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RE: Flora: Croton [Pasado/Priv. Zhang] - Bai Mudan - 07-02-2026 Al principio, Bai no quiso meterse por el angosto túnel que el mink acababa de descubrir. No porque le diera miedo, sino porque dudaba de poder pasar; era húmedo y estrecho para su cuerpo, un poco bajo para las alturas a las que ella acostumbraba y, sobre todo, herrumbroso. —Hmmm —murmuró pensativa mientras lo observaba desde su posición—. No creo que… Las palabras murieron en sus labios, pues, antes de que terminara, su intrépido compañero —al menos intrépido para su edad— ya se había adelantado. Y ella, no queriendo abandonarlo, lo único que pudo hacer fue suspirar con pesadez. Después, con una pequeña sonrisa por la imprudencia, mientras negaba con la cabeza, aleteó con sus blancas alas como si les pidiera perdón por lo que iba a hacer y, con un gesto tan poco natural para ella como para cualquier ave, las replegó tanto sobre sí que incluso le molestó. Eso bastaría para poder pasar con relativa holgura. Copas gibosas como lunas llenas se asomaban de tanto en cuando entre la frondosidad del paraje. Todas, por fortuna, de un verde opaco que los ojos de Bai sí podían captar. Sin embargo, para el resto de mortales, o al menos para quienes no sufrían de su enfermedad, estas eran bastamente tapadas por la amalgama de colores que los demás árboles imponían en el lugar. —Zhang —lo llamó, señalando en dirección a una arboleda de lo más similar entre ella, una zona donde los árboles apenas se distinguían por el tipo de corteza—. Allí. Y es que, entre ellos, había un par cuya piel grisáceamente blanquecina le había llamado la atención; con la libreta abierta frente a Zhang, Bai le señaló la imagen de un boceto de un árbol. Una representación que, pese a lo pequeño, se veía un vigoroso y robusto árbol. Nada de troncos que parecieran flexibles o enfermos. —Creo que es este —comentó, señalando unas anotaciones que estaban en su lengua. Entonces recordó algo más: todavía guardaba algunas hojas viejas del dibujo original en un lenguaje que ella no entendía y, quizás, Zhang sí. Así que, presta, sin esperar siquiera a que el pobre burro viera algo, empezó a pasar las hojas hasta ir a dar con un pliego grapado de varios dibujos firmados por un desconocido artista llamado Endika. Y, en medio de aquel pliego, entre bosquejos de hojas y frutas ambarinas, se podía ver exactamente lo mismo que en el que Bai le señaló, solo que más grande, detallado, pulido y realista, además de las descripciones en lenguaje común. —Si le hacemos un pequeño corte… —añadió entonces, dándole el libro para que lo sostuviera y así poder rebuscar entre sus cosas la pequeña navaja que había llevado con ella a la excursión—. Podremos saber si es lo que venimos a buscar. RE: Flora: Croton [Pasado/Priv. Zhang] - Zhang Guolao - 08-02-2026 Aquel viejo burro había aprendido, hace ya varios años, a valorar esos pequeños momentos; a dejarse sorprender por la vida e intentar que, así fuese lo más minúsculo o rutinario, su espíritu lograra encontrar un destello de bondad en ello. Y así, el fluir del destino lo había llevado justo a donde debía estar: en aquel rincón escondido del South Blue, en el reino de Samba, donde Zhang tenía que estar en ese preciso instante. +3 Su pelaje gris se erizó un poco, y su electro se activó apenas un instante, una chispa fugaz que recorrió su cuerpo para apreciar la majestuosidad frente a sus ojos. No necesitaba palabras para expresarlo; su rostro, marcado por los años y las decisiones que marcaron su vida, mostraba una tranquilidad tan profunda que resultaba contagiosa para cualquier alma inquieta. La voz de su joven compañera logró traerlo de vuelta desde lo más profundo de sus pensamientos, ese lugar donde suele conversar con su propio "burro interior". +1 —Hmmm... —murmuró Zhang casi instintivamente ante el llamado de Bai, quien parecía haber encontrado finalmente aquello por lo que habían atravesado media selva. —Dragón... —susurró el mink, sin estar del todo seguro, pero con la confianza de quien sabe que los encuentros no son casuales. +3 Se acercó entonces a aquellos árboles milenarios, que daban la impresión de haber permanecido allí durante cientos de años, aguardando pacientemente este día. Con la curiosidad propia de un recolector, Zhang se aproximó a Bai, quien señalaba su dibujo. El viejo ladeó la cabeza e intentó enfocar la vista con su único ojo bueno, forzándolo lo suficiente para un anciano que llevaba media vida viendo el mundo a medias. +4 —Vaya suerte tenemos, joven —dijo el burro, soltando un resoplido, aún sin comprender del todo cómo habían terminado en ese lugar exacto. +1 Bai parecía emocionada y sus movimientos eran algo apresurados; ver tanta energía le dio algo de gracia al viejo médico, quien comenzó a leer con prisa aquellas anotaciones respecto al árbol. Zhang tomó la revista entre sus manos arrugadas y, acercándola a su ojo, leyó en voz alta con su voz grave y pausada: — El corazón del dragón no emerge en su interior, sino que late en la resina de su corteza...— Cerró el pliego con un golpe seco y siguió a su compañera, quien ya buscaba con la navaja el lugar exacto del tronco. Al pasar cerca de las raíces, se agachó con lentitud y recogió un par de hojas caídas, de un verde tan intenso que parecían contener el espíritu del bosque; las guardó en su bolsa de cuero junto a sus otros remedios naturales. +3 Finalmente, con un movimiento ceremonioso, sacó su termo de té siempre caliente y un par de tazas de cerámica desgastada. Miró a Bai y, señalando el árbol y luego el vapor que emanaba de la infusión, le preguntó con palabras y señas amables si le apetecía probar un poco de té de dragón bajo aquella sombra sagrada... Al final, había sido un día provechoso, y el burro y el ángel, lograrían abastecerse de insumos naturales. El burro, terminaría de preparar aquella infusión, mientras observaba a su compañera hacer arte con aquella navaja, parecía muy diestra con ese tipo de artefactos, propios de un medico experimentado. Bai Mudan cada día le mostraba mayores facetas, y Zhang solo deseaba poder hablar con ella como era debido. — Toma un descanso señorita Bai— Dijo el burro, mientras apuntaba el suelo y la taza caliente, luego de tanto alboroto, era necesario un instante de paz. |