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[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Resolución (Parte VI) - Versión para impresión

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[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Resolución (Parte VI) - Pawurs Ushoku - 13-08-2026

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Otra edición más de los juegos roñosos estos de mi viejo amigo Zarutsuki, y otra edición en la que me sentía más viejo, arrugado, cansado y amargado. Y es que, la edad y el paso del tiempo no perdonaba a nadie, ni siquiera a un brujo chamán hechicero como podría ser un servidor… Aunque de brujo y hechicero tenía lo mismo que de mesero de la taberna del pueblo, es decir, una mierda.

Hacía ya un rato que Zarutsuki, el señor calvo que suelta palabrejas raras y el joven Lunarian al que le quité la Magu Magu no Mi habían abandonado el palco, dejándonos a mi primo favorito y a nuestro otro amigo, observando aquel combate final que cerraría el mimado evento de mi buen amigo.— ¿Lo quieres es una, o en dos palabras? — pregunté a Mariano, Urususu y nuestro otro invitado - o lo que fuera -, que no paraba de predicar palabras sin sentido, en referencia a su señora esposa, Clitoris Jímenez, nunca supe como se pronunciaba aquellas palabras.— ¿En una? Mierda, ¿y en dos? Puta mierda. — sentencié, sin desviar mi cansada y anciana mirada de la arena. Vaya ignorantes de la vida estaban hechos.

Para nuestra fortuna, la mente colmena que parecía conectarnos a Zarutsuki y a este viejo carcamal - que después de tantos años de amistad ya me jodería, coño -, el Emperador decidió interrumpir y parar de forma abrupta el combate.— ¡Ya era hora coñ-! — Quise exclamar, pero el necio de mi primo, sangre de mi sangre, comenzó a gritar como el simio que era, no dejándome finalizar mi grito lleno de euforia.— ¡CALLA, DÉJAME HABLAR! — bramé, conforme se iba escuchando el discurso del soberano, que se encontraba frente a los dos mojigatos que habían peleado entre sí.— Atento primo, ¡ya mismo nos toca! — le comuniqué, mientras comenzaba a comprobar que todas sus cajas llenas de frutas estuvieran en orden, observando que ya había una de ellas que se había transformado en una Akuma no Mi. Miré fijamente los surcos de aquella endiablada nuez de beelzebub, notando como hacía ya un rato que no escuchaba el latido de mi corazón. ¿Sería esa la Nikyu Nikyu no Mi? — ¿Me he muerto al fin? — pregunté, como acto reflejo, escuchando un segundo después como mi corazón latía y fijándome en que, la forma de esa Akuma no Mi no se correspondía con la Nikyu Nikyu no Mi. Si es que ya lo decía la mama, mala hierba nunca muere.

Una vez que Zarutsuki terminó su discurso y mencionó que aún quedaban unos invitados muy especiales, supe que era nuestra señal. Miré hacia mi primo canónico - como dirían los jóvenes de hoy en día -, y le asentí sin mediar ninguna palabra. Más le valía saber lo que se avecinaba. Seguidamente, miré hacia nuestro otro amigo, la incógnita del momento.— Chao, pescao. Nos damos el piro, vampiro. — le dije, tras lo cuál, toqué con mis almohadas manos, en primer lugar la caja de frutas de Urususu y, a continuación, al propio miembro del Bajo Mundo.— Ea, ahora vas y la cascas. ¡Joujoujoujoujou! — solté una carcajada y dediqué una mirada de soslayo a mi cuervo, Mariano, que reposaba en mi hombro derecho.— Agárrate bien fuerte, Mariano, no te vayas a escoñar. — y tras aquellas palabras, me toqué a mi mismo, saliendo disparado inmediatamente gracias a mis poderes de repulsión.

Cuando me quise dar cuenta, estaba en mitad de la arena, junto a Urususu y su cargamento de frutas sin demonizar, un negocio redondo digno del miembro más avispado de nuestra familia. Lo cuál no me quitaba las ganas de no querer estar allí. En tiempos como aquellos, siempre recuerdo aquella vez que gané el título de Miss Ryugu, allá por mis 23 primaveras pero, por miedo al estrellato y dejar atrás mi sencilla vida, decidí rechazarlo. Me equivoqué, claramente. Así que ahora debía sacarme unas monedillas haciendo el mangurrian.

— Lo primero de todo, ¿cómo están los máquinas y los fieras? —  saludé a las gradas, con mi forma tan salerosa que tanto me caracterizaba, pasando a acariciarme mi barba con mi diestra.— Espero que aún estéis lúcidos, panda de viciosos, porque estáis ante el inigualable, poderoso y único Pawurs Ushoku! ¡El chamán de Shandora! ¡Y repito! ¡Chamán! ¡Nada de Brujo ni Hechicero! ¿Qué estamos? ¿En una partida de Matones y Mazamorras? — Negué con la cabeza, alterado por mis propias palabras.— El caso, que me enrollo como las persianas — me callé en seco, parpadeando perplejo.— Sea lo que sea una persiana. — musité, ante el desconocimiento de dicha palabra. En fin.— Soy capaz de extraer de vuestro interior a los diablos que habitan tras haber consumido una de sus terribles y malignas frutas... Para siempre —  Me llevé la mano a mi frondosa barba — Obviamente, esto tiene dos precios a pagar. Uno, una bonita cicatriz en vuestro abdomen para el resto de vuestra vida. Y el segundo... pues lo que cuesta, la mano de obra de toda la vida — Me paré en seco y miré en derredor, en las distintas direcciones de las gradas. — No seáis tímidos y apuntaros, anda, ¡ignorantes de la vida! —


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RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Resolución (Parte VI) - Urususu Ushoku - 13-08-2026

Yo creía que las visitas a Skypiea eran todas lo peor posible y puro trámite pero ah cuando venías en un evento como este, se convertía todo en crema de la buena, rodeado de pretty ladies en las nubes, bellezas aladas que me quisieran pelar la banana. La banana de la merienda, la que comía recostado en el trono que mi primo me dejaba para descansar, que nadie piense nada raro. Yo era un hombre enamorado — Al conjunto de mi amada eposa, la pastora Clotilde Gimiene, mujel que amo y apresio, mujel que quiero, mujel que etoy enamorado de ella, mujel que etoy ofisiado de ella, mujel que depué del dinero repiro por ella, mujel que de que que me tiene loco prendio-sex — Susurraba centrándome. Me encantaba ver a esas muchachitas aladas serviciales con esas ropitas cortas de uniforme de palacio... Wacala wacala wacala... Era delicioso de observar, y sólo observar en teoría. Pero estar a dieta no te impide poder mirar el menú. Y hablando de mirar ahí estaba yo, contemplando los juegos del yo que sé del qué se yo con mi primo, su amigo de siempre, y un par de huesos más. Un combate sin gusto, ni jugo, ni fuerza. Una exhibición del aburrimiento.


Por desgracia estaba saliendo de mi tercera resaca matriosca, pero no existía dolencia etílica en forma de resaca que pudiera parar al principe del mete-saca, como bien sabía la gente. O eso decían los rumores de mi. Los rumores y los vítores. Y los gemidos. Sobre todo los gemidos. Las señoritas no podían estarse quietas cuando el señor de la fiesta aparecía, el paladín del jolgorio se dejaba ver, el maestro de la ceremonia hacía acto de presencia, el dueño de la cogorza estaba ahí. Y no las culpaba: ellos quieren matarme y ellas montarme. Pero yo era un hombre enamorado. Con resaca y poco atento, pero enamorao. Y aun así seguía teniendo ojos y podía ver a esas bellezas de las gradas danzar, bailar, reir y... beber. Sonreí maliciosamente mirando por encima de mis gafas de sol. Si bebían, caían. — Al conjunto de mi amada eposa, la pastora Clotilde Gimiene, mujel que amo y apresio, mujel que quiero, mujel que etoy enamorado de ella, mujel que etoy ofisiado de ella, mujel que depué del dinero repiro por ella, mujel que de que que me tiene loco prendio-sex — volví a repetir como un mantra, respirando y volviendo a colocarme sobre el respaldo, acomodándome y dejando de prestar atención a las gradas. Yo era un hombre enamorado.
Y es que realmente no estaba aquí para que me pelasen la banana, ni para observar peleas aburridas, si no por pasta gansa, parné, money money, brilli brilli, la tela, la panoja, los napos, la guita, la plata, los cuartos, la mosca, la fariña, el fajo, los lereles, las pelas, los verdes, el caldo, la lumbre, el suelto... Vamos, el dinero contante y sonante. Y cuando más ensoñado estaba con las montañas de dinero y las señoritas aladas, el amigo de mi primo cortó con toda la chamba y paró la pelea aburrida. — ¡WAAAAO! — exclamé con asombro y alegría — Tu no sabe la gana que yo tenía de haser eso mi lidel ¡no aguantaba ma ese baile sin sabol del diablo! — di una palmada y me levanté del asiento, frotándome las manos e incorporándome tranquilo avisando a mis pajaritas dulces para que me trajese la caja de mercancía llena de frutas diferentes junto a mi — ¡EL HUESASO! — dije al comprobar que una de ellas ya tenía aspecto de akuma no mi, eso no lo esperaba. Alguien debía haber pasado a ver a papá dios en este tiempo y su poder de fruta del diablo se había venido conmigo y mis frutitas para poder venderlo hacia los nuevos muchachos. Entonces aguardé a que mi primo hiciera todo lo que tuviera que hacer, se mostrase todo lo que se tuvieran que mostrar y presentase todo lo que tuvieran que presentar, para ser el último de todos ellos en hablar al público y a los presentes.


Para cuando terminaron y mientras me dirigía a mi caja de fruta presente en el lugar, exclamé con los brazos extendidos y las manos abiertas mi clásico reclamo mercante — ¡Fama! ¡Dinero! ¡Mujere! ¡Lamborgini! ¡Mersede Bens! ¡Maserati! ¡Bugati! ¡Todo lo que uhté quiera! ¡Ese pana mío que etá ahí y yo podemo hasel realida la cosa má difisil del mundo-sex! — dije mientras me apoyaba en ella y sacaba la fruta convertida en Akuma no mi, y la miraba con curiosidad  — Utede se sacan el podel del diablo que se queda acá en la frutica, y si alguno de utede quiere alguno de lo podere que se queden acá yo se lo dejo rebajao y fasilito para que lo tengan right now ya mihmo — dije, lanzando la fruta hacia atrás por encima de mi hombro y haciendo que cayese en la caja de las demás frutas, mirando a las chiquitas del lugar con apetito voraz. Era un hombre enamorado, pero no era de piedra — ...sex — susurré mientras me relamía los labios y las miraba a todas por encima de mis gafas — Claro que eto también silve para lo que no quieran quitarse suh podere pero que tú si quiera los suyo. Sólo trae a ese pana tuyo aquí para que mi primo mi lidel le saque el diablo y yo lo gualde en eta frutica y yo se la puea vendel a uté para que tenga el podel que siemple quiso ¿uté me entiende? Claro que si mi lidel si la gente nueva buena sabe bien de qué va el asunto y yo etoy seuro que ya yo se loh dije a utéde hase tantito-sex — finalicé cruzándome de brazos y rascándome una rodilla con la pata contraria, apoyando mi trasero en el borde de la caja y sonriendo mostrando mis dientes relucientes mientras los miraba atentamente.

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RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Resolución (Parte VI) - Miyori Hoshino - 14-08-2026

[personajeinvalido=3941]

Formulario Lleno



— ¡HASTA AQUÍ EL COMBATE-SON! —

La voz del soberano de los cielos, Zarutsuki, irrumpió de manera abrupta en medio del combate, silenciando la arena con total autoridad, logrando que la multitud quedará completamente inmóviles, mudos, quizás temerosos de ser involucrados. Desde lo alto de su trono él había observado el desarrollo de la contienda pero finalmente decidió descender hasta la arena para asumir personalmente el control de la situación, su mera presencia bastó para detener a ambos combatientes. El gobernante de Skypiea dictaminó que las intenciones demostradas por ambos peleadores habían dejado de ser dignas de continuar con la última fase de los juegos del cielo, comunicando un sermón en el que explicó las razones de su decisión, recordándoles que aquellos juegos no debían convertirse en un escenario donde el orgullo y la violencia terminarán por imponerse sobre el verdadero propósito de la competencia, un sano enfrentamiento, reconocer que tu oponente es igual de fuerte que tu mismo.
Como consecuencia, ninguno de los dos participantes fue declarado vencedor de aquel combate, sin embargo, aquel resultado no significó la derrota para el equipo al que representaba Barto.

No me había percatado de que hasta ese momento había mantenido la mirada fija sobre la arena, observando con cierta preocupación a ambos participantes, a mi alrededor continuaban los vítores, las risas y el festejo pero todo aquello parecía haberse vuelto distante, ajeno, mi atención estaba puesta únicamente en las reacciones del chico Marine y el Pirata de pelo trenzada, en la manera en que ambos recibían aquel dictamen del emperador, y sobre todo, me preocupaba la impotencia que seguramente ambos estaban sintiendo en ese momento, al ver cómo terminaba un combado que habían llevado hasta sus máximas capacidades. — Oh, vaya…

El primate dios de Skypiea anunciaba la posible presencia de dos personajes invitados a los juegos, cuya llegada prometía traer consigo ciertos cambios, paradojas e incluso giros en el destino de quienes participaban y observaban aquellos juegos, me había quedado completamente distraída escuchando sus palabras hasta que un ligero golpe me sacó de mis pensamientos, no… más que un golpe, fue el choque repentino con otra persona lo que me hizo perder el equilibrio, por fortuna logré estabilizarme antes de conocer el suelo de las gradas, inmediatamente alcé la mirada hacia aquella persona cuyo camino había entorpecido. — ¡L-lo siento tanto — exclamé completamente nerviosa, buscando de manera rápida cualquier posible molestia o herida que pudiera haberle causado a la persona que se cruzó conmigo en su camino, para mi sorpresa aquella persona se trataba del joven marine de pelo rosado, Hyák que iba acompañado de Merlot — ¡Ah, son ustedes!

Mi expresión cambió completamente a una de felicidad mientras me enderezaba al mismo tiempo que me acercaba con mayor seguridad, ambos parecían tener planes de ir a hablar con Barto respecto a cierta habilidad vista durante el combate, la misma que le hizo llegar a tocar el estado “mágico” de luces de Shin, me pregunto… ¿Será algo respecto al Haki?, no lo sé pero me parece curioso también por lo que simplemente asentí con la cabeza.

“¿Vienes, Naranjita?”

— Sí, hace poco me habían explicado algo sobre el hak… — no pude terminar de decir cuando mi atención fue interrumpida por la entrada de un par de sujetos de personalidades peculiares, incandescentes, su manera de hablar era mucho más coloquial que la de los habitantes de la zona por lo que rápidamente asumí que se trataba de los invitados que el dios Zarutsuki había mencionado antes. Uno de ellos se presentó como el chamán de Shandora, el otro… como un comerciante de frutas del diablo.

“Soy capaz de extraer de vuestro interior a los diablos que habitan tras haber consumido una de sus terribles y malignas frutas... Para siempre” Su promesa despertó en mí una gran necesidad por lo que en ese momento dí varios pasos hasta llegar a la baranda como si quisiera enfocarme completamente en lo que estaba ofreciendo junto a las condiciones que conllevaba el extraerse la fruta del diablo, ¡¿Era posible?!, ¡¿En serio se podía?!, tener una cicatriz era lo de menos si podía extraerme de alguna forma esa habilidad que adquirí al comer una fruta del diablo sin saber sus consecuencias.

— Ojalá mi familia estuviera aquí… seguramente me ayudarían con esto… — miré con cierto pesar hacia la arena, recordando a mi padre y a mis hermanos, después dirigí la mirada hacia Hyák y Merlot, me acerqué nuevamente con pasos tranquilos — Voy a quitarme la fruta… seguramente dolerá mucho, y en caso de no encontrarlos cuando despierte, quiero que sepan que disfruté mucho de los momentos que hemos compartido de camino a Shandora — Dije con una sonrisa gentil, y como había hecho con los demás, entregué mi número de Den Den Mushi, quizás algún día necesitaran mi ayuda… o quizás aquello simplemente es una forma de conservar una amistad sincera, de verdad que lo espero.

Me dispuse a tomar la ruta más corta hacia la arena, abriéndome paso entre la gente eufórica por la aparición de aquellos nativos de Skypiea, mi corazón latía con fuerza, mi pecho abordaba tantas emociones y la que identifiqué persistente fue el miedo de lo que estaba a punto de suceder.

Pero a pesar de tener miedo, no podía dejar ir la oportunidad… ¿cuántas veces en la vida podría presentarse algo como esto sin las consecuencias de morir?

Caminé tan rápido como pude hasta encontrarme nuevamente con las personas que me habían permitido disfrutar de la música junto a ellos, sin embargo, mi atención pasó por encima del cocinero de los Sepultura, y al reconocerlo, una pequeña esperanza me hizo sentir aliviada. Al estar cerca, casi pasando a la par de él, tomé a Uker del brazo — ¿Puedo llevarme a Uker un rato?, necesito de su apoyo… — expliqué a sus compañeros antes de, prácticamente, “secuestrar” al espadachín de mechón blanco.

— Lamento arrastrarte en esto… ¿podrías hacerme compañía mientras me extraen la fruta? — pregunté, intentando explicarle mi precaria situación y lo que implicaba haber consumido una fruta del diablo del cuál nunca me fue de utilidad, y mientras avanzábamos, terminé confesándole que no tenía nadie que pudiera acompañarme aunque siendo sincera… era porque tenía miedo. — Es solo que… estoy sola aquí.

Al llegar a la arena, antes de acercarme al chamán, le entregué mi estuche de violín a Uker y lo miré con cierta preocupación — Por favor, cuídalo… es mi tesoro más amado.

Respiré profundamente, intentando reunir el valor necesario para dejar atrás aquello que llevaba tiempo dormido dentro de mí, miré al señor de la barba — M-me gustaría intentarlo, por favor… — pedí algo nerviosa mientras pagaba la cuota que estaban solicitando por la mano de obra.

¿Sería algo sencillo, no?
Algo tan simple y rápido… ¿no?



Amphitrite Toca la Canción



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Resolución (Parte VI) - Rackham Uker - 14-08-2026

[personajeinvalido=3941]

- Algo me dice que tendremos que esperar por ese premio de todas maneras -. Fue lo que respondió ante el llamado de su capitán. No se iba a negar a seguirlos, claro que no, pero suponía que el emperador aún debía terminar unos asuntos antes de poder atenderlos. Había dicho que “durante su estancia en la isla”, así que podía casi confirmar que no se trataba de algo que fuera a recibir de inmediato.

Las palabras de un miembro de la otra tripulación llegaron, aquel que se había presentado como un tesorero. - Bueno, la victoria solo llega a quien la busca, pero también a quien tiene la suerte de cruzarla -. Solo sonrió, no iba a decirle en ese momento que no le hubiera sorprendido salir perdedor, o siquiera recordarle que él había quedado eliminado en las primeras pruebas al competir contra Eros y la propia Runin.

Hablando del propio diablo, es la misma mujer quien lo felicita y toma la palabra ante las palabras de Eros. - Me aseguraré de preparar vino para que vuelvan a disfrutar un combate como lo hicieron ahora -. Le dijo a la mujer, quien exigía algún tipo de revancha sin el limitante temporal que tenían en ese evento. - Aunque, me aseguraré de limitar más la cantidad, solo por si acaso -. Que el desastre se vuelva costumbre tampoco es algo muy bueno, pensaba.

Vio a Varo sacar dinero, seguro pensando en pagar alguna apuesta. Antes de que pueda decirle que mejor se guardara las monedas, algo atrapó su brazo, sorprendiéndolo y obligándolo a mirar en esa dirección.

¿Miyori? ¿No se había retirado? ¿Y para que lo necesitaba? Dio un vistazo a su tripulación mientras era arrastrado por la mujer, sin poner resistencia ante el avance, pero dejándoles claro con un gesto de su rostro y su cuerpo que él no sabía que estaba pasando. - ¿Sucede algo Miyori? Creí que… -.

La explicación llegó, la extracción de una fruta del diablo. Así que ella también poseía esos poderes, pero al parecer no estaba contenta con los suyos. Un vistazo a la arena le dejó ver a los dos sujetos que parecían ser aquellos que otorgaban ese servicio. Maki había mencionado algo sobre eso en cuanto se reencontraron luego del caos que fue esa noche en los Cabos Gemelos, un mono capaz de extraer frutas. No había podido llegar a verlo, pero al parecer ahora lo tenía enfrente.

Observó con algo de tristeza a la pelinaranja que se aferraba a su brazo, viéndose a sí mismo de niño reflejado en ella. ¿Ella también lo había perdido todo? Tal vez a ella no la separaba la muerte de su familia, sino la distancia, pero podía comprender lo duro que era necesitar una mano conocida y no tenerla.

“Estoy solo, de nuevo estoy solo”

Esas palabras, dichas por él hace muchos años, rebotaron en su mente, justo al tiempo que ella se detenía para hacerle una petición especial. - Claro que sí, prima -. Aún no lo habían confirmado del todo, aún no habían revisado los detalles, pero intentó darle seguridad con esas palabras, dejarle en claro que estaría ahí para ella. Acompañó esa frase con un gesto de su mano, apoyándola suavemente sobre la cabeza ajena y apenas acariciándola. Era un gesto que aprendió de su madre, la única forma de tranquilizar y traer paz que él conocía, la única que lograba calmarlo a él y que ahora usaba como un acto reflejo.

- Tu instrumento y tú misma están en buenas manos, no dejaré que les pase nada -. Le dijo, mientras tomaba el estuche que ella le ofrecía y lo sostenía con firmeza, acompañándola en todo el trayecto, al menos hasta donde se lo permitieran.

A decir verdad, le entró la curiosidad. ¿Cómo funcionaba eso de quitar una akuma? De lo poco que entendía eso era algo extremadamente imposible. ¿Será el poder de otra fruta? Si cada una traía la posibilidad de lograr cosas que incluso en esta locura de mundo se creen imposibles, la fuerza de estos poderes era…

Por dios, ya le dolía la cabeza de pensar tanto.

Libro de recetas



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Resolución (Parte VI) - Maria Merlot - 15-08-2026

[personajeinvalido=3941]



Narrador / María Merlot



Stands de comidas.
Antes, antes…

Lamento todo lo malo que te ha pasado y no haber podido estar allí para animarte sir.

El abrazo inesperado del perfecto marine pelirrojo la dejo petrificada. Ni en sus quimeras más esquizofrénicas se hubiera imaginado tal acto. Su cuerpo se tensó y los ojos se abrieron hasta mas no poder dejando a la vista sus preciosos ojos ámbar. El aliento de Bertram Gaufrid contra su oreja, cálido y cercano, las manos de este acariciando suavemente el cabello ondulado. Las palabras, acompañadas de ese gesto... la apagaron mentalmente, dejándola sin palabras. ¿Cuántas veces alguien la consoló de manera sincera? Pocas… ¿qué podía saber él de lo que ella sintió, de lo que ella vivo?

Los ojos fantasmales de Ashveil la hicieron recordar el día que la saco del burdel, que la entregó a Hyakinthos, el día que alguien… por primera vez, dejó las palabras de un lado y las volcó en acciones que le dieron libertad. Él, Bertram, dijo que recibió las postales y cartas, él conocía sus pensamientos… porque en estas fluyeron algunos sentimientos crudos, como cuando sucedió lo de Maki D. Zennin. ¿Se refería a consolarla por eso? ¿A consolarla por el pasado más allá de su nueva vida? ¿Qué podía él saber de su vida? ¿Se estaba burlando? No, no… el perfecto marine pelirrojo jamás haría eso, no habían interactuado tanto pero el lazo que forjaron en aquellas horas oscuras no sería uno que se rompería fácilmente, eran dos guisantes de la misma vaina del terror llamado foso, un par de confidentes que compartían un secreto trágico.

En tu mano te dejé mi den den mushi, si alguna vez solo quieres desahogarte llámame y te prestaré mis oídos sir.

Fue cuando sintió el papel, el segundo que en ese día alguien le daban para contactarla, curiosamente dos marines. ¿Ella estaría tan demente como para usar alguno? Al final del día, entendía que su cabeza tenía un precio, y que esos hombres de blanco… tenían un deber, uno errado y corrupto pero deber al fin y al cabo. La mestiza seguía espesa cuando lo escucho decir que “la protegería”, María esbozó una sonrisa de monalisa. ¿El de hebras rojizas lo haría aún cuando su wanted subiera, y sus acciones fueran más y más dudosas? Porque antes no tenía nada que proteger… nada porque luchar… ahora sus nakamas eran su mundo entero, y por ellos haría cualquier cosa, hasta ir contra sus propios principios, hasta ser la malvada pirata con tal  recompensa sobre su cabeza.

Guardo el número en su bolsillo, junto al otro. Lo miró irse por un segundo, luego miro el anillo en su propia mano. El futuro era incierto… tan incierto como los ideales y verdades individuales. ¿Alguien como él lo sabría? El dolor de perderlo todo, la desesperación de querer escapar, los gritos pidiendo por la muerte. Tal vez si, tal vez no… pero ella si lo conocía bien, demasiado bien... 



Gradas.
Antes…

La pelea de exhibición que se desarrollaba delante de sus orbes ámbar le llamaba la misma atención que comerse un pescado. Más allá de entender porque uno se convertía en luz y otro en un animal, como ella misma, pensaba lo diferente que eran los dos hombres. Por un lado... el siempre tímido y gigantón Bartolomiau, EL MACHO para los amigos, con aquellos músculos y tamaño exorbitante, aunque ahora era un hombre pájaro. Por el otro lado... el Malvavisco, tan etéreo y apuesto como el mismo Hyakinthos. Las palabras de la playa volvieron a su cabeza, que la hizo esbozar una sonrisa. ¡SI! Si tuvieran alevines serán los más preciosos jamás vistos en el planeta azul.

La dama solo asentía a lo que sucedía a su alrededor, luego del grito sobre las partes blandas de su Malvavisco. Se puso a hablar con un hombre alado sentado a su lado mientras veía a su hermana calva cada vez más… alocada, aunque ese era su estado natural. Lo cierto es que siguió, o intento hacerlo, lo que pasaba en la arena pero ella prefería arreglar todo con una sonrisa y guiños... no con golpes y sangre. Tomo al den den visual de su cabeza y lo puso en su regazo, lo acarició — … ya quiero ver todo lo que has visto con esos chismosos ojos saltones que tienes. ¡Necesito muchas fotos de Algodón de Azúcar! — le comento dándole un besito en su cabecita.

¡HASTA AQUÍ EL COMBATE-SON!

La atención de la joven se desvió de su mascota visual cuando aquella voz pareció acabar con el ambiente de aquel coliseo, o como mínimo de dónde ella estaba sentada. Llevo su piruleta de nuevo a su cabeza levantándose para acercarse a la baranda para chismosear lo que sucedía.

¡DECLARO QUE NO HAY GANADOR EN ESTE COMBATE FINAL-SON!

Aquella declaración la hizo abrir la boca. ¿A que se refería? ¿Todos ganaron? ¡Con razón era un rey tan amado! Era un socialista equitativo de corazón. Ella jamás había ganado nada… como el héroe comunista revolucionario del periodico.

¡EL EQUIPO NÚMERO DOS!

Ella no estaba en ese equipo, ella era el seis ¿No? ¿Qué decía ese peluche? Terrible... le faltaba sumar cuatros puestos a ese veredicto. Hasta los reyes se equivocaban. Se encogió de hombros y suspiró, ahora ella también pediría una doble ración de tofu. ¿Dónde estaban Bombón y Ukikikiki? Entre tanta gente, debío pedirles sus contactos, se le olvido… ¿ahora como irían a cenar? Bueno, lo cierto es que el destino siempre se encargaba de poner todo en su lugar... la vida era larga y el camino una aventura.



Gradas, rumbo a la arena.
Ahora.

— Si todo acabó... significa que ya podemos ir a buscar ángeles guapos y aventuras entre nubes de algodón de azúcar… ¿verdad? — preguntó a sus nakamas, que debían estar atentos a ella, siempre lo estaban, aunque parecíera que no… con ellos siempre se sentía: protegida. Cuando Vivi regreso a ellos pensó que se quedaría pero solo le dió su contacto de piruleta... ahora tenia tres, por lo menos sabía que ese lo usaría, le gustaba hablar con la pelinaranja, ella era cálida como el sol a primera hora...

De pronto dos monos, o que iba a saber ella de razas, aparecieron. Ella los observó por un momento mientras tomaba un mechón de su largo cabello rosado para enrollarlo en su dedo indice mientras se perdía en sus grillos y cebras... pensaba en todo lo que escribiría de ese lugar.

Lo primero de todo, ¿cómo están los máquinas y los fieras?

María volteo a ver hacia los lados ¿Maquinas? No veía ninguna pero fieras si… los dos gatitos de la marina: el moteado y el negro. Debió quedarse más con Kiwi, ahora recordaba que debía preguntarle sobre su chica lejana y contarle sobre el anillo que consiguió. Tal vez aun estaba a tiempo de encontrarlo en esa multitud de palomas…

MUSIQUITA


Soy capaz de extraer de vuestro interior a los diablos que habitan tras haber consumido una de sus terribles y malignas frutas... Para siempre.

Aquellas palabras la hicieron detener sus pensamientos y prestar atención al mono. ¿Qué estaba diciendo? ¿Extraerse la maldita fruta? ¿Podría volver a nadar? El corazón de María Merlot se detuvo, hasta olvido como respirar. ¿Sería posible? ¿Estaba hablando en serio? Su piel palideció, empezó a sudar frio. ¿El mar ya no la rechazaría? La boca se le secó.

Pum pum pum

¡Respira!

Pum pum pum

¡El mar!

Pum pum pum

¡Corre!

El aire volvió a sus pulmones de golpe. Todo se acallo a su alrededor. Su cuerpo estaba en shock. ¡¿Estaba soñando?! No, estaba despierta. Él dijo que podía… — ¿yo… yo… puedo… volver… a… nadar…? — balbuceó entre inhalaciones erráticas mientras los ojos se llenaban de lágrimas no derramadas. Un error la condenó… ¿un ángel mono la exorcizaría? ¿Qué podía perder? Nada, nada. Fue un instante, no tuvo miedo, la convicción y la añoranza de lo que más amaba… al alcance de sus manos. Sintió el retumbar de su corazón, el zumbido en sus oídos, la mirada cristalina.

Dos lágrimas cayeron rebeldes de sus ojos,las siguieron más y más — … quiero… nadar… de… nuevo… — susurró para si misma limpiando la cara. Deseaba eso, pensó que no podría obtenerlo nunca... y aunque fuera mentira, quería intentarlo… ¿Alguien engañándola? No sería novedad, elegiría creer como siempre… su corazón necesitaba aferrarse a esa luz…

Busco a Hyakinthos con la mirada, ámbar sobre amarillo.
Esperanza brillaba en la mestiza. ¿Lo hago?
Cortó el contacto, busco a Maki D. Zenin.
Abrió la boca intentando decirle algo.
La cerró, con lo no dicho: ¿Lo hago?

María negó con la cabeza, mas lágrimas cayeron. Sin decir nada, y con la determinación de una una sedienta caminante del desierto frente a un oasis, puso la mano sobre la baranda y saltó al vacío de la arena. El polvo se levantó a su alrededor, limpio las lágrimas, corrió hacia los monos, en especial aquel que había hablado sobre sacar la maldición, al otro ni le presto atención la verdad. Cuando llegó... Vivi y el Cocinero ya estaban ahí, ella no podía procesar nada, solo visualizaba el abismo marino que le arrebató una horrible fruta…

— Por favor, por favor… permíteme volver al mar… — se detuvo frente al mono cuando fue su turno, con la respiración entrecortada luego de la carrera y la desesperación mezclada con la esperanza bailando en sus preciosos orbes, también con miedo de que todo fuera una farsa, de que otra vez alguien se aprovechará de ella e hiciera su vida miserable pero como concluyó antes, estaba dispuesta a confiar, a creer, a intentarlo. La belleza de la mestiza, nunca se vio menoscabada por aquellas acciones, más bien la hacía parecer aún más hermosamente vulnerable y angelical — … no puedo ofrecerte mi vida, pertenece a alguien más… pero solo dime tu precio lo pagaré…  — metió las manos en su bolsillo, no tenía casi dinero…

¡No!

¡NO!

¿Ahora que haría?

Desesperación… ansiedad… volvía a olvidar como respirar…

¿Estaba condenada?

Fue lo que pensó cuando vio la cantidad en sus manos, siendo traicionada por sus ojos que volvieron a llenarse de lágrimas… unas que esta vez no derramó, porque frente a nadie ella no lloraba. 

Sola… sola con sus demonios… sola con sus sueños… en ese momento se sintió como la pequeña Merlot, aquella que había quedado huérfana a merced de los sanguinarios y asquerosos Piratas del Abismo…

Entonces hizo lo que mejor sabia hacer... dejarse abrazar por la oscura, amarga y despida soledad de su realidad, esa que le gritaba: Nunca serás salvada, nunca serás amada, nadie te salvará... estas sola. 

Por favor... por favor... por favor...
Alguien... quien sea...



ESQUIZO ESQUIZO MERLOT



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Resolución (Parte VI) - Masato Ami - 15-08-2026

[personajeinvalido=3941]

Entre la señorita Merlot haciéndonos trenzas a todos, las peleas, las palabras de Zaratsuki y todo aquel ambiente tan extraño pero emocionante, Skypea se había convertido en una experiencia verdaderamente inolvidable, honey. De eso no tenía ninguna duda. Parecía que las mejores cosas siempre terminaban ocurriendo en los lugares más inesperados, y yo estaba disfrutando cada segundo como una niña en feria con dinero para gastar. Aunque, claro, algunas cosas de aquel lugar eran bastante más interesantes que otras y no precisamente por las peleas. 

Sin embargo, mi atención cambió por completo cuando dos personas comenzaron a dirigirse a todos los presentes. Primero estaba un tal Pawurs, quien hablaba de algo que hizo que mis ojos se abrieran como platos: aseguraba tener la capacidad de quitar la maldición de las Frutas del Diablo. ¿Perdón? Eso ya no era cualquier cosa, tesoro. Después apareció Urususu, quien afirmaba vender el poder de aquellas personas que se desprendían de su maldición, me quedé mirando a ambos mientras procesaba aquello. —Ay, corazón, eso suena demasiado bueno para ser verdad. —murmuré, cruzándome de brazos mientras inclinaba ligeramente la cabeza. 

Miré de reojo hacia mis propias manos y después hacia los hombres que hablaban. Mi Akuma no Mi era parte de mí, claro que sí, y había aprendido a convivir con ella, pero la idea de poder decidir algún día si quería conservar sus poderes o dejarlos atrás era tentadora. —Imagínate, honey, poder quitarte la maldición cuando quieras. Eso es como tener una salida de emergencia en un matrimonio, no significa que quieras usarla, pero qué tranquilidad saber que está ahí. —comenté con una sonrisa pícara.  Lo pensé por unos segundos, pero mi mente automáticamente me llevó al momento en que había consumido aquella fruta. Había sido hacía relativamente poco, en Baterilla, cuando aquella anciana me la entregó como si no fuera más que una fruta cualquiera. Yo ni siquiera sabía lo que estaba aceptando, mucho menos que terminaría siendo una maldición que cambiaría mi cuerpo para siempre. Al principio la odié, no voy a mentir, tesoro. Me parecía injusto tener que cargar con algo que jamás había pedido, pero con el tiempo aprendí a convivir con ella, a entenderla y, de alguna manera, hasta a querer algunas de las cosas que me había dado.

Aunque claro, también había momentos en los que deseaba con todas mis fuerzas no tenerla, como aquella vez, unos meses atrás. Había conseguido escabullirme con otro marine para tener una pequeña cita lejos de miradas curiosas. Nada demasiado escandaloso, honey, solamente una de esas noches en las que uno quiere sentirse bonito, querido y, bueno un poquito travieso también estábamos demasiado cerca, hablando bajito y compartiendo un beso que se había prolongado más de la cuenta cuando sentí aquel calor recorriendo mi cuerpo. —Stop... Stop, Stop...— No tuve tiempo de hacer absolutamente nada. Mi cuerpo comenzó a cambiar. Las piernas desaparecieron, mi piel empezó a cubrirse de escamas y aquella enorme cola apareció debajo de nosotros, arruinando por completo el momento. El pobre muchacho terminó prácticamente sentado sobre mi transformación mientras yo me quedaba completamente paralizado, con la cara más roja que un tomate. —¡NO MIRES, TESORO! ¡NO MIRES! ¡ESTO NO ESTABA EN EL PROGRAMA!—Quise desaparecer de la faz de la tierra y lo peor fue que, después de semejante susto, tuvimos que pasar varios minutos intentando descubrir cómo demonios iba a salir de aquella situación sin que nadie nos encontrara.

Ese recuerdo todavía me daba una vergüenza terrible, por eso, cuando escuché hablar de la posibilidad de quitar la maldición, mis ojos inevitablemente viajaron hacia mi propio cuerpo. Claro que había aprendido a convivir con mi Akuma no Mi. Me había dado habilidades que jamás habría imaginado y, en más de una ocasión, seguramente me había salvado la vida, pero también existían momentos como aquel. Momentos en los que deseaba no tener esta transformación, este poder o, mejor dicho, esta transformación involuntaria que todavía podía dejarme en las situaciones más vergonzosas del mundo. —Ay, tesoro.—murmuré mientras llevaba una mano a mi rostro —Qué ganas de que mi cuerpo aprenda a tener un poquito de respeto por mi vida amorosa.— Suspiré y volví a mirar hacia Pawurs y Urususu.

Miré entonces al contramaestre Gaufrid. No lo conocía demasiado, pero parecía ser cercano a Merlot y, si ella, que podía convertirse en una cebra, había tomado la decisión de quitarse aquella maldición, ¿por qué yo, que era una diva, no podía hacer lo mismo? Quizás ya había pensado demasiado en aquello y lo mejor era simplemente dar el paso. Me acerqué un poco hacia él, aunque esta vez no llevaba la seguridad ni la sonrisa coqueta que acostumbraba. Jugueteé nerviosamente con mis dedos antes de levantar la mirada. —Contramaestre Gaufrid-chan... ¿le importaría acompañarme a realizar el proceso? —pregunté, procurando que mi voz no delatara lo nervioso que estaba.

Podría habérselo pedido a cualquiera de mis compañeros de la división 80, claro, pero hacía ya bastante rato que no los veía y, siendo sincero, no quería hacer aquello completamente solo. Bajé la mirada durante unos segundos antes de continuar. —Con todo el respeto que se merece por su posición, se que es mi superior, pero no quisiera estar solo en ese momento, si me entiende, tesoro.— Mis mejillas se calentaron un poquito y desvié la mirada hacia un lado. Qué vergüenza admitirlo, tesoro. Siempre estaba haciendo bromas, cantando, coqueteando y actuando como si nada pudiera ponerme nervioso, pero aquello era diferente. Estaba a punto de decidir qué hacer con una parte de mí que llevaba meses intentando comprender.

—No sé qué va a pasar después de esto. —murmuré, apretando ligeramente los labios —Y aunque intento hacerme el fuerte, la verdad es que estoy un poquito asustado.— Respiré profundamente y finalmente volví a mirarlo. —Así que, si no es mucha molestia, me gustaría tener a un compañero marine a mi lado. Solo eso.—

Cuando bajé de las gradas, esperando que el contramaestre Gaufrid viniera conmigo, me dirigí hacia Pawurs. Ya había tomado una decisión y ahora tocaba afrontar las consecuencias, aunque sabía perfectamente que nada en este mundo era gratis, mucho menos algo capaz de quitar una maldición de una Fruta del Diablo. Eso tendría un precio, tesoro, y yo estaba dispuesto a pagarlo. Metí una mano en uno de mis bolsillos y puff no habia nada, revisé el otro y adivina que… tampoco habia nada, palpé la parte trasera del uniforme y claro claro ahora, si bueno, no, tampoco habia nada. —Ay, no —murmuré, comenzando a revisar mis bolsillos con un poco más de desesperación —No, no, no, no...— Me quedé completamente quieto y voltee casi en camara lenta y sonriendo avergonzadamente hacia el contramaestre Gaufrid. Revisé nuevamente mis bolsillos como si por milagro pudiera aparecer dinero de la nada.

—El Ford Transit se quedó con mi monedero, tesoro y ahora mismo tiene más dinero encima que yo, qué humillación. —murmuré, mirando al suelo durante unos segundos antes de reunir valor para hablarle directamente —Contramaestre Gaufrid-chan.— Me acerqué un poquito y bajé todavía más la voz, no queria que Merlot y la otra chica me escucharan, —¿Usted podría prestarme el dinero para pagar el proceso? Se lo devolveré, se lo prometo. En cuanto vuelva al barco recupero mi monedero y le pago hasta el último berraco peso, es mas mañana mismo le pago, de verdad, si si, enserio. — Me rasqué la mejilla, bastante avergonzado.

Mi estupido y Sensual Off



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Resolución (Parte VI) - Maki D. Zen'in - 15-08-2026

[personajeinvalido=3941]
El final del combate marco una especie de alivio en Maki, algo alcoholizada, algo ida, llevada por el Caramelo hasta donde El Gigantón para que les enseñase esa técnica secreta para pegarle a aquellos que podían volverse uno con los elementos… Maki se rasco la calva al escuchar el desenlace, y sonrió ampliamente al ver que el campeón de Merlot había sido declarado victorioso, al menos en el puntaje ella aplaudió con mucha energía… esto le encantaba. Le encantaba el aroma a sangre y fuerza como las pruebas de resistencia y de furia controlada superaban las mentes y las voluntades.

Luego de acordar una especie de cita con la barra de chocolate mas grande que hubiera visto en mucho tiempo, Se centro en sus Nakamas cuando apareció… … … aparecieron mas bien, presentados por el Gran Emperador. ¿Sus primos?... claro todos eran monos… que cosa mas rara… Maki puso atención… este mono… uno de ellos había medio coqueteado con ella cuando pasaron desde el blues a través de la reverse Mountain no recordaba su nombre, pero si la escena. ¿Le reconocerá? Esperaba que no.

Escucho atentamente a los simios, ja… quitarse las escamas es como quitarse parte de su corazón. Ella era la iguana y la iguana era ella. al principio pensaba que finalmente le dominarían los instintos animales y terminaría convirtiéndose en una reptiliana, pero. Había logrado controlarla. Se habían encontrado con La Chica Mandarina otra vez, se había perdido entre la muchedumbre y gracias a dios, estaba bien —Que bien… estas… no ha pasado nada verdad?... rondan muchos marines por aquí— Fruta… Maki se toco el pecho… su fruta. No tenia idea que ella tenía una… mmm… … … ¿Cuál sería? Daba igual, se la quitaría. ¿Sería bueno ir con ella? La siguió con la vista… mierda. Que hacía con Uker, la imagen le dio una curiosidad intensa. Tanto que la borrachera pareció retroceder.

De pronto vio una sombra,… una sombra hermosa, una Joya el mar… el rostro de Maki se deformo en una mueca de preocupación… Su mano se extendió, su sirena se escapo de sus dedos… esos dedos que eran tan fuertes, que no dejaban escapar su espada ni a sus enemigos ahora se le escapaba —Merl…. Hermana!! Es… pe…— Maki trastabillo y se tropezó con un par de personas… no. no quería que le doliera, no quería que ese mono le golpeara, había visto como habían casi matado al cuervo antes. En la Reverse Mountain.

Con los dientes apretados empujo a todo ser vivo que estaba en su camino… Agarro a Hyak del brazo… le obligo a avanzar detrás de ella. dejar sola a Merlot era peligroso, era demasiado impulsiva. Podría meterse en problemas con los monos, mono… mierda la teoría de Maki, todos los monos hablan, era verdad… cuando salto a la arena surcando el viento… se dijo… ☼ Peleare contra quien sea por mi hermana, no le hagan daño o morirán todos. ¿Cuánto le iban a cobrar? ¿Cuánto dolor? ¿Qué significaba “extraer” la fruta?☼ Si la respuesta no le gustaba, les arrancaría los dientes y después preguntaría otra vez. Cuando sus pies cayeron al suelo de la arena, rodo por el suelo y corrió pero algo le detuvo… no… se interpuso entre los Simios y Su hermana… extendió una mano… su rostro, iracundo, no quería que la dañen. Alzo la vista alrededor, vio a aquel marine que le tuvo miedo?... no recordaba, pero eso parecía. A la niña mandarina y a UK… su borrachera pareció pasar de inmediato, su mano derecha en el cinto sobre su daga. No sacaba la vista de los comerciantes. Mientras su hermana hablo… quería. Nadar?... giro levemente.

Y después… lentamente, su postura cambio totalmente. Como era tan estúpida, como no se había dado cuenta que la Joya extrañaba el mar. Había aprendido a querer sus escamas. Había aprendido a vivir con ellas. Había asumido que ella haría lo mismo con sus rayas. Apretó los labios intentando decir algo… miraba sus manos con berris, era poco, pero tenía lo suficiente?. —María Merlot… yo… yo… yo... pensé que estabas bien.— Su cuerpo se volvió pesado. Tanto que parecía que sus piernas no podían sostenerla.

Silencio

—Qué idiota soy.— Quería decirle que lo sentía, que nunca le pregunto cómo se sentía en verdad para ella. era un tanque de combate, nada le afectaba, era todo garras y escamas, se sentía plena con la fruta. Aún más… complementada. Jamás habría pensado en quitársela.

—No llores, mierda... si tú lloras yo... Hermana… yo pagare lo que haga falta… solo… se valiente. Yo te cuidare y Hyak… verdad?...— Le toco el hombro, toco una lagrima de su mejilla, pero… maldita no le dijo que era contagioso… comenzó a rodar una lagrima por el rostro de Maki al tiempo que caía sobre ella. La atrapó entre sus brazos con tanta fuerza que casi parecía que pretendía impedir físicamente que el mundo pudiera arrebatársela. —Se valiente hermana, yo te cuidare. — Su hermana estaba viviendo con una pérdida que Maki ni siquiera había entendido, se levanto, con un rostro serio… —Por favor… ayuden a mi hermana, quiere volver a nadar… por favor se los ruego.— Maki apretó los dientes ella no rogaba.

Nunca.

Había amenazado a Marines, piratas, monstruos y hombres mucho más fuertes que ella sin bajar jamás la cabeza. Pero ahora tenía delante a dos desconocidos capaces de devolverle a su hermana aquello que más amaba. Lentamente, su cabeza comenzó a descender. —Por favor…— La palabra salió pequeña. Casi irreconocible en su voz. —Devuélvanle el mar. Se los suplico— Se arrodillo sin darse cuenta y con las palmas en el suelo bajo aun mas su cabeza. Casi tocando la arena. —Pero si le hacen daño más de lo necesario…— Estaba ahí Maki, sin desaparecer por completo su espíritu.

Play Me!



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Resolución (Parte VI) - Bertram Gaufrid - 15-08-2026

[personajeinvalido=3941]
El joven contramaestre sigue en las gradas acompañando a Kibai, Juan y Enji en lo que terminaba el combate de la final y descubría que su equipo había terminado vencedor de las competiciones. En un inicio el marine tortugrejo no recordaba que el bueno de Bertram era el único marine en un equipo de piratas, sin embargo, cuando Enji y Kibai se lo mencionaron se alegró por una victoria para la marina, aunque sea por un solo soldado. Cuando llega el momento de terminar el comandante cangrejo pide más cervezas a su capitán y al mismo tiempo Bertram sonríe y se rasca tras la cabeza diciendo

-Por más éxitos de la marina sir.-

Y le da un buen trago a su hidromiel mientras escucha lo que dicen los dos invitados nuevos, dos sujetos que otros ya conocen pues por lo que sabe Bertram de escuchar a otros decirlo aparecieron en el fatídico día en el que los hicieron participar en los juegos retorcidos de los tenryubitos. Sin embargo, como el contramaestre se había dirigido al barco a comprobar que tanto su montura como su goleta estaban en buen estado tras ese accidentado descenso por la montaña en el que la inmensa mayoría salió volando y cayeron dispersados peleando por separado. Los rojos ojos de Bertram se mantienen fijos en la arena, no porque se plantee quitar la akuma que consumió por accidente, mezclada entre otras frutas, sino porque quería ver quiénes lo harían y cómo sería el proceso. Es mientras está apoyado en el borde que se le acerca uno de los marines que recién conoció en esa isla, Masami se hizo llamar, y parece más nervioso que nunca, las otras veces que lo escuchó hablar estaba lleno de energía, confianza y alegría, ahora se nota la duda y el miedo escondidos en sus gestos y su tono, al parecer quiere quitarse su akuma y se siente más cómodo con un compañero marine junto a él en la arena por lo que Bertram sonríe y dice

-No te preocupes sir, es un placer apoyar a un compañero en un momento que puede asustar. Me aseguraré de que te mantengas a salvo pase lo que pase.-

Tras eso el joven se gira hacia Juan y Enji y les dice

-Chicos, voy a acompañar a Masami a la arena sir, el que quiera es libre de terminarse mi hidromiel, pedí una receta tradicional de mi familia, especialmente fuerte.-

El joven marine se mantiene firme en aspecto, con una expresión alegre y calmada, pero dentro suya, una parte de su ser está nuevamente peleando contra los recuerdos del día que lo perdió todo, el día en el que se quedó completamente solo en el mundo, justo el día que se juró proteger a otros de ese destino. El joven pelirrojo se ajusta el arco en su espalda mientras camina y se rasca la cabeza en un tic nervioso que le ayuda a calmar su mente, mientras su mente viaja por diversas cosas, recuerdos del pasado y planes de como lograr hacer algo que tiene en mente, algo que podría haber hecho en este inesperado reencuentro con la joven y bella fuente de sus dudas si hubiera podido llevar más objetos encima de los que ya llevaba. Sus pensamientos no se reflejan en su rostro, años aprendiendo a cazar, a controlar su respiración, sus emociones sus gestos ayudan a mantener un control casi absoluto sobre sí mismo, sin embargo si alguien tuviera una forma de sobreponerse a ese impedimento y ver lo que ocurre dentro de su cabeza vería la marea de conflictos internos y recuerdos mezcladas con planes y dudas. En ese momento, cuando ya había alcanzado la arena y se encuentran frente al hombre con el misterioso poder de extraer el poder de las akumas, la voz de Masami apaga temporalmente esa marea con una urgencia, necesita dinero para pagar sus servicios y al parecer su dinero se quedó en el navío de su división, por lo que preguntó a Bertram si puede pagar por él, por lo que el pelirrojo simplemente avanza con calma, su rostro manteniendo una expresión calmada y saca del interior de su chaqueta un pequeño saco de cuero cargado de monedas y los extiende al gyojin que tienen delante diciendo

-Aquí tiene sus honorarios sir, está el dinero justo para cubrir a mi compañero, estaré aquí esperando a que terminen.-

Es en ese momento que el joven pelirojo ve no solo a Maria sino a Maki también en la zona por lo que se acerca un momento a Maria y le dice al oído

-Cuando me encuentre con el emperador lo observaré bien y te contaré todo lo que pueda sobre él luego, sir. Además, tengo algo en el barco para ti.-

Tras eso y con una sonrisa amable regresa junto a Masami para apoyarle en este proceso que tan nervioso lo tiene.

El Carcaj de información




RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Resolución (Parte VI) - Bartolomeow Flint - 15-08-2026

[personajeinvalido=3941]

Después de anunciar los ganadores del torneo y de pedirnos que lo visitásemos durante la siguiente semana. El emperador de aquellas tierras dijo que aun quedaban unos invitados muy especiales por salir, apareciendo de repente en medio de la arena, lo que parecía un anciano Gyojin pez Barracuda, con el tono de piel bastante verdoso, arrugas por el rostro y una prominente barba alargada y blanca, y un anciano Mink Babuino con un baúl. El Mink tenia la piel rojiza y arrugada, y vestía bastante llamativo y peculiar, en concreto llevaba unos pantalones y una chaqueta abierta, de cuero amarillento con tachuelas blancas. Tanto las perneras de los pantalones como las mangas de la chaqueta, las llevaba adornadas con plumas de todos los colores. También lleva una docena de collares de oro y unas gafas de sol con montura de oro y cristales dorados.

"Vaya ancianos más extraños..." Me dije mientras los observaba atentamente "Ese Mink tiene pinta de tener mucho dinero... pero bueno a veces el que más muestra menos tiene-don..." Proseguí mientras me rascaba el hombro izquierdo con la mano derecha, ya que llevaba rato picándome, me miré y un mosquito me había picado. "Malditos mosquitos... les encanta mi sangre... debo tenerla muy dulce-don" Desvié mis pensamientos un momento por culpa de aquella picada. "Dinero... Dinero" Esa palabra se volvió a repetir en mi mente, una y otra vez, hasta que de repente pegue un bote, levantándome del asiento donde me encontraba.

"¡Mierda...! mi bolsa, en ella tengo todo mi dinero-don" Pensé exaltado mirando hacía todos los lados de la grada. No tarde mucho en encontrarla, ya que se encontraba apoyada en la barandilla de la grada donde me encontraba, la había dejado allí antes de saltar a la arena. Sin perder un instante baje hasta ella, la agarre y la abrí de inmediato, encontrando en ella la ropa que debería llevar puesta y, después de tirarla al suelo para ver lo que había en el fondo de la bolsa, encontré la bolsita con el dinero que había traído conmigo.
Cuando tuve la bolsa en mis manos, escuche como el Gyojin Barracuda dijo algo que llamo mucho mi atención. "Soy capaz de extraer de vuestro interior a los diablos que habitan tras haber consumido una de sus terribles y malignas frutas... Para siempre" Repetí sus palabras mentalmente mientras lo miraba con atención. "Mmmm... eso me interesa mucho-don..." Me dije mientras me metía la bolsita del dinero en el bolsillo izquierdo de los calzoncillos, ya que en el derecho aun llevaba mis den den mushi's y, me agachaba, para agarrar la ropa y volverla a meter en la bolsa.

"Mmmm... interesante... quitármela solo me cuesta unos cuantos berries y una cicatriz en el pecho-don..." Me dije repitiendo las palabras del Gyojin. "La verdad que tampoco es tanto... y bueno... aunque estoy contento con los poderes que he obtenido... creo que puedo llegar a aspirar a algo mejor-don..." Seguí pensando y demostrando que el dinero no era algo que me importase mucho, pero lo que si me importaba es poder encontrar o conseguir un poder que me haga mucho más poderoso y tenía como ejemplos, tanto la fruta de Ashura como de Shin o la del mismo Quetzalli Jr. la cual le daba poderes superiores a los míos, aunque esta también fuese una zoan.

Cuando el Gyojin acabo de hablar, fue el turno del Mink, al cual me costó un montón entenderlo, así que me centré más en mi y en pensar que debía hacer. "Me gusta este poder, me permite volar-don..." Empecé a razonar. "Pero tampoco me permite realizar muchas más cosas... seguramente hayan más frutas que me permitan volar y realizar más cosas, se que mis sueños marcan mi destino, y en estos vuelo, pero también siento que mientras vuelo tengo todas mis extremidades libres-don..." Continuó valorando los pros y contras de la situación.

"Pues si, voy a quitármela como decía mi padre siempre... quien no arriesga no gana-don" Acabe concluyendo pocos minutos después de empezar mi discusión mental. Ya decidido, volví a dirigir mi mirada hacía la arena, allí pude ver como tanto la amiga de María y aquel espadachín de mi equipo, se dirigían hacía los dos ancianos, detrás de ellos pude ver a María, Maki y Hyakinthos también de camino. "Mira ahí están estos... voy con ellos-don" Pensé cogiendo impulso y saltando de la grada para aterrizar en la arena y corrí hacía ellos. Entre nosotros también se encontraban un marine con alas y aquel marine pelirrojo que pertenecía a mi equipo.

Cuando llegue a la altura de todos, estos estaban haciendo cola. -Hola... me gustaría pedir turno para quitarme mi poder, este es el de un águila normal y corriente-don- Le dije tímidamente, sin mirarlos a la cara, a los ancianos al llegar mi turno. Estos me dijeron que me costaba 1 millón de berries. En ese momento saqué la bolsita de mi bolsillo izquierdo y después de abrirla empecé a contar lo que tenía. "setecientos noventa ocho mil... setecientos noventa y nueve mil... ochocientos mil..." Acabe de contar segundos después. "¡Mierda... no llego a el millón-don...!" Me dije preocupado y enrojeciéndose mi cara, mientras miraba a mi alrededor, centrándose mi vista en Hyakinthos. -¿Hyakinthos, no tendras por ahí unos doscientos mil berries que te sobren, no?- Le pedí, casi suplicando con la mirada al médico, aprovechando que este me miraba. Sin esperar su respuesta, me giré hacía los ancianos aún con la cara roja como el babuino. -Yo tengo estos ochocientos mil berries... aquel tipo pelirosado pagará lo que me falta-don...- Les dije sin mirarlos, mientras les entregaba los berries que yo tenía y luego señalaba al médico.

-Muchas gracias Hyak, cuando bajemos al mar azul te busco y te los devuelvo, te debo una-don- Exclamé con una sonrisa y guiándole el ojo al Pelirosado, cuando este se acercase e hiciese el pago que me faltaba para completar el millón que me costaba deshacerme de aquel poder que me había ayudado a ganar aquel torneo.

MushokuOff



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - La Resolución (Parte VI) - Hyákinthos - 16-08-2026

[personajeinvalido=3941]

Conversaciones interrumpidas.
 
Acciones a medias.
 
La aparición del curioso par en medio de la arena provocó una serie de sentimientos encontrados en más de uno en las gradas.
 
El médico no pudo entenderlo de buenas a primera. ¿Por qué un chamán se presentaría al final de un evento? ¿Acaso estas personas tenían tradiciones más ritualistas de lo que parecía a simple vista? Su cabeza se ladeó mientras que observaba al viejo hablar, intentando descifrar sus palabras, pues no comprendía nada sobre esos diablos de los que hablaba. ¿Realizarían un exorcismo en vivo y en directo?
 
La sola idea lo hizo acercarse al respaldar de la silla de enfrente, apoyando sus manos sobre esta, mientras se quedaba embelesado escuchando el discurso de ambos monos para que, al final, pudiera entenderlo todo con la simple mención de la palabra “fruta”.
 
—Así que pueden quitarse esos poderes extraños —. Miró a su alrededor. Las personas más cercanas a él, en la actualidad, poseían una de estas extrañas habilidades, aunque, Maki, en especial, parecía bastante cómoda con su estatus de iguana, nunca la vio renegar de convertirse en el pequeño y poderoso animalito verde, parecía ser una con aquella fruta, una extensión de si misma; sin embargo, cuando su vista se giró a Merlot, supo que había algo mal.
 
No era un idiota como para no darse cuenta de que, desde el momento en que se comió la endemoniada fruta, el brillo en los ojos de su Joya del Mar pasó de ser tan abundante como el de la estrella más brillante del cielo a opaco, como una bombilla que lucha por mantenerse encendida en medio de una noche tormentosa y ahora que sus ojos analizaban el rostro de la semi sirena, con el mismo escrutinio que analizaría un corazón enfermo, entendió, por el shock dibujado en su expresión, que aquello que decían los monos sería una liberación para su alma…¿Debería acompañarla? Sí, debía. No sabía como es que el chamán haría el exorcismo, pero tampoco podía dejar sola a su mejor ingreso de emergencias, no cuando podría haber un riesgo de que se hiciera daño.
 
—Merlot —. Iba a dar un paso al frente, a colocar una mano sobre su hombro, pero la voz de la chica de cabellos naranjas lo hizo voltear para centrarse en ella. No estaba seguro de que ver en sus ojos, pues apenas la conocía, ni siquiera podía recordar su nombre como era debido, pero, algo en los orbes azules le recordaban la melancolía de una tierra lejana.
 
—¿Tu familia? ¡Ah! También tienes uno de esos poderes —. Repitió lo obvio, aunque sus siguientes palabras lo hicieron quedarse pasmado por un segundo… ¿Dolería?
 
Estiró su mano para intentar alcanzar a la muchacha del violín, pero solo pudo recibir una papelito con su den den mushi, antes de que esta diera la vuelta para bajar al escenario junto con los dos monos y… ¿El cocinero? ¿Ese era el cocinero? Si, estaba más que seguro que sí.
 
—Maki, Merlot… ¿Qué harán uste…? —Ni siquiera pudo terminar su pregunta porque al girar sobre sus talones para ver de nuevo a sus compañeras de viaje, lo único que alcanzó a ver fue una estela de cabello rosa y ropas moradas moviéndose hacia la arena y seguido de eso, un tirón en su brazo que lo hizo a él ponerse en marcha también… ¿De verdad eso último había sido necesario? Él habría corrido detrás de la sirena sin necesidad alguna de que su calva capitana lo obligara; sin embargo, en lugar de discutirle o zafarse para correr más rápido, le siguió el ritmo a la mujer, simplemente para evitar un drama innecesario.
 
Sus pies se detuvieron, obligados, frenando en seco y levantando algo de polvo, justo antes de llegar frente a los simios y ubicarse a un lado de Merlot.
 
El médico respiró hondo, tomando algo de aire después de la improvisada carrera y luego, más por manía que por preocupación, miró a sus alrededores para fijarse en el resto de las personas que se reunían alrededor de los tremendos personajes que ofrecían sus servicios… ¿Tanta gente estaba dispuesta a someterse a un exorcismo público?
 
Vio al marine pelinegro de antes, al pelirrojo, también al cocinero ¿Él tenía una fruta? Creía que no o bueno, quizá solo estaba ahí por la misma razón que él: fue arrastrado y, a un lado de él, a la chica Naranjita, quiso acercarse a ella, pero antes de moverse de su sitio, escuchó un sollozo que lo hizo bajar su mirada a su lado.
 
¿Lágrimas?
 
¿Su Joya del Mar estaba llorando?
 
Abrió su boca, dispuesto a pronunciar un consuelo que no terminó por salir ¿Por qué? Siempre había sido bueno improvisando mentiras y palabras bonitas, entonces ¿Por qué ahora le costaba? Más aun teniendo en cuenta que la tristeza de la mestiza era algo que había percibido desde hace mucho tiempo.
 
Soltó aire, cerró sus ojos y mordió su labio inferior antes de alzar su mano y colocarla sobre el hombro izquierdo de Merlot para darle un pequeño apretón que indicaría que la cuidaría o le daría el dinero necesario para la extracción de aquel demonio que tanto la incordiaba, aquel que le impedía regresar a lo que para él era el único amor de cualquier marinero decente: El Mar.
 
—Claro, no te dejaremos sola ni antes ni durante ni después del exorcismo, Sirena —. Su voz no fue baja, pero tampoco tan alta como para que los demás lo escucharan. Solo Maki y Merlot pudieron oír su intento de consuelo, uno que, para su sorpresa, no tuvo que forzar como todas esas veces en las que fingía ser más amable e inocente de lo que en verdad era. —Estarás bien.
 
No apartó su mano, ni siquiera cuando notó que el marine pelirrojo de antes de acercó a la chica… ¿Acaso no se había dado cuenta de que era un momento delicado? Le dedicó una mirada fulminante que no se molestó en disimular ni siquiera al estar frente a los simios, aunque no tenía intención de pelear con nadie, a fin de cuentas, no quería crear un conflicto innecesario en una tierra en la que se supone que estaban en tregua. Lo dejó pasar, al menos esta vez.
 
—Venga, ya no llores, eres la Joya del Mar, no de la Sabana. Volverás a recuperar lo que una vez fue tuyo…
 
De repente una sombra se cernió sobre ellos, haciendo que el pelirrosa observara hacia arriba y se encontrara con el enorme Sandwichero que había llevado a Merlot en sus hombros durante el trayecto de la costa hasta esta arena.
 
—¡Oh, eres tú! ¡Barnabas! ¿No? ¿Sabes? Así se llamaba el navegante de mi antigua tripulación —. Lo del navegante era cierto, algo de su pasado que no le había contado ni a Merlot ni a Maki ni a nadie, pero que se deslizó de su boca con naturalidad cuando asoció el nombre del buccaner con el de su antiguo compañero. —Así que tu también necesitas un exorcismo…Venga, dile a Merlot que estará bien, que esas lágrimas me impiden ver con claridad sus ojos color sol.
 
El médico sonrió, incluso cuando escuchó la pregunta sobre los 200 mil berries, aunque, luego de un segundo alzó una ceja al procesar con claridad lo que el otro hombre le pedía.
 
—¿Solo 200 mil? Claro, dinero es lo que siempre me sobra —. Sacó de su bolsillo una billetera y de esta un fajo de billetes que extendió hacia los monos. —Cobre lo que necesite, Señor —. No se atrevió a ponerle ningún apodo a ninguno de los dos, pues dos personas con tan peculiares estilos podían ser muy amables o peligrosos y el médico prefería elegir siempre la segunda opción, solo por precaución.
 
—Y tú, Barnabas, no te preocupes por el dinero, porque de todos modos hay algo que quiero preguntarte y si quieres, puedes verlo como un intercambio. Tu me das información y yo un par de berries —. Sonrió y volvió a colocar su mano sobre María, pero esta vez no sobre su hombro, si no sobre su cabeza, le dio un par de palmadas sobre esta, despeinándola un poco, pero sin quitarle su natural belleza, por supuesto. —Aunque luego podemos hablar de eso, ambos tienen un exorcismo por delante ¿No es así?
 
Recordó las palabras de la chica Naranjita sobre el dolor… ¿Qué tanto? ¿Qué implicaría en Merlot? ¿O en Barnabas Barto? Su mirada se ensombreció, dejando de ver a ambos como aliados para verlos como pacientes… ¿Resistirían conscientes a la extracción de algo que no puede verse a simple vista? Luego miró a los monos… ¿Usarían algún tipo de anestesia? No tenía respuestas, pero si curiosidad y mucha…Ahora, con ojos analíticos, observaría la extracción de aquellas frutas como si fuera la extracción de un tumor en medio de un quirófano. 



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