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Un desastre tras otro // Pasado. Priv. - Versión para impresión

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RE: Un desastre tras otro // Pasado. Priv. - Onizuka Jin - 22-08-2025

Admiraba los movimientos claros de la mujer, no solo era de boca, al menos en cuanto a combate, la inteligencia era ya otra cosa y, sin embargo, estaba claro que desconocía por qué lo apodaban el “Phantom Smoke”. Capaz de moverse como el humo, evitando cualquier obstáculo, sabiendo cómo moverse. No, no era una bestia, era el mismo humo, el demonio creado en su crecimiento en movimientos veloces, eficaces e impactantes. Por ello, no atacaba nunca al azar, había analizado el estilo de combate de la chica con sus hombres previamente.

Sus movimientos al evitar los golpes eran perfectos, excelentes de hecho, tan veloces como los de la mujer que lo atacaba. La katana, además, bailaba en un movimiento veloz, de una mano a otra, con ataques perfectamente calculados. Incluso en el instante que lanzaba el filo su cuerpo seguía yendo en dirección a la mujer, con solo un movimiento de su cabeza para evitar el arma, sin cesar en ningún momento el golpe. Ni siquiera cuando la cuchilla de la muchacha se clavó en uno de sus hombres, que estaban detrás, y se hizo pedazos, lo inmutó, solo realizó un movimiento diagonal con su katana, clavándola en el suelo, justo entre ambos de modo que frenaría así el combate. ¿Por qué? Dos razones. La primera, dos de sus hombres lo acababan de desobedecer, lo que significaba que les esperaba un castigo muy serio. No quería estorbos, solo obediencia. En segundo lugar, el hombre al fin parecía sacar algún tipo de conclusión.

Dio un salto hacia atrás, retomando con su mano la katana, regresándola a la vaina de nuevo, despacio, sin perder detalle de la mujer que, ahora sí, había dejado en claro que lo mejor era no volver a verla si no quería terminar bajo tierra, como los que acababan de desobedecerlo. Una pequeña pausa, al menos de momento. Si la mujer regresaba en combate, él también lo haría, pero por el momento le brindaría el beneficio de la duda al hombre, ver si su razonamiento era mejor de lo esperado…

Y sin embargo, la elección fue la equivocada. —Traedlos ahora. — murmuró con calma, y los individuos que atacaron a Uker temblaron, ahora sí, de puro terror. Incluso tras los golpes recibidos por el mismo joven. Trataron de pelear, pero no existió oportunidad alguna de que se zafaran. Mientras los gritos de aquellos dos hombres resonaban, Jin ya estaba observando a Uker.

—Creo que no lo has entendido. No busco un restaurante, solo quiero un buen chef que me haga de comer. — habló al fin, ahora siendo más directo de lo que recordaba haber sido nunca antes. —Si sabes cocinar, quiero probar algo tuyo. Esos idiotas de la marina no me dejaron ni probar un bocado. — por ello le molestaba que lo hubieran interrumpido. Había ido por el nuevo cocinero, no por otro asunto, a ese local. Conocía bien el resto de restaurantes, y sin embargo, se le deslizaba entre los dedos. Lo que sí sabía era que no iba a obligarlo. Por mucho que lo viera como un cobarde, si era algo que no quería, lo mejor era dejarlo. Pero iba en serio, no habría segunda oportunidad de ayudarlo.

Ahora sí, sus ojos volvieron a la mujer, en el mismo tono calmado. —No te recomiendo volver a verte la cara, porque no habrá cielo, mar o tierra que te esconda de acabar bajo tierra. — Finalmente los hombres que habían desobedecido estaban frente a él, de rodillas. Los miró por unos escasos segundos, mientras escuchaba ahora sus súplicas de perdón. —Matadlos.

Los hombres que lo acompañaron fueron quienes hicieron el trabajo sucio, terminando con ellos en un instante. La sangre manchó sus pantalones, algo que no le resultó para nada molesto. Otro de los hombres le acercó la corbata, la cual reacomodó alrededor de su cuello, como si lo que estuviera frente a él fueran solo unos insectos que ni prestaba atención y, una última vez, volvió la mirada al cocinero. —Como he dicho, no habrá segundas oportunidades. O lo tomas, o lo dejas. Si no quieres hacerlo, solo vete, te escoltarán mis hombres, y si no te sientes seguro, yo mismo para evitar que otro marine se te acerque.


RE: Un desastre tras otro // Pasado. Priv. - Maki D. Zen'in - 24-08-2025

El mar Cantaba en su corazón, cuando hablaba de aventuras sentía que la mente surcaba la sinfonía interminable del viento, cuando hablaba de mar el sol se le incrustaba un fulgor tan intenso que sentía que sus marcas y el día que se hicieron solo había sido un sueño de verano. Amaba la libertad después de probarla, se movía con gracia con el aroma de la sal batallando con su perfume de almendras. Supo cuando encontró a esos dos hombres en Samba, que ser pirata seria su destino. Aunque su pasado le gritaba que ser marine estaba arraigado en su árbol. Hasta las raíces.

Cada golpe, cada gruñido y cada batalla tanto mental como física podía darla la señal de que ese hombre… ese bello hombre no era un cocinero regular… se alegraba que fuera ágil, y fuerte al menos de mente y corazón, pues podía sentir que resonaban al unísono ante las palabras de libertad. Sin embargo… cuando se volvía hacia el Yakuza… maldición. Le escocia el cerebro, era guapo y en otras circunstancias serian amigos, beber, cantar y seguro pelear de vez en cuando, pero ser un imbécil que se escuda en sus números. Eso le enfermaba. —Adelante cocinero… no te amedrentes… los débiles suelen ir en grupos. Saldremos de esta…tengo amigos en Samba que quiero que conozcas!— Dijo desviando un golpe de un patiño con personalidad que con la misma cayo de espaldas ante un cabezazo de la ruda mujer provocando que saliera una llamarada roja de sangre antes de caer al suelo. Eran alborotadores, indisciplinados, torpes y poco decididos.  Cada movimiento era poesía, arte, precisión y aunque Maki no estaba completamente atenta podía ver esa maravilla actuando naturalmente en el cocinero, no sabía si era reticencia, habilidad natural o emoción por el combate, pero sin duda era muy sensual.

Mientras Maki peleaba solo atendía a la sangre derramada, aquella pasión desbordante de cada golpe, aunque era cantante… era solo una fachada, pues entrenada y preparada para misiones de infiltración y de engaños, era una guerrera nata. Que tuviera algunas dotes para la música solo era parte de su fachada de inofensiva florecita.

El dolor lejos de hacerla retroceder le hacía sentirse viva, empoderada, en igualdad en un mundo devastado por la brutalidad, su respiración se agitaba y echaba vapor por la boca, fuego de las heridas y pasión por sus movimientos, se bamboleaba en su posición de combate y se preparó para cualquier truco sucio. Era algo excitante y solo en su mente cabía la guerra y el dolor. Un puño una garra, una espada, no hay más dentro de su razonamiento como si fuera una furiosa tormenta.

Pero algo la detuvo cuando estuvo a punto de volver a atacar de ser mordida por los golpes y cortes del enemigo, claro que no le temía a las cicatrices. Para ella eran medallas, pero algo ocurrió, su sangre caliente retrocedió un tanto por primera vez y ocurrió algo que no terminaba de entender… asesino a dos de sus subordinados… Maki sintió que algo se le rompió dentro… como era posible que asesinaran a sus… —Pero… como… te ATREVES A MATAR A TUS COMPAÑEROS TRAIDOR DE MIERDA!!!— Maki se lanzó contra el yakuza dispuesta a partirlo a la mitad, aunque muriera en el intento. Pero algo la detuvo… una mordedura en la pierna que le hizo morder el polvo… dos estruendos más, dos yakuzas cayeron al suelo. Tres mas y otros tres… de pronto entre las casas aparecieron… Marines.

Maki se levantó aun así y moviendo la tsuka hizo que los mil pedazos de su espada volvieran a su forma… un disparo desviado por su espada y entonces aparecieron… una treintena de marines y uno que nunca había pisado la isla, arribó en el barco en el que llego Maki y no se habían tomado en cuenta uno con el otro… pronto toma el mando de la Marina y se le informo de todos los problemas… incluso Jin… 

[Imagen: Mayordomo.jpg]

—Piratas… Yakuzas… solo son una plaga a eliminarse… adelante… mátenlos a todos.— Los truenos sonaron… Maki esquivo varias balas, pero los Yakuzas, fieles como perros se lanzaron a cubrir a su líder con valor sin igual cayendo uno de tras de otros, algunos tomaron pedazos de madera, de acero, latas e incluso basureros para cubrirse… pero era inútil, cada bala provocaba que cayesen —VEN AQUÍ Y PELEA HIJO DE PUTA!!— Grito Maki… moviéndose rápidamente frente al cocinero para cubrirle…

Pero entonces apareció en el puerto por la retaguardia un barco de la marina… bajaron tres enemigos con rifles también… Maki no tuvo mas opción… —Cocinero… vamos arriesguémonos al barco… vamos… o terminaremos… Yakuza… eres un hijo de puta, pero no mereces morir así… vamos… ayúdanos a tomar el barco de los marines y después arreglaremos esto!!— Maki en la retaguardia se cubría con la guitarra, que parecía tan dura como un escudo. Y el yakuza era cubierto por sus valientes hombres… Maki cuando llego al barco parecía que los otros dos habían subido y el capitán gritaba ordenes para recargar armas y volver a disparar. Estaba rojo de ira. Y Maki encontró a los yakuza aun pelando con los Marines. —Vamos… suban ahora. — Tendió la mano a los yakuzas que quedaban aun peleando. -No señorita… cuide a nuestro jefe… es loco duro e implacable, pero tiene un corazón aguerrido!!!- Dijo el que parecía al segundo al mando… con lagrimas en los ojos herido de muerte. Maki apretó los dientes y volviendo a lo del barco izaron las velas entre disparos, gritos y una pequeña lucha entre los tripulantes que no preveían que les abordaran… fue relativamente fácil, Maki pateo mordió y golpe, hecho por la borda al último de los piratas mientras se alejaban en el barco robado a toda velocidad.


RE: Un desastre tras otro // Pasado. Priv. - Rackham Uker - 24-08-2025

- Pues, ya te lo dije, ese lugar tiene las mismas recetas que yo sé, eso debería bastar -. No confiaba en ese hombre, ni por mucho que le dijera que planeaba defenderlo de la marina. Era un mafioso, alguien que consiguió su puesto con poder, matanza, y quién sabe qué otras cosas, no podría aceptar una oferta así. - No cocino para gente como tú, así que mejor piérdete -.

Pero tuvo que volver a actuar, volver a mostrar el control y poder que tiene sobre sus secuaces, como si no fueran más que juguetes. - Maldito… -. ¿Cómo esperaba que le hiciera caso? ¿Qué lo diferenciaba de esos dos hombres a sus ojos? No pudo evitar recordar la sangre que manchó su piel aquella noche que tanto recordaba, que tantas pesadillas le generaba aún. Apretó sus dientes y sus puños, atrapando en ellos parte de las mangas de su abrigo. - En verdad no eres diferente a un marine, maldito cerdo -. Podría simplemente avanzar y pelear como la mujer lo hizo antes, pero justamente fue ella quien arremetió, siendo detenida de golpe por un disparo.

Solo tardó un segundo en darse cuenta de que no fue algo mortal, pero una herida así no debía ser nada bueno para esta situación. Los soldados de la marina no tardaron en rodearlos, los yakuzas simplemente disminuían en número ante ellos, y el muchacho no pudo hacer más que buscar una vía de escape con su mirada, solamente encontrando callejones sin salida. - Demonios -. Si tan solo hubiera sido más rápido, si tan solo ese yakuza idiota no hubiera intervenido, ahora podría estar de camino a otra isla, más lejos del peligro. Pudo ver como apuntaban sus armas de nuevo hacia él, no podía librarse, solo observar con sus ojos inyectados en sangre como esos imbéciles volvían a arrebatarle todo.

Pero no fue así. Como si de un rayo se tratase, la chica se puso entre él y el peligro, defendiéndolo y evitando que su sueño acabase ahí. Solo pudo verla con incredulidad mientras hablaba, pues no podía entender porque se sacrificaría así por alguien como él, ni siquiera se conocían. - Yo… Está bien, vamos -. Tuvo que devolver un poco de compostura a su mente, aunque sea a la fuerza. No podía morir ahí, no si ella tenía algo de fe ciega en él. - Salgamos de esta isla -.

El paso de la mujer era decidido, por eso no les costó abordar el nuevo barco, pero sus tripulantes no parecían estar contentos. No fueron un problema tampoco, pues tanto la guitarrista como él podían luchar pese a sus heridas, y en poco tiempo ya se encontraban huyendo del desastre que causaron. El barco era pequeño en comparación a lo que hubiera imaginado de un parco pirata, pero de igual manera, había un pequeño problema. - Partes del casco están dañadas. No puedo repararlas, y en verdad no sé si llegaremos a tierra firme en este estado -.

Una huida demasiado precipitada, llena de errores. Si estuviera por su cuenta ya habría muerto con seguridad, pero tuvo la suerte de conocer a esa mujer, no así con la otra persona que intentó reclutarlo. - ¿Por qué lo necesitamos? -. Apuntó al hombre alto y de cabellos negros que antes los había tratado como basuras. - ¿Qué te hace pensar que no va a tratarnos exactamente como trata a sus hombres? Aparte, ¿de qué nos puede servir alguien como él? -. Se lo notaba furioso, odiando a esa persona que no creía diferente de aquellos que acaban de atacarlos.

Pero no debían pelear. Simplemente suspiró para tranquilizarse, sin responder a cualquier cosa que el yakuza tuviera que decir. Al asegurarse de que ni la mujer ni el hombre volverían a pelear, volvió a adentrarse en el barco, buscando algo para tratar su herida del pecho. Tardó en encontrarlo, pero finalmente dio con alcohol y unas vendas, lo que sería suficiente hasta poder ver a un verdadero médico. Tardó algo de tiempo en finalizar el tratamiento tan rústico, colocarse un vendaje alrededor del pecho siempre fue algo difícil, pero al finalizar volvió junto a la mujer, ahora sin usar su camiseta o abrigo, pues se los había quitado para curarse. - Tu herida. ¿Sabes como tratarla o necesitas ayuda? -.

Podría no preocuparse por ella, así como había hecho con cualquier otra persona que se le acercara hasta ahora, pero se trataba de alguien que lo sacó de esa isla con la idea de cruzar los mares. De igual manera, necesitaba a alguien que pelee si volvían a atacarlos. - No soy médico, para nada, pero tengo experiencia con estas cosas -. Él no lo aclaró, pero las cicatrices que adornaban al completo su cuerpo eran suficiente para notar que hablaba en serio.


RE: Un desastre tras otro // Pasado. Priv. - Onizuka Jin - 24-08-2025

Ambos aparentemente mostraron la reacción de las personas que estaban en la inocencia; temor, sorpresa… Pero la mención de la traición era algo molesto. Sus ojos afilados se elevaron hacia la mujer, sin mostrar un ápice de rabia, ni siquiera preocupación. Era incluso decepcionante ver que temblaban de furia. —Si no obedecen, no hacen bien su trabajo. No es traición, sino disciplina. No me compares con esos imbéciles de la marina, ellos no saben ni cómo moverse sin que los piratas se escabullan de entre sus dedos.

Fortuito, quizás, fue aquel disparo que interrumpió un posible nuevo conflicto que fuera a empeorar la situación. Jin solo movió la mirada en dirección al hombre que los disparó, probablemente fallando a propósito. Lejos de estar asustado, solo lo miraba como si aquella fuera una bienvenida de lo más normal y corriente.

—La única que se ha autoproclamado pirata es esa loca desfigurada. — su calma era alentadora, pese a que sus hombres estaban defendiéndolo como si fuera su propio dios. —Si no sabes reconocer la diferencia, tendrás que arreglarte esa vista, marine. — Elevó su mano, mientras sentía por su hombro a alguien agarrarlo con firmeza. No dudó en voltearse en su dirección. Conocía de sobra esa mano, pero seguía siendo molesto que lo tocaran sin permiso.

[Imagen: q3GhnH0.png]
—Jefe. La mujer mencionó Samba.

La voz del hombre sonaba baja, de modo que solo él pudo escucharlo mientras lo decía en su oído. Los ojos de Jin se entrecerraron mientras escuchaba a la mujer invitarlo. No había planeado que fuera de ese modo, para colmo no estaba ni alimentado, pero ahora que conocía el destino y teniendo en cuenta el espontáneo negocio que estaba por cerrar en el momento de su encuentro, encontró aquello oportuno.

—Tú conmigo, reúne a otros cuatro más. — su paso fue más seguro, pero sin prisa, mientras el caos se desataba en la isla, ahora entre sus propios hombres y los marines. Los movimientos del hombre fueron expertos, ágiles, elevándose con un salto experto hasta el barco improvisado. El aterrizaje con sus zapatos fue impecable, mientras caminaba con calma. Aparentemente los dos habían resultado heridos a diferencia de él mismo. Apenas segundos después el mismo hombre estaba también en el lugar con otros tres acompañantes más.

—Lo siento jefe, el tiempo corre, y el barco se ve…

—Buscad el material. — ni siquiera dio importancia que fueran menos de lo planeado, no le importaba, los más indispensables estaban allí. Los hombres comenzaron a correr hasta el camarote del mismo capitán, revolviéndolo todo en apenas segundos como locos. A su vez, escuchaba las críticas del cocinero y, lejos de la ofensa, solo caminaba hasta la zona del casco, parándose en mitad del camino para ver a sus hombres al fin salir con dos tipos de martillos, clavos, incluso tuercas y tornillos.

—¡Listo, jefe!

—Buen trabajo. — mencionó, mientras miraba a los dos de reojo, mientras se retiraba pacientemente el abrigo de su traje y se arremangaba la camiseta impecable, terminando por pasar su mano por su cabello, ahora en un peinado más recogido hacia atrás para estirar su mano, siendo orden suficientemente clara para sus hombres, quienes entregaron la pesada caja de herramientas que, pese a su peso, pudo tomar sin problemas. —Un consejo, chico. Mejor usa agua oxigenada en vez de alcohol, reducirás el picor. — porque sí, igual que el cocinero, aunque él no lo supiera, tenía también experiencia en curaciones de emergencia. Muchos años en ese negocio lo llevaban a mayor conocimiento. Miró a sus hombres. —Ayudadlo con las heridas.

—¿Y la señorita…?

[Imagen: suiwzXn.png]
—Yo ayudaré con la señorita si lo necesita, si me lo permite, jefe.

Porque sí, también había mujeres que trabajaban para él. Jin no frenaba, de hecho, con sorpresa, se sentó en el mismo suelo, en una de las rupturas de la carcasa. Vio un barril, que pateó y logró separar así las partes de la madera con lo que lo ataba. —Haz lo que te venga en gana. — pronunció con disgusto. Era obvio que no quería saber nada de ella, pero al menos de momento iba a serle útil hasta llegar a Samba.

—Gracias, jefe. — la mujer se acercó ahora a ambos y, con sorpresa, mostrando una mayor amabilidad que Jin. —Permítanme ayudarlos, por favor. He sanado muchas heridas de bala y cuchillos a lo largo de mi vida.

Mientras tanto, Jin ya estaba aprovechando los trozos de madera del barril para sustituirlos con las partes rotas del barco, que se iba moviendo a toda velocidad, alejándose de la isla. Su maestría con el martillo y la reparación desencajaban por completo con su figura impecable y amenazante que había mostrado en un principio. Clavos entre sus labios, movimientos suaves, pero expertos, martillazos nada bruscos y las pequeñas e incluso grandes rupturas estaban siendo reparadas. No era solo un yakuza, sino que la vida en las calles le ayudó a aprender a montar desde una cama de madera hasta una silla de metal. Los clavos se reducían en sus labios y, una vez terminó con el último clavo de sus labios, el agua había dejado de entrar. —Ya podéis mover este barco sin que vuelva a dar problemas. — pronunció tomando la caja de herramientas, poniéndose en pie tranquilamente mientras la otra mano palpaba su bolsillo. El mismo que trajo a los ayudantes, fue corriendo, ofreciéndole lo que Jin claramente buscaba y sabía de sobra, el cigarro y un mechero, tomando él mismo la caja de herramientas, mientras Jin ahora se desabrochaba un poco la corbata. —Más os vale ser útiles vosotros también. — con eso, sellaba la respuesta hacia el comentario de Uker porque sí, desde luego, no le hacía falta gritar o hacer berrinche como aquella mujer. Él era de hechos. Lo peor es que su humor estaba empeorando. Estar hambriento no le gustaba, le hacía viajar a una infancia que odiaba… Señaló entonces a la mujer que había ayudado a los heridos. —Camerino en diez minutos, Shina.

—Por supuesto, jefe. — la voz sonó divertida mientras inclinaba su cabeza educadamente a su propio jefe.


RE: Un desastre tras otro // Pasado. Priv. - Maki D. Zen'in - 26-08-2025

Cuando abordaron el navío entre todos los disparos, y las peleas quedo hecho más pedazos de lo que estaba, aunque no tenía muchas esperanzas de cruzar ningún mar, pero al menos escaparían del peligro inminente… cuando la violencia contra los marines termino y el peligro medio paso… Maki cayó al suelo sentada agotada y con las fuerzas claramente disminuidas. Si bien era resistente, un disparo certero como ese sí que le haría daño y le haría caer, aunque fuera de acero podrían derribarla, era de carne y hueso. Se quedo apoyada a la barandilla de estribor y sangraba lento pero constante… se moriría de no tener algo de ayuda, y ella solo sabia poco más que lo básico. Recordó al doctor, el compañero de Jensen… Hyaki, aunque era extraño, decía ser un doctor, pero no recordaba ni un poco a su compañero, como podría recordar como se operaba a una persona.

Respiro y se aguantó el dolor cuando se le acerco el cocinero… le cuestionó cosas, como porque le ofreció irse con ellos, ¿Por qué?... Maki se quedó pensativa un segundo mientras trataba de saber el motivo, ni ella misma lo sabía explicar, pero el motivo detrás era que si escaparan ellos lo abandonarían. Y Maki no abandonaba a nadie, aunque fuera un maldito bastardo. Odiaba la muerte sin sentido, pero odiaba más aun a la marina de mierda. Aquella que le engaño y le arrebato todo… o al menos una que funcionaba en secreto dentro de ella.

—No te preocupes cariño… arrgggg… si llegamos a Samba, tengo unos amigos que quiero que conozcas… ahí hay un doctor que me puede ayudar… debemos sacar la bala pronto o podría infectarse… auch…— Le tendió la mano para poder levantase un poco y caminar quizás hasta algún camarote.  Necesitaba descansar mientras escuchaba un martilleo por todo el barco… era ¿El… Yakuza?... que mierda, era carpintero o intentaba hundirlo… se separo del cocinero, y quiso ir con el bastardo mafioso, pero algo la detuvo.

El idiota se creía el capitán del barco, y Maki quiso ir a demostrarle que aun tenían cosas que arreglar, sin embargo, le cerró el paso una mujer. La miro a los ojos y ella no se amedrento… —Quien carajos eres tú apartat…— Se cuando algo le hizo aullar de dolor y casi cayó al suelo si el cocinero no le atrapaba mientras se caía paralizada por el dolor. Sus brazos eran fuertes y confiables, sus ojos se encontraron uno en los del otro y Maki pudo ver el reflejo de mil días radiantes reflejados en el… pozos azules que desbordaba la contención de mil maravillas que podrían ser o no ser… ella trago algo de saliva, el rubor le subió a su rostro y el calor le ataco desde el cuello. Sus labios palpitantes y nerviosos quisieron decir algo y eso fueron dulces palabras —MALDITA HIJA DE LA GRAN PUTA NO ME TOQU… HHHAHAAAAARRRGGG— Gritó con ira Maki y como un relámpago saco su cuchillo. Aparto a su compañero y quiso agarrar del cuello a la muchacha… —Que… AUCCHHH… ¿Que intentas hacer? ¿Matarme?— Maki no sabía que mierda era lo que motivaba a la estúpida esta a ayudarle, pero no lo soportaba y si no estuviera contenida por el dulce perfume de aquel cocinero… le habría dado un par de golpes y quizás haber reanudado el pelito de facciones. Aunque de facciones solo era ella. Por el momento.
 
El dolor de la herida era tremendo, al punto que parecía perder la conciencia, pero Maki aunque quería apuñalar a la hija de puta ojos rajados sabía que era para ayudarle… así que con todas sus fuerzas intento contenerse y no… bueno… no arrancarle la cabeza… finalmente un pedazo de metal reboto en el la cubierta y Maki soltó un suspiro larguísimo… quiso decir algo más, pero no, no podía… se desvaneció mientras le vendaban la pierna a la altura del muslo. seminconscientemente ella se acurrucaba en los brazos del cocinero. Estaba agotadísima y antes de perderse en los sueños de la memoria susurro… —no dejes… que… me corten… la pierna… por favor…— Fue una de las incoherencias.


RE: Un desastre tras otro // Pasado. Priv. - Rackham Uker - 26-08-2025

Esto era un desastre. No solo debía compartir barco con ese mafioso, sino que debían curar la herida de la mujer. Ni siquiera la veía capaz de caminar en condiciones, por lo que no se negó a ayudarla a ir hasta alguna habitación para atender su herida, y aún con esas quiso separarse de él en cuanto los martillazos comenzaron a escucharse. El pelinegro tuvo que tomar su brazo y sostenerla para que no caiga al suelo, justo antes de la aparición de una de las secuaces del idiota mayor. - A mi no te me acerques -.

No los necesitaba, podía tratarse y cuidarse solo, al menos hasta llegar a otra isla y recibir atención de cualquier médico ahí. Aún así, no podía hablar por la peliverde, quien tampoco parecía dispuesta a aceptar, pero no estaba en condición de negarse. Incluso si creía no ser necesario, algo en su mente le pidió quedarse junto a la mujer mientras la trataban. Sus ojos se encontraron, no pudo apartar la vista de ella, tal vez necesitaba algo más en lo que enfocarse mientras curaban su herida, pero fue la propia mujer quien lo apartó, con una acción demasiado riesgosa.

No hizo falta ni un segundo para que el joven volviera a abrazar a la mujer, sosteniendo con una de sus manos la muñeca que levantaba el cuchillo peligrosamente. - Tranquila, solo será un momento -. Su agarre era firme, sus palabras duras, pero cálidas, la necesitaba en el mejor estado posible, y no haría ningún bien que se resistiera al tratamiento.

No dudó en permitirle usar su cuerpo como descanso, así como la mantuvo junto a él usando un abrazo con bastante firmeza. No fue hasta que la bala cayó al suelo de madera que dejó de sentir resistencia por su parte. Ella parecía querer decir algo, pero sus palabras se vieron opacadas por su cansancio. - Estarás bien, lo prometo -. Fue lo último que pudo decirle antes de que ella pierda la conciencia, cayendo dormida en sus brazos. Tuvo que tener cuidado al levantarla, para no afectar la herida, pero en cuanto pudo la llevó a uno de los camarotes y la acostó en la cama más cómoda que encontró.

Se quedó un momento a su lado, tal vez necesitaba algo más de él, pero en cuanto la vio completamente dormida se levantó, echando un último vistazo a la mujer herida antes de salir de la habitación. Fue a la cocina y sirvió un vaso de agua, volviendo a la habitación con este, para ofrecérselo a la mujer. - Debes beber algo, no quiero que mueras aquí -. Esperó que no quiera apuñalarlo por despertarla, ni por quedarse a su lado para asegurarse de que efectivamente bebía el agua. - Puedo traerte algo más si quieres, aunque no hay mucho en este barco -. Se tomó el tiempo de dejar la guitarra y armas de la mujer cerca de ella, no quería que los yakuzas tuvieran acceso a sus cosas, a las de ninguno de los dos. - Puedo irme o puedo quedarme aquí, así que solo dime lo que necesites -.


RE: Un desastre tras otro // Pasado. Priv. - Onizuka Jin - 03-09-2025

Jin pudo oír los gritos de aquella loca que no tenía sentido del pensamiento. Por un lado, era satisfactorio, por otro, solo deseaba que le pusieran un condenado bozal y dejar de escuchar sus chillidos. Era todo lo que había escuchado desde el momento de conocerla, por no mencionar que le había arruinado todo lo que ya estaba preparando.

Por otro lado, la mujer, al ver a la joven caerse de la nada, se agachó a tratar de sujetarla, junto a Uker. Ni siquiera tuvo el tiempo de responder al hombre, pero comprendía que no quisiera su cercanía. No parecía estar tan grave como ella. La mujer sostuvo la pierna de la herida, tratando de examinarla, sin siquiera alcanzar la zona del agujero de bala. —Señorita, por favor. Ni siquiera la estoy tocando. Está exagerando.

Sus palabras sonaban firmes, pero suaves, a diferencia de las de Jin, quien estaba terminando de hacer las últimas reparaciones. —Solo respire, como dice el señor. — Introdujo la mano en el interior de su ropa, retirando un pequeño bolso y lo abrió, retirando del interior unas pequeñas pinzas. —Esto será un poco incómodo, solo respire. Es mejor que le duela un poco a que se le infecte con la bala dentro. — pudo ver el arma cerca de su propio rostro, pero no se asustó, solo pausó su mano por un momento, contemplando el arma, y a la mujer, hasta que se calmara. —Señorita, deje de exagerar. No voy a cortarle la pierna, solo sanarla y evitar el sangrado.

Suspiró largamente, ahora sí, introduciendo con mucho cuidado la pinza. Miró a los hombres, haciéndoles una señal. —Agarren su pierna, si se mueve demasiado, podría dañarla. — los hombres, inseguros, miraban a Jin, quien estaba demasiado lejos para ver la situación, pero no lo suficiente para no escucharla con su afilado oído. Solo terminaron, entre los dos, sujetando los dos extremos de la pierna, mientras la mujer realizaba la labor. Las pinzas se introdujeron, cada vez más profundo, por el orificio de bala. Los movimientos eran quirúrjicos, su concentración estaba al máximo, buscando evitar el daño en la medida de lo posible. Finalmente, las pinzas alcanzaron el objeto y, con precisión, pudo sostener la bala, retirándola despacio para evitar dañar cartílagos y músculos, hasta que finalmente lo logró. La bala se retiró, cargada de sangre, y la dejó a un lado junto a las pinzas, apretando ahora la herida para evitar el sangrado abundante. —Voy a hacer un torniquete, hay que evitar que se desangre. Cinturones. Ahora.

La mirada iba hacia los dos varones, quienes retiraron los cinturones de sus pantalones y se los entregaron a la mujer. Ella los utilizó para apretar ambos extremos de la pierna, evitando que la circulación fuera demasiado, y retiró su propio abrigo del traje, rompiéndolo. Tomó de nuevo del bolso ahora una aguja e hilo, haciendo un cosido con cuidado. Uno de emergencia, algo que evitara el sangrado mientras tanto. Aprovechando el traje roto, cubrió y ató con él la herida, retirando los cinturones, devolviéndolo a los hombres y dejando escapar un soplido después del trabajo realizado. Se sentó en el suelo, secándose el sudor de la frente que había corrido por la adrenalina.

—Con esto estará bien. Cuando zarpemos, igualmente, será necesario llevarla a urgencias, o podría dejarle una cicatriz. — emitió un suspiro, elevando su mirada hacia el contrario. —Señor, le recomiendo un poco de vigilancia, y evitar que realice movimientos bruscos, o se le podría reabrir la herida. Si no me necesita usted, me retiro con mi jefe. Gracias por su paciencia, y la ayuda. — la mujer se inclinó educadamente frente a Uker, antes de que Jin finalmente reapareciera con la orden, momento en que la mujer se retiró y los dejó a ambos.

Jin se acercó al que Uker estaba con la mujer, con su hombro apoyado en el umbral de la puerta. Su mirada seguía calmada, el humo de su cigarro volaba a su alrededor y sus brazos estaban cruzados mientras observaba sin emoción la situación. —No te recomiendo hacer promesas que no puedas cumplir. — apartó ligeramente su cuerpo, ahora abandonando el apoyo y acomodando sus manos en los bolsillos, elevando ligeramente su mentón. —Si es tan incapaz de soportar el dolor y una simple bala, es que no sirve de nada, y morirá dentro de nada con el poco cerebro que tiene. — Lo había visto miles de veces. No sabía si era una advertencia para alejar un posible e insensible pensamiento, o quizás para despertarlo de una realidad que no sabía que pudiera o no conocer. Sus ojos azul pálidos solo contemplaban al varón, tranquilo, calmado. Estaba de mal humor, podía sentir el gruñido de su propio estómago por el hambre, pero fingió que no existía.

Se dio media vuelta, en un movimiento suave con la mano como despedida. —Perdiste tu oportunidad, cocinero. — y, dicho esto, cerró la puerta tras de sí, viendo a los hombres frente a él. —Vigiladlos. Informadme si salen.

—¡Sí, jefe!

Con eso, ya solo necesitaba desahogarse. El hambre lo hacía viajar por recuerdos que no toleraba, no soportaba. Sus cejas se fruncieron, mientras finalmente entraba al camerino donde sabía que estaría la mujer, inmediatamente desabrochándose la camisa con una mano. Se retiró por completo la parte superior, cerrando la puerta en un momento, mirando a la mujer, que todavía estaba quieta, terminando de desvestirse, solo pudiendo apreciar su ropa interior. Elevó la mano, dando la última calada al cigarrillo.

[Imagen: PQbiG5a.jpg]
—¿A qué esperas? Desvístete.

Su voz fue más que suficiente para que la orden fuera acatada inmediatamente. ¿El resto? Es historia. Solo los sonidos de golpes, objetos cayendo, el sonido de gemidos… Con eso, al menos, era suficiente para desahogar su hambruna y molestia. Pensaría con más claridad después del acto.