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[Priv. | Pasado] Los niños del mar - Versión para impresión

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RE: [Priv. | Pasado] Los niños del mar - Nyxara Archeron - 14-06-2026

30 de Invierno, Año 16 ❥ Reino de Samba - Zona Humilde

Don't send me no angel, this city's too cold. 'Cause I need a man with a black heart of gold

─ ♚ ─


Los dedos de la escolta se cerraron sobre su cintura, y por un instante, un maldito instante, el mundo de Nyx se redujo a ese punto de contacto. Era una flagrante declaración de guerra, una respuesta que anulaba todas sus amenazas anteriores sobre no volver a ponerle un dedo encima, el desafío directo para mantener sus dedos unidos a su mano; ese hombre arrogante no solo volvía a insultar, con descaro, su espacio personal, también invadía su terreno con ese incendio contenido detrás de esos ojos, que su cuerpo al traicionarla nuevamente, encendía bajo su piel.

Respondió al instante con esa descarga de adrenalina que la recorrió por el centro de su espina dorsal, con esa fría precisión del acero desenvainado al percibir la fuerza física de un hombre que acostumbraba a jugar al lobo. No era una señal de sumisión, al contrario, eran todos sus sentidos gritando que debía mantenerse alerta mientras compartieran el mismo espacio físico, si quería salir ilesa.

La desplazó como una pieza en ese tablero de ajedrez y eso solo trajo consigo ese orgullo de reina y ese enfado de tormenta de regreso. Su mano izquierda buscó su propia espada contra su muslo, esa que Andover la había obligado a dejar atrás, solo para debatirse entre ese impulso salvaje de arrancarle los dedos de la mano como le había asegurado que lo haría o de acortar la distancia, agarrarlo de la gabardina y estampar al espadachín contra la madera del pasillo solo para borrarle esa sonrisa de autosuficiencia de los labios a…

Esa, que ahora parecía luchar para hacerse un espacio en sus recuerdos.

Uno que ella no estaba dispuesta a concederle.

Ni a él.
Ni a ningún otro.

La dualidad de ese pensamiento la golpeo con fuerza justo cuando el la soltaba y la dejaba atrás con un nombre con peso propio para saborear en la punta de la lengua, como si acabase de lanzar un nuevo desafío ante ella. Por esa fracción de tiempo Nyx observó la forma de su espalda amplia bajo el abrigo mientras el avanzaba hacia la puerta con la confianza de quien acaba de desarmar a su oponente, volviendo a nivelar el avance que ella había tomado en la escalera de manera deliberada; le quemaba el orgullo por haberla tomado desprevenida y le irritaba de sobre manera como el calor de ese roce fragmentando en el tiempo, aun se mantenía sobre su piel.

Definitivamente, le terminaría arrancando cado uno de esos dedos hábiles.

La escolta no solo era confiado, arrogante e irritante, era un desafío vivo a su control. El primer hombre que, en mucho tiempo, no retrocedia ante su tormenta, sino que, avanzaba directo hacia ella como si no tuviese sentido propio de la preservación.

¿Lo peor? La ironía cargada que acababa de soltar en el pasillo le arrancó la sombra de una sonrisa de sus labios carmesí. Su cuerpo volvía a traicionarla y aquello solo la indignó más; la mirada de la Archeron cambio a penas, un gesto sutil, un descenso leve de sus parpados bajo el marco oscuro de sus pestañas. Lo suficiente para que aquella calma orgullosa adquiriera un filo distinto, era esa manera silenciosa que tenía de volverse tormenta antes de arrasar con todo.

Si la escolta creía que un roce en su cintura sería suficiente para relegarla a una posición pasiva, simplemente, el aun no entendía a qué tipo de depredador había metido voluntariamente en su casa. Nyxara Archeron no se movía al ritmo de otros, al contrario, era ella quien dictaba el compás de ese baile ¿estaría listo para seguirle el ritmo? No esperaría una respuesta de su parte; el calor de sus dedos impresos en su piel, sus sonrisas de autosuficiencia y su ironía cargada fueron el combustible que la hicieron avanzar por el pasillo estrecho hacia él, no iba a darle el placer de quedarse con la última palabra.

Si la quería, tendría que pelear por ella.

Y Barald Kane estaba a punto de descubrir porque la reina podía moverse en todos los ángulos.

Avanzó con esa gracia felina, silenciosa, que la caracterizaba, solo para posicionarse nuevamente justo a su lado, en el estrecho espacio que daba el marco de esa puerta abierta de la habitación. Fue sencillo para ella notar como la escolta mantenía la vista al frente, hacia Sara, como si estuviese haciendo un esfuerzo consciente por no volver la mirada y entonces, solo entonces, con esa audacia calculada Nyx volvió a invadir ese espacio que otros considerarían “personal” aún sin mirar a la niña.

Nuevamente a ese medio paso de distancia.

– Esclavos – repitió ella, saboreando la palabra con la frialdad del acero. Nyxara Archeron sabía cómo funcionaban los escasos hombres como él. Acostumbrados a esas miradas bajas, a la sumisión de cortesía, al trato fácil de quienes buscaban complacerlos o temían al fuego contenido detrás de esos parpados, y él, Barald Kane, llevaba demasiado tiempo acostumbrado a ser un depredador…

Nuevamente era, exactamente la clase de hombre que ella…

Pero Nyx, Nyx no era la presa de nadie.

– Un negocio rentable para mentes mediocres, si creías que el panorama me causaría un desmayo Kane, me has juzgado tan mal como yo a ti – porque negar algo que había estado midiendo desde que abrió los ojos en esa habitación le resultaba una tontería – Ya descubrí que puedes hablar y caminar a la vez – lentamente ladeo el rostro, obligándolo a sostener la tensión de su cercanía, obligándolo a sostenerse en pie entre su propio perfume femenino mezclado con la sal del puerto – Ahora dime ¿puedes hablar y mirarme a la vez? – El mar de sus ojos nuevamente registraron los detalles de su rostro mientras lanzaba una verdad que no pensaba dejar escondida entre los detalles, porque para sostener el pie de guerra, ese “esto” que había entre la escasa distancia de sus cuerpos, Nyxara Archeron se encargaría de demostrarle a Barald Kane que podía morder más fuerte que él.

Y, de la misma forma que el se había detenido por una fracción de momento sobre su boca, ella lo imitó. Delineó la forma de sus labios como si quisiera trazarlo en sus propios lienzos de dibujo y solo cuando sostuvo ese instante para que el lo registrase en su propia retina, para que la intención se le grabara más allá en sus recuerdos, una sonrisa mínima, afilada, hermosa, delineó los carmesí – Porque sería una lástima descubrir que te faltan agallas para hacerlo –

La provocación quedó flotando ahí, en el espacio mínimo que había entre sus cuerpos ocupados en el marco de la puerta de esa habitación. Era ese hilo invisible y tenso que Nyxara Archeron podía sostener sin parpadear con ese porte de reina que cargaba consigo y lo obligaba a él, a Barald Kane, a procesar el peso de sus palabras mientras ella permitía que la promesa de su sonrisa afilada, hermosa, fuera lo último que mirase antes de que la realidad golpeara nuevamente, en ese espacio rentado ubicado en el puerto de Samba.

El pasillo ya se había sumido en una penumbra que los cobijaba cuando la puerta de la pequeña habitación abriéndose develo a la pequeña que ahí dormía plácidamente. Allí, ajena a la guerra de egos y al peligro latente que se fracturaba entre ellos, dormía Sara, la niña de samba.

Él no había mentido.
La había protegido para dejarla a salvo en esa cama.

Y Nyx..
Nyx le concedería una paz armada por ello.

El mar de los ojos de la Archeron se posó sobre la pequeña figura cubierta por las mantas gastadas y el corazón se aceleró de la misma forma que lo había hecho cuando esa carta llegó a sus manos. Una pequeña grieta, mínima, en su orgullo de reina que suavizaba su postura mientras el eco de la palabra esclavos volvía a ella.

El peso de una realidad en la que un niño no debería formar parte.

Por un momento sus fantasmas, esos que la llevaron hasta Samba, amenazaron con revelar demasiado de sí misma trayendo consigo esa sensación gélida de la pérdida, arrebatándole cualquier calidez que la escolta podría haber causado, momentos atrás, en su piel; se apoderó de su cuerpo en una única exhalación temblorosa, una que su pecho generoso intento sostener con la misma naturalidad salvaje de quien está acostumbrada a sangrar hacia dentro.

No podría prometerle a Sara que encontraría a su hermano, de la misma forma que no podía prometerle a su madre que encontraría a Aelira viva para llevarla a casa. Y ella…ella jamás haría una promesa que no pudiese cumplir.

Su mano fue esta vez hacia la manija de la puerta, cerrándola lentamente con el cuidado de una madre que no busca despertar a su hijo, obligándolos a ambos a volver al pasillo, a esa tregua armada en medio de la penumbra – ¿Eso es todo lo que lograste extraer Kane, “esclavos”? – Su voz descendió nuevamente a ese murmullo de seda, consciente de que una niña dormía al otro lado de la puerta, pero no desprovisto de esa exigencia implacable – Una palabra de tres sílabas para resumir una red compleja…Vamos Kane, se que puedes hacerlo mejor que eso – volvió a encararlo cruzándose de brazos bajo el pecho, mientras el mar de sus ojos sostenía el fuego detrás de esos parpados con el orgullo afilado que desafiaba constantemente su resistencia – Ya me demostraste que puedes caminar, hablar y sonreír a la vez, ahora, demuéstrame que tu intelecto no se agota en el resumen – Nyx exigía respuestas, no titulares de noticas en un tablero al inicio de un pueblo – Dime si te reveló algo más de Eli o si esos infelices dijeron hacia donde se llevaban a los niños antes de que decidieras jugar con el acero sobre sus cuellos. Necesito certezas, no conjeturas si vamos a saltar juntos al mismo pozo –

Dejó que el silencio se asentara entre ambos mientras el digería sus exigencias y fue en esa pausa, en ese semblante del hombre que le regresaba la penumbra, que la sombra del cansancio volvió a posicionarse allí, tal como había visto un momento atrás en la primera planta.

El peso apenas perceptible de esos hombros masculinos, nuevamente la sombra bajo el fuego de esa mirada y el propio cuerpo decidió recordarle a ella, que aún seguía siendo humana. Que su propio cansancio también estaba latente en esos tres días de viaje en barco donde casi no había dormido, en la herida del hombro que ardía de manera constante y que Nyx mantenía a raya a puro orgullo. En la adrenalina del encuentro de la playa, en ese pie de guerra que llevaban uno contra el otro desde que ella había abierto los ojos, y sostenerlo, en ese espacio cerrado contra la escolta, contra ese hombre arrogante y confiado con su irritante forma de ser, con todas las características para convertirse en…

Sin esperar su respuesta, ella se movió por el estrecho pasillo hacia la siguiente puerta empujándola con la punta de su bota solo para encontrarse con un baño pequeño.

“Lo que faltaba”

No necesitó volver la vista hacia la primera planta para saber que el único espacio disponible de descanso para ambos era ese sofá en el que ella había despertado; esa sutil sonrisa delineó sus labios carmesí, que la maldijeran todos los dioses si llegaba a terminar compartiendo el minúsculo sofa al mismo tiempo que Barald Kane…porque ella no pretendía cometer la idiotez de cerrar los ojos al lado de un depredador.

– Haremos esto con inteligencia – sentenció, volviéndose nuevamente hacia el con ese orgullo de reina que no admitía discusiones y mucho menos negativas – Yo tomaré la primera guardia en la entrada principal – No era amabilidad, ni comodidad, era puro pragmatismo. Lentamente extendió la mano hacia él, eso solo podía significar una cosa: esperaba que la entregase la katana – Si vas a ser una escolta eficiente necesito todos tus sentidos repuestos para mañana, para seguir protegiendo a la niña que esta al otro lado de esa puerta y con algo de suerte, a un montón de otros niños – Avanzó hacia él con esa cadencia que delineaba su forma de caminar, invadiendo su espacio hasta obligarlo a registrar la simetría perfecta de su figura, de ese rostro de líneas finas y pecas dispersas. Y justo allí, en su rostro enmarcado por la cascada de sus cabellos, él podía distinguir a la perfección como la sombra de esa sonrisa sutil que delineaba sus labios, reflejaba la emoción de un depredador que sonríe a su presa antes de lanzarse a la yugular.

Se detuvo nuevamente tan cerca que las notas masculinas de su perfume volvieron a grabarse en sus sentidos atenuados de esa manera casi insolente y ella…ella se lo permitió. Se lo permitió únicamente porque sus ojos del color del mar lo obligaban a mantener el fuego de los contrarios directamente sobre ella, mientras sus dedos extendidos casi rozaban el mango del arma – Y no te preocupes, Barald – esa era la primera vez que pronunciaba su nombre, y lo hizo, como si cada letra tuviese un sabor preciso que debía probar – Recuerdo perfectamente tu sugerencia en el primer piso – ese susurro de seda pura anteponía el filo de su ataque cuando tomó el mango del arma – Estoy bastante segura que yo sabre usar el filo de tu propia katana para cortarle la cabeza a cualquiera que intente interponerse en mi camino…o en el tuyo  – sostuvo el peso de la advertencia mientras volvía a tomar el terreno que le pertenecía por derecho.

No necesitaba explicarle a Barald Kane que tipo de golpe a sus habilidades acababa de darle. Solo entonces retrocedió un paso hacia atrás y hacia el lado, para dejarle el pasillo libre en dirección al sofá – Muévete y descansa, Kane. Te despertaré cuando sea necesario hacer un cambio de turno –

Léeme



RE: [Priv. | Pasado] Los niños del mar - Barald Kane - 19-07-2026


Nadie tan poderoso a excepción de un supremo podría diferenciar la línea del bien y el mal; para algunos en un futuro tan solo sería un criminal, para otros un pobre hombre que vive soñando pero solo algunos pocos lograrían conocer un corazón gigante dentro de un hombre que camina con la cabeza alta a sabiendas del peso que conlleva empuñar un arma. Así como un funambulista, danzaba sobre la cuerda de su destino jugando al gato y al ratón, engañándolo una y otra vez para no volver nunca allí a donde lo reclamaban con tanta ansia. Con la destreza del mas fiero de los espadachines piratas que navegan estos mares suavizó el contacto, volviéndolo lento y cálido en el momento exacto en el que tocó aquello que aunque quisiera, no era suyo. Manejo las décimas de segundo en las que eso ocurrió y contempló la tormenta que podía desatar. Hermosa en su totalidad, bien podría embravecerse así como su propia naturaleza le exigía ante tal invasión de la propiedad física. Sus cansados ojos rojizos podían verlo. Una mueca, así como quien ve algo que le sorprende de verdad iluminó por un momento su rostro por la tensión que se manejaba en ese ambiente, todo en décimas de segundo, con ella podía sentirlo. En esa fracción de tiempo pudo verlo; observó el sutil movimiento de su mano buscando ejercer la violencia, una mano fina y hábil que al igual que la suya, tenía el poder de aplicar una sangrienta sentencia. Le mujer de cabellos rojizos detuvo su instinto por un momento, y Barald aunque no pudiera saber aquello que estaba pensando si pudo leer su expresión corporal. Recordaba sus vivencias de niño donde la nieve recubría todo lo que el ojo te permite llegar a ver, el largo pelo negro de su madre ... de todos esos recuerdos hay uno que le prevalece por encima de muchos. El primer viaje, la primera tormenta. Desafió a su destino por un momento frente al mar observando el poder de la naturaleza, y ahora mismo, frente a sus ojos veía algo parecido en ella. Marcaba sus propios tiempos, silenciosa, interiorizaba una lucha de la que no le contaba a nadie y ahora, avanzaba quedando justo a su lado antes de llegar a ver a Sara. En aquel momento, ambos olores se mezclaron, dando lugar a una curiosa mezcla. Diferente, exótica, una mezcla cuanto menos peligrosa.

- Si crees que mi juicio sobre ti esta equivocado es que no entendiste nada señórita - Era una ilusa ¿cree que esta en este apartamento por casualidad? ¿que era el destino? ¿que Barald tenía dudas de si ella podría estar a la altura de la situación? Si, sin duda si que tenía una idea equivocada de su nuevo escolta. El azabache eligió traerla hasta aquí porque vio algo en ella. No esperaba sorprenderla. Entre medias de sus palabras se pronunció mientras observaba los ojos de Nyx con el rostro más serio a lo que le había acostumbrado hasta el momento mientras la escuchaba y controlaba sus diferentes estímulos. Cuando la tuvo tan cerca de el de nuevo, volvió a sentirlo. - Ah claro, ahora lo veo bien. Esta convencida de que puede tentarme ¿quieres manejar la situación Nyxara? - Realmente si podía. Fue lo que pensó por un momento cuando se atrevió a tocarlo y seguir la silueta de sus labios. Su rostro serio cambió de golpe al ver tal declaración de intenciones por su parte, quería devolverle lo de antes. El espadachín sonrió pícaro cuando Nyx terminó su actuación de contacto físico, pudo verle en el rostro que aquello le gusto, desde ese momento, nunca la hablaría sin mirarla a la cara, parece que eso pudiera ser usado en su contra,  pero contestarla con palabras era algo efímero que podía ser olvidado, los actos siempre prevalecen. La puerta de la habitación de Sara quedo cerrada de nuevo para que pudiera descansar sin interrupciones y ahora de nuevo, la mujer de pelo rojo volvía a incidir en controlar la situación verbalmente, Barald estaba cansado, tanto que ya poco tiempo más de claridad mental le quedaba, no reaccionó  por un momento a la voz de Nyx a pesar de haberla escuchado. Fue entonces cuando golpeo la puerta de al lado para abrir el baño ¿que era lo que tanto le preocupaba? fue ahí cuando Barald habló.


- Tu naturaleza te hace adelantarte a los acontecimientos, eres impaciente e impulsiva ¿te lo dijeron alguna vez?  -  Le recordaba a alguien a quien quería mucho. Esta vez mirándola a los ojos para que nunca más pudiera decir nada parecido a lo anterior contestaría a sus preguntas para contarle todo lo que sabía. - Es una red de esclavos, capturan niños por todo el South Blue y los venden a todo aquel que quiera y pueda pagarlos, lo presuponía antes de que tuviera que matarlos, pero esa clase de personas no merece vivir en el mismo mundo en el que vivo yo. - No mentiría si dijera que se atrevió a hacer el trabajo sucio de la sociedad y que para nada le resultó una molestia. Barald era un hombre capaz, era justo, pero siempre tomaba el rol de hacer lo que tuviera que hacer, sin pestañear y sin arrepentirse. Tras sus palabras prosiguió con la explicación. - No necesitas certezas ni conjeturas, necesitas cumplir tu papel y todo saldrá bien, igualmente te lo contaré todo. ¿de acuerdo? Sara no tiene más información que la que te mandó en la carta, pero gracias a ella dimos con esos tres tipos, actúan por toda la isla no tienen un sitio o lugar fijo en el que actuar, solo buscan oportunidades. Dijeron que llevan a los niños a la Selva Anazoma para ocultarlos hasta que son transportados. Tuvo una leve pausa para continuar con su explicación. - Ahi es donde entramos tu y yo, mañana iremos a ese lugar y encontraremos a los niños. Los salvaremos. Puedes quedarte la recompensa de Sara, yo no quiero dinero. Lo único que quiero de todo esto es ... - Fue en aquel momento cuando se quitó el colgante que portaba al cuello y se lo extendió hasta la mano con la que le pedía la katana antes de hablar. Ya que iban a colaborar juntos, quería sincerarse para que supiera el  porque hacia todo esto.

Aurald Kane

[Imagen: fsdfsdfsdfsfs.jpg]
- Mi hija desapareció antes que el hermano de Sara, desde entonces estoy buscándola. Llegué hasta aquí por el rumor de que los niños desaparecían, después os encontré a Sara a ti, y las pistas aparecieron delante de mi solo tuve que hacer mi trabajo. Hasta el momento no había tenido nada de nada de donde tirar, y ahora por fin, tengo algo, solo espero encontrarla, viva. -

Barald en aquel momento alzaría la cabeza de nuevo, volviendo a mirarla intentando no recordar su preocupación la que no le dejaba comer ni dormir, esperando a que Nyx le devolviera el colgante. De nuevo la pelirroja se acercaba demasiado invadiendo su espacio personal ¿tan cerca quería estar de el que lo hacía constantemente? podía ver la sonrisa controladora de su rostro desde tan de cerca, dispuesta a morderle el cuello en cualquier momento y de nuevo, aquel aroma peligroso volvió a mezclarse. Extendió su zurda para agarrarla de la barbilla con los dedos, sin ser brusco ni hacerla  ningún daño mientras ella todavía hablaba sin esperar a que terminara su discurso; la acerco hasta el, dejando 1 cm de distancia entre ambos y habló, muy cerca, tanto que casi podía rozarla. - No quieras jugar conmigo Nyxara, o puede que acabemos mal. Muy mal. No te conviene, puedo morderte en cualquier momento. - Barald no hacía caso de sus palabras si no de lo que le transmitía ella con sus movimientos y su manera de mirarlo. La avisaba verbalmente por última vez, no habría otro aviso. Quería jugar constantemente al tira y afloja, por su puesto, disfrutaba de ello, pero eso tenía sus consecuencias. Quedo par segundos en aquella posición hasta que soltó su barbilla y dejaría que de nuevo, la tensión quedara en el aire, durante unos segundos, aun tan cerca el uno del otro. Demasiados estímulos, demasiada tensión, iba a ser el último aviso, iba. Barald no se pudo contenerse más y la beso. Corto, intenso. Se veía atraido por las mujeres con caracter, fuertes, afiladas al igual que por su figura, no podía evitarlo. Tras eso, se separaría de sus labios. - No quiero despertar a Sara y tienes razón, mañana necesito estar al 100%. No te daré mi arma, si la quieres, intenta quitármela. - Y tras esas palabras, pasaría a su lado caminando para dirigirse a la planta baja ¿le detendría? ¿lo atravesaría por la espalda?

Cofre del tesoro



RE: [Priv. | Pasado] Los niños del mar - Nyxara Archeron - 21-07-2026


30 de Invierno, Año 16 ❥ Reino de Samba - Zona Humilde

Don't send me no angel, this city's too cold. 'Cause I need a man with a black heart of gold

─ ♚ ─

El movimiento de Nyx hacia la otra puerta del pasillo había sido su defensa para no terminar con ese pensamiento que abordaba lo que él podría significar en medio de ese “esto” que ella definió con anterioridad en las escaleras. Prefería concentrarse en la deficiencia de una segunda cama que Kane pudiese usar para descansar, y el hecho de que ella se negase a compartir ese minúsculo sofá al mismo tiempo que él, porque ya lo había dicho: no cometería el error de cerrar los ojos con un depredador en la casa. Cuando habló a su espalda, ella se cruzó de brazos bajo el pecho antes de volver en su dirección ¿el sueño le estaba afectando el pensamiento o acababa de decirle impaciente e impulsiva como si tuviese un fundamento?

La molestia creció en su interior, y ese gesto, ese sutil arqueo de ceja convertía su molestia gélida en una visual de majestuosidad orgullosa. En todas las situaciones a las que se veía enfrentada ella mantenía el control de lo que sucedía, no cedía terreno ni daba la razón y siempre encontraba la forma de solucionarlo ¿Por qué? Porque así era ella, esa era su naturaleza, difícil, compleja, filosa, asumiendo problemas y cosas que no le pertenecían pero que, sencillamente, no podía mirar hacia un lado y él, Barald Kane tenía la osadía de llamarla impaciente e impulsiva, como si fuese un calificativo que la definiera hasta los cimientos.

Si ella era impaciente e impulsiva…¿Qué quedaba para él que respondía a sus exigencias?

No dijo nada mientras la escolta hablaba de la información que ella le solicitó anteriormente, esos eran los hechos que necesitaba para saber a qué se enfrentarían por ayudar a otros niños y al hermano de Sara. Y, la sombra de una sonrisa casi se le escapa de los labios carmesí cuando añadió con total naturalidad que los bandidos que las habían atacado en la playa, no merecían vivir en el mismo mundo que él.

Y Nyx…
Nyx no se había equivocado cuando percibió esa calma letal que él cargaba consigo, esa que lograba hacer que el mundo contuviese el aliento en su presencia.

Espero que continuase, atenta.

“Error, Kane”

Ella no necesitaba cumplir un papel que él le estaba designando, creía que eso ya había quedado claro en la agradable conversación que sostuvieron en el primer piso ¿o necesitaba devolverle el golpe para recordárselo? Nyxara Archeron no iba a dejarlo pasar y mucho menos cuando la molestia se volvió viva al momento que Barald mencionó la recompensa de Sara ¿Realmente… él creía… que ella… iba a tomar… el dinero…? Dio un paso firme hacia él … ¿Realmente…él creía…que ella era…esa clase de escoria…que se aprovechaba de una niña? Los dedos de sus manos se enterraron con fuerza sobre su antebrazo donde se mantenian desde que se habia cruzado de brazos, que lo dioses lo libraran de…

Pero su contra ataque nunca llegó.

La Archeron no sabría definir si fue la acción que le pareció demasiado cercana, ese gesto sencillo donde extendía aquel collar que lo había visto sostener entre sus dedos cuando ella lo abordo por la espalda frente a la ventana, o fue esa mirada que reflejaba un dolor demasiado conocido aquello que aplacó su enfado de tormenta.

Quizás…fue una mezcla de ambos.

Tomo el collar con su mano izquierda, como si en ese gesto, quisiera responder con la contención silenciosa que las palabras no podrían entregar. Y sus ojos del color del mar se encontraron con otra niña que sonreía con esa alegría infinita que solo la inocencia de quien no ha sido tocada por la crudeza del mundo podría otorgar. Era una niña hermosa, una que poseía los mismos ojos de fuego y el cabello del color de la noche; el no necesitaba decirlo para que ella lo entendiese todo en ese preciso instante.

Su pecho amplio subió y bajo. Un solo gesto. Esa acción vieja y demasiado arraigada en ella en la que intentaba desesperadamente tomar aire para sobrevivir a la angustia que se apoderaba de su garganta mientras ella se mantenía en pie a base de carácter.

Ahí, entre sus manos que cargaban lo más preciado para Barald Kane.
Ahí, entre la perdida y la ausencia.

Pensó en Seren, su hermana que ya no estaba con ella y el duelo, ese dolor silencioso que sería algo con lo que viviría hasta su último aliento. Pensó en Aelira, su hermana a quien ni siquiera sabía por dónde comenzar a buscar. Pensó en Nesta, su madre, quien había depositado en ella la esperanza de salvar a la otra hija que le quedaba viva. Pensó en Cassian, su padre, quien no debía enterarse jamás de lo que ella había decidido sacrificar para encontrar a su hermana y para mantenerlos a ellos a salvo.

Pensó en él, en Barald Kane.

En la angustia, la perdida y el dolor que podría estar sintiendo al pensar que su hija podría estar allí.

Pensó en él, en Barald Kane.

En la acción necesaria de recolectar los pedazos que dejaban las escorias que la habían tomado para armar ese puzzle, esperando por encajar una pieza que no fuera fatal mientras debía aguantar apretando los dientes…

Pensó en él, en Barald Kane.

En esa mentira que era inevitable decirse a uno mismo. Esa que ella se decía todas las noches mientras se destruía a sí misma solo para sostenerse un poco más, aun sabiendo que era algo totalmente irracional pero que tozuda se aferraba con las uñas a ese sentimiento que anidaba en su pecho, ese que le diría que su hermana estaba viva, estaba bien.

Como si un sentimiento, una corazonada, fuera una certeza.

Pensó en él, en Barald Kane.

En cuantas veces se habría dicho a sí mismo: Está viva…está bien.

Comprendió la falta de descanso, comprendió el peso de la situación…pero, sobre todo, sintió su dolor como propio.  Solo allí, solo en ese momento volvió a mirarlo, y temió que la grieta que esa foto acababa de abrir en ella revelara demasiado fácil, demasiado evidente, el símil de su dolor mientras esa maldita sensación de sobreprotección que ella mantenía a ralla a base de carácter anidaba con fuerza propia en su pecho.

Volvió a inhalar, sosteniendo, por un momento más de lo necesario ese espacio que el aire luchaba por encontrar en ella.

Deseo arrancarle el dolor de la mirada, porque decirle que todo estaría bien sería hacer una promesa que no podría cumplir. Deseo arrancarle el dolor de la mirada y por ello, sostendría una paz armada con ese hombre, todo por salvar las vidas de aquellos niños…

Iba a entregarle el colgante y mandarlo a dormir, si, esa era la acción más sensata. Lo que cualquier mujer que acababa de escuchar que ese hombre estaba buscando a su hija por todo el south blue haría. Quizás, otras también hubiesen buscado consolarlo en el camino, pero ella…

Pero Nyx…

Ella no podía tolerar que el fuego de esa mirada…

Que Barald, quien se había encargado de mirarla directamente al rostro después de que ella le había dicho que le faltaban agallas para hacerlo…

Cuando le entregó el collar midiendo la presión de sus dedos como si sostuviera un recuerdo hecho de cristal, sus dedos se detuvieron apenas un instante sobre la palma de su mano, en ese roce deliberado, en ese credo silencioso de dos almas golpeadas por la pérdida, pero la piedad y el reconocimiento duraron un suspiro. Nyxara Archeron irguió la espalda y la herida de su hombro cruzó con una punzada por el centro de su espalda, aun así, no le importó, avanzó hacia él como el depredador que era. Fue por ello por lo que presionó y jugo para volver a colocarlo en su lugar mientras ella se posicionaba por encima de él con su forma de ser. No, no iba a darle tregua, e iba a arrancarle el dolor de esa mirada a base de desafío, orgullo y tensión, porque así era ella.

Si el buscaba un refugio tibio que acunara sus heridas con lágrimas compasivas se había equivocado de criatura. Ella no sabía compadecer, menos a un hombre como él…con quien acaba de entender como Barald Kane era capaz de tener sangre en sus manos y la verdad en sus ojos.

Además, necesitaba su katana.

Y ella realmente lo había hecho para mandarlo a dormir a ese sofá en el primer piso.
Y ella realmente no creyó que la escolta le respondiera.
Y lo vio extender sus dedos que se posicionaron en su rostro de líneas finas y pecas dispersas. Y el contacto contra su piel volvió a quemar. Y su cuerpo avanzó hacia el…


Sus labios volvieron a separarse con suavidad…

Para volver a saborear la tensión electrizante que se respiraba entre ambos.


Allí, en la osadía, las brasas que se habían transformado sus ojos volvían a encenderse ante ella. La angustia en su pecho desapareció ante la advertencia ¿Qué el mordía? Casi se le escapa una sonrisa.

“No, Kane”

Barald Kane no sabía lo que era morder porque ella no se había cruzado antes en su camino. El la soltó y ella estaba preparada para responder a esa maldita y seductora osadía…

Entonces la besó.

Y Nyx…
A Nyx  su cuerpo la traicionó.

Sintió como sus rodillas amenazaron con ceder ante la intensidad de ese beso ¿no había dicho ella que no cerraría los ojos si tenía a un depredador en la sala? Debía apartarlo, debía encararlo, debía…

Y por deber, Nyxara Archeron, había incendiado más de una cosa.

Ahí en medio de ese pasillo oscuro ella se quedó inmóvil cuando él se alejó. Intentando que su cuerpo dejara de traicionarla volviéndose oro líquido bajo la intensidad de su boca para ser nuevamente una sola entidad eficiente, pero…sencillamente ¿Cuánto tiempo había pasado desde que un hombre la había besado así? Inconsciente llevo sus dedos a sus labios en medio de esa oscuridad como si buscara retener el calor del cuerpo ajeno mientras veía la espalda de Barald Kane alejarse…

¿Cinco, seis años, tal vez? Había sucedido el año que Seren falleció y todo lo que ella era y conocía hasta ese momento, murió con su hermana.

El problema era el tiempo… había pasado tanto tiempo en que su cuerpo había sentido la calidez de otro que había olvidado por completo la sensación, y, si no la recordaba, no tenía por qué desearla.

No.
No lo había olvidado.
Ni esa sensación, ni el deseo que crepitaba inagotable en su interior.

Simplemente había guardado todo en ese cofre oxidado muy dentro de sí misma, colgándose la llave al cuello para asegurarse de que jamás volviese a encontrarse con un hombre capaz de hacerle frente, con las agallas suficientes para cometer la insensates de no retroceder ante ella, ante su personalidad fuerte, filosa, directa, detrás de su lengua de plata capaz de desafiarlo todo sin pestañar...

Y creía que lo había logrado…
Hasta que los niños del mar y su propia perdida decidieron ponerla en el camino de Barald Kane. Y él arrogante, atractivo e increíblemente irritante Barald Kane había decidido arrebatarle aquella llave que ella defendía con garras y colmillos…

La molestia creció en su interior y burbujeo hasta volverse ira, mientras era ese impulso el que la hacía caminar hacia él. Lo alcanzó en la escalera y antes de que diera otro paso más Nyx se colocó a su lado, afirmándolo de la gabardina oscura que llevaba lo estampó contra la pared en la que se sostenía la escalera. Cada curva de su cuerpo reconoció la firmeza del cuerpo contrario, no había espacio entre su vientre, no había brecha de aire entre su pecho generoso y el torso del espadachín, ya no había distancia, ya no había medio paso de “seguridad”, estaba vez, el calor del cuerpo de Nyx, lo invadía todo.

Estaba furiosa con él por besarla de esa forma, con esa osadía arrogante que había causado estragos en su interior, estaba furiosa con él por raptarla, estaba furiosa con él por asumir que ella jugaría el juego que él estaba marcando, estaba furiosa con él por decirle que era impulsiva, estaba furiosa con él por decirle que se quedara con el dinero de Sara, estaba furiosa con él por hacerle bajar sus defensas con la fotografía de su hija, estaba furiosa con él por lanzarle un nuevo desafío que le haría arrancarle la katana de las manos, solo para demostrarle que no iba a ceder terreno ante él, estaba furiosa con él por hacerle frente sin siquiera pestañar, estaba furiosa con él por recordarle que el deseo existía…pero sobre todo, estaba furiosa con él por hacerle desearlo desde que la violencia de esa calma impropia que el llevaba consigo, irrumpió en medio de la playa.


Desde que se dio cuenta que él, Barald Kane, no pensaba ceder ante ella.
Desde que se dio cuenta que ella, Nyxara Archeron, no pensaba ceder ante él.

El mar de sus ojos recorrió ese rostro varonil, esa mirada de fuego y el cansancio debajo de ella, la forma de su nariz, esos labios cargados de audacia que acababan de arrebatarle el aliento –  ¡Eres un…! – El insulto murió sin terminar, estrangulado en su propia garganta cuando el fuego le gano a la furia. Nyx no espero que Barald procesara su acción, estrello sus labios contra la boca del pirata. Sus dedos se clavaron en la tela del abrigo que el llevaba cuando lo atrajo hacia ella y su cuerpo se apretó contra el contrario, no le importó que en ese gesto ella sostuviera el peso de ambos al apegarlo contra la pared, no le importó que su nariz se embriagara con esas notas varoniles, no le importó inclinar su rostro hacia arriba a causa de la distancia física y, ciertamente, no le importó tirar de esa tela pesada para obligarlo a acotar la distancia de ella, empujándolo contra la madera de la escalera sin darle la oportunidad de erguirse ni retroceder; su boca se encargó de tomar cada espacio de la contraria con un hambre acumulada. En ese ritmo feroz que no pedía permiso, sino que reclamaba el territorio de la boca de Barald Kane como propio, los labios húmedos de Nyx se encargaron de recorrer y sellar cualquier brecha.

En medio de esa mezcla de respiraciones entrecortadas y fuego líquido que devoraba su aliento, hasta dejarlo sin otra arma más que su boca para defenderse.


Su pecho amplio subió y bajo mientras chocaba una y otra vez con el torso de la escolta en medio de ese beso. Para tratar de recuperar el aliento del fuego que ella acababa de verterle en la garganta, se separó apenas, succionando el labio inferior de Barald en el proceso – Necesito la katana para hacer la guardia, Kane – susurró, mirando directo al incendio que había en esos ojos, y se aseguró que su boca rozara la contraria a cada silaba que acababa de pronunciar. Podía percibir el calor de sus labios y el incendio que ella había impreso en los contrarios – Así que, juega al chico bueno y entrégamela – sonrió, con esa gracia devoradora y magnética; la visión cautivadora donde el rojo de sus labios, húmedos tras el beso, combinaba la belleza de la tentación con la promesa implícita de una ejecución, mientras su mano izquierda se deslizaba desde el cuello de su gabardina, rozaba su torso y descendía hasta la muñeca donde él sostenía el arma. Con una caricia calculada, se aseguró de colocar su mano sobre la contraria, alrededor del mango de la espada – Porque tú necesitas dormir –

Y porque ella no estaba segura como iba a terminar esa tensión que había entre ambos si el volvía a besarla.

Léeme



RE: [Priv. | Pasado] Los niños del mar - Barald Kane - 29-07-2026


Lo imaginó, la deseó y actuó, nada fue casualidad, ni algo que el destino tuviera preparado para ellos dos. Fruto de la tensión apareció la química; peligrosa y destructiva pero tan poderosa que podía cambiar los planes de cualquiera de esos dos. Eran de mundos dispares en cambio ellos eran muy iguales. Un criminal y una mujer de justicia, tenían caminos opuestos, objetivos diferentes y seguramente pensamientos dispares pero compartían algo en común, algo tan fuerte que les había llevado hasta este momento. Barald nunca fue un hombre impulsivo; nada ni nadie era quien para arrebatarle su control absoluto sobre si mismo pero ella le despertaba ese deseo que le había acabado dominando más aun que su voluntad. Notó con fuerza como Nyx le tiraba de la gabardina en su intento de alejarse y se dio cuenta de que ella también sentía lo mismo. Cuando su cuerpo fue estampado contra la pared vio que no estaba equivocado y que la tensión que manejaban ambos era real y mutua.

La luz tenue de la noche entraba por la ventana iluminando el pasillo, medio apagado, pero con la suficiente luz para que ambos se vieran perfectamente. Agachó la mirada para observarla a los ojos tal y como ella le había pedido anteriormente tal y como ella le había pedido, pensó  en abrir la boca, incluso en defenderse y tomar de nuevo el control de la situación, pero notó la calidez de su cuerpo ahora pegado al suyo y todo se detuvo para el. Observó algo diferente en sus pupilas, aunque de eso, ella no era consciente. Quien sabe si ella sería tan atenta pero si lograba ver un poco más allá de los ojos del azabache, podría darse cuenta de que a el le pasaba exactamente lo mismo.

Ahora, sin distancia ni seguridad sintió de nuevo la humedad de sus labios, juntándose de nuevo. Ella volvía de  nuevo a tener el control de la situación y algo explotó  dentro de el. Cerro los ojos y la correspondió con la misma pasión fundiéndose con ella por un momento, agarrándola del cuello sin apretarla; salvaje, pero con delicadeza al mismo tiempo. Deseaba tocarla, sentirla. Hacerla suya. La saboreó y sintió la electricidad recorrer todo su cuerpo, no todos los días sentía algo parecido y ese momento dejaría un aroma difícil de olvidar para el. Ella también se daría cuenta de eso, podía notarlo, el estaba muy excitado. Dejo que siguiera jugando con el por un momento sintiendo como ella se resistía a separarse de sus labios. Abrió los ojos de nuevo cuando sus labios dejaron de estar juntos, viendo como ella le provocaba de nuevo. Siguió su dedo indice con la mirada hasta que llego a posarse en su mano apoyada en su katana. Ella al igual que el, también tenía la necesidad de tocarle y el, volvió a sentir la electricidad recorriendo cada lugar de su cuerpo. Dispuesto a satisfacerla su mano subio ligeramente como para darle el arma, había decidido darse por ... no, eso no pasaría.

[Imagen: adadsadadasdas.jpg]
- Nunca fui un chico bueno, si quisiera jugar a eso ... ahora no estaríamos así. 

Su diestra pasó por encima de la mano de Nyx para tomarla, llevándola hacia arriba hasta colocarla detrás del hombro del azabache, pasandola por encima. Acortó la poca distancia que había entre ellos dando un paso hacia adelante y dejo pasar la ambas manos por detrás de su cintura, acercándola a el de nuevo. La volvió a besar, no podía evitarlo teniéndola tan cerca y en aquel espacio de intimidad que juntos habían creado. Separo sus labios de los suyos, deslizó las manos por su lumbar haciendo presión hasta el culo. La agarró fuerte y la levanto del suelo con ambas manos. Ahora sería el que se imponía de nuevo en este juego de dos, acomodándola sobre el, todavía próximo a las escaleras. Dejaba que el cuerpo de Nyx se pegara a el y pudiera sentir su calidez corporal. Por un momento, reprimió sus impulsos ahora teniendo tan de cerca de nuevo a Nyx, tocando con su nariz la contraria, mirándola fijamente. - Además tu no quieres jugar a ser una chica buena conmigo ¿por qué debería serlo yo? - Su mirada era picara, no escondía el deseo que tenía, tampoco su cuerpo, ni sus palabras. Y es que su necesidad de hacerla suya era incontrolable, era esa tormenta que esa mujer traía consigo la que le volvía loco. Así como había hecho ella antes, la volvió a besar, mordiéndola el labio. Sara todavía dormía en la habitación de al lado y la noche era para ellos dos, Barald estaba cansado ... pero no lo suficiente. - Vamos, deja de preocuparte por mi, parece que no fuera solo tu escolta. -  

Cofre del tesoro




RE: [Priv. | Pasado] Los niños del mar - Nyxara Archeron - 03-08-2026


30 de Invierno, Año 16 ❥ Reino de Samba - Zona Humilde

Don't give me no lover, if he ain't got the stones. 'Cause I need a man who will fight for his own

─ ♚ ─

Si Barald no cedía la katana en ese momento…

Nyx lo sabía…

Y estaba demasiado segura de que él también lo sabía…

Ellos…

¿No fue ella quien definió un “esto” entre la distancia que apenas se sostenía entre ambos? ¿Ese espacio que podría significar una tregua, una alianza o…un gran problema? Porque ella se había parado a la orilla del acantilado y él, Barald Kane, como el maldito rey de la muerte, había tenido el descaro de mirarla de regreso con el desafío por el frente.

¿Acaso no había leído todas las señales correctamente? Si, si lo había hecho.

Y él también lo había hecho.

Mientras sus labios se sostenían jadeantes en los contrarios y los dedos de una de sus manos se aferraban a la gabardina que lo obligaba a mantenerse a esa escasa distancia, espero que le entregase el arma. Percibió el movimiento de su mano donde reposaba la de ella, mientras Nyx intentaba, sin éxito, dejar de desear nuevamente sus labios. Mientras Nyx intentaba, sin éxito, tratar de obviar la huella que había dejado la mano de la escolta sobre su cuello y como ese gesto casi le hace suspirar por ansia. Mientras Nyx intentaba, sin éxito…

Fue esa sonrisa…

Esa maldita sonrisa que se posicionó en la boca de Barald Kane la que le hizo contener el aliento contra sus labios mientras sus ojos del color del mar, registraban cada detalle. Justo ahí, justo en esa expresión que acababa de hacerse un espacio propio en sus recuerdos, como todo lo que lo rodeaba a ese hombre, fue el punto exacto de no retorno para ella.

Y esa maldita labia cargada de seductora arrogancia…

Estaba decidida a arrancársela a besos.

Permitió que guiara su mano sobre su hombro, sabiendo que aquello era otra declaración de guerra entre ambos. Él no iba a ceder y ella…tampoco.

Volvió a acortar la distancia mientras ella no podía dejar de mirarlo, cuando las manos de él fueron sobre su cintura, Nyx registro el calor abrasador de ese gesto, la amplitud de esos dedos hábiles que le permitían manejar el acero con insultante habilidad y la fuerza del agarre sobre la tela de su blusa, encendiendo su piel. Fue la boca del pirata la que reclamo la suya esta vez y ella respondió con esa ansia de fuego que ya no podía, ni le interesaba seguir manteniendo a raya. Mientras la mano de ella, esa que él había posicionado sobre su hombro, iba directo hacia su nuca para reclamarlo contra su cuerpo, impidiendo que escapara del choque hambriento de sus labios, de su lengua tibia y húmeda que recorría cada espacio de su boca.

Mordió el labio inferior de Barald y su boca se deslizó hacia el cuello del pirata a penas los dedos hábiles del espadachín recorrieron la línea de su columna, y, cuando la tensión de sus dedos se hundió sin dudas sobre sus nalgas, ese pulso eléctrico le contrajo el vientre, y la recorrió como un latido caliente hasta la punta de los pies.

El mundo entero perdió el suelo bajo los pies de Nyx, en el instante que sus manos la levantaron como si el peso de su orgullo no fuera nada para él. Y el cuerpo de la escolta, esta vez acorralándola con esa precisión devastadora que no daba espacio para escapar, la hizo volver a contener el aliento. Sentir la masa muscular del cuerpo de Kane sosteniéndola en el aire y ella asegurándose, con malicia calculada, de presionar sus curvas exactamente sobre su excitación latente en ese agarre, logró arrancarle un jadeo ahogado a sus labios carmesí que tuvo que tragarse contra el cuello del pirata.

Se apretó aún más contra su torso mientras la mano que sostenía su gabardina iba hacia el cuello; el mar de sus ojos se encontró con el fuego de los contrarios cuando su nariz rozó la suya – Las chicas buenas se quedan en casa esperando milagros, Kane – susurró ella con ese tono de voz tomado por la tensión y el deseo, revelando en sus palabras, un poco más de sí misma ante él – Y tú y yo sabemos que yo no soy el tipo de criatura que rezaría ni por su propia alma –  El volvió a besarla y ella presionó con fuerza sus piernas contra las caderas contrarias aprisionándola contra ella, rozándolo constantemente contra ella. Las manos de Nyx se colaron con descaro bajo la tela pesada de esa gabardina, presionando las palmas contra la camiseta negra buscando el calor vivo que cubría la prenda, arrastrando el inicio del abrigo para abrirlo hasta la altura de los hombros del pirata.

Cuando él se separó de ella para asegurar, con esa tentadora confianza, que podría no ser solo su escolta, Nyx le sonrió con esa belleza que teñía el carmesí de sus labios.

Había una promesa devoradora en el mar de sus ojos.

El movimiento fue lento y totalmente premeditado. El taco de sus botas presionaron contra las nalgas del pirata, encargándose que el calor y la fricción de su propio sexo se presionaran contra el contrario. En ese movimiento, donde sus cuerpos se frotaban uno contra el otro sin tregua, ella se encargo de ascender pausadamente, asegurándose que la calidez de su vientre y el peso de su pecho amplio rozara contra la ropa del contrario para quedar impresos en su recuerdo. Fue su boca, la que descendió contra la piel ardiente de su garganta – Ya quisieras ser algo más que mi escolta, Kane – buscando, con el roce de sus labios el pulso acelerado de su cuello mientras sus dedos se enterraban en ese sedoso cabello azabache, tirando con la fuerza justa para no dejarlo retroceder.

Ahora, Barald Kane, estaba a su merced.

– Porque vas a necesitar mucho más que un agarre firme y un beso que me robe el aliento si pretendes doblegarme – Su boca se apodero de la piel de su cuello, devorándola con esos besos lentos como si quisiera saborear cada espacio libre. Su nariz volvió a embriagarse de esas notas masculinas, acariciando con la punta el recorrido contra su piel, y al llegar al punto exacto donde su sangre latía, succionó.

Luego, delineó con la punta de su lengua la línea de su mandíbula.

– Y ya que estas decidido a no dormir – Esta vez, fue su lengua tibia la que ascendió hasta el lóbulo de su oreja. Atrapando el cartílago suavemente entre sus labios, sopló su aliento tibio sin piedad ¿le causaría un escalofrió? Estaba por descubrirlo – ¿Cuándo empiezas a morder, Barald? – jugueteó con sus palabras anteriores soltando su cabello y saboreo cada letra de su nombre en su boca. Esta vez su mirada fue hacia el frente y se posó sobre sus ojos, donde el fuego que ambos habían iniciado ya era una tormenta sin control – Porque quiero que me folles tan duro que hagas que se me olvide el maldito nombre –

La boca de Nyx volvió a devorar la contraria sin pedir permiso, no pensaba darle un segundo extra para procesar. Si Barald Kane quería salir victorioso de ese encuentro, tendría que dejar de lado todo el control ¿no la había llamado impulsiva? Estaba equivocado. Ella no era impulsiva, solo era fuego y tormenta y ese hombre, había cometido la insensates de pararse de frente.

Y el roce de sus cuerpos a través de las telas de sus ropas era el recuerdo constante, el destino inevitable, la similitud de dos almas que habían creado una intimidad tan salvaje que, si ella no tuviese las piernas firmemente enredadas alrededor de sus caderas, no lo creería. Su boca se encargó de tomar cada espacio de la contraria con esa sed inagotable, mientras sus manos se deslizaban desde su cuello hacia la amplitud de su espalda. Sus uñas se clavaron contra la musculatura del espadachín, lentamente, las yemas de sus dedos buscando los relieves de esa espalda curtida por el entrenamiento, esta vez era ella quien buscaba grabar cada línea de esa espalda bajo sus manos.

Y la firmeza con la que las manos de Kane la sujetaban y moldeaban desde los glúteos, para presionarse mas contra su calor, hizo que Nyx arqueara la espalda. Jadeando volvió a separarse de él con ese mordisco lento, castigador y totalmente hambriento.

Ella solo era fuego y tormenta.

Y iba a consumirlo entero antes de que amaneciera.

Léeme