Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece
Chance Encounters [Priv. Hyákinthos] [Past] [+18] - Versión para impresión

+- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com)
+-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3)
+--- Foro: South Blue (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=7)
+---- Foro: Reino de Sorbet (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=302)
+----- Foro: Sorbet Norte (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=303)
+----- Tema: Chance Encounters [Priv. Hyákinthos] [Past] [+18] (/showthread.php?tid=2000)

Páginas: 1 2 3


RE: Chance Encounters [Priv. Hyákinthos] [Past] [+18] - Onizuka Jin - 27-08-2025

Menos mal que parecía que la “negociación” se podía aplazar, al menos un poco más, porque ya hasta comenzaba a parecerle molesto. Lo peor era lo despacio que iba, sabía que era a propósito, pero no quería aparentar tener más desesperación de la que ya había demostrado hasta entonces. Y se había rebajado demasiado, y no quería empeorar aquello. La yema de sus dedos era un tacto indescriptible. Podía percibir el buen cuidado, posiblemente por el continuo uso de guantes, o quizás solo fuera el calor que le daba el poco tacto que estaba deseando. Sus ojos de todos modos descendían, contemplando aquella mano que palpaba sus muslos, viendo su propia erección hacer una sacudida, el rostro travieso del pelirrosa. Todo gritaba que como siguiera así, no podría controlar las consecuencias que pudieran darse a continuación. Aún así, se sintió mejor al apreciar, al menos en el pantalón ajeno, que no era el único con un efecto por la situación. Eso lo hizo recomponerse de nuevo, pese al vaho del calor de la situación. Ahora mismo solo quería destrozar el lado superior del sofá solo para evitar la incomodidad. Ahora sí deseaba tener una condenada cama. Se lo apuntaría, una habitación privada que colocar en ese Pub.

Sus ojos seguían el recorrido de su rostro, viendo cómo ascendía de nuevo. Su pecho subía y bajaba, su mano izquierda apretaba la parte superior lateral del sofá, podía sentir sus propias uñas clavarse en él y la otra se mantenía apretada en el cabello ajeno. Esta vez sí dejó escapar un jadeo más elevado a la estimulación dirigida a su pezón. Respiraba ahora más agitado, buscando la mirada ajena cuando dejó entrever que haber apartado su orgullo no había sido suficiente. Ah no, no más que eso.

—Ahora mismo es lo más convincente que me vas a escuchar decir en tu vida. — habló al fin, sintiendo su aliento en su rostro. Aprovechó para él mismo desabrochar el pantalón ajeno, ahora tomando más acción nuevamente. Ni siquiera escuchaba la música suave que pudiera estar sonando en la zona, solo sabía que estaba con alguien, y que tenía que poseerlo.

Sus ojos se cerraron esta vez al volver a sentir sus labios. El beso era más hambriento, fogoso. Pese a que lo inició él esta vez, por su lado no se quedó atrás. Su cabeza se movía al ritmo del movimiento de sus labios y su lengua. Fortuitamente, su grave gemido se ahogó entre aquellos besos cuando finalmente su erección tenía el contacto que tanto había estado deseando hasta entonces. Pese a estar ya acostumbrado, su mano temblaba un poco cuando al fin el sonido le avisó de que había logrado desabrocharle el pantalón. No rompía el beso, no al menos por el momento, empujando un poco su cuerpo para posicionarse más recto, dando un solo jalón al cinturón para lanzarlo a saber en qué otro lado del sofá. El sonido seco fue corto, mientras ahora desabrochaba el botón de su pantalón y, su otra mano, se retiraba del sofá para tomarlo de la mejilla, buscando así no apartarlo pronto del beso. Sus propias caderas se movían en busca de un roce mayor con aquella mano que parecía “probar su producto”.

Pronto dejó en paz su mejilla, cuando al fin el sonido de la cremallera caía al ritmo que su propia camisa, ahora descubriendo su propio torso por completo. Lo permitió descender, ahora dejando caer una de sus piernas a un lado del sofá, facilitándose el acceso al pelirrosa para tomar la acción que sabía que se venía, al fin. Sus ojos lo contemplaban, cada beso, cada detalle, sentía cada una de sus respiraciones. El aliento ajeno en su propia erección lo hizo apretar la mandíbula, haciéndose notar las venas de su cuerpo. Es más, el sonido del jadeo ajeno solo lo hicieron incrementar más el calor corporal. Al menos hasta que lo escuchó hablar. Por un momento volvió a la realidad, abriendo los ojos, descendiendo su mirada hacia el espectáculo que tenía entre sus piernas.

[Imagen: sVuCvE1.png]
—Como no tenga, te aseguro que los conseguiré ya mismo como sea…

El sudor perlaba su rostro, mientras jadeaba. Se volvería loco si no encontraba lo que pedía. Su mano comenzó a palpar el abrigo de su traje, temblorosa, solo para terminar en uno de los muebles cerca del sofá. Ni siquiera se molestó a mirar, solo arrastró con una sola mano, con una fuerza que ni él recordaba, para que el mueble se moviera hasta la dirección de su codo, abriendo el cajón de un tirón y palpara su interior, encontrando lo que buscaba. —Solo no pares, maldita sea. — finalmente su mano logró encontrar lo que buscaba, algunos preservativos que estaban algo desordenadas, pero todavía sin usar, en el interior de sus bolsitas bien selladas. Incluso si no los tuviera, habría llamado a cualquiera de los del pub allí mismo para que se los trajeran si fuera necesario. No iba a desaprovechar esa maldita noche.

El sonido de un nuevo jadeo, su tono de voz grave, entreabriendo ligeramente sus labios, hizo notar cómo el contacto lento finalmente estaba dándole la satisfacción que buscaba. Por el momento permitió que lo hiciera a su modo, había estado soportándolo, aguantándolo y esperando a que se acostumbrase a su propio tamaño. Podía ver su rostro ahora contemplarlo, en aquella figura tan sensual, esa mirada que le gritaba que él también lo estaba disfrutando. El vaho no hizo más que hacerse notar más alrededor de su rostro, sus ojos no dejaban de verlo, no queriendo perderse detalle de aquello, al menos hasta que sintió su límite hacerse pedazos. La mandíbula se apretó, sus ojos se cerraron.

[Imagen: vYGVzEv.jpg]
—Mierda…

No, ya no podía más. Lo había dejado tomar las riendas demasiado tiempo, su control ya estaba superando los límites. Descendió su mano libre, tomando una vez más el cabello ajeno, moviendo sus propias caderas solo para poder satisfacer más aquel roce. El calor de su boca, lo estrecho de su garganta. Emitió un gemido, apretando su mandíbula una vez más. Justo como lo había querido. Su cabeza se arqueó, elevándose por el placer. Sus dedos de los pies se apretaron, olvidando por un momento los preservativos que dejó caer sobre el mueble, usando ahora ambas manos para empujar por completo el rostro ajeno, manteniéndolo algunos segundos con su nariz pegada a su propia pelvis, antes de darle un espacio para que pudiera respirar de nuevo. Al menos, con aquello, sentía que había retomado el control.

Apartó una de sus manos, tomando un lateral de su mentón, buscando su mirada. —Debo admitir que no me perdería esta noche por nada en el mundo. — su media sonrisa, cargada de malicia y travesura, se volvía a dibujar en él, con confianza. La mano izquierda trazó un camino con la yema de sus dedos, desde la nuca ajena, pasándole dos, el índice y el corazón, por toda la columna vertebral hasta los pantalones. —Y no dudes que hoy esto voy a disfrutarlo... y usarlo. — murmuró cuando llegó al límite de su espalda, apretándola ligeramente con sus dedos, elevando un poco su pantalón para dejarle entrever la figura de esas nalgas, aunque fuera desde su ropa interior.


RE: Chance Encounters [Priv. Hyákinthos] [Past] [+18] - Hyákinthos - 05-09-2025

—¿En mi vida? ¿O solo por ahora? —Preguntas que se mezclaron con respiraciones entrecortadas cuando las manos ajenas sobre su pantalón se hicieron evidentes y, aunque él siguió con su propia tarea, no detuvo al pelinegro de librarlo de la estorbosa tela que, para este punto, no era más que una tortura, una que podría terminar en cualquier momento si tan solo se tocara a si mismo o si, así como le hizo hacer a su cliente, rogaba por una caricia, pero…no, no lo haría, porque la expectativa podía más que sus ansias y porque, aunque no lo dijera en voz alta, ese “dolor” solo aumentaba su placer.
 
Nada más dulce que la desesperación provocada por sus labios, por su lengua, nada que aumentara más las sensaciones de su propio cuerpo que ver el desastre que provocaba en el ajeno.
 
Sonrió.
 
El sonido del mueble arrastrándose en el suelo, una mano desesperada palpando sobre la madera para encontrar la protección solicitada y lo que le parecían jadeos reprimidos, fueron suficientes para que no soportara más.
 
Su lengua fue más generosa, el movimiento de su boca más rápido, más desesperado y una de sus manos bajó para encontrarse con su propia erección aún atrapada entre su ropa interior, solo pensó en tocarse por encima, pasar sus dedos sobre la tela como si tuvieran temor de encontrar lo que había debajo, pero la presión repentina en su cabeza, sus cabellos siendo jalados con más fuerza de la prevista y un nuevo ritmo impuesto por su amante improvisado, fueron los causantes de que su mano se apretara un poco más de lo que tenía en mente sobre su miembro y, sin querer, empezara a tocarse con ese ritmo impaciente obligado por el otro hombre.
 
La habitación se habría llenado con sus gemidos de no ser porque se sintió atragantar, tuvo que hacer un esfuerzo para no arquear y arruinar el momento. Sus ojos se cerraron, ocultando el lagrimeo inevitable que empañó su mirada por los segundos que estuvieron abiertos.
 
¿Qué no parara? ¿Cómo hacerlo cuándo el control cambió de un momento a otro? Ahora esas palabras dichas minutos antes le parecieron incluso una burla anticipada por lo que el destino se traía entre manos y que ahora probaba de primera mano.
 
¿Era una queja? No.
 
El cambio repentino solo hizo que sus piernas flaquearan y que su mente terminara por cederle todo el control a su instinto, hasta que, de un momento a otro, el agarre cesó y, con eso, su rostro se alzó para tomar una bocanada de aire que, hasta ese momento, no supo que necesitaba.
 
Su pecho se movía de arriba a abajo, su cabello ahora era un desastre que tendría que arreglar antes de salir de ese salón y su rostro debía ser un poema escrito en tinta roja y, aunque su mirada ahora ya no brillara con la malicia inicial y ahora estuviera empañada por un lagrimeo hambriento de deseo, no temió en sostenerla con la del pelinegro, aun cuando sabía que debía ser un desastre y aun cuando un ronroneo bajo se escapara de su garganta al sentir los dedos ajenos recorrer su columna y provocarle escalofríos, no solo por el gesto si no por entender la implicación de esas últimas palabras.
 
—Permítame dudarlo —. Pareció recuperar el conocimiento por tiempo suficiente para obligarse a sentarse sobre los muslos ajenos, oportunidad que aprovechó para bajar un poco más su propio pantalón y, ahora sí, su ropa interior, dejando que su miembro se liberara por fin de la prisión y se encontrara de frente con el del pelinegro, lo que le permitió pegarse más a él, rozarse piel con piel, como debía haber sido desde hace minutos atrás. —Es que…verá usted —susurró, con voz ronca, directo en su oído —…yo pensaba hacer lo mismo con el suyo —. Sus manos, en un inicio sobre los hombros del pelinegro, bajaron con paciencia por los costados hasta que llegaron a la cintura, en donde se detuvieron un rato para pegar sus cuerpos aún más, si se podía y luego, llegar a las nalgas ajenas, aunque, a diferencia de lo que el pelinegro hizo antes, él toco con paciencia, como descubriendo cada palmo de piel, sabiendo bien, gracias a su propio anfitrión, que disponían de toda la noche. —¿Eso le molestaría? —dijo en voz baja antes de morder el lóbulo de la oreja del otro hombre.
 
Podía esperar por la respuesta mientras su cuerpo se movía con lentitud sobre el otro, aumentando la fricción entre las pieles, aumentando las ansias, las respiraciones agitadas, sus gemidos que ahora, sin nada que los detuviera, salían sin vergüenza de su garganta.
 
¿Era su imaginación o el calor aumenta con cada segundo que pasa en ese salón?
 
Mordió sus labios con fuerza, ahora reprimiendo, sin querer, los sonidos que salían de su boca, más que nada porque su mente le gritaba que dejara todo de lado y tomara al pelinegro ahí mismo, pero…quería hacer gala de su autocontrol, tanto como tomar aire y alzar una de sus manos para acariciar la mandíbula ajena con una dulzura que contrastaba con el momento y, finalmente, llevar su dedo índice y corazón cerca de los labios ajenos, los que se atrevió a repasar con lentitud, apreciando la suavidad de estos.
 
—¿Los lamerías? A menos que tengas un lubricante cerca, es mi manera de ayudarte —. No forzó los dedos en la boca ajena, dejaría que el otro hombre los tomara si es lo que deseaba. —No quiero lastimarlo, aunque de todos modos planeo ser gentil.


RE: Chance Encounters [Priv. Hyákinthos] [Past] [+18] - Onizuka Jin - 06-09-2025


—Lograrías un maldito… haah… milagro si solo fuera “por ahora”, Cherry. — su voz ahora sonaba más agitada, por el calor, la sensación de excitación. Podía percibir su propia piel erizarse al contacto ajeno. El calor de su lengua lo había hecho perder el control por algunos momentos, pero ahora que había prácticamente forzado su rostro y sentido su garganta, podía mantener mejor la respiración. Sus ojos descendieron de nuevo, pudiendo apreciar no solo los movimientos que realizaba con su boca y su mirada, sino alcanzando a ver la mano que se ocultaba bajo su cuerpo, sospechando qué era lo que hacía. No supo si aquello solo lo encendió más, o sencillamente era toda la situación la que lograba llenarlo de ese modo.

Mordió su labio inferior, se sentía increíble, la situación completa era de las más apasionadas que recordaba en mucho tiempo. Ya no era solo el desahogo, era pura pasión, sus cuerpos entrando en sincronía, elevando las temperaturas. Su pulgar derecho se dirigió a uno de los ojos ajenos cuando percibió la conexión de ambas miradas, secando parte de las lágrimas que habían descendido en forma de placer. No le importaba el desastre de aquel largo cabello, incluso en una situación así se veía demasiado sensual para perder siquiera un mínimo detalle.

Su mano se alejó, arqueando ligeramente las cejas ante su “duda”, pero maldición… Cómo agradecía ahora que no hubiera hablado. Sentir su propio miembro rozarse con el ajeno. Elevó inconscientemente su cabeza, emitiendo un nuevo gemido, siguiendo el propio ritmo ajeno. Su propio cuerpo tembló en escalofríos, pudo hasta sentir el pálpito de su propio miembro cuando el contrario susurró en su oído. —¿De verdad quieres-…? ¡Hah! — sus manos, recorriendo su propia espalda, apretar sus caderas, sentir ambos miembros apretarse entre sí. El mordisco en su oído envió escalofríos por todo su cuerpo, siendo interrumpido. Él mismo apegó más su cadera. Cierto era que llevaba un tiempo sin tener ese tipo de posición que el médico le estaba solicitando. Su cabeza se elevó, en un nuevo gemido. Sentía las venas marcarse en su propio cuello, el calor ascender exageradamente. Ni siquiera recordaba o siquiera pensaba dónde estaban, solo se estaba centrando en él y aquella explosión de sensaciones que le estaba brindando el contrario.

[Imagen: x5wmTNl.png]
—¡Hah…! Maldito… Cherry…

Mordió su propio labio inferior, tratando de relajarse, mantener la calma. Sus ojos se abrieron lentamente de nuevo al contacto de la mano del contrario, lentos, suaves. Sintió los dedos en sus propios labios mientras sus manos ahora buscaban mantener el equilibrio, quedándose tras su espalda sobre la tela del sofá, descendiendo ligeramente su espalda. Pronto, respiró un poco en un inicio, sin una respuesta directa a sus palabras. —Eres atrevido… — murmuró, ahora con su grave voz más ronca, lenta y cargada de deseo. Sus labios se entreabrieron lentamente, sin dar una respuesta directa a su petición. No, no era necesario. Su lengua paseó por los dedos índice y corazón que se habían posicionado en sus propios labios.

[Imagen: 1uuDA7W.jpg]
—Más vale que merezca la pena.

Con eso fue suficiente como respuesta, lo sabía. Su boca pronto se cerró entre los dedos, ahora succionándolos, cerrando ligeramente los ojos, apartando una de sus manos del sofá para pasearla por el pecho ajeno, apretándolo un poco, recorriendo con sus dedos un camino que trazó el centro de sus pectorales, los abdominales y, finalmente, la unión de ambos miembros, usándola para iniciar un vaivén entre ambos, abriendo ligeramente sus ojos y buscando nuevamente la mirada contraria, retirando sus labios por unos segundos, en una media sonrisa, con el vaho corriendo de entre sus labios. No se había percatado, pero incluso su cabello perfectamente peinado se había revuelto ligeramente.

[Imagen: xaHGgvD.jpg]
—No te atrevas a ser gentil… haah…

Se tomó unos segundos para poder recuperar un poco el aliento, apretando los dedos de sus propios pies por las sensaciones que llenaban su cuerpo. —Prefiero un poco más de acción… No soy un maldito pétalo. — no iba a admitir que prefería sentir un poco de dolor, no directamente al menos, pero su sadomasoquismo solo lo excitaba más, dejando escapar un nuevo gemido solo con la idea de poder sentirlo, abriendo ligeramente sus labios, volviendo la concentración en los dedos para que el sonido que escapaba de sus labios no fuera tan insistente. No podía controlarlo, salía con la sola idea de lo que podía venirse.


RE: Chance Encounters [Priv. Hyákinthos] [Past] [+18] - Hyákinthos - 11-09-2025

—¿Maldito? Parece estar disfrutándolo bastante como para que esto sea una maldición —. Soltó una risa baja que salió con un tono más grave de lo habitual por culpa de la excitación. No busca burlarse, solo divertirse, hacer del encuentro algo memorable…irónicamente. —Sí, lo soy, pero eso no parece molestarle, ahora ¿Abriría la boca para mí?
 
No hubo respuesta a su pedido, no una que precisara palabras. Los labios ajenos rozaron sus dedos, sintió la calidez de la lengua sobre estos. Su cuerpo se estremeció, su mente podía vaticinar lo que venía, lo significancia en ese gesto de confianza.
 
Habría sonreído satisfecho, pero en su rostro solo consiguió sonrojarse y sus ojos brillaron con una sorpresa casi tierna al ver al pelinegro en una posición tan vulnerable que avivó más sus sentidos. ¿Estaría mal si jugaba a ser más rudo? ¿Debía seguir interpretando el papel de paciente? —¿Acaso no la ha valido hasta ahora? —Su mano libre se movió para tocar el costado del pelinegro con la misma delicadeza con la que había actuado hasta ahora. Sus dedos trazaron la piel y desearon llegar a su intimidad, pero…
 
Su actitud altiva se detuvo cuando fue el pelinegro quien se adelantó a las caricias. Quedó en blanco por un instante, paralizado por el tacto suave que lo hizo jadear y cerrar los ojos. Por un segundo parecía haber olvidado que él no era el único activo, que el pelinegro podría tomar el control cuando quisiera y ahora solo tenía una oportunidad que no podría desperdiciar.
 
Cerró sus ojos. Un gemido escapó de su boca al sentir el vaivén de sus cuerpos. Sin pensarlo dos veces movió sus caderas para marcar un ritmo más rápido y, luego de unos segundos, el “pop” de sus dedos dejando de ser lamidos lo hizo volver a mirar al pelinegro frente a él.
 
¡Una vista que desearía no olvidar!
 
Sonrió.
 
—¿Uh? Y yo que pensaba tratarlo como a una rosa —. Sonrió de medio lado. Sí, en primera instancia pensó ser delicado, pero con su frase solo exageraba, no es como que tuviera que tratar al pelinegro como a un primerizo, para empezar, dudaba mucho que fuera uno. —Haberlo dicho antes.
 
Lo dejó recuperar el aliento, incluso lo dejó terminar de hablar. Al escucharlo esa sonrisa de antes se ensanchó y la mano que había dejado en un costado subió hasta la nuca del otro hombre. Tomó sus cabellos con fuerza, lo jaló hacia él y lo obligó a abrir la boca para un beso más descontrolado que los anteriores. Dejó que su lengua explorara el interior de la boca ajena y, cuando sintió la necesidad de tomar aire, no se apartó sin antes usar sus dientes para morder con fuerza el labio inferior de Jin. Usó sus colmillos para abrir la piel ¿Le molestaría? Esperaba que no. Saboreó el hilo de sangre que salió de estos y limpió la “herida” con su lengua antes de apartarse un poco y mirar al hombre con malicia.
 
—No, no eres un pétalo, pero ¿Cuál es tu límite? ¿Quieres que lo rompamos? —Los dedos que antes el pelinegro lamió seguían húmedos, pero eso no evitó que el médico pasara ahora su propia lengua sobre estos y los introdujera en su boca tal cual como antes metió el miembro del contrario en esta. Los sacó luego de un par de segundos, el sonido húmedo llenó la habitación por un instante.
 
La mano que estaba en el cabello ajeno se soltó con brusquedad antes de pasar a tocar el torso, acariciar los pectorales y luego aruñar la piel, mientras que la mano que estuvo en su boca bajó hasta posicionarse en la entrada ajena. El pelirosa ladeó su cabeza, sus ojos dorados observaron al pelinegro por un segundo antes de apoyarse en sus propias piernas para abrir más la contraria y acariciar la zona con sus dedos, sin llegar a entrar, no aún.
 
Su cuerpo volvió a acercarse al contrario. Sus labios ahora recorrieron su cuello, ya no con besos, si no con mordidas que, aunque no abrían la piel, la marcaban con moretones. Bajó por el resto del pecho. Sus dientes se detuvieron por un momento en uno de los pezones ajenos. Disfrutó que la piel tan pálida se amoratara con tanta facilidad. Disfrutó que, al separarse apenas un poco, abrir los ojos y fijarse, pudiera ver las marcas rojizas que sus mordidas y sus uñas dejaban ¿Así estaría bien? ¿O se refería a algo distinto? Bien, como fuera, ya le diría si le molestaba o no.
 
En un punto llegó hasta abajo, con una de sus manos apretó la erección ajena, acariciando más que nada la punta, podía sentir el líquido preseminal saliendo de esta, así que optó por molestar un poco más en el sitio antes de bajar con su boca y dejar deslizar un hilo de saliva que llegó a la entrada del mafioso. Volvió a usar sus dedos. A rozar la piel y a aprovechar la saliva para abrirse paso, primero con un dedo. Esperaría un momento a que el otro se acostumbrara para introducir un segundo y luego el tercero. De vez en cuando, dejaba escapar saliva para facilitar el movimiento, hasta que…
 
Click.
 
—Oh…casi lo olvidaba —. No se separó, solo alzó su vista un poco para mirar el miembro ante sus ojos. —Parece casi del mismo tamaño que el mío —. Sus ojos se fijaron en el rostro ajeno. Sonrió con picardía desde su posición, completamente consciente de lo que pediría. —Jin ¿Qué tal si se inclina y busca esos condones que dejó caer antes? Necesito uno ¿Me lo pondrá? De todos modos —. Se levantó, pero sin sacar los dedos, solo los movió con más insistencia en el interior del otro. —…Si se pone en cuatro sería más cómodo para los dos ¿No le incomoda esa posición en el sofá? ¿Qué tal si pasamos al suelo? Dijo que no es un pétalo, así que…supongo que no le molestará sí…
 
Sacó sus dedos sin avisar y usó su otra mano para tomar al pelinegro por la nuca. En un movimiento rápido lo volteó para que quedara de espaldas y mirando el suelo, aunque el pelirosa lo sostuvo de la muñeca para evitar que cayera de cara al suelo.
 
—Ahora, dígame ¿Prefiere esto así o vuelvo a ser gentil? —Se inclinó para que su compañía de esta noche pudiera sentir su miembro casi en sus nalgas, pero sin tocar su entrada. —Vamos, busque esos condones…podemos tener toda la noche, pero usted no parece muy paciente —. Bajó su cuerpo y a la vez atrajo al del pelinegro para poder susurrar a su oído y, al finalizar, morder el lóbulo de su oreja. No había rastro del cuidado con el que lo trató antes.



RE: Chance Encounters [Priv. Hyákinthos] [Past] [+18] - Onizuka Jin - 15-09-2025

Pregunta de la que no hacía falta respuesta. ¿Que si no lo había valido hasta entonces? Maldita sea, cada maldito segundo estaba valiendo la condenada pena y, sin embargo, no mencionó dichas palabras, solo sus ojos lo observaban bajo la agitada respiración que le provocaba. No era necesario, estaba verdaderamente lo suficientemente excitado como para que su propio estado sirviera como respuesta. Lo mejor fue el gemido que Cherry dejaba escapar de entre sus labios con aquella voz, incluso cuando los estaba estimulando a ambos. Una de sus manos se adelantó a trazar un camino desde sus manos hasta su clavícula, pudiendo disfrutando el movimiento que el contrario y él mismo llenaba sus cuerpos con la excitación. Sus labios y lengua no habían cesado el movimiento hasta entonces. El hilo de saliva que conectaba los dedos ajenos con sus propios labios se rompió en medio del camino en cuanto Hyákinthos los retiró.

—Oye…
[Imagen: KtWk7D2.png]
—¿A quién te crees que ibas a tratar como una rosa?

Su rostro ya dibujaba la escasez del gusto de las palabras que había pronunciado, pero le divirtió ver aquella sonrisa que se ampliaba en su amante nocturno en ese mismo instante. Significaba, claramente, que hasta entonces se había estado conteniendo. Con eso ya sabía que quedaría satisfecho… si es que lo hacía.

Emitió un jadeo, sintió el dolor del tirón de su propio cabello, haciendo que sus labios se entreabrieran, sintiendo los labios ajenos besarlo con más agresividad. Oh mierda, eso era justo lo que había querido. Sus labios se cerraron, tratando de seguir la agresividad de dichos besos, descendiendo la mano que había quedado en su clavícula, apretando la zona superior de su pectoral y un quejido similar a un gemido escapó de sus labios cuando sintió no solo los colmillos ajenos, sino aquel escozor, aquel leve dolor que solo le provocó mayor excitación. Maldita sea, justo en lo que más disfrutaba. Apartó lentamente su mano de la masturbación que hasta entonces había estado haciendo para provocar al contrario. Sintió por un momento que se adelantaría al primer orgasmo y no quería parecer un loco que solo disfrutaba del dolor, solo por un mordisco. Le costó el infierno poder aguantar aquel límite entre el orgasmo y el aguante de la eyaculación. No parecía haberle molestado, por el contrario, el vaho de entre sus labios y la mirada excitada que observaban al pelirrosa demostraban que había sido satisfactorio.

Estaba temblando, descendiendo ligeramente la mirada, buscando la mirada ajena y, a su pregunta, sonrió de medio lado. —¿Qué tal si pruebas a romperlo? Estoy seguro de que quieres ver hasta dónde eres capaz de llegar. — su voz, grave, profunda pero pícara resonaba con un ligero temblor. No por temor, era la adrenalina, su imaginación estaba trabajando por él. Elevó su cabeza hasta el cuello, usando su propia mano libre para adelantar ligeramente el cuerpo hasta el cuello ajeno en el momento que éste usaba sus propios dedos para humedecerlos, enfocando sus labios en el cuello contrario, primero lamiéndolo, dando una pequeña probada de aquel hombre, luego succionando con sus labios aquella piel que parecía pura perfección en ese momento y, finalmente, un leve y suave mordisco. Ni siquiera le importaba que su cabello estuviera siendo sujeto con firmeza, el dolor que quizás aquello le estaba provocando. Por el contrario, solo lo excitaba más, el pensamiento, la fantasía… Todo aquello era el éxtasis.

Emitió un quejido cuando lo soltó con brusquedad, su cuerpo se sacudió sobre el sofá, abriendo sus labios, sintiendo ahora las uñas que marcaban su pálida piel. Cerró sus ojos por algunos segundos al creer que iba a por su entrada y, sin embargo, jugueteaba con él. Sus ojos descendieron, ¿cómo siquiera era capaz de aguantar tanto su propia erección ese hombre? Su fuerza de voluntad era envidiable y, sin embargo, sus jadeos no cesaban cuando sentía los mordiscos en su piel, su propio cuerpo ser marcado desde a saber cuántas partes más. Elevó su mano sobre su cabeza. Sentía su propio fluido preseminal en su propio miembro, estaba soportando más de lo que quería admitir. De nuevo esa sensación que solo él estaba logrando. Ya no era solo sexo, ese hombre estaba logrando excitarlo como poquísimos a los que ni recordaba el rostro.

Sentía el leve escozor en su cuerpo, cómo apretó su propio glande. Su cuerpo tembló en un leve espasmo, dejando escapar de forma ligeramente más aguda un nuevo gemido, cerrando los ojos. Finalmente percibió la invasión en su propia entrada, arqueando la cabeza, dejando caer por completo su cuerpo en el sofá y abriendo sus piernas. Era incómodo, como recordaba, hacía mucho tiempo que no se había permitido utilizar esa entrada y, sin embargo, los dedos que lentamente lo habituaban y preparaban para lo que se venía parecía saber hacerlo, mimarlo a la vez que era brusco. Su mano se mantuvo entre sus ojos, hasta escuchar sus palabras, momento en que descendió su mirada, apartando ligeramente su mano hasta donde se encontraba su frente, solo revelando parte de su cicatriz como la misma y la expresión de placer que estaba hasta ahora.

[Imagen: gXLoXg7.jpg]
—¿Acaso intentas torturarme más para ver si el tamaño es el mismo o no?

Un nuevo gemido escapó de entre sus labios, apartando completamente su mano para aferrarse con firmeza a los laterales del sofá. Sentía la insistencia del movimiento de sus dedos, el pálpito de su propia erección gritando y, prácticamente, suplicando por una eyaculación.

[Imagen: bSxD1S8.png]
—Cherry…

Maldita sea, se sentía demasiado bien, no podía siquiera pensar en qué había estado haciendo desde la visita de aquel hombre, solo en lo bien que se estaba comenzando a sentir. Trató de buscar la mirada bajo la agitación de su cuerpo. ¿Los condones? Oh, cierto, los condones… ¿Dónde diantres los había dejado caer? ¿Dónde…? No esperó que fuera tan directo respecto a la posición y jadeó. Apretó su propia mandíbula, sintiendo que estaba por estallar, dejar salir el orgasmo. Sus ojos se abrieron de par en par en el momento que apretaba su propio miembro, evitando la eyaculación. Apretó los ojos, volteando la mirada en otra dirección, tratando de soportar el intento de súplica por dejar salir su primera descarga…

Pero como si hubiera escuchado su silencioso orgullo, los dedos fueron retirados como si fuera un castigo y de un momento a otro vio su propia cabeza casi rozando el suelo, siendo equilibrado por la mano ajena. Su ropa caía por ambos lados de sus costados, su pecho subía y bajaba, entre respiraciones agitadas y la sorpresa inesperada de lo que acababa de hacer el hombre. Posicionó su otra mano al frente por instinto, escuchando las palabras del pelirrosa. Sentía que estaba atrapado entre la espalda y la pared, sin opciones. No mentía, la desesperación ahora lo estaba matando y sabía que, si no daba una respuesta, solo podría ser peor.
[Imagen: Hfw1vzm.jpg]
—S-sabes cómo... lo prefiero… No me hagas más preguntas... estúpidas... haah...

Apenas su voz sonó en un susurro, ahora con sus ojos buscando con desesperación los preservativos que hubieran llegado a caer. Ni siquiera podía ver la alfombra del suelo, solo sentir el miembro rozar sus propias nalgas lo hacía perderse. La mano que palpaba el suelo temblaba, jadeando al sentir los dientes en su oído. Podía percibir su propio miembro apretarse en el sofá por la posición y él mismo inconscientemente mordió su labio inferior, olvidando aquel corte que el contrario le había provocado. Sus ojos perdieron la concentración al sentir el escozor de su labio, el sabor metálico de la sangre. Tembló en espasmos, apretando el puño libre. Para su propia sorpresa, no pudo más, la intensidad lo hizo eyacular una primera vez, apretaba su propia mandíbula, dejando caer la cabeza. El fluido se descargó manchando parte del sofá y su propio abdomen.

Él mismo jadeaba y, pese a que el semen se había descargado, la eyaculación no decía lo mismo. Mierda, estaba disfrutando ser tratado como la mierda por alguien más… y no podía pensar en más que aquello estaba siendo de lo más adictivo, y que necesitaba más. Incluso el pensamiento de sentirlo dentro de sí mismo lo envolvía como una ola de desesperación. No supo si era la lucidez de haber tenido la descarga, podía sentir su pene apretarse firmemente, todavía completamente erecto, mientras su mano volvía a palpar el suelo, hasta que sonó el toque de uno de sus dedos con uno de los preservativos que habían quedado. Lo atrapó cerrando el puño, temblando violentamente, jadeando. Él mismo movió también sus propias caderas, frotando sus nalgas con la erección ajena. —Agarra… el maldito… condón… — sus jadeos se intensificaban bajo la desesperación, usando el codo como apoyo y elevando el antebrazo, abriendo ligeramente el puño, tembloroso, usando sus dedos índice y corazón para revelar el encuentro de lo que había estado buscando y cumpliendo la petición ajena.


RE: Chance Encounters [Priv. Hyákinthos] [Past] [+18] - Hyákinthos - 20-09-2025

Cada gemido ajeno era la dulce melodía de un flagelo que complacía sus oídos y, por el contrario, contener sus propios jadeos le resultaba una tortura agobiante, una a la que no pudo someterse más por más fuerte que intentara parecer. Cerró sus ojos, abrió su boca y sonidos graves salieron de esta, gemidos que entrecortaron la oración que intentaba formular.
 
—N...no, la pregunta...no e...es hasta dón...de soy capaz de...de...ah...llegar yo, si no hasta dónde es usted capaz de lle...gar —. Una sonrisa maliciosa se extendió en su cara, después de todo, los retos le resultaban divertidos y podía tomarse las palabras ajenas como si fuera uno.
 
El mordisco en su cuello lo hizo estremecer, olvidarse por un momento que se supone que sería él quien marcara el ritmo. Estaban también las palabras y expresiones ajenas, una mezcla perfecta que funcionaba como combustible para hacerlo arder de deseo.
 
¿Cómo era posible que un hombre que se veía tan inalcanzable y serio estuviera regalándole esas expresiones?, ¿Cómo era posible que si quiera hubiera puesto resistencia cuando lo volteó para dejarlo en cuatro sobre el suelo?, ¿Cuál era la trampa? Tal vez solo fantaseaba, pero le parecía como si el pelinegro estuviera disfrutando más ese trato de degradación que el trato anterior… ¿Sería tan malo seguir tocando los botones? Sí, ahora tenía más curiosidad… ¿Qué tanto podría presionar?
 
—¿Lo sé? ¿En verdad crees que sé como lo prefiere? Nos acabamos de conocer —. Solo se hacía el estúpido mientras seguía con el vaivén de sus caderas, restregando su miembro en las nalgas ajenas cada vez con menos pudor. —¿Cómo podría saber algo? —Insistió en medio del movimiento y, de paso, aprovechando de llevar una de sus manos al cuello del otro hombre, apretando apenas la zona, sin privarlo del aire, pero solo para hacerle saber que podría hacerlo en cualquier momento, pero entonces…
 
Sintió el cuerpo ajeno temblar, la respiración acelerarse y los sonidos que delataban lo obvio…No, no solo los sonidos. Bastó con bajar su mirada para notar el desastre en la alfombra, el líquido blanco ensuciando el piso. Eso fue suficiente para que soltara una risa burlesca, mientras la mano que apretaba antes el cuello descendió para tocar el miembro del pelinegro, notando que, aunque estaba más flácido, tampoco es como si la excitación se hubiera ido del todo.
 
Acarició la entrepierna del pelinegro, luego lo apretó con más fuerza y pasó su mano sobre el semen, antes de alejarla para observar como sus dedos ahora estaban perlados por aquel líquido. Volvió a sonreír.
 
—Así que este fue su límite, se rompió muy fácil… ¿Tanto le gusta ser humillado de esta forma? —. Pasó su mano sobre el pantalón del contrario para poder limpiarse y tomó el condón que este le pasaba, uno que tal vez estaba arruinado por la manera en que el otro lo agarró, ya se daría cuenta cuando lo abriera. —¡Ah! No debería sostenerlo con tanta fuerza, si lo daña y no tenemos más…las cosas llegarían hasta aquí y…a diferencia de usted, yo no estoy satisfecho aún —. Examinó el pequeño empaque, aún parecía en buen estado, para su suerte, así que suspiró con alivio antes de mirar de nuevo hacia abajo.
 
—Apoye bien sus manos en el suelo…voy a soltarlo —. Valía la pena advertir, tampoco era un bruto; sin embargo, tampoco sería tan gentil ahora que había descubierto la aparente debilidad de Jin, así que apenas un segundo luego de haberle avisado lo que haría, soltó el brazo que sostenía al pelinegro y enfocó sus manos en abrir el paquete con el condón y colocárselo sin más demora. —Jmmm…parece que estamos de suerte, si me sirve…
 
Apenas terminó de hablar volvió a usar sus manos para someter al pelinegro. Jaló su cabello con fuerza para atraerlo hacia él y prácticamente sentarlo sobre su regazo. Su otra mano, en cambio, volvió al cuello ajeno, esta vez lo apretó con más fuerza, la suficiente para cortar parte del aire que buscara pasar por su faringe. Luego inclinó su cabeza para rozar el blanco cuello de Jin y, esta vez, sin aviso, dio un mordisco que dejaría marcados sus dientes en la piel.
 
Se separó cuando sintió su propia erección palpitar con ansia. —Si te tomo ahora mismo ¿Te correrías de nuevo con las mismas ansias que antes? —No iba a mentirse, tampoco podía aguantar mucho más, además, creía que la preparación anterior debía haber sido suficiente para el otro hombre, no sería necesario demorar más lo que ambos buscaban, aunque, solo por si acaso, la mano que sostenía el cabello negro de su amante improvisado bajó hasta su entrada y dos de sus dedos se entrometieron sin aviso alguno. Pasó unos cuantos segundos estimulando la zona hasta que el mismo jadeó por su propia lentitud.
 
No dijo nada. No hacía falta. Sacó sus dedos, dejó de sostener a Jin del cuello y ahora posó ambas manos sobre la cintura del otro hombre antes de alzarlo un poco y posicionar su propio miembro en la entrada. No fue el más delicado, ni se molestó en entrar muy despacio y, aunque no metió todo de una vez, buena parte de su intimidad quedó atrapada entre los músculos ajenos.
 
Gimió al sentir la estrechez contraria. ¿Hace cuánto no estaba así con alguien? No podía pensar en eso ahora, solo podía disfrutar el presente. Jadeó al moverse, acostumbrándose al espacio cálido que lo recibía, mientras que sus manos se aferraron más a la cintura ajena, apretando con fuerza para que sus uñas se enterraran en la piel y, de paso, para hacer que el cuerpo del otro hombre bajara hasta chocar con su pelvis.
 
—Mierda…Jin…—Una de sus manos se aferró con fuerza a la cintura ajena para que no se alejara demasiado mientras empezaba a marcar un ritmo que cada vez resultaba más brusco, algo que aprovechó para subir su otra mano y volver a ahorcar a su amante, ya no con la delicadeza de antes, si no con la misma intensidad que daba cada estocada, por supuesto, no lo dejaría caer en la inconsciencia, sabía muy bien el límite del cuerpo humano como para cometer un error así, por lo que solo volvió a sonreír satisfecho por este dichoso encuentro. —¿Sabes? Podría acostumbrarme a hacer esto más seguido…
 
Sus palabras salieron entre cortadas antes de salir del todo y volver a entrar, para luego repetir esa salía y mover el cuerpo ajeno a la misma posición que adoptó antes: en cuatro. Su mano dejó de apretar el cuello para ir a la cabeza y sostenerla sin gentileza contra el suelo, para luego volver a entrar en el pelinegro sin mucho cuidado.
 
Como dijo antes, podría acostumbrarse a hacer esto con él.



RE: Chance Encounters [Priv. Hyákinthos] [Past] [+18] - Onizuka Jin - 28-09-2025

Mordió su labio inferior, tratando por todos los medios mantener su compostura. Sabía que no podía quitarle razón a su acompañante nocturno, pero tampoco podía admitir que era cierto. Aún así, por otro lado, sabía que también lo hacía para seguir provocándolo más de nuevo. ¿Qué responderle sin verse tan patético? No quería que cesara, si lo hacía en ese mismo instante, probablemente se volvería loco. Apretó sus manos contra el suelo, su cuerpo temblando de desesperación.

[Imagen: XRvsGiz.png]
—Sólo… sigue haciéndolo así, maldita sea…

Podía sentir sus propias uñas arañar la alfombra, sus propias caderas buscarlo desesperadamente. Maldito fuera él y su condenado sadomasoquismo. Jadeó ligeramente al sentir la mano en su cuello, una vez más, con cierta insatisfacción, pensando que su respiración iba a ser cortada, aunque solo pareció ser un farol. Eso no hizo más que, lo que había perdido en su propia erección por la eyaculación, fuera recuperada nuevamente. Su miembro palpitaba, desesperado. Deseaba nuevamente seguir, pero tampoco quería suplicar, al menos no de nuevo tan pronto. Solo se vería como un tonto desesperado y no deseaba aquello.

Dejó caer su cabeza, emitiendo un gimoteo grave una vez más, con su frente pegada al suelo. La mano que ahora apretaba su erección lo hizo estremecerse, luchar por concentrarse y no perderse en las sensaciones. Aún así, nuevamente, salió a la luz su orgullo.

[Imagen: 50rjAKI.jpg]
—Yo no… no tengo límites todavía… Tengo más aguante que solo esto.

El rojo perlaba sus mejillas, incluso sus orejas mientras pronunciaba aquellas palabras, omitiendo la parte de “gustarle la humillación”. ¿Cómo admitir algo semejante? Dios… si su gente llegara a conocer ese lado suyo sería lo peor. Podía ver su propio vaho salir de entre sus labios por el calor que generaban ambos cuerpos y, por un momento, desesperado de haber cabido la posibilidad de haber roto el preservativo. No le hizo falta tampoco la advertencia de sujetarse, con su fuerza, un solo brazo era suficiente para mantener el equilibrio y, aún así, obedeció, ahora con ambas manos en el suelo, elevando ligeramente sus caderas para apegarlas más al contrario, que pudiera desesperarlo a él también. No quería ser el único con aquella sensación.

Su cabeza retrocedió hacia atrás ante el jalón, apretando los dientes. Sus manos apenas separándose del suelo y sus ojos fueron en su dirección en un jadeo, apretando los dientes. Trató de emitir un gemido, pero su respiración estaba siendo cortada, sus ojos comenzaron a perderse. La excitación, no sabía por fortuna o desgracia, estaba volviendo a incrementar severamente. Sus labios se entreabrieron, dejando entrever un hilo de saliva que descendía por la comisura de sus labios. Ni siquiera tensaba ya su mandíbula, su cuerpo reaccionaba a las sensaciones, su mordisco lo estremeció y, sus manos, trataron de reacomodarse en el sofá por la nueva posición. Mantenía un ojo cerrado y el otro abierto mientras escuchaba su pregunta, por el momento, sin respuesta. Trataba de buscar el escaso aire que le quedaba todavía y, sorprendentemente, todavía manteniendo su propio orgullo, lo miró de reojo en una sonrisa traviesa.

[Imagen: GQprQjB.png]
—¿Por qué… ughh… no lo… compruebas…?

Apretó nuevamente un ojo ante la nueva preparación. La sintió innecesaria y, aún así, se dejó hacer. Cierto era que hacía ya mucho que no había tomado a nadie desde allí… Pero un poco de dolor no le molestaba. Por el contrario, quizás incluso lo disfrutaría demasiado.

Comenzó a toser cuando al fin su aire fue recuperado, una de sus manos se posicionó en su cuello, mientras retomaba el aire lentamente, pero poco duró aquello. Sus ojos se abrieron de par en par, en un gemido ahogado, cuando sintió parte del miembro adentrarse en él. Sus manos se apretaron de nuevo en la tela, arqueando la espalda. El umbral del dolor y el placer era brutal, no sabía ni cuándo uno empezaba, o el otro terminaba. Era como si fueran uno solo.
[Imagen: PsDCXWd.jpg]
—Ch…err…y…

Su propio miembro palpitaba, igual de ansioso que el ajeno en su interior. Su propia mano apretó su propio miembro al sentir las uñas ajenas, su piel, pálida, dejaría unas marcas demasiado visibles para posibles futuros amantes después de tremendo espectáculo. Tosió nuevamente tras la liberación de su respiración, su rostro sobre ahora de nuevo la alfombra. Su cuerpo se sacudía, sus manos se apretaban ahora en el suelo de la tela, con sus uñas clavándose en la misma. La respiración era agitada, acompañada de gemidos. Estaba loco, sin duda, para disfrutar de semejante cosa y, aún así, no podía parar. No. De hecho él mismo trataba de mover también sus propias caderas, manteniendo como le era posible el vaivén que marcaba el pelirrosa, hasta que eligió utilizar su mano derecha hasta su erección, apretándola con más firmeza. No había querido eyacular tan pronto una segunda vez, pero aún así, allí estaba ahora, masturbándose con su propia mano, gimiendo con su tono grave, apretando más sus ojos y la propia mandíbula.

—Cherry… — sus ojos ya parecían perdidos, solo disfrutando de aquella mezcla de dolor, placer y humillación que hacía tanto tiempo que había dejado de sentir. —Joder… Hagamos esto más veces… Maldición… — comenzaba a perder su propio criterio pensativo, ahora solo dejaba arrastrar sus palabras en base al placer. Sus ojos habían perdido por completo la concentración, solo moviéndose por el placer que lo generaba. No recordaba que alguien lo hubiera estado dejando tan satisfecho, normalmente el sexo solo era un desahogo, una desconexión temporal pero… ¿aquello? Aquello era de los actos más intensos que había tenido. Ni siquiera recordaba cuándo fue la última vez que lo había disfrutado así, o siquiera que se hubiera planteado la idea de suplicar por más. Apretó más sus nalgas, su interior apretándose más y rodeando el miembro ajeno, arqueando ligeramente la espalda. —Justo… justo allí… No pares…


RE: Chance Encounters [Priv. Hyákinthos] [Past] [+18] - Hyákinthos - 03-10-2025

Límites.
 
Aguante.
 
Hacerlo más veces.
 
¿Orgullo?
 
Su mente se nubló y su cuerpo respondió a los instintos más básicos. No hacían falta palabras en medio de aquellas acciones, no cuando sus manos rasguñaban o se aferraban a la blanca piel ajena, no cuando sus caderas se movían sin mucho cuidado, no cuando lo único que hacía falta para comunicarse eran gemidos y miradas furtivas.
 
¿Cuánto tiempo más podían seguir así?
 
Cerró sus ojos, no pensaría en el tiempo, solo disfrutaría ese instante, a fin de cuentas, el presente es a lo único que alguien como él podía aferrarse.
 
***
 
¿Desde qué hora la negociación se transformó en un encuentro de placer?
 
El reloj en la pared no le decía nada, aunque marcara la hora, después de todo, perdió la cuenta de las horas, minutos y segundos que pasó en esa “reunión”.
 
Ahora su cuerpo reposaba sobre el sofá rojo, su rostro miraba el techo, aunque no lo veía, pues su brazo reposaba sobre sus ojos mientras que su boca estaba abierta, tomando todo el aire que necesitaba. Su rostro y su cuerpo estaba perlado en sudor y su cabello caía desordenado sobre el respaldar del sillón y ni qué decir de su ropa. Su gabardina estaba en algún sitio del suelo, su camisa estaba desabrochada y ajada, al igual que su pantalón, sus lentes…bueno, no recordaba que habían sido de ellos. Lo único que se molestó en ajustar bien y de regreso en su lugar, fue su ropa interior.
 
Intentaba ordenar su mente, darle claridad a sus acciones, todo eso mientras su temperatura corporal se ajustaba y una de sus manos acariciaba con delicadeza, contrastando su actitud anterior, el cabello negro de su amante de una sola noche. No pensaba preguntarle que le había parecido, mucho menos si le había gustado o no, tenía el orgullo y confianza suficiente para saber la respuesta a eso sin necesidad de escucharla y, de todos modos, ¿Para qué hacerlo? Sea lo que sea que el otro pudiera decir, se le olvidaría al día siguiente. Un pensamiento que, por primera vez en mucho tiempo, pareció afectarlo.
 
Quitó su brazo de su cara y movió su cabeza hacia el frente para poder contemplar el rostro del otro hombre. Centrándose solo en esa piel de porcelana, algo curtida por los años y por una cicatriz que adornaba su frente, una que, inevitablemente, acarició con sus dedos, preguntándose en secreto como es que el pelinegro la había obtenido. La visión de ese rostro delicado, pero de mirada fría y del cuerpo bien trabajado hizo que el pelirosa se estremeciera y deseara poder recordar al menos un poco de ese encuentro cuando llegara el día siguiente, pero…sabía que no sería así, que todo lo que pasó, cualquier cosa no profesional, se difuminaría en su mente como la niebla de desvanecía al salir el sol.
 
Suspiró, no por cansancio físico, si no mental y, aunque disfrutaba de ese silencio instaurado luego de haber terminado aquel dichoso acto, prefirió romperlo antes de que el tiempo avanzara, antes de que su memoria decidiera borrar la razón real por la que se reunieron.
 
—Así que… ¿Quiere que lo hagamos más veces? —Empezó mal, no es eso lo que planeaba decir. Volvió a morder su labio inferior, cayendo sin querer en esa mala costumbre que hacía que su boca luciera como si acabara de recibir un golpe y, cuando el sabor a sangre lo hizo entrar de lo que hacía, dejó de morderse para aclarar su garganta y volver a hablar. —Es decir…tal vez podamos vernos de nuevo, a fin de cuentas, antes de esto parecía convencido de querer trabajar conmigo…no de este modo, claro.
 
Se levantó del sillón para terminar de arreglar su pantalón y su camisa antes de agacharse para tomar su gabardina del suelo, no porque quisiera colocársela enseguida, si no porque de las pocas cosas “cotidianas” que podía recordar era que dentro de los bolsillos de esta cargaba un pequeño frasco con esencia de menta, un aroma que estaba precisando sentir en ese mismo momento, aunque, en medio de esa búsqueda se dio cuenta de algo más: en uno de sus bolsillos estaban sus lentes…lentes rotos.
 
—¿Eh? —Sacó las gafas transparentes solo para ver como una de las patas se zafaba de su lugar y caía al suelo. ¿En qué momento pasó eso? Parpadeó un par de veces procesando su pérdida y llevó sus dedos al puente de su nariz para masajearlo. Debía tener más cuidado la próxima vez… ¿Próxima vez? Increíble que asumiera desde ya que habría una próxima vez. —Jmmm…Jin… ¿Conoce usted una buena óptica? Necesito renovar estos…
 
Volvió a sentarse, había dejado a un lado sus lentes rotos y sacó de la gabardina el frasco de menta que buscaba en un inicio. Al abrirlo el olor se expandiría por la habitación, cualquiera con un olfato decente lo detectaría, pero no él…él tuvo que acercarse el pequeño frasco a la nariz para sentir al menos un poco de esa fragancia e inhalar con fuerza para que su nariz percibiera algo y así, calmar su mente, relajar su cuerpo y volver a centrarse en lo importante: negocios.
 
—Entonces, como le decía antes de…todo… ¿Qué le parece si mejor ve por su cuenta como trabajo? Dígame fecha y hora y tendré un buen producto a su disposición —. Su actitud volvió a ser la misma de antes: seria, centrada en su trabajo. Dejó atrás su versión más salvaje, incluso esos ojos que antes brillaban con malicia ahora brillaban con un interés meramente económico. —Después de todo, no me gusta hacer negocios sin que vean antes la calidad con la que trabajo, así ambas partes sabremos que es un trato justo. ¿No lo cree así? —Inhaló un poco más de la esencia de menta antes de dejarla a un lado y apoyar uno de sus codos sobre uno de los brazos del sillón, una postura confiada, como si supiera que la respuesta a su pregunta sería positiva.



RE: Chance Encounters [Priv. Hyákinthos] [Past] [+18] - Onizuka Jin - 07-10-2025

Los gemidos seguían. Él mismo se comenzaba a aferrar a la tela del sofá, dejando las marcas de sus propias uñas. Maldición… ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Horas? No lo sabía, solo podía escuchar la voz de Cherry, una y otra vez, en sus gemidos, algunas veces en su oído, otras con ligeros jugueteos que habían estado haciendo toda la noche. Siempre que terminaban, aquello continuaba con “una ronda más”. Y otra, y otra… En un inicio y con el lívido de Jin, no era difícil, pero a lo largo de las veces, las horas… ya estaba siendo demasiado. Las tres últimas ya era por puro orgullo, pero su cuerpo se resentía, sus gemidos ya habían llegado a lo alto. ¿Cuántas veces llevaban ya? Había perdido la cuenta.
[Imagen: 0FzDTpf.png]
—Ya… es suficiente… 

Su mano se posicionó entre su rostro y ojos, avergonzado y teniendo que romper aquel orgullo por un momento cuando escuchaba por una ronda más. ¿Cómo diantres no tenía freno ese chico? Se veía tan frágil que nadie diría que tendría semejante capacidad.

[***]

Ahora respiraba. No tenía ni fuerzas para buscar su propia ropa, solo sabiendo que estaría tirada por el suelo, arrugada. En algún punto habían terminado de desnudarse y ya ni le encontró sentido a buscarla ahora cuando sus propios muslos ya ni respondían. Ni hablemos de su cadera. Ese hombre era una fiera. Si tuvieran cama… ¿habría sido capaz de romperla? A saber. Cerró los ojos, no supo ni cómo, solo se había acomodado en los muslos del hombre. Su cabello estaba algo desordenado, la luz tenue ahora parecía estar más lejos, su pecho subía y bajaba hasta terminar de poder respirar.

Abrió los ojos por un momento, viendo al hombre que ahora acariciaba su cabello. Al igual que él y, aunque no conociera sus pensamientos, sabía que aquella había sido una de las mejores noches que había tenido en mucho tiempo. Por supuesto, lo repetiría. Quizás le recordaría que se conocían ya por aquella costumbre que todavía mantenía. Podía ver que incluso él respirar, al menos no era el único que se sentía de ese modo. Sus ojos se cruzaron por unos segundos, antes de volver a cerrarlos, recuperando un poco más el aliento. Por esa noche, le dejaría a su amante nocturno tocarlo un poco más, solo por haber podido aguantar más de lo esperado. Normalmente quedaba insatisfecho, o solo era algo automático, pero esa noche había sido impecable. Pudo sentir incluso los dedos pasear por su propia cicatriz. No es que la ocultara, pero no estaba acostumbrado a que tuvieran ese atrevimiento.

[Imagen: I1A29il.png]

Lo dejó por unos segundos más, abriendo poco después los ojos, con la mirada puesta en él. Un ligero silencio, con las miradas encontradas. No lo apartó de su cicatriz. —Queda extraño, ¿Verdad? — hizo una pausa, elevando ambas cejas, aunque fue divertido que empezara la conversación con algo que él mismo había pedido en el acto. Percibió entonces esa mala costumbre, de nuevo mordiéndose el labio inferior y, esta vez, fue él quien elevó su mano izquierda, apartando con su pulgar y con cuidado el labio de sus dientes. —No hagas eso. Es un desperdicio. — sus palabras sonaron suaves, sus ojos fijos en los labios ajenos, para luego volver a contemplar al hombre.

—No dudes que me gustaría repetirlo alguna otra noche. — se incorporó lentamente para darle el espacio y moverse, terminando por tumbarse en el sofá boca abajo, palpando para encontrar su tabaco aunque fuera cerca… ¿Dónde diantres estaban sus pantalones? Pero oh, ahora volvían a los negocios. Menos mal, no quería rollos largos de intentos de amor o mierdas así. Solo por eso, se sintió internamente agradecido de no tener que lidiar con algo así, que quedara claro desde el principio por qué estaban allí, pese a que se había divertido más de lo previsto. 


[Imagen: TD6mCro.png]
—No tengo problema con ello, Hyak. Hablaste de mostrarme mejor en el laboratorio, así que me agradará verte trabajar.

Sí, en ámbito profesional volvía a llamarlo por su nombre, así funcionaba él, separando el placer y lo privado de lo profesional. Su brazo siguió palpando el suelo en un segundo intento, hasta que encontró algo duro que reconoció. Su pequeña cajita de metal, donde guardaba de forma ordenada su tabaco. En su caso, necesitaba mantenerse un poco más. Sus caderas lo harían caer al suelo si se atrevía a ponerse en pie en ese momento. Encendió el cigarrillo en sus labios, aspirando el humo del tabaco calmadamente.
[Imagen: wNgbVkD.jpg]
—Trajiste producto interesante, los óvulos parecían en muy buen estado y, además, bien conservados.

Ahora sí, se atrevió a sentarse un poco en el sofá. Quizás fuera el mono del tabaco saciado el que le dio las fuerzas que le faltaban para poder sentarse. El humo del tabaco salió de sus labios, como un suspiro de alivio. Era como recargar energías, por irónico que pareciera. Lo vio tomar algo, y el olor a menta inundó por completo la habitación. Incluso él, con el olfato de un fumador, podía percibirlo desde la distancia, solo para ver cómo lo que vino después fueron los lentes rotos. Por supuesto, no esperó en absoluto la petición de una óptica, más a aquellas horas de la noche. Le resultó divertido, pasando su mano entre sus labios, retirando el cigarrillo por un momento y cubriendo su propia sonrisa divertida, llegando a toser un par de veces como consecuencia del humo que todavía residía en sus pulmones antes de sacarlo, disimulando así la risita que contenía. —No se preocupe, Hyak, tengo algunos de mis hombres que pueden ayudarle con las gafas, obviamente también conozco un par de ópticos que me deben algunos favores y podría despertar ahora para que le solucionen el problema, aunque posiblemente tarden un poco en llegar.

Ahora sí, tuvo las fuerzas para ponerse en pie mientras de nuevo el pelirrosa hablaba, tomando sus bóxers, poniéndoselos y luego sus propios pantalones, aunque por el momento omitió la parte superior. Su mano pasó por su cabello despeinado, pasándolo hacia atrás para volver a tener la sensación pulcra inicial. Igual que el contrario, su imagen se volvió a ver seria, impoluta y seria ante la negociación, acercando el cigarrillo entre sus labios. —Creo que en una semana estará bien, a la misma hora. Usted pone el lugar si tiene un laboratorio donde hacer su trabajo para hacerlo de la forma más cómoda posible y tener a su disposición lo que necesite. Me agradará ver qué conseguirá. De allí podremos decidir si está bien su trabajo o no. — cruzó sus piernas exhalando el humo del tabaco, con los ojos fijos en el contrario. —¿O quizás le parece demasiado pronto?


RE: Chance Encounters [Priv. Hyákinthos] [Past] [+18] - Hyákinthos - 12-10-2025

¿Desperdicio?
 
¿Qué es un desperdicio?
 
Su pequeño tic no es algo con lo que busque lastimarse, solo es una mala costumbre aprendida quien sabe cuándo, pero que nunca le ha hecho daño, además, aunque llegara a herirse con ello, él mismo conocía mil y un métodos que podía usar para curarse. Curioso le parecía que alguien más se preocupara por algo tan insignificante. Se encogió de hombros, sus motivos tendría el pelinegro para “preocuparse” así.
 
—Bien, que se repita entonces, tal vez la próxima vez pueda entrenar para no cansarse tan rápido —comentó de manera casual, con una voz que parecía la de alguien hablando con un socio de negocios y no con un amante fortuito. No buscaba herir su orgullo, tampoco hacerlo ver como menos, simplemente, expresó en voz alta lo que pensó…como muchas otras veces lo hacía, siempre sin medir las consecuencias de sus palabras.
 
—Sí, lo sé —. El tema de su próximo encuentro sexual había quedado saldado y, con ello, ahora venía el tema importante, lo que lo trajo a este salón VIP en primera instancia: el tráfico de órganos. —Siempre procuro que mis productos se conserven en excelente estado. Nadie me contrataría si no fuera el caso —. Volvió a tomar el frasco con la meta, el olor se le hizo ahora mucho más necesario y, con cada inhalación, el confort se instalaba en su cuerpo. El aroma hacía que su mente no divagara tanto, además, inconscientemente, le recordaba a algo o a alguien, nunca pudo decir el qué exactamente, pero su necesidad por sentir la relajación que le daba a su cuerpo era real, tanto como esa tos ajena que escuchó y que lo hizo fruncir el ceño.
 
—¿Sabe usted? Detesto a los fumadores…como producto, claro…son pésimos…la gente suele creer que el humo solo afecta los pulmones, pero es como un cáncer, su daño afecta otros órganos valiosos —. Alejó de su nariz el frasco de menta y bajó sus ojos para mirar el contenido, perdiéndose en el tono transparente del líquido. En su cabeza ordenaba sus palabras… ¿Cuál era la mejor forma de decir lo que tenía en mente? Sonrió al darse cuenta de que estaba siendo condescendiente… ¿Para qué maquillar la verdad? Levantó su cara para ver los ojos oscuros del pelinegro. —Que curioso…ese mal hábito suyo lo puede llegar a enfermar horriblemente, pero a la vez libra de gente como yo. Ningún traficante que se precie lo tocaría a usted.
 
Se levantó de su asiento y cerró el frasco de menta antes de empezar a arreglar su camisa como era debido, colocarse su camisa y peinar su cabello hasta que quedara como si nada hubiera ocurrido…bien, tal vez eso era pedir mucho, pero al menos tenía la decencia de intentarlo.
 
—¿Crees que puedo salir a la calle con esta pinta? —Esperó a una respuesta afirmativa de parte del otro hombre antes de tomar las gafas dañadas y meterlas de regreso en el bolsillo de su chaqueta, todo mientras escuchaba el comentario ajeno sobre la óptica. Parpadeó un par de veces antes de entender lo que decía… ¿Tardar en llegar? No, él no quería a alguien de inmediato. —Eso no será necesario, Jin…puedo esperar, mis lentes no son prescindible, son un mero adorno…con ellos pueden tomarme más en serio, pero mi vista es perfecta —. Pasó la mano por su cabello y dejó escapar una sonrisa de autosuficiencia…al menos su vista era un sentido del cual podía presumir.
 
—No, no me parece demasiado pronto. Lo contactaré usando un den den mushi o puede enviar a alguno de sus hombres mañana al mismo sitio en donde me encontraron la última vez —. En su consultorio, por supuesto. —Tendré lista una hoja con los detalles de nuestro próximo encuentro: fecha, hora y lugar…aunque le adelanto que tal vez sea a final de semana y en horas de la noche, si eso le parece bien —. Recogió su maleta, todo el negocio le parecía más que saldado por ahora, no tenía más que hacer ahí.
 
—Ahora, con su permiso, me retiro…fue un verdadero placer hacer negocios con usted, Onizuka Jin.