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RE: Siempre hay otra alternativa [Past. Gwen] - Kiyoshi Maeda - 07-12-2025 El ave logra escapar de la casa y el caos inicia. Desde el exterior, donde los malos ya han regresado tras escuchar tanto ruido, se enfrentan a una bestia descontrolada que solo quiere de regreso lo que es suyo. El amor de madre es poderoso y esos tipos lo experimentarán en carne propia. Han dejado su equipo en la vivienda, por lo que intentan atravesar el animal sin ser lastimados, pero les es imposible. Para peor, el huevo lo tiene un hombre sostenido entre sus manos, pudiendo ser visto perfectamente por su madre. Esto solo causa que ruja con más fuerza y extienda sus alas con tal magnitud, que una oleada de viento azota la zona. — ¿Un incendio? Gwendolyn, eso es muy peligroso. — Pero bastante útil. A fin de cuentas, este sitio es usado solo por esos despreciables sujetos. Si a eso le sumamos que está un poco alejado del pueblo, nadie inocente debería verse afectado. Claro, a excepción de ellos mismos que siguen ahí. — Está bien. Eres una loca, pero confiaré también en ti. — Están juntos en esto, ¿no? Que sea así hasta el final, pase lo que pase. Tal como la ayudó a bajar, le dio una mano para regresar a la primera planta. De inmediato, y por alerta de la misma muchacha, alza la voz. — Niño, ¿sigues ahí? Debes salir inmediatamente de este lugar. ¡No hagas preguntas y vete! — Los jóvenes son curiosos, inquietos, no entienden a la primera. Abandona el cuarto en que se mantuvo seguro hasta ahora y llega a este en donde están los protagonistas. — Pero ¿qué dice? Es un caos allá afuera. — Kiyoshi se toca la frente. Odia a los niños, al menos a los niños que no son obedientes. — Mira aquí a la muchachita. Es linda, ¿verdad? Necesita ayuda para regresar al pueblo y yo no puedo acompañarla solo. — Qué superficial usar la apariencia de Gwen para convencer al niño —que debe tener unos 14 años, así que podemos llamarle adolescente para que sea más cómodo—, pero funciona. La mira un momento, se sonroja poquito, y asiente con la cabeza. — De acuerdo. Traeré gente para poder sacarla de aquí sano y salvo. — Y se va corriendo como si no hubiera un mañana, asegurándose de rodear la zona de combate. — ¿Qué tienes ahí? — Observa la lámpara encontrada por Gwen y piensa un momento. — Sí, creo que puede servir. Aunque no la toques mucho tiempo o podrías quemarte las manos. — Quizás es exagerado, pero no podemos pedirle a un doctor que no lo sea en cuestiones de salud. Bueno, a un doctor que le gusta su profesión, porque hay otros que les vale literalmente mierda. Sujeta cuidadoso el objeto y ayuda a Gwen para arrojarlo al piso. Sumado a eso, toma un encendedor desde el interior de su ropa y, ayudándose también con su líquido desinfectante, genera una llama que empieza a expandirse lentamente. Sin embargo, su concentración en ese hecho en particular le hizo no fijarse en el líquido que yace en la tierra y, cuando la llama toma contacto, el fuego literalmente evoluciona de un momento a otro, extendiéndose a través del piso y las paredes. — Ponte esto y salgamos rápido de aquí. — Se saca su propia mascarilla, no se da tiempo a limpiarla y se la pone a Gwen para que así no respire el humo. También se toma la libertad y atrevimiento de sujetar su mano y guiarla por el camino de salida. No es rápido, pues el humo sí le afecta debido a sus problemas respiratorios, comenzando a toser con mucha fuerza en cuestión de segundos, sonando incluso su pecho como si tuviese flema acumulada. Mas eso no le importa, solo se preocupa en salir de ahí con su compañera. No se atrevería a dejarla atrás para salvarse a sí mismo. No lo hace por ser valiente, sino que sigue el código de ética que tiene como doctor. El fuego ya llega hasta la lo más alto de la casa, creando una humareda que se expande hasta el cielo y que logra llamar la atención de los aldeanos. Desde la distancia, todos observan y se apuran en ir a ver, sobre todo cuando llega un niño que les grita ir a por los dos que están ahí encerrados, principalmente por la muchachita que flechó su corazón. ¿Podrán los dos enfermos salir de la casa o deberán esperar un rescate? Habrá que ver cuál aguanta lo necesario. — No sé si llegaré a la salida… Maldición… Aguanta, Kiyoshi, aguanta... — De tanto toser, hasta sus piernas tiemblan por la debilidad. En estos momentos desearía tener un cuerpo mejor, uno fuerte, resistente, vigoroso, sano. Pero no, demasiado tarde para pensar en eso. RE: Siempre hay otra alternativa [Past. Gwen] - Gwendolyn - 11-12-2025 —¿Una loca? —
Se rió por lo bajo, porque no es la primera vez que escucha que le dicen así, aun así no se quejó, simplemente juntó sus manos al escuchar como dice que sí. No es la idea más ideal, pero es la que tienen y harán. No necesitó nada más. Así está bien. La conversación con el niño no le fue indiferente, pero pretendió que sí. Se quedó en silencio, quieta esperando su momento, uno que llega ¡Y puede servir! El calor que el objeto desprende es la salvación o más bien un problema tan grande que el resto se verá pequeño, minúsculo, como si no existiera quizás. Esperó la ayuda de Kiyoshi y escuchó el objeto romperse, supuso por el ruido que todo va a iniciar, en una situación que nunca ha vivido en carne propia. No hubo emoción, simplemente se dejó llevar, resistiéndose los primeros segundos cuando llegó la mascarilla. Movió su rostro ligeramente de un lado a otro, en una reacción que seguro no esperó ¡Ni ella lo hizo! Fue inconsciente, pero luego de unos segundos se dejó, en una respuesta ansiosa que frunció su rostro. Se dejó llevar, como si fuese una niña que ha salido a pasear, aunque en realidad parece más que están huyendo de las flamas, unas que están dando segundos para que se escondan, es el tiempo antes de partir ellas también y avanzar en busca de llevarse todo con ellas. Lo escuchó toser y en una mala señal. Otra vez, en un recordatorio de lo que ocurre — ¿Doctor? — la palabra salió curiosa y entonces sintió el agarre se debilita. No hizo más que estrechar de su lado el agarre, avanzó incluso pasándolo, incluso si no ve, mientras su mano es la que avanzó primero, rompiendo el humo que no duda en llenar el ambiente. El calor le recordó que no tienen tiempo y también que el hombre que la acompaña algo posee, lo recordó del pasado, de esa caminata que le sacó el aire. — No te preocupes — no se llenó de pánico, simplemente movió las puntas de las manos, encontrando algo. No es la puerta de la salida, pero es algo parecido — Saldremos, no pasa nada. Se escuchó el chillido de los viejos moradores del hogar, quejándose de que sus cosas están ahí dentro ¡Los tesoros y el dichoso dinero! Todo se enciende, incluso uno entró, encontrándolos en medio del salón. — Ya sé en donde puede estar la salida — tiró de él, hasta que se encontró frente a quien ha atrapado los animales. Un empujón la tiró atrás y soltó la mano del hombre que parece que en cualquier momento va desfallecer. — Tenemos que salir, los tres — es lo ideal ¿No? Que todos se salven, vivir felices por siempre, pero ya ha hecho su primer movimiento y no es uno discreto, es romperlo todo. Una locura realmente. —¡Tenemos que salir! — alzó la voz, escuchando a la gente hablar. Tosió una vez al no encontrar aire, aun así lo volvió a intentar — ¡¿Además ya no tienes con qué detenernos, no?! O quizás sí, pero ¿A cuántos? Se levantó, sintiendo con el pie en donde está el hombre que le ha dado la mascarilla y volvió a intentarlo. Tiró de sus ropas, soltando un sonido de incomodidad por el tirón, pero no le importó. — ¡Es tu culpa lo de las aves! — Es un secreto a voces, la sospecha siempre existió, pero el miedo no hizo nada más que detener a la gente. ¿Cómo lo hace ella entonces? Supuso que no hubo temor de morir, porque no lo ha adquirido, no existe en su interior. Aun no. La gente se agitó y notó unos brazos que tiraron junto a ella, mientras los gritos comienzan. La gente, los hombres y finalmente el ave, que ha llegado a poner orden. O más bien ver el fin de su espectáculo y el inicio del siguiente. RE: Siempre hay otra alternativa [Past. Gwen] - Kiyoshi Maeda - 13-12-2025 Se siente horrible. De tanto que tose, ya ni siquiera puede enfocar los ojos al frente, no pudiendo distinguir del todo el camino a seguir hacia la salida, teniendo que ser Gwendolyn la que improvise como guía. La mano libre se encarga de ayudar a mantener su cuerpo pie al apoyarla en la pared, lo que no quita que cada vez avance más lento y retrase un poco a su compañera. — Es lamentable que sea yo quien… no pueda ayudarla… — Es un médico, un hombre con la misión de vida de ayudar a otros a tener mejores condiciones de salud. Pero, lamentablemente, esa regla no puede cumplirla consigo mismo, y es realmente frustrante. — G-Gwen… — Intenta avisarle de la entrada de uno de los enemigos, mas le es imposible. Al haber cambiado roles y ser ella su soporte en vez de que sea al revés, cuando la muchacha cae, también lo hace Kiyoshi. Sin embargo, lo hace hacia el costado, terminando sentado y con la espalda apoyada en la pared. Claro, es clave aclarar que la misma ya tiene llamas, por lo que lentamente ese fuego se expande hacia la zona trasera de su chaqueta negra, quemando de paso su cuerpo. — Mierda, no le hagas nada, maldito… — Valiente y estoica, la no vidente se encarga de utilizar su don de la palabra, uno que poco a poco Kiyoshi comienza a creer que tiene, sembrando dudas en la mente del tipo que viene a por lo que es suyo. Este podría simplemente aplastarla y seguir de lado para ver si puede rescatar algo de todo lo valioso que dejaron ahí, pero los segundos en que se detuvo fueron suficientes para que Gwendolyn, sacando provecho de su oído, escuche la llegada masiva de personas al exterior de la casa. Cuando grita, sirve como señal para que todos se den cuenta de que sigue ahí encerrada. Recordemos que fue el niño enamorado el que rápidamente huyó buscando ayuda. — ¡Están adentro! ¡Vamos rápido! — ¡Debemos ayudarlos! — ¡Acerquen camillas por si acaso! — ¡No dejen que los ladrones escapen! También sucede que ya se ha descubierto la verdad. La aparición misteriosa de un ave gigante, el huevo en manos sospechosas, el incendio, el pedido de auxilio del muchacho. Todas pruebas que han permitido a todo el mundo pensar más allá de lo que estaban viendo, también apoyados por los comentarios de la misma mujer que buscó ayuda en primera instancia con nuestros protagonistas. Todas las piezas del puzle se juntaron perfectamente para crear un único camino hacia la verdad. Para cuando ingresan a la casa en llamas, se encuentran con un Kiyoshi que a duras penas intenta levantarse con la nueva ayuda de Gwen, quien parece determinad a no dejarlo ahí solo por mucho que él intente balbucear que lo suelte y escape. — ¡Están aquí, sáquenlos rápido! — ¡Y atrapen a ese malnacido! — ¡Se te vino la noche, imbécil! Uno de los aldeanos sube a Kiyoshi en su espalda mientras que otro toma a Gwen en modo princesa, corriendo para sacarlos al exterior del incendio. Una vez fuera, rápidamente utilizan agua para apagar el fuego en la ropa del médico y, trayendo una camilla, lo suben ahí para transportarlo rápidamente a una zona segura en la cual aplicarle tratamientos médicos tanto para las quemaduras como para el intenso ataque de asma que le sigue afectando. En cuanto a Gwen, le permiten bajar con cuidado y, a través del sonido, puede percatarse de que los criminales están siendo apresados y hasta golpeados, pues se quejan y piden clemencia, misma clemencia que ellos no tuvieron ni con animales o humanos capturados. Están recibiendo lo que merecen, sin más. — Joven Gwendolyn, ¿te encuentras bien? Si necesitas un médico, puedo llevarte con uno de inmediato. Por ahora, lo importante es alejarnos de aquí hasta que apaguen el fuego y el humo deje de propagarse. — Le pide un aldeano, procediendo a tomarla del brazo para guiarla lejos de la zona de catastro. |