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Velocidad sobre hielo [Pasado - Uker] - Versión para impresión

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RE: Velocidad sobre hielo [Pasado - Uker] - Kiyoshi Maeda - 10-03-2026

Kiyoshi quiso alzar la voz cuando aquel pobre hombre, ingenuo y carente de conocimientos que podrían salvar su vida, tomó una decisión chequeada en los libros de ninguna parte. Afortunadamente, y para sorpresa del médico, Uker se le adelantó y le hizo una advertencia correcta. Los ojos del médico se mantienen igual, pero los del pata enferma sí se abren de par en par. Inmediatamente se aparta del fuego, muerde el labio a modo de frustración, y gira su cuerpo para darle la espalda al cocinero, a la par que se cruza de brazos visiblemente indignado. En el fondo agradece la ayuda, pero no quita que sienta insultante recibir clemencia por un tipo al que considera su enemigo. Por ahora, se mantiene callado. Es la nieta del dueño de casa quien toma la toalla y se encarga de entregarle calor para seguir las instrucciones y ayudar a su superior, pues aquel patinador es mayor que ella. Le conoce desde hace muchos años, cuando ella aún era una chiquilla.

Ahora sí, el pelinegro intercede y tan solo hace un inciso a su compañero, quien con la mirada pide conformación para lo que ha aseverado. — Solo te faltó decirle que es un tonto. — Con aquella corrección, habría dicho exactamente lo mismo que deseaba decir él. Kiyoshi no es el tipo de profesional cuyo ego lo obliga a sentirse ofendido cuando alguien toma su lugar o no lo deja lucirse cuando se presenta la oportunidad de presumir su especialidad. Como bien sabemos y saben aquellos que lo frecuentan, no le gusta ser el centro de atención, tampoco que lo halaguen. Hace lo suyo y se retira, sin más.

El viejo al fin vuelve a entrar en escena y estalla de risa. Es impredecible, pero controla bien los tiempos. Entiende cuándo aparecer y cuándo darle espacio al resto. La edad trae consigo sabiduría, y bien aplicada te permite entender que tu momento ya pasó y el presente les pertenece a los jóvenes. Por ese mismo motivo es que jamás intentaría hacer algo en contra de Uker y Kiyoshi, aun cuando son piratas, con la única excepción de si tuviesen intenciones de herir a los suyos. Ahí, la historia cambiaría radicalmente.

— Richard tiene un talento innato para patinar. Desde muy pequeño, sobresalió entre sus pares. Kitana también es excelente, pero ella misma se limita a la hora de enseñar su talento ante multitudes. Son muy cerrados en torno a su propio núcleo, por eso se molestan cuando sienten que otros vienen a molestarlos en su hábitat. Poseen un carácter complicado, y como su maestro nunca he sido capaz de provocar un cambio en ellos, al menos en ese aspecto. Por ese motivo es que les pido disculpas, Uker y Kiyoshi, por lo que han tenido que pasar. No puedo ofrecerles dinero como recompensa porque, lamentablemente, apenas alcanza, pero sí puedo ofrecerles un regalo. No se sientan presionados a recibirlo, pero es lo mínimo que un hombre como yo puede hacer.

Acto seguido, el hombre le hace señas a su nieta que sigue quieta y cerca de todos, pero guardando silencio. Ella no necesita escuchar palabras que aclarezcan la indicación; entiende de inmediato. Asiente con la cabeza y, tras hace una leve reverencia ante todos en señal de respeto, se retira. Aquí es cuando Richard, aún volteado hacia la pared, permite al resto escuchar su voz. — Maestro, ¿realmente se los darás? Ni siquiera nosotros… — Nuevamente, un simple gesto de mano es suficiente para que el otro entienda lo que debe hacer; en este caso, callarse. Se muerde el labio, molesto, pero obedece. Su silencio solo se ve interrumpido por un profundo suspiro.

Los segundos pasan y en el salón reina un silencio incómodo. Kiyoshi se siente intrigado por lo recién sucedido, mas no opina. Tan solo intercambia miradas fugaces con su compañero, preguntándose si él imagina qué puede estar pasando. No se experimenta relajo al estar sentado en una casa de desconocidos, aun cuando te han servido una deliciosa taza de chocolate caliente. ¿Y si todo es una trampa? Es una opción viable, ¿no te parece?

Por ahora, nos quedamos con la muchacha que llega sujetando una caja que aparentemente tiene un gran calzado dentro debido a sus proporciones. La deposita sobre las rodillas de su abuelo y retrocede, rodeando el sofá tomando posición de pie tras su espalda. El anciano quita la tapa y la deja en el suelo, a un costado de su asiento y apoyada en el mismo. Dentro del empaquetado se aprecia un par de botines de patinaje hermosos, aunque evidencian ya el paso de los años. Seguramente en sus tiempos de gloria fueron de los más deseados por los que practican esta disciplina. Si alguno de los piratas se avisa, notará cómo Richard gira el cuello y los observa con recelo, envidioso. Seguramente es una posesión que siempre ha querido y, ahora, solo ve como se le escapa ante la aparición de dos desconocidos. Aun así, entiende, y eso le frustra más, que es culpa suya y de haberse metido con ellos que se encuentran aquí, ahora.

— Son una reliquia. — Comenta el viejo tras tomarlos con una mano y levantarlos, para que así sea cómodo de ver para todos. — Los usé en mis años mozos. Siempre me ha molestado tenerlos guardados y que solo tengan acción en mis recuerdos. Los usé cuando me dediqué a viajar por distintas islas y mostrar el deporte que amo. Ustedes viajan, porque seguirán haciéndolo, ¿no? — Kiyoshi asiente. — Llévenselos, por favor. Si bien es una forma de compensación, quizás solo es un deseo de este viejo al que solo le quedan pocos años de vida.

Kiyoshi, con la seriedad y frialdad que normalmente tiene, responde primero, adelantándose a Uker. — Ese tipo de cosas no son lo mío. Uker, úsalos tú. Eres rápido y ágil, podrían servirte. Sabes que para mí es algo imposible.

Estas palabras no le gustan a Richard, quien ahora sí les da la cara a todos, y se le nota enfadado. — ¿Qué se creen, estúpidos? Deberían sentirse privilegiados de que el maestro les ofrezca semejante reliquia. Si supieran cuánto tiempo yo… — Vuelve a morderse el labio, parece un tic, mas solo es una forma de obligarse a no abrir la boca y cagarla más de lo que ya lo ha hecho este día. Parece que el entorno se ha vuelto denso de un momento a otro.


RE: Velocidad sobre hielo [Pasado - Uker] - Rackham Uker - 31-03-2026

Escuchar al anciano hablar de sus alumnos no levantó el ánimo o el interés de Uker. Podrían ser los mejores patinadores, pero decidieron atacar a dos extraños en cuanto los vieron, sin siquiera esperar a dialogar. El propio cocinero no era la persona más pacífica del mundo, pero tenía claro que si alguien no se metía con él, no sería objetivo de su enojo o su apatía.

Aún así, las últimas palabras del anciano sí lo hicieron alzar una ceja. ¿Un regalo? ¿Para qué iban a necesitar algo de ese hombre? Tal vez conocía alguna técnica milenaria, o un arma que había pasado de generación en generación en su familia, eso podría serles de ayuda. Lastimosamente, fue el hombre que parecía querer perder su pie antes el que se opuso, por lo que Uker comprendió que no podía ser nada que les interese.

Es la más joven quien busca el objeto y lo lleva a vista de todo el mundo. Uker, pese a que ya había aceptado que ese obsequio no les traería beneficio, se acerca de todas maneras, mostrándole respeto al hombre que lo salvó de morir sobre esa capa de hielo.

En cuanto vio los patines, parpadeó. No fue rápidamente, fue un movimiento natural, pues el par de botas no le traía nada. El hombre explicó sus intenciones, exponiendo su deseo de que unos objetos tan importantes para él puedan recorrer el mundo y no quedarse parados en un rincón no visitado de la casa. La respuesta de Kiyoshi fue clara, la opinión de Richard tal vez lo fue incluso más, pero fue Uker quien se tomó un momento para responder.

No había duda en su rostro mientras observaba los patines, simplemente buscaba cómo expresar sus pensamientos sin ser ofensivo. - Tengo que serle sincero, anciano… -. Ahora observó a quien le ofrecía ese objeto, no queriendo mentirle ni maquillar lo que pensaba. - Somos piratas, yo soy el hombre más buscado de uno de los 4 mares, un hombre que pese a su título y su wanted no tiene fuerza ni capacidad para luchar en un mundo así -. Algunos podrían pensar que se trataba de modestia, pero no eran más que los pensamientos puros de Uker hacia sí mismo. - Tu deseo de que estas botas recorran el mundo, a nuestro lado, podría acabar en esta misma isla -.

Él mismo se alejó un paso, habiendo dado su respuesta, pero aún le faltaba decir algo más. - De su propia boca salieron palabras de apoyo y halagos hacia sus estudiantes, demostrando lo buenos que son -. Observó a quien se había quejado antes, solo un momento antes de devolver su atención al viejo. - Así como mi fama de peligroso no me calza, tampoco lo harán esas botas. Llevan historia, recuerdos, entrenamiento, cosas que yo no sufrí para patinar -.

- Si alguien se merece ese regalo, son aquellos que entrenan día y día para ser mejores y poder cumplir con el sueño de un anciano, no aquellos que podrían o no ser los “más capacitados” -

Su postura era clara, pese a sus diferencias con esa pareja, no iba a ser él quien les robara la oportunidad de alcanzar ese objetivo. Si no les importara ese tipo no habría reaccionado así, si no les importara no serían tan buenos en lo que hacen.

- Incluso si a ellos les falta camino para obtenerlos, los recuerdos son preciados. Puede que parezca que simplemente no se les da uso, pero… Daría 50 años de mi vida por tener en mis manos el espejo roto que mi madre usaba para peinarse el cabello, para poder recordarla -.

Sonrió al decir eso, con la nostalgia de quien no olvida, junto a la tristeza de quien lo perdió todo. Palabras infantiles, con un razonamiento adulto, luego de un pequeño discurso más maduro que todo lo que había dicho en ese día.

- Además, no se patinar, así que simplemente volverían a ser parte del decorado, pero ahora en un barco -



RE: Velocidad sobre hielo [Pasado - Uker] - Kiyoshi Maeda - 02-04-2026

Todos callan, escuchan atentos lo que Uker dice. Demuestra sus valores. Fácilmente podría tomar los patines y venderlos por ahí, pues hasta se puede ver la firma del famoso patinador viejo que tienen frente a ellos. En el centro de la isla, fácilmente podría dar con un comprador dispuesto a soltar una buena suma de dinero para quedarse con ellos. Pero no, el navegante y cocinero de los Sepultureros decide tomar el camino del bien, defendiendo lo que cree hasta el último momento. Todos los presentes se dan cuenta de esto y, como no puede ser de otra forma, sienten respeto hacia su persona. Kiyoshi, específicamente, guarda silencio y solo presencia la escena. No será él quien presione a su compañero a tomar una decisión. Ya dijo que él no los tendría, eso es suficiente.

Quien más se ve afectado por sus palabras es Richard, quien se muerde el labio inferior y desvía la mirada hacia una pared de la casa. Siente vergüenza al mirar de frente al pirata, aunque más pronto que tarde se arma de valor para enfrentar a su maestro. Sí, a aquel que tanto admira. — Nosotros somos merecedores de esos botines, viejo. Sabemos que siempre causamos líos, pero eso no significa que no trabajemos más que cualquier otro alumno que hayas tenido en tu larga y exitosa vida. Si me dieras la oportunidad de demostrar lo que valgo, yo… — La situación se torna bastante sentimental, tanto, que Kiyoshi hasta siente deseos de irse. Presenciar este tipo de escenas tan privadas no corresponde, pero Uker sigue involucrado al ser a quien le han tendido los patines. Dejarlo solo en este lío no es algo que le gustaría hacer. Por tanto, se queda.

La risa del viejo estalla, mas no una burlesca, sino una que expresa tranquilidad y alegría comedida. Parece que tiene un talento, pues consigue que todos, o al menos la mayoría, se tranquilice y deje de estar tan tenso. Parece que la edad no solo te hace bueno en lo que haces y llevas tantos años practicando, sino que te entrega una sabiduría que ya quisieran los jóvenes poseer. — No tienes que demostrarme nada, ni tú ni ella. Aparte de mi querida nieta, ustedes son mis dos grandes tesoros. Por mucho que crezcan, para mí siempre seguirán siendo esos dos dulces niños que llegaron emocionados a pedir que les enseñe. Yo siempre he estado y seguiré estando orgulloso de ustedes. — Richard no se esperaba estas palabras, por lo que lágrimas caen desde sus ojos. Su compañero, quien para este momento ya ha despertado y alcanzado a escuchar las palabras de su profesor, se sienta en el sofá y toma desde atrás la ropa de Richard, haciéndole ver que está ahí con él y experimentando los mismos sentimientos.

Un gesto con la cabeza del viejo es suficiente para que su familiar tome los botines y se los tienda al varón, quien los recibe con gusto y los abraza como si un infante estuviese apretando su osito de peluche antes de dormir. Parece que sí habrá un final feliz en este capítulo.

Ahora, con el tema del calzado solucionado, el anciano se dirige a Uker. — Realmente admiro tu forma de ser, muchacho. Espero que nunca cambies. Sin duda, en esta casa, siempre recordaremos a los dos piratas sepultureros que vinieron a visitarnos. — Y, por supuesto, también tiene palabras para Kiyoshi, a quien quizás no considera con más valores, pero sí el más maduro. Consideremos que estuvieron hablando a solas mientras Uker se cambiaba de ropa en la habitación privada. — Tienes compañeros increíbles, pues de seguro el resto son igual de valiosos. Por favor, cuida de ellos, Kiyoshi. De seguro un médico como tú podrá encargarse de eso. — Kiyoshi, entendiendo el contexto y lo que se viene para ellos, que es una despedida, procede a ponerse de pie. — No seas tonto, no tienes por qué decirme eso. Tengo más que claro todo lo que mencionas.

Kiyoshi no es fanático de las despedidas, por lo que es el primero en abandonar la casa luego de solo despedirse con un gesto de mano. Es a Uker a quien interrumpen un poco más, no permitiéndole escapar sin unas últimas palabras. Quien lo increpa es Richard, que curiosamente le da la mano, aparentemente dejando atrás, o al menos intentándolo, todo resentimiento que pudo nacer entre ambos debido al conflicto iniciado sobre el hielo. — Te estoy agradecido, aunque eso no quita que, si vuelvo a verte en nuestro territorio, te enseñaré otra vez lo veloz que soy sobre el hielo. — Por su tono de voz y la sonrisa leve que muestra su rostro, el cocinero puede entender que no se lo dice a malas, sino que es una pequeña broma con la que intenta mantener su forma de ser.

Una vez ya se encuentran Kiyoshi y Uker nuevamente solos sobre la nieve, ya camino de regreso al centro de Drum o al barco de la tripulación, según cada uno quiera, el primero alza la voz para darle un término a esta historia. — Eres un tonto, debiste quedártelos. Quizás le quedaban bien a Varo Ganchin o a Eros con lo rápidos que son. Aunque ya no importa.