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[Aventura T-2] El sueño de ser libres. - Versión para impresión

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RE: [Aventura T-2] El sueño de ser libres. - Zorak - 08-05-2025

La capa, volando hacia Kelo se movía certera mientras el cuervo asestaba el golpe en el hombro de Djangus, dejándolo en el suelo sin poder moverse. Kelo usó su espada para bloquear el avance de la capa y, al chocar su filo con la tela, pudo escucharse un sonido metálico. Antes de que la capa se enredase en la espada, algo cayó al suelo, una daga con forma de medio pico de cuervo, la daga que Zaraki había ocultado bajo su capa al lanzarla para intentar clavarla en el torso del lunaria. Este, ni corto ni perezoso, llevó la capa hacia sus llamas y le prendió fuego, viendo cómo las cientos de plumas negras, propias de la raza que el hombre que tenía enfrente había conseguido, se llevaba una por lunaria capturado, ardía, casi como si fuera una promesa de que no dejaría que algo así volviera a ocurrir, ese acto, aunque inconsciente de aquella información nuestro protagonista, sí impactó a Djangus, el cual estaba herido en el suelo y, a consecuencia del golpe, su pistola había caído al suelo, lo suficientemente lejos como para que el lunaria tuviera que estirar el brazo todo lo que pudiera para recuperarla, se sabía derrotado, pero se negaba a dejar solo en esto a Kelo, así que, inspirado por la acción que había perpetrado nuestro protagonista, cuando la capa en llamas se lanzaba hacia el que había sido verdugo de tantos de su pueblo, Djangus estiró su brazo derecho, aullando de dolor y agarró su pistola, disparando con ella a Zaraki el cual ahora mismo se veía en una situación complicada a causa de su propia estrategia, ahora devuelta con creces.

Escuché aullar de dolor al lunaria que acababa de derrotar pero, por alguna razón, el muy hijo de puta había sacado fuerzas de flaqueza para agarrar su arma y disparar justo cuando el otro lanzaba mi capa ardiendo, un disparo resonó en el aire y fue por poco que logré esquivarlo, pero eso hizo que la capa se enrollase en mí, abrazándome con su calor y luego un golpe por la espalda, débil y apenas más dañino que las llamas que me rodeaban ahora mismo, agarre la capa y estiré, destrozando la tela y haciendo que todas las plumas ardiendo se esparciesen por el lugar, quedando ahora todo el callejón lleno de las mismas, las cuales, por el movimiento, se habían apagado, dejando un olor a quemado en todo el
lugar, la vena de mi frente se infló al notar cómo la máscara caía, dejando ver mi rostro. No tenía problema alguno con mi estado físico, pero si con mi condición de no ser un humano puro, cosa que denotaba el asqueroso morro de zorro que asomaba ahora frente a todo el mundo. esto era la falta de respeto mayor que alguno de su raza había perpetrado contra su amo, mataría a este. Me giré, agarrando con fuerza la daga que portaba en la mano izquierda y comenzando desde abajo, por el lado izquierdo de la pierna del lunaria que tenía enfrente, lancé un corte en diagonal en la sección de su abductor, para luego irme hacia atrás con una voltereta, en la cual apoyé la mano libre en el suelo, recuperando mi otra arma y alzando ambas en dirección a los dos lunaria nuevamente a tres metros de ellos, por suerte, parecía que el esfuerzo de él que estaba en el suelo había sido suficiente para que cayera inconsciente, por su parte, el otro se mantenía en vuelo frente a mí.

“¡Cómo te atreves, sucia rata!…”

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Personaje

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Bélico



RE: [Aventura T-2] El sueño de ser libres. - RedSmoke Kelo - 10-05-2025

Inventario


El disparo llegó con mi distracción. 
Lo escuché más que verlo.

La bala lo obligó a esquivar, y eso fue suficiente para que la capa, ahora en llamas, se le pegara como un castigo divino. Lo envolvió entre el humo y el fuego. Y ahí lo sentí.
Consiguió zafarse de mi artimaña y propinarme un corte. Rápido y preciso. 
La capa había sido una trampa dentro de otra. Kurimuzon la interceptó de lleno, y al hacerlo, una daga en forma de pico de cuervo había caído a mis pies. Otra jugada sucia.

—Puto bastardo... —murmuré entre dientes.

Las plumas ardían a mi alrededor como estrellas rotas, girando en remolinos de ceniza. Y en medio de esa danza, la máscara cayó.

Y ahí estaba.
Su secreto.
El morro de zorro asomando como una burla a todo su discurso de pureza...
Había retrocedido con una voltereta mientras recuperaba su otra daga. Y desde tres metros, me gritó lo que seguramente creyó que serían sus últimas palabras antes de matarme.

—¡Cómo te atreves, sucia rata!…

Me quedé mirándolo.
El hocico temblando. La vena en la frente latiendo. El odio en su voz temblando de algo más que furia.

Y entonces sonreí.

Me incliné apenas un poco hacia delante, dando una calada y dejé que mi voz cortara el silencio.

—¡Vaya! Pero si eres una pequeña zorrita…

Y casi sin acabar la frase, bajé.

En picado, dos metros en diagonal.

La herida ardía, pero no me frenó. 

La distancia se acortó en un latido. Y justo cuando mis pies tocaron el suelo, la inercia me impulsó hacia delante como una bala contenida.

En ese mismo instante, el fuego sobre mi espalda rugió más alto.

Mi cuerpo cambió.
Garras. Músculo. Furia.

La forma híbrida emergió como un rugido contenido durante años.
Y con toda esa potencia comprimida en un metro de distancia, salí disparado de frente como una maldita flecha viviente.

—¡Shishi Geki!

Kurimuzon cortó el aire como si lo partiera en dos, lanzándose a por su mentón, y derribándolo en el proceso unos tres metros atrás. 

El tajo no era solo un ataque.
Era la sentencia de una raza.

Me quedé en posición defensiva con Kurimuzon agarrada con ambas garras, apuntando a mí objetivo.

Off



RE: [Aventura T-2] El sueño de ser libres. - Zorak - 10-05-2025

El maldito lunaria pensaba que podría darle el lujo de fumar delante de su amo sin permiso y sin consecuencias, pobre criatura ilusa, aun no había acabado de dar su calada cuando llevé mis dagas a mis caderas, para dejarlas ahí guardadas, colgando de ambos lados de mi cinto, el tipo soltó el humo mientras al mismo tiempo yo salté hacia el mientras llevaba mi cabeza hacia atrás, descargando un potente cabezazo en la boca de esa sucia raza inferior mientras la abría, suponía yo para volver a hacer otra acción prohibida delante de su amo, el golpe resonó con un estruendo seco al golpear la boca del lunaria, mientras caía hacia el suelo, agarré su muñeca derecha con mi mano izquierda, dejando que la inercia y la confusión que parecía sentir a juzgar por su mirada desenfocada le llevasen conmigo hasta que ambos toquemos tierra.

"¿Quien te ha dado permiso para fumar en mi presencia? Esos lujos no son para esclavos."

Sentencié con mi monótona voz a esta sucia rata con alas, la cual parecía no ser consciente de lo que implicaba enfrentarse a mi, Zaraki "el cuervo", me gané ese titulo con sangre, sudor y lagrimas cazando a mas de un centenar de sucios pájaros esclavos como el que tenía ahora agarrado enfrente, este solo sería uno mas en la lista y sus plumas arrancadas al completo para reponer las que había quemado el mismo hacia apenas unos segundos, me fije en su espada mientras tenía su muñeca aferrada con fuerza, parecía de bastante calidad, demasiado para alguien de su estatus.

Pasos se escucharon cercanos a ambos, esperaba que no fuera ninguno de mis hombres porque de ser así acabarían muertos por saber mi secreto, un secreto que estaba solo destinado a ser conocido por mi jefe, aquel que me dio la oportunidad de pagar por haber nacido impuro al cazar a peces y pájaros negros para el, todo el que viera esa parte de mi había firmado su sentencia de muerte y este lunaria no sería la excepción, aunque quizás Múzan no se enfadase tanto si le llevaba esa espada como pago, bien afilada estaba seguro de que valdría una pequeña fortuna. Pero no quería matarlo de inmediato, antes debía enseñarle cual era su lugar, el lugar de su raza esclava y educar tomaba un tiempo, así que no tendría prisa en disfrutar de destrozarlo poco a poco como se merecía este malnacido.

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Resumen

Bélico

Off

HP de Zaraki



RE: [Aventura T-2] El sueño de ser libres. - RedSmoke Kelo - 11-05-2025

Inventario



—¡Vaya! Pero si eres una pequeña zo—.....

CRACK.

El cabezazo me partió la boca.

Y la frase.

Literalmente.

Ni me dio tiempo a terminarla. Su frente impactó de lleno contra mi boca, un estruendo seco y directo como un martillo en el cráneo. Todo se volvió ruido blanco durante un instante. Sentí mis dientes chocar y el sabor a sangre.

Y entonces pasó.

Mi mente, en esos tres segundos de aturdimiento, se apagó. No al pasado, no al miedo.
A otra parte. Como cuando te están dando una paliza y solo puedes pensar: "¿He dado de comer al gato? ¿O era hoy cuando le tocaba al viejo Suiro fregar? ¿Le había sobado las pelotas a un gigante?" 

Estaba ahí. Y no estaba.

Él me sujetó de la muñeca derecha mientras descendíamos. Yo, medio desorientado, con la cabeza baja, de rodillas. Mis alas plegadas. El mundo girando un poco más de lo necesario.

Me habían partido la puta boca, pero algo en mí empezó a hervir.

Mi katana, Kurimuzon, seguía en mi mano derecha, la misma que él sujetaba con fuerza. Mi mirada estaba oculta, cabeza agachada, pero el calor ya crepitaba en mi espalda.

Y entonces, entre la niebla de ese momento, solté una leve risa. Apenas un soplido.

—Je...

...CAGASTE. —pensé.

Al mismo tiempo que lo pensaba, levanté la cabeza lentamente, clavando la mirada en sus ojos. Mientras lo hacia, mi cuerpo comenzó a mutar.

El pelaje oscuro recorrió mis brazos. Mis músculos se tensaron. Mi espalda ardía. Mis alas desaparecían.

La forma híbrida despertaba.
Justo ahí solté a Kurimuzon.
No con violencia. No con teatralidad.
Solo un sutil empuje de pulgar, hacia abajo, apenas una caricia al mango.

La katana cayó en horizontal, deslizándose justo por el lateral izquierdo de Zaraki, donde él me sostenía con su mano izquierda.

Él no la vio. O si. Me la sudaba. 

Porque mi brazo izquierdo, libre, se movió como una sombra viva.
Agarré el mango en pleno aire, justo cuando descendía, y al mismo tiempo me impulsé con la fuerza de su propio agarre, dando media voltereta de lado, usando su tensión como palanca.

Kurimuzon trazó un arco.

—¡SHISHI GEKI!.

Desde abajo, con toda la inercia de mi cuerpo híbrido, el corte ascendió directo a su mentón, brutal, certero, inesperado.

No lo lancé volando.
Solo lo derribé.

Zaraki cayó un metro atrás, con su hocico y lengua expuestos, con el cuerpo desestabilizado por el tajo. Y justo cuando iba a tocar el suelo…

Yo ya no estaba ahí.

Me impulsé con un salto corto a cuatro patas, como un jodido gato, apenas dos metros, y en un parpadeo me planté a su espalda antes de que terminara de caer.

Mi katana ya estaba otra vez en posición, aplastando la piel de su cara.

Y sin decir nada más, la deslicé. Un corte limpio.

Directo a la lengua.
Y a ese hocico de zorro que tanto se empeñaba en abrir.

Quedé detrás de él, katana aún apoyada en su cara, sin moverme.

Escupí con fuerza. El escupitajo sangriento le dio de lleno en el morro. Y entonces, sin levantar la voz, le susurré:

—Pienso sacarte las tripas, pequeña zorrita.



Off



RE: [Aventura T-2] El sueño de ser libres. - Zorak - 14-05-2025

Parecía que ya tenía controlada la situación, me disponía a agarrar una de mis dagas para comenzar con la tortura del lunaria, pero, al apartar la vista por un instante para buscar una de las dagas en mi cintura, el malnacido dejó caer su espada y la agarró con otra mano, haciendo una pirueta y propinó un golpe certero con su arma tras transformarse en una especie de felino, caí al suelo de espaldas, soltando el agarre que tenía sobre el mismo, no entendía qué acababa de pasar, hacía un momento era un sucio lunaria y ahora el pelaje me traía recuerdos de una madre a la que yo mismo puse fin hace ya tantos años.
Apreté los dientes mientras buscaba el apoyo de mi mano en el suelo, por culpa de la caída, mis dagas se habían esparcido por el suelo, gateé en busca de la que tenía más cerca, apenas a dos metros de mí. Los pasos que se escucharon hacia unos momentos dieron pie a que desde el suelo, en una posición humillante, pude ver unos zapatos caros de vestir y mi cara, la cual quedaba a la vista del mink, solo por mi flanco izquierdo se había tornado pálida. No solo me había despojado de la máscara que me regaló y de la marca de mi poderío en la organización, mi capa, sino que ahora hacía que "él" me viera en una situación tan humillante como esta, arrodillado en busca de
mi arma mientras nuestro objetivo se mantenía en pie.

"Mu... Mu.... Muzán-sama... esto no es lo que parece."

Aunque mi voz no lo reflejara, estaba muerto de miedo, no podía dejar que mi jefe supiera que estaba teniendo problemas para derribar a un maldito lunaria, aunque ahora parecía un gato de proporciones gigantescas, alargué mi mano derecha, mientras esta temblaba, hacia la daga, cuando llegué a su alcance, esos zapatos con tanta clase pisaron la misma y cuando alcé la mirada solo pude ver el desprecio en su mirada.

"Tenía muchas más esperanzas puestas en ti, Zaraki..."

Su voz era profunda y poderosa como siempre, la sola presencia de Muzán-sama era imponente, mucho más de lo que intentaba imponer yo con mi vestimenta tan agresiva, Él, sin embargo, portaba un simple sombrero blanco y un traje elegante, pero esos ojos rojos como la sangre y la falsa calma que parecía desprender, le hacían una persona que, aunque de estatura aún más baja que yo, ya que media alrededor del metro setenta, le daban un aura que podría llegar a paralizar al más valiente, y así me quedé yo, paralizado, con la mirada baja, casi como si le estuviera haciendo una reverencia.

"Tapate esa sucia cosa que tienes en la cara."

Espetó mientras el pie que aprisionaba mi mano se movió a una velocidad imposible de ver, tanto para mí como para el ahora felino lunaria, golpeando justo en mi hocico y haciendo que saliera despedido hacia el lunaria, que había dejado inconsciente hacía apenas unos instantes, un golpe sin esfuerzo alguno, reflejando la diferencia de poder y jerarquía entre nosotros. Llevé mis manos hacia mi morro y las cerré en torno al mismo, intentando ocultarlo y visiblemente muerto de miedo.

Muzán, por su parte, miraba con cierto interés a Kelo, calmado y taimado frente a un enemigo casi cinco veces más alto que él. Lo miraba directamente a los ojos con media sonrisa de lado, casi como si estuviera pensando en cuánto dinero podría llegar a sacar por un monstruo como aquel que se alzaba frente a él. Avanzó tranquilamente, acortando la distancia que los separaba a ambos, cuando llegó a medio metro, levantando la mirada para en todo momento mantener el contacto visual, solo dijo unas palabras mientras a la espalda de Kelo comenzaban a escucharse también pasos, estos con un movimiento bastante mas veloz que los de Zaraki o Muzán en su momento, casi como si tuviera prisa por llegar donde se encontraba nuestro protagonista.

"Una akuma no mi... un Lunaria como tú me va a dar bastante ganancia."

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resumen

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Explicaciones

Apariencia Muzán



RE: [Aventura T-2] El sueño de ser libres. - RedSmoke Kelo - 14-05-2025

Inventario




Escuché sus pasos antes de verlo.

Delicados, como si pisara pétalos. Tranquilos, como si llevara toda la eternidad caminando entre cadáveres con tal elegancia que ni uno se hubiera atrevido a mancharle los zapatos.

Me aparté un par de pasos, girando con precisión, lo suficiente para quedarme de frente a ese individuo. No me gustaban las emboscadas. Ni los callejones. Mucho menos los modales de ciertos cabrones con traje.

Entonces lo vi de frente.

Un tipo de estatura corriente, con sombrero blanco, ojos rojos como brasas dormidas…
y una presencia que helaba el aire. No como el miedo.
Como el silencio antes del juicio.

La boca me seguía doliendo.
Pero el fuego en mi espalda rugía. Y yo no retrocedía.

Vi cómo le hablaba a Zaraki.
 
—"Muzan..." —No pensaba olvidar ese nombre, pensé para mi mismo. 

Vi el desprecio, el golpe al hocico, la humillación.
Y no sentí compasión.
Sentí asco.

A mí nadie me caía peor que los que apalean a los suyos cuando ya están en el suelo. Ese tipo era auténtica escoria...
Sabía que ese traje blanco venía con filo escondido.
El tipo no tenía pinta de usar dagas… pero olía a muerte embotellada.

No tenía miedo.
Pero sí el instinto bien afilado.

Hice un salto hacia atrás, lo justo para tener distancia, dos metros. Y así quede, a dos metros Muzan, sin perderlo de vista.

Flexioné las piernas y bajé el centro de gravedad.
Me coloqué a cuatro patas.
Kurimuzon en la mano derecha, la hoja apuntando hacia atrás, paralela a mi costado.
Una posición de arranque.
Como quien está listo para saltar a la garganta de su enemigo.

Y lo miré.
Sin parpadear.

—Por fin aparece el dueño. —Solté con una media sonrisa torcida.
—¿No te han dicho nunca que hay que llevar al perro con correa y bozal? Que luego se escapa y le parte el hocico alguien más educado que él...

Me incorporé apenas un poco, como un depredador midiendo la distancia.

—¿Ganancias? Lo que pienso darte es por el culo.
—¡Soplapollas con pinta de pianista!
—Así que venga… leña al mono, que no tengo todo el día.

El fuego rugió detrás de mí, casi como un tambor.

Mi cuerpo dolía. Mi aliento ardía.

Me pareció escuchar pasos detrás mío, pero ya no sabía si era mi imaginación o el fuego de mi espalda rugiendo cada vez con más furia. Me daba igual, no podía perder de vista a este sujeto tan peligroso por imaginaciones mías.

no pensaba moverme ni un puto centímetro, ni perder de vista este mamón. 


Off



RE: [Aventura T-2] El sueño de ser libres. - Zorak - 14-05-2025

La situación parecía crítica, pero nuestro protagonista, aún en una situación claramente desfavorable, enfrentaba el peligro con valentía, haciendo que las llamas de su espalda se alzasen poderosas. Su hermano de raza estaba en problemas, y él no era de los que abandonaba a los suyos. Ya había perdido a demasiados hacía tiempo como para permitirse el lujo de salir corriendo, la tensión estaba por estallar entre el peligroso recién llegado y el lunaria felino, el humano de roja mirada sonreía con confianza, esperando el primer movimiento del lunaria para contraatacar con todo lo que tenía y acabar rápido con la situación que su subordinado no había podido acabar con éxito. La escena parecía un duelo del lejano oeste, ambos quietos, atentos a su rival y preparados para golpear primero, pero los pasos tras de nuestro protagonista se hicieron cada vez más notorios.

OST

Estaba muy viejo ya para estos trotes, era lo único que me repetía una y otra vez mientras corría hacia donde se habían quedado Djangus y Redsmoke Kelo, solo esperaba que este viejo cuerpo me dejase llegar a tiempo. Fue cuando doblé la esquina que pude verlo, Djangus estaba estirado en el suelo y memorias pasadas volvieron a mí mientras me acercaba a ellos. "Prométemelo Ragnar, prométeme que cuidarás de mi hijo." La frase vino acompañada de un recuerdo de hace ya treinta años, la imagen de los últimos momentos de mi amigo Ivar volvían a mí, estirado en el suelo al igual que ahora estaba su hijo, con la melena plateada manchada de sangre, una promesa que me obligó a apartarme de la lucha por el pueblo, la misma promesa que había hecho que mirase hacia otro lado siempre que Djangus estuviera bien y a salvo. "Muero tranquilo dejándolo en tus manos, hermano." mientras esas palabras se reproducían en mi mente, una llama nació interponiéndose entre el vástago de Ivar y el que a todas luces debía ser el malnacido de Muzán.

Apreté la mandíbula lleno de ira, el joven Kelo se veía fatigado y era todo culpa mía, culpa de no querer involucrarme en nada turbio para que los míos no sufrieran mas de lo necesario, dejando al resto condenados a sufrir. Aceleré mi viejo cuerpo todo lo que me fue posible, pasando junto a Kelo por su lado derecho como una estela que apenas pudo ver en dirección al tipo que tenia frente a el a unos tres metros, cuando estaba a apenas un metro de distancia coloque los dedos de mis manos separados en tres falanges, formando la garra de la liberación que hacia treinta años que no había usado.
"Préstame tu fuerza Ivar..." pensé mientras llegaba apenas a centímetros del elegante malnacido y descargue un potente golpe en el esternón del mismo, al conectar pude sentir un punzante dolor sobre mis dedos, pero me daba completamente igual, había llegado el momento de que entregase mi corazón si era necesario.

"RYU NO KAZIGUME!"

El golpe fue certero, haciendo que el tipo saliese disparado hacia atrás cinco metros y girándome hacia lo que parecía que era Kelo, aunque ahora tenia mas pinta de felino que de Lunaria, "conque es un usuario de akuma no mi..." pensé.

"Rápido chico! agarra a Djangus y salgamos de aquí antes de que se recupere!"

Los dedos me dolían horrores, pues quizás por la falta de practica o por la avanzada edad que ya poseía, había roto todos los dedos de mi mano derecha, el golpe había sido poderoso sin duda, pero me había convertido en un cañón de cristal, de quedarnos a pelear solo conseguiríamos morir, esperé que Kelo siguiera mi indicación y comencé a correr para guiarle hacia donde estaba el resto, teníamos que salir de aquí antes de que el malnacido de Muzán se levantase o estaríamos muertos, pues conociendo como trabajaba esta gente, estaba seguro de que no estábamos solos y varias patrullas podrían estar buscando aun por los alrededores, aunque me dolía la mano había un pensamiento que me reconfortaba, esa forma de plantar cara a un enemigo claramente superior sin titubear lo mas mínimo que había mostrado Kelo era la misma resolución que poseía Ivar, la misma resolución que mi hermano de otra madre poseía.

Resumen

Hides

Bélico y explicación



RE: [Aventura T-2] El sueño de ser libres. - RedSmoke Kelo - 15-05-2025

Inventario




Solo escuché el sonido de los pasos rompiendo el suelo a mi espalda. Luego, una estela de energía  y determinación pasó por mi lado derecho, tan rápido que apenas me dio tiempo a girar el cuello.

Y entonces lo vi.

La garra.
El esternón de Muzán hundiéndose.

Una detonación sorda, seca.
Como si el mundo tragara aire un segundo... y lo vomitara en forma de impacto.

—RYŪ NO KAZIGUME!!

Muzán, el trajeado, el demonio elegante, salió disparado hacia atrás como un maldito muñeco roto, cruzando los cinco metros con violencia, cayendo sin estilo ni arrogancia. Como un saco de huesos y pretensión arrancado de su pedestal.

Me quedé paralizado un segundo, la boca entreabierta, los ojos clavados en la figura temblorosa del viejo Ragnar, con su mano derecha destrozada, colgando como si cada dedo hubiera cobrado un precio por el golpe.

No podía creérmelo.

—...Viejo... —susurré sin dejar de mirar a Ragnar.

Y sonreí. Sonreí como un crío viendo a su héroe hacer lo imposible.

—Sabía que había algo más en ti. No sé qué eras antes de esconderte en el silencio... pero lo que acabas de hacer no lo hace un cualquiera. Lo hace un cabrón con historia. Y alma de plomo.

Pero no me daba tiempo a emocionarme más.

La voz de Ragnar tronó entre el caos.

—¡Rápido chico! ¡Agarra a Djangus y salgamos de aquí antes de que se recupere!

—¿Recuperarse? ¿De eso? ¿De qué cojones está hecho ese soplapollas?

No dudé ni un segundo.

Mi cuerpo se encendió. Las llamas subieron por mi columna vertebral y exploté en mi forma completa. Estaba listo para salir por patas. Entonces apagué mi fuego para no quemar a Ragnar

Me agaché junto a Djangus, no podía cargarlo yo solo, así que pedí ayuda a Ragnar y lo cargamos con cuidado sobre mi lomo, acomodando su peso con firmeza.

Entonces giré la cabeza hacia Ragnar.

El viejo temblaba, la mano derecha colgando destrozada. Aún así, la mirada le brillaba como si tuviera veinte años menos y un mundo por quemar.

—Con permiso, viejo.

Y sin esperar a que protestara, me incliné apenas y lo sujeté por el cuello de su capa, como la madre que recoge a su cría. Fue un gesto preciso y firme, pero no torpe ni brusco.
Lo lancé hacia arriba con un impulso suave pero veloz, directo a mi espalda.

Ragnar cayó exactamente donde debía: sobre mi lomo, justo delante de Djangus, encajado como parte de un puzzle. 

—Agárrate con la buena, que no pienso dejaros aquí ni por todo el sake de la Gran Line.

Pero justo antes de salir corriendo lo vi... 

Zaraki tirado como un perro golpeado por su amo...
Rápidamente y sin pensarlo, cogí su máscara de cuervo de el suelo, y se la coloqué en el hocico, tapándolo, para que nadie viese esa parte suya que tanto detestaba. Deseaba matar a ese tipo, pero algo dentro de mi me obligaba a realizar ese acto. 

Y entonces, corrí lo más rápido que pude con cuidado de no tirarlos de encima mía, siguiendo las indicaciones de Ragnar. 

El callejón se convirtió en una ráfaga de sombras detrás de mí, pero no mire atras ni frené, pues eso era un lujo que no podía permitirme. 



Off



RE: [Aventura T-2] El sueño de ser libres. - Zorak - 15-05-2025

Tras la intervención del anciano y que este ayudase a nuestro protagonista a cargar el cuerpo inerte de Djangus, este último tuvo el detalle de entregar a un asustado Zaraki su máscara. El humink no entendía por qué el lunaria al que había intentado matar había tenido un gesto tan noble hacia él, ese fue el último pensamiento que pasó por su mente antes de que sus ojos se volvieran blancos y entrara en el reino de los sueños, mientras el grupo abandonaba el callejón. Muzan se intentaba levantar, adolorido y entumecido, no podría seguirles en estas condiciones y lo único que pudo hacer fue gritar con ira, con la cara desencajada.

"ESTO NO ACABARÁ ASÍ! ¿¡ME ESCUCHÁIS?! ¡OS MATARÉ A TODOS, A TODOS Y CADA UNO DE VOSOTROS!"

Después de un rato siguiendo las indicaciones del viejo Ragnar, llegaron al edificio donde se escondían Sigurd y Astrid, esta última salió en busca de Djangus envuelta en lágrimas. Entre todos acomodaron al lunaria en una cama y Sigurd comenzó a inspeccionar el hombro de su cuñado, dando la noticia tras un rato de que el lunaria se encontraba bien, herido, pero se recuperaría. El viejo se había negado a recibir tratamiento hasta saber que Djangus se encontraba bien, ahora ya con las heridas curadas, se sentaron a comer Ragnar y Kelo, pues Astrid había preparado algo de comida para que recuperasen fuerzas. Fue entonces cuando Ragnar comenzó a hablar mientras comía torpemente con su mano izquierda.

OST

"Tengo que darte las gracias, Kelo. Pensé que había llegado demasiado tarde hasta que te vi interponerte entre Djangus y Muzán."

El viejo veía cada vez más a su antiguo compañero en el joven lunaria que tenía enfrente.

"Gracias a ese valor, este viejo ha podido volver a tener las pelotas para enfrentarse a ese monstruo. Pero ten en cuenta que las últimas palabras que nos ha dicho no son en vano, ese malnacido es capaz de los actos más atroces que te puedas imaginar."

El viejo hablaba mientras hacia alguna que otra mueca de dolor por la mano destrozada.

"Me gustaría poder enfrentarme a él, pero mi viejo cuerpo ya no me permite luchar en condiciones... Pero quizás, solo quizás... Si te entreno lo suficiente, tú podrías llegar a tener una oportunidad de liberar a este pueblo de las garras de ese mal nacido."

Con su mano izquierda, sacó un objeto de su bolsa, un escudo militar recortado, y lo posó con cuidado entre él y Kelo.

"Esto perteneció a mi compañero de armas Ivar, el padre de Djangus. Siempre enfrentaba la adversidad sin miedo, aunque el enemigo lo superase con creces jamás huia de una pelea si tenía alguien a quien proteger a su espalda. "Las alas de la libertad" lo llamaban."

El viejo sonrió nostálgicamente mientras recordaba como los oprimidos clamaban a Ivar llamándolo de esa manera.

"Tú me recuerdas mucho a él, incluso cuando le devolviste esa máscara a tu enemigo antes de movernos. Quiero que te la quedes."

Dijo mientras alargaba el escudo militar hacia Kelo con la mano izquierdo, haciendo que este se deslizase por la mesa hasta quedar frente al plato del lunaria.

"Por tu dialecto, comprendo que eres nativo de este lugar, ¿cierto? Incluso te sorprendiste al ver a otro de tu raza, así que, como agradecimiento, contestaré cualquier pregunta sobre los de tu raza."

Sentencio el viejo, con un semblante mucho mas amable de lo que había tenido hasta ahora ya que llevaba tiempo sin ser el mismo, cosa que le hacia vivir siempre con melancolía.

Resumen

Escudo Militar

Explicaciones al mover a Djangus



RE: [Aventura T-2] El sueño de ser libres. - RedSmoke Kelo - 15-05-2025

Inventario





Llegamos por fin al edificio. El camino me había dejado con el cuerpo agotado, pero la cabeza aún más cargada. En cuanto llegué al lugar vi a Sigurd y Astrid salir a ayudarnos.
Bajaron a Djangus con cuidado, y a Ragnar también, que soltó una queja ronca por el movimiento.
Yo me incorporé despacio, girando la cabeza hacia el fondo del callejón del que habíamos salido.

Me quedé quieto.

La mirada fija en la nada, el ceño fruncido.
Esa clase de silencio que huele a revancha.

—Esto no ha terminado... —pensé.

Porque lo sabía. Esa voz gritando que nos mataría a todos no era la de un tipo que se resigna.
Era la de un monstruo herido.
Y los monstruos heridos son un peligro.

Volví a mi forma original. El fuego de mi espalda se apagó en un parpadeo y las alas aparecieron de nuevo. Me sentía más ligero, más Lunaria, pero no más tranquilo.

Ayudé a Sigurd como pude a atender a Djangus. No sabía una mierda de medicina, pero al menos le alcanzaba vendas y aguantaba peso. El pobre estaba inconsciente, pero vivo. Eso bastaba por ahora.

Astrid trajo comida.
Un gesto sencillo que, después de todo lo vivido, se sintió como un banquete.

—Gracias, de verdad. —le dije.
—Me has salvado más de lo que imaginas.

Me senté junto al viejo. Ragnar comía como podía con la izquierda, haciendo muecas de dolor.

Entonces comenzó a hablar.

Sus palabras me atravesaron. Una a una.
Cuando mencionó el grito de Muzán, lo sentí retumbar en el pecho.
Cuando nombró a Ivar, y cómo se enfrentaba al miedo sin retroceder, sentí que hablaba de algo más grande que él mismo.

Fue cuando sacó el símbolo... cuando todo se detuvo.

Un trozo de tela. Verde militar.
Y ese emblema.

Dos alas cruzadas.
Una oscura y la otra blanca como la nieve.

Lo miré. Y lo sentí.

Un escalofrío me subió por la nuca.

—¿De qué coño me suena esto...? —pensé.

Era como un eco. Una imagen atrapada bajo toneladas de memoria.
Pero se escapó. Como el humo.
No me acordaba. Pero algo dentro de mí sí lo hacía.

Cogí el retazo y lo observé en silencio.
Levanté la mirada y se la clavé al viejo.

—ᚷᚱᚨᚲᛁᚨᛋ... —susurré.
—ᛈᛟᚱᛏᚨᚱᛖ ᛖᛋᛏᛟ ᚲᛟᚾ ᛟᚾᛟᚱ.

El viejo sonrió.

—Por tu dialecto, comprendo que eres nativo de este lugar, ¿cierto? Incluso te sorprendiste al ver a otro de tu raza, así que, como agradecimiento, contestaré cualquier pregunta sobre los de tu raza.

Me quedé unos segundos más mirando ese símbolo entre mis manos.

Me enchufé un cigarro... Dejé que el humo invadiera el lugar.

Y entonces hablé.

—Me llamo Redsmoke Kelo…
—…y soy hijo de Redsmoke Skadi, viejo.

Hice una pausa.
La primera vez que decía eso en voz alta.
Y dolía.

—Crecí en una isla salvaje del East Blue. Una aldea perdida. Distinta. Mi madre era Lunaria. De mi padre... Nunca supe nada. Ella no hablaba de él. Solo tengo retazos, sueños...

Imágenes borrosas de un Lunaria enorme con el pecho atravesado por una cicatriz vinieron a mí mente.
Una barba frondosa y sin trenzar. Un hacha descomunal con el filo rojo.
Y su pelo… blanco. Brillante como plata. De niño soñaba con que ese ser.. era mi padre y que no podía estar con nosotros por algún motivo... Pero tan solo son vagos recuerdos de tiempos mejores.

—Una noche llegaron. Monstruos. No sé qué eran… pero lo arrasaron todo.
—Mi madre murió protegiendo a mí hermana. Y yo... me quedé solo. Tenía quince años. Desde entonces he vivido en Korossasu. Llevo otros quince aquí.
—Nunca entendí por qué sobreviví.

Bajé la vista hacia el símbolo.

—Y ahora, de pronto, todo esto... Otro Lunaria, una red de esclavismo, un mundo que desprecia nuestra raza...
Y una llama.
—Una llama que aún está viva.

Me quedé pensando... 

—Pienso encargarme de ese hijo de puta de Muzán, no dejaré que os haga ningún daño. Antes de salir al mar pienso dejar Korossasu en paz, libre de toda esta basura. Una Korossasu tranquila.


Volví a mirar al viejo.

—¿Qué sabes de los míos, Ragnar? ¿Qué sucedió?
—Yo pensaba que ya no quedaba nadie como yo.
Pero si tú puedes ayudarme a entenderlo...
aunque sea solo un poco... Entonces me habrás ayudado más de lo que podrás imaginar esta noche.

Me callé.

El silencio llenó la estancia unos segundos.

Había hablado de entrenarme.

—Entrenarme...—pensé.

Una palabra tan simple. Y sin embargo... Algo en mí se encendió. El niño que quedó solo en esa isla se despertó.

Me arrodillé y me incliné hacia Ragnar.
Le cogí su mano buena, la izquierda, con fuerza pero con respeto.

—Será un honor, viejo.
Prometo ser torpe. Y lento. Y cabezón.
Pero también prometo ser el mejor puñetero aprendiz que hayas tenido nunca.

Y por primera vez en mucho tiempo…
sentí que los pedazos de el mapa que era mi vida comenzaban a cuadrar. 

Las palabras de Pin vinieron a mí mente...

"Yo no quiero probar nada, colega. Quiero vivir algo que nadie entienda. Ni siquiera yo. Quiero mirar atrás un día y no saber cómo demonios llegué allí. Solo… que lo hice."

Y mi contestación...

"Quiero entender por qué siempre siento que falta algo. Como si la vida me diera pedazos de un mapa, pero nunca el dibujo completo. Quiero que un día todo encaje… aunque sea solo por un instante."



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