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Let's fucking go! [P.R] - Barald Kane - 12-02-2026 Día 68 de primavera, año 17.
Sorbet Norte
20:00
¿Un coliseo moderno en el que te obligan a pelear a muerte por ser un espectador con traje de alta gama? Una cicatríz en el pecho quedó como recuerdo imborrable de tan maravilloso día. ¿Un pariente aparece en tu apartamento rentado entrando por la ventana con intenciones claras de matarte? era como si nunca pudieras librarte de tu pasado. ¿Unos tigres danzan en libertad como si esto fuera la selva amazónica e intentan merendar damiselas en apuros? Tener un circo, tiene sus riesgos. Pues si gente, el pelinegro espadachín amigo de los problemas sobrevivió a todas esas cosas y alguna más de las cuales nadie supo nunca. Hoy era el día señalado en su calendario, el día en el que su vida daría un giro a los acontecimientos como nunca antes había sucedido. Dejar atrás su vida actual como la conocía para convertirse en aquello que siempre soñó desde que leía historias de aventuras piratas en aquella lujosa mansión de Roshwann. ¿Se proclamara como el espadachín más fuerte? ¿se hará tan puto millonario que podrá comprarse una maldita isla? o tal vez ... ¿acabará en Impel Down jugando a las cartas con Jojimbo? Nadie sabe lo que deparará el destino de un pirata pero hoy, era exactamente eso, el día indicado en el calendario en el que su nuevo viaje estaba apunto de empezar.
Caminaba por las calles de Sorbet en aquel anochecer con un destino claro tras sus pasos. Ondeaba la gabardina de su traje por el viento a medida que daba un paso tras otro dejando una estela de humo tras de si del cigarrillo que apoyaba entre sus labios. Cruzo un par de calles de la zona céntrica hasta cruzar la plaza donde peleo con el tigre y siguió por el callejón sur-oeste hasta llegar a una posada llena de ambiente. Era un lugar donde hacían espectáculos musicales y de todo tipo para atraer clientela a gastarse lo que habían ganado trabajando en la semana buscando reunirse con sus amigos y divertirse un rato, aunque quien sabe que clase de gente se reuniría ese lugar donde habría un nuevo amanecer; atrás dejó su armería la cual cedió a su amigo Shiba para ahora, embarcarse en esta nueva aventura. Entró en aquel lugar abarrotado de toda clase de gente; lugar para trabajadores de la zona norte de la isla, algún que otro criminal y bueno, ahora un tipo de zapatos de la mejor piel de todo el South Blue con la mirada del emo-vengador conocido por todas las aldeas ninjas y algo así de un libro bingo. Sin pensarlo mucho caminó por el lugar y se sentó en una de las mesas libres con otros 2 asientos. Al ver a un camarero se dirigió hacia el rápidamente y sin titubear, en un tono tranquilo como siempre hacía. ![]() - Disculpa amigo, quiero un refresco tropical de esos que tenéis aquí y un cenicero. Se que no tengo reserva pero voy a tener una reunión importante, desaloja todo esto que no quiero que moleste nadie. Tranquilo ya me hice rico, si lo haces te pagare bien y te contaré uno de mis secretos para que puedas ganar lo mismo que yo y dejes de trabajar en este antro ¿vale? venga chaval, el tiempo corre -
Tras aquello le dio una palmadita en la espalda al chaval y siguió fumando tranquilamente esperando a sus nuevos compañeros matata. Evidentemente no era rico, ni tampoco iba a pagarle ni un solo berrie, pero eso no lo sabía nadie ¿aprovecharse de las situaciones? por su puesto, ese es su estilo, siempre lo fue. Barald llevaba mucho tiempo en Sorbet y sus hazañas eran conocidas ¿el espadachín del coliseo que tumbo a la semi-oni? ¿el chico de la armería? ¿el que se enfrentó a los 3 tigres? No le hacía falta decir quien era y por eso sus mentiras podían verse como ciertas perfectamente. El dueño dio el "Ok" al camarero y las personas del lugar poco a poco fueron desalojando a medida que terminaban sus consumiciones. El lugar estaba limpio, luces de neón alumbraban la barra y bajo una tenue luz, el muchacho esperaba paciente a la llegada de sus tan esperados invitados. Ambientación
Off
RE: Let's fucking go! [P.R] - Runin D. Kitay - 13-02-2026 El siseo de la serpiente entretiene durante una fracción de segundo a la fémina de mirada chocolate; una ligera sonrisa y la negativa, que lleva estableciendo desde hace aproximadamente una hora, realzan sus adornadas facciones. La dramática criatura serpentea sobre la cama hasta llegar a su compañera de vida, abrazándose del brazo de ella, impidiéndole terminar de colocarse los zapatos de tacón alto. La amazona suspira intentando mantener la cordura, vuelve a negar, la mirada afable se transforma en una severa. ¿Qué obtiene? La expresión más lastimera y teatral que ha podido presenciar en un ofidio. ¿Está intentando agotar la poca paciencia ostentada por la mujer de largas hebras azabaches? Tal parece que sí. —Cardan Kitay. Vuelves a interrumpirme mientras me arreglo y te juro que aprenderé a cocinar solo para hacerte a la plancha. —Runin muestra los dientes al lanzar una mordida al aire; un gesto infantil reservado únicamente para aquellos que gozan de su confianza. La serpiente alza la cabeza de manera intempestiva, lanzando también una mordida al aire, demasiado cerca del rostro de la fémina; su pequeño sombrero casi se cae ante el ademán. Lejos de molestar a la amazona, eso solo provoca que lance una solitaria carcajada. —Atrevido de mierda, estoy segura que solo quieres ponerte mi blush. Entérate, ignorante, este color no te queda. —Con la burla rozando los labios teñidos de tono fresa, la fémina culmina de arreglarse. Se levanta tan solo para buscar entre sus pertenencias algunas cosas: una toalla pequeña color negra, un pequeño lazo azabache y un nuevo sombrero blanco con un pequeño pin de corazón. ![]() —Ven acá, deja de ponerme esa cara si sabes bien que te llevaré conmigo, cariño. Tanto la voz como el tacto de la mujer se vuelven apacibles al verse limpiando con rapidez a su serpiente; vistiéndolo con la simplicidad de los artículos obtenidos, realzando la galantería y narcisismo de Cardan.—Perfecto. Como el sonido de sus pasos al salir de la posada con Cardan alrededor de sus hombres. Preciso como el tiempo que lleva para reunirse con aquellos que se han convertido en sus compañeros de tripulación; tan implacable como el aroma constante y seductor de su perfume. No le lleva demasiado llegar al lugar acordado, incluso lleva consigo su den den mushi por cualquier pérdida o descuido. Lo primero en visualizar es cómo muchas de las personas empiezan a abandonar el recinto. ¿Estarán cerrando? Curiosa se abre paso en el local, notando la silueta de aquel que ha sido el último miembro en formar parte del singular grupo de piratas. Los pasos se escuchan contra la madera, el aroma a perfume llena el ambiente y, consciente de no lograr sorprender ni asustar a nadie, se inclina a espaldas de Barald. Habla cerca del oído del mismo. —¿Por qué tan solitario, cariño? —Un sonido parecido a una risa corta emerge de su garganta antes de plantar su mejilla contra la del pelinegro, simulando el sonido de un beso. ![]() —Espero haberte hecho esperar mucho, aunque tal parece que Tezca es el ganador esta noche. Maldita diva. —Bromea volviendo a enderezarse para tomar uno de los asientos, no sin antes hacer un gesto con sus hombros para que Cardan bajase de los mismos; este obedece de buena cuenta, más que nada porque está pendiente de cada movimiento de Barald. —Es un nuevo amigo, Cardy, trátalo bien. —Cardan asiente, aún sin alejar su vista del pelinegro. Runin aprovecha para depositar su suéter tras el respaldar de la silla. —¿Puedes traerme un mojito de vino blanco, cariño? —Pide al dependiente, sentándose al fin. El joven camarero asiente un poco atontado, anotando su pedido. La fémina relame suavemente sus labios. —¿Nervioso por nuestro encuentro, Barald? Cuidado quedas deslumbrado cuando Tezca y yo nos sentemos en la misma mesa, fufufufufu. —No es de las personas que disfruta compartiendo reflectores, pero se ha acostumbrado lo suficiente como para que le parezca gracioso. Vivir con una serpiente narcisista no es lo más sencillo del mundo. ![]() —Ah y no temas por Cardan, no hace nada. Es mucho diente y poca lucha. La serpiente kuja sisea, acercándose al espadachín, pretendiendo subirse sobre este.
Karmas
RE: Let's fucking go! [P.R] - Tezca Norova - 15-02-2026 Una vez más tenía que escuchar las órdenes de un capitán que ni siquiera estaba presente. Solo daba gracias de que esta vez no se tratara de pagar alguna deuda absurda nacida de su “magnífica” elección de lugares donde quedarse. No sé desde cuándo me había convertido en el tesorero oficial de la tripulación. Y peor aún… ¡si tan solo no fuera mi propio dinero!
Suspiré con pesadez mientras repasaba mentalmente las cuentas de mi estancia. El alquiler del hostal, los gastos diarios, los pequeños lujos que me permitía para no sentir que todo era una cadena interminable de encargos. Me encontraba en una habitación modesta, aunque limpia, con vistas parciales a las calles del reino de Sorbet. Había pensado en cambiarme a una casa pronto; algo más estable, más acorde al tiempo incierto que parecía aguardarme allí. No sabía cuánto más me quedaría en Sorbet, y la decisión, esta vez, no dependería del todo de mí. Las corrientes del destino o de la tripulación podían ser ciertamente impredecibles.
El reino tenía algo peculiar: una calma engañosa, casi diplomática, que ocultaba tensiones bajo la superficie. Sus calles estaban bien cuidadas, el comercio fluía con cortesía medida, y aun así yo sentía que cada esquina observaba más de lo que aparentaba. Instalarme allí no era solo cuestión de comodidad, sino de estrategia. Si debía quedarme, quería hacerlo con cierta dignidad… y con cerraduras decentes.
Me até el cabello en una coleta baja, asegurándolo con firmeza. Después terminé de acomodarme el kimono, alisando la tela con cuidado. A veces cambiar de estilo venía bien. Recordaba mis atuendos anteriores, más prácticos, más alineados con la cubierta de un barco que con las calles elegantes de Sorbet. Pero las nuevas telas que había encontrado allí eran tan cómodas que no pude evitar mandar a confeccionar un ropaje a mi medida. Me observé al espejo con la victoria digna de un ganador y acomodé los naranjas lentes de sol para finalmente salir del hostal en camino a aquel restaurante solo con el den den mushi y el tridente a la mano, nunca era demasiado. En mis viajes anteriores había aprendido que un enemigo puede saltar del lugar más elegante y tranquilo si a la caprichosa suerte se le antoja aquello.
Al llegar al sitio acordado noté que parecía… ¿vacío? Me detuve un segundo frente a la fachada, recorriendo el letrero con la mirada, asegurándome de no haber confundido la dirección. No, era el lugar correcto. Las ventanas estaban limpias, las lámparas encendidas, las mesas perfectamente dispuestas. Todo listo… y sin embargo, desierto.
¿Había llegado muy temprano?
Negué apenas con la cabeza. Me había asegurado de llegar elegantemente tarde. Ni un minuto antes, muchos después. El equilibrio exacto entre puntualidad y superioridad social. Así que no, el error no era mío. Probé la puerta con suavidad, empujándola apenas con la yema de los dedos. Cedió sin resistencia. Abierta.
Entré sin más, con paso tranquilo, el sonido de mis sandalias marcando un ritmo suave sobre el suelo pulido. El aire tenía ese aroma tenue a madera barnizada y té recién preparado, como si la escena estuviera congelada a la espera de actores que no terminaban de aparecer. Mis ojos recorrieron el lugar en busca de alguna silueta familiar.
No fue difícil.
No había más siluetas en posición de comensales.
Caminé hasta la mesa con paso medido, dejando que el sonido de mis pasos marcara mi llegada. Tomé el respaldo de la silla y la arrastré con suavidad deliberada, el roce contra el suelo convirtiéndose en una antesala casi teatral. Con un giro elegante un pequeño espectáculo calculado al milímetro hice rotar la silla antes de acomodarme, el kimono acomodándose a mi alrededor como una cortina que cae al final del acto.
Crucé las piernas con calma y, ya sentado, alcé la mirada hacia los presentes. —Ah, mis amigos, parece que han llegado temprano: que puntualidad la suya. Runin, mi dama, no he dejado de pensar en ti durante mis viajes, luces más hermosa que la última vez que te vi ¿O podría ser lo mucho que te he extrañado? — Dije al notar a la hermosa mujer de vestido aquamarina, inclinando la cabeza. —y tu, cosita tan reptil: No había nada que comer en el hostal y no voy a conseguirte algo de mala calidad ¿me entiendes? — Extendí la mano sobre la mesa en dirección a la serpiente con esperanza que no me mordiera.
![]() Mi mirada se deslizó entonces hacia el hombre elegante al otro lado de la mesa, envuelto en una gabardina negra que caía con impecable sobriedad sobre sus hombros. Su postura era recta, calculada, como si incluso el modo en que respiraba estuviera bajo control. Si no me equivocaba, aquel debía de ser nuestra más reciente adquis… integrante.
Corregí el pensamiento al instante, aunque la palabra inicial había sido, quizá, más honesta.
— Y tu debes ser… Barald, que elegante, señor ¿Sabías que el nuevo miembro tiene que invitar una cena? Esta es tu oportunidad de oro, amigo… ¡Mesero! ¡Una limonada! Ya tomaré más tarde. — Interrumpí mi propia oración, buscando al mesero más cercano antes de volver a mis queridos camaradas. —Entonces ¿De qué me perdí? —
Karmas
RE: Let's fucking go! [P.R] - Barald Kane - 16-02-2026 El lugar poco a poco empezaba a desalojarse y el muchacho esperaba paciente. El camarero apareció cerca de su mesa con una bandeja lujosa con detalles cromados en oro, curioso. Dejo el refresco sobre la mesa, junto con un cenicero de cristal transparente, cuadrado y de gran tamaño, le agradeció con un simple gesto de cabeza mientras acomodaba su espalda en el respaldo. El lugar era conocido por sus espectáculos musicales así como su buena comida, podía verse al fondo un grupo de músicos bien trajeados los cuales estaban próximos a deleitar los oídos del nuevo rico de Sorbet Norte. Si, se habían creído que era rico de verdad ¿será por el traje? Pudo notar algo acercarse por su espalda, se estaba acercando demasiado y aquel olor era inconfundible. Quizás hoy pudiera conocer algo más de ella, lo único que sabe realmente es que podría matarte a puñetazos. Barald se alegra de que sea su compañera y no su enemiga. - No esperaba otra compañía a excepción de la vuestra, claro esta - Sonrió tras sus palabras respondiendo a su pregunta previa al saludo, que respondió de igual manera cariñosamente. - Descuida, hoy tengo todo el tiempo del mundo. - Pensó en reprochar el hacerle esperar, aunque tampoco le había importado demasiado pues habían sido unos minutos, recién le habían traído su refresco. Barald no solía sorprenderse demasiado pero curiosamente no era la primera mujer acompañada de una serpiente que conocía. La serpiente y el muchacho entrelazaron sus miradas, parecía atenta a sus movimientos. Lo mejor de todo su outfit era el gorrito, sin duda, era especial. - ¿Lo bueno siempre se hace esperar no? seguro no tarda mucho. - Dijo el muchacho refiriéndose a Tezca que sería el último en llegar a sentarse en aquella mesa. Cardan siseaba y se acercaba a Barald ¿es que tiene algún tipo de imán para las serpientes? la otra vez fue igual. El pelinegro no se incomodaba ante aquella situación, dejo que la misma se le acercara sin temor y comenzara a subir por uno de sus brazos hasta apoyar su cabeza en el hombro. Acercó su refresco a la boca de la serpiente, extendiendo una pajita para que pudiera sorber con facilidad. - ¿Quieres? Seguro te gusta. - En aquel encuentro apareció un hombre elegante de pelo largo, erguido con un look extravagante. Barald lo analizó en un parpadeo, sin duda, era un hombre con una seguridad increíble en si mismo, quería conocer más a ese sujeto, le pareció interesante por su manera de hablar, moverse y expresarse, no se veían personas así normalmente. ![]() - ¿Invitar? Claro, pide lo que quieras. Lejos de preocuparse por quien iba a pagar la cuenta respondió con total seguridad como si fuera a pagar el mismo; total, no pensaba pagar una mierda y esto podría convertirse en un buffet libre a la carta sin ningún problema. Deslizó su mano izquierda por el tapete de la mesa dejando una brújula a la vista de los presentes. Tras aquello, sin dejar de sostenerle el vaso a Cardan que bebía plácidamente coloco uno de sus cigarrillos en su boca, lo prendió y dio una calada, exhalando el humo hacia el lado contrario donde se encontraba la serpiente. De pronto los músicos empezaron a tocar música de ambiente algo de Jazz, muy acogedor. Lo que veían ante ellos en medio de la mesa era una simple brújula deteriorada, simbólica cuanto menos, marcaba los puntos cardinales y poco más no tenía nada de especial. - Nos hemos reunido por fin para tomar la decisión que cambiará nuestras vidas. A priori somos una tripulación sin barco, sin rumbo y con un capitán "ausente" ... Tras una leve pausa, hablo de nuevo. - No se hacia donde tendrá que apuntar esta brújula para llegar a nuestro destino pero lo que si se es que ya es hora de que vayamos allí donde los peligros son más grandes y donde los piratas consiguen los mejores tesoros ¿aun siguen soñando igual que yo? - Barald hablaba con sus camaradas con total convicción de las aventuras que estaban por llegar, su pasión podía notarse en su mirada, a veces quizás asesina. Hoy solo mostraba ilusión, como un niño. - Viajaremos al Grand Line y veremos todo cuanto el mund... espera. - Volvió a girarse para mirar al verdadero motor de esta, la desastrosa pero potencialmente peligrosa tripulación. ![]() - Cardan! Pues si que tenias sed no dejaste ni una gota. - Tras aquellas palabras sonrió, parecía caerle bien a la serpiente.
Karmas
RE: Let's fucking go! [P.R] - Runin D. Kitay - 16-02-2026 El agradable aroma perfumado de Barald se combina con la provocativa fragancia de la amazona. ¿Lo bueno? Si tuviera una moneda por cada narciso que conoce, tendría tres; no es mucho, pero resulta lo bastante significativo como para tenerlo en consideración. Uno de esos vanidosos seres observa con vehemencia al hombre de mirada rubí. Lo evalúa con la certeza de quien espera un falso movimiento, una palabra inconexa e imprecisa, un gesto retador o repleto de desdén. Mas Barald no hace ninguna de esas cosas; no: decide tomar a la serpiente por la cola —figurativamente hablando— para domarla y exhibir su poderío. ¿Su accionar?
Ofrecerle jugo. —¿No podías ser más regalado, Cardan? —Runin eleva una de sus cejas en un suspiro atroz que solo es interrumpido ante la llegada del hombre que, durante una larga temporada, parece haberse perdido en la infinidad del mundo. —Siempre más hermosa, querido Tezca. —Guiña con la confianza propia de aquellos que se entienden. El narciso número dos se ha sentado con tanta elegancia, precisión y soltura que, de ser menos egocéntrica, seguramente le aplaudiría. No hace falta mencionar que la narciso tres es la misma Runin. ¿No?
—Mejor que no hubo nada, cariño. Si consienten demasiado a Cardan, se volverá aún más insufrible. Después no quiero quejas cuando vean lo vanidoso y glotón que es. —La serpiente, ofendida, alza el rostro en un intento de parecer mayor dignidad; pero su lengua sisea, traicionera, en tanto busca el sorbete para continuar bebiendo del refresco. Los pequeños orbes se centran ahora en Tezca, parece como si asintiera en su dirección, sellando un trato personal entre hombre y ofidio. Runin niega cuando los vocablos del rubio le arrancan una ligera sonrisa, retiene la risa lo suficiente como para encajar con el ambiente del lugar. ¿Acaso la tripulación está destinada a ser conformada por egoístas, oportunistas y descarados? ”En buena hora.” Piensa con desenfado. ”El viaje sería aburrido si fuese de otra forma.” Al final un susurro risueño escapa cuando el pelinegro acepta ser el mecenas de la noche. La envejecida brújula llama la atención de la fémina, quien se inclina sobre la mesa para observar a detalle el objeto. Los vocablos del espadachín se avecinan sustrayendo un asentimiento de parte de la amazona; durante un instante siente la necesidad de tocar su cartera, sabiendo que en el interior lleva un den den mushi. ¿Cómo estará pasando Ryota durante su entrenamiento? ¿Estará descansando después de un arduo día de ejercitarse o disfrutando de las bondades de isla Karate hasta que la madrugada llegue? No han conversado en un par de días. Antes de dormir, quizá lo llame, así sea para regañarlo por no haberla llamado. ¡Se lo tendría merecido! ¿Cómo no enderezarse ante esas palabras? ¿Cómo no elevar la comisura de sus labios imaginando todo lo que les espera a futuro? Su visión no se centra únicamente en los tesoros; no, Runin desea fuerza, información, libertad, libertad… ¡Libertad! Llegar a su verdadero objetivo, volver a conocer su lugar de origen, su hogar. El incentivo se rompe repentinamente ante la interrupción de su incondicional acompañante. —Les dije: Glotón. No quiero quejas, fufufu. —Bufa riendo ruidosamente cuando Cardan ignora las palabras de Barald para ascender del todo por su brazo hasta reposar en los hombros del mismo, recostando todo su peso sobre este. Saca la lengua en dirección a Tezca, de forma amigable. ”Al menos no me preocuparé porque muerda a alguien.” O que lo muerdan a él, mejor dicho. Con lentitud relame sus labios. —La Grand Line. ¿Saben que debemos fortalecernos lo más posible antes de atrevernos a llegar más lejos, no? —El camarero regresa con las bebidas del rubio y la morena, depositándolas sobre la mesa. Ella guarda silencio hasta que lo ve retirarse y, sin afán, bebe un poco del mojito con vino. —Es verdad que somos una tripulación sin barco, pero sé que lo tendremos. —Afirma, decidida. A menudo aparenta atesorar su dinero con recelo, pero no es más que una fachada: la excusa perfecta para no admitir que lo reserva con el propósito de adquirir el barco que los llevará lejos. —Sé que nos volveremos más fuertes. —Tezca sufrió una herida por un oso enorme que lo demuestra, Barald nunca dejó de luchar contra los enemigos de la arena, aún cuando lo hirieron, Ryota preocupado buscó opciones para hacerse más fuerte y ella, aún cuando nadie la ve, vive luchando por ella o por otros. —Y sé que cada uno de ustedes debe tener su propio sueño. —Incluso ella tiene uno. Sonríe ampliamente. ![]() —¿Quieren sincerarse acerca de eso o vivir en el misterio hasta que estemos cerca de cumplirlos? Sin presiones, cariño. —Es una pregunta honesta; aun si no dicen nada, lo aceptará, y también sabrá acoger lo que tengan que decir. Porque, aunque no se conozcan lo suficiente, han decidido reunirse en esa mesa para pensar en el futuro, juntos. —Al final, si somos una tripulación, significa que nos ayudaremos. —Eso último ni siquiera lo pone a discusión. ¿Siente demasiada confianza en sí misma como para no temer por intenciones ajenas? En parte. Lo que realmente le mueve a decir aquello es la emoción de iniciar algo nuevo, acompañada. Runin Kitay, ya no está sola.
Karmas
RE: Let's fucking go! [P.R] - Tezca Norova - 17-02-2026 Este hombre ya me caía de maravilla.
Tomé el menú más cercano sin demasiado disimulo y lo abrí con calma, recorriendo cada línea con una atención casi teatral, buscando deliberadamente lo más caro que ofreciera el lugar. Total, él había dicho que invitaba. Una sonrisa ligera, apenas ladeada, se dibujó en mis labios mientras mis ojos se detenían en los nombres más extravagantes y las descripciones más pomposas. Si iba a jugar, lo haría bien.
El jazz flotaba en el ambiente con una elegancia despreocupada, el piano marcando un compás suave y el saxofón deslizándose como humo entre las mesas. Moví apenas la cabeza al ritmo de la música, dejando que el sonido me envolviera, que me diera esa falsa sensación de tranquilidad que solo los lugares caros saben fabricar. Todo parecía en orden, sofisticado, casi íntimo… hasta que el hombre, sin previo aviso, dejó una brújula deteriorada sobre la mesa.
El sonido seco del metal al tocar la madera me hizo bajar el menú lentamente.
Mis ojos se posaron en el objeto. Así que ese era el plan: el Grand Line.
Un destino que no necesitaba explicación entre nosotros. No hacía falta decirlo en voz alta; la intención estaba ahí, vibrando con la misma fuerza que la aguja inquieta de la brújula. Parecía razonable. ¿A dónde más iríamos? Quedarnos donde estábamos era aceptar límites, y nosotros no íbamos a conformarnos.
Teníamos que expandirnos. Crecer. Hacernos un nombre que no pudiera ignorarse ni siquiera en los mares más salvajes. Más territorios, más influencia, más poder. Navegar por esas aguas como ningún otro, dejando huella en cada puerto, en cada isla, en cada historia susurrada entre marineros borrachos
Pero como había dicho la morena y en eso no podía negarle razón era mucho más fácil decirlo que hacerlo.
El Grand Line no era solo un mar; era una sentencia.
Cerré el menú con suavidad y lo dejé a un lado, mis dedos tamborileando apenas sobre la mesa, pensativo hasta que alcé la mirada hacia él, sosteniéndole los ojos con una sonrisa que ya no era ligera, sino decidida.
![]() —La unión hace la fuerza, mis amigos. Este sitio comienza a quedarnos pequeño ¿Me entiendes? —
La pregunta honesta de la mujer me hizo tomar otro sorbo, mirando a ambos antes de recostarme en la silla; Iba a ser corto y honesto con ellos, era lo mejor. —Me rehúso a colaborar con los perros del gobierno… Tengo algo importante que hacer: Voy a matar o morir en el intento, así que, si me ven en ello, ni se metan y si por alguna mierda llego a morir: Solo tiren mi cuerpo al mar y llévenle este medallón a un hombre: Se llama Onizuka Jin. Anotenlo bien, son mis compañeros de viaje ¿no? Lo más probable es que salga triunfante como siempre ¿me entiendes? Pero aún así, prefiero dejar las cosas en claro ya que viajaremos juntos. — Expliqué cruzado de brazos, enseñándoles el colgante dorado que caía hasta mi pecho, soltándolo para tomar otro sorbo de limonada. —Ya me sinceré, les toca. No hagan que me arrepienta...[b]—[/b]
RE: Let's fucking go! [P.R] - Wyatt Goldstar - 23-02-2026 Era difícil saber con exactitud si aquella reunión a la que se dirigía era un programa de venta de cursos de coaching personal, o si realmente cambiaría su futuro. Bueno, la idea real prometía lo mismo que aquellos peculiares estafadores que ofrecían cambiar tu vida por sólo darles un poco de tus jugosos berries. El caso es que, fuese como fuese, y habiendo olvidado incluso a quien lo había citado allí, Wyatt cruzó la plaza con la esperanza de poner su aporte en una causa mínimamente noble, y sobre todo, que lo sacase de Sorbet. Siguiendo un par de indicaciones, dio algunas vueltas de más, pues ubicarse en la zona norte no era su especialidad. Cierto es que llevaba ya un tiempo instalado en la pintoresca ciudad, pero lejos estaba de ser su lugar en el mundo, y le costaba todavía identificar los edificios, que a sus ojos le parecían todos iguales. Sumado a ello, el dar tantas vueltas sin sentido y el ajetreo, la contaminación sonora y los olores de la urbanidad, le ponían los pelos de punta. No podía ocultarlo, y al paso que iba, terminaría todo arrugado a los 30 si seguía viviendo en la ciudad: su entrecejo estaba fruncido todo el tiempo, y la expresión de asco sólo se le quitaba si tenía que interactuar con alguien. Finalmente llegó hasta una puerta que parecía ser igual a la descripta en la comunicación, y de paso, tras un par de segundos de búsqueda visual, dio con el nombre. Lo que sí le pareció extraño fue, que nada más dar unos pasos dentro, el lugar parecía estar casi vacío. ¿Habían elegido un antro tan lúgubre y de mala muerte? ¿Allí en Sorbet Norte? Bueno, no es que él fuese pretencioso, en absoluto, pero le llamaba un poco la atención. Pero enseguida descubrió que la desolación venía por otro lado —. Discúlpenos, pero el local está cerrado por una reservación especial. Vuelva mañana. — le comentó uno de los empleados del lugar nada más cruzó el umbral de la puerta. Al parecer la reunión ya iba empezada, y a las claras parecía que él era simplemente un cliente casual que venía a consumir. — Ah, una reservación. Debe ser la reunión a la que vengo, sí. — asintió un par de veces, seguro de lo que parecía estar pasando. El hombre arqueó un poco la ceja pero enseguida lo condujo un poco hacia atrás, a las mesas de los comensales, donde señaló la única que estaba ocupada, por un trío un poco particular, o un cuarteto si contábamos al exótico animal —. ¡Bingo! Me costó encontrar el lugar, lo siento. Pero ya estoy aquí, espero no haberlos hecho esperar mucho. ¡Un placer a todos! — se acercó empezando a arrimar una silla antes de que, el mismo dependiente que lo recibió, se parase detrás de él y mirase al grupo con cara de duda —. No sé si esperaban a alguien más, pero dijo que venía a la reunión y lo dejé pasar. El Goldstar se dio media vuelta mientras todavía tenía una silla entre brazos, antes de analizar al empleado de nuevo, achinando los ojos como si lo juzgase por estar dudando de su invitación tan especial. Y es que claro, probablemente la mirada de nadie de los presentes había resultado familiar para con el rubio, o bueno, era lo esperable —. Disculpen, antes de que me presente sin sentido... Fui citado a una reunión por un muchacho, este... — comenzó a suspirar, apoyando sus manos en el respaldo de la silla mientras la acomodaba frente a él, todavía de pie. Descolgó el bolso que llevaba en la espalda y lo dejó caer al suelo —. Yo... Estoy seguro que puedo recordarlo, era... Hmm... ¿Ray--... Tsk. — chasqueó la lengua, cansado, y se agachó hasta sus pertenencias. Empezaron a volar hacia los costados vendas, bolsas de monedas bien ajustadas, cajas de balas, carne seca envasada, y cualquier trasto que uno pudiese imaginar que había en un bolso... Y un poco más, por qué no. Hasta que por fin, manchado y arrugado, un papel blanco que Wyatt sonrió al encontrar —. Bingo, aquí está. — exclamó extendiéndolo hacia el frente para mostrarle su inscripción a todos los presentes: Ryota.
KARMAS
RE: Let's fucking go! [P.R] - Barald Kane - 24-02-2026 El amigo del acero confiaba en algo tan primitivo que aun seguía funcionando en el reino animal; la ley del más fuerte, pues conocía bien el mundo en el que vivía. Solo ser el más fuerte le daría la libertad absoluta y hasta entonces se reservaría sus sueños más ocultos para el mismo allí donde nadie pudiera apagarlos a excepción de su propia cabeza que nunca, repito nunca, quebraría hasta el punto de olvidarlos. Dejo el vaso en la mesa con delicadeza alejándolo de la serpiente mientras escuchaba a sus compañeros. Runin parecía conocer bien a su serpiente pero Barald estaba dispuesto a ganarse a su nueva amiga a pesar de las advertencia de su dueña; consentirla a partir de ahora será su nueva misión. El pelinegro era un hombre analítico guiado por una mezcla entre la intuición y lógica, si algo se le escapaba era porque no tenía importancia. Veía el fuego en los ojos de la Amazona al hablar ilusionada por el nuevo viaje, derrochaba la pasión de vivir su libertad así como ella eligiera solo había que acompañarla, no necesitaba que nadie la dijera cuanto podría brillar. El rubio mostró decisión, ni si quiera lo pensó; depositaba la confianza en sus compañeros esperando recibir la misma. Era un hombre perspicaz con una gran seguridad, lo mostraba hasta con su manera de moverse. Barald recordaría sus palabras y respetaría sus límites, ni si quiera preguntaría que era aquello tan importante que tenía que hacer, llegado el momento lo sabría. Arqueó una ceja al escuchar un nombre conocido salir por su boca y saco de un bolsillo su cajetilla de tabaco, colocándose un cigarro en la boca sin encenderlo, solo sosteniéndolo con los labios dando lugar a un pequeño silencio por su parte. La música de ambiente arropaba el local de forma cálida bajo la tenue luz de neón de los letreros, era un lugar cool para tener una reunión, esperaba que sus compañeros disfrutaran de la reunión para poner rumbo hacía el nuevo destino, el Grand Line, aunque ¿Cómo llegarían estos tipos al Grand Line? eso era desconocido para Barald, confiaba en la capacidad de navegación de Ryota y en que el destino se pusiera a su favor. - Vivir la vida que realmente merezco, una de la que este orgulloso de contar. - Rompió el silencio mientras miraba a ambos. Su tono de voz siempre era calmado y tranquilo, así como su manera de moverse. - Vengo de una isla donde siempre es invierno; allí la nieve cubre todo cuanto puedas ver. - Tenía que contarlo, ellos tenían que saber lo que significaría acompañarle. - Mi familia es un tanto ... complicada y mi padre demasiado soberano, vengo de una familia rica de Roshwan y quieren matarme por no seguir sus pasos, así como estaba pensado. - Tras aquellas palabras, saco su encendedor del bolsillo dio una calada y prosiguió echando el humo hacia un lado. - Tengo 30 hermanos, unos quieren traerme de vuelta, otros quieren matarme y otros quizás todavía piensen que estoy muerto. La cosa es que me persiguen desde hace un tiempo, deje mi vida anterior por esto; corréis un gran peligro navegando conmigo. Son fuertes, solo puedo huir de momento. - Su mirada cambio de golpe, se volvió fría así como su lugar de origen. ![]() - Pero en algún momento peleare, espero contar con vuestra ayuda. - Tras sus palabras pudo ver a uno de los trabajadores del bar acompañar a un sujeto desconocido irrumpiendo en la "reunion" ¿es que no dije que no molestara nadie? Aquel tipo se mostraba amistoso y amigable. Barald notó como su tic nervioso daba lugar de manera recurrente en su ojo ante algo inesperado como aquello, elevó su mano con la palma abierta indicándole al seguridad que no pasaba nada, dándole a entender que sus actos estaban bien hechos. El rubio allí presente saco aquel papel después de desbaratar su mochila y tirar sus pertenencias por todos los lados, era de esperar que Ryota invitara a alguien sin avisar, se veía en el papel perfectamente el nombre de Ryota. Lejos de desconfiar de aquel tipo se fio de el, su intuición y su lógica dieron el aprobado. - Agghhh descuida, te creo. - Dio una calada de nuevo a su cigarrillo para tirar el humo al lado, esperaba calmar a aquel tipo parecía alterado al haber llegado tarde. Comenzó a señalar uno a uno a los integrantes de los Hanu Mahana a medida que iba diciendo sus nombres - El es Tezca, ella es Runin, esta serpiente que esta en mi hombro es Cardan y yo soy Barald. - Y tras una pausa prosiguió. - Y como has llegado tarde pues bueno, te perdiste algunas cosas pero ya nos iremos conociendo.- Tras darle la introducción de quienes iban a acompañarle en sus nuevos mejores días de su vida decidió hablar a todos los allí presentes. - ¿Qué os parecería si cenamos algo y ... montamos una buena? esta noche tenemos que celebrar que por fin estamos juntos. - Barald tenía ganas de celebrar este momento, quien sabe que cantidad de vivencias vivirían en aquella noche.
Karmas
RE: Let's fucking go! [P.R] - Runin D. Kitay - 01-03-2026 Los vocablos escapan de entre los labios de sus nuevos compañeros como si de una caudalosa corriente se tratase. La fémina asiente guardando cada palabra expuesta, cada sentir y profundas miradas. La venganza se mezcla con el inevitable anhelo de liberarse y con el desenfrenado deseo de entregar sus vidas para alcanzar sus objetivos. Runin no tiene derecho a juzgarlos, no a personas que buscan fortalecerse y avanzar para poder enfrentar sus respectivos pasados. Ligera es la sonrisa que esboza mientras roza la copa contra sus labios. ¿Problemas con el gobierno? ¿Matar o Morir? Aunque Tezca insista en que no intervengan, tampoco es como si pensara obedecer. Al final del día, la amazona es alguien entrometida por naturaleza, y como ha dicho previamente: Son una tripulación; se ayudarán. Aún así no puede evitar abandonar la bebida al escuchar un nombre en específico: Onizuka Jin. ¿Acaso todos en aquella mesa lo conocen? Desea cuestionar acerca de ello, pero sabe que después tendrá tiempo suficiente para conversar al respeto; hasta que al mafioso azabache termine por arderle las orejas. La crudeza de Barald hace que la fémina se cuestione la funcionalidad de algunas familias, hasta el momento la única que le ha parecido estable y amable es la de Ryota, en ocasiones hasta le dan ganas de llamar a Lalani para preguntar sobre su vida en Baterilla o si los niños se encuentran bien. El dulce recuerdo de la primera vez que llegó a aquella isla inunda su mente, contrastando con la brutal realidad que envuelve al espadachín. ¿Qué se sentirá tener treinta hermanos y que ninguno parezca estar de su lado? ¿Cómo es esa frase que suelen utilizar? Claro… ![]() ”Incluso el árbol genealógico se poda.” Piensa. La fémina relame sus abultados labios para responder a sus acompañantes, lista para encarar su realidad hasta que las voces murmuran y una nueva persona hace acto de presencia. Una de las cejas de la mujer se eleva, inquisitiva, observando de arriba hacia abajo al joven de bonitas hebras rubias. El nombre de Ryota es depositado sobre la mesa y la amazona no puede evitar largar una pequeña risa, ni siquiera debe plantearse aquello, conoce lo suficiente a su compañero de aventuras como para saber que la existencia de dudas es irrelevante. Un gusto, cariño. —Menciona después de ser nombrada por Barald, eleva su copa en un gesto amable antes de terminar de beber el trago. Cardan se retuerce un momento en los hombros del azabache, gustosa de haber sido nombrado como si fuera un miembro importante en la mesa redonda. Toma asiento, no mordemos, mucho. —Bromea guiñando el ojo antes de relamer sus labios con parsimonia, si, falta algo importante. Me apunto a todo, Bary. Ahora bien ¿Cómo te llamas?—Cuestiona a su, aparentemente, nuevo compañero. Eleva una mano para llamar al camarero. —Sin miedo, cariño, pide lo que quieras. Barald dice que invita. Fufufufu. —Ríe sin contemplación. Cardan trata de imitar a su dueña haciéndolo ver tan adorable como gracioso. Ciertamente, la noche es joven, y durante el viaje al Grand Line podrán hablar acerca de sus objetivos, metas y sueños; por muy peligrosos, esporádicos o fantasiosos que puedan parecer. ![]() —Coman, beban y disfruten; porque una vez que partamos de aquí, sentiremos el peso que conlleva buscar la libertad. Al final del día y de la vida, todo termina convergiendo en esa singular palabra. Libertad RE: Let's fucking go! [P.R] - Tezca Norova - 02-03-2026 Eso era un equipo, carajo. No pude evitar sentirme complacido cuando Barald comenzó a hablar de sus metas y de su familia. Crucé los brazos, recostándome apenas en la silla mientras lo observaba con atención genuina. Había algo casi enternecedor en la forma en que lo decía, como si todavía intentara convencerse a sí mismo. ¿Tener a tu familia y que estos quieran matarte? ¿Tener treinta hermanos? Suspiré por la nariz. De pronto mi vida no parecía tan complicada. Al menos nadie compartía mi sangre con la intención explícita de acabar conmigo, o al menos nadie que no quisiera matar primero. —Tranquilo ¿me entiendes? Por eso estamos platicándolo como si fuéramos un maldito grupo de ayuda psicológica. Si hay que destruir a tu familia, se hace y punto, no tienes que dar explicaciones, hombre, todos somos peligrosos, por eso estamos aquí. — Lo dije con calma, casi con suavidad, como quien ofrece un consejo práctico y no una sentencia de muerte. No había juicio en mi voz. Solo lógica. En nuestro mundo, la sangre no te hacía intocable. Fue entonces cuando noté una sombra acercarse a la mesa. Un rubio. Lindo. Arrastrando una silla con naturalidad y una explicación, no pude evitar fruncir el ceño. ¿De verdad la seguridad del local era tan deplorable? Cualquiera podría entrar diciendo que lo esperábamos, intentar matarnos y terminar muerto sobre el suelo. Lo cual, pensándolo bien, no sería tan malo para nosotros… pero sí arruinaría la velada. Guardé silencio hasta que mostró la inscripción con el nombre de nuestro ausente capitán. Ah. Sonreí. Ahora que lo pensaba, ese rostro me resultaba familiar. No sabía de dónde. Un puerto. Una noche borrosa. Algo en su mirada me hacía ruido. —Ah, si ese es el caso ¡Bienvenido! ¿Te conozco de algún lado? Me pareces familiar ¿me entiendes? — Le sonreí con esa cordialidad que siempre bordeaba la burla. Aunque el nuevo ya estaba sentado, Qué inteligente era Runin. Más tripulación significaba más excusas. Más excusas significaban más cenas gratis. Eso sí era visión estratégica. Levanté la mano para llamar al mesero otra vez. —Vengan, la noche es joven y a mi rubio amigo le hace falta una bebida. — Esperé a que los demás pidieran antes de inclinarme ligeramente hacia el empleado. —Mariscos, ya sabe: cangrejo enchilado, camarón, si es del mar me lo quiero comer. — Le guiñé un ojo con descaro, estirándome en la silla con pereza satisfecha. Luego, como quien recuerda algo importante en medio del placer mundano, ladeé la cabeza. —Partir, finalmente partiremos juntos ¿Alguno sabe si nuestro querido capitán comprará un barco o es que piensan ir nadando? No puedo nadar, por cierto, tipo nada. Por más que ame al mar parece que ahora me repele… Oye, rubio lindo ¿Tienes barco? — Deslicé la mirada hacia Wyatt también, evaluándolo con interés repentino. Nunca se sabe. Tal vez debajo de esa apariencia discreta se escondía un millonario aburrido dispuesto a financiar nuestras desgracias. —Si no ¿Qué podemos hacer? ¿Y qué tan caro nos saldrá? ¿El capitán ha dado alguna indicación que me haya perdido? — Apoyé el mentón en la mano, expectante. |