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[Presente absoluto] La isla de los gigantes - Kovashi Shimatsu - 10-12-2023 Día 30 // Verano
Todos terminaron juntándose en el barco, incluso Panda decidió retroceder en su avance por la isla para poder reagruparse. Todos tomaron una clara decisión, dirigirse a las cabezas gigantes que estaban en el centro de la isla. Una vez allí, intentar buscar algún hueco bajo tierra. Por suerte o desgracia (más por suerte) fueron días de viaje bajo tierra, la habilidad de Panda era tremendamente útil en estos casos, así estaban lejos de las avispas e incluso la confianza del grupo medio creció. O al menos la del Shimatsu, quién pasó una fiebre dura que le aguantó hasta una semana. Una semana de fiebre, ¿quién aguanta eso? Pues alguien como Kovashi. A todo esto, la maldita isla resultó ser gigantesca, tanto que perderse era coser y cantar. Kovashi vestía sin camisa, con la suya alrededor de su frente, completamente llena de cortes, más que una camisa blanca, parecía un pañuelo digno de un superviviente. ¿Lo bueno? que debían cazar su propia comida y en eso el Shimatsu era un tipo sabio, pues adoraba la caza (para consumo, principalmente).
Se situaban bajo tierra a sabiendas de que estaban relativamente cerca de los cráneos. — Creo que voy a salir. — Susurró Kovashi. Tantos días allí sirvieron para hacerles conocedores de que en la isla habitaban animales terribles, además de hombres inmensos. Sí, gigantes. Y no, no eran muy amables. Hasta el punto que los revolucionarios tenían que andar con muchísimo cuidado. Las manos de Kovashi se abrieron paso a través de la tierra. Panda lo hacía mucho más fácil, pero para no depender de este, los demás tenían que hurgar en el terreno de vez en cuando. Todo tembló.
Off
La sombra cubrió la zona varios cientos de metros. Un ser vivo que debería no existir caminaba, seguramente hacia a su hogar. Tenía una inmensa cadena de dientes gigantescos y en la diestra portaba un hacha del tamaño de dos mil o tres mil Kovashis en línea recta. En la otra extremidad sujetaba una cadena de metal en la que se podían ver animales muertos, con las patas bien atadas y boca abajo. Kovashi se quedó ahí, mirándolo. Eran temibles y fascinantes a partes iguales. Cada pisada hacía temblar toda la isla o eso parecía. De un ágil salto, el peliblanco salió de entre varias rocas, hierba y plantas. — Ya podéis salir. — Les hizo una señal con la mano. — No me acostumbro a ver esto ... — Finalizó, limpiándose la frente de el sudor.
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RE: [Presente absoluto] La isla de los gigantes - Max D. Bambú - 12-12-2023 Cuando Don Bambú inició la marcha hacia los grandes cráneos de aquella maldita isla, no se esperaba que su estancia allí se fuera a prolongar más de un par de días. No sabía entonces cuánto iba a tardar el log pose en recargarse para poder marcharse de aquí, pero el cacharro parecía tener dificultades severas para adaptarse al magnetismo de la isla, como si algo estuviera interfiriendo o como si sencillamente estuviese roto. Los días se convirtieron en semanas y las semanas en un mes entero. La habilidad del panda para crear túneles y guaridas en el subsuelo resultó muy útil para esconderse y desplazarse sin ser vistos. Esto fue muy necesario, porque a los pocos días de refugiarse en los cráneos el grupo descubrió la presencia de gigantes. ¡Gigantes como en las leyendas! Al principio Don Bambú se emocionó. Había leído muchas veces sobre aquellos seres mitológicos, pero jamás se habría imaginado poder encontrarse cara a cara con ninguno. Tuvo suerte de que Kovashi le detuvo y le devolvió a la realidad al momento. Si Don Bambú se acercaba a uno de esos bichos terminaría siendo aplastado, o algo mucho peor. Al principio no se lo tomó en serio. Imaginó que los gigantes sabrían hablar y que podían entablar amistad si eran lo suficientemente cautelosos, pero esta expectativa no fue longeva. Los gigantes eran criaturas brutales y muy beligerantes. Se peleaban entre sí constantemente, y cuando no lo hacían se emborrachaban con el zumo de alguna especie de bayas de la isla y cantaban canciones sobre la guerra, la comida y la bebida. Al poco tiempo Don Bambú interiorizó que no podría interactuar con ninguno de ellos normalmente y se conformó con el privilegio de haber visto gigantes desde una distancia segura.
Como decía, pasó un mes entero en aquella isla. Un mes en el que el grupo dependía mucho del panda para sobrevivir, porque aunque Kovashi y Nadja ayudaban en lo que podían, sin la habilidad del panda era casi imposible hacer túneles de manera consistente. Desde la mañana hasta la noche el panda empleaba todas sus fuerzas en llevar al grupo al siguiente punto. Enma requería de atenciones también. Desde que llegaron a la isla estaba siendo completamente incapaz de controlar sus poderes y se desvanecía en ceniza tan pronto entraba en contacto directo con alguna persona. Khruner seguía durmiendo, pero como no podían llevárselo a todas partes, lo habían dejado en el barco y habían escondido el barco en una oscura cueva prácticamente oculta por la enorme densidad vegetal de la isla. El barco estaría a salvo allí, o eso pensaban, y Khruner con él. De vez en cuando el panda iba a revisar que todo seguía en orden y que el barco no había sufrido ningún daño, porque con se fue hundiese sin estar ellos atentos, el oso se ahogaría irremediablemente. Sin embargo, era mejor que cargar con una criatura de 3 metros a cuestas allí a donde fueran. La caza le resultaba más fácil al peliblanco que al oso. No es que Don Bambú no fuera ágil, pero no medía muy bien cuándo era el momento de saltar a por la presa y tras un par de intentos fallidos por su cuenta, había decidido hacer de mula de carga de las presas capturadas por los demás. Cada día, entre excavar, cazar y otras tareas, el panda terminaba completamente exhausto y tenía que dormir nueve horas si quería rendir igual al día siguiente. Sin embargo, en todo este tiempo, ni una palabra de protesta salió de sus labios. La situación era jodida y lo sabía, pero si un día no se levantaba, el grupo sufriría las consecuencias. Así que cada día reunía las fuerzas que había podido recuperar, mantenía los túneles y hacía otros nuevos para el grupo. No eran muy complejos y no duraban para siempre, pero estaba siendo capaz de mantenerlos el tiempo necesario para guarecerse en ellos. Y esto nos lleva al presente. El grupo se encontraba en un habitáculo bajo tierra. La necesidad de salir a tomar aire fresco se iba consolidando ya que, aunque el panda se aseguraba de hacer agujeros pequeños para que circulase suficiente oxígeno, el cargado aire del subsuelo era veneno para los ánimos de todos. Kovashi fue el que tomó la iniciativa y empezó a excavar con sus manos un túnel hacia el exterior. Un gran temblor les reveló la presencia de un gigante. Nadie se movió, aunque seguramente daba igual que lo hicieran. Los gigantes hacían tanto ruido que era improbable que pudiesen escuchar a cuatro "diminutas" figuras moviéndose a sus pies. Cuando la criatura se alejó lo suficiente, Kovashi dio la señal al grupo para que salieran. Panda salió del túnel con facilidad. Todavía era temprano, el sol acababa de salir hacía poco. Se habían acostumbrado ya a la presencia de avispas de tal modo que el veneno que les inyectaban de vez en cuando con sus picaduras casi se sentía como la normalidad del día a día, solo que con frecuentes dolores de cabeza y algunas somnolencias. Al menos por parte del panda. —Un día más. —Llevaban tanto tiempo allí, que no se le ocurría nada elocuente que decir. El aspecto de Don Bambú daba un poco de pena. Sus playeras vestimentas se habían convertido prácticamente en harapos pegados a su cuerpo por obra y gracia de Dios. El constante trajín de aquella isla selvática le había dejado un aspecto tan salvaje como algunas personas creen que son los mink y cada día se iba pareciendo más y más al aspecto que tenía Khruner habitualmente. Su camisa hawaiana casi no tenía piñas ya. Sus pantalones cortos estaban deshilachados y sus sandalias hace tiempo ya que se habían perdido. Las gafas de sol, como no son nada útiles bajo tierra, permanecían en su bolsa llena de libros. Probablemente rotas debido al peso de los volúmenes que alguna vez había descansado sobre ellas. Le hubiera gustado cambiarse de ropa. Vestirse como lo hacía siempre, pero lo único que conseguiría sería destruir sus únicas ropas buenas en ese momento. Necesitaba conservarlas hasta salir de la isla. Tenía la suerte de que en Little Garden no hacía frío casi nunca, así que el hecho de no tener ropas para protegerse del mismo no era tan importante. Solo un poco descorazonador. Miró a Kovashi expectante. Se estaban quedando sin agua ya, pero tendrían que cazar pronto. El grupo tenía que mantenerse junto todo el tiempo posible, pero no siempre era viable. En estos casos el peliblanco solía tomar las riendas de la situación y daba instrucciones a los demás. A Don Bambú no le gustaba, pero no era momento de discutirle nada. Además, era el de mayor rango del grupo, así que en honor al Ejército, el panda tenía que hacerle caso.
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RE: [Presente absoluto] La isla de los gigantes - Nadja Alexeyeva - 12-12-2023 Día tras día. Lo que parecía que iba a ser una isla encantadora, con sus misterios y animales enormes se acabó volviendo una pesadilla con bichos prehistóricos y cuevas. Muchísimas cuevas. Por suerte para Nadja, ella ya estaba acostumbrada a moverse entre la tierra, a ensuciarse las manos y las rodillas de barro, a sobrevivir en la pura naturaleza. Como parte del rito de iniciación en su grupo de revolucionarios de Arabasta, tuvo que sobrevivir toda una estanción en el desierto, en sus dunas y sus rocas, aprovechando el agua que dejaba el rocío de la mañana, matando pequeñas escorpiones y ratones para vivir... Aquel rito conseguía que te acabaras enamorando de un entorno tan hostil pero tan justo a la vez. Claro que esa vez, estaba completamente sola... por lo que su aspecto le daba más igual, y también iba más preparada. En esta ocasión, unos escalofríos le entraban de vez en cuando al pensar en lo horrible que tendría que verse sin su maquillaje, sin sus uñas hechas y sin poder lavarse el pelo con su acondicionador de confianza, solo con agua de algún río. Al fin y al cabo, ella no se veía a sí misma, pero los demás sí... eso la agobiaba. Aunque realmente tampoco estaba tan mal, pero era un poco especialita y exagerada con el tema.
Los días siguieron pasando. Nadja comprobaba su log pose cada día, de hecho lo comprobaba cada dos por tres, ansiosa porque el trasto se recargara de nuevo. Panda creía que estaba roto, Nadja lo dudaba, no parecía estarlo al menos no tenía señales de haberse golpeado o algo así... quizás simplemente el magnetismo de aquella isla prehistórica era distinto, una piedra más que el destino les ponía en el camino. Por suerte, parecía que las avispas no picaban tanto a los animales pequeños, así que Nadja podía salir a veces de los túneles y guaridas subterráneos transformada en zorro, ocasiones que aprovechaba para buscar algo de comida, cazar algún animal... aunque todo allí era tremendamente gigante, demasiado para sus fauces. También había cazado alguna vez en su forma humana, en aquellos casos su rifle venía muy bien pues podía matar al animal desde bastantes metros sin entrar en un combate físico, cómo si lo hacía Kovashi. El caso es que día tras día... fueron sobreviviendo, con lo que llegamos a la actualidad. Gracias a los túneles de Don Bambú, llegaron cerca de la ubicación de los dos enormes cráneos de animal. Kovashi fue el primero en decir que quería salir, así que el resto del grupo le siguió. Normalmente iban siempre juntos, en la medida de lo posible, la unión hace la fuerza, o eso decían. Sin embargo, cuando Kovashi estaba excavando hacia arriba para volver a la superficie, se sintió un enorme temblor. Sí, no eran rumores, en aquella isla existían los gigantes. Y no eran especialmente amables, ni amistosos... eran burdos, salvajes, violentos. Con un simple gesto podrían partir a la revolucionaria en dos, y lo harían si se les presentaba la oportunidad. Una vez el temblor pasó, Kovashi terminó de salir de la tierra. Nadja le siguió justo detrás, mientras que Don Bambú con su propia habilidad pudo salir más tranquilamente. El paisaje selvático, amazónico, Nadja estaba empezando a acostumbrarse, fíjate. Durante una de sus expediciones en forma de zorro encontró un gran trozo de tela, seguramente ropa de algún gigante. Así que había aprovechado aquella enorme cantidad de material para cambiar un poco el look de su ropa. Se recubrió la parte del pecho, haciéndose otro top y pudiendo tirar el otro por ahí, pues roto ya no le servía de nada. Se hizo una especie de falda, aunque continuó con los shorts por debajo, por si acaso, y cambió su trenza por una coleta alta. Parecía toda una salvaje. Y aún le queda muchísima tela por si alguno de sus compañeros quería también un apaño, o si necesitaban vendarse alguna herida... la verdad es que al tratarse de un trozo de ropa de gigante, tenían material de sobra. Observó su alrededor, se podía ver perfectamente por dónde había pasado el gigante y qué dirección había seguido. Pero habían salido de su rango, así que ya no tendrían que preocuparse, al menos no de momento. Respirar aire limpio después de horas bajo tierra era refrescante, era como volver a nacer... ojalá no hiciera aquella calor tan húmeda. — Un día menos... — Susurró para sí misma. Cogió aire y se dirigió al grupo. — Si mis cálculos no me fallan... cosa que dudo... nos quedan otrros trreinta días parra que el log pose terrmine de carrgarrse y podamos irrnos de aquí. — Había pocas cosas que a Nadja le gustaba más que sacar cálculos mentales. Realmente había mucha suposición en esta conclusión que acababa de soltar, pero ojo de loca no se equivoca, llevaba ya mucho usando los log pose y por pura experiencia sabía calcular los tiempos, más o menos. Contando con que no se hubiera roto. — Hay una cascada en esa dirrecsión. — Dijo señalando hacia el noroete. La vio un día que había salido, y gracias a su memoria recordaba exactamente su ubicación. — No está lejos. Yo nesesito irr, parra lavarrme un poco y de paso rrellenarr el agua, ¿vamos todos? — La verdad es que a todo el grupo le hacía falta un remojón.
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RE: [Presente absoluto] La isla de los gigantes - Enma - 12-12-2023 ¿Cuántos días habían pasado desde que habían llegado a la isla? ¿Cuántos días habían estado siendo afectados por el veneno que aquellas avispas les habían inyectado? Enma había perdido ya la perspectiva de la realidad, la esperanza, la poca fe que pudiese albergar su diminuto cuerpo y también la paciencia. Esto último especialmente. Los primeros días habían sido particularmente agotadores, sobre todo la búsqueda de un lugar en donde poder instalarse con unos mínimos de tranquilidad y seguridad, teniendo en cuenta que en esa isla... había gigantes. Eran enormes, por supuesto, tanto que la vista de Enma en muchas ocasiones no alcanzaba a ver los rostros de aquellos seres que pensaba que eran mitológicos, que sólo existían en los cuentos. Había conocido a personas grandes, por supuesto; Glotz fue una de ellas. ¿Pero tanto como para no ver sus rostros? Esto le había impactado demasiado, pero afortunadamente, aunque su cuerpo estuviese fuera de control, todavía era inmune a los ataques físicos así que, si por algún casual un gigante llegase a pisarlo, sobreviviría sin ningún problema. En principio. El mayor problema para Enma eran los efectos del veneno, el hecho de vivir en hábitats hostiles era como un paseo para él, si tenemos en cuenta que cuando era pequeño no sólo su padre o su madre, sino que también diferentes bandas de piratas e incluso marines abusaron de él y le privaron de sus necesidades más básicas. Así que sí: esto podía ser un paseo si no fuese por el veneno. Las primeras semanas el pelirrojo intentó por todos los medios posibles buscar una cura para aquella sustancia. Realizaba alguna que otra escapada por el entorno para recoger diferentes hierbas y analizar sus propiedades detenidamente, combinarlas con las que ya poseía, introducir alguna que otra en los kits médicos que había diseñado... pero nada funcionaba. Era bastante extraño que un animal que viviese en una isla fuese tan letal y que no hubiese ningún tipo de material que pudiese ser utilizado para contrarrestar los efectos que producían sus venenos. Enma era incapaz de comprender eso, pero todo apuntaba a que así era y así iba a ser mientras tuvieran que permanecer allí encerrados (literalmente). Un día los reunió a todos en unas de las caverna-túneles que Panda había creado (¿cuan útil podía ser esta habilidad en estos casos?) para poder hablar sobre los avances. Pero sólo pudo dar malas noticias. - Lo siento pero... es imposible hacer un antídoto... para esto... - Suspiró. - Tendremos que aguantar así... hasta que el Log Pose cargue... - Hizo una especie de reverencia, como pidiendo perdón, pues entendía que su rol como médico de la tripulación era salvaguardar la salud y vida del grupo. Y, pese a ello, no pudo hacerlo. Fue decepcionante.
Pasados los primeros días y semanas, el grupo fue acostumbrándos. Panda mantenía un espacio seguro, Kovashi traía comida y Nadja supervisaba de forma general que todo estuviese en orden. Enma, por otra parte, bastante tenía con no convertirse en hollín inconscientemente. Un día todo su cuerpo se desvaneció y tardó dos horas en recomponerse. Mientras, todo el grupo estuvo pisándolo y llamándolo pero él era incapaz de hacer nada al respecto. Bochornoso y vergonzoso. En la actualidad, el grupo estaba a punto de salir de expedición en busca de recursos. Y, por qué no decirlo, también de un poco de diversión para escapar de la monotonía. Pero Nadja dio una terrible noticia, y es que todavía quedaban otros treinta días en aquel lugar. Otros treinta días en los que Enma sería un lastre. Ante esto, simplemente suspiró y se resignó. Vio como todos salían al exterior, esperando por la señal de Kovashi tras el avistamiento de un gigante, y pidió ayuda a Nadja, que fue la última en abandonar el túnel, para poder salir, ya que su fuerza seguía tocada. Sin embargo, el contacto con ella hizo que su mano se deshiciese en hollín... otra vez. Suspiró. - No te preocupes... - Volvió a suspirar. Intentó, como pudo, rehacer su mano y tras varios minutos logró abandonar el túnel. - Por fin... - Se limpió las ropas con unas sacudidas y cayeron varios restos de hollín. - Yo voy... a donde digáis... - Contestó a Nadja. - No estoy... para elegir... - Se resignó. Bostezó. Estaba algo cansado ya que no lograba dormir bien, pero quedaba menos tiempo para abandonar aquella isla así que tenía que intentar ser fuerte. RE: [Presente absoluto] La isla de los gigantes - Kovashi Shimatsu - 13-12-2023 Kovashi inspiró con fuerza, levantando el torso todo lo que pudo. Cuando pasaba un gigante, dejaba tras de si unas corrientes de aires muy poderosas, debido a su colosal tamaño. Se bañó con un cálido aire que pronto terminó. Tanto tiempo allí, pasándolo mal, sin apenas comida o agua, rodeado de personas que comenzaban a ser ya más familia que compañeros, por que los momentos difíciles eran los que formaban verdaderos lazos. Cualquiera asistía a las citas divertidas, pocos a las tristes. Desde hacía ya un par de días tomó la decisión de no valerse en demasía de la habilidad de Panda. Por un lado, el mink tenía que descansar, estar todo el rato manteniendo su poder, agotaba. El propio Kovashi lo sabía, pues era usuario de akuma no mi, aunque últimamente ya no la utilizaba. No podía hacer cubos mayores al tamaño de su mano y encima se deshacían a los cinco/diez minutos. No, no estaba tan mal como Enma que apenas era capaz de manifestar voluntariamente sus poderes, pero ante tal debilidad tomó la decisión de darles el mínimo uso, centrarse más en sus capacidades físicas, en las naturales. Portaba en su diestra a Shuisui, su reflejo azulado siempre brillaba con intensidad cuando era de día. Se colocó a Dīpukatto en su espalda (no paraba de cambiarlas de posición). La que fue anteriormente su camisa, ahora adornaba su frente. Sus pantalones negros eran ya unas bermudas al más puro estilo homeless. Además, hacía ya dos semanas que no tenía zapatos, iba completamente descalzo. Encontró cierta paz en notar la tierra bajo sus pies, fría, siempre en calma salvo cuando uno de los bichos ancestrales pisaba cerca.
— Un día menos. — Contestó con cierta esperanza a todas las voces negativas que encontró al salir. Era normal, no les culpaba, ¿quién no decaería en un momento así? él tuvo sus días, por las avispas, la fiebre, la falta de recursos ... Pero por suerte Kovashi se endurecía ante los momentos adversos, era una capacidad genética, todos los Shimatsu contaban con ella. O eso decía la leyenda. — Hoy tenemos que separarnos. — Contestó a Nadja, aunque no la miró, pero si la escuchó. — Ese gigante lleva en la mano un botín de carne importante, tenemos que intentar robarle. — No era la primera vez que intentaban alguna avanzadilla. Los gigantes conocían la presencia de las moscas cojoneras de la revolución, aunque no supieran que pertenecían a tal organización. El grupo tenía mucho debate interno, pero no importaba, por que al final se solía hacer lo que decidía Kovashi. Las dudas sobre un líder dudoso desaparecieron entre las rocas. Ya no tenía opción de dudar, no quedaba nada del hombre que no sabía donde estaba o el rango que ostentaba. Ya no. — Podéis ir a por agua. Nadja, en tu forma completa, si puedes mantenerla un tiempo, podrías buscar un poco de ese mejunje. — El "Mejunje" era una salvia concreta que daba un árbol especial, ayudaba a calmar los malestares cuando se inhalaba, además, les daba cierta ... Calma, cuando la necesitaban. Una droga natural. — Yo me llevo a Panda, le sacaremos algunos pedazos de carne al gigante subnormal. — Escupió cerca. Era un gesto que solía hacer mucho, pero desde hacía tres semanas dejó de hacerlo, por el simple pensamiento de no gastar recursos físicos. Sin embargo cuando encaraba un peligro o un reto, le era imposible no llevarlo a cabo. — ¿Tenéis todos el den den mushi? — Se dió la vuelta. Esta vez los miró a la cara. Kovashi no manifestaba miedo, pero no quería decir que no lo tuviera. Estaba dentro. El miedo de toparse con las avispas ... Pero ya no le paralizaba. Estaban completamente demacrados. Sí, Najda tenía un polvazo, Enma seguía levantándose por las mañanas aún ser el peor parado y Panda ... Bueno, tenía que utilizarlo mientras pudiera, por el bien del grupo. Atrás quedaría cualquier pensamiento sobre Khruner o Caoba. Esta segunda fue borrada de su mente con lastimosa velocidad. ¿Pero Khruner? Caló era un oso astuto, capaz y con su nula capacidad de navegación, decidió partir al no verlos regresar. No quería pensar en su hermano oso, eso le ponía un nudo en el pecho. Cada vez menos, pero seguía pasando. Desenvainó a Dīpukatto con su otra mano, dejando ambos envaines en el suelo, los dos cayeron por el agujero. — Haremos lo de siempre cuando nos dividimos. Cada veinte minutos nos pondremos en contacto con los demás. Se hará saber la situación de cada uno y si se necesita ayuda o no. — Comenzó a estirar los brazos. — En una hora tenemos que volver a este mismo punto, si algo sale mal en alguno de los grupos, abandonamos el objetivo individual y acudimos a la ayuda del otro. Como siempre. — El gigante comenzó a alejarse, cientos de metros les separaban, debían actuar ya. Cientos de metros más lejos ... Luar era un tipo sincero, cabezón y sobre todas las cosas, amante de lo curioso. Se ató la cuerda de cadáveres al hombro y sujetó su inmensa hacha con las dos manos. Cada suspiro, cada palabra, cada mecer del arma ocasionaba olas de corrientes de aires. Los animales se alejaban de la amenaza. Con un brutal movimiento, lanzó un ataque contra el terreno. — ¡MIO! — Fue un golpe gigantesco. La tierra tembló durante unos diez segundos. Algo parecido al poder que manifestaba Panda, pero muchísimo más salvaje y demoledor. El hacha creó un cráter de unos ciento cincuenta metros, alrededor del golpe, solo quedaba un lagarto y el arma clavada en la columna. — NO TE IBAS A MARCHAR HUEHUEHUE. — Tan tranquilo, se agachó, ató su nueva presa y comenzó a caminar. Toda vida en el perímetro del impacto, desapareció. Aquí, no se podía luchar. Kovashi escuchó el golpe. Su primera reacción fue colocarse las manos en los oidos, pero decidió sacrificar aquello, para formar un cubo de tierra de poco menos de un metro y elevarse en el aire unos diez. Cuando pasó la poderosa corriente de aire, observó la maldita bomba atómica. De donde venía. Sin saber muy bien por qué, mostró lo que parecía una sonrisa decidida. — ¡Vamoooooos! — El cubo se deshizo, Kovashi cayó al suelo, emprendiendo la marcha nada más caer.
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RE: [Presente absoluto] La isla de los gigantes - Max D. Bambú - 15-12-2023 Cuando Nadja salió vestida con sus ropajes hechos a partir de tela de gigante le echó un ojo a su log pose y empezó, como hacía a veces, a hacer cálculos mentales al respecto. La conclusión a la que llegó fue que estarían allí un mes más. Esto no le hacía mucha gracia al panda, pero si ya habían sobrevivido un mes, podrían sobrevivir otro. Al menos tenían fecha límite para la estancia en aquella isla tan horrible. Además estaban en día 30... ¿no? Era difícil saberlo. Don Bambú se había cuidado de no mirar la luna llena, aunque en alguna ocasión le preguntó a los del grupo y al parecer estaba casi completa. Nunca les había hablado de la condición de los mink para no preocuparles, pero quizás se acercase el momento de revelarles que igual hay fiesta esta noche. Nadja propuso ir a una cascada cercana para lavarse y reponer agua. No le parecía mala idea. Enma por su lado estaba cada vez más desanimado. Tardó un poco en salir del túnel, pero cuando lo logró ya estaba dispuesto a ir a donde le dijesen. Debía de ser especialmente duro para él el no poder mantener la forma ni dos minutos seguidos, pero qué le podían hacer los demás. Don Bambú ni siquiera podía cargarlo en sus espaldas como si fuera un niño, porque a la mínima que entrase en contacto con su cuerpo el chaval sencillamente se desvanecería y tendrían que esperar a que pudiera recomponerse. Era algo que debía de hacer Enma por su cuenta y ninguno podíamos ayudarle a no ser que le tirásemos barriles de agua a cada rato, lo cual era sencillamente inapropiado.
La decisión de Kovashi le sorprendió. ¿Separar el grupo? Parecía insensato, pero era cierto que los recursos escaseaban de tal forma que tenían que cubrir varios frentes al mismo tiempo. Don Bambú consideró la situación seriamente y valoró las posibilidades de cada grupo por separado. Por orden del peliblanco, Nadja sería la encargada de ir a por agua y a por el mejunje que usaban a veces cuando querían aliviar dolores o relajarse de vez en cuando. Don Bambú iría con Kovashi a por la carne. Dentro de lo que cabía era lo mejor, porque en caso de emergencia podrían huir bajo tierra sin ningún problema. Panda sacó su den den mushi como gesto confirmatorio de su posesión y lo guardó de nuevo en su bolsillo, donde estaba más seguro. El plan era simple. Contactar cada cierto tiempo entre ellos para asegurar la seguridad del grupo. La señal de salida resultó ser el atronador sonido de un golpe en la distancia. La tierra tembló con fuerza , pero Don Bambú logró mantener el equilibrio hincando un brazo en el suelo como si fuera lo más sencillo del mundo. Para cuando los temblores terminaron, Kovashi ya había emprendido la marcha a toda velocidad. —¡Nos vemos, suerte! —Y con aquellas palabras, el oso se lanzó para seguir a su compañero. Era un situación rara. Por un lado estaban en peligro de muerte constante. Un mal movimiento podría resultar fatal, pero Don Bambú se encontró sonriendo ante esa idea. ¿Se había vuelto loco a lo largo de aquel mes? Tendría que meditar sobre ello en el futuro. El camino a través de la selva fue sencillo. Ya se habían acostumbrado a la acusada presencia de avispas e incluso Kovashi que les tenía pánico ya no se quedaba paralizado ante ellas. No es que no le afectasen, claro, tenía muy mala cara desde que estaban allí, pero se enfrentaba a sus miedos como un campeón. Las picaduras no tardaron en aparecer de nuevo, pero les habían picado ya tantas veces que ya casi ni lo notaban. Al menos el panda. La distancia que había recorrido el gigante en el poco tiempo que estuvieron discutiendo el plan era impresionante. A su paso había hecho un camino de árboles aplastados y pequeños animales muertos, pero debido a su tamaño, Don Bambú evitaba ir por la vía fácil. Iba siempre por un lateral del camino que se hacían los gigantes, donde había más vegetación y era más difícil avanzar, pero más seguro. No tardaron en llegar al lugar del brutal impacto. La tierra estaba levantada, fracturada y removida por todas partes. Las raíces de innumerables árboles, ahora tirados en el suelo, habían sido arrancadas del suelo por la pura fuerza del golpe. No sería muy difícil localizar al gigante en aquel lugar. Se ocultó entre un par de árboles caídos cuya vegetación formaba un delgado techo de hojas y buscó a Kovashi con la mirada, esperando su señal.
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RE: [Presente absoluto] La isla de los gigantes - Nadja Alexeyeva - 16-12-2023 Nadja intentaba mantenerse positiva frente a un panorama desolador y desalentador que solo desmotivaba al grupo, sobre todo a Enma. El pobre era el que más debilitado se encontraba y a ella se le agrietaba el corazón cada vez que le veía sufriendo por aquel horrible veneno. No se imaginaba lo impotente que debería sentirse al no poder controlar totalmente el estado de su cuerpo. Sin embargo no pudo centrarse demasiado en él, pues Kovashi empezó a compartir su plan con el grupo. Proponía que se separaran en dos, Don Bambú y él intentarían robarle la comida al gigante que acababa de pasar, mientras que Enma y ella irían a buscar el agua y el milagroso "mejunje", una sustancia que se habían acostumbrado a inhalar de vez en cuando ya que les calmaba un poco el malestar general. Sí, era como droga. — Entendido. — Afirmó ante su plan. A Nadja le sorprendió ligeramente su decisión de ir con Panda, ya que no parecían llevarse del todo bien. No obstante, los momentos más hostiles afianzaban las alianzas, y eran los dos más fuertes, algo que les haría falta si quería de verdad enfrentarse a ese gigante.
Ante la pregunta del den den mushi, sacó el suyo de su bolsillo, era pequeño y cabía perfectamente dentro de la pistolera. Vio que Don Bambú había hecho lo mismo con el suyo y sonrió un poco mientras volvía a guardarlo en su sitio. La idea era ir comunicándose ambos grupos cada veinte minutos, señalar si estaban bien o si necesitaban algo, y dentro de una hora volver a encontrarse en este mismo lugar exacto. Nadja en su mente ya estaba haciendo la cuenta atrás, cincuenta y nueve minutos, cuarenta segundos, treinta y nueve segundos, treinta y ocho segundos... Resultaría casi imposible llevar la cuenta de manera exacta, en algún momento se desconcentraría, pero le encantaba hacerlo. Era un ejercicio mental maravilloso. — ¡Nos vemos, tened cuidado! — Se despidió de ellos, levantando el brazo. Tras la despedida se giró hacia Enma, con una gran sonrisa en el rostro. — La cascada no está lejos, perro trranquilo, irremos despasito. — No quería atosigarle ni presionarle, el agua estaba cerca y el "mejunje" no sería difícil de encontrar, contaban con tiempo de sobra. — Ya verrás como después de un bañito te sentirrás mucho mejorr. — Al menos ella sentía que así sería en su caso, la falta de higuiene minaba su ánimo y la incomodaba, una siempre se sentía mucho mejor después de una ducha. Dicho eso, comenzó a caminar en la dirección de la cascada, esperando que su compañero le siguiera. Cincuenta y siete minutos. Mientras andaba, comenzó a llevar a cabo su transformación. Le llevaría un rato, más tiempo de lo que estaba acostumbrada, era también un efecto secundario de las avispas.
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RE: [Presente absoluto] La isla de los gigantes - Enma - 16-12-2023 Le costó horrores salir del túnel, pero lo consiguió. El panorama era bastante desolador y la actitud de Enma no ayudaba demasiado, pero en situaciones como la que se encontraban era poco lo que podían hacer. Aunque sus extremidades consiguieron reorganizarse y recomponerse por completo, algunos puntos de su cuerpo todavía se deshacían en hollín a pesar de que no hiciese nada. Por ejemplo, sus cabellos, cuyas puntas no dejaban de expulsar hollín como si de caspa se tratase. Debido a la situación en la que se encontraba consigo mismo, le resultaba bastante difícil centrarse en lo que estaba sucediendo y en lo que sus compañeros estaban hablando, aunque algo había escuchado. Kovashi estaba dando una serie de indicaciones para conseguir obtener más recursos, como comida o plantas medicinales (él les llamaba "mejunjes", por algún motivo que el pelirrojo desconocía, y lo único que fue capaz de escuchar era que tenían que separarse. ¿Pero era eso buena idea? Las matemáticas no estaban de su lado. Eran cuatro personas... pero una de ellas era incapaz de mantenerse en pie y su cuerpo se deshacía en pedazos cada segundo que pasaba. Así que separarse no le parecía una buena opción a Enma. Sin embargo, en las condiciones en las que estaba era difícil que se opusiese a algo, ya que tampoco tenía la cabeza para centrarse en opciones alternativas y proponer algo. Aunque el mayor problema sería que Kovashi no estaría de acuerdo, discutirían... y tampoco tenía fuerzas para ello. Aunque hay que destacar que últimamente se estaban llevando mejor de lo esperado, seguramente como consecuencia del veneno. ¿Se mantendría esto en el tiempo? - V-vale... - Pensó. Asintió, pero sin pronunciar ninguna palabra y miró a su alrededor esperando que alguien le dijese qué hacer. En ese momento se sintió como cuando, de pequeños, las personas hacen grupos para jugar a determinados deportes y siempre hay alguna que queda de última. Que nadie quiere elegir. En esta ocasión esa persona era él.
Tan pronto Kovashi y Panda se fueron, Enma y Nadja quedaron encargadas de buscar 'ese mejunje'. De hecho, ella le hablaba con bastante delicadeza. Era consciente de las dificultades que el pelirrojo tenía para siquiera existir y era de agradecer, aunque eso sólo le hacía recordar lo inútil que era en estos momentos. Pero no podía seguir martirizándose por algo ajeno a él. Una vez más, asintió con la cabeza, sin pronunciar ninguna palabra. Estaba de acuerdo con cualquier cosa que hiciesen, pues, como hemos dicho, no tenía fuerzas para nada más. Así que juntó todas las fuerzas que podía tener y siguió los pasos de Nadja, que tomó la delantera y mostró indicios de usar su poder. No lo había visto en muchas ocasiones, pero le gustaba. Era llamativo y ciertamente bonito. En cierta manera, enganchaba. La miró fijamente y esperó al cambio y justo ahí, sí pronunció algunas palabras. - Si viene... algún gigante... - Tosió. Se había atragantado con su saliva. - Puedes lanzarme a él... - Volvió a toser. - Aunque no me... mantenga... sigo siendo intangible... - Suspiró. Era cierto. Y para algo tenía que valer.
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RE: [Presente absoluto] La isla de los gigantes - Kovashi Shimatsu - 16-12-2023 Kovashi ya no era tan rápido, no desde que estaba en aquella isla del demonio. El veneno de las avispas y la mera presencia de estas, complicaban la vida de sobremanera del peliblanco, quién intentaba mentalizarse antes de hacer cualquier cosa, nada era sencillo, todo requería una mentalización previa. Era agotador. Tenía asumido que ni era tan rápido, ni fuerte ni capaz, pero que luchar contra agentes externos que intentaran tumbarlo era gasolina ... Siempre lo había sido, Little Garden no cambiaba nada. Ambos revolucionarios lograron llegar al lugar del impacto. El gigante no estaba muy lejos. Kovashi perdió momentáneamente a su colega, el lugar estaba repleto de raíces gigantescas, plantas, animales muertos, en fin, un caos. Por suerte no tardó en encontrarlo. En el camino hasta este, cortó una de las vispas por la mitad. ¿Habían menos? era la sensación que tenía. El animal cayó partido en dos. Le siguió el trayecto hasta caer a tierra con la mirada, seguía dándole un mal rollo de la leche. - Hasta cuando ... - Pensó. — Esta ruta le lleva hasta el hogar de los gigantes, podríamos intervenir a mitad de camino o intentar infiltranos allí. — Le comentó con ambas katanas aún en sus manos. — Una buena idea sería meternos en su campamento y esperar a que se durmieran. — Kovashi no tenía ni idea del efecto lunar, no sabía que ocasionaba en Panda, pero sí tenía presente que preguntaba mucho por el tema. Tampoco indagó nada, concluyó que sería algún tipo de gusto informativo que quería saber por algún motivo, ¿pero por qué no miraba el entonces? en cualquier caso, el Shimatsu resolvió su duda con que no podía ser nada muy grave.
— Intentaremos un pequeño asalto a mitad de camino. ¿Puedes hacer que frene su paso? — No le miró, fue una pregunta retórica. Sabía que podría, es más, su akuma era especialmente útil para aquello. — Yo ... Intentaré tomar altura. — Formó un cubo de tierra y se subió en el mismo. El cubo vibraba, no tardaría mucho en deshacerse. — Vamos. — Afirmó. Entonces el material arenoso comenzó a elevarse en al aire. El gigante Luar frenó el paso en mitad de una selva con árboles de su mismo tamaño, allí todo era colosal, tanto que hasta Don Bambú quedaba pequeño. Rodeado de palmeras, resopló. — ¡¡¡¡CAAAAAAOOOOOOOSSSSSS!!!! — Aquello tomó a Kovashi desprevenido, el cubo desapareció al instante, cayendo el revolucionario sobre el copo de una palmera, por suerte. Fue un poderoso grito ensordecedor que espantó cualquier tipo de vida animal que hubiera cerca e inclusive, partió algunos árboles. Estaba llamando a alguien. — ¡SIEMPRE TARDA! — Pasos. Más pasos.
Off
Caos apareció. Era más pequeño que Luar, pero tenía un rostro intimidante. A diferencia de este primero tenía varios aron metálicos en los brazos, no tenía vestimenta superior y portaba un agrietado garrote de madera construido con la vida de muchos árboles. Él también tenía atada a la cintura una hilera de animales bien adornados, solo que estos eran más grandes que los de Luar. Era mejor cazador que el. — ¿SIEMPRE TENÉS QUE SHAMAR TANTO LA ATENSION? — Habló, desplegando una extraña pronunciación. Incluso su voz se podría decir que entraba bien a cualquier oido, mucho más refinada. — NO SE QUE TE INTERESÁ, LA CONCHA DE NUESTRA MADRE. — Le golpeó en el hombro y retumbó tal que la palmera donde estaba Kovashi se movía descontroladamente. Tuvo que sujetarse con todo lo que tenía a una de las hojas. ¿Lo peor? comenzó a escuchar a las putas avispas por ahí revoloteando y estaba a muchos metros sobre el suelo.
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RE: [Presente absoluto] La isla de los gigantes - Max D. Bambú - 17-12-2023 En un principio parecía que había perdido a Kovashi, pero tras unos segundos de buscar a su alrededor en silencio se topó con él. Ambos revolucionarios observaron en silencio al gigante con mirada calculadora. La primera idea que Kovashi sugirió le dio un escalofrío al panda. Hacer una maniobra nocturna justo aquel día era una locura. Si Panda miraba la luna sin querer... Ni siquiera sabía si podía controlarse todavía en aquella forma. La última vez que se transformó... Ni siquiera lo recordaba, solo recordaba las consecuencias. Una aldea entera en llamas y él en brazos de su padre. En sus ojos se reflejaba el fuego y la ira. Don Bambú sacudió su cabeza y reprimió aquella imagen. No había tiempo para distracciones de aquel tipo. Estuvo a punto de decírselo a Kovashi hasta que propuso lo del asalto a mitad del camino. Inmediatamente al panda se le ocurrió una idea para lograrlo y asintió confirmando el plan. —Tengo una idea. —Y Kovashi salió volando en uno de sus cubos. Éste se iba deshaciendo según el espadachín se elevaba. Don Bambú lo entendió perfectamente. Él también era mucho más lento excavando sus túneles. Según el panda abría un agujero en el suelo y se introducía en él, el grito del gigante sacudió todo su cuerpo. —Parece estar esperando a alguien, así no se moverá... —Se dijo a sí mismo el panda. Rápidamente empezó a excavar hacia la posición del gigante. Se le daban bien esas cosas. Ver dónde estaba alguien y acercarse a su posición con precisión. —Más o menos 40 metros hacia el noreste... —Mientras recorría la distancia con toda la agilidad que podía, notó el suelo temblar de nuevo, como si el gigante se estuviera moviendo o, peor, como si estuviera llegando otro similar. Cuando Don Bambú sintió que había recorrido la distancia adecuada, se dispuso a abrir un minúsculo agujero en la superficie a penas del tamaño de dos dedos y observó la situación. Había llegado otro gigante. No pudo apreciar muy bien la diferencia de alturas, pero sí pudo ver que las presas que éste había capturado eran especies de mayor tamaño que las que Luar había capturado.
Don Bambú se desplazó bajo tierra hacia la posición del nuevo gigante y se situó exactamente debajo de él. Después sacó el den den y contactó con Kovashi. —El nuevo... En cuanto empiecen a moverse. —Fueron las dos pistas que el panda susurró. Su intención era hacer tropezar al que tenía presas de mayor tamaño para crear una distracción que Kovashi pudiera aprovechar para robar algo. Don Bambú cerró los ojos y se concentró en el poder de su fruta. Esto era más complicado que sencillamente excavar, pero todavía podía hacerlo con efectividad si se concentraba. —El primer gigante iba en este dirección. —Pensó el panda mientras dirigía su mano en el subsuelo. Cuando consideró que su concentración era la suficiente, golpeó el suelo con fuerza y bajo tierra se formó una pequeña caverna de 5x5 justo delante de Caos. En cuanto diese un solo paso, la superficie se hundiría, Caos se caería y Don Bambú podría agarrarle de un pie para dificultar su movimiento durante un rato. Confiaba en que fuera suficiente para Kovashi.
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