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pequeños encuentros [pasado][privado] - Versión para impresión

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RE: pequeños encuentros [pasado][privado] - Han - 23-12-2025

Menudo circo de tortas, iban y venían ya sin objetivo claro ni intencionalidad, en ese punto la gente se pegaba porque si, porque no, por todo, por nada y por si acaso también. Yo había logrado mantener el tipo, pero no porque fuese bueno peleando, a decir verdad, creo que era el que mas golpes se había llevado, por suerte mi cuerpo lo aguantaba. Tras quitarme de encima al último borracho miré la escena, habiendo ya sanado la herida miré a mi alrededor, aquella vorágine de caos no parecía que fuese a disminuir, no, en todo caso no hacía mas que aumentar. 

-Uff... Limpiar esto va a ser un problema gordo.- De nuevo mi despiste me salió caro, pues un tipo me empujó, haciéndome rodar sobre una mesa para caer sentado en la silla de delante. Yo ya no sabía si este tío tenía algo personal o no contra mi, yo creo que simplemente vio alguien a quien golpear y no iba a quedarse fuera de la fiesta que todos habían montado. El hombre comenzó a escalar la mesa para pillarme de las solapas del kimono e intentar arrearme un puñetazo, por suerte estuve rápido y cogí una botella de la mesa de al lado, estampándosela contra la cabeza. Sin conocimiento el embriagado ser cayó redondo al suelo, quedándome sentado mientras observaba la botella rota. -Que desperdicio de bebida.- Dije mientras dejaba caer el cuello de la botella, lo único que había quedado intacto en mis manos. 

No tenía tiempo de parar, otro oponente corría hacia mi, este no parecía demasiado preocupado por a quien pudiera pisar por el camino. Venía directo a mi, así que con el pie le lancé la mesa sobre la que había rodado antes, haciendo que su carrera acabase entre tablones rotos de la mesa y su cabeza sangrando, al menos aún respiraba. -Eso te pasa por correr en un local.- Dije aleccionando a una persona que seguramente ya no me escuchaba, mucho menos entre el griterío del lugar. La gente parecía no acabar nunca ¿Es que acaso estaba entrando mas gente nueva al bar solo para sacudirse? Desde luego, aunque no fuese así, lo parecía. Fugazmente vi a Alana viniendo hacia mi, esquivando pisotones y caídas ajenas, para ella esto debía ser peor que una guerra, con su reducido tamaño parecía que iba esquivando montañas. La pequeña mujer se quejaba de todo lo que había acontecido, y advertía de que el ambiente solo podía empeorar. Igual que a mi, se le cortó el apetito, esto me recordaba a aquella noche en la que Kay comenzó esa pelea, por desgracia no estaba aquí, pus hubiese podido congelar el suelo y detener toda esta locura. 

Tanto ella como yo estábamos de acuerdo en que era hora de hacer mutis lo antes posible. Le sonreí y alcé la mirada a las paredes del establecimiento, encontrando una ventana cerca de donde Alana y yo descansábamos por unos instantes.-Siempre tengo fe.- Le dije mientras le agarraba y le cubría con mis brazos. -Nos vamos.- Le dije justo antes de comenzar a correr hacia la ventana, sin quiebros, solo los esquives y recortes que tuve que hacer para evitar todo conflicto, aunque si que algunas botellas se estrellaron contra mi cabeza y mi espalda, pero nada de eso me frenó ni me detuvo. En apenas un par de segundos salté por aquella ventana, atravesándola con el cuerpo encogido como una pelota para llevarme yo los cristales clavados y evitar algún daño a mi pequeña gran aliada. -Ahhgg... Eso duele.-  Dije mientras abría mi postura para dejar salir a la tontatta y los cristales comenzaban a caerse de mi cuerpo, dejando ver mis heridas sanar con una velocidad superior a la de una persona normal. Miré a los lados de la calle y le señalé uno a Alana. -Por aquí, corre.-  Comencé la carrera por donde señalé con la esperanza que la mujer me siguiese. Aquella era la dirección donde se encontraba el hostal de descanso de la Mano Vacía, allí estaríamos seguros, pues mis compañeros frenarían la disputa que nos siguiera en un visto y no visto. 


RE: pequeños encuentros [pasado][privado] - Alana Sahiba - 24-12-2025

Desde mi perspectiva, desde abajo, todo se veía peor. Aunque he de decir que desde abajo todo siempre se ve peor. Las botas golpeaban el suelo como si alguien estuviera intentando partirlo en dos, las mesas volaban, las copas también, los cuerpos chocaban entre sí sin saber ya por qué ni contra quién. El olor era una mezcla imposible de alcohol derramado, sudor rancio y sangre fresca. Mucha sangre para una discusión que había empezado con un accidente y una falsa de disculpas. Yo me limité a saltar. Saltaba entre sombras, entre piernas, incluso entre las propias caídas de otras personas. Rebotaba entre taburetes y me impulsaba en hombros ajenos, esquivaba pisotones que para cualquiera serían torpes pero para mí podían ser una sentencia de muerte y, por lo que sea, hoy no se me apetecía morir.

Aunque al final me encontraba junto a Han, era difícil mantenerme a su lado cuando todo a nuestro alrededor era caos. Una guerra no se libra quedándose quieta. Tenía que medir el tamaño de los errores del enemigo, que al parecer eran muchos y en su mayoría, aplastantes. A ratos repartía puñetazos, patadas en las espinillas, rodillas, coletazos. No por rabia ya, sino por supervivencia pura. En otras ocasiones imaginaba la voz de Han llamándome. Eso sí que tenía que ser escuchar la voz de Dios y no yo, en una Iglesia, con un copón encima. A veces solo esquivaba. Por momentos gritaba cosas que nadie escuchaba. A ratos me reía, porque el absurdo también protege la cabeza cuando todo se vuelve demasiado real.

Y entonces sí que lo escuché. Han. “Siempre tengo fe”. Me robó una sonrisa. Rodeados de tablones rotos, botellas hechas añicos y borrachos que parecían regenerarse como cucarachas. Puaj. Intuí que ambos nos movíamos ya cansados, pechados por la copiosa cena, ¿tal vez incluso con sueño? Lo vi aguantar golpes que no debería aguantar nadie. Todo por mi maldito orgullo, por no saber cuándo contenerme. Esto ya no iba de ganar. Esto iba de irse vivos.

Aproveché un instante en que una mesa voló por encima de mi cabeza para impulsarme y caerle cerca, rodando sobre el suelo pegajoso. Le grité, más que hablarle, porque el bar era un animal y no se le susurra a un animal así—. ¡Estoy segura de que siempre la tienes! —le dije, sin rodeos, sin florituras, y de la misma forma, afirmé después con suma seguridad—. Nos vamos.

Él había hablado con un imperativo, yo respondí con otro, no porque no supiera acatarlo, sino por reafirmar mi acuerdo con su posición. Detrás de nosotros aún se estaban dando golpes entre ellos, borrachos cayendo sobre borrachos, uno mordiendo a otro, dos peleándose por una silla rota como si fuese un trofeo. El barman seguía detrás de la barra, inmóvil, como si el caos no fuese con él. Quizá ya había visto demasiadas noches así. Quizá estaba muerto por dentro.

Vi cómo Han alzaba la mirada. Vi la ventana. La vi yo también. No me dio tiempo a decir nada más.

Sentí sus brazos rodeándome, firmes, y por una fracción de segundo, aunque estuviese de acuerdo con la idea, pensé que aquello era una locura… A pesar de ello, me pegué contra él, me agarré a su ropa con firmeza, encogí la cola contra mí, cerré los ojos justo cuando el mundo se volvió velocidad. El impacto fue sonoro. El cristal se rompió en muchos trozos afilados. El aire de la calle también cortaba la cara. El sonido seco del cuerpo de Han llevándose lo peor. Yo no grité. Tan solo me dejé llevar por el caos.

Cuando tocamos suelo fuera, me deslicé de su abrazo de inmediato, rodando para ponerme en pie. Miré atrás solo un segundo: los cristales cayendo de su cuerpo; más al fondo, los borrachos no parecían percatarse de nuestra marcha, estaban demasiado metidos en su guerra personal.

— Gracias —dije, rápido, sincero, sin solemnidad. No hacía falta más.

Seguí la dirección que me señaló sin discutir, echando a correr por la calle estrecha, con el corazón golpeándome las costillas y la adrenalina aún vibrando en cada músculo. Mis pasos eran ligeros, rápidos, casi silenciosos comparados con los suyos, pero no me quedé atrás. No esta vez. Detrás de nosotros, el bar seguía en caos. Después de eso no volví a mirar atrás, más bien miré a Han. No me había percatado de algo importante…

— Oye… —solté entre jadeos, sin dejar de correr ni un instante—, ¿tú has pagado la cuenta? —porque yo desde luego no lo había hecho, no había tenido tiempo, y no estaba por la labor de dar media vuelta a ese nido de caos. Lo sentía por el barman, por supuesto, sobre todo siendo yo la causante de ese estropicio, sin embargo... bueno... gajes del oficio. El hombre aprenderá de estos sucesos tan desastrosos, ¿cierto?


RE: pequeños encuentros [pasado][privado] - Han - 24-12-2025

Corrimos y corrimos, callejeamos para evitar que nos siguieran, nos escondimos entre las sombras para no ser encontrados; todo con tal de que no llegase el caos a nosotros nuevamente. Mientras nos íbamos de allí, durante la primera calle que recorrimos podían escucharse cristales cayendo de mi cuerpo, nada que fuese reseñable para mi, pero para algunos que no me conocían sería extraño, casi milagroso incluso al apreciar que no había heridas en mi piel. -Uff... Menuda carrera mas tonta nos hemos pegado.- Me detuve en un callejón, apoyando mis manos sobre mis rodillas para tomar aire y que mi corazón no me explotase, debía relajar el número de pulsaciones. 

Me fijé en Alana, sobre todo en su estado físico, preocupándome por no tener heridas o contusiones demasiado grandes. Ella en cambio se preocupaba por otras cosas, como saber si habíamos pagado la cuenta, algo en lo que no había caído, realmente había olvidado pagar desde el momento en que me llevé el primer puñetazo. Abrí los ojos de par en par al escuchar la pregunta de la tontatta, jadeante y agotada. -Pues... Ahora que lo dices... Yo no pagué nada.- Miré a Alana con un rostro de preocupación, aunque tampoco es que me preocupase demasiado. -Bueno...- Me encogí de hombros por un segundo. -Creo que el dueño del bar tiene mas preocupaciones que un par de platos y un par de copas.- Comencé a caminar mas tranquilo, pero aún mirando a los lados por si acaso alguien nos estaba buscando, no tenía demasiadas ganas de tener que volver a enfrentarme en ese momento a un grupo de marines. 

No es que tuviese demasiados problemas con la autoridad, el problema lo tenía ella conmigo, que parecía que a cada lugar que iba alguien quería pegarme, lanzarme algo a la cabeza o romperme algún hueso, el mundo parecía confabular contra mi. Tal vez era mala suerte, no sabría explicar por qué, pero desde luego siempre acaba a tortas con algún personaje. -Parece que ya estamos a salvo.- Sonreí a Alana y le saqué un pulgar. -Te dije que siempre tengo fe.- Comencé a caminar por las calles, viendo que la gente ya se estaba recogiendo a sus casas, el frío empezaba a aumentar por la falta del sol, al ir creciendo la noche y la luna reinaba los cielos, con pocas estrellas  debido a la luz de la regente de la oscuridad, la enemiga del astro rey. -Parece que la gente ya empieza a dispersarse, aunque todavía hay algunos bares abiertos.- Afirmé mientras señalaba a algunos locales. -Por mi ya hemos tenido suficiente fiesta, pero... Si quieres podemos tomarnos la última.-