Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece
[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Versión para impresión

+- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com)
+-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3)
+--- Foro: Zona Especial (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=273)
+---- Foro: Skypiea (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=274)
+---- Tema: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano (/showthread.php?tid=3941)

Páginas: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31


[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Voz Seductora - 01-07-2026

[Imagen: DvdJrFa.png]



Día 2 de Primavera del año 18, 10:00
Cerca de la Knock Up Stream

Los ecos provenientes de distintas generaciones, y distintos puntos cardinales, retumban en el presente para dar forma a lo que conoceríamos como el futuro de la historia. Una vez más, y como es habitual cada cierto tiempo, y a pesar de los continuos y radicales cambios en la historia que se estaban gestando desde sendas partes del mundo, un único soberano, con la intención de que todos pudieran disfrutar de la paz y diversidad en su reino, Shandora, abre las puertas a su tierra de leyenda con el fin de convocar los juegos que servirían para reunir a toda clase de seres, entidades y de toda clase de facciones. Uno de los seis señores del Inframundo, Beff Jezos, también conocido como el “Dios del Reparto”, sería el que, como máximo representante de la compañía de “Nozama”, movilizara su gran flota para proveer de toda clase de víveres, suministros y materiales para que, tan aclamado evento estuviera a la altura. Y, como no podía ser de otra forma, el dueño del distrito del Transporte anda en búsqueda de personas de confianzas, capaces de movilizar sus barcos o, por el contrario, de cargar con la mercancía necesaria portando su emblema, insignia y velas.

En las distintas corrientes del Grand Line, casi todos los puertos de casi todas las islas recibían a responsables representantes del propio Beff Jezos, gente de su relativa confianza varios puestos por debajo en la cadena de mando, que traían consigo entregas de paquetería y grandes repartos de cajas, así como banderas insignia de Nozama, y salvoconductos acreditativos para permitir subcontratarse al magnate.
Pero ¿por qué hacerlo? Pues porque era la opción más lógica para poder continuar la travesía del Grand Line, ya que el Gobierno Mundial tenía un bloqueo de una gran flota después de la quinta isla de todas las corrientes, que dificultaría o imposibilitaría en muchos casos el acceso al resto del recorrido de la misma... y Skypiea era un lugar sagrado y vetado, imposible de acceder sin ser completamente destruido por su férreo soberano... a no ser que fueras uno de aquellos barcos que aportaba su granito de arena al capricho del monarca. Su mimado evento.

Todos aquellos que quisieran podrían, de una forma u otra, hacerse con la forma de conseguir dicho acceso, ya fuera colándose en alguno de los barcos oficiales o consiguiendo la licencia. Pero no habría otra forma de acceder, y todo aquel que intentase otro método, sería inevitablemente pasto de los peces, sin salvación posible.

Los barcos finalizarán su viaje sobre las aguas que hay bajo Skypiea, el día 2 de Primavera del año 18, y esperarán el fenómeno que los llevará hasta tal lugar. Los hilos del destino parecieran volver a entretejerse con ferocidad, pero quizá estuvieran tejiendo un entramado tapiz en el que todos pudieran tener su foco... o tal vez fuera simple desesperación enredada con el sufrimiento. Eso dependería de quienes se atrevieran a viajar al reino de Zarutsuki. El reino en las nubes. 



Siendo de los pocos navíos que partían desde Jaya, los piratas Sepultura, con malhechores de renombre como Kiyoshi, Rackham Uker ‘El Marcado’ y Varoganchín ‘La Epidemia’, los tres siendo capitaneados por el infame Eros Focalor, encontrarían un rápido y efectivo viaje hacia el punto acordado, camuflando y decorando su navío, el Black Widow, con los adornos, velas y banderas necesarias para acreditar que eran parte de la empresa de Nozama.

Pisándole los talones, y embarcando desde la misma isla y con la misma artimaña que la tripulación anteriormente mencionada, una banda - hasta el momento - sin nombre, mayormente conocidos por desatar el caos y la sangre allá por dónde pisan sus pies, se abrían paso a través de las aguas a través de Veðrfölnir, llevándoles así rumbo a su billete hacia las nubes. Sus dos integrantes, Sigurd ‘El Carnicero de Whiskey Peak’ y Ubbe, - seguidos por un pequeño ejército de sanguinarios criminales - eran piratas cuyos nombres empezaban a hacer eco en el tejido de la historia y que, su participación en los juegos, no dejarían indiferente a nadie.

Del mismo modo, un sólo hombre, cargando con la confianza de Sohem Burnedead, - además de cargar con la convicción de expandir sus negocios hasta el mismísimo cielo - partiría de la isla sin ley, estrenando su nuevo velero, el Jackpot, navegado por Kajimoto, un timonel contratado por el propio Señor de la Moneda. Onizuka Jin, un ejecutivo de dos estrellas junto al miembro de la Asociación Neurona, Shoto Data, debería demostrar de que era capaz ahora que contaba, no sólo con la atención del Emperador del Inframundo, sino además de todos los nuevos juguetes que había adquirido por su gran labor.

Algo más lejano de Jaya, allá por las desérticas tierras de Arabasta, a bordo del Royal Flush navegarían las - ahora más que nunca - deslumbrantes y renacidas piratas Valar. Y, aunque tardaron algo más de lo normal al contar con una navegante con problemas de orientación, la tripulación pirata en auge conformada por piratas como Maki Zenin, María Merlot y Hyakinthos acabarían llegando hasta el punto de encuentro, habiendo conseguido con éxito mimetizar a la perfección su navío.

En paralelo, y casi compartiendo el mismo nombre de navío, la valerosa División 60, conocida últimamente por haber detenido un intento de autocracia, se encaminaba rauda desde el mismo destino que los Valar, pero saliendo días después que la banda pirata, a pesar de que ambos llegaron prácticamente al mismo tiempo gracias a las increíbles maniobras del comandante Stroud, y el trabajo de los contramaestres Bertram y Moja, y del soldado Kibai. El Royal Quiver acabaría llegando hasta la zona designada, quedándoles nada más que la paciencia para que el momento de subir a los cielos llegara.

Desde otra corriente - pero quedando a la misma distancia que las dos tripulaciones anteriores -, partirían la banda pirata Hanu Māhana, capitaneados por Ryota ‘Slam Sun’ Miyamoto, y seguidos por una tripulación cada vez de más renombre - y de oro gracias a la hazaña de Barald - como lo eran Runin Kitay, Barald Kane, Tezca Norova y Yuuki. El casco de proa de su corbeta, el Aloha Kai - también camuflado para aparentar ser un barco de Nozama - rompían las olas bravas del mar hasta que llegar al punto en el que emergería el Knock Up Stream.

Aumentando en un grado más la distancia, desde la nevada isla de Drum, embarcarían raudos una banda que, a pesar de haber pasado algún tiempo de inactividad, el caprichoso destino de seguro que tenía algo preparado como al resto de los participantes. Los piratas Mano Vacía, que habían visto o la muerte o el abandono de gran parte de su tripulación, partían más seguros de sí mismos pues, a veces, cantidad no era sinónimo de calidad. A bordo de su velero, un Wu Wei - con las velas y banderas cambiadas para aparentar trabajar para la compañía Nozama -, los piratas Mano Vacía, compuestos por Bai Mudan, Zhang Guolao y Mahou Chikao llegarían de manera satisfactoria hasta el punto de encuentro.

Desde otra corriente pero quedando a la misma distancia que los Mano Vacía, una unida División 80 partiría desde la desierta isla de Kyodaina. Los mayores recolectores de cuero de la zona, a pesar de experimentar la reciente pérdida de unos de sus activos, Sigrid Birkinson, el resto de la división marina parecía estar más que preparada para afrontar tan aclamados juegos. El Ford’s Transit, transportando al capitán Enji, al comandante Juan Sebastian, y a los soldados Akira Raito y Masami Ami, se abría paso con absoluta confianza y seguridad a través de las aguas de la corriente Akai, hasta llegar al lugar de ebullición.

Desde el mismo punto, pero sin llegar a ser interceptado por la marina, el que en otrora fue un capitán pirata, Dharma ‘El Orador’, ahora un pirata solitario y habiendo estado algún tiempo en inactividad, encontraría su billete de ida a Skypiea en uno de los barcos oficiales de la empresa de transporte Nozama, debiendo ocultar bien su rostro y físico para que las alarmas de los empleados no saltaran. Siendo así el caso, el pirata que fue conocido en su día por ser un asesino a sangre fría, podría llegar con éxito hacia la celestial isla.

Del mismo modo, atracando dos barcos de Nozama en Matsuri, una fiel amante de la música, Miyori Hoshino, podría encontrar en la isla anterior a Kyodaina, otro billete de ida hacia Skypiea si subía a uno de esos barcos. No obstante, aunque su apariencia angelical podría llegar a hacerle parecer alguien inocente, al ser alguien con 40.000.000 berries por su cabeza además de haber cercenado - aunque de manera involuntaria - un par de vidas. Si no quería ser descubierta o que llamaran a las autoridades pertinentes, Miyori debería jugar sus mejores cartas para, yendo a bordo de ese barco, poder ascender sin ningún problema hacia la isla celestial.

La División 75, que había visto también reducidos sus números además no contar con un barco para transportarse hacia el lugar indicado, encontraría otra forma de zarpar al embarcarse en el barco de la compañia Nozama en Matsuri,- concretamente, en el que la pirata pelinaranja no se subió -. Gracias a que el capitán Shin, y los soldados Kael y Nyra eran tres marines de bien, al contrario que en el caso de Dharma y Miyori, su presencia e identidad no debía ser para nada ocultada. Más bien al contrario pues, los empleados, encontrarían sus vidas más seguras si iban acompañados de tan aclamados y apuestos luchadores por la justicia. Eventualmente, por supuesto, ese mismo barco alcanzaría el punto designado para ir a Skypiea.

Al igual que Dharma, en la misma isla de llena de festividad y júbilo, el antiguo capitán de los piratas Smokey, Cill ‘Hilo Rojo’ Blinton, navegaba en solitario, enfrentándose frente a viento y marea, a bordo de su barco el Red Cross. Quizás el evento de los juegos en la ciudad de Shandora, podía ser la oportunidad y excusa perfecta para buscar unir fuerzas a otros bravucones lobos de mar. O bien podía seguir navegando por el ancho y vasto mar como un lobo solitario. Fuera cuál fuera el caso, el pirata navegante de la goleta, aún con las inclemencias climáticas en su contra, acabaría llegando sano y salvo hacia el lugar acordado.

Por otro lado, en otra corriente, y en lugar mucho más lejano, un pequeño escuadrón revolucionario se encaminaría a participar también en tan dichosos juegos. Navegando desde la isla de vacaciones Elíseo, el escuadrón revolucionario Corriente Libre zarparía raudos hacia el lugar de encuentro después de haber experimentado en sus carnes como se encendía la llama de la revolución en la Primera Asamblea Revolucionaria. Los tres camaradas que apoyaban la causa, Kazan, Seraphin y Mizuki, navegaban a bordo del Rompecadenas - por supuesto, camuflado también - para llegar hasta la superficie del agua dónde emergería el Knock Up Stream encontrándose, como único contratiempo, el repentino malestar del wotan que le obligaría a reposar en cama.

Y por último, pero no menos importante, desde las lejanas tierras de Hachinosu del Nuevo Mundo, y siendo mandado por uno de los siete guerreros del mar, Ashura ‘La Catástrofe’, el más novato miembro de los piratas Mushoku, Bartolomeow, zarparía a bordo de un barco de la compañía de Nozama para ser partícipe de los juegos del soberano, con la intención y esperanza de fichar a algún bucanero cuya entrada a la banda pirata pudiera valer la pena. Al ser un miembro dentro de una banda pirata aliada con el Gobierno Mundial, los intentos de infiltración no serían para nada necesarios, siendo el participante de los juegos alguien bien recibido por la propia compañía.

Todos esos barcos habían cruzado el cordón militar del Gobierno Mundial, con buques propios y de la Marina custodiando la entrada a la zona del mar que daría lugar a unos de los fenómenos naturales más increíbles del mundo: el "Knock up Stream" un chorro perpendicular de agua a presión que surgiría del fondo del mar y llegaría hasta el cielo... en muy breves instantes. Los barcos se arremolinaban plegando sus velas entorno a un área de cien metros de radio de la superficie del agua que gorgoteaba y comenzaba a emular un estado parecido a la ebullición, amenazando a los presentes con explotar en cualquier momento y lanzarlos hacia el cielo. Literalmente.

El cielo estaba tornado de color negro, opacado por las enormes nubes de tormenta que no cesaban en precipitar agua a caudales en forma de una lluvia torrencial, que chocaba contra la madera de los navíos o con la propia superficie.


Hasta que, desde lo más alto de los cielos, las nubes comenzarían a retumbar y vibrar, sacudiéndose y fundiéndose junto a una melodía que parecía provenir desde el más allá, más arriba de las nubes de tormenta. Una sinfonía intimidante, en la que se unían en ocasiones cantos de tenores celestiales, se comenzó a escuchar sobradamente por toda la zona, opacando casi cualquier otro ruido o sonido que pudiera haber en ese entonces, al mismo tiempo que la superficie del agua comenzaba a burbujear, como si estuviera a punto de entrar en ebullición. Conforme la canción seguía avanzado y rompiéndose con cada nota, la superficie del agua se iba alterando más y más hasta que llegó al punto de que estallará, dando lugar a una violenta y gigantesca columna de agua, lanzando a todos los barcos hacia las nubes, mientras, el volumen de la melodía seguía aumentando cada vez más y más, hasta el punto de llegar a silenciar el rugir y el crepitar de la furia del mar. Estabais llegando a las puertas del la ciudad que lo observaba todo desde arriba. Al reino del Emperador del cielo.



Nota informativa:

Recordatorio del post de inscripción


Información para proceder



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Stroud Nanashi - 01-07-2026

Calma. En lo alto del castillo de popa del Royal Quiver, Stroud Nanashi permanecía detrás del timón, recto, empapado e impasible, su mano derecha asiéndose con firmeza a uno de los rayos del mismo. Iba ataviado con sus mejores galas, completamente de uniforme, de punta en blanco. Su mano izquierda sujetaba su pipa, Saltfin, mientras el comandante exhalaba humo pausadamente a través de su nariz. Las volutas de este no se deshacían instantáneamente en la brisa, como ocurría en los días de más viento, sino que se iban acumulando frente a su rostro y se iban deshaciendo, como hilos deshilachados, a medida que las atravesaban las abundantes gotas de lluvia que se precipitaban sobre los allí presentes. Los ojos grises del Marine observaban, en completo silencio y casi sin parpadear, absortos, las nubes aún más grises que se arremolinaban en la cima de los mismos cielos. La continua cortina de agua los empapaba a todos segundo a segundo, minuto a minuto, pegando sus mechones de pelo rubio a su frente y doblando el cuello de su camisa, que colapsaba hacia abajo, incapaz de mantenerse firme por el peso del agua.




A su izquierda reposaba un pequeño barril, que empleaba como mesita auxiliar, y sobre el cual reposaban las cartas náuticas que había empleado para triangular aquel lugar y, más importante, el último periódico, en el que Zarutsuki informaba del evento que los había atraído hasta allí. Las letras, sin embargo, apenas eran ya legibles, con la mayor parte de la tinta deshaciéndose sobre el papel barato y empapado. El agua cubría también las velas de la destartalada goleta, debidamente plegadas y recogidas desde hacía un buen rato, que ya no podía ocultar su antigüedad pese a sus más recientes manos de pintura y sus constantes cuidados, pero que, sin embargo, allí estaba. El Royal Quiver crujía bajo sus botas enceradas con la queja y los chirridos constantes a los que lo tenía acostumbrado, en el que cada tablón, cabo, mástil y clavo del barco parecía protestar ante la espera, sacudidos por el oleaje que golpeaba el casco, mientras el agua bajo la quilla se hinchaba y hundía en cadencia irregular.

Pasara lo que pasara, Stroud no se inmutaba ni se movía, pegado como con pegamento al timón, salvo para llevar su pipa hacia sus labios de cuando en cuando. Su respiración era inaudible, y su pecho apenas se levantaba cuando respiraba, en un estado de sosiego aparente casi completo. Sus ojos, sin embargo, estaban clavados en los regios cumulonimbos que descargaban el diluvio contra él y su División, como si no estuviera dispuesto a que se moviesen un centímetro sin su aprobación, como un cazador que observaba a su presa, por absurdo que resultase. El comandante esperaba con paciencia, como si estuviese a la espera de que hiciesen algo, de que echasen a correr en cualquier momento. Cualquiera que lo hubiese visto hubiera pensado que estaba vigilando a alguna clase de animal, listo para lanzarse hacia él.

Stroud aspiró con calma. Tampoco parecía prestar ni la más mínima atención ya a lo barcos que, progresivamente pero casi todos a la vez, se habían ido acumulando en torno a aquel punto en particular, en el que todos parecían coincidir que aparecería lo que habían esperado, la gran oportunidad. El extremo de la pipa ardió con un brillo breve, casi imposible bajo la intensa lluvia, como una minúscula luciérnaga roja iluminándose progresivamente, hasta que Stroud exhaló, y el humo se mezcló con el húmedo aire que lo rodeaba a medida que el brillo se apagaba de nuevo. Y, entonces, notó algo. La madera del timón vibró sutilmente; instantes después, un extraño sonido comenzó a bajar desde los mismos cielos, desde, aparentemente, aquellas nubes que contemplaba. Era alguna clase de melodía, o eso hubiera pensado el comandante si no hubiera dado por hecho que, simplemente, debía de estar perdiendo la cabeza. Aquello fue, sin embargo, como el pistoletazo de salida que lo sacó abruptamente de su ensimismamiento, y los ojos del joven volvieron a descender hasta la propia cubierta de su barco, observando el timón, y luego a sus hombres. Las mismas aguas habían empezado a curvarse en torno a la goleta, y el barco comenzó a crujir con pesadez.

"¡Asegurad cabos!," exclamó con su voz pétrea y monótona, intentando hacerse oír, pero acompañando sus palabras de su propia gestualidad, señalando con la mano con la que sujetaba su pipa, empleando la caña de Saltfin como un índice para apuntar, mientras la pequeña orca de madera continuaba humeando bajo la lluvia, dejando una pequeña estela gris tras de sí. El agua bajo el barco había comenzado a borbotear, como si hubiese comenzado a hervir de improviso. Sabía que era la señal. Tenía que serlo. Y, si no lo era, se irían al abismo. "¡Desplegad velas!," continuó, haciendo un ademán hacia Kibai y sabiendo que el leopardo entendería perfectamente, a estas alturas, lo que tocaba. Pese al abrumador y ensordecedor retumbar de aquella bizarra melodía celestial, que parecía opacar todo lo demás, no había urgencia, miedo o sombra de inquietud en la voz de Stroud. "Y no miréis abajo," concluyó, colocándose la pipa entre los dientes y pasando a sujetar el timón con fuerza con ambas manos, a medida que el barco empezaba a desplazarse. Algunas poleas golpearon contra el mástil, y Stroud notó cómo algunos barriles rodaban bajo sus pies, en la bodega. El viento, hasta entonces disperso, pareció comenzar a arreciar, aunque tal vez fuese simplemente por la abrumadora sensación de movimiento. Las velas, blancas y empapadas, se inflaron, chorreando agua sobre la cubierta y portando el orgulloso emblema de la División 60.

Stroud permaneció inmóvil, clavado al timón como si su vida dependiese de ello —y, en efecto, algo de razón tenía al pensarlo—, mientras el mar rugía frente al navío. Acompañada por un monstruoso bramido, como si el océano mismo hubiese explotado, una colosal columna de agua se levantó con indescriptible violencia de entre las olas, ascendiendo hasta las mismas nubes. Desde la quilla hasta el palo mayor, todo el barco pareció estremecerse. Stroud apretó los dientes sobre la madera de la pipa, mientras una gota resbalaba desde su flequillo hasta la punta de su nariz, sosteniéndose allí por algunos instantes, mientras contemplaba la Knock Up Stream.

El timón se sacudió con furia entre sus manos, mientras el barco parecía precipitarse hacia aquel titánico muro de agua y todo cuanto había a su alrededor era engullido por el ascenso, en un remolino de lluvia, espuma y viento. La mente del Marine estaba en blanco. Fuera lo que fuera lo que les esperase, ya no había marcha atrás posible. La popa comenzó a inclinarse, y después la popa, y después el costado, a medida que, a trancas y a barrancas, el Royal Quiver comenzaba su ascenso por aquella corriente como si de una continuación del mar se tratase, entrando en una posición vertical. Un barril salió despedido hacia babor, golpeó una de las barandas, rebotó y desapareció por encima de la borda, desvaneciéndose tras la pared de espuma. El timón giró con brusquedad homicida, incrustando astillas sobre los dedos del comandante, como si intentara romperle la muñeca o lanzarlo contra la baranda del castillo. Stroud apretó la mano derecha, clavando sus talones en la madera empapada, y dejó que la fuerza de la corriente lo atravesase, sin moverse del sitio, como si intentase domar un gran monstruo marino. Aspiró una última vez de su pipa, y la brasa ardió como un punto rojo, minúsculo y terco, resistiendo en medio del diluvio vertical, antes de que el humo que exhaló fuese arrancado de sus labios y se estirase en una línea pálida que se perdió hacia la popa inmediatamente.

"¡Aguantad!," exclamó inaudiblemente el comandante —y resultó difícil saber si lo decía por los demás o por sí mismo—, sus ojos grises fijos sobre la proa del barco pese al torrente de agua que los azotaba por todas partes, mientras el barco continuaba acelerando en aquella verticalidad absurda y parecía encaminarse hacia los cielos. La Knock Up Stream empujó el Royal Quiver con furia crecientemente compacta y dirigida, mientras el agua cesaba de golpear el casco y pasaba a sostenerlo y la espuma se colaba entre los tablones y los imbornales, entre los crujidos de la goleta. Cada reparación mal disimulada, cada tablón sustituido y cada cicatriz sobre el casco parecían lamentarse al mismo tiempo. El cielo se oscurecía frente a ellos, a medida que se aproximaban a aquel mar de nubes negras, casi en total penumbra. El uniforme de Stroud se pegaba a su cuerpo, y su cabello rubio se aplastaba contra su frente, mientras el agua lo empapaba y lo hacía chorrear hacia la popa, pero el Marine permanecía, a duras penas, firme tras el timón. Sin embargo, nada de ello resultaba ya casi audible, a medida que aquella melodía que provenía de las alturas lo superaba todo. Stroud estuvo seguro entonces: había perdido la cabeza.

Calma.



Off



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Enji - 02-07-2026

El destino tocaba a la puerta una vez más.

Llegaron en tropel. Un suceso único y particular, uno que perturbó el salvaje equilibrio de Kyodaina, la tercera isla de la Corriente Akai, y los puso en carrera a la próxima gran parada. Sucedió una mañana, al despunte del amanecer. Guarecidos en las primeras luces anaranjadas que cortaban el cielo y lo llenaban de brillo, la flota de Nozama apareció en el horizonte, vasta y organizada, pero muy lejos de cualquier destino comercial. ¿Estarían perdidos?, pensó. ¿O se trataba, acaso, de un engaño? ¿Una ilusión psicótica? ¿Había recogido tantísimo cuero que estaba empezando a perder la cabeza? Meses en aislamiento podían enfermar a cualquiera, pero ellos, por suerte, no estaban solos en esa isla de monstruos gigantes. Se tenían los unos a los otros, y Dios sabía lo entretenido que podía ser pelearse con Juan, discutir con Akira, bailar con Masato o…

En fin, no todo podía ser divertido.

Nozama, supieron más tarde ese mismo día, estaba ahí con otros motivos. Motivos, por supuesto, empresariales. La noticia sobre los Juegos del Soberano en Skypiea volvió a cobrar relevancia en ese momento. Beff Jezzos había puesto a disposición del conocidísimo evento gran parte de su flota y ahora, viendo la oportunidad, representantes del Emperador del Inframundo —O noble empresario—, ofrecían la oportunidad de visitar la isla del cielo subcontratándose al magnate. El Ford’s Transit sería otro más de los muchos barcos que llevaran mercancía al reino de Zarutsuki, y ellos, por supuesto, subirían con él.

El “debate” sobre qué hacer duró menos que las ensaladas en el plato de Juan. La decisión fue unánime: La GLORIOSA División 80 visitaría la isla legendaria que dormía en las nubes.

—¡Oe! Deja de soñar despierto y mueve el caparazón, Juancho.

Los últimos fríos estaban en auge, y, aún así, llevando y trayendo cajas se sudaba la gota gorda. La bodega estaba repleta. Enji dejó caer una de las últimas comandas en la cubierta, suspiró y se secó el sudor de la frente.

—Amigo, el mar es enorme. Puede haber mil cangrejos, mil tortugas… pero ¿un cangrejo-tortuga? —Pasó a un lado de su compañero y le dio un manotazo en la espalda, firme pero inofensivo para alguien tan resistente como Juan Sebastian—. De esos sólo hay uno.

Del elástico de sus calzoncillos —porque, cómo no, su uniforme había desaparecido después de diez minutos subiendo cajas—, sacó un cigarrillo. Uno rubio, fino, y no los típicos cigarros anchos de tabaco armado. Esos estaban muy caros y eran más difíciles de conservar. Mordió el filtró, encendió el mechero y le dio vida a una pequeña brasa anaranjada sorbiendo humo de sus entrañas. Lo paladeó y suspiró al tiempo que se rascaba el cuello con la otra mano. Menudo gustito.

—Parece que eso era todo. ¡Preparados…! ¿Ah? ¿Qué son esos?

Se acercó a ver lo que Juan tenía para ellos. Lo había visto trabajando el cuero los últimos días y mentiría si dijera que no le despertó cierta curiosidad el nuevo invento de su carismático tortugón, que guardaba el secreto con recelo hasta tener la pieza lista.

Eran botas.

—Juancho, ¿ahora eres modista?

Un nuevo par de botas, mucho más cómodas y fuertes que el calzado estándar que les brindaban en la marina. Vio el cuero trenzado en la horma y apelmazado en la suela, dotándolas de una mejor amortiguación del peso. Se las probó y, como no, le andaban perfectas.

—¿Me sacaste la medida de los pies mientras estaba durmiendo? Tortuga del diablo, ¡shihahaha! ¡Esto se siente bien! —Daba unos saltos cortos en el lugar para probar su nuevo juguete. También ejecutó unas patadas simples—. Son muy ligeras… Te pasas, grandote. En la próxima isla te voy a pagar una cena: ¡Todos los mariscos que puedas comer!

Saltó alto, mucho más alto que antes. Se elevó veinte metros en el aire y aterrizó sobre el mástil. Desde allí, volvió a dar una calada al cigarrillo, hinchó el pecho y gritó:

—¡LEVEN ANCLAS, HIJOS DE PUTA! ¡Y ASEGUREN LA BANDERA DE NOZAMA! ¡NOS VAMOS AL CIELO DE LOS DEGENERADOS!



Pasaron días, y no fueron pocos, hasta que las otras embarcaciones de Nozama les informaron que estaban cerca de su destino. Varios días viviendo en el barco, apretados entre las enormes cajas de cargamento, la pinza de Juancho, las botas de Masato y las mil cremas que usaba Akira. Eso ayudó, en parte, a sentir menos la ausencia de su compañera. El Ford’s Transit se sentía un poco más frío desde que dejaron atrás a uno de los suyos, pero ninguno dejó que la tristeza del adiós les apagara el ánimo a las puertas de una nueva aventura. La vida tenía un plan para todos y, al parecer, el camino de la buccaneer debía separarse del suyo para cumplir ese sendero, mas nunca dejaría de existir la marca de la médica pelirroja en la división.

El último día, bajo la tempestad de la tormenta, llegaron al meollo del asunto. El nexo entre generaciones. Un único punto en el mar, una coordenada precisa, donde el Knock Up Stream tendría lugar. Tan o más extraña que la icónica Reverse Mountain, la corriente ascendente que los llevaría a Skypiea estaba bajo sus cascos, agazapada, merodeando a la flota que se había apersonado al lugar bajo una misma bandera: Nozama.

Y una bandera extraoficial.

La maldita ansia por conocer el cielo.

—¡Ya estamos aquí! —anunció Enji, su cuerpo desnudo empapado bajo la lluvia torrencial que los cobijaba. El chaquetón de capitán descansaba en sus hombros y un cigarrillo apagado entre sus labios, víctima del aguacero—. ¡No sé cómo carajos vamos a llegar a Skypiea, pero dudo mucho que una mano gigante vaya a bajar y recogernos! ¡Aseguren bien todo! ¡Comprueben las cuerdas! ¡Rubiales, te quiero firme en ese timón! ¡Masato, ve adentro y asegúrate de que la carga esté estable! ¡Vigila que Ford no sea aplastado por ninguna caja! ¡Usa tu cola! ¡Y HABLO DE LA DE SERPIENTE!

La sonrisa yacía permanente en su rostro, preso de la emoción y una adrenalina similar a la que experimentó el día que llegaron a la Gran Line. ¿Una isla en los cielos? La tierra de un shichibukai, la empresa de uno de los hombres más ricos del mundo… todo en Skypiea eran oportunidades.

—¡Hoy vamos a pisar el cielo! —declaró, agarrado a la barandilla del barco, cerca de proa y a estribor—. ¡Y mear en la cabeza de los dioses! —Un trueno estalló a su espalda y los tenores celestiales resonaron. Enji levantó el puño de la mano derecha—. ¡CANTEN CONMIGO!



¡Solo y triste bajo el sol!
¡En la playa busco amor!
¡Debe haber un lugar para mí!
¡Gentes vienen, gentes van!
¡Olas, agua, luz y sal!
¡Y en mi piel, el calor sube más!


¡DE PRONTO, FLASH-AAAAHHHHHHHHHHH!

La corriente ascendente, el Knock Up Stream, explotó en ese momento. Justo cuando Enji se sumergía en el estribillo.

—¡HIJO DE SU… FAAAAHHHHH! —Se sujetó de la barandilla con las dos manos, sosteniéndose apenas contra la fuerza de la inercia que lo quería arrancar del suelo y arrojarlo contra el fondo del barco. Levantó la cabeza como pudo y sus mejillas ondearon al embolsar el aire que le pegaba en la cara, mas se negó a apartar la mirada del frente—. ¡Puaj, me comí un bicho! ¡ME CAGO EN LA PUTAAAAAAAA! ¡JUMANJIIIIII!

off



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Juan Sebastian - 02-07-2026

OST
Alguna semana antes de llegar al punto de encuentro, En Kyodaina

La primavera ya estaba por llegar y, con la llegada de la misma, nosotros nos iríamos de esta maldita isla. Después de varios meses en este lugar inhóspito, carente de vida inteligente más allá de mi querida división, algún que otro sucio criminal y, lo peor de todo, banqueros, por fin había llegado la hora de partir. Y ni más que menos que a Skypiea, una isla en el cielo, se sentía como vivir un sueño, como estar en uno de los cuentos que mi madre me leía cuando era pequeño.

—El cielo…— pensé con aire fantasioso. —Juan Sebastián, el primer cangrejo tortuga en llegar al cielo —me dije a mí mismo mientras cargaba cajas en la cubierta de nuestro precioso barco. Al dejar caer la última de las cajas que tocaba subir, me sequé el sudor de la frente, con la satisfacción del trabajo bien hecho. —Espera… ¿Hay más cangrejos tortuga? —pregunté mientras mi capitán pasaba por mi lado, no pudiendo evitar reír tras su razonamiento. Diría que me sorprendía verle en calzoncillos, pero, para qué mentir, llegados a este punto me resultaba más sorprendente verle vestido que en paños menores.

Con todos subidos en el barco, recordé que tenía algo para Enji, Akira y para… Bueno, ahora que Sigrid se quedó atrás, solo para ellos. —¡Chicos, tomad! —dije al tiempo que les lanzaba unos pares de botas a cada uno. —Me han quedado de lujo, jejeje. —Había preparado otro par de botas, pero Masami ya tenía unas espectaculares. Algún día trataría de hacerles un apaño, pero el deber nos llamaba y no teníamos suficiente cuero; nunca era suficiente cuero… Me guardé las que me habían sobrado; nunca se sabe cuándo puede hacer falta un buen calzado, después de todo.

—Modista… A ver, bonitas no son, pero traté de hacerlas funcionales, probadlas, a ver qué tal os van. —Les sugerí con orgullo a mis compañeros, me encantaba sentirme útil y no era algo que tratase de ocultar.

Ante las órdenes de mi admirado capitán, no dudé en agarrar la cadena de hierro que ataba el ancla al Ford’s Transit para subir la misma con mi propia mano (junto con mi pinza). —¡Masami! —grité con fuerza, para que mi compañera, que se encontraba algo lejos de mi ubicación, me pudiese oír con claridad —¡Iza las velas! —Aunque aún le faltase algo de entrenamiento, sabía que ella era la mejor capacitada para esa tarea, después de todo, Akira tenía que estar a cargo del timón lo antes posible, y ya estaba atareado con la bandera del grupo Nosequé. —¡Al cielooo! Uuuuuhuuuu… Espera, ¿Cómo se llega al cielo?


En mitad del mar, días antes de llegar

Durante uno de los días de viaje, pude relajarme leyendo el último periódico. —Se han cargado al doctor ese —dije con cierto asombro. —Y van a ejecutar a Yojimbo. —pensé mientras recordaba aquella hazaña del héroe Joe Joestar. Aparte de las recompensas de María, Maki y Miyo, algo más llamó mi atención. —¡Akira, mira esto! Las tripulaciones de Dharma y un tal Cill han sido disueltas, jejeje. Le está bien merecido a esos bastardos.


En el punto de encuentro con el resto de barcos de la compañía

Tras alguna semana de viaje, nos acercamos por fin al lugar indicado, una tarea que habría sido imposible sin la guía que nos habían hecho los otros barcos de ese empresario. Si algo noté durante el viaje es que el barco se sentía… Vacío. Después de todo, el hueco que dejaba Sigrid era enorme, y no precisamente por su tamaño, la alegría inocente de la que hacía gala era algo difícil de olvidar.

Al contrario del clima que teníamos cuando salimos de la isla, una feroz tormenta arremetía contra nosotros, pero eso no hacía decaer el ánimo; después de todo, si por algo destacaba nuestra división, era por nuestra actitud.

—De pronto, flash.
La chica del bikini azul
De pronto, flash.
Cambió el color del mar—

Mientras hacíamos nuestro mejor esfuerzo por mantener el barco a flote, una armoniosa melodía empezó a escucharse en la zona. ¿Sería cosa de alguno de los otros barcos que se encontraban agrupados en la zona? Imposible, la melodía parecía caer del cielo como la lluvia misma. ¿Acaso había muerto y los cielos reclamaban mi llegada? Sea como fuere, me limité a acompañar el cántico de mi capitán y de la tripulación. Puestos a morir, que fuese cantando.

Pero de un momento a otro mi boca se selló, tras el abrupto burbujeo del mar, el agua… Explotó, acompañada de un poderoso estruendo y creando una corriente ascendente con una endiablada fuerza. Si tuviera que compararlo con algo, sería con la bajada de la Reverse Mountain, pero en esta ocasión era un empujón mucho más poderoso que lanzó nuestro barco por los aires. En un intento por no salir despedido, me agarré al mástil con mi pinza, logrando sujetarme con fuerza mientras las gotas de lluvia chocaban con mi caparazón como si de agujas se tratasen. 

Cajita de Tortuga



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Hasegawa Shin - 02-07-2026

Cada huella en el camino dejaba una historia que contar.

Y estaba listo para caminar en los cielos.

Se aferraba a un mañana nunca visto, atesorando sueños que durante instantes supieron pertenecer a nadie. Por ello entendió que llegar a los juegos del Soberano le abriría puertas que jamás habría imaginado en su crecimiento de oro tras la protección del lejano Reino de Sorbet, isla donde aprendió a ponerle nombre otra vez a esos objetivos distantes que habían muerto con Himari, apoderándose de lo que él creía, era su destino.

El periódico en sus manos resultaba muy claro con ello, y no era la primera vez que leía anuncios sobre lo que se pretendía llevar a cabo en Skypea, pues el Shichibukai mismo, Zarutsuki, había informado a la Marina sus deseos por concretar otro evento deportivo y respetuoso de cara a todos los asistentes, y si bien, nunca le gustó ese cargo puntual, teóricamente debía ser algo llevado por el Gobierno Mundial, y no una rama descaradamente corrupta, como lo sucedido antes de cruzar hacia el Grand Line. Bajo ese contexto, la División Setentaicinco debería ponerse en marcha, con orden directa del Comandante Hasegawa Shin, al frente del grupo al instante en que los barcos con el estandarte de la compañía Nozama hicieron acto de presencia ante los puertos de Matsuri.

Obvio, el albino ya se había encargado de informárselo al resto.

Recapitulación de los hechos


—Ayudemos a esta gente con los preparativos. Yo voy a cargar nuestro equipaje, luego veré qué más necesitan. Intenten no olvidarse de nada, si de verdad iremos hasta allá arriba, hay que contar con que quizás no bajaremos pronto. —les guiñó un ojo a ambos, y se dio la vuelta para cumplir con su palabra, aferrándose a su collar por debajo de la camisa, un fiel recuerdo de todo lo que había pasado en Matsuri, y claro, los eventos que en primer lugar los llevaron hasta allí.

No tardarían al final en abordar uno de los barcos de la empresa Nozama. Al menos Shin intentó que sea un proceso dinámico, tanto con el personal como cualquier posible carga, siendo de los últimos en subirse, cerciorándose de que todo esté correcto y en condiciones. Desde ese punto, abandonarían aquella isla de la corriente Akai hasta quién sabe cuando, imaginaba que quizás no volverían nunca, pero estaba bien con ello.

Al final, su sueño lo seguía movilizando, una y otra vez.



El viaje sería más largo de lo que acostumbraba, y entre baños obsesivos y el estreno de nuevas colonias igual de intensas pero agradables (y caras) Shin se movía por la totalidad de la embarcación. Inquieto, ansioso pero sobre todo, hiperactivo, pocos eran los momentos en donde se sentaba a hacer algo más que molestar al resto de personas, o incluso ligar como pasatiempo con alguna de las trabajadoras, aunque sin concretar nada, pues estaba aburrido y poco más.

Y en uno de esos instantes atípicos, a no mucho de llegar hasta el punto en donde las nuevas generaciones convergerían, se dignó a repasar otra vez el periódico, sumando una re-lectura de los wanted actualizados. Entre la noticia del asesinato de un Shichibukai y la ejecución de Yojimbo, o relatos sobre la valerosa División Sesenta, sus ojos cerúleos siguieron repasando aquellas hojas hasta ver el abultado número que una de las personas más especiales que jamás conoció poseía a modo de recompensa por su cabeza.

Sintió un flechazo en el pecho, pero del negativo. Lo que observaba detrás de sus gafas de sol era el bello rostro de María Merlot, confirmando la punzada de sospecha que tuvo respecto a Maki y a ella, siendo que la primera tenía un wanted todavía más alto. Suspiró con pesadez, ¿cómo se le había pasado algo así? Si bien, eran tiempos ya lejanos en distancia a su presente, en donde habían aparecido nuevos enemigos y responsabilidades prioritarias, ese ansiado reencuentro con la mujer que lo había dejado plantado ahora encontraba un nuevo significado.

Sentado en una silla sobre la cubierta del transporte dispuesto por Nozama, suspiró, y abruptamente exclamó sus sentimientos —¡AAAAAAH! ¡Eres una tramposa, María Merlot! —las gafas no ocultaban su resignación, dejándose caer en la superficie que lo sostenía como si fuese un trapo que se arrastraba a causa de la gravedad. Pero con un gesto totalmente decidido, e ignorando el fracaso tras la promesa que se hacía a sí mismo, exteriorizó su voluntad, poniéndose recto y apretando el periódico a modo de... hacer drama, para qué mentirnos. Shin sonrió, escondiendo hasta de él la incertidumbre y el miedo que sentía por la vida que la pirata peliazul había decidido vivir, lo que explicaba el motivo tras sus intenciones.

—Bien, seré yo quien te capture.

Otro motivo para bajar vivo de Skypea.



Desde que se cruzaron aquel cordón militar se mantuvo en las afueras del barco, observando todo lo que sus ojos pudiesen captar. Lo cierto es que nunca había visto tantas embarcaciones marines juntas como con aquel bloqueo del Gobierno Mundial, una demostración de lo bien coordinados que pueden ser si las órdenes vienen de una cadena de mando alta. Cierto orgullo comenzó a recorrerlo ante ello, sin embargo, no fue más alto que sus expectativas por llegar hasta el punto más elevado del mundo, pues la entrada al reino de los cielos se encontraba más allá de aquella barricada de barcos, sitio por el cual pudieron pasar sin muchos problemas al tener todo en regla.


No distinguió el momento en que comenzó a llover, pero las gotas lo empaparon rápidamente. Su cabello albino ondulaba ante el viento, y el cielo negro hacía parecer que la entrada al reino oculto más allá tendría como última prueba un pequeño infierno.

Hasegawa se mantuvo sonriente, confiando en quien dirigiese aquel barco al sitio designado. A medida que se acercaban seguía recordando todo lo que los llevó hasta allí, cada buen momento o nueva habilidad haciéndolo sentirse un paso más cerca del objetivo final. Esa luz que lo envolvía cuando brillaba más que nadie había dejado de ser sólo un poder, especialmente cuando su sueño contemplaba la idea de iluminar el mundo entero. Era un fulgor que sostenía entre sus manos y al mismo tiempo, encendía su corazón. Y por ello debía protegerla.

Entre esos pensamientos, y a la expectativa de una extraña ebullición del mar, habían llegado al Knock Up Stream, un sitio desde donde ese punto marítimo parecía querer hervir, o levantarse súbitamente como si fuese un géiser. Su uniforme estaba inundado de agua, pero al mismo tiempo se abrigó bien aún portando los símbolos de la marina, junto a un bolso con su equipamiento médico, y fue en ese momento, cuando ya no sabía qué esperar, que algo fue distinto, extremadamente inusual en comparación de todo lo que acostumbraba. Imaginaba la misma sensación en las personas a bordo de los navíos en los alrededores, pero Hasegawa estaba centrado en el cielo, pues de ahí caía el oleaje de sonidos, incluso tuvo que ajustarse las gafas debido a la incredulidad, acomodándolas sobre sus ojos y protegiéndolo de la lluvia.

Cantos tenores, prácticamente angelicales, venidos desde el cielo y apoderándose del mismísimo sonido. Nada más que el vibrar de las nubes era percibido por sus oídos, abriendo la boca a modo de sorpresa y tratando de encontrar explicaciones a la música ofrecida por el reino en la cima del mundo. Por supuesto que no descubriría el origen de aquello, no al menos si se quedaban en el agua, y por ello a medida que la inspiradora música iba rompiendo sus notas, en una intimidante bienvenida (o eso quería creer), el mar realizó otra de sus inenarrables proezas, alzándose hacia Skypea con una fuerza que no podría explicar, y sólo encontraba un equiparable cercano en los relatos que sus compañeros le regalaron del Reverse Mountain. —¡Nyri, Kael, abróchense el cinturón, esto tiene pinta de que será increíble! —con una sonrisa desafiante, y plena confianza de sus capacidades, se tomó unos segundos adicionales para observar esa maravilla en lo que llegaba el turno de la embarcación donde iban.

[Imagen: 2363a0aa-c383-4786-8266-1a1041258516.png]

—Esta vez no me lo voy a perder.

Iba a grabar en su memoria el momento en que cruzaran los cielos a diferencia del paso hacia el Grand Line, donde estaba inconsciente. De esa manera, y cuando el barco por fin se puso en movimiento, se aferró con fuerza a una de las tantas barandillas, experimentando el acercamiento al mayor hito que había vivido hasta ese instante, deseando convertirse en otro caminante de los cielos.

Cayeron en la órbita de la Knock Up Stream, y la adrenalina desbordante en su pecho fue súbita, elevándolos hasta lo desconocido con una fuerza descomunal. No tenía idea de que un barco podía someterse a semejantes fuerzas, pero desde luego, la emoción vibrante en todos sus sentidos, acompañados de la melodía, se convertía en la experiencia no combativa más adrenalínica de su existencia, expresándolo en la emoción de sus exclamaciones —¡WUUUUUUJUUUUU! ¡BAJEN DE NUEVO, QUIERO REPETIR ESTO! —parecía un niño pequeño disfrutando de un parque de atracciones, en primera fila de los juegos más peligrosos.

Sin comprender del todo, que todavía faltaba lo mejor.

Un paso directo por los juegos del Soberano.

Let there be light



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Bertram Gaufrid - 02-07-2026

El joven marine de la división 60, un arquero que partió de su isla natal al perder a toda su familia a manos de un ataque pirata, se halla en el barco comprado junto a sus compañeros de la marina, una goleta que los acompaña desde el origen de la división, antes de pasar a ser la división 60, cuando aún eran la 84. Pese a que el arquero no llegó a presenciar, pero sus abuelos, antes de fallecer, dejaron una nota escondida y escrita con sus últimas fuerzas explicando al joven pelirrojo lo sucedido y que su hermana adoptiva, Titta, había logrado escapar, motivando su viaje en su búsqueda. En un inicio pensó en viajar por el mundo y ganarse la vida atrapando piratas y criminales de forma independiente, sin estar ligado a nadie ni a ninguna organización, pero algo en su interior le impulsó a cambiar su punto de vista, en lugar de solo atraparlos por dinero, el joven decidió unirse a la marina y hacer todo lo que pueda para evitar que otros pasen por lo mismo que él. Pese a ese objetivo tiene sus principios a los que no traiciona, y de base evita asesinar a los criminales a sangre fría, lamentablemente la mayoría actúa de tal manera que el joven no puede evitar matarlos durante el combate, o acaban tan heridos que la gente a la que dañó es la que termina con su vida, como el hombre que robaba los animales en la isla de Drum y que mató a un civil inocente tras disparar a Rasmussen.

Tras los últimos actos de la división 60 en Drum, los marines parten hacia la arenosa y calurosa isla de Arabasta, donde pretenden seguir sus aventuras y sus labores, aunque lo único que llega a hacer al menos el arquero pelirrojo de la tripulación es pasar un día entero reuniendo materiales, y luego fabricando algunos objetos de cara al futuro. Tras eso es que mediante un periódico descubre la noticia de lo que está por suceder en el cielo, por muy increíble que parezca sí que es viable acceder a una especie de isla al cielo siguiendo un camino concreto, muy poco común y tremendamente peligroso, casi más que el cruce al Grand Line por lo poco que conoce el joven arquero de esos temas. El joven, al igual que el resto de la división se encuentra a borde del Royal Quiver, la fiel goleta que sigue ahí, llevándolos a todas partes pero con marcas de sus viajes y trotes, marcas de las reparaciones que fueron necesarias, tablones crujiendo al caminar, y las amarras resistiendo impasibles a pesar de todo el esfuerzo que han hecho hasta el momento.

Tras partir de las calurosas aguas de Arabasta los marines se aventuran hacia una zona donde se supone podrán encontrar la forma de acceder a una isla en los cielos, donde parece se están organizando una especie de juegos a manos de alguien que parece disfrutar de ese tipo de eventos. El joven arquero al saber lo posiblemente peligroso que puede resultar el siguiente viaje decide asegurarse que su fiel montura esté segura y cómoda en la bodega, eventualmente si logran hacerse con un barco mayor quizás tengan más espacio para que el pobre walkie blanco pueda estar más cómodo sin compartir la bodega con el resto de los objetos, aunque por precaución el animal está en una zona donde si se agita el barco y los barriles empiezan a moverse no le harán daño. Tras un raudo viaje gracias a la gran destreza y las grandes dotes navegadoras de Stroud, los marines de la división 60 se hallan ya en el punto indicado para acceder a lo que parece ser una corriente única y peligrosa. El joven arquero se apoya en uno de los laterales del barco, completamente tranquilo, acostumbrado a que a veces el clima no ayuda, sobre todo después de lo que vivió tras su misión en el pueblo Bighorn donde el propio clima de la isla lo heló por completo e hizo que perdiera parte de su potencia. Al igual que el último viaje así que pasaba por una corriente concreta, el cielo está cubierto de nubes, cargadas y lloviendo, mientras que el marine se mantiene sereno en su puesto, sus ojos avizores atentos al entorno por si acaso pasa algo, aunque lo que más le llama la atención es el estado del mar, no es un experto en navegación ni en corrientes, pero sí sabe que el agua del mar no suele estar en un estado similar a agua hirviendo en una olla, a punto de estallar.

Con un vistazo al entorno el joven arquero puede ver como varios barcos parecen estar llegando al mismo punto, todos ellos parecen pertenecer al mismo grupo de embarcaciones, algo así como los barcos comerciales que se usaron en el cruce a estos mares hace ya tanto tiempo cuando el marine cruzó con sus compañeros de división en el mismo barco que llevan ahora. Bertram se rasca tras la cabeza en un momento antes de seguir revisando su nuevo arco, un arco propio hecho por él mismo a mano en Arabasta en lugar de comprar uno propio, si bien sabe que hay arcos mejores que el que acaba de fabricar prácticamente, prefiere un arco hecho a medida para él y luego ir mejorándolo poco a poco con sus conocimientos a un arco común y corriente, pues al hacerlo él mismo puede hacerlo a su preferencia, además que tiene un cierto sentimiento de satisfacción en conseguir crear cosas por sí mismo, algo que complemente sus instintos de cazador. El aire agita su largo pelo rojo que se encuentra empapado y en un momento se escucha la voz de Stroud entre los rugidos del viento y una extraña melodía que envuelve el lugar dando indicaciones para preparar la embarcación para lo que se avecina.

El arquero se mueve ágilmente por el barco, colocándose el arco a su espalda y empieza a asegurar los cabos, comprobar todos los enganches del barco y las velas, mientras Stroud sigue dando indicaciones y moja y Kibai se reparten el resto de tareas. El joven arquero observa el barco y presta atención al entorno, viendo como las nubes parecen ocultar algo distinto a lo habitual, como si fueran un verdadero presagio de lo que se avecina. Y de pronto, sin más aviso que una agitación más fuerte en el agua, una enorme columna de agua desafía por completo lo que el marine sabe de las leyes de la física y se alza violentamente hacia el cielo, atravesando las nubes y perdiéndose entre ellas mientras arrastra todos los barcos de la zona consigo. Bertram logra agarrarse hábilmente a las flechastes de babor para asegurar su firmeza en el barco y evitar salir despedido a una muerte segura, pues incluso si cayera desde una altura relativamente baja, si cae al mar no tiene forma de salvarse.

El barco cruje por todos lados mientras es empujado violentamente por la potente columna de agua conocida como Knock Up Stream, notándose lo mucho que aguanta el barco y lo mucho que aguantó desde el primer viaje tomado por los marines a borde de su fiel compañera, la Royal Quiver, siempre avanzando como una flecha, un nombre apropiado para una división fundada por un arquero y que actúa como una flecha de justicia. El viento se vuelve cada vez más violento, pero ni siquiera la fuerza ensordecedora del viento logra sobreponerse a esa misteriosa melodía que cada vez suena más fuerte y cercana conforme el barco va subiendo por una terrible corriente que parece no seguir ninguna ley natural. El joven Bertram mira al horizonte, la mirada siempre al frente determinado a avanzar sin preocuparse por lo que hay atrás y no encontrando motivos par ano hacer caso al aviso de Stroud de no mirar abajo a lo que con una sonrisa dice

-Comandante, al igual que mis flechas no tengo por costumbre mirar atrás, y actualmente abajo es mirar atrás. No es que sirva de algo, sir. Nuestro destino está arriba, sobre esas inmensas nubes donde seguiremos siendo fieles a la justicia, seremos las flechas que abatan el mal.-

Sus palabras apenas superan el sonido del viento, el agua y menos aún de esa extraña melodía que va engullendo todos los demás sonidos como cuando el viento engulle los sonidos por su fuerza y distorsionar las ondas de sonido. Ya no hay vuelta atrás, el barco ahora solo tiene dos destinos, llegar arriba o estrellarse contra el mar.

Carcaj de información



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Bai Mudan - 02-07-2026


El Wu Wei se mecía bajo el yugo germinal de una tormenta, gimiendo entre los lomos de un mar que ya empezaba a gorgotear y el rítmico e hipnótico golpeteo de las gotas contra la cubierta. A su alrededor, varios navíos —al igual que el Wu Wei— portaban las velas de la compañía Nozama, resistiendo al envite de los elementos a la espera de que el Knock Up Stream emergiera de las profundidades.

Pero ella estaba ansiosa, aun cuando todo su ser permanecía inmutable.

De repente, el velero se balanceó ante la renovada fuerza de la ensordecedora cortina de agua que se desplegaba sobre ellos y que, con presteza, terminó devorando el horizonte hasta borrar la figura de las demás naves como si jamás hubieran existido. Y, sin embargo, contra toda lógica, el rítmico chapoteo de unas pesadas botas lograba perforar semejante muro de ruido. Era alguien caminando hacia la proa con una cadencia asombrosamente tranquila que ignoraba por completo el caos que sacudía la cubierta.

El Wu Wei volvió a balancearse.

Entonces, sobre la estructura de la proa, una colosal silueta emergió con la grandeza de un monolito antiguo, pareciendo brotar de las mismísimas cuadernas de la embarcación. Era Bai Mudan. La misma que, de un golpe seco, hizo retumbar parte de la madera al colocar su bota sobre la baranda y clavar la mirada en el océano; desde su posición podía observar que todavía no había llegado el momento, pese a que la columna de agua estaba a punto de nacer. Su mirada vibró por un instante al comprender que aquella bestia líquida ascendería más de siete mil metros hacia el firmamento, como si el océano entero quisiera tocar las estrellas. Se llevó la mano izquierda al muslo y se inclinó hacia adelante. Bajo sus pies, la presión sería en breve monstruosa: seiscientos ochenta y seis bares empujando contra la madera, intentando fracturarla, ansiando convertirla en astillas... Una energía indómita, surgida de las entrañas del mar, que pronto se expandiría con la rapidez de un suspiro, viajando por la quilla, trepando por las vigas e infiltrándose en los huesos de cada miembro de la tripulación.

Bai retiró la bota en aquel momento de la baranda, se giró hacia su tripulación y alzó la mano para indicarles que el mar ya había comenzado a palpitar. A continuación, dio un fugaz vistazo hacia atrás ya que, de haber sido por ella, se habría quedado allí mismo, ensimismada —a la par que aterrada— ante la idea de que algo en los abismos estuviera tan comprimido como para deformar la superficie del océano y prepararse para eyectar a toda la flota.

—¡Mahou! —bramó, y su voz, desprovista de toda la calma anterior, restalló como un latigazo por encima del rugido blanco de la tormenta —. ¡Agarrate!

Tras aquella orden, desplegando sus pequeñas alas, Bai se lanzó a la carrera; debía ser rápida si quería ayudar a Zhang antes del inminente estallido. Al cruzar la cubierta, pasó por delante de la macaca y le tendió el brazo en un movimiento fluido, permitiéndole marcarla para que, en el peor de los casos, siempre pudiera regresar hasta ella.

Debía ser muy rápida.

Y es que, en su mente, Bai ya había visualiza el mapa de vectores de aquella locura que estaban por hacer; por un lado, la gravedad tiraría de ellos hacia abajo en cuanto salieran disparados, firme e implacable en el eje Y del mundo, mientras que la fuerza del viento y el oleaje los empujarían en el eje X. Además, para su desgracia, aquellas fuerzas no se anulaban; ambas fuerzas se sumarían en perfecta colisión y terminarían creando un colosal empuje en diagonal capaz incluso de arrancar al navío de la faz del océano y lanzarlo al vacío como si fuera un proyectil.

Y si podía hacerlo con el Wu Wei, podría hacerlo con ellos...

Así pues, siguiendo tan rápidamente como podía los gritos de Zhang desde el timón, Bai maniobró a contrarreloj para preparar el velero. Sin embargo, tan pronto como se puso a hacerlo, por encima del rugido de la tormenta, el mismísimo cielo comenzó a resquebrajarse en forma de melodía hasta descender desde lo más alto del firmamento. A esto, le siguió un suave burbujeo que poco a poco fue in crecendo. El tiempo se estaba agotando. Así que de nuevo se apuró en dejar las cosas como Zhan las necesitaba —o al menos a intentarlo— y salió coriendo hacia la macaca para agarrarla.

«¡Flas!»

Su izquierda se cerró con desesperación a la baranda y, por un momento, en lo único que pudo pensar es que todos los que estaban allí eran un puñado de idiotas inconscientes que se creían capaces de sobrevivir a un fenómeno antinatural producido por las fuerzas del mundo. Pese a ello, sonreía. Porque sabía que, en el fondo, ella era la más insensata de todos al creerse capaz de superar incluso al dios más primitivo de todos: la naturaleza.


Información



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Rackham Uker - 02-07-2026

Deberían pasar desapercibidos, otra vez.

Kiyoshi fue el único miembro de esta tripulación que estuvo con el cocinero la última vez que tuvieron que embarcarse para llegar a una zona desconocida para ellos. La entrada al Grand Line no prometía ser tranquila, pero claramente no esperaba chocar de frente con los eventos que aquella noche se dieron en Los Cabos Gemelos. Lo marcaron, dejaron huella en la mente de Uker, lo suficiente para que su corazón bailara descontroladamente ante la llegada al punto asignado.

¿Miedo? No, por alguna extraña razón no temía por lo que fuera a pasar. Confiaba en su tripulación, confiaba en sus capacidades, confiaba en el Black Widow y confiaba en poder navegarlo de la mejor manera. Su mano derecha soltó el timón y fue a parar a su pecho, apretando levemente la zona donde palpitaba su corazón y dejando salir una sonrisa.

En cuanto ese extraño ritual terminó, su mano volvió al timón y sus propios ojos observaron la madera con la que estaba construido. - Lo siento, Black Widow -. Se disculpó con el barco, por razones que él mismo estaba por explicar. - No me gusta la idea de ocultarte así, pero si queremos pasar este es el mejor método. Y lo prefiero antes de arriesgarnos a cruzar con nuestros símbolos y que terminen derribándote -. Ese barco los había transportado por gran parte del Grand Line, les había ayudado a sortear los peligros del mar, le había enseñado a cómo navegar y era el hogar de cada uno de los piratas que por tantas estaciones lo usaron como su casa. Detestaba ocultarlo, pero la muerte de un compañero debía evitarse si eso era posible.

Las nubes no tardaron en tornarse oscuras en cuanto se acercaron al cordón de la marina. Para cuando lograron pasar, el clima ya amenazaba con querer hundirlos solo a base de agua cayendo del cielo, por lo que abandonó el timón solo un segundo para acercarse a sus aliados. - Escuchen, necesito que recojan las velas. Si la subida es tan infernal y rápida como se dice, el aire que llegue contrario a nosotros será un problema si choca con ellas -. Le habló especialmente a Eros y Kiyoshi, pues conocía bien el temor del mink a las tormentas y no iba a pedirle que se quede en la cubierta si no era estrictamente necesario. Podía ser un navegante excelente, pero lo cierto era que nunca había vivido ese fenómeno natural, y mucho menos habría pensado en que sería él quien tuviera que llevarlos a través de esa tormenta.

Algunas gotas comenzaron a caer, señal de que debían apresurarse. Ingresó rápidamente al interior del navío y se dirigió a la cocina. De un recipiente de cristal, sacó dos pequeños paquetes envueltos en hojas de maíz y plátano, atados con una simple soga para que no se desarmen y volvió a su lugar. - Eros, Varo, esto es para ustedes -. Esperó que ambos se acercaran a él y a cada uno le entregó uno de los paquetes, el indicado para cada tripulante. - Raciones de comida, abran las hojas y coman el contenido. Les serán de ayuda para mantenerse en plena forma más tiempo -. Sin decir más, volvió al timón, momento en el que la lluvia alcanzó su punto más fuerte.

La propia tormenta vibró, una melodía que lo hizo alzar la vista un momento. Las nubes oscuras se combinaban entre sí, esa música tan angelical como infernal en sus intenciones parecía ser la responsable de dar vida al desastre que ellos mismos iban a usar para marcar un nuevo capítulo en su historia. Miró hacia atrás, los otros barcos que iban a dar ese paso con ellos los seguían de cerca, lo suficiente para que el cocinero no dudara de que el viaje sería de todo menos tranquilo.

El agua no tardó en comenzar a moverse, intentando tragarlos a todos si no se mantenían atentos. Uker se afirmó al timón, miró el panorama y sus brazos actuaron acorde. - Tú puedes, demuéstrales a todos de lo que eres capaz -. Unas palabras dichas hacia el querido barco que debía soportar el viaje, pero que podrían confundirse con una frase de aliento hacia él mismo. - Hacia el cielo -.

OST


La canción lo anunció tarde, pues en cuanto esta rompió en su punto más alto el agua también se elevó, llevando con ella a cada barco que podría encontrarse ahí. El golpe fue repentino y violento, Uker debió agarrarse a con todas sus fuerzas para no salir despedido, pues los recuerdos de cómo había caído del Last Whisper lo perseguían. Hoy sería diferente, ya no era ese debilucho.

Era impresionante verlo, vivirlo. La columna de agua ascendiendo hasta perderse en las nubes, el barco aferrado a la corriente como si se tratara de un pez buscando convertirse en dragón. Los movimientos debían ser mínimos, pero la fuerza requerida para mantener el timón fijo era de otro planeta. No perdería, pero si seguían así, ¿cuánto tiempo tendrían sobre el agua?

Fue en ese momento que se dio cuenta de algo. La emoción le había hecho obviarlo, pero por alguna razón no debía estar luchando contra el viento. Podía abrir los ojos sin mucho problema, incluso sus cabellos ondeaban hacia el frente en vez de ir en contra de su movimiento. Dio un vistazo rápido hacia atrás, el viento era lo suficientemente potente para formar remolinos y dejarse ver en la superficie marina de la que se alejaban más y más. Ante ese descubrimiento, el navegante abrió sus ojos como platos y volvió su mirada al frente mientras gritaba. - ¡EROS! -.

Él era el más fuerte, podría soportar esa tormenta sin problemas y lograr lo que necesitaba. - ¡Libera las velas! ¡Deja que bajen y nos ayuden a navegar con la corriente del aire! -. Como nunca antes, una gran sonrisa se encontraba marcada a fuego en el rostro del pirata. - ¡Bájalas y nuestro barco nos llevará al cielo solo con un poco de ayuda! -.

Vuela, Black Widow, hacia una nueva aventura. Traspasa esa tormenta que no nos deja ver el sol brillante.


Libro de recetas



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Kiyoshi Maeda - 02-07-2026

Avanzar consta de dos partes: cerrar un capítulo y empezar uno nuevo. La temporada en Jaya entregó mucho aprendizaje a Kiyoshi, y, sobre todo, valentía. La caída y ausencia por enfermedad del capitán, le obligó a dar un paso al frente y demostrar todo el coraje que fue construyendo desde su llegada al Grand Line. Esa primera etapa en su llegada a la isla, sin duda, marcó un antes y un después en él, transformándolo casi que en otra persona. Para ojos del resto, probablemente siga siendo el mismo enojón y adicto a la limpieza de siempre, pero, en su interior, el médico ve cambios. Se transformó su forma de ver no solo a su persona, sino también el mundo.

Así, un nuevo hombre, deja esta isla.

— Hiciste un buen trabajo camuflando el barco, topo tonto. — Se escucha su voz desde la cubierta, mientras sostiene un trapeador con ambas manos y da un último repaso a la madera del piso. — Quién iba a decir que esos sucios tontos… —lo del gobierno— …vendrían a molestar e impedir nuestro avance desde esta isla. — Al ser una zona gobernada por piratas, jamás pensó encontrar una facción diferente en las cercanías. Aparentemente, hay hombres en este mundo que no conocen el miedo, y que confían plenamente en su capacidad de pasar por encima de todos. Quizás Kiyoshi algún día también llegue a su nivel. Por ahora, estoico, sigue siendo precavido muchas veces, pero sin dejarse vencer por el miedo.

A diferencia de Uker, quien ha demostrado sentirse incómodo por el cambio en la visualización del navío, a Kiyoshi no le ha quitado el ya poco sueño que tiene. Mientras pueda limpiarlo y asegurarse de que cada rincón brille como corresponde, lo demás es solo un agregado. No es un tipo que se caracterice por apegarse demasiado a los objetos, siendo únicamente la excepción el rifle que carga.

La llegada a Skypiea consta de dos fases. La primera, que ya ha sido avanzada casi en su totalidad por el capitán de la tripulación, es acercarse a la zona en donde se desarrollará un evento que, a Kiyoshi, aunque no lo demuestre, le emociona bastante. La idea de que suceda algo similar a lo ocurrido en Los Cabos Gemelos le agrada, no tanto por el hecho en sí, sino porque confía en que, en esta ocasión, podrá enfrentarlo de una manera totalmente distinta. En aquel entonces, solo era un médico que seguía dudando de si la decisión que tomó era la correcta. Confiar en que su tripulación de ese momento le cuidaría era lo único que podía hacer. Hoy, la premisa es completamente distinta.

Durante el trayecto, Kiyoshi se encierra en su salón personal. Uno que usa de manera improvisada para atender a los tontos que le acompañan o para preparar su equipo médico. Al tener todos clarísima la instrucción de no molestarle cuando la puerta está cerrada, se ha situado ahí para trabajar en algunas cosas. Principalmente, la preparación de su equipo. Para ninguno es una sorpresa a estas alturas lo que ocurrió en el intento de llegar al Grand Line, por lo que confiarse es simplemente un error. Uno que Kiyoshi no se puede permitir. Además, posee cierto presente que uno de sus compañeros recibirá desde sus manos. Podemos llamarle un premio al esfuerzo, esfuerzo de querer aprender y seguir creciendo en todos los ámbitos de la vida.
Contenido Oculto

Al regresar a cubierta, todos pueden ver a Kiyoshi perfectamente vestido con su traje formal en el que predomina el color negro, exceptuando por su puesto la camisa blanca que está debajo del vestón cuyo largo llega hasta debajo de la cintura. En su espalda, sujeto por una correa como siempre, se encuentra su querido rifle. Por mucho que el ascenso hasta Skypiea pueda ser caótico, él siempre va bien vestido, sobre todo a citas importantes como resulta esta. Ya avistando la llegada a donde ocurrirá todo, se acerca en primera instancia a Eros. — Ten, esto te servirá, lo preparé yo mismo. — La mano diestra sostiene un vendaje debidamente guardado en una bolsa de fácil apertura. — Ya que has comenzado a interesarte por la medicina, me parece un regalo acorde para ti. Úsalo con sabiduría, tonto. — Sin embargo, eso no es lo único que le entrega. Aparte, le entrega su contacto Den Den Mushi, además de pedirle el suyo. Recientemente ha conseguido uno personalizado, así que es momento de actualizar todo. Repite este mismo procedimiento con sus otros compañeros, Uker y Varo, a los cuales no duda en insultar de buenas a primeras. — Tontoker, no vayas a perderte o nos quedamos sin comida. — Después, se dirige al Mink. — Eres valioso para todos, Varo, así que no seas tonto y no te vayas solo por ahí explorando. En cualquier caso, me llamas.

Ost de ambientación

Parece todo ir normal, como un día cualquiera sobre el Black Widow. Sin embargo, cada integrante de la banda, o específicamente Kiyoshi en este caso, tras cada segundo, es consiente de que la paz se transformará en caos. El médico se encuentra aplicándose su inhalador para controlar el asma cuando Uker le entrega una tarea. Al terminar con su labor de cuidado personal, asiente con la cabeza y ayuda al capitán a recoger las velas. Como es obvio, utiliza guantes mientras realiza esta actividad. Pronto, en cuestión de minutos, ha finalizado.

Kiyoshi procede a ponerse bajo el resguardo de un techo que le permite protegerse de la lluvia, pudiendo mantener intacto su traje, aunque seguramente sea cuestión de tiempo para que eso cambie. — Algo grande pasará. — Se lo dice el clima, el ambiente, la tensión. — Pero estamos listos.

El escenario cambia, o más bien, se transforma. Las nubes tiemblan, el agua bajo su navío se acelera, y la melodía termina siendo el agregado más especial para lo que los Piratas de la Sepultura empiezan a vivir. — Por mucho que intente acostumbrarme, el mundo cada vez trae consigo más y más sorpresas. — Hasta hace no demasiado, él era simplemente un médico que repartía salud por el South Blue. Hoy, se encuentra en el mar, debajo de un cielo que desprende una música que incluso le hace latir el corazón por el miedo, por la emoción, por un tumulto de sensaciones que es incapaz de describir.

Ambas manos se posan sobre la madera en la baranda del barco. El temblor que sacude las olas es cada vez más amenazante, dando la señal de que comenzará lo que en un día fue solo un sueño, pero que hoy se convierte en realidad.

El infierno se olvida de ellos, queriendo recibirlos el mismo cielo.

El barco es expulsado con violencia hacia los cielos, obligando a que el agarre ya no sea únicamente con las manos, sino que también con los brazos. Acertadamente Uker le da una nueva instrucción solamente a Eros, quien, de entre todos los presentes, es el más preparado físicamente. Kiyoshi a duras penas logra evitar salir despedido por los aires. — ¡HAZ ALGO, TONTO! — Se desconoce a quién van dirigidas a estas palabras. Tal vez a Eros, exigiéndole que se apure en el arreglo de las velas. O puede que a Uker, quien al ser el navegante de este barco, tiene la obligación de mantener todo bajo control para que ellos puedan seguir avanzando. Al final, solo es un grito surgido desde el temor a que puedan no lograrlo. Miedo a fallar.

El cielo oscuro cada vez se ve más cerca, y Kiyoshi no pierde oportunidad en estirar el cuello y observar aquello a lo que se acercan. Tan lejano, tan imposible, ellos realmente están cerca de chocar con un techo que parecía inalcanzable, y que aún lo parece. — ¿Realmente nosotros… — No se lo cree, pero cree, Kiyoshi, porque tú, junto a tus amigos, se han encargado de demostrarle al mundo que únicamente con su fuerza son capaces de seguir adelante.

O, esta vez, hacia arriba.

— Sí, nosotros llegaremos. — Finalmente el pensamiento positivo emerge en su cabeza, y mira directamente el cielo al que se enfrentan. En cualquier momento podrán chocar y comerse un golpe que los lleve de vuelta hacia el mundo inferior, pero la historia no quiere que una página así se escriba. El destino desea que este grupo de piratas alcance límites insospechados. — Porque somos fuertes. — Dilo más fuerte, Kiyoshi.

— ¡LLEGAREMOS AL CIELO, TONTOS!

Lávense las manos



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Varoganchin - 02-07-2026

Al fin, el día había llegado. Las interminables semanas que llevábamos en aquella isla de bárbaros iban a terminarse. Por fin podríamos proseguir nuestro camino, seguir en busca de nuestros sueños o nuestros objetivos. Volveríamos a navegar, a sentir la brisa marina empujando nuestro barco hacia nuevas aventuras y sin duda hacia nuevos retos. Aquel era un día importante, pues volveríamos a escribir una página en nuestra historia. Qué nos esperaría allá arriba? Aquello daba igual. No importaba si más allá en nuestro camino nos aguardaban bestias, demonios o incluso dioses, pues cualquier destino sería mejor que fallecer por aburrimiento, borracheras o contagiados por la necedad que poblaba Jaya. Ningun gran personaje de relatos históricos terminaba su historia en un sumidero como aquel. Si pretendíamos hacernos con un gran nombre, debíamos enfrentarnos a grandes retos, lograr las mayores gestas. Y qué hay más épico que navegar más allá de las nubes.

Nubes. Negras y amenazantes. Antes de haber pasado el cordón militar, nadie hubiera pensado que ellas serían el escollo más grande a superar. Lo peor que te podrías cruzar en altamar. Una tormenta, como la que en su día me separó de mis padres, volvía para torpedear nuestro camino. Intenté controlar mi respiración, sin éxito. Miré a un lado, luego al otro. Los ojos saltaban entre cada uno de mis compañeros, buscando seguridad. La seguridad que solo me ofrecería amarrarme al mástil de nuestra querida Black Widow. Ella me tendría a salvo entre sus brazos. Recordé las palabras de Kiyoshi mientras revisaba cual podría ser el lugar más seguro del barco. De veras había dicho que era valioso? No pensase que lo fuese, pero si que tenía algo valioso para mis compañeros. Debía ponerme a salvo, aunque antes, había algo que tenía que hacer. Metí la mano en el bolsillo. Mis temblores provocaron que un par de pañuelos de tela saltarán disparados hacia el suelo. Tras varios intentos y unas cuantas búsquedas, logré sacar lo que quería.

—Eros, Kiyoshi, Uker. Tomad esto antes de que la tormenta nos alcance.

Mis temblorosas manos repartieron los antídotos, pero mi mente no pudo dejar de buscar una y otra vez señales de que la tormenta comenzaba. Di unos pasos hacia el mástil con la intención de encontrar una buena soga que me mantuviese a salvo. Mi inquietud debía de ser notable, pues el capitán pareció entenderlo con tal solo un vistazo.

—Te lo agradezco, Eros. Esperaré abajo hasta que lleguemos a nuestro destino, sea cual sea ese... Avisadme cuando todo esté en calma.

Acepté la invitación de mi capitán y me dirigí a mí camarote. Puse un pie en el primer escalón, me giré para revisar a mis compañeros en cubierta, quién sabe si por última vez. Cerré la puerta tras de mi y avancé por el pasillo con una calma impostada. Por mucho que no lo viese, la tormenta seguía formándose allá fuera. Llegué a mí camarote y me dispuse a intentar alejar la imagen de aquellos nubarrones de mi cabeza. Tomé uno de mis libros, pero mis ojos solo danzaban sobre las letras. Ninguna otra imagen llegaba a mis ojos. Entonces decidí tomar el platillo que me había preparado Uker. Al destaparlo percibí un olor algo ácido que me hizo salivar. Tomé un pedazo y lo llevé a la boca. El picante atacó mi lengua. Con fuerza. Se repartió por toda mi boca, incluso llegando a mis labios. Era una mezcla de sabores tan intensa que se convirtió en lo único que atendía mi mente. Este tipo de sabores siempre me habían cautivado, por lo que no dudé en tomar un pedazo más. Y luego otro. Y otro. Y así continué hasta que sorprendí a mí mano rebañando los últimos restos de la deliciosa salsa de zanahoria. 

Mientras chupaba uno de mis dedos, aprovechando la intimidad para tener una notable falta de modales, levanté la mirada hacia el ojo de buey de mi camarote. Me había distraído por completo, pero necesitaba saber cómo estaba la cosa ahí fuera. Me asomé, mis uñas rechinando contra la madera del marco. Fuera, una gran cantidad de barcos. Cuándo habían aparecido? Acaso llevaban fuera todo el rato? Parecía una treta del dios del engaño Loki. Ante aquella imagen, mi cuerpo reaccionó como por instinto. Corrí a cubierta, pues no sabía si se trataban de amigos, desconocidos o tal vez enemigos.

Abrí la puerta con un golpe. El viento amenazó con llevarse mi sombrero. Lo así con fuerza y lo calé tanto como pude. Avance aferrado a su ala arrastrando los pies, por el peso extra que les imponía el cielo cada vez más negro. Eché un vistazo al agua frente a nosotros. El mar se había convertido en una sopa  apunto de hervir. Las burbujas ascendían con frecuencia creando una ondulación en la superficie. Una gota golpeó mi frente. Pronto la acompañaron más. Ya nos había alcanzado la tormenta. Pero no era la única que iba a hacer presencia. El agua a nuestro alrededor empujaba con fuerza. Ya estaba aquí; llegaba el Knock Up Stream.

—Hagamos esto juntos, amigos. Uker guía nuestro camino. Eros, protégenos. Kiyoshi, cuida de mi cadáver. Black... digo Widow —dije sin saber cómo dirigirme a ella—, llévanos más allá de las nubes.

El cielo pareció rajarse. La lluvia comenzó a golpear con fuerza cada palmo de la cubierta. Los truenos sonaban como cañonazos. Tan solo podía oír lo que decían mis compañeros a duras penas. Las piernas me temblaban, pero la determinación que no hace tanto había nacido en mi, me permitió llegar hasta el mástil. Está vez sí, rodeé mi cuerpo con la soga y me amarré al barco. No quería salir despedido y acabar en el fondo del mar, pero mucho menos aún separarme de mis compañeros. Até como pude un nudo más. Solo pide coger el aire justo para hablar una última vez.

—Poseidón. Kanaloa. Ruijin. Si alguno de vosotros existe, os lo suplico, no devoréis este barco!



Antología