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[Pr.Rl. - T4] El Guardian de la Escoria Social - Fuguwu - 22-12-2025 Dia 31 de Invierno, Año 16
Corriente Rakusei, Little Garden
08:00 A.M.
El sol de la mañana se levanta con fuerza sobre la espesa vegetación de Little Garden, creando un contraste brutal entre las sombras profundas del bosque y los claros donde la luz parece romper la vegetación como un rayo que parte en dos un árbol. Son las ocho de la mañana y el aire, aunque cargado de humedad tropical como siempre en esta isla, tiene todavía ese frescor matutino que desaparecerá en un par de horas. El invierno en el Grand Line es un concepto relativo. La costa norte de la isla, donde la jungla densa se encuentra abruptamente con la arena volcánica negra, ofrece una vista despejada del océano que se extiende infinitamente en todas direcciones. Las olas rompen contra la playa con un ritmo constante, en intervalos de entre 6 y 9 segundos, arrastrando espuma blanca que contrasta violentamente con la arena oscura. A esta hora, el agua refleja los tonos dorados y rosados del amanecer que apenas comienza a desvanecerse, dando paso al azul intenso característico del mar abierto. Es en este horizonte todavía teñido de colores matutinos donde aparece algo que definitivamente no pertenece al paisaje prehistórico de Little Garden. Un barco. No es una embarcación cualquiera, eso queda claro incluso desde la distancia. Tiene ese aspecto pulido y meticulosamente mantenido que grita abundancia desde cada centímetro de su estructura. Las velas blancas inmaculadas, y el casco brilla bajo la luz creciente del sol de una forma que sugiere ostentosidad. No es un barco mercante con las cicatrices del trabajo duro, ni un navío pirata con sus parches y remiendos característicos. Es el tipo de embarcación que pertenece a alguien que tiene dinero de sobra y quiere que todos lo sepan.
Contenido Oculto
El barco echa el ancla a unos doscientos metros de la costa, demasiado lejos para varar en la arena pero lo suficientemente cerca para que los detalles sean visibles con la luz clara de la mañana. Hay movimiento en cubierta, figuras moviéndose alrededor de lo que parece ser un bote de remos. El sistema de poleas que utilizan para descender el bote al agua es innecesariamente elaborado, con cuerdas nuevas y metales que brillan como si acabaran de salir de un astillero de lujo. El bote toca el agua con un chapoteo suave y comienza su travesía hacia la costa, cortando las olas tranquilas de la mañana. Cinco personas ocupan el bote, dos de ellas reman con esfuerzo evidente, probablemente no se trate de marineros al uso, sino de personas vestidas con uniformes que parecen más apropiados para servir en una mansión que para navegar por el Grand Line. Sentados en el bote se encuentran tres personas. La primera, un hombre joven, quizás de unos veinticinco o veintiséis años, con cabello largo y azulado que le cae hasta los hombros en mechones que claramente reciben mantenimiento constante. Su rostro tiene facciones afiladas, casi felinas, con ojos verdes que escanean la costa con una mezcla de aprensión y algo que podría ser excitación nerviosa. Viste completamente de blanco con detalles dorados en los puños y el cuello que capturan la luz del sol matutino cada vez que se mueve. En su regazo sostiene un maletín de cuero marrón oscuro que abraza con ambas manos como si contuviera algo extremadamente valioso. El bote avanza lentamente hacia la costa, los remeros luchando contra las olas que intentan empujarlos de vuelta hacia mar abierto. Están a unos cien metros ahora, lo suficientemente cerca para que se distingan más detalles bajo la luz clara y fresca de la mañana invernal. El equipaje en el bote es mínimo pero ostentoso. Hay una maleta de cuero con herrajes de metal brillante, tan pulida que refleja los rayos del sol como un espejo. Una sombrilla plegada con mango tallado. Una cantimplora que definitivamente no es de metal común, sino algo más caro, posiblemente plata. El hombre de cabello azul dice algo a los remeros, sus labios moviéndose claramente mientras gesticula levemente hacia la costa. En el bote de remos también reposan varios rifles de cacería y munición de todos los estilos disponibles en cualquier armería de los Blues.
Contenido Oculto
Los “marineros” asienten y duplican sus esfuerzos, haciendo que el bote gane velocidad hacia la arena negra. Están a cincuenta metros ahora. Cuarenta. Treinta. Un rugido particularmente fuerte estalla desde el interior de la jungla, probablemente a unos quinientos metros tierra adentro, pero lo suficientemente potente para hacer que las aves en los árboles cercanos a la costa salgan volando en estampida, sus alas batiendo ruidosamente contra el aire fresco de la mañana. El bote finalmente alcanza aguas poco profundas, su quilla raspando levemente contra la arena. Los dos remeros saltan inmediatamente, empapándose las botas hasta las rodillas mientras arrastran el bote más arriba en la playa para asegurarlo. El hombre de cabello azul y sus acompañantes, un chico de pelo verde que no aparenta más 20 años de edad y una chica de cabello amarillo amarrado en dos coletas cuya edad no le dirá a nadie nunca, se ponen de pie con cuidado mientras intenta no mojarse sus impecables zapatos blancos, una batalla que están claramente perdiendo. Logran saltar del bote a la arena seca, aunque su aterrizaje es torpe y casi les hace caer de rodillas. El hombre de cabello azul se recupera rápidamente y mira a su alrededor con atención. Sus ojos verdes escanean la playa bañada por la luz matutina, la línea de árboles donde las sombras todavía dominan, la jungla impenetrable más allá. Hay algo de desesperación en esa mirada, como si estuviera buscando algo o alguien específico y temiera no encontrarlo. Uno de los marineros le dice algo en voz baja, sus labios moviéndose enérgicamente mientras señala hacia el interior de la isla. El hombre de cabello azul, James, niega con la cabeza firmemente, sus propios labios formando una respuesta tensa.
Contenido Oculto
James abre el maletín revelando su contenido. Dentro, claramente visible bajo la luz clara de la mañana, hay fajos de berries. Muchos fajos. Están organizados meticulosamente, atados con cintas de colores diferentes que probablemente indican denominaciones. Es suficiente dinero como para que cualquiera que lo vea sepa inmediatamente que esta persona no tiene problemas económicos. James cierra el maletín rápidamente, pero el mensaje ya está enviado. Tiene dinero. Mucho dinero. El chico de cabello verde y su compañera de cabello amarillo alzan una ceja y asienten con la cabeza en señal de aprobación.
Detalles Importantes
OFF
Contenido Oculto
Contenido Oculto
RE: [Pr.Rl. - T4] El Guardian de la Escoria Social - Owen Yang - 22-12-2025 ![]() -Joder...ya me estoy cansando de revisar las costas todos los días.-
Owen llevaba, ya, varios días desde su llegada a Little Garden en la búsqueda intrínseca de su tripulación desde sus aventuras en Whiskey Peak; Allí, distanciado de ellos, aprovechó en demasía la oportunidad de poder pasar tiempo con su amada, Gwen, y buscar (Sin demasiado esfuerzo) a los miembros de Los Olvidados, los cuales parecían haber cambiado de orden y bando desde sus más inmediatos inicios. Él, desconocido totalmente de este hecho, comenzó a ponerse las pilas al ver que ya, siendo esta la segunda isla que visitaba del Grand Line, tocaba comenzar a prestar atención a su misión principal: Infiltración en su propia tripulación para obtener la información pertinente y, así, Onizuka Jin podría dejarme definitivamente en paz, pudiendo volver a Isla del Karate con el amor de su vida y tener una vida alejada de una serie de acontecimientos que parecían querer complicarle la existencia de manera deliberada y casi como si existiesen entes sobrenaturales detrás de dispositivos electrónicos de otra dimensión y le forzaran a vivir una desventura atrás de otra. ¿Demasiado específico, no? En cualquier cosa, llevaba, al menos, una hora caminando por el frondoso bosque selvático de aquella isla que, en un primer vistazo, parecía virgen, detenida de todo tipo de progreso o intervención de cualquier tipo -¡YAAAAAAAAUM...! Puta madre...- y, en efecto, liberando un bostezo enorme, uno que le abría la boca de par en par y le provocaba pequeñas lágrimas en los ojos, Owen observaba detenidamente hacia su izquierda, es decir, la propia costa de la isla. Sentía el frescor matutino del invierno, mitigado por el hermoso sol que mantenía todo más radiante y ligeramente más caluroso. Había llegado al norte luego de una larga caminata, lleno de expectativas de que, finalmente, pudiese encontrarse, aunque sea, el barco de "su tripulación" mínimamente encallado. Estando a, aproximadamente, veinte metros de la intersección entre las olas y la arena, sus ojos, borrosamente, divisaron una figura a la lejanía -...y eso?- en un balbuceo, creyó confundirse, comenzando a pestañear erráticamente, deteniendo su marcha en el mismo lugar mientras llevaba su mano izquierda hacia el rostro, frotándose los ojos. Nuevamente, pensaba que el sueño, el haber comido solo un pan como desayuno y la humedad tropical del entorno le estaban jugando una mala pasada, pero el manchurrón, pese a lejano, sí podía distinguirse en su forma -Mentira, ¿Serán ellos?- le resultó completamente inevitable, hablando consigo mismo en voz baja mientras cambiaba su cuerpo de orientación hacia la costa, sin dudar ni un solo ápice de segundo de mantenerse relativamente oculto entre la frondosa y extensa maleza que parecía generar una barrera verde que, en un pequeño degradé amarillento, cambiaba hacia arena -Dudoso.- pese a ser un joven errático, divertido y enérgico, el pelirrojo, ciertamente, siempre fue excesivamente desconfiado de todo el mundo, más de cualquiera que pueda venir en un barco en alta mar. Cuando buscó prestarle atención, enfocando con fuerza sus orbes celeste brillante mientras entre-cerraba los ojos, casi como si eso fuese a darle algún tipo de zoom especial para mejorar la distancia. Sin embargo, el brillo de la luz matutina permitía apreciar detalles que, tal vez en el ocaso, serían imperceptibles: Un pequeño barquito, un botecito, progresivamente, se aproximaba en dirección hacia la costa de Little Garden, batallando con unas olas que le hacían ascender y descender de manera criminal, como si la naturaleza quisiese jugar con las vidas de aquellos en el bote -...ni se ven cicatrices como las de Maki...- buscaba detalles, elementos que pudiesen vincularle a su tripulación -...ni la espectacular belleza de Uker...- a veces parecía que Owen estaba enamorado de su capitán, pero realmente era envidia sana -...ni el vampiresco aspecto de Jensen...- aunque el chico todavía desconocía que el tirador ya no estaba en la tripulación. El muchacho, pacientemente y utilizando esos excelentes dotes de sigilo (Que duraban lo que lo mantuviese escondido debido a su exageradamente llamativo aspecto), se mantenía agazapado, pero mientras ellos parecían estar llegando a la arena, un fuertísimo estruendo -¡¡!!- se escuchó justo exactamente en la nuca del muchacho, uno que le obligó a realizar un acto reflejo de ocultamiento mayor e impresión, pudiendo sentir cómo, las aves, debido a la sorpresa y probablemente el miedo, decidieron escapar de dónde vendría el mismo. Gracias al excelentísimo oído del pelirrojo, sin ser capaz de identificar exactamente el foco del mismo, ahora, se vio forzado a voltear al escuchar cómo el estrujar de la quilla, que ejercía presión contra la arena, se volvía protagonista -¿Quiénes son...esos tipos?- cierta intriga se despertó en el pelirrojo, una que le quitó de su posición inicial agazapada al ver cómo un hombre de cabello azul, joven, miraba en múltiples direcciones de manera tan sospechosa como confusa. En toda su vida, el pelirrojo conocía perfectamente los "comportamientos callejeros"; Esto era una playa, sí, pero como comerciante (y traficante) que el chico fue toda su vida, conocía demasiado bien ese comportamiento: Parecía estar esperando a alguien y, en su mano, yacía un maletín, uno que abrió y que, debido al ángulo, Owen no podía divisar su interior y más a esos veinte metros que aún les dividían. ![]() -Parece que alguien anda negociando algo, ¿Pero qué?-
Owen era una persona diferente. Seguía siendo un embaucador, un estafador, un ladrón y llevaría el peso de haber sido un mentiroso perpetuo toda su vida, pero desde que conoció a Gwen, era diferente. Algo se despertó en él, un instinto diferente al que venía atacándole a diestra y siniestra en una situación así, pero, ¿Y si eso dinero podría ayudarles más adelante en las subsecuentes islas? Le resultó inevitable pensar en la pregunta. Quiso orquestar un pequeño plan; Aprovechó la humedad de la tierra y, tomando pequeños trozos tenuemente húmedos de la tierra, comenzó a embadurnárselos de manera errática en el rostro, un poco en sus ropas y ligeramente en su cabello, dándole un aspecto mucho más sucio. Sacudió sus palmas, las limpió con su pantalón y, no dudó, luego, en revelear ese gran manchón rojo, con su característica chaquetita roja de cuello ancho y cabellos de un tono similar, teniendo una mano en su bolsillo derecho y con la izquierda, alzando para saludar. ![]() -¡Hey! ¿Se perdieron?-
Obviamente lo que menos pinta tenían era de perdidos, pero podría ser posible una pregunta así en una isla como Little Garden. Progresivamente, Owen iba reduciendo la distancia de veinte metros hasta cinco mientras proseguía con su charla -Soy el guardián de la zona norte de la costa de Little Garden.- quería mentirles un poco, para ver "de qué palo iban" -Parece una tierra inhóspita, pero solemos ayudar a los que caen varados aquí. Los lagartos gigantes no suelen ser muy amistosos y tienen predilección por la comida gratis que cae sobre las costas, como del grito que escucharon antes.- otra mentira ayudada con el fuerte estruendo que escuchó a su espalda, necesitaba hacerles ver que él era un "asilvestrado", un muchacho común que estaba dando explicaciones no solicitadas, como si quisiese "advertirles" de un peligro que, genuinamente, desconocía a todas luces. En cuanto la distancia entre los presentes y el pelirrojo sucio se redujo a tres metros, se detuvo -El de pelo azul, tú.- le señaló con la izquierda, acusadoramente -Te ves tenso, ¿Qué pasó?- y ahora, el mismo índice acusador se desvió hacia el navío que yacía a varios centros de metros de la posición en la que estaban -¿El Bukiri de allí es de ustedes?- "¿Bukiri?", ah, se estaba inventando el nombre de "barco" para aparentar ser aún más asalvajado. Bueno, Owen, ya es suficiente -Y no se asusten,- sonrió, de manera simpática, guardando su mano para que ambas estuviesen en los bolsillos de su chaqueta roja manchada con trozos secos de tierra -solo ayudamos a los que caen en nuestras costas. No nos gusta limpiar la sangre, huesos y tripas que dejan los lagartos gigantes en las playas.- parecía haber entre una amenaza y advertencia en sus palabras, pero...veremos hasta cuándo aguanta la mentira.
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RE: [Pr.Rl. - T4] El Guardian de la Escoria Social - Fuguwu - 23-12-2025 La reacción de James al ver aparecer a Owen desde la vegetación es inmediata y casi cómica en su obviedad. Sus ojos verdes se abren con una mezcla de alivio y aprensión, alternando rápidamente entre el chico de cabello rojo embadurnado de tierra y el interior oscuro de la jungla como si esperara que algo más saliera de allí en cualquier momento. Da un paso involuntario hacia atrás cuando Owen comienza a acercarse, su mano apretando el maletín con más fuerza, pero hay algo en su expresión que le hace reaccionar de buena forma. Necesita algo. Necesita a alguien. Detrás de él, los dos acompañantes reaccionan de forma completamente diferente. La chica de cabello amarillo, Cassidy, suelta un grito ahogado que es más indignación que sorpresa, llevándose una mano al pecho en un gesto dramático mientras retrocede varios pasos sobre la arena – “¡Por todos los cielos! ¿De dónde salió ese salvaje?” – sus palabras cargadas de desdén. Lleva ropa que definitivamente no fue diseñada para una isla prehistórica, un uniforme blanco elegante con adornos dorados ornamentados en el pecho y puños. Sus zapatos, claramente caros, tienen tacones pequeños que se hunden en la arena con cada paso, obligándola a mantener un equilibrio precario. El chico de pelo verde, Butch, tiene una reacción menos histérica, frunciendo el ceño, sus ojos estrechándose mientras evalúa a Owen de arriba abajo con una expresión que solo puede describirse como desprecio. Cruza los brazos sobre su pecho, el músculo de su mandíbula tensándose como si estuviera conteniendo un comentario desagradable. Viste el mismo atuendo que Cassidy. James levanta una mano en un gesto apaciguador, tanto hacia Owen como hacia sus acompañantes, aunque su atención está claramente dividida entre mantener la calma de los dos niños ricos y evaluar si el pelirrojo frente a él es realmente lo que dice ser. Hay algo en sus ojos verdes, una chispa de inteligencia o tal vez simplemente escepticismo, que sugiere que no se está tragando completamente el cuento del guardián de la zona norte. Ha estado en Little Garden antes, eso es evidente en la forma en que sus ojos ocasionalmente se desvían hacia la jungla con reconocimiento, en cómo no se sorprende tanto por los rugidos distantes como Cassidy y Butch. Pero tampoco conoce la isla lo suficiente como para contradecir abiertamente a Owen, y más importante, la urgencia en su postura dice que no tiene tiempo para verificar historias – “Guardián, ¿eh?” – James habla finalmente, su voz llevando ese tono educado de alguien acostumbrado a negociar en cualquier situación – “Interesante. En mi anterior visita a Little Garden no nos encontramos con ningún guardián de costa, aunque si con un par de Buccaneers tan vastos de músculos como escasos de cerebro.” – Deja la frase colgando en el aire, pero antes de que pueda convertirse en una confrontación directa, uno de los marineros se acerca y le murmura algo al oído. James asiente bruscamente y su expresión cambia, la urgencia ganando sobre la cautela – “Pero sinceramente, no importa. Necesito tu ayuda y la necesito ahora.” Cassidy suelta un bufido indignado desde su posición 3 metros detrás de James – “¿Estás bromeando, James? ¿Vas a confiar en este vagabundo cubierto de tierra?” – se sacude dramáticamente una mota de arena de su vestido – “¡Mis padres pagaron una fortuna por esta experiencia y esto es lo que conseguimos? ¡Podría haber ido a un spa en Water 7!” – Butch se une al coro de quejas con un tono igual de molesto – “Acordamos un guía profesional, James. Alguien con credenciales. No un... ¿cómo lo llamaste, Cassidy? ¿Un salvaje cubierto de tierra?” – se ríe sin gracia para luego agregar – “Nuestras familias invirtieron mucho dinero en esta expedición de caza. Se suponía que sería una experiencia de clase mundial, no una aventura improvisada.” – James se voltea hacia ellos con una expresión que mezcla paciencia forzada y frustración – “Sus familias invirtieron dinero en un safari de dinosaurios en Little Garden, y eso es exactamente lo que van a obtener. Pero necesitan a alguien que conozca el terreno, y este...” – gesticula vagamente hacia Owen – “...este caballero es básicamente un ángel caído del cielo ¿o prefieren quedarse por su cuenta solos en la isla?” – la tensión en el aire es palpable, interrumpida solo por otro rugido distante que hace que Cassidy se encoja y Butch inconscientemente da un paso más cerca de los marineros. James aprovecha el momento de silencio para dirigirse completamente a Owen – “Mira, seré directo contigo” – dice sin tapujos – “Estos dos...” – señala con el pulgar hacia Cassidy y Butch sin mirarlos – “...son hijos de comerciantes muy adinerados. Pagaron por una expedición de caza deportiva en Little Garden. Un safari de dinosaurios, si quieres llamarlo así. Quieren cazar, traer sus trofeos a casa, toda esa experiencia de 'gran cazador' que la gente rica le gusta experimentar.” – Cassidy protesta inmediatamente antes las palabras de James – “¡No es solo eso! Es una tradición noble. Mi abuelo cazó en las mejores reservas del mundo y yo...” – sin embargo James la detiene, cansado de la misma historia que había escuchado infinidad de veces – “Sí, sí, tradición noble" – dice sin siquiera voltear, manteniendo su atención en Owen – “El punto es que necesitan un guía. Alguien que conozca la isla, que sepa dónde encontrar las presas adecuadas, que pueda mantenerlos vivos el tiempo suficiente para que consigan sus estúpidos trofeos y regresen al barco en una pieza.” – Hace una pausa, sus ojos encontrándose directamente con los de Owen – “Yo no puedo quedarme. Tengo que volver al barco. Mis socios me están esperando y tengo otros asuntos que atender. Pero necesito a alguien que se haga cargo de estos dos durante, digamos, las próximas seis a ocho horas.” – Butch se adelanta, su expresión todavía escéptica – “¿Y se supone que debemos confiar en que este... guardián... sabe lo que está haciendo? Ni siquiera parece tener equipo apropiado.” – James ignora el comentario y se voltea hacia uno de los marineros, haciendo un gesto rápido. El marinero asiente y se mueve hacia el bote, regresando momentos después con dos estuches largos de cuero negro con herrajes dorados. Los coloca cuidadosamente sobre la arena y los abre, revelando dos rifles de caza que son claramente equipamiento de alta gama. Cassidy inmediatamente se agacha para inspeccionar uno de los rifles, sus quejas momentáneamente olvidadas en favor de admirar el arma cara. Butch levanta el otro rifle, probando su peso con la familiaridad de alguien que ha usado armas antes. James levanta el maletín que lleva en sus manos y lo abre brevemente para revelar su contenido, miles de berries descansan en su interior – “Estamos ofreciendo una compensación generosa” – dice a la vez que se vuelve hacia Owen – “Ciento veinte mil Berries, si aceptas el trabajo y cuando los traigas de vuelta al barco esta tarde, vivos.” – Cassidy y Butch intercambian miradas, probablemente calculando si esa cantidad es demasiada o muy poca para arriesgar sus vidas, aunque claramente no tienen autoridad real en la negociación. Los marineros simplemente observan, su lenguaje corporal sugiriendo que han visto este tipo de transacciones antes y saben cuándo mantenerse al margen.
Detalles Importantes
Cassidy & Butch
OFF
Contenido Oculto
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RE: [Pr.Rl. - T4] El Guardian de la Escoria Social - Owen Yang - 23-12-2025 – “¡Por todos los cielos! ¿De dónde salió ese salvaje?” –
![]() -Somos salvajes, pero no mordemos. Demasiado.-
Le sonrió mientras alzaba su mano, buscando saludar a la muchachita de extenso cabello rubio y aspecto ligeramente más tímido, como si lo asilvestrado que se mostraba (Ese conjunto de manchones de tierra secos por todo su cuerpo, más esos extensos colmillos naturales que siempre había tenido) generasen cierto desprecio, aunque era, literalmente, lo que quería provocar Owen en un inicio; No sabía de quiénes se trataban, qué es lo que buscaban o cómo iban a pretender manejarse con un evidente "intercambio de bienes", ya que aquel maletín (Aunque todavía incapacitado de ver qué traía), no pasó desapercibido ante sus orbes celeste brillante cómo el peliazul, nervioso por la aparición del pelirrojo, retenía el objeto y lo protegía contra su pecho, evidenciando las sospechas de que "algo valioso habría allí" -Qué estará protegiendo.- fue un segundo de reloj, el suficiente para que el chico viese el objeto rectangular marrón, y posteriormente, siguiese prestándoles atención mientras su pantomima falsa continuaba. Existe un segundo de contacto visual, uno que busca el desvelar las malas intenciones ajenas y, ciertamente, Owen no tenía literalmente ninguna. ¿Tenía curiosidad? Sí, ¿Había cierto morbo en querer quitarles el maletín simple y llanamente para conocer su interior? También, pero cuando sus ojos celestes y los verdes del peliazul se encontrar, todo lo que se vio fue una sonrisa simpaticona, de esa que le caracteriza y que debido a ser especialista en "fingir demencia" y tener un don de gentes excepcional, podía mantener hasta casi las últimas consecuencias. Había interés en el muchacho, más aún cuando fue rebatido, hablando sobre "Buccaners", un elemento que le generó una genuina cara de confusión -No sé que es un bocón de esos que me dices. Suenan a alimento fibroso para lagarto.- porque, genuinamente, el pelirrojo desconocía por completo la existencia y significado de aquella palabra, y más que parecía dirigirse a "cierto tipo de individuo". Incluso mientras el chico replicaba, miraba hacia el cielo, rascándose el oído con el dedo pulgar, demostrando que realmente no sabía en lo absoluto a lo que se estaba refiriendo, mezclándolo con "hacerse el tonto". Lo bueno fue que, al parecer, la treta había funcionado: "No importa, necesito tu ayuda y la necesito ahora" -¿Ayuda mía? ¿No se perdieron?- fingió demencia un poco más, mientras veía cómo la rubia, ciertamente, desconfiaba en demasía del ahora "asilvestrado" Owen (Nunca dejó de serlo, solo que ahora era más evidente) mientras le miraba fijamente. Nombró una aparente locación, "Water 7", y, algo que el muchacho solía hacer, era prestar en demasía atención palabras que podrían ser claves para interacciones futuras. – “Sus familias invirtieron dinero en un safari de dinosaurios en Little Garden, y eso es exactamente lo que van a obtener. Pero necesitan a alguien que conozca el terreno, y este...” –
![]() -¡Holaaaa!-
– “...este caballero es básicamente un ángel caído del cielo ¿o prefieren quedarse por su cuenta solos en la isla?” –
Innegablemente, el sujeto de cabello azulado no deseaba referirse a Owen como caballero, pero él, a diferencia de lo que podría creer cualquiera, reaccionó de forma terriblemente simpática y sonriente, sin cesar de mostrarse amistoso y hasta desconectado un poco de la realidad. Necesitaba generar esa confianza que provocan las personas que parecen tener las situaciones bajo control, así, él estuviese altamente desconocido de cualquier cosa que ocurriese dentro del propio Little Garden en profundidad. Lo que modificó el rostro del pelirrojo lleno de tierra sí fue lo siguiente: "Estos dos son hijos de comerciantes muy adinerados", modificando su rostro a uno envuelto completa y absolutamente en la curiosidad -¿Hijos de un comerciante con pasta? ¿De quién será?- le resultó instintivo e inevitable, mientras proseguía escuchando, revisarlos de arriba abajo mientras entre-cerraba los ojos y fruncía el ceño. Abandonó, por unos segundos, su papel de asilvestrado; Luego de haber sido un comerciante (y traficante) a lo largo de toda su vida, tal vez, podría identificarles por sus ropas o por sus rasgos. Lo averiguaría más adelante, porque ahora interesaba una única cosa: La misión que se le había encomendado gracias a, justamente, aparentar ser alguien oriundo de la propia isla. El comentario del muchacho de cabellos cortos, que se veía igual de pomposo y delicado como la rubia, automáticamente, le provocó una mueca de simpatía y desafío, frunciendo el ceño y esbozando una sonrisa de dientes, con esos colmillos tan marcados -¿¡Equipo apropiado!?- se rio en el proceso, liberando una pequeña carcajada, mirándole -JA, no seas orate. Puedes derribar a un lagarto gigante sin tener que dar un solo tiro.- y, aquel comentario, venía referenciado a algo que era destacable en la situación: Los dos venían a realizar caza deportiva, una actividad que, sin necesidad de ninguna licencia en particular (Ya que las tierras de Little Garden se veían lo suficientemente vírgenes), necesitaría si o si de algún tipo de escolta. Dos maletines, alargados, el ¡Trup-tup! de los abrojos metálicos sonó, tan característico que, sin siquiera moverse un milímetro de su posición, mantenía una mirada atenta aunque serena en el pelirrojo hasta divisar su interior: Dos rifles, extensos, decorados, caros, armas que Owen reconocía al traficar con ellas por su forma y diseño, pero lo que le llamó la atención fue el trato al que querían ofrecerle: Ciento veinte mil berries -¡! ¡Hostia!- como asalvajado que es, no debería importarle el dinero realmente...pero debía seguir fingiendo la mentira hasta las últimas consecuencias -No puedo negar que me interesa,- se aproximó a ellos, reduciendo la distancia de cinco metros que les separa a solamente dos, caminando con lentitud -necesitamos víveres,- señaló hacia atrás con el pulgar y la mano cerrada, como si estuviese intentando hablar de alguna tribu o familia a la cual Owen perteneciese dentro de las inmediaciones de la jungla, aunque esto fuese evidentemente falso -condones,- sí, de esos necesitas, sin necesidad de mentir -y los veganos se están cansando de chupar piedras. Pero más te vale que cumplas.- Ahora, su pulgar que apuntaba hacia atrás, le apuntó al peliazul, acusadoramente -Sino, todos los guardianes de Little Garden vendremos a buscarte. No es amenaza, es advertencia.- Era lo mismo en este caso, Owen querido -¡Pero bien! Venga, que no podemos perder ni un solo segundo de esta cacería.- entusiasmado y emocionado, sonrió, dándoles la espalda para dirigirse directa y literalmente hacia los veinte metros aproximados que les diferenciaba contra la espesura de la jungla selvática. ![]() -Los protegeré pase lo que pase. Ciento veinte tacos por seis u ocho horas de ser niñera valen la pena, aquí y en cualquier lado.-
![]() -¡BIENVENIDOS A LITTLE GARDEN!-
La exclamación del pelirrojo fue elevada, fuerte, sonora, casi como si no le importase en lo absoluto llamar la atención de cualquiera de los animalejos que allí yacían. Habían caminado varios cientos de metros hacia adentro con aquella dupla pomposa y de nariz parada, mientras que Owen, mucho más barriobajero, actuaba como mejor sabía hacerlo: Demostrando una osadía y valentía que rozaba el cinismo y la estupidez. Casi como si se tratase de la imitación de un largometraje perteneciente a otra dimensión. De un vistazo no solamente podían divisarse, de manera imposible de definir debido a la verdadera carencia de conocimiento del propio pelirrojo sobre las especies allí yacían, sus distancias concretas o el bestiario al cual pertenecían. Él seguiría fingiendo hasta las últimas consecuencias, como si estuviese mostrándoles la entrada a un mundo maravilloso que se abrió apenas atravesaron la profunda y verde jungla, siendo imposible que pudiesen perder de vista a un adelantado Owen que, por muy manchado de tierra que estuviese, su chaqueta y cabello rojo son tan excesivamente llamativos que parecía un forúnculo en piel blanca. Llevó ambas manos a la cintura, sin quitar la vista al frente y el paisaje que tenía delante -Bueno, ¿Tienen referencias de lo que deben cazar?- no volteó, hablaba hacia adelante con curiosidad -Osea, ¿Les dijeron qué tenían que cazar? El bicho, el lagarto, el premio gordo.- escaneaba la llanura montañosa, buscando cualquier interacción por parte de los niños pijos a sus espaldas -¿O es que les dijeron vayan y que dios los seleccione?- ahora sí se giró, intentando dedicarles una mirada a ambos, expectante de saber qué tan preparados habían venido para lo que estaba a punto de acontecer.
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RE: [Pr.Rl. - T4] El Guardian de la Escoria Social - Fuguwu - 24-12-2025 La sonrisa de James cuando Owen acepta el trabajo es genuina. Asiente varias veces, como si necesitara confirmar consigo mismo que esto realmente está sucediendo, que finalmente encontró a alguien dispuesto a hacerse cargo de Cassidy y Butch por las próximas horas. Se lleva una mano al bolsillo interior de su chaqueta y extrae un pequeño papel doblado, sellado con lo que parece ser cera roja con un símbolo que no es inmediatamente reconocible. Lo sostiene entre sus dedos por un momento, asegurándose de tener la atención completa de Owen antes de extenderlo hacia él – “Aquí está mi número de Den Den Mushi” – James dice, su voz tomando un tono más serio, casi conspiratorio – “Pero escúchame bien, guardián. No abras este papel hasta que terminen la cacería y estén de vuelta en la costa. Si lo abres antes, si rompes el sello antes de traerlos de vuelta sanos y salvos, no habrá recompensa. Cero Berries. ¿Entendido?” – espera a que Owen tome el papel, sus ojos verdes fijos en los celestes del pelirrojo como si estuviera tratando de leer cualquier intención oculta – “Cuando terminen, ábrelo, llámame, y arreglaremos el pago. Pero no antes.” – Antes de que Owen pueda responder o moverse, James hace un gesto brusco hacia los marineros que permanecen cerca del bote. Uno de ellos asiente y regresa rápidamente al bote. Regresa momentos después arrastrando una maleta enorme, de cuero marrón oscuro con refuerzos metálicos en las esquinas que raspa contra la arena mientras la trae. Es considerablemente grande, del tipo que normalmente requeriría dos personas para transportar cómodamente, y cuando el marinero la deposita frente a Owen con un golpe sordo que hace que la arena se hunda ligeramente bajo su peso, queda claro que está completamente llena – “Provisiones” – James explica señalando la maleta con un gesto casual de la mano – “Agua, comida, suficiente para los tres durante toda la cacería. Nuestros invitados solo cargarán sus rifles. Tú te encargas del resto.” – dice como si fuera lo más casual del mundo convertir a Owen en un porteador además de guía. Cassidy observa la maleta con una expresión que mezcla satisfacción y completa indiferencia hacia el hecho de que Owen tendrá que cargarla. Sus labios se curvan en una sonrisa condescendiente mientras ajusta uno de sus guantes, asegurándose de que cada dedo esté perfectamente acomodado. Butch simplemente suelta un resoplido, levantando su rifle para inspeccionarlo una vez más. James ignora las reacciones de sus clientes, su atención todavía en Owen mientras da un paso atrás hacia el bote. Los marineros ya están preparando los remos, claramente ansiosos por alejarse de la isla lo más rápido posible – “Entonces está claro. Seis a ocho horas. Los traes de vuelta vivos. Consiguen su trofeo. Llamas al número. Te pago 120k berries. Simple.” – hace una pausa, como si estuviera a punto de ofrecer algún consejo, pero se detiene. Sacude la cabeza levemente y simplemente se despide levantando la mano y agitándola de lado a lado. Los marineros lo ayudan a subir al bote de remos, y en cuestión de segundos están empujando el bote de vuelta al agua. Los remos golpean las olas con un ritmo urgente, alejándose de la costa rápidamente. James no mira atrás ni una sola vez. Simplemente se sienta en la proa, sosteniendo su maletín ahora considerablemente más liviano, y mantiene la vista fija en el barco que lo espera a doscientos metros de distancia. El silencio que sigue a la partida del bote dura exactamente diez segundos antes de que Cassidy hable, su voz cargada de impaciencia – “Bueno, ¿vamos a quedarnos aquí todo el día o realmente vamos a cazar algo?” – sin esperar respuesta camina hacia donde Owen señaló batallando con la arena con cada paso hasta que finalmente alcanza terreno más firme. Butch la sigue, su rifle colgando casualmente de un hombro mientras camina con confianza. La hora siguiente se desarrolla en una progresión lenta y sudorosa hacia el interior de Little Garden. La maleta que Owen carga es tan pesada como parecía, llena hasta el borde con cantimploras de metal que suenan con cada paso, paquetes envueltos de lo que probablemente es comida preservada, y quien sabe qué más que los ricos consideran esencial para una expedición de seis horas. La vegetación se vuelve más densa a medida que avanzan, helechos gigantes creando un techo verde sobre sus cabezas que filtra la luz del sol en rayos discontinuos que iluminan el suelo de la jungla en parches irregulares. Los sonidos de la isla están en todas partes. El zumbido constante de insectos, el crujido de ramas cuando algo grande se mueve en la distancia, los graznidos agudos de aves volando sobre el dosel de árboles, y ocasionalmente, rugidos profundos y guturales que hacen eco a través de la jungla. Cassidy no ha dejado de quejarse desde que dejaron la playa – “Este calor es absolutamente intolerable. ¿Por qué mi familia pensó que esto sería una buena idea?” – se abanica dramáticamente con una mano, aunque el gesto hace poco para aliviar el calor. Su uniforme blanco elegante, tan prístino en la playa, ahora tiene manchas de sudor bajo los brazos y en la espalda. Las coletas de su cabello rubio larguísimo, que inicialmente colgaban perfectamente, ahora están ligeramente despeinadas con pequeñas hojas y ramitas adheridas que probablemente ni siquiera ha notado – “Cállate, Cassidy” – Butch interrumpe sin mucha fuerza, su propia frustración evidente en su tono. Él también está sudando, su cabello verde pegándose a su frente en mechones húmedos – “Viniste aquí porque obligaste a la familia a aceptar que te permitieran venir en lugar de quedarte aprendiendo a beber te, comer pasteles y gastar dinero estúpidamente. Así que aguanta.” – claramente molesto con la situación y sacando parte de su frustración con Cassidy a la vez que muestra su lado machista y misógino. La voz de Owen rompe la tensión entre Cassidy y Butch cuando pregunta si sabían lo que querían cazar, haciendo que ambos se volteen a verle – pues avanzaba a 5 metros tras ellos cargando con la mochila de provisiones – como si hubieran olvidado por completo de su presencia – “Nuestra familia tiene una tradición similar. Tres generaciones de cazadores. Mi bisabuelo, mi abuelo, mi padre. Todos cazaron las presas más peligrosas de su época. Y ahora me toca a mí.” – dice con orgullo para luego levantar su rifle – “Pero no vine aquí por un simple dinosaurio. Vine por el más grande. El rey de esta isla. Un Tiranosaurio Rex.” – Cassidy asiente con satisfacción, retomando su camino mientras esquiva una raíz expuesta que sobresale del suelo – “No vine hasta este lugar miserable para cazar algo pequeño o mediocre. Quiero el dinosaurio más grande que Little Garden pueda ofrecer. Algo que haga que los trofeos de mi abuelo parezcan insignificantes en comparación. Algo que nadie más haya cazado.” – exclama, como si la cacería deportiva de especies que deberían estar extintas fuera algo de lo que estar sumamente orgulloso. Continúan avanzando, sus pasos guiados vagamente por Owen mientras la jungla se vuelve cada vez más densa. Han recorrido aproximadamente quinientos metros desde la costa ahora, lo suficientemente profundo como para que el sonido de las olas se haya desvanecido completamente, reemplazado por la sinfonía caótica de la vida prehistórica. El terreno ha comenzado a elevarse gradualmente, pequeñas colinas cubiertas de vegetación que obligan a todos a ajustar su equilibrio mientras caminan. El calor continúa aumentando a medida que la mañana avanza, el sol subiendo más alto en el cielo y penetrando a través de los claros en la vegetación con intensidad creciente. No han visto ningún dinosaurio grande todavía. Han pasado junto a lagartijas del tamaño de perros que se escabullen entre las rocas, han escuchado movimiento pesado en la distancia que podría ser cualquier cosa, y han visto huellas enormes en el barro cerca de un riachuelo que cruzaron hace veinte minutos, huellas de tres dedos que fácilmente medían medio metro de largo cada una. Pero ningún avistamiento directo. Ningún objetivo claro para sus rifles caros. Butch finalmente rompe el silencio, dirigiéndose a Owen mientras limpia el sudor de su frente con el dorso de la mano – “Entonces, guardián. Dijiste que conoces esta isla. ¿Dónde encontramos a los dinosaurios grandes? ¿no deberías ir liderando al frente en lugar de detrás de nosotros? Si esa maleta te estorba simplemente déjala en el camino y luego volveremos por ella.” – ofrece a Owen con una sonrisa autosatisfactoria, como si estuviera haciendo un acto de caridad desinteresada. Cassidy asiente en acuerdo, su impaciencia evidente en cada línea de su postura – “Exacto, tu deberías ir al frente. Ya llevamos una hora caminando y no hemos visto nada que valga la pena. Deja la maleta atrás, ese imbécil de James bueno para nada tendría que habernos dejado a un portador para no molestar a nuestro guía.”
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Cassidy & Butch
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RE: [Pr.Rl. - T4] El Guardian de la Escoria Social - Owen Yang - 24-12-2025 El peliazul, realmente, parecía excesivamente aliviado con la aceptación del pelirrojo ante su solicitud y peticiones, no solamente como si aquello fuese un simple trámite, sino, como si alivianase la carga de una responsabilidad probablemente impuesta por aquella casta de estratos económicos (probablemente no mentales) superiores, confiando en Owen como persona que preservaría la vida de aquellos dos jóvenes de excelente posición económica siendo los "hijos de". El muchacho había conocido una cantidad enorme de personas así a lo largo de su vida, de hecho, él era quien se encargaba de robarles personalmente a ese tipo de individuos. Gwen había hecho un trabajo excelente en intentar reformar al malandro callejero disfrazado de asilvestrado. El trato finalmente se había sellado, no sin antes recibir un papel que parecía tener un trozo de cera roja en su unión, de esas que denotan secretismo y que provocaron cierta mueca de confusión en el muchacho. – “Pero escúchame bien, guardián. No abras este papel hasta que terminen la cacería y estén de vuelta en la costa. Si lo abres antes, si rompes el sello antes de traerlos de vuelta sanos y salvos, no habrá recompensa. Cero Berries. ¿Entendido?” –
![]() -No pasará nada con que pegue una miradita timidona, ¿Verdad?-
Se burló de él ligeramente, mostrando esa sonrisa de dientes pícaros mientras sostenía, ya en sus manos, aquel papelito sellado. Algo que sí respetaba increíblemente Owen (La mayoría de las veces) eran los tratos y, pese a que su pacto estaba fuertemente establecido en bases en una mentira fragante, mantuvo su mirada fija en aquellos orbes color esmeralda que buscaban, claramente, esperar algún tipo de reacción que delate cualquier actitud sospechosa -Seré un salvajito,- quería seguir manteniendo la mentira -pero los tratos de respetan de principio a fin. Tienes mi palabra, pero tendrás que pagar, no me seas rata.- y mientras el muchacho le estaba hablando y el chico guardaba con su mano izquierda en el bolsillo del mismo sentido de su chaqueta roja, el peliazul, con ágiles movimientos, gesticula hacia quienes parecían haberle llevado a ese botecito y los ojos del peliazul, mientras hablaba, iban directamente hacia aquella gigantesca maleta que empezó a llevar a rastras, creando una profunda marca en la arena producto del arrastre de la misma. ¡PLOF!, un sacudón de arena multidireccional voló de forma aleatoria, aplanando todo debajo de aquel enorme compartimiento -Veo que venían preparaditos.- acotó el chico debido a que, si bien el más preocupado de los presentes parecía ansioso y preocupado, ahora, parecía muchísimo más sereno y mandón, como si fuese el jefe que acababa de contratar a un peón e inmediatamente en cuanto existe el dinero de por medio "está completamente a su servicio". El peliazul señaló aquello de lo que estaba provisto el fuertemente pesado maletín, uno que Owen, con la mano izquierda, tomó de su manija y, alzándolo aunque siendo capaz de poder sentir la tensión del peso del mismo, siendo sorpresiva ante los ojos del chico que, tirando hacia arriba, ¡PUMP!, terminó con este colgado sobre su espalda, teniendo el brazo completamente hacia atrás mientras escuchaba cada elemento y órdenes por parte de "su provisional jefe" -¡FIUUUUUUU! Sí que está pesadito, ¿Eh?- el pelirrojo, gracias a su arduo entrenamiento y elementos vividos durante el transcurso de su viaje, ciertamente, había ganado fuerza. Bastante fuerza, él era tan convincente cuando una idea se le metía en la cabeza que ni bufó ni replicó ante la "nueva orden", de esas que el que pone el dinero te aplica sin aviso y que condiciona la obtención de un sueldo. El pelirrojo estaba viviendo lo que era tener "un trabajo convencional", literalmente hablando, meterse en la rueda del sistema sí que iba a ser duro. – “Entonces está claro. Seis a ocho horas. Los traes de vuelta vivos. Consiguen su trofeo. Llamas al número. Te pago 120k berries. Simple.” –
-Cuidar a los orates. Evitar que se meen. Conseguir el premio grande que suple el complejo pequeño. Llamar al de la pastuqui y cobrar la pastuqui. Lo tengo.-
Cuando su caminar comenzó a adentrarse hacia las profundidades de Little Garden, podía divisarse al muchacho que, con la maleta cargando a sus espaldas y aún manteniendo la firmeza de la marcha (Como si supiera hacia donde estaba yendo), podía escuchar los primeros quejidos de molestia e incomodidad de la más pomposa de los dos presentes. Owen, que era un poco simio (Incluso sin fingir ser un asilvestrado) le miró con desafío, esbozando esa sonrisa tan despreocupada y desafiante que tanto le caracterizaba, ladina, cargando con la maleta con la muñeca hacia atrás. La misma era grande, mucho, haciendo que lo único visible hacia atrás fuese esa melena desordenada y rojiza -Apuesto quinientos berries a que aguantarías mucho más, princesa.- comentó el pelirrojo, desafiante -Cuando te muerda la primera sanguijuela te empiezas a preocupar.- pero sus palabras, en un segundo, fueron interrumpidas por el peliverde que pareció dar...un poquito más de contexto en la situación ligeramente más delicada en la que el muchacho (falso) asalvajado se estaba metiendo: Al parecer, esto era "una especie de castigo" por no estar cubriendo con ciertos requisitos propios de las altas cunas. Estos que involucran vivir en una sociedad hermética, llena de reglas propias. No dudaron en comenzar a discutir entre ellos, incluso, luego de que el muchacho, presentándoles el terreno, prosiguiesen dándole "más detalles" sobre sus verdaderos deseos. – “Pero no vine aquí por un simple dinosaurio. Vine por el más grande. El rey de esta isla. Un Tiranosaurio Rex.” –
![]() -Tiranosaurio Rex...qué cojones será eso.-
Owen permaneció en silencio mientras prestaba atención al peliverde que, encendiendo a su compañera/hermana pelirubia, ahora, parecían verdaderamente decididos a demostrar de qué estaban hechos. Pese a la enorme diferencia de clases que existían entre el pelirrojo y ellos, ciertamente, las pasiones suelen ser contagiosas; Si ellos tenían algo que demostrar, ahora, con más deseos, el muchacho querría ayudarlos. Apresurando el paso, el chico busca alentarnos con muchísimo más ahínco y energías, una característica muy propia en el muchacho de ojos celeste brillante y su excelentísimo don de gentes -Entonces vamos a conseguir un lagarto gigante,- él seguía diciéndole "lagartos gigantes" y no dinosaurios. Sí, no iba a salir de su papel -vamos a cazar uno que marque época.- en su andar, evasivo hacia los arbustos y matas salvajes, les daba aún la espalda -Uno que todo su dinastía los recuerde, y que sus tataranietos hablen de ellos.-. Cuando todos quieren percatarse, ya llevan varios minutos, tal vez una hora, adentrándose dentro de la enorme espesura de Little Garden. Owen no tenía, literalmente, ningún plan claro. Su objetivo era el siguiente: Adentrarse hasta encontrar un superbicho y, una vez delante de él, averiguar cómo capturarle, detenerle, cazarle o lo que sea necesario para terminar con su cometido. Debido a esto comenzó a estar muchísimo más atento, más perceptivo, y fue superado por los dos pomposos jóvenes y sus rifles -Llevamos un buen rato caminando. Será mejor que- y, su pensamiento, velozmente, fue cortado por las palabras iniciales del peliverde que, inquieto, hacía las preguntas que empezaban a levantar sospechas: "¿Dónde están los dinosaurios gigantes?". La rubia, también, ya incómoda, sugería abandonar el equipaje que traía consigo y que, efectivamente, le había ralentizado en demasía a los tres (Aunque realmente estuviesen yendo en línea recta hacia el foco inicial del estruendo que el pelirrojo había escuchado en un inicio casi sin darse cuenta) -Creo que es al revés, muchachos. Alto.- buscó detenerlos, en el medio de la jungla, con los chirridos de pájaros y animales varios que otorgaban a la totalidad del entorno un tono más prehistórico e inhóspito -Es el momento perfecto deee, ¡ABRAN PASO!- exclamó con fuerzas, ya que lanzó el gigantesco maletín hacia adelante con esa muñeca que permaneció doblada hacia atrás todo este tiempo y, seguido de un intenso ¡PLOOF!, intenso, estruendoso y muy llamativo (No siendo mitigado ligeramente por la arena como lo había hecho antes), lo colocó delante de las narices de los tres presentes. ![]() -¡ABRÁMOSLO! ¡Seguro que tiene carnada!-
La sugerencia de Owen era muy distinta a la de ellos dos. Él creía que, posiblemente, la clave de poder encontrar al famoso "tiranosaurio rex" recaería, ciertamente, en el contenido tan masivo del maletón que traía consigo a rastras todo este tiempo. Se agachó y no dudó, ni un ápice de segundo y con el rectángulo gigante aplanando muchas de las exóticas plantas a su alrededor, en accionar los dos metales que mantenía al mismo cerrado con firmeza -Si trae comida que huela fuerte, como pescado, va a ser fácil poder atraer una presa.- si bien aquello sonaba sensato, ciertamente, se lo estaba inventando: No sabía para nada si algo así podía funcionar, pero, ¿No podrían perder la oportunidad de revisar el contenido del maletín para poder "baitear" al famoso lagarto, no?.
Desactiva la bomba
RE: [Pr.Rl. - T4] El Guardian de la Escoria Social - Fuguwu - 26-12-2025 El ruido de la maleta golpeando el suelo de la jungla resuena por todo lo alto, un ¡PLOOF! que hace que hojas y pequeñas ramas se sacudan en los árboles cercanos y que varios insectos salgan volando. Cassidy y Butch se detienen abruptamente, volteándose hacia Owen con sorpresa e indignación – “¿Qué demonios estás haciendo?” – le riñe Cassidy casi gritando, sus manos yendo a sus caderas en un gesto de pura exasperación – “¿Tienes idea de cuánto vale esto? ¡Esta maleta cuesta más de lo que ganarás en toda tu miserable vida!” – dice acercándose rápidamente a la maleta, inspeccionándola como si Owen hubiera lanzado un bebé al suelo. Butch asiente, su rostro enrojecido tanto por el calor como por la irritación – “Y la comida dentro vale aún más. No es basura común que puedas usar como carnada.” – escupe la última palabra con desprecio. Cuando la maleta se abre esta se muestra con cantimploras de metal pulido, seis de ellas. Paquetes envueltos en papel encerado fino conteniendo carnes curadas de calidad, quesos importados, frutas preservadas en frascos de cristal, pan artesanal y una variedad de nueces que pueden llegar a costar una pequeña fortuna en conjunto si fueran vendidas en los círculos correctos. Hay incluso pequeñas botellas de vino que invitan a degustar el queso y las carnes de la forma que solo un esnob consideraría correcta – “Absolutamente no.” – Butch dice rotundamente, agachándose para cerrar la maleta antes de que Owen pueda siquiera tocar la comida – “Esta comida es gourmet. Importada. No vas a desperdiciarla atrayendo animales cuando ni siquiera sabes si eso funcionará.” Cassidy se limpia el sudor de la frente con el dorso de la mano, su respiración todavía agitada por la caminata. Las manchas de sudor en su uniforme blanco han crecido considerablemente, y varios mechones de su cabello rubio larguísimo se han pegado a su cuello y hombros – “Además, estoy exhausta, guardiansin. Una reina como yo necesita descansar.” – dice quejándose tras el esfuerzo evidente en alguien que no ha caminado en su vida de otra forma que no sea para hacer un cardio leve a modo de ejercicio – “Yo tengo sed de la mala” – Butch admite, aflojando su agarre en el rifle y dejándolo apoyado contra un árbol cercano – “Una hora caminando en este calor infernal es suficiente por ahora.” – Sin esperar respuesta o permiso de Owen, ambos comienzan a buscar un lugar adecuado para sentarse. Cassidy encuentra una roca plana parcialmente cubierta por la sombra de un helecho gigante y se deja caer sobre ella con un suspiro dramático. Butch se acomoda en el suelo cerca de ella, su espalda contra el tronco de un árbol de corteza rugosa. Ninguno de los dos parece preocupado por la posibilidad de insectos, serpientes, o cualquier otra cosa que podría estar habitando esos espacios – “Trae la maleta aquí, guardiansin” – Cassidy ordena despectivamente, señalando el espacio frente a ella con un gesto imperioso de la mano – “Y quédate cerca. Protégenos mientras comemos. Es para eso que te estamos pagando, ¿no?” – Butch ya está abriendo uno de los paquetes de comida, desenvolviendo cuidadosamente el papel encerado para revelar lo que parece ser carne curada de alta calidad, cortada en lonchas perfectas. Toma una de las botellas de vino y la abre, vertiendo su contenido en una de las copas que vienen en aquella maleta que pesa cerca de 200 kilos – “Y mantente alerta. Si algo se acerca mientras comemos, es tu trabajo lidiar con ello, chico.” La jungla alrededor de ellos continúa con su sinfonía habitual. Rugidos distantes, el zumbido de insectos, el ocasional graznido de algún ave prehistórica volando sobre el dosel. No hay señales de peligro cercano… todavía. Solo el calor creciente de la mañana, la humedad pegajosa del aire, y dos niños ricos preparándose para un aperitivo en medio de una isla prehistórica mientras su guía hace de guardaespaldas improvisado.
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Cassidy & Butch
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RE: [Pr.Rl. - T4] El Guardian de la Escoria Social - Owen Yang - 27-12-2025 – “¿Tienes idea de cuánto vale esto? ¡Esta maleta cuesta más de lo que ganarás en toda tu miserable vida!” –
![]() -Coño, es cierto. Me dolió justo en la pobreza.-
Le resultó completamente inevitable no reaccionar ante el super-maletín que yacía delante de las narices de ambos y, pese a que Cassidy parecía tener cierto reproche (Y verse terriblemente agobiada por la desventura en la que Owen la estaba metiendo). Una sonrisa burlona se escapó del muchacho, una que le entrecerró los ojos mientras la mirada con una ceja arqueada -Bien que te has acercado a ver qué traía dentro, ¿Eh?- y de la misma manera, otro que parecía opinar de ello, era el peliverde que también rodeaba el escándalo provocado por el impacto del objeto sobre el suelo húmedo, terroso y selvático. Los ojos celeste brillante del chico veían una cantidad de productos de altísima calidad tan elevados que, en cuanto empezó a divisarlos, se le dispararon sus sentidos más primarios y propios de lo barriobajero que era: En el escaneo visual habían carnes curadas, quesos de altísima calidad, frutas preservadas, pan arte-...¿Dónde está el pan? -Aquí hay un hueco, ¿Se habrán olvidado algo?- Qué mentiroso que eres Owen; Su gran chaqueta roja, llamativa, característica y con cuello extenso, se había inflado repentinamente en un lateral en un abrir y cerrar de ojos. Para los jóvenes de nariz parada, ciertamente, habría ocurrido en un destello, como si de un fotograma apareciese aquel producto levado de tonalidades marrones para simplemente desaparecer. Sí, efectivamente, el asalvajado se lo había robado tan rápido que ni siquiera podrían haber visto que lo hizo. – “Esta comida es gourmet. Importada. No vas a desperdiciarla atrayendo animales cuando ni siquiera sabes si eso funcionará.”
![]() -No sabía que preferías tu delicado cuerpo de princesa como carnada, y no cualquier cosa de aquí excepto pan. Pan nunca hubo.-
Porque encima, Owen, parecía querer evidenciar muchísimo más el robo al señalar como único producto ese mismo, declarando la inexistencia de algo y fingiendo demencia tal y como lo había estado haciendo hasta límites estratosféricos. Sí, parece que cuando Gwen no está cerca, el muchacho lenta y progresivamente vuelve a todos esos malísimos hábitos que tanto le identificaban en un pasado, pero bueno, tiene un pase al estar robando algo tan sencillo y barato como pan y no carnes curadas que valdrían más que su propia vida. Ellos parecían agotados, exhaustos, como si haber estado caminando por horas en un clima levemente caluroso como este los tuviese en un mal humor perpetuo, uno que estaba influenciado por esa actitud caprichosa y mimada de ambos dos, tal vez podría ser el momento perfecto para detenerse un poco...y, posiblemente, obtener un poquito de información -Qué par de nenitas que son. En la maleta no hay falditas, por las dudas.- entrecerró los ojos mientras estiraba su cuerpo un poco hacia adelante, con ambos brazos en jarra aunque comprendiendo que para gente mucho más ordinaria y menos habituada a vivir en un estado perpetuo de supervivencia y locura como lo hacía Owen, probablemente, estar durante horas andando por la selva mucho no podrían hacer. Una queja sobre "sed de la mala" y, bueno, la demanda de la rubia para traer aquella maleta excepcionalmente pesada hacia el pelirrojo. El chico, por primera vez en mucho tiempo, estaba viviendo de lo que se trataba el nepotismo puro y duro -Así que esto se siente- y mientras iba a buscarla, sin siquiera rechistar, pensaba en voz alta -que la hija del jefe de te órdenes y no tu jefe.- porque encima, mientras se escuchaba el ¡SSSSSSSSSH! de la super maleta siendo arrastrada y destruyendo buena parte del terreno húmedo y verde para dejar, a su paso, un camino de tierra mojada, ella seguía dando demandas a diestra y siniestra, como si fuese un simple trámite, como si fuese "la diaria" tener a un séquito de personas a su disposición y servicio y no tener que valerse por sí misma. Ellos decidieron acomodarse y el muchacho, sumiso como él solo, se las dejó justo delante de ellos.
Qué duro era ser asalariado.
![]() Empezando a comprender lo que tendría que lidiar el ciudadano común en el mundo terrenal, la cara de agobio del pelirrojo era cada vez mayor, ¿Por el calor? ¿Por no haber cumplido su objetivo todavía? En lo absoluto, por tener que someterse a unos individuos a los cuales solo debería ofrecerles protección, pero él, para evitar levantar sospechas ni generar conflictos sin intención, simplemente se sometía ante los deseos caprichosos de aquellos que parecían haber nacido con una suerte desaforada -Oighman,- los veía comer, mientras las palabras del chico parecían estarse distorcionando producto de que tenía la boca inflada, básicamente, por estar comiendo un trozo de un alimento levado producido con base de harina de trigo y agua. No era pan, no, nunca hubo pan en esa maleta -¿Gqieg ej ju padhre?- "Quién es su padre", se había entendido a medias. Sin tener ningún tipo de respeto por el maletón que tenía delante (Y seguido de querer seguir demostrando ese estado de salvajismo atronador), se sentó justo a medio metro tanto del chico como de la chica, los cuales parecían estar en un pícnic selvático. El muchacho, en lugar de elegir un lugar convencional, aprovechó la tremenda resistencia de la maleta para poder llevar tantísimo peso y, con sus insipientes sesenta y nueve kilos (Número chistoso) se apoyó justo en el compartimiento que se mantenía en el aire, sostenido por dos placas de metal y dejando el compartimiento abierto como si los niños ricos estuviesen delante de un negocio tan redondo que hasta les permitía descansar en pleno terrible, inhóspito y abandonado de la mano de cualquier Dios. Hablando con la boca llena, se quedó jorobado, un poco hacia adelante, apoyando ambos codos sobre las rodillas, orientado a ambos mientras le dedicaba una mirada y no mirando en lo absoluto a cualquier cosa que tuviese justo detrás de él. Era la oportunidad perfecta para obtener aquello que vale trillones de Berries: Información -Hayg un Tighpo qghe...- se interrumpió, tragando finalmente para poder hablar de aquello que vaya a saber que estaba comiendo, para seguir -...que nos trae constantemente víveres a cambio de nuestras mujeres. Se llama Uker Rackham y es un comerciante con el que hablo muy seguido.- una mentira gigantesca que, bueno, podría pasar desapercibida si desconocían el nombre del sujeto en cuestión -Él me habla una y otra vez de sus rutas comerciales, y tal.- gesticulaba mientras hablaba, agitando las manos -Suele hablarme de sus clientes y la gente con la que trabaja, ¿Será por eso que eligieron venir a esta isla?- Es impresionante la pantomima y el humo que se estaba inventando el pelirrojo, pero bueno, "si cuela, cuela" -Igual, una cosa:- levantó el dedo índice, como si quisiese explicarles algo profundo, poético y para su protección. Se mantuvo en silencio unos segundos, pesados, dedicándole una mirada a cada uno -si ese tipo se les acerca, el tal Uker, no lo vean a los ojos. Ese tipo es tan hermoso que no podrán pensar en otra cosa que no sea en cómo calienta más que el sol de verano.- y aquel comentario, que podría ser una clarísima declaración de intenciones homosexuales de parte del pelirrojo era, ciertamente, porque creía que el capitán de su tripulación (De la cual él seguía siendo un polizón) tenía una belleza envidiable, una que compartía siempre que tenía la oportunidad.
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RE: [Pr.Rl. - T4] El Guardian de la Escoria Social - Fuguwu - 27-12-2025 El primer sonido que algo está mal no es un rugido ni un graznido. Es un crujido. Múltiple, rápido, repetitivo, como si docenas de pequeñas patas estuvieran pisoteando vegetación seca al mismo tiempo. Viene desde la izquierda de donde están sentados, desde más profundo en la jungla, y se está acercando rápido. Muy rápido. Owen está a medio camino de otra mentira elaborada – para desconocimiento total de Cassidy y Butch – sobre Uker cuando el ruido se vuelve imposible de ignorar. El crujido se convierte en un estruendo, ramas pequeñas quebrándose, hojas siendo aplastadas, tierra siendo removida por lo que sea que está corriendo hacia ellos. No es el sonido pesado de algo grande. Es el sonido caótico de muchas cosas pequeñas moviéndose con un propósito único y desesperado. Entonces los ven. Explotan desde la vegetación como una ola viviente de plumas marrones, garras y velocidad pura. Sesenta Parvicursores, cada uno del tamaño de una gallina grande pero infinitamente más agresivos, corriendo sobre dos patas con una coordinación antinatural que hace que parezcan un solo organismo masivo fluyendo entre los árboles. Sus ojos pequeños y negros están fijos en un objetivo: la maleta abierta llena de comida cara. Y Owen está sentado directamente encima de ella. No hay advertencia. La primera oleada de Parvicursores alcanza la maleta en cuestión de segundos, sus pequeñas garras delanteras extendidas, sus bocas abiertas mostrando dientes afilados diseñados para desgarrar carne. Saltan sobre Owen como si fuera una simple piedra en su camino hacia el festín, sus garras arañando cualquier superficie expuesta, sus picos picoteando, sus cuerpos pequeños pero sorprendentemente pesados golpeándolo desde todos los ángulos simultáneamente. Garras rasgan la chaqueta roja de Owen, encontrando piel debajo y dejando líneas ardientes de dolor a su paso. Dientes pequeños pero afilados muerden cualquier cosa que pueden alcanzar: brazos, piernas, hombros. Los Parvicursores no están tratando de matarlo, simplemente no les importa que esté ahí. Son un obstáculo entre ellos y la comida, y están decididos a removerlo. La segunda oleada llega medio segundo después, otros treinta dinosaurios del tamaño de pollos trepando sobre los primeros, usando los cuerpos de sus compañeros como escalones para alcanzar la maleta más rápido. El peso combinado de sesenta criaturas pequeñas es considerable, empujando a Owen hacia los lados mientras luchan por meter sus cabezas en la maleta, arrancando paquetes de comida con sus bocas, derribando cantimploras que ruedan por el suelo derramando agua cara. Cassidy grita un alarido agudo de puro terror que hace eco a través de la jungla. Está de pie en un instante, su copa de vino cayendo de sus manos y estrellándose contra una roca, el líquido rojo esparciéndose como sangre sobre el suelo – “¡¿QUÉ SON ESAS COSAS?!” – su voz es histérica, sus manos agitándose frenéticamente mientras retrocede, tropezando con sus propios pies. Uno de los dinosaurios salta hacia ella y Cassidy simplemente corre. No hacia Owen, no hacia la maleta, sino directamente en la dirección opuesta, adentrándose en la vegetación espesa sin mirar atrás. Su cabello rubio larguísimo se engancha en una rama baja y ella ni siquiera se detiene, arrancándolo libre con un tirón que probablemente deja mechones atrás. Butch está paralizado por medio segundo, su pedazo de carne curada todavía en su mano, observando la marea de pequeños dinosaurios devorar la maleta como si estuviera viendo una pesadilla en cámara lenta – “¡MIERDA DE LA MIERDA!” – Lanza la carne directamente a la masa de dinosaurios, un gesto desesperado de distracción, y corre. La botella de vino que acababa de abrir se derrama sobre el suelo mientras él salta sobre una raíz expuesta y desaparece entre los helechos gigantes, corriendo en una dirección ligeramente diferente a Cassidy pero igualmente lejos de la maleta y de Owen. La jungla se los traga a ambos en segundos. El sonido de sus pasos torpemente huyendo se mezcla con los rugidos distantes y el zumbido de insectos, pero rápidamente se desvanece en la distancia. No gritan pidiendo ayuda. Simplemente corren, consumidos por el pánico puro de ver sesenta dinosaurios del tamaño de pollos. Y Owen queda solo. Bueno, solo junto con sesenta Parvicursores que ahora están completamente enfocados en comerse todo lo que este en la zona. Sesenta dinosaurios del tamaño de pollos acabaron de arruinar completamente el primer día de safari de caza deportiva.
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RE: [Pr.Rl. - T4] El Guardian de la Escoria Social - Owen Yang - 29-12-2025 ¡SHR! ¡SHL! ¡SH!
![]() -Cuestión que el tío es un papucho, si cara fue tallada por los mis-
Su oído, aquel órgano en el que destacaba su percepción en demasía, ni siquiera dudó en percatarse del subsecuente movimiento que yacía justo a espaldas. Fue progresivo. Primero el crujir de ramas y plantas, algo que interrumpió automáticamente el diálogo del pelirrojo que proseguía intentando dar explicaciones sobre la belleza de su propio capitán (Explicaciones que nadie le pidió), luego fue la alerta mayor que fue detectar el origen de aquellos sonidos tal palpables, es decir, la izquierda del propio Owen y podía prestarse atención a un detalle que alertó en demasía al muchacho, alzando el dedo índice hacia el frente de su rostro y justo por delante de ambos niñatos de alta cuna. Su mirada se volvió perdida, abriendo los ojos de par en par como si estuviese claramente enfocándose en una marabunta que, lenta y peligrosamente, parecía resonar muchísimo más explosiva que antes. El sonido se vuelve tan palpable que la cabeza del pelirrojo, directamente hacia el origen del mismo, se gira, pudiendo divisar una parvada gigantesca de animalejos entre emplumados y aspecto de lagartija que venían en tropel -¡!- pero no llamaba tanto la atención su aspecto o su presencia, sino, la inmensísima cantidad de estos eran -¡JODER! ¡¿Y ESTO?!- porque Owen, pese a que los había detectado hacía ya varios segundos y advertido tanto a la rubia como al peliverde con su accionar, sus ojos se abrieron de par en par y se preocuparon de verdad al divisar VARIAS DECENAS de los emplumados. La reacción era evidente: La carnada había funcionado, pero, tal vez, no de la mejor manera posible, atrayendo a animalitos que escapaban con creces de lo que podría ser un verdadero objetivo grande y llamativo...para tratar de suplicar algún tipo de complejo de tamaño, posiblemente, con la familia del clan de mercaderes para las que el muchachito mentiroso y asalvajado trabajaba momentáneamente. No hubo piedad ni clemencia en el accionar de los pajaritos-lagartos asesinos. Incontables, tantos que Owen no dudó en ponerse de pie automáticamente se abalanzaron directamente no sobre él, sino, directamente sobre la maleta en la que yacía justo debajo de sí mismo.
![]() -¡JODER! ¡SON DEMASIADOS!-
De los tres, evidentemente, el primero en reaccionar fue el muchacho el cual utilizaba sus brazos para intentar protegerse de la enorme bandada de animalitos que se abalanzaban hacia él, generando una especie de capa de plumas y patas de gallina que le destrozaban su característica chaquetita roja -¡COÑOOOO!- y, obvio, en el arañar de intentar treparle y mientras iban destrozándole la ropa, también, se devoraban aquello que yacía justo adentro de su prenda: El pan artesanal que se había robado con tanto ahínco. Sí, se lo había robado, completamente inesperado -¡MI PAN ARTESANAL! ¡HIJOS DE MIL PUTA!- Owen, comenzando a molestarse en lugar de estar impresionado por los animalitos y mientras mantenía una expresión de dolor producto de la inmensa marabunta de arañazos y capas de lagartos emplumados que le envolvían y, a su vez, depredaban todos y cada uno de los elementos de la pesadísima maleta, podía escuchar el inmenso caos provocado no solamente por el ruido de los artefactos metálicos que salían despedidos simplemente por la presión del empuje entre los cuerpos de los animales, sino, por los propios niños pijos que, automáticamente, reaccionaron de forma completamente aterrada ante lo evidente. Owen, incapaz de poder ver del otro lado pero verdaderamente mosqueado por estar sufriendo el devore de los restos del pan artesanal del que antes se estaba comiendo un trozo, teniendo el sentido del tacto al rojo vivo producto de cada arañazo y acometida sufrida por los emplumados y con el oído atrofiado por el graznido mezclados con el caos, repentinamente, se encendió -No...les perdonaré...- la silueta del pelirrojo, envuelta en plumas, se redujo hasta volverse un pequeño montículo oscilante, como si fuesen cientos de hormigas sobre una fruta. ![]() -...QUE SE HAYAN COMIDO MI PAN!-
¡TUFM!, la silueta de Owen apareció de entre la inmensa cantidad de plumas, pliegues escamosos y piernas. No solamente tenía su chaqueta roja semi-destruida, raída con mayor profundidad desde su pecho donde su famoso pan artesanal yacía y que había sido consumido casi por completo, dejando entre migajas y trozos picoteados, sino, también, por la tierra seca que aún yacía en su cuerpo y, producto del sudor y del movimiento animal, parcialmente, se había caído y perdido, dando reemplazo a heridas y cicatrices de arañazos por doquier. Todos los animales que le envolvían salieron volando en direcciones aleatorias cuando levantó su cuerpo y brazos con fuerza, quedando con los mismos estirados al cielo y, el muchacho, con una expresión envuelta en esa ferocidad algo caricaturesca que tanto le caracteriza. Varios de los animalitos impactaron contra plantas, otros contra troncos de los árboles...pero aún habían demasiados, muchísimos, y la enorme mayoría jamás estuvo, siquiera, concentrado en el propio pelirrojo para poder realizar el "gankeo masivo" que le habían hecho -¡¿ASÍ QUE QUIEREN LA REPUTÍSIMA MALETA?!- el chico se había encendido y podía verse en esa fogosidad en su rostro, viendo todos esos picotazos descontrolados sobre el compartimiento gigante y marrón al igual que algunas "gallinas prehistóricas" se pisaban las unas con las otras en el fragante desespero por querer obtener una mínima porción. No dudó, ya que antes estaba sentado sobre una de las partes que tenía una de las dos partes de la manija del compartimiento en tomarla -¡¿PORQUÉ NO MEJOR- y, alzándola con muchísima fuerza, se podían ver cómo, en lugar de caer agua en cascada, caían gallinitas prehistóricas que aún peleaban y escalaban entre sí para alcanzar cualquier trozo de ese alimento tentador. Owen no tuvo ni piedad, ni clemencia, y con la maleta abierta de par en par, haciendo que esta tenga el doble de longitud que ya tenía (Cuando ya de por si era enorme desde un principio) empezar a girar sobre su propio eje para realizar un barrido en escaneo que empezó a golpear a todos y cada uno de los bichitos alados -SE COMEN ESTA PUTA MIERDA?!- porque siempre que se envalentonaba, aparte de volverse nervioso, su excelso manejo del lenguaje salía a flote. ¡PLAS! ¡PLIS! ¡TUMB!, algunas quedaban aplastadas por el barrido, trozos de hojas se cortaban por el impacto y el sonido del corte del fuerte movimiento sobre el viento generaba un abanico inmenso y amarronado que hacía volar a las decenas de animalejos en direcciones aleatorias. Muchas de ellas, derrumbadas, golpeadas contra cualquier árbol y planta en sus cercanías, otras pegadas al suelo, y otras, simple y llanamente, huían por preservar su supervivencia. El caos estaba servido, el pelirrojo, algo sudado, hacía que la poca tierra faltante fuese desapareciendo progresivamente sobre su rostro y, aprovechando el giro que había estado realizando con su propio cuerpo, divisó a uno...uno muy puntual a exactamente cinco metros de su ubicación -¡¿QUÉ COJONES HACES- uno que tenía un trozo de pan, justamente, en su boca -CON MI PAN?!- y, sin siquiera dudarlo un segundo, aprovechando el giro de su propio cuerpo y con la inercia obtenida del mismo, lanzó el masivo objeto para que, luego de impactar, le aplastase contra el mismo hasta estamparse contra un selvático árbol que se sacudió con el impacto, manteniendo su posición inicial. ![]() -Ven aquí.-
Su mirada volteó, ya no tenía tierra en su rostro y su chaqueta estaba bastante maltratada. Justo delante de él quedó una de esas gallinitas peludas que parecía haber querido a jugar ser Dios más de la cuenta, puesto que aprovechó que el resto de sus aliadas en la parvada habían desistido para seguir alimentándose de los lujosos restos de aquella maleta. Tomándola del cuello, pudo escucharse un chirrido del mismo mientras el pelirrojo le apretujaba con un poco de fuerza, haciendo que se sacuda con intensidad, aleteando y defendiéndose de la maniobra del muchacho -Dónde se fueron esos dos energúmenos...- el chico, mirando en múltiples direcciones, intentó divisar una pista, por nimia que sea...hasta que sus ojos celestes, por suerte o por desgracia (Y mientras el aleteo desesperado del animalejo aparecía y desaparecía en escena), observó hilajos enredados y maltrechos dorados sobre varias de las ramas de un árbol a muy pocos metros de distancia de su posición inicial -...se habrá quedado pillada y siguió corriendo.- analizó fugazmente, mientras empezaba a caminar con bastante prisa, el ceño fruncido y decisión exactamente en la dirección donde las ramas parecían estar generando un pequeño sendero a lo "Hansel Y Grettel" pero del subdesarrollo, esperando que, si seguía en aquella dirección, tarde o temprano siguiese topándose con los cabellos de la muchachita hasta encontrar su melena parcialmente raída. Sí, Owen no soltó a la gallina prehistórica de su mano izquierda. Así sufriese arañazos, aletazos y picotazos, la iba a tener capturada y usarla como guía, tal vez, para el alfa de su especie. Al menos esa era la idea inicial -Venga, llama al mejor de tu grupo, le partiré su mandarina en gajos.-.
Desactiva la bomba
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