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[Aventura T3][PR] La ingenuidad de las flores [Miyori] - Versión para impresión

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[Aventura T3][PR] La ingenuidad de las flores [Miyori] - Juan Sebastian - 02-06-2026

Día 67 de otoño, Año 17
10:35 a.m

OST

La cercanía del gélido invierno amenazaba cada vez la isla de Matsuri con una crudeza que no era la habitual, incluso en esta época del año. Para una población que vivía del cultivo de flores, la situación parecía ser crítica, cualquiera que se parase un segundo a observar las calles podría percatarse del miedo de los honrados trabajadores. Para ellos, lidiar con los salvajes piratas que viajaban en busca de botines ya era bastante problema, y ahora también tendrían que vigilar a sus retoños con la esperanza de que aguantasen hasta la primavera. Por fortuna para algunos, los agricultores más prósperos de la isla poseían invernaderos acristalados, perfectamente equipados para mantener a las pequeñas plantas a salvo.

Es justamente en esta isla donde encontramos a Miyori, una pirata de gran corazón, cuyo nombre resuena cada vez con más fuerza en el paraíso de los piratas, una recompensa de más de treinta millones rara vez pasa desapercibida, después de todo. Pero, afortunadamente para ella, la mayoría de los ciudadanos no parecen dar mayor importancia al precio por su cabeza, algunos, por miedo a represalias, no podrían contra una pirata con semejante valor, y otros simplemente parecían incrédulos después de ver su rostro angelical y su dulce sonrisa.

Refugiándose del aire helado del exterior dentro de una confortable cafetería del pueblo, Miyori podía escuchar las conversaciones de los locales. Un hombre delgaducho, con las manos desgastadas y la ropa sucia, se quejaba en un tono de voz quizás demasiado elevado para el lugar en el que se encontraba —¿Te lo puedes creer? Nuestras flores se marchitan por el frío y el gobierno gasta dinero en traer más grupos de la Marina… Es que no hay derecho, maldición— Otro hombre, visiblemente más musculoso, le respondía sin tapujos —Las flores aguantarán, hombre, siempre lo hacen… Pero si un pirata te corta el pescuezo… Se acabó… Los marines son lo mejor— Una mujer mayor, que acababa de entrar al local, de caderas anchas y que zarandeaba un bolso elegante, se le acercó por la espalda y le dio una colleja seca que silenció por completo el local —¿¡Ya estás con tus tonterías!? Tu padre te está buscando, tanto músculo y solo haces el vago por ahí— Visiblemente avergonzado y con la cabeza gacha, el fan de los marines respondió por lo bajo antes de salir por la puerta —Pero… Mamá…— 

Un pequeño chico observó la vergonzosa salida de aquel hombre, escoltado por su querida madre, de la cafetería. El muchacho miraba por la ventana de cristal del local mientras sostenía con fuerza un periódico. Sus ojos se encontraron con el radiante cabello de la pirata, lo que le llevó a entrar corriendo a la cafetería, dirigiéndose hacia Miyori sin mirar a nadie más. Con una voz tierna se dirigió hacia la afamada pirata, mientras le mostraba su cartel de recompensa con una mano y agarraba con fuerza la ropa de la chica con la otra. —Disculpe… Es usted ¿Verdad? Debe ser muy fuerte… Necesito su ayuda. Mis papis estaban trabajando en el sótano del vivero… ¡Y una máquina ha caído sobre ambos, necesito ayuda, por favor!— Los ojos del infante brillaban con las lágrimas que a duras penas contenía, buscando en aquella criminal un rayo de esperanza.

—Hay muchos marines por la calle principal, pero conozco un atajo que no está vigilado— Las palabras del niño eran ciertas, con la aparición de figuras notables por estas aguas, la marina había redoblado las guardias por las calles, haciendo que la circulación para los piratas fuese bastante complicada, por decir algo. 

Con este escenario, Miyori, que esperaba un día apacible, se vio en una encrucijada repentina ¿Ayudaría al niño enfrentando a los numerosos marines que se interponían en su camino por la calle principal? ¿Seguiría al pequeño muchacho por los desconocidos y toscos caminos del pueblo para evitar el conflicto? Claro está que también podría ignorar al niño y seguir disfrutando de un café o un chocolate caliente, una actitud muy propia para un pirata…

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RE: [Aventura T3][PR] La ingenuidad de las flores [Miyori] - Miyori Hoshino - 05-06-2026



El otoño en Matsuri siempre me pareció una estación curiosa que aunque las brisas heladas recorrían sus calles y el calor de la primavera había quedado atrás, la belleza de aquella época parecía resistirse al paso de las estaciones, algunas flores desaparecían con la llegada del frío pero otras permanecían inmutables, desafiando las estaciones como si fueran flores eternas.

Aquella mañana libre decidí pasar el rato libre en una pequeña cafetería de ambiente hogareño mientras disfrutaba de un café negro acompañado de una dona glaseada, rellanas de jalea de fresa, mis manos hojeaba un libro dedicado a las guías y principios de los navegantes principiantes, mi interés por aquel oficio había nacido de una simple realidad, no sé nada sobre cómo navegar por mi cuenta. Desde mi llegada a Matsuri había procurado estudiar más acerca de ese mundo fascinante, conocía algunas nociones básicas gracias a mi familia cuyos integrantes eran en su mayoría pescadores, pero esta vez el desafío es diferente puesto que algún día tendría que abrirse paso mi viaje a otras islas, y tendría que hacerlo sola.

Mis estudios se vieron interrumpidos cuando algunas personas sentadas cerca de mi mesa comenzaron a hablar en voz demasiado alta, al parecer sus cultivos de flores estaban atravesando una etapa de marchitamiento y ahora culpaban al gobierno por no priorizar las necesidades de los agricultores, destinando más recursos al cuerpo militar y al reclutamiento de nuevo personal. Uno de ellos comentó que estaba a favor de hubiera más marines patrullando las calles de Matsuri, sin embargo, en mi mente debatí aquella opinión de inmediato, existen piratas de corazón noble así como marines que han abusado de su autoridad hasta corromperse por completo. Arnold Redflag era un claro ejemplo de ello. La conversación entre ambos jóvenes llegó a su fin con la repentina entrada de una señora que avanzaba a paso firme, sus pisadas resonaban con tal fuerza que podían escucharse desde el otro extremo del establecimiento, apenas oyó la opinión del muchacho que apoyaba una mayor presencia de marines cuando descargó sobre él una severa reprimenda. Era su madre.

Tras aquello… el silencio y la tranquilidad regresaron a la cafetería por lo que tomé un sorbo de mi café y continué leyendo mi libro para navegantes principiantes. Sentí algo de pena por el chico aunque supuse que la situación no había sido tan grave al parecer que era un asunto familiar.

Pero no pude siquiera terminar de leer el primer párrafo cuando una voz pequeña, suave y tímida llamó mi atención, mis ojos se apartaron de las páginas y terminaron encontrándose con los de un niño que parecía estar al borde de las lágrimas, llevaba una boina, ropa abrigadora y sostenía entre sus manos una copia de mi wanted mientras intentaba explicarme, con evidente nerviosismo, que sus padres habían quedado atrapados por una máquina. Por un instante mi atención se dividió entre sus palabras y aquel cartel, sentí una ligera alarma al verlo en sus manos pero bastó observar el miedo reflejado en su rostro para que cualquier otra preocupación pasara a segundo plano, analicé rápidamente cada fragmento de lo que acababa de decirme, intentando comprender la situación que exponía  en aflicción. Me incliné ahora un poco hacia él y llevé mis manos hasta su rostro, limpiando con delicadeza el rastro de lágrimas que amenazaba con escapar de sus ojos, quería trasmitirle calma a través de aquel gesto.

 —-- Tranquilo, vamos ahora con tus padres. —- dije con una tono de voz casi susurrante, no era prudente llamar la atención de quienes nos rodeaban, después de todo el mismo cartel que sostenía entre sus manos era suficiente para causarme problemas, nunca he cometido un fechoría, pero sí pertenecía hace tiempo a una tripulación y por ende mi nombre terminó manchado. Con la decisión tomada casi al instante, cerré el libro sin pensarlo dos veces puesto que la preocupación del pequeño era demasiado para ignorarlo, y de existir siquiera una posibilidad de ayudar a sus padres, no tenía intención de quedarme sentada leyendo mientras había alguien al borde de algún peligro severo.

Recogí mis cosas tan rápido como pude, el estuche de mi violín, Amphitrite, además de mi arco y flechas, mientras me prepara para seguirlo, el niño me avisó que las calles principales estaban repletas de marines, aquello complicaba bastante la situación, con mi rostro circulando en un wanted lo último que necesitaba era cruzarme con alguno de ellos, por suerte el pequeño conocía un atajo que nos permitiría movernos lejos de miradas indiscretas, así que le sonreía amable, gentil, cálida para que tuviese tranquilidad.

—- Por favor guíame, ¿cómo te llamas, cariño?



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RE: [Aventura T3][PR] La ingenuidad de las flores [Miyori] - Juan Sebastian - 07-06-2026

OST

Miyori, en una demostración del tamaño de su gran corazón, no dudó en secar las lágrimas del niño. Era una sensación extraña, junto a ella cualquiera podría sentir que todo iba a estar bien —Me… Me llamo Billy— Dijo el pequeño mientras intentaba esnifar de vuelta los mocos que se deslizaban por la punta de su nariz. Una vez recobró su compostura, abrió la puerta de la tienda con prisas para que ambos pudiesen salir, dejando atrás la calidez y comodidad de la cafetería para darse de bruces con una brisa tan fría como húmeda, que se calaba hasta los huesos —¡Niñoo! ¡Pero cierra la puerta!— Le recriminó sumamente molesto el camarero que atendía en el mostrador mientras él y Miyori desaparecían entre los callejones.

Billy guió a la dulce chica a través de los callejones, un laberinto que parecía pensado para que los mismos trabajadores se perdiesen en el camino de vuelta a casa del trabajo, como si las horas que les dedicaban día a día durante su jornada no fuesen suficientes para mantenerlos sumisos. El suelo de los callejones estaba parcialmente cubierto por la tierra que los habitantes iban soltando con el paso del tiempo al volver de los invernaderos, y el olor que se respiraba era principalmente a productos de limpieza que se deslizaban por los bordes de las calles hasta llegar a las alcantarillas.

Mientras ambos corrían como ratones por el suelo de las calles, alguien acechaba desde los tejados, como un gato que observa a la presa con la que va a jugar durante unos minutos antes de acabar con ella. Se trataba de un hombre de cabello azabache, cuyo rasgo más reconocible era su afilado bigote y un brillo patético en su mirada.

Desde una de las cubiertas de las casas, un disparo atronador se ahogó entre los pasajes de los suburbios y, antes de que pudiera darse cuenta de nada, Miyori ya había recibido el impacto de una bala en su hombro derecho.  —YIIIIIHAAHAHHAA— Chilló el hábil tirador desde las alturas con una voz ridículamente aguda, convencido de que se haría con una jugosa recompensa. El hombre se burlaba de Miyori mientras recargaba su rifle  —Miyori… ¿Pepino? Yiahahaha. Más de treinta millones por una chiquilla, es mi día de suerte. Ríndase, señorita… O saldrá lastimada—

Ante la emboscada, el pequeño Billy no tardó en huir, escondiéndose dentro de uno de los barriles apilados en la calle. Toda una vida viendo actuar a los piratas del Grand Line le había provisto de los instintos de supervivencia necesarios. Ahora era el turno de Miyori, bien saben los trabajadores de Matsuri que algunas flores tienen espinas…

Cajita de tortuga



RE: [Aventura T3][PR] La ingenuidad de las flores [Miyori] - Miyori Hoshino - 07-06-2026

—- ¡Lo siento! —-dije a voz alta al enfadado camarero en el momento en que desaparecimos, dejando la puerta del establecimiento abierta tras nosotros, la verdad no había tiempo para regresar. La fría brisa del clima pronto comenzó a colarse sobre mi piel mientras aprovechaba para ponerme la bufanda de tela blanca que llevaba conmigo, el abrigo en cambio lo había terminado olvidando en la cafetería.

El pequeño infante que respondía al nombre de Billy me guió por un callejón que casi podría asociar con una especie de laberinto, me sorprendía la manera en que el pequeño se desenvolvía y yo tenía que concentrarme para no perderle el rastro, al ser tan pequeño era mucho más ágil y escurridizo que yo. No era un camino difícil de atravesar, estaba cubierto de polvo pero no resultaba resbaladizo, a ello se sumaba la fragancia de algún químico que me daba indicios de productos de limpieza hasta que poco a poco las calles comenzaron a conducirnos hacia una zona cercana a un entramado de alcantarillas, mi vista permanecía únicamente fija en el niño mientras pensaba cómo haría para mover aquella maquinaria que apresaba los padres de Billy, mi cabeza ya buscaba posibles soluciones para el futuro, tendría que ver la gravedad del panorama para saber cómo desarrollar un plan.

Un sonido similar a un estallido llamó mi atención, reconocí que provenía a una zona alta por lo que al girarme para mirar hacia atrás mis ojos se alzaron hacia el cielo, sin oportunidad de reaccionar a un punto ciego, sentí un dolor punzante y a la vez perforante clavarse como un aguijón en mi hombro derecho y de inmediato solté un quejido ante el dolor inesperado. Ante el blanco logrado una risa extraña resonó en el ambiente y fue entonces cuando reconocía al tirador, Billy había huido para esconderse, lo cual en parte me aliviaba porque estaba fuera de peligro. —- *¿Por qué?* —- pensé mientras lo escuchaba escucpir sus banales intenciones, una recompensa por mi cabeza, ¿Acaso esto era… uno de esos famosos cazadores de recompensas? Era la primera vez que alguien me daba caza y eso me colocó en una posición en la que debía tomar precauciones.

Mientras lo escuchaba hablar y con el dolor aún mitigado, ardía pero era soportable, tomé mi arco y dos flechas, sin dudar, las solté en una secuencia rápida, una tras otra ante una distancia de diez metros ascendente. La primera flecha fue directa hacia la mano que sostenía el rifle, desarmándolo por completo, la segunda apuntó a la pierna izquierda, con la intención de dificultarle el movimiento aunque sea por un tiempo corto.

—- No tengo intenciones de pelear… —-- aclaré mientras tomaba otra flecha y la colocaba en reposo sobre mi arco, estaba al pendiente de sus reacciones por si intentase hacerme algún otro disparo aunque se lo intentaría imposibilitar al momento que lo tomará de nuevo en sus manos.

— ¡Billy! ¿Está bien? —- grité un poco sin apartar la mirada de aquel señor y a la misma vez miraba hacia los alrededores en busca de posibles aliados. — ¡Debemos irnos, rápido!


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RE: [Aventura T3][PR] La ingenuidad de las flores [Miyori] - Juan Sebastian - 08-06-2026

La reacción de Miyori fue tan rápida como despiadada, demostrando que no era en ningún caso una presa fácil. Empuñó su arco con presteza y disparó dos flechas que volaron hacia el intento de cazador, dejando un fugaz silbido en el aire. La primera flecha impactó en su mano, abriendo un gran agujero en la misma y provocando que soltara el rifle en el acto. Pero fue la segunda flecha la que marcó el destino del Arnold, más conocido como “El Bigotes”. Atravesó su pierna con tanta violencia que la separó del resto de su cuerpo, intentó gritar, pero antes de que algún sonido saliese de su boca, sus ojos se pusieron blancos.

Miyori dejó clara su postura, no tenía intenciones de pelear, y no habría más peleas para Arnold… Su cuerpo se desplomó en el inclinado tejado y se deslizó por la pendiente de este hasta caer por el borde. La caída fue rápida, pero el silencio que acompañó al sonido seco del impacto con el suelo hizo que la escena se sintiese angustiosamente larga. Arnold Teixeira había muerto, un bueno para nada que fracasó tanto en su vida laboral como en intentar formar una familia, arrinconado por la pobreza, pensó que sería buena idea cazar piratas y tratar de ganarse un puesto en el futuro como cazador de recompensas, mala idea para un inútil como él…

Al escuchar el llamado de su heroica acompañante, Billy se asomó por el barril para ver lo que sucedía. Sus ojos pudieron captar la escena con claridad, el hombre que atacó a Miyori yacía sobre un charco de sangre y ella le apresuraba para salir de la escena lo antes posible. —¡Debemos correr, señorita!— dijo Billy mientras salía rápidamente del barril en el que se escondía, dejando caer por accidente una llave al suelo. Antes incluso de que los pies del pequeño aterrizasen en el suelo, el grito de una vecina que se asomó por el balcón agitó la actividad de los vecinos en el camino —KYAAAAAA, ¡¡Qué alguien llame a los marines!!— Ahora sí que tenían motivos para correr…

—¡Es todo recto!— dijo Billy mientras señalaba al frente y se colgaba de la espalda de Miyori —Usted me está ayudando, no quiero que la capturen por mi culpa.— La decisión del pequeño fue la más sensata, si bien era de pies veloces, a la hora de correr de verdad seguramente Miyori sería más rápida, no había tiempo que perder. Menos de cien metros de camino les separaban del campo de flores al que debían llegar, solo cien metros de camino lleno de tierra excesivamente removida y llena de ropa sucia, botellas de productos de limpieza y algunos brillos metálicos que asomaban entre el polvo.

Pero sin dudas lo que más llamaba la atención era la mirada de los vecinos, la mayoría desde sus ventanas, los más valientes desde las puertas de sus casas. Todos observando a la joven de cabellos cobrizos como el ocaso, algunos con temor, escondiendo a los niños tras ellos, otros clavaban sus ojos de forma inquisidora, casi se podía escuchar “Malditos piratas” en el ambiente. Es el precio a pagar por ser una forajida, pero todo podría valer la pena por ayudar a un niño necesitado.

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Bélico



RE: [Aventura T3][PR] La ingenuidad de las flores [Miyori] - Miyori Hoshino - 08-06-2026

Mis flechas había impactado con tanta precisión que fueron capaz de amputar las extremidades de aquel sujeto que en primer lugar me disparó sin piedad, ahora se encontraba fuera de la posibilidad de poder continuar con su emboscada hacia nosotros, hacía mí. La escena se volvió caótica con rastros de su sangre cómo prueba evidentes del daño, manchando a su paso tejado y paredes fue entonces cuando me di cuenta de la verdad, no se trataba de un enemigo experimentado sino de un tirador sin entrenamiento real, alguien incapaz de prever las consecuencia ni los daños colaterales al enfrentarse a otros oponentes de la misma especialidad pero con mayor nivel supongo.

En el instante en que su cuerpo se desplomó desde el tejado hasta el suelo, sentí cómo el mío se volvía extrañamente ligero como si la gravedad hubiera dejado de afectarme por un segundo. Mis ojos azules reflejaron un destello de sorpresa que no encajaba con ninguno de los escenarios que había previsto. El aire se me atascó en la garganta, mi mente empezó a llenarse de pensamientos corrosivos que se apilaban unos sobre otros hasta casi ahogarme por dentro. ¿Lo había matado?, ¿Estaba inconsciente?, ¿Había perdido simplemente el equilibrio? el charco de sangre bajo su cuerpo me obligaba a aceptar la posibilidad más terrible… se estaba desangrando. Di un paso hacia adelante, y luego otro, con la intención de lanzarme corriendo en su ayuda, tenía que hacerlo, era mi culpa… no había tenido suficiente cuidado con el daño que podía causar mis flechas.

“¡Debemos correr, señorita!” La voz de Billy pronto me sacó de esa prisión en la que me había hundido la misma culpa, al girar mi mirada hacia él demostré la agonía que en ese momento me estaba comiendo, una ansiedad tan intensa que parecía a punto de tragarme completa, era la certeza amarga creciendo en mi interior tanto que me hizo dudar entre quedarme o huir, entre lo correcto y la falta de humanidad de no hacerme cargo de mis actos. Había defendido, sí… pero había un precio que no había calculado, el valor de una vida no se mide en intenciones ni en justificaciones.

Un grito desgarrador me obligó a reaccionar de inmediato, arrancándome de la inmovilidad en la que me encontraba, ya no estaba completamente segura de si aquel cazador seguía con vida, si había perdido el conocimiento, la incertidumbre pesaba demasiado pero me obligué a confiar en que los civiles presentes haría algo al respecto, era momento de salir de ahí. Sin pedir más tiempo, di media vuelta y volví a correr tras el pequeño infante, no me detuve ni un segundo salvo al agacharme rápidamente para recoger una llave que había caído junto a un barril suponiendo que le pertenece a Billy.

Permití que Billy se subiera a mi espalda, sosteniéndolo con cuidado, coloqué mis manos bajos sus piernas mientras él se aferraba a mis costados, asegurándome de que tuviera el apoyo suficiente para no caer durante la carrera de aquel camino —- No es tu culpa, Billy…

Respondí mientras mis ojos comenzaban a deslizar pequeñas lágrimas que apenas lograba contener, no era solo el cansancio ni el miedo, era la conciencia de lo que acababa de hacer, asentándose lentamente en mi pecho, había cruzado una línea. Antes ya me llamaban pirata por seguir el viaje junto a quienes llevaban con orgullo la bandera negra pero ahora… era distinto, ahora mis manos ya no podían considerarse limpias, y esa marca parecía destinada a quedarse conmigo para siempre. Guarde silencio y recé por la vida que tomé, y pedí perdón una y otra vez.

Seguí corriendo por aquella calle sin permitirme girar en ninguna dirección, según Billy, debia avanzar en línea recta hasta encontrar los campos de flores, un lugar donde la tierra estaba removida y donde también se veían objetos abandonados, ropa sucia y botellas de productos de limpieza esparcidas sin orden. ¿Pero por qué había tantas cosas ahí…?

—- ¿Hacia donde debemos ir ahora?.


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RE: [Aventura T3][PR] La ingenuidad de las flores [Miyori] - Juan Sebastian - 09-06-2026

OST

Miyori comenzó a correr por el sucio callejón, sumida en la culpa, pero apurada por el deber de ayudar a los demás. Si después de todo esto no conseguía ayudar a los padres de Billy ¿Para qué habría tomado una vida? Podría haberse quedado tranquilamente tomando un café mientras escuchaba las idas y venidas de los vecinos, compartiendo anécdotas inclusive con algunos de ellos si es que no la reconocían, pero eligió ser empujada por la bondad de su corazón.

Cada paso se sentía tosco al moverse entre la tierra y la basura, el peso de su propia conciencia la hundía cada vez más y más, hasta que un punzante dolor se hizo notar sin previo aviso. Afilados pinchos de hierro tirados por todo el suelo y escondidos entre los deshechos de la gente. No era de extrañar que la dulce chica no lograra prestar atención a algo tan sutil mientras estaba sumida en sus pensamientos de culpa y abrumada por la prisa de la huida A medida que Miyori continuaba el camino, iba dejando un rastro de sangre que brotaba de sus pies llenos de tierra.

Finalmente llegaron al final del camino —hacia el claro— señaló el inocente Billy, apuntando con su dedo a una fuente de luz que se abría frente a ambos. Siguieron corriendo hasta salir de ese infernal callejón, no había deseos de mirar atrás, menos aún al ver el paisaje que se extendía frente a sus ojos. Era como una escena salida de un cuadro, un infinito campo de crisantemos blancos brillaba con luz propia y se mecía con fragilidad al son del viento otoñal. Pero si algo destacaba era el gracioso cosquilleo en sus narices, como si fueran purificadas al sustituir esa mezcla punzante de químicos por la caricia fresca y estimulante del olor de las hermosas flores.

Miyori pudo sentir cómo las manos de Billy se relajaban en su agarre al contemplar tan bello escenario, por fin parecía que todo iría bien. Extrañamente, no se veía a nadie trabajando en estos campos, pero Billy no le prestó la más mínima atención a esto, señaló a una estructura de cristal que se alzaba sobre una ligera colina no muy lejos de donde se encontraban. —Es por allí, señorita, están en el sótano de ese invernadero—.

Una vez en el invernadero, el frío penetrante del otoño dio paso a un calor agradable, aunque suficiente como para hacer sudar a los que se encontraban en su interior. No tenía plantas cultivadas y la tierra se encontraba bastante apelmazada, lo que facilitó divisar la trampilla del sótano en una de las esquinas del mismo. —¡Ya estamos! ¡Ya estamos!— dijo Billy con una sonrisa en su rostro. Tras sus palabras, se bajó de la espalda de Miyori. —Entraré primero para encender la luz, está oscuro ahí abajo—. Entonces abrió la vieja trampilla de madera y bajó de un salto.

Pasaron largos segundos que se antojaban minutos hasta que Billy llamó a Miyori de vuelta —No llego al interruptor de la luz… Baja y te indico donde está, pero ten cuidado que hay cosas tiradas por el suelo— Por fin podrían salvar a los padres de joven muchacho. Mientras todo esto estaba pasando, los marines llegaban al callejón donde encontraron el cuerpo sin vida de Arnold, comenzando a interrogar a los vecinos sobre lo sucedido.

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Cajita de tortuga



RE: [Aventura T3][PR] La ingenuidad de las flores [Miyori] - Miyori Hoshino - 10-06-2026

Tan pronto como encontré el final de aquel callejón, Billy me señaló un claro donde predominaba la luz, sin embargo ahora me dolían demasiado los pies y al mirar hacia atrás descubrí un rastro de sangre marcando mi camino, bajé la vista hacia el origen del ardor mientras corría apenas lo había sentido pero el dolor era punzante e imposible de ignorar, ¿cómo no me había dado cuenta antes?, claro, entre la suciedad, los escombros y el polvo de mi apresurada huida algo debió clavarse en mis pies, la adrenalina misma había ocultado el dolor.

Hermosas flores blancas cobraban vida ante el paisaje, meciéndose suavemente con la brisa de la estación, sin duda era una vista hermosa aunque aquel aroma artificial seguía impregnando el ambiente, aun así avancé ignorando el dolor que cada paso me provocaba.

El pequeño señaló entonces un invernadero de cristal que se alzaba sobre la colina, explicándome que sus padres se encontraban en el sótano de aquel lugar, solté un suspiro antes de continuar para seguidamente obligarme a correr pese al dolor, para acortar el camino atravesé el campo de flores blancas dejando tras de mí algunos pétalos teñidos de rojo por la sangre que escapaba de mis heridas.

Al entrar en aquella estructura de cristal el calor no tardó en envolver nuestros cuerpos, con cuidado bajé a Billy de mi espalda, el pequeño parecía feliz de haber llegado por fin, tanto que se apresuró a indicarme que entraría primero por la trampilla para encender las luces, pues el compartimiento inferior estaba completamente a oscuras. Por mi parte me quité la bufanda y m senté por un momento para aprovechar a revisar mis pies, retirando con cuidado cualquier fragmento que se hubiera incrustado cuando corría hacía aquí.

Al cabo de varios minutos escuché la voz de Billy llamándome desde abajo, me informaba que no podia alcanzar el interruptor de la luz así que me acerqué nuevamente a la trampilla, casi cojeando por el dolor que cada paso me provocaba, descendí con sumo cuidado, sujetándome donde podía y prestando especial atención al momento de tocar el suelo, antes de apoyar completamente el peso de mi cuerpo, inspeccioné la superficie en busca de cualquier objeto que pudiera empeorar mis heridas.


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RE: [Aventura T3][PR] La ingenuidad de las flores [Miyori] - Juan Sebastian - 11-06-2026

Miyori bajó con sumo cuidado por las escaleras, haciendo caso al aviso del joven muchacho, pero la oscuridad que la envolvía le impedía ver nada a más de un palmo de distancia. El momento en el que la bondadosa muchacha apoyó el pie en los adoquines que formaban el suelo del sótano, pudo sentir como si un cañonazo la arrollase con una fuerza desmedida. El devastador impacto mandó a la dulce muchacha volando hasta caer a un metro de distancia.

CLANNNCKK

El molesto sonido de una puerta metálica vieja y oxidada retumbó por toda la habitación justo antes de que se encendieran las luces. Miyori, recuperándose lentamente del golpe, ahora podía observar la habitación con claridad y la gente que se encontraba con ella. El habitáculo consistía en poco más que unos muros de piedra con una puerta en el centro y una luz chispeante en el techo, cualquiera que la viese podría describirla como una cárcel.

Lo que sí llamaba más la atención eran las acompañantes que tenía allí, cinco mujeres sucias y maltratadas, vestidas con harapos que hace mucho tiempo fueron blancos. Todas miraban al suelo, ninguna levantó la mirada, ninguna hizo el más mínimo movimiento al escuchar la irrupción de Miyori en la celda.

Entonces una voz adulta resonó en aquel sótano, —¡GAHAHAHA! ¡Qué fácil! ¡Qué sencillo! Me diste un buen susto cuando mataste al inútil de Arnold… Pobre diablo… ¡GAHAHAHA!—. Al escuchar aquella voz, las chicas encerradas empezaron a temblar de miedo, y pusieron aún más determinación en no levantar la mirada, era algo que les fue grabado con dureza dentro de los corazones. —Tendrías que haberte visto, llena de determinación para ayudar a un pobre niño—. La voz al otro lado de la puerta cambió de forma gradual de tono mientras continuaba hablando: —Señorita ¿Ayudará a mis papis? GAHAHAHA— Era inconfundible, aquella voz no era nadie más que Billy. —Ha sido mi mejor papel, deberías sentirte afortunada de haberlo visto tan de cerca…—.

Entonces, Billy apretaba los puños con dureza y dio un feroz golpe a la puerta que retumbó por toda la sala. —Y recuerda esto, querida Miyori Hoshino…— dijo con la voz de un dulce niño —¡¡NADIE MIRA AL GRAN BILLY DESDE ARRIBA!! Qué asco sentí mientras clavabas tus ojos desde las alturas… Con esa pureza… Con esa bondad… Qué asco…— remató con su voz adulta. —Pero no te preocupes, señorita… Apagaré esos ojos como hice con las otras… Después de todo, los compradores quieren esclavos obedientes ¿O quizá preferirías ser mi esclava personal? GAHAHAHAHA— Tras su monólogo, Billy se sentó en su silla de madera y empezó a beber ron de la botella que tenía en la mesa. Tras varios minutos en la habitación, resonaba el descuidado ronquido de Billy por el sótano…

De vuelta en el callejón

—¡Fue una muchacha pelirroja con un arco! — dijo una señora del barrio a los marines que inspeccionaban la zona. —¿Una muchacha hizo esto? Maldita sea… ¡Soldado Jenkins! Que los hombres se preparen para la batalla, seguiremos su rastro de forma inmediata—. El marine observó el rastro de sangre que había en el suelo y lo tocó con la punta de los dedos. —Está herida…—


Cajita de tortuga



RE: [Aventura T3][PR] La ingenuidad de las flores [Miyori] - Miyori Hoshino - 12-06-2026

Un fuerte quejido escapó de mis labios cuando sentí un golpe impactar contra mis costillas dejándome sin aire, no pude reaccionar o siquiera comprender qué estaba pasando debido a que todo estaba completamente oscuro, fui lanzada entre la penumbra hasta que sentí el suelo frío y húmedo para seguidamente escuchar un estridente sonido metálico de algo cerrándose, era un sonido parecido a cuando algo estaba demasiado oxidado y se escuchó como eco por toda la habitación, solo unos minutos después las luces fueron encendidas y ante mis ojos se reveló un escenario sombrío de muros de piedra y barrotes de una pequeña cárcel.

Mi mano se sostuvo en el costado de mi abdomen, intentando aliviar el dolor del golpe, me faltaba el aire y apenas podía mantener los ojos abiertos pero lo que más me atormentaba era la confusión que en ese momento se despertaba, no comprendía cómo había terminado de esta manera, privada de mi libertad, fue entonces que noté que no estaba sola puesto que en la celda había otras cinco mujeres, sucias y maltratadas, vestidas con harapos y con la esperanza extinguida en sus rostros, lo más inquietante era que mi presencia no las sorprendió en absoluto, para ellas verme allí parecía algo completamente normal.

Mi cuerpo se sentía caliente y frío al mismo tiempo mientras un torbellino de pensamientos consumía mi mente, aquel niño finalmente reveló su verdadera identidad, no era un infante sino un hombre de baja estatura que se hacía pasar por uno, reía con burla, orgulloso de haber logrado su cacería. Me acerqué a los barrotes de la celda, viendo cómo la imagen inocente que tenía de él se desmoronaba ante mis ojos. Había sido engañada… otra vez….

Tras sus últimas palabras finalmente comprendí que había caído en su juego, en esa realidad bajé la mirada y sin darme cuenta las lágrimas ya empapaban mis ropas, me sentía usada, furiosa e impotente, lo sentía todo al mismo tiempo sin saber a cuál darle prioridad a sentir, con mi frente apoyada en el suelo y abrazándome a mí misma, reprimir el llanto mientras me recriminaba una y otra vez por haber sido tan ingenua, ¿por qué nunca aprendía?, y ahora… sí ayudaba a estas mujeres, ¿qué me garantiza que no me traicionarán?, mi corazón mente me regañaba y mi corazón gritaba por hacer lo correcto… ayudar.

¿Qué hago… qué hago?, ¿Que se supone debo hacer?, ¿Qué es lo que necesito hacer ahora?,  miré al enano dormir complaciente ignorando por completo nuestra presencia y aquel escenario me recordaba demasiado a cuando casi fui esclavizada. Suspiré de manera pesada, tratando de pensar con la cabeza fría puesto que ya viví una experiencia similar a esta. Tomé mi arco y flechas, tratando de pensar sobre que hacer, sobre cómo defenderme, pensar en cómo salir de esa prisión y sacar a las mujeres que perdieron su esperanza, ¡¿QUE SE SUPONE QUE DEBO HACER?!, mis pensamientos me estaban ahogando mientras recorría toda la celda como león que espera poder salir de la misma, caminé, inspeccioné, no había nada que nos ayudara a salir, me acerqué con pasos ligeros hacia la cerradura del portón,  ¿Debería usar una flecha?, ¿un disparo sería suficiente para poder romperlo?, me acerqué ahora mientras palmeaba el orificio de la cerradura intentando pensar que hacer, una flecha no cabía ahí… necesitaba una —-- llave….. —-- dije de pronto como sí me vino el recuerdo a la cabeza, es cierto, a Billy se le había caído una llave de aquel barril minutos antes, no perdí el tiempo en analizar la posibilidad, me dispuse a buscar la llave que guardé para inmediatamente colocarlo en la cerradura, de esta manera sería el camino a la libertad.

—- Salgan de aquí…. —-- dije ahora sin ver a las mujeres mientras tomaba mi arco y flecha, aprovechando para salir primero de la celda, tenía la cuerda tensada como si estuviese a punto de disparar una flecha, mi único objetivo era el tontatta que estaba complacido en sus ronquidos, estaba a la expectativa de sus reacciones y movimientos, de tener la oportunidad saldría de ahí con o sin las mujeres, pero les di la oportunidad a ellas de salir primero por si el hombre despertara y complicaba todo, lanzaría una flecha en caso que intentase interponerse en la huida. La herida en el pie aún me dolía demasiado.

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