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¡Ataque en Whisky Peak! ¡Los Kogane no Kiba! [AVENTURA T4] [PRESENTE ABS.] - Versión para impresión

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RE: ¡Ataque en Whisky Peak! ¡Los Kogane no Kiba! [AVENTURA T4] [PRESENTE ABS.] - Kenzo D. Fujiwara - 21-08-2025

Alrededor del gigantesco Sigurd, de Nezumi y de Julie, el aire se cargaba de expectación mientras la batalla alcanzaba un punto cada vez más tenso. Los pasos de los curiosos retumbaban sobre las piedras irregulares del suelo, formando un círculo amplio que no dejaba de cerrarse poco a poco, como si la multitud no pudiera resistirse a contemplar con sus propios ojos aquel espectáculo brutal. Piratas y cazadores, enemigos en cualquier otro contexto, se hallaban ahora mezclados, hombro con hombro, con la mirada fija en los tres combatientes que habían convertido aquel claro en una arena improvisada. El sudor perlaba los rostros curtidos de los espectadores, no por el esfuerzo, sino por la intensidad de la escena: golpes que resonaban como martillazos, choques que hacían vibrar la tierra, y un silencio contenido que estallaba en rugidos cada vez que un movimiento parecía inclinar la balanza hacia uno u otro lado. Aunque hasta ese momento los piratas de John Stern habían conseguido conectar más ataques, arrancando jadeos de esfuerzo a sus propios músculos y levantando momentáneos destellos de esperanza entre los suyos, nadie se atrevía a confiar demasiado en esa aparente ventaja. Todos sabían, en lo más profundo de sus instintos, que enfrentarse a un gigante no era lo mismo que medir fuerzas con cualquier otro adversario. El cuerpo descomunal de Sigurd, desnudo hasta la cintura y coronado por aquel sombrero mexicano que proyectaba sombras extrañas sobre su rostro, se alzaba como una montaña viviente en medio del campo de batalla. Cada respiración suya parecía anunciar un poder contenido, una furia que, llegado el momento, sería liberada sin compasión. Y aunque Julie había conseguido levantar un murmullo de admiración con su osadía, y Nezumi había demostrado la rapidez de un depredador curtido, nadie olvidaba que el coloso apenas comenzaba a reaccionar. El ambiente era un pulso entre dos certezas opuestas: la aparente superioridad de los golpes acumulados por los piratas y la incómoda sospecha de que aquello no era más que un prólogo, un aperitivo del verdadero despertar de la bestia. Y en ese equilibrio frágil, todos contenían el aliento, aguardando el instante en que el gigante decidiera mostrar de qué estaba hecho realmente.

Los dos hombres se quedaron frente a frente, clavando sus miradas como si cada una fuese un filo más peligroso que las armas que portaban. Nezumi respiraba con dificultad, el sudor cayendo en gotas gruesas por su frente, testimonio del enorme esfuerzo que le suponía contener los embates de aquel coloso. Cada choque con el hacha de Sigurd había sido como detener una avalancha, un acto que desafiaba el sentido común y que desgastaba no solo su cuerpo, sino también su espíritu. Sus brazos ardían, los músculos tensos hasta el límite, y aunque su sonrisa aún se mantenía en su rostro como un reflejo de orgullo y desafío, en sus ojos se delataba el peso del cansancio. Sigurd, en contraste, respiraba profundo, con el pecho descubierto subiendo y bajando como el de una bestia que apenas comenzaba a calentarse. Su piel estaba marcada por los constantes ataques de Julie, pequeñas heridas y magulladuras que resaltaban en la superficie, pero en lugar de doblegarlo parecían darle un aire más fiero, como si aquellos golpes no lo debilitaran, sino que lo recordaran del verdadero poder que dormía dentro de sí. Sigurd lo miraba con un brillo particular en los ojos, no de burla ni desprecio, sino de genuina admiración. Veía en Nezumi a un guerrero capaz de plantarle cara, un hombre que había soportado lo que pocos en el mundo podían soportar. En su mente, aquello era motivo de respeto, una chispa de igualdad en un mundo donde la diferencia de tamaño y fuerza solía bastar para decidir el resultado de un enfrentamiento. Pero Nezumi, pese a saberse objeto de esa mirada, no podía devolverla de la misma manera. En su interior, un escalofrío le recorría la espalda al comprender que había puesto ya sobre la mesa sus mejores técnicas defensivas, su disciplina más refinada, y aun así, lo que percibía frente a él era la calma previa a una tormenta mayor. Sigurd aún no había mostrado todo lo que tenía, y esa certeza pesaba más que cualquier golpe recibido. En ese silencio tenso, el miedo y la admiración se entrelazaban, creando una atmósfera en la que uno se sabía al borde de su límite y el otro, al borde de comenzar de verdad.

El golpe de Julie contra la pierna de Sigurd no fue más que una chispa en medio de una tormenta, pero aquella chispa bastó para desatar en el gigante una reacción peligrosa. El coloso giró sobre sí mismo con la naturalidad de un depredador herido, sus pasos resonando en el suelo como martillazos que hacían temblar las piedras bajo sus pies. Su mirada, antes encendida por la admiración hacia Nezumi, se tornó ahora en un fuego amenazante dirigido hacia la joven pirata. Sus ojos, duros y cargados de una ira latente, parecían clavar cuchillas invisibles sobre Julie, quien en ese instante sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda. El mensaje en la expresión de Sigurd era claro: la estaba apartando de lo que para él era un duelo sagrado, un combate que disfrutaba con un respeto casi guerrero, y su intromisión había tocado un nervio sensible. No necesitó hablar mucho más; su cuerpo entero, desde los músculos tensos hasta la rigidez de su mandíbula, transmitía aquella advertencia mortal. Julie, por un momento, retrocedió un paso, dubitativa. El instinto le gritaba que no estaba frente a un adversario común, sino ante una fuerza de la naturaleza, alguien que, si lo deseaba, podía aplastarla en un abrir y cerrar de ojos. El miedo estuvo a punto de paralizarla, pero ese mismo instante se convirtió en su detonante. Con los dedos aferrándose con más fuerza al largo bo que sostenía entre sus manos, levantó el mentón y dejó escapar una voz firme que no tembló a pesar del nudo en su estómago. Declaró con orgullo su nombre y su rango, proclamando ante todos quién era y a quién representaba. -Soy Julie Dontine, vicecapitana de los piratas Kogane no Kiba.- Había aceptado su destino, fuese cual fuese, con el pecho descubierto y la voluntad de una auténtica guerrera. Si debía morir allí, lo haría con honor, sin doblegarse ante el miedo. -Si tengo que morir aquí lo haré orgullosa por mi capitán.- Y esa determinación quedó sellada en su siguiente acción: avanzó con ímpetu aquellos dos metros que los separaban, con las piernas firmes a pesar de la amenaza latente en la figura del gigantón, y con un movimiento decidido lanzó un nuevo y poderoso golpe contra la pierna izquierda de Sigurd, buscando lo mismo que antes: desestabilizarlo, derrumbarlo, y dejarlo expuesto ante Nezumi.

Nezumi, jadeando con el pecho encendido por la fatiga, percibió aquel instante como un regalo del destino. El titán le había dado la espalda, distraído por la impertinencia de Julie, y ese tiempo en el que le hablaba a su nakama era oro para alguien como él. No era un romántico del combate honorable, no veía el duelo como un ritual sagrado donde debía prevalecer la gloria; su mundo estaba marcado por la crudeza del mar, donde los débiles eran devorados y la astucia era la única ley que importaba. Nezumi no jugaba a ser pirata: él lo era, con todo el veneno y la crudeza que implicaba aquel título. Su mente procesó la oportunidad sin dudar y su cuerpo, impulsado por el instinto de supervivencia, se lanzó hacia adelante con la agilidad de un depredador que huele sangre fresca. Su mano derecha, firme como un látigo mortal, levantó la hoja reluciente, y con un giro seco imprimió toda su fuerza en un tajo horizontal, dirigido con precisión quirúrgica a la misma pierna izquierda que Julie había intentado derribar segundos atrás. La sincronía no era casualidad: si ella había buscado desequilibrar, él buscaba rematar esa grieta en la defensa del coloso, quebrar aquello que sostenía su imponente figura y dejar al gigante tambaleando. El acero silbó al cortar el aire, un sonido agudo que resonó en medio del clamor expectante del corro de piratas y cazadores que observaban. Los ojos de Nezumi brillaban con una mezcla de determinación y frialdad. No pensaba en la reacción de Sigurd, ni en la posible represalia de aquel monstruo de siete metros; solo pensaba en el resultado inmediato, en la ventaja táctica que estaba a punto de arrancar con su golpe. El sudor resbalaba por su frente, mezclándose con la sangre seca en sus mejillas, mientras sus músculos tensos lo empujaban con todo lo que le quedaba. En aquel instante, la diferencia entre vivir o morir se reducía a la precisión de ese corte y a la fuerza con la que su hoja pudiera abrir camino en la carne del gigante. Aquello no era un gesto deshonroso para él, sino la esencia misma de lo que significaba sobrevivir como un verdadero pirata.

NEZUMI


Julie Dontine


INFO



RE: ¡Ataque en Whisky Peak! ¡Los Kogane no Kiba! [AVENTURA T4] [PRESENTE ABS.] - Sigurd Haakon - 21-08-2025

Ya está colmando mi paciencia. Estoy aquí teniendo un duelo increíble con su compañero de tripulación y está empeñada en meterse en medio constantemente. Lo hizo nada más empezar, cuando me atacó en la cabeza y ahora que me ha atacado en el pié. Ya no le voy a dar más opciones. Le digo con una firmeza absoluta que se retire o que asuma las consecuencias de sus actos. Por un segundo parece que va a obedecer, retrocediendo un poco con miedo. Pero ya sea por genuina estupidez o porque le puede la presión de quedar como cobarde frente a sus hombres, recupera su orgullo en el momento menos indicado. Aferrándose a su arma y levantando el mentón con desafío y altanería, intenta decir algo. Yo tengo suficiente con que abra la boca.
Antes si quiera de que diga nada, balanceo ligeramente a Yggdrasil hacia la derecha para que pille recorrido, y descargo brutalmente un poderoso tajo horizontal bajo, a la altura de las manos. La potencia del ataque es tal que corta el aire y levanta el polvo y los escombros, mandándolos a volar. Con destreza, alcanzo ambas extremidades con un solo ataque, causando un daño atroz y provocando que la mujer suelte su palo al suelo. Completamente desarmada, es víctima de un dolor atroz. Ha aprendido lo que es un ataque de verdad. Y eso que solo he ido a por sus manos y no a por su cabeza. Pero ahora toca el castigo por entrometerse donde no la llaman. Antes de que pueda reaccionar de vuelta, lanzo un izquierdazo con la palma de la mano abierta contra su cara. El golpe es lento, pero poderoso. Cuando le alcanzo la cabeza, cierro la mano con ella en su interior. La mano es tan masiva en comparación con la cabecita de un humano, que la agarro por completo como si fuera una naranja. Aprieto. Aprieto con mucha fuerza. Tanta que noble dejo respirar, tapando su nariz y boca. Y por si la falta de aire no fuera suficiente, levanto el brazo hasta una posición más natural y la levanto del suelo conmigo en el proceso. Está sostenida en el aire, a más de seis metros de altura, agarrada por la cabeza mientras se asfixia. -A ver si así dejas de dar por culo, pesada.- me burlo de ella mientras la veo colgar como si fuera un jamón. Sonrío con malicia mientras veo cómo lucha con desesperación inútilmente por zafarse de mi agarre. Me reclutaron por usar una vaca como si fuera un brick de leche. Imagina el poco esfuerzo y la satisfacción que me supone esto.
Ayuda visual agarre

Mientras esto sucede, al mismo tiempo que estoy  atacando a la pirata y levantándola, la rata del calvo me ataca por la espalda. No pierde la oportunidad y lanza un corte contra mi pierna izquierda. Este sí, este me dejará marca. Siento el acero frío cortar ligeramente mi piel y cortándome. No me voy a desangrar por esto, pero si que escuece, y eso se nota en mi cara, arrugando la nariz y soltando un siseo de molestia. -Seras malnacido...- susurro casi para mí mismo, frente a esta acometida traicionera.
Tengo al tipo entre mis pies, y desde ahí él tiene toda la ventaja por mi falta de maniobra. Decido entonces dar un salto hacia atrás, uno que me deje recolocado en buena posición. El bote es casi a ras de suelo y me deja a cinco metros del espadachín. Una vez recolocado, lo miro con superioridad y arrogancia mientras sostengo a Yggdrasil a mi izquierda y la chavala en la derecha. -Pese a reconocer tu talento, has decidido atacarme por la espalda, ehh...-  el tono de voz es áspero y prepotente. No grito, pero sí alzo la voz para que todos los que nos observan sean conscientes de lo que digo. - Incluso esta mujer ha demostrado tener más huevos que tú, y por eso me la llevaré como trofeo. ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!- me descojono con fuerza. Entonces alzo el hacha y la apoyo sobre mi hombro izquierdo y con toda la chulería, le regalo una promesa. Una promesa envuelta en amenaza. -Has manchado el honor de un duelo justo entre guerreros. Así que te doy mi palabra de que vas a morir aquí, sucia rata rastrera.-
Rostro de Sigurd

No espero más tiempo y doy un par de pasos lentos para colocarme a tres metros de él. Desde ahí, descargo el hacha desde mi hombro en un ataque diagonal descendente. Ya no buscando ningún punto concreto, sino para desgarrar toda la carne que el arma sea capaz de pillar. Un golpe simple y veloz que advierte de que mis palabras no son fanfarronería y que no le quedan más que unos minutos de vida. Lo que aguante.

En efecto, cajita feliz



RE: ¡Ataque en Whisky Peak! ¡Los Kogane no Kiba! [AVENTURA T4] [PRESENTE ABS.] - Kenzo D. Fujiwara - 22-08-2025

Sin siquiera esperar a que Julie terminara su declaración cargada de orgullo, Sigurd reaccionó con la brusquedad de un animal al que han pinchado una y otra vez. Para él, la joven pirata no era más que una mosca molesta que insistía en revolotear alrededor, sin entender que se encontraba en medio de un duelo que el coloso valoraba a su manera. Con un movimiento seco y brutal, casi perezoso en apariencia pero desbordante de fuerza, lanzó un ataque horizontal dirigido directamente a las manos de Julie, allí donde se aferraban al bo como si fuese la extensión misma de su voluntad. El impacto fue devastador. La madera resonó con un crujido mientras los nudillos de la muchacha se abrieron en carne viva; su arma cayó al suelo con un estrépito hueco, y un dolor punzante recorrió sus brazos. La sangre brotó al instante, tiñendo sus dedos y debilitando su agarre, mientras sus ojos se abrieron de par en par, sorprendidos por la violencia del golpe. La joven tambaleó, un mareo repentino la invadió, fruto tanto de la sacudida como del dolor, y apenas pudo mantener la compostura cuando su instinto le ordenó buscar desesperadamente el arma caída. Se agachó con torpeza, los labios apretados en un gesto de pura resistencia, sin querer dar a Sigurd la satisfacción de verla rendida tan fácilmente. Pero entonces, antes de que sus dedos ensangrentados llegaran a rozar la madera, una sombra colosal la cubrió por completo. Una mano descomunal, dura como el hierro y tan grande que parecía capaz de aplastar su cráneo sin esfuerzo, se cerró sobre su cabeza. Julie apenas tuvo tiempo de respirar antes de sentir la opresión de aquellos dedos inmensos envolviendo su rostro. El gigantón la levantó del suelo con la facilidad con la que uno arrancaría una flor del campo, sin mostrar el más mínimo esfuerzo en el proceso. Su cuerpo ligero se balanceó en el aire, colgando de la fuerza descomunal de Sigurd, atrapada como una muñeca entre las garras de un monstruo. Tanto los piratas como los cazarrecompensas que alli estaban, contuvieron la respiración. Aquella escena no era un simple intercambio de golpes, sino un recordatorio brutal de la diferencia abismal que existía entre los que luchaban por honor y los que encarnaban, con toda crudeza, el poder inhumano de un titán.

Julie forcejeaba con la desesperación de alguien que se aferra a los últimos hilos de aire, sus piernas pataleaban en el vacío y sus brazos, temblorosos y heridos, golpeaban una y otra vez la mano gigantesca que la tenía atrapada como una presa indefensa. Cada golpe de su puño ensangrentado contra aquella carne dura como la roca era tan inútil como golpear una muralla, pero aun así no se detenía; la obstinación ardía en sus ojos incluso bajo la opresión de los dedos de Sigurd. Sin embargo, en medio de aquella escena de dominación absoluta, un destello metálico rasgó el aire por detrás del coloso. Nezumi, fiel a su naturaleza traicionera, aprovechó la oportunidad con la precisión y frialdad de un verdadero pirata. Su espada trazó un arco horizontal y se hundió sin resistencia en la pierna izquierda del gigante, justo en el mismo lugar en que Julie había intentado desestabilizarlo instantes antes. El corte fue limpio y certero, y aunque el cuerpo de Sigurd parecía inquebrantable, aquel tajo logró arrancarle un gesto de ira contenida. Con un impulso sorprendente para un hombre de semejante tamaño, Sigurd saltó hacia atrás, separándose varios metros y aterrizando con un estruendo que hizo vibrar el suelo. Sus ojos, encendidos de furia, se clavaron en Nezumi, acusándolo de haber manchado el honor de aquel duelo que estaba disfrutando. Su orgullo había sido herido, no solo por el ataque a traición, sino por la intromisión de aquel juego de fuerzas que consideraba suyo y únicamente suyo. Más aún, dejó claro con su imponente presencia y la frialdad de su mirada que Julie no saldría indemne de aquella afrenta, sino que sería tomada como prisionera, un trofeo arrancado con violencia de la batalla, un recordatorio viviente de su poder. Nezumi, sin inmutarse ante la amenaza del coloso y sin apartar la vista del hombre que medía más del doble de su altura, soltó una carcajada seca, carente de respeto o temor. La espada aún goteaba con el filo manchado, y en su rostro brillaba la desvergüenza más descarada. -Me da igual. Las mujeres nada más que sirven para fregar.- Su voz cargada de desprecio retumbó con una naturalidad cruel, un contraste mordaz con el ambiente enrarecido por la violencia que estaba a punto de escalar todavía más.

Sigurd apenas había terminado de estabilizar su peso tras el salto cuando avanzó de nuevo, su herida en la pierna goteando sangre espesa que manchaba la tierra a cada paso, pero que no parecía restarle ni un ápice de fuerza ni resolución. Su cuerpo desnudo hasta la cintura, marcado por músculos tensos como cuerdas de acero, se inclinó hacia delante en un movimiento calculado, y en cuestión de segundos el coloso acortó la distancia con Nezumi. Ahora apenas tres metros los separaban, lo suficiente para que el gigantón levantara su brazo izquierdo como si empuñara un martillo divino dispuesto a caer sobre su objetivo. El aire pareció comprimirse a su alrededor en el instante previo al impacto, y entonces, sin un respiro de vacilación, descargó un golpe diagonal descendente, como si pretendiera partir en dos no solo al pirata que lo enfrentaba, sino el mismísimo suelo que pisaban. Nezumi reaccionó con la astucia que lo caracterizaba. La velocidad del golpe era descomunal, y cualquier otro hombre se habría visto reducido a carne aplastada, pero él no dudó ni un instante. Lanzó un golpe con sus dos espadas de manera simultanea, de manera horizontal a una de las caras del hacha, tratando de desviar la trayectoria del ataque de Sigurd. Sin embargo, el ataque de Nezumi fue más lento y recibió el ataque en su brazo izquierdo. El pirata sonrió y miró retando al gigante. Con la tensión del enfrentamiento aún vibrando en el aire, Nezumi abrió la boca para rugir por encima del estruendo, su voz cargada de mando y ferocidad. -¡PIRATAS DE JOHN STERN! ¡ESTO ES LO MÁXIMO QUE PUEDE HACERLE A UN HOMBRE DE VERDAD! ¡SIGAN ASALTANDO LA ISLA Y ACABANDO CON LOS CAZARRECOMPENSAS! ¡A ESTE TIPO ME LO AGENCIO YO!- La orden retumbó con fuerza entre el caos, convirtiéndose en un faro para sus subordinados. Mientras tanto, el vicecapitán mantenía el pulso de acero contra aquel coloso descomunal, sabiendo que lo que estaba en juego no era solo su vida, sino también su orgullo como pirata.

NEZUMI


Julie Dontine


INFO



RE: ¡Ataque en Whisky Peak! ¡Los Kogane no Kiba! [AVENTURA T4] [PRESENTE ABS.] - Sigurd Haakon - 23-08-2025

Un simple botín de guerra. Así acaba toda una vida dedicada a la piratería y el pillaje. Y todo por no saber escoger bien las peleas. Por hacer caso omiso al instinto de supervivencia y dejarse llevar por el orgullo. El orgullo solo alimenta a los mas fuertes. Y ella, por obvias razones, no lo es. Es incapaz de reaccionar ante mi ataque y acaba vulnerable frente mi. Con lo que aprovecho su debilidad para capturarla por la cabeza y castigarla un poco. No tengo intención de matarla. Va a ser mi prisionera y compañera de viaje hasta que el cuerpo aguante o se muera de hambre. Lo que pase primero. Pero de qué me la voy a llevar, de eso estoy seguro. No seré capaz de cobrar su recompensa de forma oficial, pero pienso sacarle provecho. Ya sea vendiéndola como esclava o como entretenimiento personal. Que navegar solo, vuelve loco a cualquiera. 

El compañero, sucio calvo traicionero sin honor, se siente satisfecho de haberme causado una herida. Puede que sea simple fanfarronería, pero entiendo que hacer sangrar a la tribu más fuerte del mundo es motivo de estar orgulloso. Lástima que no es consciente de las consecuencias que va a tener que asumir. Y no por el dolor. Sino por actuar como una rata.
Tras el primer hachazo que conecta, a modo de aviso de lo que se le viene encima, el hombre se fortalece. En vez de sentir miedo, se envalentona y arenga a sus compañeros. A él le dejo hablar. Dejo que sus subordinados se llenen de coraje después de presenciar como trato a su jefa como un vulgar jamón. -¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!! Que gracioso eres, hombrecillo.- le digo mientras me río. Esta vez la risa no es poderosa y exagerada. Es sutil, mucho más calmada y personal. No me río por algo interesante o para intimidar. Sino porque genuinamente me parece insólito y estúpido el comportamiento de este sujeto. Podía haber llegado a ser un hombre fuerte, pero su carácter deshonroso lo ha traído hasta mí. No le dedico más tiempo y me dirijo a aquellos que nos ven. -¡Para todos aquellos que moriréis hoy!- grito mientras señalo a Nezumi con el hacha. -Creíais que el océano era vuestro aliado, que vuestros capitanes eran invencibles… pero sois simples ratones atrapados en un tifón de muerte y destrucción. Hoy aprenderéis lo que significa temer a un orgulloso Buccaneer, a un verdadero hijo del mar. 

No espero mucho más. Al acabar mis discurso imperturbable, lanzo un terrible hachazo en una perfecta diagonal descendente. Todo esto mientras sostengo a Yggdrasil con una sola mano, la izquierda, por obvias razones. El ataque vuelve a penetrar la piel de mi adversario, pero la cosa no acaba aquí. Pienso hacerle sufrir. Pienso cortarlo hasta que encuentre el ángulo perfecto para aplicar un Ásgarðr a máxima potencia. Va a sufrir, y va a pagar cada gota de sangre que me ha hecho derramar con un litros de la suya. Cuando el tajo llega a su fin, ejerzo una fuerza colosal sobre el hacha para frenarla e iniciar el recorrido inverso, descargando un segundo ataque que repasa la herida inicial. Solo sienta una cosa mejor que cortar sobre carne ya trabajada. Oír gritar de dolor a la víctima. 

En efecto, cajita feliz



RE: ¡Ataque en Whisky Peak! ¡Los Kogane no Kiba! [AVENTURA T4] [PRESENTE ABS.] - Kenzo D. Fujiwara - 25-08-2025

Julie se agitaba con desesperación, su cuerpo suspendido en el aire por aquella colosal mano que la mantenía atrapada sin esfuerzo alguno. Pataleaba frenéticamente, buscando cualquier ángulo que pudiera permitirle golpear a su captor, mientras sus puños, ensangrentados y debilitados tras haber perdido su arma, golpeaban con fuerza cada vez menor contra la piel curtida de Sigurd. La presión en su cráneo era insoportable, como si el gigante pudiera aplastarla en cualquier momento solo con cerrar un poco más la mano. Sus jadeos se volvían cada vez más desesperados, y en sus ojos se mezclaban el miedo y la incredulidad por la situación en la que había acabado, tan humillante y cruel. Sin embargo, por más que se esforzaba, cada intento por liberarse resultaba inútil; la fuerza del gigantón era abrumadora, un muro de acero imposible de atravesar. Por otro lado, los Kogane no Kiba, que hasta entonces habían luchado con cierta mesura, se encendieron de fervor. La visión de su vicecapitán midiendo fuerzas contra aquel coloso, y la sensación de que el caos estaba a su favor los empujó hacia una violencia aún mayor. De repente, la isla entera pareció sumirse en un frenesí imparable. Las llamas comenzaron a devorar con más avidez las casas de madera, levantando columnas de humo negro que oscurecían el cielo. Los piratas gritaban como bestias enardecidas, sus espadas brillaban con reflejos rojos y naranjas al ritmo del fuego, y los cazadores de recompensas que aún resistían se vieron obligados a retroceder, acorralados entre la furia de aquellos hombres y el avance indomable del incendio. Cada calle se convertía en un campo de batalla improvisado, donde el metal chocaba contra el metal y los cuerpos caían sin cesar. El aire se llenó del olor a carne chamuscada, a sudor y a sangre, envolviendo todo en una atmósfera sofocante. Y de fondo, la bandera de los Kogane no Kiba, ondeando con orgullo.

Las palabras del gigante, aunque retumbaron como un trueno en el aire, se perdieron entre el caos del campo de batalla. Los piratas, cegados por la euforia de la destrucción, estaban demasiado ocupados saqueando, hiriendo y prendiendo fuego a todo cuanto encontraban como para prestar atención a la amenaza que acababa de pronunciar aquel coloso de sombrero ancho. El estrépito de las casas derrumbándose bajo las llamas, los gritos de los aldeanos que corrían buscando refugio y el incesante choque del metal se mezclaban en un torbellino ensordecedor, haciendo que la voz de Sigurd no llegara a todos por igual. Para la mayoría, solo existía el frenesí del saqueo, la gloria efímera de aplastar a los cazadores de recompensas y la promesa de arrancar de la isla hasta el último tesoro. Sin embargo, hubo uno que sí escuchó con claridad. Nezumi, todavía jadeante tras haber enfrentado al gigantón, sintió cómo aquellas palabras se le clavaban en la mente como espinas invisibles. El vicecapitán, tan seguro de sí mismo momentos atrás, empezó a notar un vacío frío en el estómago. No podía engañarse: la magnitud de su enemigo superaba con creces cualquier duelo anterior que hubiera librado. Miró de reojo a su alrededor y, por primera vez en mucho tiempo, la sensación de soledad lo golpeó con crudeza. Sus hombres seguían descontrolados, atacando por puro instinto, sin orden ni disciplina; no vendrían a socorrerlo. Julie, atrapada y luchando inútilmente contra el agarre del coloso, tampoco parecía ser la aliada que pudiera darle un respiro. Y John Stern… sí, su capitán, aquel monstruo despiadado al que seguía sin cuestionar, debía de estar en alguna parte de la isla, masacrando por puro placer, regodeándose en el caos que había provocado. Nezumi intentó aferrarse a esa idea, repitiéndose que Stern llegaría tarde o temprano, como un depredador hambriento que irrumpía para rematar la presa. Pero cuanto más lo pensaba, más crecía en él la incertidumbre de si estaría dispuesto a compartir ese combate o, peor aún, si querría enfrentarse a ese gigante en absoluto. Por primera vez, su mano tembló sobre la empuñadura de sus espadas, y el miedo comenzó a filtrarse en su mirada felina, quebrando la arrogancia que hasta ese momento había sostenido su espíritu.

Nezumi, a pesar de la punzada helada del miedo que recorría su espalda como un escalofrío interminable, no podía permitirse flaquear del todo. Había escuchado las palabras del coloso, y aunque le habían calado más hondo de lo que quería admitir, decidió apostar por la única carta que conocía: la osadía. Si había logrado herirlo una vez, ¿por qué no repetirlo? Sus piernas, tensas como resortes, se impulsaron hacia adelante con pasos firmes, cada uno resonando sobre la tierra como el preludio de una embestida que ansiaba repetir el éxito anterior. Sin embargo, aquel instante de determinación se encontró con la cruda realidad de la diferencia de tamaños y velocidades. El gigantesco brazo de Sigurd descendió con un movimiento implacable, y el filo de su hacha describió un arco mortal cargado de furia contenida. Nezumi alcanzó a ver la trayectoria con claridad, pero sus músculos, aunque rápidos, no fueron lo suficiente como para igualar la brutalidad de esa acometida. El acero cortó la carne en un instante, dibujando en su antebrazo derecho una línea sangrante que ardió como fuego vivo. Apenas tuvo tiempo de reponerse cuando la segunda estocada, igual de despiadada, abrió otro tajo que le obligó a retroceder un par de pasos, tambaleándose. El dolor era agudo, punzante, y sin embargo, el vicecapitán no emitió un quejido. Sus dientes rechinaron al apretarse con fuerza, y sus labios, tensos y ensangrentados, se curvaron en una sonrisa desafiante. No era una mueca de victoria, sino de desafío, de un hombre que, aunque herido, se negaba a mostrar debilidad frente a un monstruo que lo superaba en todo. Entonces, una chispa de ingenio cruzó por su mente. Atacar de frente sería una condena segura, pero había otra salida: manipular la situación. Alzó la voz, firme pero con un matiz astuto, mientras mantenía esa sonrisa ladeada, como si los cortes en su carne no significaran nada. -Oye… eres fuerte, realmente lo eres- Dijo con tono casi admirativo, sin apartar la mirada del gigante. ¿Qué te parece si nos unimos y creamos nuestra leyenda?- No era rendición, tampoco un cumplido sincero. Era una estrategia. Nezumi apostaba a que incluso los monstruos buscaban aliados para engrandecer sus historias, y si lograba sembrar una duda en ese coloso, tal vez la balanza se inclinaría a su favor.

NEZUMI


Julie Dontine


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RE: ¡Ataque en Whisky Peak! ¡Los Kogane no Kiba! [AVENTURA T4] [PRESENTE ABS.] - Sigurd Haakon - 03-09-2025

Las consecuencias de la guerra ya han invadido la cumbre de Whisky Peak. Las llamas nos rodean por completo, calcinando los cuerpos y los recuerdos de aquellos que vivieron aquí . Una turba enfurecida e interminable de criminales no deja de matar y saquear todo lo que se encuentra a su paso. Los edificios no son más que ruinas y polvo, que se unen a un olvido perpetuo de lo que alguna vez fue este lugar. Caos total. Sangre y vísceras pintando mi piel y olor a humo entrando por mis fosas nasales. Que felicidad. Es como volver a mis raíces. 
El recordar lo hermoso que era esto cuando llegué y como todos recordarán el sabor de la violencia y la destrucción. Un panorama desolado frente la lucha constante de aquellos que buscan imponerse y conquistar. Pero todos bajo la sombra del más fuerte. De un Buccaneer. ¿Acaso hay algo más puro que esto? ¿Más primitivo y necesario? La búsqueda de la fuerza definitiva y los deseos más primarios. El renacer de la raza más poderosa de este mundo. Todos aquí recordarán al Jotun llegado desde el mar del norte. A mí, a Sigurd Haakon, orgulloso Bucanero. ¿A caso hay algún objetivo más hornado que buscar la inmortalidad en la memoria de la gente?

Los piratas de Jhon Stern... Curiosos cuanto menos. Son los causantes de esta catástrofe, pero se han llevado un jarro de agua fría. Su capitán debe de estar plantándole cara a Magnus o el francesito aquel. Y sus subalternos... Aquí está el único de ellos que parece poder plantarme cara. Completamente doblegado ante mí...
Las palabras de Negumi me hacen plantearme muchas cosas. Por un lado hablan de la cobardía insultante de este pirata deshonroso. ¿Pero a caso hay algo más valiente que humillarse delante de tanta gente para salvar la vida? Sea como sea, el malnacido me ha dado un poco de cancha. Eso habla tanto de que estoy algo oxidado como de que tal vez esconde potencial. Si lo dejo con vida... Tal vez se haga más fuerte y pueda darme pelea en un futuro. 
Sobre la chica... ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!! Mejor no hablar mucho. Ha sido valiente, pero necia. Y va a ser mi moneda de cambio. Con suerte Stern será un oponente digno y venga a por ella en un futuro, a darme caza. Y a las malas la usaré como calcetín hasta que me canse y la venda por unas monedas o me la coma si me da hambre.
El caso es que es mejor dejarlos con vida a ambos. Uno por beneficio personal y al otro para que de un mensaje. Que no sea un random, sino un vicecapitán derrotado y humillado. 

Me doy la vuelta. No vale la pena ni contestar. Libero a Julie de su agarre se la mano para dejarla respirar, apoyándola en mi hombro como si cargara un saco de papas. Grita y patalea, amenaza y ruega que la suelte o que alguien le ayude. Pero cuanto antes aprenda que ahora es prisionera de una criatura tan ancestral y poderosa como lo soy yo, antes asumirá su nuevo papel en esta historia. Se acabó la piratería para esta mujer.
Avanzo ajeno a la destrucción y al resultado de la batalla. Ya no soy aliado de nadie, pero tampoco tengo enemigos aquí. Nadie quiere enfrentarse a una muerte segura a manos de Yggdrasil. Más pronto que tarde llegaran los grandes gremios de cazadores que residen aquí y pasarán la escoba rápido. Y no mucho después seguro se deja caer la Marina para meter las narices y llevarse la gloria. Para ese entonces espero estar lejos de aquí. Me hubiera gustado despedirme de Magnus. Pero así mejor. Sabrá que he sobrevivido y fijo viene a pedir explicaciones. Ahí cruzaremos espadas y le podré devolver el estandarte con orgullo. Lo pienso conservar como un trofeo en mi camarote. Y él... Ya me pagará lo que me debe o se lo reclamaré con intereses ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL!!!

Llego al puerto rápido. Un puerto algo más alejado de donde los Kogane no Kiba han atracado. Es un puerto ajeno a la batalla... Por el momento. Observo los barcos, uno por uno. Son buenos, de gran calidad y buen revestimiento. Mis vagos conocimientos de navegación me permitirán llevar alguno de estos hasta mi siguiente destino. -Si... Sin duda me llevaré éste.- le digo a un anciano pescador. Tal vez sea el propietario del muelle o un mero autóctono que busca el que llevarse a la boca. Me la suda. Es hora de partir y ya tengo nuevo rumbo y aventura. 

Continuará...

En efecto, cajita feliz



RE: ¡Ataque en Whisky Peak! ¡Los Kogane no Kiba! [AVENTURA T4] [PRESENTE ABS.] - Kenzo D. Fujiwara - 03-09-2025

En medio del fragor de la batalla, con el aire cargado de humo, gritos y acero chocando, la voz de Nezumi sonó como un recurso desesperado, un último intento de inclinar la balanza de la muerte a su favor. Sus palabras buscaban tejer una alianza imposible, disfrazada bajo la ilusión de grandeza compartida, pero en realidad era un grito ahogado de alguien que sabía lo cerca que estaba del abismo. Frente a él, el coloso de siete metros, torso desnudo y músculos tensos bajo la luz de las llamas que devoraban la isla, permaneció un instante en silencio. Su sombra proyectada era casi monstruosa, deformada por la danza del fuego, y sus facciones permanecían ocultas bajo la visera amplia del sombrero mexicano que apenas se movía con el viento caliente de la devastación. Pero lo que ocurrió después no fue ni la aceptación ni el rechazo explícito que Nezumi esperaba. Sin un gesto, sin una palabra, el gigante giró sobre sus talones con una calma aterradora y comenzó a marcharse, sus pasos pesados sacudiendo el suelo, alejándose del vicecapitán como si este no fuese más que un insecto que había dejado de interesarle. El silencio de Sigurd pesó más que cualquier grito, más que cualquier ataque. Esa indiferencia, brutal y deshumanizante, heló a Nezumi en lo más profundo. El pirata quedó clavado en el sitio, con la boca entreabierta y el ceño arrugado en una mueca de incomprensión. ¿Cómo reaccionar a aquello? Esperaba una respuesta violenta, quizá la muerte inmediata, o incluso un diálogo que lo situara en algún terreno conocido. Pero esa huida… esa negativa a reconocerlo siquiera, era peor que cualquier golpe. Nezumi, que se alimentaba del enfrentamiento, del choque de egos y de la adrenalina, se sintió reducido a la nada, como si hubiera dejado de existir en la mente del gigantón. Y en esa confusión, rodeado por el caos de la batalla, comprendió que su vida había sido perdonada, no por misericordia, sino porque para Sigurd simplemente no merecía la pena acabar con ella.

El coloso, sin mostrar el menor rastro de compasión en su semblante endurecido por la vida en el mar, acomodó a Julie sobre su hombro como si no fuera más que un saco de arroz. El cambio de posición liberó la presión brutal que ejercía su gigantesca mano contra la cabeza de la muchacha, permitiéndole aspirar aire con desesperación. Julie jadeó como si acabara de escapar de las profundidades del océano, sus pulmones ardiendo por la falta de oxígeno. La tos resonó áspera, quebrada, mezclada con lágrimas involuntarias que se formaban en sus ojos por el ahogo recién sufrido. La vergüenza de verse reducida a esa vulnerabilidad la golpeó con fuerza, pero más aún lo hacía el miedo helado que le recorría la espina dorsal al sentir la piel áspera y curtida del hombro del gigante bajo su cuerpo. No tardó en recuperar parte de su espíritu combativo, pues aunque la situación era desesperada, Julie no era alguien que se resignara con facilidad. Entre tosidos, apretó los puños y comenzó a golpear con furia el hombro y la espalda de Sigurd, buscando liberarse. Sus movimientos eran desesperados, pero contra la muralla de carne y músculo que la sostenía, apenas lograba hacer más que el equivalente a un insecto revoloteando sobre un toro de lidia. Cada impacto de sus pequeños puños en la piel del bucanero apenas generaba un eco leve, un cosquilleo intrascendente en comparación con el dolor que todavía ardía en sus manos tras haber perdido su bo. La desesperación dio paso a la ira, y de su garganta brotó un grito cargado de rabia y amenaza, resonando incluso por encima del estruendo del caos que envolvía la isla en llamas. -¡SUÉLTAME, MALDITO BASTARDO! ¡JOHN STERN TE MATARÁ COMPLETAMENTE! ¡SUÉLTAME!- Su voz desgarrada temblaba entre la furia y la impotencia, sabiendo que nombrar a su capitán era tanto un grito de advertencia como de auxilio. Sin embargo, lo que más la consumía era la falta de reacción del gigante: ni sus golpes, ni sus gritos, ni siquiera el nombre de Stern parecían importarle lo más mínimo. Su indiferencia era la condena más cruel, un muro inquebrantable contra el cual se estrellaban sus esfuerzos inútiles.

Sigurd avanzaba como una bestia indomable entre el caos que devoraba el pueblo, sorteando cuerpos, llamas y gritos con una destreza que resultaba sobrecogedora para alguien de semejante tamaño. Cada paso que daba retumbaba en el suelo como un tambor de guerra, obligando a piratas y cazadores a apartarse instintivamente de su camino, sin importar a qué bando pertenecieran. No había en él vacilación ni desvío de propósito: su objetivo estaba claro, y nada ni nadie podía interponerse. Julie, aún a horcajadas en su hombro, forcejeaba en vano, golpeando su espalda con la impotencia propia de un pájaro atrapado, pero para el coloso su resistencia era apenas una molestia imperceptible, como un roce pasajero contra la piel endurecida por años de vida brutal. El muelle de pescadores se desplegó frente a él como un respiro de calma entre el caos, aunque aquella calma era solo aparente: los tablones de madera crujían, algunos ya chamuscados por el fuego que se expandía desde el pueblo, y el aire estaba impregnado con el olor de sal y humo. Sigurd no se detuvo; su mirada, afilada bajo la sombra de su sombrero, recorrió las embarcaciones ancladas. Eran barcos humildes, frágiles en comparación con galeones de guerra o naves piratas, pero eso no le importaba. Lo único que necesitaba era un medio para alejarse, para romper con el cerco de sangre y destrucción que consumía la isla. Con un solo impulso, sus piernas se flexionaron y el gigantón saltó sobre una de las embarcaciones, un pequeño bote pesquero que se sacudió con violencia bajo el peso descomunal que lo aplastaba. Los tablones gimieron como si fueran a partirse en cualquier momento, pero resistieron lo suficiente. Julie gritó con un sobresalto al sentir el salto, como si hubiera quedado suspendida en el aire antes de que la embarcación crujiera bajo ellos. Sin perder tiempo, Sigurd empujó con una fuerza inhumana y el bote se deslizó hacia el mar abierto, alejándose del muelle con sorprendente rapidez. La espuma blanca se alzó a su alrededor, y en pocos segundos el caos del pueblo comenzó a quedar atrás, reduciéndose a un eco distante de llamas, gritos y acero, mientras el titán y su cautiva desaparecían rumbo a lo desconocido.

Nezumi observaba con el ceño fruncido cómo la enorme silueta de Sigurd desaparecía en dirección al muelle, llevando consigo a Julie como si no pesara más que una muñeca de trapo. Su orgullo se sentía herido, pero más aún lo corroía la certeza de que, en aquel enfrentamiento, había quedado reducido a un mero espectador incapaz de detener a semejante coloso. Con un gesto brusco de la mano ordenó a los suyos la retirada, y los soldados obedecieron sin discutir. La fatiga se notaba en cada rostro, en cada respiración entrecortada y en las manchas de sangre que teñían la tierra. El caos del combate comenzaba a disiparse, aunque no por completo: los gritos, el crepitar de las llamas y el choque esporádico de las armas aún se hacían escuchar como ecos de una batalla que se negaba a morir del todo. Sin embargo, el repliegue ordenado permitió que el peso de la ofensiva pirata comenzara a menguar. Por un instante, todo indicaba que la isla caería bajo las fauces de los Kogane no Kiba, que la marea pirata se impondría con su fuerza desmedida. Pero las defensas locales, organizadas bajo la férrea disciplina de Magnus y con la mirada siempre atenta del astuto Alex D’Artane, se mantuvieron firmes como un muro en medio del vendaval. Allí donde un grupo de bandidos prendía fuego, aparecía un contingente dispuesto a sofocar o contraatacar; allí donde la violencia parecía arrasar con todo, surgía la voz de un líder que mantenía viva la moral. Fue un pulso sangriento, pero al final los defensores lograron resistir lo suficiente para frenar el ímpetu de los invasores. No obstante, la noticia del secuestro no tardó en propagarse como pólvora encendida. John Stern, el capitán de los Kogane no Kiba, ya estaba al tanto de lo ocurrido. Para él, no era solo una ofensa: era una afrenta directa a su orgullo y a su autoridad. Que alguien, un bárbaro descomunal sin nombre ni estandarte, se hubiera atrevido a arrebatarle a una de sus vicecapitanes era algo que no toleraría. Su carácter, temido incluso por los suyos, auguraba una respuesta brutal. Y mientras los piratas se retiraban y los defensores respiraban con alivio, en el horizonte se gestaba la certeza de una persecución implacable, una cacería que teñiría de sangre el mar.

NEZUMI


Julie Dontine


INFO


ACLARACIONES



RE: ¡Ataque en Whisky Peak! ¡Los Kogane no Kiba! [AVENTURA T4] [PRESENTE ABS.] - PX-2 - 03-09-2025

Aventura T3 Completada


Kenzo obtiene: (Narrador)
  • 25 Mugiwaras.
  • 90k berries
  • 30 Puntos de rol
Sigurd obtiene: (Participante)
  • 17 Mugiwaras.
  • 60k berries
  • 30 Reputación + 15 karmas
  • 2 Puntos de Atributo (A partir de T3)