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[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas - Versión para impresión

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RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas - Bertram Gaufrid - 06-08-2026

El joven marine camina calmadamente por la zona comercial, perdido en sus pensamientos buscando algo que comer y beber para tranquilizarse y luego regresar a disfrutar de lo que queda de torneo, siendo el combate final entre su compañero de equipo  y el marine con el que tuvo el encontronazo en las gradas, aunque no le culpa por ello. Mientras camina sus sentidos permanecen atentos al entorno, una vieja costumbre que no pierde sin importar que todo parezca pacífico y tranquilo, es algo que si creces o vives como cazador o aprendes o no vives mucho tiempo. Mientras camina no puede evitar pensar en voz alta lo que le pasa por la mente, no tiene intención alguna de forzar a nadie a hacer nada y mucho menos de dañar a esa joven ahora de pelo rosado a sentirse mal.  El joven pelirrojo no se percató de que había dicho en voz alta lo que pensaba, para él fue solo un pensamiento, sin embargo el doctor, quien coincide con el marine sobre el tema de su memoria pero se alegra de que el marine se preocupe por sus pacientes asegurando que todos estaban bien y recuperados al ser un médico muy capacitado.

El joven no se inmiscuye en la conversación de ambos pelirosados, y realmente no iba a interrumpirlos, pero se ve que cuando su pensamiento escapó en voz alta llamó la atención del médico, quien parece tener buen oído o ser más propenso a reaccionar a ese tipo de cosas. El joven doctor preguntó por el interés de Bertram en las trenzas antes de proponer a la joven sirena que le haga las trenzas y luego continuar con su paseo, diciendo de buscar un lugar más discreto para ello, apartándose primero con Maria, mientras que Bertram por educación ya que le hicieron una pregunta y por querer saber más sobre el doctor y su relación con la extraña joven que se hizo con un lugar permanente en sus pensamientos los sigue con calma, rascándose tras la cabeza y pensando en qué punto de su vida acabó metido en ese embrollo.

Tras dejar a Maria en una banca de la zona el pelirrojo se acerca al marine y lo toma de los hombros para dirigirle hacia el lugar diciendo que se acerque que su sirena lo atenderá, pero en el camino el joven pregunta las intenciones del marine indicando que no es lugar para conflictos a pesar de sus recompensas además de indicar que esperaba no tramara nada ya que ella ni siquiera debería tener un precio por su cabeza, algo que saca una suave sonrisa al marine que en el mismo tono que emplea el doctor responde

-Puede que te cueste confiar en lo que diré por el hecho de ser marine sir, pero no tengo intención alguna de iniciar conflictos, y mucho menos hacer nada que dañe a Maria. Tienes razón en desconfiar porque de norma general los piratas no son de mi agrado, de hecho haber estado en un grupo lleno de ellos realmente me forzó a hacer uso de todas mis fuerzas para mantener la compostura, sin embargo por alguna razón soy incapaz de verla a ella como un pirata, por mucho que tenga ese precio por su cabeza y por muchas vueltas que le dé, soy incapaz de entender qué pudo hacer alguien tan alegre y tan buena para merecer tal recompensa. De hecho la encontré dos veces, una vez en esos pozos donde peleamos juntos para vencer al Sakana, y luego en Whiskey Peak, donde casi la devora un pato caníbal.-

Tras eso el joven lo deja en manos de Maria, deseando que tenga más suerte que Maki, por lo que tal y como el marine sospechaba es también miembro de la misma tripulación que Maria. Tras eso aparece la propia Maki a lo lejos, siendo que el médico le dice al marine que cuide de Maria ante lo cual Bertram asiente con sinceridad diciendo -Descuida, nadie le tocará un solo pelo en mi presencia sir, y cuando os reunáis verás que no hice nada en su contra.-

Mientras el joven doctor se aleja el joven marine se sienta donde le indicaron, dejándose hacer por la sirena sin protestar y simplemente se relaja y espera al resultado, manteniendo sus ojos y oídos atentos a lo que les rodeaba por si acaso, mientras que de manera calmada toma una hoja en blanco de su cuaderno de inventos y anota su contacto del den den mushi, algo más personal que las tarjetas que tiene improvisadas y que entregó al resto de marines. El joven espera a que la sirena termine de peinarle antes de dejarle en la mano el pequeño papel plegado con su contacto diciendo lo que era y que era mejor ir regresando a las gradas para ver el combate. El marine regresa parte del camino junto a ella hasta que se reúne con sus compañeros, a los cuales encuentra mientras va reuniendo su comida y algo de hidromiel y al verlos mira tanto al doctor como a Maki, ahora calva y dice

-La dejo a vuestro cuidado sir, he de irme y no me sentía cómodo dejándola sola. Ahora que está con vosotros, me retiro.-

Tras dejarla con sus compañeros el marine se despide con calma y se retira hacia las gradas, llegando justo para ver a casi todos los marines armando un auténtico escándalo, pasando a disfrutar de ello sonriente colocándose en el borde a observar el combate, el cual parece estar empezando inclinado hacia el callado Bartolomeow al lograr agarrar a Shin. Bertram empiez a comer y tras un trago a su hidromiel dice al resto de marines

-Ánimo animadoras, que se os escuche alto y claro sir.-


El Carcaj de información




RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas - Mizuki - 06-08-2026

Mizuki permanecia en las gradas sentada en donde si la arena por completo fuera un reloj ella estaría ubicada a la 1, aún con su disfraz de Kiba Naruze, no quería arriesgarse a que alguno de los custodios le riñera por falsificar su identidad, por más de que el disfraz le costase la oportunidad de socializar con personas que podía ver a la distancia o con las que había competido, la vena social de la Gyojin estaba sedienta ahora que había terminado de recuperarse del malestar que la había estado aquejado desde la prueba de precisión, tocio una vez para aclararse la garganta y miró la toalla con la que había estado sacando de sus agallas aquella mucosidad extraña.

El formal y cordial Gyojin Kiba Naruze se levantó de su asiento en las gradas y fue al baño para usar el lavamanos para limpiar aquella tela que se suponía debía fungir como recuerdo de su visita a la exótica tierra de Shandora o al menos para eso se suponía que la había comprado. Con tranquilidad escuchó al Dirigente desde la lejanía anunciando la final y a otra persona anunciando que era la hora de que llegase el gobernante de la tierra en las nubes, el mismísimo emperador Zarutsuki, sin deseos de perderse ver qué clase de persona gobernaría aquellas tierras el pelinegro estrujó la toalla lavada y regreso a las gradas comprando palomitas por el camino.

¿Por qué había elegido sentarse en un lugar tan apartado del resto de personas que conocía?... Una estúpida decisión en lo personal, pero tampoco iba a correr ahora que estaban los grupos formados y las gradas atiborradas para ir a sumarse a otra conversación en medio de aquello, Kiba Naruze tenía más etiqueta que esa y en ese momento debía respetar aquella actitud social que se esperaba del hombre de traje. Finalmente el emperador del cielo se hizo presente y su apariencia tomó por sorpresa al hombre tiburón tigre que esperaba ver a uno más de los habitantes pero sin lugar a dudas era claramente… especial a su modo, lamentablemente no había tiempo para apreciar la apariencia del emperador del cielo en mayor detalle pues finalmente se había dado la orden de inicio a las finales, con aquel sonido la atención de Kiba regreso plenamente a la arena para disfrutar y aprender todo lo posible de los combatientes.



 
Jump the shark



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas - Tezca Norova - 07-08-2026

[personajeinvalido=3941]
Oh, el vino ¿Cómo podría ser más consentido? Había obviado sus preguntas al encontrarme distraido entre el ruido alrededor y mi propia borrachera que poco a poco comenzaba a bajar, mi rostro dejó de sonreir, curioso por la forma en la que ahora parecía “absorber” las botellas —Eso es interesante… como un… fango ¿arenas movedizas? ¿Puedes hacer eso con gente? ¿me entiendes? — Extendí el dedo índice para tocar su pecho pero me detuve al no estar tan seguro de como funcionaba, recordando las preguntas que había dejado sin respuesta. —¿Me entiendes? No es que… bueno, Legance fue genial, conocí a dos personas muy interesantes: Es una pena que nuestra amistad fuera tan fugaz. — Recordaba a esos dos viejos más de lo que debería.
 
Dejé que Jin cargara todo, porque si tienes novio es para algo. Lo seguí pues parecía poder ubicarse mejor que yo en las gradas, esquivando a la gente mientras llevaba mi presencia y dos platos. —¡Volvimos! — Hablé con una sonrisa al llegar con los platos de comida, notando que todavía estábamos incompletos. Aproveché para acercarme a Barald, comenzando a tomar los trastes que había dejado Jin para comenzar a repartirlos. —¿Vieron como soy genial? Me acordé de ustedes y les traje comida, claro, no la pagué pero la traje. — Al ver que ya todos los Mahana presentes tenían su comida, me senté en uno de los asientos vacíos, elevando la mirada para buscar a Varo. —¡perdona, amigo! ¡No encontré carne de hipopótamo, que sepas que lo intenté! —
 
Me serví de la nueva copa que me ofrecían, tomando mientras regresaba la mirada al evento principal… ¿Ese era? Si, si era. Giré con rapidez a Barald, tirando un par de gotas del vino al suelo, inclinándome al pelinegro. —¡¿Ya viste quien es?! Bueno, lo había visto antes pero míralo, está peleando ¿Va a volver a cegar gente o que? Porque eso es lo que sabe hacer ¿Te acuerdas? — Me incliné un poco más para dirigirme a Runin y Ryota, señalando al marine de luz en la arena. —¡Barald y yo conocemos a ese! Es un marine que estaba con su compañero pelinegro, ese perro del gobierno nos prestó un botiquín. — Me moví nuevamente para mirar a Jin, abriendo mi propio recipiente de comida para llevar un puñado a comer. —¿Te está gustando la pelea? ¿Trajimos servilletas? Ven, ten cuidado, no te vayas a ensuciar la ropa. —
Contrato confidencial: Tezca Norova



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas - Eros Focalor - 07-08-2026

Las palabras de Kiyoshi no le fueron indiferentes, que estaba hablando mucho, que estaba dando demasiada información. No debía confiar en nadie en primera instancia ¿No? ¿Pero no eran ellos desconocidos en los Cabos Gemelos? Se enfrentaron juntos a la muerte ese día, sin conocerse. Se llamó a silencio, meditabundo e inexpresivo como se lo caracterizaba se mantuvo en silencio mientras los demás hablaban. Escuchó a Varo compartiendo alegremente su teoría sobre pedirle una palanca política al rey de Skypiea, y lo consideró divertido más se mantuvo en silencio pues sus palabras no podían llegar a más o pondría en peligro a su tripulación quizás.

Inclusive Inuzuka Jin parecía estar fingiendo un trato cordial, amable, amistoso. Puestos a sospechar elevó la mirada hacia Kiyoshi. — Creo que entiendo por qué Inuzuka Jin nos trata con tanta cercanía de repente… Quiere hacer parecer que tiene amigos frente a su novio… Debe ser eso —No lo entendía, pero tampoco iba a mearle el asado como decían en Baterilla. Seguirle la corriente por un rato no sería un problema. Sus conjeturas se quedaron en el aire pues tras unos instantes, el capitán de los Hanu Mahana volvió con el primer lugar de la prueba de fuerza que acababa de darle todo contra Uker.

— Oh, Runin ¿Verdad? —Inquirió curioso, no como el capitán de los Sepultura si no como aquel cuarto lugar que ahora hablaba con el tercer, y primer lugar de la misma. — Felicidades a ambos, hoy me han vencido como dos y dos son cuatro… Pero hay algo que aun no entiendo —Giró sus talones para observarlos con detenimiento, antes de extender la diestra con el índice erguido y acusatorio hacia aquello que ya no podía ignorar, debía hacerlo evidente, debía saber.

— ¿Puedo… Acariciarlo?

Sí, desde que había llegado mantuvo la calma, la compostura pero lo cierto era que la sola presencia de aquel caballo ahí le daba ternura y ante la ternura Eros estaba desarmado, inválido e indefenso. Se acercó lentamente al mismo con la diestra extendida hacia su rostro para que oliese su esencia, esperando por supuesto no asustarlo mientras su mano temblorosa se acercaba al caballo. Sobrio se hubiese contenido, se hubiese reprimido, pero no estaba sobrio.

No obstante, antes de poder llevar a cabo su impulso, el mafioso regresó con su pareja ofreciéndole comida y siendo, nuevamente, efusivos en demasía para su gusto. Ante la oferta, negó con la cabeza. No tenía hambre tras el pescado, la galleta y el alcohol — Estoy bien, gracias. Ya almorcé y comí algo dulce, más sería un despropósito —Aclaró de brazos cruzados mientras su mirada viraba nuevamente hacia la pelea, entonces pasó algo que abrió sus ojos de par en par. Lo que consideraba imposible había pasado, alguien con el poder de Rosse, doblegado contra las cuerdas. ¿Cómo era posible? Su sorpresa se volvió entonces una sonrisa, pues su mayor miedo estaba allí. Si lo intangible podía ser tocado, entonces los fantasmas podían ser golpeados ¡Entonces su mayor miedo ahora era algo del pasado!

— ¡Teehehehehe! ¡Lo tocó! ¡Lo está tocando!

La inconmensurable alegría en el pecho por la realización de lo que estaba pasando, y la gracia que le producía el mero concepto de golpear un rayo de luz lo hizo girarse en mitad de su carcajada hacia cada uno de los presentes incapaz de darle crédito a sus ojos.


Ataud



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas - Hyákinthos - 07-08-2026

—¿Sakana? —Al escuchar al marine pelirrojo, el médico pirata no pudo evitar alzar una ceja. No tenía idea de que estaba hablando, aunque ese apellido se le hizo, extrañamente, conocido. —¿Pozos? ¡Ah! No importa, oficial…No tengo idea de que hablas y no, claro que no confío en ti, pero…te mantendré vigilado mientras estés junto a mi Joya del Mar —. Sus últimas palabras salieron en un tono de voz alto, sí, pero que parecía perderse en medio del bullicio de la multitud, pues fueron pronunciadas justo en el instante en que dejó a aquel chico sentado frente a Merlot, mientras que el médico se retiraba y dejaba una advertencia cuidadosa al pelirrojo…una bastante disimulada: Debía cuidar a Merlot mientras estuviera con ella, algo que al parecer el marine estaba dispuesto a hacer.
 
El médico dejó escapar una risa seca al escucharlo, sonrió de medio lado y sus pasos, trastabillantes debido al alcohol en su sangre, lo llevaron de regreso con Maki, cerca del baño y también cerca del puesto en el que había dejado a Merlot con el “enemigo”.
 
—¿Uh? ¿Maki…estás…borracha? —Lo procesó por un segundo cuando la escuchó hablar, luego de que hubieran caminado unos cuantos pasos y se acercaran al puesto más cercano, uno que le permitía aún vigilar lo que ocurría con el pelirrojo y la semi-sirena. —¡Ah! Pero… ¿Cómo? Solo te perdiste por unos minutos, creí que tu resistencia al alcohol era mayor que la mía —. Podía estar hablando de manera muy coherente, pero, aun así, el médico ni siquiera se había fijado en que, durante el camino hacia el puesto, se había tropezado con más de una persona, ganándose alguna que otra mirada de molestia que se desvanecía casi de inmediato al notar el caminar desinteresado y etéreamente inconsistente del culpable. —Vine a ti para que fueras mi guardaespaldas y parece que voy a tener que protegerte ahora, así no me gusta jugar —. Mientras hablaba, se fijaba en unas cadenas plateadas que, probablemente, quedarían bien en su cabello, aunque ni siquiera pudo terminar de apreciar con propiedad otras joyas antes de que Maki lo arrastrara a un local de comida.
 
—Bien, bien…nos apuramos y vemos la pelea, no puedo negarlo si lo pides así —. Afortunadamente, el alcohol en sus venas lo ponía de buen humor e incluso, generoso, pues no escatimó en pagar todo lo que su calva capitana ordenaba, por más que aquellas ordenes de Ñordiki e Hipo Lanudo se le hicieran bastante extrañas para una supuesta vegetariana… ¿Debía advertirle que tenían carne o solo la dejaría ser feliz? Optó por la segunda opción, más que nada porque el momento que eligió para hacerle el posible comentario fue interrumpido por un extraño que le trajo a Maki un mensaje y una… ¿Cerveza? No estaba seguro, no prestó tanta atención, pues algo más captó su atención.
 
Un sujeto alado pasó junto a él con una bandeja de bebidas: sodas, agua, jugos, licores; todo tan bien dispuesto en una enorme bandeja plateada que, para el médico, era increíble como aquel ser era capaz de, no solo mantener el equilibrio, si no de no tropezar con nadie y regar aquellas bebidas sobre sus cabezas… ¿Sería seguro comprar una bebida así? Expuesta al ambiente y de la cual no sabía ni siquiera como la habían preparado. No…No era seguro; sin embargo, ¿Importaba? A estas alturas el pelirrosa tenía suficiente alcohol en su sistema para poco importarle la salubridad de lo que se metería a la boca, además, Maki ahora estaba a su lado y un poco más allá, entretenida con el cabello rojizo de un marine cuyo nombre no podía recordar, estaba Merlot. Ninguna de ellas permitiría que algo le sucediera a él.
 
Tuvo que mirar hacia arriba y hablar en voz alta y algo tropezada para hacer que el sujeto con alas le prestara atención y, cuando la obtuvo, el hombre de alas blancas bajó la bandeja a la altura del pirata para que pudiera elegir los licores que quisiera. Tomó un par de copas de bebidas burbujeantes, además de una botella de un licor que decía ser de menta y otra de whisky con miel, pagó lo necesario y se giró justo a tiempo para ver como Maki tomaba entre sus manos aquellos pinchos de carne mientras que el vendedor del puesto aseguraba que eran a base de vegetales… ¿En verdad su capitana se creería eso? Esperaba que sí, porque no tenía ánimos de empezar un conflicto solo por un pedazo de carne.
 
Suspiró y se alejó del puesto mientras bebía de aquel licor espumoso que compró y llevaba bajo su brazo las otras dos botellas adquiridas antes, además, dio una mirada hacia donde estaban el marine y la sirena, los cuales seguían entretenidos con sus trenzas…Bien, al menos todo parecía en orden…todo menos Maki… ¿Por qué estaba tan distraída?
 
—Hola… ¿Hay alguien ahí? —El médico pasó su mano frente a los ojos de la chica, sin tocarla, pero luego prefirió observar hacia el sitio al que miraba y ahí lo vio, al mismo tipo chocolatado del combate anterior, además de otro sujeto enorme y rubio y dos más de tamaño más normal… ¿Por quién iría Maki? ¿Quién de ellos la tenía en las nubes, metafóricamente hablando? —Je…así que es eso…
 
No fue necesario que su rostro se mostrara del todo para saber que sonreía, pues sus dorados irises brillaron con malicia al saber que al menos uno de esos hombres tenía la atención de su capitana… ¿Y qué le decía ella? ¿Qué si podían…qué…ir hacia allá? La sonrisa que el médico esbozó en ese momento, de oreja a oreja, fue ocultada gracias al velo que llevaba puesto, a fin de cuentas, sí que se divertiría viendo coquetear a su capitana. —Con mucho gusto, Capitana…Iremos hacia allá de inmediato, de todos modos, no estamos tan lejos y siempre es bueno buscar nuevos…eh…contactos…
 
Se dejó guiar por la calva chica a través de algunos puestos; sin embargo, antes de que pudieran acercarse a aquel peculiar grupo, algo pasó…algo que, a sus ojos, fue casi en cámara lenta.
 
Vio a un ser pequeñito sobrevolando sobre las cabezas de todo, un pajarito inocente. El médico, por curiosidad, miró hacia arriba, aunque luego notó algo cayendo de él, algo blanquecino que lo hizo retroceder un paso y abrir la boca para advertirle a Maki que se apartara, pero, parece que fue demasiado lento. Simplemente pudo ver como aquella masa viscosa se deslizaba por la cabeza de su capitana.
 
Su primera reacción fue acercarse, dejar todo de lado para ayudarla, pero…algo más le siguió a toda esa secuencia de acciones: un grito.
 
A su alrededor varios miraron, algunos incluso pusieron mala cara al escuchar el insulto hacia el pobre animal, pues no sabían lo que realmente había ocurrido y…eso fue todo. La confusión en los rostros de los lugareños que estaban más cerca, la cara de shock de Maki y ver al pájaro alejándose ajeno a todo el drama que había causado, fue suficiente para que el médico escupiera el licor que estaba tomando por culpa de la risotada que dejó escapar en ese momento.
 
—¡JAJAJAJAJAJAJAJA! ¡Seguro te confundió con una roca! —Tuvo que dejar a un lado su bebida y las botellas que había comprado para poder apoyarse en sus rodillas por culpa de la risa que lo hacía doblarse, mientras veía como la chica se colocaba de rodillas… ¿Estaba exagerando? Quizá, no era para tanto…claro, todo eso dicho desde la perspectiva de un borracho médico al que si le ocurriera lo mismo correría a su barco para lavarse el cabello con todos los productos de belleza que tuviera en el baño. —No puede ser…no me digas que deje de hacerlo, solo haces que…JAJAJAJAJAJAJAJA —. No podía evitarlo, que la mujer le dijera que no se burlara causara justo el efecto contrario; sin embargo, fue calmándose poco a poco al notar que algunas personas se acercaban para limpiar la cabeza de la chica… ¡Hey! ¿Quiénes se creían ellos para tocarla?
 
No le quedó más que aceptar la comida y las bebidas que Maki le entregaba, pero terminó colocándolas a un lado, en una banca vacía, procurando que no tocaran nada antihigiénico, y se acercó, ahora más calmado, para ayudar a la chica…finalmente, el médico tuvo que quitarse el velo y lo cubrió con algo de alcohol, sí, del de beber no el de farmacia, para quitar cualquier resto de mierda que quedara en la cabeza de su capitana. La atendió con cuidado, haciendo que el resto se alejara de los alrededores luego de, simplemente, pedir espacio.

—¿Día de mierda? Sobrevivimos a una corriente de agua vertical con una navegante poco experimentada, ha sido un gran día, Capiguana, pero tienes razón, vamos por Merlot y por la chica Naranja, no sé en que orden —. Tiró su velo, ahora sucio en un bote de basura cercano, porque ni loco volvería a usarlo después de eso y se dispuso a tomar toda la comida y bebida que estaban en el asiento que había asignado, pero antes de que ocupara sus manos con todo lo comprado, sintió un peso extra sobre él.
 
Los brazos de Maki cayeron sobre sus hombros y su aliento alcohólico se sintió cerca, demasiado cerca de su rostro. No tuvo que analizar demasiado para saber que estaba más que borracha y que tal vez pronto caería si no la sostenía, algo que no dudó en hacer, pues luego de dejar escapar una exhalación de cansancio, la tomó de la cintura y la acomodó más fácil sobre sus hombros para que ella pudiera subirse a su espalda sin problemas.
 
—Bien, te llevo con ella, pero sujétate fuerte, no pienso dejar la comida ni la bebida aquí —. Antes de tomar sus compras, el médico se encargó de que la chica quedara bien acomodada en su espalda y solo luego se atrevió a ocupar sus manos con los pinchos de ñordiki e hipo lanudo y con las botellas de licor que había comprado, entonces se dispuso a moverse hacia el sitio en donde estaba Merlot, a la que aun podía ver con el pelirrojo, aunque, antes de caminar de regreso hacia esa zona, un estallido de luz lo hizo voltear a la arena.
 
Ahí vio a ese marine peliblanco de antes, el que destacó en la prueba de velocidad por encima de todos… Tragó saliva… ¿Qué clase de habilidad era esa? Recordó de nuevo a Jin y su transformación en esa sustancia chocolate y solo pudo pensar en que si el mundo estaba lleno de esos monstruos… ¿Qué podía hacer él para evitarlos? —Ah…es el chico que nos acompaño en el sendero, el sandwichero…Lo siento por él, no sé como se las arreglará para tocar a lu…
 
Antes de que pudiera terminar de hablar, algo increíble pasó, el chico no solo solo se había transformado en un ave cuando el combate dio inicio, si no que había sido capaz de sujetar al marine peliblanco. El médico abrió su boca y sus ojos como platos, el aliento le faltó por unos segundos antes de tomar aire de nuevo y ver que ahora, en forma híbrida, el enorme sujeto sujetaba al marine como si fuera tangible. —Pero… ¿Cómo? ¿Eso es posible? —Observó el enfrentamiento por unos segundos más, embobado con la demostración de esos extraños poderes que lo hacían dudar de todo lo que pudiera saber sobre el cuerpo humano y que, por algún motivo, aceleraban su corazón ¿Por qué? Por simple curiosidad, por querer saber que se escondía detrás de un ser intangible o de alguien que era capaz de superar esa intangibilidad. Era asombroso.
 
Los pasos del médico, en lugar de ir hacia Merlot, se desviaron para acercarse hacia el borde de la arena, ahora estaba más atento que nunca al combate. Era una lástima que Maki estuviera casi inconsciente. —Hey, no sé si puedes escucharme, Capiguana, pero si lo haces, abre un poco los ojos, tienes que ver esto.
 
No pudo hablar más cuando sintió una presencia a su lado, ahí estaba de nuevo el pelirrojo y con él venía la semi sirena. La presencia de ambos hizo que el distraído médico dejara de prestar atención a la arena y se girara para ver a ambos chicos.
 
—¡Oh! Un marine que cumple con su palabra, eso sí que es nuevo para mi…Supongo que debo agradecerte por cuidarla y traerla de vuelta con nosotros —. El médico miró a Merlot y por inercia, le extendió un par de pinchos de carne de ñordiki…no, no para que comiera, si no para que lo sostuviera mientras él acomodaba a Maki mejor sobre su espalda. —Es un gusto, marine, tomaré en cuenta sus acciones —. Se despidió del pelirrojo, aunque sus palabras estaban llenas de cierta falsedad, pues lo cierto es que sería poco probable que recordara con exactitud todos los eventos vividos en este caótico día.
 
—Merlot… ¿Qué hay de ti? —Se atrevió a hablar con la chica solo cuando el marine se alejó de ellos. —¿En verdad te trató bien el marine? Y… ¡Mira! El sandwichero está peleando, es capaz de tocar la luz —. El médico se giró, emocionado, como niño pequeño y extendió su mano, como si quisiera alcanzar también los rayos de luz que estaban en medio de la arena, aunque eso, para él, sería imposible, no solo por la distancia que lo separaba del duelo, si no porque, aunque estuviera cerca, no conocía el secreto para tocar lo intocable.
 
Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas - Onizuka Jin - 07-08-2026

Los ojos de Jin se elevaron una vez las botellas se encontraban ocultas dentro de su propio cuerpo, uniéndose como uno, manteniéndolas intactas, igual que la katana que ocultaba en su interior. —¿Con gente? Sí, algo así. — Pronunció calmadamente, sonriendo con cierta diversión. —Se puede decir que sí. Puedo ser arenas movedizas, y también puedo absorber gente, sin duda, solo que tendrán que saber contener la respiración dentro de mí. Es lo que intenté con el grandote del combate, pero todavía no lo controlo suficiente para hacerlo más rápido. — Vio que acercaba su dedo, pero pronto lo apartó, dejando escapar una risita divertida. —No te preocupes, lo controlo lo suficiente para no tragarte, puedes tocarme.

Aún recordaba cómo fue su primera experiencia, totalmente incapaz de tomar su propio cuerpo, solo siendo una masa de barro tirada por el suelo, casi dificultándosele poder moverse. No podía tocar siquiera nada sin volverse barro él mismo. Qué dolores de cabeza le había ocasionado esa estupidez, pero al menos podía tocarse a sí mismo, a otros, y controlarlo más a su antojo. De no ser así, probablemente habría sido más difícil esconder aquello que se le había entregado.

—Algún día podríamos ir juntos. — Pronunció como respuesta a Tezca, preguntándose qué tipo de “amistades” eran las que había conseguido. —Solo espero que no te confundan por un gordo como tus amigos de la tripulación. — Todavía le molestaba, pero era mejor omitir esa parte delante de ellos. 

Ya con Eros, podía ver que se había acercado a... ¿Un caballo? ¿Desde cuándo estaba ese caballo allí? Parecía curiosamente amable, más de lo normal. No parecía tampoco haber problema con ello, pero claramente a él no parecía poder ser posible entregarle lo que había traído para repartirlo si estaba ocupado. Miró a Eros, y luego de nuevo al caballo, para luego regresar de nuevo la vista a Eros. —Claro, de todos modos, si lo quiere para más tarde, lo tendré si sigue por aquí. Voy a ver si el resto de sus tripulantes y la señorita también tienen hambre. — Dejó al hombre topo tranquilo, caminando esta vez hacia Kiyoshi, Varo y Uker, haciendo el mismo ofrecimiento que había hecho con Eros. Ya fuera que aceptaran o no la comida, estaría bien. Sin embargo, con Kiyoshi tuvo especial cuidado. —Estoy limpio, no se preocupe por eso. Puede comerlo sin verse intoxicado. — Palabras que quizás, viniendo de él, no eran especialmente de fiar, pero iba en serio. Conocía la manía con la limpieza que tenía, de sobra, aquel contrato no había sido en vano.

Ya, al fin en su asiento, contemplaba la escena del combate, acercando el vino para dar un trago. ¿Ese Marine no estaba hecho de Luz? ¿No se suponía que, como él, no debería poder ser tocado? Sin embargo, ese ser... O pájaro... O lo que fuera, parecía poder no solo tocarlo, sino también hacerle daño. Podía ver sangre cayendo del individuo de luz, que lo había superado en la prueba de velocidad. Sus ojos se entrecerraron, fijos en el combate, interesado. ¿Qué tipo de truco utilizaba para poder alcanzarlo con esa facilidad? ¿O quizás era un método secreto...? No recordaba que en sus enseñanzas hubiera algo que explicara ese fenómeno... Observó, con atención, utilizando su Kenbunshoku. ¿Podría ver algo con su Haki que pudiera brindarle información...?

Se interrumpió al escuchar a Tezca hablando de ese Marine. ¿Lo conocía? Recordó la llamada por Den-Den Mushi. No recordaba que le hubiera dado demasiados detalles y... Sin embargo... Sí los suficientes para saber que hubo alguien del gobierno. Hizo una mueca. ¿Cegar gente? Lo vio acercarse de vuelta a él, abriendo también su propio recipiente, llenando otra copa reciclable que había traído con él y entregándoselo a Tezca para compartir y tomando otro sorbo del vino que tenía con él.

—Se ve interesante la pelea. No sabía que podían tocar la luz.

Pinchó, con el palillo, una patata y un pedazo de la salchicha, acomodándolo en su boca. El sabor, junto al picante, le pareció una delicia. ¿Cuánto tiempo hacía que no comía algo picante? Su paladar lo agradecía más incluso que cuando fumaba. Masticó, volviendo la mirada al frente, esta vez fijo en el Marine. —¿Dices que le conoces? ¿De qué? ¿Es el idiota que casi te...? — Su mandíbula se apretó, pero respiró, volviendo la mirada hacia Tezca. Si fue el que casi lo mataba, se encargaría de él personalmente, no importaba cómo, dónde ni cuándo. Nadie, absolutamente nadie salía impune de lo que pudiera pasarle a él. Cerró los ojos unos segundos, dando un largo sorbo al vino, calmándose con ello. No podía sacar conclusiones precipitadas, menos sin saber la historia detrás de todo.

La presencia de Tezca lo calmaba, al escucharlo de nuevo, tomando la bolsa de donde había tomado su comida. —Sí, hay unas cuantas. ¿Necesitas para ti también? — Volvió la mirada hacia los ojos del rubio, sonriendo de nuevo de forma calmada y paciente. —Gracias, pero tampoco deberías ensuciarte tú, menos cuando vienes tan elegante y con una ropa tan preciosa. — Elevó su diestra, pasándola por un lateral de sus labios en un tacto suave, descendiendo la mirada en dicha zona. —Y ya sabes, cualquier cosa que necesites y pueda darte, puedes pedírmela.

Cajita de Tabaco



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas - Moja - 07-08-2026

Moja terminó de ver el primer encontronazo entre el águila y el de la luz. En la grada, Kibai parecía que ya se había aburrido de su asiento y, tras hacerle un gesto con la mano, le soltó aquello de que había que hacer piña con el resto de la Marina y se marchó escurriéndose entre los bancos. Moja dudó un segundo, con la jarra casi vacía apretada en la mano. Juntarse con los piratas había sido un error, de eso no cabía duda; volver con su división era lo correcto, la doctrina marcial lo exigía. Se pasó una mano por la nuca para alisarse el pelaje erizado, dio un salto corto desde el banco y empezó a seguir a Kibai a una distancia prudencial, zigzagueando entre los locales y los vendedores de pinchos.

Sin embargo, cuando por fin llegó a la zona donde se agrupaban los marines, Moja se frenó en seco. Lo que vio le dejó las orejas completamente caídas de la impresión. No era una formación táctica. No era un corro de soldados analizando la pelea en silencio. Era un auténtico circo.

Kibai estaba en pie, sin el abrigo, agitándolo en el aire como si fuera una bufanda en una taberna barata y cantando a pleno pulmón una canción sobre cajones pintados de azul y blanco. Pero eso no era lo peor: el mismísimo Capitán Enji, oficial superior y figura de respeto, se había quitado también la chaqueta y estaba encima de la baranda, enseñando su propio trasero blanco al público mientras berreaba como un descosido. Y por si la escena no fuera suficientemente dantesca, el gyojin-tortuga Juan Sebastián estaba haciendo de sombrero encima de la cabeza del Capitán Enji, zarandeándose de lado a lado y gritando rimas contra los piratas, a pesar de que el pobre animal acababa de ver cómo sus palomitas se desparramaban trágicamente por el suelo.

La muchacha de la 75, Nyra, tampoco se quedaba atrás, agitando su pañuelo y cantando cancioncillas sobre estrellas que más brillan. Incluso el arquero pelirrojo, Bertram, acababa de llegar con trenzas en la cabeza —trenzas, por amor del mar—, y lejos de imponer orden, les animaba con una jarra de hidromiel en la mano soltando aquello de "ánimo animadoras".

Solo el soldado raso Kael parecía compartir el mismo nivel de espanto, paralizado y con cara de querer que se lo tragara la tierra ante el lamentable espectáculo de su Capitán.

Moja sintió cómo el bochorno le volvía a subir por las mejillas. Había escapado de maullar con una pirata rosada para acabar en la peña de animación más ridícula de todo el Grand Line. Se reajustó la gorra blanca de la Marina hasta ocultarse los ojos casi por completo, tragando saliva.

-Madre del amor hermoso...- masculló por lo bajo, frotándose el puente de la nariz con dos dedos. -Qué falta de decoro, qué absoluta falta de disciplina...-

No dijo nada más. Si se acercaba demasiado, temía que alguno de esos locos lo enganchara para cantar también. Dio un par de pasos cautelosos hacia el lateral derecho de la grada, separándose un poco del epicentro del desastre. Encontró un hueco vacío junto a un poste de madera, se sentó de medio lado intentando hacerse lo más pequeño y discreto posible, y cruzó los brazos sobre el pecho. Si alguien le dirigía la palabra, contestaría con un gruñido afirmativo o negativo; de lo contrario, su único plan era pasar inadvertido, vigilar el combate y rogar a los ancestros que ninguno de los Custodios los echara del estadio a patadas por escándalo público.

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RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas - Bai Mudan - 07-08-2026

El puñetazo resonó en el ambiente justo cuando las ovaciones de la arena alcanzaban su punto álgido. Sin embargo, y contra todo pronóstico, el impacto no aclaró nada del malentendido que se había ocasionado en su ebria mente. Más bien fue al contrario pues, de un momento a otro, el mundo perdió toda forma.

Y es que, al impactar contra el muchacho empapado por los efluvios del alcohol, la solidez de la grada pareció fracturarse. El bullicio rabioso de los espectadores, junto a las figuras de sus compañeros, se desintegraron en un parpadeo, derramándose como pintura fresca bajo el sol dorado de Shandora. Entonces, casi al momento, las voces furiosas se achataron hasta convertirse en un eco distorsionado y todo lo que había bajo sus pies mutó en una textura mullida y viva que detuvo su caída antes de que pudiera erguirse.

El suelo ya no era el estadio; la multitud ya no estaba allí. Y aunque sentía la calidez de un cuerpo envolviéndola, perfeccionando su delirio sin pausa ni descanso, su cerebro reconfiguró la realidad a su alrededor en silencio.

Así pues, en cuanto tuvo la oportunidad de poder pensar, observó el pasto resplandeciente en cuyas briznas le pareció detectar un suave respirar que había a su alrededor. Sin embargo, como no le era suficiente, lo acarició, sintiendo que acariciaba la cosa misma. Y, mientras las briznas se movían dejando espacio a la tierra, esta expuso sus piedras en forma de pequeñas cabezas minerales que germinaban en el sotobosque, ardiendo con la luz propia de una gema viva. Cogió entonces una, ansiosa por averiguar por qué se veía así, pero tan pronto como fue arrancada del suelo, la luz se extinguió de golpe, quedando sobre su mano como un guijarro opaco y muerto.

Escuchó, a continuación, voces que la envolvían —ora muy lejos, ora tal vez a su lado—, hablarle con la misma fuerza que el murmullo de un río.

Y, a continuación, con una resignación para nada digna de ella, apretó la piedra hasta volverla un ínfimo polvo que su palma absorbió. Mientras tanto, la hendidura dejada por la gema comenzó a cerrarse con paciente lentitud oculta tras su mano. Era hipnótico —o al menos lo hubiera sido si la hierba, meciéndose como un entramado tupido sobre la tierra, le hubiera permitido ver aquello—. Y tras eso, el suelo vibró un momento, acomodando su relieve.

De pronto, y en medio de ese caos, Bai pudo entender a una de las voces del río que se había desprendido del murmullo generalizado y, al prestarle atención  supo que la llamaba por su nombre.  Bai intentó responder, pero al abrir la boca esta no emitió sonido; en su lugar, un enjambre de pequeños insectos echaron a volar desde su garganta directamente hacia el cielo.

Bai se llevó la mano a la boca, tampándose unos labios que amenazaban con volver a hablar.

Y al observar al cielo, hacia donde volaba el enjambre, observó que ahora, sobre ella, se cernía un río cuyo cauce no estaba hecho de agua, sino de un licor denso y dorado que reflejaba un cielo sin sol y transparentaba una corriente helada y unos lodos serpenteantes como colas de mono.
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RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas - Enji - 07-08-2026

La grada se había convertido en una fiesta. Kibai encendió la mecha, Enji pasó la antorcha y así, uno a uno, fueron varios los marines que se unieron a su cántico, para vergüenza y desgracia de quienes se quedaban mirando. Algunos alentaban abiertamente a Shin, como Nyra y Juan, mientras otros, como él mismo y Kibai, soltaban rimas más generales en apoyo a la marina o que contuvieran pullas e insultos a los piratas.

—¿Qué mierda…? ¡Eh! ¿Eso se puede hacer?

Enji dejó de agitar su chaqueta y se agarró de la baranda cuando Bartolomeow, el rival de Shin, logró alcanzarlo y agarrarle los brazos para luego inmovilizarlo en el suelo usando el peso de su gigantesco cuerpo. Había sido rápido, demasiado rápido para sus ojos, pero el resultado de su movimiento y la caída de Shin se vieron reflejados en las pupilas de Enji. Dejó de cantar por unos segundos y digirió esa escena, una que nunca pensó ver y que escapaba de la lógica que conocía hasta ese día. El buccaneer, de alguna forma, había conseguido sujetar a Shin. En otras palabras, ese coloso conocía la manera de tocar lo intangible. Él lo había experimentado, mucho tiempo atrás, en el South Blue: era imposible alcanzar a Hasegawa. Su cuerpo simplemente no podía ser tocado por nada. Pero ahí estaba, parado en la grada de un estadio en el cielo mientras Shin no sólo era alcanzado, sino sujetado y sometido.

¿Qué clase de secretos conocía el tal Bartolomeow Flint?

Una explosión de luz ocurrió, finalmente. Una señal de que su compañero seguía consciente y peleando debajo de esa montaña de músculos. ¿Cómo se lo estaría tomando? ¿Cómo  saldría Shin de esa situación? Donde su cuerpo, aparentemente intocable, estaba sucumbiendo a la fuerza de un animal que conocía algo que el resto no.

—¡Ahora se puso interesante! ¡SHIIIHAHAHAHAHA!

Sus ánimos regresaron tras la pausa de la sorpresa, intensos y renovados. La chaqueta volvió a ondear al viento mientras la agitaba de un lado a otro, su sonrisa ancha y un par de ojos afilados fijos en la pelea.

QUEREMOS QUE BAILE BARTO PARA LA BAAANDAA
UHHHHH, BARTO EN TAAAAANGAAAAAAAAA

Los golpes de Bartolomeow eran rápidos y pesados, pero, por lo que podía apreciar desde la distancia, no le quedaba del todo cómodo pelear transformado en águila. Cuando volvió a su forma normal, sin embargo, el poder de sus puños se multiplicó. «¿Cómo mierda golpeas con un ala?», se preguntó. Se imaginó convertido en un águila, tratando de conectar una “Garra” sin tener dedos, nudillos ni manos en general. Extraño. Incómodo.

ESCUCHEN, CORRAN LA BOLA
BARTOLITO SOLO SABE PONER LA COLA
QUE RAPIDEEEEZ, VAS A CORREEEER
DECILE A PAPI QUE DE ESTA NO VOLVEEES

off



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas - Miyori Hoshino - 08-08-2026

Había visto la habilidad de Shin antes, irradiaba luz e incluso recuerdo haber notado cierta flotabilidad cuando juró ser el mejor marine de la historia, y durante la prueba de velocidad me fue imposible distinguir cómo se movía, pero ahora… comenzaba a tener una idea de lo que ocurría en la arena.

Me preocupé al verlo y, en silencio, solo pude desear que estuviera bien, que sus heridas no fueran demasiado graves, y del mismo modo esperaba de todo corazón que sí Barto también resultara herido… pudiera terminar aquella pelea sin consecuencias mayores.

Estaba tan concentrada en el combate que ni siquiera me percaté de que Jin y Tezca habían regresado al grupo, hasta que el joven de cabello azabache se acercó y me tendió una pequeña bandeja con comida, la recibí con gusto aunque algo nerviosa notoria, quería decir que estaba bien, que estaba satisfecha, pero ya había rechazado el vino anteriormente y no quería ser descortés… — A-ah… sí, ¡gracias! — respondí, dudando un instante al mirarle a los ojos —- ¿Podría comerlo después?, hace poquito comí unas galletas con mermelada, jeje…

“O al menos que alguien cante o baile, que nos alegre el rato”

— ¿Qué te gustaría escuchar?, ¿Alguna canción en específico? —-mi respuesta fue casi inmediata, sin dar espacio a la duda, y es que realmente me hacía feliz tocar música, incluso mi expresión se llenó de emoción y mis ojos azules brillaron con todo entusiasmo. Dejé la bandeja de comida a un lado, junto al tarro de mermelada, y me incliné para tomar el estuche de mi violín.

Al abrirlo, pronto se hizo visible el característico color azul de mi amado instrumento, Amphitrite.

¿Qué clase de música podría interpretar en este momento?, mi repertorio de ideas era amplio pero antes de decidirme por una melodía, mi atención se desvió hacia Eros quién estaba riendo ante lo que ocurría en el combate… se estaba riendo… ¿Por qué Barto golpeó a Shin?

Incliné ligeramente la cabeza, confundida, aunque en realidad mi curiosidad estaba más centrada en verlo sonreír de aquella manera, con una expresión casi infantil, como la de un niño que acababa de encontrar algo increíble de ver.

La multitud estaba completamente encendida con aquel último combate, algunos incluso apostaban por el joven que vestía el uniforme de la Marina, a la distancia podía distinguir a quienes alzaban la voz para animarlo, aunque no parecían palabras del todo justas, especialmente cuando aquellas palabras eran más bien para molestar y herir el ego del adversario de su compañero.

Pronto aquella canción que había escuchado en los puertos de Baterilla acudió a mi mente, era una melodía muy conocida entre navegantes y exploradores, más entre piratas, y aunque algunos no lo admitieran estaba segura de que más de algún marine en su propia doble moralidad también la había escuchado… e incluso cantado.


♫♪Yo-hohoho, Yo-hoho-ho
Yo-hohoho, Yo-hoho-ho ♫♪

♫♪El sake de Binks será, el mejor que probarás
Piratas somos navegando en este mar♫♪

♫♪Las olas son almohadas y el barco es nuestro hogar
Orgullosos de nuestra bandera y del velar♫♪
♫♪Cuando llegue a tempestad, vemos las olas bailar
Y al tronar el cielo, un tambor hace sonar ♫♪

♫♪Tu aliento perderás, si los nervios te hacen mal
Piensa que, después de la lluvia, el sol saldrá♫♪

♫♪Yo-hohoho, Yo-hoho-ho
Yo-hohoho, Yo-hoho-ho♫♪

Junto a la canción mi manos deslizaban el arco del violín sobre Amphitrite, con una sonrisa radiante caminé entre las tripulaciones presentes, sus invitados, esperando que talvez más de alguno pueda acompañarme cantando, con pasos rítmicos me acerqué ante la baranda, y frente a la arena, mis ojos puestos sobre la contienda, dediqué mi canción en tono alto a aquel joven que en este momento representaba a los piratas.



Amphitrite Toca la Canción