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La primera pista [Pasado - Jin] - Kiyoshi Maeda - 20-11-2025 Han sido días incómodos y de mucha ansiedad. Para empezar, se ha enfocado en terminar de tratar sus heridas aceptando la ayuda del médico de Jin. Si bien en un principio el viejo se veía raro producto del conocimiento acerca del daño que Kiyoshi hizo en su jefe, con el paso de las horas se fue acostumbrando a tratar a un hombre que puede ser clave en la protección de esta familia Yakuza. El pelinegro intentó sacar información de la tal Akura, pero siempre se le fue negada. Tampoco es que haya insistido mucho, pero sí le causaba curiosidad saber por qué Jin estaba tan interesado en que cuide su salud. Asume que el tiempo será el sabio que le sacie tal curiosidad. En cuanto al mismo Jin, Kiyoshi fue enfático al decir que no deseaba verlo hasta el día en que debieran partir hacia la muchacha que puede darle información clave para seguir un camino concreto hacia la verdad sobre la muerte de sus padres. Si bien Jin le contó más o menos cómo se dio todo, hay muchos detalles que debe conocer. Quiere enterarse de todos los implicados, conocer nombres, escuchar explicaciones, establecer debates. Desea hacer todo lo necesario para que su mente tenga el relato perfecto acerca de lo sucedido y así decidir cómo procederá su venganza. Porque la venganza que desea se sirva frío como si tuviese hielo es un hecho que no se negocia. Un tipo tranquilo, de su casa, que normalmente no le busca problema a nadie, tiene entre ceja y ceja el pensamiento de que no hay negociación sobre lo que desea. El mundo le quitó lo que más amaba y él se encargaré de quitarle el mundo a los culpables. Para Kiyoshi es así de sencillo. No será ningún tonto en este tema. Pasados los días, llega el momento de partir. Utilizando al doctor como mediador, le hace llegar a Jin que no esperará ningún día más, que ya debe tener listo el viaje y la visita que le harán a la muchacha Elena y que no acepta un no como respuesta. Afortunadamente, el yakuza cumple y por eso es que madrugando se encuentra el médico ya fuera de la casa en donde ha permanecido escondido desde el conflicto con aquella peligrosa banda. Viste su traje formal y en la espalda, como es habitual, carga aquel enorme bolso que lleva escondida su arma. Y es que ni piensen que irá desprotegido a algo tan importa. No por lo que Elena o aquellos que le rodean le inspiren temor, sino por la misma gente con que se está relacionando o aliando para todo esto: Jin específicamente. — ¿Ya has preparado el tonto contrato? Ya debe estar con tu firma, y dame algo para firmar. Lo leeré rápido y ya podremos partir. ____________________________________________________________ Cláusulas del contrato: 1. Este contrato involucra a los señores Kiyoshi Maeda y Onizuka Jin, al igual que a sus cercanos. Si algún bando decide lastimar al otro, se da el permiso para que se involucre la ley con todo su peso buscando tomar una multa de 10 millones de berries para la familia afectada. 2. El sr. Onizuka Jin se compromete a garantizar la seguridad del sr. Kiyoshi Maeda siempre que estén en la misma isla o este último la solicite. En caso de incumplir, la multa es de otros 10 millones de berries. 3. El sr. Kiyoshi Maeda se compromete a otorgar servicios médicos únicamente al sr. Onizuka Jin y a una persona en específico aclarado entre ellos, siempre que estén en la misma última o estos últimos dos lo soliciten. 4. En caso de que el sr. Kiyoshi Maeda deba viajar para otorgar sus servicios, todo el transporte deberá ser costeado por el sr. Onizuka Jin, quien también se compromete a solo solicitar viajes en casos de emergencia y siempre en territorio de North, South, East y West Blue. En caso de que el sr. Kiyoshi Maeda se niegue, deberá cancelar 10 millones de barries a la familia Onizuka. 5. El sr. Onizuka Jin se compromete a entregar información mensual al sr. Kiyoshi Maeda acerca de los asuntos confidenciales que han tratado de palabra. Al incumplir esto, se dará una multa de 20 millones de berries. Solo se excusará si hay imposibilidad de comunicación a través de los Den Den Mushi, lo cual deberá ser debidamente justificado. 6. Este contrato puede romperse bajo las siguientes dos cláusuclas: a. Si uno de los dos ve directamente afectados sus intereses personales por alguna acción del otro partícipe de este documento. b. Si el sr. Kiyoshi Maeda rompe el acuerdo de confidencialidad acerca de la identidad en cuestión de la persona que debe atender en este servicio médico que otorga. c. Si se descubre que el sr. Onizuka Jin oculta u omite información de utilidad para la investigación del sr. Kiyoshi Maeda. ______________________________________________________ Al terminar de leer, Kiyoshi firma dos documentos idénticos. Uno se lo queda él y lo guarda dentro de sus ropas. El otro queda para Jin. — ¿Ya tienes la dirección? Necesito que me digas cuál es el plan que has elaborado. No tengo la intención de ir y disparar a todo aquel que se interponga en mi camino, pero dudo ella no tenga protección. ¿La has contactado? — Y es que si Jin supiera, lo que no debe ser complicado ya que parece saber más de lo que se cree, podría haber aprovechado que el solo nombre de Kiyoshi haría que la señorita en cuestión los reciba sin ningún problema. — Tu médico no mencionó ningún barco, así que supongo que, al igual que tú, se encuentra en esta isla, ¿verdad? No perdamos más el tiempo. Me gusta ser puntual con mis citas. RE: La primera pista [Pasado - Jin] - Onizuka Jin - 20-11-2025 Tras la conversación, convencer a algunos para poder evitar un posible daño al joven Kiyoshi era de lo más problemático. Por supuesto, muchos lo tenían en estima, y la alarma se disparó al verlo salir cojeando de aquella habitación, con la pierna cosida y, los disparos que se habían escuchado desde fuera. Para entonces se había armado bien, él mismo había tratado de estipular el contrato, e incluso encontrar abogados para ambos. Siempre usando la mediación mediante el médico, respetando la intimidad que el joven había buscado y, por otro lado, buscando alguna nueva excusa para que su propio jefe no se inmiscuyera en ese asunto, o sería mucho peor. En apenas días, con la pierna en semejantes condiciones y, para colmo, con su repudio a los medicamentos. Prácticamente tenía que ser obligado para tomárselos. Irónico con la locura que poseía ese hombre que tuviera una actitud tan infantil, siempre con la tan confiable excusa de “ya se curará solo”. El resto ya era dejar todo listo, además del contrato, encontrar dónde se encontraba la joven Elena. Lo bueno fue que encontrarla no tuvo demasiada dificultad, una mujer que estaba en contra de las palabras y advertencias de sus padres, con claras escapadas nocturnas para poder saciar su curiosidad y, sin embargo, delicada y cargada de elegancia. La mujer estaba llena de la vida de joven adulta. Lo positivo fue lo relativamente fácil que fue convencerla de ese encuentro, lo difícil fue conseguir que al menos le permitiera estar con él también. Y ahora, allí estaba el yakuza, como siempre. Se sentía cansado, ya no solo por la situación en sí, también por las pocas de sueño que había logrado. Demasiados días sin su alivio además del tabaco. La puerta sonó tres veces, con tres toques firmes. —Jefe, ya es la hora. Su mano se pasó sobre su cabeza, con el cansancio entre sus ojos. La acompañante en el otro lado de su cama, descansando plácidamente tras toda aquella actividad nocturna. La condenada pierna no le había dejado saciar su apetito sexual hasta entonces y, aún así, los problemas de su propio insomnio persistían. ![]() —Voy para allá. Dejen al joven Maeda con lo que les pida si lo hace.
Se incorporó de la cama, ignorando a su acompañante nocturno, apartando las sábanas y yendo directamente a darse el baño necesario antes de acomodarse el traje y salir de allí. Como de costumbre, siempre puntual, todo listo, como siempre le gustaba tener las cosas. Revisó por última vez el contrato, solo para asegurarse de que todo estuviera en condiciones. Obviamente, dos copias de la misma, con su propia firma ya marcada en ellas y llevando consigo el bolígrafo para que el acompañante también lo hiciera. Se abstuvo de hablar de Akura hasta que no pudiera ver la firma del joven, ya que una de las cláusulas dejaba claro que debía mantener en secreto su identidad. Para cuando finalmente estaban fuera, ya se encontraba fumando, como buena mala costumbre que mantenía. Lo había esperado en la entrada principal, por el exterior. Escuchó a Kiyoshi y automáticamente le ofreció los dos contratos para que viera que no estaban diferentes, ni cambiados. —Por supuesto que lo tengo. — esperó, revisando que los firmara y revisó por su cuenta que estuviera todo una última vez más. —Desde luego que tengo un plan. Hemos quedado en una ubicación privada. — Sopló el último halo de su cigarrillo, dejándolo caer al suelo y pisándolo para apagarlo. —Hablamos con ella, al principio solo quería verle a usted solo, pero logramos convencerla para que al menos pudiera estar presente en su conversación. De momento no está al tanto de qué queremos hablar con ella, la dejé fruto de su imaginación. — No esperó mucho más. Estaba todo listo, y él comenzó a caminar con calma, pese a que podía sospechar la impaciencia que poseía el joven. —Por el momento la convencí de que era una cita entre ustedes para volver a encontrarse. Parece demasiado emocionada. Sigue obsesionada con la idea de querer casarse con usted, por esa parte fue fácil. Pero voy a necesitar que hagas de cebo. — Su voz bajaba en volumen mientras hablaba. —En caso de que, por supuesto, decida no hablar más de la cuenta. Por el momento intentemos que sea pacífico y aprovechar a exprimir ese amor que parece sentir por usted, joven Maeda. — Además, no se equivocaba, se encontraban cerca, en la misma isla, aunque el paseo era un poco más largo. Para cuando alcanzaran el lugar, se vería una casa tradicional, cargada de elegancia, aunque en realidad se trataba de un restaurante privado, que había sido reservado exclusivamente para los tres que iban a estar allí, además de los cocineros y los camareros. El silencio ya estaba comprado tanto por sí mismo como por la propia muchacha, silencioso acuerdo al que ambos habían llegado. Y, hablando de la muchacha, allí estaba, con ropa claramente elegante, digna de la casa de la que venía, un pequeño lazo negro decorando su cuello, abrigo rojo con detalles dorados. ![]() Se acercó a ella, reconociéndola al instante y, posiblemente, también lo hiciera el propio Kiyoshi. Jin, por su lado, inclinó ligeramente su cabeza, con una media sonrisa en sus labios. ![]() —Buenos días, señorita Elena.
La cortesía también la conocía, pese a ser quien era. La muchacha lo miró, frunciendo ligeramente sus cejas, jugueteando con uno de los mechones de su largo cabello rubio, los rulos decorando los laterales de sus hombros y sus ojos buscándolo con la mirada. —Señor Onizuka, espero que no haya olvidado traer a Kiyoshi, o no hay acuerdo. — No respondió, solo se puso a un lado, para que el propio Kiyoshi se presentara por su cuenta. RE: La primera pista [Pasado - Jin] - Kiyoshi Maeda - 21-11-2025 Su cara expresa no mucho convencimiento en la idea de que esa mujer vuelva a hacerse ilusiones con él, pero entiende que no queda de otra. Lo normal es que le reclame a Jin, pero esta vez solo baja la mirada y asiente con la cabeza. La buena noticia es que está en la misma isla, por lo que podrá evitar un tonto viaje en barco que puede tomarle días. Durante el recorrido se le ve más callado de lo normal y es producto de su nerviosismo. No solo se siente indeciso por reencontrarse con esa chica que es más o menos de su edad y de la cual no tiene muy buena impresión, sino que le tiene preocupado la idea de realmente obtener un dato una pista que le siga marcando el camino a seguir hacia la mayor verdad detrás de la muerte de sus queridos padres. Pero dudando no logrará nada. Tampoco puede acobardarse y devolverse por donde vino. Debe ser valiente sobre todo en esto, vencer el miedo y dar siempre los pasos hacia adelante. Esa es la mentalidad que intenta adoptar por mucho que le cueste. Es curioso, pues nadie diría, conociéndolo por fuera, que es un tipo tan inseguro, pero lo es, así que hay que darle mérito cuando se atreve a tomar estas decisiones tan difíciles. Siempre vivió dentro de una burbuja de protección y recién de adulto, tras la pérdida de sus seres queridos, es que ha ido saliendo de esa zona de confort tan cómoda. Finalmente llegan al sitio en donde se desarrollará la cita. Lo cómico es que Jin es el único en presentarse frente a la muchacha que los espera emocionada. Kiyoshi se quedó atrás, apartado de la vista de todo el mundo, pero sobre todo de ella, oculto entre árboles y estructuras. Se presenta nuevamente su inseguridad social, pero respira profundo y avanza hacia la dupla que ya se ha presentado. No alcanza ni a llegar con ellos, que la chica ha avanzado corriendo hasta él. Esto preocupa a sus guardias de seguridad que se han mantenido escondidos hasta ahora, mostrándose todos y sacando sus armas para apuntar a Kiyoshi, temiendo por el bienestar de su jefa. Toda duda se disipa cuando la misma, sin pudor alguno, se abraza a su cuello con fuerza. — Kiyoshiiiii. Sabía que volverías a mí, solo que no pensé que tardarías tanto. — No debe extrañar a nadie que su primera reacción sea empujarla para apartarla de sí. Sin embargo, antes de siquiera decir algo, ella se adelante y le enseña unas manos brillantes de limpias. — He desinfectado perfectamente todo antes de que vinieras, por lo que no puedes reclamarme nada. — Kiyoshi desvía la mirada y pasa de largo. No le responde pues no tiene qué, ella está en lo correcto. Iba a preguntarle si se lavó las manos antes de tocarlo. — Pasemos a sentarnos, tenemos mucho de qué hablar. — En vez de pasar de largo ignorando a Jin, se sitúa detrás suyo y lo empuja para que avance primero. Raro que un tipo al que le disparó días atrás, hoy sea su persona segura. Entre tanto desconocido y con Elena aquí, no hay alguien mejor que Jin, por mucho que sea imposible de creer. Todos se sientan dentro en una mesa debidamente preparada con tres sillas. Lo que Kiyoshi no se esperó es que la silla de Elena esté pegada a la suya, mientras que la del Onizuka está del otro lado de la mesa. Ya no es sorpresa para nadie que la chica mimada de papi, más acostumbrada que el propio Maeda a que le den todo, está superpegada al médico, como si le fuera a dar una enfermedad horrible si pasa dos segundos sin sentir su cuerpo pegado al ajeno. — Bien, tonta, déjame decirte que no he venido aquí por lo que tú piensas. Jin necesita hacerte unas preguntas y espero que las contestes. Realmente necesito que respondas con la verdad… — Toma una pequeña pausa mientras mira hacia otro lado. Su voz titubea un momento. — Por favor… — Esa frase sí le gusta a Elena y lo demuestra en la gran sonrisa que enseña. — Aunque debes saber que tendrás que pagar de cierta forma eso, Kiyoshi… Aunque ya lo hablaremos después. Realmente es una situación horrible para Kiyoshi, pero debe ser fuerte. — Y bien, señor Onizuka, ¿qué es lo que debe preguntarme? Soy toda oídos. Aunque déjeme decirle que no me agrada la idea de que Kiyoshi se relacione con usted. Sabe de lo que hablo. RE: La primera pista [Pasado - Jin] - Onizuka Jin - 24-11-2025 Apreció o, al menos, detectó durante el camino el silencio de Kiyoshi, no conocía en absoluto sus pensamientos, probablemente ni siquiera los iba a comprender, mas no era relevante. Lo que fuera necesario. La ironía resultó en el reencuentro de los dos jóvenes. Sí, tenía conocimientos de la obsesión que la muchacha había adquirido hacia el joven, solo que no llegó a creer que fuera todavía tan palpable. Solo esbozó una media sonrisa. Sí, estaba más confiado y, sin embargo, la experiencia le había demostrado que ni siquiera así había sido suficiente. Por ello, no iba a dejarse llevar demasiado. Dejó que el reencuentro se diera, hasta que sintió tras su espalda al joven prácticamente obligándolo a avanzar. Planeaba hacerlo de todos modos, aunque no pudo evitar arquear una ceja a la vez que proseguía su camino. Le pareció por un momento tener la actitud de un niño asustado, pero no iba a mencionarlo. ![]() —Cierto, tenemos que hablar de algunos asuntos.
Su semblante pronto volvió a la normalidad, por supuesto, siempre procurando no ser percibido por ningún otro ojo. En un inicio, con la idea de mantener a Kiyoshi a su lado, pero quizás era mejor así, para no levantar sospechas. Se acomodó en el asiento preparado para él. Inicialmente la idea era que hablara el joven, mas no tuvo opción. Lo que está claro es que Kiyoshi quizás ha facilitado quizás algunas cosas con esa “educación” repentina. La sonrisa de la mujer ya decía más de lo que debía. Ensanchó su sonrisa, cargada de confianza, juntando ambas manos de modo que no pudiera estudiar sus expresiones corporales. Solo observaba a la mujer directamente a los ojos con la misma seguridad con la que había llegado. ![]() —No se preocupe, señorita Elena.
Acomodó su espalda en forma recta, con los ojos saltando por un momento en la expresión de Kiyoshi y, poco después regresando a la muchacha. —Soy consciente y, sin embargo, espero que también recuerde la promesa que hice a los padres del joven. —Solo mencionaron si en caso de que Kiyoshi estaba en peligro. — sus cejas se fruncieron, con desconfianza, ojos más firmes observando al mayor. —¿Acaso no lo está? Podría confirmarlo. — su tono sonó seguro, más serio. Juntó ambas manos, inclinando ligeramente su espalda, ahora con una mirada más firme dirigida a la mujer, seria. Ella aflojaba un poco el agarre firme que había mantenido al joven todo ese tiempo, apretando levemente sus labios, evitando el contacto visual. —Claro que debería estarlo… Kiyoshi no hizo nada malo. — la firmeza de Jin se volvió más severa, sus ojos no llegaron a apartarse en ningún momento de ella. ![]() —¿Y por qué sus padres están tan desesperados por esconderse, entonces?
Su expresión se volvió más ansiosa, pero volvió a apretarse al joven. —Mis padres tienen asuntos más personales que atender que usted, señor Onizuka. — Jin elevó ligeramente la cabeza, sin apartar su mirada de ella, ahora con una mirada más desafiante, típica del hombre que estaba dispuesto a arrancar esa información si fuera necesario. —Escuche, no me interesan sus papás si es lo que cree, señorita Elena. Lo que me interesa es lo que parecen saber, tanto ellos como usted misma. — ella miró de reojo a Kiyoshi, con cierto temor, y volvió la mirada a Jin, negando con la cabeza. —Lo sabe, señorita. Tarde o temprano debía saberlo. —¡ESO ES PEOR! — su tono calmado se volvió ahora más firme, en forma de regaño. —¿Sabe lo que significa eso acaso? ¡Es intolerable! ¡Podría estar en peligro si descubren que Kiyoshi-...! —Cálmese, señorita. — sus ojos se mantenían con la misma firmeza y seguridad que antes, pero su expresión se volvió más dura. —Soy consciente de que fueron traicionados, pero no somos nosotros quienes lo hicieron. —Todos los señalan a ustedes. ¿Por qué iba a fiarme de su palabra? ![]() —Porque si no, no tendría al joven Kiyoshi vivo justo a su lado.
La mujer hizo un breve silencio, sopesando las palabras, dejando caer la cabeza con el pensamiento. Suspiró, cerrando los ojos, ahora elevando su mirada de nuevo hacia Jin. —¿Y ahora los Onizuka quieren limpiar su nombre? —Sabe que no nos gusta tener asuntos sueltos sin motivos, y estoy seguro de que será consciente de nuestros métodos de limpieza. — La mujer se veía ahora algo nerviosa, en todo momento evitando el contacto visual con el propio Kiyoshi, sin embargo sin atreverse a alejarse. —¿Qué quiere saber? —¿Por qué fueron precisamente por los Maeda? Quiero nombres, lugares, lo que sea que se le ocurra. ¿Por qué sus padres están tan asustados? ¿De quiénes se esconden? Los hombros de la mujer se elevaron, negando con la cabeza. —No es algo que… quiera hablare delante de Kiyoshi. —Es algo que él merece saber, y estoy seguro de que estará de acuerdo conmigo, señorita Elena. Si realmente sigue sintiendo ese amor por él, hará lo correcto. —Que usted me hable precisamente de algo así es irónico. — volvió la mirada hacia Kiyoshi, titubeó por algunos segundos y regresó la mirada a Jin. Luego a los guardias que habían estado custodiándola. —Esto se ha convertido en un asunto privado... Por favor, esperen fuera.— Estaba claro que los guardias no estaban de acuerdo con dicha decisión. Podría tomarles más de lo necesario poder proseguir la conversación. Jin observó de reojo a los guardias, las armas que llevaban, incluso la forma en la que pudieran estar andando. La muchacha insistió una vez más. RE: La primera pista [Pasado - Jin] - Kiyoshi Maeda - 25-11-2025 La charla comienza y Kiyoshi, que parece estar tranquilo, se encuentra muy tenso. Sabe que esta reunión puede darle información importante acerca del caso de sus padres, por lo que teme que cualquier cosa pueda arruinarlo. Quisiera apartarse y tomar distancia de la mujer que, independiente de lo que se diga, sigue bien pegada a él, pero prefiere mostrarse amistoso para que tenga más predisposición a abrir la boca. ¿Kiyoshi en peligro? Lo mencionó fugazmente Jin la otra vez, pero el médico se niega a creer que él con su gente se han encargado de que nada le pase. Si bien es alguien que no confía en su capacidad de defenderse a sí mismo y busca protección de forma externa, no le agrada mucho la idea de depender de tipos con una moral tan dudosa. Sin embargo, debido a la poca información que posee, solo le queda aceptar medianamente eso como una verdad. Lo que sí le cuesta digerir es lo que menciona Elena, y Kiyoshi no tarda en alzar la voz para interpelar a Jin. — No me dijiste en ningún momento que hay una versión de la historia en donde ustedes fueron los culpables. ¿Puedes hablarme al respecto, Jin? Sabes que, al final, quien toma la decisión sobre qué creer y qué no soy yo. — Se encargó de dejárselo claro el otro día a punta de balazos y golpes. El apellidado Maeda es un hombre con una gran disposición a cuidar la salud y al vida, pero que rompe este discurso cuando sus padres están en el medio. Lo mejor es no tentar a la suerte. Sin embargo, todo eso queda de lado cuando Elena usa las palabras menos adecuadas para lograr que Kiyoshi se ponga de su lado. ¿Cómo que hay algo que debe hablar sin que él esté presente? ¿Qué diablos significa eso? Solo logra que haya más y más dudas dentro de su cabeza. Durante este rato, ha mantenido los ojos enfocados en Jin, pero ahora al fin gira el cuello para mirarla a ella y, como es obvio, no con una sonrisa. — Elena, creí que teníamos cierta confianza entre nosotros. Puedes hablar. Hazlo. — Su tono de voz tranquilo comúnmente, ahora es fuerte, agresivo, prácticamente busca obligarla a que mueva la lengua. — Kiyoshi, yo… No tiene nada que ver entre nosotros. Es un asunto de nuestros padres. Por favor, no me hables así, no me gusta. — Pero el médico solo la ignora y espera a que todos los estorbos se retiren de la sala. No olvidemos que a un costado de la mesa se encuentra el bolso con su rifle, así que si alguien intenta atacarlos de alguna manera, en lo que Jin los defiende con su fuerza física, Kiyoshi ya estará armado para dispararle a cualquier que atente contra su seguridad. Afortunadamente, nada de eso es necesario. Todos se retiran y dejan en un espacio privado a los tres protagonistas de este capítulo. En un principio, parece que Elena sigue con dificultades para hablar. Antes miraba a Jin con soberbia, ahora lo hace con miedo. Para qué hablar de Kiyoshi, no se atreve a mirarlo a la cara, y se encuentra agarrada a su brazo con mucha fuerza, demostrando miedo, dudas, desconfianza, incomodidad. Está entre la espada y la pared, lo sabe. Decida lo que decida, tendrá enemigos, consecuencias negativas que pagar. No podrá ganar en cualquier escenario y a una hija de papis, eso le molesta mucho, le duele. — Miren, creo que no me siento bien y podríamos dejar esto para otro día… No, eso no es posible. Kiyoshi, en un acto de rebeldía en contra de su propia personalidad, golpea la mesa con las manos. Esto alerta a todos los guardias de seguridad que están fuera, pero apenas abren la puerta, se encuentran con un gesto de la jefa que los obliga inmediatamente a irse. Sabe que Kiyoshi no la lastimará, o eso quiere creer. — Elena, no hay nada en la vida que me importe más que vengarme por la muerte de mis padres. Créeme cuando digo que no escatimaré recursos en eso. — Da un pequeño empujón a la chica, obligándola a separarse. Acto seguido, apunta con el índice derecho a Onizuka Jin. — Jin, ponte de pie. Ahora. — Sigue agresivo en su forma de hablar, demandante. — Súbete la parte del pantalón en donde tienes “eso”. — Refiriéndose al vendaje que debería seguir producto de los disparos que le dio el otro día. Cuando enseñe, Elena, quien conoce bien los valores de Kiyoshi, seguramente quedará horrorizada. ¿Kiyoshi lastimando a alguien? Para Jin puede parecer el pan de cada día, pero al resto no. — Jin no quiso hablar cuando se lo pedí. Se mostraba reacio a responder mis preguntas y por eso tuve que recurrir a métodos extremistas. — Lo dice como si nada, pero en el fondo sabe que él no es así. No es quien quiere ser. Pero este caso de sus padres va más allá de todo. — Elena, necesito que me digas lo que sabes. Estoy dispuesto a pagarte como lo pidas una vez mi venganza sea ejecutada. Pero para que eso pase, necesito tu ayuda. La mano diestra se estira hacia el costado en donde toma su bolso, amenazando con sacar de ahí lo que usará para obligarla a hablar. — Jin, continúa con las preguntas, por favor. Creo que Elena ya tiene ánimos de charlar con nosotros. Y conforme respondas, puedes ir pensando el pago que querrás. RE: La primera pista [Pasado - Jin] - Onizuka Jin - 05-12-2025 Jin arqueó una ceja, tratando de recordar mejor la primera conversación que mantuvo con Kiyoshi. ¿Se le habría pasado por alto quizás haberle mencionado ese detalle? Probablemente no, ya que el disparo no le habría dejado pensar con claridad bajo las sensaciones que el propio hombre sufría. Tampoco es que hubieran conversado fuera de aquellos días después de todo. ![]() —Le aseguro que no fue algo oculto de forma deliberada, joven Maeda. No creo que ahora sea…
—¡Cómo se atreve! — una vez más, la mujer alzando la voz. ¿Qué le pasaba últimamente con todas las mujeres que conocía que solo parecían tener como hobbie gritarle? Fue ella quien decidió tirar del carro y dar la respuesta. —Si es verdad que sabes quién es este idiota, entonces claro que deberías saberlo. ¿No sabes que fue él quien hacía trabajos sucios y que tus papás tuvieran que limpiarle esas cosas? — lo señaló, directamente, con las cejas ahora fruncias. —¡Tú hiciste que mi querido Kiyoshi me gritara! — Jin solo contempló el dedo en silencio, como si no fuera realmente aquel asunto con él. —Es obvio que su condenado… clan, cosa de mafiosos o lo que sea también fueran sospechosos. Encima, de ti he escuchado que no tienes escrúpulos. La espalda de Jin se reacomodó a la vez que su espalda se acomodaba en el asiento. No se inmutó ante las palabras, ni los gritos que poco a poco se alzaban cada vez más. Sus ojos solo se volvieron hacia la puerta, antes de tomar una servilleta de la misma mesa y, de su bolsillo, retirar un bolígrafo. —Puedo comprender que no conozca mis métodos, señorita, pero le recomiendo seriamente que se calme. No estoy aquí para discutir, y he cumplido mi parte del trato. — la mujer apretó los labios, claramente furiosa, mientras Jin proseguía la conversación. ![]() —Es natural que fuéramos el primer foco, joven Maeda.
Hizo una pausa, ahora frenando en su escritura por algunos segundos. —Sé que es lo suficientemente listo para saber el motivo. Como bien dice la señorita, nuestros negocios son algo… diferentes. Es fácil siempre culpar al primero que hace cosas ilegales. — Ahora sí, cerrando el bolígrafo con calma, elevando la mirada mientras extendía el papel hasta donde se encontraban ambos. Iba directo, por supuesto, hacia la jovencita, pero no impidió que lo viera el propio Kiyoshi. “Revise qué lleva encima. No hable en voz alta.”
La muchacha solo frunció las cejas confundida, por un momento mirando a Kiyoshi, luego regresando la mirada hacia el papelito. —¿Por qué? —Seguridad. — respondió. La muchacha arrugó la mirada, algo confundida, sin saber bien qué hacer, todavía incómoda por la situación, pero terminó obedeciendo, apartando una de sus manos para revisar sus cosas, incluyendo el bolso que llevaba a un lado. —Creo que es usted muy paranoico. No traje nada sospechoso. —No por usted, señorita. — prefería que no hablara de más, todavía no confiaba en los hombres que la estaban “custodiando”, pero dada la peligrosidad de la situación, lo mejor era asegurarse. Afortunadamente, como bien mencionó la muchacha, no había nada que pareciera ser fuera de sospecha. A su vez, miró de reojo a Kiyoshi, con las cejas fruncidas. Sí, había hecho eso simple y llanamente porque no quería que se apreciara que en ese momento sus condiciones no eran las mejores. Ahora sí, se puso en pie, elevando lo más que pudo el pantalón hasta la zona del muslo. Era más sencillo retirar su cinturón, pero tenía un mínimo de educación hacia una mujer con la que ni siquiera planeaba nada más que retirar información. Los vendajes todavía estaban allí, aunque ya había dejado de sangrar. La mujer soltó un grito ahogado al verlo, con su mano entre sus labios con sorpresa. Claramente estaba horrorizada, tal y como predijo el propio Kiyoshi, sorprendida de la situación. Elevó la mirada hacia el rostro de Jin a la vez que él soltaba su pantalón, reacomodándolo nuevamente con naturalidad. —¿Qué…? Kiyoshi…. Tú no eres así. — sus manos ahora temblaban, mostrando una sorpresa que probablemente no había visto antes el joven. —No puedo decir que no se lo merezca pero… — apretó los labios, ahora titubeando. El agarre del brazo que sostenía todo el tiempo a Kiyoshi se comenzó a aflojar lentamente. Mientras tanto, Jin volvía a sentarse, sin hacer ruido, cruzando sus piernas, esperando con la misma paciencia con la que hablaba, retomando el pañuelo de papel y arrugándolo para guardarlo en su bolsillo. Ella finalmente terminó de suspirar volviendo la mirada a Kiyoshi. Sus palabras parecían estar funcionando. —Está bien… responderé lo que pueda… Por ti. Jin volvió a reacomodarse con las manos sobre la mesa, su mirada más segura, fija en la muchacha. —Señorita, por favor. Dígame de qué se esconden sus padres. — Un pequeño silencio, la muchacha ahora se retorcía ligeramente en su asiento, incómoda. Tragó saliva, mirando hacia su alrededor como si pudieran estar viéndola, como si fuera una niña haciendo una travesura. Su voz, cuando al fin se decidió a responder, sonó más baja de lo que debería. —Esto… lo escuché por accidente. — apenas se atrevía a ver ahora al propio Kiyoshi, ni siquiera a Jin, solo observaba la mesa, todavía incómoda. —Mis papás pensaban que estaba con alguien, pero llegué antes y… los escuché. — Elevó su mirada, insegura, hacia el frente, donde estaba Jin, y volvió a descenderla. —Dijeron que… parecía que el plan de involucrar al Clan Onizuka en lo que pasó con los papás Maeda no había funcionado, y que alguien los estaba persiguiendo, y tenían que ponerse a salvo. ![]() —¿De quién?
La chica volvió a retorcerse incómoda, mordiendo su labio inferior, mirando a Kiyoshi con inseguridad, y luego volviendo a descender la mirada. —Brandon. Mencionaron a Brandon. El que había sido… bueno… ya sabe… una de las personas confiables del señor Maeda. — Jin se limitó a observarla con calma, esperando cualquier otra reacción, otra palabra más, pero la chica parecía estar atascada en sus propias palabras, en la confesión que claramente no había hecho a nadie, por eso, decidió volver a presionar. —¿Por qué de él? — la chica negó con la cabeza, ahora agarrando con mayor firmeza el brazo de Kiyoshi. —Señorita Elena, está usted a salvo si es lo que le preocupa. — los labios de la mujer temblaron, ahora con cierto temor. —¿Quiere que llame a mis hombres? — Negó con la cabeza, carraspeando. —Escuché que… hay una red de políticos secreta. Como una especie de secta de poderes o algo así… Brandon es uno de los líderes. Eso… pone a todos en peligro. — Elevó su mano, con nerviosismo. La misma estaba temblando, gesto que no pasó desapercibido por el hombre yakuza. —No sé exactamente qué buscan, o qué quieren. No sé mucho más, mis papás dicen que es demasiado peligroso. Solo sé que intentaron culparlos a ustedes porque… bueno… son la mafia y es más fácil… Hay más, y están yendo a por todos los que sabemos algo. ![]() —¿Dónde está Brandon Lee?
El rostro del hombre ahora se veía más serio, mucho más duro. Sus cejas ahora reflejando molestia y parte de comprensión. Ella negó con la cabeza. —No lo sé. Solo sé que hace dos semanas se fue de la isla para ir a otra. No dijo dónde, solo sé que unos pocos saben dónde está, pero no quiénes. Mis papás están planteando esa idea también, de irnos a otra isla. Están asustados porque no consiguieron culparles a ustedes de lo que les pasó a los Maeda. — su rostro volvió hacia el joven, ahora con cierta inseguridad. —Lo siento Kiyoshi, no quise decirte nada de esto porque… sé que estar involucrado en algo así es peligroso. No quiero que sufras más… Deja el tema de la venganza, es demasiado peligroso. Si tus papás ya murieron, nadie puede decir que… —Haya más víctimas. — terminó el propio Jin la frase. Elevó su mano en el mentón, con aire más pensativo. Estaba claro, eso estaba siendo algo más grande de lo que él mismo pensaba. ![]() —Y posiblemente también esta red corrupta se esté moviendo por más de una isla.
La muchacha asintió con la cabeza. —¿Sabes cuál es su objetivo? — la muchacha negó con la cabeza. —¿Algún otro nombre? — la muchacha volvió a negar con la cabeza. —Como dije, lo escuché de casualidad mientras mis papás hablaban con alguien por Den-Den Mushi. Ni siquiera sé con quién hablaban, pero sí que estaban muy asustados, y que lo último que decían era que teníamos que huir lejos de aquí y escondernos. — La mano de Jin se apartó de su mentón, enfocando la concentación en dar sentido a algo más. Una red de políticos, con tan poco… Elevó la mirada hacia la muchacha una última vez. —¿Podrías intentar conseguir que nos citemos con tus padres? —¿QUÉ? ¡NO! Si saben que he hablado con usted de esto… — tragó saliva. —No saben ni que sé tanto... —Escúcheme, señorita. — sus manos ahora se estiraron, en un intento de calmar a la mujer, quien ahora estaba comenzando a hiperventilar. —Si es cierto eso, puede que incluso tengan traidores o sicarios ya ahora mismo con ustedes. No puede confiar en nadie más. Necesito que nos deje citarnos con ellos, y más información que solo eso. Puedo intentar ponerlos bajo protección en el clan, pero solo con la condición de que nos den toda la información que puedan. Puede que incluso ahora mismo tengan el peligro en sus narices y no lo sepan, señorita. Incluso usted puede estar ahora mismo en peligro. RE: La primera pista [Pasado - Jin] - Kiyoshi Maeda - 06-12-2025 Intenta mantener la calma, pero es duro. Por mucho que haya firmado un contrato con Jin, es consiente de que no puede confiar del todo en él. Pertenecen a mundos totalmente diferentes, han tenido una crianza opuesta, por lo que los valores que ambos poseen distan mucho los unos de los otros. Cada palabra dicha por Elena provoca cierto nerviosismo en su mente, el cual se ve reflejado en pequeños temblores que experimentan sus manos. Se esfuerza por que no se note, mas le es imposible. Esta fachada suya tan fuerte es nueva, la está recién conociendo, aún es un experimento. — O sea que sabías que Jin con su gente no eran los culpables, y aun así intentaste ponernos en contra en el último momento. — Es la conclusión a la que llega una vez la chica empieza a contar su historia. Desde el principio, siempre supo que los Yakuza no fueron los culpables del incidente que terminó con la muerte de los Maeda. Quizás, y solo quizás, si seguía insistiendo con esa información, Kiyoshi pudo fijar nuevamente al Onizuka frente a él como su objetivo, atentando nuevamente contra su vida como ya lo hizo la última vez. Y es que como ya dijimos, a Kiyoshi le cuesta todo esto. Un hombre que, desde pequeño, siempre fue protegido, cuidado, apartado de todo lo malo que hay en el mundo. Crecer y avanzar para enfrentarlo es difícil. De hecho, a pesar de la desconfianza, admira esa templanza que tiene Jin ante todo esto. Aún cuando su vida corrió peligro con un rifle apuntando su frente, jamás sucumbió al miedo de abandonar el plano terrenal. Por supuesto que no se lo dirá a viva voz, pero un poco de respeto y admiración si ha surgido dentro de nuestro peculiar protagonista. — Que sea la última vez que intentas mentirme, Elena. No quiero ensuciarme las manos por nada, sé que me conoces y que odio hacer eso. Solo ayúdanos. Ayúdame. — La interpela directamente, tomando incluso una de sus manos con fuerza. Si bien no aprieta, sí transmite cierta calidez que le da fuerza a la mujer para seguir contando su relato, armándose de valor para recordar y dar a conocer todo lo que logró escuchar a través de las paredes. Mientras Jin es el encargado de hacer las preguntas, Kiyoshi, utilizando el conocimiento psicológico que conoce debido a su rol de médico, es el soporta que Elena necesita para hablar. Y está funcionando, pues la información que suelta, aunque no sea del todo completa, son pistas y datos que antes no estaban. Cuando inicias de cero, como es el caso de Kiyoshi, cualquier avance sirve. Cualquier rastro da esperanza. — Con que debemos dar con ese tal Brandon Lee. Lo mencionaste la última vez, Jin, así que debes conocerlo. Te pediré que me hagas un leve reporte sobre él. Tampoco es mi intención obligarte a que acompañes por todos los mares hasta dar con su paradero, así que una vez me vaya de esta isla, intentaré rastrearlo por mi cuenta. — Lo cual no quita que el yakuza deberá seguir atento para cumplir con el contrato, lo que significa que cualquier información que pueda conseguir, deberá buscar la forma de hacérsela llegar. Estar separados no será una excusa para olvidarse de todo y cada uno seguir con su vida por separado. Por este motivo es que Kiyoshi insistió en aquel papel legalmente aceptado por ambos, para así él también verse comprometido con el oficio de médico que ofreció tanto para él como para la otra persona en cuestión. — ¿Cómo que traidores? Eso es imposible. Todos los hombres aquí son de mi confianza, me han cuidado desde que soy pequeña y jamás permitiré que dudes de ellos de esta forma. Te obligo a que retractes en este mismo instante, Onizuka Jin. — Golpea la mesa con la palma de la mano que no es sostenida por Kiyoshi. Su rostro expresa frustración, ira, pero también duda y miedo. Por mucho que diga esas cosas, en el fondo, teme que sea verdad lo dicho por el yakuza y esté en peligro constante. Sin sus padres presentes, se siente sola y desprotegida. Kiyoshi la entiende, pues él experimentó exactamente lo mismo el día en que ambos fueron enterrados en el cementerio de su isla natal. Ahora toma sus dos manos y, por consiguiente, la fémina se ve obligada a ladear su cuerpo para quedar frente a frente con Kiyoshi. Este incluso tiene la mascarilla baja para enseñar del todo su rostro. — Relájate. Si Jin sabe de algo es sobre estas cosas. Es un yakuza, pero confía en él. Está conmigo en esto y ninguno de los dos te entregará al enemigo ahora que has accedido a ayudar. Qué cosas dice Kiyoshi. Literal acaba de afirmar que es correcto confiar en el gran Onizuka Jin, algo totalmente impensado días atrás. El motivo de esto es bastante simple, y volvemos a lo de antes: el contrato. Al ser un profesional, para bien o para mal, el médico cree que ambas partes actuarán con la ética necesaria para cumplir con lo pactado. Aun cuando no le agrada la profesión que el más bajo tiene, es consiente de que, en este momento, es su principal hombre de confianza. Esto puede cambiar más adelante, pero la realidad de ahora es esta. Aquí, en medio de este intercambio de palabras y miradas, se activa inconscientemente un talento peculiar de Kiyoshi. La memoria que tiene para recordar lugares como si fueran imágenes inventadas por él mismo, es increíble. Viendo hacia las paredes, que obviamente cuentan con ventanas que detrás tienen a vigilantes atentos en todo momento para proteger a su patrona, encuentra algo diferente a la última vez que miró desde el rabillo del ojo. Hay algo raro. De pronto, Kiyoshi usa la poca fuerza que tiene para empujar a Elena hacia atrás, provocando que caiga al piso con silla y todo. Además, impulsa sus propios pies para él también lanzarse a tierra. Apenas un segundo luego de la doble caída, un disparo rompe el vidrio, atraviesa exactamente la posición en que antes estaban ambas personas, y la bala se incrusta en la pared que seguía de largo. — ¡Jin, la mesa! — De seguro él podrá reaccionar rápido y con fuerza, pues ya ha hecho gala de las excelentes cualidades físicas que posee, pudiendo derribar la madera adornada con mantel y cubiertos para que funcione como un muro que los proteja de futuros proyectiles. En el exterior, el caos inicia. De entre todos los hombres, solo algunos son la escoria traidora que merece pudrirse en el infierno. Muchos sin trabajadores que, tal como dijo Elena, se han encargado de su protección desde que era una infante o una adolescente. Toda una vida protegiendo esa sonrisa tan encantadora. — Oye, ¿qué diablos haces? — ¿Quién fue el que disparó? — ¡Hay que cuidar a la señorita! Se escuchan muchos gritos, pero también disparos. Gritos que antes eran de alerta, ahora son de dolor y sufrimiento. Los buenos, por diferenciar a los guardias de alguna forma, son tomados por la espalda con la guardia baja. Los malos, aprovechan el factor sorpresa y los derriban a todos a punta de bala, sin importarles que la mayoría pierda la vida. Y es que son tipos sin escrúpulos, sin código de respeto a la vida. Los disparos siempre van hacia la cabeza o a zonas en donde el impacto puede ocasionar un daño letal. No existe la piedad en este mundo, al menos no cuando la corrupción y el control desde detrás de escena se hace presente. De los tres encerrados, seguramente Jin sea el que más sepa de todo esto. Por eso siempre lo supo, el tiempo le dio la razón bastante rápido. Ahora, con los guardias buenos abatidos, son ocho los malditos que siguen acribillando la vivienda desde fuera, abriendo ya las ventanas para apuntar directamente la mesa que protege a nuestros protagonistas. — Vamos a morir, vamos a morir… Kiyo, yo… no quiero morir… — Lágrimas escapan desde el rostro de la muchacha. El médico quiere consolarla, pero la verdad es que también tiene miedo, también duda sobre si podrán salir vivos de aquí o no. Sus ojos expresan miedo, y busca socorro en el de mayor experiencia en el rubro: Jin. — ¿Qué podemos hacer? Estamos atrapados. No usan simples pistolas, su munición es peligrosa. — Para un tirador como él, solo escuchar los ruidos de impacto de las balas le permite entender que no tienen del material más barato. — Estoy segura de que papá no les dio eso… — Lo que confirma que son infiltrados. — ¡Será mejor que entreguen sus cabezas, malditos! Sabíamos que alguno vendría tras la chiquilla esa, esperamos pacientemente el momento. Quién diría que los dos se unirían para dar con ella y ahora podamos deshacernos de tres seres tan molestos como ustedes. — Un tono de voz altanero, molesto, un tonto en toda regla. — Ya murieron los Maeda. Luego vienen los Grace. Después sigue alguien que el peligroso Onizuka Jin atesore. Aún no damos con la información, pero es imposible que algo se escape frente a nosotros. Por ahora, empezaremos con ustedes, pero no se preocupen, al único que haremos sufrir será a Jin. Los otros dos morirán bastante rápido. Kiyoshi, intentando envalentonarse un poco, toma su bolso y lo abre, sacando su ya reconocido rifle. Está listo para actuar. — Jin, prioriza la seguridad de Elena antes que la mía. Yo crearé un camino, tú cúbrela y, si puedes, acaba con ellos. — Un plan casi suicida, pero que no da tiempo a debatirlo. Kiyoshi se levanta, enseñando esos dos metros de estatura imposibles de ignorar. De inmediato, el tipo que observa desde la ventana del frente se prepara para jalar el gatillo, pero Kiyoshi es más rápido. Un disparo directo a la cabeza que le quita a la vida. Uno menos. Da un paso hacia atrás para evitar el disparo que viene desde la diagonal del costado superior derecho, otra ventana grande. La bala roza y rompe tanto la ropa como su piel a la altura del vientre, ocasionando un leve sangrado. Nuevamente Kiyoshi dispara y no falla, ocasionando una segunda baja. Ante esta doble caída en cuestión de segundos, los seis restantes se alertan y cubren en el exterior, esperando el momento adecuado para disparar. Saben que en algún momento, los tres deberán salir si quieren huir. Ese será el momento para atacar. — ¡Es inútil que se resistan! ¡Morirán de todas formas! — Nos están subestimando, tontos Un leve gesto con la cabeza le indica a Jin que ya se mueva en compañía de Elena. Como todos esperan que Kiyoshi salga por la única puerta que lleva al exterior, los otros puedan usar alguna ventana alternativa para ganar terreno fuera y así, quizás, atacar al enemigo ayudándose de la carnada que, ahora, atrae las miradas y atenciones de todos. Por dentro, Kiyoshi tiene miedo, mucho miedo. Su cuerpo no deja de sudar de una manera increíble, pero se muerde el labio —ya se subió la mascarilla antes de levantarse del suelo—, tensa todos los músculos de su cuerpo y sigue para adelante. Su labor es la misma de siempre que sostiene su arma: apuntar y disparar. Confía en que, mientras haga eso, estará bien. — Por favor, protéjanme una vez más, mamá, papá.
OFF ROL
RE: La primera pista [Pasado - Jin] - Onizuka Jin - 06-12-2025 ¿Qué si conocía a Brandon Lee? Su rostro se volvió molesto, su mandíbula se apretaba, marcándose incluso en su propio rostro. Su semblante normalmente paciente ahora mostraba una expresión completamente diferente. Molestia, y no especialmente poca. ![]() —Sí, conozco a ese estúpido viejales.
Sabía qué debía hacer nada más salir de allí. Moverse, buscar, sacar toda la artillería pesada, incluso en contactos que posiblemente ni siquiera él quería volver a acudir más… Eso lo tendría que llevar lejos, viajar incluso. No permitiría que se le escapara de entre sus dedos. El odio dirigido hacia ese hombre era sincero. No debía asustar a la muchacha, eso sí, sabía bien que debía controlarse, pero no se había percatado de que había usado “esa voz” al recordar a Brandon y hablar. —Cuando salgamos de aquí, le contaré lo que sé de él, joven Maeda. Tampoco te dejaré rastrearlo por tu cuenta, más sabiendo que esto es algo mucho más grande de lo que pensaba. — Por no mencionar que era consciente del peligro que aquello pudiera suponer. Debían ir con cuidado, más de lo que él mismo pudiera imaginar quizás. Prepararse era una de sus prioridades, incluso facilitar más facilidades al joven para conseguir provisiones, o balas. Lo que sabía era que debía ponerlo más al día de lo que creía. Quizás, de no ser por la forma de educar de la muchacha, se habría sorprendido de la acusación con la que lo estaba señalando. Sin embargo, no esperaba que su inocencia llegara a semejante nivel. ¿Acaso no tenían en mente que las traiciones existían? Había visto miles de ellas, sufrido incluso algunas. Sus ojos no cambiaron, ni siquiera cuando la muchacha estaba claramente molesta por la acusación que el hombre había realizado. Sus ojos solo la observan como si no hubiera elevado la voz, como si solo hablaran del clima. Iba a abrir la boca para darle otra lección sobre la vida real… Y lo sorprendió siendo no solo Kiyoshi quien la trató de convencer, sino que incluso parecía al fin, al menos con sus palabras, mostrar un mínimo de confianza que ni él pensó que tenía. Fue allí cuando algo no cuadró. A diferencia de Kiyoshi, él no había visto nada, ni en recuerdos ni similares, pero sí tenía instinto… y un oído lo suficientemente agudo para poder escuchar, incluso desde allí, los sonidos. Ahora que había un silencio, lo escuchó claro. Un clic, un sonido similar a balas incrustándose con cuidado, incluso una ayuda externa. ¿Un silenciador, quizás? Jin para entonces ya se estaba moviendo, en el mismo instante que el propio Kiyoshi empujaba a la mujer, él ya estaba lanzando la mesa al suelo, rompiendo una de las patas de forma inmediata, haciendo que la propia cayera de frente a la puerta principal. No era todo, podía escuchar también los pasos desde el exterior. Eran más de lo que pensaba. Elena, en cambio, estaba completamente confundida, sus manos sobre la cabeza, asustada a más no poder, posiblemente paralizada por el miedo incluso. Sus palabras ya estaban diciéndole a Jin qué tan poca experiencia había padecido en ese tipo de situaciones. Podría decirle lo típico, echarle en cara que había tenido razón, pero no era el momento, y el tiempo se les echaba encima. Lo que lamentaba ahora era tener todavía la pierna con sus vendajes. Sabía que no lo habían visto, se había asegurado de ello. No podía permitirse mostrar ningún tipo de herida o debilidad contra ningún enemigo. ![]() —¡MAEDA!
Lanzaba un cajón recién arrancado de un mueble cercano en dirección al joven en el instante que una bala atravesaba la primera puerta principal. Agradecido se encontró de que fuera de metal, algo poco común, pero fue suficiente para que la bala abollara el objeto y moviera un poco la trayectoria. Esa era una bala de un calibre más grande de lo pensado. Automáticamente desenvainó su katana, ahora con los pasos yendo a toda velocidad hacia un nuevo mueble, una estantería tipo armario, que ahora trató de empujar de espaldas en dirección a una de las ventanas donde los pasos se iban acercando más. Eso les daría algo más de tiempo, se verían obligados a tener que rodear el lugar hasta la siguiente. Los cristales de las copas interiores temblaban a la fuerza que ejercía el yakuza, hasta que una bala atravesó el cristal, una que fue directamente al techo. ¿Cuántos iban a ser? Su mente solo funcionaba en modo supervivencia de forma automática, incluso en esa situación de peligro. Solo eran dos, la chica no la contaba, estaba más asustada de lo que podía ser útil en ese instante. La adrenalina está funcionando, pero incluso así, llega a escuchar las palabras de Kiyoshi, esa pregunta. Necesitaban un plan, y rápido. ![]() —Lo mejor es ponerse más estratégicos. Puntos ciegos, flancos concretos.
Señaló una esquina, donde dos de las ventanas que todavía podía tener tiradores no podrían verlos, ya que uno estaba en un lateral del otro y, gracias a la acción rápida del yakuza, la misma ventana que podría hacerlos ser vistos ahora estaba ocupado con el mueble. —Muévanse hasta allí. — solo lo señaló con los ojos, esperando que así al menos el más alto lo entendiera. Lo primero que se le vino en la mente al escuchar sobre alguien importante para él fue la imagen sonriente de su hermana. Se había encargado de no ponerla en peligro, pero viendo de dónde venían, nadie podía confirmar que no estuvieran comenzando a mover hilos. Ni siquiera su propio jefe conocía de su existencia. La mano que sostenía la katana se apretó con firmeza, con una furia que no recordaba haber mostrado siquiera en su rostro. Ahora lo sabía. ![]() Iba a matar a todos esos cabronazos.
Pese a todo, trató de mantenerse sereno, calmado. Todavía tenía el Den-Den Mushi, debía informar pronto a su jefe, quizás alguno de los hombres pronto iba a darse cuenta de la situación y ayudarlos… pero no siempre iba a contar con ellos, la experiencia hablaba por sí misma. La pierna le estaba comenzando a dar problemas, quizás usar el peso de su cuerpo para el mueble no había sido la mejor opción para un disparo de bala que estaba terminando de sanar. Sus ojos descendieron, chasqueando la lengua. Los únicos que quizás los pudieran ayudar estaban siendo claramente masacrados, dudaba que siquiera fuera a quedar alguno con vida, lo que significaba que estarían solos. —¿Qué? ¡No me voy sin Kiyoshi! ¡No ahora que al fin te vuelvo a ver! — Jin sabe que, incluso si quiere ponerse en contra, no puede sacar a ambos de allí. Si al menos Elena supiera pelear, sería un asunto distinto. Solo no le da tiempo a seguir quejándose, la agarra de la cintura, cargándola sobre su hombro. Al menos dos bajas de ocho ya es bastante, van avanzando. Vuelve a señalar con la mirada a Kiyoshi el punto estratégico, quizás así ganaría más tiempo. —¡SUÉLTAME MAFIOSO ESTÚPIDO! Qué maldita ruidosa. Quería dejarla inconsciente, pero no era la mejor de las ideas. En el momento de la segunda baja, sus piernas comenzaron a correr. No eran necesarias palabras, pero más le valía al joven mantenerse con vida con lo que le quedara. ¿Siquiera tendría balas suficientes? No pensó. Ir por la puerta principal era un suicidio, por ello se limitó a aprovechar la puerta abierta para saltar hacia ella. Sus piernas se movían de forma ágil, veloz. Claro experto en situaciones así, mas no en volver a rescatar a nadie… Algo que le iba a tocar hacer ese día. La muchacha se aferraba a la espalda del hombre con desesperación al no querer perder el equilibrio. —¡ALLÍ! ¡DISPAREN! Los ojos de Jin, sorprendentemente calmados, solo vieron las armas dirigidas automáticamente hacia los dos que, en el momento de ser disparados, él ya se estaba lanzando contra el suelo. No estaban en un piso alto, pero sí tuvo que rodar con la muchacha para evitar unas cuantas balas más que buscaron impactarlos. Pronto volvió a tomar el equilibrio, tropezando por la pierna que volvía a darle problemas, recuperando rápidamente el equilibrio para correr. Quizás así daría más tiempo a Kiyoshi a que fuera a poder moverse, reducir el número ahora mismo era lo mejor. ¿Qué diantres estaba pasando últimamente con todo el condenado mundo queriendo dispararle? Dobló la esquina, viéndose obligado a frenar con sus piernas, deslizándose con los zapatos por el suelo de la propia calle al estar corriendo a esa velocidad. La chica ahora estaba más asustada que molesta, al menos parecía que había dejado de gritar estupideces. Se adentró sin pensar en una bodega, a toda velocidad, cerrando la puerta tras de sí. Algunos de los hombres los seguían, pero parecía haberlos conseguido perder. No cantaba victoria, ni mucho menos. Se escondió entre unos barriles, dejando a la chica frente a él. Ella abrió la boca, pero automáticamente él cubrió los labios de la muchacha, negando con la cabeza. —Shhhh.— Su voz sonaba bajita, suave. La puerta se abrió, ahora revelando algunos de los hombres que los habían seguido. Dos de ellos. Jin preparó la katana con su diestra, mientras la zurda mantenía los labios de la mujer completamente sellados. La chica temblaba en su agarre, no por él, sino el terror que todavía la estaba paralizando una vez más. Sus ojos en cambio estaban enfocados en los enemigos, los dos. Tenía que dar golpes serios, un tajo, quizás dos. Con una sola mano debía calcular el movimiento de ambos, lo más veloz que le fuera posible. Sus labios fueron al oído de la mujer, susurrando lo más bajo que le fue posible. ![]() —No haga ruido, o estaremos los dos muertos. La soltaré, pero no corra, o la dispararán. ¿Queda claro?
La mujer asintió con la cabeza, asustada. Pronto Jin la soltó, muy despacio, a la vez que los pasos se iban acercando. Gracias a su oído calculaba exactamente por dónde iban incluso si no los podía ver directamente. Su mano ahora fue hacia el bolsillo del abrigo de su traje, retirando de allí una de sus dagas. Usaría sus dos armas… Y se escuchó cómo alguien quitaba el gatillo, disparando a un barril aleatorio. La mujer ahogó un gemido, cubriendo sus propios labios, ahora cargada de lágrimas de terror. Jin, por otro lado, descendía su cuerpo, saltando en el momento justo para usar ambas armas directas hacia las manos que tenían las armas. Sus reflejos fueron suficiente para cortarles las manos a cada uno. No los dejó gritar, solo alertaría a otros que pudieran estar cerca. Sus dos armas fueron directos al cuello de los dos hombres, abriendo sus dos brazos, haciendo un rápido movimiento al frente, atravesando la garganta de ambos, de modo que las dos atravesaron por completo sus cuellos. El silencio fue inminente, el único ruido fue el de él retirando las armas de la carne, y los cuerpos cayendo al suelo. La sangre pronto comenzó a manchar el suelo. Jadeaba, su pierna cada vez con más problemas. Volvió la mirada hacia la mujer, se acercó a ella. —Mejor no mire si no quiere vomitar. — Sospechaba que no estaría acostumbrada a ver cadáveres, por ello solo la tomó del brazo, arrastrándola y, despacio, saliendo de la bodega. Tenía que dejarla en un lugar seguro, lejos de la vista de los demás o, como mínimo, distraer a todos los que pudiera. ¿Cuántos más quedaban? Sabía que eran menos. Quedaban dos de los que los habían perseguido todavía. —Quédese detrás de mí, no se aleje ni por un momento, ¿queda claro? — la mujer asintió. Él la tomó de nuevo, cargándola a sus espaldas como a un saco una vez más, corriendo de vuelta al inicio, solo que esta vez desde otro punto de vista. Se introdujo en las cloacas, sin siquiera decir nada a la mujer, quien pronto hizo sonidos de arcadas. —Aquí estará segura. No se mueva. —¿Está loco? Esto huele terrible. ![]() —Escúchame estúpida niña mimada.
Ahora sí, su voz se volvió de nuevo a “esa” voz, con un dedo señalando en dirección al rostro de la mujer. —Si quieres morir, adelante, sal de aquí, pero tengo cosas mejores que hacer que dejar morir al joven Maeda. ¿Le queda claro? No estaría atrás si no fuera por sus estúpidos lloriqueos, así que cierre esa condenada boca y obedezca. Como se atreva a moverse antes de que YO vuelva, le aseguro que se arrepentirá toda su maldita vida. ¿He sido claro? — La mujer solo tragó saliva, su voz la asustó, su expresión, su amenaza. Asintió enérgicamente con la cabeza. —Bien. — Sin más que decir, salió en silencio de la alcantarilla, haciendo el mínimo ruido posible, confiado en su ya experiencia en la infiltración. Quedaban 4, sin contar el que había perdido por el camino. Dos de ellos en el exterior, posiblemente el resto en el interior. Tenía que encargarse de ellos, ¿Cómo? Ahora se complicaban las cosas. Estaban demasiado separados, no tenía la misma habilidad de disparar que Kiyoshi. Chasqueó la lengua por lo bajo, buscando la entrada principal. Lo mejor era primero acercarse al que tuviera más cerca desde atrás, mientras el resto seguían distraídos… O algo peor. ¿En serio iba a hacerlo? Sí, ahora mismo, era la única alternativa. Fue a por el que tenía más cerca, guardando ahora la katana, cubrió sus labios y lo sujetó con firmeza. El hombre pataleó, pero él no dudó en pasar la daga por toda la extensión de su cuello, abriéndole la garganta. El sonido ahogado del esófago abierto, con la sangre que ya estaba manchando su propia ropa ya lo hizo suficiente para saber que estaba perdido. Tomó el arma entre sus manos, robándola del hombre que ahora soltaba y caía al suelo. Pronto se acercaron los pasos, y él elevó la pistola. Una de un calibre generoso, posiblemente uno de los que habían disparado al inicio. Apuntó directamente hacia el primero que se acercó, quitando el seguro, viéndose obligado a cerrar uno de sus ojos para dar un disparo directo. No acertó en su cráneo, pero sí al menos en su rostro, mejor que nada ya era. El disparo no alertaría a los demás, no a menos que no hubieran dado la señal de alto al fuego. —¡ONIZUKA! — En el momento del grito, ya era tarde, un disparo fue directo a sus espaldas. Se movió lo más rápido que pudo, no pudiendo evitar un impacto directo a un lateral de su abdomen. Apretó los dientes, el dolor ascendiendo, la adrenalina… Elevó de nuevo la pistola, la sangre ahora manchando su propio traje. No tenía tiempo… No lo tenía. Guardó la daga, preparándose para lo que había aprendido con su jefe. Su movimiento, veloz, eficaz, impactante, fue directo a usar el Kageuchi contra el hombre. Impacto inminente. El dolor podría provocarle el placer característico, pero por una vez, la adrenalina lo tenía por las nubes, trabajando en modo automático. Su mentalidad era la de ayudar a Kiyoshi. Estaba dejando un rastro de sangre, al momento de ahora clavar la catana directo al pecho del hombre. ¿Cuánto tiempo quedaba? ¿Cuántos de ellos quedaban? Solo estaba enfocado en la situación. Elevó la mirada hacia una de las ventanas, su mano ahora apretando la herida de su abdomen. ![]() —Kiyoshi…
Apenas mencionó el nombre en un susurro, ahora buscando con la mirada la ventana por la que había salido previamente con la chica. La pierna estaba siendo ahora un problema peor, comenzaba a cojear, y ya ni mencionar la nueva herida. Esperaba que estuviera bien… O que estuviera al menos en mejores condiciones que él... Pero el tiempo no estaba a su favor. El dolor estaba siendo peor, su movilidad tampoco mejoraba y, para empeorar las cosas, aparentemente los que quedaban ahora se estaban acercando hacia donde estaba a consecuencia del grito del hombre que gritó por su propio apellido. Allí estaba, ahora estaba siendo el cebo. ¿Podría siquiera huir de allí? Respiró profundamente, recomponiéndose incluso con el dolor. La sangre era demasiado visible por su ropa, quizás el factor que pudiera impactarlos era que pudiera llegar o no a ser suya. Ya había acabado con unos cuantos de ellos, sus manos y sus propias armas todavía estaban en ello. La pistola que tenía en la mano se había quedado sin munición, el "clic" ya le hizo entender que tendría que desecharlo. Retiró nuevamente su daga, preparando también su katana.
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RE: La primera pista [Pasado - Jin] - Kiyoshi Maeda - 08-12-2025 La teoría es importante, no se lo podemos debatir a un hombre tan estudioso como Kiyoshi. Siempre fue un chico que vivió encerrado, y lo único que tenía para divertirse era el leer. Desde muy pequeño, esa se convirtió en una de sus aficiones. No cualquiera se convierte en un médico, menos en uno tan confiable, al menos en su nivel actual. Sabe que aún le falta mucho camino por recorrer, sobre todo cuando hablamos de la experiencia en campo. Aun así, el conocer distintos ejercicios de respiración le ayudan en este momento a calmarse, a apuntar de forma certera a cualquiera que se presente en su campo de visión. Y es que tener memoria fotográfica es muy útil. Apenas algo sea diferente a la imagen en su mente, el gatillo se presiona y la bala va directo al objetivo. No recula el si va a un punto clave o no. Solo dispara. Lamentablemente, al no tener demasiado dónde cubrirse, porque por más que Jin intente darle indicaciones sobre cómo obtener cobertura en lo que sale del local, sus ojos solo se desvían segundos hacia los dos que podemos llamar compañeros. Les preocupa su seguridad, más aun la de Elena. Por mucho que sus padres tengan que ver en todo esto, ella no es la responsable de nada. De hecho, incluso se atrevió a hablar y entregarle información útil. Colaboró como se le pidió y, por eso mismo, lo correcto es garantizar su bienestar. — Será mejor que no me decepciones, Onizuka Jin. — Aunque tampoco quiere que él se sacrifique con tal de cumplir esa labor. Quiere que los tres sobrevivan, que los tres tengan un día más allá de este. La pregunta es si el destino estará de su lado hoy, si la Diosa de la Fortuna se pondrá de su lado para así incidir directamente en el resultado de esta miniguerra que estalló de un momento a otro. Desafortunadamente, Kiyoshi no es alguien que crea en religiones, dioses ni nada por el estilo. Su creencia está en la ciencia, y ahora mismo no le ayuda en nada. Ya ha abatido más personas, intentando ser fuerte mentalmente para que el dolor por haber exterminado vidas no sea más grande que su confianza al disparar. Para peor, como si los ocho en total que aparecieron primero para aguar la fiesta no fueran suficientes, avista como un nuevo grupo se presenta en la escena. Algunos se quedan a disparar contra el médico, mientras que otros, tras recibir un gesto de mano de quien debería ser su líder, buscan rodear el recinto, seguramente para buscar a los dos que ya escaparon. Kiyoshi pelea hasta el fin, pero es derribado. Un disparo en el muslo derecho, similar al que él mismo le dio a Jin días atrás, le provoca caer. Suelta su rifle al instante, pues hablamos de un hombre cuya resistencia física es muy baja. Cierra los ojos y presiona la herida con una mano, intentando aguantar y no soltar quejido de dolor alguno que le haga mostrar una imagen patética de sí mismo al resto. Sin embargo, para cuando sus orbes se separan y retoma la mirada hacia el frente, ya hay una pistola apuntando a su frente. Kiyoshi Maeda ha sido derrotado. — Es tonto que te resistas, como dirías tú. — Parece que alguien conoce a nuestro protagonista. — Debiste olvidarte de tus padres y seguir tu vida. Si no hubieras osado a entrometerte en todo esto, quizás te habríamos dejado vivir. Tú mismo estás cavando tu tumba. Pero no te preocupes, seremos buenos tipos y echaremos tu cuerpo en la misma tierra donde se encuentran los traidores de tus padres. Así podrás encontrártelos en el infierno y exigirles las disculpas pertinentes por involucrarte en todo esto. — Finaliza sus míseras palabras con una risita altanera, confiada. Cree que tiene el destino de todos sobre sus manos para así hacer con ello lo que quisiera. El pelinegro se nota molesto, también frustrado. ¿Por qué es tan débil? ¿Por qué no puede atravesar desafíos por su cuenta? ¿Por qué desde siempre necesitó que alguien más lo cuide? Es horrible la sensación de no poder hacer nada por tu cuenta, de no sentirte suficiente para vivir día a día en este mundo tan cruel. — ¿Qué se sentirá ser una persona fuerte? — Esto es lo que se pregunta ahora que ya ve abiertas las puertas de la muerte frente a él. — Podría asesinarte en este momento, pero será más divertido hacerlo frente a los ojos de esa muchacha. Si la obligamos a presenciar tu muerte, de seguro será más divertido ver su cara cuando le volemos los sesos a ella también. ¿No estás de acuerdo con eso, doctor? Qué tipo tan horrible, tan sanguinario, tan tonto. A Kiyoshi se le nota una vena en la frente, producto de la ira. Sin temor alguno mueve la mano libre para bajar la mascarilla que cubre su boca y así hablar con más claridad. — Eres un tonto y un imbécil. Odio a los tipos como tú, que ven la muerte y la salud de las personas con tanta simplicidad. Tal vez no sea yo, pero estoy seguro que alguien que valore la vida se encargará de darte tu merecido algún día, porque un perro asqueroso como tú es lo mínimo que se merece. — Jamás pensó que sus insultos no tendrían consecuencia, la cual llega en forma de un fuerte golpe en todo el rostro que incluso rompe su nariz, causando un sangrado inmediato, siendo el segundo tras el que tiene en su pierna. De fondo, solo se escuchan risas, no solo de este tipo, sino que también de sus secuaces. La superioridad numérica siempre trae consigo alegría y confianza, sin importar el sufrimiento de aquellos que, soportando la frustración de no ser los libres de elegir su camino, solo les queda entregarse a lo que predican las páginas escritas por alguien más. Lo que ellos no saben es que siempre sucede algo que voltea la tortilla, que te enseña lo que es la humildad y a no confiarte aún cuando tienes la victoria servida en el más lujoso de los platos. Transportándonos un poco a lo que es el interior del recinto, Jin está acabando con todos, sin importarle que él mismo acabe herido. El yakuza muestra por qué los que pertenecen a esta facción son tan peligrosos y tienen tantos enemigos, porque si los dejas actuar a sus anchas, cuando menos te lo esperen te enseñarán lo que es el verdadero poder. Entrenados desde niños, educados en distintos artes marciales, son el tipo de enemigo con el que no quieres involucrarte a no ser que tú también seas un experto en la materia. De hecho, debemos valorar la valentía que tuvo Kiyoshi al enfrentarlo cara a cara aquel día en la habitación. Un hombre cobarde y precavido afrontando sus miedos con tal de seguir sus sueños, aunque estos traten más que nada de una venganza. Lamentablemente para Jin, quien está más cerca de lo que todos creen, no está avanzando tan en secreto como se piensa. El clic que suelta la pistola sin munición es el sonido necesario para ser descubierto y que, uno de estos malditos desalmados súbditos del mal, lo encuentre por la espalda. No le dispara, pero sí le da una fuerte patada en la nuca que puede ocasionarle un mareo no menor. También, para asegurarse de que no intente nada en su contra, porque sabe que bajar la guardia ante el Onizuka puede ser el peor de sus pecados, pisa violentamente sus manos, posiblemente rompiéndole varios dedos, así impidiéndole que pueda sujetar cualquier arma a no ser que desee quedarse sin esas extremidades tan valiosas. Una vez relativamente asegurada la victoria, pega un silbido dirigido hacia el exterior. Kiyoshi escucha y concentra su capacidad auditiva. El líder hace un gesto con la cabeza a dos de los suyos y los manda hacia dentro. Una vez ahí, entre los tres toman de la ropa a Jin y lo arrastran hacia fuera, enseñándoselo a Kiyoshi. El yakuza puede seguir consiente, pues es fuerte como para aguantar la patada en la nuca, pero no está en las mejores condiciones. Al menos puede ver que Kiyoshi no tuvo mucha mejor suerte que él, si es que eso le tranquiliza un poco. — Tonto, ¿dónde está Elena? ¿Qué le hicieron a Elena? — Pregunta un Kiyoshi desesperado. — ¿Por qué volviste? ¡Te dije que te la llevaras! — Un nuevo golpe recibe en el rostro con el único propósito de callarlo. Acto seguido, recibe una patada en el abdomen que le hace escupir y toser en reiteradas oportunidades. Ahora, el líder se acerca al pobre Jin, manteniendo siempre esa sonrisa sobrada y tan molesta. En este momento, se siente el dueño del mundo. — ¿Te das cuenta, Jin? Siempre te dije que me vengaría de ti. ¿Es que crees que nunca me enteré de lo que hiciste, sucio bastardo? — Parece que estos tienen un pasado en común. Y es que recién Jin puede verle la cara al líder del grupo que los ataca en esta ocasión, pudiendo reconocerlo de su pasado. — Sé que te acostaste con mi mujer, hijo de puta, así que te espera la mayor tortura que has imaginado en tu vida. Y no te preocupes, porque ya estamos cerca de dar con “esa persona”. Nadie me humilla y vive tan tranquilo luego de eso, imbécil. En total, hay cinco personas aquí afuera del bando enemigo. El líder, los tres que trajeron a Jin y uno más. Todos armados, por supuesto, con armas de fuego. Ni siquiera espadas o dagas como para arriesgarse a enfrentarse a cuerpo a cuerpo, porque estas trampas que colocan deben ser con toda la ventaja del mundo. Darle chance al error y a la derrota es inaudito, imposible de concebir. ¿Qué procederá ahora? ¿Golpearán a la dupla de los hombres con traje en lo que aparece la otra muchacha, o harán algo más? Ni es necesario ir a buscarla, porque ella misma se encarga de venir a este terreno. Sin duda quedó muy asustada tras la amenaza/advertencia del yakuza, pero estar ahí, sola y encerrada, también le era aterrador. Además, esa mujer realmente está enamorada de Kiyoshi, y si bien no se ha involucrado del todo en este universo tan turbio en el que se involucran sus padres, sabe perfectamente lo que le puede ocurrir a su amado. Se arma de valor y decide volver, porque una mujer enamorada es capaz de todo, es capaz de enfrentar las mayores catástrofes sin detenerse en ningún momento. Solo recordaba el camino por el cual la trajo Jin. Aunque estaba asustada durante ese trayecto, posee un intelecto bastante alto, así que fue capaz de memorizar el camino inconscientemente. Obviamente, cuando ya está cerca, no se presenta así como así, sino que primero se esconde. Ve a sus “aliados” notablemente heridos, sobre todo a Kiyoshi que tiene toda la cara cubierto por ese líquido carmesí. Debe actuar, y pronto, mas no sabe cómo. — Dime, Jin, ¿qué te parece si te dejo ver en primera fila cómo asesino al mocoso de los Maeda y a la consentida de los Grace? Tú también eres escoria como nosotros, por lo que debe hervirte la sangre por la emoción que te causa todo eso, ¿no es así? Porque no me digas que les has vendido el cuento de que eres un buen tipo, porque tanto tú como yo sabemos que eso no es verdad. A paso lento se acerca a Kiyoshi y lo patea una vez más en la boca del estómago, causando que ahora no escupa saliva, sino que sangre. — ¡ELENA! Si no aparece en este momento, mataré a Kiyoshi y te haré dormir con su cadáver antes de asesinarte a ti también. — Una amenaza cruda, directa, que asustaría a cualquiera. Este tipo no tiene límites, y es feliz de ello. Elena, dispuesta a salvar al amor de su vida, se arma con un cuchillo desde la cocina. No piensa mucho sobre cómo aparecer en escena sin que le disparen antes. Solo tiene en mente la idea de apuñalar al tipo que se cree con el derecho de quitarle la vida a Kiyoshi. Ocurre que justo sobre el cráneo del médico, hay una ventana. No es muy amplia, pero sí lo suficiente como para que caiga una chica, considerando que es delgada y no muy alta. Armada de coraje —y un cuchillo—, se asoma, introduce medio cuerpo por el agujero y es avistada por uno de los malos. — ¡Jefe, cuidado! — Esta alerta, algo tardía, ayuda a que un movimiento de apenas unos centímetros, evite que el cuchillo se clave en su cabeza y solo lo haga en su hombro. Elena cae al piso, quejándose del dolor en sus rodillas debido al impacto. El líder, enfurecido, toma el cuchillo y se lo clava en el cuello, matándola en el acto y frente a todos. — Niña imbécil, ¿quién te crees que eres? ¡Bang! La cabeza del hombre es atravesada por una bala disparada por el rifle que tiene Kiyoshi en sus manos. Los ojos del médico enseñan pánico, no se cree lo que acaba de ver. — ¡AHHHHHHH! — Un grito desgarrador es lo único que suelta mientras dispara una y otra vez, convirtiéndose en el autor de una matanza. Todos murieron baleados. El único a salvo es Jin, quien es el único testigo de lo que acaba de pasar. Kiyoshi, aquel hombre enfocado en salvar vidas, hoy ha quitado demasiadas. Sus ojos se llenan de lágrimas. La adrenalina que corre por su cuerpo ayuda a que se olvide de todos los dolores físicos que experimenta y corra desesperado hasta la muchacha. La toma del rostro y la zarandea una y otra vez. — ¡Despierta! ¡Despierta! ¡Despierta! No te mueras, por favor... — No nos confundamos, Kiyoshi no posee sentimientos amorosos hacia ella. Sin embargo, considera que está metida en esto porque ellos, él específicamente, la fue a buscar para obligarla a inmiscuirse en este caso. Por lo tanto, se considera culpable de su muerte. Abatido, suelta el cuerpo y recuesta su rostro en el vientre del cadáver, continuando su llanto. Un hombre sin emociones, un hombre que parece tener hielo en las venas, ahora está roto. — Soy tan débil… No puedo salvar a nadie, ni a mí mismo… ¿Por qué todos mueren…? ¿Por qué…? RE: La primera pista [Pasado - Jin] - Onizuka Jin - 13-12-2025 No se percató hasta el momento, sus oídos… no los había afilado, bajó la guardia por el disparo de su herida y… ![]() Sintió el golpe a sus espaldas. El dolor ascendió, trató de mantener el equilibrio, soportar la sensación de mareo, pero su cuerpo descendía hasta caer al suelo. Jadeaba, su vista estaba nublada por la confusión. Todo era borroso. ¿Escuchaba sus oídos pitando? Las manos temblaban debido al sobreesfuerzo de tratar de levantarse, solo para sentir la patada directa en la zona de la herida. Pese a ser desde sus espaldas, y no justo en la zona, el frío suelo se apretaba contra la misma, haciéndolo apretar los dientes por el dolor, emitiendo un quejido de entre sus labios. Sus manos ahora temblaban, pero se mantenían aferrados a la katana, luchando internamente para poder moverse, y de nuevo un pisotón, ahora directo a sus dedos. Ese sí lo hizo gritar de dolor, siendo que los dedos se partían, el crujido sonaba terrible. Jadeó cuando sintió brazos levantándolo del suelo, pasando sus brazos tras su espalda de modo que no pudiera moverse. La katana quedó atrás a medida que lo iban arrastrando hasta acercarlo donde se encontraba Kiyoshi. El silencio invadió su alrededor… uno que fue roto por la propia voz del joven. Aquello logró terminar de despejarlo de aquel estado de confusión, sacudiendo la cabeza dos veces, ahora sí, sintiendo el dolor en sus dedos. A duras penas podía mover los de su mano. Trató de sacudirse, pero para entonces ya lo habían forzado a sentarse a una silla y atado a unas cuerdas contra ella. Elevó su cabeza, recordando a la muchacha, quien en su mente estaba a salvo. Solo se mantuvo en silencio, negando con la cabeza, dándole a creer que realmente no había sobrevivido, incluso si era falso. Todo con la intención de, por el momento, protegerla. Pudo ver entonces al hombre, que pronto reconoció. No era solo que tuvieran un pasado juntos, era que claramente también compartió cama y mujer. Solo sonrió de medio lado al escuchar sobre que encontraba a “esa persona”. Una confianza extrema que mostraba en señal de desafío y, sin embargo, la furia y los ojos dilatados gritaban lo contrario, que deseaba matarlo en ese mismo momento. ![]() —Oh, escuché que tu mujer se dio cuenta de que le eras infiel cuando la probé. Lloraba mientras la disfrutaba.
Un nuevo golpe, sin compasión, sin cuidado, directo a su rostro. Jin comenzó a toser, escupiendo la sangre directamente en el rostro del individuo, sin inmutarse pese a la situación. Era consciente de que lo necesitaban vivo el máximo tiempo posible y que, como se dejara arrastrar por aquello, solo sería peor. Jadeaba, ahora siendo sujeto por varios hombres al ver que Jin recuperaba fuerzas. —Te lo he dicho, nadie me humilla y vive tranquilo luego de eso. — el hombre hizo una señal, a lo que uno de los hombres lo sujetó firmemente con las manos atrás, inmovilizándolo. —Además, escuché que eres capaz de soltarte las ataduras como si nada, pero no puedo dejarte escapar ahora que te tengo aquí, Jin. — una jeringuilla, ahora frente al rostro del hombre, en un líquido rojizo que mostró justo frente a él. Uno de los hombres agarrándolo del cabello, sin ningún cuidado. ![]() —¿Qué mierda…?
La sonrisa del individuo se amplió, cargada de malicia. —Oh, ¿esto? Es un querido tranquilizante preparado especialmente para ti. Será divertido ver cómo eres incapaz de moverte para ayudar a nadie, pero lo suficientemente consciente para no pelear. Esta vez he venido preparado. — Jin comenzó a sacudirse. La silla tembló, incluso las ataduras parecían prepararse para romperse en cualquier momento, solo logrando que más de los hombres lo sujetaran. ![]() —Mierda…
Apretó la mandíbula, sintiendo la aguja perforar su antebrazo, justo en una de sus venas. Apretó los dientes en el momento que entraba Elena. Jadeaba, sentía su cuerpo debilitarse, pero el efecto de la droga le tomaría algo más de tiempo. Elevó su mirada, serio esta vez, con las cejas fruncidas. —La diferencia entre… tú y yo… es que no escondo qué soy ni lo que hago… — sintió cómo el tirón de su cabello era más firme, brusco. —Puedes llamar a Elena lo que te dé la gana, la lancé a los tiburones… Sus ojos se elevan, su vista poco a poco se nubla, todo va pareciendo irreal. Escucha un golpe, un grito. Ahora los hombres lo sueltan y todo él se activa en su función instintiva. Termina de desatarse a la fuerza, las cuerdas descendiendo como si nada mientras trata de levantarse. —¡Estúpida, te dije que-…! — y todo ocurre demasiado rápido. El primer disparo de Kiyoshi lo hace volver un poco en sí, viendo ahora a la muchacha en el suelo, el cuchillo en su cuello y la sangre ampliándose en la zona. Se puso en pie, la silla cayendo al suelo, y ahora lo que fue directo fueron la lluvia de balas de Kiyoshi. Esta vez descendió su cuerpo, hasta que finalmente toda la guerra finalizó. La mano no le funcionaba correctamente y, al menos, agradecía ser ambidiestro. Todo le estaba dando vueltas para cuando todo quedó en silencio. Era como si su alrededor fuera irreal, lejano, pero a la vez vívido. Podía escuchar el llanto de Kiyoshi, verse a sí mismo, lejos, elevar lentamente su cuerpo. Los pasos eran lentos, pesados, incluso cuando se cruzaba con uno de los cadáveres recientes no parecía siquiera sentirlo. Solo tropezó, su mano sana posicionándose en la herida de su costado. ![]() —Kiyoshi…
Su cuerpo desciende, cayendo de rodillas una vez más, ahora frente al joven. Ve la situación, es consciente, la droga solo lo hace aturdirse, ver todo lejano, pero al menos no está atado. Ahora, por supuesto, el efecto es mayor, haciendo que el dolor que sentía ya ni lo note por el tranquilizante. Sus manos están manchadas de sangre, y ve al joven ocultar su rostro en el abdomen de la muchacha. Ahora… todo se había complicado más de lo previsto. —Escúchame… — posiblemente no lo hiciera, esperaba, de hecho, que le gritara que era culpa suya, que le volviera a disparar. —Kiyoshi… Te dije que esto era peor de lo que creías. No será la primera vez que veas algo así. — tuvo que cerrar los ojos, forzándose a mantenerse fijo en la situación, casi lejana. Condenada fuera la droga que le dieron. Sentía, además, por la pérdida de sangre, que estaba siendo peor. —Escúchame… Si vas a seguir adelante con esto, no puedes ni hacerlo solo… agghh… — el quejido lo hizo interrumpirse al apoyarse de los dedos que estaban destrozados. —Ni ir a ciegas. Esto solo es una probada de lo que te espera. — Sin embargo, elevó la mano, posicionándola sobre la cabeza del joven Maeda. Un toque suave que realmente no podía ser brusco debido a su estado de droga. —Siento no haberla protegido mejor… No hice un buen trabajo... Pero no puedes dejar que esto termine lo que has empezado... O puedes ser un cobarde y olvidarlo todo. Solo ten en cuenta que habrá sacrificios. |