Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece
La espera del pueblo [Aventura T2][Presente Absoluto] - Versión para impresión

+- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com)
+-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3)
+--- Foro: South Blue (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=7)
+---- Foro: Reino de Sorbet (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=302)
+----- Foro: Sorbet Norte (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=303)
+----- Tema: La espera del pueblo [Aventura T2][Presente Absoluto] (/showthread.php?tid=2756)

Páginas: 1 2


La espera del pueblo [Aventura T2][Presente Absoluto] - Moja - 16-12-2025

Año 16
Invierno
Dia 62 21:00

La noche en Sorbet no vuelve a ser silenciosa después de la explosión. Incluso lejos de la base naval, el aire sigue cargado de una tensión invisible, como si la isla entera contuviera el aliento esperando el siguiente golpe. Las hogueras de vigilancia arden más tiempo del habitual, los caminos rurales están más transitados de lo normal y, en los pueblos del sur, la gente baja la voz cuando habla de marines, de nobles… o de desapariciones.

En el lugar seguro, oculto entre vegetación espesa y roca erosionada por el salitre, la información termina de encajar como piezas de un rompecabezas demasiado cruel para ignorarlo. Los documentos rescatados del almacén no hablaban solo de una droga ni de pruebas aisladas: hablaban de personas. Nombres incompletos, cifras tachadas, referencias a “lotes” y “sujetos” que no eran mercancía, sino plebeyos arrancados de sus hogares, muchos de ellos del sur de la isla, gente que simplemente dejó de volver del campo o del puerto.

Todo apunta a un mismo lugar: una instalación discreta, alejada de las rutas principales, presentada oficialmente como un almacén agrícola en desuso. Nadie del norte se fija en él, nadie del sur se atreve a acercarse. Sin embargo, bajo su fachada abandonada, los nobles y sus colaboradores han creado un espacio donde el tiempo se detiene, donde los cuerpos son probados, debilitados y moldeados a base de Loop, hasta que la voluntad se quiebra y la sumisión se vuelve permanente.

La explosión en la base naval ha acelerado los acontecimientos. Los responsables saben que alguien ha visto demasiado, y eso convierte a los prisioneros en un problema urgente. Si la Revolución no actúa pronto, los cautivos serán trasladados, silenciados o simplemente eliminados para borrar cualquier rastro. Cada hora que pasa reduce sus posibilidades de sobrevivir.

La misión es clara, aunque el riesgo sea enorme: infiltrarse en el complejo, encontrar a los plebeyos retenidos y sacarlos con vida antes de que los nobles cierren definitivamente el puño. No se trata solo de rescatar prisioneros, sino de arrebatarle a algunos nobles una verdad que ha sido enterrada bajo miedo, corrupción y drogas que convierten a las personas en sombras obedientes.

Esta vez, no basta con observar ni con destruir pruebas.
Esta vez, hay vidas esperando en la oscuridad.

La misión no llega como una orden pronunciada en voz alta ni como un discurso solemne; llega envuelta en el silencio espeso del refugio, en ese instante en que la noche parece más atenta que nunca a cada palabra que se dice. Ling se encuentra sentado en la penumbra, con el murmullo lejano del mar filtrándose entre las rocas, cuando Bram despliega los papeles rescatados y los extiende sobre una superficie improvisada, como si temiera que incluso las paredes pudieran escuchar.

La luz tenue de una lámpara cubierta revela fragmentos de información dispersa: nombres incompletos, marcas de conteo, rutas señaladas con trazos nerviosos, referencias a “sujetos” que no deberían existir en ningún informe. A medida que Bram va señalando los puntos clave, el peso de la situación se vuelve evidente sin necesidad de adornos. No se trata de una hipótesis ni de un riesgo potencial, sino de algo que ya está ocurriendo, ahora mismo, en algún punto concreto de la isla, mientras la vida cotidiana de Sorbet continúa como si nada.

Bram no dramatiza, pero su voz arrastra una gravedad distinta, más profunda que la de la misión anterior. Explica que los plebeyos retenidos no son daños colaterales ni experimentos fallidos, sino parte de un sistema pensado para quebrar voluntades y probar hasta dónde puede llegar el control absoluto. Habla del edificio agrícola abandonado, de su fachada inofensiva, de cómo nadie lo cuestiona porque nadie espera que el horror se esconda tras algo tan común. Cada detalle encaja con demasiada facilidad, como si el propio reino hubiera sido diseñado para permitir ese tipo de abusos.

El momento en que la misión queda clara no llega con una frase concreta, sino con un silencio prolongado, uno de esos silencios que no necesitan ser llenados porque ya lo dicen todo. Bram deja los documentos a un lado y mira al revolucionario con una expresión firme, consciente de que lo que está pidiendo no es solo peligroso, sino irreversible. Rescatar a los prisioneros significará exponerse, cruzar una línea que hará imposible desaparecer de Sorbet sin dejar huella, y enfrentarse directamente no solo a marines corruptos, sino a los intereses más oscuros de la nobleza.

Cuando Bram termina de hablar, el aire parece más frío, como si el refugio hubiera encogido ligeramente alrededor de ellos. Afuera, el viento mueve la vegetación con un susurro constante que recuerda al rumor de voces apagadas, y por un instante resulta imposible no pensar en quienes esperan encerrados, sin saber si alguien vendrá o si simplemente han sido olvidados. La misión ya no es una propuesta ni una posibilidad: es una responsabilidad que ha sido depositada, con todo su peso, sobre los hombros del revolucionario.

No hay ceremonia ni despedida formal. Solo la certeza silenciosa de que, desde ese momento, cada decisión contará, porque esta vez no se trata de información, ni de pruebas, ni de incendios que borren rastros, sino de personas vivas que todavía pueden ser devueltas a la luz… si alguien se atreve a ir a buscarlas.

Offrol



RE: La espera del pueblo [Aventura T2][Presente Absoluto] - Ling Guang - 29-12-2025

*Ling suspira pesadamente mientras le entregan esta información , ya sabia que estas cosas estaban mal en Sorbet, Jamás imagino que tanto … jamás imagino que no solo usarían esto para interrogar , sino para dominar como si el resto fueran solo un montón de piezas de ajedrez con las que jugar , el revolucionario se pone de pie para mirar el cielo un momento mientras calcula en su cabeza la cantidad de enemigos que posiblemente encontrara en el camino y no le gusta para nada*

“ … personalmente me gustaba estar en el anonimato … pero … esta gente me necesita , asi que si puedo de hecho ayudar a una cantidad mas que decente de personas con esto , salir a la luz como un enemigo de este gobierno me parece un precio realmente pequeño… si … necesitare que me acerques … tal vez dentro de un barril como provisiones … no estoy seguro …”

*dice lo ultimo con un tono pensativo mientras trata de imaginarse como acercarse lo mas posible antes de levantar las alarmas que obviamente levantara su presencia en la zona*

“ … además , hay alguien importante que tal vez deba capturar en lugar de matar? , aunque dudo poder salir de allí con alguien a mis espaldas si es que llega a ser el caso … seguro los nobles y esos marinos van a seguir viniendo por mi cabeza con muchas ganas”

*tras ello vuelve a sentarse con tranquilidad y vuelve a mirar el mapa que tan extraño se le hace debido a que jamás ha sido bueno leyendo estos mismos*

“ también … donde esta este lugar? … entiendo que es por la zona sur si es agrícola … pero es algo mas complicado verlo desde aquí … es grande ese lugar?, porque en espacios amplios seguro sus armas de fuego tengan algo más de facilidad que mis espadas … sobre todo si son muchos … que eso es lo mas preocupante para mi … al ir solo , tengo que tener cuidado de ese tipo de situaciones …”


RE: La espera del pueblo [Aventura T2][Presente Absoluto] - Moja - 29-12-2025

Imagen de Bram



Bram permanece unos segundos en silencio después de exponer el objetivo, como si midiera con cuidado lo que está a punto de decir. La lámpara proyecta sombras irregulares sobre su rostro, acentuando unas ojeras que no estaban allí días atrás, y cuando finalmente habla lo hace con un tono distinto, más contenido, casi incómodo, muy lejos de la seguridad con la que había facilitado contactos y oportunidades en el puerto.

Explica que esta vez no dispone de hilos que mover desde dentro, que no hay taberneros cómplices, ni cadetes descuidados, ni uniformes que puedan abrir puertas sin preguntas. A diferencia de la base naval, aquel almacén agrícola no forma parte de la rutina diaria de la Marina, y precisamente por eso resulta más peligroso: quienes lo custodian no confían en nadie, no reciben visitas, no siguen horarios visibles ni protocolos reconocibles. Bram deja claro que cualquier intento de replicar la infiltración anterior sería inútil, porque allí no hay descuidos nacidos de la costumbre, sino vigilancia nacida del miedo a que alguien descubra lo que se esconde bajo la fachada.

Sin embargo, su voz no transmite derrota, sino una cautela pragmática. Añade que, aunque no puede ayudar a entrar, sí ha observado algo que no encaja con la idea de un simple edificio abandonado. Alrededor del almacén, dice, la vegetación ha crecido de forma descontrolada, mucho más espesa de lo normal para una zona supuestamente en desuso. Arbustos altos, enredaderas, árboles jóvenes creciendo sin orden, como si nadie se hubiera preocupado de despejar el terreno en años. Esa vegetación, según Bram, no es casualidad: sirve para ocultar movimientos, para romper líneas de visión, para hacer que desde lejos el lugar parezca todavía más olvidado de lo que realmente está.

Después de esa advertencia, Bram se inclina sobre el suelo de piedra y, con un gesto preciso, traza un recorrido imaginario, marcando direcciones con la mano mientras describe el camino más rápido para llegar hasta allí. Habla de senderos secundarios que parten desde los campos del sur, caminos de tierra usados por pastores y agricultores que evitan las rutas principales y serpentean entre colinas bajas. Menciona un viejo puente de madera que cruza un arroyo estrecho, apenas visible desde lejos, y una linde de árboles torcidos que sirve como referencia natural para saber cuándo abandonar el sendero y continuar a través del terreno más salvaje.

La ruta, según sus indicaciones, evita pueblos y puestos de control, aprovechando desniveles del terreno y zonas donde la maleza cubre cualquier rastro de paso reciente. No es el camino más cómodo, pero sí el más rápido si se sabe a dónde mirar, y Bram lo describe con la precisión de alguien que ha tenido que desaparecer muchas veces sin dejar huella. Mientras habla, queda claro que ese trayecto no es una simple indicación geográfica, sino una última forma de apoyo, una manera de reducir riesgos cuando ya no puede ofrecer nada más.

Cuando termina, Bram levanta la vista con una seriedad tranquila, como si aceptara que a partir de ese punto el control ya no está en sus manos. Sus palabras finales no suenan a disculpa, sino a una constatación honesta: esta vez, la Revolución no abre la puerta; solo señala el camino hasta ella. Y más allá de ese camino, entre la vegetación espesa que rodea el almacén, todo dependerá de lo que ocurra una vez que el revolucionario decida dar el siguiente paso.



Offrol


Visto desde fuera, el almacén no llama la atención de nadie que no esté buscándola de forma consciente. Se alza en medio de una extensión de terreno irregular, ligeramente hundido entre colinas bajas, como si el propio paisaje hubiera decidido relegarlo a un segundo plano. Su silueta es amplia y tosca, construida con muros de piedra gris apagada y refuerzos de madera oscurecida por el paso del tiempo, sin adornos ni señales visibles que indiquen una función activa. A simple vista, parece uno más de los muchos edificios agrícolas abandonados que salpican las afueras de Sorbet, restos de proyectos olvidados cuando las rutas comerciales cambiaron o la tierra dejó de ser rentable.

El techo, inclinado y cubierto de tejas irregulares, muestra varias zonas hundidas, y desde la distancia da la impresión de que el edificio apenas se mantiene en pie. Algunas tejas faltan, otras están rotas, y en ciertos puntos la madera asoma como huesos descubiertos bajo una piel erosionada. Sin embargo, esa apariencia de decadencia es engañosa; observándolo con más atención, resulta evidente que los daños están cuidadosamente dosificados, como si alguien se hubiera asegurado de que el almacén pareciera ruinoso sin llegar a serlo realmente.

La vegetación es, quizá, el elemento más llamativo. Arbustos altos y densos rodean casi por completo la estructura, formando una barrera natural que dificulta ver con claridad dónde terminan los muros y dónde comienza el terreno salvaje. Enredaderas gruesas trepan por las paredes, cubriendo grietas y juntas, y árboles jóvenes han crecido demasiado cerca del edificio, inclinándose hacia él como si intentaran reclamarlo. Entre la maleza, el suelo está cubierto de hojas secas, ramas rotas y hierba alta que amortigua cualquier sonido, haciendo que incluso el viento se mueva con cautela.

Las ventanas, pocas y estrechas, están situadas demasiado altas para un almacén común. Desde fuera parecen selladas con tablones viejos y clavos oxidados, pero entre las rendijas se adivina una oscuridad demasiado uniforme, demasiado limpia, como si detrás no hubiera polvo ni telarañas, sino un espacio mantenido con más cuidado del que su fachada sugiere. No hay cristales rotos esparcidos en el suelo, ni restos de madera caída, señales habituales en edificios realmente abandonados.

La puerta principal, grande y pesada, permanece cerrada, reforzada con una barra metálica que aparenta ser un añadido antiguo, aunque el metal está sorprendentemente libre de óxido. A su alrededor, el suelo muestra marcas confusas, pisadas borradas por la hierba y la tierra removida, huellas que no pertenecen a animales ni a agricultores ocasionales. No hay caminos evidentes que conduzcan al almacén, pero sí un desgaste sutil en ciertos tramos del terreno, como si alguien se esforzara en ocultar el tránsito constante borrando sus propias huellas.

Desde la distancia, el lugar transmite una sensación incómoda, una mezcla de abandono y vigilancia latente. No se oyen voces ni pasos, pero tampoco el silencio es natural; falta el canto de los insectos, y las aves evitan posarse en las vigas del techo. Todo parece contenido, a la espera, como si el almacén no estuviera vacío, sino simplemente cerrando los ojos para que nadie repare en lo que ocurre en su interior.

Almacén



RE: La espera del pueblo [Aventura T2][Presente Absoluto] - Ling Guang - 30-12-2025

*el asiente mientras trata de memorizar el camino , esperando que aquella descripción sea mas que suficiente para acercarle, sabiendo que el viejo tabernero sabe mas que nadie de como moverse por la zona , o al menos eso indica su forma de hablar*

“ … entiendo … por aquí a la derecha … hasta los arboles … si … lo entiendo …”

*dice repitiendo mas o menos lo que Bram indica , aunque en el fondo sabe que no lo hará en absoluto , pues si es un lugar mas bien oculto , le será muy difícil divisarlo , a diferencia de las grandes y obvias construcciones de los marines*

“ … si … apenas caiga el sol emprenderé el movimiento hacia allí … de noche será todavía más difícil verme , eso sí que me será muy útil …”

*y así el esperara hasta que la noche es algo mas oscura y sale en camino rápido y directo hacia donde debe ir , apurando el paso entre los lugares mas abiertos tratando de pasar desapercibido por su agilidad*

*una vez llega a ver la zona de arboles torcidos que le dicen el se adentra en ellos tratando de seguir la orilla , para poder acercarse , teniendo el efecto totalmente contrario , pues sin saberlo se aleja de su objetivo… hasta que logra divisar una casa abandonada en esta zona de Sorbet , la cual tiene unas cuantas de este mismo tipo , al adentrarse en la misma se queda mirando todo con confusión , puesto que no hay nadie más allí , solo esta el en mitad de todas las cosas*

“ … ehh … no se suponía que era un lugar secreto … pero esto no es… debe haber mas casas abandonadas como tapadera … seguro …”

*dice para salir con tranquilidad de la misma y acercarse a la siguiente , fallando una vez mas , y lo mismo ocurre en la siguiente … y la siguiente … y la siguiente a esa … alejándose sin querer de su objetivo*

*no es hasta unas horas mas tarde que finalmente encuentra el lugar que debía, entre dos colinas las cuales la tapan bien*

“ … si … este si se ve como un almacén…”

*susurra para si mismo , mientras mira el lugar atentamente, para acercarse a la puerta y tratar de abrirla, fallando y notando como el metal de la misma parece bastante nuevo*

“ … si … definitivamente este es el lugar que estaba buscando … ahora … como entro …”

*dice para subirse al techo usando los arboles cercanos , tratando de ver si las tejas dejan algún espacio donde alguien realmente pueda colarse dentro*

Por si acaso



RE: La espera del pueblo [Aventura T2][Presente Absoluto] - Moja - 31-12-2025

Bram observa en silencio cómo la figura se aleja, recortada apenas por la luz incierta que se filtra entre las copas de los árboles, y no tarda en darse cuenta de que algo no encaja. Al principio piensa que es solo una maniobra para despistar, un rodeo calculado antes de retomar el camino correcto, pero conforme pasan los segundos y la silueta continúa avanzando en la dirección equivocada, esa idea se desvanece lentamente.

No dice nada. No levanta la voz ni hace gesto alguno para detenerlo. Se limita a seguirlo con la mirada, con una expresión que mezcla resignación y una comprensión amarga, como si ya hubiera visto esa decisión antes en otros rostros, en otras noches parecidas. La ruta que él había señalado era la más rápida, la más segura dentro de lo posible, pensada para minimizar riesgos y reducir encuentros innecesarios, pero también era la ruta lógica, la que cualquiera esperaría que tomara alguien que quisiera desaparecer sin llamar la atención.

La dirección contraria, en cambio, se interna en un terreno más abrupto, menos transitado, donde la vegetación se vuelve más cerrada y el paisaje pierde cualquier rastro de orden humano. Bram reconoce ese camino aunque nunca lo haya marcado sobre un mapa, porque es el tipo de senda que solo eligen quienes están dispuestos a asumir un peligro adicional a cambio de una ventaja que no se ve a simple vista. Atajos que no son atajos, rodeos que esconden intenciones que no se explican con palabras.

Mientras la figura se va fundiendo con la oscuridad, Bram exhala despacio, como si soltara un peso que ya sabía que no podía retener. No hay enfado en su gesto, tampoco sorpresa; solo la certeza de que, a partir de ese punto, el plan deja de ser suyo. Ha dado toda la información que tenía, ha señalado el camino más directo, ha advertido de los límites de su ayuda, y ahora observa cómo alguien decide cargar con algo más que una misión, tomando una ruta que no figuraba en ninguna de sus indicaciones.

Cuando finalmente la noche se lo traga por completo, Bram aparta la mirada y se apoya contra la roca húmeda del escondite. Sabe que ese desvío puede complicarlo todo, pero también sabe que las decisiones más importantes rara vez siguen el trayecto que otros consideran correcto. En el fondo, comprende que hay misiones que no se recorren en línea recta, y que algunos caminos solo se revelan cuando alguien se atreve a alejarse de la senda marcada, incluso sabiendo que quizá no haya nadie esperando al final para guiarlo de vuelta.


Llegada al almacén

Sorpresa

El crujido llega primero, breve, casi imperceptible, como el sonido que hace una rama al quebrarse bajo el peso de algo que no debería estar allí. El mercenario se detiene en seco, con el instinto afinado de quien ha aprendido a sobrevivir escuchando lo que otros pasan por alto. Sus ojos recorren la espesura con calma aparente, pero su cuerpo ya está en tensión, preparado para reaccionar antes incluso de saber por qué.

Entre la vegetación, una sombra se desplaza donde no debería haber movimiento. No es el vaivén del viento ni el paso torpe de un animal; es algo medido, contenido, consciente. El mercenario entorna los ojos, ajusta su postura y, tras un segundo que se estira como una cuerda a punto de romperse, deja escapar un silbido corto y seco, una señal convenida que no necesita explicación.

La respuesta no se hace esperar. Desde distintos puntos del terreno comienzan a surgir figuras, primero una, luego otra, hasta que el entorno parece poblarse de presencias que antes estaban ocultas entre arbustos, troncos y sombras. Los mercenarios se mueven con una coordinación silenciosa, cerrando distancias sin prisas, desplegándose como una red que se tensa poco a poco. No corren, no gritan; saben que el miedo se alimenta mejor cuando llega despacio.

El primero que ha detectado la intrusión avanza unos pasos más, elevando la voz ahora con una crudeza deliberada, anunciando que hay alguien donde no debería. Sus palabras cortan la noche y rompen cualquier ilusión de anonimato. Alrededor, los demás responden con gestos y murmullos breves, confirmando posiciones, ajustando el cerco mientras cada uno ocupa un punto distinto del perímetro.

La vegetación, que antes ofrecía refugio, se convierte en una jaula natural. Las salidas se cierran una a una, bloqueadas por siluetas armadas que emergen desde ángulos inesperados. Las linternas se encienden de forma intermitente, no para iluminar del todo, sino para desorientar, para marcar presencia, para dejar claro que la noche ya no pertenece a quien intentaba cruzarla en silencio.

Cuando el cerco se completa, son diez en total, distribuidos de manera irregular pero efectiva, formando un anillo imperfecto que no deja un solo hueco sin vigilancia. Algunos permanecen quietos, otros se mueven lentamente, cambiando de posición para que resulte imposible anticipar un punto débil. Sus rostros, apenas visibles bajo capuchas y cascos ligeros, no muestran sorpresa ni duda; solo la fría concentración de quienes han encontrado exactamente lo que estaban buscando.

El mercenario que dio la alerta se permite una sonrisa breve, cargada de certeza, mientras el resto ajusta el círculo y la noche parece encogerse alrededor del centro. Ya no hay sigilo, ni caminos alternativos, ni sombra suficiente para ocultarse. Solo el murmullo de la vegetación agitada, el roce de botas sobre la tierra y la sensación clara, inevitable, de estar completamente rodeado.



Offrol



RE: La espera del pueblo [Aventura T2][Presente Absoluto] - Ling Guang - 03-01-2026

*al verse rodeado Ling desenfunda una de sus Katanas, la que se ve más normal, al igual que saca un Tanto de entre su ropa, tomando una postura bastante defensiva, pero sus armas apuntan a sus enemigos con firmeza*

“… vaya vaya … debo haber llegado a Disney … o porque veo tantas princesas? “

*el de golpe se lanza hacia el más cercano , lanzando primero un corte con su Katana para desviar las armas del enemigo , seguido de un rápido corte de su Tanto en un brazo de este objetivo , buscando desarmarlo rápidamente, para luego darle una fuerte patada y lanzarse hacia el lado contrario , buscando sorprender al siguiente enemigo para golpear con fuerza las armas de este enemigo también y poder darle un corte con su Katana , los enemigos para este punto no están sorprendidos como con su primer movimiento , así que Ling se dispone a saltar fuera del círculo hacia alguno de los árboles cercanos , usándolo como punto de apoyo y poder lanzarse a otro ataque con fuerza y desestabilizar más todavía su formación, aprovechando su tamaño y agilidad Ling se dispone a patear a quien pueda para darse un impulso una vez más fuera del alcance del resto y seguir con su constante rebote entre enemigos y árboles, permitiendo que no puedan verle venir al salir de la luz de las linternas , usando su propia estrategia de intimidación en su contra y aprovechando cada segundo de distracción como una abertura en la cual atacar con total letalidad*

“ JA! , hacia mucho que no me divertía … de verdad agradezco que estén aquí chicos…”

*dice con una sonrisa mientras sigue atacando a diestra y siniestra a estos mercenarios que si bien pueden intentar defenderse , Ling tan solo busca otro lado del que atacar con igual ferocidad , como si se enfrentaran a una tormenta en lugar de una persona , al menos desde el punto de vista de estos sujetos no tan entrenados*

*una vez los acaba Ling limpia y guarda sus armas , antes de hacer una Plegaria Budista*

“… Ustedes eligieron pelear como guerreros y hallaron el final de uno… espero descansen ahora …”

*dice en un leve susurro antes de acercarse una vez más a la puerta y mirando el candado se le ocurre algo , empieza a revisar a los mercenarios para ver si estos tienen una llave o algo que pueda usar para abrir el candado*

[i][ spoiler=ATAQUE!]Ahí gaste los 100 de energía para poder desatar la muerte sobre mis adversarios con poca suerteXD [/spoiler]
[/i]


RE: La espera del pueblo [Aventura T2][Presente Absoluto] - Moja - 03-01-2026

El cerco apenas tiene tiempo de cerrarse del todo antes de romperse desde dentro, porque el primer mercenario cae con un grito ahogado cuando su arma es desviada y su brazo queda inutilizado en un parpadeo, lanzado hacia atrás como un estorbo más en la maleza. El impacto de la patada resuena seco y, antes de que los demás puedan reaccionar, la figura del revolucionario ya no está donde debería, moviéndose con una velocidad errática que convierte las linternas en faros inútiles apuntando a la nada.

El segundo y el tercero retroceden instintivamente cuando el acero brilla entre sombras, uno recibe el golpe directo que lo hace caer de rodillas y el otro apenas logra levantar su arma antes de que un choque brutal se la arranque de las manos. La formación se descompone en cuestión de segundos, cada mercenario intentando cubrir un ángulo distinto sin darse cuenta de que el ataque nunca llega desde el frente esperado.

El revolucionario desaparece entre los árboles y vuelve a surgir desde arriba, usando troncos y cuerpos como puntos de apoyo, golpeando, apartándose, reapareciendo siempre desde un lugar distinto, como si la noche misma lo empujara de un lado a otro. Los mercenarios comienzan a caer uno tras otro, algunos desarmados, otros derribados por cortes precisos que no les dejan margen para contraatacar, mientras el pánico reemplaza rápidamente a cualquier intento de coordinación.

Las linternas caen al suelo, rodando entre hojas y raíces, proyectando sombras deformes que solo empeoran la confusión. Cada intento de rodearlo termina en un error, cada avance en falso se paga caro, hasta que el claro queda en silencio, roto únicamente por respiraciones agitadas que pronto se apagan.

Cuando todo termina, la vegetación vuelve a quedarse inmóvil, como si nada hubiera ocurrido. El acero es limpiado con calma, guardado sin prisa, y el aire se llena por un momento de una solemnidad inesperada, acompañada por una plegaria baja y respetuosa dirigida a quienes eligieron pelear y encontraron su final allí mismo. Después, la atención se centra de nuevo en el almacén, en la puerta cerrada y en los cuerpos caídos, revisados con la precisión de quien sabe que incluso en el caos puede esconderse una oportunidad.

Al revisar uno de los cuerpos, entre cuero endurecido y correas manchadas de tierra, aparece finalmente lo que parecía improbable: una llave pesada, de hierro oscuro, con los bordes gastados por el uso constante y una marca grabada que coincide con el candado del almacén. No hay duda de que es la correcta; incluso antes de probarla, su peso transmite esa certeza desagradable de los objetos que abren lugares donde no debería entrar nadie.

El silencio que envuelve el claro resulta casi absoluto cuando se aproxima a la puerta, un silencio tan denso que hace que el leve tintinear del metal destaque más de lo esperado. La madera del portón, vieja y reforzada, parece ceder ante la idea de ser abierta después de tanto tiempo, como si el edificio mismo percibiera lo que está a punto de ocurrir.

Entonces, sin aviso previo, el mundo estalla de nuevo en movimiento.

La puerta sale despedida hacia afuera con un estruendo brutal, arrancada de sus goznes por una patada que no tiene nada de improvisada. La hoja de madera vuela varios metros antes de estrellarse contra el suelo, levantando polvo y hojas secas, y tras ella aparece una figura mucho más imponente que las anteriores, avanzando con la seguridad de quien no llega tarde, sino justo a tiempo.

El jefe de los mercenarios es alto, ancho de hombros, con una complexión endurecida por años de combates reales, no escaramuzas. Lleva una armadura ligera reforzada con placas irregulares, marcada por cicatrices y golpes antiguos, y un abrigo oscuro que se mueve con pesadez a cada paso. Su rostro está surcado por una cicatriz profunda que le cruza la mejilla y le tira del labio hacia abajo, dándole una expresión permanente de desprecio. Sus ojos, fríos y calculadores, recorren la escena sin sorpresa alguna, evaluando cuerpos, distancias y peligros en un solo vistazo.

Pero lo más inquietante no es él.

Con una mano enorme, sujeta a uno de los prisioneros, arrastrándolo desde el interior del almacén como si no pesara nada. El secuestrado está demacrado, la ropa sucia y demasiado grande para su cuerpo adelgazado, los ojos abiertos de par en par por el miedo y la confusión, apenas capaz de mantenerse en pie mientras es colocado delante como un escudo humano. Sus pies descalzos se arrastran por el suelo, dejando marcas irregulares en la tierra húmeda.

El jefe presiona el antebrazo contra el cuello del prisionero, lo suficiente para inmovilizarlo sin matarlo, y sonríe mostrando los dientes, una sonrisa lenta y cargada de una confianza peligrosa.

-Vaya… así que tú eres el problema- dice con una voz grave y rasposa, cargada de burla. -Diez hombres… y ninguno sirve para detenerte. Supongo que debería agradecerte la limpieza.-

Aprieta un poco más al rehén, lo justo para que quede claro el mensaje.

-Da un paso más y este desgraciado deja de respirar- continúa, inclinando ligeramente la cabeza. -No me pagan para ser valiente, me pagan para asegurarme de que nadie salga de aquí con lo que no le pertenece.-

Sus ojos se clavan al frente, atentos, expectantes, disfrutando del control momentáneo que le otorga la situación.

-Tira las armas- añade finalmente. -Y quizá… solo quizá… hoy no tenga que añadir otro cadáver a la lista.-



Offrol



RE: La espera del pueblo [Aventura T2][Presente Absoluto] - Ling Guang - 06-01-2026

*Ling sonríe y asiente mientras sujeta la llave pesada y se acerca a la puerta, justo a un paso de ella esta es arrojada por la patada del fuerte jefe, Jing la esquiva por unos centímetros al dar un salto hacia atrás, desenfundando por reflejo sus armas una vez más, pero se frena en seco al ver al rehén*

“ … vaya… gracias por mantenerlos con vida supongo … dime… no te molesta si me los llevo tras tu muerte, ¿no?”

*Dice con una leve sonrisa mientras analiza aquella armadura, se nota tanto sus puntos fuertes como su grosor, aunque seguro limitan mucho el movimiento de este tipo… pero también limitan mucho el daño que mis armas puedan hacer*

“bien … deberías pagarme por limpiar tu basura sabes, no es bueno ir tirándola por allí …”

*el mira tanto a su enemigo como el estado del pobre prisionero , apretando fuertemente sus puños , dejando que sus nudillos se vuelvan blancos por la fuerza , mientras mira atentamente a aquel tipo duro, realmente le gustaría atacarle , pero no puede hacerlo si sostiene a aquel pobre hombre , un movimiento en falso y terminara muerto , en su estado no sería difícil que un poco de fuerza lastimara sus huesos y eso Ling lo sabe … por eso espera unos momentos , pensando y esperando que la luna llegue al punto perfecto, justo unos momentos antes de que la luna este sobre ellos Ling suelta su Katana , pero rápidamente arroja el Tanto hacia el Mercenario , sabiendo que buscara bloquear ese ataque , seguramente con su armadura en su brazo , aprovechando ese segundo de distracción Ling se acercara lo más rápido posible para darle un rodillazo en el brazo que sostiene al rehén y con su brazo libre tiraría del mismo hacia atrás para poder separarlo del mercenario cuanto pudiera*

Espero que esto funcione



RE: La espera del pueblo [Aventura T2][Presente Absoluto] - Moja - 07-01-2026

El jefe de los mercenarios observa con atención cada gesto, cada cambio mínimo en la postura del revolucionario, y cuando ve cómo la katana cae al suelo entiende el movimiento de la peor manera posible. Durante una fracción de segundo, una sonrisa torcida cruza su rostro, convencido de que la voluntad del otro ha flaqueado, de que la amenaza del rehén ha surtido efecto. Ese instante de confianza es suficiente para que su guardia se relaje apenas, para que el peso de su atención se centre más en el arma abandonada que en el cuerpo frente a él.

El brillo repentino del tanto cruzando el aire lo saca de ese pensamiento de golpe. Reacciona por puro instinto, girando el torso y levantando el brazo protegido por la armadura para bloquear el proyectil, concentrado en absorber el impacto y mantener el control de la situación. El metal choca contra la protección con un sonido seco, contundente, y en ese mismo segundo el mercenario pierde la noción exacta de las distancias, convencido de que ha neutralizado el mayor peligro.

No llega a percibir el movimiento siguiente hasta que el dolor le estalla en el brazo.

El golpe directo contra la articulación que sujeta al rehén rompe su equilibrio y su control al mismo tiempo, obligándolo a aflojar la presa. El prisionero cae hacia un lado, liberado de repente, y durante un instante queda suspendido entre el miedo y la sorpresa antes de echar a correr sin mirar atrás, internándose en la oscuridad con una desesperación animal, impulsado únicamente por el instinto de supervivencia.

El mercenario gruñe, retrocede un paso para recuperar la estabilidad y, aun sintiendo cómo el brazo le arde, no deja escapar la oportunidad que se abre ante él. Su expresión cambia, la burla desaparece por completo y es sustituida por una concentración feroz. Tensa los músculos de todo su cuerpo de forma visible, como si cada fibra se preparara para un único propósito, y el aire a su alrededor parece comprimirse en torno a su figura.

-Motto Chikara O- escupe entre dientes.

El puñetazo llega como un ariete, cargado con una fuerza brutal que no corresponde a un golpe común. No es una sucesión de ataques, sino un único impacto diseñado para expulsar al enemigo del espacio, para imponer distancia y recuperar el control perdido. El golpe corta el aire con violencia y estalla contra su objetivo con una potencia desmedida, levantando polvo y hojas secas del suelo, empujando hacia atrás con la clara intención de romper el ritmo del combate y obligar al revolucionario a retroceder.

Cuando el eco del impacto se disipa, el mercenario se endereza lentamente, respirando hondo, con los pies bien plantados en el suelo y la mirada fija al frente. El rehén ya no está, el control se ha perdido, pero el enfrentamiento no ha terminado; al contrario, acaba de entrar en una fase mucho más peligrosa, donde ya no hay escudos humanos ni amenazas veladas, solo fuerza bruta, técnica y la certeza de que ninguno de los dos piensa dar un solo paso atrás.



Offrol



RE: La espera del pueblo [Aventura T2][Presente Absoluto] - Ling Guang - 08-01-2026

*Ling se es sorprendido por un momento debido a la velocidad del golpe , al recibirlo Ling se queja por lo bajo , un golpe fuerte , debe admitirlo , pulido según nota y siente en sus propias carnes , sin embargo él también tiene bastante entrenamiento y no se dejara derrotar por un tipo como este , así que aprovecha el impulso que le dio golpe para alejarse más hacia atrás , tomando algo de distancia y cayendo justo junto a su arma , Ling sonríe y asiente*

“buen golpe … lo sentí … sí que lo sentí…”

*dice entre dientes para mirar a su Katana en el suelo con un movimiento rápido , practicado muchas veces, es claro para el mercenario que este tipo no es un simple Amateur , sonriendo asiente y hace un leve gesto de mano como rezando una plegaria antes de tomar su arma del suelo y pasar a sujetarla con ambas manos firmemente*

“ … ambos somos guerreros y como tales , solo uno de nosotros podrá salir de este combate en pie … daré lo mejor de mi … espero lo mejor de ti… mi nombre es Ling Guang …”

*dice con tono calmado en señal de respeto mientras toma una posición de combate bastante pulida a los ojos del mercenario , no es un aficionado , eso queda claro con una simple mirada y no es alguien a quien tomar a la ligera en esta situación , tal vez tiene tanto entrenamiento como el mercenario*

*Ling rápidamente se acerca al mercenario Esprintando y lanzando un rápido corte contra las articulaciones de la armadura , buscando cortar más al mercenario que a su caparazón, el Mercenario es algo más rápido y fuerte , sin embargo eso no detiene a Ling para nada*

Atacando