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RE: [Aventura T3][Presente absoluto] El final de un comienzo apoteósico - Alana Sahiba - 09-09-2025 Bailaba como podía entre los gigantes, esquivando rodillas y codos con la agilidad de quien ha aprendido a sobrevivir en sitios donde nadie te ve pero todos te pueden pisar. Y justo cuando empezaba a dejarme llevar por el calor de la pista, una voz llamó mi atención. Había tanto ruido que tan solo la voz de alguien conocido era capaz de sacarme de mi trance. Rosse. Solo él era capaz de ser tan extravagante. Me sacó una sonrisa al verle tan natural, tal y como le había conocido, brillante, despampanante. Sabía que ese no era un motivo para confiar, que la gente tiene motivos ocultos, que la gente te traiciona. Aún así, la sonrisa no desaparecía. No hasta que… “¿Chavala? Es un pavo, tío. Ahora te molan los pitos”. El escándalo cortó el ritmo. Un insulto. Una carcajada demasiado estruendosa. Mi instinto fue inmediato; no bailar, no beber, sino escuchar, vigilar. Las risas, los empujones, el odio disfrazado de chiste barato. Me deslicé cerca del grupo que cuchicheaba, invisible como una sombra entre las sombras. Mi cuerpo se tensó. No porque temiera a los matones (aunque cualquiera con dos dedos de frente lo haría), sino porque entendí la dirección de aquel odio. Los vi moverse como una manada de hienas hacia la barra, donde Rosse, brillante, bebía como si fuera dueño del lugar. Con un movimiento rápido, o más bien con un salto veloz, me escabullí de la pista, caminando por debajo de las mesas y entre los pies de los asustados. Me abrí paso hasta el corrillo y, antes de que el ruido lo engullera todo, trepé por la barra, después por la ropa de Rosse hasta quedar a la altura de su hombro. No sabía qué iba más rápido: si mi corazón o yo misma. Di un golpecito en su mejilla con descaro y urgencia, por si no terminaba de llamar su atención. — Te quieren hacer picadillo, big star —le susurré sin perder la sonrisa, como si estuviera comentando el precio de una copa. Replicar algunos de los apodos que él utilizaba con él mismo, adaptados, se había vuelto tan natural como respirar—. Te has puesto en el centro del espectáculo, darling, felicidades… —que, por otro lado, supuse, era algo que disfrutaría. Señalé con el mentón, discreta, hacia el grupo que ya se acercaba. Lo que no esperaba era que, a su paso, llegase el héroe en escena. ¿Rosse había levantado pasiones que ahora le defendían? Aunque no me salía a cuenta la proporción de… uno, dos, tres… ocho, nueve, diez… He perdido la cuenta. De más de diez frente a uno. Y aún así, no pude evitar sonreír. Parte de mí quería ver cómo salía del lío; otra parte, contra todo pronóstico, quería que saliera vivo. Viendo al nuevo peleando, no esperé más. El corrillo se cerraba y el aire se tensaba. Yo ya había visto demasiados hombres queriendo demostrar su hombría a puñetazos y seguía sin ser un espectáculo que me gustase. Salté del hombro ajeno al suelo como un proyectil y, antes de que uno de esos matones terminara de escupir otra risa, me sumé en combate cuerpo a cuerpo al nuevo, soltando golpes en las espinillas y obligándoles a caer de rodillas al suelo. Sentía el movimiento de otros intentando atraparme. Capturar a un saltamontes de quince centímetros es sencillo si se queda quieto. Le subí trepando por el brazo y le estampé un cabezazo en la nariz, con la intención de romperle el tabique. Y así, uno a uno, intenté bajar el número de enemigos que teníamos frente a nosotros. Me movía rápido, a la par que me cansaba rápido. Usando mi tamaño, me movía entre las piernas, por debajo de las mesas, saltando de un taburete a otro, no todo es golpear de frente, dicen. ¿Habían intentado pisarme de forma deliberada? No lo tenía claro. Solo sabía que todo eran hostias como panes. Desde abajo, desde arriba, desde cualquier ángulo. La pista de baile se convirtió en un caos, y entre el ritmo y los gritos solo podía pensar en ayudar a mi compañero. — ¿Qué pasa, gigantes? ¿Os da miedo una muñeca de bolsillo? —en aquel momento era más adrenalina que persona, actuaba más que pensaba. Lo siguiente que recuerdo fue tirones de oreja traicioneros, codazos de catapulta, mordidas sorpresa, codazos en la nuca y golpes en la entrepierna, tomaba botellas vacías del suelo, las giraba como mazas diminutas y las usaba para distraer o golpear en la cabeza de algún despistado. ¿A cuánto había intentado noquear? ¿Ocho, tal vez? Atacar a alguien que solo busca disfrutar de la noche debería estar penado por ley en Samba, pero dado que no lo está, solo queda impartir justicia propia y en este caso, proteger a mi compañero.
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RE: [Aventura T3][Presente absoluto] El final de un comienzo apoteósico - Rosse Bellecour - 09-09-2025 La copa aún me quemaba en la garganta cuando el aire cambió, honey. El murmullo se volvió cuchicheo, el cuchicheo rugido, y en menos de lo que dura un pestañeo de pestañas postizas, me vi rodeado por veinte cavernícolas con cara de no haber probado perfume en sus vidas. A mi alrededor, la gente se apartaba, los murmullos repetían “Reena boys” como si se tratara de monstruos salidos del mar. But please, darling, no había monstruo que pudiera eclipsar a la estrella que soy yo. El que parecía líder, un niñato con cuchillo oxidado y aliento a ron barato, me gritó unas cosas que no me gustaron para nada, pero que va, no importaba demasiado Darling. — Oh, honey, “what I am” es lo único por lo que jamás pediría disculpas. — Sentí una sonrisita abrirse en mis labios pintados, y me apoyé de codo sobre la barra, cruzando una pierna como si estuviera en un show de moda. —Ay, cariño, Si buscabas espectáculo, viniste al lugar correcto. I don’t apologize for being fabulous. — La tensión podía cortarse con cuchillo, pero yo nunca dejo que nadie controle el guion de mi show. Lancé un beso al aire, un flying kiss, que según mis ojitos rebotó de uno a otro hasta estrellarse en la frente del matón, pero él lo tomó como insulto, claro, pero yo sabía que ya lo había marcado, honey, un beso mío es maldición y bendición. Y entonces, ¡cha-cha-chaaan!, el drama subió de nivel. Entre el grupo de bárbaros apareció un chico ágil, moviéndose como tiburón entre la multitud. Se plantó detrás de ellos, y con voz que rasgaba como guitarra eléctrica, gritó como todo un guerrero fieroso. — Oh my God, I have a knight in shining chaos. — Mis ojos brillaron como dos rubíes al ver cómo ese desconocido, convertía la violencia en coreografía, un cabezazo, crack en la nariz, y luego una patada directa a las joyas de la corona del matón, oh honey, hasta sentí compasión por las pelotas del pobre. Casi. Yo aplaudí como si estuviera en Broadway. —Bravo, cariño, BRAVO! Show them how it’s done! —reí con fuerza, dejando que mi voz se elevara por encima de la música, porque si hay sangre en la pista, al menos que sea un baile digno de recordar y justo cuando pensaba que mi público era perfecto, sentí un golpecito en la mejilla. Giré el rostro y ahí estaba ella, mi pequeña estrella, mi pocket-queen, Alana. Escalando por mi ropa como si fuera una torre humana, con esa mirada feroz y esa sonrisa traviesa y susurró en mi oído unas palabras que me hicieron reír. Yo solté una carcajada que hizo temblar la barra. —Ay, mi mini-darling, ¡que me maten entonces, pero que lo hagan con ritmo! If I die, let it be fabulous. — Ella saltó al suelo y se lanzó a repartir golpes como si fuera un duende vengador. Codazos, mordiscos, botellazos diminutos. Oh honey, estaba maravillado, entre el desconocido que desde ahora será mi admirador rompiendo huesos y Alana atacando como una mini bala, parecía que había contratado a mi propio cuerpo de baile de guerra. Pero yo jamás soy solo espectador. Me incorporé despacio, con una sensualidad calculada, levantando la copa vacía como si fuera un cetro. Caminé entre los Reena boys con una seguridad obscena, rozando brazos sudorosos, pasando mis dedos por los pechos tensos de los matones. —Touch, darling, feel the blessing of my hands. — algunos se estremecían de deseo reprimido, otros de pura rabia. El primero que se me abalanzó recibió mi palma en su cara, un bofetón tan sonoro que hasta la música pareció callarse un segundo. —Eso es por faltarme al respeto, honey. Never underestimate the power of a queen’s slap. — El segundo me atacó con una navaja, pero con un giro de cadera, esquivé el tajo y, darling, le planté un beso en la mejilla antes de hundirle la rodilla en el estómago, el pobrecito ayó de rodillas, confundido entre la humillación y el dolor. —Ay, cariño, te falta práctica, pero tranquilo, yo enseño clases privadas los jueves. — El tercero quiso sorprenderme por la espalda, pero ahí estaba Alana, saltando desde mi hombro directo a su cara, clavándole un golpe en la frente que parecio mas bien un tren sin frenos y en ese momento no pude evitar soltar una risa exageradamente alta —¡Jusususu, Jusususu!—, la carcajada retumbó como campana de carnaval. La pista de baile era puro caos, cuerpos cayendo, vasos rotos, luces girando. Mi admirador se movía como huracán, Alana como rayo, y yo como estrella de fuego y entre cada golpe, entre cada grito, yo seguía coqueteando, guiñando, lanzando besos venenosos, fight, but make it fashion, honey. Uno de los Reena boys, el más grandote, alzó un banco para destrozarme. Oh honey, big mistake, toqué con dos dedos mis labios y levanté la mano al aire con la gracia de una diva al final del show, y de ese gesto en mis labios salió un beso que explotó en destellos amarillos, sparkles everywhere, honey. Ese único beso se fragmentó en decenas de luces ardientes que descendieron sobre los siete pobres diablos que todavía creían poder conmigo y bueno, muchos otros civiles que realmente no me importaban mucho, intentaron cubrirse con cuchillos y botellas, pero cada destello los atravesaba como flechas de miel candente, quemándoles la piel, sus ojitos ahora parecían tristes, y lo mejor, rompieron su frágil confianza en segundos. Me giré, con el maquillaje intacto y el corazón ardiendo. —Darlings, ¡esta es la fiesta que merecemos! This is the real samba: fists, kisses, and glory. — Alcé los brazos, bañándome en el caos como si fuera confeti. Y con voz alta, clara y seductora, declaré al mundo, o al menos a todo el que pudiera escucharme con todo este caos. —¡Yo soy Rosse Bellecour y sere el capitán de los Piratas del Cabaret! ¡Quien me toque, pagará con sangre y con deseo, honey! JUSUSUSU, JUSUSUSUSU—
Resumen
Belicozo o Delicioso?
RE: [Aventura T3][Presente absoluto] El final de un comienzo apoteósico - Sigurd Haakon - 11-09-2025 El problema de las zonas super pobladas es que la probabilidad de que te toque un idiota por metro cuadrado crece exponencialmente. Y eso es lo que ha sucedido en esta sala clandestina de fiestas. Por un lado tenemos a los agentes de gobierno, con el ego inflado y con aires de superioridad moral. Sin embargo, la Oni demuestra quién manda y no se deja intimidar por cargos políticos. Ni corta ni perezosa, se levanta imponente y, con total naturalidad, descarga un ataque fulminante sobre la mujer que la increpa. El impacto es tan salvaje que le hunde el talón en el cráneo y el rostro contra la mesa. La mujer fallece en el acto, y la reina se vuelve a sentar en el trono. Como quien no ha roto un plato, alza su bebida y pide un brindis por la isla. A su lado, el compañero queda paralizado ante lo que acaba de suceder. Pero antes incluso de que pueda pedir auxilio o contraatacar, una aguja se le clava en el cuello. Ya no solo es la sorpresa del ataque, si no lo atroz del dolor. De la garganta empieza a salir una fuente de sangre y se doblega de rodillas, aterrado. ¿Quiénes son tan osados como para matar a agentes del Gobierno Mundial? ¿Acaso esta gente no es consciente de las consecuencias? El mink, más precavido se junta con la Oni, viendo el gran potencial de la misma. Intenta convencerla de marcharse, pero la realidad de la diva es algo que va en contra de escapar. Y lo peor no es este homicidio contra oficiales. Sino la tremenda batalla campal que se está montando en mitad de la sala, entre la barra y la pista de baile. Los matones de Reena están siendo eliminados por un trio de individuos llegados de ninguna parte. Cada uno más extravagante que el anterior. El que salta primero no lo hace por defenderse, sino por defender. Un héroe anónimo que habla solo, pero que no duda en castigar lo que ve injusto. Al tifón de ostias se suma una diminuta tontatta. Esta ya conoce a la persona que rodean los abusones, así que, dejando de lado su carácter pacífico, no duda en plantarse en medio del conflicto y bajarse a varios muchachos. Y poniendo la guinda sobre el pastel, culmina Rosse en un alarde de poder sin parangón. Como una estrella (literalmente), proyecta un ataque luminoso sobre los enemigos restantes, que son abrasados y perforados por haces de luz penetrantes. Un espectáculo macabro que deja a los tres piratas como claros vencedores del encuentro. Luz, fuego y destrucción. Aquellos que han buscado el conflicto han salido escaldados de la peor manera posible. Los más afortunados se han llevado un tirón de orejas o una nariz rota. Los que menos, han sido calcinados o se les ha abierto la cabeza de un golpe. Nuestros protagonistas han salido ilesos y victoriosos, pero lo peor está por llegar. La gente de los alrededores está aterrada. Ya no suena música en la sala y todos están escondidos en las esquinas o paredes, alejados del peligro. O eso creen. Los más astutos y cercanos a las puertas de salida, han sido capaces de huir. Pero la mayoría, incapaz de moverse por miedo, está expectante de lo que vais a hacer. Ahora la pista está vacía, solo están Rosse, Alana y Ryuu en ella. Y un mosaico grotesco de personas abatidas o directamente quemadas. La zona VIP también es un cementerio en comparación a lo que era antes. Ya nadie juega, habla o trapichea. Viendo como el dúo del mink y la oni han acabado con la antesala de alguien poderoso que está por llegar, temen lo peor si se atreven a abrir la boca. Pasan unos minutos. Todos siguen alejados de vosotros y buscando la forma de esconderse, viendo lo que hacéis y lo que decís. Sois los dueños de la sala por el momento. Y es entonces cuando se escucha la puerta de entrada. Alguien se ha atrevido a pasar.
DaSilva Robingo, Contramaestre
-¡Filhos da puta, la que habéis liado aquí! HAhAhahA... Bien...- suspira. Lanza la calabaza para atrás y bosteza. Una vez se frota los ojos con la mano seca, se le borra la sonrisa y os lanza una mirada asesina. -Me habéis fastidiado la party, motherfukers. ¡¡¡Estáis todos detenidos!!!- Ante vosotros, DaSilva Robingo. Contramaestre y exponente de la Marina actualmente en Isla Samba. Un rival formidable que aspira a llegar alto en el ejercito. No os piensa dar tregua, no se plantea el dejaros escapar. Se os presenta un desafío inmenso. ¿Cederéis ante semejante presencia?¿Seréis capaces de coordinaros para plantarle cara?¿O buscaréis la forma de escapar y salir indemnes de esta? El futuro de los piratas Cabaret depende de esta
decisión. El rey de la fiesta se presenta ante vosotros .
Datos de interés
RE: [Aventura T3][Presente absoluto] El final de un comienzo apoteósico - Alana Sahiba - 14-09-2025 El ambiente ya estaba cargado de tensión, mas no fue solo la malvada banda de gigantes la que había estado molestando. Un poco más apartados del centro, más cerca de la barra, también había bullicio, un bullicio que tampoco invitaba a la gente a bailar en la pista. Pronto todo quedó en silencio, y tan solo estábamos cinco personas en pie, lo cual era bastante poco teniendo en cuenta el lugar en el que estábamos. Éramos el salvador, Rosse, yo y dos más desconocidos. Pronto el marine apareció y el aura de la sala se tensionó más. Con DaSilva (maleducado, no se había presentado) plantado en el centro como si fuese dueño del lugar, dos sombras menores a su lado que intentaban parecer fieras aparecieron. Típico de la Marina: no preguntar. Y yo no era tan ingenua: no era buena idea quedarme a la vista. Casi como si fuera mi casa, volví al hombro de Rosse, escondiéndome recelosa tras su cuello y sus cabellos, sin pedir perdón ni permiso— Mantén la vista arriba… que abajo ya me encargo yo —murmuré, ladeando apenas la cabeza para que solo él lo oyera—. Y no pestañees, que igual te pierdes el detalle. Y entonces me moví. No un salto ruidoso ni un despliegue heroico, sino un deslizamiento preciso gracias a la ropa de Rosse hasta el suelo. Dejé caer mi cuerpo con la ligereza de una hoja seca, cayendo hacia el suelo justo cuando la atención general parecía seguir fija en el pecho inflado de DaSilva. A ras de suelo y aprovechando el camuflaje de mis ropas, avancé como sombra diminuta hacia el primero de los acompañantes. En ese silencio tenso, mi guante se alzó lo justo, y con un golpe seco en la espinilla intenté hacerlo tambalear. No hubo estruendo: solo un crujido. No me detuve. Usando el impulso, giré sobre mí misma y me escurrí bajo las piernas del segundo para actuar igual, con rapidez y sigilo, cual ratón escabulléndose entre las piernas de los más grandes. Pobrecillos. Le estampé el guante con toda mi fuerza igualmente en el tobillo. Un golpe seco, contundente, de esos que hacen crujir huesos y expulsar aire de golpe en un gemido de dolor. Me quedé baja, alerta, dispuesta a seguir moviéndome. No esperé a ver la reacción de ninguno: sabía que en un lugar como este, un instante de duda podía costar caro. Busqué el objeto grande más próximo a mí para esconderme, una mesa o una silla, si es que aún tenía tiempo, o algún buen samaritano había conseguido darme tiempo distrayendo a DaSilva; al fin y al cabo nadie mira dos veces al ratón cuando hay un tigre en la sala.
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RE: [Aventura T3][Presente absoluto] El final de un comienzo apoteósico - Varoganchin - 15-09-2025 Mis palabras se diluyen en el aire. No por la música estridente ni el bullicio de gente disfrutando. Lo que hace que mis palabras pierdan fuerza fue la seguridad de aquella chica, que en ningún momento aparenta otra cosa que no sea seguridad en si misma. Su gran tamaño no choca para nada con su belleza, pero lo que le había visto hacer unos instantes atrás la convertían en un arma afilada, mucho más de lo que promete ser su cuerno. Me inclino hacia el agente que permanece arrodillado ante nosotros y aprovecho su temor para golpearlo de nuevo, no con mi arma, la cual ya había recuperado su lugar dentro de mi chaqueta, sino directamente con mi puño, en un intento de inutilizarlo, pero sin cargar sobre mis espaldas una nueva baja. Aún no tengo asegurado salir de aquí con aliados, y mucho menos no ganarme nuevos enemigos, así que no quiero que asciendan a algo más que robo y agresión. Bueno, y seguramente huida de la justicia.
El cuerpo del hombre cae con aspecto de haber perdido las fuerzas. Está consciente, pero seriamente dañado, por lo que creo que no será una amenaza hasta que lo vea algún médico. Me giro hacia la chica del vestido morado y vuelvo a insistir. -Rápido, estos sitios los frecuenta gente peligrosa. Debemos marcharnos. Termino de pronunciar la última frase y entonces soy consciente de que la música ha sido envuelta por las voces de diferentes personas. Un ruido muy característico: gritos de gente que huye despavorida, vasos y botellas que se rompen contra el suelo y contra algo que produce un sonido sordo, golpes y más golpes. Giro mi mirada hacia la pista de baile, pero la danza que me encuentro es distinta de la que esperaba. Los bailarines de antes corren para alejarse del centro de la escena, en la que dos figuras se están enfrentando a unas caras que me resultan familiares; los Reena Boys. Pensé que después de lo ocurrido unas noches atrás no tendrían más ganas de meterse en líos, pero estos pobres desgraciados parece que no son bueno para otra cosa. Y parece que el resultado será el mismo. Uno de los chicos derriba a algunos de ellos en un alarde de no importarle mucho el contenido de su cabeza, pues la usa como arma. Observo detenidamente mientras me acerco hacia las plataformas, buscando una zona desde la que observar y que me aporte algo de cobertura, un sitio donde no me detecten tan fácilmente. Me resguardo y veo una nueva sombra, pequeña, muy pequeña, pero sin duda con gran fuerza, porque va derribando enemigos a su paso. Tal vez se trate de algún mink ratón, aunque nunca había visto uno tan pequeño. Pero sin duda, mi atención la capta el tercero de estos individuos, alguien en quién ya había fijado mi vista con anterioridad. La "estrella del espectáculo". Y eso es justo lo que parece ser, pues va derribando rivales con una mezcla de danza, provocación y destreza. Y como todo buen cabeza de cartel, tenía un truco final bajo la manga. Se lleva los dedos a los labios, y lanza un beso al aire, como si se estuviese despidiendo. Sin embargo no era él el que iba a irse de allí. El beso se desprende de sus labios y alza el vuelo, para desfragmentarse en decenas de haces de luz que caen sobre sus enemigos calcinándolos. Las flechas los atraviesan como si la carne no mostrase resistencia a su paso. Bueno, su carne y la de algunos de los que aún no habían huido de la pista de baile. Un espectáculo macabro y hermoso a la vez, como si hubiese sabido plasmar la belleza y crueldad de que consta la vida en una obra de arte efímera. Demasiado llamativo para mí estilo, pues está gente parecen atraer los focos sobre ellos. Pienso que no sería lo adecuado para mí, ya que muchas miradas acaban trayendo problemas, pero también recuerdo que detrás de un gran foco, todo son sombras. Sí ellos captan la atención, yo podré seguir pasando inadvertido. La escena ya se ha detenido, la gente ha huido y yo, tomó una decisión sin apenas ser consciente de ello. -Bonito espectáculo! Y un gran colofón final. Enhorabuena -digo con una seguridad que me extraña a mi mismo, como si la acabase de adquirir recientemente-. Pero un gran show atrae muchas miradas. Seguro que no tardan en venir pidiendo un segundo pase. Es más, me apuesto 100 berries con alguno de vosotros a qué esto se llena de marines antes de que podamos huir de aquí. Quedo esperando su respuesta, con ansia por ver si huiremos de aquí juntos y porque, para que negarlo, ya me apetecía jugarme un puñado de berries. Tantas noches escondido no me han servido como limpieza, sino para agrandar esa necesidad. Y la apuesta pronto tiene un resultado. Unos pasos resuenan desde la puerta y mi cuerpo se tensa al ver quien aparece. Parece que la ruleta del destino no está de mi lado esta noche, pues me manda recuerdos de una apuesta fallida. DaSilva. Avanza hasta el centro de la pista, acompañado por dos agentes como los que guardaban la mesa. En ese momento comprendo el lío en el que me he metido por acompañar a la chica enorme que se encargó de una de ellos. Robingo muestra la misma mirada que me estremeció la vez que nos conocimos, esa misma que hace que cualquiera crea hacerse pequeño, una mirada que acompaña a sus palabras en la misión de dejarnos claro su descontento. Ve la escena y no se para a preguntar qué ha pasado. Simplemente nos dice que estamos todos detenidos. Aún no me he atrevido a reaccionar cuando la pequeña mink ratón se lanza hacia delante. No sé qué pretende, pero si DaSilva la atrapa será la ultima vez que pueda salir de fiesta, de eso estoy seguro. En el momento que la veo saltar hacia delante salgo de mi cobertura desde el lateral de la sala y grito hacia el Contramaestre. -Eh, DaSilva! Cuanto tiempo? Qué te trae por aquí? No entiendo cómo he sido capaz de intervenir, de llamar sobre mi la atención de una bestia como él. Será que tantos días encerrado me han hecho perder la cabeza? Seguramente sea así, pero no podía dejar que atacase a la mink. Noto que mis piernas tiemblan, pero no puedo dejar que vea mi miedo, ni que me pille desprevenido. Está vez no. Cruzo mis brazos sobre mi pecho, con la intención de aparentar seguridad. Sí me muestro débil, será mi final.
Contenido Oculto
Veo como la pequeña se hace cargo de los dos agentes, que solo pueden emitir un crujido al caer desfallecidos. -Viniste a bailar, Robingo?
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RE: [Aventura T3][Presente absoluto] El final de un comienzo apoteósico - Mercedes Benz - 15-09-2025 El aire en el antro me llegaba denso, cargado de olor a ron, sudor y luces que me rebotaban en las pestañas. Cuando él entró, lo vi; lo miré con la calma de siempre, porque yo no me dejo impresionar por trajes ni por calabazas colgando. Mi memoria guarda detalles como fotos, las rastas, la forma en que la bebida le brillaba en la barbilla, el corte del traje, todo apuntado sin esfuerzo. Me puse en pie despacio, dejé que la bufanda morada me marcara la silueta y que el vestido hiciera su trabajo, llamar miradas, esconder intenciones, mis botas rozaron el suelo pegajoso y la música se me fundió con la sangre en las venas, di unos pasos hacia el centro hasta quedar frente a DaSilva, contando con la precisión de quien sabe lo que hace cada parte del cuerpo, no había prisa; había decisión. Acercarme a él fue un ritual lento y seguro, no grité, no hice aspavientos; avancé con la naturalidad de quien va a encender un fuego porque quiere comer y no porque tenga miedo de la oscuridad, tenía el vaso aún caliente en la mano, sentí el ron como un calor conocido que me llenaba el pecho y me recordaba que mi cuerpo aguanta lo suyo, la borrachera acostumbrada no es una debilidad, es compañía fiel. Me coloqué a una distancia que calculé con cuidado, no muy cerca, lo justo para que la pierna hiciera su trabajo con espacio y sin estridencias. Miré a los ojos del lugar, a las paredes, a las luces, como quien evalúa el escenario, respiré hondo; la inhalación llenó el estómago y me dio la calma precisa para que el movimiento saliera limpio, mi exceso de confianza no fue alarde, fue espectáculo. Sin dudar, levanté la pierna, no la lancé en abanico ni jugué a aparentar pegada, fue una patada frontal, directa y seca, de frente. El talón buscó el punto que yo había decidido segundos antes, el sonido del impacto me llegó claro, como un corte seco en el aire, y el sabor del ron se mezcló con la electricidad del momento, para mí fue un acto medido, contundente, demostrativo, sin intención de prolongar la violencia más allá de lo necesario, mi pierna volvió a bajar con el mismo control con que se había alzado. Mientras bajaba, mantuve la postura erguida; no retrocedí ni avancé, quedé plantada, mi respiración era medida, la bufanda ligeramente movida por el gesto, me gustó la exactitud de la maniobra, firme, coreográfica y eficaz. No busco matar ni rendir santos; busco marcar la línea que nadie debía traspasar aquella noche. Observé con los ojos expandidos el panorama que seguía ante mí, movimiento, ruido, una ola de energía que se partía en mil y mil reacciones posibles, sentí en la piel el cosquilleo propio de cuando sabes que has hecho lo que debías, no me moví a perseguir ni a rematar, la patada fue la declaración, y las declaraciones se sostienen por sí solas. Apoyé la mano libre en el borde de la mesa como quien firma algo, y di un sorbo pausado al vaso. El ron bajó caliente, y la calma que me devolvió fue dulce. Dejé que la risa saliera de dentro, esa risa que no pide permiso. —WUAWUAWUAWUAWA— No iba a ser detenida. No habría esposas sobre mis muñecas ni manos que me apartaran del sitio en ese instante.
Belicozo
Resumen
RE: [Aventura T3][Presente absoluto] El final de un comienzo apoteósico - Rosse Bellecour - 17-09-2025 La gente de esta isla tiene la mala costumbre de convertir cualquier velada en mi escenario favorito, sangre, luces y drama en la misma medida. Vi el talón hundirse en la mesa, escuché el crujir del cráneo como un tambor roto y no pude evitar una pequeña sonrisa helada; la Oni no anduvo con cuentos. Oh my, what a finale. La habitación entró en pánico, y entre humo y cristales rotos se armó una danza que hubiese envidiado cualquier directora de escena, mi admirador aullando y reventando narices como quien marca el compás, La oni pasando la línea con una patada medida y preciosa, el mink tejiendo sombras y dejando inconscientes a los que olían a problemas, y mi pequeña Alana, diminuta y letal, moviéndose como una sombra que muerde, Brilliant, my troupe. Just brilliant. No vine aquí a ser heroína anónima, vine a ser estrella y refugio, y lo que vi me confirmó una cosa, estos tienen que ser míos, al menos por esta noche, al menos durante mi tiempo aquí, miré cada rostro, detrás del miedo vi coraje, y detrás del coraje vi potencial para algo más que mera supervivencia. We make our own family, Darling, Por eso, con la cadera apoyada en la barra y la copa aún caliente en la mano, les hablé bajo, en voz que solo ellos oyeran, —Sean quienes sean ustedes les propongo salir juntos de esta isla en cuanto baje la marea, vengan conmigo, formaré la tripulación pirata más colorida y temida de todos los mares, no seremos solo un barco, Darling, we will be an eternal party. Necesito quien pueda cocinar para nosotros, cocinar banquetes; también quien quiera explorar las pistas y open the doors to the secrets of the world; quien lleve la brújula y nos consiga rutas que nos lleven al oro; por supuesto necesito quien cure nuestras heridas— No era petición, era oferta envuelta en terciopelo. one crew, one show, endless nights. Pero la noche se partió en un segundo al escuchar la puerta. Entró él, era claramente un marine, rastas negras, traje blanco con toques azules, una calabaza ridícula en la cadera y la sonrisa de quien confunde temor con respeto. Lo observé pasar, bebiendo de su bota-cáliz con la indiferencia de quien pisa el set de otro. Fue cuando sus ojos se posaron en la escena que algo me heló la sangre, no veía solo autoridad, veía cierto hombre afilado, esa frialdad que no se compra con rango. Danger, honey. Very wrong theatre, su mirada me dijo que no era un simple matón, era una bestia de corbata. No me tembló la pluma o el tacón, conozco mis armas y mis límites, y conozco mis habilidades, sé cuánto puedo estirar mi luz sin quemarme a mí mismo, supe que detenerle con palabras sería tan útil como pedirle al mar que deje de moverse, así que lo hice a mi manera, theatrical, fast and lethal in precision. Tomé aire, y en un movimiento que fue mitad coreografía mitad luz, me lancé hacia él con la velocidad que mi Akuma me concede, Blink and you’ll miss it, darling. Estando solo a un metro frente a él sonreí, porque incluso en combate me corresponde lucir. Transformé mi brazo derecho en pura luz con un gesto coqueto, mis dedos brillaron como si lanzara confeti, mi piel dejó de ser piel y se volvió corte de plata, extendí ese brazo-luz y, con la punta de mis dedos, generé una luz directo a sus ojos. No quería matarlo, the night still calls for a show, honey, lo que si quería era quitarle lo que usa para imponer miedo, his eyes. El destello le golpeó la cara con la violencia de un reflector en plena función, le vi parpadear, la sonrisa deshacerse en un gemido, las manos a ciegas tentando el aire. Temporary blindness, my dear. Just long enough to think twice. Sus acompañantes titubearon. Vi a sus agentes perder el ritmo, a la furia convertirse en confusión, no hubo sangre en mi mano, solo luz y teatro. Me mantuve allí, con el brazo aún centelleando un segundo, porque la presentación exige pausa y que el público entienda quién es la estrella, entonces hablé, mi voz acariciando el silencio —Escucha bien, my little marine, y que te suene claro, aquí no venimos a ser aplastados por marines con demasiado ego. Esto puede resolverse de dos maneras, te retiras ahora y te guardas el orgullo, o se quedan y ven lo que pasa cuando la belleza y la libertad se enfadan, honey. Choose wisely, soldier. — Giré la cabeza hacia los que quedaban de pie, hacia Alana con sus guantes todavía manchados, hacia mi admirador con la respiración entrecortada, hacia La Oni erguida como una estatua de fuego, y hacia el mink en la sombra. Extendí la otra mano, la que no era luz, en una invitación clara, con uñas pintadas que brillaban como faros, les ofrecí la vida que propuse antes, pero con el detalle añadido, — Si se quedan, lo hacemos juntos, y si se van, se van con honor. Join the Pirates del Cabaret or scatter like extras, los protegeré con mi vida, my dear ones. — DaSilva, a ciegas por ahora, no se movió, eso esperaba yo. La sala contuvo la respiración, yo sabía que mi gesto no había acabado con el problema, sólo lo había puesto en pausa, pero soy una artista y una estratega, he detenido al lobo con un flash, he ofrecido mi barco y he marcado la línea, si él decide cruzarla, la función seguirá y nadie dirá que no advertí, pero si alguno de ellos me mira ahora y acepta mi mano, les prometo noches infinitas, drama en alta mar y protección con brillo, de todas formas yo ya tomé mi decisión, soy Rosse Bellecour, doy luces, doy besos y doy refugio. ¿Quién sube al escenario conmigo?.
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RE: [Aventura T3][Presente absoluto] El final de un comienzo apoteósico - Sigurd Haakon - 26-09-2025 La noche es joven, y aún hay fiesta para rato. Pese a que esto tenía pinta de bachata tranquila y apta para todos los públicos, pronto se había convertido en un descontrol absoluto, metal del duro para todos aquellos que buscaron problemas con la gente equivocada. Pero con la lección aprendida y el ego bien alto, llegó un ritmo inigualable, la verdadera samba de Samba. Nuestros protagonistas apenas han tenido tiempo de interactuar entre ellos. Sí, algunos ya se conocen y otros están por hacerlo. Y todos aquí han sido testigos de las capacidades que tiene cada quién en mayor o menor medida. Pero aún no son conscientes y de la fuerza oculta que este grupo guarda en su interior. Por desgracia, no hay tiempo para presentaciones largas, pues DaSilva, poderoso Contramaestre de las fuerzas de Marina, os ha puesto bajo arresto total y absoluto. Acompañado con un par de agentes del Gobierno Mundial y preparado para la batalla, os deja bajo la amenaza más dura que puede vivir un pirata, robar vuestra libertad. Las mujeres son las primeras en actuar. Con un par de ovarios bien puestos, reniegan de las palabras del perro del gobierno y se lanzan a la ofensiva. Alana, valiente como ella sola y aprovechando su diminuto tamaño como virtud, salta del hombro de Rosse para hacerse cargo de los guardias. Casi oculta en las sombras de la trifulca, alcanza al primero de los agentes de negro y con un poderoso golpe, quiebra los huesos de la pierna del enemigo, causando un dolor tan terrible que lo abate de un solo impacto. Al mismo tiempo, Mercedes ha lanzado un feroz ataque, pero en vez de contra el guardia, contra el mismo Contramaestre. Su valor es inmenso, digno de ser elogiado, pero también su insensatez. Orgullosa, se aproxima lo suficiente para lanzar una patada demoledora, igual o más destructiva que la que mató a la primera agente, pero esta vez no tiene el mismo resultado. Antes si quiera de que pueda alzar la rodilla lo suficiente, el soldado la apunta con el dedo índice de la mano izquierda, la mano empapada. Y con más estilo que poder bruto, hace correr una gota de desde su dedo como una bala, que impacta en el abdomen de la oni. El dolor es tan intenso que le impide continuar con su plan y la frena en seco. No hay tiempo que perder, y nadie es más fugaz que Rosse Bellecour. Como una verdadera estrella, desata su poder puro y con un destello, atraviesa la pista para convertirse en la estrella... Literalmente. Su paso es cegador, mientras recorre la sala funde los ojos de todos aquellos que estan cerca suyo y osan mirar en su dirección. Pero eso no acaba ahí. En menos de un segundo se planta frente a la mayor amenaza del lugar, y sin vacilar extiende el brazo convertido en un arma cegadora que deja sin visión todo lo que le rodea. El marine no tiene ni tiempo para reaccionar, tan solo puede lamentarse. -¡AAAHHH...!- grita, impotente y sin visión. Lo único que puede hacer es echarse hacia atrás de un salto, mientras se frota los ojos con la mano derecha, inútilmente. Solo ve chispitas recorriendo sus ojos, pues por el momento está completamente ciego, y muy probablemente, pronto, vea las estrellas. Ryuu no ha tenido tiempo para reaccionar, puede que por falta de coraje o porque estaba a la espera de ver cómo reaccionaban los demás. Algo similar pasa con el mink. En su cabeza sonaba bien la idea de dialogar antes de entrar en combate, pero el resto de sus compañeros se han adelantado y han frustrado por completo sus intentos de mediación o lo que fuera que pudiera conseguir. La violencia está servida, pero esta vez a favor de los piratas. Pese a eso, todos han sido cegados por Rosse al estar tan cerca de su grandeza. Alana, Mercedes y el Agente Ñ al estar cerca de su brazo lumínico, y Varo y Ryuu al estar cercanos a su ignición fugaz. Ahora el ritmo de la música no es nada más y nada menos que el más seductor e irreverente ritmo del cabaret.
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RE: [Aventura T3][Presente absoluto] El final de un comienzo apoteósico - Alana Sahiba - 29-09-2025 Aún con la visión anulada por el destello de Rosse, mi pequeño cuerpo se movía sin miedo. Parpadeé, pero no podía ver nada; por fortuna tanto mi olfato como mis sentidos diminutos estaban en alerta máxima. Aún así maldije por lo bajo, llevándome una mano a la cara como si pudiera borrar la ceguera a manotazos—. Y pensar que me quejaba de que la pista estaba vacía —. El aroma de Rosse, que ya conocía, era inconfundible, una mezcla de sudor junto a un toque de perfume que solo él podía llevar. Con pasos diminutos, silenciosos y seguros, me deslicé entre los pies de los mareados y cegados, siguiendo esa pista invisible que mi nariz me indicaba. Cada pequeño susurro del ambiente, cada respiración desacompasada y agitada se convertía en guía junto al aroma tan característico; cada respiración pesada era como un mapa para mis pies diminutos. En mi propia oscuridad, me aferré a mi collar por un instante, buscando algún aliciente que me diese fuerzas o esperanzas, las energías para querer salir con vida de ese lugar. Mis manos, curiosas y veloces, tocaron finalmente algo familiar: la tela suave y cálida de su ropa. Nunca pensé que sentir esas telas me generaría algo de paz. Un escalofrío de alivio me recorrió; había llegado hasta Rosse. Subí por el costado de su brazo como si fuera un árbol y, sin pensarlo, me colgué de su hombro, mis pies apenas rozando su torso. Desde allí, podía sentir cómo él respiraba, cómo la tensión se mantenía, pero también cómo estaba listo para moverse—. Aquí estás… sí, eres tú —. En la comodidad de lo que era el cuerpo de Rosse, me permití “contemplar” (de forma irónica) la totalidad de la situación. Absorta momentáneamente en mis pensamientos, jugué con mi pelo, de alguna forma me ayudaba a concentrarme. El resto de los presentes, intuía, estaba en la misma situación: cegados, desorientados, atrapados en la confusión que la luz de Rosse había provocado. Cerca de él percibí otros olores, conocidos y nuevos, mezclándose en la penumbra temporal: la humana, sus pasos firmes, y algún aroma más que apenas reconocía pero que de alguna manera indicaba que no estábamos solos. — ¿Qué está pasando, capi? —susurré, con voz diminuta pero firme, apenas audible sobre el eco del silencio cegado—. ¿Nos vamos? —. Mi cuerpo se inclinó hacia él, confiando en que tirara hacia cualquier resquicio hacia la salvación. Ciega, sí, pero no perdida: mientras oliera su presencia, no estaría sola. Sentí cómo la música se filtraba como un murmullo lejano, un vago recordatorio de que la noche seguía viva, aunque tal vez nosotros al final de la noche no lo estuviésemos tanto. Tal vez debía interpretarlo como que cada movimiento debía ser medido, seguro y sincronizado pero… ¿cómo? A la espera de recibir órdenes o, en su defecto, de que la luz volviese a mis ojos, mi corazón latía rápido, consciente de que la noche era nuestra, al menos por ahora, y que aunque los ojos estaban temporalmente cegados, debíamos avanzar.
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RE: [Aventura T3][Presente absoluto] El final de un comienzo apoteósico - Mercedes Benz - 01-10-2025 Di un paso adelante con la calma de quien ya sabe el ritmo del lugar. Tenía el plan claro en la cabeza: un avance medido, la pierna que se eleva y la patada directa como firma. Sentí la precisión en cada fibra la agilidad que cargo conmigo, la confianza en el cuerpo y lancé el movimiento con la intención clara de cortar la noche en dos y marcar la pauta. Mi patada subía con la intención de ser demoledora; la ejecuté como siempre, controlada, con la seguridad de quien no falla, lo sentí, claro, la mecánica del golpe, la trayectoria perfecta. Pero algo pasó en un parpadeo. Antes de que la rodilla alcanzara la altura que imaginé, noté como si la sala hubiera cambiado de ritmo una presión fría en el estómago. Fue un contacto puntual, seco. No oí disparo, solo sentí la gota que vino y se clavó en mi abdomen como aguja helada, la sensación explotó por dentro, un frío que quemaba, y el dolor se plantó con su bandera, traté de empujar la pierna hacia delante, de culminar el golpe, pero mi cuerpo respondió tarde, la inercia se frenó, y el control se deshizo en un hilo. Mi ataque se cortó en seco. El dolor fue tan intenso que me obligó a bajar la guardia, noté cómo mi respiración se hizo corta y mecánica, la sangre pareció golpear mis oídos. Ese contacto no fue el tipo de herida que sangra mucho en la superficie, fue el tipo que te recuerdan los huesos y los nervios, que te apagan los planes. El golpe que planeé quedó neutralizado por ese instante brutal, mis acciones se rompieron como un vaso contra la barra, la confusión me siguió como un humo espeso, la cabeza me dio vueltas, el mundo se barnizó con una capa fina y quebradiza. No pude sostener el tiempo en mi favor, durante esos segundos algo rápido me robó la claridad y dejó en mi lugar un zumbido y un eco de cosas sin sentido. Mis ojos ya estaban viendo bordes borrosos cuando la sala entera estalló en una luz que no pedí. Un destello me alcanzó y el mundo se tornó polvo de estrella, intenté abrir los ojos y solo encontré un blanco que mordía. En un instante pasé de la ira calculada a la ceguera punzante, recordé, con la memoria tan nítida que me caracteriza, la cercanía de aquellos que estaban en la sala y no sabía quién podría ser tan veloz como para pasar así, pero si recuerdo el destello parecido a este hace unos minutos cuando otros maleantes habían caído al piso quemados, intuyo que fue el bajito con aura extrovertida y si era el caso ahora estaba a menos de un metro, su luz cercana me envolvió y me dejó sin visión. No podía ver las formas, solo intuía sombras y la ola de calor del calor ajeno. El dolor que me atravesaba superó cualquier umbral que mi cuerpo suele tolerar. Noté la pérdida de coordenadas: las manos que antes sostenían la botella se aflojaron; el vaso hizo un ruido contra la mesa y alguien o algo apartó parte del reflejo. Quise gritar, imponer al menos mi risa como escudo, pero la voz me salió más cortada, apretada por la sorpresa y por la punzada en el abdomen. La confusión se instaló, como si una bruma hubiese llenado mis pensamientos durante esos tres segundos que se extendieron como una eternidad corta. Aun así, hay cosas que no se me quitan fácil, la vergüenza no es una de ellas. Mi exceso de confianza no se evaporó de golpe, latía en alguna parte detrás del mareo. Sentí el orgullo punzante que trae el saber que intenté cortar la escena y que, pese a todo, sigo aquí, respirando. Intenté recomponer la postura, pero me faltó la firmeza los músculos tardaron en obedecer y mi control quedó menguado por un vértigo que no había pedido. No fui arrestada en ese instante; no sentí esposas ni manos que me sujetaran, así que aunque no podía ver, y estaba en el suelo, yo había ganado esta ronda. Lo que sentí fue la cercanía de aliados brillando, y la conciencia tenue de que estoy a menos de un metro de alguien que puede moverse a una velocidad extrema cuando todo se vuelve confuso y cegado. Apoyé una mano buscando un punto firme, y un borde de terciopelo me respondió con su textura conocida. La risa quiso brotar, la risa que me define, esa que rompe cristales —WUAWUAWUAWUAWA— Sonó rasgada, más por la garganta que por la alegría. Estoy herida, confusa y, por ahora, ciega. Pero sigo sentada, con la bufanda morada arrugada entre los dedos, el vaso entre la palma y la mesa, pero sobre todo la certeza porque esa no falla de que no renuncio a nada por ahora. —Si consigues sacarme de aquí yo misma seré parte de aquello que buscas crear, mon. — El mundo puede ponerse borroso y las órdenes pueden colgar en el aire, pero mi naturaleza es recuperarme, mirar con la memoria cuando los ojos no quieren cooperar, y volver a reír. Solo necesito un latido más para que la sombra de la confusión se aclare.
Resumen
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