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RE: [Pasado] Party! - Seraphine Soyer - 11-02-2026 Se quedó muy concentrada en las acciones del hombre y, al percibir el movimiento de su cola, parpadeó, no pudiendo evitar sonreír. ¿Tan bien se sentía? Sin darse cuenta de lo que hacía, ambas manos rascaron un poco más detrás de las orejas y bajaron con cuidado, por el cuello, produciendo pequeños masajes, repitiendo el mismo movimiento: círculos, y subió, deteniéndose en las mejillas, dudando si ronronearía o no. Ladeó la cabeza y sonrió, sus mejillas algo sonrojadas, sin poder evitar sentirse muy feliz. Había algo en los gatos que le quitaba un enorme estrés de encima y casi se derritió allí mismo, buscando mantener su compostura; que estaba trabajando, al sentir la mirada sobre ella, no pudo evitar sacar la lengua y encogerse de hombros, pareciendo decir perdón. —¿No?— Parpadeó, no creyéndoselo. —Pero, a ver, buen cuerpo, por lo que veo también buena personalidad y, además de que eres un gato enorme, creo que más de uno se estaría lanzando encima— Escribió aquello sin vergüenza alguna; tampoco intentaba coquetear, hizo una lista de todas las cosas que a Seraphine le llamaron la atención. Al sentir el tacto sobre sus alas, estas temblaron y se estiraron, casi pareciendo querer envolverlo, mostrándose en su totalidad. —No puedo volar con estas y ya lo intenté más de una vez. Sonrió, con cierta amargura, recordando aquellas veces que odió sus alas por no poder llevarla lo más lejos posible de aquella celda, recordando cómo por impulso se subió a la muralla más alta de aquella mansión y se lanzó al vacío, en un delirio de esperanza, que quizás esas pequeñas alas podrían salvarla del daño a la hora de impactar contra el suelo y echar a correr para obtener su libertad, y acabó en lo contrario, con un cuchillo en su garganta por castigo. Se mordió el labio inferior, con una expresión que decía no estar convencida. —Dilo otra vez— Escribió. —Que irás conmigo, pero más convencido. Se quedó quieta por unos segundos, sin saber si el hombre se había dado cuenta de que no podía hablar, así que solo le quedó el escribirlo. —Alejandro— Sonrió, enseñándoselo. —Claro, ¿alguna alergia alimenticia o algo?— Una vez tuviera sus respuestas, no tardó demasiado en alejarse, deslizándose por unos segundos por el suelo, pareciendo estar a punto de caerse, pero pudo evitarlo al aferrarse a la barra, por suerte. Cuando volvió con la comida del joven mink, la torpeza parecía haberla abandonado. Sin embargo, le costó moverse un poco, ya que los marines, celebrando su fiesta, le cortaron el camino. RE: [Pasado] Party! - Moja - 12-02-2026 Moja no estaba preparado para la segunda ronda de caricias. Cuando las manos de Seraphine regresaron detrás de sus orejas y descendieron con movimientos circulares por su cuello, algo dentro de él se desarmó con una facilidad desconcertante. No era debilidad. No era descuido. Era una sensación primitiva y honesta que su cuerpo reconocía antes que su mente. Sus hombros, que por costumbre siempre permanecían ligeramente tensos, cedieron apenas; su respiración se volvió más lenta, más profunda, y su cola volvió a moverse, esta vez con un balanceo más evidente que no intentó ocultar. No ronroneó, pero estuvo cerca. Sus ojos se cerraron un segundo más de lo habitual cuando los dedos regresaron a sus mejillas, y en ese instante la dureza que normalmente habitaba su expresión se suavizó por completo, revelando algo más joven, más vulnerable, una versión de sí mismo que pocas veces salía a la superficie. Cuando abrió los ojos y la vio sonreír, con ese rubor ligero y esa felicidad sin cálculo, sintió una punzada inesperada en el pecho. No dolor. Algo distinto. Una calidez que no venía de disciplina ni de deber, sino de compañía. La dejó hacer, porque quería. Cuando ella escribió aquella lista directa y sin filtros sobre su cuerpo, su personalidad y el hecho de que era un “gato enorme”, Moja alzó una ceja con una expresión que mezclaba incredulidad y algo parecido a diversión contenida. -Eso es… muy directo- dijo finalmente, y aunque su voz seguía siendo grave, había en ella un matiz más ligero. -No estoy acostumbrado a que me evalúen como si fuera un producto en el mercado.- No sonó molesto. Sonó genuinamente sorprendido. Sus dedos, cuando tocaron sus alas y sintieron ese temblor que recorrió las plumas, se detuvieron un instante más de lo necesario. Notó cómo se estiraban, cómo parecían querer envolverlo, y por un segundo imaginó cómo sería eso: ser rodeado por algo que no fuera amenaza, ni responsabilidad, ni deber. Cuando ella mencionó que no podía volar, su mirada cambió. No por lástima, sino por comprensión. -No todas las alas están hechas para volar- murmuró, más para sí mismo que para ella. -Algunas… están hechas para sostener.- No sabía si esas palabras tenían sentido fuera de su cabeza, pero se quedaron flotando entre ambos. Luego ella le pidió que lo dijera otra vez, más convencido. Moja la miró durante un segundo largo, observando la manera en que su sonrisa escondía algo más profundo, algo que no había mostrado del todo pero que él, acostumbrado a detectar fisuras invisibles, podía sentir. Vio la sombra breve que cruzó su expresión cuando habló de sus alas, el peso que no se explicaba en voz alta. Y entendió. -Iré contigo al festival- repitió, esta vez sin titubeo alguno, su voz más firme. -Quiero ir contigo.- No era una promesa impulsiva. Era una elección consciente. Cuando ella escribió su nombre con esa sonrisa luminosa, Moja sintió algo extraño al verlo en tinta frente a él. Alejandro. Hacía tiempo que no lo veía escrito por alguien más. -No tengo alergias- respondió con calma. -Y… gracias por preguntar.- La observó alejarse, tambaleándose apenas, recuperando el equilibrio con esa mezcla de torpeza y determinación que parecía tan suya, y mientras ella desaparecía hacia la cocina, Moja se quedó mirando el espacio que había ocupado segundos antes. El restaurante volvió a llenarse de ruido con las risas de los marines, el choque de vasos, el murmullo del mar, pero él ya no estaba completamente allí. Su mente vagó, sin quererlo, hacia la imagen de ella subiendo a algún lugar alto, intentando volar. No sabía por qué esa idea apareció con tanta claridad. No sabía nada de su pasado, y sin embargo algo en la forma en que habló de sus alas le dejó una sensación inquietante. Pensó en su propia vida. En cómo también había intentado lanzarse hacia cosas que no estaban hechas para sostenerlo. En cómo, a veces, el uniforme pesaba más que cualquier armadura. Cuando regresó con la comida, esquivando a los marines que bloqueaban su paso, Moja se incorporó ligeramente en la silla, siguiendo cada movimiento suyo con una atención que ya no era simple cortesía. Había interés. Silencioso, pero real. Uno de los marines, algo ebrio, se interpuso en su camino riendo demasiado alto, y Moja se puso de pie sin hacer ruido, su presencia cambiando el aire a su alrededor. No levantó la voz, ni adoptó postura agresiva. Simplemente miró al hombre con una calma tan sólida que el marine, tras un segundo incómodo, dio un paso al costado. Moja sostuvo la bandeja con cuidado para ayudarla a estabilizarla antes de que ella la dejara sobre la mesa. -Con cuidado- dijo en voz baja. Luego volvió a sentarse y la miró, y por primera vez desde que había entrado al restaurante, no estaba pensando en la Isla del Karate ni en su destino. Estaba pensando en ella, en cómo sonreía, en cómo sus alas temblaban, en cómo parecía brillar incluso cuando algo en su interior todavía cargaba sombras. Y se permitió, aunque solo fuera por ese momento, querer saber más. RE: [Pasado] Party! - Seraphine Soyer - 12-02-2026 Al ver la reacción del hombre, no pudo evitar sentirse un poco más tranquila, sabiendo que quizás estaba exagerando un montón, invadiendo el espacio privado, pero con aquello le dijo que quizás no le molestaba tanto, no dejando de sonreír; sin duda, se sentía algo más ligera que hace un par de horas, pero fueron las siguientes palabras las que le subieron el impulso, con los papeles casi volando de sus manos, atrapándolas con sus ojos bien abiertos y sacudiendo sus manos.
—¡Esa no es mi intención!— Escribió con rapidez, al punto que su letra casi ni parecía entendible. —Solo que… bueno, no pareces muy animado hoy, creía que iba a subirte algo la autoestima— Se rascó una mejilla, nerviosa. —Sinceramente no comprendo por qué no te dan cumplidos más a menudo— Palideció, queriendo golpear su rostro contra la superficie más cercana; claro, sigue escribiendo; cada vez más se volvía el equivalente de ponerse a sí misma una pistola entre sus dedos. —Prefiero volar. Sonrió, la felicidad desapareciendo de su rostro; estaba cansada de sostener, era algo que hacía desde pequeña, sosteniendo cada fragmentado trozo que formaba parte de su ser y, aunque hubiese recuperado la libertad, sentía que todavía no podía hacerlo, dándole la impresión de que si soltaba todo, ya no hubiese nada de ella en aquel planeta. Era similar a un globo, esperando que alguien tirase de la cuerda para soltar todo el aire y explotar. Buscó apartar aquellas negativas emociones de su mente, pero le pareció más estar intentando esquivar un mosquito molesto que siempre volvía, volviendo a la realidad, le enseñó sus dos dedos pulgares, con la vida volviendo a su ser, feliz de tener a alguien con quién disfrutar de las atracciones, podría hacerlo con uno de sus compañeros de trabajo, cualquiera, pero no importaba cuantas veces lo intentase, sentía el estar dándose contra una pared en cuando a crear vínculos de amistad, en esta situación le parecía más sincero. Parpadeó cuando recibió la ayuda de Alejandro, el cliente que debería servir, no al revés, y se mordió el interior de la mejilla en un pequeño puchero. Era casi cuatro metros de mujer y aun así necesitaba ayuda para esquivar gente. Dejó escapar un suspiro; al menos esta vez no quebró ningún plato. —Gracias— Acomodó todo sobre la mesa. —¿Algo más? RE: [Pasado] Party! - Moja - 14-02-2026 Moja la observó mientras ella escribía con aquella urgencia casi torpe, como si cada palabra fuera una cuerda lanzada demasiado lejos y tuviera que apresurarse a recogerla antes de que se rompiera. No había juicio en su mirada, ni incomodidad; solo una comprensión silenciosa que no necesitaba interrumpirla. Cuando leyó que su intención no era incomodarlo, sino animarlo, algo en su expresión se suavizó con una claridad que rara vez mostraba en público. -No me ofendiste- dijo con calma, apoyando una mano sobre la mesa, sin invadir, pero anclando el momento. -Solo… no sé reaccionar rápido cuando alguien es amable conmigo.- No lo dijo como disculpa, sino como una constatación tranquila, casi práctica. Cuando leyó aquella frase breve y honesta, "Prefiero volar", sus ojos se detuvieron más tiempo del habitual sobre el papel. Percibió el cambio en su rostro antes incluso de que ella intentara disimularlo con esa energía renovada que volvía como un interruptor. No preguntó qué quería decir con aquello. No era su estilo presionar heridas abiertas. Pero la frase se le quedó clavada en algún lugar interno, como una nota que resonaba bajo la superficie. -A veces- murmuró después de unos segundos, -sostener demasiado tiempo cansa más que caer.- No sabía si eso la ayudaría, pero era lo único honesto que podía ofrecer sin invadir. Cuando ella regresó con la comida y él se levantó para despejarle el paso, lo hizo sin teatralidad, solo con esa firmeza tranquila que desplazaba obstáculos sin ruido. Al verla morderse la mejilla en ese pequeño gesto de frustración, sintió una punzada breve que no supo nombrar, una mezcla de respeto y una necesidad leve de proteger algo que no le pertenecía. Se sentó nuevamente cuando todo estuvo sobre la mesa. El pescado aún humeaba suavemente, desprendiendo un aroma limpio y salado que le recordó al muelle de aquella misma mañana, y el arroz estaba servido con una sencillez reconfortante. Antes de tocar la comida, volvió a mirarla. -No quiero distraerte más- dijo con voz baja. -Dime dónde y a qué hora nos encontramos para el festival.- Su tono no era apresurado ni exigente; era práctico, pero había en él un matiz diferente, una intención clara de no interrumpir su trabajo ni exponerla a miradas incómodas. -Cuando termines tu turno- añadió. -Donde tú prefieras. Yo llegaré.- No dejó espacio para duda. Era una afirmación. Luego, tras una pausa breve, añadió con un leve gesto de la cabeza: -Gracias por traer la comida. Y… por quedarte un rato.- No era una frase grande, pero sí sincera. Cuando ella se retiró, Moja tomó finalmente los cubiertos. Durante unos segundos observó el plato como si fuera más que comida; como si fuera el símbolo de algo sencillo que no siempre se permitía disfrutar. Dio el primer bocado despacio, dejando que el sabor del pescado fresco se asentara en su paladar, el calor del arroz equilibrando la sal del mar, y por primera vez desde que había llegado a Baterilla, no estaba evaluando rutas, ni pensando en el próximo puerto, ni repasando mentalmente su destino en la Isla del Karate. Estaba simplemente comiendo. Cada bocado lo anclaba un poco más al presente, a ese restaurante pequeño de paredes blancas, al murmullo de los marines celebrando, al recuerdo de unas alas que temblaban cuando las tocaba. Masticó con calma. Respiró. Y mientras el sol del mediodía entraba por la ventana e iluminaba los mechones que Seraphine había dejado levantados sin querer, Moja se permitió disfrutar de algo tan simple como una buena comida… y la anticipación tranquila de la noche que vendría. RE: [Pasado] Party! - Seraphine Soyer - 15-02-2026 Lo miró directo a los ojos, parpadeando, tomando su tiempo en reaccionar, y soltó un suspiro, dándole de pronto un golpe directo a la cabeza, entre las orejas, con el dorso de su mano, no lo suficiente para hacerle daño, pero sí lo suficiente para llamarle la atención. —No lo pienses demasiado, que eso complica demasiado la vida— Si sólo escuchase sus propios consejos de vez en cuando, con calma. Su dedo índice se enfocó sobre el pecho masculino, exactamente sobre su corazón. —Reacciona como más cómodo te sientes o vas a quedar con demasiadas arrugas antes de llegar a los 30 años— Entrecerró sus ojos cuando el mink decidió seguir por aquella ruta, negando con la cabeza, colocó un dedo sobre los labios, pareciendo querer decirle suficiente con su mirada, que no era necesario, tampoco quería verter en él todos sus problemas cuando Moja parecía tener los propios. Nadie nacía siendo tan serio y sabía qué decir en aquellos momentos. ¿O sí? Se concentró en el pez que el hombre tenía delante de él, invocando en ella algo de hambre; incluso su estómago le sonó, dando un paso hacia atrás de golpe, con las mejillas sonrojadas. Por suerte, pronto podría almorzar ella también, pensativa, miró en dirección a la pared, preguntándose en qué momento empezó aquello, por qué exactamente le pidió que viniera con ella y tampoco se arrepentía, buscando aprovechar hasta el último momento de libertad, hasta que tuviese que meterse de lleno en sus actividades de revolución. Giró su rostro hacia los marines, mordiendo el labio inferior; un día de estos podría ser como ellos, divirtiéndose, con un montón de amigos. —¿Te parece bien a las 20? Justo aquí, enfrente al restaurante— Sonrió, dejando la libreta sobre la mesa y de pronto… volvió al ataque, esta vez detrás de Alejandro, atacando cada rincón de aquel cuello, cabeza y demás, incluso fue a por la cola, abrazándolo a la altura de los hombros. —Gracias— Frotó su mejilla contra la de él. —Por tus palabras— Se alejó, dejando escapar un estornudo al quedar de pronto llena de pelos. Un par de mesas más que servir, preparar cosas para el festival y el tiempo pasaría rápido, esquivando las preguntas de sus compañeras, ignorando el hecho de que estaba siendo visible para Moja cuando la agarraron del cuello del uniforme para hablar, yoink a la cocina. RE: [Pasado] Party! - Moja - 16-02-2026 El golpe entre sus orejas lo tomó por sorpresa, no por la fuerza sino por la naturalidad con la que ella lo hizo, y durante un segundo sus ojos se abrieron apenas más de lo habitual antes de que una exhalación lenta escapara de su pecho; no era enfado, ni orgullo herido, era algo más cercano a desconcierto contenido, como si no estuviera acostumbrado a que alguien se permitiera ese tipo de cercanía sin pedir permiso explícito. La escuchó sin interrumpirla, sosteniéndole la mirada cuando su dedo índice se apoyó sobre su pecho, justo sobre el latido que, pese a su compostura, se había acelerado ligeramente. No lo pienses demasiado. Las palabras se asentaron en su mente como una piedra que cae en agua quieta, generando ondas que tardaron en disiparse. Moja era, por naturaleza, alguien que pensaba antes de actuar, que medía cada respuesta, cada gesto, cada silencio; había sobrevivido así, se había construido así. Pero verla a ella, tan directa, tan impulsiva, tan determinada a sentir antes que calcular, lo obligaba a cuestionar la rigidez de su propio equilibrio. No respondió a ese consejo con argumentos ni justificaciones; simplemente inclinó un poco la cabeza, como si aceptara que quizá tenía razón. Cuando ella volvió al ataque, esta vez desde atrás, sus músculos se tensaron apenas por reflejo, pero no llegó a apartarse. Sintió los dedos recorriendo su cuello, el roce inesperado en la base de la cola, el abrazo alrededor de sus hombros, y por un instante el restaurante desapareció, las risas de los marines se volvieron ruido lejano y el mundo se redujo a ese contacto cálido y desordenado que no pedía nada a cambio. Sus orejas se inclinaron hacia atrás, no por incomodidad, sino por una reacción física que no supo disimular del todo, y cuando ella frotó su mejilla contra la suya, Moja cerró los ojos apenas un segundo, reteniendo la sensación antes de que se apartara con aquel estornudo lleno de pelaje. -Cuídate- murmuró cuando ella comenzó a alejarse, aunque no sabía si lo había visto escribirlo o leerlo en su expresión. La observó mientras era prácticamente arrastrada hacia la cocina, el cuello del uniforme atrapado entre manos ajenas, y sintió un impulso extraño, casi protector, que tuvo que contener. No era su lugar intervenir. No aún. Volvió entonces a su plato. La comida seguía caliente. El pescado se deshacía con facilidad bajo el tenedor, y el sabor del mar, limpio y sencillo, le recordó por qué disfrutaba de lugares como aquel, donde no había formalidades ni protocolos, solo alimento bien hecho y gente que trabajaba con honestidad. Comió con calma, sin apresurarse, saboreando cada bocado como si fuera una pequeña tregua dentro del viaje que aún lo esperaba. El dulce que pidió después, una sencilla porción de pastel de frutas, le resultó inesperadamente ligero, y al terminar, apoyó los cubiertos con un gesto cuidadoso, como si cerrar aquella comida fuera también cerrar un pequeño capítulo del día. Se levantó despacio, dejó el pago exacto sobre la mesa, junto con unas monedas adicionales que no anunciaron su intención pero sí la dejaron clara, y se acercó al mostrador para asegurarse de que todo estuviera saldado. Antes de salir, buscó con la mirada la figura alta de Seraphine entre el movimiento del restaurante. La encontró un segundo, cruzaron miradas desde la distancia, y Moja levantó apenas la mano en un gesto mínimo de despedida, sin dramatismo. Luego salió al sol de la tarde. Caminó por Baquella sin rumbo fijo durante un par de horas, observando los tejados naranjas, el faro recortado contra el cielo, el ir y venir de los pescadores. Pensó en lo que ella había dicho, en el consejo de no complicar tanto las cosas, y por primera vez en mucho tiempo no intentó analizar cada sensación. Se permitió simplemente sentir la expectativa de la noche. Cuando el cielo comenzó a teñirse de tonos dorados y el calor del día empezó a ceder, Moja regresó hacia el restaurante. Eran apenas las siete y media, pero no quiso arriesgarse a llegar justo a la hora. Prefería esperar. Se apoyó cerca de la entrada, a un lado, donde no obstruía el paso, con los brazos cruzados y la espalda contra la pared blanca aún tibia por el sol. No parecía impaciente; parecía tranquilo. Pero sus orejas se movían apenas con cada sonido de la calle, y su mirada se dirigía de vez en cuando hacia la puerta, anticipando el momento en que ella saldría. Había llegado antes, porque quería estar allí cuando ella apareciera. RE: [Pasado] Party! - Seraphine Soyer - 16-02-2026 Menos mal que Seraphine no podía hablar o habría pegado el grito más alto que podía conjurar cuando se vio rodeada de sus compañeras de trabajo, en una esquina de la cocina, haciéndole un montón de preguntas, no dejando ir hasta que hubiese saciado la curiosidad de las demás, cosa que no duraría demasiado al comerse un pequeño regaño del jefe, no era inusual escuchar que alguna de las meseras coquetease con los clientes, pero que Seraphine lo hiciera, era otra cosa y la chica no pudo pasar de pálida a roja y viceversa con una rapidez envidiable, temiendo haber hecho sentir a Moja hostigado de alguna manera. —¡Viva! Dio un pequeño baile de la victoria cuando terminó de ayudarles a transportar la comida al puesto que tendrían en el festival y eso significaba que tenía el resto de la noche y mañana, para sí misma, libre. Había pensado en invitar a Kazan, al ser el líder de la tripulación que inauguraron hace poco; sin embargo, reconocía también la importancia de interactuar con más gente, no pudiendo evitar sentirse como una cría que corría a su padre, anunciando su nueva amistad. Dio unos cuantos saltitos, animada, ignorando el hecho de que las personas más cercanas estuviesen viendo a una skypean alta, dando saltitos. Podría aprovechar los momentos que quedaban para ponerse algo más decente, corriendo al lugar donde se hospedaba, agradeciendo que solo estaba a unos cinco minutos a pie, y reemplazar su uniforme por algo más bonito, un simple vestido de color blanco y celeste, con su largo cabello atado en una trenza. Una vez hecho aquello, sus pies parecían haber sido reemplazados por unos cohetes, buscando acelerar su paso y llegar a su encuentro cuanto antes. Y según lo que veía, Alejandro parecía haber tenido la misma idea. Alzó su mano, buscando llamar la atención del hombre desde la lejanía. El cardigan de lana que se movió como si fuesen dos pares enormes de alas distrajo a la skypean, ocasionando que se tropezase con sus propios pies y rodara, cuesta abajo, siendo quizás una imagen algo absurda, por los 3,50 que Seraphine medía. Al menos consiguió envolver su cabeza entre sus brazos, pero el olor a sangre no tardó demasiado en llegar a ella, pareciendo haberse raspado uno de sus antebrazos. RE: [Pasado] Party! - Moja - 18-02-2026 Moja la vio antes de que ella lo viera a él. Estaba apoyado contra la pared blanca del restaurante, con la luz anaranjada del atardecer dibujando contornos suaves sobre su silueta oscura, cuando distinguió aquella figura alta que avanzaba con una energía imposible de ignorar. Su pelo rosado y la trenza que lo recogía hacía que pareciera distinta a la camarera nerviosa de mediodía; ahora se movía con una ligereza que no tenía nada que ver con el trabajo, sino con anticipación. Cuando ella alzó la mano desde la distancia, Moja se separó de la pared con naturalidad, dispuesto a acercarse para acortar el trayecto, pero el movimiento amplio del cardigan, desplegándose como alas exageradas bajo la brisa del puerto, cambió el equilibrio de la escena en un instante. Sus ojos dorados registraron el tropiezo incluso antes de que el cuerpo de Seraphine comenzara a inclinarse hacia adelante, y el mundo pareció ralentizarse lo suficiente como para que su mente calculase la pendiente, la distancia y el impacto probable. No gritó su nombre. No lo necesitaba. En dos pasos largos ya estaba avanzando hacia ella, y cuando su cuerpo rodó cuesta abajo con esa imagen tan absurda como preocupante, Moja descendió tras ella con una agilidad que desmentía su apariencia robusta. Llegó justo cuando ella se detenía, envuelta sobre sí misma para proteger la cabeza, y el olor metálico de la sangre alcanzó su olfato antes incluso de que pudiera verla. Se arrodilló a su lado sin perder tiempo, sus manos firmes pero cuidadosas al apartar con delicadeza uno de sus brazos para evaluar la herida. El raspón en el antebrazo no era profundo, pero sí lo bastante amplio como para sangrar con generosidad, y su expresión cambió de inmediato a esa concentración fría que usaba cuando algo requería atención inmediata. -No te muevas todavía- dijo con voz grave, pero sin brusquedad, apoyando una mano en su hombro para estabilizarla mientras examinaba la piel herida. Sacó un pañuelo limpio del bolsillo interior de su chaqueta y lo presionó con firmeza controlada sobre la raspadura, sin lastimarla más de lo necesario. Sus movimientos eran precisos, medidos, como si hubiera hecho aquello muchas veces antes. Y quizá así era. -Respira despacio- añadió, inclinándose un poco para mirarla a los ojos y asegurarse de que estaba consciente y orientada. -No es profunda. Va a doler un poco, pero no es grave.- Había en su tono una serenidad que no pedía permiso; simplemente imponía calma. Mientras sostenía la tela contra la herida, su mente no estaba pensando en el festival, ni en el vestido bonito, ni en la torpeza graciosa de hace un momento. Estaba pensando en la fragilidad absurda de los cuerpos, en cómo un segundo de distracción podía cambiar el curso de algo que apenas estaba comenzando, y en la imagen de ella rodando sin poder detenerse, tan grande y al mismo tiempo tan vulnerable. Cuando estuvo seguro de que el sangrado comenzaba a disminuir, aflojó la presión ligeramente sin retirar el pañuelo. -Siempre caminas como si el suelo fuera opcional- murmuró, y aunque la frase podía sonar a reprimenda, el matiz en su voz era distinto; había preocupación, sí, pero también una suavidad que no escondía el alivio de verla consciente. Le ofreció su mano libre para ayudarla a incorporarse con cuidado, sosteniéndola con una firmeza que no dejaba espacio a otra caída. -El festival puede esperar unos minutos- continuó, sin apartar la mirada de su antebrazo. -Primero vamos a limpiarlo bien. No quiero que mañana te duela más por algo que podía evitarse.- Solo entonces, cuando la urgencia inmediata quedó bajo control, permitió que una pequeña exhalación escapara de su pecho, casi imperceptible, como si hubiera estado conteniendo la respiración desde que la vio tropezar. Y en ese gesto, más que en sus palabras, se notaba cuánto le importaba que estuviera bien. RE: [Pasado] Party! - Seraphine Soyer - 19-02-2026 —Ah…
Todo le daba vueltas y estaba algo mareada; ni se atrevió a levantarse del suelo, por el puro temor de empeorar su mala suerte. No era la primera vez que le pasaba algo así, yendo al extremo de caer tres veces seguidas en un día específico, sorprendiendo un montón no haber sufrido alguna contusión o parecido. Enormes sospechas poseía Seraphine que un montón de neuronas se le habían muerto tras varios accidentes así. —Arde— Un par de lágrimas, más por el susto que otra cosa, corrieron por sus mejillas. Ni hablar que su ropa se encontraba algo sucia y la trenza envolvía su cuello, pero con algo de sacudirse, tratar la herida y la skypean estaría como nueva; tan ensimismada estaba en sus pensamientos, que tardó en registrar la figura de Moja acercándose, ocasionando que pegase un pequeño brinco, separando sus labios, casi pareciendo el estar gritando, llegando a incluso apartar su brazo; no obstante, fue la voz la que la detuvo, cerrando sus ojos por unos instantes. Alejandro no era él, ahora era libre, el mink solo quería ayudarla, ¿no? Poco a poco, empezó a calmarse, contando hasta diez mientras se concentraba en su respiración, sin darse cuenta de haberse vuelto algo pálida. Los recuerdos de los golpes no la dejaron en paz durante unos minutos, queriendo que el hombre de pelaje negro la soltase, ya que desde esa cercanía, era muy probable que viese sus cicatrices; las quemaduras eran pocas, pero los látigazos, un montón. Su cuerpo reaccionó antes que ella pudiese decir algo, buscando reptar lejos e incluso apartó la mirada, algo nerviosa, sus ojos yendo de un lado para otro, haciendo un puño, le tembló una ceja cuando sintió el pañuelo; aquello le dolió. No obstante, parpadeó, mirándolo directo al rostro, con su mano libre, sacó su libreta y lápiz de sabe Dios dónde. —Claro que lo es— Le sacó la lengua. —Al menos en mi cabeza— Sonrió, le era más cómodo estar allí arriba, entre las nubes. De pie, le dio un pequeño tic en su ceja izquierda. ¿El festival podía esperar? ¡Claro que no! —¡Curamos y vamos al festival de inmediato!— Infló sus mejillas. —Nunca estuve en uno. Su expresión se volvió más triste, mirando el suelo. —¿No tendremos que ir a urgencias, no?— Hizo una pequeña mueca, moviendo sus dedos para asegurarse de que todo estaba bien, podía moverlos. —¿Farmacia?— Tuvo que inclinarse un poco hacia abajo, sintiendo de pronto su presión bajar de golpes, apoyando su frente entre las orejas de Moja. —Tengo un dulce en el bolsillo, ¿podrías dármelo?— Pensó que se trataba de la emoción del momento; los recuerdos solían hacer mella en ella. RE: [Pasado] Party! - Moja - 19-02-2026 Moja notó el cambio antes de entenderlo. El brinco, la retirada del brazo, la palidez repentina que no correspondía solo al dolor físico, había algo más detrás de aquella reacción, algo que no tenía que ver con el raspón en el antebrazo ni con la caída torpe por la pendiente. Sus ojos dorados no se endurecieron, no se impacientaron, al contrario, su postura cambió apenas, volviéndose más baja, menos invasiva, como si su sola presencia pudiera resultar demasiado grande en ese instante. Cuando ella intentó reptar hacia atrás, él no la sujetó con fuerza ni la obligó a quedarse. Retiró ligeramente la mano, dejando espacio suficiente para que no se sintiera atrapada, pero permaneciendo lo bastante cerca como para intervenir si volvía a perder el equilibrio. -Estoy aquí- dijo con voz baja y estable, sin urgencia, sin presión. -No voy a hacerte daño.- No era una promesa grandilocuente. Era una afirmación simple, directa. La vio contar en silencio, concentrarse en su respiración, y sin darse cuenta imitó el ritmo, inhalando despacio para marcarle el compás, exhalando con calma, como si su propio cuerpo pudiera servirle de referencia. Cuando finalmente ella lo miró a los ojos, algo se aflojó en su pecho; no porque la situación estuviera resuelta, sino porque había regresado. Leyó lo que escribió, y pese al momento, la comisura de su boca se movió apenas cuando habló de que el suelo era opcional en su cabeza. -Entonces mantén los pies aquí por ahora- respondió con suavidad. -Las nubes pueden esperar unas horas.- Cuando apoyó la frente entre sus orejas, Moja se quedó completamente quieto. Sintió el contacto tibio, el leve temblor que no era solo físico, y entendió que aquello no era simple mareo. Sin decir nada, llevó una mano a su espalda, no para sujetarla con fuerza, sino para sostener su peso con firmeza tranquila, evitando que volviera a desplomarse. -No necesitamos ir a urgencias- dijo tras examinar de nuevo la herida. -Es superficial. La limpiaremos bien y bastará con desinfectarla. Con una farmacia es suficiente.- Su voz mantenía ese tono profesional que sabía adoptar cuando algo requería estructura, pero había debajo una capa distinta, más personal. Cuando ella mencionó el dulce en el bolsillo, Moja tardó medio segundo en reaccionar, sorprendido por la petición en medio de todo aquello, y luego asintió. -Claro.- Con cuidado, sin invadir más de lo necesario, buscó el bolsillo indicado y extrajo el pequeño dulce, desenvolviéndolo si era necesario antes de colocarlo en su mano. -Despacio- añadió. -El azúcar ayudará un poco.- Mientras ella lo tomaba, Moja volvió a presionar suavemente el pañuelo contra la herida, esta vez con movimientos más lentos, más conscientes de su reacción previa, evitando cualquier gesto brusco. Su mirada descendió apenas un segundo hacia las marcas visibles en su piel, cicatrices que no pertenecían a una simple caída, pero no dijo nada. No preguntó. No era el momento. En lugar de eso, habló con una serenidad que no buscaba respuestas. -El festival no se cancela- dijo. -Solo cambia el orden. Primero nos aseguramos de que estas bien. Después iremos.- Su mano en su espalda no se movió hasta que sintió que el peso de su cuerpo volvía a sostenerse por sí mismo. -Y si en algún momento quieres que me aparte- añadió en voz baja, -solo dímelo. No tienes que soportar nada que no quieras.- No había lástima en su tono. Solo respeto. Luego levantó la mirada hacia el camino que descendía hacia el puerto, calculando mentalmente la distancia hasta la farmacia más cercana que había visto esa tarde. -Apóyate en mí- dijo finalmente, ofreciéndole el brazo. -Caminaremos despacio.- Y aunque su expresión seguía siendo seria, había en la firmeza con la que permanecía a su lado algo inequívoco: no pensaba dejarla caer otra vez, ni por la pendiente, ni por nada más. |