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Hatred [Priv. Bertram] [Pasado] - Versión para impresión

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Hatred [Priv. Bertram] [Pasado] - Hyákinthos - 02-12-2025

Cuando el sonido del den den mushi lo interrumpió en medio de una sesión de estudio a tan altas horas de la noche, supo que debía tratarse de algo importante, un negocio útil, algo que pudiera darle el suficiente dinero para vivir bien durante un buen par de años aun cuando se diera todos los lujos que pudiera imaginar.

Por eso no rechistó al ser citado en ese mismo momento, por eso se cambió de ropa casi de inmediato y salió a la cubierta del barco para luego deslizarse por una cuerda que lo llevó hasta el suelo cubierto de arena de la playa en donde estaban anclados.

Alguien lo esperaba cerca. El mismo hombre que lo contactó antes. No fue una sorpresa para él que estuviera en las cercanías del barco, esperándolo como si fuera un amigo que le incita a un adolescente a fugarse de su casa…siempre era así en estos casos, entonces ¿para qué alarmarse? Conocía el modus operandi de esta gente luego de tener al menos dos años trabajando con ellos y, sobre todo, conocía el modus operandi del rubio que ahora tenía frente a él, a fin de cuentas, a pesar de su pésima memoria para recordar nombres y caras, con este había interactuado el tiempo suficiente para hacerle un hueco en su nublosos recuerdos.

Una leve inclinación de cabeza de parte de ambos hombres fue suficiente saludo antes de que ambos se pusieran en marcha hacia el pueblo de Isla Karate. Un camino que fue silencioso, no incómodo, solo silencioso, nada tenían que decirse, no en medio de las calles que, aunque casi vacías a esas horas, podían tener siempre personajes inesperados escuchando, mirando…ya saben, los típicos chismosos.

De todos modos, el camino se hizo rápido y pronto estuvieron en frente de una taberna, no esas de mala muerte, no, claro que no, una que lucía lo bastante decente como para permitirse el lujo de no aceptar a cualquiera dentro.

Curioso que un par de criminales entraran como si nada, pero… ¿Quién lo iba a sospechar? Ambos se ven como hombres comunes y corrientes, decentes, bien vestidos, incluso se puede leer algo de inocencia en el rostro juvenil del médico de cabellos rosas, alguien que no aparenta su edad ni deja entrever sus intenciones maquiavélicas con facilidad, aunque, en este caso… ¿Sería tan necesario ocultarlas? A fin de cuentas, así como él, esa taberna de decente apariencia no es más que una tapadera para el tipo de personas como él, un lugar en donde pueden hablar con seguridad sin que nadie intervenga, después de todo… ¿Quién pensará que un sitio en donde venden comida y bebida a cualquier ciudadano que pueda pagarlo oculta algo más?

No hay pruebas. Esta gente con la que trabaja siempre intenta ser sigilosa, pero hoy, algo no le cuadra. Conoce la taberna, sí, ha estado antes en ese lugar en el tiempo que lleva en Karate, pero…este no es el procedimiento para un trabajo como él que esperaba esta noche.

No…hoy no esperaba cerrar un trato, hoy no esperaba hablar de negocios, esperaba ofrecer sus servicios como “médico” …esto se salía del protocolo, se salía de su línea laboral.

—¿Vas a decirme por qué no me llevas con el paciente y en cambio me traes aquí? Que te siguiera desde la playa hasta este lugar no es porque tenga ganas de beber contigo, es porque me prometiste trabajo, parecías extasiado cuando me llamaste —. A pesar de sus palabras, un par de vasos con licor no tardaron en aparecer frente a ellos, eso lo hizo fruncir el ceño…a estas alturas Rafael, el hombre que lo había citado, debería saber que su tolerancia al alcohol no es la mejor, por eso nunca acepta bebidas antes de “atender” a alguien. —Mencionaste que era un caso excepcional, algo que hasta ahora no había hecho…aunque es valiente de tu parte afirmar eso, no es que nos conozcamos de toda la vida como para que te atrevas a decir que he hecho o no —. Apartó el vaso, poniendo un límite claro con su “socio”, antes de cuestionarlo aún más. —Y, otra cosa… ¿Sabe tu jefe que le ofreces bebida a un médico antes de entrar a la sala de operaciones? Eso no lo pondría muy contento.

—Tranquilo, Hyak —. A diferencia del médico, el rubio tomó el vaso y dio un trago antes de continuar con la conversación. —Hoy estás más tenso que de costumbre, además… ¿Qué es esa nueva manía de amenazarme con mi jefe? No te creía así —. A esas palabras, el pelirosa chasqueó la lengua, empezaba a impacientarse con las vueltas que el otro hombre daba para comunicar algo tan simple como el trabajo de la noche. Fue una actitud que no pudo disimular, no cuando empezó a morderse su labio inferior con fuerza, un gesto que le arrancó una risa leve al rubio.

—No desesperes… ¿Tan necesitado estas de plata? —Bueno, si el médico hubiera querido responder, podría decirse que el rubio había dado en el clavo. —Bueno, calma…no es casualidad que te haya ofrecido el trago, lo vas a necesitar para procesar el trabajo que necesito que hagas hoy…no mentí cuando dije que era un pedido muy especial.

—¿Y? ¿Cuál es? ¿Por qué no mejor me llevas allá? Hablar aquí no tiene sentido, es — “Arriesgado”, eso habría dicho, pero se mordió la lengua antes de soltar una palabra tan sospechosa —…incómodo. Hay mucha gente a pesar de la hora y tal vez ese paciente del día este necesitando con urgencia a un médico… ¿No crees?

—No, no creo —. El hombre miró su reflejo en el vaso de licor que sostenía en su mano y una mueca de asco apareció en su cara, como si hubiera recordado algo en verdad desagradable. —Si te soy sincero, pocas cosas me revuelven el estómago como el trabajo que pidieron… ¿Sabes? —Suspiró, ordenando las ideas en su cabeza antes de ponerlas sobre la mesa. —Hay una fiesta mañana…gente importante, en un sitio importante de esta isla…Importante y muy exclusivo, muchos de los asistentes ni siquiera son de estos lares…

—¿Y eso que tiene que ver conmigo? Nunca he operado a nadie en una fiesta, pero…supongo que podría hacerlo si ese es el extravagante pedido que…

El rubio negó con la cabeza y apoyó sus codos sobre la mesa. Había practicado las palabras claves con las que le daría la noticia de su nuevo trabajo al médico, pero ahora le estaba costando que estas salieran.

—No se trata de eso. Necesitan carne y tu vas a ser el encargado de llevarles los cortes que necesitan… ¿Entiendes lo que digo, carnicero? —Recalcó esa última palabra a modo de burla, aunque la expresión relajada del rubio pasó a una de más seriedad en cuanto notó la confusión en la expresión del médico.

—¿AAAAAH? —Indignación. Tanta que no le importó levantarse de su silla y pronunciar su “pregunta” en voz alta, lo suficiente para que otros comensales lo escucharan. —¿Y qué me importa a mi lo que quieran comer en una fiesta a la que no estoy invitado? ¿Y qué es eso de carnicero? Soy méd…—Las manos de Rafael fueron rápidas para ponerlas sobre la boca del pelirosa, callándolo en el acto y disculpándose con los de su alrededor.

—Perdón, mi amigo se pone a hablar estupideces en voz alta cuando está borracho —. Borracho de nada, por supuesto, pero el doctor no era tan estúpido como para no entender que lo mejor en ese momento era guardar silencio.

—Necesitas explicarme mejor y eso no pasará aquí…hay mucha gente y no estoy entendiendo el pedido —dijo en un tono de voz que se perdía entre el resto, un susurro que apenas y pudo ser escuchado por su acompañante. —Si tu intención era decirme algo más delicado, debiste llevarme a un salón V.I.P…

—No es necesario tanto protocolo…eso puede ser peor —. El hombre lo miró con más firmeza antes de alzar un poco más la voz. —Las cosas son simple, Hyak…necesitan carne y la mercancía, ya sabes, el ganado, está en uno de los sitios de siempre. Lo único que necesitan estas personas es que saques unos buenos cortes de “res”, no los vas a preparar tu…solo harás de carnicero —. No tenía que ser un genio para entender el contexto de la conversación…quizá para cualquier persona externa la conversación se trataba de comida común y corriente y ya estaba, pero, por él tipo de trabajo que él estaba acostumbrado a hacer, podía leer entre líneas la macabra petición.

—Eso es… —Dio un sorbo a la bebida que antes rechazó y su acompañante solo susurró un “te lo dije” antes de acomodarse mejor en su asiento. Esperando una respuesta. Paciente.

Se revolvió en su asiento. Incómodo. En shock. Su cerebro procesaba esa petición y la tomaba con pinzas. No habría que hacer una operación, no habría que sacar los órganos de alguien más para ponerlos en un cuerpo ajeno…esto era simple y sencilla carnicería… Esa no es su rama y, aun así, el morbo de destazar a una persona como si se tratara de un animal empezaba a ganar terreno en su mente con tanta facilidad que, por un momento, tuvo miedo de sí mismo.

—¿Y el producto está en buen estado? —Se sorprendió al preguntar aquello con tanta facilidad.

—Eso tienes que revisarlo por tu cuenta. Yo cumplo con conseguirte un ejemplar que se vea sano y que en el “mercado” nos hayan dicho que lo esté…tu cumples con examinar que eso sea cierto. Por eso te llamé a estas horas, porque necesitas hacer exámenes ¿No es así? Tu nunca entregas nada de mala calidad —. Rafael se levantó de su asiento antes de dar un último sorbo a su trago, mientras que veía como el pelirosa parecía aún dubitativo sobre aceptar o no. —Dan mejor paga que cualquier cirugía en la que hayas estado.

Y eso fue suficiente para que su mente terminara de hacer click.

—Acepto…Llévame con el producto.

Se levantaron de sus asientos, salieron de la taberna y se pusieron en marcha hacia ese sitio de “siempre” que Rafael le comentó antes al médico, sin preocuparse por si alguien los seguía o no…a fin de cuentas, se supone que esa taberna era segura para hablar de ese tipo de negocios…¿De quién iban a tener que preocuparse si se supone que parte de la gente que frecuenta el lugar es de su misma calaña? 

***





RE: Hatred [Priv. Bertram] [Pasado] - Bertram Gaufrid - 02-12-2025

El joven arquero se hallaba aún en Isla Karate tras ser enviado de mensajero a entregarle una carta a Moja y donde tuve que lidiar con ese grupo de bandidos que acabamos neutralizando con cierta facilidad entre la agilidad del mink y mis tiros certeros fueron suficientes para neutralizarlos. De normal hubiera regresado de inmediato a Roshawn a entregar al grupo de bandidos para que los encerraran y decidieran qué hacer con ellos, a donde mandarlos a pasar su condena y cuanto tiempo tendrían de condena. El joven mantenía su arco continuamente en su espalda, junto a las flechas, pues a pesar de estar en una isla donde los propios habitantes tenían su organización para mantener las calles seguras y cuidar de los demás, el marine sabía que el peligro siempre estaba acechando y era mejor estar preparado que confiarse y acabar muerto. Tras neutralizarlos a todos y que quedara solo uno con vida, el que tenía un mejor aguante y una mejor capacidad, se percató que era demasiado tarde para poder llevarlo hasta la isla, siendo que debería pasar la noche en puerto y luego poner rumbo al cuartel. Por suerte el bandido no tenía como atacar ni huir en el estado que se encontraba por lo que Bertram simplemente lo dejó encerrado en una habitación del barco que lo llevaría de regreso a Roshawn y decidió dar una vuelta por la isla, asegurarse que ninguno de los compañeros del sujeto quedó suelto o si no había más peligros por la zona.

El joven se ajustó nuevamente el carcaj y empezó a caminar tranquilamente por el pueblo, rascándose detrás de la cabeza mientras pensaba

-Menudo dolor de cabeza va a ser lidiar con ese hombre, hubiera preferido poder partir ya, pero si no se puede mala suerte.-

Los ojos del joven arquero se acostumbraban lenta y paulatinamente a la iluminación de esa hora, momento en el que no había casi personas en la isla y por ende no había mucho peligro de chocar o mucha actividad, haciendo más fácil observar y detectar posibles actitudes sospechosas. Los pasos del joven, lentos, calmados y silenciosos, acostumbrado a evitar hacer ruido para no espantar a sus presas el arquero se especializó en la discreción, aunque tenía una mala costumbre en combate de anunciar sus ataques mientras los lanzaba, lo cual eliminaba en gran parte el efecto sorpresa. Pese a ello, si lograba una buena posición sin que lo percibieran, su velocidad de disparo podría ayudar a que, a pesar de que se dieran la vuelta al escuchar su grito, Además, con su nuevo estilo elemental si lograba impactar, podría llegar a mermar las capacidades enemigas, de forma que aunque escuchara el anuncio de su técnica y pudiera mirar hacia él, podría no tener las capacidades necesarias para poder defenderse.

Mientras caminaba el joven trataba de entrenar sus ojos, buscando mejorar su capacidad de observar los detalles y su capacidad de percibir los mismos en un menor período de tiempo, lo que le ayudaría a lidiar con determinadas situaciones donde podría estar en desventaja. De la misma manera, iba pensando en métodos para tratar de mejorar su desempeño en combate, como aumentar la destreza y agilidad de sus dedos a la hora de disparar las flechas para lograr un impacto más certero con mayor fluidez. Si la calle hubiera estado abarrotada seguramente no podría dedicar parte de su atención a esos temas, debiendo estar atento a las personas caminando y a cualquier cosa que saliera de lo común. Idóneamente estaría ya de camino a Roshawn, entrenando en el barco o estudiando para planificar sus nuevas municiones y nuevas estrategias, sin embargo el destino quiso llevarlo por un camino diferente, uno que pronto podría cambiar su vida o afianzar su determinación.

Mientras el joven caminaba pudo ver a dos sujetos salir de una taberna cercana, aunque al contrario de lo que solía verse en el aspecto de las tabernas, esta parecía más un restaurante de lujo que una taberna. Normalmente el pelirrojo se iría por su camino, pero algo en el ambiente le resultaba cuanto menos sospechoso, no sabía si era en sí que la taberna era demasiado lujosa o algo en la forma de moverse de ellos, pero debido a sus sospechas el marine decidió ir tras el rubio y el pelirrosa, manteniendo una distancia prudente y una actitud natural, haciendo parecer que simplemente seguía el mismo camino de casualidad al tener destinos en la misma dirección, pero sus ojos se mantenían atentos a cualquier posible peligro.


RE: Hatred [Priv. Bertram] [Pasado] - Hyákinthos - 06-12-2025

La puerta se abrió con un click al que le precedió el chirrido de unas bisagras que habrían sido responsables de acabar con el silencio del callejón, de no ser porque una ráfaga de viento silbó tan alto como para opacar el molesto sonido, además de mover con violencia los cabellos de los dos hombres frente a la puerta y, por último, una varilla metálica que rodó por el suelo y terminó chocando con el borde de un basurero. Un “clank” se escuchó aún más alto que el viento y, el médico, por simple instinto, tensó sus músculos y apretó sus puños antes de voltear hacia donde creyó escuchar el sonido metálico.

—¿Asustado? No hay nadie ahí, solo fue el viento…ya entra —. A pesar de las palabras del rubio, el pelirrosa achinó sus ojos y dio un último vistazo hacia el callejón al que llegaron luego de recorrer las calles por unos pocos minutos.

—No lo sé…algo no está bien esta noche, siento que alguien nos vigila —. El rubio ahogó una risa ante las palabras del médico y le dio una fuerte palmada en la espalda, lo suficiente para hacerlo avanzar hacia el interior del sitio, lo que obligó al pelirrosa a apoyarse en una pared para no rodar por las escaleras que descendían a lo que parecía una bodega…un lugar que conocía bastante bien.

Dio una última mirada atrás, como si quisiera comprobar que nadie más que su acompañante lo seguía, a lo que el otro hombre le hizo una seña de “todo despejado” y cerró la puerta de un tirón, aunque no se molestó si quiera en cerrarla ¿Por qué hacerlo? Otros de su grupo tal vez vendrían más tarde, además, no había escuchado que nadie los siguiera… ¿Por qué habrían de hacerlo de todos modos? Solo eran dos hombres caminando por el pueblo, no habían hecho nada malo. El rubio se encogió de hombros y bajó por las escaleras siguiendo al médico y, más temprano que tarde, ambos estuvieron en una habitación cuyo olor a humedad era palpable, aunque eso no era algo que el pelirrosa pudiera notar, pero, fuera de eso, había varios estantes con cajas y frascos… ¿Qué había en su interior? Eso no era del conocimiento del médico, tampoco le interesaba saber, no mientras no se relacionara con su trabajo.

Otra puerta dentro de la bodega se abrió y ahora, con claridad se alcanzaban a escuchar sollozos ahogados de personas que parecían haberse cansado de luchar. Ese si era su sitio.

Frente a él había varias celdas y un par de guardias que dormitaban en un banco…Vigilancia…una mera formalidad, pues las puertas metálicas de la celda no se abrirían con facilidad, además, el “ganado” era débil…eso era ley…siempre era así. Es verdad que se seleccionaban a los más “sanos”, pero también a los más “vulnerables”, a esos que nadie extrañaría, los que serían olvidados por no tener a nadie de su parte para defenderlos.

Hoy había tres de esos en tres celdas distintas. Ninguno pasaba de los 20 años, eso era claro, además, cuando el médico se acercó a las celdas para examinar desde la distancia, notó que no estaban demasiado heridos, que tenían un cuerpo que parecía vigoroso, sano.

—No podíamos darnos el lujo de traer a uno solo y que, por algún motivo, no sirviera, por eso tenemos a tres…puedes examinarlos como te plazca, en la otra habitación están los implementos que necesitas para…eh… ¿Cómo decirlo? …empezar con los cortes de carne para el que sea el elegido —. Uno de los chicos dentro de la celda se removió con inquietud y emitió un quejido lastimero más fuerte que los sollozos de antes, los otros dos, en cambio, apenas podían moverse bien. Parecían bien sedados, algo que hizo sonreír al médico.

—Jmmm… ¿Qué usaron para sedarlos? —La pregunta iba dirigida a Rafael, pero los ojos del médico se fijaron en los guardias, quienes, bajo su punto de vista, en lugar de ayudar solo estaban estorbando. —¿Puedes pedirles que se retiren? Tal vez servirían más si vigilan que no venga nadie o, al menos, que vayan a dormir en la bodega de la entrada —. Un dejo de nervios se dejó escuchar en su voz mientras que su mirada se movió de los guardias a la puerta que los conectaba con la bodega principal.

El otro hombre suspiró y con un movimiento de sus manos le ordenó a los vigilantes que salieran de la habitación. Obedecieron al instante y, refunfuñando por tener que levantarse de su “sueño”, se movieron hasta las escaleras por las que el médico y su acompañante habían entrado.

—Bien…eso está mejor —. El rostro del “médico” se giró de regreso hacia las celdas, específicamente hacia la del chico que antes se había movido a pesar de, supuestamente, estar sedado. No esperó que Rafael respondiera al tipo de “anestesia” usada en él, asumía que los encargados de “recoger” a la “mercancía” habían seguido instrucciones por alguien que supiera manejar bien todo el asunto, por eso se interesó en ese muchacho, porque dentro de los tres, no solo era el que, físicamente, parecía más fuerte, si no que era el más grande y eso solo se traducía en más carne para los exclusivos clientes que estaban pagando muy bien por la salvajada que estaba por hacer.

Tomó una de las llaves que los vigilantes dejaron alejadas de las celdas y luego, de uno de los estantes que estaban en el lugar, sacó un frasco con un líquido incoloro y una inyección. Extrajo algo del líquido y se dirigió a la celda del chico semi inconsciente.

—No te haré daño —. No por ahora, le faltó agregar. —Solo te haré unos exámenes…quiero saber si gozas de una buena salud —dijo con voz dulce, aunque sabía que sus palabras caerían en oídos sordos, que el chico, aunque pudiera moverse y quejarse, seguramente estaría demasiado agotado para pensar en las palabras de “consuelo” que el “doctor” le estuviera dirigiendo.

Al entrar a la celda tomó al chico del brazo y, sin pensarlo dos veces, clavó la inyección que traía en sus manos justo en una de las venas del brazo del muchacho y…y eso fue todo lo que alcanzó a hacer antes de escuchar unos ruidos en el exterior. Las voces de los guardias que parecían estar reclamándole a alguien por haber entrado a ese lugar.

Sus ojos se abrieron por la sorpresa y su rostro se giró para observar al rubio que lo acompañaba. Soltó al chico al que acababa de terminar de sedar y se levantó del piso de la celda, poniéndose en guardia, aunque no supiera que ocurría en la bodega de al lado.

—Tsk…Dijiste que nadie nos había seguido —. No quería afirmar algo como eso, pero tampoco ignoraría la realidad. Las voces de los vigilantes no eran de alegría, era un tono retador, como el de alguien a punto de iniciar una pelea si la otra persona no responde por las buenas.



RE: Hatred [Priv. Bertram] [Pasado] - Bertram Gaufrid - 08-12-2025

El joven pelirrojo de la marina caminaba con calma y tranquilidad a unos metros de la pareja, manteniendo el acto y para que quedara más creíble y menos sospechoso incluso miraba los alrededores como buscando el edificio en concreto al que me dirigía, siendo que no tenía ninguna intención de entrar en un edificio al azar y solo era una pequeña actuación, una farsa, para que en caso de que alguno de ellos se percatara de mi presencia a pesar de la poca iluminación del lugar y la falta de luz natural al estar en una zona donde la luz de los astros nocturnos apenas llegaba a dejar visibles las figuras y el contorno. Los pasos del marine son calmados, y tan tranquilos que sonaban como alguien que realmente simplemente iba a su casa o a su trabajo, pues había gente que trabajaba a altas horas de la noche de forma honrada y completamente legal. Sus ojos se ya se habían adaptado a la iluminación, y el joven continuó fijándose en cualquier detalle que pudiera darle algún indicio de si esos sujetos simplemente estaban regresando a casa o realmente tenían algo que esconder.

Durante gran parte del camino todo parecía de lo más normal, pero el joven arquero seguía teniendo una extraña sensación al respecto, como si algo no encajara del todo en su comportamiento. El marine se mantenía alejado, a una distancia donde lograba verlos con calma y cierta claridad, pero lo bastante alejado para que con mantenerse junto a la pared o a un poste pudiera no verse debido a la poca iluminación. Los ojos del pelirrojo, quien seguía entrenándolos para fijarse en detalles, fijarse en los movimientos y potenciar su precepción se mantuvieron fijos en ambos sujetos, a la vez que una serie de sonidos de una puerta abriéndose y el silbido del aire llenando los oídos de Bertram, justo antes de escucharse el choque de una varilla metálica contra un basurero, no muy lejos de la posición del marine, de forma que podría llamar la atención de los sujetos y provocar que lo vieran. Por instinto de sus días cazando, el marine se quedó estático junto a la pared, aprovechando la distancia, la poca luz y el hecho que no sabían de su presencia para poder mezclarse con el entorno, haciendo que el rubio empujara al otro hacia el interior de la puerta como diciéndole que no había nadie en el callejón.

Destensando los músculos el pelirrojo dejó salir un pequeño suspiro antes de tomar aire y decidirse a seguirlos, ya en una decisión más arriesgada que podría meterle en problemas, pero quería saber qué ocurría allí dentro. El joven contramaestre esperó un poco, dejando tiempo para que no lo vieran nada más entrar y le tendieran una emboscada y entró por la misma puerta, mano lista para domar una flecha y usarla para defenderse aún sin el arco al clavarla en quien decidiera atacarle. Al abrir la puerta pudo ver una larga escalera descendiente, algo poco común para las casas corrientes, siendo más usadas en bodegas o zonas de entrenamiento para poder desembocar en una sala más reforzada bajo tierra donde podían aprovechar el terreno para aumentar la resistencia de la estructura.

El marine bajaba los escalones con calma, como quien iba al sótano de su casa o entraba a un lugar habitual, pero al abrir la puerta para entrar a lo que parecía ser una bodega, no muy bien cuidada ya que el olor a humedad era impactante siendo que con un vistazo pudo ver varios fallos de construcción en los barriles y estantes de la zona. No había señales de los dos sujetos de antes, pero el marine sabía que estaban por algún lugar, por lo que continuó investigando la bodega, caminando con tranquilidad y tomando una segunda flecha, teniendo una en cada mano, por si necesitaba defenderse tener con qué golpear al no ser un lugar idóneo para un arquero. De pronto vio a dos hombres aparecer y ambos se dirigieron a él, siendo que uno de ellos dijo

-¿Quién coño eres y qué haces aquí? Responde o vete, nos has fastidiado la noche.-

El joven marine los miró, flechas en mano pero sin mostrar hostilidad y dijo -Solo soy un viajero que se perdió, pensé que estaba entrando a una posada donde buscar una habitación, pero viendo lo mal que están hechos esos barriles y el tipo de empleados esto no parece ser un establecimiento serio, al menos no si se dedica a la producción y venta de alcohol, sir.-

Los ojos del marine seguían fijos en ambos sujetos, estudiando su lenguaje corporal, atento a cualquier mínimo movimiento, cualquier indicio de hostilidad para al menos reducirlos. En un momento uno de ellos decidió acercarse, con actitud totalitaria y de superioridad tratando de agarrar al marine del cuello. Sin dudarlo un instante el marine cargó la flecha de su mano izquierda en electricidad y se la clavó en el muslo izquierdo, haciendo que el sujeto gritara de dolor y se le entumeciera la pierna mientras el marine se alejaba y miraba ahora con una mirada más seria diciendo

-Ya que habéis decidido complicar las cosas será mejor que empiecen a hablar y decir el motivo por el que tratáis de tomarme del cuello sir.-


RE: Hatred [Priv. Bertram] [Pasado] - Hyákinthos - 15-12-2025

El inconfundible sonido de un grito de dolor traspasó la puerta. Eso no debía pasar, de hecho, nada de esto debería estar pasando, incluso las voces de reclamación de antes debieron quedar aisladas, se supone que ese era el trabajo de la puerta metálica que separaba una habitación de otra.
 
Un jadeo ahogado en su boca por sus propias manos fue la respuesta del médico pelirrosa al darse cuenta del motivo por el cual esa “defensa”, en la que tanto confiaba, había fallado tan estrepitosamente. Era apenas perceptible, pero la puerta estaba entreabierta, dejando una ranura de menos de un centímetro, suficiente para que el ruido se cuele.
 
Casi soltó una risa burlesca, no por alegría, obvio, si no por irritación…Claro… ¿Para qué molestarse en cerrar bien la puerta?, ¿para qué molestarse en cumplir todo el protocolo? Nadie los había encontrado antes y nadie debía haberlos encontrado ahora.
 
Siempre ha creído que confiarse está mal y esto se lo ha demostrado.
 
—Mierda —. Sea quien sea que estuviera al otro lado, estaba armado, pues no era sordo como para darse cuenta del silbido del aire al ser rasgado por algún tipo de arma y, por los ojos, abiertos de par en par, de Rafael, supo que este también lo había notado. Esperaba que se hiciera cargo de la situación.
 
—Ni siquiera me mires, te dije que tuviéramos cuidado, hazte cargo de tus errores —. Su voz apenas y se alzó, fue un susurro dicho muy cerca de la oreja del rubio como para que otra persona fuera capaz de escucharlo, incluso si hubiera alguien más consciente en ese cuarto con celdas. —Solo soy un médico y así pienso mantenerme, no quiero problemas con nadie —. No era para menos, después de todo, durante años estuvo evitando llamar la atención lo suficiente, durante años había trabajado desde la sombra, eso le había evitado tener un precio sobre su cabeza, algo que no esperaba que cambiara esta noche.
 
El rubio chasqueó la lengua y se alejó un paso para poder cargar su arma y luego colocársela en la parte de atrás de su pantalón, oculta, pero lista para ser usada en caso de ser necesario. —Quédate aquí entonces, Doc…hablaré con el intruso que está amenazando a mis hombres.
 
El pelirrosa asintió y sus pies, tan discretos como su susurro de antes, se movieron hasta quedar situado tras la puerta, escondiéndose de quien fuera que los hubiera seguido y que ahora les pedía indicaciones, mientras que el rubio apenas abrió la puerta para pasar a través de ella, cerrándola tras de si apenas estuvo fuera, bueno…no del todo, así como antes, la dejó entreabierta, solo un poco, lo suficiente para que el médico al otro lado pudiera escuchar la conversación ¿Por qué? Tal vez porque el rubio tenía esperanza de que el doctor actuara en caso de ser necesario.
 
Sin embargo, al estar afuera, lo que vio no le gustó nada. El chico pelirrojo con una carcasa llena de flechas le parecía una molestia, una que se intensificó mucho más al ver a uno de sus guardias en el suelo retorciéndose por el dolor de una herida que no parecía causar una simple hemorragia, no por la manera en la que la pierna ajena parecía “convulsionar” cada tantos segundos, mientras que, el otro guardia, con cuchillo en mano, parecía tener toda la intención del mundo de querer tirarse sobre el recién llegado pelirrojo para hacerlo “callar”.
 
El rubio tuvo que intervenir. Su mano se posó sobre el hombro del guardia que no estaba herido y sus ojos grises se fijaron con atención en el desconocido con un dejo de seriedad momentánea que enseguida fue reemplazada con una expresión de falsa amabilidad: una mirada relajada, una sonrisa cordial.
 
—Vamos, vamos, creo que esto ha sido un leve malentendido —. Sujetó con más fuerza el hombro del guardia al que sostenía, descargando en este la rabia contenida por haber sido descubierto. —Mis guardias pueden ser un poco celosos con aquellos que entran a mi propiedad sin permiso, es normal que actúen de esa manera ante un extraño…Digamos que es como tener un perro bravo en el patio de tu casa ¿Cómo crees que actuaría si llega un intruso? —Soltó al hombro del sujeto al que antes contuvo y lo miró por un momento.
 
—¿Por qué no vas a ayudar a tu compañero con esa herida? —preguntó con voz casual, aunque con un dejo de preocupación, también fingido. —Por supuesto, si nuestro ahora “invitado” nos permite hacerlo… ¿Te molestaría bajar esas armas? Me pones nervioso —dijo con un tono amable que invitaría a cualquier persona a seguirle el juego, aunque no sabría si podía funcionar con el recién llegado.
 
—Ahora, soy yo quien debe preguntar ¿Por qué ha entrado aquí?, ¿Acaso se le perdió algo o alguien? Dudo que encuentre respuestas en este lugar —. O tal vez encontraría más de lo que buscaba, pero eso no sería bueno ni para el rubio ni para el médico que aún escondido tapaba su boca con sus manos, evitando que cualquier sonido de sorpresa pudiera delatar su presencia. —No es muy de caballeros violentar la propiedad privada… “Sir” … ¿Tiene acaso una orden que permita este registro? De lo contrario, estoy seguro de que lo mejor sería retirarse —. Dio un paso al frente, dándose la libertad de moverse hacia uno de los estantes sobre los que reposaban viejas cajas de madera.
 
—Esto es solo un depósito personal —. Mintió descaradamente, aunque ciertamente, algunas cosas en las cajas podrían hacerse pasar por artículos “personales” que ya no tenían cabida en una casa. —No hay nada que pueda interesarse…solo objetos que evocan algo de nostalgia a su servidor —. Se señaló a él mismo, mostrando al muchacho un rostro relajado, aunque en su interior su corazón estuviera a mil por hora y la certeza en su mente de que sus mentiras pudieran funcionar estuvieran tan equilibradas en la balanza como la probabilidad de que no funcionaran.



RE: Hatred [Priv. Bertram] [Pasado] - Bertram Gaufrid - 20-12-2025

Bertram buscaba pasar desapercibido, saber qué pasaba allí y si le convencían de que no era más que un almacén mal planificado y mal construido simplemente se hubiera retirado sin más a seguir con su camino, ignorando lo que estuviera pasando allí dentro al no tener motivos reales para indagar más en profundidad, pues a simple vista es solo un almacén descuidado sin mayor misterio. Sin embargo, esos dos idiotas perezosos decidieron complicar las cosas al atacar al arquero eléctrico, quien si bien ya iba preparado para pelear por precaución, no tenía motivos para atacar de base, y lo usaba como simple precaución, algo que al final resultó ser buena idea viendo lo que decidieron hacer lo que podrían ser considerados dos guardias de seguridad o vigilantes en lo que fuera que se escondiera bajo aquel aspecto de bodega abandonada. Las palabras del marine, calmadas y tranquilas como de costumbre, solo buscaban información mientras el pelirrojo se hacía pasar por un viajero perdido que confundió aquél lugar con una posada. Si le hubiesen dicho que era una bodega abandonada o un almacén o cualquier otra excusa, aunque fuera mentira, el marine lo hubiera dejado pasar porque no tenía motivos para sospechar de nada ilegal ocurriendo en el lugar.

Sin embargo, en el momento que decidieron lanzarse sobre Bertram dejaron en claro que ocultaban algo, o más bien que alguien les pagaba para supuestamente controlar que nadie entrara en ese lugar, lo cual dejaba claro que fuera lo que fuera que estuviera ocurriendo tras esa puerta, no era algo que quisieran se supiera, o por ser ilegal o por ser un avance que podrían robar, aunque en el segundo caso no hubieran atacado a alguien que decía ser un viajero que se perdió, lo hubieran acompañado a la salida. Además de eso no podían quejarse de ser heridos por alguien que únicamente reaccionó para defenderse de su propio ataque y ni siquiera empleó toda su fuerza o lanzó un golpe que realmente implicara un riesgo para la vida del que lo sufriera. El arquero simplemente clavó una flecha electrificada en el muslo de su atacante para que estuviera un rato tranquilo mientras su compañero respondía a las preguntas del marine.

Nada más clavar la flecha la pierna afectada empezó a tener espasmos involuntarios por el efecto de la electricidad y la flecha que interrumpían la comunicación nerviosa en la zona, provocando que la pierna se moviera de manera rara y sin que el guardia pudiera controlarla. El marine no esperaba que nadie apareciera, al menos no pronto, por lo que realmente esperaba que el segundo guardia decidiera hablar en lugar de ponerse violento tras ver el resultado de atacar al marine en su compañero. Por fortuna o mala suerte, de la puerta salió el rubio justo a tiempo para contener al guardia que había sacado un cuchillo, seguramente para tratar de callar al marine, mientras que el rubio trataba de hacerlo pasar todo por un maletendido. Bertram lo miró con incredulidad, no confiaba en una sola palabra que estaba diciendo, nada en aquello parecía un malentendido, sus guardias lo atacaron sin motivo, él solo se defendió. Ante la explicación del rubio Bertram simplemente lo miró y dijo

-Si están bien entrenados dan la voz de aviso y luego atacan. Siguiendo tu ejemplo o tus guardias son unos perros callejeros desentrenados, o tú eres un dueño nefasto que no sabe entrenarlos adecuadamente, sir.-

El marine seguía sosteniendo las flechas, no confiaba ni un poco en ese sujeto, había algo en él que no convencía del todo al pelirrojo que esa calma y amabilidad fueran reales o totalmente sinceras. Cuando le indicó al guardia que fuera a atender al herido, mencionando si es que el marine les permitía el arquero dijo

-No iba a impedírselo, solo acabó herido por decidir a atacarme sin siquiera escuchar lo que estaba diciéndoles. Respecto a bajar el arma prefiero no hacerlo de momento, no confío del todo en la mirada de ese guardia, sir.-

El marine permaneció inmóvil, dejando que el guardia fuera a atender a su compañero, aunque no diría qué era lo que provocaba esos espasmos y escuchó lo que decía el supuesto dueño del lugar, quien olvidando su falsa amabilidad se burló de la forma de hablar del marine, quien mantenía la mirada fija en la figura que hablaba, siguiendo cada uno de sus movimientos con las flechas aún bien firmes en sus manos. Una vez el sujeto terminó de hablar Bertram suspiró bajando las manos, sin guardar la flecha manchada por razones obvias y dijo

-Tampoco es de caballeros burlarse de las condiciones del habla ajenas. Respondiendo a tu pregunta, tal y como dije a su guardia antes de que decidiera ignorarme y tratar de asfixiarme soy un viajero que se ha perdido, al ver a dos personas entrar a estas horas confundí el lugar con una posada, y es lo que les dije a sus guardias, pero parecen más interesados en dormir que en hacer su trabajo. También le diré que detesto las mentiras, y más cuando son tan descarados como usted al mentir como si fuese lo más habitual. Pese a ello, y por el único hecho de que, al contrario que esos dos sacos de músculos, decidió hablar antes de atacar estoy dispuesto a marcharme sin más en cuanto me diga donde puedo encontrar una posada.-


RE: Hatred [Priv. Bertram] [Pasado] - Hyákinthos - 01-01-2026

Una vena se marcó en la frente del rubio al escuchar las palabras del pelirrojo y; sin embargo, no podía simplemente dejarse llevar y arrancar de cuajo aquella amabilidad falsa con la que él mismo se había presentado, más que nada porque siendo que el joven estaba armado, debía considerar que, dentro de las posibilidades del chico, estaría escapar si él decidía atacarlo aquí y ahora para eliminarlo.

No, no podía arriesgarse. Estaba entre la espada y la pared, después de todo, de por si el sitio lucía sospechoso y nadie descartaba que el muchacho no hablara de nada de esto cuando saliera, pero, por otro lado, si llegaba a atacarlo y las cosas no salían bien, llamaría la atención mucho más de lo que deseaba.

—Tal vez tengas razón, puede que sea un dueño nefasto que tenga que amaestrar mejor a sus perros, pero ahora que lo sé voy a tenerlo en cuenta para el futuro —. Volvió a sonreír con falsedad mientras que sus helados ojos celestes no se apartaban del intruso. —A final de cuentas que un viajero perdido haya venido hasta aquí sirvió para que aprendiera algo nuevo.

En ese momento el guardia que no estaba herido se inclinó para ayudar a su compañero, quien refunfuñaba en medio del dolor causado por la herida e intentaba contener los descontrolados espasmos de su pierna. Rafael solo los ignoró por el momento, aun cuando sabía bien que el médico del otro lado de la habitación seguro podía encargarse de lo que sea que provocara aquella reacción en la pierna ajena, a fin de cuentas, no estaba en sus planes revelar que había más gente en el lugar, eso sería contraproducente y, mientras que el pelirrojo no mencionara nada sobre haber visto al médico de cabellos chicle, todo debería estar bien o, al menos eso creyó.

—¡Oh! No me malentiendas, muchacho, no me burlaba de tu manera de hablar, simplemente me pareció interesante ¿Tiene algo de malo que haya querido destacarlo? —A pesar del peligro de las flechas, el rubio decidió jugar un rato, no perdía nada con hacerlo, eso sí, inmediatamente dejó que el otro siguiera con su explicación, esa que él mismo le había pedido y, al final, como sospechó…no le creyó nada. Todo parecía conveniente, demasiado conveniente.

Sin embargo, ahí estaba de nuevo la duda, esa decisión de si dejarlo ir por las buenas o no, después de todo, la petición del muchacho no era descabellada y el rubio podía no darle la dirección de una sola posada si no de muchas, aun así… ¿Quién le podía asegurar que no empezaría con habladurías por ahí? Habladurías que pudieran delatar su ubicación a gente que pudiera ponerlo en aprietos. Es verdad que el muchacho no parecía haber visto nada ilegal por ahora…pero, la gente habla y eso no es bueno en estos casos.

—¿Jmmm? ¿En verdad? ¿Nunca se te ocurrió que podía entrar aquí porque es mi casa o una propiedad privada? No deberías arriesgarte entrando a sitios que ni siquiera tienen un letrero afuera, no todos tienen guardias ineptos, alguna de esas incursiones siguiendo a desconocidos podría salir mal —Tragó saliva, no por nervios, si no por fastidio, a pesar de que el tono de su voz parecía bastante relajado. La noche no estaba saliendo como la planeó. —, pero, como sea, considerando que solo quieres irte de aquí, puedo anotarte en un papel los nombres de posadas reales, con precios desde los más baratos hasta los más caros, ahí puedes decidir a cuál quieres ir.

El rubio se movió para intentar entrar a la habitación detrás de si, pero ni siquiera pudo entrar cuando un llanto lastimero se escuchó desde el interior, seguido de inmediato por una voz quebrada que, aunque era baja, debido a lo cerrado del lugar, se escuchó con más claridad de la que Rafael hubiera esperado. El hombre chasqueó la lengua y miró con cautela al pelirrojo… ¿Lo habría escuchado? Y, de haberlo hecho ¿Intentaría algo?

Mientras tanto, dentro de la habitación en donde estaba la “mercancía”, el médico miró con horror como a uno de esos que estaba casi dormido, empezó a pasársele el efecto de la anestesia en el peor momento posible.

Normalmente, no se habría movido o, en su defecto, habría buscado un lugar donde esconderse o una apertura para escapar en caso de que, quien sea que estuviera afuera, decidiera hacérselas de héroe, pero en este caso ninguna de las opciones era viable, a fin de cuentas, no había muchas cosas en la habitación que pudieran esconderlo de la vista, tampoco había más salida que la puerta que estaba detrás de él y, por supuesto, si se quedaba quieto, no podría callar al “ganado” que había decidido despertar.

Sus pies se movieron con rapidez para alcanzar la celda que, lamentablemente, se abrió con un chirrido que lo hizo fruncir el ceño antes de entrar y lanzarse sobre el chico que estaba dentro de la misma.

Una inyección, similar a la que usó antes con el otro muchacho, se clavó sin mayor resistencia en el cuello del que recién despertaba. Tuvo que agradecer que, a pesar de que se quejó con voz bastante alta para su gusto, al menos no podía moverse con naturalidad, por lo que no le costó nada volver a aplicarle un sedante…pero…algo le decía que el daño ya estaba hecho, algo en su interior sabía que las cosas no se iban a quedar así…tal vez los habían descubierto.

—Tsk…debiste mantener la boca cerrada —. Una advertencia que no sabía si llegó o no a los oídos del chico anestesiado, pero que susurró con rabia suficiente para saber que, si las cosas salían bien, se iba a olvidar de su “profesionalismo” y se encargaría de “desmantelarlo” sin usar ningún tipo de sedante.

El médico miró hacia la puerta, apenas podía ver algo entre la rendija abierta que quedaba…por eso tragó saliva y se puso de pie adelantándose a cualquier hecho, mientras arrastraba el cuerpo del chico a su lado. Bien…si por algún motivo Rafel no podía contener a quien estaba afuera y este entraba para hacerse el valiente, al menos podría usar un escudo humano si las cosas se salían de control.



RE: Hatred [Priv. Bertram] [Pasado] - Bertram Gaufrid - 12-01-2026

El joven marine estaba en una situación de lo más curiosa y peliaguda, algo le decía que el sujeto delante de él estaba fingiendo para esconder algo tras esa supuesta amabilidad, de hecho, todo en ese lugar cantaba a sede de una organización criminal que traficaba con algo, aunque no identificaba si era con personas, armas o cualquier cosa que pudiera darles beneficios de comerciar fuera de la vista y del sistema de comercio común, bien por ilegalidad, inmoralidad o por evitar tener que pagar por permisos, revisiones y cumplir ciertos requisitos de seguridad y sanidad para que pudiera ser vendido en las tiendas. Los rojizos ojos de Bertram se mantenían fijos en el rubio, aunque no perdía de vista al guardia que no estaba herido pues si bien de momento estaba tranquilo ayudando a su compañero, no confiaba en que no fuera a atacarle al cabrearse y querer tomar venganza por lo que le hizo al otro guardia, quien seguía teniendo espasmos por el efecto de la electricidad en su sistema nervioso y locomotriz. La mirada del arquero se fijaba en todos los movimientos del rubio, cada mínimo movimiento no se escapaba a sus ojos, por eso fue que cuando respondió al comentario de los perros que se percató de la vena en su frente, algo nimio para la mayoría de personas que buscaba señales más evidentes, pero para alguien que creció cazando y aprendió que lo importante estaba en los detalles pequeños eso fue suficiente para saber la verdad que ocultaban los demás.

Por mucho que el rubio intentara disimularlo Bertram notaba que estaba molesto, como si realmente no esperara que entraran y mucho menos que le respondieran como lo hizo el marine. Afortunadamente Bertram aún no era tan conocido dentro de las filas de la marina por lo que era poco probable que siquiera lo asociaran con dicha organización, y teniendo en cuenta la situación así era mejor, pues de seguro si fuese marine y lo que sospechaba era cierto y allí se llevaba a cabo algo bastante fuera de la ley, si descubrían era un agente de la ley seguramente buscarían acabar con su vida. Su arco y su estilo elemental le daban cierta ventaja al arquero en esa situación, pero igualmente prefería evitar un conflicto innecesario de momento. El rubio trató de reaccionar de forma calmada a las palabras del marine, diciendo que tendrá en cuenta lo sucedido para futuras ocasiones y próximos guardias, aunque eso no dejaba de ser una farsa, un intento de manejar la situación y seguir fingiendo ser un simple acaparador, pero todas las alarmas sonaban dentro de la cabeza del pelirrojo que ya sospechaba terriblemente de las verdaderas intenciones de ese sujeto y lo que de verdad ocurría en aquel lugar.

El rubio trató de fingir que lo que hizo no fue una burla, pero el arquero no iba a dejase engañar tan fácilmente, igualmente decidió dejar eso de lado, no era momento de molestarse por cosas menores. La conversación siguió con el tema confundir el lugar con una posada, siendo que el rubio mientras se peleaba con sus propias dudas mencionaba que podía ser su casa y que el pelirrojo no debería arriesgarse en edificios sin un letrero. Tendría un punto si no fuera por el hecho de que estaban en la zona comercial, y no tendría sentido una casa en aquél lugar. Sin embargo, el rubio parecía dispuesto a anotar el nombre de varias posadas en la zona con tal de que Bertram saliera del lugar.

En eso el sujeto trató de regresar a la sala de atrás, pero ni siquiera había empezado a moverse hacia allí cuando un llanto llegó a los oídos del marine que si bien no se movió estaba ya listo para tomar el arco en cuanto viera un movimiento sospechoso, aunque tampoco dudaría en volver a usar las flechas para apuñalar a quien se acercara. El rubio parecía preocupado por el ruido, por lo que Bertram iba a terminar la farsa y preguntar exactamente qué ocurría cuando su visión perimetral vio al guardia ileso empezar a dejar su compañero en el suelo y moverse hacia él. Sin dudarlo un solo instante el marine tomó su arco y lanzó la flecha que aún tenía en la mano directamente a la rodilla, un flechazo simple, pero que por el lugar de impacto cortó de raíz la carrera del hombre que ya estaba sacando un par de dagas.

El marine avanzó hacia el rubio, arco en mano y una nueva flecha ya en posición para ser disparada mientras sus ojos se fijaban en el rubio y con una voz calmada dijo

-Iba a irme sin más, ignorando el hecho de que sabía estabas fingiendo, pero ese llanto y la reacción del guardia son demasiado sospechosas. Como marine no puedo dejarlo pasar, sir.-

El pulso del cazador se mantuvo firme, el arco alzado y apuntando al rubio listo para disparar, aunque no haría un disparo letal, no mataba si no era estrictamente necesario. El marine avanzó hacia la puerta manteniendo el arco apuntado a él y le hizo ir hacia la puerta para abrirla aún escuchando los dos guardias aún quejarse de dolor y le dijo

-Primero te dejaré tranquilo, tus guardias están simplemente heridos, sus heridas no los matará. Sin embargo, dependiendo de lo que haya tras esa puerta ninguno saldrá libre de aquí.-


RE: Hatred [Priv. Bertram] [Pasado] - Hyákinthos - 02-02-2026

Un craso error fue el haber guardado su arma en su cinturón en lugar de haberse mantenido sosteniéndola al menos con una mano, pero no fue su culpa, jamás podría haber adivinado que los astros se alinearían para que alguien en el interior lloriqueara en el peor momento. Rafael chasqueó la lengua, mientras mirada de frente al pelirrojo que ahora lo amenazaba con el arco.

—Je ¿Así que un marine? Que conveniente, entonces debo suponer que tu presencia aquí no es mera casualidad —. Sonrió de medio lado, intentándola jugárselas como si tuviera la situación bajo control, pero lo cierto es que tenía ahora ambas manos a los lados de su cabeza, “rendido” y, lo único que pudo hacer fue decir la palabra “marine” en voz alta para advertirle al médico que estaba adentro con qué tipo de persona estaban lidiando.

—Bien, bien, señor marine, puede pasar al interior y revisar todo lo que quiera… ¿Quién soy yo para oponerme a la ley? —Se había acabado ese juego de dimes y diretes. Ya no había necesidad de esconder algo que estaba a punto de ser revelado. Su jefe se enojaría, estaba seguro de eso, pero seguro algo podían hacer para encargarse de ese dilema pelirrojo que ahora tenía en frente, pero, mientras tanto, obedecería lo que le pedía al pie de la letra.

Se hizo a un lado, aún con las manos en alto, buscando no representar una amenaza inmediata, aunque, en un momento, apenas bajó uno de sus brazos para empujar la puerta que se abrió, con un chirrido, pero sin miramientos con el leve empujón que le dio.

Fue en ese momento que, el médico, dentro de la sala, sintió que su sangre se heló cuando vio al rubio siendo apuntado con un arma, bueno, específicamente una flecha… ¿Qué los estaban cazando? De manera muy literal. En otro momento habría hecho algún comentario impertinente; sin embargo, hoy no estaba para bromas, de hecho, ni siquiera se dio cuenta que se estaba mordiendo el labio inferior con tanta fuerza que un hilillo de sangre empezó a recorrer su mentón hasta que la gota se resbaló y terminó manchando el cabello del chico que tenía sujeto con tanta fuerza que podría estar a punto de quebrarle algún hueso.

—Supongo que eres el marine que ha interrumpido nuestra velada —. No supo en que momento dejó de morderse a si mismo, tampoco cuando encontró el valor para hablarle de esa manera a un oficial, a fin de cuentas, siempre intentaba hacerse el inocente ante la ley, siempre buscaba ser la “víctima” y no el “victimario” o, incluso, llegar a acuerdos un poco corruptos con aquellos marines con los que podía negociar como era debido. De ese modo, hasta ahora, no había sido descubierto y su rostro permanecía en el anonimato, sin una sola denuncia, sin un solo cartel de “se busca”, pero ahora…la situación lo había superado.

Todo lo que podía haber salido mal, salió mal.

No le servía fingir ser una víctima. Su ropa, su rostro, su cuerpo, todo él estaba demasiado sano para compararse con los otros dos chicos, así que, llegó el momento de actuar.

—Creo que te metiste donde no debías, no debes husmear solo en una guarida de piratas. No es seguro —. El pelirrosa sonrió de medio lado, dando una visión que parecía más casual que peligrosa, incluso su voz sonaba demasiado calmada. —Así que es mejor que vayas soltando ese arco con el que amenazas a mi compañero. Es de mal gusto apuntarle a alguien que no conoces, al menos podrías respetar un poco a tus mayores, chico.

Con más fuerza bruta sujetó más cerca de él al chico adormilado, mientras que, una de sus manos sostenía cerca del cuello del muchacho una jeringa llena de líquido, una que tomó antes de que la puerta se abriera, solo por si acaso, para prevenir, porque, como lo pensó, si iba a usar al chico como escudo humano, sería con todos los recursos que tuviera a su alcance.

—Porque si no lo haces, creo que descubrirás lo que puede llegar a hacer esta sustancia —Movió de un lado a otro la inyección, peor sin llegar a clavarla al cuello del chico sedado. —…en el cuerpo humano. No será una visión agradable y, como marine, supongo que no querrás ver a civiles sufriendo…Tu misión es protegerlos ¿O me equivoco? o quizá sea solo proteger a esos tipos importantes del gobierno y estos perros sin nombre no te interesen. 

Pocas veces usaba ese lado suyo, se había acostumbrado a la tranquilidad, a estar protegido por otras personas, pero, de vez en cuando, podía recordar lo que se sentía ser un pirata, alguien sin honor ni ley, además, si ya los habían descubierto… ¿Para qué hacerse el inocente?

Rafael lo miró con la boca abierta, no acostumbraba a verlo así, de hecho, habría preferido que hiciera el papel de herido, de víctima, habría preferido que intentara escapar, aunque sabía que era casi imposible; sin embargo, en el momento en que había decidido abrir la puerta y hacerse a un lado para dejar que el marine mirara el interior de la habitación, pensó encontrar al médico en una posición menos comprometedora. Ahora si estaban jodidos. —Idiota…debiste…

—¡Shhh! Rafael, no te quejes de mis métodos, si tu no pudiste largar a un solo marine, puedo encargarme yo ¿No lo crees, pelirrojo? —Nuevamente sonrió, esta vez de lado a lado; sin embargo, a pesar de sus palabras y de la escena, el gesto en su cara se veía tan apacible que parecía más un ángel en una pintura que una amenaza real, por más que, tal vez, dentro de esa habitación, fuera el que, mentalmente, estaba más desequilibrado. —¿Si me vas a obedecer, joven marine? Si bajas tu arma, te daré a este chico, aunque tendré que quedarme con el otro…¿No te parece un buen trato? Después de todo, tu heriste a dos de nuestros compañeros. 



RE: Hatred [Priv. Bertram] [Pasado] - Bertram Gaufrid - 25-02-2026

El marine estaba listo para dispararle al rubio si intentaba alguna tontería cómo buscar atacarle cuando bajara la guardia o tratar de mentirle descaradamente como antes para zafarse de los problemas, cualquier movimiento que el pelirrojo tomara cómo un peligro provocaría que una flecha atravesara la rodilla del rubio que parecía querer sacarlo de la zona, y lo estaba consiguiendo hasta que se escuchó ese quejido en la parte de atrás. Cuando el joven estaba por marcharse, escuchó la voz de atrás, algo que podría ignorar al asociarlo a una persona enferma que estuviera allí o alguien que hubiera sufrido algún tipo de accidente organizando una sala en la parte de atrás, siendo cosas normales que no eran motivo de sospecha, pero la reacción del guardia de tratar de atacarle justo tras ese ruido hicieron que primero, el arquero inutilizara al guardia con una flecha en su rodilla, para luego mirar al rubio y darle la última oportunidad de evitar un destino similar al de los guardias, pues si le dejaba pasar se libraría de la flecha.

Al enterarse de que Bertram era un marine las cosas parecieron cambiar ligeramente cuando el rubio supuso que la presencia del arquero en la zona no era coincidencia, algo acertado aunque hasta ese momento el marine estaba usando la excusa de perderse para no descontrolar la situación de manera innecesaria. De pronto el hombre cooperaba de manera demasiado fácil, haciendo que el marine sospechara que tuviera intenciones ocultas tras tan buena fe, y más  después de decir marine más alto que el resto de la frase, cómo si tratara de avisar a alguien de la presencia de la ley en el lugar. Bertram suspiró y avanzó acompañando al hombre hasta la sala de atrás, sin perderlo de vista y listo para disparar de ser necesario, por mucho que estuviera colaborando el pelirrojo no iba a confiar en que ese sujeto no fuera a atacarle por la espalda una vez le perdiera de vista. Mientras caminaba dijo

-Ciertamente, os vi en la calle y algo en vuestra forma de moverse y la dirección que tomabais me resultó demasiado sospechoso por lo que decidí investigar. Si tu guardia se hubiera quedado quieto hubiera supuesto el quejido era alguien enfermo o que sufrió un accidente ordenando y os dejaría lidiar con ello internamente.-

Al entrar en la sala los ojos del marine se volvieron más fríos y serios, lo que veía era algo que le provocó asco y repudio hacia la gente, era un lugar donde estaban reteniendo a personas drogadas para saber qué fines turbios y retorcidos. Junto a una de las víctimas había un sujeto de pelo rosa que soltó un comentario que el marine hubiera tomado a cuenta de no ser porque estaba peleando con todo su ser para mantener su propia norma de no matar de no ser necesario, empezando por el rubio que parecía ser el jefe de todos los presentes. Igualmente miró al pelirosa sin poder evitar soltar una risa seca de incredulidad ante semejante hipocresía, se quejaba de la flecha apuntando a su compañero mientras ellos secuestraban y drogaban a gente inocente, siendo que ahora mismo él estaba amenazando a un inocente con una especie de jeringuilla mientras hablaba. Tras eso vino una amenaza clara con lo que el pelirrojo temía, siendo que el joven lo miró con seriedad y dijo

-Tienes muy poca vergüenza al dejar en claro lo hipócrita que eres, sir. Me dices que es de mala educación apuntar a alguien que no conoces, mientras amenazas a una persona inocente e indefensa con una jeringuilla, además de usarla como escudo humano para chantajear a quien se te oponga. ¿Qué debo respetar a mis mayores? Lo siento, pero el respeto debe ser mutuo, además, ¿tú no apuntarías con tu arma a alguien que demostró que no dudaría en atacarte?-

El rubio trató de decirle algo al pelirosa, quien le mandó callar y desveló su nombre, Rafael, tratando de negociar con el joven sobre las vidas de los presentes entregando a uno de los pobres retenidos quedándose con el otro a cambio de dejar ir al rubio. La mirada de Bertram se endureció y el arco no se movió un centímetro, ciertamente no estaba en posición para pelear solo contra dos y ayudar a los rehenes, pero tampoco pensaba dejar que se llevara a ninguno de los dos por lo que suspiró y dijo

-Tengo una idea mejor, me llevo a esos dos, vosotros seréis libres ya que la seguridad de los inocentes va primero, lo que les ocurra a los dos de allí atrás es cosa vuestra, si los llevo yo podrían delataros por conseguir un mejor trato, aunque acabarán presos igual o incluso ejecutados dependiendo de la condena que les den. Otra opción, me entregáis a esos dos y los guardias se quedan, sir. Necesitaría también tu nombre, señor de la jeringuilla.-

Tras hablar el pelirrojo mantuvo el arco erguido, pero la cuerda no estaba tensa, demostrando intención de realmente dejarlos ir, ahora todo quedaba en manos del pelirrosa y Rafael si aceptar el trato.