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Un perfecto día para hacer... NADA :: Privado :: Pasado - Versión para impresión

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RE: Un perfecto día para hacer... NADA :: Privado :: Pasado - Hasegawa Shin - 17-02-2026

Persiguió su silueta, su melodía, sin esperar más que una casual tarde de verano, y sin saberlo las probabilidades pusieron frente a él una situación tan delicada como seductoramente frágil. Para Shin, las palabras de Maki no fueron vacías, se armaron de un significado demostrado, que se agigantaba con cada paso dado hacia la peliazul, sumando un peso físico en el pequeño empujón que le dio contra el pecho tras devolverle su cartera, misma que dejó junto a su camiseta antes de dirigirse hacia el mar.

No entendía por qué, cuál era el magnetismo, la singularidad gravitatoria que lo acercaba a esa mujer, a su sonrisa, y aún así sentía que no necesitaba explicaciones. Parecía una estrella en mitad del desierto, guiando a alguien sin rumbo, enseñándole de nuevo el valor de lo cotidiano y cómo se siente vivir sin preocupaciones profundas, al menos durante un instante breve, pues las esperanzas estaban fijadas en aquel punto brillante, inalcanzable para quienes mantienen los pies sobre la arena, pero aún así presente.

Su broma fue contestada con inmediatez por la precaución de Shin, quien vio algo más que sólo belleza en las acciones caóticas de María. En cierta parte, ese manto invisible que la cubría se le hacía familiar, diferenciaba los caminos ocultos hacia un núcleo repleto de dolencias, porque en su propio corazón gritaba un dolor que no le permitía escuchar a nadie más, cargando en soledad el peso de su propio mundo, sus miedos más aislados, los sueños aún vivos por los cuales sigue luchando día a día.

Lo cotidiano se mezcló con su otra cara, una que no se camufla en el carisma y las tonterías para protegerse, ni impone su ego sobre la fortaleza con tal de intimidar al resto, o incomodarlos. Cuando aquella guerra simple inició, salpicando de agua a María, recibiendo su merecido por iniciar algo de manera unilateral, sintió que no necesitaba más máscaras, porque se reflejaba su verdadero yo en el rostro que tenía delante, la sonrisa del alma que le mostraba la mujer. Encontraba un nuevo cielo en los ojos ámbar donde se dibujaba su silueta, rodeados del azul de las olas y las nubes sobre el lienzo celeste, un brillo finito entre los ciclos del día y la noche, como el de su propia mirada.

Ríe, celebra a la teatral María, sumándose al baile sutil, el intercambio interactivo donde ella le hacía pagar por sus crímenes. La risa de la mujer resuena en su cabeza, sonidos de fantasía, como los relatos de marineros que sobreviven al infernal peligro marítimo, contando que casi son atrapados por el conocido ritual de las sirenas. Incluso con semejante poder de atracción, Hasegawa estaba viendo más allá, concentrándose en lo que la llevaba a mostrarse de esa forma, y curioso por saber si era realmente ella. Lo cierto es que era imposible saberlo sin romper la magia del momento, una energía que se mantenía incluso cuando es María quien decide terminar el juego, pronunciando una pregunta que lo deja completamente descolocado, algo que no le sucedía jamás.

'Malvavisco… ¿Dónde estuviste toda mi vida?'

Su silencio duró poco, casi nada, aunque bajo la perspectiva del albino pareció una pequeña eternidad. No supo responder de inmediato, perdiendo la lucidez de su velocidad mental, pensando en lo que estuvo haciendo durante los últimos años, las vidas perdidas a su alrededor y cuánto afectó a su propio rumbo. Al final terminó sonriendo, no por querer mentirle al contestar, sino, porque entendía que todavía no podía abrir esa sinceridad tan extraña que quería emerger en presencia de la pequeña sirena.

—Probablemente salvando el mundo. Perdiéndome unas cuántas oportunidades para conocerte. —soltó finalmente, mirándola lanzar su camiseta tras quitársela, quedándose con la parte superior de su bañador y asombrando a Shin por la enorme belleza que representaba. Observó sus escamas, y luego la trayectoria que siguió la prenda de la que se despojó. —Es lo que hacen los héroes, supongo. —la sonrisa que le siguió a ese comentario fue tenue, manteniéndose incluso cuando volvió a mirarla, soltando esa broma tan característica de su personalidad. El marine no tardó en sumarse a aquel juego, haciendo un ruido similar al contrario para celebrar que encestó en el punto exacto, incluso levantando ambos brazos.

El cambio se dio cuando María emitió un susurro, cambiando de tema suavemente. Le estaba regalando una invitación, la promesa de un mundo maravilloso si se atrevía a confiar, a sujetar su mano. Por dentro creyó que sería un auténtico desperdicio negarse, o siquiera valorar esa idea, fue el motivo que lo llevó a sujetarla con plena confianza y una sonrisa enorme en los labios —¿Aún más? —cuestionó, pues consideraba todo lo vivido hasta ese preciso momento como un rato genuinamente especial, de los que se recuerdan con una extraña calidez nostálgica en el corazón durante días tristes, o momentos especiales donde se hace vigente el progreso propio.

Por supuesto que aceptó la invitación, sujetando su mano.

Abrió los ojos con sorpresa cuando recibió el tirón, pero la curva de sus labios no se borró, al contrario, se transformó en un shock de los divertidos, sintiendo una adrenalina agradable en el cuerpo. La velocidad y fuerza de esa mujer eran considerables, pero eso reafirmaba su teoría sobre la naturaleza de su raza y el motivo de aquellas escamas, más cuando de manera súbita se alejaron de Maki y pronto se hizo indistinguible desde el punto donde terminaron. Las cercanías con Merlot comenzaron a ser peligrosas, desde el mismo momento en que cayó encima de ella, porque por las sensaciones debilitadas del marine sentía una nueva forma de conectar con todo aquello que quería mostrarle desde una perspectiva distinta, más íntima, como si estuviesen encerrados en una pequeña cápsula separados del resto. Irónicamente, y aunque no existiese aire que inhalar en esas profundidades, lo que se respiraba era libertad.

—Con esas advertencias haces que me den ganas de ahogarme, María... —contestó Shin a la propuesta de ayuda dándole respiración boca a boca, y de esa forma se entregó a lo que ella decidió regalarle, contagiándose del precioso brillo repleto de expectación y entusiasmo que le regalaban sus ojos, más que hipnóticos a estas alturas.

Los dedos entrelazados le brindaban seguridad en un mundo inexplorado para Hasegawa, y fue el mayor punto de tranquilidad cuando lo inevitable sucedió. Inhaló todo el aire que sus pulmones le permitieron y se dejó sumergir en las profundidades del mar, donde María era la reina indiscutida, con movimientos veloces, precisos y gráciles, manteniendo los ojos abiertos con algo de esfuerzo para vislumbrar todo aquello que jamás imaginó navegando sobre barcos, o soñando en noches atípicas donde encontraba algo de paz.

Los peces raros, los colores de la extraña vida marina y el conocimiento implícito de estar viviendo en carne propia un pequeño fragmento del universo donde se mueve María lo llevaron a un punto de tranquilidad absoluta, donde ni sus memorias más traumáticas conseguían afectarlo. Observaba los fondos del mar, oscuros, sin miedo, desde esas sombras no habían fantasmas devolviéndole la mirada, ni intentando tirar de su cuerpo hacia lo más profundo. Las aguas cristalinas ayudaban a que las siluetas de ambos se llenen de mucha más luz de la habitual, mirándola en ese fiel reflejo resplandeciente que era el rostro de Merlot varias veces, con un deje casi eufórico.

Lo que en otro momento habría sido un vacío azul, rodeado de recuerdos tormentosos, se transformó en algo hermoso, con la compañía perfecta. El velo de su pareja asesinada lo cubría sin un dolor punzante, como hace años no le pasaba. El peso de haber sido quien tomó la decisión que produjo la muerte de casi todos sus amigos en la División que lideraba se redujo, alivianándose sin tomar nada a cambio. Sintió la libertad de María, la compartió sin hacerla suya, viviendo ese latir a su lado, sin soltarle la mano y dejándose guiar.

Le mostró algo que jamás olvidaría, mucho más precioso que las vistas y la vida oculta tras la superficie del mar.

Le mostró una sensación que guardaría para siempre en su corazón.

Incluso casi se olvida de que tenía que respirar, y por ende, aunque no quería, agradeció el momento en que volvieron a la superficie, aún sosteniéndose en ella ya que nunca fue un gran nadador. Tosió muy poco, lo suficiente como para no preocuparla e incorporarse rápidamente a la súbita cascada de palabras que vinieron tras el paseo subacuático, la sonrisa de Shin se mantuvo, y no tardó en seguir el rumbo frenético que la energía de ella impuso sobre la conversación —¡Es fantástico! ¡Nunca imaginé que bajo el mar se pudiesen ver colores tan bellos! Y eso que he pasado varios años navegando aguas peligrosas... —sugirió, asintiendo varias veces a medida que recuperaba una respiración más normal, aunque aquellas palabras tan superficiales no englobaban todo lo que realmente sintió.

Quizás algún día, o en algún momento, tendría la posibilidad.

Entre esos pensamientos no llegó a reaccionar a las siguientes palabras de la mitad sirena —¿Ah? —ladeó la cabeza, pero sus cabellos recibieron la señal primero que su cerebro, zarandeándose ante el tirón hacia el fondo marino una vez más, sin tomar el aire correspondiente y jugando un poco más con la velocidad que Merlot alcanzase para llevarlo de vuelta hacia la orilla.

No se pudo fijar en la preciosa vista de antes con tanta libertad, pues luchaba con el aire y se hizo mucho más lento. Sin embargo, le confió su vida a María, aferrándose fuertemente a su mano, hasta que eventualmente pudo sacar la cabeza a la superficie y tomar la bocanada de aire más profunda de su vida, echándose a reír casi de inmediato. —¡Uf! Casi que se termina mi historia... —explicó, dramatizando la situación cuando ella le dijo que respire, pero fue rápidamente descolocado por la brillantez de su broma, produciéndole un gesto algo más travieso por simple naturaleza.

Las frentes pegadas casi que encogieron su corazón, haciendo que sus ojos se abriesen con ligera sorpresa. Fue el no entender la sensación en su pecho más que la repentina cercanía, dejándolo casi sin reacción hasta que se alejó, era una mujer... genuinamente peligrosa.

—Si tuviese que elegir, me decantaría por quien tengo más cerca. Es decir, tú, María. —su nombre sonó mucho más dulce de lo que habla habitualmente, y eligió esas palabras justas para no quitarle mérito a ninguna de las dos, sumando su granito de arena sin ser demasiado directo. Sentía algo distinto hacia Merlot, estaba claro, pero por esa misma razón no quería acelerar nada, considerando que todavía no identificaba del todo bien que era ese deslumbramiento tan resplandeciente que ella le producía, incomparable a muchas otras sensaciones que sintió nacidas desde la simple atracción. No la perdía de vista, y se fijó en su figura cuando le dio la espalda.

Reincorporándose y siguiéndola hasta la orilla, la observó al momento en que volvió a girarse y le lanzó aquella extraña pregunta. Shin no lo entendió al principio —¿Hm? —pero había algo particular, la actitud de Merlot había cambiado, sus ojos mostraban un vacío que no le vio en todo el momento que pasaron juntos, sin el brillo entusiasta de instantes previos a vivir una aventura marina tan hermosa como memorable.

Ella no le dio más tiempo para contestar, y aunque hubiese querido, estando tan sobrepasado de diversas emociones no habría encontrado las palabras exactas. Otro pequeño apunte para mencionarle a futuro, si la vida les daba una nueva oportunidad de interactuar, por ahora imitó el gesto de María y recuperó sus cosas, antes de retornar al picnic improvisado que Maki formó en ausencia de ambos.

No pudo evitar soltar una pequeña risotada con lo de la lata echando su líquido encima de la peliazul, aunque fue una reacción algo forzada, repleta de naturalidad, eso sí. No quería reír, realmente, estaba intrigado por lo que percibió antes en ella, y cuando sujetó la cerveza que le tendió la más arisca de las dos, la abrió sin demasiados problemas y le dio algunos tragos mientras seguía observando a María de reojo.

—Tu amiga casi me mata. —le habló entonces a Maki, señalando a Merlot en un chiste bastante obvio, de esos que picaban con complicidad. —Pero ha valido la pena, no me puedo quejar. —unos tragos adicionales, sintiendo el efecto del alcohol emerger —Eso sí, no tolero muy bien esta clase de bebidas, así que si termino inconsciente déjenme en la zona con más flujo de marines posible, ¿de acuerdo? —y elevó la lata, como formalizando un brindis con su carisma habitual y fanfarronería típica.

—Por cierto, ¿se dedican a ser comerciantes? Algo así me dijiste... —miró entonces a la peliverde, dando un trago largo a la cerveza —¿Qué están haciendo por Isla Karate? Pregunto porque me han caído bien, sería una pena no tener la posibilidad de volver a verlas. —cerró los ojos, sopesando esa idea, aunque no tardó en abrirlos y volver a centrar su atención en Maki, señalándola —¡Incluso a ti, que quisiste robarme! —resaltó, haciéndose el ofendido, y fracasando en el intento mientras se echaba a reír nuevamente.

Fue con esa sonrisa que hizo contacto visual con María, buscando en su mirada ámbar el mismo brillo que lo había cautivado momentos atrás.


RE: Un perfecto día para hacer... NADA :: Privado :: Pasado - Maki D. Zen'in - 26-03-2026

Merlot siempre era extraña, siempre conocían a muchos vagabundos, indeseables y pelafustanes y muchas veces disociaba con situaciones imaginarias, Maki pretendía que le entendía siempre, pero era realmente difícil seguirle la onda. Esta vez hablaba incoherencias sobre un cabeza de malvavisco y resultaba ser un tarado marine, unas mangas meadas, picha con candado del gobierno. Ella no solía tener nada en contra de los marines, pero cuando querían aprovecharse de la inocencia de su protegida, su amiga, su diosa, se le fulguraban los cacahuates. Lo único que agradecía era que podían pasar un día relajado, un día mas en el paraíso, uno donde se podía disfrutar de paz y quietud, uno donde nadie la molestase diferente a los otros donde tenía mil preocupaciones.

Ahí le miraba absorta en su locura, no pudo evitar esbozar una sonrisa, no pudo evitar pensar en un mañana, en un futuro seguro para ella, para el atún, para el chicle, para su cocinero y toda aquella alma que desease libertad, sueños y pasión. Maki sentía cosas raras cuando la veía ahí cantando, mojándose y sintiendo el oleaje en sus sentidos. Ahí pegándole una y otra vez con la furia de los mares. Pronto deseaba zarpar, irse del blues, y esperaba que la sirena le acompañase, o al menos que Ojos de fantasma le llevase a todos a un mundo más feroz para domarlo, para hacerse mas fuertes, aunque ella no lo sentía, sabia que podía ser mas fuerte, pero Merlot… ella si tenia mucho que dar y estaba segura que quien tenía mas potencial eran aquellas personas que tenían el poder de convertir en aliados a los enemigos y ella tenia ese poder, ese hechizo que Maki desconocía de donde surgía. Quizás un tipo de… como era eso que tenia ella, oculto, dormido, la voluntad de vencer todo. Y tenerlo todo.

Recordó como cuando pequeña chapoteaba de igual manera junto a su hermana, Mai. Ambas felices hasta el fatídico día en que su padre les obligo a inscribirse en las filas de la marina, su vida no cambio tanto desde entonces, sin embargo, las niñerías terminaron. Se divertían cada vez menos y la alegría comenzó poco a poco a ser más lejana en episodios, más tenue. Y Mai comenzó a volverse más fuerte, más disciplinada, más centrada y más dura. Mucho más que Maki. Maki parecía en esos momentos, en cada practica como una niña aun de pecho. Mientras su hermana ya era capaz de dominar estilos de combate avanzados casi al nivel de un adulto. Cuando sus ojos se posaban en Merlot, ella quería hacer lo mismo. Y solo este día ella comprendió como era su hermana… una lagrima rodo por su mejilla… —Mai…— Ella se había vuelto adulta, feroz y fuerte para proteger a Maki y ella recién después de su asesinato bajo sus horrendas manos comprendió que no era por que la odiaba, sino por que la amaba con todas sus fuerzas y mucho más allá que su propia felicidad. 

El frescor de la playa le llamaba a danzar junto con Merlot, deseaba ir y chapotear, deseaba ser una con el vaivén incansable y por que no, irse lejos muy muy lejos para visitar playas secretas y hacerse con ellas y sus tesoros, eso era otro sentimiento grande en ella, la de la codicia, aun mas grande que su lujuria y su amor por la guerra, solo superado por su amor por la música. 

Recordó cuando fue la primera vez que le vio saliendo de esa bodega, de esa apestosa lúgubre oscura y húmeda bodega del barco de Ash. Un lugar que recordaba bastante bien, uno donde aparentemente estaba prisionera, una princesa prisionera se declaraba, pero lo cierto era que era una verdadera orate. O eso le dijo Ash en soledad cuando le ayudaba con su ropa en las noches. Aquellas que planeaban aventuras sin fin. Era un hombre grande… aunque no en tamaño, sino en espíritu, pero era todo lo que contaba en el corazón de Maki.

El vagabundo tenia buen cuerpo, tenia que admitirlo, pero no era algo que le agradara en realidad… algo le olía mal, seguro era de esos tontos casanovas que se dedicaban a solo valerse de sus posiciones para tirarse a la mas tonta y atolondrada chica que encontraran de tetas gigantes. Y Maki no conocía a alguien con tentas mas grande que Merlot… o atolondrada… sinceramente y desde el fondo de su corazón, ella sabia que algún día su fin llegaría a manos de esta chica. Ya sea por algún pleito de bar donde algún traicionero le clavara un gollete de botella en el cuello por defenderla o quizás colgada por piratería por robar algo que le gustase. Tenia en su inventario, mil formas de morir a manos de los deseos o acciones del Atún.

Bebió un poco de su trago, era refrescante, mucho, y el día parecía prometedor. Quizás cantar algo le calmaría. El rostro se le sonrojo por el alcohol.

Cada sorbo de licor le provocaba en la mente algo extraño, algo diferente completamente, algo que pocas veces le brindaba, era… Felicidad, pero esta vez no la reconocía esta vez no la quería parece. Pero, aun así, estaba en su mente danzando libre y enloquecida lista para dominar su cuerpo y su alma. Vio como ellos chapoteaban más y más, como se divertían y algo de melancolía le cobro un dolor en ella, un dolor espeluznante, ella… no se divertía jamás. jamás se había deleitado con cosas como lo hacía Merlot. Le tenía tanta envidia por su simpleza, su naturalidad y su auténtico actuar. Si bien Maki se divertía con el sexo esporádico con cualquier maldito random, no era verdadera diversión, era solo sucumbir a sus deseos o más bien someter a sus amantes a sus deseos. Para ella era como comer o ducharse o ejercitarse, cosas que son necesarias para ser una persona sana.

Mierda… Los dos comenzaron a irse mas lejos… si algo le pasaba en el mar, Maki no podría ayudarle, no podía nadar. Y si algo pasara. Ambas morirían por que Maki aunque no pueda nadar, al ver a su amiga el Atún en peligro iría a ayudarle aunque se hundiera en aquel maldito manto azul que le destruiría si pasaba más allá de su cintura de agua.

Quince… dieciséis, diecisiete… mierda… no aparecían… los ojos de Maki se agudizaron… treinta… ahí estaban, lejos pero ahí estaban vivos al fin. Cuando guardo su daga volvieron a desaparecer y Maki pudo respirar después de mil años. El aliento contenido, pensó en que le diría a Fantasma, en qué le diría a Rack, en qué demonios le diría a Bubblegum y volvieron a desaparecer… ella se acerco a la orilla y unos segundos después volvió a aparecer. Mierda… —ATUN!!!... NO HAGAAS ESO QUE ME VA A DAR ALGO— Grito con toda su energía —Maldita mocosa… me va a amatar uno de estos días.— Dijo murmurando bajito como el estornudo de un roedor. 

Abrió la lata para su hermana pero esta le empapo… Maki contuvo la risa en su garganta pero sus ojos la delataban tan fuerte y claro como cada mañana en esta alegre isla en medio de la nada.

—No es mi amiga… es un poco mas que ello, pero por ahora dejémoslo así. Es mas simple que lo creas así.— respondió, calzándose los lentes tintados verdes que reflejaron la canción solar sobre los cuerpos de los jóvenes que parecían empezar a enamorarse. —No eres el primero que casi mata por error o sin quererlo… si la rondas lo suficiente, es probable que lo logre. No… es… broma.— Dijo divertida para comprobar que Merlot se bebiera la cerveza… seguro terminaba tirándola, no por que se le cayera por ebria, sino porque seguro la escupiría por amarga.  —Intentare dejarte a la sombra, es todo lo que puedo hacer por un perro del gobierno.— Dijo mientras se sentó en la arena para rodear sus piernas y beber su licor. —PFFFFFffffff… como que robar? No te robe. Solo acelere la invitación a que bebiéramos pedazo de tacaño de mierda…— Exploto Maki mientras le apunto con el dedo… casi por instinto se llevo la otra mano a la daga mientras agarraba por el hombro al muchacho y lo comenzaba a zarandear… con la boca en una muesca de ira mostrando los dientes… —Y tu… Atún tonto… despídete, di adiós Merlot… nos vamos.— Maki explotaba siempre por tonterías, y esta no era la más cuerda. Así que Merlot solo podría calmarla ofreciéndole algo como un dulce o cualquier otra tontería.

Agarro del brazo a su protegida y quiso arrastrarla lejos de la playa… No le gustaba que le llamaran ladrona cuando se robaba cosas.


RE: Un perfecto día para hacer... NADA :: Privado :: Pasado - Maria Merlot - 02-04-2026

Narrador / María Merlot

MUSIQUITA



«No moriré del todo, amiga mía.
mientras viva en tu alma mi recuerdo.
Un verso, una palabra, una sonrisa.
te dirán claramente que no he muerto.»

Sentada sobre la suave arena, al lado de su hermana, la joven mestiza esperaba que el masculino la siguiera, deseaba genuinamente seguir disfrutando de su compañía. Al principio llamo su atención por la radiante superficie, sus rasgos apuestos, sus ojos intensos como el mar en calma, pero listo para traer maremotos. Ella, quien estaba acostumbrada a la belleza, sabia reconocer a un igual cuando lo tenia enfrente, ese hombre de cabellos tan blancos colocaba la vara de lo divino más y más alto, como Hyakinthos.

Claro más allá de eso, de la superficie que cualquier podía tocar y percibir, había algo más… algo que en su breve aventura marina ella pudo saborear. No se trataba de una cascara vacía, no estaba lleno de malicia, no le recordaba a ningún otro hombre que hubiera conocido hasta ahora, él era… enigmático, pero tan transparente como las alas de una libélula. María solía ir en su burbuja, sin importarle la opinión de los demás, que la mayoría de los casos tampoco querían la suya, ella solo debía ser un bonito adorno. Por eso, cuando alguien la veía, cuando alguien la escuchaba, cuando alguien le prestación atención, su corazón florecía como la primavera más celestial. Y no, no se refería a su aspecto, el cual siempre atraía miradas, se refería a sus pensamientos, ideas, sueños, miedos, esperanzas… su interior fue lo único que los Piratas del Abismo nunca pudieron quebrar, nunca pudieron ultrajar. Su interior, aunque el mundo la catalogara de loca e inútil, fue lo único que pudo proteger y a su vez protegerla a ella misma. Si hubiese cedido, entonces sería, a esta altura de su vida, alguien mucho peor que Pedro Francesco Ruíz De León Madrigal.

Probablemente salvando el mundo. Perdiéndome unas cuántas oportunidades para conocerte.

Recordó sus palabras, y esbozo una media sonrisa. No sintió sarcasmos en su tono, él parecía muy honesto con sus palabras hacia ella. Shin Hasegawa estuvo salvando el mundo, si tan solo sus caminos se fueran cruzado antes..., no conocería a Ashveil, Maki o Jensen, y menos que menos a su adorado Hyakinthos. ¿Cómo hubiera reaccionado el peliblanco a la forma en que la encontró el de ojos fantasmales? En primero lugar… ¿qué haría alguien como él en un prostíbulo de mala muerte? ¡Salvando el mundo! Aunque su mundo nunca paso por los sitios en los que ella lo necesitó.

Es lo que hacen los héroes, supongo.

¡Exacto! El mundo es muy grande, hay tantas injusticias que pensar que las de ella eran las peores, las que necesitaban prioridad, la haría quedar como una egocéntrica. Él era un héroe, eso le gusto, la hizo apreciar más el viaje entre las frías aguas de Karate. Su padre cangrejo buscaba lo mismo: salvar vidas, ayudar a los necesitados. ¿No era ella un ejemplo de eso? Si él estuviera vivo también sería un héroe vestido de blanco y azul, aunque fuera difícil de mirar, con su sonrisa y actitud sería el marine mas apuesto de toda la historia, en su corazón lo sería siempre… aunque nunca lo haya visto portar el uniforme, aunque murió antes de siquiera entrar a la academia.

Con esas advertencias haces que me den ganas de ahogarme, María...

Ella nunca le había dado respiración boca a boca a nadie, aunque sus labios sí estuvieron sobre muchos otros, besos indeseados, besos que sabían a tierra. En ese momento, la joven pensó que el chico era muy coqueto, y una voz lejana le susurro que lo pusiera en su lugar: Bésalo, déjalo sin palabras. Negó con su cabeza, siguió con su plan original: Llevarlo a bucear. Desde que Ashveil la rescato nadie la había tocado sexualmente, muchas miradas lascivas si, pero nunca llegaron más allá de eso. Él le dio la libertad de ser dueña de su cuerpo, y estaba disfrutando muchísimo de eso, por primera vez en muchos años. Podría besar al Malvavisco, arrebatarle el alma en el proceso, hacerlo ver las estrellas del universo, después de todo fue formada como cortesana… ella sabía lo que hacía, pero ¿qué sentido tendría? ¿por qué arruinaría ese momento especial con alguien que la hacia sentir vista, escuchada, valorada? Le gustaba e intrigaba el marine, no físicamente, no románticamente, sino como alguien en cuya mirada podía verse reflejada… más que en cualquier otra persona hasta ahora. Algo en sus ojos azules, tan profundos como pozos, la hacia sentir como cuando miraba sus ojos ámbar en el espejo: Rotos. 

¡Es fantástico!

María dio un sorbo a la lata, los pensamientos iban y venían rápido, y la llevo a otro recuerdo de hace minutos, cuando ella lo fusilo con su emoción en forma de palabras allá en el mar, y él solo pudo responderle de la misma forma; ahí fue, cuando algo se desencajo en un área de su corazón, y se encajo en otra, una dónde realmente necesitaba más de él… ¿Acaso, él podría ver a través de los grillos en su cabeza? Solo algunos de sus nakamas lo entendían, la persona que era bajo la fachada de belleza y locura. A lo lejos escucho el grito de su hermana, por eso regreso tan pronto, no quería preocuparla.

¡Uf! Casi que se termina mi historia...

¡Aquella exclamación fue tan dramática! Aun fresca en su memoria, la mujer volvió a negar con su cabeza, aquel espécimen humano resultaba todo un fascinante rompecabezas. ¿Tendría tiempo de descifrarlo? No lo sabía, en las últimas semanas todo había sido tan cambiante. Al parecer Fantasma planeaba algo, se sentía cómoda en esa isla, esperaba quedarse un poco más.

Si tuviese que elegir, me decantaría por quien tengo más cerca. Es decir, tú, María.

María no podía tomar sus palabras enserio, no cuando parecían coquetearle en automático. Sin embargo, la respuesta le encanto, porque su hermana, a pesar de las quemaduras, era la mujer mas increíble, y, a sus propios ojos, hermosa que nunca hubiera conocido. ¡Que el hombre no la hubiese descartado lo hizo aumentar puntos! Era un jugador muy bueno, o alguien muy sincero, y ella escogía creer lo segundo, porque alguien con su ángel no podría ser… falso.

«Volveré con las tardes silenciosas.
con la estrella que brilla para ti.
con la brisa que nace entre las hojas.
con la fuente que sueña en el jardín.»

El liquido de la bebida bajo por su garganta, el picor de las burbujas refresco su cuerpo. El alcohol nunca fue un buen compañero de su organismo, pero una bebida no le haría daño, además no podía rechazar a su amada Unnie. El Malvavisco mojado no tardo en llegar al encuentro, y tener su premio: Una cerveza. Hasta su risa era encantadora, María lo observo por un breve momento, como el glu glu de la bebida hizo palpitar su manzana de Adam: Hombre peligroso, sino se tenía cuidado. Cuando la miro de reojo, ella solo pudo ampliar su sonrisa. María Merlot no evitaba miradas, tampoco se sonrojaba, eso resultaba muy difícil de lograr… porque no sentía timidez, o pudor.

Tu amiga casi me mata.

Ante esa afirmación, la mestiza se rio. Suaves y encantadoras notas musicales, no había otra forma de describir aquella sinfonía aterciopelada y embriagadora, después de todo, su origen sirenezco no se podía ocultar.  María no intervino, Maki fue la encargada de responder, su Unnie con ese comentario la hizo embobarse más por ella. La peliazul admiraba con todo su corazón a la preciosa Valkiria Besada por El Sol: poderosa, inteligente, majestuosa, increíble, sensual, magnifica. ¿Algún día podría estar a su altura? Lo dudaba, pero mientras pudiera pulular a su alrededor, con eso ella sería el atún más dichoso del inmenso océano.

No eres el primero que casi mata por error o sin quererlo… si la rondas lo suficiente, es probable que lo logre. No… es… broma.

Al escuchar aquel consejo, solo pudo continuar riendo mientras llevaba la mano izquierda a su rostro y negaba con la cabeza. Su hermana no estaba muy alejada de la realidad, pero la forma tan seria en que lo dijo solo pudo causarle gracia. Por error mato a varios narcotraficantes cuando intentaron ayudar a los dos ancianos hacia semanas. ¿Acaso su Unnie no le dejaría olvidar eso? La risa no la dejo agregar nada más, un par de lagrimas divertidas aparecieron en sus ojos… ¿sería el efecto del alcohol?

Por cierto, ¿se dedican a ser comerciantes? Algo así me dijiste...

La pregunta del hombre no fue respondida por Maki, tal vez la ignoro adrede o no le dio importancia. María no sabía que era, últimamente, con la libertad dada por Ash estuvo usando su encanto para el comercio, en especial llevar y traer información, pero… a diferencia de sus nakamas… ¿ella podría ser considerada una pirata? Por los momentos se veía más bien como la mascota de Los Manos Muertas, no sabía que le traería el futuro, tampoco pensaba en este. El intercambio entre su hermana y el guapo marine escalo, Maki se alteraba muy fácil, y era parte de su encanto.

Y tú… Atún tonto… despídete, di adiós Merlot… nos vamos.

Sintió como la fuerza de su hermana la puso de pie, justo cuando los ojos azules profundos se posaron sobre ella. Él miraba de una manera tan intensa, traspasando la piel, llegando al alma, desnudándola a nivel espiritual. Ese juego podían jugarlo ambos, María se la sostuvo, pero de reojo, mientras bebía el ultimo sorbo de su lata. Cuando finalizo, relamió su labio inferior llevándose el rastro amargo de la cerveza, y como un gesto que iba tomando más fuerza de manera inconsciente, mordió con suavidad este… todo sin dejar de ver en ningún momento al masculino — Me tengo que ir, Malvavisco… — informo lo obvio con una mezcla de algo que ni ella supo descifrar. La chica le lanzo la lata vacía, y con una sonrisa siguió a su hermana.

«Volveré con el piano que solloza.
las nocturnas escalas de Chopin.
con la lenta agonía de las cosas.
que no saben morir.»

Dio un paso tras otro, los grillos revoloteaban, el chillido en su cabeza le pedía a gritos algo… ¿qué? Se detuvo, su hermana continúo con andando, no se dio cuenta que ella no. ¿De verdad quería irse? ¡No! No quería, la estaba pasando muy bien con el Malvavisco… ¿Por qué dejaría atrás a alguien que la vio, LA VIO? Con un suspiro, uno de travesura, se dio media vuelta. Él la miraba directamente, lo sintió desde que se levantó, que no dejaba de verla. Ella le sonrió negando con la cabeza ¿cuantas veces iban ya? mientras la brisa proveniente del mar hizo mover los mechones sueltos de su cabello, obligándola a alzar la mano para detener el motín — ¿Te gusta el arroz, Malvavisco? — pronuncio, sin urgencia, suave como la más fina seda, como si solo fueran ellos dos en esa playa — … escuche que, dentro de tres días, en la playa cercana a los arrozales, habrá un festival de la cosecha de arroz. ¡Suena tan divertido! Sin duda, iré… — le guiño uno de sus orbes en complicidad, y con una última sonrisa compartida, siguió retomo el camino de su hermana…

«Con todo lo romántico, que inmola.
este mundo cruel que me destroza.
A tu lado estaré cuando estés sola.
como una sombra más junto a tu sombra.»


Tres días después no estuvo al lado de un blanco malvavisco, sino de un negro regaliz…

CONTINUARÁ...



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