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Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - Versión para impresión

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Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - Tenoch Titlan - 21-03-2026

58 de Verano 2:00 Pm
Nevada suave


Los dias en Drum seguían igual que siempre, fríos y nevados. La isla nunca daba abasto con su inclemente clima. Sin embargo, a pesar de esto, hace un tiempo a la isla habia llegado un espectáculo nuevo. Una feria con un monton de atracciones de esas que abundaban en los blues, pero a diferencia de aquellas, esta feria se notaba que le habian invertido mucho dinero, pues todas las atracciones estaban nuevas, cuidadas y bien trabajadas. Pero el atractivo principal era la casa del terror esta era la joya de la corona de la feria y en las calles del reino de Drum, se hablaba de cuan espeluznante era.

 Esta atracción tenía por nombre Egipto y estaba adornada con parafernalia del desierto, un contraste comico, en un sitio tan frio y gris como lo era Drum. Es por eso mismo que esta atracción atraía a tantas personas a la feria, todo en esta era diseñado para hacerla sobresalir por encima de cualquier otra atracción.

A los dueños de la feria se les podia ver rondar por esta, eran dos hombres particulares, de tamaño similar, ambos usaban bigotes y aunque no fueran familia se llamaban primos entre ellos.  Estos tenían por nombre Armando Paredes y Cactus Espinoza, de los 2 Armando era el más sobrio pues Cactus, usaba un sombrero charro con forma de Cactus, que tenía 3 protuberancia, según él le daba identidad.

Por su parte el éxito doctor Hyakinthos de caballos rosados, quien habia tenido un encuentro complicado con dos exploradores hace un tiempo en Little Garden, habia desembarcado con su tripulación ya hace unos dias en la isla y habia escuchado los comentarios sobre la feria de Armando y Cactus, así que una tarde fria decidió ponerse en marcha y mirar con sus propios ojos como era ese lugar.

Una vez el doctor de cabellos rosados llego a la feria pudo verla en su esplendor, esta estaba abarrotada de personas que caminaban de un lado para otro, habia puestos de todo tipo, puestos donde comprar comida de distintos mares, en algunos puestos habia gente comiendo frutas, como mangos, fresas y kiwis, los comerciantes por su parte gritaban por arriba de las voces de los demas para intentar atraer a las personas hacia sus puestos. Habia como en toda feria que se respete juegos, como tirar 3 botellas con una pelota de baseball, dispararles a patos con una escopeta de juguete, insertar 3 aros en un palo, todos juegos donde si lograbas realizar la hazaña que te pedían… que no estaba para nada amañada, ganarías un peluche enorme, a cambio de unos pocos berries.

Ya quedara de parte de nuestro doctor de cabellos rosados y ojos color oro que hacer en semejante sitio tan divertido.
Resumen


Apariencia de la Feria


Apariencia de Armando y Cactus


Para el Doctor de Cabellos rosados y ojos de oro


Off


Ronda


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RE: Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - Hyákinthos - 22-03-2026

Menta.
 
Si salió de la comodidad y calidez del Royal Flush fue porque necesitaba menta y la consiguió. No la planta, pero si una esencia, cuyo olor aspiró, para probar su calidad, incluso antes de pagar por ella.
 
Y fue ahí, en la botica, que escuchó por primera vez de la feria servía de distracción para los habitantes de Drum… ¿Qué tenía de especial ese lugar? Creyó que el país sería, solamente, un infierno de hielo en el que tenía que habitar, hasta que sus compañeros se cansaran de la isla, y que solo soportaría porque Maki le había prometido que era un paraíso médico…algo que aún no había tenido la oportunidad de comprobar cómo era debido.
 
Sea como sea, a pesar del frío y de la leve nevada que hacía que la mochila negra, llena de insumos médicos y otras cosas, que acostumbraba a llevar en su espalda y su ropa nueva —cortesía de Merlot y pagada por Maki — se llenara de copos blancos, que solo servían para humedecer la tela, haciendo que el friolento médico se estremeciera con cada paso que daba, el pelirrosa se decidió a conocer la dichosa feria ¿Por qué? La pregunta debería ser ¿Por qué no? Tras varios meses en una isla en donde la civilización era inexistente, pasear por un sitio en donde podría encontrar posibles candidatos para “mercancía” en su “negocio”, sería más que provechoso y, de paso, comprobaría si la feria era tan buena como la pintaban.
 
Atraído por el ruido, y no por las direcciones que le dieron algunos lugareños, llegó a la entrada de la feria. Desde ahí podía ver las atracciones coloridas, la rueda de la fortuna, los puestos de comida y de juegos. La algarabía era contagiosa y, de hecho, por unos segundos olvidó la frialdad de Drum, pues el ir y venir de tantas personas hacían que ese sitio se sintiera más cálido de lo que en verdad era, incluso sus dientes dejaron de castañear, aunque cada tanto sus músculos temblaban y, por supuesto, su nariz seguía roja; sin embargo, eso no significaba que no estuviera atento a sus alrededores.

 Sus ojos dorados analizaron el sitio, a la gente. La mayoría se veían distraídos, demasiados centrados en las atracciones para fijarse en la gente a sus alrededores. Era el sitio perfecto para separar a las personas y llevarlas a un lugar en donde no pudieran defenderse y mucho menos ser escuchados. Volvería a sus andanzas, pero antes…Antes se alejaría del puesto de frutas que estaba a punto de hacerlo vomitar.
 
¿Cómo era posible que en un clima tan nevado la gente estuviera comiendo una fruta tan tropical y nefasta como lo era el mango? Ver a algunos niños con los guantes manchados con el jugo de la fruta, por agarrar los pedazos con la mano, y a otros más con la boca sucia del color naranja característico de la fruta, fue suficiente para que su estómago se revolviera y prefiriera alejarse lo más rápido posible. Su rostro, de rojo, pasó a verde. Menos mal que su olfato era tan débil, porque de haber sentido de cerca el olor del mango, se habría vomitado en sus botas.

—Que asco…puaj —. Se quejó en medio de refunfuños, no demasiado altos, pero aquellos murmullos fueron suficiente para ganarse la mirada de alguno que otro curioso, todo mientras una de sus manos se apoyaba en su cintura, apenas acariciando el cinturón en el que ocultaba una daga que, aunque no se veía a simple vista, llevaba por seguridad, y su otra mano se apoyaba en el mostrador de uno de los tantos puestos de la feria: uno de juegos…Y, por supuesto, el dueño de aquel local no perdería el tiempo para promocionarse.
 
—Venga, venga, olvide los malos ratos, señorita ¿Por qué no prueba suerte? No necesita que ningún hombre gane este enorme peluche por usted ¿Verdad? —El hombre, muy seguro de lo que decía y solo habiéndose fijado en el largo y rosado cabello del médico, siguió hablando mientras señalaba un peluche, de casi un metro, de un hipopótamo lanudo. El premio estelar. —Seguro alguno la decepcionó y por eso está enojada. Desquítese demostrando que no lo necesita. Lo único que tiene que hacer para ganar es derribar estas tres botellas con esta pelota —. El comerciante dejó de señalar al peluche para sacar de un caja una pelota de baseball que lucía bastante…normal.
 
—¿Disculpe? —El médico se giró, miró a su alrededor, no había nadie más cerca del puesto, al menos no lo suficiente como para que el dueño estuviera hablándole con esa confianza. —¿Me habla a mí? —El pelirrosa se señaló a si mismo y alzó una ceja. No sabía si sentirse indignado o halagado. En menos de una semana lo confundían dos veces con una chica, primero Thrym —su propio compañero — y ahora este vendedor extraño. —¿En verdad cree que luzco como una chica? Pues me halaga —Bueno, al final decidió tomarlo como un cumplido, además…esperaba que al menos lo viera como una chica guapa. —, pero claro que no necesito un hombre para ganar el peluche cuando yo mismo soy hombre —. Tal vez la voz lo delató desde un inicio, pues con la primera pregunta que hizo, vio el cambio en el semblante del vendedor…se veía…pálido, demasiado pálido.
 
—Deme eso acá… ¿Cuántos berries me dijo que son? Bueno, no importa, supongo que tendrá suficiente con mil, por el momento —. Había leído, en el propio cartel del puesto, que cada 3 tiros costaban cien berries, pero no tenía cambio y su puntería era pésima…así que, multiplicar las posibilidades no estaría mal por el momento. Puso los berries sobre la mesa y le arrebató la pelota de baseball al vendedor que, por algún motivo, aún seguía “helado”.
 
Solo para hacerse el interesante, hizo como si midiera la distancia entre él y las botellas. Parecía concentrado en calcular un buen ángulo de tiro, tanto que, incluso el señor que antes parecía confundido por su inicial error sobre el género del médico, ahora lo miró con curiosidad renovada y con el dejo de temor de alguien que creía que sería derrotado en su propia trampa.

Claro que…respiró aliviado después del primero tiro.

¿Cómo es que alguien podía errar tan horriblemente un tiro cercano?
 
—Jmp…solo probaba suerte. No es lo mejor que puedo hacer —dijo con un tono de voz más presumido del que podía permitirse. Ahora el vendedor estaba relajado y el médico, tenso, pero dispuesto a ganarse aquel peluche de hipopótamo lanudo.
 
Tiro dos. El resultado fue el mismo, quizá peor. La pelota pasó a un lado de las botellas, ni siquiera cerca, es más…el vendedor se hizo a un lado, temiendo que alguno de los tiros pudiera darle a él por culpa de la mala puntería del pelirrosa.
 
Y así siguió pasando con los diez tiros que siguieron. Apenas iban doce de treinta. El dueño del juego creía que no terminaría y eso le preocupaba, porque si…no se ganaría el peluche, eso estaba claro, pero seguro destruiría la madera de la tienda, pues los tiros podían ser pésimos, pero cada uno hacía resonar la madera del pequeño puesto con más fuerza que el anterior.
 
Sin embargo, lo que pasaría tal vez sería peor.

Tiro No.13.
 
—Jmmm…tal vez si cambio de ángulo no me vaya tan mal, ya que de frente no funciona —. Y eso hizo el pelirrosa, se colocó de lado, en diagonal a las botellas y…lanzó.
 
La pelota no chocó con la madera, no. Tampoco con las botellas, eso era obvio…el problema es que esta vez esa pequeña pelota de baseball, aparentemente inofensiva, fue volando directo hacia un lado de la carpa, a un lugar en donde no había madera si no…una cortina de tela.
 
No hace falta decir que la cortina se levantó con facilidad y la pelota no tuvo nada que pudiera detenerla en el camino para estrellarse con alguna persona o…mejor dicho…contra un sombrero.

El vendedor apartó la cortina, asustado y ¡Oh! Sus temores se hicieron realidad.
 
—¡SEÑOR ESPINOSA! ¿Está usted bien? —Gritó el dueño desde su tienda, mientras que el médico observaba desde la barrera del mostrador. Sonrió, nervioso…eso si que era llamar la atención, aunque, claro…nunca esperó que la pelota terminara incrustada en las espinas de un cactus que ni siquiera debía estar en un sitio con nieve.
 
—¿Ups? Supongo que me debo disculpar —. Desde su lugar saludó al afectado, que estaba al menos a unos ocho metros de él. Al lado había otro sujeto, de traje rojo y bastante parecido al que traía un cactus como sombrero… ¿No los había visto caminar antes por ahí? Creía que sí, pero no estaba seguro. —¡Lo siento! Mi puntería no es tan buena…pero sigo queriendo ese peluche ¿Aún puedo ganármelo? —No había habido heridos, quizá solo el sombrero, así que… ¿Para qué hacer de esto un show? Podían seguir con sus vidas, después de todo, él ya se había disculpado de la forma más honesta que podía.

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RE: Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - Tenoch Titlan - 25-03-2026

Nuestro doctor de caballos rosados, llego a la feria de Armando y Cactus, gracias al rumor que escucho en uno de los tantos locales de Drum, sin embargo, habia algo en su pulcro estilo de vestir que faltaba, un abrigo fuerte y resistente para el inclemente invierno de Drum, es por eso por lo que a su llegada a la feria el Doctor comenzó a sentir los espasmos del frio en su cuerpo.

Ya en la feria y luego de hacer un gesto repudiable para la gente que comia mango o frutas, se acerco a un puesto, donde debía lanzar una pelota y derribar 3 botellas, para ganar un premio. La escena del galeno intentando derribar las botellas no una, ni dos, sino más de una docena de veces, era demasiado entretenida para la multitud que se acerco a verle fallar una y otra vez. Pero lo que nadie esperaba era que en el intento 13, el doctor que quizás deberia ajustar sus lentes, lanzo la pelota golpeando a ni más ni menos que al señor Cactus Espinosa, en su poco llamativo sombrero, alguien le hablo y este con un ademan de su mano minimizo el golpe, cuando volteo a mirar de donde habia venido aquel lanzamiento, abrió los ojos contemplando al caballero de cabellos rosados quien, pidio disculpas comentándole ademas que solo estaba intentando ganarse un peluche y que si aun tenia posibilidad de ganárselo.

Cactus Espinoza lo miro y le sonrió, tomo su sombrero y le toco el hombro a su compañero Armando mientras se levantaba y caminaba hacia el doctor, por su parte Armando puso rumbo desconocido saliendo de la vista del hombre de cabellos rosados.

Una vez Cactus recorrió los 8 metros que le separaban de Hyákinthos le dijo. – Que hubo pues parce….Se detuvo un segundo y retomo la charla. – Parcero si…. Que hubo parcero, ¿Todo bien o no? No te calentes por esa chimbada del pelotazo que me pegaste ¿Ois?... Con un ademan Cactus reforzó sus palabras y prosiguió. -  Mira….. Me presento, soy Cactus Espinoza dueño de este chuzo ¿Ois? Y si vos te queres ganar un peluche bien chimba, pero bien chimba a lo bien, no tenes que jugar aquí con mi amigo el Zarco. Dijo y señalo al hombre al que Hyákinthos le habia pagado por intentar derribar las botellas, no ves que esta gonorrea tiene amañada esa joda… yo ya le dije que así no se trata a los clientes…Se volteo a mirar al Zarco con una mirada de reproche y le dijo.- E.. Zarco gonorrea recoge el chuzo y me acomodas las botellas mal parido, hacele pues. Sus ojos volvieron al doctor, mientras el Zarco empezó a desarmar el puesto, visiblemente asustado. Veni te invito a la casa del terror, que eso esta una chimba, ademas se ve que la estas pasando mal con el frio... allí adentro tenemos calefacción ¿Ois? y cuando salgas, yo mismo te regalo un peluche….Empezó a caminar y cuando estaba a 1 metro del doctor se volteo y le dijo. – Ois… ¿y vos como es que te llamas? 
Resumen
Bélico No Belico

Apariencia de la Feria


Apariencia de Armando y Cactus


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RE: Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - Hyákinthos - 26-03-2026

Cuando vio que el hombre del sombrero gracioso se acercaba, el médico, aunque se quedó en su lugar, se tensó y, por inercia, ajustó los guantes de combate que, disimuladamente, pasaban por guantes de cuero comunes y corrientes. Creyó que lo golpearían o se armaría un escándalo, aun así, mantuvo una buena cara y una aparente tranquilidad; sin embargo, no llegó ni un solo golpe, ni gritos ni reclamos.
 
¿Debía relajarse? Prefería no hacerlo. Sabía mejor que nadie que alguien que se le presentaba con buena cara no siempre era bueno y más en su área de…trabajo, de todos modos, fingir cortesía no le costaba nada. Le seguiría el juego al sombrero de Cactus, después de todo, tampoco era tan raro que lo trataran así de bien, su cara bonita le daba cierta ventaja para tratar con la gente. La belleza, a fin de cuentas, le daba ciertos privilegios, no iba a negarlo, él lo sabía bastante bien.
 
—Todo bien, caballero. ¿Qué hay de usted? Espero que la pelota no haya dañado nada —. Su tono de voz, ante el desconocido, fue lo más formal y educado posible. —Y espero no haber interrumpido su charla con su hermano —. Asumía que ambos eran hermanos pues tenían un parecido que al médico se le hacía evidente. —No me caliento, al contrario, me estoy congelando en este lugar —. En ese momento, de nuevo, fue consciente del frío clima, algo que lo hizo abrazarse a si mismo para darse algo de calor. Necesitaba un mejor abrigo, al parecer este era muy liviano.

De hecho, tanto era el frío que sentía el médico, que apenas y entendió las palabras del hombre…bueno, sí, lo entendió todo, pero lo cierto es que poca atención le prestó, ya que estaba más concentrado en el frío que sentía. Claro, eso quería decirse a sí mismo para evitar el hecho de que ya había olvidado el nombre del que recién se presentaba.
 
—Ah, claro, señor Espinaca, es un gusto conocerlo —. Le ofrecería la mano, pero aún no se confiaba y, además, prefería mantener sus manos cerca de sus brazos, como si eso pudiera darle más calor. —¿Y cómo que amañada? —. Bueno, eso le daba ¿alivio? Podía decir que sí, para evitar pensar en como erró todos sus tiros, por eso prefirió hacerse el sorprendido y mirar de reojo al otro tipo, supuestamente, “molesto”, aunque poco le importaba perder unos pocos berries.
 
—Supongo que me debe unos cuantos berries, de todos modos, no usé todos mis tiros, aunque…puede quedarse con el cambio, solo porque el que parece su jefe, se ve más decente —. Por supuesto que iba a seguir con su falsa cortesía y más aún si lo invitaban a un lugar en donde el frío no sería un problema.
 
Notó que el del sombrero empezaba a caminar y él, aún dudoso, miró al su alrededor antes de decidir seguir al hombre, solo dejándose llevar por la promesa de un sitio en el que podría recuperarse del frío antes de regresar a su barco, además…la casa del terror no sonaba como un mal lugar. Esos sitios nunca daban miedo. Sonrío más que confiado.
 
—Jmmm… ¿Mi nombre? Puede decirme Cherry, ya sabe, por el color de mi cabello…es casi igual a las flores de cerezo, como las que puede encontrar en la capital de esta isla —dijo con calma mientras adelantaba sus pasos para caminar justo a un lado del hombre del sombrero, vigilando su andar y su manera de ser, aunque no por eso le quitaba el ojo al resto de la feria. Sabía que, con su mala memoria para las caras, lo mejor que podía hacer era estar atento en tiempo presente.
 
—¿Y esa casa del terror que tienen de verdad asusta? No tuve la oportunidad de que nadie me contara sobre ella —. O tal vez sí y solo se le había olvidado. —Porque necesita saber que no será fácil sacarme alguna emoción si lo único que presentarán serán zombies y tripas y…ese peluche del que hablamos, no quiero que sea cualquiera, tiene que ser el de hipopótamo lanudo que tienen en el puesto de tirar las botellas —. El médico, en ese momento, se adelantó para caminar hacia su destino y, al mismo tiempo, usó su mano para mover su cabello rosa hacia un lado, golpeando con este la cara del señor “Espinaca”, con algunas hebras metiéndose en sus ojos.

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Cuando sintió el golpe se detuvo casi de inmediato, aunque por unos segundos se quedó procesando lo ocurrido, como si no hubiera entendido exactamente con que o quien chocó su cabello. Luego de analizarlo, se giró y, avergonzado, miró al señor Espinaca.
 
—¡Ah! Disculpe, disculpe, solo estaba arreglando mi cabello. Está muy largo, no he podido cortarlo como es debido…creo que tendré que decirle a alguna de mis compañeras que lo hagan para evitar accidentes como estos —dijo de manera casual, aunque con rostro que evidenciaba cierto arrepentimiento; sin embargo, ese estado fue corto cuando volvió a caminar a un lado de su anfitrión, solo para darse cuenta de que ya estaba en frente de la famosa “casa del terror”.
 
—Jeee, nada mal la decoración. Es muy curioso ver este tipo de arquitectura en un sitio tan frío como esta isla. Solo para que sepa, había visto el edificio desde lejos, aunque lo cierto es que pensé entrar aquí hasta después de recorrer otros puestos —. Comentó entretenido, mientras miraba al esqueleto en la parte más alta de la construcción. —¿Y bien? ¿Entrará conmigo? ¿O tiene miedo de su propia atracción?

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RE: Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - Tenoch Titlan - 31-03-2026

El caballero de cabellos rosados no paraba de tiritar de frio, ante la pregunta de Espinoza, este sopeso un segundo y le dijo que podia llamarlo Cherry, Espinoza frunció el ceño y asintió lentamente, sabia que habia algo raro, pero lo dejo pesar, el doctor agrego que era muy parecido a las flores de cerezo que crecían en la isla, Espinoza le dijo. – Cherry….que buen nombre…. Te viene como anillo al dedo para la isla donde estas ¿Ois? . El pirata estaba al lado de Espinoza y ambos empezaron a caminar hacia la casa del terror, mientras este ultimo era cuestionado, las preguntas de Hyak al caballero del sombrero de cactus le parecieron un poco hirientes, cuando este se disponía a contestarle, fue golpeado por una maraña de cabellos rosados, quedando parado en el sitio.

Este claramente asombrado por la torpeza del doctor, se quito el sombrero mientras lo escuchaba pedir disculpas….otra vez, Pero Espinoza mantuvo la calma, miro a Cherry y le dijo. – No te preocupes ¿ois?... Por lo que si tenes que preocuparte es por ese olor a menta tan pesado que tenes.

Siguieron hasta llegar a la casa, Espinoza, tomo un poco de distancia para evitar ser victima de algun otro mal movimiento por parte de Cherry. Este una vez más lo cuestiono, diciéndole que si tenia miedo de su propia atracción. - ¿Miedo?... ¿Pero vos sos atembao? Jajajaja, como le voy a tener miedo a lo que yo mismo prepare. Ois, vos me debes un par de cositas, me lanzaste una pelota, me golpeaste, hacele y metete en la atracción, no te preocupes ¿Ois?, no son solo zombies, hay muchas cosas divertidas…. Y con respecto a la arquitectura, pues es un contraste la chimba con la isla, somos una feria, nos movemos de isla en isla. Volteo a mirar a Cherry con una sonrisa y estirando la mano lo invito a pasar por la puerta que decia “Entrada” mientras le decia. -Hacele no perdas tiempo, aquí te voy a esperar con el peluche.
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RE: Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - Hyákinthos - 02-04-2026

—¿Cómo anillo al dedo dice? Sí, supongo que esos cerezos son lo único en esta isla que podría ser parecido a mi y, por lo tanto, tolerable… ¡Agh! ¿Cómo vive gente aquí? Es más… ¿Cómo es que usted no está temblando de frío? Es insoportable…espero que de verdad la calefacción del interior de la casa del terror sea buena —. No valía la pena esconder su naturaleza friolera, a fin de cuentas, era demasiado evidente y la ropa que Merlot y Maki le habían conseguido no era la ideal para él, al menos no para un clima como el de Drum; sin embargo, quería creer que, con lo cerca que estaba de la casa de sustos, ese problema quedaría atrás más temprano que tarde.
 
—¿Y de qué olor pesado habla? —Ese comentario lo hizo distraerse de lo que siguió, pues, aunque ya habían llegado a la puerta de entrada de la atracción principal, los pensamientos del médico fueron enseguida a su pequeño vicio con la menta. No pudo evitar tomar entre sus dedos enguantados, un mechón de cabello que llevó a su nariz para aspirar con fuerza el “vago” olor a menta que el percibía. El aroma lo relajó tanto que, por inercia, dio un par de pasos que lo llevaron a pararse justo debajo de la puerta de entrada de la casa del terror. —No siento ningún olor pesado, al contrario, es un aroma muy leve…supongo que debo conseguir una fragancia de mejor calidad —. Terminó por decir, ajeno a casi todo lo que el hombre del sombrero le había hablado, excepto por la última parte, pues algo logró escuchar sobre un “peluche”, de hecho, fue esa palabra la que logró traerlo de regreso a la realidad.
 
—Ah…perdón, no prestaba atención… ¿Dijo que esperará afuera? —No esperaba una respuesta real a su pregunta, pues ya estaba más adentro que afuera de “Egipto”. —Bien, así no habrá pruebas de si me asusto o no —. Se encogió de hombros, confiado de que nada de lo que pudiera haber dentro de la casa podía sacarle un mínimo susto y, luego de eso, se adentró en el lugar sin mirar atrás.
 
El médico miró a su alrededor con desconfianza, el sitio estaba apenas iluminado por luces amarillentas que le daban al sitio ese aspecto que tenían aquellos templos antiguos de tierras lejanas, algunos que solo había visto en imágenes de libros de historia cuyo contenido solía olvidar, pero, sea como sea, en términos generales estaba “oscuro”, fue en ese momento en que el pelirrosa sintió la necesidad de achinar sus ojos para intentar ver “mejor” y, de paso, ajustar sus guantes de combate, una acción que realizó casi por inercia.
 
—Jmmm… ¿Y a dónde se supone que vaya ahora? Ni siquiera puedo ver si hay una señalización —. Dio unos cuantos pasos más hasta que la luz de la entrada se hizo más tenue, entonces se detuvo y miró a su alrededor. Se dio cuenta que a su lado había una puerta que estaba cerrada (la 1), lo que asumió como la primera habitación de la casa, aunque por el pasillo podría ver que había más recovecos…así que esa puerta a su lado no podía ser la única, aunque sí que podía servirle de referencia. —Bien…al menos sé que si no encuentro la salida puedo volver a la entrada que está al lado…jmmmm…—Miró sus manos como un niño de kínder, intentando ubicar la derecha y la izquierda. —…jmmmm…derecho…sí, al lado derecho de esa puerta vieja —. En verdad era al lado izquierdo, pero el médico era capaz de perderse en línea recta, así que mucho menos admitiría no saber distinguir algo tan básico como la izquierda de la derecha.
 
Con su “referencia” lista y dándose cuenta de que ya no sentía el horrible frío del exterior, el médico decidió moverse por el lugar. No se detuvo a intentar abrir la primera puerta, simplemente, al verla cerrada, asumió que tenía llave o que era un sitio al que no debía entrar, así que caminó por el pasillo oscuro, atento a las decoraciones y a cualquier movimiento que pudiera detectar en medio de la escasa luz, en especial aquellos movimientos que pudieran venir de los maniquíes que adornaban los pasillos. Bien sabía que a veces eran personas disfrazadas y no estaba dispuesto a caer en esos trucos.

Ignoró la puerta que siguió a la principal, pues vio con claridad que en una esquina estaba esa puerta cerrada (la 3), así que se adelantó más por el corredor hasta darse cuenta de que las dos puertas que seguían también estaban de la misma manera. El médico chasqueó la lengua y se cruzó de brazos por un momento, entendiendo, relativamente tarde, que quizá era él quien debía abrir las puertas.
 
Se quedó en medio del pasillo mirando las puertas que estaban casi una frente a la otra (la 2 y la 5), mientras que sus dientes mordían, por mala maña, la delicada piel del interior de su boca, algo que hacía cuando solía estar concentrado en algo. Solo se detuvo cuando sintió el sabor metálico de su propia sangre y, con ello, el ardor que le seguía. Eso lo hizo salir de su ensimismamiento y decidirse por una puerta: La de la sala 5. Caminó hasta quedar frente a esta y, conteniendo la respiración, colocó su mano sobre el pomo de la puerta para girarlo y adentrarse a la habitación.
 
Ni siquiera lo pensó dos veces. Apenas sintió que la puerta se abrió sin esfuerzo, el médico dio un par de pasos al frente, hasta quedar a un metro del interior de la sala 5 y una vez ahí, observó sus alrededores, esperando que algo de lo que hubiera dentro pudiera llamar su atención o, al menos, provocarle alguna reacción. Hasta ahora nada lo había asustado o alterado así que, aunque no lo dijera en voz alta, esperaba que eso cambiara ahora que había decidido "jugar" como era debido.
 
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RE: Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - Tenoch Titlan - 03-04-2026

Cactus Espinoza, escucho atento al caballero de cabellos rosados y solo asentía, más por respeto que por prestarle atención. Este se adentro a la casa y Espinoza le dijo. – Exitos dentro ¿Ois? Pasala lindo… En el instante en el que doctor paso la puerta, Espinoza espero 5 minutos, se acerco a la puerta y la cerró con llave. El doctor habia quedado sellado en el interior de la casa del terror.

Una vez dentro nuestro doctor de cabellos rosados dejo de sentir el terrible frio que es la norma en la isla de Drum. Haciendo gala de un excelente sentido de la orientación, giro a la derecha o era la izquierda, eso ya no importaba o al menos no para él, pues para su fortuna quedo frente a una puerta en la cual apareció un gran número 5.

Armado de una valentía sin igual, pues nuestro doctor y pirata se habia enfrentado a cosas mucho peores que una puerta, este tomo el pomo de la misma, lo giro y entro. La sala frente a él era un rectángulo, de 3 metros de ancho y 5 metros de largo, bien iluminado, del techo de esta pendían un sinfín de objetos contundentes, martillos, que se balanceaban sin cesar, al mismo tiempo que chocaban entre sí.

A pesar del ruido constante de los choques, nuestro doctor pudo divisar que al final de la sala habia una especie de cofre, este era pequeño y estaba adornado con detalles en oro.

La decisión de entrar a la sala llena de martillos que bailaban recaía enteramente en nuestro caballero, médico y pirata de cabellos rosados, podria si así lo deseaba, afrontar sus miedos y adentrarse en aquella sala y ver que había en ese cofre o quizás lo mas sensato para él, seria, dar media vuelta y probar con otra puerta.
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RE: Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - Hyákinthos - 07-04-2026

La puerta de entrada a la sala cinco se cerró nada más entrar a la habitación, eso lo distrajo y lo hizo sujetar los hilos que colgaban de la mochila negra que aun llevaba en su espalda, además de darse la vuelta para verificar lo que había provocado el cierre repentino; sin embargo, aún confiado, sonrió de medio lado y asumió que solo era un truco de la casa para asustar a los incautos…no funcionaría con él…bueno, eso creyó hasta que se giró y avanzó un paso más en el interior del cuarto, algo que hizo que, por fin, sus ojos dorados pudieran visualizar el horror dentro de esa macabra habitación.
 
Quizá para alguien más no sería nada, pero para el médico, ese lugar era el mismísimo infierno. Por un momento creyó que murió y en verdad ese parque solo era la entrada a su castigo eterno…no podía haber otra opción.
 
El médico sujetó los tirantes ajustables de la mochila, tan fuerte que la tela rústica empezaba a lastimarlo, aunque era lo de menos, pues, por instinto, sus dientes volvieron a la mala maña de morder el interior de su boca, la diferencia es que esta vez el sabor metálico de la sangre no lo detuvo de seguir hiriéndose, bueno…quizá porque ni siquiera prestó atención real al sabor o al dolor en su boca…no, tenía algo más importante de lo que preocuparse: Al mirar hacia el techo notó los muchos martillos y otras cantidades de objetos como mazas que se balanceaban sobre su cabeza despreocupadamente…¿Quién añadía algo tan peligroso a la atracción de un parque?
 
El corazón del médico empezó a acelerarse y, de repente, el frío del exterior parecía haberse pasado por completo, pues ya no había rastro de la incomodidad de temperatura en su cuerpo, al contrario, sintió su piel caliente y sus mejillas arder, además de un dolor de cabeza que empezaba a molestar desde su nuca hasta la parte de atrás de su cráneo…Estaba seguro de que su presión había subido. No conforme con eso, su respiración de agitó, empezaba a hiperventilar mientras que sus manos se aferraban con más fuerza a los tirantes de la mochila, ya empezaban a arderle, aun con los guantes puestos.
 
—¿Por q…qué…ha…hay…? —No sabía a quien le hablaba y tampoco es que, si alguien estuviera en la habitación, hubiera podido escucharlo, pues su pregunta salió en un hilo de voz que era apagado aun más por el choque de los martillos entre sí.
 
Dio un paso hacia atrás y…ese fue su peor error.
 
No lo vio venir, solo sintió cuando un objeto frío y evidentemente metálico chocó con la parte de atrás de su cabeza (1). Fue leve, algo a lo que ni siquiera le habría prestado atención en otro momento o de estar en un sitio que considerara “más seguro”, pero ahora…el golpe le heló la sangre y lo hizo perder cualquier señal de raciocinio que quedara en su mente.
 
—Debo salir…d…debo salir de…aquí —. Su mente era ahora un pantano de aguas muy turbias. Cualquiera con mejor orientación y sin nada de miedo solo se habría girado para regresar por donde vino, pero, esas obviedades quedaron atrás para el médico, quien, al levantar su mirada, notó que al final de la habitación había una puerta muy parecida a la que había usado para entrar…por un instante creyó que había avanzado más de la cuenta y por eso se había alejado de la entrada, así que, con su lógica anulada, el médico, temblando de miedo, con la cabeza agachada y ahora cubierta por sus manos enguantadas, dio otro paso al frente y…volvió a paralizarse en su lugar, no sin antes sobresaltarse, pues otro golpe chocó con una de las manos que cubrían su cabeza (2).
 
—¡Ba…basta! —Notando que avanzar con calma no le estaba sirviendo de nada, el pelirrosa cerró sus ojos y avanzó a ciegas unos 2 metros más, en los que, por suerte para él, no recibió ningún golpe; sin embargo, al llegar al final de la habitación e intentar abrir la “puerta”, terminó chocando con un espejo que cubría justo el medio de la pared, reflejando la puerta a la perfección...Ni siquiera había notado su propio reflejo cuando caminó hasta ahí, solo ahora podía ver reflejada la desesperación en su rostro. —¡No, no, no! De…debe ser una…broma —. Su respiración volvía a agitarse mientras que su puño chocó con el espejo al mismo tiempo que otro martillo chocó con ese mismo puño (3) que usó para golpear el cristal, haciendo que este cayera en pedazos sobre el suelo.
 
Cuando se dio cuenta de su error, el médico dio un paso atrás y volvió a chocar con algo que lo hizo tropezar y sentarse sobre el suelo. Sus manos temblaban tanto como sus piernas y; sin embargo, pudo sostener entre estas el objeto que provocó su caída: una cajita con detalles en oro. Se habría detenido a verla por más tiempo, incluso habría intentado abrirla, pero, lo cierto es que el sonido de dos martillos chocando justo encima suyo lo hicieron devolverse a su realidad. Apretó la cajita con fuerza contra su pecho, como si esta pudiera sacarlo del horror que estaba viviendo y se levantó para empezar a correr de manera errática de regreso a la verdadera puerta.
 
Nada malo pasó al recorrer el primer metro hacia la salida, pero en los otros tres metros que siguieron, al estar corriendo de manera tan imprecisa, no fue capaz de evitar los tres golpes que le siguieron, uno a su mano izquierda (4), otro golpe en su brazo derecho (5) y, un metro antes de llegar a la salida, recibió un martillazo en su hombro derecho (6). Ese último golpe lo hizo apresurarse más y con ello cerro la distancia que lo separaba de la puerta, colocó su mano libre, la derecha, sobre el pomo y lo giró para salir...Nunca creyó que salir de un sitio tomaría tanto tiempo.
 
Sintió que la puerta era imposible de abrir, aunque la estaba girando al lado contrario y, luego, al darse cuenta de su error, volvió a girarla hacia el lado correcto. La puerta se abrió sin problemas y, el pelirrosa, que estaba pegado a la madera, salió de la sala cinco trastabillando como nunca, tanto que no pudo estabilizarse hasta llegar a la mitad del pasillo, en donde apoyó una de sus manos sobre sus rodillas para evitar caer de cara al suelo.
 
Respiraba rápido, demasiado, ni siquiera tenía tiempo para regularizar su respiración. En su cabeza solo reinaba el caos y, de hecho, no podía escuchar con claridad cualquier cosa que estuviera a su alrededor, pues sus oídos solo percibían un pitido molesto. Sacudió su cabeza, intentó erguirse, pero volvía a fallar, sus piernas temblaban y, al final, terminó apoyado contra otra puerta, una que tenía un “2” dibujado en su exterior.
 
—Jmmm…N…no recuerdo que la entrada tuviera un número…pero…podría intentarlo —. No lo pensó dos veces y, aun con la cajita dorada en sus manos y su corazón latiendo a mil por hora, abrió la puerta número “2” y la traspasó sin dudarlo, aun con la mente nublada e incapaz de saber si de verdad era la salida al exterior o era algo más.
 
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RE: Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - Tenoch Titlan - 09-04-2026

El doctor de cabellos rosados se enfrentó al peor de sus miedos, su fobia encarnada en una habitación, ¿Quién habrá sido el sádico que preparo todo esto? Quizás esa sea una respuesta que nunca encontrara respuesta para nuestro doctor.

Pero tomo la decisión valiente, enfrentar su miedo, pues asumió de manera errónea que la salida estaba al final de la sala, pero para su mala suerte, fue impactado por los objetos que colgaban y se balanceaban en la sala, no una, ni dos veces, sino un total de seis, quizás se deba a su falta de orientación a la hora de caminar.  A pesar de los reiterados golpes, el doctor logró llegar al final de la sala, solo para darse cuenta de que esta no tenía salida, así que apurando el paso volvio por donde entro, no sin antes llevarse consigo una pequeña caja, este ignoraba que en su interior había objetos de valor.

Una vez fuera de la sala macabra de los martillos y con el miedo inundando su cuerpo, el caballero de cabellos rosados se acerco a otra puerta, buscando la salida, esta vez entro a la sala marcada con el numero “2”.

Una vez allí a solo medio metro de la puerta, una luz ilumino el recinto, el doctor pudo apreciar una sala que era un cuadrado perfecto de 4x4, pero lo que seguramente llamaría su atención fueron las 4 camillas que estaban en la sala, cada una albergaba a una persona moribunda, salvo la que estaba mas cerca de él, pues gracias a sus conocimientos en medicina (Fria) si se acercaba a esta podia notar como la cabeza de aquel desdichado estaba perforada por espirales, todos los cuerpos presentaban heridas similares, pero de todos habia uno que seguía “vivo”  este emitió un gemido lastimero y débil. ¿Se dejaría el doctor llevar una vez más por su curiosidad?
Resumen


Belico


Ronda


Apariencia de la Feria


Apariencia de Armando y Cactus


Croquis de la casa del terror



RE: Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - Hyákinthos - 12-04-2026

Sus párpados se cerraron por inercia ante la repentina iluminación blanquecina, similar a la de los hospitales; sin embargo, no tardó en acostumbrarse a la luz, lo que le permitió entender sus alrededores casi de inmediato.
 
Sí, casi, porque cuando aún estaba parado a medio metro de la entrada, aquellos cuerpos en las camillas le parecieron muñecos muy realistas de seres humanos, después de todo, a pesar del aceleramiento de su corazón y de su respiración aún agitada por el terror que sufrió en la sala anterior, aún tenía en mente que estaba en un parque de diversiones y no en la guarida de algún maniaco…una visión que cambió apenas caminó hacia la camilla más cercana.
 
Su boca se abrió en una perfecta “o” que apenas emitió un leve sonido de asombro. No era miedo, era más bien curiosidad… ¿Cómo habían logrado hacer heridas tan hermosas? El trabajo le pareció impecable, unos perfectos espirales que atravesaban la cabeza de una manera tan limpia que, sea quien sea que haya logrado tal efecto, se merecía todo su respeto como médico, aunque, a su vez lo hacía cuestionarse… ¿Por qué hacer algo como eso?
 
—Jmmmm…ahora quiero saber si esto es una tortura o solo una lobotomía que salió muy mal…y hecha con instrumentos para gigantes, aparentemente —. Luego de guardar en su mochila la cajita que antes había “robado” y que recién notó que aún llevaba consigo, se agachó apenas para examinar mejor la herida del cadáver, sorprendido porque el ojo aún estuviera en su lugar, casi como si se lo hubieran sacado antes para luego pegarlo en su “sitio” con goma, para dar una visión aún más tétrica, aunque al pelirrosa le resultara fascinante.
 
—¡Ah! Lo único que lamento de esto es que parece un cuerpo tan joven —. Desvió un momento la vista del rostro perforado para detenerse a observar el tronco y las extremidades. —Y sano, aparentemente…no veo que esté malnutrido ni que presente alguna enfermedad que se manifieste a través de la piel… ¡Qué pena! Habría apostado por revisar su interior, seguro podría sacar buena mercancía —. Considerando que tenía sus guantes puestos, tomó el brazo del cadáver, el más cercano a él e intentó alzarlo, pero estaba tan entumecido que prefirió dejarlo en su lugar.
 
—Pero pareces llevar unas horas fuera de este mundo —. Habló como si el cadáver pudiera escucharlo. —Ya no me sirves…
 
Habría seguido hablando consigo mismo de no ser porque un sonido quejumbroso lo hizo estremecer. Se apartó de la camilla por simple reflejo y llevó una de sus manos a su pecho, notando su pulso aun acelerado, su corazón se sentía como un tambor. Chasqueó la lengua, molesto consigo mismo, pues el sentir su corazón lo llevó a revivir la habitación anterior, una sensación que le recordó el miedo que aún sentía; sin embargo, poco a poco intentaba sacarla de su cabeza.
 
—Tal vez investigar lo que hay aquí me ayude a distraerme...tsk...que feria tan rara —. Su mente seguía estando en un modo poco racional, a fin de cuentas, en otro momento se habría ido de aquella sala al notar cuerpos que no tenían que ver con su trabajo, pues entendía bien que no podía jugar con su suerte y tampoco debía actuar dejando huellas de su presencia en sitios indeseados…de hecho, se habría ido de la sala nada más notar a los cuerpos torturados y el cadáver en un sitio que debía ser una simple atracción de feria, pero ahora…
 
Rodeó la primera camilla y siguió el jadeo lastimero. Ignoró la segunda camilla, una que estaba a su izquierda y fue directo a la que estaba frente a él, deteniéndose cuando estuvo a su costado, en donde repitió el mismo proceso que en la anterior camilla: se inclinó un poco para ver el cuerpo.
 
—Ssssshhh…No llores, no sirve de nada que te quejes, con esas heridas que tienes estarás muerto dentro de poco —. Fue su mejor consuelo cuando notó heridas en forma de espiral en la cabeza del sujeto. —Es tan triste que no puedas hablar, quisiera saber quién eres, cómo y por qué te hicieron esto…Debió ser en verdad tortuoso, alguien si que debía estar aburrido para que se le ocurriera. Quisiera conocerlo para saber como es tan preciso y limpio como para que sigas vivo —. No sabía si el cuerpo frente a él podía escucharlo o no, pero hablarle le distraía del viejo terror que aún sentía.
 
—Aunque…tal vez el cómo lo hace pueda averiguarlo por mi cuenta. Jmmm…si tan solo hubiera una manera de sacarte de aquí —. Miró a sus alrededores. Se supone que una casa del terror debía tener objetos falsos, no reales… ¿Cómo hicieron para que los que entraron antes no se dieran cuenta de esto? ¿Acaso todos eran tan distraídos? —…Tal vez todos piensen que eres un simple muñeco… ¡Oh!...
 
Era una locura, pero no estaba pensando con claridad…primero frío, luego terror y ahora… ¿Cómo le podía llamar a lo que estaba por hacer? No encontraba una palabra, pero lo importante es que se había convencido a si mismo de que, si salía con el cuerpo del moribundo, las personas en la feria creerían que es un muñeco…después de todo, para él, el que creyeran que los cuerpos eran falsos, era la única forma de que nadie de los que hubiera entrado antes que él, hubiera denunciado la pequeña masacre.
 
—¡Buenas noticias para ti! Parece que volverás a ver la luz del día antes de salir…bueno…no, quizá no —. Al decir eso, el médico se quitó su gorro de lana y lo estiró para poder cubrir en su totalidad el rostro de la pobre víctima. —No puedo salir por ahí con alguien que tenga la cara taladrada, llamarías la atención aún más…aunque crean que eres un muñeco.
 
Luego de cubrir el rostro con su sombrero y de asegurarse de que estuviera bien colocado, el médico se inclinó más para poder cargar al desconocido y luego echárselo al hombro como un saco de papas.
 
—Bien, vámonos de aquí. Quiero analizar mejor tus heridas y, de todos modos, si no lo consigo, aun estas vivo…si sigues así, tus órganos podrían ayudar a salvar a alguno que otro desafortunado —. Pensó en el dinero que podría obtener, a fin de cuentas, estaban en una isla de médicos, una en donde muchos iban a buscar soluciones para su salud, así que, por lógica, habría alguien lo bastante desesperado como para querer hacer negocios con él con tal de extender un poco más su vida. —Je…entrar a este lugar fue una buena decisión, aunque…ahora que lo pienso…Se supone que buscaba la salida y… ¡Agh! ¿Hacia dónde se supone que es?
 
Caminó hacia la camilla uno y de nuevo la rodeó, dispuesto a salir de la sala 2, aunque no sin antes dar un vistazo hacia atrás…como si creyera que algo estaba fuera de lugar, bueno…más de lo que ya estaba.
 
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