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[Pasado] (+18) El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata. - Versión para impresión +- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com) +-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3) +--- Foro: Zona Especial (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=273) +---- Foro: Skypiea (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=274) +---- Tema: [Pasado] (+18) El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata. (/showthread.php?tid=1143) |
RE: [Pasado] El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata. - Garnet D. Matlock - 25-06-2024 Al empezar a describir el inicio de los Shogun Gari, Ikirami se quedó pendiente, prestando atención, mientras observaba como, ella misma, jugueteaba con el pelo de Garnet. No pudo observar durante todo el tiempo las reacciones que iba poniendo la marine conforme contaba el comienzo de la banda pirata pero si que pudo ver que, cuando mencionó lo pacifista que era Gronn, se quedó con una cara llena de perplejidad e incredulidad. De primeras no entendió Garnet a cuento de qué iba esa cara, pero luego cayó en que claro, acaba de decir que un gyojin pez luchador prefería dialogar antes que luchar, lo cual podía sonar completamente absurdo, claro. Salvo un pequeño comentario por parte de la mujer respecto a lo estrafalario que era su antiguo capitán Xas, Ikirami siguió en silencio, hasta que el músico, al recordar a Nekah, sufrió un episodio de estrés post-traumático, acariciándole la espalda la marine y besando tiernamente su hombro, para relajarle y hacerle saber que estaba allí, cosa que funcionó. Con una sonrisa, entonces, le dijo, llamándole amor, que no necesitaba preocuparse con ella, que todo estaba bien. Con cada gesto y acción que realizaba la pelirroja, más sentía que podía contar y compartir con ella, no solo sus alegrías y buenos momentos, sino también sus inquietudes y malas vivencias. La deseaba, la anhelaba y la quería. Una vez que el skypiean se recompuso, prosiguió, llamándole la atención a su amada la parte en la que mencionaba que mostraban sus poderes. Se anotó mentalmente esa curiosidad que le picó a la marine para resolvérsela más adelante. Garnet se acercó al final de esa parte de su anécdota, llegando al momento en el que conocieron a Sasha, a la que se refirió como su hermanita y compitruena, viendo, antes de besarla, como el rostro de Ikirami cambiaba por completo, abriendo sus ojos como platos y apretándose sus labios.- ¿Igual se ha rallado con que Sasha y el menda sean brothers? Es verdad que no nos parecemos en nada...- Intentó buscarle un sentido a la cara de la marine. Al final, la semioni era la persona más importante en la vida del pelirrojo y, por ello, era tan importante para él que, por encima de todos los demás, aceptara a su compañera de travesuras. Al finalizar, Ikirami pidió un momento, agachando su cabeza con los ojos cerrados y llevándose su mano a la barbilla, posiblemente para digerir todo.- ¿Estará todo chill?- No podía evitar ponerse algo nervioso de pensar en que se pudiera tomar mal la marine la mera presencia de sus amigos en la vida del pirata. Después de cinco segundos que se hicieron eternos para el músico, con una sonrisa incómoda, que hicieron saltar aún más las alertas del pelirrojo, Ikirami respondió que, por lo que contaba, todos ellos parecían majos, dudando casi de esta última parte, y haciendo que Garnet arqueara una ceja al respecto. Se venía un "pero", un "pero" que se quedó a medias pues, antes de seguir, agarró las dos manos del pirata, poniéndolas entre los dos y dirigiendo su mirada - antes de exhalar un suspiro - hacia ellas. Entonces, comenzó a preguntar, encarándole visualmente, que su familia escogida, si de verdad eran piratas, qué que clases de crímenes habían cometido, aclarando que, aunque les agradecería que fueran el lugar seguro de Garnet, necesitaba saber todo para hacerse una idea. Luego, bajando nuevamente su mirada hacia las manos, a las cuáles acariciaba, especifico también que le hablara sobre Sasha, recordando tanto su recompensa como la peligrosa fruta que la semioni poseía, aterrorizándole lo que sería capaz de hacer. Al escuchar esto, el músico podía sentir un gran pichazón y tensión en su pecho, ¿cómo era posible que a alguien le aterrorizara Sasha? Si era la niña de sus ojos. No podía entenderlo, pero siguió escuchando a Ikirami, quién terminó diciendo que le costaba creer que todos fueran tan buenas personas como el músico, haciendo que esa tensión en su pecho aumentara, alzando, a continuación, su mirada para invitarle a explicarse. Pero la mente de Garnet, en esos momentos, estaba ofuscada, encapotada, todo mientras su respiración se acentuaba y miraba hacia a sus manos entrelazadas con la de Ikirami, ¿cómo era posible que no creyera en que eran buenos tíos como él? ¿Es que acaso que fueran sus amigos no era una prueba suficiente? Toda esa línea de pensamientos circulaban a través de la insegura mente del músico. Entonces, alzó su vista, encontrándose con el precioso y bello rostro de la marine, transformándose, por un momento, en la expresión con la que se encontró de ella cuando paró de llorar, después de que le tocara aquella melodía. Estaba siendo un completo insensible. Por un instante, cerró los ojos, mientras controlaba su respiración y separaba sus manos, lentamente, de las de Ikirami, para situarse, cada una en una mejilla y, con las palmas abiertas, golpearse con fuerza un buen bofetón, dejando sus mofletes algo hinchados y colorados.- Relaja la raja, tronco... Ella misma te ha contado el infierno que ha vivido...- Meditaba para, seguidamente, abrir los ojos y mirarla con pena.- Perdona Iki, por un momento, he sido un completo tolai...- Suspiró, y volvió a situar sus manos sobre las de la marine, enfocándose en ellas.- Como has soltado, los Shogun Gari son mi lugar seguro, y me cegó por completo querer que...- Miró con cierta vergüenza a Ikirami.- Mi nuevo lugar seguro los aceptara, ¿es o no es?- Negó con su cabeza y con los ojos cerrados.- Pero nanai, mucho estás haciendo por intentar entender a un pirata como yo y mis coleguis, aún más después de por la movida que has pasado.- Emitió una suave sonrisa.- Gracias, Iki, nada de intentar venderte la moto.- Se acercó para darle un beso en la frente, separándose seguidamente, y adoptando una expresión más seria. ¿Que si mis coleguis cometieron algún crimen como piratas?- Puso cara de duda, alzando su vista ahora hacia el cielo.- Bepso, Xas y...- Tragó saliva.- Nekah, nanai...- Dijo apenado.- No les dio tiempo siquiera, la palmaron los tres en los Cabos Gemelos...- Suspiró con suma tristeza, separando sus manos de las suaves manos de la pelirroja para sacar su Fallen Sound, mostrándoselo a ella.- Nekah fue el que murió por ese hijo de puta de Finn...- Cerró los ojos, recordando el cadáver de su amigo que era como un hermano, y tiritando en agonía con la respiración entrecortada.- Aghhh, le hizo tremendo boquete en el pecho frente a mis narices... Agh...- Inspiró entonces profundamente, buscando calmarse, tras lo cual, con su diestra, señaló la pluma que colgaba del mastil de su instrumento.- Esta pluma era de Nekah, me gusta maquinar que sigue vivo, de alguna forma, en el instrumento del menda.- Guardó, entonces su Fallen Sound, y volvió a posar sus manos sobre las de Ikirami, agarrándolas con fuerza.- Xas murió ahogado, a saber por qué, la verdad que el desgraciado era muy torpe, pero nos traumó a todos... Pueje- Rio incómodamente.- Y Bepso...- Cambió su cara a una de frustración.- Era demasiado puro e inocente para esta mierda de mundo. Quiso ayudar a alguien pero un puto chochobukake de estos lo pulverizó con un rayo laser... Solo quedaron dos botitas y un bracito...- Exhalo una buena bocanada de aire. Era duro recordar todo aquello.- En los mismos Cabos se nos emperchó Kuraku, el lunarian de magma.- Aclaró en referencia a lo que mostró en la prueba de resistencia.- Que junto a tres nuevas uniones que se dieron en la Isla Toko, cometimos lo que podría interpretarse que podía ser un crimen, mires según mires.- Dijo seriamente, refiriéndose al asalto de la mina de Toko.- Las tres adiciones, por cierto, eran Ariel, una gyojin, Sage otro mink ornitorrinco y Aurora...- Desvió su mirada por un segundo, con vergüenza.- Mi anterior amada...- Volvió centrar sus ojos en Ikirami, acariciando sus manos con delicadeza y suavidad.- Ejem, el caso es que el viejo Gronn, cuando llegamos a Toko, se encontró una exploración minera...- Alzó durante un segundo su vista hacia arriba de morros, mirando seguidamente de reojo a la marine.- ¿Lo ha dicho bien el menda?- Encaró nuevamente a Ikirami entonces.- Bah, da igual, eso, que se encontró con una explosión minera y y vio como maltrataban tanto a animales como trabajadores...- Dijo con suma seriedad, al recordar la situación tan precaria en la que tuvo que vivir Bobby, el amigo que hizo allí.- Así que nos colamos y fuimos allí a darle una paliza a esos cerdos capitalistas y liberar a los oprimidos.- Explicó brevemente una de las intenciones por las que fueron a asaltar la mina.- Pero claro...- Pausó, quedándose en silencio durante 2 segundos, y suspirando.- Tampoco somos unos justicieros de esos, así que aprovechamos y birlamos algo de la mina.- Se sinceró, poniéndose de morros a continuación y apartando sus pupilas de las de Ikirami.- Aunque como conseguimos liberar a toda la "peñuqui tostada", nos trataron de héroes y nos acabaron dando todo el oro...- Volvió a mirar a Ikirami nuevamente.- Creo que llegó a salir en el periódico lo del asalto, pero por alguna movida, no nos subieron la recompensa hasta después de que nos hincháramos a hostias con Finn.- Apretó sus labios, al mismo tiempo que observaba sus manos, que agarraban con firmeza las de la pelirroja.- Como ves no somos ningunos santos, no.- Alzó su mirada, nuevamente a Ikirami.- Pero ni de blas podemos ver como la sociedad pisotea a peña que no ha hecho nada para merecerlo, ¿es o no es?- Confesó, con determinación, tras lo cual negó en silencio con la cabeza.- ¿Sabes? El sueño de Gronn era establecer no sé qué de un sindicato, y asegurarse que los trabajadores que estuvieron en lo más bajo de la cadena de mando tuvieran una vida digna... Cuando el viejo vino a pedirnos ayuda, ¿cómo se iba a negar el menda sabiendo por lo que había pasado y por lo que estaba pasando tanta peña?- Suspiró entonces el pelirrojo, mirando con pena a Ikirami.- Ese diría el menda que ha sido el único crimen que ha cometido los Shogun Gari...- Frotaba con sus dedos las manos de la marine, con cierto nerviosismo, de solo pensar como se tomaría esto su amada.- Perdóname, Iki.- Dijo, tras lo cuál, se quedó varios segundos en silencio. -En cuanto a Sasha, mi hermanita... Las razones por las que vio aumentada su recompensa son las mismas que las del menda, ¿es o no es?- Volvió a arrancar tras su silencio, manteniendo una expresión seria.- Sí, tiene un frutón, y sí, es super fuerte, ¡y sí! A veces puede ser muy bruta, puejeje.- Expresó con cariño, recordando todos los momentos y travesuras que ha vivido con la semioni.- Pero es muy inocente, muy buena, tiene muchas agallas, y un corazón que no le cabe en el pecho.- Miró hacia arriba, hacia las estrellas, recordando el pasado que le contó su compitruena. No quiso comentárselo a Ikirami, no aún, porque era algo personal de Sasha, no de él. Si alguien le tenía que contar ese pasado donde se quedó completamente sola, esa debía ser la propia semioni.- Mi colegui me dijo una vez que, cuando las personas palman, no desaparecen por completo, más bien, suben al cielo y se transforman en estrellas, o algo así.- Meneó su cabeza hacia los lados, en señal de negación.- Al principio maquiné que era una cosa de niños, pero después de todas las muertes que he visto...- Explicó, apartando su diestra y extendiéndola hacia el basto, nocturno y estrellado cielo.- Me mola pensar que tiene razón, y que todas las personas que queremos y las mandaron al cielo de las perrakas nos observan y se coscan de todo lo que hacemos, ¿es o no es?- Situó su diestra, entonces, en la mejilla izquierda de Ikirami, posando su mirada en ella también.- Iki, te quiero, y por eso, aunque me duela en el alma, no te voy a pedir que aceptes ni a mi hermanita ni al resto de mi familia, no al menos de momento.- Le dirigió una mirada llena de determinación.- Pero si que me molaría que le dieras una oportunidad... No tiene por qué ser ahora mismo, ni mañana... Que va, pero si que no tires la toalla en ellos, tal y como hiciste en el menda, ¿es o no es?- Finalizó, dedicándole una tierna sonrisa y quedándose casi embobado fijamente durante varios segundos.
INFO
RE: [Pasado] El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata. - Ikirami - 26-06-2024 Nada más decirle lo que pensaba con sinceridad y preguntarle al respecto, me di cuenta de que había cometido un error. “¿Debería haberle mentido?” me pregunté, paseando con miedo la mirada por su rostro. “Claro… Habría sido lo más lógico dada la situación.” pensé al ver como clavaba sus ojos sobre nuestras manos, con la respiración agitada, parecía que lo había enfurecido. Me entristecí momentáneamente, sintiendo que había cometido un grave error al expresar mis dudas respecto a sus compañeros. Entonces, el gatito cerró los ojos y lentamente separó sus manos de las mías. En ese momento supuse que se había acabado todo, cortándome la respiración incluso sabiendo lo que se venía. No había sido posible, éramos demasiado distintos. O eso pensaba. Garnet se abofeteó las mejillas, lo que me hizo abrir los ojos por completo. Se disculpó conmigo y juntando las manos de nuevo con las mías. Negué con la cabeza, sonriendo levemente, agradecida. —No pasa nada, es normal, minino. —respondí acariciando sus manos. Continuó diciendo que le había cegado que, al ser su nuevo lugar seguro, no aceptara a su otro lugar seguro. Me sonrojé, atontada por sus palabras. Además, entendió que estaba intentándolo, a pesar de todo lo que había pasado y lo agradeció. Usaba unas expresiones raras todo el rato, y es que me parecían jodidamente adorables. No podía echarle nada en cara, encima me dio un beso en la frente y sentí que me derretía por un momento. Era superior a mis capacidades emocionales, me superaba por completo y me quedaba tonta. Después, volviendo a la conversación y dispuesto a responder a las preguntas, comenzó negando que ni Bepso, Xas ni Nekah hubiesen cometido ningún crimen como piratas. Me descolocaba, pero le creía, ya que había dicho, a su manera, que iba a ser sincero. Se entristeció sobre todo al hablar de ese tal Nekah, enseñándome su laúd a la vez que decía que Finn fue quien lo mató, abriéndole el pecho frente él. Lo miré con pena, sabiendo muy bien lo que significaba perder a alguien importante frente a ti, pero fui incapaz de decir nada. Levanté mi mano derecha y acaricié su cabeza, bajando hasta posarla en su mejilla y masajearla con el pulgar mientras apretaba los labios, frustrada por no saber como ayudarlo más. Él inspiró, mostrándome una pluma que colgaba del mástil de su instrumento. Era una pluma de Nekah, le gustaba pensar que con ello seguía vivo dentro de su instrumento. —Es un detalle precioso, Garnet. —confesé dedicando una tierna sonrisa mientras él recuperaba mis manos. Tras eso, comentó que Xas también había muerto, ahogado por alguna razón que desconocía. Incluso Bepso, el cual decía que era demasiado inocente para este mundo, murió a manos de un “chochobukake” intentando ayudar a alguien. Tras el rato hablando con él, comenzaba a entender mejor su extraño y adorable lenguaje, por lo que supuse que se refería a un shichibukai, como Zarutsuki. —Esos malditos shichibukai… —murmuré arrugando la frente, odiándolos todavía más por lo que había hecho quien fuera el de los rayos láser. Depsués siguió comentando que en los Cabos Gemelos se les unió Kuraku, el usuario logia de la magu magu no mi. Apreté un momento los dientes, pero me forcé a relajarme justo después. “Le estoy dando una oportunidad para explicarse, tranquila. Por ahora todo va bien. No han hecho nada.” me repetí a mi misma, buscando tranquilizar y abrir la mente para escucharlo. Lo siguiente fueron otras tres nuevas uniones en isla Toko. —Yo estu… —me interrumpí al escucharle terminar la frase, en la cual comentaba que allí habían cometido un crimen. Me preparé, aferrándome a sus manos con más fuerza y mordiéndome el labio inferior algo nerviosa. Garnet, con el rostro serio comentó que los otros tres que se unieron eran una gyojin llamada Ariel, otro mink ornitorrinco llamado Sage, y por último, Aurora. Pareció avergonzado al comentar que ella su anterior amada. Ese breve momento hizo que parte de mis nerviosos se perdiesen, pues podía más en mí el querer reconfortar a mi gatito en ese momento y simplemente asentí con la cara más relajada, escuchando atentamente mientras él me acariciaba las manos generándome un cosquilleo muy agradable. Pero es que además, justo después, al comenzar a explicar el supuesto crimen, en el que Gronn se encontró una explotación minera, se equivocó con la palabra. Alzó la vista al cielo de morritos y me miró preguntando si lo había dicho bien. Sonreí mirándolo sonrojándome. No podía ser más mono, me iba a morir de amor. ¿Cómo podía ser alguien tan guapo y tontito y adorable a la vez? —Se dice explotación. Shshshsh. —respondí riéndome suavemente y mirándolo con ternura. Y es que para rematarlo, volvió a decirlo mal después. No podía con ello, me gustaba demasiado esa forma de hablar que tenía. Tanto era así, que los nervios que sentía apenas un momento antes se me habían pasado y ahora simplemente escuchaba como si me contase una historia. Al parecer, Gronn encontró una “palabritamona” minera en la que maltrataban a los animales y trabajadores, en la cual se colaron y dieron una paliza a los dueños para liberar a los oprimidos. Alcé las cejas sorprendida y parpadeé repetidamente, no era para nada lo que me esperaba de un grupo de piratas. Suspiró para decir que tampoco eran justicieros y que robaron algo de la mina. Aunque luego se puso de morritos otra vez, adorablemente como solo él podía serlo, diciendo que como liberaron a toda la gente, los trataron de héroes y les regalaron el oro como recompensa. Comentó que había salido en el periódico, pero que no fue hasta lo de Finn que subió su recompensa. Esto último lo dijo sujetando mis manos con más fuerza, por lo que supuse que el recuerdo de la batalla le dolía. Y por supuesto que lo hacía, todo lo que me había contado, todas esas muertes, habían sucedido en el último año, era todo muy reciente. Dijo que no eran unos santos, pero que no podían permitirse quedarse mirando mientras la sociedad pisoteaba a gente inocente. Esas simples palabras me dijeron mucho más de lo que había esperado escuchar. Al parecer, el sueño del gyojin era crear un sindicato de trabajadores para que tuvieran derechos y una vida más digna, por lo que entendí, y que no pudieron negarse a ayudarlo cuando les contó lo que sucedía en Toko. Finalizó con un suspiro y diciendo que ese era el único “crimen” que habían cometido los Shogun Gari, disculpándose conmigo. Acerqué mi cara a la suya para darle un beso, agradecida y sintiendo un alivio absoluto. Rodeé con mis brazos su torso y lo abracé, apoyando mi barbilla en su hombro y negando con la cabeza. —No, amor. Perdóname tú a mí, por haber duda por un momento de tus amigos, ¿sabes? —me disculpé con sinceridad y con alegría— Yo hubiese hecho exactamente lo mismo si hubiese estado allí. Bueno… —me interrumpí para reír un momento— Shshshsh. Tal vez no habría intentado robar, pero lo que importa es que ayudasteis a personas que lo necesitaban. Me alejé de nuevo recuperando sus manos y jugueteando con ellas mientras las miraba sonriente. Cuado a continuación, sacó el tema de Sasha, tenía el corazón algo más tranquilo. Según él, su recompensa había subido por las mismas razones que las de mi minino bonito. Decía que era inocente, buena, valiente y con un gran corazón, a pesar de su fruta y de ser muy fuerte y algo bruta. Hablaba de ella con cariño, y se me hacía raro que la llamara “hermanita”, pues aunque más joven, era gigantesca, como Karl. Lo cierto es que su descripción me recordaba bastante a ella, y no solo por su raza. Así que bueno, si se parecía algo a Karl podía entender el porqué de su cariño. En ese momento, mientras pensaba sobre mi amiga, el minino levantó la vista al cielo estrellado y alcé la vista también. Al parecer, su colegui (supuse que Sasha) le contó que la gente que muere no desaparece del todo, sino que suben al cielo y se transforman en estrellas. Él creía en un principio que era algo de niños, pero tras todas las muertes que había visto le gustaba pensar que era verdad y que todos a quienes había perdido ahora estaban en el cielo de las “perrakas”, observando desde allí a sus seres queridos. Asentí en silencio, sonriendo con nostalgia. Aquella historia me recordaba demasiado a una que yo había escuchado. Sí, demasiado. Noté su tacto en mi mejilla, haciendo que volviese a depositar la mirada en él. Me dijo que me quería, cosa que no pudo evitar que un rubor se acentuase en mi piel bajo la noche estrellada, y me dijo con sinceridad que, aunque le doliese, no me iba a pedir que aceptase a su familia, por el momento. Con determinación en su mirada, me pidió, pero, que al menos les diese una oportunidad, que no tenía que ser en ese momento ni en uno cercano, pero que no desistiese igual que no lo había hecho con él. Terminó de decirlo con una sonrisa que me quitó el aliento. —Gracias por entenderlo, y por ser sincero, minino. —contesté acercándome para darle un beso en los labios. Pasé mis brazos sobre sus hombros y me quedé con la nariz tocando la suya, rozándola suavemente con la punta en una suave caricia con los ojos cerrados. —Pero solo por ser tu familia, ya se han ganado una oportunidad conmigo, ¿sabes? Me importas demasiado como para no hacerlo. Y después de lo que me has contado, todavía más. —dije retirándome de nuevo con una sonrisa de amor— Que esto no salga de aquí, minino, o te las verás conmigo enfadada de verdad. —le dije con la misma expresión que cuando un niño confiesa un travesura, desviando la mirada a un lado— Pero lo cierto es que, durante una época, antes de entrar en la Marina… Yo… Tuve que robar alguna vez que otra. Así que bueno, puedo entenderlo, ¿sabes? —aclaré, devolviendo la vista a él asintiendo— Algo así, puedo tolerarlo. Ni siquiera me parece un crimen prácticamente, siempre que no hagáis daño a personas que no lo merecen, claro está. Asesinar, esclavizar… Era algo por el estilo lo que me daba miedo que me contases, y de ser así no sé del todo bien si podría aceptarlo, ¿sabes? Hmmm. Realmente, no acabo ni de entender que tengáis tal recompensa, es algo que me gustaría investigar más a fondo, pero todo a su tiempo. Suspiré aliviada y jugué con su pelo mientras pensaba en todo lo que me había contado. Habían pasado muchas cosas en apenas un año para él. Yo había perdido a mis seres queridos, pero de aquello hacía más de una década. —Te quiero, ¿sabes? —diciéndolo esa vez, no me sonrojé, y mantuve la mirada firme en él al hacerlo, acercando la mano para reposar la palma derecha donde debería estar su corazón— Puedo hacerme una idea de lo que has sentido al perder a tus amigos, a la familia que escogiste, y créeme que comparto ese dolor. —continué, con la mirada llena de compasión y entendimiento, después levantando la vista a la estrellas— No me voy a ir, no vas a perderme. Haré todo lo posible para evitar que tengas que alzar la vista al cielo para verme a mí también. —sonreí con nostalgia y devolví la mirada a mi amado gatito— Yo creo que tu “colegui” tiene razón, y las personas que queremos y se fueron, cuidan de nosotros desde ahí. Mi madre de pequeña me contaba una historia que se parecía un poco, cuando me lo has dicho me la has recordado. Trataba sobre dos amantes prohibidos, que se negaron a dar por perdido su amor y por ello fueron perseguidos hasta lo alto de una montaña. Allí, bajo las estrellas, se juraron amor eterno y cuando finalmente sus perseguidores los encontraron, al atravesarlos con sus lanzas, los dos enamorados se volvieron haces de luz y subieron al cielo, convirtiéndose en estrellas. —me pausé un momento sonrojándome y mirándolo de reojo— Esto… Y bueno, también me decía que si prometes algo bajo esas estrellas, se cumplirá tu deseo. Shshshsh. —reí avergonzada un par de segundos— Sé que es algo tonto e infantil, pero siempre me ha parecido bonito, ¿sabes? RE: [Pasado] El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata. - Garnet D. Matlock - 28-06-2024 Más allá del amor, la atracción y el deseo, uno sabe de verdad que está con la persona correcta e indicada cuando, a pesar de todas las diferencias que puedan existir entre las dos personas, a pesar de los pasados oscuros que se ciernen sobre cada uno, a pesar de las pasadas intenciones... Uno está con la persona correcta e indicada cuando, a pesar de todo eso, sobre todo prima la comprensión, el entendimiento, el perdón y la confianza. Al disculparse el músico por su deplorable actitud y pensamiento, tras escuchar las preguntas de la marine, Ikirami negó con la cabeza mientras sonreía y acariciaba sus manos, respondiéndole que no pasaba nada, ya que era algo normal. Garnet, entonces, prosiguió contando como Bepso, Xas y Nekah murieron antes de que pudieran hacer ni un solo crimen, recibiendo, aunque no de forma verbal, todo el apoyo que necesitaba en su novia, al posar su mano sobre la cabeza del músico para, seguidamente, descenderla hasta su mejilla y comenzar a frotar con suavidad su pulgar en ella. No le hacía falta nada más. Cuando comentó que, la pluma que colgaba de su instrumento, pertenecía a su difunto amigo y como el músico pensaba que de esa forma era como si siguiera vivo, la marine, con una tierna sonrisa, comentó que se trataba de un detalle precioso, dejando embobado, por un segundo al pelirrojo al presenciar la belleza de su rostro, palabras y gesto.- Tú si que eres preciosa...- Era imposible que no pudiera pensar algo así Garnet en momentos como ese. Acto seguido, al explicar la parte en la que Bepso murió a manos de un "chochobukake", Ikirami expresó su frustración, hasta el punto de arrugar su frente. Garnet se quedó sorprendido durante un santiamén al ver el rostro de la marine, pues, si no recordaba mal, era la primera vez que veía así de enfurecida a la pelirroja. Ciertamente, ahora que conocía más en profundidad a su amada, no sabía como de bien tenía que sentarle que existieran algunos piratas que, por x causa y motivos que Garnet desconocía por completo, trabajaban para el gobierno y la marina. Debía ser frustrante y, ante todo, debía de producir una gran impotencia. El pirata felino siguió con su historia, llegando ya a la parte en la que explicó, no sólo las nuevas incorporaciones, tanto de Kuraku como las tres que se dieron en Isla Toko, sino también el inicio de lo que sería su único crimen como tal, interrumpiendo en el acto una frase que no llegó a acabar Garnet a la que no le dio demasiada importancia, pues era aún más notorio los nervios que debía tener la marine ante lo que se podía venir, llegando al punto de morderse su labio inferior - de la boca -. Honestamente, el skypiean también estaba nervioso, pues era muy posible que, tanto la confianza como el bienestar de su relación, se fuera a pique según la magnitud con la que concebiría Ikirami dicho crimen. Sin embargo, justo al mencionar a Aurora y decir que ella era su amada, al contrario del efecto que creería que tendría en Ikirami nombrar aquello, la marine pareció adoptar una expresión más reflejada. Y no sólo eso sino que, tras preguntar si había usado bien el término "exploración minera", pudo observar una sonrisa y un sonrojo por parte de su amada, para responderle - con una risa y una mirada que le restauraba su fe en la humanidad - que se decía explotación. Pero estaba tan ensimismado en la angelical y preciosa expresión de Ikirami, que casi que hizo caso omiso, volviéndose a equivocar al instante. Con todo esto, toda la tensión que existía ante la expectación sobre "que iba a ser de esa bonita pareja tras finalizar con la historia", desapareció casi por completo. Garnet comenzó con el meollo, lo que venía a ser el asalto a la mina. Cuando llegó a la parte en la que explicaba como su misión era liberar tanto a los esclavos como animales oprimidos por las altas esferas de la... Ehm... Sí... Exportación minera, vio como la marine, alzando sus dos cejas, ponía una cara llena de sorpresa, aunque a saber si era para bien o para mal. Pronto entendería la connotación de dicha expresión y es que, al finalizar y concluir con que, esa aventura fue la única que podría considerar como un verdadero crimen en su historial como pirata, Ikirami aproximó su cara a la de Garnet, regalándole un beso para luego rodear su torso con sus brazos y apoyar su barbilla en su hombro, pidiendo perdón por haber dudado de sus amigos, declarando que ella habría hecho lo mismo salvo, y esto dicho entre risas, robar, aunque valoraba lo importante, y eso era ayudar a las personas que lo necesitaban. ¿Cómo podía existir alguien tan comprensivo? O mejor dicho, ¿cómo podía existir un marine tan comprensivo? Estaba seguro que Garnet le contaba esa misma historia a otro oficial del cuerpo, y lo primero que hacían era mandarlo a Incel Down. El minino tan solo se dedicó a dedicarle una tierna y silenciosa sonrisa tras echar una pequeña risa por el comentario de la marine. Justo después, Ikirami se alejaría del pirata, volviendo a sostener sus manos mientras jugueteaba con ellas de una manera que la parecía jodidamente adorable. Sentía el impulso de espachurrarla de un abrazo bien fuertote. Entonces, el músico cambió de tema, enfocándose ahora en la otra. pregunta de Ikirami: Sasha. Comenzó a soltar prenda sobre todo lo que debía ser, estando su amada en silencio y atenta a cada palabra que salía por la boca de Garnet, hasta el punto que, al igual que el músico, la marine también alzó su cabeza hacia la oscura y brillante bóveda celestial. Al posar su mano sobre la mejilla de la mujer, y confesarle que la quería, y que iba a entender y esperar que no aceptara a su familia de inmediato, Ikirami, sonrojada de nuevo, se aproximó a los labios del skypiean, fundiéndose en un precioso beso que, junto al tacto de sus brazos rodeando sus hombros y cuello, y el posterior enternecedor y amoroso roce de sus narices, como si de dos esquimales se trataran, haría de ese inolvidable momento, uno aún más memorable. Por si fuera poco, tras retirarse con una gran sonrisa dibujada en su rostro, Ikirami declaró que solo por el mero hecho de ser su familia, por todo lo que le importaba Garnet y con el añadido de la historia que le había contado, ya se habían ganado una oportunidad con ella. El confort que sentía el pelirrojo en su corazón en esos momentos no tenían parangón, por lo que no podía hacer otra cosa que mirarla con una tierna sonrisa.- Eres la mejor, Iki, ¿es o no es?- Confesó, genuinamente y sin ánimo de hacer la pelota a su amada. Justo entonces, con una mirada que le recordó en parte a una de las muchas que hecha Sasha cuando está a punto de hacer una travesura, le pidió que, lo siguiente que le iba a contar que no saliera de allí, llamando por completo la atención del pelirrojo, haciendo que arqueara una ceja.- ¿Qué perlita soltará mi churri?- Y es que, por lo visto, Ikirami hubo una temporada en la que tuvo que dedicarse a robar antes de que pudiera entrar en la marina, pillando por sorpresa este dato a Garnet y haciendo que sonriera con picardía.- Esta chica es de lo que no hay.- Pensaba con orgullo el pirata de su chica. Entonces, tras asentirle, confesó que los robos podría tolerarlos, siendo los crímenes que más le asustaban los relacionados con los asesinatos y esclavitudes, movidas que a Garnet no le interesaban ni llamaban la atención en lo absoluto. Añadió que la razón por la que tenían recompensa era algo que aún no llegaba a comprender, pero que haría lo posible por investigarlo cuando pudiera. Escuchar todas esas palabras, mientras veía la inmaculada y perfecta figura de su diosa pelirroja, hacía que su corazón no parara de latir a ritmo de "ella es la indicada", "ella es la indicada".- Pueje... Puejeje...- Comenzó a reírse levemente.- PUAJAJAJAJAJJA.- Estalló en una carcajada, echándose levemente para atrás, estando así hasta tres segundos hasta que recobró la compostura.- Ay... Perdona Iki, es que mi corazón y alma ha rugido de felicidad por un momento...- Le miró con ternura nuevamente.- No te rayes, tus dos secretos están a salvo con el menda...- Giró su cabeza, entonces, mirando de reojo a la marine, y poniéndose de morritos.- Aunque ahora que me cuesco...- Se quedó pensativo durante un segundo, cambiando su expresión a una risueña.- Puejeje... Cuesco... Eso era pedo, ¿es o no es?- Negó con su cabeza, encarando fijamente a la marine.- Pues eso, que ahora que lo dices, no sé de que secretos me están soltando prenda, ¿es o no es?- Se hacía el tonto, mientras le guiñaba un ojo. Tras eso, la marine, suspiró aliviada y empezó a juguetear con el pelo de Garnet, haciendo que pequeños escalofríos, como si de pequeñas corrientes eléctricas se trataran, recorrieran su cuero cabelludo. Corrientes que se intensificaron cuando, con seriedad, dijo que le quería, posando su mano derecha en el pecho del mismo lado que el corazón del músico, haciendo que este mirara hacia abajo, primero, para devolver la vista, seguidamente a la marine. Expresó, entonces, llena de compasión y entendimiento que se podía hacer una idea de por todas las pérdidas y dolor por el que había pasado el pirata, haciendo que Garnet apretara sus labios a la vez que la pena y tristeza invadía su faz. Con su mirada posada en las estrellas, Ikirami siguió diciendo que ella no se iba a ir ni la iba a perder, y que haría todo lo posible para que no tuviera que buscarla entre las estrellas también. Los ojos de Garnet se comenzaron a humedecer. Era cierto, era algo tan obvio, y estaba siendo tan feliz aquel día que lo había olvidado por completo, había olvidado por completo el miedo y el pavor que sentía, siente y seguirá sintiendo de pensar en que no será capaz de proteger a las personas a las que ama, estando destinado a ver como mueren, una detrás de otra frente a sus ojos "PASE LO QUE PASE, TE PROTEGERÉ Y DE ALGUNA MANERA TE HARÉ FELIZ, ¿ES O NO ES?", esas fueron palabras que dijo Garnet en el calor del momento, que sentía de verdad pero que había jurado demasiado pronto. Sentía como en cualquier momento se iba a volver a echar a llorar, aún más cuando aquella mirada y aquella sonrisa, de la mujer a la que amaba, se dirigía hacia él. Ikirami siguió hablando, motivo, por el cuál, decidió relajarse y aguantarse las ganas de llorar. Comentó que creía que su colegui tenía razón, y que las personas que ya no están entre nosotros, nos cuidan desde arriiba, comenzando a contar, entonces, una historia que le relataba su madre, una historia que trataba sobre dos amantes prohibidos, dos amantes que, frente a las adversidades, no dieron su amor por vencido, siendo perseguidos por ello hasta que llegaron a lo alto de una montaña. En ese lugar, se juraron amor eterno, momento en el cual, sus perseguidores, los encontraron y los ensartaron con lanzas, volviéndose, entonces, dos haces de luz y ascendiendo a los cielos como dos estrellas. Dos amantes prohibidos... Luchando frente a la adversidad... Situados en un lugar alto bajo una noche estrellada... Esa historia trataba sobre ellos dos. Cada vez le costaba más y más reprimir las lágrimas al músico. Seguidamente Ikirami, sonrojada y mirando de reojo a Garnet añadió que, si se prometían algo bajo esas estrellas, ese deseo se volvería realidad, confesando que siempre le había parecido algo infantil aunque la par de bonito. - Somos nosotros, Iki...- Agarró con su diestra, la mano de Ikirami que estaba apoyada en el corazón de Garnet, llevándosela seguidamente a su boca para depositar un ella un suave y dulce beso.- Esos dos amantes, da igual como lo mires, somos los mendas...- Desplazó su mano junto a la de Ikirami en la superficie de la plataforma, llevando su siniestra a la cabeza, comenzando a recorrer con sus dedos el cabello rojizo de la marine.- Me la pela que sea un deseo infantil...- Desplazó su mirada hacia abajo, sintiendo como la humedad de sus ojos crecía exponencialmente, desbordándose las lágrimas de sus cuencas.- El menda...- Volvió a alzar su cabeza, llorando, pero con determinación hacia su amada.- Al igual que te prometo, aquí y ahora, amarte eternamente... El menda...- Se le comenzaba a entrecortar la voz, cerrando los ojos y tembloroso, mientras se sucedían las imágenes de Nekah, Bepso, Xas, Sage, Ariel, Gronn y Aurora.-El menda jura que se hará tan tan tan fuerte, que te protegeré a ti y a mi familia...- Decía entre sollozos, y mientras se sorbía con la nariz los mocos.- No sé que coño haré... No sé cómo me enfrentaré a peña como Sohem, o como gente que te puede dejar K.O. sin siquiera tocarte.- Se volvió a imaginar tanto el desempeño del cazador enmascarado en la final del torneo, que tan tocado le había dejado, junto al poder misterioso que supuso que fue obra del macaco.- Pero... No quiero volver a perder a nadie más a quién quiero...- Esta vez, en su cabeza revivió toda su niñez, toda su infancia y pubertad, momentos en los que sentía hundido en un pozo sin fondo, hasta que conoció a sus primeros amigos de verdad, los Shogun Gari, luego a los Alas Negras y, por último y no por ello menos importante, Ikirami, su amada.- NO QUIERO VOLVER A ESTAR SOLO.- Comenzó a gritar, llorando, y alterado, como si un berrinche tuviera, yendo directo a hundir su cabeza entre los senos de Ikirami para seguir llorando desconsoladamente mientras abrazaba con fuerza a la marine. Más allá del amor, la atracción y el deseo, uno sabe de verdad que está con la persona correcta e indicada cuando, a pesar de todas las diferencias que puedan existir entre las dos personas, a pesar de los pasados oscuros que se ciernen sobre cada uno, a pesar de las pasadas intenciones... Uno está con la persona correcta e indicada cuando, a pesar de todo eso, sobre todo prima la comprensión, el entendimiento, el perdón, la confianza.
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RE: [Pasado] El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata. - Ikirami - 30-06-2024 Ambos habíamos estado nerviosos, pendientes de la reacción del otro con nuestras palabras, pero a pesar de todo lo que sucedía entre nosotros, nada había preparado del todo mi corazón para lo que estaba ocurriendo. Mi amor por él era profundo, y cada gesto suyo parecía desatar una marea de emociones en mi interior. Primero que todo, tras asegurarle que sus compañeros se habían ganado una oportunidad conmigo, él me devolvió una sonrisa hermosa y me dijo que era la mejor. Mi corazón latía con fuerza, y no pude contener el rubor en mis mejillas por sus palabras. Una vez más, sabía que era la mejor, pero las palabras cobraban más sentido al proceder de él. Su aprobación significaba todo para mí. Tras decirle que no entendía por qué tenían tales recompensas y que lo investigaría, abrí los ojos al ver cómo comenzaba a reír hasta explotar en carcajadas. No entendía si había dicho algo malo, pero se disculpó y me sacó una sonrisa acompañada de una risa propia cuando dijo que su corazón y su alma rugían de felicidad. Su risa era contagiosa, y en ese momento, me sentí más unida a él que nunca. Después, con esa ternura que solo había visto en él, me aseguró que mis dos secretos estaban a salvo con él, poniéndose después de morritos diciendo que ahora que se “coscaba”, y riendo diciendo que cuesco era pedo. —Shshshshhshshsh. Sí es. —me reí como una tonta llevándome una mano a la boca, sintiendo una calidez indescriptible en mi pecho. ¿Por qué me reía con esas tonterías? Era muy ordinario, pero mi corazoncito bailaba en cada uno de esos momentos. Cada palabra suya, cada mirada, me hacía sentir más enamorada. Tras aquello, me miró fijamente para decir que no sabía de qué secretos le hablaba, guiñándome un ojo. Suspiré enamorada, mi gatito era increíble y sentía que podía confiar en él plenamente. Aquel día mi vida estaba dando un vuelco por completo y estaba encantada con ello. Tanto era así, que no podía reprimir las ganas de hacerle saber lo que sentía, y le dije que lo quería. Y por encima de todo, y sabiendo por las penurias que había pasado con sus amigos, quería que supiera que iba a estar ahí para él siempre. Yo no me iría, ni le echaría y tampoco me moriría. Yo era capaz de prometerle eso, sabía que pasara lo que pasara no lo iba a perder nunca y viviría para volverlo a ver. Los ojos de mi querido minino comenzaron a humedecerse al decirle aquellas palabras, y mi corazón se conmovió profundamente. Esperaba no haberlo entristecido demasiado, únicamente quería reconfortar su corazón como él había hecho con el mío. Y cuando me había hablado sobre que nuestros seres queridos se convierten en estrellas, no pude evitar recordar la historia que me contaba mi madre. Una de las pocas cosas que podía recordar sin sentir tanto dolor eran los cuentos que me contaba de pequeña, y precisamente aquel sobre las estrellas era uno de los que más me gustaban. Y cuanto más pensaba en él en aquel momento, más me daba cuenta de que encajaba demasiado bien. La luna resplandeciente en el cielo, rodeada de aquellas minúsculas estrellas que cubrían todo el firmamento, y los pequeños haces de luces doradas y verdes que flotaban alrededor de nosotros. Dos amantes que pertenecían a mundos totalmente distintos pero dispuestos a luchar por su amor... No podía negar de ninguna forma que parecía que esa historia fuera sobre nosotros. El minino agarró mi mano, que todavía reposaba en su pecho, para decirme que los de mi cuento éramos nosotros. Besó mi mano mientras yo asentía con una sonrisa tímida, sintiendo una felicidad abrumadora. Habría sido idiota negar algo tan evidente, y mi corazón danzaba de alegría por ver que él también lo veía igual que yo. —Sí, parece que así es… —respondí sonrojada sintiendo el dulce contacto de sus dedos en mi pelo. Garnet bajó la vista, diciendo que le daba igual que fuese un deseo infantil, y apreté los labios cuando, al levantarla de nuevo, me miró llorando atravesándome con una mirada firme y prometiendo que me amaría eternamente. Aquella promesa me impactó como una bola de cañón directamente en el pecho. Abrí los ojos de par en par, con el corazón revoloteando y alterando la entre sus dos hermosos ojos. Tras contarle la historia, aquel juramente se volvía inquebrantable a mi parecer. Cualquier mínima duda que hubiese podido albergar en el fondo de mi mente y cualquier voz interior que osase oponerse a creerle, se esfumó para siempre. Así mismo, juró hacerse tan fuerte que me protegería de todo a mí y a su familia. La emoción inundaba su corazón al igual que sus ojos, que goteaban mientras decía que no sabía como lo haría, como se enfrentaría a gente como Sohem, el cazarrecompensas, o a gente que podía dejarte fuera de combate sin siquiera tocarte, pero que no quería volver a perder a nadie más. Podía sentir su dolor y frustración, todas esas emociones como si fuesen propias, y mis ojos hicieron lo suyo dejando caer lágrimas junto a las suyas. Mi minino tenía un dolor como el mío atenazando su pecho y estalló todavía más en sollozos al gritar que no quería volver a estar solo. Casi al unísono, lo rodeé en un abrazo con fuerza cuando él hizo lo mismo hundiendo su cabeza en mis pechos. Llevé mi mano derecha a su cabeza, acariciándola con suavidad, mientras con la otra lo mantenía contra mi pecho, ofreciéndoselo como almohada para que se desahogase todo lo que necesitase. Esas mismas palabras que acababa de decir resonaban con fuerza en mi cabeza. Tras perder a mi familia había estado sola siempre, y aun tras entrar en la División 21, esa sensación nunca había desaparecido. Era la primera vez en más de una década en la que al fin sentía que existía alguien para mí. —Yo tampoco quiero volver a estar sola… —solté sollozando con él y bajando mi cabeza para apoyarla contra la suya. Cerré los ojos, acariciando su cuerpo mientras compartía mi calor con él. Mi gatito amoroso lloraba desconsolado y me dolía más eso que nada en el mundo. No quería que volviese a pasar por un infierno como el que había pasado tan recientemente, no quería que sufriera más. No sabía como lo iba a hacer, pero estaba decidida a hacer lo que hiciese falta para cuidarle y hacerle feliz, a la persona que me había liberado de un peso que arrastraba toda mi vida. Daría lo que fuese por él y con eso en menté, poco a poco, dejé de llorar hasta llevar la vista a las estrellas. Busqué con la mirada la misma constelación bajo la que había jurado mi deseo de librar al mundo de la piratería y proteger a los inocentes y, una vez la encontré, cerré los ojos inspirando profundamente. —Bajo estas mismas estrellas, juro que nunca más permitiré que estés solo. —declaré con firmeza y una voluntad inquebrantable para cumplirlo— Haré todo lo posible y más para asegurarme de tu felicidad. Y prometo que te amaré por siempre, pase lo que pase. Estaba hecho, no había forma de romper ese pacto jurado bajo el manto estrellado. Abrí los ojos para agachar la cabeza y besar con delicadeza su cabeza. —Llora todo lo que necesites. —susurré con suavidad apoyando mi frente sobre su cabeza con los ojos cerrados— Todo lo que sientes puedes dejarlo escapar aquí conmigo, ¿sabes? Está bien, vas a estar bien, y estaré aquí a tu lado cuando lo necesites, siempre. Aproveché que estaba encima para dejarme caer ladeada y quedar tumbados los dos lateralmente sobre nuestras nubecitas esponjosas, reposando sobre mi lado derecho con el brazo del mismo lado rodeándolo bajo su cabeza. Con ternura, pasé el dedo índice izquierdo por sus antenitas hasta llegar a su flequillo, que aparté detrás de su oreja. No sabía si estaba escuchando o seguía sumido en sus pensamientos, pero de cualquier forma comencé a hablarle, esperando llamar su atención y alejarlo un poco de la tormenta. —No creo en las coincidencias, ¿sabes? —comencé a decir con una apacible sonrisa en el rostro, jugueteando con su pelo tan bello como el mío— ¿Recuerdas que antes te he contado que, al escapar de aquellos piratas, me lancé al agua en mitad de la noche, sin esperanzas por salir viva de aquello? —me interrumpí un momento para soltar una pequeña risita, era todo demasiado evidente para mí en aquel momento— Las olas me llevaron a una playa, casi como si “algo” no quisiera que mi vida terminase ahí. La costa en la que terminé, fue en la de la Isla Oykot, ¿sabes? Viví allí una temporada, fue una época complicada, pero me las arreglé como pude aun estando sola. —continué explicando, pausando un momento para volver a besar la linda cabecita del minino— El reino Lvneel no fue muy amable conmigo tampoco, una huérfana problemática y sin dinero no tenía cabida para ellos en aquel lugar. Cuando me has dicho que tú vivías ahí, y junto con la historia que me contaba mi madre… —miré hacia él torciendo una sonrisa avergonzada— Me ha quedado claro. Creo que el destino quería que nos encontráramos, y que lleva intentándolo muchos años, ¿sabes? Retiré la mano izquierda de su cabeza y comencé a pasarla por su costado, buscando hacerle unas leves cosquillas para llamar su atención. Necesitaba que el minino volviese en sí mismo, por las buenas o por las malas. —Vamos, gatito, di algo. No me hagas tener que ser mala. Shshshsh —le insté a hablar, siguiendo con el juego de hacerle cosquillas con una sonrisa juguetona. RE: [Pasado] El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata. - Garnet D. Matlock - 01-07-2024 No sabía qué hacía ni qué decía no cómo, pero el músico a veces, conseguía sacar una risa tonta a Ikirami que, tanto escucharla como verla era como si sintiera una acaricia en el alma.- ¡Por el amor del rock and roll! ¿¿Un ángel??- Se preguntaba pestañeando con intensidad, perplejo ante la divina escena que estaba presenciando.- Ah, nanai... Es mi diosa Iki, puejeje... Que es mucho mejor, ¿es o no es?- Seguía pensando, ensimismado por la imagen de su novia riéndose. Encima de eso, cuando le guiñó y le prometió que le guardaría su secreto, bromeando con que realmente no sabía de que secretos le hablaba, exhaló un suspiro de amor que obnubilaron los cinco sentidos del músico. Sin embargo, como un chorro de agua fría, la tristeza volvió a apoderarse del skypiean cuando expresó que lo quería, y que jamás la perdería, manifestándose en forma de lágrimas que luchaban por no salir de la prisión que eran sus ojos. Lo que casi que terminó de quebrar por completo a Garnet fue cuando, Ikirami, tras contarle la creencia que tenía su hermanita Sasha con las estrellas, pues relató una historia que su madre le contó cuando era pequeña, una historia que reflejaba muy bien su situación y relación amorosa actual. Una historia de dos enamorados con la que Garnet no podía sentirse más identificado. Al expresar que los protagonistas de ese relato eran ellos mismos, Ikirami, con una dulce sonrisa y sonrojo dibujada en su hermosa faz, asintió y afirmó que así era. Fue entonces cuando no pudo aguantar más y se echó a llorar. Teniendo de testigo a la luna, las estrellas... No, a todo el cosmos y entre lágrimas, le juró -a raíz de la leyenda que le acababa de narrar la marine- no otra cosa que amor eterno y que se haría tan fuerte como para que no la perdiera ante nada ni nadie. Ante el mar de llanto y las promesas que salían de los más profundo del caótico corazón del músico, Ikirami, su amada, al empatizar con el dolor y los sentimientos de Garnet, no pudo evitar echarse a llorar también. Cuando se lanzó Garnet directo a su pecho para llorar desconsoladamente y desahogarse, Ikirami le rodeó en un abrazo que, junto al suave tacto de su mano sobre la pelirroja cabeza del pirata, pudo encontrar en la marine un hogar, una calidez y una comodidad que hacía que deseara con más fuerza que se cumpliera todo lo que le acababa de prometer. Tras esa fachada de tipo duro, de macarra y persona que se la sudaba tanto en la vida, mostrarse así de vulnerable frente a otra persona, era algo inconcebible, algo que no había pasado siquiera con su familia los Shogun Gari. Sí, era cierto que si había mostrado parte de sus sentimientos, inquietudes y preocupaciones a sus amigos, pero no había llegado con ellos al fondo del asunto, al origen de todo ese mar de inseguridades, y Garnet jamás pensó que lo haría, ni con ellos ni con nadie, salvo hoy. Cuando el pelirrojo pensaba que había encontrado a la persona indicada, no era mentira, y es que, ¿quién iba a decir que una mujer con un cuerpo de escándalo con la que, de primeras, sólo quería un revolcón, y encima marine, se iba a convertir en una persona tan importante en su vida? Los designios del destino a veces son confusos, pero inescrutables, pero justamente eso hacía que estuviera más concienciado en no perderla, en estar siempre con ella, pensamientos que, junto a las palabras de la marine que decían no querer quedarse sola también, hicieron agravar su llanto. Sintiendo el apoyo de su cabeza sobre la de Garnet, el músico rodeó con mayor fuerza la espalda de Ikirami, mientras notaba el dulce y suave tacto de sus manos sobre cada célula de su cuerpo. Mientras el pirata seguía aún llorando entre los pechos de la marine, como si de una almohada antiestrés se tratara, la marine se tranquilizó ligeramente, alzando su cabeza hacia el cielo estrellado y prometiendo entonces, con absoluta firmeza en su voz, que no permitiría que jamás volvería a estar solo, asegurando su felicidad y que, al igual que declaró Garnet, lo amaría por siempre. Algo se volvía a romper por dentro del pirata, el simple pensamiento de perder aquello, de no poder volver a escuchar su voz... Recibir y dar su cariño, su tacto, su calor...- Iki... El menda... Yo... Te quiero...- Pensaba mientras seguía llorando, y palpaba con sus manos cada músculo de la espalda de la marine. Un dulce beso, entonces, fue depositado en la cabeza de Garnet, como si fuera un regalo caído del cielo, tras lo cuál, Ikirami le susurró que llorara todo lo que necesitara, que podía dejar escapar todo lo que sintiera con ella, además de que iba a estar bien y que siempre que lo necesitara estaría a su lado. Apretó sus labios mientras seguía llorando, de forma algo más calmada. No podía más, no llevaban ni un día saliendo juntos, pero ya creía que no podía amar tanto a una persona tal y como lo estaba haciendo ahora mismo.- El menda quieres que estés siempre a su lado... Al igual que el menda estará siempre a tu lado...- Entonces, aprovechando su posición dominante, se dejó caer de lado, tirando por consiguiente a Garnet, y cayendo de costado en la nube, uno frente al otro, sintiendo como rodeaba con su brazo derecha la cabeza del skypiean y comenzaba a acariciarla, empezando por la parte de las antenas para, seguidamente, apartar un mechón de su flequillo y situarlo detrás de su oreja haciendo que un escalofrío agradable recorriera a través de su médula espinal. En ese momento, Garnet empezó a calmarse más, dejando ya de llorar, pero siguiendo apoyado aún en las cómodas y suaves tetas de Ikirami. Mientras seguía jugueteando con sus rojizos cabellos, comenzó a explicar que ella no creía en las coincidencias, preguntando que si recordaba cuando le contó como se lanzó al mar del barco pirata que la tenía esclavizada a su suerte. Garnet, en silencio, asintió con su cabeza, sintiendo el roce de la lencería de sus senos en sus mejillas por el movimiento. Prosiguió explicando como acabó llegando a una playa, perteneciendo la costa de dicha playa a la isla Oykot ni más ni menos. Al escuchar aquello, Garnet, con los rojos ojos abiertos como platos, separó su cabeza de las pechugas de Ikirami, centrando su atención en el rostro de su amada.- Para el carro, ¿Oykot?- Pensó el pirata minino, recibiendo un beso por parte de la marine en su cabeza, para luego seguir narrando que el Reino Lvneel no fue demasiado amable con ella, ya que al ser una huérfana, no tenía cabida allí.- Para el carro, ¿el Reino Lvneel?- Seguía dándole vueltas al asunto, ¿era posible que se hubieran coincidido con anterioridad?... No... Era imposible, ¿no? La recordaría, ¿verdad? Entonces, con una sonrisa avergonzada recorriendo su rostro, al haberle contado Garnet que vivió y con la hermosa historia de su madre tenía claro que, de alguna manera, el destino llevara varios años intentando hacer que se encontraran. Al escuchar esto, junto a su ya pelo rojizo a sus ojos irritados por la sal de sus lágrimas, sus mejillas se tornaron de ese mismo color, abriendo los ojos de par en par. Si lo que decía Ikirami era cierto, y habían tenido claras oportunidades de que se conocieran desde hace mucho antes de lo que se podía imaginar por gracia divina del destino, ¿confirmaba acaso aquello que eran almas gemelas? ¿Estaría escrito en las estrellas que, aquella marine de la que Garnet se había quedado irremediablemente pillado hasta las trancas, fuera su media naranja? Su mente, su corazón y su alma ya lo sabían, y cada vez lo tenían más grabado a fuego, pero que algo externo, como una fuerza intangible de la naturaleza completamente ajena a ellos, quisiera que aquellos dos pelirrojos se encontraran como lo han hecho y que descubrieran, a pesar de sus diferencias, como se necesitaban el uno al otro, como se complementaban y como se querían, afianzaban con mayor magnitud todo lo que sentía hacia a ella, junto a su mayor miedo.- El menda no puede... No puede perder este regalo que me ha hecho el destino... - Garnet seguía completamente absorto en sus pensamientos, o lo estaba hasta que, tras apartar su siniestra de la cabeza del músico, Ikirami con esa misma mano, comenzó a hacerle cosquillas en su costado, todo mientras decía, con una sonrisa juguetona, que dijera algo y no le obligara a ser mala. El pirata comenzó a retorcerse al mismo tiempo que se empezó a reír inevitablemente.- PUEJEJEJ PUJAJAJAJAJ PARA EL CARRO IKI PUAJAJAJJAJA.- Suplicó entre carcajadas el skypiean decidiendo, entonces, girar su cuerpo, pasando su pierna por encima de la cintura marine - haciendo que Ikirami se quedara boca arriba-, hasta quedar sentado encima suya, y tras mover cada mano suya a un costado, comenzar a hacerle cosquillas en esa zona.- Puajaja... Ay... Ahora verás lo que es bueno, ¿es o no es?- Amenazó con una sonrisa picarona, meneando y frotando sus dedos a través de la cintura de Ikirami. Estuvo así durante un par de segundos hasta que quitó sus manos de allí y decidió tumbarse encima de la marine, no sin antes darle un beso en sus labios. Tras ello, estando tumbado, colocó su cabeza en el hueco que había entre su hombro izquierdo y su cabeza, y con sus dos manos buscó el contacto de las suyas, entrelazando sus dedos y situando las manos a cada lado de los dos.- Gracias por todo Iki, de verdad.- Comenzó a hablar Garnet, mirando hacia ella.- Llorar contigo, echar toda la mierda que llevaba dentro, mientras me apoyabas y me prometías esas vainas tan bonitas... Me ha dejado nasty de plasty...- Apretó sus labios y frunció el ceño, no mostrando enfado sino una ligera tristeza.- Aún llevo algo de oscuridad e inseguridad en mi interior...- Suspiró, adoptando una expresión más seria y determinada, mientras jugueteaba, con sus dedos, con las manos de Ikirami.- Pero mi mollera me ruge que es inevitable, ya que cada segundo que el menda pasa contigo, mi alma me ruge más alto que quiero estar contigo y que no quiero perderte, ¿es o no es?- Sin apartar su mirada de ella, esbozó, en esta ocasión una tímida sonrisa.- Y la verdad que no tenía ni papa de que estuviste en Lvneel, me has dejado más loco de lo que ya me tienes puejeje... Y aunque el menda cree que no sabría como habría podido olvidar a una chica como tú...- Alzo por un momento la cabeza, mirándola de arriba de abajo y poniendo una cara de absoluta perversión.- Quiero decir... Puejejeje.- Meneó su cabeza hacia los lados, manteniendo sus ojos cerrados, y volvió a reposar la testa sobre la nube, enfocándose en su bonita cara.- Eso, que aunque el menda no recuerde haberte visto por Lvneel...- Sonrió con suavidad.- Si que creo que el destino, no sé cómo cojones, pero ha querido que nos encontráramos y que nos complementemos el uno al otro... Como si fuéramos el medio pomelo el uno del otro, ¿es o no es?- Entonces, extendió sus brazos, apoyando sus manos sobre las de Ikirami, y sin soltar sus dedos de los suyos, para quedar separado su torso del de la marine por menos de un metro, teniendo sus caras frente a frente.- Puejeje... Vas a acabar hasta el chochillo de escucharlo, pero te quiero Iki, tal y como prometió el menda, ahora y siempre.- Cerró entonces los ojos y, flexionando nuevamente sus brazos, acercó sus labios a los de su amada para fundirse en un intenso beso que rompía bajo la luz del firmamento.
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RE: [Pasado] El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata. - Ikirami - 02-07-2024 Dos mundos totalmente distintos, que deberían chocar, que deberían estar enfrentados, que en apariencia no deberían poder encajar de ninguna forma, de alguna forma lograban congeniar entre ellos. Ambos mundos colisionaban bajo el manto estelar de una forma que parecía hecha por arte de magia, encajando hasta a nivel atómico y uniendo a dos amantes con un enlace más fuerte que ningún otro a nivel físico y químico. De alguna forma, ese pirata baboso, macarra y ruidoso me había arrebatado por completo el corazón, sanando sin saberlo muchas de mis heridas, haciéndome ver que era mucho más que aquello. Era mi sensible, dulce, apuesto y fiero felino, además de mi primer novio. Tenerlo entre mis brazos sollozando, con su cabeza enterrada entre mis pechos, con las lágrimas resbalando por mi escote, me parecía lo mínimo de todo lo que estaba dispuesta a hacer por él. Así lo reflejé cuando le dije que podía dejar salir su tristeza tanto como quisiese. Sabía de primera mano que reprimirlo, encerrar todo aquel vendaval de emociones y cerrarlos bajo llave, era como un veneno que te corroía por dentro lentamente hasta dejar poco más que una cáscara vacía. “Cualquier cosa menos esa, gatito.” pensaba para mí misma mientras depositaba un beso en su cabeza. Él se aferraba a mí con fuerza, no podía saber lo que pensaba, pero podía imaginarlo. Yo no era capaz de hacer desaparecer todo aquello con la música, ese era su «Don», pero tenía algo que contarle y que a lo mejor podía ayudar. Así, comencé a explicarle sobre como había llegado a la Isla Oykot, dónde él vivía antes de surcar los mares bajo una bandera pirata. Era una etapa de mi vida que tampoco había explicado a nadie antes, no estaba demasiado orgullosa de las cosas que tuve que hacer para sobrevivir durante aquella época. Y habría sido mucho peor de no haber sido por Ivy. Aquella mujer había sido lo único que había impedido que acabase en un pozo mucho más profundo, quien me había cuidado cuando nadie más lo hizo y compartido conmigo lo poco de lo que disponía. Jamás, pasase el tiempo que pasase, podría pagar esa deuda. Si las estrellas del cielo eran nuestros seres queridos, ella merecía ser la luna, o así lo sentía al pensar en ella. Mientras contaba la historia, parecía que mi amado minino encontraba algo de sosiego en su alma, dejando finalmente de llorar y asintiendo en mis pechos cuando le pregunté si recordaba el suceso del barco. Al llegar a la parte de que “naufragué” en Oykot, Garnet se sorprendió, separando la cabeza al fin de sus dos cojines personales. Aquello le tomaba tan desprevenido como lo había hecho conmigo unos minutos antes. ¿Cómo podía ser otra cosa que el destino nuestra reunión? La idea de que nos hubiésemos cruzado por Lvneel paseaba por mi mente, dejando un rastro de posibilidades que se podrían haber dado en aquellos años. Deseaba con todo mi ser haber podido encontrarlo antes, haber podido abrazar al amor de mi vida cuando acababa de perderlo todo, poder haberlo animado para que siguiese con su hermosa música, pero el pasado está escrito y no había forma de cambiar eso. Si el pasado es inalterable y el futuro es desconocido, lo único que nos quedaba era el presente, y en aquel momento lo tenía conmigo, por lo que nada podía ser mejor. Cuando le confesé mi certeza sobre que el destino nos había querido unir, sus ojos se abrieron y se sonrojó como una cereza. Aun con la esclerótica enrojecida por las lágrimas, mi minino era precioso y cada vez que el rubor cubría sus mejillas mi corazón se saltaba un latido. El caso es que no había dicho nada todavía, y quería saber qué pensaba al respecto, así que de forma casi instintiva comencé a hacerle cosquillas, obligándole a que hablara o sufriera mi fiero castigo mientras sonreía juguetona. Mi amor estalló en carcajadas, pidiéndome que parase, pero su risa era tan adorable que no quería detenerme. Su risa se me contagiaba cuando nos hizo girar por la fuerza, colocándose sobre mí mientras lo miraba con una gran sonrisa. Nada me había preparado para lo que acontecería justo después, su venganza. Riendo todavía me dijo que vería lo que era bueno sonriendo con picardía y comenzó a hacerme cosquillas sin piedad. —¡SHSHSHSHSH! ¡NOOOO! ¡AHH! ¡SHSHSHSH! ¡Para, para! —supliqué sin poder contener la risa. No recordaba la última vez que me reía de aquella forma, ni siquiera sabía que era capaz de ello. Fue tan solo un momento, pero me parecía que aquel ataque de risa me había devuelto años de vida. Y además, terminó el juego besándome y tumbándose sobre mi cuerpo. Apoyó su cabeza por encima de mi hombro y sus manos buscaron a las mías, encontrándolas y entrecruzando los dedos con los suyos mientras yo seguía sonriente. Encontré su mirada cuando me agradeció por todo sinceramente. Cerré los ojos y negué con la cabeza, no había nada que agradecer cuando hacías algo porque querías. Confesó que todo aquello, llorar conmigo, el apoyo que le había dado y las promesas que le había hecho, le habían dejado “nasty de plasty”. Era una expresión que no entendí en lo absoluto, pero que me fascinaba. No sabía como era capaz de inventar tantas palabras extrañas, algo así debía costar mucho esfuerzo y entrenamiento de años para ser capaz de decirlas con tal soltura en el momento más inesperado. Con una expresión algo triste comentó que todavía llevaba algo de oscuridad e inseguridad en su interior. “Pues como yo, minino.” pensé suspirando y con una ligera sonrisa llena de comprensión. Continuó diciendo que la cabeza le decía que era inevitable, que a cada segundo conmigo, su alma rugía con más fuerza que quería estar conmigo y que no quería perderme. Daba igual las veces que lo dijera, no podía controlar el rubor en mis mejillas cuando me decía aquellas cosas tan dulces. Apreté con fuerza las manos que nos sujetábamos, apartando un momento la mirada para coger aliento e intentar serenarme. Mientras, proseguía diciendo que no tenía ni idea de que hubiese estado en Lvneel y que eso lo había dejado más loco de lo que ya lo tenía, añadiendo tras una leve risa que no creía poder haber olvidado a una chica como yo. Alzó su cabeza y me miró entera con una cara llena de lujuria. —Shshshsh… —reí suavemente— Dudo mucho que pudieras, ¿sabes? —añadí, levantando la cabeza para darle un pequeño y suave mordisquito en la mejilla. Meneó la cabecita como un gatito mojado queriendo quitarse el agua del pelo, volviendo en él mismo y continuó con que aunque no recordase haberme visto, que sí que creía que el destino, de alguna forma, había querido que nos encontráramos y nos completáramos el uno al otro. Sonreí avergonzada cuando dijo que era como si fuéramos el medio “pomelo” del otro. En cualquier momento iba a morir por la forma de hablar que tenía, que en lugar de molestarme o desagradarme me cautivaba. El gatito entonces extendió sus brazos, apoyados sobre mis manos pero sin soltarlas, para separarse un poco de mí. Clavé la mirada en la suya con el pecho aleteando, embrujada por su hechizo de amor. Rio para después decir que iba a acabar harta de escucharlo, pero que me quería, tal y como había prometido, en aquel momento y siempre. —Jamás me cansaré de escucharlo. —respondí antes de cerrar los ojos y juntar mis labios con los suyos en un beso que rebosaba amor. Los únicos espectadores de nuestras promesas y adoración eran los astros que coronaban el cielo en esa noche de invierno, pero si el destino había querido juntarnos, el amor que nos profesábamos no necesitaba a más testigos que nuestros corazones, que latían como uno solo. Solté sus manos para llevar las mías a su cabeza, queriendo que aquel beso no terminara jamás. De todas las akumas que conocía, no había una sola que pudiese lograr lo que anhelaba en ese momento; parar por completo el tiempo. Rodeé con mis piernas su cadera, cruzándolas tras él. Las mullidas nubes acariciaban mi espalda mientras comenzaba a acariciar con mis manos su cuerpo, repasando cada centímetro de su piel. Quería memorizar con el tacto cada detalle de su cuerpo, porque en el fondo sabía que, por mucho que deseara lo contrario, en algún momento el sol sustituiría a la luna en el firmamento. La noche desaparecería y tendría que volver con los demás, y no mucho después, tendría que abandonar la isla de los cielos. Cerré los párpados con más fuerza, en un desesperado intento por alejar esas ideas de mi cabeza. No quería separarme de mi amor, de mi medio “pomelo”, de mi dulce felino. ¿Y si la vida nos alejaba y no volvíamos a encontrarnos? El terror de aquella idea hacía que mi cuerpo se tensara, solo con el delicado roce de su piel contra la mía frenando aquellos impulsos, consiguiendo relajarlos. Me perdí en la pasión del beso y de su contacto, aferrándome así a la realidad, al ahora, a nuestro momento. Mordí su labio inferior, abriendo los ojos para ver su rostro y calmarme. Daba igual la distancia y el tiempo, si el hilo rojo del destino nos unía, no habría nada ni nadie que pudiese interponerse. —Te quiero. —dije interrumpiendo momentáneamente nuestro beso— Y te querré hasta el fin del mundo y del tiempo, minino. —aparté la mirada avergonzada por decir aquello y lo que implicaba, ya que nos conocíamos desde hacía tan poco. Pero me daba igual, desde ese día, al fin escuchaba a mi corazón— Te quiero, te quiero, te quiero y te quiero. —repetí, una y otra vez, cerrando los ojos con fuerza soltándolo todo de una vez— Si alguien va a hartarse de escucharlo, serás tú. —sentencié exhalando por la nariz y sonreí satisfecha conmigo misma. Sin soltar las piernas de él, comencé a pasear los dedos de mi mano derecha por su cara, pensativa, hasta llegar a sus labios, los cuales recorrí con delicadeza hasta finalizar haciendo un pequeño toque en ellos, como si pulsase una tecla. Volví a abrazarlo y llevé mi boca hasta su hombro, mordiendo con delicadeza justo en su trapecio. —¿Shabesh? —pregunté sin soltar la mordida— Estaba penshando que estagia bien seg un koala, y que tú fueshes mi ágbol. —continué diciendo, cerrando los ojos y asintiendo levemente retirando finalmente la boca y dando un beso en la zona que acababa de morder— Así no habría problema con que nos quedásemos en este bosque para siempre. —suspiré tras decir eso— Aunque bueno, pensándolo mejor, prefiero que no. Shshhshs. —negué con la cabeza y lo miré a los ojos con una sonrisa pícara acariciando su pelo por detrás y bajando hasta su espalda— Hay demasiadas cosas que no se pueden hacer con un árbol, así que te prefiero de carne y hueso, fiera. Además, me debes una canción, ¿recuerdas? Y los árboles no pueden tocar, ni tocar música, ni cantar. No… sin duda te prefiero así. —terminé diciendo acercándome a su rostro con la vista clavada en sus labios para besarlos de nuevo. RE: [Pasado] El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata. - Garnet D. Matlock - 02-07-2024 Lo que hasta hace unos instantes era una sesión en la que Garnet - al igual que hizo Ikirami con él - sacaba de lo más profundo de su alma sus inseguridades y miedos más arraigos a ella, se convirtió en una batalla desenfrenada de cosquillas iniciada por la pelirroja. Lejos de sentirse anticlimático y de molestar al pirata aquel giro dramático de los acontecimientos, ayudó de sobremanera a mejorar el humor del músico, añadiendo una capa más a aquel día que prometía en ser inolvidable pasaran los años que pasaran. Aunque fuera una tortura no poder parar de reír, lo cierto era que sentir el dulce tacto de sus gráciles dedos sobre su curtido cuerpo... Eso si que le producía un cosquilleo pero de los buenos. Sin embargo, aquello no podía quedar así y era, por eso mismo, que el skypiean decidiría lanzar una contraofensiva a su amada, quedando encima de ella y dándole a probar de su propia medicina, haciéndole las mismas cosquillas que ella le hizo a él, y soltando unas carcajadas que podrían curar las penas de cual desdichado. Casi que por un momento paró de hacerle cosquillas y desconectó del plano terrenal al quedarse embelesado por aquella risa divina que salía de su angelical rostro, que contrastaba perfectamente con el rojo pasión de sus ojos y sedoso cabello. Era algo obvio, algo que ya sabía desde el primer momento en el que sus ojos se posaron en ella, pero es que era simple y sencillamente hermosa. Una vez saciada su sed de venganza "cosquillera", Garnet se echó encima de Ikirami, sintiendo su corazón latir al compás del suyo mientras sus manos se fundían en una. Le agradeció entonces por todo lo que había hecho, negando con la cabeza en silencio, como dando a entender que no tenía que dárselas, haciendo que Garnet exhalara un pequeño suspiro frente a su bondad y generosidad. Seguidamente, siguió contando como el compartir su dolor y llorar con ella le había sentado de escándalo, aunque aún siguiera remanente esa oscuridad que, en cualquier momento, podía amenazar con salir, recibiendo, por parte de la marine, un suspiro acompañado por tierna risa que le reflejaba pura comprensión, que se transformó en una expresión ruborizada al confesarle que conforme más pasaba con ella, más a la idea se hacía de no querer perderla, sintiendo también como sus manos aprisionaban con fuerza las del músico. Entonces, ante la posibilidad de que, por obra del destino, los dos enamorados se encontraran en un pasado distante, Garnet rechazó, a priori, la idea, pues para él era inconcebible que hubiera olvidado a una chica como ella, por mucho que hubiera cambiado, mirándola de arriba a abajo lascivamente ante su cuerpazo. Ante eso, Ikirami se rió con suavidad para, luego afirmar que dudaba que pudiera olvidarla tan fácilmente, levantándose para dale un suave mordisco que rozaba la adorabilidad y la sensualidad, haciendo que su corazón y su entrepierna comenzarán a latir al mismo compás mientras se mordía el labio inferior.- Debería ser ilegal derretirle el corazón y el nabardo al menda al mismo tiempo...- Meneó su cabeza para eliminar esos pensamientos, no era el momento para andar cachondo como un mono. Prosiguió, entonces, diciendo que aunque no se hubieran encontrado, si que veía factible que el destino hubiera intentado hacer que se juntaran, mencionando que eran el medio "pomelo" del otro, y causando que una sonrisa avergonzada recorriera su rostro. Cuando extendió sus brazos y se quedó por encima de la pelirroja, advirtiéndole que se iba a cansar de escucharlo, pero que le quería, ahora y por la eternidad, Ikirami respondió a su expresión de amor que jamás se cansaría de escucharlo. Garnet, al igual que su amada, cerraron los ojos y se aproximaron hasta unirse en un apasionado beso que hacía florecer los más bellos sentimientos en el corazón del músico. El pirata comenzó a saborear la dulce ambrosía de sus labios, deseando poder perderse en ellos durante toda la eternidad. Sucesivamente, sintió como Ikirami separaba sus manos de las suyas, para apoyarlas en su cabeza, notando el suave tacto de sus dedos sobre ella. Apoyándose en la nube con la diestra, desplazó entonces la siniestra sobre el cuello y parte de la mandíbula de la pelirroja, acariciándola con delicadeza y pasión al mismo tiempo, siendo la cadera del pirata, seguidamente, rodeado por las piernas de la bella mujer y sintiendo sus caricias por cada rincón de su piel. Podía sentir como a cada segundo, la temperatura de su cuerpo aumentaba proporcionalmente al deseo y el amor que sentía hacia la marine. No quería que aquel beso terminara. No quería que aquel momento terminara. No quería que aquella noche terminara. No quería que su adiós les llegara. Pero no, no podía dejarse llevar por esa negatividad, no al menos cuando tenía a su diosa, a su novia, junto a ella. Ikirami, entonces, mordió el labio inferior de Garnet, separándose momentáneamente de él, profesando el amor que sentía hacia el pelirroja, diciéndole que le quería y que le querría hasta el fin del mundo y del tiempo, ocasionando que el pirata se ruborizara y apretara sus labios con fuerza. Por si fuera poco, tras apartar su mirada con una cara que le transmitía pura dulzura, cerró los ojos y, con intensidad, comenzó a repetir una y otra vez que le quería, dándole a Garnet un arrebato de amor y acercándose a sus mejillas para llenarla de múltiples besos, mientras seguía sosteniendo con su siniestra su cuello. Finalizó casi jurando que sería él quién se cansaría de escucharlo, soltando un aire con la nariz, casi con orgullo. Ante este comentario, el skypiean aparto sus labios de su perfecta carita, con una sonrisa llena de picardía.- Pueje ¡y una polla como una olla!- Exclamó casi instintivamente, para depositar otro beso en su frente para alejarse, nuevamente.- Estaría tolai perdido si me cansara de escucharte siquiera, ¿es o no es?- Expresó, con decisión. Tras ello, Ikirami, con la cabeza en las nubes - nunca mejor dicho - con los dedos de su mano derecha, comenzó a recorrer el rostro de Garnet, hasta llegar a sus labios y finalizar con un toque que mató de lleno al pirata, haciendo que se sonrojara como las otras tropecientas veces que lo ha hecho con sólo ver a Ikirami respirar.- Es que no puedo tronco, NO PUEDO AAAAAA.- Gritaba internamente el pelirrojo, grito que casi se intensificó cuando la marine le volvió a abrazar y el mordió con ternura la parte de su trapecio. Y es que encima, mientras le mordía, empezó a hablar, haciendo que todo lo que dijera sonara demasiado adorable, diciendo que estaría bien que ella fuera un koala y él un árbol. De verdad, que Garnet pensaba que estaba muy cerca de morir de amor de verdad. Ikirami asintió, retirando su mordida para darle un beso en la misma zona que hasta hace nada le estaba mordiendo, concluyendo que así no habría impedimento en que se quedaran en el bosque juntos por siempre, momento que hizo que el pirata arqueara su ceja de pura confusión.- Pero si soy un árbol... No puedo ponerla, ¿es o no es?- Se dijo a sí mismo. Segundos después, su confusión se desvanecería, al escuchar a la marine decir que mejor prefería que no, negando con su cabeza para, seguidamente mirarle a los ojos con una sonrisa pícara que, junto a sus dedos pasando por su pelo y espalda, hicieron que Garnet volviera a ponerse a cien.- Puejejeje, no soy un árbol, ¡no soy un árbol!- Se repetía a sí mismo, con una cara llena de depravación, pensando en lo que se venía a continuación. De forma demasiado sensual para el minino, Ikirami dijo que había muchas cosas que un árbol no podía hacer y que, por tanto, lo prefería de carne y hueso, recordándole que le debía una canción, concluyendo en que los árboles ni podían tocar, ni tocar música, ni cantar, prefiriéndole sin duda así. Tras cerrar sus ojos y completamente atraído por el néctar de sus labios, al igual que su amada lo estaba por los suyos, acercaron sus rostros hasta volver a estar conectados en un nuevo y húmedo beso. Sin embargo, reteniendo, por ahora, todos sus deseos por explorar una vez más cada rincón de su boca y cuerpo, decidió cesar momentáneamente extendiendo sus brazos para separarse durante un momento mientras jadeaba.- Iki, jamás se me irá de la chota la canción que te debo...- La besó nuevamente, casi sin poder aguantarse la ganas de estar separado de ella. Volvió a erguirse.- Será una canción que partirá en dos los cielos y la tierra, la canción que rugirá todo el amor que siento por ti, ¿es o no es?- Aclaró, Garnet, sobre el futuro de la canción que le prometió a su entonces amante, pero ahora novia. Jamás imaginaría que tendría tanto que volcar en una pieza musical. Sin duda, deseaba estar en plena facultades mentales, solo para escribirle y componerle, la canción que se merecía su amada. Con las cartas puestas sobre la mesa, el pelirrojo volvía al ruedo, flexionando sus brazos para estar en contacto junto al cuerpo de la marine. Su mano izquierda, ahora sobre su cuello, comenzó a recorrer y descender con delicadeza su cuerpo, hasta llegar a sus infinitas piernas, que seguían rodeando las caderas de Garnet. Paró su mano ahí y comenzó a agarrarlas con firmeza, acariciándolas de forma intermitente. Podía sentir como su compañero del piso de abajo - o sea, su tercera antena - le mandaba señales de que una tercera ronda podía dar comienzo, siempre que la pelirroja quisiera claro.- Iki... Ufff- Consiguió decir entre besos, sintiendo como su lengua se deslizaba al unísono con la de la marine. Se irguió, entonces, separando desgraciadamente sus labios de los de Ikirami, apoyándose sobre sus dos rodillas, y usando sus brazos para, suavemente, zafarse tanto de los brazos como de las piernas que rodeaban al pirata.- No hay dos sin tres... ¿Es o no es?- Declaró entre jadeos para luego, y con sumo cuidado de no caerse de la nube, acercar sus labios a su cuello, y entre besos, mordiscos y lamidos, ir descendiendo su cabeza, y su cuerpo, gateando, perdiéndose y parándose en cada rincón impoluto de su cuerpo, - sobre todo en su entreteto - hasta llegar a la zona que aún estaba cubierta por sus bragas. Entonces, con cierta vergüenza, alzó su cabeza hacia el rostro de Ikirami, mirándole y asintiéndole en silencio, como pidiéndole permiso para hacer, lo que fuera que hiciera a hacer. Tras esperar la señal de la pelirroja, Garnet, comenzó a bajar con cuidado las bragas de su amada, pudiendo ver de cerca y con mayor detenimiento una parte íntima que no había llegado a ver con tanto detalle anteriormente. El músico, ciertamente, se puso nervioso, lo que estaba apunto de hacer era completamente nuevo para él.- Iki, si el menda la lía o algo... Me lo chivas, ¿es o no es?- Preguntaba Garnet, jadeando, para luego tragar saliva y, seguidamente, acercar su boca a aquella húmeda y enigmática zona que tan loco le había vuelto las dos anteriores veces que habían tenido sexo, buscando empapar su lengua y saborear cada parte de la misma, sin saber exactamente si lo que estaba haciendo era bueno o no. Estaba dispuesto a darle todo el placer que pudiera a la persona que había estado para él en su momento de vulnerabilidad, que le había escuchado, apoyado y que, sobre todo, quería y amaba.
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RE: [Pasado] (+18) El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata. - Ikirami - 05-07-2024 En un estallido de amor durante un apasionado beso, confesé una vez tras otra a mi amado que lo quería. Mi dulce gatito respondió a mi acto llenándome de besos en las mejillas, de una forma adorable y espontánea que amé con locura. Al decirle que él se cansaría de escucharlo en lugar de yo, saltó diciendo “Y una polla como una olla” que me sacó una sonrisa ipso facto, añadiendo que sería un tonto si se cansara de escucharme siquiera. La sensación que me embriagaba no era rival para las voces que había conseguido acallar en mi fuero interno. Así fue que me perdí por unos instantes, con la vista posándose en cada detalle de su rostro, intentando capturar la esencia de su semblante para grabarla a fuego en mi memoria.
Aclaración
¡Ay! Que el amor, tan dulce en la apariencia, haya de ser todavía más bello a su lado. ¡Ay! Que el amor, vendada su mirada, haya hecho que estos dos enemigos jurados se profesen el más hermoso de los sentimientos. Un espectador externo, cuyo corazón no albergase el mismo centelleante sentimiento que los nuestros, podría haber considerado de aquello una injuria, una ultraja incluso, a todo cuanto ambos defendíamos. Pero el amor es un humo formado por el vapor de los suspiros, un fuego que brilla en sus ojos al igual que en los míos, un mar que alimenta nuestras llamas. El amor es una locura razonable al extremo, un hiel que sofoca, una dulzura que conserva. Mi cuerpo podría irse lejos, pero mi yo verdadero quedaría por siempre a su lado. Cruel aquel que osase separar nuestras almas, lo haría llevado por la envidia, por el veneno de la malicia que corroe las entrañas de los recelosos, esos que no conocen la pureza de este ardor sublime que nos une. Y, sin embargo, en la quietud de la noche, cuando la luna llena ilumina con su luz de plata nuestros rostros y las estrellas son testigos mudos de nuestros suspiros, el felino y yo nos encontramos. Cada caricia era un renacer, cada mirada, una promesa eterna. Porque el amor, en su divina esencia, no conoce de barreras ni de rencores ancestrales. Ha sabido trascender tiempos y luchas, redimiendo lo irredimible, purificando lo impuro. Es, en su esencia, la fuerza que redime nuestras almas, la melodía que acompaña nuestros corazones. Allí, bajo el manto de la noche, nuestros cuerpos se entrelazaban, sellando una promesa que iba más allá de las palabras. En ese rincón escondido, donde el mundo exterior se desvanecía, éramos libres de ser quienes realmente éramos. Los susurros del viento eran nuestras confidencias, y las luciérnagas danzantes, los testigos de nuestro amor eterno. Mientras discurría por mi mente, temiendo el último suspiro de aquella mágica velada, las ganas por hincar el diente en su piel para hacerlo mío fueron más fuertes que las de preservar su vasija, y mordí cerca de su cuello, a pesar de todo manteniendo el control para no dañarlo. Una idea irrisoria surgió de mi imaginación, comparándonos con un animal y un árbol, deseando que de alguna forma fuéramos capaces de escapar a nuestro futuro incierto y permanecer en aquel lugar juntos. Pero tan pronto como aquello emergió en mi mente, se derrumbó al darme cuenta de lo mucho que añoraría otras muchas cosas de él. Mi amado pareció confuso por un momento, antes de aclararle que había cambiado de idea, que después mostró una expresión de comprender lo que se avecinaba. Un beso, uno más que se sumaba a las decenas, si no cientos, que nos habíamos presentado el uno al otro. Pero cada uno de ellos era especial, porque era nuestro. Se interrumpió, dejándome con ganas de probar más, aunque fue solo un instante, para revelarme que jamás olvidaría la canción que me debía. Dolía, dolía infinitamente, el simple hecho de alejarnos un momento del abrazo de nuestros labios. Tanto que no pudo continuar la frase sin volver a juntarlos en otro, antes de proseguir diciendo que sería una canción que partiría los cielos y la misma tierra, una canción que rugiría todo el amor que sentía por mí. Los ojos de mi amado eran decididos, asentí a su promesa devolviendo la mirada a sus labios, de los que anhelaba embriagarme sin mesura. El ambiente, a pesar de la noche de invierno que nos envolvía, era ardiente. Y no era obra de un enmascarado ni de una hoguera chispeante, no. Era el roce de nuestros labios encontrándose, nuestras lenguas danzando en un íntimo baile, las caricias y la cercanía de nuestros cuerpos lo que bastaba para derretir hasta el más frío de los icebergs. Su mano izquierda sobre mi cuello, comenzó a descender y recorrer mi cuerpo, un contacto que me generaba escalofríos a cada centímetro que recorría hasta llegar a mis piernas. Besaba con ansías al minino, cada vez con la respiración más agitada, sintiendo con las manos los músculos de su espalda y de sus brazos, apresando su cuerpo contra el mío como si el miedo de separarnos fuera a romperme el alma. Notaba la firme presión de sus dedos en mis músculos, acelerándome el corazón y la respiración. A cada segundo que pasaba, la excitación aumentaba y mi mente solo pensaba en una cosa, él. Entre uno de los muchos besos, llamó mi nombre, no le di importancia, no tenía ganas de hablar en aquel momento. Alcé las cejas y lo miré con una expresión suplicante cuando separó sus labios de los míos y con sus brazos se libró de mi presa. ¿No se sentía como yo? No lo entendía. Pero había malentendido el momento, mientras ambos jadeábamos, encendidos por la pasión, dijo que no había dos sin tres, y entendí muy bien la referencia. Me preparaba para lanzarme a su cuello, apoyándome sobre las manos para erguirme y alcanzarlo, cuando él acercó sus labios al mío, besándolo, mordiéndolo, lamiéndolo… Arqueé la espalda sin poder contener los gemidos del placer, extendiendo mi cabeza hacia atrás. Esa zona era demasiado sensible y, además, era él. Lentamente, fue descendiendo gateando como buen felino, discurriendo por mi piel hasta llegar a mis pechos, extasiándome. Estaba perdiendo la cabeza, pero no frenó su avance ahí, sino que siguió fluyendo hasta llegar a lo más bajo de mi abdomen. Levanté la cabeza al notar que paraba, cruzando miradas y asintiendo dándole permiso para desvestirme. Me moría de ganas por sentirlo. Pero me quedé confundida al ver que no se desvestía también, sino que se acercaba a esa zona. Mi interior se agitó por completo. Entrecerré un momento las piernas, avergonzada. Si bien comprendía lo que pretendía hacer, no era algo que hubiese esperado y mucho menos experimentado. Ivy, cuando estuve en Lvneel, me enseñó mucho sobre los hombres. Por su trabajo, conocía cada rincón del cuerpo masculino y cómo tratarlo. Me lo había explicado en más de una ocasión cuando se emborrachaba, haciendo alarde de sus increíbles dones y habilidades para ello. Pero en todo ese tiempo, ni una sola vez, me había hablado de “eso” en las mujeres. Tenía sentido, pues no trabajaba con ellas, pero hasta ese momento yo desconocía que eso se podía hacer. El rubor cubrió mi tez ya de por sí sonrojada. Iba a rechazar su ofrecimiento, avergonzada por completo por algo tan inesperado, cuando con dulzura y tacto me dijo que si hacía algo raro que se lo dijese. Entonces recordé que el gatito no había estado con otra mujer. Su experiencia iba a ser nueva, igual que para mí. Y aunque la timidez no se borraba, confiaba plenamente en él. Asentí y me llevé las manos a la cara, aguantando la respiración a la vez que temblorosa le dejaba espacio para continuar. Al sentir el contacto, inspiré súbitamente, con mi respiración volviéndose ahora entrecortada en sintonía a sus movimientos. Bajé las manos para agarrar la mullida nube, formando un arco con la espalda hacia atrás. Mi cuerpo era un instrumento y él, todo un músico. Me dejé llevar por completo por el placer que mi gatito me ofrecía, gimiendo y disfrutando hasta el final de cada caricia y cada beso que me dio. Su habilidad y pasión me envolvían en una maraña de sensaciones tan intensas que casi me hicieron preguntarme si de verdad yo era su primera mujer. Sin embargo, confiaba en su palabra, en la sinceridad de sus ojos y en la dulzura de sus gestos. Cuando acabé, solo podía pensar en tener más de él, en fundirme con su ser de nuevo, en sentir cada fibra de su ser contra la mía. La noche aún nos regalaba algunas horas, y en mi mente solo había una idea: quería que mi tigre saliese a jugar, que mostrase toda su fuerza y pasión en ese espacio reducido que se había convertido en nuestro refugio. Me las ingenié para colocarme sobre él, gateando con lentitud y deliberación, saboreando cada segundo de anticipación. Mis manos recorrieron su cuerpo, hasta arrancar con ansias la poca ropa que lo cubría. La suavidad de su piel bajo mis dedos me encendía aún más, y cuando finalmente estuve sobre él, sentí un impulso irrefrenable de besar sus labios con fuerza, con toda la pasión que me embargaba, para después llevar los míos a su cuello y morderlo. Ese pequeño espacio, era nuestro propio universo, un lugar donde el placer y el amor se entrelazaban en una sinfonía perfecta, liberando nuestros deseos más ocultos. RE: [Pasado] (+18) El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata. - Garnet D. Matlock - 06-07-2024 Podía sentir como los nervios se apoderaban de él, y era inevitable pues, Garnet jamás había hecho algo así antes, y mucho menos imaginado, ¿pero no estaba siendo justamente aquel inolvidable día uno en el que habían estado descubriendo cosas que jamás habrían hecho? El pirata, lo único que quería en esos momentos era darle todo su amor, de todas las formas que podía, a la mujer que amaba y anhelaba. Sin embargo, a primera instancia, parecía que la marine no estaba del todo segura al entrecerrar súbitamente sus piernas, ¿a qué se debía eso? ¿Estaba avergonzada? ¿Tenía miedo de que Garnet se pasara de bruto? Eran dudas que circulaban la mente del músico hasta que, intentando calmarla, le recordó que, si hacía algo raro durante el acto, podía decírselo y contar con él. En ese momento, pudo notar como las piernas de Ikirami se relajaron, abriéndose nuevamente y mostrando lo que el pirata ahora mismo más deseaba. Tras tragar saliva, el skypiean acercó lentamente y con delicadeza su rostro a ese tesoro que guardaba entre las piernas y que tan loco le había vuelto anteriormente. Con decisión y curiosidad, extendió su lengua hasta sus húmedas carnes, buscando empaparla con el intenso sabor que emanaba de allí, al igual que sus oídos y demás sentidos se empapaban con la dulce armonía que emitía la marine con cada movimiento de su órgano degustador, haciendo que los pelos de Garnet se encresparan con la melodía de su diosa. Simplemente era un ciclo mágico, dónde uno retroalimentaba a la perfección al otro. Uno dónde Garnet quería darle el máximo de los placeres a Ikirami y, con sus respuestas tanto corporales como sonoras, hacía al músico no querer bajar el ritmo en ningún momento, mientras iba descubriendo por como reaccionaba su novia que movimientos eran los más satisfactorios para la bella mujer. Estuvieron un rato así, descubriéndose el uno al otro y unos mismos, y, queriendo que ese instante fuera eterno en el tiempo, dejaron salir, una vez más, sus deseos más internos de probarse una vez más. Garnet era consciente de que la noche se acababa y que, al inicio de ese nuevo día, ya no sabría cuando sería la próxima vez que pudiera deleitarse tan solo con la presencia o la voz de la pelirroja. Pero si algo sabía también, es que aquello no iba a ser ningún impedimento para terminar de hacer, aún más memorable, esa reluciente noche, tanto por el cosmos como por las luciérnagas que seguían revoloteando al compás de su amor. Como si fuera otra usuaria de la familia de las fruta Neko Neko, Ikirami se las ingenió para cambiar las tornas y, esta vez, ser ella la que se ubicaría más cerca del firmamento. Garnet observaba, embelesado la escena, mientras sentía el tacto de sus dedos por todo su cuerpo, todo para acabar por despojarle el exceso de ropa que tenía. Sentía como cada célula y fibra de su cuerpo rugía de amor por aquella mujer. La deseaba tanto en todos los sentidos que la mera idea de tener que distanciarse de ella o perderla le quemaba por dentro. Subida encima de Garnet, Ikirami, se lanzó directamente a besar con fuerza sus labios, respondiendo el pirata con la misma intensidad, sabiendo que podría ser el último que se dieran. Cuando sus labios se separaron, para que la marine pudiera morder con pasión el cuello del felino, Garnet sólo podía sentir la necesidad de tener más y más de ella. Casi instantáneamente, llevó sus manos a la espalda de su amada, aferrándola con fuerza contra él para, seguidamente, erguir su tren superior de forma que quedarían sentados en la nube, estando aún la mujer encima del skypiean. Al mismo tiempo que se perdía en cada ferviente beso a cada rincón de sus labios, rostro y cuello, con la manos aún situadas a la espalda de Ikirami, empezó a desenganchar el encaje del sujetador que aún portaba, con el objetivo de liberar de su prisión textil a las gemelas que también le llevaban por el camino de la locura. El mero hecho de sentir el roce de sus cuerpos desnudos era suficiente para que su sistema nervioso se sobrecargara de placer. Con el sostén fuera, jadeando, comenzó a descender su cara hasta sus dos grandes atributos femeninos, perdiéndose por completo en la suavidad y esponjosidad de los mismos y buscando, nuevamente excitar los sentidos de su amada posando y moviendo su lengua por la parte más erógena de las gemelas. Todo al mismo tiempo que sus manos recorrían cada músculo de su espalda, buscando más y más y no perderse ningún sólo centímetro cuadrado de piel de Ikirami, hasta que, una de ellas descendió hasta llegar a sus posaderas, agarrándolas con firmeza. Todo este cúmulo de emociones instaban al tigre que guardaba Garnet en su interior a que saliera. Sin embargo, al contrario que en la primera ocasión, dónde el músico estaba completamente por toda la tensión sexual que se había ido generando y acumulando desde el primer encontronazo con la mujer, en esta ocasión era más consciente de sí mismo, y de que, anteriormente, a Ikirami parecía haberle encantado hacerlo con él transformado. Sin más preámbulos, procedió a transformarse, ganando otra vez más masa muscular, volumen, altura, hasta el punto que, ahora, se tenía que encorvar de más el skypiean para seguir deleitándose con los labios de la marine. Sin duda, una gran contra de la transformación, pues cada vez se le hacía más complicado vivir sin sus besos, y aún más sabiendo lo que estaba avecinando. El tamaño de sus manos también eran un problema, pues eran demasiado grandes también como para palpar con detalle zonas como su cuello y cara. Su cuerpo se llenó del pelaje característico de los tigres, salvo la zona inferior de su rostro, su pecho y parte de su abdomen. Una vez transformado en su forma híbrida, su respiración agitada por el placer se volvió en unos sonoros ronroneos y, posó su izquierda al borde la nube, para evitar caerse en todo momento, mientras que la derecha la pasaba por detrás de Ikirami, pasando su brazo a lo largo de su espalda, hasta que con su diestra sostuvo la parte posterior de la cabeza de la marine, entrelazando sus dedos a través de sus rojizos y sedosos cabellos. El minino ansiaba seguir saboreando la ambrosía de los labios de su novia pero ergonómicamente, la postura para su espalda no podría ser peor, por lo que dio un último beso, sintiendo como sus lenguas dejaban de danzar y mordiendo, con sumo cuidado, el labio inferior -reitero, de la boca- de la pelirroja antes de separarse.- Te quiero, Iki- Dijo a su diosa, con una mirada que rozaba la lujuria, admiración y el amor hacia su novia para, seguidamente, echarse atrás para dejar su espalda reposando en la nube, a la par que su diestra descendía, lentamente y con delicadeza, por el cuerpo de Ikirami, deteniéndose lo necesario en cada parte para que, su tacto, no lo olvidara cuando estuvieran separados, todo esto hasta que finalizó posando la mano en la cintura de Ikirami, tocando con el pulgar parte de las ingles de la marine y, con el resto de los dedos de sus glúteos.- El menda es todo tuyo, mi diosa, ahora y siempre ¿es o no es?- Declaró Garnet, tanto en términos sexuales como románticos y mirando con deseo y embelesamiento a la figura de la bella mujer mientras se mordía su labio inferior. Lo que la quería, lo que la deseaba y lo que la iba a echar de menos no estaba escrito ni en las estrellas que le daban luz en aquella ardiente noche de invierno.
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RE: [Pasado] (+18) El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata. - Ikirami - 08-07-2024 El vasto y oscuro firmamento que se extendía sobre nuestras cabezas comenzaba a desvanecer su negrura, ocultando gradualmente las estrellas que lo adornaban. La luz del alba, como si el sol celoso pretendiera eclipsar los votos que habíamos ofrecido al cielo nocturno, emergía con suavidad, anunciando la llegada de un nuevo día en aquella isla celestial. Reposaba mi cabeza sobre el pecho del minino, todavía convertido en la fiera, tumbada sobre mi lado derecho mientras con la mano izquierda acariciaba sus abdominales. Había gastado todas mis energías hasta casi la extenuación. El frescor de la noche sustituido por el de la mañana comenzaba a sentirse en el aire, y mientras mi mano seguía el contorno de sus músculos felinos, dejé escapar un suspiro de satisfacción. Los rastros de nuestra pasión aún ardían en mi piel, recordándome la intensidad del momento que acabábamos de compartir. Cada caricia y cada beso, se habían grabado en mi memoria como un fuego que nunca podría apagarse. Mis párpados pesaban, pero me negaba a cerrar los ojos y perderme un segundo más de la presencia de mi amado gatito. El resplandor del amanecer se intensificaba, y con él, el peso de la tristeza comenzó a nublar mi corazón. La realidad de lo que se cernía, que había logrado relegar a un rincón de mi mente, ahora se hacía presente con más fuerzas que antes. Este momento de paz y amor era temporal, condenado a desvanecerse con el sol naciente. Con cada latido del corazón de Garnet bajo mi oído, sentía el tiempo escaparse como arena entre mis dedos y la paz que había experimentado tras nuestra unión física se veía ahora invadida por la melancolía de la inminente separación. Me incorporé, quedando sentada para mirar el rostro del minino y extendí la mano derecha para acariciar su cabeza y orejas, que estaban tan monas en esa forma. —Te quiero, minino. —susurré acercándome para besarlo una vez más. Lo cierto era que le estaba cogiendo el gusto a expresar esas dos palabras, hacía tanto que no salían de mis labios… Aquel día y aquella noche era algo que jamás olvidaría, por mucho que el paso del tiempo amenazase con borrarlo. Era una experiencia que me había cambiado más de lo que en ese momento era capaz de llegar a imaginar. Ese músico rebelde, el mismo que pensé que era un psicópata cuando lo vi en un cartel, no tenía ni idea de como había desplomado los pilares de mi realidad. Me alejé de su cara y me apoyé en las manos, elevando la cabeza y cerrando los ojos. —¿Sabes? Estoy agotada. —confesé— Y aun así, si me dijeras que nos quedásemos aquí para siempre, sacaría fuerzas de alguna manera. Shshshsh. —reí al darme cuenta de que era verdad y que por él haría eso y mucho más. Después, bajé la cabeza y la giré en dirección al sol naciente, abriendo los ojos y cambiando mi expresión alegre por una más seria, pero sobre todo triste— Pero no puede ser, ¿verdad? No por lo menos ahora. Yo debo volver con mis compañeros y tú con tu familia. Me sentía extremadamente apenada, sintiendo como el peso de las palabras lo volvía realidad. Aparté la mirada del amanecer, que con los cruces de colores anaranjados y azules formaba una zona de hermoso rosa en los cielos, notando como las lágrimas comenzaban a inundar mis ojos. Sacudí la cabeza para borrar la tristeza, aunque fuese solo de manera momentánea. Bajo ningún concepto quería que lo último que viese en mí fuese tristeza. —Pero nos volveremos a encontrar, estoy totalmente segura de ello. —expresé con confianza, mirándolo con una sonrisa y cogiendo una de sus manos acariciando sus dedos— Primero Lvneel y ahora Skypiea. Tú lo has dicho antes; no hay dos sin tres. Si el destino nos ha querido enviar al mismo sitio en dos ocasiones, habrá una tercera. |