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Todo tipo de servico, todo tipo de etiquetas [Pasad | Asherah Bel-Nadin | +18} - Versión para impresión

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RE: Todo tipo de servico, todo tipo de etiquetas [Pasad | Asherah Bel-Nadin} - Heras - 06-12-2025

No es ilusa, es muy astuta. Puede ponerse siempre en un pasodoble que no es fácil de llevar el tiempo. Cuanto más me cuenta de sus palabras más me deja con la intriga de descubrir aquellos detalles. Su lectura es difícil, si fuera un libro de seguro ella estaría en un idioma el cual las palabras que crees conocer no son exactamente lo que crees. No es engañoso, no oculta nada, solo que se necesita la correcta interpretación de los textos. 


Textos que tienen un precio, como todo en esta vida. Mi vista que ahora sobre ella, le ve entre curiosidades, la que te incentiva y la que te hace cuestionar. Al final todos fuimos aves enjauladas que ven por la ventana cómo aquello desconocido y deseando ser partícipes. Unos en jaulas de acero, otros en jaulas cromadas. Ella es metódica, elocuente, no habla como el resto, no puede ser igual que yo, algo que ya se intuía me hizo sonreír al ver que se confirma, pues es una pequeña luz. Una luciérnaga, una roca que refleja. No importa, ya puedo ver el suelo y aunque puede haber trampas ya veo donde tengo que caminar. 


Asentí aceptando. Ejerciendo la menor de las resistencias para fluir aun en medio de la turbulencia. —Justo cómo me gusta. Si me la fueras a contar toda, ten por seguro que ya me hubiese ido. Siempre hay que guardar un último hilo antes de bajar el telón. — No para este acto, si no para las secuelas. 


—La intriga me la causaste cuando apareciste frente a mi. Yo no recuerdo a otras personas que pudieran parecerse a mi de esta manera. Oírte y verte actuar es lo que ha hecho que yo cambie la orientación de mi velas. Aunque las corrientes no parezcan darte el rumbo que quieres, al final siempre será cómo manejes el timón lo que te te permita llegar a puerto o naufragar.— Eso dejaba un claro mensaje. Me mantuve tranquilo, aquella sensación fría en mi pecho ante lo ocurrió comenzaba a derretir. Al mismo tiempo el vapor bajo mi piel refrescaba, allí se iban disolviendo todos mi nervios con sus palabras. Ella claramente tiene un don con la palabra, la usa como hilos y yo cual muñeco de madera quiero aprender qué hacen. 


Claro, se entendería que hablo de nuestros fisicos, el tono de piel, o el color del cabello. Yo no veo eso, rara la vez que pongo atención a esos detalles para señalarme como parecido. De hecho la distancia tampoco la uso como una referencia para estar cerca o lejos. Era lo poco que había dejado ver. —Lo bello una vez que estas afuera, es que no eres el mismo, aunque regresaras. Eso es lo mágico de este ensayo, espero que este capítulo te mejore, tanto como a mi.— 


—Te hace darte cuenta que el camino que se busca nunca es el que se pensó al inicio. Qué construyes tu propia ruta. Cómo ahora, yo quiero seguir una ruta donde quieras pasar el tiempo conmigo, pero no por el hecho de que yo me puse a tu disposición.— Estos son lujos que quiero recibir pero sentir que yo lo me lo he ganado, que este momento, esta conversación, este compartir me hizo merecedor más allá de haber sido quien se presentó en este restaurante. 


—Asherah. De tu ensayo ¿Cuál va siendo tu parte favorita?— Igual y ella tiene muchos años con este ensayo y puede tener muchas aventuras tantas que no las podría enumerar. Pero ahora podría decirme una, una que le encante y me haga entender qué es aquello que le ha fascinado más.


RE: Todo tipo de servico, todo tipo de etiquetas [Pasad | Asherah Bel-Nadin} - Asherah Bel-Nadin - 12-12-2025

La pregunta cayó suave, sin asperezas, pero se sintió como si me pusiera un espejo delante. No uno de los honestos: uno de esos que te devuelven una imagen más larga, más profunda, más incómoda.

— Mi parte favorita… — repetí, dejando que la frase rodara por mi lengua como si buscara un borde donde apoyarse.

Mientras pensaba —o hacía el gesto de pensar— vi por el rabillo del ojo movimiento en la cocina: bandejas levantándose, manos apuradas, un par de sombreros blancos corrigiendo cosas a último minuto.
Seguro estaban decorando mi plato como si fuese una ofrenda diplomática.

No me molestaba; tenía su gracia.

Volví a él.

— Antes de contestarte, dejame decirte algo — apoyé el codo en la mesa y dejé caer la mejilla sobre los nudillos, en una postura que parecía casual pero no tenía nada de accidental — Me gusta cómo hablás cuando se te pasa el temblor. Ahí sí aparece alguien que piensa por sí mismo. No un reflejo, no un espejismo de ansiedad. Vos.

Lo dejé ahí, sin azúcar extra.

— Y ahora sí. Mi parte favorita del ensayo… — mis ojos se afinaron apenas, como si recortaran un recuerdo entre millones — es el primer momento en el que descubro algo que nunca había visto. Ese instante exacto. No lo que viene después. No la moraleja. No el logro.

El descubrimiento.

Me enderecé, apoyando ambas manos sobre la mesa con delicadeza.

— Cuando vivís mucho tiempo encerrada — jaula figurada, jaula literal, todo daba igual — tu mundo es un mapa estático. Cada pared es la misma pared. Cada decisión ya está tomada por vos. No hay sorpresa, no hay oxígeno. El día que salí, la primera sorpresa fue yo misma.

Hice un suave gesto circular con la mano, como si la historia fuese humo que pudiera moldearse.

— Mirá qué simple: la primera vez que me senté en una mesa que elegí yo, en un lugar que elegí yo, para comer lo que elegí yo… eso fue mi descubrimiento favorito.
Porque nadie me lo había permitido antes.


Me permití una media sonrisa, calma, firme.

— Suena pequeño, ¿no? Hasta tonto. Pero para alguien que vivió con la vida pautada, elegir un plato fue más revolucionario que aprender a volar.

Las plumas de mis alas se crisparon un poco, sabiendo que ellas habían acompañado todas esas decisiones. Le sostuve la mirada sin pestañear.

— Y sí, vos tenés razón: una nunca vuelve siendo la misma. Es todo un tema: Aunque lo intentara, aunque quisiera. Porque la libertad, incluso en dosis pequeñas, te cambia la arquitectura interna. Te arranca columnas y te deja otras nuevas.

Hubo un silencio breve. No incómodo: lleno.

— ¿Y sabés qué es lo más irónico? — levanté una ceja, divertida — Que después de todo eso, después de romper mi mapa, después de irme, después de aprender a caminar sola… mi parte favorita sigue siendo la misma.

Tomé aire, lento, profundo, y la voz se volvió un poco más cálida.

— Ver a alguien, por un segundo, descubrirse a sí mismo cuando me habla.

Una pausa.

— Así como te pasó recién.

No lo adorné más. No hacía falta.

Mis ojos se desviaron un instante hacia la cocina: la sombra de un plato grande acercándose a la puerta, la iluminación dorada del borde del metal.

— Y mirá — añadí con humor fino — parece que mi revolución viene en bandeja. En cualquier momento aparece.

Volví a mirarlo, ladeando la cabeza con suavidad.

— Te toca algo a vos ahora, Heras ¿Qué descubrimiento tuyo te cambió un poquito la forma de respirar?

Lo dije con calma, pero con esa puntería quirúrgica que ella siempre usa cuando quiere que la conversación siga un carril más honesto que poético.

— Uno. No veinte. No toda tu vida. Uno.

Apoyé un dedo sobre la mesa, marcando un compás.


RE: Todo tipo de servico, todo tipo de etiquetas [Pasad | Asherah Bel-Nadin} - Heras - 15-12-2025

Sus palabras eran con la misma voz de siempre y sonaban como una partitura distinta, de las que le gustaban. —Gracias.— Escapé muy rápido para no interrumpir sus palabras. La historia vivida por aquella piel relatada con palabras que el mismo podía usar para la suya. Era escuchar esa historia contada idéntica, pero los paisajes son diferentes. La imagen de todo lo que ella tuvo que pasar no fue la vino a mi cabeza, si no lo que yo tuve que pasar en mi propia cabeza. 


—Nada que ver. Si entiendo bastante bien lo que dices. Una vez que comienzas a tomar tus propios cursos te das cuenta que hay muchas más libertades que las de volar. Jahja.— En mi rostro se marca una sonrisa natural inedita, sin fingir y sin contenerse. Claro que es una sonrisa de alguien que puede empatizar con la historia de otra persona. Luego de eso asentir repetidas veces admitiendo que tiene toda la razón en sus palabras ya que ella puede leer que tenemos similitudes. 


En cuanto habla de la comida mi mirada se desvía pues es necesario para poder ver que salen con varios platillos y parecen comenzar a armar un carrito en el que van a traer todo lo necesario para darnos un almuerzo decente. Mi vista volvió a ella pero no a la altura de sus ojos se no a la altura de los mis y subió a su rostro dando un recorrido de su silueta de allí hasta su azul vista.  —¿Descubrimientos? La verdad mi viaje me hizo encontrar un par de secretos sobre mi mismo. Pero que me cambiaran mi manera de caminar no diría que fuera uno solo, si no lo mucho que te das cuenta que has cambiado cuando recapitulas el cómo eras hace un año, o hace dos años. — Claro una pausa directa en lo que escucho el rechinar de las ruedas del carrito que se aproxima. 


—Pero si tuviera que escoger el más importante para contarte, diría que el mayor descubrimiento fue la fuerza que puedes tener. Que tú mismo no sabes que tienes y solo puedes darte cuenta que la tienes en ese momento que te empuja al limite y que puedes responder. —  No querría contar mucho al respecto pero digamos que su fuerza se había visto evaluada ya en un par de ocasiones y seguramente seguiría pasando. 


Hablaba de una situación en concreto peligrosa que tuvo que enfrentar, con un cocinero que estaba más que loco, no me imaginaba que alguien quisiera pasar por algo así. Ver el filo del hambre en sus ojos, que el tipo desquiciado estuviese decidido a matarte por que está insano. 


Mire a Asherah en lo que llegaba la comida y somos servidos. Servidos de todo tipo, mariscos, cangrejo, langosta, todo bien separado en cortes acompañado de arroz frito, muchas salsas de varios colores, una verde, una roja, una rosa, una oscura. Tenía un olor embriagador, acompañados de unas bebidas que con solo verla se puede intuir que es a base de limón. Acompañado con unas ensaladas de repollo y unos vegetales preparados al vapor y unas bolas de masa rellenas. 


Todo luce espectacular, yo me limito a agarrar el agua y me sirvo un baso para beberlo y así que el ansia de querer comer no me fuera a superar. —Buen provecho Asherah.— Le comenté de manera tranquila, controlando mis deseos y mis impulsos. Me quiero quedar con ella compartiendo el máximo tiempo posible. —Parece que el Chef se esmeró para impresionarte según veo.— 


Baje mis manos de la mesa esperando que ella pudiera servirse, es una mujer muy grande así que de seguro debe tener un apetito igual de proporciones. Le miro atentamente sus expresiones su ademán, el cómo parece estar pensando el siguiente movimiento, cómo parece que nos estudiamos mutuamente, no parecemos pero en las diferencias es que queremos descubrir al otro. 


—Cuando me viste. ¿Qué es lo que pensaste? —


Ya que esta la comida servida demos un momento más para una corta pregunta antes de la pausa para comer.


RE: Todo tipo de servico, todo tipo de etiquetas [Pasad | Asherah Bel-Nadin} - Asherah Bel-Nadin - 21-12-2025

Escuché su “gracias” sin apurarlo, como quien deja que una nota termine de vibrar antes de pasar a la siguiente. No interrumpí tampoco cuando su sonrisa apareció —esa, la no ensayada— porque hay gestos que valen más que cualquier aclaración.

— Sí — asentí, suave — Hay libertades que no tienen alas. Y son las que más pesan cuando por fin las usás. Es todo un tema.

Lo miré mientras hablaba de los cambios que no se notan en el día a día, sino en la retrospectiva. Ese tipo de descubrimiento no se anuncia: se descubre tarde, cuando ya te transformó. No lo corregí ni lo apuré. Había verdad ahí.

Cuando mencionó la fuerza —esa que aparece sólo cuando el borde se vuelve real— mis alas se acomodaron apenas, un reflejo antiguo. Tal y como reconocieran en sus plumas una similitud.

— Esa fuerza — dije — no aparece para salvarte. Aparece para mostrarte que podías. Después, arreglate con eso.

El carrito llegó como un desfile silencioso. Platos que se abrían como mapas: mar, fuego, vapor. Colores que discutían entre sí. El chef había hecho de la abundancia un gesto político.
Incliné la cabeza, evaluando.

— Siempre exageran cuando creen que una mujer grande come por espectáculo — comenté, con humor seco — Pero no voy a desperdiciar el intento.

Me serví sin ceremonia. Probé primero algo sencillo: un trozo de masa rellena, aún humeante. Mordí. Masticar fue pensar.

— Está bien hecho — dictaminé, justa.

Entonces lo miré a él, que se contenía con una disciplina casi reverente, y negué despacio.

— No me mires comer como si estuviera en un ritual prohibido.

Tomé otro bocado, lo sostuve entre mis dedos y, sin dramatizarlo, me incliné lo suficiente para llevárselo a la boca. No fue provocación: fue invitación. Precisa. Íntima en el sentido más limpio.

— Probá — dije, simplemente.

Retiré la mano con naturalidad, volviendo a mi espacio, y recién entonces respondí a su pregunta, en orden, como pedía el momento.

— ¿Qué pensé cuando te vi?

Una pausa mínima. Honestidad sin ornamento.

— Pensé que eras alguien que había viajado mucho… pero todavía no sabía bien qué hacer con lo que había encontrado en el camino. —
Una pausa leve — No te leí peligroso. Tampoco inocente. Te leí… en tránsito.

Me encogí apenas de hombros, práctica.

— Y pensé que ibas a intentar acercarte demasiado rápido — añadí con una sonrisa ladeada — eso también lo vi venir.

Bebí un sorbo de la bebida cítrica y lo señalé apenas con la mirada.

— Ahora comé... yo no podré con todo – Y le acerqué el otro par de cubiertos y plato extra que habían traído, porque aunque él no haya pedido nada, en cualquier restaurante, ponen la mesa según la cantidad de comensales.


RE: Todo tipo de servico, todo tipo de etiquetas [Pasad | Asherah Bel-Nadin} - Heras - 27-12-2025

La mirada cruzada y sus palabras se sienten como unas chispas de agua. —Nada que ver.— Sin embargo, aun con el permiso no hice el más mínimo movimiento por servirme comida, aunque frente a mi pusieran uno de esos platos de la fina vajilla. Solo no sentía que fuera mi comida para disponer de ella a voluntad. Ver la propuesta al ver como le ofrecen un bocado es un poco confuso, ver el bocado y luego a ella que no parece inmutarse. Entonces no es la gran cosa. Me dejé ser alimentado al permitir que el bocado llegara a mi boca, solo que fue vergonzoso. 


Tuve que desviar la mirada, comer un bocado sin mirarla. No se si es el hecho de que ella es tan grande, o si es el hecho de que le dieran la comida en la boca. No son cosas a las que esté acostumbrado. No quiero decir nada pues mi cabeza ha quedado en blanco. 


De las descripciones, unas no mala propiamente dicho, no buena. Entonces ella todo el tiempo se imaginó como soy. Pudo prevenirse del todo porque soy alguien predecible y si bien eso no es malo me hizo pensar que tal vez no tengo cualidades para actuar o para mentir. Nunca pude aprender bien mi oficio entonces. No puedo hacer nada salvo. —Gracias, Asherah.— No quise abusar de su confianza al ofrecerme su comida.


Tendría que hacer un despiezado de los cangrejos, langosta, mariscos, todo con la intención de que no pasaremos por el trabajo. Ella no lo pidió, solo lo hice porque no quería pasar trabajo para comer. Tambien lo fui separando en partes iguales. Aun sabiendo que ella me dijo que no comería demasiado, no iba a pecar de abusador con ella. No siendo tan buena.


—Eshtá muy bueno. — Agregué tras volver a estar centrado. Rara vez que una mujer me hace sentir la vergüenza y me sorprendo de mí mismo ante eso. Entonces acepté la propuesta y decidí cooperar al preparar un plato para comenzar a servir. Cortan un poco de los animales marinos para sacar aquella carne deliciosa y jugosa para sostenerla con los cubiertos y ofrecerlo de la misma manera que lo hizo conmigo. —Es tu turno. Anda.— Le ofrecí imitando la misma vibra que ella había usado en mi, no había que hacerlo parecer más especial de lo que es, solo deseaba devolverle la gentileza y lo íntimo del ademán.  Claro, fue necesario en mi caso levantarme y acercar el bocado a ella con la misma naturalidad. 


Claro la elegancia de ella era otro nivel que no se puede comparar con el de alguien que ha vivido toda la calle. Era como la dama que comparte la comida con el vagabundo en esa obra donde una Mink perro de la alta sociedad de orejas caidas salía con ese Mink perro con bigote que es de los suburbios. —¿No eres de comer demasiado? ¿Entonces eres más de una buena ropa?— Igual mientras estamos compartiendo aquella comida agradable estaría bueno conocer un poco más allá de ella e ir un poco más profundo de aquella dermis que parece muy delicada. 


Con solo verla, el porte, las joyas, debe ser una mujer que tiene sus estándares o es algo que me gustaría conocer a ver si me desarrollaba un poco la respuesta. Un gesto de afirmación. Tomar asiento nuevamente.


RE: Todo tipo de servico, todo tipo de etiquetas [Pasad | Asherah Bel-Nadin} - Asherah Bel-Nadin - 02-01-2026

Acepté el bocado después de un instante de observación silenciosa. No por duda, ni por pudor, sino porque hay gestos que dicen más que lo que ofrecen. El suyo no venía cargado de urgencia ni de revancha: era una devolución limpia, casi cuidadosa. Eso me bastó. Incliné apenas la cabeza y cerré los labios alrededor del cubierto con naturalidad, sin apuro, sin ceremonia. El sabor llegó primero; la intención, después.

Masticar fue una forma de asentir para recién entonces alzar la vista hacia él.

No dije nada de inmediato. No hacía falta adornarlo ni convertirlo en símbolo. Lo íntimo, cuando es genuino, no necesita ser subrayado.

Afuera, en la cocina, algo metálico chocó contra otra superficie; el sonido viajero me confirmó que el restaurante seguía vivo, que el mundo no se había detenido por nosotros, y eso me gustó. Nada de burbujas artificiales. Solo un momento bien puesto en la línea del día.

— Gracias — dije al fin, simple, honesta — Está bien hecho.

No hablaba solo del plato.

Me acomodé un poco mejor en la silla, acomodando también las alas con ese movimiento casi inconsciente que hago cuando me relajo. Lo observé mientras volvía a sentarse, mientras el cuerpo retomaba su eje, como si hubiera encontrado una posición menos defensiva, menos tensa. No era abandono: era ajuste. Y eso, para mí, siempre es buena señal.

— No te imaginé — retomé, con voz pareja — Eso sería otra cosa. Imaginar suele ser una forma elegante de no ver. Yo te vi. O al menos, vi lo que estabas mostrando en ese momento.

No lo dije como sentencia, sino como quien ordena una idea en voz alta para que no se pierda.

— Y lo que vi fue a alguien que se mueve mucho — continué — No solo en el espacio. Por dentro. Alguien que está acostumbrado a reaccionar, a adaptarse rápido, a leer el ambiente antes de decidir dónde poner el peso del cuerpo.

Tomé la bebida cítrica y di un sorbo pequeño, apenas lo suficiente para refrescarme.

— Eso no es poca cosa — añadí — Cansa tal vez, pero también te mantiene despierto. Es todo un tema.

Dejé el vaso a un lado y crucé las piernas con naturalidad, sin buscar efecto, sabiendo que igual lo habría. No porque me propusiera provocar, sino porque hay gestos que, simplemente, ocupan espacio.

— No como demasiado — respondí entonces a su pregunta, en el orden que pedía la charla — Nunca lo hice. Prefiero elegir bien, disfrutar, parar antes de perder la atención. Con la comida, con la ropa, con casi todo.

Una pausa mínima.

— Me interesa más la calidad que la acumulación. Supongo que es una manía adquirida.

Lo miré con un interés que ya no era defensivo, tampoco expectante. Era curioso, franco, ligeramente inclinado hacia adelante.

— Pero ahora me interesa saber de vos — dije — No el viajero en abstracto, no el hombre que responde cuando algo pasa. Vos.

Apoyé el antebrazo sobre la mesa, relajada, marcando cercanía modesta sin invadirla.

— ¿Qué hacés cuando no estás yendo de un lado a otro? — pregunté —¿Hay algo que te nombre cuando no estás en tránsito?

Mis dedos jugaron un instante con el borde del plato, distraídos.

— Y decime otra cosa — añadí, como quien suma una nota más a la melodía — ¿Qué pensabas hacer después de almorzar?

Levanté la mirada, sosteniéndola con calma.

— No te lo pregunto para atarte a nada — aclaré — Me interesa entender si sos de los que siguen caminando por inercia… o de los que dejan espacio para que el día les proponga algo distinto.

Me incliné apenas hacia atrás, dándole aire a la escena, a él, a la respuesta que pudiera venir.

— Porque — continué, sin dramatismo — a veces una mesa no es solo una pausa. A veces es un cruce. Y después de un cruce, cada uno decide si sigue solo, si cambia de rumbo… o si camina un tramo acompañado.

Tomé otro bocado, esta vez para mí, masticando despacio, consciente del tiempo que le estaba regalando para pensar.

— No te estoy pidiendo planes grandiosos — añadí, con una sonrisa leve, casi cómplice — Solo quiero saber hacia dónde apuntaban tus pasos antes de sentarte acá.

Dejé los cubiertos a un lado y volví a mirarlo, abierta, presente.

— A veces eso dice mucho más de alguien que cualquier historia larga.

El ruido del rededor volvió a filtrarse a lo lejos. Algún nuevo comensal entrando. Un plato que se movía, una voz baja dando indicaciones. El mundo seguía. Nosotros también.


RE: Todo tipo de servico, todo tipo de etiquetas [Pasad | Asherah Bel-Nadin} - Heras - 05-01-2026

No juegues. Una frase que me pasa por la cabeza una y otra vez, cuando te veo darte una probada desde mi cucharilla. Eres una mujer que es cautivadora y eso a mi me hace que cada paso lo tenga que dar como una bailarina que va sobre vidrios. —Y eso que no has visto la mejor parte.— Me da un poco de risa pero esta no supera los encantos naturales que tiene ella al moverse, con gracia, con delicadeza, son cosas que para quien vive acostumbrado a ellas no las aprecia. Es como ver una capilla de un culto adornada, pintada y retratada en hiperrealismo y esperar que cada artista callejero esté a la altura en el mismo campo. 

Cosa que no fue facil entonces ella lo logró, sacarme una sonrisa con sus palabras, volvió a poner en mi algo de esa confianza. Medida, como una jeringa, no demasiada para desbordarse de ella pero la suficiente para despertar en mi pecho ese fuego, de una brasa que estaba ya de color blanco con un nos pocos tintes rojos. Noto el porte que tienes hasta para cruzar las piernas. —Basta, comienzas a hacerme ruborizar. — Mas tranquilo me recosté del reposabrazos el que me acerca a ti, con sutileza voy dejando caer el peso poco a poco hasta que siento que ya estoy por completo acomodado. 

—Entonces eres una mujer que no elige lo primero que se le cruza.— Es una conclusión obvia pero que para mi es necesaria, más que eso, un pensamiento en voz alta que se me escapa y me hace mirar el platillo que está servido casi todo. Por lo que hemos comido entre nuestra conversación y bebidas no hemos probado todo lo que nos ofrecen. Yo claro me doy otro bocadillo y te veo atentamente. 

Veo eso en tu mejilla, creo que debe haber sido mi culpa. Necesito ayudarte pero lo medito, lo medito un poco, ya que no saltaré sobre ti desesperado a ello. Conserve la calma. Que mis nervios no me traicionen de nuevo. —Lo que veo es que es una pregunta bastante profunda. — Es cuando las conversaciones dejan de ser mi fuerte, descubrir que soy es parte del viaje que estoy haciendo ya que quisiera saber qué más soy, además de los crímenes que cometí, además de las personas que conocí, además de las personas que ayudé, además de las malas decisiones que tome. —Es curioso, porque de esa aventura tengo la X, pero no he completado el mapa. — Creo que igual una respuesta igual de transiciones no le llamó del todo la atención, tuve la impresión de que la perdía al no venderme cómo un océano demasiado profundo que explorar. 

—Ciertamente, oportunidades de embarcarme en aventuras no me faltaron. Pero no eran las correctas. Digamos que encontraste al aventurero que quiere descubrirse, pero no lo hará con la primera cruzada suicida que se le presente. Hay que coleccionar calidad.— En eso me di la oportunidad de usar sus palabras prestadas. No iba a olvidarse de Uker, aquella persona que había conocido en aquella oportunidad que no tomó. No era el momento correcto, no era la aventura indicada. Volverme a ver con él sería un momento divino. Así veremos en lo que se ha convertido el otro. 

—Pues Asherah, este invierno puede que no tenga mucho movimiento. No me encanta, pero el viento me dice que me mueva a Samba y que no espere demasiado para ir allí. Entonces estoy seguro de que allí cosas buenas pasaran.— No es un lugar al azar. Cielo me ha hablado de ese sitio y es el próximo destino. Parece un lugar con mucho movimiento y estoy seguro de que allí comenzarán a venir cosas buenas. 

—Ahora si lo que buscas es mi plan de vida. Para los que estamos encerrados cada día que estamos afuera es un regalo, pero no quiero vivir sin un camino y se que cuando comiencen a decir mi nombre tras cada lugar en el que esté, sabré que voy en la dirección correcta.— Se podría decir que ese sueño que nunca he pensado en él se podría decir que es ese. No que se diga que Heras fue el pirata más vil, el ladrón más grande, eso no lo decidiré yo, pero si en cada libro que se abra tenga una página para mí, me daré todo el gusto del mundo en ponerle mi firma junto a los grandes.

—Pero permíteme antes de preguntarte de vuelta. ¿Tu ya tienes decidido cual será tu próximo movimiento?— Yo, ahora tengo una evidente curiosidad de saber a donde iría ella una vez ya no quiera estar en Karate. Ciertamente estaría tan encantado, pero me reservaré el gusto, ya que para querer volver a verla primero tendría que darme la oportunidad disfrutar bien su compañía hoy y dejar mi huella en su capítulo y dejarle algo por lo que desear verme de nuevo. 

Mi mirada ligeramente esquiva, sin deseo de confrontar va por una de las toallas y la tomó para hacer un triangulo y cuando noto lo suficiente cerca es cuando extiendo mi mano hacia ti. Sin consultar pero. —Lamento esto. Pero tienes algo aquí.— Retiré aquellas imperfecciones que ensucian su cara producto de la comida. Cerca de sus labios. Paso aquella tela suave de manera delicada haciendo un poco de presión con mi pulgar para asegurarse de que ella no quedará ningún remanente.

Mi mirada segura, tranquila comenzó a verse enfocada en aquellos labios bien delineados, atractivos, formaban un arco perfecto, con esa separación y gracia femenina.  Eran sensuales y creo que llevo mucho tiempo mirándolos fijamente, sin darme cuenta de que mi mano lentamente buscaba tomar su mejilla. Lo vi, en mi cabeza eso ocurrió y para mi por un instante fue tan real pues de tanto ver esos labios ya me había imaginado tan cerca de ellos hasta un ruido de la cocina me hizo regresar. Espero no haberme perdido demasiado tiempo, no sobrereacciona. —Admito que me lanzaste un encanto. No es justo.— 

Tragué fuerte y decidí darme la oportunidad de comer del buffet que me invitaron. Pero bajo mi piel morena y tatuada se había sentido algo de vapor y este salía por mi cuello. Aun con el torso descubierto siento que tengo algo de calor. —Dime algo. ¿Ya te has propuesto una meta? ¿Hay un algo que deseas alcanzar?— Yo tengo que desviar mi atención un poco y volver a tener los pies en la tierra, que mira que ella sabe que vuelo rápido, no puedo caer cegado y derretido por el sol nuevamente.


RE: Todo tipo de servico, todo tipo de etiquetas [Pasad | Asherah Bel-Nadin} - Asherah Bel-Nadin - 19-01-2026

Acepté el gesto con la misma calma con la que había aceptado el bocado antes. No porque no registrara la cercanía, ni porque me resultara ajena, sino porque entendí —con esa lucidez que llega cuando una está presente de verdad— que no había ahí una invasión, sino una tentativa torpe de cuidado. Su mano, la tela, el pulgar apenas marcando presión: todo hablaba más de contención que de avance. Dejé que terminara, sin retirarme ni endurecer el gesto. Cuando se apartó, seguí mirándolo con la serenidad intacta, como quien no necesita corregir lo que ya encontró su propio límite.

Tomé aire despacio antes de responder, las preguntas que había dejado sobre la mesa merecían algo más que una réplica rápida. Corté un último trozo del plato —ya casi terminado— y lo llevé a la boca, dándole tiempo a la escena para acomodarse sola. Comer, en ese punto, era casi un acto de cierre: no de la conversación, sino de una etapa breve pero nítida del encuentro.

— Lo que decís tiene sentido — empecé, sin adornos innecesarios — Y no suena a alguien perdido o a la deriva. Suena a alguien que dejó de aceptar cualquier puerto solo por cansancio.

Apoyé los cubiertos con cuidado, paralelos, como si también ellos necesitaran ordenarse después de haber cumplido su función. Había en el aire una quietud distinta, más asentada, la parece que la charla deja de tantear terreno y empieza a decir cosas más concretas.

— Descubrirse no siempre es sumar cosas — continué — A veces es aprender qué no volver a cargar. Lo que nombraste — los errores, las decisiones malas, los nombres que pesan — no te definen por acumulación. Te definen por cómo los dejás atrás sin negarlos.

Le sostuve la mirada con esa firmeza suave que no busca imponerse pero tampoco retrocede.

— Y no, no espero que tengas el mapa completo. Nadie que se mueva de verdad lo tiene. Pero sí noto que ya no te conformás con marcar una X en cualquier parte y llamarlo destino. Eso habla de criterio. Y de paciencia, aunque te pese admitirlo.

Tomé la bebida una última vez, más por acompañar el ritmo que por sed, y sonreí apenas cuando mencionó esa idea de calidad por sobre cantidad. No como triunfo, sino como coincidencia genuina.

— En eso estamos alineados — pronuncié — La prisa suele disfrazarse de coraje, pero casi nunca lo es. Elegir cuándo avanzar también es una forma de valentía.

Me recliné un poco en la silla, dejando que la espalda encontrara apoyo, y dejé que la conversación respirara. Afuera, el murmullo del lugar seguía su curso. El almuerzo se estaba cerrando solo, sin apuro.

— ¿Mi próximo movimiento? — repetí, retomando su pregunta con una media sonrisa — No está escrito en piedra, si eso es lo que querés saber. Pero sí tengo claro algo: no me quedo donde ya entendí todo. Cuando el espacio deja de enseñarme, empiezo a buscar otro... cuestiones de negocios, es todo un tema.

Hice una pausa breve, no para generar misterio, sino para ser honesta incluso conmigo misma.

— No persigo metas grandilocuentes ni finales épicos. Me interesa seguir afinando el rumbo. Elegir bien con quién comparto los tramos, incluso los cortos. Y dejar huella no por ruido, sino por coherencia.

Volví a mirarlo, con una atención que ya no evaluaba, sino que acompañaba.

— Samba suena a un lugar de cruce — añadí — Movimiento, fricción, posibilidades. No me sorprende que el viento te empuje hacia allá. A veces no es el sitio lo que importa, sino el momento en que una decide moverse.

Deslicé la servilleta sobre el plato, marcando un final tácito al almuerzo, y apoyé las manos sobre la mesa, abiertas.

— Si algo te puedo decir desde este lado — continué — es que no necesitás convertirte en leyenda para saber que avanzás bien. Hay nombres que pesan más por cómo se pronuncian en voz baja que por cuántas veces se gritan.

El silencio que siguió no fue incómodo. Fue de esos que ordenan. Miré alrededor un instante y luego levanté la mano con un gesto discreto, llamando al mesero cuando cruzó cerca de nuestra mesa.

— ¿Nos traés la cuenta, por favor? — pedí con naturalidad, volviendo luego la atención a Heras.

— Me gusta pensar — añadí, ya más liviana — que lo que sigue no siempre tiene que ser decidido antes de terminar de comer. A veces alcanza con estar lo suficientemente despiertos para reconocer cuándo un tramo se cierra… y cuándo otro empieza.

Me acomodé en la silla, lista para levantarme cuando hiciera falta, sin prisa, y con la expectativa pendiente, curiosa, de saber qué pudiera proponerme Heras. El día todavía tenía espacio. Y nosotros, también.


RE: Todo tipo de servico, todo tipo de etiquetas [Pasad | Asherah Bel-Nadin} - Heras - 23-01-2026

Interludios que se disfrutan con las compañías correctas. El comer puede ser placentero más allá del sabor de la comida si a tu lado tienes unas personas que puedan generar en ti los estímulos correctos. La conversación hizo menos intenso su brillo que antes me había encandilado como le ocurre a los venados cuando se atraviesan en una vía de un vehículo. Asentí ocasionalmente sin pensar demasiado en el sabor de la comida, solo disfrutarlo y acompañarlo de la bebida. 


De sus palabras rescataba algo. Era sencillo y era debido a ese momento en el que había dejado de lado otras oportunidades. Podría haberme rodeado de gente con la que habría compartido día y noche, pero no era mi momento, ya solo por eso de seguro habría sido un gran problema. Me hizo sentir reconfortado, aunque no lo pareciera lamentaba un poco no haber aprovechado esa oportunidad. Viajar, conocer el mundo, son claras oportunidades que no se presentan a cualquiera. No solo por lo bello que debe ser conocer el mundo, si no por tomar la decisión de estar con esa persona con sus virtudes y defectos.  


Ella nunca sabría que había puesto una pequeña sensación de alivio en ese pesar. Siempre se puede pensar en “qué habría pasado si.” Arrepentirse de aquella decisión que nunca se tomó. 


—Samba suena a un lugar con bastante por explorar.— Asintiendo nuevamente entre bocados. Mi pensamiento en voz alta se escapa de mi mientras seguimos compartiendo. Su selección de palabras es algo que me hace mirarla, ya no aturdido de su angelical presencia ni de su hechizo cautivador. Es aquella mirada ladeada que busca descifrar. Quiere entender si aquella selección tan puntual es otra de aquellas propuestas. Sutil, muy sutil. 


Conociendo su carácter propasarse sin confianza no suena a la alternativa indicada. Pero la duda no es algo que me deba limitar eternamente, si no sería una especie de mascota que se me puede adoctrinar con decir las cosas una sola vez. No me considero tal. No pensé que ella pudiera hacer una conversación tan estimulante, pues, salir y comerse el mundo es una manera que compartí como con muchos otros. Tener la atención de todos y que se escuche decir Heras con solo mi presencia. Ahora comenzaba a imaginar de que en lugar de eso se dijera mi nombre en todos los lugares, aun cuando no se está presente. Susurrado con la importancia de alguien a quien todos desean pero no se atreven ni a tocar o sostener la mirada. 


Es otro tipo de atención. Una mente que se abre como la pirotecnia para celebrar el año nuevo. Ahora me enfrento a otra manera de alcanzar el éxito. Ya que para mí el éxito se puede obtener cuando eres capaz de tener toda esa atención. —Eres una mujer que ve la vida diferente. Me sorprendes. — Claro tampoco veo necesario hacerlo más especial de eso al mismo tiempo siento que debo equilibrar un poco las cosas. —Eso de que estés buscando movimientos y fricciones. Tienes que invitarme. — Todo eso dicho para distraer un poco, aquella broma pero que quiere ser un poco pícara, no todo tiene que ser sumamente interesante o excesivamente introspectivo y profundo. 


Ella dispuesta a pagar por todo, conservó su posición de ser ella la que invita. Me hizo sentir en deuda, pero no siempre se tiene que retribuir con la misma moneda. —Claro que no, pero lo ocurrido es que en ocasiones los cambios asustan porque parecen el final o parecen algo que no deseamos. Aunque no profundicemos mucho en eso, porque es hasta complicado. Como dices, ¿es todo un tema?— Ya la habría pillado un par de veces con esa muletilla y sin querer la copio, no para usarla contra ella, si no que me parece que encajaba para usarla. 


La cuenta llegó y saltó un poco mi vena por enterarme. Una mirada puesta en ella, más arriba de sus hombros buscando sus ojos. Me costó un poco, era como querer ver al sol, es hermoso, pero te puede cegar. Esperar el momento puntual que su vista no fue a la cuenta si no que se ocupara de la transición para concretar el pago. Claro que bajé rápido la mirada y como un mimo luego de ver el precio cambiar de pose rápido, fingir que no.


Un último cruce de miradas noté tus intenciones de querer salir, me puse de pie inmediatamente. Se notaba en sus hombros en la postura de su espalda y claramente no dudé en hacerlo. —Me ha encantado la comida. Regalame una caminata creo que se donde podemos continuar esta conversación.— Caballero extendí mi mano a ella, se que con su altura no es como que necesite particularmente de mis manos. Igual no di oportunidad a sentir duda. No busqué el contacto, aprendí, pero me propuse lo suficiente para ella. 


Salir de allí la meta, no tenemos que ir de la mano pero si podemos ir juntos. Con un destino marcado, retirado, lo que nos deja tiempo para apartar un poco. Caminar hasta que el suelo bajo nosotros se volviera una arena amarilla y seguir el sendero a una parte un poco menos concurrida, donde los comercios cambiaban de ser comidas para ser de turistas. Bañadores, chucherías, todo tipo de gustos orientados a la playa, aunque no es el fuerte de la isla no dejaban de intentarlo.



RE: Todo tipo de servico, todo tipo de etiquetas [Pasad | Asherah Bel-Nadin} - Asherah Bel-Nadin - 02-02-2026

Tomé la cuenta cuando el mesero la dejó sobre la mesa con ese gesto neutro, casi automático, que tienen quienes saben retirarse a tiempo. No hubo ceremonia ni tensión: solo el sonido breve del papel al deslizarse y el peso real de una decisión sencilla. Extendí la mano antes de que el silencio pudiera sugerir otra cosa y resolví el pago con la misma naturalidad con la que había elegido el plato o sostenido la conversación. No era un gesto de dominio ni de invitación encubierta; era coherencia. Había propuesto el ritmo, había marcado el cierre del almuerzo, y asumirlo hasta el final me parecía lo más honesto.

Mientras el mesero se alejaba, guardé el medio de pago y acomodé la cartera sin apuro. Sentí la mirada de Heras, no invasiva, sí atenta. Esa atención distinta, menos ansiosa que antes, más enfocada. Alcé los ojos apenas lo justo para cruzarlos con los suyos y sostuve el contacto un segundo más de lo habitual, no como desafío, sino como confirmación silenciosa: estaba todo en orden.

Cuando Heras se puso de pie de inmediato, lo registré con una leve inclinación de cabeza. No me sorprendió. Había en su gesto algo más decidido que antes, menos reactivo. Extendió la mano. No la necesitaba, claro, pero tampoco la ignoré. Apoyé mis dedos en los suyos con ligereza, apenas el contacto justo para aceptar la propuesta sin convertirla en dependencia. Un puente breve. Suficiente.

— Una caminata está bien — dije suave — Ayuda a que las ideas no se queden sentadas.

Me levanté despacio, acomodando primero la silla, luego el peso del cuerpo. Mis alas se plegaron con ese movimiento casi automático que acompaña los cambios de plano, como si también ellas supieran que el espacio se abría hacia otra cosa. El restaurante quedó atrás sin dramatismo; no había nada que retener allí. Había cumplido su función: alimentar, contener, permitir un cruce.

Salimos juntos, no de la mano, pero acompasados. El exterior nos recibió con un cambio de luz casi imperceptible, esa transición suave que ocurre cuando el día avanza sin pedir permiso. El suelo fue mutando bajo nuestros pasos: primero firme, luego más suelto, hasta volverse arena clara. No hice comentario alguno sobre el rumbo; me interesaba más ver cómo lo sostenía él que cuestionarlo. Y lo hacía con una seguridad todavía en construcción, pero real.

Caminé a su lado sin invadir su espacio, marcando un paso largo, tranquilo, que no exigía ser igualado pero tampoco se imponía. A veces, mi sombra lo cubría por completo; otras, quedaba detrás. No lo corregí ni lo destaqué. Las proporciones, cuando se aceptan, dejan de ser un tema.

Los comercios comenzaron a cambiar. Menos mesas, más colores. Objetos pensados para ser llevados, usados, olvidados. El murmullo se volvió más disperso, menos concentrado en una sola actividad. Observé de reojo cómo Heras miraba alrededor, cómo su atención saltaba de un punto a otro sin perder el hilo de la conversación previa. Seguía procesando. Seguía acomodando piezas.

— No me molestó que bromearas antes — comenté de pronto, sin mirarlo directamente — A veces hace falta bajar un cambio para que lo profundo no se vuelva pesado.

Giré apenas la cabeza hacia él, lo justo para que entendiera que no era una corrección, sino una aclaración.

Seguimos avanzando. El viento traía olor a sal, mezclado con telas nuevas y comida rápida. Un contraste curioso, como muchas de las cosas que había dicho él sobre su vida. No lo juzgué por ello. Nadie es una línea recta cuando está aprendiendo a elegir.

Me detuve un segundo para ajustar el ritmo, no porque estuviera cansada, sino porque el lugar lo pedía. Un cruce más angosto, menos concurrido. Aproveché para quitarme las botas y así poder caminar mejor sobre la arena, no me molestaba el frío debido a la temporada, para mi era soportable.

Retomé la marcha con una media sonrisa. Había humor en ese gesto aparte de comodidad, pero también intención: quitar peso innecesario.

— Ahora — dije, dejando que el presente se impusiera — si tenías pensado continuar esta conversación acá, hiciste bien en proponerlo. Este tipo de lugares permiten hablar sin sentirse observado.

Alcé la vista hacia el frente, hacia ese tramo de sendero que se abría con promesa simple: seguir andando.

— Y si no — concluí, con ligereza — siempre podemos caminar un rato más y ver qué surge. No todo tiene que definirse antes de tiempo. Es todo un tema.

El día seguía abierto. El suelo bajo nuestros pies también. Y por primera vez desde que nos habíamos encontrado, sentí que el movimiento no era solo desplazamiento, sino elección compartida, aunque fuera por un tramo breve.


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