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[Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia. - Versión para impresión

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RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia. - Beto Matashita - 04-06-2025

Luisito tenía una sonrisa de par en par al momento de dar el golpe, pues el hecho de imaginar el cráneo de aquel marine lo excitaba en sobremanera. Sin embargo, la sonrisa no le duro mucho, pues el impacto nunca llegó, y aquel peliblanco se deslizo cual tela a traves del cuerpo del fornido luchador escapando sin dificultad justo frente a sus ojos.

— ¡¿Pero qué mierdas?! — dijo Luisito mientras veía atónito el cuerpo del marine volver a la normalidad a tres metros de donde se encontraba—. No me digas que eres un puto brujo. Pero trucos de magia no funcionarán para escaparte una segunda vez.

Tras terminar aquellas palabras un golpe en la nuca llegó viajando por el aire, un corte más profundo que el de la primera vez se dibujó en su cuello, y además, mucho más doloroso. No era suficiente para perforar notablemente la piel de Luisito pero si que molestó lo suficiente al pirata.

Max que también estaba curioso y exageradamente sorprendido por lo que acababa de hacer Caelum y no pudo evitar preguntar a su colega que ahora estaba a su derecha.

— ¿Qué habilidad o truco es ese? Es la primera vez que haces algo así —dijo Max a su compañero peliblanco en un tono de voz curioso.

Luisito furioso como un toro saltó tres metros hacia Caelum. Max reaccionando al salto del enmascarado por reflejo salto dos metros a su izquierda. Cuando el pirata estaba cuerpo a cuerpo frente a Caelum lanzó un cabezazo hacia su cráneo.

A su vez, Max desde su posición lanzó una segunda flecha en contra del enmascarado. La cual impactó en su brazo y se partió en el acto, incapaz de perforar la piel del pirata.

Luisito ni siquiera se mostró interesado en el ataque de Max. Toda su atención estaba en el marine peliblanco y sus trucos.

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RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia. - Caelum Drift - 05-06-2025

Es curioso lo rápido que la gente cuestiona un gesto, una sonrisa, un pliegue. Tratan de buscarle una explicación a aquello que apenas yo podía comprender. No era ni magia ni un truco, simplemente soy un hombre que el mar dejó de lado, que el mar abandonó. Un hombre al que un demonio besó, quitándole el aliento, pero dotándolo de ese absurdo talento de doblarlo todo. No me limitaba una hoja ni su geometría, con este don, podía plegarlo todo. Un gran precio fue el que pagué, y no lo volvería a pagar si supiera las consecuencias. A veces pienso si esto es real, o quedé sumergido en algún sueño mal contado.

-Fui abandonado por el mar.

Le contesté a mi compañero, haciendo que la voz retumbara en cada centímetro de mi máscara. Traté de no ser exacto, de mantener el misterio: si era capaz de descifrar mis palabras, sería digno de conocer uno de mis más grandes secretos. A veces solo basta con dejar migajas; no hay que dar la información digerida. El camino, cómo lo curses, será suficiente estímulo para una mente con tantas cuestiones. Y sumando a esto para mi todo esto también era nuevo.

No teníamos mucho tiempo para discutirlo. Enfrente nuestro, el rival, golpeado, parecía inmaculado como una gigantesca muralla de odio, de la peor materia fecal del mar. Parecía que todas mis intenciones de derribarlo serían en vano. No sabía si estábamos solos, si Ryu seguía vivo, o si alguien sería capaz de lanzarnos una soga.

El enmascarado se lanzó a toda prisa, buscando devorarme. Volví a leer en sus movimientos; alguna vez luché contra alguien similar, contra un amigo. Vladimir me había preparado más para esta batalla de lo que yo mismo entendía. Comprendí entonces que mi cuerpo ondeante, plegado, flamante, sería suficiente para amortiguar sus golpes. Preparé mi anatomía para recibir su salto, mi cuerpo, ahora convertido en bandera, solo me invitaba a moverme, a elevarme con la brisa. Pude sentir el impacto del fortachón, un voraz cabezazo que, de no ser por mi maldición, podría haberme costado el equilibrio.

Luego del golpe vino el serpenteo, esa manera de montar el espacio con mi cuerpo convertido en tela. Me volví un delgado suspiro de ser humano para escabullirme con precisión entre las piernas del grandulón, que tendría que agacharse y girar si quería ver mi figura. Me alejé tres metros en dirección opuesta a la de su mirada. En mi destino, me erguí con Grau en la mano; aún parecía estremecido por haber chocado contra el coloso anteriormente.

Volví a emular el lanzamiento de una pelota de béisbol. Mi arma voló, sutil, silenciosa, buscando dañar nuevamente la nuca de aquel infeliz. Este golpe no fue como el anterior, aún tenía un agitado estado que no me permitía concentrarme lo suficiente. Sería una pelea de resistencia, de ida y vuelta. El búmeran surcó el cielo con la desesperación de volver, parecía que no quería llegar al objetivo, sino regresar a mi mano como siempre, volo rapida tratando de hacer su trabajo y pegar la vuelta a toda prisa.

Esta vez me alejé de Max, dejando la posibilidad de que mi compañero me apoyara sin ser parte del daño colateral. Con un solo golpe del gorila, cualquiera de nosotros besaría el suelo.

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RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia. - Beto Matashita - 06-06-2025

— Maldito. Lo has hecho otra vez ¿eh? —dijo Luisito mientras veía como su presa peliblanca volvía a escaparse de sus manos, o en este caso, de su cabeza. El villano enmascarado no podía comprender ni de cerca lo que estaba pasando. Dudo por un momento si acaso estaba alucinando o si estaba drogado, pero descartó la idea rápidamente pues era algo que había dejado para más tarde.

De nuevo, el boomerang del peliblanco impactó en el cuerpo de Luisito y regresó a la mano de su dueño. Pero era como la picada de una mosca. No tenía la misma fuerza que el último ataque. Ninguno de los dos marines tenían potencia de fuego suficiente para enfrentarse a la cruel realidad del mar. Eran unos enclenques a los ojos del civil recién bautizado pirata.

Luisito pensó por un momento cuál sería la mejor manera de acabar con aquellos dos marines. Si se tardaba más de la cuenta Henry seguramente saldría al mar y lo dejaría atrás. La respuesta a la que llegó era simple: si no podía hacerle daño al peliblanco se lo haría al de anteojos. Tomando un simple impulso Luisito acortó la distancia con Max y cuando estaba frente a este le propinó un gran golpe a la parte baja del mentón.

Max no pudo reaccionar al golpe y casi se muerde la lengua del golpe. Su cabeza retumbó pero pudo resistir el daño sin caer. El entrenamiento al que habían sido sometidos los había hecho más fuertes, más resistentes, no tan inútiles. Aún así no pudo hacer mucho, su cabeza daba vueltas.

— Te mataré a ti primero cuatro ojos. Veamos si puedes resistir un round más. Kapapapapa —dijo Luisito mientras con su cuerpo le daba la espalda a Caelum. No valía la pena darle atención a alguien que solo huye e incapaz de causar un daño decente. Mientras hablaba, el enmascarado preparaba su siguiente golpe.

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RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia. - Caelum Drift - 06-06-2025

La bestia me había ignorado, había desestimado el impacto de Grau, que parecía inútil contra ese gigante que era una bola de músculos y esperma, un toro. Así, mi mente lo dibujó, como un toro en pleno rodeo. Sus cornadas eran inútiles contra la bandera, pero sus astas eran mortales contra el torero. Max lo supo en seguida. Casi no pudo reaccionar al golpe de aquella bestia que necesitaba ser domada con urgencia. Su mentón hizo temblar mi ego, había dejado solo a mi compañero en este estúpido intento de derrotar a Luisito.

Max seguía en pie, valiente, triunfante, sin el don que tengo y que de nada me ha ayudado, más que para sobrevivir. Teníamos una orden. Había un amigo en peligro. Mi maldición era lo único que me alejaba de la inutilidad. No volveré a enterrar sonrisas, no volveré a ver a un amigo caer, no volveré a ver a la piratería tomar todo lo que quieren como si nada.

Sentí que la sangre me hervía bajo la piel. Mi compañero estaba ahí, tambaleándose, y yo no iba a permitir que cayera. El eco de la risa del toro me retumbaba en los huesos. ¿Quién es capaz de siquiera sonreír cuando lucha con otro hombre, cuando sabe que sus puños endiablados devorarán la poca conciencia que le queda y podrían matarlo? Aquel ser era una grieta.

Me dolía todo el cuerpo. Bajo la máscara, mi rostro jadeante estaba repleto de sudor. El búmeran en mi mano era un recordatorio de que aún respiraba, de que aún podía pelear. No estaba allí solo para recibir golpes como una inútil bandera. Sería la capa del torero, sería quien le quitara la estabilidad al toro.

Grau, en mi diestra, vibró como si supiera lo que estaba por hacer. Era mi karma, mi historia y mis cicatrices condensadas en un solo tiro.

-¡Hijo de puta!

Escupí, aunque mi voz apenas se escuchaba tras la máscara. No sé si fue un insulto o el nombre de esta nueva manera de lanzar mi arma, no sé si fue por instinto o simplemente para recordarme que aún podía hablar.

Cerré los ojos y me concentré. Sentí el aire húmedo, el olor a pólvora y polvo todavía adornaba mis narinas, el temblor de los latidos en mi cuello. Cada uno de mis sentidos me gritaba que Max estaba a punto de caer, que Luisito iba a rematarlo.

Abrí los ojos. Mi mano sujetó el búmeran desde otro ángulo, como si fuera el lugar preciso para que su vuelo fuera más eficaz. Los gestos endemoniados del enmascarado me dieron la pauta, era el momento de soltar el karma que había guardado para este instante. Giré la muñeca y lancé el búmeran, acompañándolo con el movimiento clásico de mi bola recta.

No era un simple lanzamiento. Era un grito ahogado que llevaba mi historia, mi miedo, mi odio y mi promesa. Sentí que algo en mi interior se doblaba y, a la vez, se encendía como una llama, como si el demonio que me habitaba quisiera tomar el control de mi frenesí.

El arma voló, silbando como un susurro. Lo vi buscar a Luisito como si fuera parte de mí, como si yo mismo lo acompañara en su vuelo. Y justo antes de que él pudiera golpear a Max de nuevo, traté de que mi arma se le incrustara en la espalda. Desde mi posición pude ver cada disco, cada hueso que surcaba su imponente torso. Sabía que no sería suficiente para matarlo, pero tal vez podría tumbarlo.

Y entonces me acerqué como una serpiente, como lo que era en aquel coliseo, la bandera que enfurece al toro. Quede en dirección para recibir la vuelta de mi arma y me acerque un poco mas a la bestia.

Off



RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia. - Beto Matashita - 09-06-2025

— Aaargh. Maldito eso sí ha dolido —se quejo Luisito intentando sobarse la espalda con sus manos pero sus grandes músculos le impedían llegar a donde había impactado el arma del marine enmascarado.

Max no sabía que hacer, quedándose paralizado frente a Luisito, temiendo que si se movía aquel pirata lo molería a golpes. Desde aquella distancia tan cercana no podía utilizar su arco, y el cuerpo a cuerpo no era una opción. El ataque de Caelum parecía haber causado un daño suficiente como para causarle molestia a Luisito, y hacer que Max se salvara de un segundo golpe.

El arquero, tratando de mantener la compostura decidió no moverse. Luisito estaba frente a él, y Caelum se encontraba a 5 metros. Tanto el pirata como el peliblanco estaban con la mirada hacia la dirección del soldado Cooperstein, por lo que eran incapaces de ver las dos figuras que se acercaban corriendo.

Dos marines sorprendentemente rápidos, enviados por el sargento Ryker llegaron sin que nadie se percatara. Y cuando se encontraban a 15 metros de Luisito y a 10 metros de Caelum se detuvieron, a espaldas de estos dos. Solo Max pudo verlos a detalle, pero decidió no decir nada, para no exponer a aquellos marines.

Los refuerzos eran dos personas, dos gemelos gyojin tiburón, ambos soldados rasos. En la isla eran conocidos como los “hermanos del mar”. Eran marines que aún no habían sido ascendidos no por falta de méritos sino por falta de interés, ya que no deseaban ascender. En términos de poder probablemente aquellos dos eran individualmente mucho más poderosos que Ryu Kageyama. Se podría decir que en la carrera por convertirse en sargento, estos eran los soldados rasos más cercanos a dicho cargp.

El hermano mayor se llamaba Samemaru, mientras que el hermano menor era Kajiramaru, indistinguibles a simple vista. Max, desde su posición fue testigo de cómo aquellos tomaban posiciones de karate y tras un movimiento, hablaron en unísono:

— Uchimizu.

— Uchimizu.

Una gota salió disparada de la mano de cada uno de los gemelos. Las gotas eran mortalmente rápidas y llegaron pronto a su objetivo: el cráneo de Luisito. Las balas de agua atravesaron el cráneo y mataron al pirata casi de inmediato. La sangre de la herida chispeo hacia todos lados, sobre todo al pobre de Max que terminó con su uniforme blanco cubierto de rojo. El cuerpo musculoso de Luisito cayó al suelo como una simple y frágil mosca, sin vida.

— Vaya. Creo que no hemos pasado un poco. ¿Crees que está muerto? —dijo Samemaru.

— No hay que ser blandos, si está muerto no importa. Vamos a ver a los colegas para enviarle pronto un reporte al sargento —respondió Kajiramaru.

Ambos se acercaron caminando hacia donde se había estado llevando el combate. En total habían 21 cuerpos tirados en el piso. Los dos gyojin miraban y contabilizaban los daños.

— No me digan que ustedes dos acabaron con todos estos hombres —dijo Samemaru llevándose la mano a la barbilla impresionado mientras pateaba algunos cuerpos a ver si aun respiraban—. Si alguno de ustedes tiene un Den Den Mushi diganle al sargento Ryker que envíe unos veinte hombres para que nos ayuden a recoger los cuerpos de estos delincuentes y a otros diez más para que investiguen el daño a los locales afectados.

— Ustedes diríjanse al puerto. Apoyen a Kageyama. Nosotros nos encargaremos de esta basura —dijo Kajiramaru—. Buen trabajo resistiendo ustedes solos. Ahora lárguense.

Tanto Max como Caelum se dirigieron al puerto dejando todo en manos de los gemelos Gyojin. Una vez llegados al lugar podrían notar a una multitud ruidosa y desordenada que estaba rodeando algo en el piso del puerto.

Lo que estaban observando no era más que el cuerpo de Ryu Kageyama sin vida y con múltiples heridas por armas blancas. Era más que obvio quien había sido el autor. El marine que había intentado cazar, había sido cazado.

No importaba donde o como buscaran, nadie podría encontrar pista o rastro alguno de lo sucedido. El puerto por su parte no tenía ningún barco anclado, por lo que cualquier oportunidad de vengar a un colega se desvaneció en las amplias aguas del mar. Para los dos novatos marines, probablemente aquella noche fuese una noche de impotencia y pérdida, algo a lo que tendrían que acostumbrarse en un mundo lleno de delincuentes y piratas. Pero lo mejor era no distraerse en las vidas perdidas, un nuevo peligro había nacido. Un peligro que acababa de hacer su primer movimiento público: Henry “El Hombre de los Mil Rostros”.

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RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia. - Caelum Drift - 09-06-2025

El grito del animal resonó, seco, como un eco de mi propia ira. Mi disparo había tenido valor, pero no fue suficiente. Aquel toro, un cuerpo de músculos, esperma y cuero, no fue capaz de acariciar el golpe que le había dado. Sin embargo, mi compañero no aprovechó la abertura para encontrar una ventana de escape. La exagerada musculatura de la bestia lo privaba de movimientos sencillos, y entendí que allí debíamos atacar.

Ya había puesto todo lo que tenía. Mi oportunidad de ir con toda mi fuerza estaba en juego, pero aun así, no fue suficiente. Era evidente, necesitábamos unir fuerzas para derribar a esa bestia.
Max estaba anclado al piso, quizás por instinto o por miedo, nunca se lo pregunté. Luisito estaba allí, justo sobre él, intentando sofocar la llama fiera que brillaba en los ojos del joven. Yo estaba cansado. No al límite, pero mi cuerpo jadeaba, subía y bajaba, y bajo la máscara, mi rostro empapado de sudor ardía de furia, cargando años de rabia depositados en ese enmascarado.

Y entonces, sin que mi cuerpo pudiera moverse de nuevo, una explosión de sangre brotó del cráneo de Luisito, empapando el lugar y tiñendo de carmesí el uniforme impecablemente planchado de mi compañero. El cuerpo del toro cayó y no tembló; pero el suelo sí lo hizo. En mi rostro se dibujó una sonrisa, no sádica, sino de alivio.

No tuve tiempo de entender qué había pasado cuando aparecieron dos seres idénticos, casi calcos el uno del otro. Se acusaron mutuamente del asesinato de mi rival. No eran humanos, pero no por su fría actitud de asesinos en la oscuridad, sino por su aspecto, su piel añil, en la penumbra, parecía aún más oscura. Eran de una raza que jamás había visto. Utilizaban un ataque invisible o a distancia, una técnica que yo, un estúpido marine , podría comprender.

“Uchimizu”, cantaron al unísono, nombrando su logro con un solo movimiento, algo que yo no había podido hacer ni con todo mi poder. La distancia entre esos marines y nosotros era abismal. Me dio vergüenza mirarlos a los ojos, no por timidez, sino por respeto. No fui capaz de agradecerles,  sin que mi boca emitiera un solo sonido, mi conciencia lo hizo: “Gracias”, pensé, y fue todo lo que pude ofrecer en ese instante. Jamás lo dije. Qué tonto fui.

Los hermanos caminaron entre los cadáveres, observando todo como si buscaran una explicación a lo que habíamos vivido. Golpeaban los cuerpos inertes, buscando algún signo vital, tal vez un testigo, alguien que pudiera aportar algo de información útil antes del último aliento. Tras el recorrido, solo les quedaba la conclusión obvia, claro que habíamos sido nosotros. ¿Acaso no es eso lo que se espera de un soldado?
No cuestioné nada. Solo seguí la siguiente orden, olvidando por un momento que otro de nuestros compañeros aún estaba en combate. Tomé el caracol y hablé con Ryker desde mi perspectiva rota de verlo todo.

-Sargento.

Informé con voz rota y jadeante.

- Luisito ha caído junto a veinte de sus hombres. Veinte marines necesitamos y diez más para corroborar daños en los locales afectados. No hay heridos confirmados.

Un informe breve pero útil que no esperaba una respuesta. La misión aún no había terminado. Y no fue por mérito propio que lo supe, sino por la nueva orden, apoyar a Ryu en el puerto.

Avanzamos con Max a toda prisa, con la esperanza intacta de reencontrarnos con nuestro guía en este infierno, uno de los pocos que confiaba en esta banda de desviados, esta banda de rotos.

Una multitud en las sombras del puerto rodeaba algo, un bulto que no identifiqué hasta que estuve lo suficientemente cerca, era mi compañero, inerte. La expresión de un nuevo soldado mirando la nada, como si después de la muerte ya no quedara nada, como si no fuéramos más que una triste casualidad. Me acerqué al cuerpo tullido en el suelo, ensangrentado, producto de mil puñaladas, de alguien que parecía haberlo torturado antes de matarlo.

Los locales no dieron paso, murmuraban sin decir nada al ver el uniforme. Muchos me miraban con miedo y asco, alejándose más por mi aspecto que por mi autoridad. Traté de encontrar algo de humanidad en el cuerpo de Ryu, pero fue inútil. Ya no era nada. Nuevamente, había llegado la hora de enterrar a un compañero. No era necesario decir nada. Por alguna extraña razón, una lágrima se deslizó por los bordes de mi máscara. Era la primera vez que, desde lo frío y el desinterés, podía sentir algo así. Pero esa lágrima no viajó sola, fue la sentencia de una promesa. Quería matar a Henry. La primera flor que recibió el cuerpo de Ryu fue la mina, esculpida con delicadeza en una hoja de papel que el me había regalado antes. 

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RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia. - Sentomaru - 09-06-2025

Aventura Tier 2 Completada

Cita:Beto Matashita obtiene: (Narrador)
  • 15 Mugiwaras.
  • 30.000 berries
  • 20 Reputación
Caelum Drift obtiene: (Participante)
  • 10 Mugiwaras.
  • 20.000 berries
  • 20 Reputación