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Primavera en Flor [Pasado] - Versión para impresión

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RE: Primavera en Flor [Pasado] - Moja - 08-05-2026

El cabezazo le llegó de la nada, como una ráfaga de viento imprevista. Moja no tuvo tiempo de calcular el ángulo ni de tensar los músculos; el impacto le echó la cabeza hacia atrás por puro instinto. Sus orejas de mink se agitaron en un espasmo involuntario y una mueca de dolor cruzó su rostro un segundo antes de que su disciplina de soldado lograra recuperar el control. No estaba molesto, pero la sorpresa se le leía en los ojos: aún estaba intentando procesar la intensidad volcánica con la que Seraphine vivía cada segundo.

-Entendido…- murmuró, dejando escapar el aire en un suspiro suave.

La observó con una mezcla de desconcierto y ternura mientras ella, víctima de su propio impulso, veía "estrellas". La imagen rozaba lo cómico: una skypiean de envergadura imponente, sentada sobre él y declarando con la solemnidad de un decreto real que no pensaba dejarle ni un centímetro de aire en las próximas cuarenta y ocho horas. Moja se quedó allí, asimilando esa extraña aleación de determinación férrea y vulnerabilidad desnuda que parecía guiar cada gesto de la mujer.

Cuando ella se interesó por su oficio, Moja dejó que el silencio se estirara un poco. No era por misterio, sino porque sabía que la respuesta cambiaría el peso de la conversación.

-Trabajo en el mar- soltó finalmente, con esa voz directa y sin adornos que era su sello personal. -Soy Marine.-

Lo dijo sin inflar el pecho, pero también sin disculparse. Era un hecho, como la gravedad o el frío de Drum.

-Mi destino es la Isla del Karate. Las órdenes estaban firmadas mucho antes de poner un pie aquí.-

Sus ojos dorados se clavaron en ella, analizando su reacción con una calma analítica. Sabía que la palabra "Marine" podía abrir puertas o levantar muros, dependiendo de las cicatrices de quien la escuchara.

Seraphine estalló en protestas por la brevedad del tiempo, jurando con una pasión casi eléctrica que aquello no sería un adiós. Moja sintió que una pequeña sonrisa, casi imperceptible, le ganaba la partida a su rostro de piedra.

-Dos días pueden ser una eternidad- respondió con una calma contagiosa. -Especialmente si alguien ha decidido que pensar por mi cuenta ya no está en el menú.-

No se le escapó el rubor encendido en las mejillas de ella, ni el momento en que sus labios buscaron los suyos para terminar desviándose en una finta de nervios. Antes de que pudiera reaccionar, sintió el tirón en el brazo. Seraphine lo arrastraba con una energía renovada, como si el tiempo ya estuviera quemándole los dedos.

Moja se puso en pie dejándose llevar, sin oponer la más mínima resistencia. Adaptó su zancada a la diferencia de altura, fluyendo con el ritmo de ella mientras salían del restaurante.

-Empiezo a sospechar- comentó con un deje de ironía mientras caminaban -que mi libertad de elección acaba de ser confiscada por tiempo indefinido.-

No había queja en su voz, solo una aceptación tranquila, casi cómplice.

-Pero puestos a ser el rehén de alguien… me reconforta saber que la compañía tiene este nivel de interés.-

La miró de reojo, y esta vez, en su mirada había una calidez nueva, una chispa que no estaba allí cuando el frío de la isla era lo único que compartían.


RE: Primavera en Flor [Pasado] - Seraphine Soyer - 09-05-2026

Llevó una mano a su frente, viendo un par de estrellitas; la skypean no era inmune al dolor y la zona que utilizó para golpear, le quedó algo roja, haciéndola suspirar por pura frustración, un día de estos, tenía toda la intención de volverse lo más fuerte que pudiese, aunque sabía muy bien que ser fuerte, no significaba ser invencible, lo que no pudo evitar que se enojara un poco con sus limitaciones físicas; quería ser útil para la revolución y proteger a sus seres queridos.

Y sonrió, cuando el hombre parecía hacer uso de la razón, dando el veredicto de que Seraphine había ganado, alzando una palma, la colocó sobre el pecho ajeno, sintiendo la suavidad de su pelaje, peinándola entre sus dedos, lo que se llevó a preguntar si otros minks felinos se sentían igual a él, aunque no iba a ir tocando al que se cruzase solo para descubrirlo; por alguna razón, se sentía más cómoda con la idea de tocar solo a Moja. 

Cuando al fin escuchó lo de su trabajo, relacionado con el mar, sintió un pequeño pinchazo en su interior, con su mente vagando, pensando que quizás trabaje como seguridad o algo así para pesqueros, dudando un montón que aquella profesión necesitase de un guardaespaldas, ¿o quizás estaba buscando retrasar lo inevitable? Las siguientes palabras le cayeron como un balde de agua fría.

Claro que era un marine, la de cabellos rosados nunca tenía tanta suerte, debió de haberlo intuido, mordiéndose el labio inferior, sin saber qué hacer ahora, estar enojada o no, ya que el ser parte de los marines, eso significa que formaba parte de manera activa de un sistema que veía bien la existencia de esclavos y, por más que Moja lo negase, era cómplice por apartar la mirada.

Buscó cerrar sus oídos, pero le fue imposible; llevó las manos a sus orejas, buscando silenciar su voz, mientras miraba al suelo, buscó consuelo en el hecho de que se estaba autosaboteando y escuchó mal, pero lo dudaba, considerando el final feliz que tanto deseaba, estar al lado de alguien, no dijo nada, de inmediato dio unos cuantos pasos hacia atrás, mirando su libreta y escribió.

—Lo siento— Alzó su rostro con una expresión triste, con dolor. —Al final sí será un adiós— Se negó a apartar su mirada de él, no tenía la intención de ser una cobarde, se unió a la revolución y tenía toda la intención de ser fiel a esta, queriendo evitarle un destino similar al resto de las personas que estaban a punto de nacer en aquel mundo o ya estaban en él. —Yo…— Se desinfló como un globo, costandole seguir escribiendo, con su mano temblorosa. —Soy parte de la revolución— Ya está, hecho, con lo trabajólico que estaba, de seguro la arrestará ahí mismo.

—No puedo vivir en un mundo que acepte la existencia de esclavos y menos que la persona que me atraiga, forme parte de las fuerzas que permiten el que me mantuvieron captiva, que me humillaron y denigraron.

Fue sincera, quizás más de lo necesario y con temor, intentó irse de ahí, alejarse, cortar todo desde la raíz.


RE: Primavera en Flor [Pasado] - Moja - 11-05-2026

Moja no se movió cuando ella retrocedió, pero su cuerpo lo traicionó. Se tensó de golpe, como si le hubieran soltado un golpe seco en el estómago que le vació los pulmones. Esos ojos dorados, que hace un momento brillaban con algo parecido a la ternura, se quedaron clavados en el papel. Siguió el rastro de la tinta en un silencio pesado, de esos que duelen, sabiendo que lo que ella estaba escribiendo iba a reventar el refugio que acababan de armar.

Cuando llegó a la frase "Soy parte de la revolución", Moja simplemente se rompió por dentro.

No gritó. No hubo drama ni reproches. Fue algo peor: un frío absoluto que le endureció la cara y le hundió la mirada, como si hubiera envejecido diez años en un parpadeo. Se quedó mudo. Dejó que el ruido de la isla rellenara el vacío que se acababa de abrir entre los dos. Necesitaba que el mundo siguiera moviéndose ahí fuera, porque el suyo se acababa de parar en seco.

-… Ya veo- masculló al final.

Su voz ya no era cálida; era un metal frío, sin un solo matiz. Bajó las orejas, pegándolas al cráneo, y su cola se quedó rígida, perdiendo esa calma de hace unos minutos. No se acercó, respetando esa distancia invisible que Seraphine había marcado, pero tampoco se dio la vuelta. Se quedó allí, de pie entre los restos.

-Ahora entiendo- hizo una pausa, tragándose las palabras. -Por qué tu "justicia" y la mía nunca terminaban de encajar.-

No la estaba señalando, pero su tono cortaba. Cerró los puños con tanta fuerza que los nudillos le blanquearon bajo el pelaje. No iba a pegarle; solo intentaba no estallar.

-No voy a arrestarte- soltó, mirándola de frente. -No aquí. No así.-

Era una tregua, pero de las amargas. Una decisión de hombre, no de oficial, y los dos sabían que eso tenía fecha de caducidad. El aire se volvió denso, de ese que cuesta respirar.

-Pero no me pidas que haga como si nada- continuó, casi en un susurro. -Para ti mi uniforme es el problema... y no voy a ser yo quien te diga que tus cicatrices son mentira. No voy a negar lo que pasaste.-

Miró al suelo un segundo, estudiando las piedras, antes de volver a clavarle los ojos.

-Pero yo elegí este camino para proteger a la gente que no tiene nada... no para ser el cómplice de los que te jodieron la vida.-

La contradicción se quedó ahí, flotando entre el Marine y la Revolucionaria. Y entonces Moja hizo lo que más dolió: dio un paso atrás. Fue solo uno, pero marcó una frontera clara.

-Supongo que este era el final lógico- dijo con un suspiro que sonó a derrota. -Dos balas chocando de frente.-

La miró un poco más. Parecía que iba a decir algo más, algo que pudiera arreglar el desastre, pero se contuvo. La disciplina pudo más. El frío volvió a sus huesos.

-Hablar... confiar...- murmuró, como quien se maldice a sí mismo. -Siempre termina igual.-

No estaba enfadado con ella. Estaba cabreado consigo mismo por haber bajado la guardia.

-Si te vas ahora... no te voy a seguir.-

No fue una despedida de película. Fue el cierre de una puerta de hierro.

-Pero no voy a olvidar esto, Seraphine. Ni lo que escribiste... ni quién eres de verdad.-