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RE: Sin camisa ni zapatos... | Pasado - Enji - 29-11-2025 Con los brazos cruzados, el ceño fruncido y los dientes apretados, Enji fulminó con la mirada a los infantes que habían robado su ropa. Nunca había tenido un buen trato con los niños. Los consideraba ruidosos, molestos y sucios, y no entendía qué es lo que todo el mundo le veía a, en sus palabras, “unos monigotes inútiles que se cagan encima y te mean la cara”. Ese grado extra de paciencia que todo el mundo tiene cuando un pequeño rompe algo, hace berrinche o se encapricha con algo, Enji lo tenía en negativo. Así que, cuando los vio retroceder a tientas y con los labios temblando, aterrados totalmente, dio un firme paso al frente y gritó: —¡Larguense! El abrupto acercamiento acabó disparando el pánico en los niños, que soltaron su bandera y salieron corriendo entre sollozos. La tierra tembló a causa de la apresurada huída. Las ventanas vibraron y muchos estantes colapsaron, víctimas de lo que pudiera confundirse con una estampida de rinocerontes. Un llanto desconsolado hizo eco en todo el pueblo a la vez que se levantaba una cortina de polvo. Los vecino se asomaron a ver lo que sucedía, muchos de ellos temerosos de un posible terremoto, pero sólo se encontraron con Enji, el conocido nudista, rebuscando en el bolsillo de un pantalón que ni siquiera atinó a ponerse. —Aquí tiene que estar, por aquí… ¡Bingo! Del último bolsillo sacó su mechero y lo alzó al aire en señal de victoria. —¡Dios! ¿Cómo mierda puede ser que desde tan enanos se pongan a robar? Futuros piratas, estoy seguro —escupió mientras tomaba el cigarrillo que descansaba sobre su oreja y se lo llevaba a la boca—. No hay que ser suaves con ellos, sino después se crecen y creen que pueden hacer lo que quieran. Después de tres chispazos del pedernal, la llama apareció, por fin, entre sus manos. Enji la acurrucó, acercó el cigarrillo y, gracias a su calor, pudo beber del espeso humo del tabaco. Por primera vez en el día se llenó los pulmones, y sintió un escalofrío, una descarga, recorrer su cuerpo mientras la familiar caricia de la nicotina lo envolvía. El ruido en su cabeza se apagó a la vez que el fuego de su mechero una vez cerrada la tapa. —Carajo, necesitaba esta mierda. Odio necesitar esta mierda. Pero como necesito de esta mierda… —reflexionó mientras se metía la mano al bolsillo—. Ah, sí, cierto, la paga. Supongo que te puedo dar unos berries, después de todo me trajiste hasta acá y todo eso… en fin… eh, ¿quién mierdas apagó el sol? Mientras rebuscaba, una nube pareció interponerse entre los rayos del sol y la calle donde estaban parados. Al levantar la mirada, Enji se encontró con que no, no se trataba de una nube, sino de cuatro siluetas enormes. Cuatro siluetas gigantes, en realidad. Los papás de los niños se habían apersonado al lugar y sus expresiones no eran para nada amigables. Cuatro hombres de más de quince metros. Detrás de ellos se encontraban los “pequeños”, que señalaban a Enji. —A ver, a ver, ¿qué pasa? —Enji dejó de rebuscar para encararse al grupo de gigantes—. ¿Vienen buscando problemas, tanda de idiotas? —Los niños dicen que un sujeto de pelo blanco los asustó. —¿Niños? ¿Esas cosas? —señaló al grupo de infantes de la raza gigante—. Se robaron mi putísima ropa. ¿Saben quién soy? Soy el mismísimo Denji, héroe de las islas Perpendicula… Y una gigantesca patada lo lanzó por los aires. Lejos, lejos, hasta hacer brillar una estrella en el cielo y probablemente aterrizar en el mar. —Papanatas… —dijo el gigante, y se fijó en Ryan—. ¿Tú eras su amigo? RE: Sin camisa ni zapatos... | Pasado - Ryan - 01-12-2025 Si algo había de cierto en el trato que siempre solía tener Ryan con el resto de gente, y era que no solía comportarse como alguien de su edad, no es que fuese una persona madura, sino todo lo contrario, era alguien al cual le habían quitado su infancia… Una infancia que jamás recuperaría, y pues así viendo a aquellos niños jugar con la ropa robada, simplemente se le había formado una cierta incomodidad que desde ya había que intentar corregir, no es que estuviese celoso ni nada… O por lo menos eso era lo que creía él, no por nada ese ambiente cálido como el de una fogata era lo que más lejano se veía, mientras que ese pesado frio era lo que siempre se le acercaba. Seria por eso que simplemente haría que los chiquillos simplemente se largasen de una vez cuando el tarado de la marina se les acerco a echarlos para atrás, visiblemente incomodo ajustándose la bufanda que traía en su cuello mientras con su otra mano repetía su tic de tocarse el cuello, como si de un lado este se fuese a caer -bueno, tienes lo que querías por fin eh… - Comentaría con cara de pocos amigos, viéndolo de reojo ahora que por fin podía ponerse ropa, y este seguía ahí re buscando sin ponérsela, pero aun mas incomodo por la frase de los piratas, a lo cual Ryan exclamaría simplemente -Aja… - Viendo como otra montaña parecía venir en su dirección con paso raudo y furioso haciéndole pensar… “Mierda yo solo quería tener para comer. ” A lo cual miraría de reojo al peli blanco sonriendo levemente aún más nervioso... Seria entonces que aquel gigante se quejaría que andaban buscando problemas, molestos por la situación seria que empezarían a dirigirse a los dos como si fuesen un grupo, lo que jodia aun mas a Ryan… Pero, le daba una oportunidad para poder sobrevivir unos días más, después de todo ¡No tenía ni un pelo de tonto! Y si algo sabia este chiquillo era echarle la culpa a otro para sobrevivir, después de todo, no es como que se llevase bien con los de la marina, en especial con un adicto a fumar que además trato como basura a un grupo de pendejos, lo cual haría que cuando le pregunto si venia con el dijera – ¡Para nada! ¡Señor! – Exclamaría sacándose parte de la capucha revelando mejor el rostro del pendejo de diecies años que era -Este sujeto de la marina me robo mis berrys y por si fuera poco me obligo a decirle donde estaban sus hijos… Insistiendo… Y… - Concluiría de golpe, haciendo como su llorase frotándose el brazo en la cara, intentando hacer quedar mal al hombre que tenia al lado, mientras un montón de gente empezaba a acercarse hacia el lugar visiblemente enojados y hartos de ver al nudista exclamar sandeces contra esos pobres niños… Haciendo parecer que Ryan tenía la razón a leguas a simple vista. ¿Qué haría el marine ahora? Que mas daba… Si se madreaba a aquellos lugareños (que difícil al ser isla karate), podría desaparecer y robarle a los que estén en el suelo. RE: Sin camisa ni zapatos... | Pasado - Enji - 04-12-2025 La gente del puerto se sobresaltó, hubo murmullos y manos señalando el mar, pues, de la nada, un fuerte chapuzón había ocurrido. Algo había aterrizado entre dos barcos y agitado las olas, provocando el mecer de los navíos, además de uno que otro marinero empapado por la erupción de agua posterior. Hombres y mujeres curiosos se acercaron al borde del muelle y miraron abajo, a las burbujas y la espuma, tratando de vislumbrar más allá de la superficie. ¿Un pájaro caído del cielo? ¿Una piedra arrojada desde quién sabe dónde? ¿Un hombre de las nubes caído desde la Grand Line? —¡Pwah! Desde las profundidades, una cabellera blanca emergió. El uniforme de marine, enjuagado por el agua salada, relucía mucho más. La tierra había sido arrancada de su tela, que resultó ser blanca y con detalles en azúl oscuro. El chaleco, los pantalones y la gorra de un soldado raso envolvían un maniquí de piel blanca, ojos rojos y un moretón notorio en la mejilla, enrojecida e hinchada, justo encima del lunar que coronaba la comisura de su boca. Los ciudadanos de Karate intercambiaron miradas. ¿Ese no era el loco nudista? ¿Qué hacía disfrazado de marine? ¿Estaba tan loco como para robarle el uniforme a un miembro del brazo armado del gobierno? Antes de que pudieran exteriorizar sus dudas, sin embargo, Enji se sujetó del borde del muelle y saltó fuera del agua. —¡Bastardos gigantes hijos de puta…! —rugió mientras se incorporaba, empapado. Todos se hicieron a un costado, interpretando la ira en su vena hinchada, mirada afilada y ceño fruncido. Se abrió un pasillo en el tumulto y el marine pasó a la carrera, chorreando agua y levantando tierra. Una flecha atravesó la calle que subía desde el puerto hasta el centro del pueblo, donde pudo vislumbrar, sin muchos esfuerzos, la figura de los gigantes. Enji era una nube de tierra andante que llegó como un temporal sorpresivo, cuando nadie lo esperaba ni deseaba toparselo. Desde la cortina de polvo saltó, se elevó unos metros en el aire y acabó sujetándose de la rodilla de uno de los gigantes. Desde allí, escaló. Subió por la pierna y saltó al brazo, como un insecto molesto para los enormes sujetos. Alcanzó el hombro, dio otro salto y su puño se incrustó en la mejilla del grandote que lo había golpeado. Si bien, su fuerza no estaba cerca de poder derribarlo, sí que lo hizo mover la cabeza a un costado. Y, entonces, todo se descontroló. El grupo de gigantes más Enji se convirtió en una nube de tierra, patadas y puños volando. Sonaban impactos secos, gruñidos de dolor, insultos y caídas, pero ninguno cedía. —¡Enano de mierda! —¡Gigantes me tienen los huevos con sus tonterías! —¡¿Cuánto te volviste a sacar la ropa?! —¡SHIHAHAHAHAHA! |