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RE: [Pasado] - El mundo está borracho - Maeve Knox - 18-02-2024 OST PARA LA ESCENA —Esa contraseña es un atentado contra el buen gusto —le respondí—, imagino que deben usar una cosa así porque "patatas asadas" es algo que la gente podría pedir de verdad. Eso no lo hace menos ridículo, es normal que tu mente lo haya olvidado.
El hombre no dejó nada de su cerveza, que para esto la había pagado. Bueno, en realidad no habíamos pagado. Ya haríamos cuentas después, si es que se acordaban allí. Si no, mis labios serían una tumba.
—¿La verdad? Me la suda ese tipo. Aunque si le hundieses el tabique, seguramente le harías un favor: sería menos difícil mirarlo. Entonces, Kisuke se encendió un nuevo cigarro. De lo poco que había visto de él, quienes vendían tabaco no se iban a arruinar, desde luego. Alguna vez que otra había probado a fumar. Sin tener en cuenta las toses de las primeras caladas en las primeras ocasiones, no me había disgustado, pero no era un hábito que mantuviese. No me apetecía engancharme y gastarme el dinero en eso o, en el mejor de los casos, robárselo a alguien. —Por aquí —nos señaló Brenda cuando llegó a nuestra altura. Su ropa ajustada y sin mangas mostraba unos brazos tan definidos que casi se podría estudiar anatomía en ellos. La seguimos, claro. No hacerlo a esas alturas era un tanto estúpido. Poco a poco, fuimos dejando atrás el jolgorio del salón de El Cascarón y nos adentramos en un pasillo solitario, igual de sucio, muy poco iluminado. Las grandes velas de la pared, dentro de unos farolillos deslucidos, alargaban nuestras sombras, tan separadas se encontraban entre sí las fuentes de iluminación. Titilaban. Las maderas del suelo crujían bajo nuestros pasos. Pronto, estos fueron lo único que se escuchaba. Desde fuera, nunca habría pensado que aquel lugar pudiese contar con un corredor tan largo. Tal vez conectase con otro edificio. Brenda continuaba liderando la marcha de tres —pues el sucio camarero se había quedado en su puesto—, con pasos firmes. De espaldas, era fácil confundirla con un hombre. Estaba segura de que esas manos meterían unas buenas hostias. Entonces, al llegar al final del pasillo, se detuvo. Este se abría hacia la derecha y hacia la izquierda, pero ella agarró un candelabro del centro y tiró de él. De inmediato, se escucharon los engranajes de algún tipo de mecanismo y los tablones de la pared comenzaron a ceder, abriéndose hacia dentro en bloque, haciendo las veces de puerta.
Fruncí el ceño. Sí que se tomaban en serio la seguridad del mercado negro. Desde luego, así era fácil despistar a los guardias de la zona. A aquellos que quisieran hacer su trabajo, claro, y no formasen parte de la red de tráfico de armas a cambio de una buena suma.
La musculosa mujer volvió a tomar la iniciativa. Nosotros, detrás de ella.
Cuando cruzamos el umbral, la extraña puerta se cerró a nuestras espaldas. Ahí dentro, un nuevo pasillo. Si la iluminación era pobre en el anterior, en este era casi inexistente.
Sentí un escalofrío.
Esto no me gusta.
Aunque apenas tuve tiempo de pensar sobre el ramalazo de aparente intuición, porque enseguida cruzamos otra puerta y, esta vez sí, llegamos a una sala alumbrada con multitud de velas. Grandes espacios ocupaban las paredes donde se podía ver una vasta colección de armas de diferentes tipos.
En el centro, una mesa cuadrada llena de objetos variados. Tres personas se sentaban a su alrededor, en sus respectivas banquetas. Dos hombres y una mujer. Uno de los tipos sonrió.
Miré a Kisuke.
—Vienen por el negocio —anunció Brenda, que también curvó los labios hacia arriba. Y su sonrisa pareció deslumbrar la estancia.
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RE: [Pasado] - El mundo está borracho - Kisuke Kageyama - 18-02-2024 Emprendieron el camino a través de un lóbrego pasillo siguiendo a Brenda, que tenía unas espaldas más anchas que las del propio Kisuke, aunque tampoco era de extrañar, ya que para sostener bien el peso del enorme busto que portaba, necesitaba una buena musculatura en su espalda; tenía los trapecios tan marcados que parecía que no se había quitado la percha de la camisa al ponérsela, y sus brazos estaban tan tonificados y potenciados que el pescador estaba seguro que podría partir nueces con la doblez del codo.
"Mira que yo ando fuertecito, pero esta tipa lo mismo me pone la nariz para olerme la espalda de un guantazo." El pasillo estrecho, descuidado y sucio, para no desentonar con el resto de la taberna, estaba débilmente iluminado por velas en candelabros asentados en las paredes. A pesar de que se sentía con confianza, incrementada por la ingesta de casi un litro de cerveza durante su conversación con Maeve, la situación estaba poniéndolo algo tenso, no en vano, se reunirían con gente del bajo mundo, el mercado negro, gente acostumbrada a los problemas, ya sea a lidiar con ellos o a causarlos. Así que no estaba de más ir con pies de plomo. "Estaré atento. Parece que Maeve confía mucho en sus habilidades, pero no hay que descuidarse con gente que se dedica al trapicheo." Ciertamente el pasillo era muy largo, así que Kisuke intuía que estarían bajo tierra, puesto que no recordaba ninguna construcción tan alargada, lo cual no era algo bueno. "Si nos tocase salir por patas lo tendríamos jodido, no hay manera de salir de aquí más que por este pasillo." Kiuske notó como la joven albina se tensaba cuando la tabernera musculosa accionaba la puerta secreta. Estaba claro que tenían muchísimas medidas de seguridad, seguramente con la ayuda de funcionarios corruptos y demás gente sin escrúpulos, pero podía entender la ligera inquietud que percibió en Maeve. "Bueno está claro que si se lía aquí abajo, tendrá que correr la sangre antes de que podamos huir." Mientras caminaban detrás de la enorme tabernera, se acercó a Maeve y poniéndole la mano encima del hombro le susurró al oído: -Seamos cautos, esta gente está muy preparada, así que vayamos con cuidado. Le dijo esto mirándola seriamente; la verdad no confiaba en nadie de aquel distrito y cualquier exceso de confianza o descuido podría hacer que saliesen mal parados. Al cruzar la puerta, entraron en otro pasillo aún más oscuro y sucio que el anterior, hasta que llegaron a una sala hasta arriba de armas, en la que había una mesa en el centro y tres personas en torno a una mesa. La puerta de la sala se cerró tras ellos, a lo que Kisuke frunció el ceño y puso su mano izquierda en la vaina de Yamigiri, con el pulgar apoyado en la guarda, listo para desenvainar si era necesario. "No me gustan como sonríen estos cuatro. No se si lo que quieren es robarnos o timarnos pero aquí hay gato encerrado." Prefirió no decir nada a la espera de que la gente que estaba allí hablase primero, porque estaba seguro que los iba a insultar y prefería tener motivos para ello antes de insultarlos.
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RE: [Pasado] - El mundo está borracho - Maeve Knox - 19-02-2024 OST PARA LA ESCENA —Bienvenidos a esta nuestra humilde zona de negocios —comenzó el hombre que primero había esbozado una sonrisa.
Era muy delgado y vestía un traje que parecía de buena calidad. Sin embargo, no parecía preocuparse excesivamente por su imagen, puesto que este presentaba multitud de arrugas. Un fino bigote negro descansaba sobre su labio superior. Llevaba el pelo oscuro engominado hacia atrás. Y para mayor excentricidad, portaba un monóculo. Aquel cachivache me hizo pensar en el Patrón. Una fea sensación se paseó por mi columna vertebral. Pero no, no era él. —Nuestros invitados desean un plato de judías verdes con azúcar —afirmó Brenda. —¡Fantástico! —exclamó, feliz, la otra mujer. Llevaba el pelo castaño muy corto. Sus ojos azules nos miraban con interés. El vestido azul que llevaba apenas dejaba espacio para la imaginación, marcando con descaro cada curva de su cuerpo—. Hacía mucho que no teníamos a nadie por aquí y hay que llevar el negocio adelante. El tercer hombre, musculado y de ojos negros y rasgados, permanecía cruzado de brazos, impávido. No abrió la boca. —Decidnos, ¿qué es lo que estáis buscando? —preguntó el tipo del monóculo. Ese grupo de cuatro tenía algo que me ponía nerviosa. Sentí el peso de mis dagas sujetas en mi cinturón. En apariencia, debía mostrar la misma impasibilidad que el único que no había hablado. —Un arma —contesté. —Oh, princesa, eso ya lo sabemos. Si no, no estaríais aquí —dijo la muchacha de pelo corto. Dejó escapar una risita. Parecía la más joven del extraño grupo. Entonces, la chica se puso en pie de un salto y, danzarina, se acercó a nosotros. Demasiado para mi gusto y paciencia, pero apelé a esta última. No se me olvidaba que Kisuke me había tocado el hombro mientras habíamos caminado por el pasillo, cuando me había recordado que debíamos tener cuidado. Como si no lo supiera. No quería tener que volver a encarar un contacto físico no deseado y la muchacha se había aproximado tanto que podría contarle las pecas si quisiera. Me mantuve recta, firme, sosteniendo su mirada. Me había llamado princesa. —Esto es injusto, Brenda —protestó la misma—. Nos traes a esta chica tan guapa y a este hombre tan apuesto y me distraigo. —Dedicó unos segundos largos a observar a Kisuke, también muy cerca de él—. Me tengo que centrar en el negocio y no puedo. Vaya desperdicio. —No empieces, Martha. Esta gente no ha venido aquí para eso, ya te buscarás a otros más tarde —se dignó a decir el tipo de ojos rasgados. Su voz era incluso más grave que la de Brenda. La tal Martha se mordió el labio inferior, miró de arriba a abajo a Kisuke, después a mí, sonrió y retrocedió un par de pasos.
—Busco un arma —repetí—. Algo diferente. —Comencé a mirar en derredor, intentando ignorar la esperpéntica escena que estábamos protagonizando y localizar algo que me llamase la atención. Por encontrarlo y para intentar apaciguar la presión colérica que había comenzado a sentir en el pecho a causa del atrevimiento de la tipa de ojos azules. —Algo como... —De pronto, un brillo atrajo mi interés. Entorné los ojos. Fue amor a simple vista—: Eso.
Estiré el brazo derecho y, con el dedo índice, señalé en una dirección muy concreta.
—Interesante —pronunció, despacio, el del monóculo.
Se acercó al arma y, cogiéndola con extremo cuidado, observó el metal a la luz de las velas mientras lo sostenía por el mango de cuero trenzado. Entre sus dedos, los pinchos metálicos de la cadena que componía su longitud.
—Un látigo. Muy interesante. Es la primera vez que alguien se interesa por esta pieza. Dos metros diez de pura elegancia. Muy buen gusto, si me permites el atrevimiento.
No habría esperado encontrarme a un tipo del bajo mundo con una forma de hablar tan pomposa.
—¡¿Un látigo?! ¡Me encantan los látigos! —casi gritó Martha, volviendo a acercarse tanto a mí que invadió mi espacio personal. Apreté la mandíbula. Había golpeado gente por menos, pero en aquel entorno cometer una temeridad podría convertirse fácilmente en un error—. Podría dejar que lo pruebes conmigo.
La chica se mordió un dedo y me miró con intensa lujuria.
¿Dónde cojones nos habíamos metido?
—¿Y el precio? —pregunté para intentar reconducir la conversación a lo que verdaderamente me interesaba.
—Ya hablaremos del precio —contestó el tipo de ojos rasgados con la sequedad que lo caracterizaba.
Volví a arrugar el entrecejo. Si por algo se llevan a cabo los negocios ilegales es por puro interés económico, ¿y esa gente trivializaba el precio? ¿Querrían llegar a un acuerdo? ¿Un acuerdo sobre qué? ¿Negociarían? ¿A cambio de qué? Ese tipo de gente no perdía nunca, o al menos esas eran siempre sus intenciones.
Allí había algo que olía raro, muy raro.
—¿Y tú, hombretón, qué es lo que quieres? —Martha centró sus ojos lascivos en Kisuke. Se fijó en su katana, por supuesto—. No hace falta que estés tan a la defensiva, relájate. No te conviene amenazarnos, ni siquiera pensarlo. Kahn, Mefisto, Brenda y yo te tumbaríamos antes de que la desenvainaras, y es incómodo negociar así.
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RE: [Pasado] - El mundo está borracho - Kisuke Kageyama - 19-02-2024 Kisuke estaba incómodo, mucho, y estaba en una situación que no sabía como lidiar. Se hallaba en un cuarto cerrado, con una única vía de escape, tapada por la mujer enorme, Brenda, y tres tipos de lo más estrafalarios. Un tipo que iba con monóculo, seguramente intentando aparentar un estatus social que en realidad no tenía, un tipo callado y musculoso, y una mujer que no dejaba de mirarlos, tanto a él como a Maeve, haciéndole sentir que iba completamente desnudo. Además, se acercó alegre y cantarina a ellos lo que hizo que la tensión del pescador fuese in crescendo.
"¿Qué coño querrá esta tía de nosotros? ¿Será una exclavista sexual?" Por como los miraba, o era eso, o simplemente era una ninfómana con ganas de juerga. En ese momento, como intentando manejar el curso de la conversación y los acontecimientos Maeve dijo que quería un látigo, lo que suscito una nueva serie de comentarios fuera de lugar de la joven de los ojos azules. "Pero, ¿qué coño le pasa a esta?" Kisuke se dio cuenta de que su vida solitaria le había hecho muy ignorante en el tema de socializar, sobre todo con el sexo opuesto, pero aún así, lo que estaba haciendo aquella mujer no le pareció normal tampoco. Y menos aún cuando al preguntar el precio, le dijeron que ya hablarían sobre eso. En circunstancias como las que estaban, no era una perspectiva nada halagüeña. Entonces la joven lasciva, centró su atención en Kisuke y le preguntó directamente que era lo que quería y que ni pensara en usar la katana que no sería capaz de hacer nada contra ellos. Kisuke esbozó una fría sonrisa y una mirada heladora hacia la mujer y le respondió: -Si se comportase como una persona normal, no estaría en tensión señorita pelandrusca, y le apostaría 5000 Berries a que no saldríais indemnes de una confrontación; pero ya que lo pregunta, le diré que simplemente busco el mejor equipo para el mantenimiento de mi katana. Esperaba no haberse pasado de listo, y que aquello les llevase a una confrontación, pero le ponía tan de los nervios aquella tipa que, si ya de por si le resultaba casi imposible contenerse, en esta ocasión lo que era imposible era que no le dijese nada, y, aún con todo y eso, intentó sonar lo menos maleducado posible. -Tenemos dinero, y queremos de sus productos, creo que eso es más que suficiente para dejar de andarnos por las ramas. Dijo esto golpeando ligeramente el saquito donde llevaba el dinero para enfatizar que solo estaban interesados en adquirir lo que habían ido a buscar y ya está, no necesitaban nada más.
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RE: [Pasado] - El mundo está borracho - Maeve Knox - 20-02-2024 OST PARA LA ESCENA —¿Pelandrusca? ¿Yo? Pero ¿qué se ha creído este? —protestó Martha. Aunque tampoco se la veía muy afectada.
—¿Y qué esperabas? Pareces una perra en celo —le dijo, seco, Kahn. Continuaba cruzado de brazos.
—Peeeerdona, pero no hay ninguna cláusula que diga que no puedo disfrutar con lo que tengo delante.
—Ya disfrutarás más tarde. Y con otros. Sabes perfectamente que el cometido de estas personas es otro —añadió Mefisto.
—Y han dejado bastante claro lo que están buscando. Ella quiere el látigo y él un equipo de mantenimiento para su katana, el mejor —recordó Brenda. Después, se dirigió a Kisuke—: Ya sabemos que tenéis dinero. Si no, no os habríais atrevido a meteros en un agujero como este. Y tampoco nos andamos por las ramas. Simplemente tenemos formas distintas de ver las cosas, de tratar con los clientes.
Mi silencio general obedecía a la evaluación de la situación. Aquellos cuatro eran muy diferentes, pero no me cabía ninguna duda de que, hasta que nos saliésemos de allí, tendría la sensación de que pisábamos arenas movedizas. Y, aparte del tipo de transacción que estábamos haciendo, realmente no habían mostrado ningún otro signo de hostilidad manifiesta. Sin embargo, mi pálpito era intenso, como si alguna pieza no encajase. La tensión me endurecía la espalda. —Hablemos de dinero, pues, ya que tanto insisten —suspiró Mefisto. Este todavía sostenía el látigo entre las manos. Martha volvió a acercarse a nosotros dando saltitos. El busto turgente rebotaba en cada uno de ellos. Por supuesto, ella no lo estaba dejando al azar. Estaba claro que se recreaba exhibiéndose. —Fácil: el látigo son quinientos millones de berries y el equipo de mantenimiento son cuatrocientos millones. —Estás de coña, ¿no? —solté al escuchar aquella mierda. —Si buscáis lo mejor del mercado y que no está en el mercado, existe un precio —dijo Brenda, tranquila, con su voz grave. —Aunque, bueno, estoy segura de que, entre los tres, podemos llegar a un acuerdo —propuso Martha. Entonces, la chica de ojos azules cruzó la línea. Tan cerca como estaba, no le resultó difícil colocar las manos sobre mi cintura y, de un pequeño tirón, me acercó a su cuerpo. En mi cabeza, un nuevo clic. Mi impulso inmediato fue empujarla con fuerza. Y mi fuerza física nunca ha sido lo que me caracteriza, pero la repulsión se encargó del resto. Martha cayó de espaldas, de culo contra el suelo. Odio. Que. Me. Toquen. —No vuelvas a ponerme la mano encima —casi gruñí entre dientes. La respuesta fue rápida: los tres restantes se tensionaron. Los dos hombres se levantaron de las sillas. Bien, ahora ya estábamos en igualdad (salvando la superioridad numérica, por supuesto).
—¿Cómo te atreves? —gimoteó Martha, aún en el suelo.
—Parece que no nos hemos explicado bien. Aquí las reglas las ponemos nosotros y, si no os gusta lo que veis, oís o sentís, es menester haberlo pensado antes —dijo Mefisto. Había dejado el látigo sobre la mesa y ahora su mano derecha descansaba sobre la espada que colgaba, envainada, de su cintura.
Entonces, escuchamos un golpe seco. Miré en la dirección de su procedencia y descubrí a Kahn sacando una llave de la puerta. ¿En qué puto momento había llegado hasta allí?
Nos habían encerrado.
Con un rápido movimiento, saqué las dagas.
Martha se puso en pie de un salto, ágil como un gato.
—Ahora sí. Las presas se disfrutan más cuando son cazadas que cuando vienen dóciles.
Y, una vez más, esa risita. Una risita desquiciante que volvió a sentirse como arañazos sobre yeso.
Cazarnos, dijo. ¿Querían jugar? Jugaríamos. El precio podría llegar a ser muy alto para mí, para Kisuke, pero ya estábamos jodidos de todas formas.
Con un rápido movimiento, lancé la daga que sostenía con la mano derecha. Precisa, veloz. Se incrustó en la garganta de Martha. A juzgar por sus ojos desorbitados, no se había esperado que aquella sería su última frase. Cayó de rodillas, con las manos sobre el arma clavada. La sangre se derramaba entre sus dedos.
Pero yo no tenía tiempo de quedarme admirando el espectáculo. Quedaban tres.
Me cambié de mano la daga que me quedaba, sosteniéndola de nuevo con la derecha.
Cuando quise darme cuenta, tenía a Brenda a apenas de un metro de mí. La hija de puta era muy rápida para su masa muscular. Logré esquivarla. Arremetí contra ella, pero también consiguió esquivar mi filo. Volvió a intentar capturarme un par de veces, pero mi agilidad superaba la suya. Hasta que, de pronto y en un abrir y cerrar de ojos, se transformó. Su cuerpo se quedó a medio camino entre humana y lagarto. Creció en envergadura y altura.
Es usuaria.
Y sus garras consiguieron atraparme. Colocada detrás de mí, me agarraba por el cuello. Pataleé, intentando golpear sus piernas con mis talones. Entonces, sentí un fuerte pinchazo en el lateral derecho del cuello. Gruñí de dolor y me revolví. Fue cuando una jeringuilla cayó al suelo. A duras penas pude ver cómo, dentro, quedaba la mitad del contenido, un líquido rosáceo. La oí protestar a mi espalda. Seguramente quería inyectármelo entero.
Metí los dedos de la mano izquierda entre los suyos, intentando aliviar la presión. Recordé lo que empuñaba con la diestra y, rápida otra vez, llevé la daga hacia atrás. La hundí en el muslo derecho de Brenda. Aulló de dolor y me soltó.
Comencé a toser.
Tan solo había ganado unos segundos. Corrí lejos de ella, a la pared contraria, cuidándome de no cruzarme con Mefisto ni con Kahn. Me apoyé en el mueble más cercano.
Y comencé a sentirme mareada.
No, no, no, no, no. Mierda. Joder.
Parpadeé varias veces con fuerza.
—¡¡ATRAPADLO!! —bramó Brenda. Señalaba a Kisuke.
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RE: [Pasado] - El mundo está borracho - Kisuke Kageyama - 20-02-2024 OST
Kiuske volvió a encender un cigarro mientras Martha se quejaba de que la hubiese llamado pelandrusca. No parecía que les hubiese ofendido en exceso, ni siquiera a la propia Martha. Así que los tipos hicieron su propuesta... ridículamente desorbitada. Estaba claro que los querían como esclavos de algún tipo, y ninguna de las posibilidades era una perspectiva alentadora. "Estos tíos son esclavistas, no comerciantes del mercado negro, eso es un señuelo." Entonces Martha cometió el error de tocar a Maeve, que se la sacó de encima de un empujón haciéndola caer. Los otros se pusieron en pie y Kahn trancó la puerta con llave. No iban a poder escapar sin luchar, eso ya era más que evidente. Entonces y dejando atónito a Kisuke, Maeve lanzó una daga que se clavó sin piedad en la garganta de Martha haciéndola caer en el acto. "Bueno, esta chica no se anda con pequeñeces... kuhahaha." Kisuke aflojó la hoja de Yamigiri de la vaina con el pulgar de su mano izquierda, y con la derecha agarró la empuñadura y se encaró a los dos tipos. Preparándose para desenvainar, tensó los músculos de su cuerpo y, al instante se abalanzó sobre los dos al grito de:
-Ittoryu iai: Raito Kyasuto.
El grandullón consiguió esquivar su ataque, era muy rápido, pero el del monóculo cayó de espaldas con un corte desde la ingle hasta la clavícula y con el monóculo partido en dos, muerto.
"Uno menos, faltan los dos grandotes."
En ese momento vio como Maeve forcejeaba con Brenda y, tras clavarle una jeringuilla en el cuello, seguramente con algún tipo de droga sedante, la joven albina apuñaló a la mostrenca en la pierna. Maeve se levantó tambaleándose y tosiendo. En ese momento Kisuke se puso delante de Maeve, con Yamigiri alzada ante él, dispuesto a cubrir a su amiga.
-Puedes continuar con la fiesta, señorita Mapache-dijo con una media sonrisa.[/color]
En realidad el problema era el tipo grandote, era muy rápido, y la mujer aunque fuese una usuaria zoan, estaba herida de gravedad en la pierna, no podría moverse como antes. Aún así, el estaba perfecto, pero Maeve se veía muy mareada.
-Si no puedes dímelo, no te preocupes, no permitiré que vuelvan a tocarte.
Se encaró al grandullón y a Brenda que se sujetaba el muslo sangrante con ambas manos mientras gritaba al otro tipo que lo atrapase.
![]() -Vamos grandullón, aquí te espero, kuhahahaha.
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RE: [Pasado] - El mundo está borracho - Maeve Knox - 21-02-2024 OST DE LA ESCENA —No necesito un caballero de brillante armadura —le contesté a Kisuke cuando se puso delante de mí asegurando que no dejaría que me volviesen a hacer daño.
Matizo: "si no puedes, dímelo", había dicho. "Si no puedes", condicional, poniendo encima de la mesa la posibilidad de que podría poder. Esa señal de respeto me había pillado con la guardia baja. Y aun así, había preferido responderle de forma no muy amable. No estoy acostumbrada a que nadie quiera protegerme, lo suelo hacer yo sola. A veces mejor, a veces peor, pero sin ayuda. Con todo, no pude evitar sentir cierto alivio al saberle de mi lado. Y más teniendo en cuenta que, a pesar de mis palabras y mi cabezonería, el mareo seguía in crescendo. Después, retó a Kahn y se rio. Debía de sentirse muy seguro de sí mismo. Definitivamente, no podía quedarme allí parada regodeándome en mi malestar. Esa hija de puta me había inyectado algo que, sin duda, estaba afectando a mis capacidades, pero, mientras pudiese, no le daría el gusto de sucumbir a ello. Se me haría muy cuesta arriba, pues me había empezado a temblar las piernas. Y eso me enfureció. Ya no llevaba encima ninguna de mis dagas: las dos harpías las tenían consigo. La parte buena es que nos encontrábamos en una sala repleta de armas. No me pondría exquisita: utilizaría cualquiera a mi alcance para tratar de arrancarle la vida a esa lagarta. Confiaba en que Kisuke no tuviese problemas con el mostrenco de ojos rasgados. Mis piernas afectadas y las vueltas en mi cabeza me hicieron tambalearme al arrancar, pero salí de detrás de Kisuke y me lancé a por un arma, la que fuese. Me hice con una lanza de madera negra y punta muy afilada, forjada con un estilo enrevesado pero mortal. O eso esperaba yo, que lo fuese. Mi equilibrio no era el mismo, pero me obsesioné con que no podía fallar. Como pude, corrí hacia Brenda y, sujetando la lanza con ambas manos, intenté ensartarla, clavársela en el estómago. Ella fue más rápida —¡joder!— y agarró el palo sin dejar que la punta llegase a su cuerpo. Lo solté a tiempo, porque tiró la lanza por los aires. Estoy segura de que, si no me hubiese apartado, yo habría salido volando también. Cerré los párpados con fuerza una vez más tratando de despejar la mente. Era algo que tampoco podía permitirme, pues cualquier segundo sin visión podía significar un desenlace fatal para mí. Debía coger otra arma, la que fuese. Vi un trabuco a mi alcance. Me hice con él, apunté y disparé. Sin munición, claro. Me cago en mi vida, me lamenté. Mi opción fue lanzarle el trabuco a la cara. Por supuesto, lo esquivó sin problema. —¿Eso es todo lo que tienes? HIAHIAHIA —rio Brenda. Su voz era aún más grave en aquella forma híbrida. Su burla hirió mi orgullo—. No te resistas, terminarás cayendo igual, aunque no te lo haya inyectado todo. La idea era dormirte de forma inmediata, pero esto será aún peor para ti, porque no será rápido y te aseguro que yo no voy a tener clemencia. —Sonrió con una larga hilera de dientes puntiagudos—. Pero no te preocupes, no quiero matarte, de momento. Solo hacerte sufrir.
Muy alentador, pensó mi mente nublada. La muy desgraciada me hizo sentir un escalofrío al imaginar, en milésimas de segundo, que cumplía su amenaza. Eso no va a pasar, traté de convencerme.
La siguiente arma fue una espada. Nunca había peleado con una, así que sabía que no tenía ni la más mínima oportunidad. Pero debía probar. Tentando a mi suerte, me lancé contra ella de nuevo, solo que ahora debía aproximarme aun más. De un manotazo me tiró contra el suelo, pero al menos conseguí que el filo le hiciera un corte en el antebrazo. Comenzó a sangrar y a mirarme con un extraño brillo en los ojos, como si estuviese hambrienta y solo yo pudiese calmar su ansia. Me levanté rápido, todo lo que pude, y corrí hacia una de las sillas. Ella se colocó frente a mí en dos pasos. Cogió la silla sin esfuerzo y la lanzó hacia un lado, en concreto, hacia Kisuke.
—¡¡KAHN, INÚTIL, INYÉCTASELO!! —tronó Brenda, mirando hacia los dos hombres vivos de la sala.
Después, su atención volvió a mí.
Fue entonces cuando hice mi movimiento. En su descuido, yo había tenido tiempo de coger otra espada, la que fuese, y ahora, con un movimiento veloz, la clavé en el empeine de una de sus enormes patas de reptil. La atravesé entera hasta que noté cómo la punta de la espada se hundía en el suelo.
El grito de Brenda fue desgarrador.
No me dio tiempo a ninguna otra acción, pues, lejos de paralizarse, me echó la garra encima y me cogió del pelo, alzándome del suelo todos los metros que me separaban de su fea cara, situándome frente a ella. También yo grité, el dolor en mi cuero cabelludo era intenso y punzante.
—¡Te arrepentirás de esto, zorra! —gritó.
Mi mente espesa quería hacerme cerrar los ojos, sucumbir a la sedación que luchaba por dormirme, por dejarme descansar del dolor, pero mi voluntad de supervivencia la estaba manteniendo a raya.
Entonces, Brenda comenzó a acercarme a sus fauces, abiertas. Abrí mucho los ojos al darme cuenta de que quería usar esos dientes conmigo.
Ni de coña.
Por suerte, junto con la espada, me había hecho con una tercera daga, una perteneciente al arsenal de aquellos gilipollas.
Tenía que arriesgarme a estar lo suficientemente cerca, podía morderme, pero debía hacerlo si quería tener algo de éxito. Con el corazón a mil revoluciones, y en el momento en el que sentí su cálido aliento en mi cuerpo, me impulsé con las fuerzas que conseguí reunir y ataqué su rostro con la daga. Se la hundí en un ojo.
El aullido fue más aterrador que el anterior.
La respuesta automática de Brenda fue lanzarme por los aires. Fue un vuelo rápido, directo. Mi espalda chocó contra una pared. O lo que debería haber sido una pared, puesto que se rompió al chocar mi cuerpo contra ella. Era una puerta. Los trozos de madera salieron volando.
Volví a gritar.
Caí de espaldas. El golpe me cortó la respiración.
El aturdimiento me había hecho su presa. Todo me daba vueltas. Como pude, abrí los ojos. Me di cuenta de que ahora estaba en otra estancia. Las velas lo iluminaban todo con anaranjado fulgor. Entonces, un fuerte olor me golpeó. Era un aroma intenso, peculiar. Identificable. Era...
Sangre.
Sin poder levantarme, eché la cabeza hacia atrás para poder ver dónde me encontraba. Y lo que vi me heló las venas.
Numerosos cuerpos yacían, desmembrados, en lo que parecían máquinas de tortura. Vísceras en cubos. Miembros sueltos encima de muebles, mesas, por el suelo. La sangre abundaba por cualquier superficie, incluso manchaba mi cuerpo, tirada en el suelo como estaba. Herramientas de cortar, de arrancar, de aplastar.
Me quedé paralizada.
La visión era terriblemente espantosa.
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RE: [Pasado] - El mundo está borracho - Kisuke Kageyama - 21-02-2024 OST Maeve parecía muy mareada, pero se puso en pie y se dispuso a atacar de nuevo a Brenda. Kisuke no tuvo mucho tiempo tampoco para andar pendiente de la joven albina. Kahn había sacado una vara negra de unos dos metros, de acero, que tenía manchas de sangre por toda su longitud. Lo balanceaba con maestría y se abalanzó sobre Kisuke, con un golpe lateral que el pescador atajó con su katana, con la parte plana para proteger el filo.
"Este tío sabe lo que hace, no va a ser nada fácil." Haciendo acopio de fuerzas, empujó la vara hacia un lado y cargando con el hombro sobre el esternón del grandullón, aprovechó para golpear con la empuñadura en la zona abdominal de Kahn, quien, a pesar de que el golpe lo hizo retroceder pudo balancear la vara y golpear a Kisuke en el codo izquierdo, dejándole el brazo acalambrado al pescador. "Mierda, no podré blandir bien a Yamigiri con el brazo entumecido." Se abalanzó sobre el tipo, que aún intentaba recobrar el aliento y le consiguió hacer un corte superficial en el pecho, en un frenético intercambio de lances en los que los dos pusieron en juego toda su destreza y habilidad. Fue entonces cuando algo golpeó a Kisuke desde detrás desconcertándolo por un instante, que aprovechó el grandullón para, con un movimiento sublime, inmovilizar al pescador contra la pared con la vara de acero. Uno de los extremos presionaba el brazo derecho de Kisuke contra el muro a la altura de la muñeca, con lo que no podía defenderse con ella. "Realmente este cabrón es fuerte, me está reteniendo con una mano... Piensa Kisuke, piensa." Pero tampoco tenía mucho tiempo para pensar, porque Kahn metió su mano en el bolsillo y sacó una jeringuilla similar a la que habían usado con Maeve minutos antes. En ese momento, el humo del cigarrillo que aún colgaba del labio inferior de Kisuke se metió en el ojo del pescador, obligándolo a entrecerrarlo y se le ocurrió algo. Justo cuando Kahn iba a inyectarle el sedante, Kisuke escupió el cigarro que impactó en la cara del grandullón que, sin pretenderlo, aflojó su presa mínimamente, con lo que Yami aprovechó para patearle y liberarse, y, según retrocedía, asestarle un tajo de abajo arriba desde la cadera al hombro derecho. "Demasiado superficial." Un olor nauseabundo y putrefacto inundó la sala. No se había percatado de ello por su propia refriega, pero al mirar alrededor vio una escena curiosa: una mujer lagarto enorme clavada al suelo por el pie con una espada que intentaba arrancar, y un enorme boquete en la pared, que al parecer no era tal, del que salía aquel hedor insoportable. Kisuke dedujo que Maeve había caído por ahí, pero todavía tenía que estar pendiente de Kahn. -Maeve, responde, ¿estás en el agujero?¿Qué cojones tienen estos enfermos ahí que huele a puta mierda? No sabía que podría estar pasando con Maeve, pero parecía que las sorpresas no iban a terminar aún. RE: [Pasado] - El mundo está borracho - Maeve Knox - 22-02-2024 OST DE LA ESCENA El hedor estragaba mi cuerpo con la misma potencia que las imágenes que podía captar con unos ojos cada vez más pesados. Algunos cuerpos mostraban signos más evidentes de podredumbre que otros, que apenas llevarían más de un día en aquel infierno.
Las vueltas de mi cabeza cada vez eran más agresivas y las náuseas estaban comenzando a agitarme el estómago. Algunos de los cadáveres parecían mirarme desde la nada de sus ojos hundidos, abiertos en un gesto de mortal indiferencia. Otros ya no poseían aquella capacidad, puesto que les habían despojado de sus cabezas. Estas se amontonaban en un cubo grande de madera, más lejos. Escuché cómo Kisuke me llamaba, preguntando por mi posición y por la fuente de tan pestilente aroma. Su voz me llegó algo amortiguada, pues ahora nos separaban unos cuantos metros más, así como las paredes que rodeaban la puerta rota. Y, por supuesto, mi percepción atrofiada. ¿Cómo podía expresar aquello en una respuesta corta? Era impensable explayarme: estaba segura de que seguiría en su refriega con Kahn y era cuestión de tiempo que la mujer lagarto se soltara y viniera a querer terminar lo que empezó conmigo. —Sí... estoy aquí... —contesté. En mi cabeza sonaba espectacular, pero la realidad era que la voz apenas abandonó mi garganta. Apoyé los codos en el suelo encharcado de sangre e hice fuerza para incorporarme. Me sentía como si fuese víctima de una borrachera de dimensiones cada vez mayores. Aquella mierda me estaba haciendo más efecto y más rápido que el alcohol más duro. Una vez sentada, me llevé las manos a la cabeza. —Aquí dentro tienen... —comencé a decir, pero apenas deje escapar algo más que un susurro. —Teníais que estropearlo, ¿verdad? ¡No podíais quedaros quietos como hace todo el mundo! ¡Ya nos habéis jodido el negocio! —gritaba Brenda desde la sala principal. En mi cabeza afectada sonaba como un cúmulo de truenos—. ¿De dónde creéis que sale la comida en El Cascarón? ¡Nuestros platos son conocidos en todo East Ballywood y vosotros lo habéis jodido todo! Me quité las manos de la cara. ¿Acaso estaba admitiendo que servían carne humana en aquel maldito antro? ¿Carne en dudoso estado de conservación? ¿Y que nunca nadie había notado nada? Recordé los rostros felices de quienes habían pedido comida allí, mientras Kisuke y yo bebíamos, lo poco que había podido observar. Platos de aspecto fabuloso, humeantes. Me dio una arcada. A lo largo de mi vida he comido cosas que asquearían a cualquiera, en parte, debido a mi naturaleza zoan, ya que en muchas ocasiones me he dejado invadir por ella. Sin embargo, aquello era... una de las mayores aberraciones que había presenciado nunca. Yo elegía comer lo que me llevaba a la boca, pero los clientes de aquel tugurio... eran caníbales sin saberlo. Una carne obtenida de una espeluznante cámara donde no solo la obtenían, sino que, a juzgar por lo que veía, torturaban a sus dueños previamente. Otra arcada. Pocas cosas hieren mi sensibilidad, pero aquello... era demasiado. O tal vez fuese el sedante. Conseguí reprimir el vómito. —¡Y tú, puta, vas a ser la primera en pagar las consecuencias de lo que habéis hecho! —vociferó Brenda. De pronto la sentí más cerca. Estaba llegando al hueco de la puerta. Mierda. Debía hacer algo, pero mi estado era deplorable. Entonces, llevé a cabo lo único que se me ocurrió. Me dejé en manos de mi animal interior y, en apenas segundos, mi cuerpo se transformó en el de un buitre albino. El plumaje blanco enseguida comenzó a impregnarse de la sangre que me rodeaba, del mismo color que mis ojos tras el cambio. Mi tamaño se había reducido a apenas metro veinte. Confiaba en que con una envergadura ahora tan pequeña, fuese más difícil para la enorme lagarta atraparme, así como que mis habilidades zoan me ayudasen, aunque fuese un poco, a reponerme. Alcé el vuelo con una idea en mi mente febril. Me dirigí a una de las paredes de aquella cámara infernal. —¿Dónde estás, preciosa? ¡Te partiré en dos y después te comeré! ¡No voy a dejar de ti ni el tuétano! —Brenda ya estaba dentro de la habitación ensangrentada. Batir las alas me costaba el triple de esfuerzo de lo habitual, pero de ello dependía mi supervivencia.
Entonces, volando tan rápido como pude, me lancé por encima de su cabeza.
—¿Qué coño es este pajarraco? —chilló la lagarta.
Sus gritos comenzaron a resonar entre aquellas paredes cuando dejé caer las velas que sostenía entre mis patas sobre su cabeza. De inmediato, las trenzas rubias oscuro que aún conservaba en su forma híbrida, prendieron. La llama se elevó rápidamente. Conseguí quitarme a tiempo, antes de que el fuego saltase a mis plumas.
Pronto, Brenda se sumió en una danza siniestra en su afán por deshacerse de las llamas, cuyas lenguas se extendían, despiadadas, por su cuerpo.
Hacía mucho tiempo que había aprendido que el fuego podría ser un gran aliado contra tus enemigos. En aquella situación, se había convertido en mi última baza.
Todavía en forma de buitre, conseguí salir a la sala principal, donde se encontraban Kahn y Kisuke. Mi aterrizaje fue inexacto, lamentable. Me golpeé contra uno de los muebles de madera.
Dejé que mi cuerpo regresara a la normalidad humana.
Me costaba mantener los ojos abiertos. Traté de encontrar el látigo con la mirada. Después, apenas logré pronunciar:
—Kisuke, la llave... Debemos salir de aquí...
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RE: [Pasado] - El mundo está borracho - Kisuke Kageyama - 22-02-2024 OST Kisuke estaba preocupado. Apenas oyó un débil sonido proveniente de la cámara, así que supuso que Maeve estaba allí y seguía consciente, pero la tipa lagarto estaba a punto de soltarse de la espada que la mantenía fijada al suelo. Kahn estaba mirándolo fijamente, tocándose el largo tajo que le había propinado; ciertamente era superficial, aunque aparatoso, la sangre empapaba sus ropas. En ese momento, vio como el tipo recogía algo de sangre con sus dedos y se los llevaba a la boca chupando su propia sangre con fruición, casi de manera eróticamente placentera.
"Estos tipos están fatal de la cabeza." Kahn se abalanzó de nuevo hacia Kisuke intentando hacerle un barrido y derribarlo, pero el pescador saltó en el momento justo y lanzó una estocada que clavó unos centímetros cerca de la clavícula izquierda de su rival, y, al sacar la punta de Yamigiri del cuerpo de aquel mostrenco, se impulsó con su pie derecho en el muslo de él, para retroceder y contemplar la situación.
"No tenemos mucho tiempo." Brenda ya se había zafado de la espada que la retenía, y se acercaba al boquete de la pared, donde se suponía que estaba Maeve, y en ese momento, la mujer lagarto empezó a chillar como una descosida mientras emergía del boquete, iluminado por lo que parecían unas llamas descontroladas, un buitre blanco, que al aterrizar torpemente chocando con un mueble, se convirtió en la propia Maeve.
"Es usuaria zoan. Esta chica es una auténtica caja de sorpresas." El grandullón de Kahn aprovechó el breve despiste de Kisuke para asestarle un terrible golpe en el estómago, que hizo retroceder al pescador, pero eso, unido a las palabras de Maeve de que recuperase la llave cuanto antes, encendieron la llama de la motivación de Kisuke al máximo, y mirando a Kahn con sus ojos grises le espetó:
-Vuestro negocio termina aqui y ahora, superaremos nuestros límites ![]() Entonces se ablanzó con Yamigiri hacia Kahn que le lanzó un golpe lateral horizontal con su vara de hierro, pero Kisuke consiguió esquivarlo aunque le rozó el flequillo, y lanzando un tajo lateral diagonal desde abajo hacia arriba le corto desde la cadera derecha hasta la base del cuello, y esta vez si fue un corte profundo. El pescador cayó al suelo tras su golpe, y Kahn retrocedió un par de pasos pero atacó a Kisuke antes de que pudiese levantarse, golpeándole en el pecho y cortando su respiración por unos instantes.
"Vaya hostia, joder... Menos mal que le he ido esquivando." El grandullón volvió a alzar la vara para rematarlo mientras seguía en el suelo, pero Kisuke estuvo listo y rodó hacia la izquierda, esquivando el golpe y cortándole con la punta de Yamigiri en el tobillo derecho a Kahn que se tambaleó por unos instantes. Kisuke se puso de nuevo en pie y envainó de nuevo la espada. Se pusó en posición de nuevo.
![]() -Ittoryu iai: ¡¡Raito Kyasuto!! Y en esta ocasión, se abalanzó hasta él desenvainó a toda velocidad y, metiendo su katana entre sus piernas, hizo su clásico corte vertical de abajo hacia arriba, terminando detrás del enemigo, a unos dos metros. Envainó su katana, de nuevo y al sonar el chasquido clásico al estar resguardada de nuevo, Kahn cayó al suelo partido en dos mitades con un corte limpio.
-Me debéis cinco mil berries, subnormal. Dicho esto, se acercó al cadáver y buscó entre la ropa del tipejo la condenada llave de aquel tugurio, encontrándola rápidamente. Algo dolorido de los golpes recibidos se acercó a Maeve para ver como estaba, esperaba que no le hubiese pasado nada grave.
resumen de turno
karma
inventario
aclaración
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