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RE: Del jazz a la samba [T2, P.A.] - Stroud Nanashi - 10-11-2025 Pran no llegó a oír aquel exótico insulto de cara lenteja, pero de haberlo hecho, aquello seguramente le hubiese provocado más estupefacción que otra cosa. El tipo había salido de allí hecho una auténtica furia, y, mascullando, había desaparecido entre la vegetación. Resultaba difícil saber hacia dónde se había dirigido, o si volvería. Bueno, de hecho, era casi evidente que sí que volvería; la clave no era si volvería, la clave era el cuándo y el cómo. Tras la barra, el dueño del New Piano continuó garabateando en la hoja de papel, ajustándose las gafas sobre la punta de la nariz, mientras Iggy daba el último trago del final de su cerveza. El único público presente era la montaña de cuerpos que se acumulaban por doquier a lo largo de la terraza. La sangre se filtraba por los tablones de madera, goteando sobre el suelo de tierra que yacía un par de metros bajo el New Piano. El camarero, de cejas pobladas, asintió con la cabeza cuando nuestro protagonista le dijo que le transmitiese un mensaje a Pran. No lo haría, por supuesto. No por una cuestión personal, sino porque, a lo largo de su trayectoria profesional, había aprendido que no era buena idea para un tabernero ir haciendo de mensajero entre sus parroquianos. Además, era consciente de que lo último que le convenía era echar más leña a lo que narices fuera ese fuego que había prendido aquel día. Dio gracias al cielo cuando, tras apenas unos instantes, Iggy se desvaneció entre el follaje, y allí se quedó, a sus cosas, rodeado de aquella muchedumbre macabra que prefería no mirar. Con los años, también había aprendido que un extranjero en la zona interior de Samba significaba problemas. Lo mejor solía ser que se quedasen en la costa, en las ciudades, en las zonas más ricas, antes de partir hacia donde fuese que fueran. Para la mayoría, Samba era un lugar de paso, y era mejor que así permaneciese. Cuando Travis, el águila calva, se posó sobre la enmarañada cabeza de Iggy, tal vez por su sorprendente parecido con un nido de colores exóticos, nuestro protagonista se hallaba contemplando el papelito procedente de la caja, que, ya desplegado, había revelado algún tipo de localización evidente en aquel río que partía la isla de Samba en dos mitades. A pocos metros de él, el enorme río corría, caudaloso, ruidoso. Tal vez, en efecto, aquello fuese un mapa del tesoro. La localización parecía evidente, pero, ¿qué tenía que ver con aquella gema que Pran había llamado Corazón? ¿Y por qué estaba Pran detrás de ella? ¿Qué tenía que ver con todo? ¿Cuál era el hilo conductor de aquella historia? Travis observó el papel, atónito, y echó a volar al recibir la orden de Iggy. Al cabo de unos veinte minutos caminando, Iggy llegó a un punto en el río que, a primera vista, no hubiera tenido nada de especial. Sin embargo, allí estaba Travis, volando en círculos sobre la zona, dando a entender que, en efecto, era allí. Y así era: alrededor de Iggy, entre el densísimo follaje de la selva, uno podía ver cuatro rocas que, de otro modo, hubieran pasado inadvertidas; musgosas, cubiertas de vegetación, y las cuatro apuntándose entre sí, como cuatro dedos acusadores. En efecto, si uno seguía la trayectoria trazada por las cuatro, daba a parar en aquel mismo tramo del curso del río. En las zonas más despejadas de la orilla, a pocos metros del propio Iggy, se había levantado un pequeño y discreto campamento consistente en una serie de tiendas de campaña de tamaño considerable, con unas siglas bordadas en negro: "S.B.N.". Alrededor de las mismas había lo que uno hubiese podido esperar: hogueras apagadas, ropa tendida, algunas armas, un par de barriles. Un par de hombres, armados y de aspecto mucho más marcial que los tipejos a los que Iggy había masacrado en el New Piano, hacían guardia en las esquinas, subidos a unas rocas estratégicamente situadas.
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RE: Del jazz a la samba [T2, P.A.] - Iggy Rock - 12-11-2025 El camino a través de la jungla fue tranquilo, con el fluir de la corriente del Río y algunas aves salvajes como banda sonora. Mi cabeza aún divagaba entre todo lo que había pasado en New piano, intentaba hacer un nudo con todos Los Cabos sueltos que tenía. Entendía que la piedra tiene que hacer algo, que no es un tesoro en sí pero allá donde me estoy dirigiendo. Pero lo qué no entendía era por qué era tan importante para Pran y las personas que trabajaban recogiendo perlas. ¿Acaso con esto se iba a solucionar el problema? ¿El producto iba a salir bien si hacía algo allí con esto? Saqué la piedra del bolsillo para mirarla en mayor profundidad. Capataces, trabajadores… Me daba un poco igual su conflicto, yo solo buscaba mi propio interés y vivir mi vida al límite. Guardé el “Corazón” de nuevo en mi bolsillo de la camisa y continué mi trayecto hacia una zona en la que Travis había parecido parar y ponerse a volar en círculos. No merecía la pena pensar ahora, total cuando llegara suponía que obtendría más respuestas. Una vez cerca me escondí entre la maleza, de cuclillas analizando el sitio pues como cabía de esperar no estaba desocupado. Si yo lo había encontrado tan pronto tenía sentido que esta gente lo hubiera encontrado antes. Mascullé entre dientes palabras sin sentido debido a la impotencia de querer acercarme a investigar más tranquilamente, Pues esas cuatro rocas coincidían perfectamente con las del dibujo. Observé cada detalle, cada guardia y cada tienda. Tenia que idear un plan para entrar sin ser visto. “Piensa Iggy, piensa.” Me decía a mí mismo cerrando los ojos con fuerza tratando de concentrarme. Si me pillaban sería hombre muerto. “Que coño, mejor tiro para dentro y que sea lo que dios quiera. ¿Cuando has pensado tú sobre las consecuencias de tus actos?” Fue lo que pensé para mí mismo tratando de infundirme valor para infiltrarme. Antes siquiera de moverme me fijé en las siglas que había por todos lados. ¿Sería algún tipo de empresa? ¿El sindicato de Pran? ¿O otra gente? Ahora mismo lo que tenía que preocuparme era por llegar a las cuatro rocas sin ser visto. Pero en cuanto decidí ponerme en marcha, mi mala suerte se hizo presente. Pisé una roca resbaladiza la cual me hizo caer de una forma bastante cómica causando un pequeño alboroto, el suficiente para que los guardias pudieran advertirme. Les saludé como si nada, como si aquello fuera lo más normal. -Oh, al fin gente. -Dije acercándome lentamente a ellos pero con paso lento para ver cómo respondían. -Tenéis que ser unos dementes para acampar en esta zona de la jungla pero gracias a Dios. -Puse un tono de preocupación tratando de hacerme la víctima, mintiendo como siempre hacía para salir de esta clase de situaciones. -La verdad es que soy un turista, ayer salí de excursión con un grupo a hacer una ruta natural por la selva y llegó un momento que me separé del grupo y no supe cómo volver. -Me froté la cabeza tratando de parecer desesperado y convincente. Al menos mi outfit daba el cante. -¿Vosotros seríais tan amables de indicarme cómo se vuelve a la costa? Me daba rabia, aunque sonara lo más gentil y amable del mundo me estaba muriendo de rabia, puta roca de mierda. Puede ser que me retirara por ahora. Pero pensaba volver, mejor preparado y listo para obtener las respuestas que quiero. Esto no terminaba aquí.
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RE: Del jazz a la samba [T2, P.A.] - Stroud Nanashi - 12-11-2025 Acompañado únicamente por los cantos de los pájaros y las miradas de los incontables animales que vivían en las copas de los árboles, Iggy continuó su camino, reflexionando sobre el significado de aquella piedra, el Corazón, y sobre lo más importante: el provecho que él pudiese sacar de todo aquello. A medida que se acercó al campamento y se intentó ocultar entre el follaje, los guardias del pequeño campamento de S.B.N. continuaban su labor, cada uno vigilando una esquina. Uno de ellos, el más próximo a Iggy, silbaba a la sombra de su sombrero una pegadiza canción, aunque era evidente que solo la recordaba a cachos, quedando en silencio durante las partes que no recordaba. El otro, el más alejado, apoyaba su cabeza sobre la empuñadura de su machete, que se mantenía en vertical sobre el suelo. Desde lejos, era difícil decir si estaba dando cabezadas, dormitando bajo el sol de la jungla. Lo que sí era evidente, por otro lado, era que aquello, que había empezado como una vulgar pelea de bar, había guiado a Iggy a meterse en algo más grande, fuese lo que fuese. Solo el destino, eso sí, determinaría si para bien o para mal. ¿Era posible entrar en aquel campamento, pasar inadvertidamente y hacer lo que fuese que quisiera hacer Iggy en el río, en la intersección a la que señalaban las cuatro rocas? Tal vez, pero, con toda probabilidad, requeriría un plan algo más elaborado que simplemente tirarse a la piscina de cabeza. A su alrededor, el rumor del río se unía a los cantos de mil pájaros de todo tipo que poblaban la zona, y al de quién sabe qué extraños insectos. La humedad ambiental era aún mayor que en el resto de Samba, e incluso aún mayor que en el resto de la selva Anozama, y desde Iggy hasta la misma superficie de las rocas y las plantas, todo estaba cubierto por gotículas de agua que, como pequeñas perlas de cristal, brillaban bajo la luz del sol. Tal vez fuese eso lo que causase que, al dirigirse hacia el campamento finalmente, Iggy resbalase y se desplomase sobre las plantas que lo rodeaban. Ambos guardias giraron la cabeza hacia su posición, enarbolando sus machetes. Eran tipos grandes, y era evidente que no se les escapaba nada: hacía rato que habían reparado en la presencia del estrafalario Iggy. Mientras nuestro protagonista acechaba el campamento, los silbidos que daba el guardia de aquel lado habían servido como comunicación en código, advirtiendo a terceros de la presencia del joven pelimorado. Desde que había llegado a aquel sitio, más de un par de ojos se había percatado de sus intenciones. Sin embargo, nada había preparado al guardia para la torpeza de Iggy, que lo había pillado completamente por sorpresa. Casi perplejo, y colocándose el machete al hombro, aquel hombre enorme escuchó en impertérrito silencio las palabras del intruso. Lo cierto es que jamás se hubiera creído semejante montón de gilipolleces, y mucho menos de alguien que andaba intentando esconderse. Sin embargo, aquel chico parecía tan pasado de vueltas, la historia sonaba tan estúpida, su aspecto era tan estrafalario, y todo estaba tan absolutamente fuera de lugar, que había algo creíble en aquello. Iggy tuvo la impresión de que aquellos ojos no eran los únicos sobre su persona. "Venga, anda," se limitó a decir el guardia, en una voz áspera, "tirando." Pese a haber encontrado divertida la situación en su fuero interno, resultaba evidente que no era el tipo de persona que se anduviese con juegos en horario laboral. Hizo un gesto con el machete, aún envainado en su tosca funda de piel, apuntando hacia el sur. Aquel era, en efecto, el camino de vuelta a la costa, hacia las zonas más ricas y pobladas del Reino de Samba. La pequeña aventura selvática de Iggy terminaba, por el momento. Poco se imaginaba nuestro protagonista de lo que vendría en el futuro.
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RE: Del jazz a la samba [T2, P.A.] - PX-4 - 12-11-2025 ✓ Aventura T2: Completada RECOMPENSAS: — Recompensas Narrador (Stroud RedGrave) — Berries:30.000 — Puntos Mugiwara: 15 — Puntos de Rol: 20 — Recompensas Participante (Iggy Rock) — Berries:20.000 - 60% = 8.000 — Puntos Mugiwara: 10 — Reputación: 20 + 5 (Popularidad) + 10 (Fama) = 35 — Iggy no vi que usaras tu karma apostador, al ser una aventura de Tier bajo sin mayor peligro solo te dare un advertencia, pero por favor tenlo en cuenta. |