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[Pasado] [+18] El chocolate prometido - Versión para impresión

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RE: [Pasado] [+18] El chocolate prometido - Eaa - 05-03-2024

Leyenda


Mi amiga Maeve no tardó mucho en ponerse en acción. Como me suponía, su manejo del látigo era algo que escapaba a mi entendimiento, y por mucho. Sumado a ello, se movía grácilmente, saltando en los hombros de uno de los guardias, para volver al suelo y saltar nuevamente. Por momentos parecía como si volara. "Voló" hasta que uno de los guardias le agarró del brazo. - No enfadarla cuando tenga hambre - pensé, para anotarlo después en mi libreta. - Bueno, mejor no enfadarla cuando tenga hambre o algún cubierto cerca - Estaba algo ensimismada viendo a la albina pelear. Los látigos eran realmente armas muy bonitas de ver en acción. Había sufrido en mis carnes demasiadas veces un látigo, pero aquella vez era diferente, hipnótico.

Quedarse embobada en medio de una pelea, admirando a una mujer de ojos bonitos deshacerse de tres agentes de la ley tenía sus consecuencias. En este caso las consecuencias eran ser atacada por dos  los otros guardias. Estos se abalanzaron contra mí, armas en mano, enormemente enfadados. No les culpaba, acababa de noquear al que parecía su superior (o por lo menos al que le había tocado llevar la voz cantante en ese grupito) y a dos de sus compañeros. Y no solo eso, si no que les había ignorado completamente acto seguido.

Uno de ellos clavó la punta de su espada en mi brazo izquierdo, en la parte exterior del bíceps mientras que la otra espada, dirigida a mi cadera, rebotó con un pequeño "cling" en vez de alojarse en mi costado. - Algo bueno tenía que tener - solté una risita. Agarré a ambos de las cabezas y les levanté. No pudieron hacer gran cosa, a decir verdad. Entonces, golpeé las cabezas entre sí, lo cual hizo un ruido muy gracioso, pues parecían unos cocos chocando. - Ostia, que guay - me reí y les solté. Cayeron al suelo inconscientes. - Como los caballos de esa obra. Era algo de caballeros y una mesa cuadrada - me reí. Vi el panorama, y como los otros tres guardias estaban plantados frente a Maeve.

- Voy a hacer una cosita super importante, ahora vengo. - le avisé, mientras sacaba la libreta y la pluma. - Dales duro amiga, enséñales lo que haces con ese látigo - me giré y me alejé rápidamente entonces del sitio, mientras apuntaba las dos notas mentales anteriores, así como seis guardias más a la lista de Maeve, y cinco más uno a la mía. El panorama que me encontré al volver la esquina era extraño. Un hombre y una mujer, con pintas muy extravagantes y que parecían vivir en su propia burbuja, daban indicaciones al resto de clientes, diciéndoles que se pusieran en la entrada. - Bloquead la puerta, para que no puedan salir hasta que vengan más guardias. - dijo el hombre. - Vamos, repetid conmigo - les animó la mujer, antes de ponerse todos a cantar. Era una situación muy lamentable. Yo misma les hubiera dado una patada a todos, con la única intención de que dejaran de hacer el tonto, y ni podía llegar a imaginarme todas las horribles cosas que les haría Maeve si les viera. Eran bastante peores que Diana, en ese sentido, y encima eran unos cuantos. Pero tenía algo más importante que hacer, así que entré en la cocina sin perder un instante. - Panda de colgados - Allí se encontraba la pelirrosa, sentada en una silla y llorando a mares, mientras se atiborraba de un helado de color azul radioactivo. A su lado se encontraba un hombre mayor, de unos casi cincuenta años. Tenía una mano apoyada sobre su hombro, y la otra en uno de sus muslos. Repetía estupideces que parecían sacadas de unos de esos libros de "Como aprovecharte de una mujer triste". Como era de esperar, la joven no le hacía ni caso, pero aquella situación me ponía realmente enferma. Agarré al hombre por el cuello de la camisa y le levanté. - ¡Aparta, baboso! - grité y con todas mis fuerzas le lancé fuera de la cocina. Se golpeó en la cabeza contra la ornamentada columna que había justo enfrente de la puerta, quedando sentado a sus pies. Por un momento los cánticos se apagaron, y pude ver que la música que sonaba en el local había cambiado. Ahora era una cutre y dramática canción triste. Como era de esperar, la camarera se percató de mi presencia. Era lo que quería, a decir verdad. - ¡Fuera, no quiero veros más! - me gritó, sin mirarme, - ¡Fuera! ¡Fuera! - me tiró un pañuelo rosa con flores.
- Vengo a por la receta de la Red Velvet - le respondí. Era bastante urgente, por lo que traté de ser concisa. Lo último que quería era tener que seguir peleándome con los guardias, para ser sincera.


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RE: [Pasado] [+18] El chocolate prometido - Maeve Knox - 06-03-2024

     Cerca de mí, otros dos guardias atacaron a Eaa. Escapaba a mi entendimiento cómo podían pensar que con esas armas de mierdas podían hacerle algo relevante a la pelirroja. Cierto era que estaban en superioridad numérica —cada vez menos—, pero también en inferioridad de sentido común. Total, que cayeron otros dos a manos de la semioni.
     Con esto, tan solo quedaban tres.
     Entonces, Eaa anunció que se marchaba a no sé dónde a hacer no sé qué. ¿En serio? ¿Tenía algo que hacer más importante que espachurrarle las cabezas a esa gente? Dijo que volvía enseguida. Puse los ojos en blanco.
     —Ya están viendo lo que puedo hacer —le respondí, aunque no estaba segura de si me había llegado a escuchar, tal era su prisa—. Y lo van a seguir haciendo.
     Ahora miraba a los tres desgraciados con uniforme que se encaraban a mí. Era sorprendente cómo mantenían la voluntad de querer seguir peleando cuando ya habían observado lo que les había sucedido a sus compañeros. Podrían estar pensando que serían ellos quienes se alzarían con la victoria y la pequeña fama de haber derrotado y capturado a dos piratas. En mi mano estaba frustrar sus deseos.
     Uno me lanzó una estocada con su espada que pude esquivar con facilidad. Estaban nerviosos, y lo sabían tanto ellos como nosotras. Otro trató de imitar a su anterior compañero caído e intentó colocarse detrás de mí para agarrarme una vez más. Lento. Me giré hacia él y lo envolví con el látigo de un golpe. Teniéndolo sujeto, le di una patada en el estómago, lo que hizo que sus rodillas flaqueasen. De un tirón lo desenrollé, y el guardia perdió el equilibrio, cayendo contra un pequeño mueble con ruedas cargado de pasteles. Todos esos pasteles salieron volando en diferentes direcciones, si es que no habían tenido la mala suerte de aplastarse bajo el peso del tipo.
     Esta vez sí noté el dolor. Al haberme centrado en este último, había dado la espalda a los otros dos. Error mío. Llega un momento en el que no se puede estar a todo. Mi costado izquierdo comenzó a sangrar. Notaba que fue un corte superficial, pues al sentir la espada conseguí apartarme unos centímetros, pero corte al fin y al cabo. La tela oscura de mi camiseta también mostraba una rotura. Se estaba empapando.
     Que hubiesen conseguido herirme me enfadó muchísimo, no tanto por esa gentuza, sino por mí misma y mi incapacidad de haberlo evitado, incluso cuando preveía que no sería para tanto.
     —Hijo de puta —me terminé de girar hacia él. Hacia ellos más bien, los dos que quedaban.
     Al haber visto que uno había conseguido alcanzarme, se vinieron arriba y comenzaron a lanzarme espadazos como si supieran lo que estaban haciendo. Y no, no lo sabían, porque de haberlo sabido, no habrían descuidado el movimiento de sus brazos, dejándolos tan expuestos para que mi látigo engullese uno de ellos. En este caso, el del guardia de la izquierda. La cadena enrollada cortó su movimiento y, cuando di un fuerte tirón hacia mí, el ángulo dibujado le rompió el codo. Gritó, lo solté. Y el muy desgraciado no se dio por vencido. Vino en mi dirección tan solo con sus puños, pero un nuevo latigazo en el brazo herido le rompió la intención, derribándolo de dolor.
     Luego el compañero.
     —Putas zorras, esto no va a acabar así —gruñó el único que quedaba en pie. 
     —Desde luego que no.
     Volvió a atacarme con su espada. El filo rebanó algunos de mis cabellos, que se quedaron flotando en el aire mientras yo esquivaba cada uno de sus intentos. Me escocía el costado izquierdo, intensificándose en cada movimiento. Lancé el látigo hacia él un par de veces, pero no logré impactar. En una ocasión, uno de los clientes de la cafetería, tirando de una absurda valentía, se acercó hacia mí y, como ni lo esperaba ni lo vi venir, me asestó un puñetazo en la cara. Trastabillé hacia atrás, encontrándome con una de las mesas del Dream Coffee. Apoyé la mano manchada de mi propia sangre en el mantel para no caerme, y lo que hallé sirvió para enseñarle a aquel desgraciado que la vida real no es como las novelas. Clavé el cuchillo en su garganta. Cayó fulminado.
     Me encaré al guardia una vez más. Ahora también me sangraba la nariz, latiéndome de la hostia que me había propinado el puto justiciero aleatorio. Se lanzó contra mí intentando alcanzarme de nuevo, pero conseguía evitarlo. Hasta que, por fin, en uno de sus saltos, espada en alto, en los que pretendía ensartarme, conseguí engancharlo yo primero y desviar su trayectoria al suelo, donde me subí encima de él. Jadeando por el esfuerzo, llevé ambas manos a su cuello y apreté hasta que no respiró más.
     Ninguno de los espectadores trató de hacerse el héroe esta vez.


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RE: [Pasado] [+18] El chocolate prometido - Eaa - 06-03-2024

Leyenda


Como era de esperar, Diana no estaba dispuesta a hacerme el más mínimo caso. Seguía en su mundo, engullendo a cucharadas aquel helado azul radioactivo que por el olor descubrí que era sabor chicle. - Bueno, pues nada, se le habrá congelado el cerebro - suspiré, cogiendo el pañuelo, el cual guardé en el bolsillo y me acerqué a un pequeño escritorio que había en una esquina. Comencé a abrir los cajones, buscando en ellos algo que pareciese un libro de recetas. Había libros de cuentas, un diario, lacitos y animalitos de peluche, pero ni rastro de las recetas.

Llevaba ya un par de minutos buscando, sin ningún resultado. Estaba tan aburrida por la monotonía, que las palabras comenzaron a fluir solas. - Estaban muy ricos todos los dulces - dije, mientras seguía leyendo. - Siento lo de antes, es que a Maeve no le gusta lo positiva que eres, y la verdad es que estaba poniéndose muy tensa. - expliqué. Pude notar como esta dejaba de llorar, aunque seguía en silencio. - Es una persona maravillosa, pero me daba miedo que te abriera en canal con una cuchara. Además, has interrumpido un momento muy importante. - suspiré. No sabía ni por qué estaba diciendo eso. Posiblemente para no sentirme mal conmigo misma después de destrozarle medio local.

- En la estantería - dijo, con una tímida voz, señalando con la cuchara. - En el libro de "Cómo hacer realidad tus sueños" - indicó - Y no volváis never again. - Never again... supuse que como poco no quería vernos antes de la semana próxima, aunque, después de la que habíamos armado, igual no quería que volviéramos hasta la siguiente estación. Siguiendo sus indicaciones, me acerqué a la estantería y busqué el libro mencionado. En efecto, el libro "Cómo hacer realidad tus sueños, por Don Maravilloso", tenía dentro una ingente cantidad de papeles, entre las hojas. Se trataba de todas las recetas, o eso supuse. No me costó encontrar la de la tarta. Cogí el papel y lo puse sobre el escritorio, donde comencé a copiar la receta. Tampoco iba a robarle la receta como tal, no era un monstruo. Para cuando terminé de copiarla, el barullo que provenía de la zona en la que habíamos desayunado parecía haberse calmado. Ahora solo se escuchaban los cánticos de los chiflados de la puerta. Vi entonces un Den Den que parecía hacer las veces de micrófono sobre el escritorio. Una pícara sonrisa se dibujó inmediatamente en mi rostro.

- Probando... probando. ¿Se me escucha? - hablé, y en efecto se escuchaba - Señorita Maeve Knox, repito, Señorita Maeve Knox. - fue lo siguiente que dije - Espero que esté bien - murmuré - Seguro que sí - una breve pausa. - Aquí Eaa desde la cocina. Informo de que la operación Velvet ha sido todo un éxito... repito... La Operación Velvet ha sido un éxito - hablaba orgullosísima - Ya podemos cenar tarta.

Colgué, antes de agradecer a la joven de pelo rosa por decirme donde estaba la receta. Salí corriendo de la cocina, en dirección a donde se encontraba mi amiga. Esta estaba de pie, apoyada sobre una mesa, al lado de todos los cadáveres. Se había vuelto a poner el latigurón bien, y tenía a Mandarina en brazos. Como vi que no faltaba nada, agarré a la mujer por la cintura con mi brazo derecho, levantándola. Me dirigí hacia el gran ventanal y, con el impulso y haciendo uso del hombro, lo atravesé. Me aseguré de que ni mi amiga ni el gato recibieran daño con los cristales rotos, y sin perder un instante hice lo mismo con la endeble verja de madera que cercaba el jardín.

Continué corriendo, para alejarme todo lo posible del lugar. - ¿Qué tal te lo has pasado? Yo me lo he pasado genial, la verdad. Siento haberte sacado así, pero había unos pirados bloqueando la puerta y no quería tener que pelear con media guardia de la ciudad. - sonreí y miré a esta. No me había fijado en los restos de sangre en su cara, pues había salido corriendo. Además de eso, mi amiga tenía mala cara. Paré en seco y la dejé en el suelo. - Ay ay ay. Perdón, perdón - hablé, nerviosa, fijándome en la mancha de sangre de su costado. Saqué el pañuelo que había cogido antes y lo apreté contra su costado, con cuidado de no hacerle daño. 

La adrenalina de mi cuerpo había comenzado a desaparecer, lo cual provocó que el dolor de mi hombro izquierdo se intensificara. No era para menos pues, al girar la cabeza, pude ver un enorme trozo de cristal clavado en él, el cual, debido al posterior golpe con la verja, se había clavado más todavía.



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RE: [Pasado] [+18] El chocolate prometido - Maeve Knox - 06-03-2024

     Me puse en pie despacio, dejando en el suelo el cadáver más reciente de mi lista. Me llevé la mano al costado izquierdo, manchándome de rojo. Suerte que no había sido un corte profundo, pero ya se sabe lo que dicen de la sangre: es muy escandalosa. Todo lo contrario a esa parte de la cafetería, que ahora se asemejaba a un cementerio. Nadie abría la boca, nadie quería respirar más alto que los demás. La gente que podía ver permanecía acurrucada lo más cerca a las paredes posible. Y hacían bien, porque un solo movimiento sospechoso y le esperaría el mismo destino a quien se atreviese a hacerlo. La sed de sangre siempre está latente, incluso cuando estaba un poquito hecha mierda como en ese momento.
     Entonces, comencé a escuchar la voz de Eaa... ¿La voz de Eaa? ¿Por un altavoz? ¿Operación Velvet? ¿Qué cojones...? 
     O el golpe en la cara me había descolocado las neuronas, o no había hablado de esa operación en mi vida. Ni siquiera estaba segura de cuál de las dos era. 
     Tampoco recordaba desde cuándo Mandarina se encontraba entre mis brazos. Habría saltado en algún momento mientras intentaba procesar lo que decía Eaa.
     Todo lo que vino después ocurrió muy rápido.
     La semioni me cogió en brazos, y me hizo tanto puto daño en el costado al levantarme, que ni siquiera me quejé: primero porque me tocara, y después porque me llevase como si fuese una muñeca. Pero la cosa no queda aquí: la loca se lanzó contra el ventanal. CONTRA EL PUTO VENTANAL. Y CONTRA LA PUTA VALLA DE MADERA. Aunque la pelirroja se esforzó por protegernos al pobre gato y a mí con su cuerpo, no pude evitar ver las estrellas con cada embestida.
     —¿Qué... coño... te pasa? —protesté a duras penas.
     Cada bote que mi cuerpo recibía por la carrera de Eaa era una punzada en mi costado, porque además es que estaba apoyando su mano ahí. Ni siquiera era capaz de decirle nada, estaba demasiado ocupada aguantando el dolor.
     ¿Que qué tal me lo había pasado? 
     —Matar gilipollas... siempre... sienta bien... —Por fin, Eaa se dignó a mirarme y frenó de repente, bajándome al suelo—. Gracias... Es un... detalle por tu parte... 
     Me pidió perdón. Hice un gesto con la mano como para quitarle importancia. Si quedé creíble o no, no lo sé. Tampoco es que fuera la herida más importante del mundo, pero escocía como mil demonios. Cuando presionó el pañuelo sobre mi costado, no me rebelé. O sea, sí lo hice, por el puto escozor, pero no porque me estuviera tocando. Al menos, había parado en un lugar aparentemente seguro.
     Me ayudó con la pequeña hemorragia. 
     —Déjalo, no te preocupes —dije, sintiéndome algo mejor, pero alerta porque, de nuevo, habíamos tocado la fibra sensible de la guardia de Murkhold—. Vámonos de aquí y ya veo qué hago con esto. Es superficial, no es para tanto.
     Mi idea no debió de ser tan mala cuando Eaa se colocó encima a Mandarina, dispuesta a continuar alejándonos. Cuando fue a alzarme de nuevo, me negué. Bien, lo hizo igual. Me resigné. Al fin y al cabo, sus pasos eran más útiles que los míos en ese momento.
     —Me vas a dejar peor tú que los guardias —solté justo antes de que empezara a correr de nuevo para marcharnos de allí.


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