaría hablar con él sobre su idea de iniciar una división marine para poder mejorar y apoyarse mutuamente, siendo que todos saldrían ganando.

El joven arquero se dirigió con calma hacia la zona del cuartel, aún quedaba tiempo para la hora de recibirlo, pero quería aprenderse el camino antes de la hora de forma que en el momento pudiera ser puntual y no llegar tarde. El joven observaba a los niños jugando y a los vendedores haciendo su trabajo, pero no se le iba de la cabeza la idea de iniciar su división con gente de confianza. El joven arquero se acercó lentamente a las puertas del cuartel, dejando atrás las calles mercantiles y el jolgorio por una zona más tranquila, y en la puerta vio a alguien enorme con un aspecto poco apropiada para el ambiente y mientras avanzaba suspiró mientras se rascaba tras la cabeza y dijo en voz suave

-Espero poder encontrar marines más sensatos y dedicados aquí, sino no hay forma de crear una buena división.-


RE: Llegando a Pushkin[Pasado] - Stroud Nanashi - 18-08-2025

Stroud continuó caminando por la invernal Pushkin, sus ágiles ojos oscuros yendo de acá para allá, sin perder detalle de cuanto pasaba, y cuantos pasaban, a su alrededor. Por todas partes, los habitantes de la nívea urbe se le cruzaban, pasaban por callejones, se paraban a charlar en las plazas, todos cubiertos con voluminosos abrigos que parecían duplicar o triplicar su tamaño. Centenares de chimeneas poblaban de humo el cielo de Roshwan y calentaban los hogares de los afortunados que se podían permitir mantenerlas encendidas. La nieve se iba, poco a poco, acumulando en sus hombros y en la visera de su gorra, aunque a Stroud no parecía importarle demasiado.

Frente a él se erigía el enorme cuartel de la Marina, un edificio sombrío, de piedra clara, y que contrastaba con las construcciones circundantes, más humildes, de madera, y, sobre todo, más bajas y menos burocráticas. En lo alto ondeaba la bandera azul, casi rígida, con el viento helado. Sobre la entrada colgaban unos cuantos faroles de hierro con llamas parpadeantes de luchaban contra la misma ventisca. En la puerta, un par de cadetes de guardia, un par de desgraciados no mucho más jóvenes que el propio Stroud, que hacían relevo, con la piel enrojecida y los labios agrietados, cubiertos de pieles y capas. En las calles aldeañas, los mercaderes vendían pescado ahumad y pan oscuro, no muy distinto al que le encantaba a él. Por la esquina cruzó un enorme carro tirado por bueyes de pelo larguísimo, arrastrando lo que parecían ser barriles de salazón. A lo lejos, se podían oír las voces graves de los marineros colándose entre las tabernas cercanas y los martilleos de algún herrero trabajando en su fragua.

Continuó caminando hacia el cuartel, la nieve crujiendo bajo sus botas, ciñéndose ligeramente la chaqueta. Pensaba en lo diferente que sería aquí la vida, terminada la academia: nada de entrenamientos controlados, ni de instructores severos pero de corazón cálido, sino una ciudad con problemas reales y llena de gente que, de hecho, sí que esperaba algo de la Marina, y, por tanto, de él. Reparó en que algunos civiles lo miraban al pasar, aunque no lograba descifrar, tal vez por el carácter local, si era por curiosidad, admiración o desprecio.

Aún absorto en sus pensamientos, reparó en la presencia de otro Marine cubierto en pieles que pasaba por su lado dirigiéndose hacia la entrada del cuartel, y oyó algo de una división. Claro, una división. Una divi... ¡Espera! ¡¿Ha dicho algo de una división?! ¡Que ni pintado! "Este tipo parece un poco raro. Un poco exagerado con el frío, desde luego," pensó para sí, observando el atuendo del Marine, "pero parece confiable."

El joven Redgrave tendió la mano al Marine desconocido con firmeza, blandiendo una sonrisa.

"Hola," saludó, con su tono de voz siempre inconscientemente monótono, "soy Stroud Redgrave, acabo de salir de la Academia."


RE: Llegando a Pushkin[Pasado] - Imai Seeman - 19-08-2025

Por fin… paz. O al menos eso pensé cuando puse un pie en el cuartel de la Marina. El suelo todavía se sentía extraño bajo mis botas será que después de semanas de viaje, cualquier cosa que no se mueva me parece rara. Apenas tuve tiempo de acomodar el kanabō en mi espalda cuando dos figuras se colocaron a mi lado. Eran pequeños, ¡pero vaya que tenían presencia! No llegaban ni a la mitad de mi tamaño, y aun así, irradiaban esa sensación de fuerza que incluso los Oni respetamos. Como buena descendiente, yo también lo hago.
 
Pero entonces, uno de ellos suelta un comentario que… ¿era sobre mí? Ladeé la cabeza, frunciendo un poco el ceño, y con toda la educación del mundo le pregunté —¿Ha dicho eso por mí? — No lo negaré, mi cara en ese momento fue todo un poema. Apenas llego y ya hay alguien criticando mis formas y no era cosa de la academia, no, era gente de verdad, del día a día. Suspiré y, con una sonrisa ladeada, respondí —En mi defensa, nunca me avisaron a qué isla vendría. —
 
Vale, lo admito, no era la mejor defensa. Se supone que un marine debe estar listo para cualquier cosa, ¿no? Al fin y al cabo, hay gente que prende fuego con un estornudo y otros que hacen temblar la tierra con solo pisar fuerte. Pero bueno, yo soy yo. Bajé el kanabō de mi espalda, dejándolo caer con fuerza contra el suelo. El metal chocó con un estruendo y el piso vibró un poco bajo mis pies. Con mis dos manos lo sujeté sí, incluso para mí, cuatro metros de altura y todo, esta bestia de arma requiere respeto. Entonces escuché al otro, el más serio de los dos. Sus palabras eran distintas, amables, y eso me sacó una sonrisa sincera.
 
—Hola, yo soy Imai, Imai Seeman —me presenté, inclinando un poco la cabeza — También acabo de salir de la academia, espero que nos podamos llevar bien. — Mi tono fue respetuoso, como siempre, pero mi corazón latía rápido. Por fin estaba aquí, en algo grande, en algo real. No pude evitar confesarlo, con un brillo en los ojos
—Siempre desee ser parte de la Marina y ahora que lo soy, me emociona formar parte de una división. — Quizás hablar de eso con recién llegados no era lo más acertado, lo sé. La verdad es que nunca fui la más popular en la academia; a muchos les incomodaba que me pintara la piel de azul celeste, pero eso jamás me detuvo. Al contrario, me hacía sentir que resaltaba aún más.
 
Con una sacudida, tomé mi bolso y acomodé de nuevo el kanabō en mi espalda. Les miré, sonriendo de oreja a oreja —¿Entramos juntos? — Porque sí, puede que sea grande, ruidosa y algo extraña pero también sé que las mejores historias empiezan de la mano de extraños.

posdata: Cambie a primera persona porque me siento mas cómodo roleando así, disculpen cualquier inconveniente causado. 


RE: Llegando a Pushkin[Pasado] - Bertram Gaufrid - 22-08-2025

El arquero era alguien que tenía una capacidad espectacular para adaptarse a lo que le rodeaba, siendo que la base de la adaptación era la observación, la calma y la paciencia, tres cualidades que brillaban en el joven pelirrojo quien desde pequeño practicó todas esas cualidades bajo la guía y tutela de su abuelo y demás miembros de su familia de cazadores. Muchos pensaban erróneamente que los cazadores eran violentos o sedientos de sangre, pero en realidad la base de un buen cazador radicaba en observar a la presa y el entorno, estudiar la situación y adaptar sus movimientos a la misma, más aún cuando se empleaba armas tradicionales cómo los arcos. Mientras el joven caminaba por la ciudad, la nieve crujiendo bajo sus pies a cada paso por su peso, las huellas marcadas al no estar nevando, pudo observar un ambiente tranquilo, calmado y muy diferente al bullicio que vivió en la base G-19 donde su combate levantó todo un espectáculo con todos los marines atendiendo al lugar.

Bertram se ajustó el arco y las flechas en su espalda mientras se acercaba a la base marine, tan inmerso en sus pensamientos mientras se rascaba tras la cabeza que ni se percató de que sus pensamientos salieron en voz alta, al lado de una marine que no tenía nada que ver con lo que decía. En ese momento las palabras de la joven de gran tamaño lo sacaron de sus pensamientos, haciéndole ver que había dicho en voz alta lo que suponía era un pensamiento, frente al imponente y completamente distinguible cuartel de la marina, el cual contaba con un diseño diferente al resto de edificios, destacando entre todos los edificios de la zona.

Al parecer la joven era una recién llegada, y tras ella se presentó el sujeto que vio antes saludando a los superiores, quien se presentó como Stroud Redgrave, un marine recién salido de la academia. La joven se presentó como Imai Seeman, siendo otra recluta recién salida de la academia emocionada por finalmente entrar en las filas de la marina y, por sus palabras, totalmente dispuesta a pertenecer a una división. El joven arquero miró a ambos y dijo

-Es un placer conocerlos, yo soy el sargento Bertram Gaufrid, recién llegado del West Blue. Respecto a mis palabras eran un pensamiento que exterioricé respecto a un marine con el que tuve un combate de entrenamiento, pero quien tenía una mentalidad muy poco propia de un marine. Pero sí, ando buscando marines decididos y honestos para una división.-

Tras eso la enorme chica propuso entrar juntos a lo que el joven Bertram sonriendo amablemente y con calma dijo -Sí, mejor entramos, pasamos por el papeleo inicial y luego si quieren podemos ir a tomar algo y hablar de si les interesa unirse a mí en una división marine, donde contaré los objetivos de la misma y la base que tendrá.- Tras ello el joven daría el primer paso hacia el interior de su nueva base, donde daría inicio su viaje y, con algo de suerte, su división.


RE: Llegando a Pushkin[Pasado] - Stroud Nanashi - 23-08-2025

Mientras caminaba con firmeza junto a Bertram, Stroud alzó una ceja, impávido ante el tamaño de la enorme chica... ¿azul? Si él era alto, aquella mujer lo dejaba como un enano. "Diantre, ¿cómo he podido no verte? Debía de estar demasiado inmerso en mis pensamientos, discúlpame," dijo, mirando hacia arriba y estimando la altura de la Marine. "Otra soldado raso, excelente. Aunque creo que a ti no te llegué a conocer en la Academia, ¡me acordaría!", espetó. Tal vez lo más desconcertante a la hora de hablar con Stroud no fuese su seriedad en sí, sino su incapacidad absoluta de modificar su tono de voz, únicamente su volumen. Pero su tono siempre era el mismo, incluso cuando gritaba o susurraba: calmado, sosegado, firme, seguro de sí mismo, como de alguien que tiene las cosas demasiado claras como para dudar demasiado de nada de lo que dice.

No era fácil asustar a Stroud Redgrave, pero la caída del monstruoso kanabō, desde luego, consiguió sobresaltarlo, por decir algo. Sintió eso que siente uno cuando algo enorme se mueve a su alrededor, como si se le fuese a caer una casa al lado, o una viga de acero. Al sonido metálico, ahogado por el adoquinado de piedra de la calle frente al cuartel, lo siguió una vibración notoria que lo descolocó, activando momentáneamente todas sus alertas. Sin embargo, le llevó apenas un segundo darse cuenta de que aquello solo era, en efecto, el monstruoso garrote que portaba la oni azul. Suspiró levemente, aliviando la tensión que había acumulado en cuestión de unas pocas milésimas de segundo.

"Seeman, un apellido interesante... Es como si hubieras nacido para alistarte, ¿eh?" dijo, afirmando con la cabeza, aparentemente aprobando la actitud de la joven.

Mientras caminaba entre ambos Marines hacia la entrada del Cuartel, sacudiéndose la nieve de los bajos del pantalón, prestó atención a los movimientos de Bertram. Imai tenía esa monstruosidad de hierro, y Bertram tenía un arco y flechas de aspecto sofisticado, el tipo de equipamiento que no se veía a menudo en la Marina. Él, sin embargo, además de su evidente falta de abrigo para el clima de la isla, no llevaba arma alguna encima; tan solo un par de guantes debidamente plegados y colgados de su cinturón. A cualquiera le hubiera dado la impresión de que Stroud iba demasiado ligero, como si acabase de salir de casa con lo primero que hubiera pillado, junto a dos Marines visiblemente armados y preparados para una eventualidad. Las palabras de Bertram, sin embargo, lo sacaron de su ensimismamiento: "No sabía que era sargento, disculpe," afirmó, cuadrándose frente a Bertram, saludándolo apropiadamente. Dijo aquello como enorme naturalidad, sin excesiva ceremoniosidad, como quien simplemente se disculpa por haberse tropezado con otra persona por la calle. Su respeto casi religioso por las jerarquías, y especialmente por la jerarquía interna de la Marina, podía hacer un poco farragoso el trato personal, pero aquello era una nimiedad; mostrar el debido respeto a los distintos rangos simplemente no era negociable para Stroud.

Sus siguientes palabras, sin embargo, fueron recibidas con mayor ardor aún. "Usted, la índigo Seeman y yo mismo podríamos formar una división adecuada. Variopinta, desde luego, a falta de cualquier otra virtud" dijo, afirmando con la cabeza ante lo que decía Bertram. No podía evitar esbozar una ligera sonrisa ante la perspectiva de, por fin, formar parte de una división. Era exactamente lo que necesitaba para sentirse realmente como el Marine que era. Entrar en una división, en la jerarquía con mayúsculas, era la forma más efectiva de coordinarse para servir a la Justicia. "Hablemos de esos objetivos."


RE: Llegando a Pushkin[Pasado] - Imai Seeman - 25-08-2025

Conque este hombre al final resultaba ser un Sargento quién lo diría. Con ese cuerpo tan pequeño jamás habría pensado que tuviera un rango mayor al mío. Eso me pasa por juzgar antes de tiempo, recordé las palabras de mi abuela: “no juzgues un libro por su portada”. Tenía razón. Ese porte, ese arco, esa mirada firme, probablemente se había ganado su título con creces. Y aunque yo fuese cuatro veces más alta que él, en ese momento lo único que se imponía era su rango.

Me detuve de golpe frente a él, cuadrando los hombros y plantando los pies con firmeza, el kanabō descansando sobre mi espalda como si pesara menos que una pluma. —No tenía idea de que era Sargento, señor. Estoy a sus órdenes. — Lo dije con respeto, porque tener un buen líder es vital en la Marina. Aunque claro, respeto no significa sumisión ciega… solo significa reconocer el esfuerzo de alguien que llegó ahí antes que yo.

Mientras retomaba el paso, escuché al otro marine hablar y no pude evitar que la risa me explotara en la garganta. —¡Kyararararara!— mi voz resonó como un tambor en el pasillo. —Claro que no me recordarías, venimos de academias distintas. Créeme, si hubiéramos estado en la misma yo también me acordaría de ti. — respondí con esa mezcla de picardía y naturalidad que tanto me gustaba usar.

Y ahí estábamos: un sargento, un soldado raso y yo, una semioni recién salida de la academia. A simple vista parecía una combinación extraña, pero para mí era perfecto. Apenas era mi primer día y ya me encontraba rodeada de marines con los que, quién sabe, podía forjar algo más que simples lazos de camaradería. Aún teníamos que hacer el registro, que nos asignaran cuartos y, por supuesto, recibir esa hoja de horario que regiría nuestra estadía en el cuartel. Pero entonces, aquella sugerencia se coló en el aire.

—¿Una división entre nosotros tres? — repetí en voz alta, como si saboreara las palabras. Sentí cómo todos mis músculos se tensaban de pura emoción, la piel pintada de azul se me erizó al pensarlo. Mi primer día y ya hablan de confiar en mí para algo así… ¡Ni siquiera he terminado el papeleo! Fue un impulso, casi quise llorar de alegría, pero eso no es algo que un marine deba mostrar. Así que me limité a tragarme la emoción y componerme.

—Cooff… cooff— tosí un poco, como si así pudiera ocultar ese instante de vulnerabilidad antes de enderezarme de nuevo, firme y sonriente. —Me parece una maravillosa idea, siempre y cuando el sargento no tenga problemas con alguien como yo. — Mis ojos chispearon con picardía al decirlo, porque no hablaba solo de mi sangre semioni, sino también de mi peculiar costumbre de cubrir mi piel con pintura azul.


RE: Llegando a Pushkin[Pasado] - Bertram Gaufrid - 25-08-2025

Ante su presentación ante ambos reclutas, el sargento Gaufrid la enorme recluta no tardó en plantarse delante del pelirrojo con un saludo militar muy bien ejecutado y una postura limpia y firme diciendo que estaba a sus órdenes, al mismo tiempo que Stroud se disculpó al no saber que Betram era un sargento. -Trehehe no os preocupéis, recién logré el cargo, a pesar de perder el combate de entrenamiento parece ser que mi valor y entereza durante el mismo convenció a mis superiores de aprobar mi ascenso. Además, acabamos de conocernos, no esperaba que supieran que era un sargento solo con verme, sir.- Debido a lo sucedido no pudo evitar la pequeña risa al principio antes de mencionar que no le importaba demasiado que no supieran que era sargento nada más verlo. Ahora aún tenían que acabar con el papeleo inicial, por lo que había que apresurarse al interior, pero el mencionar formar una división llamó la atención de ambos, quienes dieron sus respuestas, siendo que había que tomarlas una a una.

Bertram primero respondería a Stroud diciendo -Hablaremos de ello pronto, pero primero debemos terminar el papeleo, luego iremos a comer y hablar tranquilamente de todo, tanto de los objetivos como presentarnos debidamente, si vamos a trabajar juntos habrá que conocerse.- Tras eso miraría a la joven de piel azul y diría -Yo no tengo problema alguno con el aspecto u origen de los demás, valoro más sus acciones y su compromiso, y por el momento no me has dado motivos para no contar contigo. Por ahora adentrémonos en nuestra nueva base, seguramente no tardemos en terminar el papeleo.-

Tras esas palabras el joven arquero sería el primero en entrar a la base, con paso firme y decidido, pero con una energía tranquila y serena para que supieran que era alguien serio con el trabajo pero que no iba a causar problemas. Nada más entrar los tres no tardó en aparecer un marine de la base que les indicó el camino al despacho del capitán, donde terminaron de dar por finalizado su traslado, les entregaron el horario y les indicaron sus habitaciones, casualmente estaban en la misma zona del cuartel. Una vez finalizada la reunión inicial les dijeron que por el momento tenían libertad, que sus obligaciones iniciaban al día siguiente por lo que al salir del despacho Bertram dijo a sus compañeros -Creo que es buena hora para cenar y ponernos a hablar de nuestros planes.-