Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece
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RE: Invitación | Pasado - Enji - 06-06-2026

El poder de su akuma no mi seguía siendo una cosa extraña para su cuerpo. Normal, por un lado; llevaba poco más de un año con ella, experimentando sus capacidades y limitaciones con el agregado de que la suya no era una habilidad precisamente benigna para entrenar. El veneno era peligroso en cualquier dosis, cualquier intensidad, y para cualquier organismo; utilizarlo de forma irresponsable, a lo loco, sin pensar en sus consecuencias, era receta para el desastre. Testear los límites se hacía difícil cuando un mal movimiento podía modificar significativamente el devenir de las vidas de un pueblo entero. Contaminar el agua, el suelo, las plantaciones o los animales por un error de cálculo.

Por eso vigilaba sus manos mientras se abría paso. Derritió una porción precisa del alto libustro utilizando la cantidad justa de veneno ácido, que paró se secretar en el segundo que pasó al otro lado y se encontró con Miyori.

—Oi, oi, ¿no ves lo que le acabo de hacer a ese arbusto? —Sus manos, ya secas y seguras, sujetaron a la joven pirata de la cintura—. Probablemente hiciste bien en no acercarte. ¿Sabes el escándalo? “¡Capitán recién promovido es visto cenando con una celebridad de la piratería!” Las tapas de todos los periódicos.

Probablemente estaba exagerando. No sé consideraba tan importante ( aún ) para que los medios estuvieran encima suyo. La noticia del ascenso todavía no era pública y, aunque lo fuera, solo era otro uniformado más con chaqueta. Necesitaba escalar a los rangos que pululaban en torno a la palabra “Almirante” ( contraalmirante, vicealmirante ) para empezar a considerarse alguien con un nombre en la marina. Estaba lejos. Ya no taaaan lejos, pero lejos.

Acomodó un mechón de cabello anaranjado, apartándolo del rostro de Miyori cuando se separaron.

—Casi me preocupo cuando esos locos secuestraron el barco del New Era Joy Park, pero te vi bastante entera a la salida —señaló, la ceja alzada y los brazos en jarra—. Creo que yo estaba más golpeado que tú. —La sujetó del mentón, en un rápido movimiento, y forzó el agolpar de sus labios en un morro infantil. Igual de infantil, o más, que el puchero que estaba haciendo antes—. ¿O no? Hmm, a menos que ese violín sea más duro de lo que aparenta, tendrás que explicarme como te defendiste ahí abajo. Empiezo a dudar que seas tan indefensa como aparentas, Naranjita.

Levantó su sombrero, miró dentro y después volvió a colocarlo en su lugar.

—No hay armas ocultas ahí, al menos. Ni parece que tengas un tercer ojo que dispare láser…

Y, súbitamente, Miyori tuvo una revelación. Una que lo interpelaba directamente. Saint Vangelis Enji, Capitán de la marina, nunca había sido visto por ella completamente vestido. Por ella y por muchas otras personas tampoco. Era su firma, su peculiaridad.

—¿Desnudo? —replicó, y se echó un vistazo—. No estoy desnudo —dijo, escéptico—. ¿No ves estos?

Se sujetó del elástico los boxers, dando dos pasos atrás.

—Y están limpios, eh. Solo que, bueno, este lugar está lleno de tierra. Y hojas. Y ramas… —empezó a enumerar, reanudando su andar por el laberinto. Súbitamente no era tan importante encontrar el camino correcto—. ¿Que tal te ha sentado la Grand Line, eh? Este es otro mundo, bastante diferente al South Blue. Aquí todos pueden ser unos granujas o unos héroes.


RE: Invitación | Pasado - Miyori Hoshino - 09-06-2026

Me quedé completamente expectante ante la respuesta de Enji quien con el mayor escepticismo posible se encargó de aclarar que no estaba desnudo, y para reforzar su argumento señaló la única prenda que lo resguardaba de tal estado… sus bóxers. Dio un par de pasos hacia atrás y sujetó el elástico de la ropa interior, un gesto imposible de ignorar al quedar completamente a la vista, como si aquello fuese una prueba irrefutable de su punto, enfatizó que además estaban perfectamente limpios, otorgándole a ese detalle una importancia que yo no consideraba relevante conocer.

A medida que iba enumerando cada una de las cosas que podía encontrarse en el laberinto y que según él explicaban el estado de su ropa, sentí cómo mi rostro comenzaba a arder, un intenso color rojizo se apoderó de mis mejillas, tanto que era imposible de disimular, mis ojos azules intentaron mantenerse fijos en cualquier otro punto, elevándose hacia el cielo como si las nubes pudiera rescatarme de aquella situación, pero una y otra vez terminaban regresando a él, ¿cómo no me había dado cuenta antes?, ¿siempre había sido así?, sí… siempre estuvo así. Tomé mi sombrero casi por instinto y lo coloqué frente a mi rostro, escondiendome ahí, utilizándolo como un improvisado escudo para esconder tanto mi vergüenza como vi evidente incomodidad… — Y-ya veo… sí… tiene sentido… — respondí con torpeza, en respuesta sobre la tierra, hojas y las ramas que según explicaba habían terminado adheridos a sus calzones tras recorrer el laberinto.

La pregunta de Enji logró inquietarme de inmediato puestos sus palabras despertaron recuerdos que creía haber dejado atrás, especialmente cuando mencionó haber estado presente durante aquel incidente en la isla infernal. Mi mente regresó a ese momento donde la mayoría de los pasajeros del ferry se habían preparado para disfrutar el viaje hacia el famoso evento del Joy Park, ignorantes de lo que estaba por suceder. También recordé el final, cuando las compuertas se abrieron y las numerosas flotas de marineros abandonaron la isla apresuradamente, recordé a Nyra incluso, la multitud corriendo… ¿Enji estuvo ahí?, y estaba frente a mí, vivo.

—- Ha sido… —- murmuré detrás del sombrero, aferrándome a él como si pudiera ocultar algo más que mi rostro. Las palabras se quedaron atrapadas en mi garganta mientras los recuerdos comenzaban a desfilar uno tras otro, recordé las dunas de Shura y todo lo que tuve  que atravesar para seguir adelante por mi cuenta. Recordé las noches en vela, las pesadillas que se negaban a desaparecer durante las noches y el peso constante de repetir una y otra vez las imágenes de aquella prisión blanca. Recordé la sensación de cuando mi cuerpo sufrió los estragos de una sensación térmica baja que me obligaba a respirar en caladas largas. Recordé el dolor, la tristeza, la impotencia, y volví a saborear aquella amarga sensación de abandono, el vacío que dejaron quienes alguna vez consideré míos. También recordé la noche que llegué a Matsuri, las luces, las calles desconocidas y la multitud que iba y venía sin reparar en mi existencia, nunca me había sentido tan sola como aquella noche.

—-- Supongo que sí… muy diferente a South Blue, a Baterilla… — murmuré mientras volvía a colocar el sombrero sobre mi cabeza, para entonces ya me había calmado, la incomodidad y los recuerdos habían aflorado poco a poco, mi mirada esta vez permanecieron fija en su rostro, evitando distraerme con lo otro, era una circunstancia que mi cerebro ya bloqueó. —- La nueva corriente ha sido, creo… el nuevo comienzo para muchos de los que tomaron ese viaje, jeje… — Hice una breve pausa antes de continuar, teniendo presente cada detalle de lo que he vivido antes de estar actualmente en Matsuri. —- Justo ahora me encuentro navegando sola pero siempre buscando aprender más sobre la música. — Una sonrisa cálida y soñadora se dibujó en mis labios al hablar de aquello que verdaderamente me apasionaba a pesar de toda la mala experiencia, mi sueño seguía intacto al menos.

—- ¿Así que eres capitán ahora?, ¡Me alegro por ti!, Es bueno saber que has conseguido tantos logros en tu camino como Marine… — exclame con una sonrisa genuina, la noticia realmente me alegraba y por eso mi felicitación era completamente sincera, siempre me alegraría por las personas que consideraba mis amigos, sin importar los caminos que hubiéramos tomado. La palabra “pirata” todavía me quedaba demasiado grande y no creo poder encajar con ella nunca. — ¿Qué te parece si celebramos con una cerveza? — propuse con naturalidad —- ¡En honor a tu nuevo rango! —- La idea sonaba simple pero para mi era suficiente, compartir una bebida y conversar sobre los caminos que hemos recorrido, celebraríamos también el reencuentro.

Propuse la idea porque hasta donde yo sabía era lo más habitual entre la gente de los puertos, cada vez que alguien tenía algo que celebrar terminaban reuniéndose alrededor de una mesa con varias jarras de cerveza, mis propios hermanos hacían lo mismo. Después de todo, así era como los adultos festejaban las buenas noticias, ¿no?, justo ahora tengo veinte años, estar en un bar no sería raro… supongo.

—- Soy pésima con el alcohol… — admití entre una pequeña risa avergonzada… — pero supongo que puedo aguantar la primera ronda.

—-Ah, por cierto, sí soy muy débil… sobreviví a ese viaje por algún milagro, incluso casi muero congelada jajaja.


RE: Invitación | Pasado - Enji - 11-06-2026

El pudor era cosa del pasado. Lo perdió en la época oscura, cuando deambulaba por la calle pasado de copas, anestesiado por el alcohol y otras sustancias. En esa turbulenta era, su vergüenza desapareció. La extravió. Quizá estaba escondida dentro de la bolsa donde recibió el pago por su calzado, el día que vendió su último par. Probablemente se había caído de alguno de los bolsillos rotos de la gabardina andrajosa que encontró aquella vez en la basura, y que adoptó como suya. ¿Quién la iba a encontrar ahora? Quien la buscara, probablemente. Pero ese no sería él. Capitán de la marina, capitán de su división, amigo de sus amigos; no tenía por qué buscar la vergüenza. Ya no.

Sintió, en la pequeña pausa que se tomó Miyori, reminiscencias de su corto pero significativo paso por la Grand Line. El mar podía ser muy cruel; las personas, injustas. Encontrarla sola y siendo acosada por un grupo de imbéciles le dió una primera impresión de lo que podía haber estado enfrentando el último mes.

«Está sola»

De pronto, se sintió enojado con personas que no conocía. Una sensación familiar teniendo en cuenta que a quienes más odiaba en el mundo tampoco los conocía.

—Sí, me ascendieron poco después de llegar aquí. Todo el asunto de los esclavistas tomó bastante relevancia, me sorprende que no haya salido en el periódico todavía. —Se ató la chaqueta de capitán a la cintura, puesta del revés. Esconder las marcas de rango podía ser buena idea si iba a pasear junto a una criminal con recompensa por su cabeza—. ¿Ah? ¿Una cerveza? —Alzó una ceja—. Pensé que eras más de los juguitos de manzana, cariño. Pero una cerveza suena bien.

No la necesitaba, pero la quería. Una buena jarra de cerveza fría que mantuviera la garganta húmeda y la lengua fresca para charlar. Era un alivio, y un orgullo, descubrirse deseando el alcohol solamente como un acompañante, y no la atracción principal. Sonrió, extendió la mano, apuntando su palma a la pared de arbusto, y emitió veneno en cantidad para rociar y derretir la pared del laberinto. Después la siguiente, y la que estaba después de esa, hasta haberse agenciado un pasillo recto hacia la libertad.

—¿Sabes? Normalmente diría “después de usted”, pero será mejor que yo vaya adelante. No me vayas a estar mirando el culo —advirtió antes de tomar la delantera y guiar el camino.

Desde el parque hasta el primer bar, por lo que sea, no había demasiada distancia. Un lugar sencillo, sobrio, poco concurrido en días de semana pero que podría ofrecerles lo que necesitaban: una mesa, algo de maní y una jarra de cerveza para cada uno. Se ubicaron en la acera, dentro de un recinto cerrado pero que permitía la vista del parque y el laberinto desde su posición. Los mozos trajeron el maní y una bandeja de madera con pan fresco. La cerveza debía llegar en cualquier momento.

—Entonces… navegando sola —matizó, llevándose una poca de maní a la boca—. ¿Qué pasó con el chico que viajaba contigo?



RE: Invitación | Pasado - Miyori Hoshino - 11-06-2026

Me reí un poco ante el comentario sobre el jugo de manzana pues yo también soy de las personas que prefieren un jugo natural antes que el sabor amargo de una bebida alcohólica o fermentada, aun así, si se trata de celebrar el éxito de un ser querido puedo hacer el intento de soportarlo, por eso me alegró mucho que aceptara mi invitación de festejo.

Enji extendió las manos hacia los arbustos y poco a poco fue derritiendo cada pared verde de los muros del jardín, antes de abrir paso me advirtió que permaneciera detrás de él por precaución pues el ácido que producía su cuerpo podía resultar peligroso si me acercaba demasiado, sin embargo no se conformó con aquella advertencia y añadió otra más la cual consiste que evitará mirar su retaguarda, tal observación fue tan repentina y directa que volvió a tomarme desprevenida y sentí como el calor me invadía las mejillas al instante, incapaz de encontrar una respuesta adecuada, a estas alturas ruborizarme por culpa de sus comentarios empezaba a convertirse una costumbre. —- N-n-no planeaba hacer tal cosa… ¡No soy una pervertida!

—- Pobre jardinero, le hemos arruinado el mantenimiento… —-- dije mientras íbamos de pared en pared derretida, sintiendo pena por el posible regaño que tendría el señor del mantenimiento a ver estropeado los muros que tan pulcros estaban, pero creo que era la única forma de salir rápido o nos tomaría la noche entera en este lugar.

No pasó mucho tiempo antes de que llegáramos a nuestro destino, frente a nosotros apareció un lugar perfecto para compartir una cerveza y por fortuna mucho menos concurrido que el establecimiento anterior, el ambiente era tranquilo, acogedor, ideal para sentarse a conversar sin bullicio de otras voces. Encontrar una mesa fue sencillo, nos acomodamos en un rincón con vista al parque donde los arreglos florales decoraban el paisaje y sus paredes, me quité el sombrero y lo dejé sobre el estuche del violín que acomodé junto a mi silla, solo entonces pude relajarme y dirigir toda mi atención a Enji que parecía particularmente interesado en un solo tema.

—-- Pues… —-- Recordé la última vez que vi a Cill en Sabakun, la fría noche cuando me dijo aquellas palabras de despedida, el día que Smokey dejó de existir. —--- Supongo que soy alguien muy débil como para acompañarle, cuando llegamos a Sabakun pues cada uno tuvo que tomar su camino, fue muy difícil pero he logrado seguir adelante y confío que él también debe estar bien —- Sonreí con seguridad y sin rastros de resentimiento, no todo dura para siempre y no por eso debe ser algo malo, agradecí el tiempo corto que pertenecí a la tripulación.

—- Pero no todo ha sido malo, ¿Sabes? —- continué mientras acomodaba uno de mis mechones naranja detrás de la oreja, bajé la mirada hacia mis manos y jugué distraídamente con los dedos mientras recordaba los entrenamientos que había completado, la experiencia que había acumulado por mi cuenta y todo lo ocurrido durante aquel incidente en los Blues. —- He aprendido a usar bastante bien el arco —- dije con una leve sonrisa, quizás orgullosa de tal habilidad —-- así que ahora puedo defenderme mucho mejor que antes.

—- Ahora cuéntame un poco más de ti también, siento que todavía hay muchas cosas que desconozco — dije ladeando ligeramente la cabeza, intenté repasar mentalmente todo lo que sabía de Enji. Mis recuerdos me llevaron hasta nuestros primeros encuentros en Baquella, recordé las cicatrices que marcaban su cuerpo, aquella extraña fobia al fuego, su inesperado gusto por el baile, su vida como marine, su peculiar tendencia al nudismo y por su puesto, la capacidad de generar ácido con sus propias manos.  Pero mientras enumeraba cada detalle en mi mente me di cuenta que todo aquello parecía demasiado poco para alguien a quién conocía desde hacía tiempo, eran datos, anécdotas, rasgos visibles, solo la portada de un libro que nunca me había detenido a leer. ¿Qué había más allá de eso?, me limité a observarlo con curiosidad esperando que esta vez me permitiera conocer algunas cosas y no fuera como aquella primera noche en el puerto, un cofre cerrado.

—- Por ejemplo, ¿Qué edad tienes? me da la impresión que eres un poquito mayor a mí… —-- si, había muchas cosas que no sabía de él, ¿pero por dónde empezar a preguntar? —- ¿Tienes familia en los blues?, tú conociste la mía en aquel incendio, me hubiese gustado presentarlos formalmente.


RE: Invitación | Pasado - Enji - 13-06-2026

Disconforme con la respuesta, Enji bufó y se llenó la boca de maní. ¿Cuánto había tardado el sujeto aquel en descubrir que Miyori “no era lo suficientemente fuerte como para acompañarlo”? Claro, el tiempo justo para dejarla a su suerte en un mar peligroso, sin posibilidades de regresar al South Blue, sola, y sin los recursos para avanzar. El fruto seco crujió bajo sus muelas, destruido, triturado, pues junto a él masticaba la rabia por tamaña irresponsabilidad. Cuando la violinista expresó preocupación por el condenado, mucho peor. Sus dientes parecían una prensa automática. Crujían, chirriaban. La única forma de ponerles un alto fue que el mozo llegará con una bandeja en el brazo, cargando sus bebidas.

—Aquí les… dejo… —masculló el muchacho en un tono cada vez más bajo, cohibido por la expresión en su rostro y como le tiritaba la ceja.

Dejó dos jarras de cerveza sobre la mesa y salió huyendo de allí cuánto antes, disimulando bastante bien su terror.

—¿Sabes? Nunca deja de sorprenderme lo peligrosamente buena y considerada que eres con gente que claramente no vale la pena. —Apuró la cerveza, dándole dos largos tragos. El exceso de espuma se adhirió a su labio superior como un bigote albino. Devolvió la jarra a la mesa y se inclinó hacia adelante, fijando la mirada en esos ojos azules—. Pero supongo que esa parte de ti es la culpable de que hoy esté aquí y no tirado en una zanja, así que… —Levantó la cerveza y la acercó a Miyori—. ¡Salud por eso!

Un buen brindis era necesario. Por su reencuentro, por todo lo que habían pasado y cuánto habían cambiado en solo un par de años. Por todo lo bueno y todo lo malo, cuya suma construía quienes eran hoy. Coronar el camino andado con el choque de sus vasos era un ritual que esperaba poder repetir muchas veces en el futuro.

Dió otro sorbo, uno más recatado, después de brindar. Suspiró y se acomodó mejor en el asiento.

—¿Cuánto me das? —replicó a su duda—. Es broma. Los idiotas dicen eso. Tengo veinticinco años, cumplidos hace poco. Tendrías que haber estado en mi fiesta: fue toda una duna en mitad del desierto —dijo, rememorando su largo y penoso paso por la primera isla del Grand Line—. ¿Mi familia? Bueno, tengo una madre, un padre y un hermano menor. Los tres están muertos. —Se encogió de hombros—. Un buen motivo para emborracharse y perder los pantalones, supongo. Han pasado como… no lo sé, ¿Cinco? ¿Seis años desde entonces?

Los detalles de su tragedia se habían difuminado con el tiempo. Lo único que recordaba con claridad era el barco, la vela estampada con el símbolo del gobierno mundial y el fuego consumiendo el hogar a su espalda. Una llama que todavía tenía presente en el fondo de la pupila.

Bebió un poco más.

—Es buena cerveza —reconoció—. No me sorprende, con tantas flores el clima debe ser ideal para plantar trigo y cebada. Je, cualquier día le cambiarán el nombre de “Matsuri” a “Beersuri”, ¿eh? ¿lo entiendes? “Beer”, cerveza. Que bárbaro que soy.



RE: Invitación | Pasado - Miyori Hoshino - 15-06-2026

Me percaté de que había algo en Enji que no parecía estar conforme con mis respuestas, lo noté en la forma en que arqueaba las cejas y en cómo masticaba aquel puñado innecesario de maní en su boca, las trituraba casi por encima del sonido de mi voz, y cuando mencioné mi preocupación por mis antiguos compañeros, su expresión pareció endurecerse aún más, como si aquello lo hubiera irritado fue entonces que no pude evitar preguntarme… ¿había cometido un error al contarle todo eso?, pero… había sido él quien me lo había preguntado.

—-- G-gracias… —- le dije al pobre camarero que se apresuró a alejarse de aquella escena cargada de tensión, al final, Enji terminó expresando lo que llevaba rondándole la cabeza tras aquel trago largo de cerveza que dejó espuma sobre su labio superior cual bigote espumoso, sin embargo la última frase al final me dejó en desacuerdo con él, ¿cómo podía alguien determinar que algo no vale la pena?

Se acercó hasta quedar casi frente a frente conmigo y me sostuvo la mirada, permitiéndome apreciar el intenso escarlata de sus ojos inquisidores, parecía culparme de un éxito que en realidad había alcanzado gracias a su propio esfuerzo. Le respondí con una sonrisa mientras tomaba mi jarra de cerveza y la hacía chocar con la suya con un golpe suave…—- No creo haber hecho gran cosa, que hayas logrado levantarte y convertirte en alguien tan fuerte fue mérito tuyo y de nadie más…—- mientras hablaba, observé el tono ámbar de la bebida brillando bajo la luz como la hidromiel que tantos marineros disfrutan saborear…. —- Yo solo fui…. una piedra naranja en el camino. —-- me encogí de hombros antes de dar el primer sorbo a la cerveza, apenas la probé y saqué la lengua con una mueca por el amargor que inundó mi boca. —- Es diferente de cómo imaginaba que sabría…

Enji tenía casi mi edad, bueno, en realidad me llevaba cinco años de diferencia pero aun así seguía perteneciendo a mi generación con apenas veinticinco años ya había atravesado incontables infortunios, perdió su familia y conoció de primera instancia el lado sombrío de la vida, un camino que lo llevaba a la ruina, sin embargo, también era la prueba viviente de que aquello que si no consigue destruirte te convierte en alguien más fuerte. Quizás Enji dedicó su brindis por mi causa, yo hice mi brindis por sus hazañas. —-- Lo siento… no quería hacer una pregunta que pudiera resultar incómoda.

Volví a dar otro sorbo a aquel brebaje dorado al mismo tiempo que el marine de ojos carmesí hacía lo propio, él bebía con tragos lagos y apresurados, yo en cambio avanzaba con mucha más calma mientras un tenue rubor comenzaba a teñir mis mejillas, ya lo había dicho antes, era pésima tolerando el alcohol pero hasta el momento no surtía del todo los efectos, no aún. Pero el chiste de Enji me tomó completamente por sorpresa tanto que logré atragantarme con la bebida, y apenas comprendí el juego de palabras no pude contener la risa, reí con ganas ante semejante ocurrencia, hacía muchísimo tiempo que no me sentía tan relajada, tan cómoda y en confianza… libre, como si por un instante volviera a estar en familia.

—-- Tengo veinte años…. —- dije al recordar que nunca había mencionado ese detalle cuando le pregunté la edad. —- Mi madre murió cuando yo nací, así que jamás he experimentado el dolor de perder a alguien a quien hubiera conocido y amado, pero sí entiendo lo que se siente desear con todas las fuerzas que una persona que ya no está viva pudiera estar a tu lado. —- Guardé un breve silencio antes de dedicarle una mirada sincera y sonriente —- gracias por contármelo, pudiste haber decidido no decir nada y aún así elegiste compartirlo conmigo.

—- Por cierto… —-- ladeé ligeramente la cabeza mientras apoyaba el codo sobre la mesa y dejaba descansar la mejilla sobre la palma de mi mano, usándola como soporte para sostener el peso de mi cabeza, con la otra mano tomé otro sorbo de aquel brebaje de cebada antes de continuar.

—-- Mencionaste que conoces a un Juan, lo mencionaste en el laberinto… Por casualidad… ese Juan es ¿Una cangretortuga o una tortucangrejo?


RE: Invitación | Pasado - Enji - 19-06-2026

La importancia que tuviera o no la injerencia de Miyori en su vida, perturbando su camino con un acto pequeño y altruista que significó mucho, se podía ver en las olas, los ecos que acompañaron cada paso posterior, como el tenue movimiento de las alas de una mariposa dando vida a un vendaval. Ella no podía saberlo, ni imaginarlo. No había estado en su cabeza, no habían pasado lo mismo ni tenido experiencias siquiera similares. Eso, en parte, lo hacía más grande, porque, sin saberlo ni imaginarlo, lo empujó hacia el lado correcto. Le dió el aire que necesitaba. ¿Estaba exagerando? ¿Todo lo veía bajo el prisma de la desesperación y el absoluto abandono que sufría en esa época? No le gustaba ese discurso. En lo más hondo, justamente, es cuando mejor se aprecian las cosas. El único y mejor ángulo desde donde apreciar las buenas acciones. Después de todo, ¿el sol brilla más cuando estás en la sombra? ¿o la luz opaca su verdadero destello?

—Eres una buena piedra, eh —señaló, y dió otro trago a la jarra. Le sorprendió la cara que puso Miyori tras probar la cerveza. Al haberse ofrecido primero, creyó que tendría gusto o al menos experiencia con la bebida a base de cebada y trigo. Parecía no ser el caso—. ¿Primera vez? —dedujo, sonriente—. No elegiste la mejor bebida para empezar este camino. A la mayoría no les gusta al principio, la sienten amarga. Después tu gusto madura y descubres todo su potencial.

Un largo trago siguió a su breve explicación. La cerveza nunca fallaba. Fresca, refrescante, hacía hormiguear la garganta con el gas carbonatado producto de la fermentación. Suspiró satisfecho.

—No te preocupes, no hay preguntas incómodas. No entre nosotros. Es decir, estoy en ropa interior —señaló, echándose un vistazo a si mismo para luego agregar—: Digamos que ya pasamos la línea de la vergüenza y la incomodidad.

Su vista se perdió unos segundos en la silueta del parque. Miyori tenía razón en algo, y es que no muchos sabían de su tragedia. Prácticamente nadie. No siquiera sus queridos compañeros de división. No les había contado, quiza por no encontrar el momento o considerarlo innecesario. ¿Pero a ella? A ella sí. Quizá, también, porque fue la única que preguntó. La única que conoció esa otra cara, ese pasado, y por eso sentía la necesidad o la curiosidad de saber más. Los otros lo veían por quien era hoy, de la misma forma que él lo hacía. Nadie preguntaba por el camino ya pisado.

Volvió a beber. Está vez, más tranquilo. No estaba apurado por terminarse la jarra.

—No hay que hacer de la vida de uno un drama, o un taboo. Son cosas que simplemente pasaron —dijo, para sentenciar el tema, y se encogió de hombros—. Ya estoy viejo para llantos.

Su atención fue atraída de nuevo a ese rostro amable, curioso, que se inclinaba apoyado en una palma. En los ojos veía llegar la pregunta, en sus labios la necesidad de resolver una duda. ¿Que sería está vez? ¿De que se había percatado o qué le había interesado? ¿Su fruta? ¿Su cambio de color en el pelo?

Su… ¿Compañero?

—¿Juancho? —replicó—. ¿Juancho Sebastiancho Franpereanimo sexto? ¿Ese Juancho?

¿Miyori conocía a Juan? El mar era un maldito pañuelo. O, bueno, el South Blue.

Enji se cuadró, imprimiendo seriedad en su gesto. Una cosa extraña viniendo de él, conocido y reconocido por ser la persona más caótica que te podías topar en... Muchos kilómetros a la redonda.

—Que sea una tortuga cangrejo o un cangrejo tortuga es información clasificada, Naranjita. —Preguntas como aquella no lo dejaban descansar tranquilo. En fin, se acercó más a la mesa y subió los codos a la misma cuando el tema viró en dirección a su buen amigo rojizo. Era una extraña pero divertida casualjdad—. Pero sí, conozco a Juan. Es como mi mano derecha en la división. ¿De qué lo conoces tú? Además de ser el segundo mejor marine del South Blue.

El cuenco de maní se había quedado vacío, así que, mientras hablaban, el mozo volvió a acercarse y está vez, algo más tranquilo, pudo hacer su trabajo sin temer por su vida. Les retiró la tarrina vacía y dejó otra llena para que pudieran disfrutar de la cerveza con algo entre las muelas.


RE: Invitación | Pasado - Miyori Hoshino - 21-06-2026

¿Por qué hace tanto calor?

Mis mejillas se sentían extrañamente cálidas, al principio atribuí aquella sensación a las palabras consecuentes de Enji quien había enfatizada nuevamente el hecho de estar en ropa interior y que por tal motivo no debía haber vergüenza e incomodidades entre nosotros, sin embargo… aunque intentaba validar su justificación, mientras más lo pensaba menos convencida estaba de esa explicación. El calor no se limitaba a mi rostro puesto que incluso las puntas de mis orejas parecían arder suavemente por el rubor, no… era casi todo mi cuerpo. —- Querrás decir que tú las has superado, yo sigo firmemente de la línea de la vergüenza. —- refuté entre pucheros apenas disimulados antes de llevar nuevamente el vaso a mis labios, el líquido ámbar descendió por mi garganta con la misma intensidad amarga de siempre, nuevamente saque la lengua en reacción del sabor. No entendía cómo Enji podía disfrutar algo así, según él, llegaría un día que mi paladar aceptaría ese sabor y encontraría el encanto oculto en aquel brebaje dorado, la joya entre marineros y piratas, solo era cuestión de tiempo. Si aquella supuesta revelación realmente existía… desde luego no sería el día de hoy que yo la encontraría.

–- Es como si te preguntara… ¿Qué pasaría si de la nada apareciera en ropa interior caminando por las calles? — mientras hablaba hice girar la cerveza dentro de la jarra con un suave movimiento de muñeca, mis ojos siguieron el recorrido del líquido ámbar observando cómo la espuma se deslizaba lentamente por el vidrio — Sería raro, ¿no crees? —- Aunque había dicho aquella pregunta en voz alta, creo que era algo que solo estaba rondando por mi cabeza, no esperaba una respuesta por parte de él a decir verdad. —- Y además… ¿por qué haces eso?, ¿el andar por ahí desnudo?

Una pregunta dio paso a otra, mi curiosidad era evidente ahora.

Una risa sincera se hizo presente de mis labios al escuchar una vez más aquel curioso apodo del cuál ahora me llamaba como “naranjita”, tampoco podía evitar sonreír ante su empeño de ocultar la verdadera naturaleza de Juan, aunque yo sé perfectamente que era un gyojin cangrejo con una fruta zoan que le permitía transformarse en tortuga. —- ♫ Una pirata nunca revela sus trucos ♪ — Tarareé con dulzura mientras cerraba los ojos por un instante, cuando volví a abrirlos sentí los párpados más pesados que antes, sin prestarle demasiada atención, llevé la jarra a mis labios y tomé otro sorbo de cerveza, como si era una misión el tener que terminarla completa a pesar de su sabor.

—- Conocí a… — sobre pensé el nombre dicho por Enji, ¿sería real lo que estaba revelando o me estaba tomando el pelo? —- Juan Sebastiaco Fran… ¿Franchesco?... ¿Sextiano? —- Casi podía sentir morder mi lengua al intentar replicar aquel nombre tan extenso, lo conocía más por Juan Sebastian, el cangrejo de las caracolas.

—- Bueno… ESE Juan… lo conocí el día que llegué a Baquella…  —- Mi mano acunaba mi mejilla y mis ojos permanecían entre cerrados, tanteando mi mirada cada minuto sobre los escarlata de Enji —- Antes del nefasto viaje a cabos gemelos, él apareció en la costa diciendo que necesitaba una caracola naranja y le ayudé a encontrarla, ¡AHHH!, ¡Incluso me llevó sobre su caparazón! —- Dije sonriente cuál niña cuando recordé ese viaje a tortuga. —- Fue una divertida experiencia, sip. — Un trago más.

—- Me da gusto saber que son buenos amigos, me pareció una gran per… — Las palabras murieronen mis labios mientras desviaba la mirada hacia arriba, solo un instante, después recordé el pequeño detalle de que Juan no era exactamente una persona… — ♫♪ … una bonita langostino … ♫♪ —- corregí entre una cantarina melodía improvisada y una sonrisa satisfecha de mi ocurrencia.

Creo que lo mencioné antes, hace calor… ¿Por qué hace tanto calor?

Terminé el contenido de la jarra para ahora dejarlo sobre la mesa con suavidad, sin estorbar, lo hacía mientras distraídamente tarareaba una canción que me recordaba mucho al cangrejito amigo, “Bajo el mar”, ahora esa melodía rondaba por mi mente. En algún momento el recipiente de maní volvió a llenarse y nuevas jarras de cervezas aparecieron frente a nosotros para prolongar la reunión un poco más, no me molestaba la idea de estar toda una noche conversando con Enji sobre lo que sea, tenía mucho tiempo de no verle.

Una sonrisa tranquila permanecía cada vez que mis ojos se encontraban con los de Enji, quizás por eso cuando lo vi inclinarse un poco más hacia la mesa, extendí la mano sin pensarlo demasiado hasta alcanzar la suya, entonces con una curiosidad serena, con la misma confianza que él asegura ya tenemos, mis ojos azules se posaron sobre la palma de su mano. Si, debía saberlo… NECESITO SABERLO.

—- Tu fruta… —-- No encontré la verdad en ellas, ¿qué clase de habilidad tenía como para derretir cosas a su paso?. — ¿Es ácido?, ¿algo parecido?


RE: Invitación | Pasado - Enji - 21-06-2026

Un puñado de mani a la boca y munch-munch, Enji masticó. Se sentía bien. Estaba cómodo, fresco y bien servido, disfrutando de una buena jarra de cerveza a la luz de la luna. Qué locura, pensó. Después de todo lo que pasó en Kutsukku, después de sufrir lo árido e inmisericorde del desierto de Sabakun y salir vivos, después de todo eso y más, ahora estaban allí, sentados en un pintoresco bar bajo el cobijo de una ciudad tranquila, charlando de forma amena, pasando el rato. En unos días, semanas o, cómo máximo, algunos meses, probablemente volverían a cambiar de escenario. Quizá esa isla sería el último lugar medianamente tranquilo que fueran a pisar. Quizá esa noche sería la última ocasión en que podrían relajarse. El mundo era demasiado caótico y la vida, demasiado impredecible. El confort que le quedaba era saber que esos momentos volvían. Tarde o temprano, la calidez regresaba, y con ello el motivo para seguir adelante.

—Oe, que no ando desnudo. ¿No ves el boxer? —replicó—. Un marine no puede andar desnudo por allí.

Empinó la jarra y dos tragos largos finiquitaron su contenido. La dejó de nuevo en la mesa, vacía, y el mozo se la llevó tras recibir su asentimiento. Pidió una segunda ronda con el gesto de su mano extendiendo índice y corazón, y el muchacho partió a cumplir su diligencia.

—Aclarado eso —retomó. El alcohol, aunque leve, estaba haciendo su efecto, y lo primero que notó fue como se le aflojaba la lengua. ¿Más todavía? Sí, más todavía—. ¿Por qué iba a estarme quitando la camiseta y los pantalones? Pues porque tengo calor, chica. Es obvio. —En su cabeza por supuesto que lo era—. Yo no sé cómo ustedes no lo notan. Incluso en otoño, algunas islas son… un infierno. Cómo no me quite algunas cosas de encima, empiezo a transpirar y me pica el cuerpo. Es una tortura.

Nadie tenía porqué entenderlo y no, no era algo obvio. Incluso Matsuri, con su buen clima, era fresco en otoño, pero allí estaba él: ni pantalones, ni camiseta. Apenas cargaba la chaqueta consigo y porque sabía que lo reprenderían si no lo hacía. Lo suyo iba un poco más allá y entraba dentro de un trastorno, una marca psicológica confabulada con la naturaleza de su isla de origen.

Pero ese era un trauma para otra ocasión. Tenían temas importantes de los que hablar, como por ejemplo: JUAN.

—Juancho Sebastiancho Franpereanimo Sexto. No es tan difícil.

Puro invento, pero ya le había gustado ese nombre innecesariamente largo. Cómo el del pirata Alas Negras, el tal Yojimbro Lamemarcas Corneta en Cuatro… o algo así.

—Sí, eso suena al viejo Juancho… ¡¿Te subiste en su caparazón?! —Abrió grandes los ojos—. ¡Shihahahaha! A qué es divertidísimo, eh. Yo siempre busco la manera de subirme cuando se convierte en una tortuga completa. ¡El día del viaje al parque falso llegué encima suyo a la costa! La gente no paraba de mirarme, je.

Se frotó las uñas en el pecho, presumido. Cabalgar a lomos de la tortuga de la Gloriosa División 80 era cosa de gente especial solamente.

—Juancho es un gran cangrejo, una gran tortuga, un todavía más grande marine y un enorme amigo —dijo, recibiendo la segunda jarra de manos del mozo, que había regresado—. Es el único tipo que me he cruzado a quien creo que no podría tumbar… al menos, no fácilmente. Y el vegetariano menos molesto, dentro de todo.

Atacó la cerveza de nuevo. Esta vez, mientras bebía, su mano libre, la derecha, se posó sobre la mesa, y fue en ese trajín que Miyori la capturó. Parecía curiosa por algo. En verdad, mirándola bien, había varios detalles pequeños pero significativos que se podían apreciar. Estaba distinta, y ese gesto, ese movimiento repentino para atraparle, fue la prueba más grande de que algo andaba raro en Miyori. Tenía los párpados ligeramente más caídos de lo normal, lo que convertía su mirada, típicamente vivaz y amable, en una mucho más… ¿Descarada? ¿Irreverente?

—¿Mi fruta? —repitió—. ¿Te da curiosidad la Fruta del Diablo que me comí?

Apoyó el codo en la mesa y sobre la palma de la mano, su mentón. Otro asunto del que hablaba francamente muy poco.

—Es la Doku Doku no Mi —dijo—. La fruta del veneno. Puedo generarlo y controlarlo en esa forma líquida que viste, además de darle distintas propiedades. Es… todo un tema. Tuve que leer y practicar bastante para aprender a hacer cosas específicas con el veneno, como aumentar su acidez. —Y todo lo que todavía no sabía, además, pese a llevar un año entero siendo usuario—. Es una fruta muy peligrosa, así que mis peleas tengo que llevarlas lejos de las ciudades porque, bueno, igual mato a alguien por accidente. Una gota perdida puede hacer mucho daño.


RE: Invitación | Pasado - Miyori Hoshino - 23-06-2026

“¿No ves el boxer?”
No, no los veo. No los quiero ver.

Entonces escuché lo más absurdo salir de sus labios aunque había un atisbo de razón en cada palabra, ¿Calor?, sí… justo ahora hacía calor y comprendía lo que intentaba explicarme, sin embargo antes de debatir aquella exposición casi ilustrativa de sus calzones, mi mente regresó a aquel escenario donde él huía de las llamas, de aquel intenso incienso rojizo y abrasador que envolvió el muelle aquella noche que lo conocí a la orilla de su infortunio caos, quizás era eso… sentirse prisionero de algo que tan solo le brindaba abrigo, la calidez tan pequeña parece consumirlo por completo, fue entonces cuando la pregunta se hizo presente en mi cabeza, ¿Cómo sería abrazar el infierno?

La risa escandalosa de Enji me tomó completamente por sorpresa lo que logró provocar que me atragantara con la cerveza de una segunda ronda, tosí un par de veces mientras lo escuchaba hablar sobre lo divertido que era viajar en tortuga, y tenía razón, ciertamente que lo es, sin embargo jamás habría imaginado que aquel joven que vi en el puerto, montado en una tortuga gigante… fueran precisamente ese par —- ¡AH!, ¡Sí, sí, lo recuerdo bien!, ¡Todo el mundo se les quedaba viendo jajaja!

—- Sí, Juan es un maravilloso Marine, recuerdo que me dijo que deseaba ser héroe de los niños, me parece un objetivo muy noble —- Tomé de nuevo de aquel líquido ámbar en memoria y cariño del Gyojin cangrejo.

Las palabras de Enji parecían llegar más despacio de lo habitual o quizás era yo quien las procesaba con una atención inusual, mis ojos azulinos permanecían fijos en su mano, observando la textura de su piel mientras incluso presionaba con suavidad la parte superior de su piel como si al hacerlo pudiera ver el veneno emerger ante mis ojos, pero terminé imaginando todas las formas en que Enji habría aprendido a dominar una habilidad tan peligrosa como esa, lo imagine lastimándose incluso en el proceso. — ¿Se puede enfrascar?, imagina vender veneno jajaja…¿No?, ¿Existe algo así? —- Pensé cuidadosamente sin verle en absoluto. — ¿Solo sale por tus manos?, ¿Tu saliva también es venenosa?, ¿Tu sudor?, ¿Tus lágrimas?... —-- Mi cabeza iba a mil segundos con cada pregunta que surgía.

—Suena como algo con lo que se debe tener muchísimo cuidado.

Sí él había necesitado tanto esfuerzo para controlar perfectamente su fruta, ¿significa que yo también puedo tener un resultado así?, ¿Sería la práctica lo que realmente necesito para dominar la habilidad de mi fruta?. Renuncié a esa posibilidad.

Volví a mirar a Enji. — Es una habilidad increíble, nunca dejas de sorprenderme

Ahora descansé mi cuerpo sobre la silla en una postura mucho más relajada mientras tomaba un par de maní del pequeño tazón, buscando ahora reemplazar el amargor de la cerveza que aún sentía sobre mi lengua. —- Bueno… creo que no tengo más preguntas…

—- ¿Algo que quieras saber de mí?
Ah, eso es una pregunta.