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Mirada de hielo [Priv. Jin] [Pasado] - Versión para impresión

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RE: Mirada de hielo [Priv. Jin] [Pasado] - Hyákinthos - 17-03-2026

Recostado a la puerta de la habitación y aprovechando la soledad, el médico sacó de su bolsillo una frasco con perfume menta. Inhaló la esencia y se perdió en aquel olor picoso mientras pensaba en las palabras que antes le había dicho el pelinegro. Le tranquilizaba saber que, a pesar de que había descubierto su “falla” antes de tiempo, aún considerara hacer negocios con él, pero, como el mismo Jin había dicho, ya demostraría lo que fuera necesario el día de la cita.

Dio una inhalación profunda al frasco y, luego, pensó en las palabras del pelirrojo antes de salir de la habitación, además, recordó con claridad sus gestos, la toalla intentando ocultar lo evidente. Eso le arrancó una sonrisa sincera, aunque ladina.

—Así que no le disgustan, es bueno saberlo —dijo para sí antes de morderse el labio de nuevo, volviendo a esa mala maña que no se le quitaba, sin importar cuanto lo intentara. Pensaba en las posibilidades y en las oportunidades, pero, como siempre…era paciente y, además, no quería comportarse de una manera que pudiera disgustar al señor Percival, después de todo, hasta ahora era uno de los mejores proveedores de medicinas que podía tener y eso era difícil de encontrar. No quería derrumbar esa confianza por un desliz por el cual podía esperar. Sí…a fin de cuentas, disfrutaba la cacería lenta y premeditada.

Inhaló de nuevo y, cuando creyó que tendría un poco más de tiempo a solas, la cabeza de Chili se asomó por la puerta, parecía haber recuperado el color y ese ánimo con el que entró por la puerta de la farmacia.

—Sí, puedo notarlo…además, te ves de mejor ánimo. ¿Se te acabó la batería social antes? —Le sonrió al chico antes de que este abriera la puerta por completo y revelara al que el pelirrojo llamaba jefe. —¿También eres adivino? Esa fue una buena predicción… ¿O pasas tanto tiempo con tu jefe que te sabes hasta el tiempo en que demora bañándose? —Pensó mejor en sus palabras y sacudió la cabeza para luego cerrar la puerta tras su espalda, regresando a su habitación.

—Lo siento, no es mi intención insinuar nada de lo que puedas estar pensando…creo que lo que dije sonó mal. Mi culpa, a veces digo lo primero que se me viene a la cabeza —. El pelirrosa se movió para caminar hasta quedar de nuevo frente a la cama y, de nuevo, volvió a sentarse, aunque no sin antes haber soltado una risa baja por la “queja” del pelinegro.

—¿Qué debíamos haber empezado, Jin? Me parece que Chili esta cansado y yo…yo aún debo tomar un baño ¿Sabe? No me he mojado como ustedes, pero odiaría ir a la cama sin haberme duchado antes, sería…antihigiénico —. Toda la suciedad y el sudor del día le impedirían dormir, pero ahora estaba absorto en cualquier frase que cualquiera de los otros dos hombres pudiera decir, por eso retrasaba el momento…no…a quien engañaba, se había quedado para recordar el cuerpo del hombre con el que estuvo días antes… ¿De verdad habían pasado tan buena noche? Ojalá pudiera recordarlo mejor, porque el cuerpo del contrario parecía valer la pena…aunque, de nuevo, su atención tan vaga se desvió a algo más, rompiendo la ilusión de querer recordar algo.

Sus ojos brillaron cuando Chili decidió cederle la cama sin problemas y brillaron aún más cuando Jin también accedió. Esa noche si que dormiría a gusto, más con el sonido de la lluvia pegando directamente en el techo, creando un perfecto ruido blanco.

—Sí, estaré más cómodo, efectivamente. No me gusta dormir en el suelo…no estoy acostumbrado a eso, además…a mi edad es mejor tener un buen colchón —. Usaba su edad como excusas, a pesar de que solo tenía unos 30 años para ese momento.

Vio cuando el pelirrojo se abalanzó sobre la colchoneta y, en ese instante, el también se recostó en el colchón de su propia cama, aunque eso no significaba que dejaba de prestarle atención a las palabras de los otros hombres.

—¿Jmmm? ¿Teme que me pierda desde mi casa al laboratorio? —Habló con pereza desde su lugar. —La verdad es que no me molesta que me acompañe, hablar con él por el camino sería enriquecedor…claro que, espero que vaya a buscarme a la dirección que le proporcioné y a la hora acordada, de otro modo mi memoria podría jugar en contra y no reconocería a Chili. Eso sería una lástima…porque tendría que empezar desde cero a conocerlo y no quiero eso —. Pronunció de manera tan casual que ni siquiera parecía haberlo pensado mucho, de hecho, parecía que no tenía miedo de dejar entrever el leve interés que sentía por el pelirrojo.

—Dime…Chili… ¿Sabes a qué me dedico? ¿Tu jefe te lo contó? —De un respingo, el pelirrosa se sentó en la cama y luego se levantó para tomar el último juego de ropa que quedaba sobre la mesa de noche, ahora si se había decidido a ir por el baño que había estado retrasando, pero, no sin antes, pasar a un lado del pelirrojo y ponerse de cuclillas a un lado de su colchoneta. —Cuento con que sí, porque eso me evita tener que explicar muchas cosas. Espero no incomodarte con mi profesión, porque eso sería una pena que eso pusiera una barrera entre nosotros, cuando soy inofensivo la mayoría del tiempo —. Levantó la mirada y se encontró con los fríos ojos del pelinegro, en ese momento le sonrío desde su lugar antes de ponerse de pie.

—Como sea, no hagan nada indebido. No quisiera ahuyentar al señor Percival…es de los mejores para conseguir medicamentos y remedios y no me gusta tener que cambiar de proveedor…así que espero que sepan comportarse mientras me estoy duchando —. No sabía porque razón en específico, pero cuando dijo eso, miró especialmente al pelinegro, antes de darse la vuelta y abrir la puerta del baño. Momento de que el agua le quitara toda la tensión que pudiera estar acumulando.



RE: Mirada de hielo [Priv. Jin] [Pasado] - Onizuka Jin - 17-03-2026

El pelirrojo solo volteó la mirada, con un halo de timidez que trató de disimular carraspeando. —No, solo estaba un poco... distraído. — Takano se volteó, con el inesperado momento en que Jin salía del baño. —No soy adivino, ¡solo es casualidad! — Le dejó el espacio necesario para que Hyákinthos pudiera pasar, observando de nuevo la conversación entre los dos hombres, ahora desde el colchón. La curiosidad se reflejaba en su mirada. Jin, sin embargo, mantuvo la mirada, calmado, con los brazos y piernas cruzadas una vez terminó de vestirse.

—Supongo que tiene razón. — Sus palabras sonaron sin interés, observándolo calmadamente, y luego al joven bajo sus pies, quien al sentir los afilados ojos de Jin solo se volteó instantáneamente, fingiendo demencia de una forma que claramente no le estaba saliendo bien. Jin, sin embargo, hizo lo propio, solo enfocarse en el pelirrojo, con calma.

—Duerma donde le plazca, no somos niños.

Por el momento, hasta que no se tumbara, no planeaba levantarse de aquella comodidad. Pelear por algo como una cama no era lo suyo, en su infancia ya había tenido que verse en esa situación, pero ya no más. —No, desde su casa hasta la dirección que le ofrecí tendrá que venir usted, Hyákinthos. Ahora que tengo conocimiento de su memoria, lo mejor es que se vaya acostumbrando a ir viendo a mis hombres. Primero quiero ver hasta dónde llega y, no crea que el laboratorio es un lugar pequeño. Si se quiere hacer bien el trabajo, hay que hacerlo bajo mis condiciones, y son bajo seguridad. Del mismo modo que usted, no me gusta revelar lo que hago a los ojos de todo el que pueda verlo, y yo mismo le garanticé la seguridad. ¿O esa parte también la olvidó? — Descruzó los brazos, dando leves toques sobre su rodilla, la cual estaba todavía cruzada con su pierna. El mono de querer un cigarrillo lo estaba comenzando a impacientar un poco, haciendo ese pequeño gesto. 

Sus ojos, sin embargo, cayeron hasta sus labios. De nuevo lo notó, lo desgastados que se encontraban. Ciertamente era una lástima, si su memoria era tan mala, probablemente no habría tenido un flashback como el que él tuvo en el último encuentro que tuvieron aquella noche. Se cuestionó si revelar aquel tema, el momento en que no era el mismo tipo de persona que era ahora... Quizás era mejor dejarlo de esa forma.

Takano levantó la cabeza, mirando a Hyákinthos cuando mencionó su apodo. Todavía estaba boca abajo y ahora parpadeaba con cierta confusión. —¿Eh? No sé de qué se cono-... — No pudo proseguir, porque ya estaba hablando más el pelirrosa que él mismo. Ahora se vio confundido, parpadeando. 

Jin observó la puntualización del pelirrosa. Pese a no tener recuerdos, sí parecía recordar esa parte suya que poseía de forma traviesa y única. Rodó los ojos, dejando escapar un leve suspiro. —No se preocupe, no soy tan incontrolable como pueda ser en acción. No vivo dependiendo de eso. — Lo dejó ir al baño, mirando ahora a Takano, quien parecía confundido todavía por conocer de qué hablaba Hyákinthos. —Es el cirujano del que te hablé.

—E-espera, espera, ESPERA, ESPERA, ¿¡QUÉ!? — La voz se fue elevando poco a poco, su cuerpo se incorporó, usando sus brazos como apoyo, sorprendido de la nada. —¿EL QUE ES UN PROFESIONAL? ¿ESE? YO PENSABA, NO SÉ, ¡QUE TENDRÍA ASPECTO DE MALOTE O DE CIENTÍFICO LOCO! — Jin frotó sus ojos, cansado. 

—Baja la voz, se supone que no debe saberse en un lugar así. — Las manos de Takano se elevaron, cubriendo sus labios al darse cuenta de que había llegado demasiado lejos. Afortunadamente incluso si lo escuchaban, dudaba que lo comprendieran. —Es quien planeo contratar si todo sale bien. Y tú lo vas a escoltar. Ahora que te conoce ha facilitado más las cosas.

—Jefe... ¿Está seguro? Quiero decir... tiene una cara tan inocente y... — sus ojos se volvieron a lo que ahora era la puerta cerrada del baño. —Parece tan buena persona... 

—Todavía te falta experiencia, joven. No todo es lo que aparenta ser. — Se puso en pie, tomando la nuca de Takano y aplastándola contra el colchón. Emitió un sonido ahogado. No fue brusco, ni agresivo, sino un gesto para que se calmara. —Ahora duerme de una vez antes de que cambie de opinión y te patee fuera.