Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece
RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 48 - Versión para impresión

+- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com)
+-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3)
+--- Foro: Grand Line Paraíso (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=227)
+---- Foro: Sabaody (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=329)
+----- Foro: Manglares 40 al 49 (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=334)
+----- Tema: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 48 (/showthread.php?tid=1610)

Páginas: 1 2 3


RE: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 48 - Jolyne Jones - 12-03-2025

Mi bala salió disparada a una velocidad que ni yo fui capaz de comprender y alcanzó a la ratilla de lleno tal y como esperaba. Debido al impacto, la marine de desplazó unos cuantos metros cayendo al suelo y quedando completamente indefensa. Sin haberle dicho nada a Kenzo, este se movió desde las alturas y de un salto fue directo hacia el tejoncito para darle uno de sus puñetazos. Si todo salía bien, terminaríamos el día todos juntitos en el barco lejos, muy lejos de estas islas. Pero si salía mal, estaríamos criando malvas o encerrados en cualquier celda cochambrosa sin ver la luz del sol. ¿Cómo se suponía que iba a demostrar a todos los del pueblo que era capaz de ganar cualquier competición si me arrestaban? ¿Quién les contaría todas mis aventuras y les hablaría de las islas y personas con las que me he encontrado? Todavía tenía muchas cosas que hacer, y acabar entre rejas no era una de ellas. Además, no había día en que no me lamentara por la pérdida de nuestro capitán y ansiaba el momento en el que nos volviéramos a encontrar.

Pero en cuanto Kenzo se abalanzó hacia la diminuta de un salto, pasó algo que no me esperaba. Después del primer puñetazo, el muchacho se quedó completamente quieto. Inmóvil como las cabras cuando les pegas un susto o como las zarigüeyas cuando se hacían las muertas. Yo no era médico como Triana para saber en qué condiciones estaba, pero tampoco me hacía falta serlo para saber que algo no había ido bien. En ese momento, me arrepentí de no haber prestado más atención en la granja cuando había una plaga de neumonía en gorrinos. Ahora sabría mucho más de estas cosas. 

Tras el puñetazo, y al ver que el muchacho no tenía pinta de que fuera a moverse más, me concentré para volver a atinarle en su diminuto cuerpo y efectué otro disparo apuntando a la marine. Si Kenzo seguía sin moverse, no me quedaría otra que buscar una huida fácil arrastrando a mi compañero si hiciese falta. Ahora mismo, lo único que quería hacer era sacarle de allí y ponernos a salvo.

— Dime que estás preparando algo, Kenzo. Me repetía constantemente, esperando que lo de estar parado fuera cosa suya. Pero, ¿y si le había pegado un mini puñetazo que no había sido capaz de ver? O peor, la ratilla había empleado alguna especie de brujería mística. Había oído hablar de chamanes que eran capaces de hacer que se te cayera hasta el pelo de las cejas tan solo con mirarte. Tal vez fuera ella la culpable de la plaga de ovejas sin pelo que asoló mi granja aquel otoño del año 5. Sea como fuere, había algo que se me estaba escapando de las patas, algo que no era capaz de entender. No por nada seguía siendo una marine, y para haber dejado a Kenzo así tras nuestros golpes, seguro que era muy habilidosa.


INFORMACIÓN



RE: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 48 - Kenzo D. Fujiwara - 12-03-2025

El impacto fue sólido, satisfactorio. Sentí la vibración recorrer mis nudillos, el crujido sordo del golpe encontrando su objetivo. Todo lo que había entrenado, cada movimiento perfeccionado en incontables peleas, había valido la pena en ese instante. Pero esa sensación de victoria apenas duró un segundo.  En el momento en que mi mano tocó el suelo, un escalofrío desconocido me recorrió el cuerpo. Fue algo más que el impacto de la caída, más que el golpe de adrenalina tras un ataque certero. Fue como si una corriente invisible, un veneno intangible, se escurriera por mis venas y me reclamara como suyo.

Primero, fueron mis dedos. Se entumecieron al instante, como si se hubieran convertido en piedra. Luego, una oleada helada me subió por los brazos, enredándose en mis músculos, impidiéndome cerrarlos en puños. Mi aliento se quedó atrapado en mi garganta. Traté de mover el cuello, de inclinar la cabeza siquiera un poco, pero era inútil. Un terror primitivo se encendió en mi pecho. Mis piernas temblaron por un instante, apenas un reflejo de mi instinto de huida antes de que también se apagaran. Sentí mis rodillas cediendo, mis músculos negándose a obedecerme. Era una sensación atroz, desesperante. No dolorosa, pero sí aterradora.

No era fatiga, no era miedo. Era la absoluta impotencia de estar atrapado en mi propio cuerpo. Caí de bruces contra el suelo, sin poder frenar la caída. Mi respiración era superficial, cada intento de moverme se convertía en un eco inútil en mi cabeza. Estaba completamente paralizado. Y lo peor de todo era que no tenía ni idea de cómo había sucedido.

El pánico me golpeó con más fuerza que cualquier puñetazo. Mi cuerpo, que tantas veces había soportado heridas, golpes y fatiga, ahora me traicionaba, convertido en una prisión impenetrable. Intenté mover un dedo, una pierna, siquiera inclinar la cabeza, pero fue inútil. Era como si el simple concepto de movimiento hubiera sido arrancado de mí. Mis músculos no respondían, mi sangre ardía en una quietud desesperante. Era como estar enterrado vivo dentro de mi propia piel. La frustración me quemó desde adentro, chocando contra una pared invisible que me negaba cualquier control. No podía aceptarlo. No iba a aceptarlo.

Tenía que avisar a Jolyne, tenía que hacer algo. Mi mente gritaba, mis pensamientos se desgarraban intentando forzar a mi cuerpo a obedecerme. Pero mi boca, mi lengua, mis labios… Nada se movía. En su lugar, lo único que salió de mí fue un jadeo torpe, entrecortado, como si el aire mismo peleara por escapar de mi garganta. Lo intenté de nuevo. Un gemido ahogado, desesperado, lo único que mi cuerpo me permitía expresar. Era ridículo. Yo, un pirata, un luchador, reducido a un montón de carne inerte, rogando por recuperar el control.

La impotencia me consumía como un incendio que no podía extinguir. Mi cuerpo seguía siendo una jaula de carne inmóvil, mis músculos atrapados en un vacío donde la fuerza no tenía significado. Era una sensación insoportable, una tortura despiadada. Seguí intentándolo. Una vez más. Y otra. Pero mi cuerpo no respondía. Mis dedos eran piedras muertas, mis piernas columnas inútiles, mi boca un eco ahogado de la frustración. Era como si me hubieran arrancado de la batalla sin siquiera darme la oportunidad de luchar.

Entonces, el sonido de un disparo rasgó el aire. Mi corazón dio un vuelco. Tenía que ser Jolyne. No podía verla, pero lo supe. Había disparado. Contra la marine. Contra el problema que yo no había podido resolver. Porque yo no fui suficiente. Otra vez. Otra maldita vez. El peso de la derrota se hundió en mi pecho con la misma violencia con la que me hubiera golpeado un cañonazo. No había hecho nada. No había cambiado nada. Solo había sido un obstáculo más, una carga inmóvil en medio del campo de batalla. No era así como debía ser. Yo no era alguien que se quedaba atrás. Yo era de los que peleaban, avanzaban y hacían historia, y sin embargo, allí estaba. Tirado, indefenso e inutil. ¿Que diría Yojimbo de mí? ¿Acaso sería capaz de echarme de la tripulación por no ser lo suficientemente fuerte? Apreté los dientes con la poca fuerza que me quedaba, sintiendo un ardor en los ojos que no quise reconocer.

INFO



RE: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 48 - Ryze Tengen - 13-03-2025

El ataque de Kenzo fue desolador, pude sentir como el impacto me rompía, dejándome tendida en el suelo por completo detrás del cuerpo del propio pirata. Me encuentro tirada en el suelo, quieta, mis músculos apenas responden a mis ordenes, toqué mi bolsillo, sintiendo que ahí se encontraba el Den Den Mushi, podía llamar a alguien, avisar a los marines de que me encontraba en problemas, alcancé a tocarlo suavemente, accionando su mecanismo... pero.. el ultimo numero que tenía guardado no era el de la division... Sino el de Kevin.

-A-Aqui el Co...mo..doro.. Ryze... ¿kev?... Te quie-



El disparo me alcanza de costado, pero la bala atravesó más que mi carne. Siento cómo ese disparo se lleva mas que mi carne.. se lleva mis sueños, mis esperanzas... y .. también como me arrebata mi ultimo aliento. y, con él, todo lo que soy. Apenas conseguía comprender qué había pasado cuando mi cuerpo, tan pequeño y frágil, se desploma.

El mundo giraba con lentitud, como si el tiempo hubiese decidido saborear mi derrota. Mis rodillas se doblan primero, mis manos se aferran al aire buscando un ancla que no existe. Creo oír un latido sordo; pero no sé si es el mío o el eco de la sangre goteando desde mi costado, derramándose por todo el paramo insólito, vacío.

¿Por que?, intenté hablar, con la voz helada, inexpresiva, pero no pude verbalizar nada, incluso el mas mero intento se quebraba al segundo.

Quiero moverme, pero las piernas no responden. Mi vista se empezaba a nublar mientras caía de espaldas volviendo a ser empujada varios metros por el suelo. El golpe contra la tierra resuena en mi cráneo, un retumbar que me obliga a soltar un quejido mudo. El dolor se expandía con violencia, como una ola que arrastraba todo a su paso.

Los rostros de la división bailan ante mis ojos como un desfile de recuerdos tan punzante como el disparo mismo. Veo a Karl con su aura de fuego, llorando en silencio después de otra catástrofe, mientras yo la miraba incapaz de consolarla. A Apolo enseñándome sus trucos de arena, despreocupado y feliz, como si el mundo no fuese un lugar tan desgarrado, como si el fuera un faro de luz que nos iba a empujar a un mejor futuro. A Fuguwu, concentrado, amable, con esa mirada seria pero que en el fondo era el que mas se preocupaba por demás.  E incluso a James, con sus maneras toscas, frunciendo el ceño, pero parte esencial de esa desordenada familia que creamos sin darnos cuenta.

Un sollozo se forma en mi pecho. Nunca he sido buena expresando nada, pensaba que nunca había llegado a sentir nada importante en mi vida y cuando por fin he alcanzado algo.. siento la necesidad de llorar, siento que la garganta se me obstruye poco a poco la sangre. Es… como si las lágrimas no pudieran encontrar un cauce al que juntarse. Me duele, y a la vez no me sale un suspiro, como si un nudo en mi interior se lo tragara todo.

Cierro los ojos un segundo y la oscuridad me abraza. Noto cómo mi sangre, la cual tiene una temperatura... tibia, mancha el suelo bajo mi espalda, y en lo único que puedo pensar es.. que este es mi final. Tendida en este baldío, sola, sin una despedida apropiada ni un consuelo. Quiero que alguien me sujete la mano, que me diga que todo va a salir bien, que me iban a ayudar pero.. solo me encontraba con un vacio.

Respiro una vez, forzando el aire que entra a mis pulmones, y me asalta el recuerdo de Joe, su presencia cálida y tranquilizadora, la forma en que nos impulsaba a seguir adelante. Siempre pensé que volvería a tiempo, siempre estuvo cuando las cosas se torcían. Pensaba que en cualquier momento aparecería como el heroe que era para salvarme pero esta vez... no hay nadie.

Lo... siento.. He fallado, a mí misma y a la División. No he sido lo bastante rápida, lo bastante fuerte… lo bastante viva.

El dolor me corroe y cada latido retumba como un martillazo. Intento abrir los ojos y solo obtengo un río de sombras. Todo es cada vez más frío. Siento la tierra áspera bajo mis dedos, y su textura me da un macabro consuelo: al menos soy capaz de sentir algo mientras me hundo. De pronto, tengo un recuerdo fugaz: la tarde en que Karl me dejó montarme en su hombro por primera vez, y lo orgullosa que me sentí de haber hallado un hueco en ese loco pelotón. La vez que Apolo arrancó risas mientras cantaba, y yo me limité a negar con la cabeza, aunque en el fondo me divertía. Ese día en que Fuguwu me curó un rasguño sin pedir nada a cambio. Y cómo James… incluso James, me ofreció un gesto de respeto aquella vez

Vivid... por favor.. pero vivid sin mi..

Mi mano se tiende al cielo, y un escalofrío recorre mi pecho al entender que no volveré a ver su azul desgastado. Ese azul.. ese azul que tantas veces vi con Kevin cuando me encontraba en Whisky... con la unica persona que ha conseguido encandilarme, mi primer amor, mi primer sentimiento verdadero.. yo había vivido la vida, pero el fue la persona que me dio las ganas de vivirla

La oscuridad avanza. Me quedo sin fuerzas para resistir, y en mi mente se dibujan figuras vagamente familiares. Ya no distingo rostros, solo sensaciones: calidez, camaradería, peleas insignificantes que hoy cambiaría por un segundo más con ellos. Me pregunto si recordarán a la pequeña marine de voz sosa. Tal vez no. Tal vez sí. Y entonces, el silencio es total. Ni viento, ni sangre, ni dolor. Es como si un manto helado me cubriese los ojos por dentro. Mi mano deja de temblar, se afloja, y el último aliento se escapa de mis labios sin hacer ruido.

En esa oscuridad final, encuentro una extraña paz. Mientras pensaba en mis compañeros... ¿Me Recordaran?, ¿Lo había hecho mal?, ¿Por que todo había acabado así?, ¿No podía haber dado algo mas?, ¿Por que fui tan inútil en mis últimos momentos?..


Por favor, No os olvidéis de esta Tontatta amable que empezó a soñar demasiado tarde.


Ataud de Rol



RE: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 48 - Jolyne Jones - 14-03-2025

Me quedé unos segundos observando a los dos que estaban frente a mí. Seguía notando la tensión en el aire aún cuando, después de mi disparo, todo se quedó en silencio. Me acerqué hacia Kenzo, quien seguía con la mano pegada al suelo y en la misma posición que cuando le pegó el puñetazo a la marine. A su lado, la ratilla también parecía haberse quedado inmóvil. — Psst.. ¡Ey, Kenzo! ¡Estoy aquí! — grité en un susurro alto, aunque sabía que no podía verme — ¿Qué te pasa, muchacho? Espero que no estés muerto. No quería tener que ser yo la que les tuviera que dar la noticia a todos de que llegué demasiado tarde para protegerle. Y además, Jimba le había cogido demasiado cariño al chaval. Giré un poco la cabeza y me quedé unos segundos mirando a la ratilla tirada en el suelo. Estando a unos veinte metros de ellos, acerqué mi cara lentamente intentando ver si la marine todavía se movía. — Y tú no me la vas a colar. Te estoy vigilando — dije, mientras llevaba los dedos índice y corazón a mis ojos para luego apuntarlos hacia ella. Aunque parecía fuera de combate, no me dejaría engañar. Nunca olvidaría el invierno del año nueve, cuando enterré a ese hámster antes de tiempo, solo porque parecía más muerto que una gallina en día de caldo. — Tú no, Jimba. Tú estás a salvo conmigo.

— Bueno Kenzo, si dejas de hacer el rarito, nos vamos de aquí. Dime que puedes moverte — dije con algo de preocupación e impaciencia. Me sentía completamente sola en ese manglar, al lado de dos personas — ¿a la ratita se le podía llamar persona o más bien personita? — que parecían completamente petrificados. — No pasa nada si te has quedado lisiado. Nadie te va a lanzar desde la torre principal ni a obligarte a vivir en las mazmorras lejos de la luz y de la gente. Además, seguro que Triana puede curarte — intenté consolarle. —  Pero no es broma, nos tenemos que ir de aquí antes de que vengan más refuerzos y se monte la del pulpo. Si la ratilla se despertaba, estaríamos en un buen lío y seguro que a la marina no le sentaba nada bien lo que habíamos hecho. Aunque, pensándolo bien, ellos habían empezado todo esto capturando a Yojimbo. — Ya te vale, Triana, no se te puede dejar sola. Mira todo lo que ha pasado porque que no estás — me lamenté. Quería demostrarles a todos que nos sabíamos sacar las castañas de la hoguera, pero si no se estaba haciendo el graciosillo y de verdad le pasaba algo grave, no me quedaría otra que intentar avisar a nuestra médico.

Miré a mi alrededor una vez más. ¿Me darían los brazos para cargar con Kenzo hasta el barco? Seguramente no. Era más que probable que me quedara a medio camino. Igual que aquella vez que intenté cargar por mi cuenta cinco sacos de patatas a la vez y se me acabó saliendo un brazo del esfuerzo teniendo que arrastrarlo cincuenta metros. — Aahhh — suspiré. — ¿Dónde estarán los demás? ¿Y qué estará haciendo Jimba en el barco? Eso me recordaba a una historia.


INFORMACIÓN



RE: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 48 - Kenzo D. Fujiwara - 15-03-2025

Mi respiración era errática, cada intento de moverme se sentía como si estuviera atrapado en un cuerpo que no me pertenecía. Era desesperante. Mi mente seguía activa, gritándome que me levantara, que hiciera algo, pero mi cuerpo no respondía. Era como si estuviera encerrado dentro de mí mismo. El pánico comenzó a escalar, una presión sofocante en mi pecho. ¿Cuánto tiempo iba a durar esto? ¿Minutos? ¿Horas? ¿Días? La idea me aterraba. Si nunca me recuperaba, si me quedaba así para siempre… No, no podía permitirme pensar eso. Tenía que encontrar la forma de salir de esto. Entonces, sentí su presencia.

No la vi, pero supe que estaba allí. Jolyne. Se había acercado, probablemente en su forma transparente. Mi mente se aferró a un pequeño hilo de esperanza. Quizás su saliva podía curarme, como dijo antes. Intenté hablar, pero lo único que salió de mi boca fueron gemidos débiles, ahogados por la frustración. -AAH... AAH... AAH...- Quería gritarle que me ayudara, que hiciera algo, pero ni siquiera podía pronunciar una maldita palabra. Mi propio cuerpo me estaba traicionando, y lo único que podía hacer era esperar que ella entendiera lo que necesitaba.

Jolyne seguía hablándome, su voz flotaba en el aire como un ancla a la realidad en medio de mi parálisis. No podía verla, pero podía sentirla cerca. Intentaba bromear, suavizar la tensión con su tono despreocupado. Me dijo que, si me había quedado lisiado, nadie me lanzaría desde la torre principal ni me condenarían a una mazmorra. Genial, al menos no acabaría como un despojo olvidado en un rincón oscuro. Era su forma de tranquilizarme, lo sabía, y aunque en otro momento le habría respondido con una risa o alguna burla en respuesta, ahora solo podía aferrarme a sus palabras en silencio.

Lo que realmente me reconfortó fue cuando mencionó a Triana. Me iba a curar segurísimo. Jolyne lo dijo con tanta certeza que casi pude creerlo sin dudar. Si lo decía así, es porque realmente confiaba en ello. Y yo necesitaba esa seguridad más que nunca. Pero aun así, mi mente no paraba de dar vueltas. ¿Pero que demonios me estaba pasando? No era solo la parálisis; era la sensación de que mi propio cuerpo se había desconectado de mí. Nunca me había pasado algo así. Intenté pensar en alguna razón, algún recuerdo que explicara por qué estaba así, pero todo era un vacío de incertidumbre. Era aterrador.

INFO



RE: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 48 - Jolyne Jones - 17-03-2025

Kenzo seguía sin responderme y sin moverse ni un milímetro. Estaba empezando a pensar que a lo mejor debería llamar a Triana, pero algo me decía que podíamos salir de esta por nuestra cuenta. No es que fuera orgullosa, pero así le podíamos demostrar que éramos huesos duros de roer y que nos sabíamos apañar solitos. — Hablando de roer... — volví a mirar a la ratilla en el suelo. Tampoco parecía moverse. Al menos, no sería un problema por ahora.

— Entiendo cómo te sientes ahí quieto, Kenzo, a mí me pasó algo parecido. Miré a mi alrededor un instante y terminé con la vista puesta en el muchacho. Carraspeé, y me preparé para contarle otra de mis historias reveladoras. — Corría el año 7, el día 85 de verano, para ser exactos. Yo había terminado mis labores con la cosecha en mi granja y decidí adentrarme en una parte de la colina donde la maleza crecía a lo loco. Hacía mucho calor, pero eso no me importaba. Yo estaba decidida a encontrar un novedoso remedio natural a base de resina natural que hiciera que el pelaje de mis vacas brillara bajo el sol. Seguro que te preguntarás el por qué. Pues es fácil, Kenzo. En unos días se celebraría el concurso anual de belleza bovina, y la estúpida de Helen había conseguido que los mugrientos dientes de sus vacas fueran blancos como perlas.

Empecé a caminar de forma inconsciente, moviéndome tan solo un par de pasos de un lado a otro, sin pensar en que el muchacho no podía verme y que solo sería una voz en su cabeza. — Pero bueno, el caso es que ese día me perdí en la vegetación, y cuando ya pensaba que estaba todo perdido y que me acabaría muerta de hambre o de sed, encontré una seta en el suelo. Era de un color rojo brillante y parecía bastante apetitosa, pero antes de que pudiera darle siquiera un mordisco o paladearla, una culebrilla salvaje me mordió en la pierna. Por suerte no fue nada grave, porque tú ya sabes que mi piel es tan dura que resistiría hasta el mordisco de un caimán hambriento — tal vez exageré. — El caso es que, volviendo a mi granja, me tropecé con una piedra y me torcí el tobillo. Tuve que estar un par de semanas sin poder andar. ¿Y sabes lo que significaba eso? ¡Exacto! Adiós al concurso de belleza bovino — dije con la voz entrecortada.

— Así que ya lo sabes. Aunque estés paralizado del miedo, de un tirón o de un golpe invisible de la marine, ¡ganaremos este concurso! Juntos, llevaremos a Penny a la victoria... Quiero decir, a Yojimbo… — corregí de inmediato. — En cuanto salga de la cárcel, claro — finalicé en un tono más bajo. Quizá el muchacho solo necesitaba inspiración y ganas de moverse. — Bueno, ¿te puedes mover ya o qué? Yo puedo intentar algo, pero no prometo nada. Solo puedo decirte que en mi pueblo teníamos un dicho muy popular que decía: "cuando el río no fluye, es porque hay una vaca atascada". Así que dime, Kenzo… ¿Eres el río o la vaca? Hice un pequeño silencio mientras rebuscaba en mi bolsillo hasta encontrar el cartucho de balas que quería. — No hace falta que me respondas — dije mientras cargaba el rifle con los artilugios explosivos. — Mejor vamos a averiguarlo, yee-haw haw haw haw. ¿Preparado?


INFORMACIÓN



RE: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 48 - Kenzo D. Fujiwara - 19-03-2025

Seguía nervioso. El pánico crecía en mi pecho como una ola incontrolable. Por más que intentaba moverme, nada respondía. Mis brazos, mis piernas, incluso mis dedos… era como si mi cuerpo hubiera decidido ignorar por completo las órdenes de mi mente. Lo único que podía hacer era mover los ojos de lado a lado, recorriendo con desesperación cada rincón del lugar, buscando algo que me ayudara a entender qué demonios me estaba pasando. Intenté tragar saliva, pero hasta eso se sentía extraño. No podía sentir mi propia respiración con normalidad, y la incertidumbre comenzaba a devorarme. No dolía. Ese era el detalle más inquietante. Si hubiera dolor, al menos podría aferrarme a él como prueba de que mi cuerpo seguía funcionando. Pero esta inmovilidad absoluta, esta desconexión entre lo que ordenaba mi cerebro y la respuesta nula de mis músculos, era aterradora de una forma completamente nueva.

Intenté tranquilizarme. Si me fuera a morir, me sentiría peor, ¿no? Me repetí eso una y otra vez, tratando de calmar el torbellino de pensamientos catastróficos que se formaban en mi cabeza. No tenía fiebre, no sentía que mi corazón fallara, no había señales evidentes de que estuviera muriendo. Si aguantaba lo suficiente, Triana me vería y me curaría. Ella sabría qué hacer, revisaría si había algo más grave detrás de esto. Tenía que aguantar. Pero aun así, no podía evitar sentir que algo desconocido tenía el control de mi cuerpo y eso me aterraba más que cualquier herida de batalla.

Por otro lado, Jolyne comenzó a hablarme. Su voz cortaba el silencio como un cuchillo afilado, llenando el espacio con su característico tono animado y desenfadado. Me hablaba de un concurso bovino, una historia que, en cualquier otra circunstancia, habría captado mi interés totalmente al completo, pero en ese momento, mi atención estaba en otra parte. No podía moverme. No podía responder. Ni siquiera podía hacerle un gesto para que supiera que la estaba escuchando o, más importante aún, que necesitaba ayuda. Era una sensación extraña, casi frustrante. Mi mente estaba activa, alerta, atrapada en un cuerpo que se negaba a obedecer. Y ahí estaba Jolyne, completamente ajena a mi desesperación, relatando con entusiasmo algo del brillo del pelo de una de sus vacas. ¿Cómo podía importarme el brillo de pelo de sus vacas cuando ni siquiera podía parpadear con normalidad? Quería gritar. Quería decirle que algo estaba terriblemente mal. Pero todo lo que podía hacer era escuchar.

Mi respiración, aunque superficial, seguía constante. Eso era bueno, ¿no? Me aferré a ese pensamiento como un náufrago a un pedazo de madera en mar abierto. No podía dejarme arrastrar por el pánico. Si Jolyne me veía así y no reaccionaba con alarma, quizás desde afuera no parecía tan grave como se sentía por dentro. O tal vez simplemente no se había dado cuenta aún. La idea de estar atrapado en mi propio cuerpo mientras ella seguía hablando sin notar nada hizo que un escalofrío invisible recorriera mi piel.

Las palabras de Jolyne seguían fluyendo, pero mi mente se había quedado atrapada en un solo detalle: su resistencia. Dijo que podría aguantar incluso el mordisco de un caimán, y aunque sonaba a una de esas exageraciones que uno dice sin pensarlo mucho, no pude evitar preguntarme si realmente era cierto. Le sentía caminar de derecha a izquierda mientras hablaba. Había tanta seguridad en su voz, tanta convicción en sus palabras, que me costaba creer que estuviera bromeando. No cualquiera podía decir algo así con tanta naturalidad. Yo había conocido a muchas personas fuertes en mi vida, pero la idea de que alguien pudiera aguantar el mordisco de un caimán… eso era otro nivel. ¿Cómo se entrenaba alguien para algo así? ¿Era cuestión de genética? ¿De puro entrenamiento? ¿O simplemente una especie de don divino que la hacía diferente al resto?

Mientras ella continuaba contando su historia, mi mente vagaba en otra dirección. ¿Qué se sentiría tener una resistencia como la suya? No preocuparme por golpes, cortes o mordiscos… simplemente seguir adelante sin importar el daño. En mi vida había recibido más heridas de las que podía contar, algunas de ellas todavía me dolían cuando el clima se ponía frío. Pero si fuera como Jolyne, sería imparable. ¿Había alguien más guay que ella en el mundo? Lo dudaba. No solo era fuerte, sino que tenía una confianza que hacía que cualquiera quisiera seguirla. Yo también quería ser así.

El sonido metálico del rifle cargándose fue como un trueno en mitad de mi mente divagante. Mi cuerpo no podía moverse, pero mi instinto gritaba en puro pánico. ¡¿Qué demonios estaba haciendo Jolyne?! El eco del mecanismo resonó en mis oídos como si el mundo entero se hubiera reducido a ese único ruido. Y entonces, el grito salió de mi garganta con una desesperación visceral. -¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAH! ¡AAAAAAAAAAAAAAH!- No podía hacer otra cosa. No podía huir, no podía protegerme, ni siquiera podía encogerme en un reflejo inútil. Solo podía abrir la boca y gritar con todo el aire que mis pulmones permitían.

Mi mente entró en un frenesí caótico. ¿Había hecho algo para provocarla? ¿Era una broma? ¿Un malentendido? ¿O simplemente había decidido acabar conmigo sin razón alguna? La idea de morir sin siquiera poder pestañear me dejó un nudo en el estómago. Mi vista, limitada a mover los ojos de un lado a otro, trataba desesperadamente de captar cualquier pista en su rostro. ¿Estaba sonriendo? ¿Tenía una expresión de furia o de burla? Pero no podía enfocarme bien, no podía interpretar nada más allá del terror de mi propia parálisis. Todo lo que tenía era ese maldito sonido del rifle y mi grito desesperado perforando el aire.

INFO



RE: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 48 - PX-3 - 20-03-2025

Cita:Según la guía de Reputación, Jolyne y Kenzo han matado a Ryze en un combate. Por lo que Jolyne recibe un multiplicador x6 al ser quien más daño ha hecho junto el golpe final y Kenzo un multiplicador x5. También se tomarán en cuenta los Karmas que aumenten vuestra reputación.  
 
Kenzo Obtiene:
  • Calidad del rol: 1,5
  • Personaje: 1,25
  • Estrategia: 1,5
  • Rolear acorde a las guías: 1,75
  • Total: 6
     
  • Reputación conseguida: 23 x 5= 115 + 15 (karmas)= 130 Reputación
  • Mugiwaras conseguidos: (19 + 4) x (6 / 2) / 1,5 = 46 Mugiwaras
  • Atributos conseguidos: 23 x 2 = 46 / 2 = 23 Puntos de Atributo
 
Jolyne Obtiene:
  • Calidad del rol: 2
  • Personaje: 1,75
  • Estrategia: 1,5
  • Rolear acorde a las guías: 2
  • Total: 7,25
     
  • Reputación conseguida: 23x6= 138 Reputación
  • Mugiwaras conseguidos: (23 + 0) x (7,5 / 2) / 1,5 = 57,5 -> 58 Mugiwaras
  • Atributos conseguidos: 23 x 2 = 46 / 2 = 23 Puntos de Atributo



RE: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 48 - Voz Seductora - 26-03-2025

Los acontecimientos en el archipiélago Sabaody parecían ser un evento ya histórico al menos para la nueva generación que aquí se estaba fraguando, pero nada más lejos de la realidad comparado con lo que aun quedaba por venir. Y es que, como un trueno, una estruendosa y potente voz, que pareciera salir del mismo infierno resonó por todo el lugar.


—  B A T S U  —

Se escuchó bramar en la distancia, sembrando un ligero silencio que se esparcía como la pólvora. Una tensión extraña, una sensación como de angustia y malestar al mismo tiempo, similar a cuando el vómito advierte con aparecer, la ansiedad aprieta tus pulmones y el aire parece escasear. Una intimidación que, al igual que el origen de la voz era desconocida, pero que traería una réplica que ayudaría a esclarecer mucho más la situación.
Y lo que pasó después no fue mucho más tranquilizador...

—  ¡ G A I D E N ! —

Primero un silbido potente, después un corto y agudo flashazo, y finalmente un enorme estruendo que iba de la mano de una gran nube de hongo que empezó a hacerse visible si se seguía la dirección del ruido, acompañado de una brutal embestida de viento, similar a la que antes había movido a todos los presentes.
Una explosión que impactaba contra un manglar y lo partía de lleno, lo tumbaba, levantando sus raíces y generando un caos aun mayor y sin precedentes. El fuego se extendía por todo el árbol caído y este se consumía rápidamente, fruto de un ataque que parecía no tener un origen claro ni definitivo.

Había habido una explosión en - aunque pocos sin la orientación necesaria sabrían - era el Manglar 30 y este había sido completamente dinamitado y destruido, y sólo aquellos con la capacidad de expandir sus sentidos a casi un kilómetro, serían capaces de determinar la inmensa presencia que venía en la lejanía, mar adentro, pero sólo los que tuvieran la fuerza suficiente podrían soportar tal presencia durante más de unos pocos segundos antes de empezar a caer desmayados como moscas.

En el mar, un enorme galeón con madera rojiza y tres mástiles, con velas blancas y una Jolly Roger ondulando en el viento avisaban de la llegada de alguien no deseado por ninguno de los presentes, y desde luego, alguien que absolutamente nadie, ni el mismísimo Yugu Dimípalo, querrían enfrentar.

[Imagen: cKKdWfA.png]





Importante



RE: RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 48 - Jolyne Jones - 03-04-2025

Conocía muy bien a los animales que se hacían los impedidos para tener comida por no hacer nada o quedarse toda la mañana retozando en el lodo. ¿Y si realmente no estaba inválido y solo le estaba echando morro? Con mi pequeño juego solo pretendía ponerle un poquito de chispa al asunto o una alegría de vivir al muchacho que parecía más tieso que una escoba, pero durante un buen rato no importó nada de lo que hiciera. Ni siquiera los ánimos parecían afectarle, ya que él seguía como una piedra. Seguro que eso dejándole graves sanguijuelas. Era mejor contactar con Triana por si las moscas para que le echara un ojo. A ella, o a cualquiera que pudiera acompañarnos al barco.

— Espero que te esté sentando bien la siesta, muchacho. Yo voy a ver quién puede venir a ayudarnos con este embrollo — dije palpando mi chaqueta en busca del caracol parlanchín que nos mantenía conectados a todos. — No es que yo no pueda sola, claro está. Es solo que dentro de poco tengo un concurso de pintura con Jimba y sería una lástima que me rompiera un dedo por una mala postura. No quiero que piense que la estoy dejando ganar, ya me entiendes. Es muy orgullosa. ¿Sabías que...?

En ese momento, una estruendosa voz cortó de golpe mi explicación y la dejó en un segundo plano. En cuanto fui consciente, me callé de inmediato. Intenté por todos los medios averiguar de dónde provenía o si solo habían sido imaginaciones mías. Pero aquella voz volvió a retumbar por todos los lados, esta vez acompañada de un silbido que me hizo mantenerme en alerta aunque no supiera hacia dónde mirar. De un momento para otro, una luz y un tronido hizo retumbar todo el manglar, dejando a lo lejos una nube con forma de seta acompañado de otra ráfaga de viento.

— ¿Qué demonios ha sido eso? ¿Ha caído un rayo o algo así? Uno de los manglares estaba ardiendo y el fuego empezaba a extenderse con rapidez. En medio de la confusión, un sonido salió de la ratilla que seguía inconsciente. Me acerqué recelosa hacia la marine y, rebuscando en su cuerpecito, descubrí que ese sonido provenía de un Den Den Mushi. — Creo que la están llamando. Si no contestamos va a parecer sospechoso, ¿no? — dije con miedo mirando a Kenzo. Si no daba señales de vida, era muy probable que vinieran personalmente para comprobar lo que estaba pasando. Era mucho mejor descolgarlo y fingir que se había quedado sin voz. Sin pensármelo dos veces, descolgué el parlante y una voz desconocida empezó a hablar. Me quedé en silencio escuchando el mensaje repleto de nombres y de tecnicismos raros. — Bueno, ¿has oído eso, Kenzo? Un Emperador "Búho Gris" está viniendo al Archipiélago y no parece muy amigable que se diga. ¡Es hora de salir de aquí y que cunda el pánico!

INFORMACIÓN