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RE: [Presente absoluto] La isla de los gigantes - Nadja Alexeyeva - 17-12-2023 Enma no tardó en comenzar a caminar, siguiéndole el ritmo a la rubia que empezaba a cambiar poco a poco de forma. Sus piernas se transformaron en patas, sus uñas en garras, de la piel empezó a crecerle un suave pelaje color canela, con tonos dorados que relucían al reflejar el sol. Su nariz se transformó en un pequeño hocico, aunque sin modificar la morfología de su mandíbula. Las orejas se afilaron ligeramente y creció también unos cuantos centímetros de altura. Aunque lo más curioso y llamativo de su forma híbrida eran las nueve colas que surgieron del final de su espalda.
Resultaba bastante más cómodo hacerse paso por la selva con aquellas zarpas de animal, sin embargo procuraba no ir demasiado rápido para no dejar atrás a Enma. De su boca salió una risilla cuando escuchó su ocurrencia, con aquel extraño y único sonido que hacía. — Qué cosas dises, ¡no voy a lansarrte a un gigante! — Estaba contenta, o al menos lo parecía desde fuera. — Si vemos a uno intentarremos esconderrnos prrimerro, antes que pelearr con él. — La verdad es que era la mejor opción. — Aunque si no nos queda más rremedio... lo podemos barrajarr. — Bromeó. En su mente continuaba contando los minutos. Cincuenta y un minutos. Según sus cálculos, en nada estarían ya en la cascada, de hecho, si te concentrabas y afinabas el oído, ya se podía escuchar la caída del agua a apenas unos cincuenta metros aproximadamente. La verdad es que cierta parte de Nadja estaba contenta con tener que pasar tiempo con Enma, no le conocía demasiado bien todavía y esa podría ser una buena oportunidad para hablar y pillar más confianza. Había demostrado ser un chico con una gran sensibilidad, y parecía que a Caoba le gustaba, así que... si iba a acabar formando parte de la familia, tendría que conocerle mejor.
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RE: [Presente absoluto] La isla de los gigantes - Enma - 18-12-2023 La apariencia de Nadja fue haciéndose más majestuosa a medida que caminaban, hasta finalmente convertirse en aquella bestia mitológica que era. En situaciones como en las que se encontraban ahora, era bastante útil contar con una habilidad como esa, que le permitía rastrear más fácilmente los objetivos que perseguía. Al ir unos pasos por delante de Enma, su fuerza también allanaba el camino para el pelirrojo y también le facilitaba el cruzar por caminos frondosos, pues en varias ocasiones el roce con arbustos o árboles debilitaba su forma y corporalidad. Aunque después de haber pasado un mes en aquel lugar, iba cogiendo el truco a estas transformaciones tan inesperadas. Mientras no hiciese nada que requiriese un esfuerzo físico, su cuerpo no se desharía en hollín. Así que, más o menos, todo estaba controlado. Con todo, y pese a haber perdido el control sobre su poder, todavía permanecía los atributos físicos que siempre le caracterizaron, como su oído. A lo lejos, el ruido de la cascada se iba haciendo más fuerte. Estaban llegando y, aparentemente, sin ningún problema...
A Nadja pareció hacerle gracia la ocurrencia de Enma, pero él no estaba bromeando en absoluto y tampoco era capaz de entender cuestiones como la ironía o el sarcasmo, así que insistió. - Lo digo... en serio... - Se reafirmó en sus palabras. - De hecho, puedo hacer... que parezca un truco... de magia... - Llamó la atención de Nadja con unas palabras. Se rascó la nariz un par de segundos y, tras el estornudo, todo su cuerpo se desvaneció en hollín. El estornudo es un mecanismo del cuerpo para expulsar las impurezas y parecía ser que la contracción que se daba en el torso del pelirrojo, provocaba que dicho mecanismo se tradujese en una completa desaparición. Quizá también como consecuencia del poder innato de su fruta que, pese a no poder controlarlo, no desaparece. - ¿Ves...? - Murmuraba mientras poco a poco se recomponía y su figura se iba haciendo más alta. - Esto... es lo único que... he... podido conseguir en este... mes... - Suspiró. Decidió no continuar con el tema, pues tampoco quería agobiar a Nadja con sus pensamientos tan lúgubres. No era el momento de hacerlo. Y, de pronto, a lo lejos tuvo lugar un estruendo atronador. Como si algo se desplomase, aunque también cabía la posibilidad de que algún gigante se estuviese acercando. El sonido era cada vez más fuerte, por lo que todo apuntaba a que tanto Enma como Nadja se estaban acercando a él o... ¿quizá era el sonido quien se acercaba? - Na... Nadja... ¿Escuchas... - Sus palabras se vieron cortadas. De repente, lo que parecía un animal apareció rodando a gran velocidad por el lado derecha de Enma, destrozando los árboles en su camino por la fuerza con la que estaba siendo lanzado. ¿Pero quién habría empleado tal fuerza para lanzar un animal lejos? ¿No sería el objetivo cazarlo? Enma no estaba en condiciones de pensar en una estrategia, así que instó a Nadja a separarse del camino que aquel animal había creado y continuar caminando por debajo de la arboleda, para que sus siluetas quedasen diluidas bajo la frondosidad del bosque. Estaban cerca de su objetivo, de la cascada, y no podían ser descubiertos. - ¿Qué... qué ha sido... eso? - Se preguntó, completamente aturdido y sorprendido. RE: [Presente absoluto] La isla de los gigantes - Kovashi Shimatsu - 20-12-2023 Kovashi se agarraba a la palmera con uñas y dientes. Estaban en otro nivel aquellos seres, solo con respirar, perecía cualquiera a su paso, escapaba a cualquier sentido posible. - Si tan solo tuviera todas mis fuerzas ... - No dejaba de pensar eso y era normal, Kovashi actuaba por fuerza de voluntad más que por energías, no las tenía, las inventaba. Tenía el den den mushi asomando por su pantalón. Escuchó las palabras de Panda y queriendo parecer seguro, gritó. — ¡Sí! — Se formaron dos cubos de aire en los pies del espadachín y estos le ayudaron a propulsarse hacia los gigantes. Inclinó su cuerpo en pleno vuelo para que esto pudiera darse. La diferencia entre los cubos de aire y los de cualquier otro elemento es que estos estaban en cualquier lugar, eso facilitaba mucho el uso de los mismos. En plena caída, comenzó a notar que quizás le faltaba velocidad.
Intentó crear más cubos de aire con el afán de conseguir más y más velocidad, pero la habilidad intentaba funcionar, sin conseguirlo. -Mierda ... — Aún y así cruzó sus katanas preparándose para cortar, al pasar, la cuerda que tenía el gigante afectado por Panda. De esta manera caerían las piezas al suelo y tan solo tendrían que tomar una y salir cagando leches. O en su defecto, meterse bajo tierra. Luar, lejos de ser tan idiota como parecía, se daría la vuelta, contemplando el cuerpo de Kovashi caer. Era tan pequeño para él, pero bien sabía que los humanos solían ser la especie que más problemas les daban. Ya fuera por la marina y lo que representaban, como los shichibukai, yonkos y etc, muchos hombres y mujeres humanos a tener en cuenta. No se fiaban ni un pelo. — ¡CAOS! — Gritó Luar, levantando su arma buscando golpear en pleno aire a Kovashi. El cuerpo del Shimatsu se encorvó, quitando la pose aerodinámica y adaptando una más defensiva. ¿Estaba a punto de morir? ¿por qué enfrentar a los gigantes si podían sobrevivir comiendo insectos o cualquier mierda? — ¡Que te follen, monstruo! — La madera de la bestial arma, golpeó de lleno a Kovashi. Nuestro protagonista, que cruzó sus brazos intentando evitar el impacto, fue golpeado con firmeza, enviando su cuerpo a volar unos cincuenta metros. En el camino incluso chocaría con algunas de las ya no tan temibles avispas. Su cuerpo fue arrastrándose por el terreno, quedando completamente tirado entre los escombros, aunque con sus katanas en mano. Las cual, soltó por un momento. La sangre empezó a brotar del cuerpo de Kovashi, quién podría estar, fácilmente, al borde de la muerte.
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RE: [Presente absoluto] La isla de los gigantes - Max D. Bambú - 21-12-2023 Las indicaciones fueron dadas y Kovashi confirmó la recepcionista de las mismas con un entusiasmo inusual al que el Panda no prestó la merecida atención. Don Bambú estaba sencillamente expectante, esperando que su trampa funcionase. Caos dio un paso hacia delante, tal como anticipó el panda, y su destino quedó sellado cuando su pie se hundió en el suelo como si acabase de destapar un agujero oculto. Caos perdió el equilibrio al instante, pero no cayó. Un par de zarpas se agarraron a su tobillo y trataron de evitar que pudiera levantarse. Caos no tenía un buen punto de apoyo y se tambaleaba tratando de no caer al mismo tiempo que buscaba una manera de salir de ahí. Luar se disponía a ayudarle. Un estruendo, sin embargo, pareció retener a los gigantes. Don Bambú no podía ver la superficie desde su posición, pero algo debía de estar ocurriendo. Escuchó un sonido de impacto atronador y el grito del gigante, que llamaba a su compañero. —¡Una trampa! ¿qué era, Luar? Ha tirado toda nuestra comida. —Don Bambú supo entonces que Kovashi había llegado a las presas, pero le preocupaba el golpe que había escuchado. ¿Había sufrido su amigo el ataque de un gigante? No podía salir sin más a comprobarlo, porque eso sería su sentencia de muerte, pero como mínimo tenía que recoger aquello a por lo que habían venido.
Discretamente, el panda sacó la cabeza del subsuelo y localizó un animal grande a su lado. Debía de ser un ciervo, uno de tres metros. Rápidamente echó su zarpa al animal y lo arrastró consigo bajo tierra. Pesaba un quintal, pero podía con él. Con el estruendo de antes, los gigantes ni se dieron cuenta de que faltaba una presa. —Vámonos, solo era un bicho —Oyó el panda ya a una distancia de 10 metros de los gigantes, aunque no supo quién lo dijo. Estaba yendo en dirección al refugio que tenían, pero hizo una parada cuando se dio cuenta de que los gigantes ya no estaban. Agarró el den den y llamó a Kovashi —¿¡Oye qué demonios ha sido eso?! ¿¡Estás bien!? —Don sacó su cabeza del suelo y miró a su alrededor. A parte de avispas ya no había rastro de nada más. Salió de la tierra y empezó a buscar a su compañero por la zona, llamándolo por el den den mushi.
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RE: [Presente absoluto] La isla de los gigantes - Nadja Alexeyeva - 21-12-2023 Enma era un chico curioso, siempre hablaba con el mismo tono de voz y siempre parecía estar desanimado con esa cara tan larga. Sin embargo, también tenía un sentido del humor muy especial, muy único. Mencionó algo de un truco de magia, así que Nadja giró su rostro para mirarle, con cierta curiosidad. Con un estornudo, consiguió desvanecer todo su cuerpo durante unos instantes, convirtiéndose en hollín. — ¡Aaah! — La rubia no se lo esperaba así que gritó un poco de la sorpresa, luego comenzó a reír por su estúpida reacción. La verdad es que era un buen avance, al menos había conseguido encontrar una manera de transformar todo su cuerpo a la vez, de forma voluntaria. Aunque él, con ese tono desanimado, volvió a hacerse de menos. — ¡Es culpa de las putas avispas, no tuya! — Comentó de forma que parecía estar enfadada, aunque no era así para nada. — Tienes un poderr incrreíble, ya verrrás cuando dejemos esta isla de mierrrda. Tienes que mirrarrrlo con positividad, ahorra estás trrabajando a un... veinte porrsiento de tus posibilidades, pues si aún así erres capas de contrrolarrlo, imagínate todo lo que mejorrarrrás cuando puedas usarr tu poderr al sien por sien. — Era curioso, porque Nadja no es que fuera una mujer especialmente positiva, pero si se juntaba con alguien que estaba de bajón o que parecía ser más negativo, ella enseguida ocupada el rol contrario, para equiparar esa balanza imaginaria. Además, le apetecía animar a su camarada, no le gustaba que las personas de su alrededor se infravalorasen.
Pero un estruendo que parecía cada vez más cercano les paralizó por un momento. Enma intentó hablar, Nadja le hizo un gesto para que se callase, colocándose el índice sobre los labios. Sí, era bastante probable que se tratase de un gigante... se quedaron quietos, expectantes, hasta que un animal apareció cerca de ambos, había sido lanzado con una fuerza tremenda hacia ellos, derribando todo lo que encontraba a su paso. ¿Por qué nadie haría algo así? La sorpresa la dejó un poco aturdida, reaccionó al ver las indicaciones de Enma para que se separase del camino, para comenzar a caminar por debajo de la arboleda. — Un gigante, segurrro... ¿perro porrqué jugarr con la comida así? — Susurró, respondiendo a su compañero. — Es igual, vamos a porr el agua rrápido. — Tras caminar unos pocos metros más, finalmente llegaron su objetivo. Era una gran cascada, con una altura de unos diez metros y chocaba contra un rebosante lago, también de buenas dimensiones. — Aprrovecha y date un baño, nos limpiamos toda esta puta rroña, yo voy a llenarr las botellas. — Empezó a meterse en el agua, procurando ser lo más sigilosa posible. El gran ruido que provocaba la cascada jugaba a su favor, pues enmascaraba su presencia aún más. En su cinturón llevaba un par de cantimploras, no eran muy grandes pero aprovechándolas bien les duraban unos pocos días. El lago era profundo, a pesar de su aumento de estatura al encontrarse en forma híbrida, no hacía pie, así que tuvo que nadar para acercarse a la caída del agua. Se apoyó en unas cuantas rocas y comenzó a llenar una de ellas, con el brazo en alto para que entrase más fácilmente. "Menos mal que es agua dulse", pensó, si hubiese sido agua de mar enseguida habría caído del cansancio. A pesar del idílico paisaje, no dejaban de escucharse grandes ruidos de fondo que la inquietaban. Al final no podrían relajarse tanto como ella esperaba y ansiaba... aunque una parte de su ser también deseaba algo de acción, después de tantos días de mantener un perfil bajo, tenía ganas de pelear un poco, de sudar no solo por el calor asqueroso, sino por la adrenalina. Nadja empezó a moderse la lengua, el nerviosismo y la expectación causaba era reacción en ella.
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RE: [Presente absoluto] La isla de los gigantes - Enma - 24-12-2023 Aquella isla era una tortura, y eso era algo que ninguno de los allí presentes podía negar. Quizá esta percepción se haya visto enormemente afectada por el ataque del enjambre, pues si no se diese dicha situación, Enma tenía claro que algunos se lo hubieran pasado muy bien rodeados de gigantes hostiles y agresivos. No hace falta decir nombres, pues Kovashi sería el primer nombre que cualquier persona pronunciaría. No había duda. Pero, en contextos así, había que saber aprovechar los buenos momentos y consejos y las oportunidades que a veces se ponían por delante. Por naturaleza, el pelirrojo no era la persona más optimista del mundo, pero tampoco podemos negar que las circunstancias que ha ido encadenando hasta este momento no eran las mejores. Sin embargo, estos pequeños momentos con Nadja, a quien ya consideraba como parte de su familia, hacían que su ánimo saliese a flote, aunque sólo fuese para asomar la cabeza. Y es que tenía razón. Ahora Enma se encontraba a un veinte por ciento de sus posibilidades y, a pesar de ello, había sido capaz de desarrollar una forma para poder controlar la intangibilidad inconsciente de su cuerpo. - Tiene... razón... - No pudo más que asentir. - No lo había pensado así... - Pensó para sí mismo, sin pronunciar ninguna palabra. Aunque no hubiese encontrado una 'cura' o un 'remedio' que redujese los efectos del veneno de las avispas, había pensado en alternativas para poder mejorar los síntomas secundarios como la fiebre o el cansancio. Sus conocimientos habían servido de algo. Pero él se exigía demasiado, y cuando conseguía algún avance rápidamente buscaba un segundo objetivo. Y, a veces, abordar muchas cosas hace que no nos centremos en ninguna de ellas. Es por esto por lo que Enma se centró en sólo una: controlar su cuerpo. Y las palabras de Nadja le habían hecho ver esto de forma mucho más clara. Se las grabaría con fuego y serán un gran impulso para estos últimos -y agoniosos- momentos en esta isla.
Pero los gigantes no daban tregua. El grupo no podía estar tranquilo ni siquiera un par de segundos, pues eran seres con comportamientos muy abruptos y, de un momento a otro, rompían en cólera con cualquier nimiedad. Ahora mismo, Enma y Nadja eran ejemplo de esta faceta. Después de que aquel animal cruzase velozmente por su lado, como si de un misil se tratase, ambos tuvieron que hablar con señas y andar con sigilo para no revelar su ubicación, haciendo uso de la frondosidad del bosque y de las sombras de los árboles que los rodeaban. Afortunadamente, tenían sitio para esconderse. Continuaron caminando, sin prisa y con calma, hasta finalmente llegar a la cascada. - Por fin... - Murmuró en un tono de voz más débil de lo normal. Se puso de rodillas y metió la cabeza en el agua, manteniéndola sumergida un par de segundos, para después sacudirla de un lado a otro, dejando caer varias gotas de agua a su alrededor. - Esto viene... genial... de vez en cuando... - Seguía murmurando en un tono bajo. - ¿Dónde... dónde nos reuniremos... con ellos? - Miró directamente a Nadja, esperando que le diese algún tipo de orden. No muy lejos de la zona en la que estaban, comenzaron a escucharse estruendos y sonidos bastante fuertes como hacía escasos minutos. ¿Era otro gigante? Todo apuntaba a que sí. Enma se levantó y alzó la mirada al cielo, por encima de los árboles, procurando ver algún tipo de ser sobre ellos. Intentó crear algún pájaro para que le ayudase en esta tarea, pero fue imposible. Tras un par de segundos observando, la silueta se volvía clara... A poco más de cincuenta metros, un gigante se mantenía inmóvil dando vueltas sobre sí mismo, como si estuviese buscando algo a sus alrededores. - Nadja... ¿Sabrán... que estamos aquí...? - Enma estaba comenzando a preocuparse. Y, sin comerlo ni beberlo, aquel gigante agarró el hacha con fuerza y dio un brinco en dirección a la cascada, acortando en diez metros la distancia con nuestros protagonistas. Si habían sido vistos o no... sólo el destino lo decidiría. - ¿DÓNDE ESTÁIS, MALNACIDOS? DEJAD DE ROBAR Y DESPERDICIAR MI COMIDA. - Las palabras y gritos de aquel gigante resonaron con fuerza en todo el hábitat, produciendo una serie de ondas que movieron de forma brusca y salvaje las copas de los árboles. - ¿Qué dice...? - Una especie de escalofrío comenzó a recorrer su cuerpo. - ¿Estará... buscando a los gigantes... que siempre... vemos? - Estaba pensando en aquellos de los que Kovashi siempre hablaba. ¿Cómo se llamaban? - Irán... ¿Irán a pelear...? - Podría ser factible. Quizá los gigantes fuesen a comenzar su propia guerra civil.
Gigante
RE: [Presente absoluto] La isla de los gigantes - Kovashi Shimatsu - 27-12-2023 El cuerpo de Kovashi yacía tirado en el suelo, bajo escombros, hojas gigantescas de las palmeras que reventó y partes de las avispas que golpeó por el camino. No sabría explicar muy bien como, pero Kovashi se daría la vuelta, abriéndose de brazos, mirando al cielo. Tenía el brazo derecho completamente reventado, no sentía sus piernas, tan solo podía mover ligeramente la mano de la otra extremidad y escupir sangre lentamente cuando abría la boca.
Sintió temor. El miedo que atrapa a uno cuando ve la muerte llegar. -¿Es el final? - ¿cuántas veces se había hecho esa pregunta en la última semana? muchas veces. Demasiadas. Las avispas le atormentaban de día, los gigantes de noche, el hambre a todas horas. Unas eran más fáciles de paliar que las demás, sin embargo ... Aquel día, ese momento ... Realmente ya no podía moverse. Sus ojos se quebraban, borrándose la imagen a lo lejos. Eran hojas cayendo. Insectos volando. Nubes formándose. Por lo menos lo parecía. Un pequeño cubo se formó sobre su cuerpo, pero desapareció casi al instante. Estaba desfalleciendo, perdiendo el conocimiento, sin duda, ese era el final ... Entonces una vibración apareció para traerlo al mundo de los vivos. Abrió los ojos de par en par. Era el Den Den Mushi. Intentó revolverse en la tierra para ver si se descolgaba solo, si la buena suerte le acompañaba, aunque fuera en un breve momento. No fue así. El den den mushi dejó de sonar. Si eso era el Grand Line, no estaba preparado.
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RE: [Presente absoluto] La isla de los gigantes - Max D. Bambú - 28-12-2023 Sus constantes llamadas al den den de su compañero no tenían efecto. No contestaba a ninguna de las llamadas, pero esto no quería decir que estuviera todo perdido. Don Bambú era inteligente, eso no se lo había podido negar nadie hasta el momento. Trepó a toda velocidad por uno de los pocos árboles que quedaban en pie tras el paso de los gigantes por la zona y oteó el lugar donde hasta hace unos instantes habían estado. Ya no había rastro de ellos, pero eso no importaba. Visualizó sus dos figuras erguidas, hablando con su tosco léxico, encaradas hacia el este de la isla. ¿Por dónde atacaría Kovashi? Dios sabe que buscaría la espalda de cualquiera de ellos, no era ningún secreto que el peliblanco hacía gala constante del arte de los bellacos y taimados. Sin duda Kovashi atacaría por la espalda, viniendo tal vez del oeste de la isla. La única incógnica, tal vez la más importante de todas, era cómo había sido el supuesto golpe que le habían propinado. —No hay respuesta clara a mis conjeturas, pero creo que si investigo el área al oeste del lugar puedo encontrármelo. —Se dijo a sí mismo. Era un hábito del que no se enorgullecía, hablar consigo mismo cuando pensaba. Don Bambú saltó del árbol y corrió hacia el oeste del lugar de encuentro de los gigantes. El área estaba tan devastada como el resto de alrededores del lugar, pero según se alejaba la maleza volvía a estar más y más presente. Encontrarlo debajo de tanta planta sería muy difícil, pero tuvo otra brillante idea. Sacó de nuevo su den den mushi y empezó a llamar a su compañero. No para que contestase, sino para escucharse a sí mismo hablándole. —Kovashi, estoy cerca, creo. Quédate donde estés. —No se escuchaba a sí mismo donde estaba. Probó un poco más lejos. —Les birlé un animal bien grande, vamos a cenar como reyes esta noche. —Le informó. Creyó escuchar su voz en la distancia, pero era su cabeza que le jugaba una mala pasada. Con el corazón en un puño se alejó un poco más del lugar. ¿Con qué fuerza golpeaban esos monstruos? —Venga, le contaremos a Nadja que el que te hizo esto terminó peor que tú, verás qué bien quedas. —Esta vez sí que escuchó su propia voz. Reproducida a través de un caracol de esos le parecía más nasal de lo que pensaba. Escucharse a uno mismo nunca es agradable.
Avanzó en dirección a su voz a toda prisa y tras las ramas de un árbol entrometido allí estaba. Su amigo estaba hecho polvo. —Te precipitaste camarada. —Le informó. El estado de Kovashi parecía grave, pero no podía evaluarlo con precisión y prefería que así fuera. Tenía que mantener la entereza. Esta vez configuró el den den mushi para contactar con Enma. —Necesitamos ayuda en base. Kovashi está herido. —Y colgó. Se guardó el caracol en el bolsillo y levantó con cuidado a su camarada del suelo, colgándoselo del hombro. —Esta vez te llevo yo. Otro día te toca a ti. —Bromeó sin reírse. No sabía muy bien qué decir. Una vez aseguró a Kovashi en su hombro, empezó a correr todo lo rápido que podía hacia las enormes calaveras donde tenían su guarida. No supo cuánto tardó, aunque le pareció eterno. Al llegar no había rastro ni de Enma ni de Nadja, pero seguramente llegarían pronto. Se acercó a la cueva en la que habían dormido los últimos días e hizo una entrada nueva para dejar a Kovashi dentro, sobre las mantas que usaba para dormir. No solía hacer esto, pero buscó en las pertenencias del samurai su petaca y la sacó. Tenía todavía un poco de líquido dentro, probablemente el zumo de las bayas que tanto le gustaba beber. Apestaba a alcohol, pero no era para él. —Venga, bebe. —Le levantó la cabeza y le puso la petaca en la boca. Si no le curaba al menos apagaría su dolor un poco.
Resumen
Otros datos
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