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Marea de Secretos en Sorbet [Aventura T1 Presente Absoluto] - Moja - 22-11-2025 Bajo la luz suave del amanecer, el pequeño barco mercante avanzaba despacio hacia la Costa del Albatros, un muelle viejo que apenas merecía el nombre de puerto. La bruma matinal aún cubría todo el litoral del norte de Sorbet como un velo blanco que hacía desaparecer los colores, volviendo el mundo un dibujo húmedo y desvaído. Las velas del barco, empapadas del rocío nocturno, crujían con un sonido lento y perezoso. El viajero que llega allí por primera vez podría pensar que el sitio está abandonado. Y, sin embargo, al aproximarse, los detalles empiezan a revelarse uno por uno: mujeres descargando cajones de fruta tropical desde carretas destartaladas; dos pescadores remendando redes con movimientos repetitivos; un viejo que bosteza mientras arrastra un barril vacío; y el ritmo constante de la marea rompiendo contra la madera del muelle, como un suspiro más de los habitantes de la zona. En un extremo, dos pequeñas embarcaciones están semihundidas, apoyadas contra rocas húmedas, como animales muertos que nadie se ha molestado en mover. El aire huele a sal mezclada con papaya demasiado madura. Allí atraca el mercante. La madera rechina cuando la quilla toca el borde del muelle. Los marineros empiezan a arrojar cuerdas, a tensarlas, a asegurar la nave en silencio. Y entre ellos bajan los dos revolucionarios mezclándose con la rutina de la mañana. Nadie los mira dos veces. Nadie espera nada de ellos. Y eso ya es una primera victoria. El puerto despierta. Y entonces ocurre algo muy sutil. A medida que avanzan por el muelle, un joven delgado, demasiado delgado para un estibador, demasiado atento para un campesino, se acerca fingiendo llevar una cuerda enrollada. Sus pasos son ligeros, casi silenciosos sobre la madera húmeda. Habla sin levantar la vista. -¿Vienen… del sur?- pregunta sin énfasis, como si fuera la frase más ordinaria del mundo. El código inicial. Una simple pregunta que solo adquiere importancia cuando sus dedos, casi ocultos por la cuerda, tamborilean dos veces, pausa, una vez. La señal pactada. Si los revolucionarios responden la frase convenida, una respuesta trivial a oídos ajenos, el muchacho asiente muy levemente, y en un gesto tan fluido que parece parte de su rutina, deja caer una pequeña cajita de madera dentro del saco que uno de ellos lleva colgado al hombro. -Revisión rutinaria de carga- murmura para cualquiera que esté escuchando. Pero en voz más baja, apenas un suspiro -De parte de los harapientos. Buen viento.- Luego se marcha sin esperar reacción, perdiéndose entre los estibadores que ponen en orden cajas marcadas con frutas dibujadas a mano. Más adelante, cuando los revolucionarios se apartan del muelle y alcanzan una zona menos transitada, pueden abrir la caja. Dentro hay un mapa dibujado deprisa, con líneas temblorosas y notas garabateadas. Y bajo él, una hoja doblada tres veces: “Movimientos extraños anoche en el almacén este. Carga con sello del Gobierno. El oficial a cargo no es marine. Patrullas cada 20 minutos. Actuad rápido.” Debajo, otra frase, escrita por una mano más segura, más dura: “Si las cosas se tuercen, buscad la linterna rota. El pastor sabrá qué hacer.” No hay firma. Nunca la hay. Desde el puerto, el camino comienza a subir hacia la costa. Pasando las carretas, los botes semihundidos, las cajas apiladas con prisas. El sendero se estrecha y serpentea junto al mar, elevándose poco a poco. Desde allí se distingue la silueta de la base naval más adelante: recta, nítida, demasiado ordenada en contraste con el caos humilde del puerto. Ese contraste lo dice todo. No habrá peleas. No habrá ruido. Solo pasos silenciosos, miradas rápidas… y la determinación de descubrir qué es lo que el Gobierno está ocultando en esta isla tan aparentemente tranquila.
OFFROLL
RE: Marea de Secretos en Sorbet [Aventura T1 Presente Absoluto] - Ling Guang - 24-11-2025 *Ling Guang junto con su compañero Klein llegan junto con la considerable cantidad de gente que hace tumulto en aquel barco mercante , una ruta siempre confiable por lo fácil que es confundirse entre tanta gente , siempre que lleves la ropa adecuada y no llames la atención , cosa que a ambos se les dejo claro que debían evitar mientras fuera posible , el lugar es como varios otros que no son favorecidos por el gobierno , poco acaudalado en riquezas , poco mantenido, pero que se mantiene a flote , algo que todos nos gustaría cambiar* *tras bajar en el medio de la gente caminan esperando a aquel que debería darles una información importante, a quien encuentran y tranquilamente asiente al momento de su pregunta primera* “sí , venimos a entregar” *dice para luego mirar los dedos del joven , notando el código , para toser 3 veces , dejándole en claro quienes éramos y abriendo levemente el bolso , dejándole más fácil la entrega del paquete* “ todo parece en orden …” *sonríe ante el susurro y asiente, para seguir avanzando junto a su compañero , perdiéndose entre el grupo de gente del mercado a la entrada del Muelle , para pasar por el pueblo hasta un pasaje donde ambos miran el paquete en un lugar donde nadie mas mira* "bien … tenemos una ventana existente … 20 minutos , te parecen suficiente? … deberíamos quemarlo antes de entrar alli” *pregunta mientras mira atentamente el pequeño dibujo que le hicieron estos informantes confiables, mirando bien las posibles rutas para moverse sin ser vistos* *tras tener aquello visto se dirige hacia el lado contrario en la isla , el lugar donde el dinero se cumula y la fuerza de la marina esta mucho mas presente , pues como siempre no les importa apenas la gente común , solo los adinerados y poderosos que les dan parte de ese poder a ellos, una forma de hacer las cosas que no es agradable para Ling en lo más mínimo , puesto que no entiende el sentido de hacer las cosas dejando de lado a la mayoría* RE: Marea de Secretos en Sorbet [Aventura T1 Presente Absoluto] - Klein Moretti - 24-11-2025 Los primeros rayos del alba dejaban caer su cálida luz sobre el rostro de los marineros, que, viendo tierra próxima, subían las velas y daban voces de que nuestro destino yacía frente a nosotros. El cálculo de aquel capitán fue bastante preciso, pues, así como lo había vaticinado, nuestro barco << si así podíamos llamarlo>> arribaba a las costas del Reino de Sorbet, mientras que las olas golpeaban con fuerza la embarcación - Alístense, en quince estaremos en el puerto - Para Klein esta isla era el epitome de la desfachatez gubernamental. Dividida entre dos realidades opuestas, Sorbet se erigía como un baluarte de la desigualdad que había por todo el mundo, palacios levantados con la arquitectura más moderna, que se hallaban distanciados de la mayoría de suburbios hechos con madera y lastre. El pobre trabajando la tierra mientras que el rico, cómo no, defecaba en ella… Llegado el momento, el barco fue detenido junto al muelle. Klein, vestido para la ocasión, parecía uno más del lugar. Tomo sus cosas y bajo, marcando un paso lento que le permitiera observar el lugar. Pescadores, marineros, todo parecía normal, empero de uno de los sujetos, quien cruzaría miradas con él. seguro sería este el contacto, pensó. Caminaron hasta encontrarse y entonces, lo oyó. -¿Vienen… del sur?- Musito en un tono suficientemente bajo para que nadie más lo escuchara. Klein poso sus ojos sobre sus manos buscando la señal, allí estaba, era él. - sí , venimos a entregar – Se realizaría entonces la entrega del paquete esperado y sin muchas dilataciones, aquel mensajero se perdería entre la muchedumbre del puerto. Klein guardaba silencio. Siguieron adentrándose por las calles de sorbet, y ni bien entraron al pueblo, cruzaron hacia un callejón, alejándose de miradas indeseadas, allí abrieron el paquete. Un mapa pobremente dibujado y un mensaje que rezaba lo siguiente: Cita:Movimientos extraños anoche en el almacén este. Carga con sello del Gobierno. El oficial a cargo no es marine. Patrullas cada 20 minutos. Actuad rápido - bien, tenemos una ventana existente. 20 minutos , ¿te parecen suficiente? … deberíamos quemarlo antes de entrar allí - Exclamo su compañero. A Klein le parecía animoso, capaz mucho para una misión de infiltración. -¿Ling era tu nombre, no? - Exclamó, Klein, buscando detener su caminar y captar su atención – piensa un poco, ¿Qué es tan importante para ser escondido en una base Marine, pero al mismo tiempo que quién este a cargo no lo sea? - Continuo – puede ser peligroso, hay algo que el gobierno quiere esconder, incluso de altos rangos militares. si podemos hacernos con dos uniformes, nuestro éxito estará garantizado, entramos, vemos y nos vamos. Necesitamos información. - Teníamos que esperar a la noche, y utilizar el día para preparar la infiltración, Klein sabía que ir de día a la base seria suicidio por lo que persuadió a su compañero para ir por una cerveza. Saco su pistola, la cargo y la volvió a esconder. – Vayamos al bar a ver que escuchamos. – Los rumores, en este tipo de casos eran sin duda, su mejor opción. – Separémonos, nos vemos allá. - Exclamo, mientras que se adelantaba, tomando las notas por última vez y guardándolas entre sus ropajes. La revolución estaba en el Reino de Sorbet.
OFF
RE: Marea de Secretos en Sorbet [Aventura T1 Presente Absoluto] - Moja - 25-11-2025 Al haberos ocultado con la precisión y la calma de quienes ya han vivido más de una misión peligrosa, el momento de abrir el paquete pasa completamente desapercibido. La bruma del puerto, aún espesa y perezosa a esas horas de la mañana, se convierte en vuestra aliada silenciosa; envuelve vuestros movimientos, borra vuestros contornos y difumina cualquier gesto que pudiera levantar sospechas. Nadie repara en vosotros. Los estibadores siguen con sus tareas rutinarias, levantando cajas marcadas con dibujos de frutas, discutiendo por precios, bostezando sin vergüenza. Los marineros descargan cuerdas y redes sin mirar más allá de sus propios pies. Un par de guardias reales, apoyados en una barandilla astillada, conversan entre sí sin mostrar el menor interés por lo que ocurre alrededor. El mundo sigue su curso, ajeno a lo que realmente está pasando entre vuestras manos. Os habéis refugiado en un rincón discreto, entre dos pilas de cajones mal colocados que huelen a mango y sal, un sitio donde la luz apenas alcanza y las sombras parecen hechas a medida para quienes desean ser ignorados. Vuestros movimientos son breves, precisos, casi invisibles: un giro de muñeca, un crujido suave de madera, la tapa del paquete que se abre sin revelar sonido alguno. Y entonces, como si fuera lo más natural del mundo, el secreto queda al descubierto… pero solo para vosotros. Nadie levanta la vista. Nadie baja la voz. Nadie sospecha. El puerto respira, se mueve, vive… sin darse cuenta de que una misión entera acaba de ponerse en marcha justo a unos metros de ellos. La discreción ha sido perfecta. Y ese primer éxito es un buen augurio para lo que viene. Ling, si finalmente decides ir a echar un vistazo, antes de ir al bar, al camino secreto esto es lo que encontrarás. El sendero oculto no aparece en ningún mapa oficial, ni siquiera en los croquis burdos que los marines usan para orientarse entre los suministros. Es un camino creado por los pasos silenciosos de quienes prefieren no ser vistos, un rastro discreto que serpentea entre la vegetación como un susurro hecho tierra. Todo comienza justo detrás del Puerto Costa del Albatros, donde la mirada de los guardias rara vez se posa. Allí, entre dos peñascos cubiertos de líquenes, se abre una entrada natural apenas perceptible: un hueco estrecho entre arbustos altos que se inclinan sobre sí mismos, como si intentaran ocultar el acceso con sus propias hojas. El primer tramo es una pequeña bajada, suave pero resbaladiza, formada por tierra suelta y piedras que crujen si no se pisa con cuidado. El olor del mar aún se siente aquí, mezclado con el aroma dulzón de la vegetación costera. La luz del sol apenas entra entre las ramas, creando sombras que se mueven al compás del viento y dan la sensación de que alguien, o algo, merodea entre los matorrales. Pronto el sendero se vuelve más claro, aunque sigue casi invisible para un ojo no entrenado. Es apenas un túnel vegetal: helechos, arbustos, ramas de árboles jóvenes que forman un corredor natural. El sonido del puerto comienza a desvanecerse detrás, sustituido por el crujir de las hojas, el zumbido de insectos tempranos y el lejano rumor del oleaje golpeando el acantilado. A mitad de camino, el terreno se eleva. Allí aparece la ladera rocosa, esa que en el mapa fue representada con unas simples líneas, pero que en persona se revela como una cuesta irregular, marcada por grietas y pequeños salientes. No es peligrosa, pero sí exige equilibrio: un pie mal colocado puede hacer rodar un puñado de piedras colina abajo, alertando a cualquiera con buen oído en las cercanías. Desde esta altura, si uno se atreve a asomarse entre dos rocas, puede ver fugazmente la silueta de la base naval alzándose más adelante. Los muros, rectos y limpios; la torre de vigilancia, sobresaliendo como un dedo acusador; y el tejado del almacén este, donde tantos rumores apuntan. Pero el camino secreto continúa un poco más. La vegetación se abre de repente a un pequeño descanso natural: una depresión en la tierra donde antiguamente corría un riachuelo hoy seco. El suelo es mullido, cubierto por una capa gruesa de hierba que ahoga cualquier pisada. Este es el tramo más seguro; incluso si alguien pasara cerca, no podría oír nada. Finalmente, el sendero desemboca en una zona donde el muro de la base naval se aproxima de forma oblicua. El alambrado está viejo, oxidado y doblado hacia un lado: una abertura irregular, apenas del tamaño suficiente para permitir pasar a una persona agachada. El metal oxidado tiene marcas de roce, prueba de que otros han usado este camino antes… y no hace mucho. Al cruzarlo, uno ya está dentro del perímetro. El camino secreto no es cómodo, ni bonito. Pero es perfecto para lo que se necesita: entrar en silencio a un lugar donde el ruido equivale a una sentencia. Finalmente, lo que encontráis al llegar al bar del puerto, este se llama “La linterna Rota” La Linterna Rota es el tipo de lugar que nadie recuerda con claridad, pero al que todos acaban volviendo. No destaca por su limpieza, ni por su comida, ni por su música: destaca porque es uno de esos refugios humildes donde los problemas del mundo se quedan en la puerta… al menos, para quienes tienen derecho a entrar sin hacer preguntas. El edificio está levantado con tablones de madera viejos, ligeramente combados por la humedad constante del mar. El letrero, clavado torcido sobre la entrada, muestra una linterna con el cristal astillado; el dibujo está desgastado hasta casi desaparecer, como si el propio bar estuviera cansado de presentarse. Dentro, el ambiente es cálido en contraste con la brisa marina. Hay un olor permanente a ron mezclado con fruta fermentada, a suelo húmedo, a calcetines secándose demasiado cerca del fuego. Las vigas del techo crujen cada vez que alguien camina, aunque nadie sabe si se debe al viento, a las ratas que viven entre ellas, o a la edad del edificio. La clientela es variopinta: pescadores de manos gigantes, jornaleros silenciosos, algún comerciante venido a menos… y, en días como este, un par de cadetes de la base naval que buscan escapar de la disciplina militar por una hora o dos. Detrás de la barra está Bram, el tabernero. Un hombre de unos 50 años, ancho de hombros, con una barba de tonos grisáceos y ojos que miran siempre como si supiera más de lo que dice. Y lo sabe. Lleva más de veinte años escuchando secretos en ese rincón del mundo. Lo que cuenta el tabernero si se le pregunta Bram no suelta información a cualquiera, pero si los revolucionarios lo abordan con inteligencia o mencionan discretamente a Pastor Aldren, su actitud cambia. Habla en voz baja, mientras limpia un vaso que lleva demasiado tiempo limpio. Lo que puede contar: 1. Movimientos extraños en la base -“Desde hace una semana traen suministros por la noche. No por el puerto, no… por el muelle militar. Cajas grandes. Ninguno de los marines de aquí sabe qué llevan.”- Bram mira hacia la puerta cada vez que lo menciona, como si temiera que alguien escuchara. 2. La presencia de un hombre del Gobierno -“Un tipo vestido de negro. No lleva uniforme, no saluda, no bebe. Solo observa. Llegó en un barco pequeño, sin insignias.”- Su voz baja incluso más al hablar de él. 3. Rumores sobre jóvenes desaparecidos -“Tres chicos del sur no han vuelto a casa. La Marina dice que es 'reclutamiento voluntario', pero ya sabes…”- El tabernero frunce el ceño como si quisiera decir más, pero se contuviera. 4. Conexión con el Pastor -“Aldren me dijo que, si venían visitantes especiales, debía ayudarles. No sé quiénes sois… pero si él confía en vosotros, yo también.”- La oportunidad perfecta En un rincón del bar, cerca de la chimenea, hay una cuerda atada entre dos columnas de madera donde suelen secarse prendas húmedas. Bram la llama la “línea de favores”: a veces pescadores dejan allí jerséis, otras veces jornaleros dejan botas… y últimamente, cadetes de la base naval dejan parte de sus uniformes para limpiarlos. Actualmente, la cuerda tiene: dos camisas de cadete ligeramente manchada de grasa, dos pantalones azules doblado con cuidado, dos pañuelos con el sello de la base, y una chaqueta de abrigo militar, recién lavada y aún húmeda. Los cadetes que los dejaron están en una mesa del fondo, discutiendo entre sí, medio borrachos. No los vigilan. No los recuerdan. Y definitivamente no los echarían en falta hasta dentro de un buen rato. Bram, viendo hacia dónde se dirigen las miradas de los revolucionarios, simplemente comenta en voz baja: -“Si desaparece algo de esa cuerda, yo no he visto nada. Y ellos tampoco… no con la cantidad de ron que llevan encima.”- Hace un gesto con la cabeza, como quien señala una puerta invisible. Es una invitación. Una oportunidad. Un disfraz listo para ser tomado. El camino hacia la infiltración acaba de aparecer, colgando de una cuerda en un bar olvidado, mientras el sonido del mar se mezcla con el murmullo ronco de los clientes y el crepitar del fuego.
OFFROL
RE: Marea de Secretos en Sorbet [Aventura T1 Presente Absoluto] - Ling Guang - 27-11-2025 *el camino se siente levemente nostálgico para Ling , un lugar rural a la orilla del mar , con caminos llenos de vida , un raro parentesco con su anterior vida , raro pero agradable a la vez, mientras sigue caminando con cautela de no hacer ruido en absoluto suelta una leve risa por lo bajo , mientras pasan por aquellos acantilados se acerca para dar una vista y contiene las ganas de silbar a la distancia hacia abajo , pasando con cuidado de no mover más piedras de las necesarias, hasta poder finalmente avistar con claridad esa base objetivo , donde sabe que se acaba la poca calma que tenían hasta ahora* *al llegar a la reja oxidada y bastante gastada usaría las fundas de sus Katanas para poder extender un poco más el agujero , dejando algo de espacio a su cuerpo algo más grande de lo normal* *una vez acercándose a la taberna entra junto con su compañero sin hacer ruido de más , sin llamar la atención , simplemente acercándose a la barra a pedir una bebida , además de decir por lo bajo algo al dueño* “el pastor cree que deberíamos hablar con usted …” *diría con una leve sonrisa antes de escuchar todo aquello que este hombre tenia que decir , pues como siempre los cantineros , dueños de posadas y meseros suelen escuchar mucho mas de lo que cualquiera creería* “ bueno señor … entonces … es bueno que tenga un plan para asegurar que no los extrañen más todavía … me da unas jarras de cerveza? , Klein , toma las ropas mientras yo les llevo las bebidas , no te notaran” *diría para tomar las jarras apenas se las entregaron , llevándolas con paso firme hacia los marines borrachos* “ Hey , chicos , estas son para ustedes , yo invito , después de todo los cuidadores de la gente se mereces una recompensa de vez en cuando no?” *diría con un falso tono amable , tratando de que su sarcasmo no fuera notado , pero aprovechando su leve borrachera y estas palabras bonitas para hacerlos caer en tomar mas de la bebida , mientras aprovecha para cubrir la vista de las ropas de ellos con su propio cuerpo , para darle a su compañero tiempo mas que de sobra para que ambos no vean nada ni por accidente* RE: Marea de Secretos en Sorbet [Aventura T1 Presente Absoluto] - Moja - 05-12-2025 Los dos cadetes estaban sentados en la mesa más apartada de La Linterna Rota, justo donde la luz de las lámparas apenas llegaba. Llevaban el uniforme desabrochado hasta el pecho, como si con ese gesto pudieran librarse un poco del peso de la disciplina que los oprimía desde la mañana hasta la noche. El cansancio se les marcaba en las ojeras, pero la juventud les daba una arrogancia torpe que intentaban ocultar tras la copa. Uno de ellos, el pelirrojo, agitaba la jarra vacía como si fuera el trofeo de algún torneo absurdo que solo existía en su imaginación. -¡Bram!- vociferó con voz ronca. -¿Dónde está ese ron que prometiste?- El tabernero, acostumbrado a sus excesos, les lanzó una mirada cansada… y luego ladeó ligeramente los ojos hacia los dos revolucionarios, que habían entrado hacía poco y se habían sentado en la barra. Un gesto sutil, casi casual… pero suficiente. Los cadetes reaccionaron como si les hubieran ofrecido un ascenso. -¡¿Invitarnos?!- el pelirrojo se golpeó el pecho, orgulloso. -¡Eso sí que es respeto a la Marina del Reino!- Su compañero, un muchacho más delgado y con nariz aguileña, sonrió de oreja a oreja. -Pues claro que aceptamos- dijo, arrastrando una silla. -¡Sentaos, sentaos! Siempre hay sitio para amigos generosos.- Las jarras llegaron espumeantes, llenas hasta el borde. Bram las dejó sobre la mesa con un susurro de complicidad: -Cortesía de la casa… y de vuestros nuevos admiradores.- Los cadetes levantaron sus bebidas y chocaron con una fuerza exagerada, derramando un poco sobre la mesa. -¡Por Sorbet y por su gloriosa Marina!- bramó el pelirrojo. -¡Y por el descanso!- añadió el otro, ya casi riendo de más. La primera ronda bajó rápido. La segunda aún más. La tercera… ya no deberían haberla tomado, pero insistieron con entusiasmo adolescente. La conversación derivó pronto en balbuceos sobre superiores estrictos, guardias aburridas y lo difícil que era mantener el uniforme limpio en una base cerca del mar. Uno de ellos incluso lloriqueó porque la sal del aire le estropeaba las botas. La lengua se les hizo espesa. Los ojos, brillantes y húmedos. El pelirrojo trató de levantarse para ir al baño, pero apenas pudo ponerse de pie. Se tambaleó, dio un paso torpe hacia la izquierda, luego hacia la derecha… …y cayó sentado otra vez, riéndose como un idiota. -Creo que… creo que el suelo se mueve- balbuceó. -No, eres tú- contestó su compañero, justo antes de desplomarse hacia adelante y golpear con la frente la mesa, quedando dormido al instante. El pelirrojo intentó despertarlo, pero al inclinarse sobre él se deslizó de la silla y terminó en el suelo, abrazado a su propia jarra como si fuera un peluche. Un silencio breve invadió el bar. Luego Bram suspiró. -Malditos críos…- murmuró, mientras sacudía la cabeza. Pero sus ojos brillaron un segundo, mirando de reojo a los revolucionarios. Sabía perfectamente que esa “rendición” etílica no había sido casual. Ahora, con los cadetes completamente fuera de combate y sus uniformes secándose al calor de la chimenea… la oportunidad estaba servida. Un regalo envuelto en alcohol.
Offrol
Opción Infiltrarse de Día
Opción Infiltrarse de Noche
RE: Marea de Secretos en Sorbet [Aventura T1 Presente Absoluto] - Ling Guang - 07-12-2025 *tras dejar a ambos soldados de la marina tirados él sonríe y se va tomando sus uniformes, sabiendo que para levantar muy pocas sospechas, será necesario uno de estos, aprovechando el momento que todavía seguía oscuro se acercaría a la base, pues todavía tenia que asegurarse de encontrar una entrada que le diera tiempo suficiente para el cambio que le habían dicho en la nota, poco tiempo es, pero es una ventana que no debería desaprovechar* *Ling aprovecharia el movimiento de las sombras para mantenerse bien oculto fuera de la posibilidad de ser visto, acercandose a aquel drenaje que parece la forma mas efectiva para adentrarse, sin embargo todavia debia asegurarse de que el momento fuera el correcto, pues si algun otro lo veia emerger desde ahí sin motivo , podria complicar todo, por ello se adentro en el drenaje, mirando atentamente todo pasaje que pudiera permitirle moverse mas lejos de la linea de vision , hasta que encontrando una rejilla metalica en el patio se detiene , esperando con paciencia al cambio de turnos , donde deberia darle tiempo de sobra para salir y dejar la rejilla en su lugar antes de ser visto* *justo en aquella brecha cuando los guardias se alejaron y las luces de las linternas no estaban cerca , el salio haciendo el minimo de ruido posible , para luego erguirse y pegarse a la pared , tratando ver con atencion el siguiente grupo de marines que se acerca, huyendo de la linea de vision de ellos se acerco lo mas posible a aquel lugar que era su objetivo, el almacen , buscando alguna ventana desde la cual poder observar con atencion hacia adentro si hay alguie o algo asi* *ademas se acercaria a ver hacia la puerta , buscando la existencia de algun cerrojo o algo que hiciera mas dificil su entrada o salida , pues una vez dentro , tendria que salir y en caso de que aquel cargamento sea grande , debera aprovechar la apertura de tiempo al maximo* *sus opciones eran limitadas y no planeaba armar una pelea en este lugar , en ese momento , pero de ser necesario , las opciones mas razonables estaban en un escape rapido que es mejor opcion que una captura riesgoza* RE: Marea de Secretos en Sorbet [Aventura T1 Presente Absoluto] - Moja - 08-12-2025 Has conseguido llegar has el almacén sin que nadie te detectara, pero dentro del almacén ocurre algo que no esperas. El almacén principal de la base naval por la noche es un lugar distinto al bullicio del día. Las lámparas de aceite, colgadas en soportes de hierro, proyectan una luz naranja débil que apenas alcanza a iluminar los pasillos formados por cajas, barriles y lonas apiladas. El silencio domina el ambiente, roto solo por el goteo insistente de una tubería en la esquina y el sonido apagado de la maquinaria lejana que mantiene la base activa. La puerta lateral del almacén cruje al abrirse, el sonido se mezcla con el murmullo del viento nocturno que se cuela por las rendijas de las ventanas altas. Al otro lado del umbral, en un pasillo estrecho entre dos columnas de cajas, alguien está apoyado contra un barril. Es un marine joven, quizá de veinte años, con el uniforme un tanto descuidado y el gorro ladeado. Tiene ojeras marcadas y se masajea la nuca como quien lucha contra el sueño. Una lámpara pequeña descansa sobre una mesa improvisada a su lado, iluminando un pergamino lleno de anotaciones torcidas: el registro del turno nocturno. Al escuchar la puerta, el marine levanta la vista casi al instante. Sus ojos, cansados pero atentos por costumbre, observan la silueta que entra. La lámpara, detrás de él, crea una sombra alargada que recorre el suelo hacia el recién llegado. El joven se endereza de golpe, intentando adoptar una postura más profesional. Inspirando hondo, estira la espalda y ajusta rápidamente el cinturón del uniforme. Su expresión cambia del sueño a un alivio inmediato, como quien ve la solución a una larga noche eterna. -Por fin llegas…- murmura, soltando un suspiro que había estado conteniendo durante horas. Su voz se mezcla con el eco suave del almacén. El marine deja caer los hombros, cansado pero satisfecho. Da un par de pasos hacia adelante, recogiendo de la mesa un pergamino y un lápiz gastado. Su mano tiembla ligeramente por la fatiga acumulada. -No te imaginas el día que he tenido. Pensaba que iba a tocarme quedarme otra hora más.- Se acerca un poco más, mirando con agradecimiento al recién llegado. No parece sospechar nada. No examina demasiado el uniforme, no busca insignias ni pregunta nombres. La confianza automática de la rutina nocturna se impone: si alguien entra por esa puerta con un uniforme de la Marina… debe ser el relevo. El joven marine se frota los ojos, dejando que el cansancio lo domine por primera vez en toda la noche. Los párpados le pesan. La voz le vibra con la mezcla de sueño y alivio. -Te lo juro… si me hubieran hecho quedarme un minuto más, me habría desmayado encima de esas cajas.- Señala una de las pilas de cajas del fondo, donde las sombras se alargan como dedos deformes. Luego da un paso hacia la salida, estirando los brazos como quien se prepara para marcar el final de su jornada. -Todo tuyo. Solo queda revisar aquel registro de allí y asegurarte de que nadie entra sin permiso.- Mientras pasa junto al recién llegado, el marine mueve la cabeza en un gesto automático de despedida, sin sospechar que la persona a la que entrega su turno… no pertenece a la base. Sale por el mismo corredor por el que entró, arrastrando ligeramente los pies, con la respiración pesada y el uniforme desordenado. Su silueta se pierde poco a poco en el pasillo hasta desaparecer, y el almacén queda otra vez en silencio, iluminado únicamente por la luz tenue de las lámparas. La puerta se cierra con un suave clic. La tranquilidad vuelve… pero ahora, alguien que no debería estar ahí tiene la noche entera por delante. Al cerrar la puerta tras de sí, la quietud del almacén se vuelve casi palpable. El aire huele a madera húmeda, a cuerda vieja y a sal acumulada durante años en las cajas que llegan desde todos los rincones del mar. Una hilera de lámparas de aceite parpadea en lo alto, proyectando sombras temblorosas que parecen reptar entre los pasillos estrechos. El interior está dividido en secciones improvisadas, marcadas por pizarras colgadas con clavos torcidos o por simples etiquetas de papel sujetas con cordel. A pesar de ser un almacén militar, el orden brilla por su ausencia: todo está organizado “a la manera de la Marina”, es decir, con eficiencia solo entendible por quienes llevan meses trabajando allí. 1. La Zona de Suministros Comunes A la derecha, lo primero que destaca son los barriles apilados en torres inestables. Algunos están marcados con pinturas descoloridas:
El olor dulzón del ron derramado impregna el suelo. Uno de los barriles tiene la tapa medio salida, y por la hendidura se ve la superficie oscura del líquido moviéndose levemente. Sobre una mesa cercana hay varias cajas pequeñas abiertas con provisiones: paquetes de arroz, latas de salazones, frascos de especias, aunque muchos parecen ya revendidos o intercambiados por los propios marines para “mejorar sus cenas”. 2. El Rincón del Armamento Viejo Más al fondo, la luz se vuelve más pobre. Allí, sobre estantes de metal que han sido remendados varias veces, descansan armas antiguas y mal cuidadas:
3. Material Logístico y Herramientas En el centro del almacén hay un caos de herramientas navales:
4. El Área Restringida En el lado opuesto, una sección está separada del resto por una simple barandilla de madera y una cuerda roja. Sobre una pizarra se lee: “ACCESO SOLO A PERSONAL AUTORIZADO – INVENTARIO DE VALORES Y DOCUMENTOS” Dentro, aunque pequeño, el espacio contiene:
5. El Espacio del Relevo Nocturno Cerca de la entrada hay una pequeña mesa donde el marine anterior estaba sentado. Allí se encuentran:
6. Una Puerta Trasera Sospechosa Al fondo del todo, casi escondida detrás de un montón de cajas, hay una puerta de servicio con un cartel: “NO UTILIZAR — DAÑADA” Sin embargo, está entreabierta. Una corriente fría entra desde allí, moviendo las sombras y el polvo del suelo. Parece llevar a una a la parte de atrás del almacén, con un poco de fuerza se podría abrir lo suficiente para que escapara una persona.
Contenido de los Cofres
Documentos del área Restringida
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RE: Marea de Secretos en Sorbet [Aventura T1 Presente Absoluto] - Ling Guang - 08-12-2025 *Ling asiente ante el reconocimiento del marine en el lugar, entrando con paso tranquilo como si su lugar fuera ahí mismo* “si, me acaban de mandar aquí , el otro tipo esta borracho … descansa, ahora me encargo yo” *dice mientras le deja irse para tomar el lugar que debería corresponderle y se espera unos momentos en la soledad del almacén, esperando que ningún ruido de pasos sea audible , antes de acercarse a revisar las cosas del mismo almacén* “suministros normales … Ron abierto … irresponsables … armas mal mantenidas … en desuso espero … hmm … pesca … esto podría serme útil… si pudiera causar un alboroto y causar daño a los suministros … hacerlo pasar por piratas sin nombre …. Me gusta la idea …” *susurra para si entre las vistas a cada artículo que hay en el mismo , haciéndose una nota mental de que hay y que no , mirando las lámparas antiguas como varias otras cosas en el almacén sin cuidado apropiado, muy seguramente cerca de Arruinarse del todo por la falta de mantenimiento , para su suerte estos grupos siempre son así , confiados y descuidados con los detalles que podrían causar “accidentes”* “ … uhhh… confidencial… me gusta …” *dice mientras se adentra en la zona restringida con algo de cuidado de no mover mucho las cosas* “… bien … esto me sirve … esto también…” *diría mientras mira los mapas y guarda cualquiera con información útil , además de mirar aquella carpeta del gobierno mundial , sabiendo que seguro será interesante* “… hmmm … Loop… un suero de la verdad … pero mas monstruoso …” *mientras mira los documentos cada pocos minutos se detiene y escucha con atención los alrededores , asegurándose que nadie se acerque, una vez está seguro de seguir solo , reanuda* “… hmmm… Sorbet siendo usado como territorio de pruebas … cabrones … sep … esta operación saldrá a flote … así que tocara hacerle agujeros al barco … me imagino que tienen esa droga ahí en esos cofres … ojala este la llave …” *dice mientras vuelve a la mesa donde estaba el otro y sonríe ampliamente al ver el numero 17* “Jackpot…” *dice mientras la toma y vuelve hasta los cofres cerrados para abrirlos con aquella llave* “ sep , exactamente lo que esperaba … varias de estas cosas … el cofre no es grande … pero es un peso innecesario… podría llevarlo todo …” *dice mientras mira su bolso de momento lleno con un par de raciones y papeles , aunque todavía tiene espacio de sobra para unas ampollas como estas* “a la bolsa …” *dice mientras las guarda con tranquilidad al igual que el instructivo , para luego abrir el segundo cofre* “ … veamos … ja … doble Jackpot … esto si me gusta …” *dice mientras ojea los documentos, notando sus conexiones con los nobles de este lado de la isla , sabiendo que seria de utilidad lo mete a su bolso* “… L.R. , tu quien eres?” *revisa si existe alguna descripción , pero lo tenga o no , lo guarda también, para luego dejar ambos cofres cerrados con llave y acercarse a la puerta trasera , primero abriéndola levemente para tratar de ver que hay detrás de la misma*
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RE: Marea de Secretos en Sorbet [Aventura T1 Presente Absoluto] - Moja - 09-12-2025 Dentro del almacén, el aire es espeso, cargado del olor dulzón del ron evaporado y del penetrante aroma químico de los compuestos que rebosan de los cofres y de las cajas abiertas. Cada superficie parece estar impregnada de aceite o alcohol; incluso la madera cruje como si estuviera empapada en sustancias inflamables. La mesa con herramientas metálicas está cubierta de restos de cuerda, astillas y polvo químico. El más leve movimiento provoca que algunas herramientas choquen entre sí, produciendo destellos diminutos que apenas se distinguen… pero que existen. Uno de esos destellos rebota en el aire, sin hacer ruido, apagándose al instante como si el almacén hubiera contenido la respiración esperando el siguiente. En la esquina derecha, los barriles de ron están apilados de forma inestable. Uno tiene una grieta, y del borde brota un hilo oscuro que cae al suelo en un goteo constante. Cada gota se mezcla con otras manchas de aceite, formando pequeños charcos que se extienden como lenguas líquidas entre las cajas. Cerca de los cofres con Loop, el ambiente es aún más volátil. Algunos frascos parecen haber cristalizado mal; su superficie tiene pequeñas rajaduras que dejan escapar un vapor tenue, casi invisible, que serpentea por el suelo antes de dispersarse. El efecto combinado del alcohol, los aceites y los compuestos químicos crea una atmósfera casi irreal, brillante, cargada de electricidad estática. En una estantería cercana, una antorcha de repuesto, apagada pero impregnada de combustible, descansa mal colocada, inclinada hacia una caja de paja de embalaje. La mecha seca está a centímetros de las fibras más frágiles, y la caja tiene marcas de humedad y golpes, como si no necesitara mucho para desmoronarse. Solo sería necesario que alguien encendiera es lampara y la lanzara contra la mesa de herramientas para hacer que todo el lugar saltara por los aires, dándole escasos segundos al que lo hiciera para escapar.
Explosión del lugar
La Puerta Trasera
La ayuda de la revolución
Offrol
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