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[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 2] - Versión para impresión

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[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 2] - Voz Seductora - 24-10-2025

GRUPO 2

Venimos de este post
En este grupo aterrizan los siguientes personajes: Lan, Kelvin, Thrym, Kayseira, Jin, Giyuu.
Recordad que debéis postear con el código ["personaje=2283"] (quitad las comillas).
Es OBLIGATORIO que pongáis bien el código (sólo tenéis que copiar y pegar y quitar las comillas y ponerlo al principio de vuestro post. El que no lo haga está descalificado. Este código es para copiar vuestras estadísticas, inventario y demás.






Seis cuerpos impactaron contra roca sólida, dura y fuerte. Una roca que no debería estar en ese lugar. Era un área plana de cincuenta metros de largo y de ancho, en cuyos cuatro lados se elevaban unas paredes de ciento cincuenta metros de alto. Eran gruesas y fuertes, y para quien tuviera un buen ojo o experiencia con el terreno, sería fácil advertir que eran completamente artificiales. De igual manera los estudiosos en general podrían darse cuenta de que ese tipo de formación y esa particular sedimentación sólo podía ser obra de una Akuma No Mi. Y de entre todos ellos, los que tuvieran un gran sentido de la vista podrían darse cuenta de un pequeño brillo en uno de los lados de la parte superior de aquellas paredes.
Pero los que no poseyesen esas cualidades... no serían capaces de entender nada mas que el hecho de que estaban atrapados en una cárcel de piedra. Una forma pétrea que emulaba un cubilete de dados gigante y que era imposible de escalar de cualquier forma. ¡Qué mala fortuna! ¡Atrapados y separados de sus camaradas!


A muchos, muchos metros de distancia, seis risas y algunos aplausos se mezclaban con el soniquete de las olas y la tormenta que avanzaba hacia el South Blue y dejaba atrás estas tierras.
Sobre un peñón perfectamente esculpido, había una carpa engalanada y respaldada del temporal por muros de tierra. Dentro de esa carpa, seis sillones albergaban a seis personas inesperadas, todas ellas con un par de prismáticos al cobijo de una modesta hueste de esclavos que les servían comida y bebida y se encargaban de mantener los farolillos encendidos. A los pies de estas seis personas, había un esclavo con las manos sumergidas en la roca viva, y junto a él, un cofre que rebosaba oro.
— ¡Es imposible que pierda! Oooohlalalala — gritó y rio uno de aquellos hombres, masticando burdamente unos croissants — ¡Los Saint Voltòir vamos a ganar este año-eh! — señaló con seguridad, mientras las migas de su aperitivo caían por su papada y su ropa. Era obeso, rubio y con el pelo peinado en vertical, y un ridículo bigote finísimo. A su lado, un joven de las mismas proporciones de sobrepeso y una evidente calvicie mal disimulada, con el - poco - pelo de color marrón oscuro, le contrariaba agitando un bogavante con la mano — ¡Estás loco-eh! — dijo dando un mordisco a su comida — Los Saint Vangelis tenemos al más musculoso de todos con nosotros ¡Greeekekekeke! — pero fue rápidamente interrumpida por una mujer, de aspecto fino y con un lunar pintado sobre el labio, sus cabellos rojos como el fuego seguían el mismo peinado que el único capaz de peinarse entre los anteriores — ¡Qué ilusos! Irishishishishish ¡El más musculoso lo tenemos los Saint Byrne! ¡Y es el que peor fama tiene! — dijo recibiendo una copa de vino, siendo interrumpida por la risotada de alguien más. Un gran lunarian con una máscara de teatro en el rostro y su largo cabello plata peinado verticalmente, siendo el único de buen cuerpo entre los presentes varones — ¡Novnovnovnovnov! Queridos compañeros celestiales ¿debo recordaros quién es el vigente campeón? ¡Está claro que volveremos a ganar los Saint Tsvetnik! — preguntó retóricamente llevándose la mano a la boca mientras reía.
Los esclavos acababan de traer una bandeja con muslos de pollo a otro de los presentes, uno particularmente obeso también, con el cabello rosa pero rizado y corto, con dos prominentes patillas — No tenéis buen ojo ¡no tenéis buen ojo! — dijo agarrando uno de los muslos de pollo con un brillo voraz en sus ojos — Los Saint O'Heil somos los mejores en esto de escoger esclavos ¡claro que soy yo el que ha elegido al mejor de todos los Sakana! Fryyy ha ha ha — y a su lado, el último de los presentes, un anciano delgado y con el mismo copete pero de color rubio agarraba también otro muslo. Tenía un bigote partido de color negro y una barba que tapaba cuello — Saint Wisniewski jóvenes, Saint Wisniewski. Nosotros somos los que se harán con la Guerra de Casas este año ¡nadie podrá igualar a nuestro campeón! Skiskiskiski — rio sin fuerzas el anciano dando finalmente un mordisco a su comida.

Aquellos seis Tenryuubitos observaban con sus prismáticos en dirección a los espejos, viendo a las personas que habían caído en los respectivos cubos de roca, esperando para que su diversión pudiese comenzar. Y su diversión, iba a ser muy poco divertida para todos vosotros.
¿Qué pasaría a continuación?




Resumen

Indicaciones



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 2] - Kayseira Ashter - 24-10-2025

[personajeinvalido=2283]

¿Qué ha pasado exactamente?

No puedo ponerlo en una sola línea de imágenes, es como si alguien hubiera cortado mis recuerdos a trozos, y yo intentara unirlos sin forma alguna. Pego mi espalda a lo que parece una pared, estúpidamente, busco que el frío me calme.

¿Qué frío exactamente? Hace tiempo que no puedo sentirlo, que solo me acompaña en silencio, como si se riera de mí.

Recuerdo el barco empezar a subir, el viento, el agua, como mi cuerpo se separaba poco a poco de la madera. Cao se deslizaba, Han intentaba agarrarlo, y de pronto…Una completa y total oscuridad que parecía comérselo todo.

Y el mar de nuevo, me había recordado, que siempre es capaz de llevarse lo que uno más ama, y que nosotros, solo somos esclavos de su poder.

Me llevé las manos al rostro un momento, intente que pararan de temblar, respirar de manera ordenada.

Pero entonces me doy cuenta…No estoy exactamente respirando, no, no puedo llamar eso al desastre que me está pasando. Cierro los ojos con fuerza en la oscuridad de aquel lugar extraño, mientras mi mano abre la cremallera del bolsillo de la chaqueta, tocando aquel mechero en silencio.

No es el momento ideal para un ataque de pánico.

“¿Sabes? Tienes la manía de contener la respiración cuando te pasa algo malo, como si eso fuera arreglarlo, como si eso hiciera que no fuera a doler…¿Pues sabes qué, Kay? Que si no sueltas el aire, no sueltas el dolor…Simplemente se queda ahí”

Suelto el aire de manera nerviosa, me apoyo en aquella pared y empiezo a levantarme, algo adolorida, perdida. No se donde estoy, si estoy sola o no, que ha pasado, Silencio no está por ningún lado, esto es todo muy extraño.

Y yo, en aquella oscuridad, empujo todo el dolor y el frio hacia abajo, hasta ignorarlo.

Porque si no lo hago, una vez más, el mar me va a ganar.

-Joder, menudo golpe me he tenido que dar.-Elevo el tono sin darme cuenta, cosas de ser más ruidosa que nada, y sacó el mechero para encenderlo. Mis ojos se quejan ante el repentino punto de luz, la verdad, pero ahora mismo he encontrado una pequeña llama en la oscuridad.

Y no, no hablo del mechero.

-¡Lan! ¿Estás bien, cariño? ¿Qué ha pasado? -Imagino que tal vez a su barco le ha pasado algo similar, no lo sé. Me acerqué hasta ella para comprobar que estuviera bien, alzando el mechero para darme cuenta de que allí, había más gente.

-¿Estáis todos bien?- Pregunte mirándoles, mientras me apartaba el cabello blanco hacía atrás con algo de queja, suspirando.

Para mi suerte, había encontrado algo más en lo que centrarme.


Off



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 2] - Kelvin Einstein Nagumo - 24-10-2025

[personajeinvalido=2283]
El gigante había logrado subir a una de las embarcaciones, la fortuna le había sonreído lo suficiente como para poder embarcar en aquellos navíos sin coste alguno, lo que le ayuda a la hora de ahorrar dinero para conseguir una embarcación propia que le permita viajar sin depender de barcos ajenos, dependiendo única y exclusivamente de su propia capacidad de navegación, que por el momento es básica no, lo siguiente, pues recién comienza en sus andadas como navegante. Por ahora quiere centrarse en la aventura que el aguarda, en el peligro que le espera y en el que ha evitado gracias a su capacidad de disuadir la imagen de temor que suele imponer a los demás la presencia de un gigante, y más de uno que tiene el tamaño del muchacho de negra cabellera.

Einarr le había ido comentando los contenidos del periódico, poniendo al rebelde al día de lo que ocurría en el mundo. Al parecer otro escuadrón de la armada estaba en movimiento mientras ellos se preparaban para partir hacia las peligrosas y venturosas aguas del Grand Line, al igual que estaba moviéndose una tremenda tormenta hacia las aguas del South Blue mientras ellos se alejaban, un buen momento para partir, pillar esa tormenta en alta mar sería una terrible noticia para el gigante, quien era un usuario de las frutas del demonio, las akuma no mi. Frutas que otorgaban extrañas capacidades a sus consumidores, pero que también les impedía nadar, no es que no supieran, es que eran incapaces.

El joven escucha con calma la explicación del pequeño birkaniano sobre lo que ocurre en el mundo, revos en movimiento, nuevas amenazas piratas, una división de la marina que surge nueva junto a los piratas, mientras tanto, en el barco solo se encuentran dos rebeldes, dos almas que no pueden tolerar la podredumbre del mundo, dos mentes buscando cambiar el orden, o al menos, aportar al cambio.

El joven gigante se aferra como puede al barco ante el aviso del contramaestre, pero eso apenas le sirve para el evento que está por venir. Tras llegar a la cima, en la más completa oscuridad, disipada por unos segundos por un relámpago que revela lo que les espera, una terrible caída, tan alta y grande como el anterior ascenso. Algo que no le agrada demasiado al gigante, las probabilidades de que todo eso salga mal son altas, muy altas.

Dicho y hecho, no tardan en estamparse contra algo, lanzando a todos por los aires, junto con gran parte de lo que llevaba el barco. En la mente del rebelde, la preocupación por su peludo amigo, aunque brevemente, pues la caída y el terrible impacto que sufre hacen que su mente se tauntee momentáneamente. Sus ojos apenas acostumbrándose a lo que le rodea, una especie de jaula, un lugar que le supera a él en altura y por mucho, algo que ya es decir.

▻ Maldición, menuda caída y menudo golpe. ◅ Piensa el gigante mientras observa todo a su alrededor. ▻ Esto… Estos muros no son naturales… ◅ Su mente se acelera en cuanto su vista se acostumbra al entorno, en cuanto es capaz de ver los muros que le rodean.

⏵ Kelvin Smash ⏴ Dice mientras golpea la pared con la mano, con la suficiente fuerza para notar su resistencia pero no demasiada como para que suponga que su fuerza sea tomada en consideración como un intento de partirla, quería comprobar que realmente era una pared y no una simple ilusión. Pues en ese mundo parece ser que todo es posible.

⏵ Yo estoy bien, aunque algo adolorido por la caída, suerte que no caí encima de nadie. ¿Tú estás bien? ⏴ El chico agradece con una sonrisa la preocupación de la muchacha y le pregunta de vuelta, aunque apenas la puede ver por la diferencia de tamaños.

OFF



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 2] - Giyuu Ramhorn - 24-10-2025

[personajeinvalido=2283]

En un instante estaba revisando las velas del Crimson Stage mientras subíamos la Reverse Mountain, cuidando que todo aguantara la locura de esa corriente infernal y al siguiente estaba volando por los aires como si fuera un maldito trapo. ¿Cómo pasó? Sencillo, el caos nos mordió por detrás.
 
Mientras revisaba que todo estuviera firme, el primer barco que iba delante recibió el beso de un trueno directo en su cubierta. Un estallido seco, gritos, humo, todos ahí se volvieron locos intentando no morir ahogados antes de llegar al mar. ¿Y quién diría que su desastre iba a alcanzarnos a nosotros? Nadie. Y mucho menos si es Rosse quien está al timón, pero el destino tiene sentido del humor. Cajas y cargamentos comenzaron a volar hacia atrás, arrastrados por el viento y la pendiente como proyectiles desquiciados. Y claro una de esas malditas cajas decidió elegirme a mí como almohada, me golpeó con tanta fuerza que mi madre me hubiera gritado “¡Beeh! ¡Carnero muerto!”
 
Y ahí estaba yo, en el aire, con el rugido del mar tragándose mis pensamientos, solo yo, el viento y ese infortunio que nunca pierde la oportunidad de venir a saludarme. Beeh. Aunque, siendo sincero, quizás lo expliqué mal, sí, fue rápido, pero también sentí cada segundo como si el mundo se estuviera burlando de mí. Las cajas comenzaron a volar desde el primer barco, cayendo hacia nosotros como una lluvia de madera asesina. Escuché a Rosse gritar cuando una de ellas golpeó el Crimson Stage, ordenando que protegieran a Gwendolyn. Y yo ya estaba buscándola entre el caos, una chica ciega en medio de este desastre, no iba a dejar que el mar la tragara sin pelear antes.
 
La vi. Finalmente la vi. Estaba por correr hacia ella cuando el descenso empezó a jalarnos hacia abajo. Justo entonces, una caja tuvo el descaro de apuntar directo a mi cabeza y darme un golpe que me arrancó del suelo. Volé sin querer volar, con las piernas colgando y los cuernos cortando el aire. Lo ultimo que escuché fue la voz de Rosse rugiendo desde el aire que no muriéramos y mientras mi cuerpo giraba y giraba hacia lo desconocido solo pude pensar una cosa. —Tranquilo capitán, que los carneros siempre caemos de pie. —
 
Pero nada mas alejado de la realidad, incluso podría jugar que caí casi clavando mis cuernos del extraño suelo donde nos encontrábamos, cuando recupere el conocimiento y abrí los ojos mi primer instinto fue tocar mi capa, y si, por suerte aun estaba conmigo a pesar de aquella maldita caída. ¿Caída? Maldición, es verdad, había caído y no fue en el mar, sino en un lugar sólido, en tierra firme, en una maldita roca.

Pero nada más alejado de la realidad. Si fuera por querer presumir, diría que caí con elegancia, pero la verdad es que casi termino con mis cuernos enterrados en el suelo como un idiota. Sentí un impacto seco, después todo se volvió oscuro, y cuando por fin mis ojos se abrieron mi primer instinto fue llevar la mano a mi capa. Sí, ahí estaba, mi abrigo de piel de oso seguía conmigo, aferrado a mis hombros como si se negara a soltarme incluso en la caída más ridícula de mi vida.
 
¿Caída…? Maldición, las imágenes volvieron a mi cabeza como golpes, la caja, el grito de Rosse, el vacío bajo mis pies, había caído y no, no fue en el mar, estaba sobre algo sólido, tierra firme, una maldita roca, el susto me subió desde el estómago hasta los cuernos, y un escalofrío me recorrió la espalda, no solo por el dolor, sino por la pregunta que me explotó en la mente.
 
— ¿Dónde demonios estoy ahora? —
 
Mi respiración se volvió tosca. Me incorporé apenas unos centímetros y olfateé el aire con desesperación. Sal, humedad, pero también, jungla, tierra mojada y algo desconocido, como si el mundo entero hubiese cambiado bajo mí, no había muerto, pero casi preferiría que el destino me diera un aviso antes de lanzarme hacia la próxima locura.
 
A pesar de que todo estaba oscuro y mi cabeza seguía zumbando, comencé a notar movimientos alrededor. No estaba solo, escuché respiraciones, pasos arrastrados, murmullos que rebotaban como ecos en una caverna húmeda, pero mientras me acercaba, mi alivio se convirtió en incomodidad y luego en pura alerta.  Ninguno de ellos pertenecía al cabaret, no reconocía ni un solo olor familiar, ni Rosse, Ni Gwendolyn, ninguno de los demás, eso me erizó la piel. Mi cuerpo se tensó por instinto, los dedos apretando mi capa como si pudiera protegerme de cualquier maldición que se escondiera en esa oscuridad.
 
Entonces lo vi, una silueta gigantesca se levantó entre las sombras, y la sombra por sí sola ya era suficiente para retorcer el estómago de cualquiera. Había visto a Mercedes, con sus más de seis metros de altura, pero esto era otro maldito nivel. Si Mercedes es una oni, este era un monstruo, el doble, quizá el triple de su tamaño. Un coloso cuya respiración pesaba en el aire, vibrando, como si la oscuridad también temblara con él. Mi corazón latió tan fuerte que me pregunté si aquel engendro podría escuchar el tamborileo dentro de mi pecho, no sabía si correr o clavar mis cuernos en lo primero que se moviera, pero sí sabía una cosa, no estaba de humor para morir ahí y de pronto escuché la voz de una mujer, genuina, preguntando si todos estábamos bien.
 
—Si caer de cuernos desde un maldito barco en picada cuenta como “estar bien”… entonces claro, estoy de maravilla. Beeh. —

OFF



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 2] - Onizuka Jin - 25-10-2025

[personajeinvalido=2283]

En un inicio, un debate entre Ash y Jin, donde solo parecía que las cosas empeoraban. ¿Importarle? No podía importarle menos, solo era un perro que ladraba y no sabía ni manejarse a sí mismo, igual que el resto. Si estaba allí en primer lugar era para no perder a uno de sus mejores cirujanos y, por supuesto, adelantar un poco más su objetivo principal. Lo inicial era ignorarlos, como siempre hacía, dejar que siguieran ladrando y, por supuesto, más adelante ya sabría qué hacer con ellos. Por algo tenía sus propios contactos, movimientos, gente a la que acudir a cambio de información que pudiera destruir a quien le diera la gana. Así funcionaba, siempre despacio, efectivo, calculador.

No le iba a dar mucha vuelta y, aunque hubiera querido, no tuvo oportunidad. Las nubes iniciales ya deberían haber sido un indicio de lo que pudiera llegar a ocurrir y, sin embargo, decidió ignorarlo. Ahora estaba pagando las consecuencias, algo que odiaba. Todo iniciaba solamente con un movimiento excesivo del barco civil al que se había infiltrado, luego la tormenta, el caos… gritos de civiles. Todo estaba yendo mucho peor de lo que jamás imaginaba, y en apenas unos momentos. Objetos que volaban por todas partes, el viento, la tormenta… Cajas enormes de madera que tuvo que esquivar mientras buscaba a su cirujano. No podía dejar que pasara algo inevitable, y más teniendo en cuenta su serio problema de memoria.

[Imagen: VwFRDpa.png]

—¡HYÁKINTHOS!

Y tropezó con algo, una persona que lo sostuvo del tobillo. No lo llegó a escuchar bien, pero era un civil asustado, posiblemente buscando ayuda. Jin chasqueó la lengua, sacudiendo la pierna molesto, momento en que, esta vez, un barril, lo golpeó de lleno, haciéndolo volar por los aires, estampándose contra el enorme cuerpo de Thrym quien también parecía estar volando por los aires. Lo demás fue instintivo, pese a que se encontraba aturdido, solo se aferró a la tela de su ropa, como si solo fuera un pequeño insecto. Después de todo, ese tamaño era demasiado grande.

—¡THRYM! ¡EL RESTO! ¡TRATA DE-…! — Pero todo era caótico, el viento solo los arrastraba a ambos cada vez más lejos, podía ver el intento del gigante de ayudar a su tripulación, a quienes veía, desde aquella distancia, como formas diminutas. El viento cada vez era peor, solo separando el resto de la gente, arrastrándolos a ambos cada vez más lejos. Lo demás se volvió más borroso, dejó de recordar, lo único que recordaba era el tremendo impacto del gigante, el sonido emitido contra el suelo y cómo él mismo caía ahora sobre él, percibiendo que la caída no era tan intensa o grave como podría resultar que contra el suelo.

[***]

Una voz femenina lo despertó. Parpadeó repetidamente, confundido a medida que los recuerdos ahora lo invadían lentamente. Lo primero que hizo fue tratar de sentarse. ¿Dónde diantres estaba? A la voz femenina la siguieron otras dos voces más, masculinas en ese caso, pero él solo veía completa y absoluta oscuridad. Movió sus brazos, viendo que se estaba enredando con algo, hasta que al fin pudo “escalar” ese algo. Su cabeza apareció de entre las trenzas de la barba de Thrym. Elevó un brazo, luego el otro, terminando de subirse sobre la trenza de su barba y, finalmente, sacando el resto de su cuerpo. Viendo de dónde había salido, era normal que no hubiera sufrido ningún daño. Podría decir que incluso había sido afortunado. Al menos era más esponjoso y cómodo de lo que se veía a simple vista. Abrió parte de su traje, ahora revisando sus propias dagas, ambas ocultas a la perfección, solo tuvo que palpar para reconocer que estaban bien posicionadas.

[Imagen: vQSQlzV.jpg]

—Estoy bien.

Al menos físicamente. Elevó su mirada hacia donde se encontraba. Todavía estaba confundido, no había tenido siquiera tiempo de revisar el entorno. Su cabeza se elevó, viéndose rodeado de rocas por todas partes y su cuello… ya ni mencionemos eso. Esa distancia a duras penas podía ver gran cosa, aunque sus ojos azul pálido afilados se acostumbrasen a la oscuridad. Podía vislumbrar algunas siluetas, un mechero encendido, lo que le recordó que él también tenía el suyo propio.

[Imagen: 2qjbvJ4.jpg]
—Y a saber dónde demonios estamos.

Descendió de la barba hasta parte del pecho de Thrym, buscando en sus bolsillos también su propio mechero, tratando de ver por dónde diantres estaba pisando, aunque sabía que le tomaría un tiempo siquiera llegar al límite de su compañero. —Thrym, despierta. — pese a que hablaba con calma, su voz autoritaria, característica al usar a sus propios hombres, salió de nuevo de forma involuntaria. Voz que despertaba a sus hombres cargados de temor. Sus ojos se fijaron directamente a aquellas paredes de piedras. Algo no cuadraba. Su experiencia ya lo había hecho ver algo similar. Frunció los ojos, volviéndolos más finos todavía. —Thrym, ¿puedes acercarme a esas paredes? Creo que… — hizo una pausa, elevando su mano hasta su mentón en aire pensativo.

[Imagen: XN49HUt.jpg]

—Necesito verlas de cerca, algo no encaja.

Miró de dónde provenía la iluminación del mechero, donde apreciaba el rostro de la muchacha quien, ahora, parecía estar al lado de otra. —¡Chica! ¡Intenta tocar esa pared! — lo señaló él mismo, hablando en un tono alto por la altura en la que se encontraba. No conocía su nombre, tampoco a ella, lo que sabía era que, si no intentaba hacer equipo con ellos, a saber qué consecuencias tendría. Lo más lógico y práctico era hacer equipo improvisado con quienes parecían haber aterrizado con él. La fortuna al menos lo llevó a que su compañero, Thrym, sí estuviera a su lado. La desgracia era que Hyákinthos no tuvo la misma suerte. Se planteó la idea de llamarlo por el Den-Den Mushi. ¿Y Owen? ¿Había quizás corrido la misma suerte? Recordaba haberlo visto, por lo que dudaba que fueran los únicos que habían terminado en un lugar así. Sus ojos volvieron a su compañero gigante. —¿Te importaría ponerme en tu hombro? Así al menos no tengo que romperme el cuello para hablaros a ti y a ese joven. — señaló con la mirada el otro gigante, quien también parecía poseer un tamaño considerable. Luego miró al resto. —Quizás también a ellos, no nos vendría mal poder hablar entre nosotros si hace falta sin tener que hacerlo a gritos. — caminó hasta la mano de Thrym, a la espera de la respuesta y deseando que lo aceptara. Era de los pocos, omitiendo al cirujano, a quien no le disgustaba realmente. —Si salimos de esta te invito a un buffet libre. — lo dijo con seguridad, mientras alcanzaba uno de los enormes dedos de Thrym.

[Imagen: Xy0RuuF.png]

—Hay algo raro en las paredes y tenemos que investigar si queremos salir de aquí.

Quizás su "amabilidad" de tratar de colaborar con el resto de personas, acompañado de la petición que le hizo a Thrym para que no tuvieran que estar hasta allí abajo, podría ayudar a una mayor comunicación. Miró a ambas mujeres, ahora con la vista algo más acostumbrada a la oscuridad, el mechero temblando y amenazando con apagarse. Aprovechó para sacar su cajetilla de metal, retirando uno de los cigarrillos y acomodándolo entre sus labios, dando una calada acercándolo a su propio mechero, apagándolo. Ya no era necesario, con la iluminación del cigarro, aunque era casi imperceptible, sospechaba que sería suficiente. Miró desde arriba de nuevo al resto de la gente.

[Imagen: 11gi01D.jpg]

—Creo que empezaríamos bien con intentar presentarnos. Soy Onizuka.

Nada como una presentación, como mínimo, para buscar un poco de confianza, aunque su voz hiciera siempre el efecto indeseado. Además, cerró los ojos por algunos segundos, ahora concentrándose en su sentido más confiable; el oído. Cualquier mínimo sonido, ya fuera de animal, objeto, o incluso agua sería suficiente. Debía saber si estaban solos siquiera. Este tipo de situaciones, en un lugar desconocido en medio de vete a saber dónde podría ser peligroso.



OFF



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 2] - Lan Caihe - 25-10-2025

[personajeinvalido=2283]



Jamás había escuchado qué tipo de viaje sería el que haríamos para cruzar al Grand Line. Entre rumores, sabía que sería peligroso, pero yo imaginaba cosas más del estilo de tormentas furiosas, no una cascada que desafiaba las leyes de la gravedad con una tormenta encima.
Hubo un redoble de tambores, gritos y correteos. Decidí que me quedaría agarrada a un mástil y opondría la resistencia necesaria al mal clima que se cerniera sobre el barco. Recomendé a los demás hacer lo mismo.
Mi corazón latió con fuerza, como un llamado a la batalla.
Me planté poderosa sobre la madera con los pies descalzos, abrazando el mástil con los muslos y los brazos tan fuerte como pudiera. La subida era a contracorriente, como nadar contra la marea. Sonreí, sonreí y me carcajeé apretando aquella madera.

—¡HUHUHYYAAAHYYAAA KAKAKHUHUYAA HUHYYAA! —la adrenalina llenaba mi cuerpo y solo podía reír.
Hasta que, de repente, la sensación del vacío y el vértigo se plantaron en mi estómago. Sin darme cuenta, tenía los ojos cerrados, y una oración pasó por mi mente rauda y clara:
“Oh, madre, protege nuestro camino. No nos dejes morir antes de cumplir nuestra misión.”
Y el corazón latió al ritmo de un tambor que bajaba el paso. Mis oídos estaban a punto de explotar.
Abrí los ojos, pues el mástil se escapó de mis piernas y manos, y me obligué a colocarlos sobre el torso: estaba cayendo, y lo hacía rauda. Por mis oídos no pasaba ni una sola voz. No podía caer al agua.
“Tierra...” fue lo único que alcancé a avisar, demasiado tarde, cuando todo mi cuerpo se estrelló contra el piso con un seco y duro golpe que casi me dejó noqueada.

Por un momento no sentí nada, pero la desesperación por mantenerme con vida me obligó a abrir los ojos con pesadez.
En un santiamén, todo lo que antes sentía —la incomodidad hacia los marines con los que navegaba, el miedo por la vida de mis compañeros y el hecho mismo de estar viajando en un barco— pasó a segundo plano.
No estaba muerta, y eso me lo recalcó un sonido peculiar que salió de entre mi piel de lobo.

—Pereperepereperp —estiré un brazo tembloroso por instinto, sintiendo que estaba pegado a mi cuerpo en el camino—. ¿Sí? —solté con un suspiro y un quejido, como si me desinflara, recargando la cabeza en la tierra.
La voz de Han sonó del otro lado, y lágrimas se escaparon de mis ojos.
—¡ESTÁS VIVO! —mi voz salió en un grito de júbilo y levanté el puño de mi otra mano como si festejara el suceso—. ¿Cómo están los demás? ¿Están vivos? —pregunté, levantándome entonces de un tirón, mientras también comenzaba a escuchar murmullos y sollozos cerca de mí.

Todo estaba oscuro, y mis ojos tardaron un poco en acostumbrarse a la penumbra, cuando escuché la voz de Kayseira y volví a sonreír con todo lo que me daba el ancho de la cara.
—¡Kayseira está conmigo, Han! —levanté el brazo para llamarla y que se acercara, para saber que los demás estaban bien.
La voz de Bai sonó del otro lado, en pánico, y no la culpaba: esa era otra de las desventajas de nuestra situación.
—No sé dónde están los demás, Bai, pero Han, cada vez que Bai diga la palabra “medicina” en birkaniano, significa que puede darte primeros auxilios.
Bai, en el idioma común, “medicina” se dice “iατρική”. Así será más rápido que se comuniquen.

En ese momento, la voz de Dong sonó por el altavoz también.
—¡Dong! No, no sé dónde están; estoy con Kayseira. Pero Han y Bai están bien.
—No sé dónde están los demás. Kay está conmigo y nada más —dije, poniéndome de pie. Frente a mí logré divisar la silueta de varios.
—¡CHICOS! ¡PASE LO QUE PASE, NO SE MUERAN! —grité, con el pecho ardiendo y latiendo a mil por hora.
Después de eso, me acerqué a Kay.

—¿Estás bien? ¿Estás herida? —pregunté, mientras la abrazaba con fuerza, como si hiciera mucho tiempo que no la veía.
Sin embargo, también presté atención a mi alrededor. La gente se estaba agrupando para ver qué era aquello. Miré hacia arriba: parecía una especie de cárcel. Di un pequeño golpe con el pie en el suelo, ante el pensamiento de estar atrapados. 
—Mi nombre es Lan Caihe —dije, observando cómo algunos se acercaban a las paredes para investigarlas.
Allí había gato encerrado.
—Paciencia en la forja, Kay… creo que deberíamos hacer lo mismo, aunque no puedo decir de qué grosor serán las paredes…

Off



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 2] - Thrym - 26-10-2025

[personajeinvalido=2283]

El cielo se cerró como una tapa de caldero aquella noche. Sentí el primer viento en la cara y supe, por el olor a ozono y mar revuelto, que no era una tormenta cualquiera: era una bestia esperando sacudirnos. Me coloqué detrás de mis nakamas, con las manos hundidas en la barandilla como si fuera un ancla propia; prefería que se golpearan contra mi costado antes que irse al vacío. El capitán gritó órdenes y el timón respondió, pero lo que el hombre debe aprender es que nunca podrá dominar a la naturaleza. 

Subimos por la corriente ascendente y por un instante todo pareció congelarse en luz cuando un relámpago partió el cielo. Vi las caras de los civiles a través del destello: ojos abiertos, bocas pequeñas, gente que nunca pensó que su viaje terminaría en una muerte abrupta. Vi también el miedo en los ojos de mis compañeros: Jin apretando los dientes, Hyak rigido como poste, Ash con la mirada que intenta planear mil salidas. Y mi propio pecho, que latía fuerte, demasiado caliente; quise decirles algo, una broma, un empujón de ánimo… pero la palabra quedó atascada en la garganta cuando la noche volvió y la máquina del caos se puso en marcha.

Un trueno golpeó con un sabor a hierro y enseguida hubo fuego en la cubierta: un rayo que abrió la madera como si fuera cáscara. Gritos, y luego el mar devorando aun mas gritos. Vi cuerpos volar, vi redes, maletas, cajones; todo flotando conmigo en una escena que no tiene sentido hasta que la vives. Agarré la barandilla hasta que mis nudillos se pusieron blancos, intenté frenar de cualquier forma el movimiento del barco con mi propio peso, con mi voz, con juramentos imposibles. Pero la tormenta no negocia y la caída fue una locura que desgarró el mundo en mil pedazos.

El impacto fue un rumor que se volvió grito. El barco recibió un golpe que partió su costado, como si un gigante invisible lo hubiera partido en dos. El olor a pólvora y madera quemada me llenó los pulmones, y el agua vino con hambre. Mis ojos buscaron, una y otra vez, las siluetas que conocía: Hyak, Jin, MM, Odeth… los llamé con toda la fuerza que había en mi garganta, pero quedé ahogado por el rugido del viento. Vi a Hyak ser arrancado por una ráfaga, a Jin lanzado como un muñeco, y a MM, su rostro, cruzado por el pánico. Intenté estirar la mano, pero mis dedos no alcanzaron sus muñecas, siendo devorados por el vendaval.

Los segundos se hicieron eternos. Pese a mi empeño, uno por uno mis compañeros fueron despegados de la cubierta por el vendaval. Grité sus nombres hasta que la voz me dolió. Clavé los pies en la madera para no irme con ellos, pero cada latigazo de la ola iba arrancando trozos de esperanza. Todo lo que pude sentir fue la impotencia: mis manos, grandes y fuertes en otras noches, se cerraban sobre la nada mientras veía cómo se alejaban en la penumbra. El mar reclamaba a aquellos que osaban desafiarla, recordándonos que no somos mas que juguetes para un dios impasible. La tormenta reclamaba su botín y yo no era más que un vecino impotente viendo su casa incendiada.

Cuando la mayoría ya había desaparecido entre espuma y sombras, seguí agarrado a la barandilla, mirando al abismo, buscando como un condenado lo que la tormenta me había robado. Mi corazón era un tambor enloquecido y mis ojos buscaban formas entre la lluvia. Entonces vi el arrecife emerger como dientes de una boca oceánica. Todo se volvió negro en un segundo. La madera crujió con un sonido que solo anunciaba mas muerte, y me lanzaron como una ficha de madera por los aires.



Desperté como si me hubieran arrojado del sueño en la cubierta de otro mundo. Oí a Jin llamarme por mi nombre: 

—Thrym, despierta. —

Di una bocanada de aire que quemó la garganta. Abrí los ojos con la urgencia de quien espera ver a todos a su alrededor respirar, pero lo que vi fueron paredes: piedras, frialdad, un pozo profundo que nos tenía encerrados. No había mar abierto, no había cielo ni antorchas, solo ese encierro. Me incorporé sentado, la cabeza todavía una tormenta de imágenes, y mi primera reacción fue buscar con la mirada a MM. No estaba. No había rastro de Hyak ni de Odeth. Nada salvo eco y polvo.

Salté en pie de un salto, con las piernas temblando por la tensión, y me lancé hacia las paredes del pozo. No conocía a la mayoría de los otros presos; algunos gemían, otros analizaban la situación en silencio, pero no me importó: mi mundo se reducía a los nombres que faltaban. Corrí, tropecé, clavé las palmas en la piedra buscando escalar..... y traté de encontrarlas. La superficie era lisa como la carcasa de un barco nuevo; mis dedos resbalaban sin hallar asidero. La impotencia se convirtió en rabia; el gigante en mí intentó trepar y se topó con la limitación de la roca.

Entonces empecé a golpear. Mis puños, que en mar abierto podían acabar con reyes marinos, golpearon la pared una y otra vez. Cada golpe era una llamada a la tierra, un reclamo de hermano, una pregunta sin respuesta lanzada contra la piedra. Grité nombres. Grité hasta que la voz se rompió: 

—¡MM! ¡Hyak! ¡Jin! ¡Ash! ¡Odeth!—
El sonido rebotaba y volvía como un lazo que no atrapaba nada. Entre sollozos y rabia, la verdad se me vino encima como un baldazo de agua fría. —Ellos lo sabían.—Repetí hasta que mi garganta ardió. 

—¡Lo sabían y aun así…!—  Mis lágrimas trazaban surcos salados por las mejillas, mezclándose con la lluvia que de algún modo aún se filtraba en mi memoria. La culpa me mordía el pecho. ¿Cómo no habíamos visto las señales? ¿Cómo dejamos que la gente subiera en barcos que podían convertirse en ataúdes? Recordé las caras de los pasajeros al iniciar la ascensión, la confianza en sus ojos, la música que hubiera servido para una fiesta y que ahora era un ruido fúnebre. Pensé en sus hijos, en manos pequeñas, en las historias que terminaron sin contar. El dolor no era sólo por mis nakamas; era por todos aquellos que confiaron en una travesía y pagaron con su vida. Me retorcía porque no hice suficiente, porque mis brazos no fueron suficientes para detener la marea.

Golpeé la piedra otra vez, con la furia de quien ve su mundo rotar en pedazos. 

—¡Ellos lo sabían!—  

Repetí, y en esa frase iba todo mi amor, todo mi reproche. Porque lo que más me duele es saber que si alguien con voz hubiese parado el viaje, tal vez muchos seguirían vivos. Las manos me ardían, los nudillos se rasparon, y aun así no podía parar de llamar: mi voz salió como un aullido de gigante, potente y herido. 

El dolor me invadió de una forma física: no solo la rabia, sino el vacío. Me imaginé a mi tripulación esparcida por el mar como frutas que se caen de un árbol viejo. Sus risas, sus insultos cariñosos, la cerveza compartida, todo desvanecido. Me sentí pequeño por primera vez en años, como si mi tamaño no valiera para nada frente a la crueldad de un destino que mató sin piedad. Quise llorar hasta quedarme sin lágrimas, y lo hice. Lágrimas grandes, calientes, que caían por mi barba y manchaban la arena que cubría aquel pozo. Me arrodillé, la frente pegada a la roca, sollozando por la perdida y la muerte que ahora llenaban todos los espacios, tanto mente como corazón. No me importaba aparentar fuerza, nunca fuí una persona dura, y esa noche el cielo fue espectador de aquella tragedia.

Una tragedia que logro hacer llorar a un guerrero de Elbaph.

OFF



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 2] - Uoichi Sakana - 26-10-2025

La tormenta avanzó llevándose las nubes hacia el South Blue, despejando el cielo y mostrando - para los Tenryuubitos - una enorme luna llena preciosa, clara como la nieve y pura como las gotas del rocío de la mañana. Su luz bañaba levemente la zona y permitía poder ver mejor dentro de los cubículos, pero de ninguna forma la luna era visible desde esa posición para nadie de forma natural.

 
Qué espectáculo tan… patético. Llevo aquí aproximadamente... oh, qué importa el tiempo cuando uno posee belleza eterna... observando estas paredes artificiales con una mezcla de admiración y tedio. Admiración porque, debo admitirlo, quien creó esta prisión pétrea tiene cierto sentido estético, aunque inferior al mío, por supuesto. Tedio porque la perfección, cuando está sola, no tiene ante quién brillar. Y entonces cayeron. Como sacos de carne descoordinada y grotesca.
 
Seis criaturas que se estrellaron contra mi escenario con la gracia de cacas arrojadas por simios. Los observé desde el centro de esta arena, inmóvil, envuelto en la penumbra que tan generosamente acaricia mi silueta. Ninguno me vio. Cómo me divierte su incompetencia. Ahí estaban, gritando, llorando, tropezando en la oscuridad mientras yo permanecía a escasos 25 metros, una estatua viviente de perfección que sus ojos mediocres fueron incapaces de distinguir. Dos gigantes – criaturas grotescas de tamaño desproporcionado – unas cuantas alimañas del tamaño corriente, y ahí, esa pequeña fuente de luz... un mechero. Qué pintoresco. Como luciérnagas intentando iluminar un abismo. Los escuché presentarse, llorar por sus perdidos, golpear las paredes con desesperación de infantes que quieren escapar del corral donde sus padres les pusieron. Enrollé mi cola alrededor de mi cintura, dejando que los anillos de oro tintinearan suavemente, un sonido que ninguno de estos incultos pudo apreciar. Mis labios mantuvieron esa sonrisa que tanto me favorece, esa curva púrpura que refleja mi perpetuo deleite ante la inferioridad ajena. Deberían sentirse honrados. No todos los días las criaturas ordinarias comparten espacio con la perfección hecha carne. Supongo que ha llegado el momento de iluminar sus miserables existencias con mi presencia. Después de todo, ¿qué sentido tiene ser glorioso si nadie está ahí para caer de rodillas ante tal magnificencia?
 
Prepárense, pequeñas criaturas. El verdadero espectáculo está por comenzar.
 
Avance 10 metros en línea recta, en diagonal rumbo al gigante con el báculo, desde mi posición en el centro del escenario con una elegancia que cualquiera envidiaría, mi cola aun enrollada en mi cintura, y qué cuadro tan deliciosamente lamentable formaban. A la izquierda, separada un metro de la esquina, esa criatura de cabello blanco sostenía un mechero tembloroso. Su luz débil apenas iluminaba su rostro asustado. Qué frágil. A medio metro de ella, esa otra mujer, ella de cabello rojo, la abrazaba. Conmovedor, y completamente débil. Un metro más allá, ese ser con cuernos intentaba discernir formas en la oscuridad. Sus ojos entrecerrados buscaban comprender lo incomprensible. Tan predecible la ignorancia. Y luego... oh, qué horror visual. Veinte metros de carne gigantesca y desproporcionada con un báculo aún más grande que él. La belleza y la sutileza claramente no residen en los de su especia. Y finalmente, otro gigante, sollozando y golpeando la pared como niño perdido. Entre su barba enmarañada, una figura diminuta intentaba aparentar control con ese cigarrillo ridículo. Qué pintoresco espectáculo de mediocridad. Diez metros y medio de pared ocupados por seis almas perdidas, agrupadas como ganado asustado. Y yo, a quince metros de distancia me dirijo hacia ellos por primera vez.
 
“Ah, la belleza... ese don divino que tan pocos tienen el privilegio de portar. Observen a su alrededor, esas masas grises y opacas que se arrastran por la vida sin jamás comprender lo que significa irradiar perfección. La belleza no es simplemente un rostro agradable o una figura proporcionada, no... es un estado de superioridad. Ustedes, criaturas comunes, se conforman con lo ordinario. Se miran al espejo y se dicen ‘suficiente’, cuando la mediocridad debería avergonzarles. Yo, en cambio, cada mañana contemplo una obra maestra. Cada ángulo de mi rostro, cada línea de mi figura, la forma en que la luz acaricia mi piel... es arte viviente. ¿Acaso creen que la belleza es vanidad? ¡Qué ignorancia tan predecible! La belleza es jerarquía natural. Es la manera en que el universo señala quién merece ser admirado, quién debe estar al frente, quién tiene derecho a ser recordado. Los hermosos no morimos en el olvido como ustedes; nos inmortalizamos en la memoria de quienes tuvieron la fortuna de presenciar nuestra existencia. Así que mírenme bien, grábense esta imagen. No todos los días las criaturas corrientes tienen la oportunidad de estar en presencia de la verdadera perfección. Deberían sentirse... honrados.” – terminé mi monólogo de bienvenida para aquellos 6 lamentables seres llevando la mano derecha hacia mi boca, tapando parcialmente la sonrisa perfecta que mis labios formaban.
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Narrador

Aclaracion

Posiciones

Kelvin

Den Den Mushi

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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 2] - Kelvin Einstein Nagumo - 26-10-2025

[personajeinvalido=2283]
Unos cuantos más, no es solo el chico de la estirpe Nagumo de los gigantes, una muchacha humana, que apenas es visible para el joven Kelvin, quien con su tamaño la ve como un punto en aquel lugar, un punto que tiene vida, recordándole que los suyos son minoría, pocos en comparación con otras razas y grupos que tienen tamaños de menor presencia en altura, algunos destacan, otros son como la mayoría, el estándar de la naturaleza que se discurre por lo largo y ancho de los mares y sus islas, la humanidad, una raza pequeña, frágil y débil en comparación con el tamaño y durabilidad propia de los gigantes, pero también existen razas que sobresalen entre los humanos y los gigantes, al menos en tamaño, sin embargo, no parece haber ninguna que sobresalga en tamaño más que las dos imponentes figuras de los gigantes. Tampoco parece estar presente la raza de los tontattas, el extremo opuesto a los gigantes, seres tan pequeños que parecen juguetes en comparación con los humanos, y ya no hablamos comparándolos con los gigantes.

Los labios del muchacho se frotan entre sí, un trago seco de saliva y una sensación terrible, un dolor de cabeza punzante, agonioso y molesto. Una punzada en el cráneo, proveniente desde el interior de la cabeza del muchacho, proveniente de un lugar recóndito del cerebro de Einstein, el rebelde se desorienta levemente, unos momentos de desconocimiento y desconcierto, una breve duda que se expresa en una sensación de ansiedad, hasta que su cuerpo le dice lo que es, el whisky, la bebida que tanto le gusta, ese vicio adquirido a lo largo de sus viajes, ese gusto por una bebida que tiene su sabor único y magnífico, por fortuna, lleva consigo algo de esa bebida, para cuando no pueda pasar por un bar a pedir.

Lleva su mano a uno de los bolsillos de sus ropajes, extrayendo una pequeña botella en la que guarda la bebida. Un trago, dos tragos, y un tercero, tampoco quiere pasarse con la cantidad por el momento, no es como que tenga para la eternidad, tiene que racionar si quiere tener para después, tiene que mantener un stock para luego, no sabe cuando podrá salir de allí, no sabe que tanto le retendrán en esa especie de prisión con forma de cubil, donde dos gigantes se encuentran sin poder hacer más que ver lo poco que pueden con la poca iluminación, aun con las nubes alejándose de aquel cielo pueden ver mucho.

Onizuka, Lan, se presentan dos de ellos, aunque poco importa, el rebelde pronto olvidaría sus nombres, su memoria apenas y le daba para recordar ciertas cosas, quizás un efecto secundario de tanto beber, de tanto maltratar sus neuronas con el dulce y amargo sabor del whisky.

⏵ Kelvin Smash. ⏴ Una frase que repite constantemente, quizás el whisky le haya hecho más daño que uno pudiera pensar a sus neuronas. ⏵ Yo soy Kelvin, aunque seguramente ya lo hayan deducido por mi coletilla. Lan, Onizuka. ¿Y ese sujeto de ahí quien demonios es? ¿Y que tan atractivo se cree? ⏴ Señala a la criatura que se acerca a ellos desde el centro del lugar, que bien podría haberles dicho algo o informado de algo, teniendo en cuenta que los vio llegar, si es que puede decirse que llegaron en vez de cayeron.

Poco a poco se va sintiendo mejor, su mente aún adolorida por la falta de licor en el trayecto, ya le parecía raro no tener algo en sus labios en ese viaje, pero tampoco es que en caída libre pudiera beber mucho, suerte que tenga aún algo de whisky consigo y no se haya reventado en el impacto contra el suelo tras ser lanzado desde el barco en caída libre. ▻ Este no sabe que la belleza es subjetiva, que depende de quien mire y valore el aspecto, que depende de demasiadas variables como para que alguien pueda afirmar, sin lugar a ninguna duda, que algo es la definición, o el ejemplo, de belleza. ◅ Un pensamiento que invade la mente del gigante, que sigue algo molesto por la falta de luz y por el dolor que le ocasiona la falta de whisky, pero ya llegará el momento en que se recupere. Mientras tanto, el joven observa lo que le rodea, limpiando su bisento antes de que las cosas se pongan feas.
OFF




RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 2] - Giyuu Ramhorn - 27-10-2025

[personajeinvalido=2283]

Al observar con detenimiento mi alrededor, me di cuenta de que éramos más de lo que había calculado en el primer segundo del caos. Al menos seis personas atrapadas en la misma maldita situación y entre ellos, dos figuras enormes, humanos, sí, pero de un tamaño absurdo, podría jurar que eran de la misma raza que Mercedes, pero incluso superaban su estatura con facilidad, una mole al lado de la otra, como si el mundo hubiera decidido burlarse de mi noción de lo enorme.
 
Lo peor es que todos parecíamos estar encerrados dentro de una especie de cuadro de piedra, perfectamente definido, duro como la condena y sin una salida visible, simplemente estábamos ahí, prisioneros en un espacio que parecía imposible de romper, como si alguien hubiera decidido coleccionar desgraciados y lanzarnos en una caja para ver qué hacíamos, mi instinto gritaba que algo no estaba bien y cuando mi instinto grita, más vale escucharlo.
 
Cuando uno de ellos comenzó a hablar de presentarse, pensé que era lo más sensato que habíamos escuchado desde que despertamos en esta maldita caja de piedra. Si vamos a pudrirnos aquí por el resto de la eternidad, al menos quiero saber con quién comparto la condena. —Soy Giyuu. Ramhorn Giyuu. Beeh! —dije, cuadrando los hombros como si mi nombre pesara lo suficiente para abrir una salida a golpes.
 
Ya conocía los nombres de dos de los presentes, Lan y Onizuka. Humanos enormes, de porte similar, quizás incluso de tamaño cercano al mío. La resistencia en sus cuerpos y la forma en que se movían me hizo pensar que no eran simples marineros perdidos; había fuerza en ellos, fuerza real y si vamos a salir de este agujero, más vale que todos tengamos claro quién puede romper huesos y quién solo puede rezar, y lo decía pensando claramente en Gwendolyn, que, si bien sobrevive a esa caída con su débil cuerpo, espero que no tenga ningún hueso roto.
 
Pero por si las cosas no fueran ya lo bastante raras, uno de los gigantes, el que no había emitido ni un suspiro desde que desperté, de pronto se lanzó corriendo hacia una de las paredes. Sus pisadas retumbaron en toda la estructura de piedra y, de la nada, empezó a aullar como un lobo herido. Un sonido desgarrador que hablaba de pérdidas y de nombres que gritaba con desesperación y que yo no reconocía, por suerte.
 
Hasta ese momento no había parado a pensar en la gravedad real del asunto. ¿Y si los míos…? No. No. Ese pensamiento no iba a hacer nido en mi cabeza. Si yo sobreviví a esa caída absurda, ellos también lo hicieron. No soy el más fuerte del cabaret, ni siquiera cerca, así que Rosse, Gwendolyn, Mercedes y todos los demás están vivos, tienen que estarlo, me aferro a esa idea con los dedos, con los dientes, con los cuernos si hace falta, porque creer lo contrario sería aceptar que ya perdí y yo aún no estoy listo para morir ni para llorar a nadie.
 
Y entonces mis ojos se fijaron en él: aquel sujeto que permanecía de pie justo en medio de esta maldita cárcel de piedra. Fue solo un vistazo por curiosidad, pero bastó para que se me erizara el pelo y como si fuera uno de los espectáculos de Rosse a los que ya me había acostumbrado, aquel hombre comenzó a hablar un discurso extraño, inquietante, que hizo que todo mi cuerpo se pusiera en tensión al instante.
 
Mientras aquel imbécil se recreaba en el sonido de su propia voz, sentí un latigazo de irritación recorrerme la espalda. Mis orejas se movieron inquietas, reflejo automático de mi molestia, y mis pies rasparon con fuerza el suelo de piedra. ¿Belleza? ¿Superioridad? Ese tipo hablaba como si el mundo entero le debiera reverencia solo por tener una cara bonita.
 
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Apreté los puños hasta que mis nudillos crujieron y mis cuernos se inclinaron hacia adelante, como anticipándose a embestir. —Tch — bufé, expulsando aire por la nariz con un sonido casi animal —Si tanto te gusta mirarte, seguro ni has tenido tiempo de pelear en tu vida. — Mis ojos no se apartaron de él en ningún momento, quería que supiera que, si pensaba que iba a inclinar la cabeza ante alguien como él, estaba muy equivocado.
 
—Te lo dejo claro desde ya —mi voz salió grave, ronca, cargada de advertencia mientras caminaba cuatro metros hacia el —Yo no vine aquí a admirar a nadie, tengo una tripulación que buscar. Si quieres que me incline tendrás que romperme los cuernos primero. — Y al decirlo, mi cuerpo entero ya estaba en posición de ataque, porque si hay algo que me molesta más que estar encerrado es un estúpido que se cree perfecto, para esas cosas ya lidio con Rossevelt todos los días.

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