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[Aventura | T2 | P. Absoluto ] La sal y la Insignia - Kazan - 08-04-2026 11 de Otoño del Año 17
El olor llegó primero. Sal, brea vieja y algo más difícil de nombrar. Eso tan difícil de nombrar era la clase de quietud que tienen los lugares que aprendieron a no hacer ruido. Las gaviotas sobrevolaban el muelle sin gritar, silenciosas como si no quisieran molestar tampoco mas de la cuenta. La bahía se abría en una curva de roca oscura. Dos docenas de casas de madera ennegrecida por la humedad formaban una sola calle que moría en el agua. Las redes colgaban entre postes sin que nadie las recogiera y los botes descansaban amarrados. Un asta sin bandera se alzaba en un costado de la plaza que daba al mar y el gancho oxidado donde debería haber algo colgando oscilaba despacio con el viento. En el centro de esa plaza que era más tierra apisonada que plaza tres soldados de la Marina rodeaban a un pescador de espalda encorvada y manos que habían anudado suficiente cuerda como para no anudar mas en toda su vida. El pescador tenía una caja de madera a sus pies y no miraba a los soldados. Miraba el suelo. -Tres semanas de retraso, Arko. El sargento no tiene paciencia infinita.- El soldado del centro, el más joven de los tres, llevaba el casco torcido dos dedos hacia la derecha y la voz de quien ensaya la amenaza que acaba de decir en casa antes de usarla en público. El pescador no levantó la vista de inmediato. Sus dedos se cerraron sobre el borde de la caja, nerviosos y algo rabiosos. -Las mareas no han sido buenas. Todos en el pueblo lo saben.--El sargento no vive en el pueblo.- A la derecha del grupo, separado por algunos pasos se encontraba el tercer marine, el tercer hombre de uniforme no miraba al pescador. Miraba el muelle a las redes a los botes. Sus ojos se movían con una atención que no correspondía a ningún deber asignado. Sin embargo estaba allí, como todos. Realizando aquella accion de dudosa moralidad. Tenía algo en el bolsillo izquierdo del chaleco. No lo tocó. Pero los dedos se acercaron, un segundo, antes de volver a posición. Al extremo del muelle, donde los pilotes más viejos se hundían en el agua, un chico de unos doce años enrollaba cuerda con movimientos demasiado lentos para ser trabajo y demasiado constantes para ser descanso. Cada treinta segundos levantaba la vista hacia el grupo y la bajaba antes de que alguien pudiera registrar que había mirado. Sobre el cajón de madera en el que estaba sentado había una paloma posada. No una de las gaviotas del puerto que se encontraban calladas. Una paloma mensajera, con una pequeña correa vacía en la pata izquierda. Cerca, la taberna pegada al muelle tenía la puerta entreabierta. Dentro, voces bajas. La clase de conversación que se interrumpe sola en cuanto entra alguien que no debería oírla. Arko tomó la caja del suelo y la extendió hacia el soldado joven con los dos brazos. Dentro había monedas. El soldado las miró. Luego miró el callejón que subía en curva hacia la parte alta del pueblo, como si esperara que alguien bajara por él. El sargento no había aparecido todavía. Las gaviotas seguían en silencio. ![]()
Resumen & Off
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RE: [Aventura | T2 ] La sal y la Insignia - Dean - 08-04-2026 11 de Otoño del Año 17 Los puertos nunca han sido un lugar agradable para Dean, ya que ofrecen una vista en primera fila del basto mar que para muchos es un aliado de suma confianza, pero para el peliblanco parecía un muro impenetrable, recordándole cada vez que por más grande que sea el mundo, estaba encerrado en un pedazo de tierra que es demasiado pequeño, comparado con lo que hay fuera. Esta inquietud incrementó cuando comió esa maldita (o bendita) fruta de sabor indescriptiblemente malo. Gracias a información de un superior de la revolución, supo que el mar sería su enemigo jurado en lo que le restaba de vida, algo que si se piensa demasiado, puede ser más que aterrador. Afortunadamente, Dean no tenía tiempo para preocuparse por ese tipo de pensamientos, pues hace unas cuantas horas le asignaron una misión que pondría a prueba todas las habilidades y experiencias que ha acumulado a lo largo de sus 27 años, que puede no ser mucho, pero algo se aprende en casi 10 mil días. En la revolución se comenzó a sospechar que la corrupción ha ido corrompiendo el amigable puerto de Baquella. Un caso más de tantos, pero esta vez el peliblanco tenía la chance de hacer algo, había sido enviado a investigar y con suerte poder detener aquello... o quizá podía empeorar las cosas, la verdad es que las posibilidades eran infinitas, más teniendo en cuenta que esta era su primera misión de ese estilo y lo haría solo. Lo prefería, pero sigue poniendo más peso sobre su espalda. Por ahora, todo depende de él. - Bueno... Manos a la obra. - Llegó muy temprano para poder dar un par de vueltas al lugar, conocer las calles y casas que componen el sector. Se adentró a pequeños rincones, buscando zonas por las que puede escapar en caso de ser necesario o por el contrario, ver donde puede acorralar a alguien sin levantar sospecha. Sus primeras tres horas en el lugar se esfumaron en ese reconocimiento, donde pudo sacar algunas conclusiones, aunque nunca llegará a conocer el lugar como los nativos o quienes trabajan en ese lugar de manera inalcanzable. En su recorrido intentó dar la menor cantidad de vueltas posible y fue muy cuidadoso con cada persona que lograba ver, haciendo lo posible por no volver a toparse dos veces con alguien. Ya tenía suficiente con su aspecto, como para ahora parecer un ladrón o que estaba planeando alguna especie de motín. Para ser un puerto y la entrada a la principal a la ciudad, el ambiente era muy tranquilo, demasiado para su gusto. El bullicio habitual de un lugar como este, brillaba por su ausencia, en cambio el viento y el sonido del mar eran protagonistas, haciendo que Dean pudiera escuchar cada una de sus pisadas. Por este motivo, es que una escena particular llamó su atención. A unos 10 metros de él pudo ver a alguien que a priori parecía un trabajador local, ante tres agentes que portaban el inconfundible uniforme de la marina. No habían muchos más testigo, salvo un preadolescente que estaba a unos metros arriando unos barcos, quien veía la escena cada poco con recelo. Si Dean no hubiera tenido información previa, habría dudado de que algo raro estuviera pasando en ese intercambio entre el viejo mercader y los agentes de la marina, pero por suerte o desgracia, él justamente vino a esto, aunque aún era demasiado temprano para actuar. La paciencia es la madre de las virtudes y es una que el peliblanco tiene bien desarrollada, el miedo que pasó toda su adolescencia le ayudó a esperar, esperar y esperar. No pudo escuchar con mucho detalle la conversación entre el viejo y el grupo, pero sí pudo ver cuando el viejo dejó una caja en el suelo y uno de los marines comenzó a examinar las monedas que parecía haber dentro, una primera gran prueba de que algo raro estaba sucediendo. Del viejo solo podía ver su espalda encorvada, su humilde vestimenta y su cabeza que demostraba la edad con una evidente carencia de pelo y canas que lo adornaban como una coronilla. No había que ser un genio para saber que el hombre mayor estaba pagando tributo o al menos algo relacionado con eso. Un acto que le reavivó recuerdos que deseaba borrar de su mente. Por este motivo, consideró que actuar ahora podía ser sumamente peligroso, más cuando los agente lo superaban en número. Decidió simplemente observar... ver y esperar el momento oportuno, como lo hizo antes de separarse de su madre y sobrevivir ante lo que parecía una muerte anunciada. El peliblanco sabiendo que no podía quedarse parado viendo la escena, ya que levantaría demasiadas sospechas, se sentó en una de las cajas que estaba junto a una casa cercana al intercambio. Arriba de él había ropa de distintos colores absorbiendo los rayos de sol para secarse. Tras eso, metió una mano en su hakama y sacó una bola de arroz para comer mientras fingía ver el mar, pero cada tanto sus ojos viajaban entre el niño y el viejo, lamentablemente lo único que pudo distinguir con claridad es una sonrisa desagradable de uno de los marines. Mientras comía, con su mano libre comenzó a buscar a su daga Shinso, la cual ocultaba entre su hakama y su bata, blanca como su piel. A la vez que esto pasaba un pensamiento se tomó su consciencia: - Algo debe cambiar... y ese cambio comenzará hoy. -
Resumen y OFF
Inventario
RE: [Aventura | T2 ] La sal y la Insignia - Kazan - 08-04-2026 El arroz olía a nada, no parecia estar muy sabroso ciertamente y era lo que se trataba puramente, comida de camino, hecha con prisa y sin sal, el tipo de cosa que se come para no caerse, no para disfrutarla. Más arriba, entre las cuerdas que cruzaban la callejuela, una camiseta rosada proyectaba una franja de sombra rosada sobre las cajas y el suelo apisonado a sus pies. Arko no había levantado la vista del suelo, estaba demasiado cansado o demasiado asustado. El soldado joven sacó una moneda de la caja y la hizo girar entre dos dedos con la destreza de quien ha repetido el gesto suficientes veces para que parezca que sabe lo que está mirando. No sabía realmente y la moneda cayó de vuelta entre las otras con un golpe seco que resonó más de lo que debería en una plaza donde nadie hablaba. -La próxima vez que haya retraso, el sargento viene él mismo. Y tú no quieres que el sargento venga él mismo, Arko.- El pescador asintió una vez, quizas una y media debido al tembleque que le entró. No dijo nada. Sus manos soltaron la caja y se retiraron despacio a los costados del cuerpo, como si hubiera que devolverlas a donde estaban antes de que algo malo pasara. Fue en ese momento cuando Leis giró la cabeza. No hacia el muelle. No hacia el agua. Hacia la callejuela. Sus ojos recorrieron el espacio entre las casas con la misma cadencia que antes el muelle, las redes, los botes, el horizonte, pero esta vez el recorrido se detuvo una fracción de segundo en el punto donde una figura de pelo blanco se sentaba debajo de ropa tendida, comiendo algo con la indiferencia cuidadosamente construida de alguien que no quiere parecer interesado. -Nuevo.- El murmuro salió para si mismo y duró lo que dura una respiración. Leis devolvió la mirada al agua. Pero sus dedos, los de la mano izquierda, dejaron de moverse cerca del chaleco. En el extremo del muelle, el chico había enrollado el mismo tramo de cuerda tres veces. La paloma seguía en el cajón. El chico no miró a Dean de frente miró el espacio entre Dean y la pared, la zona vacía donde técnicamente no había nada. De la taberna salió una voz. Una sola frase, cortada por el cierre apresurado de la puerta: —...si alguien viene desde fuera, eso cambia— La puerta encajó en el marco con un sonido sordo. El soldado joven cerró la caja y se la pasó al tercero, que no había hablado en ningún momento. Este la sujetó bajo el brazo como si hubiera sostenido cosas así cientos de veces. Porque las había sostenido, por desgracia. -La semana que viene puntual.- Arko no respondió. Asintió otra vez, y en el gesto había algo que no era sumisión exactamente era la sabiduria de un hombre que guarda energía para cuando la va a necesitar de verdad. Los dos soldados que hablaban empezaron a moverse hacia el extremo norte de la plaza, donde la calle principal subía en curva hacia el interior del pueblo. Leis no los siguió de inmediato, aun no. Se quedó tres pasos atrás, con la vista en el muelle, y en ese espacio de dos segundos sacó algo del bolsillo y lo hizo desaparecer en la palma sin que hubiera nada que ver para quien no estuviera mirando exactamente en el momento exacto. Un papel, doblado muy pequeño. Lo soltó sobre el borde del último poste del muelle al pasar. Luego siguió a sus compañeros cuesta arriba sin mirar atrás. Arko siguió de pie en la plaza vacía. No se movió hacia el papel. No miró hacia el poste. Pero tampoco se fue. Desde arriba del callejón, donde la curva cerraba la vista, llegó el sonido de pasos lentos y pesados que bajaban. Se detuvieron. ![]()
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RE: [Aventura | T2 ] La sal y la Insignia - Dean - 08-04-2026 La escena que Dean tenía frente a él, la conocía de memoria, como si él fuese aquel niño que aún estaba mirando sin poder hacer nada más que observar, imponente. Si bien, ciertos sentimientos de rencor comenzaban a aflorar en su interior, los reprimió, como ya ha hecho cientos de ocasiones, como le enseñaron que tenía que hacer, si no quería que algo malo pasara. No pudo escuchar mucho del intercambio, pero una frase si que la pudo distinguir con claridad. - Tu no quieres que el Sargento venga, Arko - una amenaza directa y sin tapujos. Eso le sirvió a Dean para saber el nombre o apodo de aquel viejo, que no hizo más que asentir, con una sumisión que claramente volvió como costumbre. Fue así como uno de los marines silenciosos tomó la caja y la tomo sin dar ninguna otra explicación, seguía mirando la escena haciendo todos los esfuerzos posible por pasar desapercibido. Los segundos pasaban lento, pero con cada uno de ellos, el peliblanco lograba su objetivo, pues ninguno de los agentes hizo hincapié en su presencia o eso pensó, cuando por un segundo notó la mirada de uno de ellos, pero rápidamente Dean le esquivó la mirada. Por más que quisiera interrumpir la escena, en ese momento su misión era observar y dejar que un nuevo tributo se ejecutara, con la esperanza que de fuera el último. Tras lo que pareció una eternidad, pudo notar los marines parecían emprender rumbo hacia un nuevo destino. Aunque pudo notar como un papel cayó de la mano de uno de los marines, el mismo que lo había mirado hacia pocos instantes. ¿Será pura casualidad? o será una trampa. Toda organización que realiza este tipo de actos, debe tener algunos planes en caso de que algo inesperado pueda pasar ¿tan pronto lo habían descubierto? ¿la misión fracasó tan siquiera empezar? Las dudas estaban empezando a avasallar la mente de Dean hasta que escuchó una voz acalló todo. Alguien a quien no pudo reconocer dijo que si alguien viene desde fuera todo cambia. Esas palabras fueron como un oasis en un desierto donde solo existían dudas y las inseguridades se apoderaban de su cuerpo. Su plan estaba claro, esperó un poco más a que los marines estuvieran ya fuera del rango de visión para comenzar a moverse. Una vez estuvo seguro que de los agentes de la "justicia" se fueron con su botín, se paró de la caja, y tomó rumbo hacia aquella puerta donde escuchó aquella voz que parecía llamarlo. Aunque antes de llegar al lugar, hizo un pequeño desvío hacia un poste del muelle, donde vigilaba de cercar a ese trozo de papel. Una vez estuvo lo suficientemente cerca, se agachó para recoger el papel que el marine dejó tirado, ya sea por accidente o de manera intencional. Mantuvo el papel en su mano sin husmear que es lo que contenía, permitiendo que su cabeza formule teorías sobre lo que sea que pueda haber inscrito. Dio unos cuantos pasos más para llegar a la puerta antes mencionada, respiró un par de veces antes de alzar el puño y tocar un par de veces, el mítico sonido de Toc Toc se escuchó entonces y pareció resonar en el despoblado lugar. - Supongo que ahora comienza todo... - Fue lo único que dijo en voz baja para intentar relajarse y tomar todo con la calma que el momento requería. Mientras esperaba que alguien abriera la bendita puerta el peliblanco miró su puño y lo abrió, su mirada de inmediato se encontró con ese papel, que fácilmente podía contener la lista de compras del marine o quizás no. Para salir de dudas, Dean lo abrió, esperando que allí hubiese algo que lo pueda orientar y darle un poco más de información sobre lo que sucedía en el puerto, de eso dependía la libertad de las personas como el mundo, la libertad que la "justicia" actual, no quiere brindar.
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RE: [Aventura | T2 | P. Absoluto ] La sal y la Insignia - Kazan - 09-04-2026 "Calle del Áncora, 11. Viento del sur, medianoche." Ocho palabras. La letra era pequeña y apretada, entrenada en el arte de ocupar el mínimo espacio posible, como si quien la escribió hubiera practicado durante semanas la forma de decir mucho en el menor papel que cupiera en una mano cerrada. Dean no tuvo tiempo de decidir qué hacer con ellas puesto que la puerta de la taberna se abrió. En su interior, tres mujeres, las tres con las manos a la altura del pecho, como si hubieran estado a punto de hacer algo que el toc-toc interrumpió, era el gesto de quien guarda algo, o de quien estaba a punto de moverse y tuvo que fingir que no. La más mayor tenía la mandíbula firme y los ojos oscuros de alguien que había aprendido a calcular el peligro antes de nombrarlo. Las manos le delataban la profesión esa cal seca incrustada en los nudillos, la clase que no sale con agua fría. Lo miró durante exactamente un segundo ni más, ni menos y luego miró por encima del hombro de Dean hacia la calle vacía detrás de él. Retrocedió un paso. Y ese paso lo dijo todo. Desde arriba del callejón llegó el sonido que no eran los mismos pasos de antes. Los de antes tenían cautela, el ritmo de alguien que mide el terreno antes de pisarlo. Estos eran distintos lentos no por cuidado sino porque no necesitaban apurarse. El tipo de pisada que ha aprendido que el espacio que ocupa se despeja solo, que la gente se hace a un lado antes de que haya ninguna razón visible para hacerlo, solo porque algo en el peso de esos pasos lo exige, en este caso su uniforme. El sargento Crewe dobló la curva. Era difícil calcular su altura porque la primera impresión no era altura sino volumen, su presencia. Presencia antes que medida, ese era su dicho. Un uniforme de Marina impecable, el blanco demasiado blanco para un hombre que cobra tributos en muelles de pescadores, era el tipo de blanco que alguien plancha con intención, porque el contraste entre la ropa limpia y el dinero sucio es en pocas palabras "cine". Una cicatriz bajaba desde debajo del ojo derecho hasta la mandíbula, larga y uniforme como si quien la hizo no tuviera prisa. Sus manos no tocaban ningún arma. No era el tipo de hombre que necesitaba anunciarlo. Vio la plaza vacía. Vio que Arko ya no estaba. Vio a Dean. Más específicamente vio el papel en la mano de Dean. Sus ojos bajaron hasta ahí y se quedaron, con la misma naturalidad con que alguien reconoce un objeto que lleva semanas buscando y no esperaba encontrar esta tarde, en esta mano, en este muelle. Tres segundos de silencio. Crewe no frunció el ceño. No levantó la voz. No puso la mano en ningún lado. Simplemente dejó de caminar y observó, con la clase de calma que solo tienen los hombres que han tomado decisiones irreversibles suficientes veces para que ya no les cuesten nada para quienes el momento antes de actuar no produce tensión, solo cálculo. -Interesante.- Una sola palabra, dicha como quien anota algo en un cuaderno interno. Sin énfasis. Sin amenaza visible. Luego levantó dos dedos de la mano derecha, un gesto pequeño, casi aburrido, como si estuviera apartando una mosca. De los laterales de la calle salieron los soldados. De los mismos huecos entre casas que Dean había recorrido esa misma mañana, de los mismos callejones sin salida que había memorizado, de los ángulos que había identificado como puntos de escape. Diez hombres en total, uniformes menos cuidados que los de la patrulla del cobro, cuerpos que hablaban de trabajo pesado y no de desfile, porras y sables cortos ya en mano con la soltura de quien los lleva así desde que llegó. No eran los tres del cobro. Eran los que Crewe no traía a la parte visible de la transacción los que esperaban más atrás, fuera del encuadre amable del impuesto, por si el encuadre amable no alcanzaba. Crewe cruzó los brazos. -Devuelve el papel. Vacía los bolsillos. Y quizás esta conversación termina antes de que se ponga interesante de verdad.- Lo dijo desde ocho metros de distancia, sin moverse un centímetro, con el tono de alguien que hace una oferta que sabe que puede rechazarse y que tiene preparada la respuesta para cada opción. Los diez hombres avanzaban hacia Dean cerrando el semicírculo desde el norte y los flancos. Crewe los dejaba funcionar como se deja funcionar una herramienta sin mirarla, porque uno ya sabe lo que hace. La única dirección sin uniforme era la pared de la taberna a sus espaldas, y la puerta entreabierta detrás de él que dejaba pasar una línea de luz amarilla al suelo de piedra. ![]()
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RE: [Aventura | T2 | P. Absoluto ] La sal y la Insignia - Dean - 10-04-2026 "Calle del Ancora 11. Vientos del sur, medianoche". Dean tuvo que hacer un esfuerzo para leer el contenido del papel, pues la letra era pequeña y aquel marine no destacaba por su buena caligrafía, pero al menos no era un desastre y el mensaje era legible. Antes de analizar qué significaba el mensaje, la puerta frente a el comenzó a abrirse, por lo que su mirada subió de manera instintiva. Vio a tres mujeres, no tuvo que pensar mucho para saber qué tipo de trabajo ejercían allí. No pudo analizar mucho más la situación, pues antes de siquiera poder entablar una conversación con las chicas, unos pasos cuanto menos intimidantes comenzaron a resonar por todo el muelle. Esto hizo que el peliblanco inmediatamente se diera media vuelta y en unos pocos segundos pudo ver a una figura amenazante portando también el uniforme de la marina. A penas vio el traje blanco de aquel hombre supo que estaba en serios problemas - Mierda... - De por si la altura del tipo era aterradora, pero su masa muscular era lo realmente llamativo, una que contrastaba con la delgadez de Dean. Lo peor fue cuando observó la cicatriz que adornaba su feo rostro, una prueba de que la muerte le ha susurrado al oído, pero que pudo ignorarla para estar ahora parado aquí y cobrarle tributo a personas totalmente inocentes. Hasta la mismísima parca trabajaba para estos tipos. Al mirarlo a los ojos, notó que él se fijo en el papel, estaba atrapado y antes de poder pensar en una huida vio que el grandulón hizo un gesto con los dedos, lo que hizo que más soldados se acercaran y comenzaron a rodear al peliblanco, que retrocedió unos pasos, quedándose cerca de la puerta del bar. Como él mismo dijo, todo comenzó ahí. Vio el rostro de esos hombres y no reconoció a ninguno de los marines que le cobró el tributo a Arko, lo que daba indicios de que eran los encargados de hacer el trabajo sucio. Diez marines rodearon a Dean, detrás de ellos estaba el hombre grande, quien supuso que era el Sargento con el que amenazaron al viejo hace pocos instantes. La misión estaba jodida, pero más importante que eso, en este momento la vida del peliblanco estaba en peligro y tenía que actuar. Antes de hacer su primer movimiento el marine de mayor rango habló, ordenándole a Dean que vacié sus bolsillos y le devuelva la nota. Lamentablemente para Dean ese papel era la única esperanza que le quedaba para poder hacer algo por ayudar a los pobladores del muelle. Por el interés que puso el tipo en el papel, el peliblanco intuyó que no era una trampa, por lo que no podía permitir que llegara a sus manos. Dean estaba pensando en cuantas posibilidades tenía de huir, al verse rodeado descartó todas al instante. Esto hizo que un conflicto fuera inevitable, sabe que quizá pueda ser más fuertes que los soldados, pues no distaban mucho de cualquier marine que ha visto a lo largo de su vida, pero aquel hombre que estaba al norte a unos 8 metros si parecía ser un obstáculo demasiado gran para él en este momento. Luego de tomarse unos 3 segundos antes de actuar, tomó su decisión. Se metió la mano derecha en su hakama y sacó a Shinso. - No tengo nada más en los bolsillos, señor... - Antes de desenvainar su espada tomó el papel que seguía en su mano izquierda y lo rompió en varios pedacitos al punto de que el mensaje ya no pudiera ser recuperado. - Ups - "Calle del Ancora 11. Vientos del sur, medianoche", el contenido aún estaba en su cabeza y lo recordará a como de lugar, quizá sea su último recuerdo antes de morir. Antes de que todo el papel cayera al piso desenvainó su espada para dar unos pasos rápidos y de un salto atacar al grupo del oeste con precisos cortes en la zona del torso para derribarlos, pero sin atacar puntos vitales, una de las determinaciones de Dean, es que solo asesinará si era estrictamente necesario y pensaba cumplir con ello, aunque tenía en mente que los marines no tendrán tanta consideración con él. Luego de derribar al grupo del oeste fue a por los del norte, pues notó que el sargento no se estaba moviendo, así que iba a aprovechar esto a como de lugar. Estos soldados opusieron resistencia, pues algunas de las estocadas de Dean se vieron bloqueadas por sus porras, pero finalmente cayeron. El grupo del este tuvo el mismo resultado, pues fuera de que tenían una fuerza digna de un militar, no parecían destacar por su habilidad en combate. Pasó casi un minuto y medio cuando los diez soldados estuvieron en el suelo, mientras Dean daba pequeños pasos en dirección a la calle por la que él llegó sin dejar de mirarlo. El peliblanco estaba jadeando, pues derribar a esos marines no fue tarea fácil y tuvo que hacer un gran esfuerzo físico para salir sin heridas. Cada respiración le hizo saber al sargento que no estaba muy lejos del nivel de sus lacayos, lo que era peligroso. Su único pensamiento era huir por esa calle e ir a la plaza central, donde seguramente haya más marines, pero también más civiles, lo que puede darle muchas más opciones Mientras seguía dando pasos hacia el callejón que le dirigía hacia la plaza central, pensaba en qué hacer si el Sargento decidía atacarlo. No estaba en los planes de Dean utilizar su fruta del diablo, ya que aún no la entendía del todo, pero sabía que podía otorgarle una posibilidad de sobrevivir ante esa bestia. Aunque también le podía revelar a su rival una forma mucho más fácil de silenciarlo, que es lanzándolo al mar, que para su mala suerte, estaba demasiado cerca. No había duda alguna, estaba en problemas y esos problemas solo habían comenzado.
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RE: [Aventura | T2 | P. Absoluto ] La sal y la Insignia - Kazan - 10-04-2026 Los pedazos del papel todavía caían patinando en el aire como plumas guiadas por el vento. Blancos y pequeños. Algunos aterrizaron sobre los uniformes de los soldados caídos y otros sobre la piedra. Diez cuerpos en el suelo. Ninguno muerto, cosa que Dean se había asegurado de eso. El sargento no había movido los pies. Los brazos seguían cruzados sobre el pecho y los ojos recorriendo la plaza con la metodología de alguien que no evalúa el daño, aquellos marines eran números."No es un marinero desertor. Tampoco un cazarrecompensas barato." Diez metros separaba a ambos. Desde las ventanas de las casas asomaban ojos curiosos de niños y mujeres o algún pescador de mediana edad que sostenía una red que había olvidado soltar. El pueblo de Baquella, que llevaba semanas mirando el suelo, miraba ahora la plaza. -Recoge a tus hombres.- La orden no fue para Dean. Fue para el callejón detrás de él, donde dos figuras con uniforme, los que se habían marchado con la caja antes, esperaban desde hacía rato. Crewe bajó los brazos pero no desenfundó nada no dio ningún paso hacia Dean. Solo recolocó los puños a los costados del cuerpo, un gesto pequeño que reorganizaba el peso de sus manos, y miró al peliblanco con algo que no era rabia. -Este pueblo tiene memoria corta. Tú tendrás una más corta todavía.- Lo dijo en voz baja, lo suficientemente baja para que llegara a Dean y no más lejos. Luego giró. Y subió por el callejón con los mismos pasos lentos de antes sin apuro, sin mirar atrás hasta que la curva se lo tragó y solo quedaron sus pisadas resonando contra la piedra húmeda. Los dos soldados del cobro terminaron de recoger a los últimos hombres y los siguieron sin decir una sola palabra. La plaza quedó vacía y quieta, con pedazos de papel en el suelo y las ventanas todavía llenas de ojos que no sabían muy bien qué habían visto ni qué hacer ahora que lo habían visto. Fue entonces cuando desde el lateral del muelle desde el espacio entre los dos botes más pequeños, donde la sombra de los tablones era lo suficientemente densa apareció Leis, el marine del papel. Con el chaleco de uniforme desabrochado en el tercio superior, como si lo hubiera soltado deprisa mientras esperaba. Caminó hacia Dean con el paso de alguien que sabe que tiene poco tiempo y menos margen de error. —Rompiste el papel. No era una pregunta. Metió la mano en el chaleco y sacó otro papel, este más grueso, doblado en más capas. No lo extendió todavía. —Te daré lo que buscas en el lugar acordado. Si lo sabes de memoria, estás invitado. Si no lo sabes... Una pausa. Miró de nuevo hacia el callejón donde Crewe había desaparecido. —...entonces los dos tuvimos un día muy malo por nada. ![]()
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RE: [Aventura | T2 | P. Absoluto ] La sal y la Insignia - Dean - 10-04-2026 Dean seguía mirando fijamente al sargento mientras pasaba el reverso de su mano por su frente, intentando quitar las gotas de sudor que brotaban por el reciente esfuerzo. Dio un rápido vistazo a los soldados caídos, todos ellos daban señales de respiración, por lo que pudo cumplir con su objetivo de no matarlos. Hubiera sido un problema el quitarle la vida a un marine, pues la tranquilidad en su vida se habría esfumado y empezaría a ser un criminal buscado con justa razón. Aunque pensándolo bien, acaba de derribar a diez marines frente a alguien de alto rango... todo era una molestia, pues no había un camino fácil. Por un rato, tanto el peliblanco como el imponente soldado se mantuvieron en silencio sin hacer ningún movimiento que pusiera en alerta al otro, algo que ponía de los nervios a Dean. Ese sentimiento comenzó a crecer cuando ojos de niños y adultos desconocidos para él se comenzaban a asomar ¿defenderán a la marina aunque los tengan sometidos o simplemente se quedarán como espectadores? si era así, no los iba a culpar. Él muchas veces estuvo en esa posición y sabía lo que era sentir terror ante una figura de autoridad. Desde la lejanía se escuchó como le dieron una orden al oficial, que recogiera a sus hombres y se retirara. Giró 180 grados su cabeza, para ver a dos rostros que supo reconocer. Eran aquellos marines que habían cobrado el tributo a Arko. Ante esto, el peliblanco apretó con fuerza a Shinso, pero antes de que pudiera hacer nada, volvió a girar la mirada para ver al hombre de mayor tamaño, quien había bajado los brazo y no parecía tener intención de moverse. La mirada que le dio no fue de rabia, era algo distinto, algo que no pudo descifrar, pero Dean no se dejó amedrentar. Ya estaba en una situación jodida, lo menos que podía hacer era mantenerse firme, como no pudo hacer en su adolescencia. Tras la frase de aquel marine, una media sonrisa se formó en su rostro. Cada vez que se hablaba de recuerdos, era inevitable ver sangre, escuchar gritos, oler el miedo, sentir el temblor de en la piel y el gusto del puro pánico. - Espero en algún momento se cumpla lo que dices... - Nuevamente la muerte de su padre y su hermano vinieron a su mente, haciéndolo ensimismarse en esa situación critica, pero como un flash, una palabra lo trajo de vuelta al muelle - Vive... - Aquella última frase de su progenitora era su motor, era el porqué estaba haciendo todo esto. Fue así como observo que tanto el sargento como el resto de soldados se iban en silencio, ante la mirada de Dean y el resto de los pobladores, quienes no se atrevían a hacer más que mirar y ser testigos de como alguien externo estaba luchando por su libertad. Eso le hizo sacar una pequeña risa para si mismo, pues aunque sea por un segundo, pudo sentir un mínimo orgullo al pensar que está siendo la persona que siempre espero en su adolescencia, pero que nunca llegó. Nuevamente el silencio reinó, como si nunca se hubiera ido, como si ese fuera su hogar. Aunque una visita lo interrumpió nuevamente, pues desde uno de los muelles apareció la otra figura que quedaba por revelarse, aquel tipo que dejó el papel que lo comenzó todo. Su vestimenta era la misma que hace un rato, pero la formalidad de la misma había quedado olvidada. Todo parece indicar que él es uno de los que quiere acabar con la situación del muelle, pero Dean aún así tomó sus resguardos con él, la marina ya ha demostrado que puede hacer cualquier cosa con tal de mantener el status quo, con tal de seguir reinando. El hombre de entradas pronunciadas le mencionó que rompió el papel, lo cual era completamente cierto y las pruebas aún estaban visibles en el muelle. - Era la única manera de mantener a salvo el mensaje, fue una decisión desesperada - Mencionó Dean alzando los hombro, casi como quitándose la culpa por hacer algo tan impulsivo. Su siguiente frase llamó poderosamente su atención, ya que le ofreció algo si iba al lugar acordado, siempre que recuerde el mensaje en aquel pequeño papel. - Allí estaré, lamentablemente mi memoria funciona mejor de lo que me gustaría - Dijo dándole una muestra clara de que no olvidará esa coordenada, ni mucho menos otras cosas que cada día le recuerdan el porqué se unió al ejercito revolucionario. "Calle del Ancora 11, Vientos del sur, medianoche", al menos esa frase podrá reemplazar los molestos recuerdos que azotan el subconsciente de Dean cada tanto. Luego de ese pequeño intercambio, aquel hombre volvió a sacar otro papel, esta vez mucho más grueso. Dean también miró hacia el pasillo por el que los marines se fueron y descartó de inmediato la opción de ir a por ellos, era muy consciente de sus limitaciones y sabe que puede echarlo todo a perder. Dean se acercó hacia el hombre, pero manteniendo una distancia prudente de unos 4 metros, aún estaba lejos de confiar en alguien quien hace unos minutos estaba cobrando tributo a un pobre viejo. - ¿Cuántos secretos escondes? - Mencionó mientras señalaba el papel que no parecía estar vacío.
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RE: [Aventura | T2 | P. Absoluto ] La sal y la Insignia - Kazan - 13-04-2026 La pregunta quedó suspendida entre ellos como el olor a sal presente sin que nadie la hubiera puesto ahí deliberadamente. Leis miró el papel en su propia mano durante un segundo. No con orgullo ni con vergüenza. Con la expresión de alguien que ha cargado algo durante tanto tiempo que ya no sabe muy bien cómo se siente tenerlo o soltarlo o darselo a quien sea. Sus dedos apretaron el doblez una vez, y luego lo aflojaron. -Los suficientes para que ese hombre me mate si los encuentra.- Lo dijo sin dramatismo, como un dato. Se lo guardó de nuevo en el chaleco interior, despacio, con el cuidado de quien guarda algo que no tiene reemplazo, y cuando terminó se cruzó de brazos no con la autoridad de Crewe, sino con el lenguaje corporal de alguien que intenta ocupar menos espacio del que ya ocupa. La plaza todavía olía al sudor de diez hombres que habían intentado hacer su trabajo. Algunos gemían suavemente. Uno había rodado hasta quedar con la mejilla sobre un fragmento de papel blanco, la tinta ya ilegible contra la piedra húmeda. -Cinco meses.- Leis no miraba a Dean mientras hablaba. Miraba el callejón donde Crewe había desaparecido, como si pudiera volver en cualquier momento y esa posibilidad requiriera vigilancia constante. -Fechas, cantidades, nombres. La ruta que sigue el dinero después de salir de aquí. Y dos nombres más, en un puerto a dos días, que no aparecen en ningún registro oficial pero que reciben su parte cada semana con la puntualidad que la Marina nunca le dedicó a este pueblo.- Ahora sí giró la cabeza hacia Dean. Sus ojos hicieron el mismo trabajo de antes buscar algo, calcular algo pero esta vez con menos cautela y más cansancio. -Llevo tres meses enviando informes a cualquier dirección que me dieron. Sin nombre. Sin firma. Solo los números. Solo los hechos.- Una pausa -Nadie respondió. Hasta que tú apareciste en un muelle que no conoces, recogiste un papel que no ibas a entender y lo rompiste antes de que Crewe pudiera tocarlo.- "Puede que seas un idiota. Puede que seas exactamente lo que estaba esperando. La diferencia entre las dos cosas, a estas alturas, es demasiado pequeña para que me importe." Desde una de las ventanas del fondo, una figura se había alejado del marco. No por miedo sino para ir a buscar a alguien. El movimiento fue pequeño y rápido, del tipo que pasa desapercibido a menos que uno lleve horas aprendiendo a leer lo que ocurre en los márgenes de una escena. Leis lo captó. Bajó un poco la voz. -Esta noche, Calle del Áncora. Si dices lo que hay que decir, te entrego el papel y haces con él lo que puedas. Después de eso, yo no existo para ti y tú no existes para mí. Lo que le pase a Baquella después...- Se detuvo. Miró el suelo de la plaza, los fragmentos blancos, los cuerpos inmóviles, el asta sin bandera al fondo. -...depende de si alguien hace algo con lo que te doy o lo usa para envolver pescado.- No esperó respuesta. Dio media vuelta y caminó de regreso hacia el lateral del muelle con los mismos pasos medidos con que había llegado, el chaleco ondeando ligeramente con el viento, sin mirar atrás porque mirar atrás, en este momento, en esta plaza, con esta cantidad de ojos en las ventanas, era un lujo que no se podía permitir. En la esquina donde el muelle se juntaba con la calle de tierra, se cruzó con Arko. El viejo pescador venía desde su casa, con las manos vacías y el mismo paso lento de siempre. No miró a Leis cuando pasó junto a él. Leis no lo miró a él. Pero sus hombros, en el momento exacto del cruce, bajaron medio centímetro. Arko siguió caminando hacia Dean.
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RE: [Aventura | T2 | P. Absoluto ] La sal y la Insignia - Dean - 14-04-2026 Dean no tuvo que esperar mucho tiempo, para obtener la respuesta a su pregunta. Al parecer el temo a aquel marine era compartido, pero aún así él parecía querer enfrentarlo, no directamente, pero si de otra forma donde la fuerza física no sea un factor determinante. Rápidamente puso el papel a resguardo, fuera del alcance del peliblanco, que ni por un momento pensó en robarlo, aunque entendía el cuidado que ese hombre tenía. La desconfianza es sin duda algo negativo, que te prohíbe tener relaciones profundas y te hace cargar con muchas cosas solo, pero en este tipo de situaciones puede ser la mejor virtud que un ser humano puede tener, y es algo en lo que Dean era experto. Tras unos segundos el hombre volvió a tomar la palabra, escuchó atentamente cada palabra. Abrió un poco los ojos mientras intentaba retener toda la información que le quería transmitir, mientras giró la cabeza para ver si es que había algún marine cerca. Afortunadamente, no pudo distinguir ningún uniforme, ni tampoco una persona sospechosa que se acerque para interrumpir la conversación. Fue duro para él cuando le confesó que lleva 3 meses intentando informar sobre la situación que están viviendo los habitantes y trabajadores de este muelle, pues vivió en carne propia la misma situación. - No quiero que te ilusiones, a mi solo me llegó un rumor y un mensaje que tú papel me ayudó a encajar un poco las piezas, pero por mucho que me gustaría ayudar aquí... La gente tiene que estar dispuesta a salir de esta situación, lamentablemente no depende de ti, ni de mi - Por muchos esfuerzos que pudieran hacer, la situación solo podía cambiar si los locatarios ponen de su parte. Tras el pequeño intercambio, el tipo de las entradas pronunciadas dio unas instrucciones aclarando que toda esa información podía estar en las manos del peliblanco, quien no dudará en entregarlas a algún superior de la revolución, pues desde que vio la figura del Sargento, supo que esto era un entramado demasiado grande para que pueda solucionarlo él solo. - Nos vemos en unas horas entonces... - Fue lo único que pudo decir antes que el tipo se alejara sin alargar más conversación. Suspiró larga y tendidamente para luego subir su cabeza y quedarse mirando un rato el cielo nublado, como si desde allí hubiera algo o alguien que le diga qué es lo que debe hacer o si está haciendo bien en colaborar con la revolución. Al bajar la mirada pudo notar que aquel viejo que pagó el tributo se acercaba a él, por lo que el peliblanco movió sus pies hacia el viejo, para que pudiera ahorrar todos los pasos posibles. - ¿Arko, no? un gusto - Simplemente levantó la mano como gesto antes de continuar. - Voy a ser directo, ya que no sé cuando ellos puedan regresar ¿en caso de que venga ayuda externa, colaborarán o dejarán todo en nuestras manos? Yo me comprometo a poder informar de la situación, pero no puedo solucionar esto solo, supongo que lo entienden.- Mientras hablaba con el hombre mayor miraba para todos lados, como si supiera que en cualquier momento iban a ser interrumpidos por unos marines, que se niegan a renunciar a un dinero que otra gente logró con sangre sudor y lagrimas. De la respuesta de Arko dependía de si daba todo de sí hasta arriesgar su vida por intentar ayudar o si buscaba una salida para evitar salir sin ningún otra consecuencia para su salud. Eso sería fracasar en parte en su misión, pero como le dijeron hace algún tiempo, soldado que huye, sirve para otra guerra y con la información que ya había recolectado algo podía hacer algo, aunque quizá la agonía de este muelle se tenga que alargar más de lo esperado.
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