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RE: Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - Tenoch Titlan - 15-04-2026 El doctor en carnes frías sucumbió a su curiosidad una vez más, una característica muy propia de él o quizás creía que estaba en el mejor sitio del mundo, una sala llena de cadáveres, solo para él, pero al acercarse al que tenía más cerca e inspeccionarlo se decepciono, pues el cuerpo inerte que reposaba sobre la camilla, no le servicia para lo que este narrador quiere entender como estudios académicos y no el hecho evidente de que el doctor quiere lucrarse con la muerte.
El gemido débil y lastimero, acaparó toda la atención del caballero de cabellos rosados, seguramente sintió que aun tenia una oportunidad de hacer estudios monetarios con el cuerpo que emitió aquellos sonidos.
En un acto de amor y compasión por aquel desdichado o quizás motivado por los berries que podria ganar si los órganos del desdichado aun funcionaban y este narrador se inclina más por la primera, el doctor le cubrió la cabeza con su gorro de lana, a pesar del agujero horrible que esta tenia, el doctor lo tomo en brazos y se lo colgó al hombro, como quien carga un saco de papas, una falta severa a su juramente hipocrático o quizás no, quien sabe.
Cuando camino hacia la salida con el cuerpo se detuvo a mirar hacia atrás y lo que recibió fueron las palabras del desdichado. - Te pido…que por favor me dejes en el suelo y que tengas un poco más de cuidado conmigo. Las palabras del hombre sobresaltaron al doctor, quien muy amablemente y cuidado de su paciente (mercancía), recostó el cuerpo del hombre al lado de la puerta de salida, los ojos de este buscaron los ojos miel de Hyákinthos y comenzó a hablar. – No recuerdo como llegué aqui, ni porque siento la cabeza tan ligera… pero si recuerdo que era un pirata y me llamaba Manu “Cara e Sandia” Noruega… el hombre cactus y su amigo Artiston me capturaron y Los Ojos del desdichado se clavaron en los orbes color miel del doctor…. Y… que lindo saber que lo ultimo que vere, son tus ojos señorita…..En ese instante los ojos del hombre se apagaron y quedaron inundados por un vacio sin fin.
¿Qué haría nuestro doctor ahora que sabia como este hombre habia llegado allí?
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RE: Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - Hyákinthos - 16-04-2026 Escuchar la voz proveniente de lo que creyó era más un muerto que un vivo, provocó un sobresalto en el médico que, más por inercia que por gusto, obedeció la orden del casi difunto. Depositó el cuerpo en el suelo, con un cuidado que contrastaba con la manera descuidada con la que había cargado antes el cuerpo; sin embargo, agradeció, internamente, por su momento de “piedad”, pues eso le brindó una información bastante útil.
Al haberse puesto de cuclillas al lado del cuerpo, fue capaz de escuchar la voz débil que provenía de aquel desdichado sujeto y, con ello, una advertencia implícita, una que hizo que el médico abriera sus ojos dorados de par en par, sorprendido…bueno, más que nada por el nombre del “pirata” …o eso buscaba hacer creer… ¿A quién? A quien sea que pudiera estar vigilándolo, si ese era el caso, claro está.
—Tu nombre parece más el de un dictador que el de un pirata… ¿Eras capitán? ¿Algún gobierno te entrenó para cometer crímenes? —Preguntas estúpidas que disfrazaban la preocupación del pelirrosa por la situación real, a fin de cuentas, ahora que el temblor en su piel había bajado, que su corazón ya no estaba tan acelerado como antes y que, gracias al haberse tomado su tiempo en la sala y con el moribundo, su respiración también estaba más calmada; su mente volvía a operar con normalidad: podía volver a analizar sus alrededores y su situación como era debido. El terror había desaparecido.
Por supuesto, haría de cuentas que no se enteraba de nada, después de todo, actuar como un despistado e ingenuo ser se le daba bastante bien, tanto que incluso se mantuvo por unos segundos más de lo necesario al lado del desconocido, hasta le sonrió, como si fuera un ángel y no un demonio.
—Pues tienes razón, debe ser hermoso ver unos ojos tan bellos como los míos antes de morir…ojalá cuando yo muera pueda tener una vista tan espectacular como la tuya —. El pirata sacudió su propio cabello, haciendo que bailara hacia un lado y, por fin, cuando notó que los ojos ajenos se habían cerrado, volvió a hablar. —¡Ah! De nuevo mercancía perdida, que triste día…no he obtenido el peluche del hipopótamo lanudo y tampoco un buen ejemplar para una revisión —. Miró a sus alrededores, aunque la escasa luz le dificultaba observar bien todo el panorama, aún así, hizo un esfuerzo por fijarse en esquinas o en adornos que pudieran tener cámaras o micrófonos…con las palabras del “Cara ‘e Sandía” tenía más que claro que no estaba en una simple casa embrujada y ya…además… ¿Cómo era posible que una atracción de una feria tan concurrida estuviera tan vacía?
—Jmmm… ¿Me pregunto si este desdichado habrá deducido que soy hombre? Aunque me halaga que haya creído que soy tan lindo como una chica —. De nuevo usó frases al azar, ocultando bien sus sospechas, incluso aprovechó el estar de cuclillas para ajustar mejor las correas de sus botas antes de levantarse y hacer lo mismo con los guantes que llevaba puestos, además…recuperó su gorro de lana, no podía dejárselo a un muerto…y eso último es lo que le daba el toque de “casualidad” a sus acciones, a fin de cuentas… ¿Quién sospecharía de alguien que solo está preocupado por su apariencia? Bueno, esperaba que el hombre cactus y ese otro que el “pirata/dictador” había mencionado no sospecharan.
—Hombre cactus…Espinaca, supongo… ¿Acaso piensas retenerme aquí? —Con eso en mente, dio un último vistazo al cadáver antes de que sus ojos se centraran en el pasillo, aunque ya no veía el lugar como un sitio para pasar el rato si no como una trampa en la que cualquier cosa podía ocurrirle, hasta llegó a preguntarse si los que estaban dentro de esa sala “2” eran también piratas o, al menos, criminales buscados…Claro, se supone que él no tenía que preocuparse por eso porque aunque fuera un pirata que tenía alguno que otro negocio turbio, no tenía una recompensa ¿O sí? Sacudió su cabeza…era imposible que alguien pusiera un precio por su cabeza, no había pasado en años y no pasaría ahora, aunque, de todos modos, prefería ser precavido.
Intentó recordar la referencia que había hecho en su mente para saber en donde estaba la entrada, pero lo cierto es que las indicaciones que se dio a si mismo le resultaron difusas. Chasqueó la lengua y, simplemente, miró a ambos lados del pasillo antes de decidir caminar hacia el lado derecho de la “casa del terror”. Algunos adornos “terroríficos” se le atravesaron, aunque simplemente los apartó con una mano o los ignoró, pues ninguno tenía el mismo efecto que habían conseguido los objetos en la sala “5”; además, estaba más concentrado en buscar la salida, lo que lo llevó a detenerse cuando se encontró en una encrucijada.
Estaba casi al final del pasillo y ahí pudo ver con claridad dos puertas, una tenía un “4” dibujado en ella, mientras que la otra un “6”. Suspiró…no tenía muchas ganas de arriesgarse de nuevo, pero solo abriendo las puertas podría encontrar una posible salida de ese “laberinto”, así que, lo único que se le ocurrió para decidir cual puerta tomar fue sacar una moneda de su bolsillo y dejarlo todo al azar.
—Bien, si sale cara voy a la puerta “6” y si sale sello, voy a la “4” —. Con eso dicho tiró la moneda al aire y la atrapó con facilidad cuando venía cayendo, puso una de sus manos sobre esta y luego la descubrió. La moneda brillaba en medio de las tenues luces y, con claridad, se podía ver el símbolo de “sello” en el berrie. —Jmmm…bien, la número “4” será.
Guardó la moneda en su bolsillo y se giró para quedar frente a la puerta elegida, luego la abrió con cuidado y…no se movió de su lugar. A diferencia de las salas anteriores, en esta decidió permanecer debajo del marco de la puerta, solo para prepararse mentalmente para lo que sea que hubiera dentro.
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RE: Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - Tenoch Titlan - 23-04-2026 Las palabras del doctor sobre el nombre de aquel desdichado fueron escuchadas por absolutamente nadie, pues la vida ya habia abandonado al hombre de las heridas en espiral.
Sin embargo, la ultima visión que tuvo de aquellos orbes color oro lo tranquilizaron y pudo morir en paz. Nuestro doctor en un acto increible de coherencia, le quito el gorro, de nada le servía al muerto, como tambien habia sopesado que los órganos de este no le servirían, quizás este narrador juzgo mal las acciones o el pensar del doctor, era evidente que este era practico, no falto de ética.
La mente del doctor se inundo con dudas referente al hecho de que un pirata se encontrara en una sala así, a pesar de todo sus pensamientos iban por buen camino y los hombres que lo habían atraído hasta este lugar, sabían cosas de él, cosas que el mismo doctor quizás ignoraba.
Aun así, haciendo gala de su excelente manera de posicionarse o de tomar direcciones se detuvo ante 2 puertas que estaban casi una al lado de la otra, la 4 y la 6, tiro una moneda al aire y un viento muy sutil con forma de iguana, imperceptible para los orbes oro del doctor, influyo para que la moneda le dijera que deberia ir a la sala 4.
Una vez frente a la puerta el doctor giro el pomo y entro, quedando a solo medio metro de la puerta y la luz de la sala se encendió, Hyak pudo ver algo que quizás salió de la mente del mas perverso y sádico de los atunes del mar.
Una mujer esperaba a 5 metros de nuestro hermoso protagonista, esta estaba vestida totalmente de cuero, sus cabellos eran rubios, tenia un corazón gigante tatuado en la frente, y unos ojos rosados con la esclerótica negra, una máscara negra cubría una parte de su rostro y portaba ademas un látigo negro con puas, que hizo chasquear al instante en que el cuarto se iluminó, pero lo más llamativo de la sala no era ella, sino el hombre que estaba como crucificado al izquierdo de esta particular mujer, sin embargo lo que lo mantenía atado a la gran X no eran clavos en sus manos y pies, sino cadenas, el hombre blanco como el cristal, al escuchar el sonido del látigo rio como un degenerado, pero su risa se vio amortiguada por la mascara de cuero que cubría toda su cabeza, mascara un tanto peculiar pues le sobresalían un monton de puas, su cuerpo estaba casi al desnudo salvo por un boxer de cuero, sumamente apretado que dejaba ver su muy atrofiado “amigo”. La mujer poso sus ojos rosados sobre el doctor y con otro chasquido del látigo dijo. – No esperaba a alguien que no fueran los maestros, si estas en esta versión de la casa, puede que sucedan 2 cosas, eres un maestro o eres un juguete y la única forma de saber que eres en realidad es simple…Ven y juega con mi sumiso o ven y déjame a mi jugar contigo. Una risa macabra y sádica inundo el espacio, mientras el hombre en el traje se retorcía y reía…
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RE: Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - Hyákinthos - 28-04-2026 ¿Debería parecerle extraño el escenario? Sí.
Una persona coherente habría cerrado la puerta y colocado algún objeto en el exterior para que no la abrieran desde el interior, de hecho, es lo que el médico estuvo por hacer; sin embargo, un par de cosas detuvieron su coherencia: Primero, estaba en una casa del terror, encontrar cosas “raras” debía ser lo “normal” y, segundo… ¡Por fin encontraba a alguien vivo! Podría sacarles algunas respuestas a los dos extraños personajes.
Eso sí, no evitó alzar una ceja, intrigado, en cuando vio a la extraña mujer con el látigo, aunque, por curiosidad, sus ojos dorados terminaron sobre el cuerpo del hombre que se veía tan incómodo amarrado a una cruz…Eso lo hizo sentir como que interrumpía algo, pero…bueno, en verdad no era su problema.
Dio unos pasos más dentro de la habitación, quedando a 4 metros y medio de la mujer que ahora lo incitaba a… ¿Jugar? Nuevamente el médico la miró, más curioso que asustado y, de nuevo, su vista pasó de ella al hombre… ¿Ese era su juguete? Sí, cualquiera con un par de dedos de frente entendería enseguida la situación. Esto nunca se lo esperó, ahora se sentía como en ese libro que en un momento se hizo famoso y… ¿Cómo se llamaba? ¿Las 50 luces de Grey? Sí, algo así.
—¿Jugar conmigo? —El médico soltó una risa que parecía más un bufido burlesco, al mismo tiempo que avanzaba hasta quedar a un lado del tipo que estaba sujeto a la cruz, eso sí, sin quitar la mirada de encima de la mujer. No confiaba en que sostuviera el látigo con tanta confianza. —No podrías hacer eso, aunque quisieras, linda —. Su voz bajó apenas un poco, sonando más grave, todo mientras que una de sus manos se colocaba sobre una bandeja metálica en la que reposaban instrumentos que bien podría usar él en un quirófano y, de entre todas las herramientas, terminó eligiendo un bisturí con el que jugó entre sus dedos hasta clavarlo en medio de los dedos del sujeto amarrado, sin llegar a tocar su piel. —Verás, ser sumiso no va conmigo. Nunca…El simple ofrecimiento de serlo me ofende.
Había rodeado la cruz, quedó detrás de esta, una de sus manos aún sostenía el metal frío del bisturí mientras que la otra jugueteaba con una de las púas de la máscara. Este no era su estilo, pero si quería sacar alguna respuesta de la mujer, suponía que debía seguirle el juego, así que… ¿Por qué no usar su conocimiento del cuerpo para “jugar”?
—Dime algo… ¿Puedes responderme un par de cosas mientras uso a tu juguete como me plazca? —No podía ver el rostro del hombre enmascarado, pero algo le decía que no era su tipo, así que el pelirrosa no se refería a nada excitante, al menos no para él, al contrario…planeaba una tortura lenta, tal como las que hacía tiempo no practicaba en otro ser humano. —¿Eres una pirata? ¿O él lo es? ¿Para qué es esta "casa" en realidad? No soy estúpido, no es una simple atracción de feria —. Mientras hablaba, había retirado el bisturí de la madera y ahora el filo de movía peligrosamente en el borde de la cutícula de uno de los pulgares del enmascarado, justo el de su mano derecha.
—Fuera encontré a un hombre con la cara destrozada, su herida era en forma de espiral, como si lo hubieran atacado, cuidadosamente, con un taladro…lo suficiente para mantenerlo vivo por un corto periodo de tiempo —. Sus manos dejaron de jugar con el bisturí y, ahora directamente se movían entre el borde de la uña y la carne. No demoró mucho en hundir el filo de la herramienta contra la carne, levantando la uña con una lentitud tortuosa, pues no fue de inmediato, si no que, entre cada palabra removía un poco más el filo bajo la uña, removiendo la enorme cantidad de terminaciones nerviosas y pintando el pulgar de un hermoso tono escarlata que el médico consideraría usar como esmalte para sus propias uñas. —Me dijo que un hombre Cactus lo capturó y lo trajo aquí…era todo lo que recordaba… ¿Debería preocuparme?
Se aburrió del bisturí con rapidez, por lo que dejó de jugar con la uña que había logrado arrancar de raíz y se concentró ahora en el índice, también de la mano derecha, aunque esta vez no levantó la uña como lo hizo con el pulgar, si no que atravesó el bisturí directamente en el dedo. Se escuchó un ruido incómodo, primero como el de un metal atravesando “plástico” y, luego, un sonido más acuoso antes de que el filo del bisturí chocara con el hueso. El médico hizo más presión, mucha más, no controló su fuerza y, el delicado hueso cedió ante el metal, haciendo que, al final, el escalpelo quedara insertado en la madera de la cruz.
—¿Ese tipo de dolor aún te gusta? —Preguntó con un tono casi inocente, algo que contrastaba con sus acciones, pues ahora se había movido apenas un poco para sostener entre sus manos una pinza que parecía de muy buen material. —Ella me dijo que jugara contigo, pero no me colocó ningún límite —. Se distrajo un rato de su cuestionario hacia la mujer y volvió con el hombre. Escuchó quejidos provenir desde debajo de la máscara, pero no podía distinguir si eran de placer o de dolor, aunque, algo que si era evidente para sus ojos es que el pálido hombre había empezado a sudar frío. El médico sonrió y, nuevamente, su mirada fue hacia la mujer del corazón tatuado.
—¿Puedo hacer lo que quiera con tu juguete? Hace bastante tiempo que no me dejan divertirme así —. En su antigua tripulación, una que el mismo se encargó de entregar a la marina, hace 10 años, era él quien torturaba a aquellos que se ganaban la mala fe del capitán...a veces extrañaba esos momentos.
El médico colocó la pinza sobre el dedo corazón de la mano izquierda y apretó con fuerza hasta que el sonido característico de un hueso cediendo hizo eco en el cuarto…Pensó en quitarle el dedo, eso sería fácil, pero…entonces recordó porque es que había accedido a jugar.
—¡Ah! Es cierto… ¿Sabe una cosa, señorita? Creo que me he perdido en esta casa, buscaba una salida… ¿Podría guiarme a ella? O… ¿Tal vez prefiera que siga rompiendo a su juguete? —Dejó caer la pinza y tomó de la mesa una sierra, no la eléctrica, la normal…No tenía demasiado filo, quizá solo era un juguete, pero… ¿Qué más daba? El médico tenía la fuerza suficiente para usarla para cortar la carne si así deseara. Ubicó la cierra cerca de la ingle del desdichado e hizo presión hacia delante y hacia atrás hasta que notó las raspaduras en la piel, que poco a poco cedía ante la fuerza del instrumento metálico.
—Es que…verá…creo que alguien se ha equivocado…Si este sitio es una trampa, yo no debería estar aquí —. Miró al sujeto amarrado, respiraba agitado y, aunque sus manos intentaban cerrarse en un puño, los dedos lastimados se lo impedían. Parecía fuerte…sano…¿A este si podría usarlo como mercancía? Tenía todo en ese lugar para aprovechar uno que otro órgano, aunque…si los sacaba ahí mismo, le faltaría una buena “nevera” para guardarlos hasta conseguir venderlos…Chasqueó la lengua…Mal…era un mal negocio si los órganos se dañaban, aunque, tal vez su sangre su podría extraerla y venderla a algún hospital de Drum, después de todo… ¿No era esta isla un paraíso médico?
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RE: Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - Tenoch Titlan - 06-05-2026 Quizas la invitación hecha por la dominatrix era algo extraño y seria rechazada por la mayoría de las personas normales, pero nuestro doctor protagonista no era normal, era un ser excepcional con unos orbes de color oro que centellaron ante aquella peculiar invitación..
Sin vacilar se acerco al sumiso, sin desviar la vista de la dominatrix quien lo miraba atento, le recalco a esta ultima que él no era ningún sumiso y dicha cosa parecía ofenderlo, la mujer con el látigo afilo los ojos y espero paciente, pues vio como nuestro querido doctor, jugueteaba con un bisturí en sus manos. Hyakinthos le pregunto si podría responderle algunas preguntas, mientras jugaba con el sumiso, la mujer lo miro y le contento. – Eso dependerá de que tan bien lo hagas.
Sin perder tiempo el pirata de cabellos rosados y ojos oro, pregunto…si la dominitrix o el sumiso eran piratas, que era en realidad esta casa, los ojos de la mujer del látigo se posaron en el bisturí que amenazaba los dedos del dominad, mientras aun callaba.
El doctor arremetió otra vez, comentando lo que había encontrado en otra de las habitaciones, cuando el bisturí se hundió contra el dedo del sumiso levantando la uña, la mujer, se estremeció y empezó a respirar de manera agitada, pero no se detuvo, ahora enfocado en otro dedo, clavo el bisturí, se arrodillo, mientras se tomaba el pecho, sus jadeos no paraban de aumentar y sus ojos estaban fijos en el doctor.
El hombre con la máscara se retorcía, intentando escaparse, cosa que era inútil, estaba muy bien amarrado. El doctor hablaba, pero la mujer del látigo no lo escuchaba, estaba extasiada con todo lo que este hacia a su juguete, Hyakinthos termino de hablar, mientras miraba al sujeto con la mascara y chasqueo la lengua, eso pareció ayudar a la mujer a volver a tierra, quien se levanto erguida, aun agitada pero ya podía hablar y le dijo. – Tu trabajo ha sido exquisito, me encantas. E hizo golpear el látigo en el suelo. – Bien. Responderé todas tus preguntas. No, no soy un pirata y este hombre no sé si lo es, los amos simplemente me traen gente para jugar, a veces juegan ellos. Nunca pregunto la procedencia de mis juguetes, pero los amos dicen que aquí traen a aquellos que no cuestan tanto. Trago saliva y se seco el sudor de la frente, mientras decía. – Para irte de aquí, tienes que salir de esta sala y girar a la izquierda, allí veras una sala con el numero 6, se que es importante, y al lado de esta hay una puerta, sin número, eso te llevara a la salida. Sus ojos seguían viendo a Hyak. – Pero puedes quedarte aquí conmigo, si lo deseas y seguimos jugando…. Sobre si es una trampa o no, no lo sé, pero esta versión de la casa solo entran los amos. ¿Te quedas conmigo? . Volvio a hacer chasquear el látigo contra el suelo a la espera de la respuesta por parte del Doctor.
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RE: Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - Hyákinthos - 13-05-2026 Sonrío de oreja a oreja, orgulloso, aunque la mujer le decía algo que él sabía de sobra: su trabajo siempre era exquisito y, no solo eso, era limpio, pulcro, medido…de todos modos, un halago hacia sus habilidades nunca estaba de más y, por supuesto, nunca sería rechazado.
—Gracias, pocos admiran la belleza de un trabajo tan bien hecho —. Al hablar dejó de mover la sierra poco afilada que sostenía, lo que lo hizo bajar la mirada y darse cuenta de que la piel se había raspado más que cortado, aunque se notaban desgarramientos sutiles en la carne. Se detuvo. No tenía caso seguir cuando la mujer parecía querer cooperar y él, en verdad, solo deseaba salir de la “atracción de feria”.
Soltó la sierra que cayó al suelo haciendo que el metal hiciera eco en la habitación, aunque, eso sí, el ruido no lo distrajo del discurso que le daba la mujer, uno que respondía bien a todas sus preguntas.
Alzó una ceja, curioso y, aunque se vio tentado a cruzarse de brazos, permaneció atento a cualquier movimiento, por más que ella dijera que no era un pirata, entonces… ¿Qué? Miró de reojo al sumiso ¿Qué había de él? Ni siquiera la que parecía la “dueña” de tal dominio parecía conocer su identidad ¿Serviría de algo si le quitaba la máscara? Si era un sujeto buscado, podría tener un cartel en el periódico…pero…No, no era necesario, con su memoria apenas y recordaba los rostros de la gente con la que convivía a diario, mucho menos recordaría el de un fulano en el periódico. Suspiró, prefirió seguir escuchando en silencio.
¿Y quiénes eran los amos? Su mente le decía que algo tenía que ver el tipo de sombrero de cactus que lo incitó a entrar al sitio, pero, tampoco podía culparlo sin pruebas y, de todos modos, si lo veía de nuevo, lo más probable es que no lo recordara…No tenía caso enemistarse con alguien a quien olvidaría al día siguiente. Chasqueó la lengua de nuevo y luego se mordió el labio, ahora tenía más dudas que antes.
—¿Qué quiere decir con los que “no cuestan tanto”? —¡Bingo! Eso significaba que sí que había carteles de recompensa involucrado o, tal vez, solo tal vez, sus “amos” eran gente como él…gente que ponía precio a una persona dependiendo de que tan “sano” esté, aunque…no, este lugar parecía más un sitio de tortura que un quirófano. —¿Cazarrecompensas? —No dijo la palabra en voz alta, es más…ni siquiera la dijo, la pregunta simplemente pasó por su mente de manera fugaz antes de volver a prestar atención a la mujer.
—¿Por qué me facilita las respuestas sin resistencia? Que curioso —. Eso si fue un pensamiento en voz alta, uno que dijo mientras que se movía de su sitio para pasar por el lado de la mujer del látigo al mismo tiempo que ella estrellaba el arma contra el suelo. —Lo siento, agradezco que haya sido tan gentil al decirme lo que quería saber o, al menos, todo lo que sabía, pero…quedarme con usted es una imposibilidad, hay un par de personas que deben estar esperándome y, además, aunque sea usted linda, no es mi tipo. Nada personal —. Posó su mano sobre el pomo de la puerta y miró atrás una última vez antes de abrir la puerta que lo llevaría a la salida. —Pero, de nuevo, gracias por la información.
Con eso dicho, el médico salió de la habitación y cerró la puerta tras de sí. Era una de las salas más extrañas en donde había estado, aunque, de por sí, toda la casa lo era…Sea como sea, al menos ahora tenía una idea de como salir del lugar, definitivamente.
—A ver…ella dijo que encontraría una puerta con el número “6” —. Miró hacia los lados, no podía recordar si ella mencionó la “derecha” o la “izquierda”, pero le bastaba con tener el número, el cual no tardó en leer en una puerta cercana; sin embargo, cuando caminó hacia allá, solo tuvo que voltear hacia un lado para darse cuenta de la puerta sin número que la mujer le mencionó. —¿La salida? —Su mano estaba sobre la cerradura de la puerta “6”, pero se vio tentado a irse de ese lugar de inmediato, pero por otro lado…ella había mencionado que la puerta “6” era importante ¿Y sí encontraba dentro más respuestas? Tragó saliva y, dejándose llevar por la curiosidad, cerró los ojos y prefirió abrir la puerta con el número escrito.
Solo cuando escuchó el rechinar de las bisagras volvió a abrir los ojos. A este punto prometió no sorprenderse con nada de lo que pudiera haber en el interior del lugar, aunque ahora se preguntaba si había sido buena idea prolongar su estadía.
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RE: Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - Tenoch Titlan - 16-05-2026 La dominatrix se sintió vacia pues no esperaba la respuesta por parte del doctor de ojos color oro, ella genuinamente deseaba que él, quien habia mostrado un manejo increible de los objetos de tortura se quedara con ella, soltó un largo suspiro, mientras veía al doctor marcharse despues de que le dijera todo lo que sabia…¿Por qué le habia contado todo? Fue una pregunta de pirata de cabellos rosados, la respuesta era simple, la única lealtad que la dominatrix tenia era hacia el placer y más hacia aquellos que eran capaz de dárselo.
Antes de que Hyakinthos abandonada el resisto la mujer hizo chasquear su látigo una vez más y mirandolo fijamente le dijo. – Espero algun día volver a cruzarme contigo, hermoso caballero de ojos oro, serás mío y yo sere tuya. La puerta de la sala del deseo, se cerro sin más y nuestro protagonista volvio a estar en el pasillo de las puertas, su buen sentido de la orientación volvio a aparecer, ya que logro detenerse sin problema alguno sobre la puerta con el número 6, la cual estaba justo al lado de la salida, el doctor sopeso por un minuto si debía salir de la casa del terror, pero su curiosidad fue mayor y sin miramiento entro en la sala 6.
Al entrar sus ojos tardaron unos segundos en acostumbrarse a la luz, la sala 6, no se parecía en lo más minimo a aquellas que el pirata habia visitado durante la aventura, esta era una oficina… en toda regla, bastante grande, un cuadro de 5x5 metros, con alfombras caras y finas, un escritorio de manera refinada, estantes con libros, un despacho, uno desde Armando y Cactus controlaban su empresa.
Sobre el escritorio habia un monitor, este mostraba un circuito de cámaras de vigilancia, que mostraba cada una de las otras habitaciones de la casa del terror, bueno… de esta versión de la casa del terror.
Quizás el desorden de esta, como si alguien hubiera tomado lo que podia y habia salido corriendo habría sido lo más llamativo de la instancia, de no ser por los carteles de Wanteds que colgaban del techo.
El primero, el de una chica de cabellos azules muy sonriente, “Maria Merlot – 120 Millones”, a su lado, el Wanted del doctor Hyakinthos 130 millones y de ultimo el de una chica de cabellos verdes y cicatrices “Maki D. Zenin” 135 millones.
Las sospechas del pirata de cabellos rosados se habían convertido en certeza, Armando y Cactus eran cazadores de piratas y sabían de él, lo habían atraído a este lugar con la intención de cazarlo y cobrar su recompensa, junto con la de sus ahora conocidos compañeros, pero por alguna razón habia desaparecido…. Pero…. ¿Por Qué?..
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RE: Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - Hyákinthos - 20-05-2026 “Espero algun día volver a cruzarme contigo, hermoso caballero de ojos oro, serás mío y yo sere tuya.”
No esperaba que eso fuera lo último en escuchar antes de salir de la habitación cuatro ¿Acaso eso se sentía ser acosado? Sí, seguramente, porque sintió un escalofrío en su columna que lo hizo estremecer, tal vez fue esa sensación y no las ansias de saber lo que le deparaba la habitación 6, lo que lo hizo cerrar los ojos al abrir la puerta del cuarto.
Parpadeó varias veces antes de acostumbrarse a la luz blanca del sitio y, cuando por fin vislumbró el cuarto en todo su esplendor, la confusión asaltó su mente… ¿Por qué? ¿Por qué una oficina?
No entró de inmediato, se quedó parado en la entrada mientras analizaba sus alrededores y jugueteaba con las mangas de su abrigo. El hecho de que ese sitio se viera justo como una oficina lo descolocaba, lo sacaba de ese ambiente bizarro al que ya se había acostumbrado.
Todo parecía muy medido: Escritorios, sillas, estantes, libros, cuadernos; sin embargo, a pesar de la apariencia, una que gritaba “pulcritud”, había un desorden evidente en el área, el mismo desorden que se genera cuando se toma algo con prisa para no llegar tarde a una cita. Era claro, al menos para el médico, que alguien había salido corriendo…pero… ¿Por qué hacerlo?
Se vio tentado a entrar, quería saber si era una trampa y, a la vez…ese mismo pensamiento lo hicieron plantar sus pies con firmeza en el suelo. Lo mejor sería cerrar la puerta…sí, pero…justo antes de hacerlo, se le ocurrió mirar al techo.
Sus ojos se ensancharon al ver los pedazos de papel que “decoraban” la estancia. Bien, había muchas cosa que desconocía del mundo, no era capaz de memorizar una simple noticia que no tuviera que ver con asuntos médicos o botánicos, pero…incluso alguien como él sabía con exactitud como lucía un cartel de recompensa y esos que estaban ahí era.
—¿Sirena? —En menos de lo que canta un gallo, el hombre avanzó y, gracias a su altura, no tuvo problema en alcanzar el papel y despegarlo del techo para fijarse mejor en el rostro sonriente de la mitad sirena que, todos los días, tenía una nueva historia para contarle… ¿Desde cuándo ella tenía una recompensa? Era una de las personas más inocentes que conocía y no, no de manera sarcástica, si no de manera genuina. —Tsk…claro…hacerse llamar “pirata” y viajar con un grupo que se autodenomine igual no es lo más inteligente —. Chasqueó la lengua de nuevo y miró hacia otro lado solo para toparse con el cartel de una ruda mujer de cabellos verdes…Sus ojos volvieron a abrirse por la sorpresa.
—¿Ma…Maki? —También arrancó el papel del techo y contempló la foto de su compañera… ¿Debía sorprenderse? Bueno, conociendo lo explosiva que era la chica, tampoco es que fuera una sorpresa enorme, pero…sea como sea, esas eran malas noticias… ¿No habían leído el periódico un día de estos? No recordaba sus carteles. —Esto es malo…es peligroso…no puedo viajar con fugiti…
Su frase quedó a medias, no fue capaz ni siquiera de cerrar la boca y, los papeles en sus manos casi terminan deslizándose hacia el suelo si no es porque se dio cuenta a tiempo que aflojó el agarre y pudo atraparlos en pleno vuelo… ¿Qué lo tenía tan anonadado? Simple, su propio cartel.
Con rabia, arrancó el papel, este se arrugó e incluso una esquina se rompió… ¡Él no podía tener un cartel de recompensa! Había sido cuidadoso, muy cuidadoso. Durante años se había librado de figurar en el mapa, incluso cuando viajaba con su antigua tripulación en el “Corona de Espinas” …esos eran piratas reales, ladrones, asesinos, traficantes y, aunque él era el encargado de proporcionarles mercancía e, incluso, de torturar a sus rivales…siempre permaneció en el anonimato antes de separarse de ellos…bueno…de venderlos a la marina…entonces… ¿Por qué ahora?
—No…no…no puedo ser yo —. Empezó a respirar cada vez más rápido. El papel se arrugaba más y más en sus manos…Debía estar soñando. —Es imposible…Solo soy un médico…yo no…
No, no es como que negara sus crímenes, era muy consciente de a que se dedicaba, simplemente, estaba en negación…no recordaba haberse visto antes en el periódico, aunque lo cierto es que si lo había leído antes y, de hecho, reaccionó tan mal como reaccionaba ahora.
—Cazadores…estos tipos son cazadores…Mierda, mierda…no me equivoqué…debo salir…debo salir, debo salir —. Balbuceó antes de asegurarse de que no hubiera más carteles por los que tuviera que preocuparse y, luego de un par de segundos de estar escaneando el área, dobló los tres carteles de recompensas y los metió en uno de sus bolsillos, además, decidió dejar de tontear y sacó de la manga de su abrigo una cuchilla que antes había ocultado en ese sitio…Ahora prefería estar armado antes de salir…quien sabe si se encontraría con esos sujetos de nuevo, por más que la oficina pareciera estar vacía.
Se apresuró a salir de la habitación 6 y, a duras penas, recordó la indicación sobre la puerta sin nombre. Miró a ambos lados, porque no podía acordarse de si estaba a la izquierda o a la derecha y, por suerte, pudo divisarla rápido.
La abrió, con la misma facilidad que abrió las otras puertas y salió. El frío le pegó en la cara, pero solo atinó a sujetar con más fuerza su daga para evitar pensar en el ardor que sentía cuando la nieve golpeaba en su rostro y, por supuesto, para estar preparado por si alguien pensaba en devolverlo al interior de aquella casa.
Con cautela miró a todos lados. Las personas dejaron de parecerle inocentes, ahora solo veía potenciales peligros, así que, antes de moverse de la salida de la casa del terror, se recogió el cabello en una coleta alta que luego ocultó bajo el gorro de lana que llevaba puesto. Se quitó sus lentes, que solo servían para decorar y no para ver y se alejó de la salida con rapidez, al menos hasta quedar a 15 metros de esta, cerca de un puesto de comida rápida.
Respiraba con dificultad y, aun así, aun tenía mucho que analizar. Debía llegar al barco y rápido…Se preguntaba si las chicas sabían sobre sus recompensas y si no…debía decirles…todos estaban en problemas.
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RE: Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - Tenoch Titlan - 26-05-2026 El doctor se acercó a los carteles de se busca y ayudado por su gran y hermoso tamaño, los arranco sin problemas del techo. Tomo primero el de Maria Merlot, luego el de Maki por su mente paso un pensamiento que no alcanzo a terminar, pues su imagen, su hermosa imagen estaba reflejada en el ultimo de los carteles, en un arrebato de furia lo arranco, su respiración agitada denotaba el estado de miedo profundo que este estaba empezando a sentir.
Ahora tenía una diana enorme sobre su espalda, su para nada desdeñable recompensa de 130 millones habia hecho que tanto Armando como Cactus posaran el pecado de la codicia sobre él y los suyos.
El doctor de ojos oro, salio raudo de la última sala, abrió la puerta de salida indicada por la señorita del látigo y el viento helado le golpeo la cara, aferrado a un arma invisible que portaba, comenzó a caminar, intentando mantener la compostura.
Logro alejarse de la casa del terror, unos 15 metros, nadie parecía prestarle la más minima atención, todo transcurría de manera normal, ninguno de los 2 cazadores estaba por allí, el tipo de la pelota se habia ido, ¿Cuánto tiempo habia pasado allí dentro? Solo él lo sabía.
Su respiración no daba tregua, aun alterada, pero esta se vio interrumpida un segundo, cuando desde su derecha a unos 100 metros, se escuchaba el andar de unas botas, de un monton de botas y un fuerte disparo corto toda la alegria de la feria de golpe, este vino acompañado por el grito de un oficial de la marina. - ¡¿ARMANDO Y CACTUS, DONDE MIERDA ESTAN?!, Se les dijo que cerraran esa casa de mierda…SE LE AGRADECE A LOS CIVILES SALIR DEL PERIMETRO DE LA FERIA. TODO AQUEL QUE SE ENCUENTRE EN UN RADIO DE 300 METROS DE ESTE LUGAR, SE CATALOGADO COMO UN CRIMINAL. – Otro disparo inundo el aire. ¿Qué haría nuestro doctor?.
Resumen
Belico
Off
Ronda
RE: Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - Hyákinthos - 02-06-2026 El frío empezaba, nuevamente, a colarse entre su ropa haciendo que su piel sufriera la sensación de ser pinchado por miles de agujas al mismo tiempo. Se habría quejado con ganas en otro momento y; sin embargo, ahora el helado clima de Drum era el menor de sus problemas.
¿Dónde estaban esos hombres?
Varias veces escaneó el área intentando buscar el sombrero de cactus que uno de ellos llevaba en la cabeza. Lo único en verdad reconocible como para permanecer en su memoria el tiempo suficiente y; sin embargo, estaba consciente de que el peligro venía multiplicado por… ¿Por cuánto?
¿Cuántos en esa feria eran cazadores?
¿Solo el tipo del sombrero? La mujer del látigo no parecía interesada en esas cosas, pero ¿Podría descartarla? No estaba seguro… ¿Y qué hay del resto? Cada vendedor, cada trabajador…Incluso los de la limpieza podrían estar implicados.
¿Qué hacer?
Irse ahora, así sin más, podría llevar a que alguien lo siguiera hasta el barco, que estaba… ¿En dónde estaba? ¡Mierda! Lo había olvidado, tendría que llamar a Maki para que lo fuera a buscar, pero antes…
—¿Eh? —Un disparo al aire lo hizo espabilar. Por inercia tapó sus oídos ante el ruido molesto del cañonazo. No era nada que no hubiera escuchado antes, pero eso no significaba que se relajara ante el peligro inminente. —¿Qué mierda pasa en este lugar? Todos están dementes.
Su mirada, más atenta que en cualquier otro instante desde que llegó a la feria, no tardaron el localizar al responsable de aquel disparo…Claro, el reluciente y blanco uniforme ayudó a identificarlo con mucha más facilidad y ni que decir de la molesta voz que se elevó en el lugar, tal como si aquel hombre se hubiera tragado un altavoz.
De nuevo, todas eran situaciones que lo habrían hecho fruncir el ceño y rodar sus ojos, pero ahora…ahora que era consciente de que su cabeza tenía un precio, estar frente a un marine lo hizo sudar frío… ¿Era una maldita broma?
—¿Qué tanto puede empeorar mi suerte en un solo día? ¡Ah! Solo quería explorar la puta feria y conseguir el peluche de hipopótamo lanudo —Eso último ya era un capricho y nada más —… Todo por culpa del tipo del sombrero raro ¡Maldito cara de ver…! —El insulto quedó a medias cuando el marine volvió a disparar.
—¿300 metros? ¿Cómo voy a saber cuántos son 300 metros? —No gritó sus palabras, solo refunfuñó entre dientes mientras que, al intentar moverse de su lugar, sus botas se deslizaron en la nieve por un instante en el que tuvo que sostenerse del borde del puesto de comidas en el que estaba recostado para evitar caerse, pero, apenas se estabilizó, sus ágiles piernas no dudaron en empezar una carrera que, de ser una competencia, habría ganado, pues no le importó tener que pasar por encima de algunos o empujar a otros para alejarse del sitio lo más rápido posible.
Lo único que, por un momento, frenó su andar, fue un tropezón que, aunque no lo derribó, lo desestabilizó y lo hizo mirar hacia el suelo ¡Que suerte! Justamente era uno de esos peluches a los que le había puesto el ojo encima. Estaba lleno de nieve y algo de lodo…pero con una buena lavada seguro que se arreglaba.
Tomó al peluche, no con mucha delicadeza, más bien lo tomó como un ladrón que pasa en una patineta y te roba el den den mushi, pues su carrera no podía disminuir si quería alejarse de esa feria endemoniada que parecía ser un peligro para él, mirara por donde mirara.
No supo cuanto tiempo estuvo corriendo, pero llegó un punto en donde incluso la mochila en su espalda se le hizo pesada. Sus piernas temblaban y su respiración estaba agitada. El médico se detuvo por fin y tomó aire para luego mirar a su alrededor. Debía comprobar que estaba 100% seguro.
La calle en la que terminó era amplia, parecía una de las vías principales. Los árboles de cerezo adornaban los lados y, a esa hora, los negocios abiertos y el ir y venir de la gente común, le dio tranquilidad. Respiró hondo…las personas ahí estaba muy preocupadas por sí mismas como para ser conscientes de lo que había pasado más allá, en la feria.
Por fin podría descansar. El médico entró a una cafetería, claro, no sin antes haberse ajustado su gorro de lana y sus guantes, incluso rebuscó una mascarilla en su bolsa, de esas médicas, si alguien preguntaba diría que estaba enfermo, aunque él nunca se enfermaba de manera natural, pero…nadie tenía que saber eso.
Cuando pudo sentarse en una de las bancas, dejó a un lado el peluche y abrió su maleta...Miró el cofrecito que había tomado de la horrible sala de los martillos y, por un segundo, pensó en abrirlo, pero esperaría a regresar al barco, así que la guardó más a fondo para que no se le perdiera. Cuando el cofre estuvo bien resguardado, sacó un den den mushi…debía hacer una llamada importante. El animalito emitió algunos sonidos y, después, una voz femenina se escuchó del otro lado.
—Oye, Lagarta… ¿Puedes venir por mi al pueblo? No recuerdo donde está el barco ¡Ah…! Y también tengo algo que contarles —. Claro, le contaría sobre los carteles…tal vez después, cuando hablara con sus compañeras, se daría cuenta de que sus recompensas no eran ninguna novedad.
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