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[Aventura T2 - Presente Absoluto] La Sombra del Mar - Versión para impresión

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RE: [Aventura T2 - Presente Absoluto] La Sombra del Mar - Casca Belles - 18-02-2025

Entramos en el camarote del capitán y, de inmediato, el aire denso y el aroma a madera envejecida me golpearon de lleno. Pero mi atención no estaba en la atmósfera lúgubre, ni en el crujir de la madera bajo nuestros pasos, ni siquiera en la lámpara de aceite tambaleándose con la oscilación del barco. No. Mi mirada fue inmediatamente capturada por ella.
Allí, cerca de la ventana, majestuosa e imponente, estaba la estatua de mármol. Y por todos los condenados mares, qué estatua.
 
El mundo se vuelve un murmullo lejano. No escucho a Bigotes ni a Rosa, no presto atención al crujir de la madera ni al aire denso que huele a óxido y mar podrido. Solo la veo a ella.
 
Cada línea de su cuerpo esculpido me atrae con una fuerza magnética, cada curva es un secreto esperando ser descubierto por mis manos. No es solo una estatua. No puede serlo. Es una visión atrapada en piedra, un milagro que desafía el tiempo.
 
Mis pies avanzan sin que yo se lo ordene. Es un instinto primitivo, una necesidad que no alcanzo a comprender, pero que no intento detener. Me acerco, con una reverencia silenciosa, como si estuviera pisando suelo sagrado.
 
Mi mano se alza, flotando en el aire a escasos centímetros de la superficie de mármol. La duda dura apenas un parpadeo antes de que mis dedos la toquen y una ominosa luz impregne la zona, haciendo mis ojos arder en el fuego del deseo.
 
Fría. La piedra es fría como el agua en la profundidad del océano. Pero en mi cabeza, la siento cálida, como si el mármol respirara bajo mis caricias.
 
Deslizo la yema de los dedos por su cintura, siguiendo la curva que desciende con una suavidad impecable. Subo hasta su torso, con una lentitud casi ritual, sintiendo cada relieve con el cuidado de un hombre que ha descubierto el objeto más precioso del mundo.
 
Su cuello es firme, su clavícula, perfecta. Sus senos… Oh, cuando mis ojos llegan a sus senos... No hay exageración en su forma, no hay imperfección. Solo belleza esculpida con la mano de un artista que entendía demasiado bien lo sublime. Que entiende como la mera existencia de esa forma es capaz de llenar el corazón de un hombre. El tamaño no importa, es el sentimiento bajo la estructura el que aporta la calidez. Como una madre que abraza a su hijo.
 
Ya no puedo frenar, sigo recorriéndola, los dedos bailan en su abdomen, suben por su espalda, trazan la delicada línea de su omóplato. No dejo un solo rincón sin explorar. Estoy completamente a su merced, pero eso ya no importa.
 
—Casca.
 
Esa voz, sin un ápice de duda, era la de un ángel, llamándome. Una emisaria que ha venido a encargarme una importante misión. Venerarla incondicionalmente, mi voluntad ahora ya no es sólo mía, lo entiendo.
 
Mis palmas ahora están firmes sobre la cadera de la estatua. Siento el peso de su presencia, la inmensidad de su forma. No me importa que sea piedra. No me importa nada. 
 
—Casca.
 
El tono cambia. Hay algo ahí. No es burla. No es impaciencia. Es incomodidad. Mi diosa se impacienta, no logro satisfacerla. Vergüenza e impotencia inundan mi rostro mientras trato de entender qué debo hacer.
 
—Tienes que ver esto —dice Bigotes.
 
No quiero apartarme. No quiero soltarla. Pero me obligo a girar la cabeza. Ambos me miran, y en sus ojos hay algo que me perturba más de lo que quiero admitir.
 
Los ojos de Rosa no reflejan enojo ni molestia. Reflejan duda, desconcierto, como si estuviera viendo algo que no encajaba en su percepción de la realidad. Tras todo ello, además, puedo apreciar una chispa de miedo. No tengo un interés raro en Rosa, me gustan más maduras, pero quizá ella no lo esté viendo así ahora mismo.
 
Bigotes, en cambio, tiene los labios apretados, la mandíbula tensa.
 
Cuando nuestra mirada se cruza, mis ojos denotan duda, una duda más seria de la que esperaba.
 
—… ¿Sabes que has estado tocando esa estatua por más de un minuto sin decir nada?
 
Parpadeo. ¿Un minuto? Para mí había sido una vida entera, había encontrado la felicidad.
 
Pero el tiempo siempre vuelve. Lo hace para caer sobre mí como una ola fría e implacable. Me separa, y al hacerlo, me doy cuenta de que mis dedos siguen enroscados en la cadera de la estatua con una firmeza que me sorprende.
 
Retrocedo un paso. El aire se siente más pesado.
 
La estatua sigue igual. Perfecta. Inmutable. Esperando...
 
Pero algo dentro de mí se retuerce con una sensación extraña, una punzada de inquietud en el estómago. Los recuerdos vuelven, y entre ellos, la rata y los cuerpos acinados sobre el empedrado.
 
Rosa y Bigotes me observan en silencio. Si no fuese por ellos, ¿Quién sabe cuánto tiempo habría estado aquí atrapado? O si hubiese podido salir por mi propio pie.
 
Trago saliva y me limpio las palmas en la chaqueta.
 
—No sé de qué habláis, parece que no sabéis apreciar el arte... No se puede hacer nada... —murmuro, y me obligo a apartar la mirada.
 
¿Qué se supone que estaba haciendo aquí?

OFF



RE: [Aventura T2 - Presente Absoluto] La Sombra del Mar - Charlotte Lyra - 19-02-2025

Mis dedos se cierran con fuerza alrededor de la llave oxidada. El metal, rugoso y frío por el paso del tiempo, se siente extraño en mi mano, pero no puedo evitar una chispa de orgullo en el pecho. "Lo conseguí." No me molesto en ocultar la sonrisa que me sube a los labios mientras me giro hacia mis compañeros, levantando la llave como un trofeo.

—Esto nos llevará al camarote del capitán. Vamos.

No hay necesidad de decir más. La expectativa nos empuja adelante, más allá de la cubierta azotada por el viento, hacia la puerta que ha permanecido cerrada durante tanto tiempo. Un clic metálico resuena cuando la cerradura cede ante la llave y, con un empujón firme, la puerta se abre.

El interior es un mundo distinto. El aire pesado se cuela de inmediato en mis pulmones, trayendo consigo el olor de la madera envejecida, de la humedad incrustada en cada grieta del camarote. El crujido del barco bajo nuestros pies parece más profundo aquí, más resonante. Como si cada paso despertara ecos de un pasado atrapado en estas paredes.

Pralder apenas cabe en la entrada y ver cómo lucha contra el marco de la puerta es casi cómico… hasta que la madera cede con un sonido inquietante. Me encojo un poco ante el ruido, pero no digo nada. Si algo aquí no quiere que entremos, ya lo hemos desafiado.

Mi mirada recorre rápidamente la estancia, buscando cualquier detalle relevante, cualquier indicio de lo que hemos venido a encontrar. Y entonces, la veo.

La trampilla.

A la derecha de la habitación, casi camuflada por la penumbra y el desgaste de la madera, un candado de combinación la sella con un código de tres números. Me acerco con pasos cautelosos, sintiendo la madera gemir bajo mi peso. Me agacho, dejando que las yemas de mis dedos rocen la cerradura.

Es un mecanismo antiguo, pero no rudimentario. El metal está oxidado en los bordes, aunque la esfera numerada aún gira con suavidad. Pruebo girarla una vez, notando la resistencia sutil cuando el engranaje interno encaja en cada número.

—Veamos qué esconde esto… —murmuro para mí misma, sintiendo la adrenalina recorrerme con esa mezcla de emoción y desafío.

Coloco una mano sobre el candado y con la otra empiezo a girar los discos numerados, primero en una dirección y luego en la otra, buscando la tensión en el mecanismo, la mínima diferencia de presión que pueda delatar la combinación correcta. He trabajado con suficientes cerraduras para reconocer esos pequeños detalles, la forma en que el metal "respira" cuando un número es el indicado.

Escucho, siento, dejo que mis dedos guíen el proceso.

Uno de los discos parece detenerse con más naturalidad en un número en particular. Mi pulso se acelera. Tal vez sea una pista. Pruebo mover el segundo disco, esta vez más despacio, sintiendo la más leve resistencia. El tercer número es el más difícil. Sigo girándolo, percibiendo cada mínimo cambio, cada clic casi imperceptible dentro del mecanismo…

Pero entonces, la luz y un murmullo rompen mi concentración por un instante y levanto la vista.

Es Casca.

Lo veo de pie junto a la estatua, su mano todavía rozando el mármol con una lentitud inquietante. La sala ahora se encuentra iluminada y puedo ver claramente su expresión.
Sus ojos no reflejan la picardía usual, ni el fastidio ocasional con el que suele dirigirse a nosotros. Están vacíos, absorbidos, ausentes, hace que un escalofrío me recorra la espalda, con una mezcla de incomodidad y quizás ¿miedo?.

Mis dedos siguen sobre el candado, pero mi atención ya no está en él.

—Casca… —dice Pralder, pero él no reacciona. Sus dedos siguen recorriendo la piedra, como si estuvieran atrapados en un hechizo que sólo él puede percibir.

—Casca. —Esta vez mi voz es firme, más urgente.

Él parpadea, confuso, como si acabara de despertar de un sueño profundo.

Pralder interviene entonces, con un tono que deja claro que él también ha notado lo extraño de la situación.

—… ¿Sabes que has estado tocando esa estatua por más de un minuto sin decir nada?

El silencio se instala en el camarote.

Casca retrocede un paso. Veo cómo sus manos se aferran a su chaqueta, frotándose las palmas contra la tela como si intentara borrar la sensación de mármol de su piel.

Su boca se abre, como si fuera a decir algo, pero al final solo murmura con un tono que no logra ocultar su incomodidad:

—No sé de qué habláis, parece que no sabéis apreciar el arte... No se puede hacer nada...
Nadie responde.

El aire en la habitación se siente aún más espeso, como si algo invisible nos estuviera observando, esperando.

Tomo una bocanada de aire y regreso mi atención al candado. El clic que sentí antes ahora se siente más lejano, más difícil de recuperar. ¿Por dónde iba? Una vez pierdo el punto de la tercera rueda es imposible de recuperar, ni siquiera recuerdo si estaba comprobando en orden ascendente o descendente, intentar a ciegas sería lanzar una moneda y probablemente que saliera la opción mala.

Maldigo para mis adentros, no quiero que mis compañeros conozcan mi frustración, con lo bien que me había ido con el anterior cofre.

Como diría Casca no se puede hacer nada, así que vuelvo a repasar la habitación en busca de alguna pista que me pueda dar el tercer número. La luz hace que todo sea más distinguible, entonces reparo en un papel que parece más reciente que los demás, parece un mapa.

Me acerco al escritorio, a ver qué secretos me revela ese mapa, quizás el último número que me falta, y en caso contrario… bueno supongo que solo es un 50% ¿no?

Karma



RE: [Aventura T2 - Presente Absoluto] La Sombra del Mar - Fuguwu - 20-02-2025

Camarote del Capitán (2)
1300 horas
 


 
La mañana daba paso a la tarde la cual se hacia presente en el camarote del capitán gracias a la ventana que había roto Pralder en su intento de limpiarla. Para su desgracia, uno de los cristales se incrusto profundamente en la mano del semigigante provocándole una hemorragia que, aunque leve, le resultaría incomoda durante un tiempo. Al menos su humilde sacrificio no había sido en vano, los rayos de luz que iluminaron el camarote hicieron legibles dos cosas, una de mayor importancia que la otra, dependiendo de quien se tratara. Para Charel, quien se encontraba mas cerca del escritorio, los detalles del mapa se mostraban por completo delante de ella. Para Casca, quien había sido absorbido por la belleza de la estatua que hacia vigía en el camarote, los finos detalles que quizás habían pasado desapercibidos durante aquel minuto de apreciación del arte que emanaba de aquella musa se hicieron visibles mostrando que se trataba de una furiosa y hermosa guerrera de antaño de cabello largo, liso y fluido, tallado con maestría sobre el mármol, de ojos profundos y esculpidos con precisión los cuales transmitían una mirada distante y reflexiva, como si observaran a un enemigo que se encuentra más allá del horizonte.
 
Imagen de Referencia de la Estatua

 
Pero bueno, prioridades. La estatua es solo una estatua, no tiene mayor misterio para el barco, aunque si el capitán siguiera con vida seguro nos podría dar muchos mas detalles sobre aquella persona que había sido inmortalizada en mármol. A veces es mejor no saber estas cosas, en este mundo hay poderes que pueden inmortalizar a personas vivas de esta forma y lo que uno esperaría fuera una bonita historia de amor eterno podría tratarse de un turbio relato sobre la obsesión de un hombre y un amor no correspondido que termino en tragedia.
 
Pero insisto, prioridades.
 
El techo sigue siendo bajo para alguno de ustedes pues antes la gente no solía medir más de dos metros de altura, por lo que te sigue obligando a inclinarte Pralder, pero por esto nada podemos hacer, así como nada podemos hacer por aquellas cortinas de terciopelo descolorido que cuelgan en jirones rogando por ser recicladas y reutilizadas. Así es el paso del tiempo. El tiempo puede devorar todas las cosas: plantas, bestias, flores y aves. Roe el hierro y muerde acero, mata reyes, arruina ciudades y puede derribar las altas montañas. Pero no estamos aquí para resolver adivinanzas como si una aventura protagonizada por Bilbo y Gollum se tratara. Estamos aquí para desentrañar el misterio que revuela alrededor de La Sombra del Mar.
 
En el escritorio de madera, medio carcomido tras el paso del tiempo y las inclemencias del ambiente, hay un mapa náutico un poco rasgado, pero fuera de eso en muy buenas condiciones. En las paredes tienen símbolos marinos como olas, vientos, y estrellas que fueron marcados por alguien que parece había perdido el juicio, o era un pésimo carpintero. Un cuadro en la pared, torcido, revela un hueco detrás al moverlo donde una familia de roedores tuvo su madriguera hace mucho tiempo, aunque solo quedan sus diminutos huesos en ella. Dentro del hueco, un sextante que está en buen estado reposa como si hubiese sido dejado ahí apropósito, junto a una nota que dice: 'Primera estrella al oeste, última estrella al norte.'
 
El mapa que se encuentra en el escritorio está marcado con coordenadas escritas en tinta roja, pero parte de los números están desgastados por lo que no son del todo legibles. Sin embargo, un mensaje en el margen del mapa reza: 'Usa el sextante para encontrar las estrellas y obtendrás lo que buscas.'
 
Usando el sextante para leer el mapa, en el mapa se puede observar claramente 3 números escritos en tinta roja los cuales resaltan por encima de las demás coordenadas. En el hemisferio norte del mapa se puede leer un 0 en tinta roja, al sur resalta un 4, al este un pequeño 7 y al oeste un 1 más grueso que los demás números. Los números al oeste, este y norte se encuentran marcados con una pequeña estrella arriba de estos.
 
Contenido Oculto

 
Contenido Oculto

 
OFF



RE: [Aventura T2 - Presente Absoluto] La Sombra del Mar - Casca Belles - 21-02-2025

Sigo incómodo por la situación de hace un momento. Esa estatua había despertado en mí algo que superaba por mucho el dolor que siento. ¿Dolor? No. Ese no es el término correcto. No puedo evitar detenerme ante ella, hay algo hipnótico en su expresión… pero no, no es momento para distracciones. Como siempre, la cosa va de prioridades...

"No se puede hacer nada…" —pienso para mí mismo, arrastrando las palabras con la resignación del que sabe que aún queda trabajo por hacer.

Bajo los ojos hacia el mapa náutico. Las estrellas bajo el sextante marcan el oeste, el este y el norte. La nota que escondía el cuadro torcido resuena en mi cabeza. "Primera estrella al oeste, última estrella al norte." 

Muevo los dedos sobre los números, repasándolos en mi mente: Uno. Cero. Siete.

—Si esto sigue la lógica de siempre… No se puede hacer nada más... —murmuro mientras me agacho junto a la trampilla de madera en el suelo. La cadena que la asegura está vieja pero aún resiste, y el candado metálico luce desgastado por la sal del mar. Sus tres cilindros esperan la combinación correcta.

Primera estrella al oeste. Giro el primer cilindro hasta el número uno.
Última estrella al norte. El tercer cilindro queda en cero.
El último número, el del medio… Bueno, la estrella restante está al este, así que será un siete, ¿no?.

La última rueda encaja con un suave clic.

"170..." Pienso casi sin querer. No sé por qué, pero siempre me resulta curioso cómo los números pueden abrir más puertas que una espada. Aunque, claro, mi Long-Range Choice también sabe abrir puertas, solo que de una forma menos sutil.

El candado cede y lo aparto de un tirón. Antes de levantar la trampilla, dejo escapar un suspiro y paso una mano por mi nuca, notando la tensión acumulada en los músculos. Por un momento, me sorprendo preguntándome si algún día la vida será algo más que resolver acertijos y perseguir sombras. ¿Sería tan malo detenerme en algún puerto, disfrutar de una noche sin preocupaciones, quizá encontrar a alguien con quien compartir algo más que un cigarro y una botella de ron?

Sonrío de lado, sin mucho ánimo. El amor en alta mar… suena bien en las canciones de taberna, pero la realidad es otra. ¿Cuántos piratas han dejado su corazón en un puerto, solo para no volver jamás? Y, siendo sincero, ¿Quién querría apostar su vida por alguien que vive entre tormentas y balas de cañón? Pero más importante si supiesen las cosas que he hecho para llegar hasta aquí, las cosas que no puedo deshacer, ¿Aún querría alguien enamorarse de un hipócrita como yo?

Sacudo la cabeza y me inclino para abrir la trampilla. La oscuridad que aguarda abajo me devuelve al presente, esto no ha acabado, se supone que hemos venido buscando un tesoro, no fantasías absurdas.

Desciendo con cautela, dejando atrás a la estatua que, desde su pedestal, parece observarme con la misma expresión distante de siempre. Mientras desaparece de mi línea de visión, sólo puedo esperar que aquella persona, la que fuese su inspiración, al menos hubiese sido feliz.


RE: [Aventura T2 - Presente Absoluto] La Sombra del Mar - Pralder - 04-03-2025

Tardo unos segundos en reaccionar, desde luego esto me ha pillado por sorpresa. Por la expresión en los ojos de Charel puedo adivinar que a ella también.


- …no sabía que el arte se podía apreciar de esa forma tan palpable Casca, pero me alegra ver que algo te saca de ese estado tan sombrío… ¡Parece que algo si se puede hacer keehkekeke! - Acabo comentando en voz alta, queriendo quitarle hierro a la situación al ver como Casca gira la cara con expresión incómoda.


“Solo queda cruzar los dedos para que a la larga que no termine cambiando esa oscuridad que arrastra por lujuria y bebida o deberemos empezar a buscar una guitarra keehkekeke” Pienso a la vez que voy vendando el corte que me hicieron en la mano izquierda los cristales de la ventana. “Pero ya cruzaremos ese puente si llegamos a ese río… ahora mismo las prioridades son otras”.

Veo como Casca desciende por la trampilla con sus alas apretadas a la espalda, murmurando para si mismo algunas palabras que se me escapan y una expresión nostálgica en su cara. Termina por desaparecer en la oscuridad de la bodega. 
Espero unos segundos por si se escucha algún comentario pero nada, solo silencio, parece que está todo bien.

Entonces, repaso con la mirada nuevamente los elementos de la habitación: La ventana abierta de forma irremediable, estatua revisada a conciencia, sextante y mapa utilizados… el candado de la trampilla listo, trampilla abierta, el baúl vaciado, la lámpara de aceite que sin dudas ahora podríamos necesitar para explorar la bodega… y entonces caigo en el reloj de arena que hay sobre el escritorio junto al mapa.

Me quedo mirándolo. Hay algo que no me cuadra, pero no consigo averiguar que es… noto como algunos granos de arena se mueven y caen desde la partre superior hacia la inferior con el ligero vaivén del barco al son de las olas y el viento “Un segundo… ¿Cómo puede estar un reloj de arena en estas circunstancias estar casi vacío?”

[Nota off rol: perdona si me he colado demasiado Fuguwu] 
Maldiciendo internamente lo pequeña que me resulta la habitación, me acerco de cuclillas a la mesa y estiro el brazo con cuidado de no romper nada más. Cojo el reloj de arena entre mis dedos, lo giro ligeramente y lo veo: Una pequeña pieza de metal que bloquea parcialmente la comunicación entre los dos receptáculos de vidrio, por eso el reloj no estaba totalmente vacío, pero… ¿qué hace aquí?

Pienso en el capitan del barco y con en el posible objetivo con el que hizo todo esto. “Es demasiado raro, si quería que nadie consiguiera su tesoro por estar maldito ¿por qué no perderse en alguno de los blues, atar y encadenar el cofre, enterrarlo sin dejar ninguna pista del lugar o directamente que el mar se encargara de custodiarlo?

Mientras reflexiono, voy girando el reloj con los dedos, tocando las distintas piezas, cuando una de las bases de madera suena con un “clic” y se desliza dando paso a su interior. No llego a sacar la pieza metálica. Ese mismo clic se replica en mi cabeza en forma de conclusión:
“No somos los primeros en venir a este barco y buscar su tesoro… la llave estaba guardada de nuevo en el cofre marcado, el sextante nuevamente escondido, las pistas, el candado viejo pero funcional…”
Un escalofrío me recorre la espalda. El silencio que viene de la bodega inferior en la que ha desaparecido Casca deja de darme tranquilidad.


- Charel, creo que no estamos solos en este barco, avisa a Casca. - Digo esperando equivocarme.


Equipo adquirido


Off



RE: [Aventura T2 - Presente Absoluto] La Sombra del Mar - Charlotte Lyra - 09-03-2025

El camarote se siente distinto ahora que la luz del sol entra a través de la ventana rota. Su brillo dorado realza los contornos gastados de los muebles, el polvo suspendido en el aire y las cicatrices del tiempo en la madera del escritorio. Me acerco a este último, notando cómo la humedad ha deformado ligeramente su superficie. Aun así, lo que hay sobre él sigue en buen estado.

El mapa náutico, aunque rasgado en los bordes, es lo primero que capta mi atención. Ahora, con más luz, los detalles resaltan con claridad. Veo las líneas de las corrientes, las marcas de las estrellas y, lo más importante, las coordenadas escritas en tinta roja. Algunas están desgastadas, ilegibles, como si el tiempo se hubiera ensañado con ellas más que con el resto del pergamino.

A un lado del mapa hay una nota, escrita con letra apresurada:

"Usa el sextante para encontrar las estrellas y obtendrás lo que buscas."

Levanto la mirada hacia el hueco en la pared que había dejado el cuadro torcido. Dentro, el sextante descansa con la elegancia de un artefacto que alguna vez tuvo gran utilidad. Lo recojo con cuidado y vuelvo al escritorio, alineándolo con las marcas del mapa.

—Norte, sur, este, oeste… —murmuro, recorriendo con la vista los números resaltados en rojo. Un 0 al norte, un 4 al sur, un 7 al este y un 1 al oeste. Tres de ellos tienen pequeñas estrellas sobre sus cifras.

Casca parece haber llegado a la misma conclusión que yo, pero él no se detiene a analizar más. Lo veo agacharse junto a la trampilla de madera, las alas recogidas con cuidado en su espalda. Su expresión es una mezcla de concentración y resignación, como si ya estuviera acostumbrado a este tipo de enigmas.

—Si esto sigue la lógica de siempre… —murmura para sí mismo, con esa costumbre suya de hablar a medias, como si no quisiera que nadie escuchara del todo sus pensamientos.

Observo cómo sus dedos giran los cilindros del candado.

Uno. Primera estrella al oeste.
Siete. La estrella restante, la del este.
Cero. Última estrella al norte.


El último cilindro encaja en su sitio con un leve clic, un sonido apenas perceptible pero definitivo. Un gesto de Casca, preciso y sin vacilaciones, hace que el candado se suelte con facilidad.

Por un instante, sus dedos se quedan apoyados en la trampilla, como si dudara. Exhala un suspiro antes de continuar. En su mirada hay algo distinto, una sombra de pensamientos que no logro descifrar del todo. No es solo cansancio… es algo más.

Finalmente, la abre. La madera cruje en protesta, revelando una oscuridad densa debajo. Un aire pesado y húmedo se escapa del agujero, como el aliento de algo que ha estado dormido por demasiado tiempo.

Casca no duda más. Se ajusta la postura y desciende con cautela. Sus alas se repliegan aún más para no rozar los bordes del angosto pasaje, y en pocos segundos su figura desaparece en la penumbra.

Espero algún comentario desde abajo, algún sonido que indique que todo está bien. Pero no llega nada. Solo silencio.

Es un silencio que, cuanto más se alarga, más me molesta. Algo en este barco sigue sin encajar.
Pralder, a mi lado, parece haber llegado a una conclusión parecida. Lo escucho maldecir entre dientes mientras se acerca a la mesa, esta vez fijándose en algo que antes habíamos pasado por alto. Lo sigo con la mirada y noto lo que ha llamado su atención: un reloj de arena junto al mapa.

Apenas quedan unos pocos granos cayendo de la parte superior a la inferior.

"Espera… ¿Por qué hay arena todavía moviéndose?"

El ceño de Pralder se frunce, y su gran mano gira el objeto con cuidado. Hay algo bloqueando el flujo de arena, un pequeño fragmento metálico incrustado en la base. Antes de que pueda decir algo, un leve clic resuena en el camarote cuando su pulgar toca el mecanismo oculto en la madera.

Entonces lo dice, con la voz firme y baja, sin apartar la vista del reloj:

—Charel… creo que no estamos solos en este barco. Avisa a Casca.

Mi mirada vuelve a la trampilla abierta, y el silencio que antes me incomodaba ahora me parece aún más inquietante. Decido coger la lámpara de aceite, para comprobar si aún puede ser útil y me adentro en la trampilla tras Casca esperando que todo esté bien.

Off



RE: [Aventura T2 - Presente Absoluto] La Sombra del Mar - Fuguwu - 11-03-2025

Bodega de Carga
13:30hrs
 


 
¿Felicidades?
 
De una u otra forma han llegado a la penúltima área del galeón, la Bodega de Carga, la cual parece tener solo la mitad de largo que debería, sospechoso ¿no es así? Casi pueden saborear la victoria en la aventura, están llegando a la zona final, aunque cuidado con apresurarse. Aun les separa un acertijo de la Cámara el Tesoro el cual podría ser indescifrable.
 
Sin embargo, no han salido del todo ilesos. Una ventana rota había herido la mano derecha de Pralder y ninguno de sus compañeros se había inmutado ante tal hecho. Incluso el mismo Pralder había pasado olímpicamente de este evento, aplicandose las vendas que había encontrado en aquel camarote del capitán como si de un simple corte se tratara. Quizás la herida era mínima, pero espero no sea un error que luego le cueste caro al grupo de cazadores. Lo peor estaba por venir, y esto se mostraba en la psique de Pralder y Charel quienes con un poco de paranoia comentaban que no estaban solos, lamentablemente Casca no logra oír aquellas tribulaciones pues tras encontrar la clave que cerraba el candado había bajado a la bodega sin consultar con sus compañeros si se encontraban bien.
 
Charel sigue a Casca por la trampilla luego de observar con la lámpara de aceite que el camino era seguro, pero sirviendo para poco más aquella lámpara. Al momento en que esta desaparece por la trampilla, se escucha un crujido fuerte proveniente del piso del camarote el cual inevitablemente colapsa bajo el peso del semigigante haciéndole perder el reloj de arena que había tomado y cayendo con fuerza alado de Casca y Charel quienes podrían observar los huecos que se habían formado entre la bodega de carga y el camarote del capitán. No obstante, la resistencia de Pralder era un reflejo de su raza, y aquella caída no significaba nada para él, no era mas que un atajo para llegar a la bodega.
 
Al ingresar a la bodega de carga, un aire más frío y denso golpea la piel, impregnado con un leve olor a moho y humedad. El sonido más constante es el goteo lejano del agua que se filtra por las grietas del casco, un ritmo suave y persistente que parece marcar el tiempo dentro de este espacio oscuro y cerrado. Las cadenas de hierro y las barricas seguramente vacías se mueven lentamente, produciendo un sonido metálico bajo el agua, mientras que el crujir de la madera envejecida resuena débilmente en las paredes. El suelo está cubierto de charcos de agua estancada que reflejan la tenue luz que entra por las rendijas.
 
Contenido Oculto
 
A medida que avanzan, los crujidos y el goteo se mezclan en una sinfonía de desolación, acompañados por la sensación de estar bajo la superficie, atrapado entre las paredes de este antiguo barco. En el piso encuentran una nota de papel mojado la cual reza: ‘el flujo correcto es la clave’, enfatizando que el orden adecuado en el que se abren las válvulas es importante, ¿o quizás lo sea mantener el caudal necesario de agua en cada apertura? Eso tendrán que averiguarlo por su cuenta.
 
La bodega, la cual mide 30 metros de largo por 3 de ancho y 7 de alto, está parcialmente inundada, con agua que normalmente llegaría hasta los tobillos, para los que miden en promedio 180cm. Las paredes están cubiertas de un brillo verdoso por el musgo, y las cajas flotan a la deriva, chocando suavemente unas contra otras. El espacio es poco claustrofóbico, con el techo relativamente alto (de 7 metros) y vigas que parecen estar a punto de colapsar.
 
Cuatro válvulas están colocadas en una pared que parece oxidada, cada una marcada con un símbolo distinto: una ola, un pez, un barco y un ancla. Al girar cada válvula pueden ver cómo cambia el símbolo de las mismas confirmando que los cuatro símbolos se repiten en cada válvula (es decir, cada válvula cuenta con un pez, un barco, una ola y un ancla).
 
En una de las paredes del camarote, a alguien (quizás el capitán, quizás otro loco) le dio por escribir lo siguiente:
 
“Atiende colega, que este texto va sin pegas.
El que come y canta, loco se levanta, así como el ancla pintada toa’ blanca.
Al barco mantiene firme a las corrientes, excepto de gente que ni remedio tienen.
Las olas te mueven y deberás ser fuerte, para aguantar sus embates, para aguantar sus vaivenes.
Los peces recorren el mar a su encanto, felices ignorantes, que acabaran, por tanto, en las fauces del lobo, en los dominios del santo.
Como me dijo mi abuela, aquí el que no corre vuela, así que apura colega, y continúa con cautela.”
 
Contenido Oculto

Contenido Oculto



OFF



RE: [Aventura T2 - Presente Absoluto] La Sombra del Mar - Pralder - 13-03-2025

En cuanto la oscuridad envuelve a Charel, escucho como baja rápidamente la escalera y como el barco camufla los sonidos que emite hasta que no se distinguen del crujir general del barco.

Me quedo solo en el camarote, pensando cómo puedo cruzar por la trampilla y llegar hasta abajo porque objetivamente no entro y no quiero volver a forzar el marco de madera como hice con la puerta.

Por suerte o por desgracia, no tengo que darle demasiadas vueltas y las circunstancias deciden por mí. En un segundo, el suelo cruje con un sonido húmedo y grave, y las tablas ceden bajo mis pies. Me pilla totalmente por sorpresa y no me da tiempo ni a maldecir antes de me verme descendiendo por un oscuro vacío a merced de la gravedad.

…

Aunque todo acaba rápidamente. 
Al siguiente segundo mi espalda golpea el suelo con un estruendo que resuena con eco en la bodega. El barco entero parece quejarse. Astillas mojadas saltan en todas direcciones. “Bueno ya estoy abajo… keehkekeke y menos mal que he caído solo y no con ellos dos” Pienso alegrándome de ser tan resistente como para no haberme hecho ningún daño aparente.

Casca y Charel se giran rápidamente “¿He escuchado un gritito de alguien?”, alarmados por mi llegada repentina. 
Casca, me mira con una ceja arqueada, sin decir palabra señala con la cabeza hacia las válvulas que se alineaban en la pared oxidada.

- ¡Keehkekeke… al final he tenido que tomar un atajo improvisado! ¿Qué hay Casca? - Comento mientras me incorporo, sintiendo el agua y la humedad del suelo se están empezando a filtrar por mi ropa.

- Podrías haber usado la escalera como el resto… en fin Bigotes, no se puede hacer nada - contesta con un ligero toque de sarcasmo.

- ¿Y perderme la diversión y el descubrimiento? Ni en sueños - respondo mientras estiro los hombros y me aseguro de que todo está en su sitio.

Paro unos segundos a observar la sala en la que estamos. 
El ambiente es sofocante, con agua estancada cubriendo el suelo y un olor penetrante a moho y óxido que impregna cada rincón. La tenue luz que se filtra a través de las rendijas en las paredes apenas ilumina torpemente la estancia, pero es suficiente. 
Pero como contrapunto a todo esto, caigo en la cuenta de algo que me devuelve la comodidad y la sonrisa rápidamente ¡hay espacio de sobra como para que pueda estar de pie!

Termino de estirarme y entonces lo veo: una inscripción en la pared, como una canción o un poema enigmático trazado con letra temblorosa. Me acerco, pasando los dedos sobre la superficie húmeda y rugosa mientras leía en voz alta:

- “El que come y canta, loco se levanta, así como el ancla pintada toa’ blanca… Al barco mantiene firme a las corrientes, excepto de gente que ni remedio tienen…” ¡Keehkekeke, esto lo tuvo que escribir el capitán en mitad de una borrachera seguro!

Charel chasquea la lengua detrás de mí- ¿Otro acertijo? Seguro que tiene que ver con las válvulas que señalaba Casca. Creo que ya estamos cerca.

Observo las cuatro válvulas alineadas en la pared. Cada con un símbolo grabado: una ola, un pez, un barco y un ancla. “Como me dijo mi abuela, aquí el que no corre vuela, así que apura colega, y continúa con cautela.” Si este último verso es una advertencia, abrirlas en el orden equivocado podría traer consecuencias.

- A ver… - digo rascándome la barbilla con la mano vendada - Primero habla del ancla y además, es lo primero que hay que mover para poder comenzar el viaje.

Sin dudar demasiado, grio con cuidado la válvula con el símbolo del ancla hasta que llega al tope. Un leve chirrido mecánico y acuático reverbera en la bodega. Pasan unos segundos y parece que está todo bien.

- ¡Keehkekeke primer paso dado! Charel, Casca ¿Hacéis los honores para las siguientes?

Off



RE: [Aventura T2 - Presente Absoluto] La Sombra del Mar - Casca Belles - 22-03-2025

Bajo la escalera lentamente, con el quejido de los tablones rechinando en el aire, haciendo eco en la abandonada estructura. La imágen de aquella estatua se mantiene fresca en mi memoria, provocando vacilación en cada paso. Sin embargo, no me detengo hasta que alcanzo el piso inferior.

"Splash", eso es lo que escucho cuando mis botas se sumergen en el semi inundado espacio. Ligeramente iluminado por las grietas aquí y allí en el casco.

Y ahora tengo que mojarme los pies... El día mejora por momentos... Pienso sincronizando el chasquido de la lengua y de la piedra del mechero mientras me enciendo un cigarro para calmar los nervios.

Echo un vistazo al rededor. Parece que tendremos otro desafío de lógica cuestionable... O al menos eso sugieren cuatro válvulas alineadas en una pared con dibujitos, supongo que habrá alguna pista por ahí, para variar.

No se puede hacer nada, preferiría enfrentarme a algún supervisará o supermanrine ahora mismo, pero supongo que para dejar tranquilos a Bigotes y Rosita esto tendrá que pas...

"CRACK CRACK CRACK BATOM SPLASH"

Para cuando me doy cuenta estoy empapado de pies a cabeza y Bigotes ha decidido que bajar destrozando el suelo era más acorde con su personalidad que usar las escaleras. Gracias por eso giganton, muy considerado.

- ¡Keehkekeke… al final he tenido que tomar un atajo improvisado! ¿Qué hay Casca? - Dice como si dejarme hecho un trapo de cocina no fuese importante.

- Podrías haber usado la escalera como el resto… en fin Bigotes, no se puede hacer nada - Digo, sacudiendo el cigarro, ahora apagado e inservible.

- ¿Y perderme la diversión y el descubrimiento? Ni en sueños - Dice, es para matarle, de verdad...

Señalo las válvulas con la cabeza, tiene pinta de que aquello es lo que nos permitirá seguir adelante. También parece que hay una canción o algo raro escrito en la pared, pero no termino de encontrarle sentido.


RE: [Aventura T2 - Presente Absoluto] La Sombra del Mar - Charlotte Lyra - 23-03-2025

El agua fría empapa mis botas cuando doy los primeros pasos en la bodega. La sensación pegajosa del musgo bajo la suela me provoca un escalofrío, y el hedor a moho y madera podrida impregna mis sentidos, metiéndose en la ropa y la piel como un recordatorio constante de lo inhóspito del lugar.

El sonido del agua goteando desde las vigas, mezclado con el vaivén de cajas flotando a la deriva, genera una sinfonía monótona y perturbadora. Este lugar ha estado abandonado por demasiado tiempo, y el estado en el que se encuentra lo deja claro.

El estrépito de la caída de Pralder aún resuena en mis oídos. Ha sido un golpe seco, madera astillada y un eco que se ha extendido por toda la bodega. Me giro rápidamente, esperando ver algún desastre, pero en su lugar me encuentro con la silueta imponente de Pralder incorporándose como si nada. Ni un rasguño. Menos mal que está bien.

Casca resopla con fastidio mientras se sacude el agua de la ropa. La luz tenue que se filtra por las rendijas del casco apenas ilumina su expresión, pero puedo notar la irritación en su postura.

—Podrías haber usado la escalera como el resto… —murmura Casca, y no puedo evitar alzar una ceja.

—No creo que hubiera podido aunque hubiera querido.

Mis ojos recorren la habitación, fijándose en las válvulas alineadas en la pared oxidada. La canción escrita en la pared es la clave; lo sabemos los tres. El ancla ha sido la primera, y Pralder ya la ha girado con su habitual entusiasmo. Ahora es mi turno.

Me acerco, pasando la mano por la superficie metálica. La humedad ha hecho estragos en la estructura, pero aún funcionan.

—Si seguimos la lógica de la canción… después del ancla debería ir el barco —razono en voz alta—. "Al barco mantiene firme a las corrientes, excepto de gente que ni remedio tienen."

Agarro la válvula con el símbolo del barco y la giro con firmeza. Un sonido gutural resuena por las tuberías ocultas tras la pared, y por un momento contengo la respiración, esperando algún desastre. Pero nada sucede.

—Bien, sigue la ola —digo, para mí misma.

—"Las olas te mueven y deberás ser fuerte…" —murmuro, citando la canción. Giro la siguiente válvula.

Un nuevo chirrido mecánico, y el nivel del agua en la bodega parece moverse ligeramente.
Finalmente, me acerco a la última válvula. La del pez.

—"Los peces recorren el mar a su encanto…"

Tomo aire y la giro.

El sistema parece reaccionar en su totalidad. Un sonido sordo, como si algo se desbloqueara en el interior de las paredes, vibra en el aire cargado de humedad. Por un momento, solo escuchamos el eco del agua goteando desde las vigas podridas.

Respiro profundo. Ya está hecho.

Pero antes de seguir adelante, dejo que mi vista se desplace por la habitación, analizando lo que tenemos alrededor. Algo sigue sin cuadrar.

El espacio es más pequeño de lo que debería ser para una bodega de carga en un galeón de este tamaño. Hay algo que no hemos descubierto aún.

Veo las cajas en la sala, veo que algunas flotan, símbolo inequívoco de que su contenido es liviano o inexistente, intento buscar a ver si hay alguna que no se deje llevar por la corriente.

El verdadero final de este acertijo aún nos espera.