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RE: [Presente Absoluto - Evento Local] Una visita inesperada - Max D. Bambú - 10-05-2026 Antes de emprender la marcha ni de aceptar siquiera el castillo como punto de reunión, Alhen ordenó que sus subordinados bajasen del barco, formasen en actitud militar y que bajasen algo. "Eso" lo llamó. "Eso" resultó ser una caja que bajaban cuatro individuos con solemnidad. Sus contenidos eran un misterio. La mirada de Bambú se desvió momentáneamente al gato que descendía con gracia detrás de los reclutas. Le gustaban los gatos, siempre le hubiera gustado tener uno, pero la vida revolucionaria parecía incompatible con el tema. No sabía cómo Alhen era capaz de gestionarlo teniendo una vida mucho más peligrosa que la del panda.
El viaje al castillo inició con un cigarrillo para cada uno de los presentes. Don Bambú no era un fumador habitual, pero disfrutaba de la nicotina ocasionalmente. Aceptó el cigarrillo con solemnidad y lo prendió mientras empezaba la marcha hacia el final de los misterios. Estaba nervioso, para qué mentir. Nunca se habría visto en la situación de compartir trayecto con una de las figuras más importantes del Ejército. Se podría decir que Alhen era su héroe, pero para Don Bambú todos los revolucionarios eran sus héroes. Cada camarada, desde los reclutas a la Comandante suprema, que echaron un vistazo al mundo y se levantaron para decir basta ante lo que observaron. Escuchaba en silencio lo que Alhen tenía que contarles. Eran historias anodinas. Un gato que se tumbaba donde no debía, un arroz pastoso, una lluvia inoportuna... Panda tenía una asombrosa capacidad para no perder la atención incluso ante las historias más insípidas, aunque no era invulnerable al aburrimiento. Le sorprendía los problemas tan... mundanos que podía llegar a tener una persona como aquella. El rey marino, sin embargo, le pilló desprevenido a pesar de que se esperase algo de aventura. ¿Ochenta metros? Ese bicho debía de ser bien fuerte. Recordaba con bastante claridad varios libros sobre el tema de los reyes marinos y los del Nuevo Mundo parecían ser de los peores del mundo, seguidos muy de cerca por aquellos que anidaban en el Calm Belt, quizás. Parecía que Alhen esperaba de ellos una respuesta ante aquel comentario y Don Bambú, tan elocuente como era, sólo pudo manifestar su sorpresa de una forma. —Cielos. —No era mucho, pero era trabajo honesto. Según el puerto se alejaba, las paredes de la muralla exterior del castillo se hacían cada vez más grandes. Pasaron por encima del pequeño cráter que dejó el panda en su aterrizaje inicial, que le había parecido más grande cuando lo había provocado, y llegaron hasta la entrada. Fue allí donde la mayor parte de la procesión revolucionaria se detuvo, dejando en intimidad al trío delantero, al gato y a los cuatro reclutas que portaban la caja misteriosa. Se adentraron en el enorme edificio y Yoru, siguiendo fielmente sus instintos felinos, se fue a explorar a su aire los terrenos. Don Bambú reprimió las ganas de hacerle pspsps, porque no le parecía adecuado en aquella situación cada vez más seria. No quería importunar a Alhen con preguntas que sabía que no podría responder, al menos no de momento, de modo que guardó silencio hasta llegar a la sala donde iba a tener lugar la reunión. Era una sala pequeña y sencilla. Tenía dos sillones y una mesa y era bastante privada. Los reclutas dejaron la dejaron en el suelo, cerca de la mesa, y se marcharon cerrando la puerta tras ellos. Finalmente se habían quedado solos los tres revolucionarios de mayor rango. Como sólo había dos sillones y Alhen ya había ocupado uno, el panda se plantó de pie frente a la mesa encarando ambos sillones para no perder de vista a ninguno de los revolucionarios. Desactivó su kenbunshoku más avanzado y, con el fin de evitar indiscretos visitantes, activó su percepción extrasensorial básica en un radio de 100 metros para tener monitorizados a los posibles espías. Nunca se era lo bastante precavido. Fue entonces cuando Alhen, ya sentado y listo para dar comienzo a la revolucionaria reunión, empezó a hablar con un tono de voz completamente distinto que sorprendió al panda. —¿Ha estado ocultando su verdadera personalidad todo este tiempo? —No podía decir que no tuviera lógica. Tragó saliva ante la mención de la comandante suprema y su orden de "reforzar todas las victorias". Casi no podía creer la situación en la que estaba. Finalmente, él, que había soñado toda su vida con algo así, viviendo el sueño de la revolución. Era raro lo real que parecía todo. Guardó un solemne silencio, inclinando su cabeza hacia delante y cerrando los ojos en dirección al suelo mientras escuchaba los nombres de los camaradas perdidos. Beto el gigante ciego y gentil. Una suerte de monje religioso de 18 metros de altura. Khruner el mink. Un miembro mucho más salvaje de la tribu de Bambú, pero que tenía el corazón en el lugar adecuado. Nadja Alexeyeva la francotiradora de Arabasta. La conoció durante poco tiempo, pero lamentó su pérdida como el que más. Zorak Ideale el dragón. Una pérdida sin duda infinitamente más dolorosa para Kisuke, pero a pesar de sus diferencias con él guardaba sus enseñanzas muy cercanas en el corazón. El joven Enma. Antiguo portador del legendario poder que ahora tenía Kisuke. Un chico extremadamente sensible y que buscaba extender la causa por medios pacíficos. Comilón McBacon, el gran mink inocente. A penas sabía nada del mundo, pero sus lealtades quedaron claras cuando posibilitó que el panda pudiera plantarle cara al PX-0 en Sabaody. Oxxy Coon, el periodista. Era el único rival digno del sucio bastardo mentiroso de Intha. La daga que conservaba de él tenía un llavero con forma de pez muy bonito. Alhen dejó de enumerar nombres, pero Don Bambú encontró otro en su memoria. El viejo Baraqqiel Saiga, al cual conoció muy brevemente en Dawn, en Villa Foosha. Nunca volvió a verle, pero fue la primera persona con la que le plantó cara a Kovashi. Y de hecho, de Kovashi iba el tema a tratar a continuación. Al parecer la mano del Ejército traía malas noticias para el mink, que levantó la cabeza y miró tenso a los ojos de su superior. Tras unos segundos, Alhen sacó de su capa un papel enrollado que desplegó sobre la mesa delante suya. Se trataba, para absoluto horror del mink, del cartel de wanted de Derya Tyhr, su amiga revolucionaria que le regaló su viejo y preciado manuscrito sobre la historia de la legendaria isla de Skypiea. Una cruz roja tachaba su rostro de esquina a esquina, una señal habitual para los carteles cancelados. La noticia le golpeó como el último puñetazo en un combate de boxeo. Se quedó ligeramente aturdido, sin saber muy bien qué sentir ni cómo responder. Un nombre más se añadía a la extensísima lista de brillantes estrellas revolucionarias que se apagaban. Derya Tyhr, la alegre. Era la única pieza que le daba sentido al cuarteto revolucionario que salió de Dawn hacia el Grand Line. La única persona que los mantenía unidos de alguna forma mágica e incognoscible. Y una vez más el panda se sentía culpable de la desgracia. Culpable por no haber ido a verla una última vez en Isla Gyojin. Culpable por no haber podido detener a Kovashi cuando tuvo la oportunidad en Sabaody, por no haber podido ayudarle en Little Garden. Culpable por no haber estado ahí cuando tenía que haber estado. Se dio cuenta de que su mano derecha le estaba doliendo a horrores y la aflojó, liberando un pequeño reguero de sangre que goteó discretamente sobre el suelo de piedra de la estancia. De la tensión se había clavado sus propias zarpas sin darse cuenta. —Derya... —Murmuró para sí mismo. Un nombre que ya nunca más traería respuesta. Alhen le ofrecía la posibilidad de lidiar con Kovashi de una vez por todas y Don Bambú no le dedicó más de un segundo al pensamiento. —La acepto, señor. —respondió con voz ronca. Dicho lo cual, Alhen procedió con la siguiente parte del informe. Les dio la maravillosa noticia de que la Revolución había decidido inyectarles con recursos necesarios para convertir Mogaro en un bastión de la libertad revolucionaria. El dinero extraído del Gobierno por parte de Gol D. Ick, nada menos, iría directo a las arcas de Mogaro para lograr este objetivo construyendo el mayor astillero del Nuevo Mundo. Una sonrisa sincera hubiera cruzado el rostro del panda en este momento si no estuviera todavía aturdido por la catastrófica noticia de la muerte de Derya. Se acercaba el momento inevitable en el que todo el mundo entraría en guerra. Una guerra que no dejaría indiferente a nadie. La última de las noticias podría ser considerada la más importante. Iba a tener lugar una reunión en Báltigo. Prácticamente todas las fuerzas de la Revolución reunidas en un solo punto para reorganizar efectivos y comenzar con la guerra. Alhen permanecería con ellos por el momento y zarparía con ellos cuando fuera adecuado para asistir. La asistencia de Kisuke era obligatoria y, del mismo modo, también lo era la del Panda. Pero antes de eso. Antes de prender la llama que levantará los vientos del cambio, tenían que hablar, Alhen y él, de Kovashi. —Será para mí un honor formar parte de todo esto, señor. Prometo estar a la altura de las circunstancias y prometo encargarme personalmente de nuestro ex-camarada. —Su voz, algo más clara que antes, todavía denotaba el profundo dolor que sentía. Guardó silencio para dejar que Kisuke hablase, pues era su turno de hacer aportación en calidad de Comandante de los Ejércitos del Oeste.
Datos
RE: [Presente Absoluto - Evento Local] Una visita inesperada - Kisuke Kageyama - 10-05-2026 Ante la propuesta de Kisuke, Alhen dio una orden de desembarco mientras se acercaba con su parsimoniosa actitud al antiguo pescador y al mink. El Comandante de los Ejércitos del Oeste, no daba crédito ante el poder y el magnetismo que tenía la voz de Alhen, puesto que sin alzar un ápice el tono ni variar ese tono tranquilo y relajado, los soldados comenzaron a desembarcar en perfecta formación y sincronía. Aquello, sin duda alguna, era una muestra de por qué aquel hombre era una de las Manos de la Comandante Suprema. El espadachín, antes de echar a caminar observó con curiosidad como 4 soldados bajaban entre ellos lo que parecía una gran y pesada caja.
"Imagino que "eso" es lo que ha pedido la Mano que bajen... pero, ¿qué es "eso"? Tras iniciar el trayecto con un tranquilo paseo, Alhen les ofreció tabaco a ambos y Kisuke aceptó agradeciendo con un gesto de cabeza a su superior, mientras escuchaba a este comentar que obtendría su respuesta cuando llegasen al castillo. Como era lo que esperaba no varió su expresión y asintió con un gesto de la cabeza mientras escuchaba a aquel hombre contar todas las anécdotas que había vivido durante el viaje hasta aquel lugar. La mayoría eran cosas banales o cotidianas, pero lo que si llamó la atención del antiguo pescador fue lo que contó sobre un Rey Marino, que les había atacado aquel mismo día en la mañana. La despreocupación con la que contaba aquello, denotaba que, no solo no le había costado esfuerzo deshacerse de aquella bestia de la naturaleza, lo cual ya era de por si una hazaña memorable, si no que, además, parecía que para él era lo mismo que sus soldados no supiesen dar con el punto exacto de cocción del arroz. -Derrotar un Rey Marino no es poca cosa... pero me alegra saber que no fue a mayores el incidente y pudieran llegar sin más incidentes. Tenía muchísima curiosidad por conocer las habilidades de Alhen y como combatía, así como si era usuario de algún tipo de akuma no mi o que tan poderoso era su haki. Como gran amante de los combates, aquellas cosas siempre le carcomían por dentro cuando conocía a personas poderosas. Si había visto que portaba una espada en la cintura por lo que era probable que fuese un espadachín, pero hasta ahí era lo único que podía deducir de su estilo de combate. Se preguntaba si el abanico también formaría parte de su estilo de pelea o era simplemente un abanico común y corriente. "Por otro lado, siendo Mano de la Comandante Suprema, es probable que tenga el mismo haki aterrador que Panda... ese haoshoku..." Sin darse cuenta, por estar con sus pensamientos a otra cosa, habían llegado al castillo sin mayor problema. Los soldados se quedaron a la entrada, salvo los que cargaban con la pesada caja, que acompañaron a Kisuke, Panda y Alhen al interior del castillo hasta la sala donde iban a reunirse. Allí dejaron con cuidado la carga y se fueron con sus compañeros haciendo el saludo reglamentario al salir y cerrar la puerta tras ellos. "Bueno... pues vamos a ello... a ver que nos cuenta la Mano..." Entonces Alhen empezó a hablar con un tono y un acento bastante distintos a los que había mostrado hasta ahora. Su discurso era claro, directo e intenso, podía percibirse la autoridad que manaba de él. Kisuke sonrió al percatarse de que aquel tipo astuto era mucho más que lo que habían visto hasta ahora, por lo que, bajo ningún concepto debía ser subestimado. Habló de las órdenes que había dado la Comandante Suprema, que quería reforzar todos aquellos lugares que se habían conseguido victorias dotándolos de refuerzos económicos y de recursos, ya que no debían ceder ni un paso en su misión. Para ello habría tiempo más tarde, sin embargo, como indicó la Mano de la Armada Revolucionaria. "Bien, parece que vamos a poder dejar la isla en las mejores condiciones imaginadas..." El tono del informe de Alhen se volvió más ominoso y serio, recordando a todos aquellos compañeros que habían ido quedando a lo largo del camino de ambos, tanto de Panda, como suyo, ya que el mink había estado un par de años más en la Armada que el propio Kisuke, o algo por el estilo, y el antiguo pescador frunció el ceño y apretó el puño y los dientes al recordar a todos y cada uno de sus amigos, en especial a Zorak, al que el propio Kisuke había convencido para entrar en la Armada, hacía ya tanto tiempo en Ballywood. No había día que no recordase a su hermano y co-fundador del escuadrón de los Toros Negros y sentía rabia de lo triste y desolador que había sido su final. "Ojalá pudieses vernos, boca-sierra... aquí seguimos luchando por hacer de este un mundo mejor..." Estaba convencido que todos aquellos compañeros y amigos que se habían ido quedando en el camino habrían sido una ayuda inestimable a la revolución, pero no se podía deshacer lo que ya estaba hecho y, lamentablemente, la liberación de los oprimidos se estaba cobrando la vida de muchas buenas personas que solo querían hacer del mundo un lugar donde todos sus habitantes valiesen lo mismo, no hubiese discriminación ni distinciones por razones de raza, sexo, religión o cualquier otro tipo de discriminación que sufriese cualquier colectivo. -Por el honor y el respeto a nuestros compañeros caídos haremos todo lo posible para alcanzar el objetivo final de la revolución. Fue entonces cuando Alhen les comunicó otra mala noticia, sobre todo para Panda, y es que al parecer Derya, su antigua compañera había sido asesinada por el desertor Kovashi Shimatsu, con el que el mink se vio en Sabaody el mismo día que Kisuke encontró y se comió su akuma no mi y tuvo que rescatar a Zorak del demente de Ashura, negociando con el pirata en un encuentro bastante tenso, en el que el antiguo pescador vio claramente que cada espadachín tiene su propio kendõ. El Comandante Kageyama pudo percibir con su kenbunshoku como la ira de su amigo iba creciendo como un pulso magmático en las profundidades de la tierra antes de hacer erupción en el volcán, pero vio que estaba tratando de controlarlo, apretando el puño y clavando sus propias zarpas en la palma haciéndolo sangrar. Alhen le concedió permiso para encargarse del asunto personalmente y Kisuke dudó por unos instantes. Dada su posición quizá no podría acompañarlo, y además cabía la posibilidad de que fuese algo que el úrsido quisiese hacer solo, puesto que era un asunto muy personal. -Estoy seguro de que el Mariscal podrá llevar a cabo la misión, sin ninguna duda. Prefirió mostrar confianza absoluta en su amigo y apoyarle de aquella manera que ponerle en un compromiso, porque sabía que su amigo con lo que respetaba los rangos y las jerarquías, no podría negarse a un Comandante ofreciéndole su ayuda, por lo que no diría nada a menos que Alhen le dijese a él mismo que fuese también en aquella misión, aunque Kisuke lo dudaba, puesto que estaba seguro que él tendría que quedarse allí a coordinar los últimos movimientos del establecimiento del bastión revolucionario allí en Mogaro. Y ahí es a donde fue la exposición de Alhen. Las atribuciones de personal y económicas que les estaba entregando en persona la Mano de la Armada Revolucionaria estaban enfocadas en la solidificación de Mogaro como un bastión revolucionario, así como a la construcción del mayor astillero del Nuevo Mundo. -Trabajaremos al 120% para conseguirlo, señor. Supongo que la caja contiene los fondos para llevar estos trabajos a cabo, ¿me equivoco? Por último, Alhen comunicó que treinta días después iba a tener lugar la Primera Asamblea de la Liberación en Báltigo. El objetivo era al parecer establecer una reorganización de la Armada, formar nuevos grupos, reubicar tropas y marcar los pasos a seguir en los tiempos por venir con una dirección clara, derrocar al Gobierno Mundial y comenzar a hacer una guerra "más directa". También les dijo que se quedaría con ellos para apoyarles en la gestión de los nuevos planes para Mogaro, y que irían para allá juntos. -Será un honor asistir a un evento de este calibre, señor, y le agradecemos su colaboración durante el periodo que permanezcamos aquí. Como Comandante del Ejército del Oeste de la Armada Revolucionaria, daré lo mejor de mi mismo para llevar a cabo nuestro cometido junto a todos nuestros compañeros. Kisuke se levantó e hizo el saludo protocolario, tras lo que se crujió los dedos y el cuello antes de preguntar. -Bien, pues manos a la obra... Tenemos tiempo limitado, puesto que tendremos que partir a Báltigo, así que, señor, ¿cómo debemos proceder?
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RE: [Presente Absoluto - Evento Local] Una visita inesperada - Alhen Geouis - 13-05-2026 Alhen escuchó a ambos en silencio, con el abanico cerrado sobre la rodilla y los ojos grises moviéndose de uno al otro mientras hablaban. Cuando Bambú terminó de hablar, lo observó un momento con esa mirada calculadora que asomaba cuando prestaba atención de verdad, tomando nota de la voz ronca y de la determinación que había detrás de ella. No hizo falta decir nada más sobre el asunto. Asintió una sola vez con la cabeza en señal de que entendía la determinación de Bambú y de Kisuke; de hecho, la compartía. El silencio que siguió duró apenas unos segundos antes de que Kisuke preguntara por la caja y algo en la expresión de Alhen cambió por completo. La gravedad abandonó su rostro tan rápido como había llegado y se le escapo una carcajada breve y genuina – “¡JA!” – abriendo el abanico de golpe y agitándolo frente a su cara con una sonrisa que no tenía ninguna intención de disimularse – “¿Sabías que la curiosidad mató al gato?” – dijo, mirando a Kisuke con los ojos brillantes de quien acaba de encontrar la oportunidad perfecta para el comentario perfecto – “Aunque en este caso tiene más gracia dado que Yoru anda perdida por ahí” – caviló sin sentido mientras se levantaba del sillón con un movimiento animado y se agachó frente a la caja, abrió el cierre y levantó la tapa con entusiasmo. Una avalancha de mapas enrollados saltó disparada hacia todos lados, algunos aterrizando sobre la mesa, otros en el suelo, uno incluso rozando el pie de Bambú. Alhen los ignoró por completo, absolutamente acostumbrado a ese nivel de caos personal, apartó los que quedaban encima con el dorso de la mano y vertió en el suelo el contenido real de la caja. Cien millones de berries, empacados en montones de cien mil, lo que evito que los billetes salieran volando desperdigados por toda la habitación – “Cien millones, ni más ni menos. Con esto y mis capacidades como comerciante” – dijo, volviéndose hacia Kisuke con una expresión entre satisfecha y divertida – “el astillero más grande del Nuevo Mundo no es una promesa.” – se incorporó entre risas y volvió a su sillón, cruzando una pierna sobre la otra y agitando el abanico sobre el costado izquierdo de su cara – “Perdonen el desastre, tengo una afición a hacer mapas que se ha vuelto una obsesión.” – recuperó la compostura lo suficiente para retomar el hilo – “Sobre cómo proceder, la respuesta es simple: rápido. Tenemos treinta días antes de que partamos hacia Báltigo.” – miró alternativamente a los dos con una sonrisa que no terminaba de irse del todo – “La reunión más importante en la historia del Ejército Revolucionario no puede esperar por nosotros, por lo que hay que dejar todo encaminado aquí antes de salir. Así que empiecen a pensar qué infraestructuras hay que priorizar y cómo integrar a las ochenta decenas de hombres y mujeres que acaban de desembarcar. Yo me ocuparé de la parte económica y comercial, que para eso estoy aquí.” Cerró el abanico y se recostó en el sillón con esa expresión de quien considera que ha dicho todo lo importante y está listo para pasar a otra cosa, con un mapa enrollado que había quedado apoyado contra su pierna al que no prestó la menor atención. Fue entonces cuando un sonido suave interrumpió el silencio de la habitación. Por la ventana entreabierta se coló una silueta negra y pequeña que aterrizó sobre la mesa entre los mapas dispersos con gracia silenciosa. Yoru parpadeó hacia los tres revolucionarios sin el menor asomo de disculpa. Alhen lo miró un momento con los ojos entornados – “Con que ahí estabas” – dijo, poniéndose de pie y recogiendo al gato con una mano mientras lo acomodaba sobre su hombro – “Yoru, te presento al Comandante Kisuke Kageyama” – dijo, señalando hacia el Comandante del Oeste – “y al Mariscal Max D. Bambú” – señalando hacia el mink – “Compañeros, esta es Yoru.” – dijo, presentando a todas las partes antes de ponerse de pie y sentenciar – “Vamos, es hora de trabajar.”
Resumen
Invasión
Off
RE: [Presente Absoluto - Evento Local] Una visita inesperada - Max D. Bambú - 14-05-2026 No le pasó desapercibido al panda el hecho de que Kisuke había dejado caer que no le acompañaría a lidiar con Kovashi a través de su manifiesta seguridad en que el mink sería capaz de llevar a cabo la misión. Se lo agradeció mentalmente, porque sabía que aquella era una batalla que debía de librar solo. Sus andanzas revolucionarias empezaron hace mucho tiempo, pero fue con Kovashi, Derya y Khruner con quienes florecieron en ánimo primaveral y se manifestaron en la mayor aventura de su vida. Este último acto de Kovashi, sin embargo, daba paso al crudo invierno de una aventura que debía llegar a su final. Don Bambú se hizo una promesa. Se enfrentaría a su viejo amigo y, aunque le costase la vida, aceptaría todo ese rencor que Kovashi le guardaba por haber sobrevivido y le daría el descanso que merecen los guerreros.
El silencio grave duró unos escasos segundos antes de que la suposición de Kisuke sobre los contenidos de la caja desatase la personalidad más animosa de Alhen. Don Bambú escuchó en silencio, sin ánimos de reírse con su superior ni de sonreír tan siquiera ante sus chistes oportunos. La apertura de la caja no le alteró demasiado más allá de la sorpresa inicial de un montón de papeles volando por doquier. Nunca le interesó demasiado el dinero, pero sabía que era importante tenerlo y que se invirtiera en la isla en pos de construir un importante astillero. Uno de los mapas le rozaba el pie, dándole una ligera sensación de cosquilleo, y el panda no pudo reprimir la curiosidad de echarle un ojo. Se agachó para recogerlo al tiempo que lo verdaderamente importante de la caja se desparramaba por el suelo en forma de fajos y fajos de billetes. Cien millones de Berries, probablemente una cantidad que no había visto junta, en una caja, en toda su vida. —No hay nada que perdonar, señor, los mapas siempre son interesantes. —Comentó mirando el que tenía entre sus manos con absoluta curiosidad y fascinación, quizás tratando de distraerse de las terribles noticias que acababa de recibir. La reunión tendría lugar en un mes y las preparaciones tendrían que estar en marcha antes de salir de allí. Trabajar con fechas cerradas le resultaba más agradable que disponer de una cantidad indeterminada de tiempo entre sus manos. Había un mes y en un mes tenía que estar. Sabiendo esto, el resto era una cuestión de cómo organizarse. Kisuke era el que mandaba en estos aspectos, pero el panda le asistiría todo lo posible. Había llegado el momento de abandonar la biblioteca y empezar a trabajar por la Revolución una vez más. Dejó el mapa que había curioseado por encima de sus posibilidades como Mariscal del Ejército frente a una de las mismísimas Manos y se cuadró como correspondía una vez más. —Déjelo en nuestras manos, señor. Esos hombres y mujeres trabajarán duramente por la libertad en esta isla, como corresponde. —Dijo con tono marcial, centrándose por entero en la tarea que tenían delante. Repentinamente, un gato. Siempre hacían igual los felinos. Aparecían cuando ellos querían aparecer y se convertían en el centro de las conversaciones. El panda lo entendía y lo aceptaba: le gustaban los gatos. El indiferente animal terminó reposando sobre el hombro de una de las figuras más importantes de la Revolución como si el animal fuera la mismísima Comandante Suprema, lo cual, a decir verdad, todavía no podía descartarse. Reprimió las ganas de soltarle un pspsps a la gata que se le acababan de presentar y se mantuvo a la misma distancia que ya le separaba de su superior, guardando silencio. Seguro que Kisuke tenía alguna última cosa que añadir antes de terminar con la reunión. RE: [Presente Absoluto - Evento Local] Una visita inesperada - Kisuke Kageyama - 17-05-2026 Aquel hombre, sin duda alguna, era alguien peculiar. Parecía ser la típica persona que es un caos con patas, pero, contrariamente a esa apariencia entrópica y desordenada, parecía tener absolutamente todo bajo control, lo cual no dejaba de sorprender a Kisuke que solía ser muy ordenado y disciplinado. Pese a esa diferencia de personalidad tan marcada, al antiguo pescador le había caído bien su superior, puesto que aquella flexibilidad y adaptabilidad que había mostrado aquel hombre, era el complemento perfecto a su estoica y rígida personalidad. Alhen seguía haciendo referencias a gatos cuando hablaba y cuando abrió la enorme caja los dos revolucionarios pudieron ver como salían disparados un montón de mapas bajo los cuales había apilados muchos fajos de billetes.
"Pues si parece que hay cien millones ahí si..." Al parecer, la Mano de la Armada Revolucionaria era cartógrafo, al menos de afición dada la cantidad de mapas que al parecer, según sus propias palabras, había elaborado y almacenado en aquella caja. Era una afición que Kisuke compartía aunque aún era bastante novato en ese campo y era algo que quería mejorar. Ya habría tiempo de hablar de eso más adelante. Alhen prosiguió explicando y dijo que tenían que ser rápidos para dejar todo hilvanado antes de marcharse, por lo que tendrían que ponerse manos a la obra para organizar y establecer las prioridades de las construcciones a llevar a cabo. La parte económica y comercial quedaría a cargo de él mismo por lo que no tendrían que preocuparse por ese aspecto. -Le agradecemos su colaboración, señor... nos va a ser de gran utilidad... En ese momento, entró el felino altanero que había acompañado a Alhen durante todo el trayecto hasta el castillo y que había decidido seguir su propio camino al llegar a la construcción. A Kisuke le gustaban los gatos puesto que según su propio criterio eran animales que amaban la libertad y estaban dotados de una inteligencia muy aguda. Fue entonces cuando el hombre presentó al dúo revolucionario ante la gata que, por lo que parecía, se llamaba Yoru. -Es un placer Yoru... Espero que el lugar haya sido de tu agrado... Lo dijo con una media sonrisa hacia la gata mientras se levantaba y se ajustaba el cinto del que pendían sus espadas. Crujió sus dedos y su cuello con un gesto habitual, y se estiró dispuesto a ponerse a trabajar cuanto antes para llevar a cabo la misión que acababan de encomendarles. -Pues manos a la obra... Hay mucho por hacer... |