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[Pasado] (+18) La fascinante, esplendida, radiante, hermosa y exquisita Marine. - Versión para impresión +- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com) +-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3) +--- Foro: Zona Especial (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=273) +---- Foro: Skypiea (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=274) +---- Tema: [Pasado] (+18) La fascinante, esplendida, radiante, hermosa y exquisita Marine. (/showthread.php?tid=1082) |
RE: [Pasado] (+18) La fascinante, esplendida, radiante, hermosa y exquisita Marine. - Ikirami - 15-06-2024 A veces, lo único que se necesita para que haya un cambio real en una persona, son unas simples palabras en el momento correcto. Puede que no fuese suficiente para derrumbar todos los muros que tan recelosamente resguardaban mi corazón, pero como mínimo había abierto una brecha en alguno de ellos. El minino sonrió cuando aproximé mis labios sobre los suyos, respondiéndome de la misma forma y después apoyando su frente contra la mía, con nuestros caras la una junto a la otra y mirándome. Desearía en ese momento, mientras él suspiraba sonriente, saber qué pasaba por la mente de Garnet. Cogió mi mano con la suya y entrelacé mis dedos con los suyos. Dijo mi nombre y comenzó a decir que, en ningún momento, había pensado que estuviese loca, mostrando cierta molestia por mi comentario. Asentí, sobre todo para reafirmarme a mí misma que así era. También admitió que sí que le había asustado un poco, pero que me entendía. Abrí los ojos sorprendida ante su declaración. ¿Había algo que le causase el mismo terror que a mí? Eso parecía, pues dijo que al ver a un Lunarian le pasaba algo similar, desviando la vista y con cara de preocupación. Acaricié su mano, en un intento de contacto amable para mostrarle que yo también estaba ahí, aunque no lo expresase en palabras. Cuando hizo referencia a lo que yo había dicho antes sobre haber roto el momento, me acarició con suavidad la mía en retorno, diciendo que aunque le doliese verme así, que aquello lo había hecho aún más especial, sonrojado y sonriéndome tímidamente. Maldición. Me iba a estallar algo en el interior. ¿Cómo podía alguien como él hacerme sentir tan… bien? Y no solo eso, sentía algo más allá, como una conexión extraña entre ambos que se estaba formando en ese claro al compartir con él todo aquello. No podía apartar la mirada a otra cosa que no fuese él en esos momentos, tampoco quería. Entonces la sonrisa se borró sustituida por el enfado, diciendo que como era que ningún hombre me había tratado tan bien. Que esos “panolis” no sabían lo que se perdían y resoplando por nariz mientras alzaba el puño mostrando su enfado. No pude, sino sonreír al verle de aquella manera tan cómica, convirtiendo después la misma sonrisa en una algo más apagada y mirando al suelo por un momento. —Es una larga historia, la verdad… —respondí llevándome mi mano libre a su rodilla y dándole unas leves caricias. Exhaló profundamente y se rascó la frente con la mano, pareciendo confundido al no saber por qué se le había ocurrido tocarme aquella melodía, ni de por qué me había podido ayudar aquello, riendo levemente. Pese a ello, le hacía feliz el haberme hecho sentir mejor. Lo miré con una amplia sonrisa y apoyé mi cabeza en su hombro. —La música habla mucho más fuerte que las palabra, gatito. Y llega mucho más profundo. —susurré sonriente. En aquel momento, aunque no lo vi, pude escuchar como tragaba saliva, tal vez nervioso por algo. Me llamó y levanté la cabeza todavía apoyada para ver que tenía que decir que le costaba soltar. En su cara pude ver preocupación y tristeza, que enseguida entendí a que se debían. Me preguntó por lo que le dije en nuestra primera cita, sobre lo que me sucedió hacía tanto tiempo, cuando arruinaron por completo mi vida. Me separé de su hombro, sin saber qué decir. Agaché la mirada evitando la suya, pero casi como si supiese que iba a hacerlo, apretó con fuerza mi mano. Hice lo mismo. —No sé si… —comencé a decirle, pero él ya lo tenía previsto, como si ya supiese que iba a decir, y me dijo que no tenía por qué decírselo, que él tampoco es de hablar de sus problemas. Le devolví la mirada agradecida por comprenderlo, pero entonces, con una expresión de determinación grabada en su rostro me dijo que ahora podía compartir la carga con él, diciendo mi nombre con energía. Abrí los ojos sorprendida por la fuerza de sus palabras y por sentirlas tan reales. ¿De verdad podía hacerlo? ¿Confiar en él, alguien que acababa de conocer y que además era uno de los piratas con los que debía acabar? Tenía muchísimas dudas, no creía ser capaz de compartir algo tan íntimo con nadie, y menos con él. Nunca lo había hecho. Pero entonces, las propias palabras de Garnet se repitieron en mi cabeza. “Una locura…” pensé y sonreí amargamente. Sí, era una locura de la cabeza a los pies. Todo allí lo era. Cada segundo que compartía con él, cada roce, cada palabra, eran una completa y absoluta locura. Con mi otra mano, agarré la suya que todavía quedaba libre y observaba ambas mientras las recorría con los dedos, centrándome en su contacto y su presencia. —Nací en el Reino Daburu, en el North Blue, ¿sabes? No sé si alguna vez has estado o lo conoces. Era… Bueno, sigue siendo, un reino bastante bonito y peculiar. —comencé a contarle y levanté la vista a las copas de los árboles, que se mecían suavemente sobre nosotros— Mis padres, nunca supe muy bien a que se dedicaban, pues pasaban la mayoría de tiempo en nuestra mansión con mis hermanos y conmigo, pero tenían mucho dinero. Yo era la hija mayor, ¿sabes? Joel y Bael se llamaban, eran bastante más pequeños que yo y siempre correteaban a mis espaldas como si yo fuese la mamá pato. —dije sonriendo con ternura recordándolos bajando de nuevo la vista al suelo y ladeando la cabeza— Vivíamos nuestros días pacíficamente, sin hacer daño a nadie nunca. Mis padres tenían unos valores muy marcados que me transmitieron, y aun a día de hoy, sigo compartiéndolos, ¿sabes? Es lo único que me queda de ellos ahora aparte de sus recuerdo, todo lo demás me fue… arrebatado. Lo miré directamente, pasando rápidamente de uno de sus ojos al otro, sopesando de nuevo si debía decir más. Bajé la mirada a sus manos, que apreté ahora con fuerza. —Nunca he podido hablar de ello con nadie, ¿sabes? O bueno, más bien no he sido capaz, ni siquiera con mis compañeros. —confesé con cierta vergüenza— Pero… hmmm… —clavé mi mirada en la suya sonrojándome— Contigo, aquí, me siento muy distinta… No lo acabo de entender, apenas sé nada de ti. Es hasta contradictorio, pero algo me dice que puedo abrirme contigo. Y quiero hacerlo, igual que deseo saber más de ti, Garnet. Pero… —me interrumpí intentando pensar como ponerlo en palabras— también me da miedo que lo que te cuente te haga verme distinta y, bueno… te pierda. Cerré los ojos conteniendo las emociones negativas que amenazaban con salir a flote. La sensación de miedo era algo muy extraña para mí, que era capaz de todo siempre. Pero ahora un atisbo de ello me recorría el cuerpo, imaginando las miradas de mofa de la gente al saber lo que me hicieron. Para alguien orgulloso como era yo, aquello significaría un golpe enorme que no sabía como podría enfrentar. —¿Me… me puedes prometer, que pase lo que pase, no se lo contarás a nadie? —pregunté con la voz temblorosa. RE: [Pasado] (+18) La fascinante, esplendida, radiante, hermosa y exquisita Marine. - Garnet D. Matlock - 15-06-2024 El mismo claro que había sido testigo de la más extrañas cochinadas y marranerías que dos amantes, poseídos de puro placer y deseo, podían realizar, en esos momentos observaba en silencio el nacimiento y desarrollo de una conexión, que iba más allá de lo carnal, entre un pirata y una marine. Cada palabra, cada gesto, cada caricia, cada mirada... Cada todo de esa mujer que el músico apreciaba, hacía que el corazón de Garnet bombeara con fuerza a la par que sentía como si una serie de puñales se le clavaran en la boca del estómago. Observar cada una de las reacciones gestuales - caricias, sonrisas, sorpresa - que el rostro de la marine adoptaba con cada palabra, hacía que el músico deseara con fuerza, cada vez más y más, que aquel presente, que era estar junto a ella en esos términos, no se quedara tan sólo en ese día, ni en ese lugar. Sobre todo, cuando comentó el pelirrojo, de manera superficial, la pesadilla que vivía cada vez que esas alas negras se interponían en su campo de visión, pudo notar, sin ni siquiera mediar ninguna palabra, un apoyo muy reconfortante en sus caricias. Por otro lado, al expresar su enojo hacia aquellos impresentables que no habían tratado a Ikirami como se merecía, Garnet pudo ver como la sonrisa que se le había formado ante el espectáculo del pelirrojo se desvanecía, a la par que su mirada se desviaba hacia abajo, comentando que era una historia bastante larga, y siendo un preludio de lo que se vendría más adelante, aunque, en ese momento, el skypiean no ató cabos y se dedicó a arquear una ceja en señal de confusión. Luego, cuando le explicó que realmente no tenía muy claro porque había tocado música, Ikirami, con una gran sonrisa en su perfecta cara y apoyando su cabeza en el hombro del pirata, comentó que la música hablaba mucho más fuerte y llegaba más profundo que las palabras. Desde luego, aquella frase, aunque en ese preciso instante no le diera la importancia y relevancia que se merecía, se la marcaría a fuego tanto en la mente, como en el alma y en el corazón. Ante esto, el músico, en silencio, se limitó a ladear su cabeza, para apoyarla con delicadeza encima de la de Ikirami. De forma completamente distinta al sexo, Garnet sentía que todo el contacto físico que pudiera tener con la marine, no era suficiente. Necesitaba sentir el suave tacto de cada poro de su piel en su propia carne. Luego, cuando el pirata decidió dar el tan arriesgado paso, de preguntar por lo que debía ser uno de los momentos más difíciles y duros - si no era el que más - en la vida de Ikirami, notó como la pelirroja quiso separar su cabeza de su hombro, volviendo a enderezar su cuello y girándolo hacia ella. El descender de su mirada, junto al apretón que dio al mano de Garnet, el músico pudo notar todo el dolor y la angustia que debía afligir el corazón de la marine de tan sólo recordar esa experiencia que era toda una incógnita para el pirata. Dubitativa, empezó a hablar, pero fue cortada por las propias palabras del pirata que la animaban a no estar obligada a compartir esa, devolviéndole la mirada, que se trastornó en una de sorpresa cuando el músico le aclaró y recordó que ahora podía compartir su carga con él. No sabía que estaría rondando por la cabeza de la pelirroja, pero tras una sonrisa que expresaba cierta incomodidad, agarró, con su otra mano, la que quedaba libre del pirata. Garnet la aceptó con mucho gusto, usando, ambos pulgares para seguir acariciándole las manos conforme tuviera que narrar lo que tuviera que narrar. Empezó situando su historia en el reino Daburu, su lugar de nacimiento, una isla ubicada en el North Blue, dato que hizo pensar en que, el propio Garnet, aunque se criara en Oykot, también era originario de ese mismo mar. Al comentar la marine si lo conocía o sabía algo de él, el músico se limitó a negar con la cabeza sin mediar palabra. Después de enfocar su vista en la copa de los árboles, prosiguió, describiendo uno a uno a los miembros de su familia. Por lo visto, debía pertenecer a una familia adinerada al mencionar que vivían en una mansión y que sus padres no pasaban demasiado tiempo en casa debido a su desconocido trabajo. Continuó mencionando a sus hermanos pequeños, llamados Joel y Bael, y como corrían detrás de la mujer como si fueran patitos siguiendo a su madre. Al mismo tiempo que bajaba su mirada hacia el suelo, una sonrisa de ternura se le escapaba de sus labios pero, detrás de esa sonrisa, Garnet podía ir intuyendo a dónde quería ir a parar con eso. Que contara ese dato de sus hermanitos con melancolía, hacía entender el dolor con el que debía cargar la pelirroja. El músico la miraba con tristeza, a la par que apretaba sus dos manos, con cuidado de no hacerle daño a Ikirami. La pelirroja siguió con su trágica historia, narrando como vivían una vida pacífica, en la que no lastimaban a nadie, seguramente gracias a los valores que mencionó Ikirami que poseían sus padres, valores que, al igual que su recuerdo, era lo único que le quedaban pues todo lo demás, se lo arrebataron. Tras aquellas palabras, Garnet pudo notar un agudo pinchazo en su pecho, que se intensificaba por momentos. No había que ser un genio para darse cuenta que fue lo que pasó, aunque no lo dijera directamente. Su afán de proteger a los más débiles e inocentes... Desear que que alguien hubiera estado allí para salvarla... Que todo lo que tenía y amaba se lo quitaran de las manos... Todo aquello, junto a la frase no todos los piratas son tan gentiles como tú, hizo que la mente del skypiean hiciera click y uniera conceptos.- Piratas... Joder...- Palideció y apretaba con más fuerza las manos de la marine, sintiendo, casi al momento como la marine le respondía ejerciendo más fuerza también, al punto que podía sentir como sus manos se unificaban en una sola. Miro a los ojos de Ikirami, que danzaban respecto a los suyos, apartando, momentáneamente la mirada de la pelirroja, casi al mismo tiempo que ella se enfocaba en sus manos. Era obvio que no había sido culpa suya lo que le había sucedido, y aún menos tenía algo que ver con ese supuesto pirata que Garnet había elucubrado, pero no podía evitar sentirse avergonzado y triste. Suponiendo que un pirata había asesinado a toda su familia, ¿estaba bien que Ikirami estuviera ahora mismo con él, otro pirata? ¿Le haría su compañía algún bien? ¿No le recordaría su mera presencia a aquellos malnacidos que le hundieron la vida? Todas esas dudas asaltaban su mente. Ikirami siguió hablando, sacando del pequeño trance al skypiean, que volvió a centrar su mirada en la hermosa marine. Contó, avergonzada, como no había sido capaz de hablar de esto con nadie, ni siquiera con sus compañeros y además de que, tras volver a cruzarse sus miradas, confesó que con él se sentía distinto, que a pesar de lo poco que lo conocía, como si una contradicción se tratara, con él podía y quería abrirse al igual que quería conocer más de él, llamándolo por su nombre, posiblemente por primera vez, haciendo que, al igual que Ikirami, el músico se sonrojara y abriera los ojos como platos. La marine siguió con un "pero" después de una breve pausa y es que, tenía miedo de que, después de que le contara lo que quedaba guardado en su corazón, la hiciera ver distinta hasta el punto de perderle. Por un segundo, Garnet la miró con incredulidad, ¿cómo iba a ser que unos piratas asesinaran a su familia un motivo para que la imagen que tenía de ella se viera diferente? ¿Acaso había algo más que la mente del skypiean no había llegado a deducir? ¿Algo incluso peor? No le dio demasiadas vueltas pues, al escuchar que tenía miedo de perderle, pudo notar el pirata como su corazón, ardía con tanta fuerza, que parecía que iba a empezarse a derretir. Las dudas que hasta hace un momento eclipsaron su cabeza, sin llegar a desaparecer del todo, se achicaron, quedando en su mente tan solo un deseo que se hizo tangible en el pequeño impulso de acercarse a su frente y -esquivando los mechones de su pelo - darle un delicado beso, después de que la marine cerrara sus ojos. Al apartar sus labios de su hermosa frente, Ikirami, con la voz entrecortada y temblorosa, como si las palabras se le atragantaran en su garganta, preguntó que si le prometería que pasara lo que pasara, lo que le contara a continuación quedaría entre ellos dos. Garnet posaba sus ojos con seriedad y tristeza sobre ella. Antes de empezar a hablar, acercó la mano izquierda de la mujer hacia su boca, dándole un tierno beso en ella. Seguidamente, cerró los ojos, para intentar reorganizar sus pensamientos. Cuando supo que decir, los abrió de golpe, con la misma expresión que antes.- Ikirami, al loro, te he mencionado como más de cuatro veces que no soporto a la marina, ¿es o no es?- Comenzó a hablar, dando una pequeña pausa, y esbozando una pequeña sonrisa.- Tú eres una marine... El menda es un pirata... Y sabes qué, me la pela Ikirami.- Dijo sonrojándose y juntando sus labios fuertemente.- Hemos hecho el delicioso, y ahora siento que... Nanai, estamos conectando de otra manera, como si nuestras almas se empezaran a unir, ¿es o no es?- Comenzó a parpadear rápidamente, desviando seguidamente la mirada.- El caso... Es que cada segundo que pasamos juntos, me hace estar más seguro de que no quiero que te vayas mi vida.- Volvió a mirar a Ikirami, cambiando su expresión avergonzada y sonrojada por una más decidida.- A lo que voy es que no vas a perderme, tendría que ser un completo tolai para que este cabezota se alejara de ti.- Aproximó entonces, nuevamente y con sus ojos cerrados, sus labios a los de la marine, para fundirlos en otro tierno y beso. Un par de segundos después, se separaría, volviendo a abrir los párpados, y mirándole otra vez con la seriedad que merecía el momento.- Como que me llamo Garnet Matlock, te juro, por el nombre del rock and roll, que no diré nada sobre lo que has soltado y vayas a soltar a continuación.- Prometió, casi de manera solemne y sin dudar, que cumpliría el pelirrojo con su palabra de mantener toda esa conversación en secreto, creando, de esta manera, un vínculo, que si ya no era lo suficientemente fuerte, ahora sentía que era indestructible para el poco tiempo que habían hablado. - Solo una cosa, Ikirami...- Llamaba la atención de la mujer, desviando su mirada, casi avergonzado y con pena, mientras sus dedos seguían tocando con suavidad las delicadas pero fuertes manos de la pelirroja. Probablemente lo fuera a explicar a continuación pero, no sabía por qué, sentía la necesidad de preguntarlo el mismo.- Pasara lo que pasara con tu familia...- Cerró los ojos con fuerza.- Fueron piratas, ¿es o no es?- Sentía como esa última frase le costaba horrores salir hacia afuera. Tras acabar la frase, volvió a abrir los ojos y los giró hacia la marine, con esa misma pena y vergüenza de hace escasos segundos.
KARMAS
INVENTARIO
RE: [Pasado] (+18) La fascinante, esplendida, radiante, hermosa y exquisita Marine. - Ikirami - 16-06-2024 Con las manos sostenidas por las suyas y acompañando mis palabras con suaves caricias, le conté sobre mi familia y como me crie. Claro, había muchísimos detalles que no le había contado, pero esperaba tener ocasión más adelante. Me costaba realmente hablar de ellos, no por tener dudas de hacerlo, sino por como la nostalgia me envolvía y me recordaba que jamás volverían. Él escuchó atentamente cada una de las palabras que le dije en silencio, permitiéndome tomar una pausa cuando la necesitaba, y cuando más me costaba aferraba con fuerza mis manos, dándome fuerzas para seguir adelante. Solo me cubría una fina camisa los hombros, pero su amabilidad me arropaba, con una calidez superior a la de cualquier abrigo. Al mencionar que me arrebataron aquella vida, pude sentir como apretaba con más fuerza. Parecía que realmente comprendía el dolor que significaba aquello. Cuando me sinceré con él, hablándole de que sentía que podía abrirme con él y que deseaba conocerlo también, se sonrojó abriendo los ojos sorprendido. Sí, era una locura, lo sabía muy bien, pero de verdad lo sentía así y, por una vez en la vida, opté por ser sincera. Le confesé que tenía miedo de perderlo si continuaba y descubría la verdad sobre mí, algo tan vergonzoso que no podía ni imaginar como seguiría adelante si se descubría. Al cerrar los ojos, sentí la suavidad de un beso en la frente. Noté un hambre voraz en el estómago de nuevo, que hacía ya un buen rato que se iba intensificando. Y cuando le pregunté, mostrando inseguridad, sobre si guardaría mi secreto, él me miró con una mezcla de seriedad y tristeza, acercando mi mano izquierda a sus labios sellando un delicado beso en ella. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, mezcla del temor por su respuesta y del amor por su gesto. Cerró un momento los ojos y me dijo que no soportaba a la marina, como ya me había dicho antes. Parpadeé algo confusa por su contestación, pero asentí y me dispuse a escuchar lo que tuviese que decir. Hizo mención a lo que ambos sabíamos desde el principio, pero habíamos decidido callar y dejar al fondo de nuestras mentes hasta el momento, que yo era marine… y él un pirata. Bajé la cabeza enseguida, porque sabía lo que iba a continuación. Aquello desde el principio estaba abocado a un amargo final, seguro que era lo que estaba pensando e iba a cortarme las alas, figuradamente. Desde hacía un buen rato no pensaba con la fría lógica de siempre, estaba actuando llevada por… impulsos extraños y desconocidos. O eso pensaba. Rompiendo por completo con lo que me esperaba, dijo que le daba igual, haciendo que levantase la cabeza con los ojos abiertos por completos y apretase sus manos con fuerza. No me lo podía creer. Es decir, osea, yo era increíble y fantástica y todo eso, pero el minino correspondía a mis sentimientos. Lo mismo que yo había notado, sobre que estaba surgiendo algo especial entre ambos, algo intenso y… precioso. Parecía que él también lo sentía. Apreté los labios avergonzada y sonrojada, al igual que él mientras decía que cada vez estaba más seguro de que no quería que me fuese de su vida. —Yo… siento lo mismo. —respondí con las mejillas ardiendo como si tuviese brasas en ellas. Justo después, ni con todo el autocontrol que tenía fui capaz de resistir que una sonrisa invadiera mi cara al escucharlo decir que no le iba a perder, que tendría que ser un auténtico “tolai” para que el muy cabezota se alejara de mí. Solté una de mis manos para pasarla detrás de su cabeza, necesitaba besarlo. A veces me parecía que me leía el pensamiento, cosa que me daba miedo, porque antes de hacerlo él se acercó para darme uno. Cerré los ojos y aproveché la mano para acercarlo a mí y acariciarle el pelo, cerrando los ojos con fuerza y perdiéndome en el beso. Fueron unos segundos, pero sentí como me quedaba sin aire cuando me alejé de él, como si cada centímetro que nos separaba fuese doloroso. Pero no me arrepentí, porque justo después, completamente serio, me juró no contar nada de lo que había dicho ni de lo que dijese a continuación. Suspiré, pero más que de alivio me parecía que era de otra cosa. A saber. Me acerqué a su mejilla y le di otro beso, cogiendo sus manos y estrechándolas con cariño. Comencé a plantearme como iba a contárselo. Confiaba en su palabra, estaba dispuesta a hacerlo, fuese por lo que fuese. Entonces, llamó mi atención para decirme algo. —¿Qué pasa, minino? —pregunté con curiosidad cuando desvió la mirada. Rápidamente, entendí por qué aquella pregunta que iba a hacer le incomodaba tanto. Me preguntó si lo que le había pasado a mi familia fue por culpa de piratas. Alterné la mirada entre él y nuestras manos, estaba claro que sabía la respuesta. Más que una pregunta, había sido una afirmación. Me quedé unos segundos sopesando en silencio, pero de cualquier forma ya había decidido contar lo que me pasó. —Sí es. —respondí finalmente y suspiré con pesar, preparada para revivir aquel día. Si el hecho de estar desnuda frente a él no era suficiente, había decidido desnudar tambien mi alma y compartirla con él. Esperanzada con que de verdad pudiese aceptarme a pesar de mi pasado y temerosa de que me rechazara tras saber la verdad. - Cuando tenía catorce años, estaba volviendo a casa de haber estado estudiando con un tutor que mis padres habían contratado para darme clases de literatura. Estaba al otro lado de la ciudad, y mientras volvía, comencé a ver mucho humo en la zona cercana al puerto. A lo lejos se escuchaban los ecos de armas entrechocando y disparos. Recuerdo tener que atravesar calles donde las casas ardían consumiéndose en el fuego. La gente gritaba y huía, y yo corrí hasta llegar a nuestra mansión, ¿sabes? —aparté la mirada a un lado, la tristeza me comenzaba a inundar, haciendo contraste con la felicidad que había sentido unos momentos antes, pero debía continuar— Cuando llegué, mi padre me gritó que me escondiese, subí las escaleras con mis hermanos y nos encerramos en un armario. Sí, ya sé que no es un gran escondite, ¿sabes? Pero… no supe que más hacer. Solté su mano izquierda y agarré la contraria con ambas, llevándola frente a mi cara y posando mi frente en ella, cerrando los ojos con fuerza. —Fue totalmente inútil, al cabo de poco rato unos hombres entraron en nuestra casa y nos encontraron. Eran piratas. No sé qué fue lo que buscaban, si solo querían dinero o si buscaban algo más. Fuese lo que fuese que querían, cuando nos vieron a nosotros decidieron que yo… —paré un momento para respirar, conteniendo como podía el dolor del recuerdo de lo que sucedió hasta que pude continuar— Pensaron que podrían venderme a buen precio, como una mercancía, y me ataron para llevarme con ellos. Intenté resistirme y luchar, pero fue totalmente inútil. Les supliqué que dejasen a mis hermanos en paz, pero al parecer no les servían y entonces… Él… —sollocé, aferrándome todavía más a su mano y me apoyé en su pecho— Su capitán puso las manos sobre ellos, era un usuario de akuma, de la Sabi Sabi no mi, ¿sabes? Lloré, grité, pedí ayuda, pero no conseguí nada. Lo único que pude hacer fue ver como… él… los convertía en óxido delante mi. Necesité parar, con las lágrimas escapando por mis mejillas. Después de diez años sus muertes seguían pesando sobre mis hombros. —Todo este tiempo siempre me he culpado de sus muertes, ¿sabes? Si hubiese corrido y escapado con ellos en lugar de esconderme tal vez estarían vivos. Quizás podría haber luchado más, enfrentarme de alguna forma… No lo sé, lo que fuese… Algo… —conseguí decir entre sollozos— Me arrastraron fuera, pasando por delante de los cadáveres de mis padres y mientras me llevaban, vi como mi casa ardía, con todo lo que conocía y me era querido en su interior. Había sido duro contárselo, pero todavía me quedaba algo más que decirle, lo que de verdad me asustaba reconocer. Me separé del minino para mirar al frente, hacia el claro, rodeándome con los brazos y cubriéndome con la camisa sobre mis hombros. —Cuando me llevaron con ellos a su barco, luché cada día por escapar de allí. Me tuvieron durante semanas encerrada en la bodega de carga, maniatada contra una columna, como si no fuese más que una estatua, un artículo más entre sus pertenencias robadas esperando a ser vendida al mejor postor. Un día, uno de ellos se acercó a mí, mofándose y bueno… le arranqué un dedo de un mordisco, ¿sabes? —intenté sonreír forzadamente, pero no me salió y simplemente seguí con la mirada fija en la nada, intentando por todos los medios no sentir, no revivir aquello— Me pegó una paliza para vengarse, pero cuando el capitán se enteró, convirtió uno de sus brazos en óxido como castigo. Después… Hmmm… —el corazón me latía desbocado, me acercaba al momento y mi cabeza me decía que lo dejase ahí, que no dijese más. Sacudí la cabeza y cerré los ojos. Iba a confiar en él, lo haría— Al cabo de unos días me pusieron en una jaula y, como castigo, ese mismo hombre estaba encargado de cuidarme, si es que se podía llamar así a aquello, ¿sabes? Me… me obligó a lavarme delante de él, diciendo que era el castigo por lo de su brazo. Le di la espalda avergonzada y llorando mientras lo hacía, y en un momento sin que me diese cuenta, se puso delante de mí. Se burló de mí porque yo… bueno… estaba ya desarrollada. Y al ver su asquerosa cara riéndose de mí con suficiencia, le escupí. —me pausé de nuevo, volviendo a sollozar— Supongo que te puedes imaginar que no fue muy sensato por mi parte. Despreciaba a aquellos hombres más que a nada en el mundo. Indignado por mi insolencia… me asaltó y… me violó. Escondí la cara entre las manos, enseguida sintiendo como la humedad de mis lágrimas las impregnaba. —No sé bien qué pasó… Me golpeó hasta dejarme casi sin sentido y no pude hacer… nada para impedirlo, ¿sabes? Y… otra vez más, cuando supliqué por ayuda… Nadie vino. Seguro que es mejor que morir, pero aquello me rompió por completo… Y no solo fue eso… Cuando el hombre terminó conmigo apareció el capitán Rust. Aun encima de mí lo convirtió en óxido… —apreté mis brazos con fuerza otra vez, el olor, el sabor y el tacto del óxido sobre mi piel volviendo a mí— Después… ya no les servía para venderme. No sé cuanto tiempo me tuvo allí, si semanas o meses, pero… a partir de aquel día, casi cada noche… me… me obligaba a vestirme para él y… Yo estaba aterrorizada, ¿sabes? Empecé a prepararme… para escapar de Rust… Me llevaba a su camarote y… me tomaba. Yo aprendí que era mejor fingir, si me resistía me golpeaba y me dejaba a oscuras durante días sin comer… Una de esas noches, conseguí engañarlo y coger un cuchillo. Se lo clavé una, otra, y otra vez. Una por cada noche que me había obligado a aquello. —paré para centrarme en respirar, ya casi estaba— Después prendí en llamas el camarote, con el fuego esparciéndose por todo el barco… La verdad, no tenía ni idea de dónde estábamos y no tenía ni idea de navegar. Me lancé al mar… De verdad creí que iba a morir ahogada allí. Pero de alguna forma las olas me arrastraron inconsciente hasta la orilla de una isla. Y… bueno…. —me giré ahora hacia él, pero rápidamente desvié la mirada— Desde entonces, es la primera vez… que estoy con alguien así, ¿sabes? —sonreí con pesadumbre— No te voy a pedir que lo aceptes, ya sé que es complicado… Pero ahora ya lo sabes. RE: [Pasado] (+18) La fascinante, esplendida, radiante, hermosa y exquisita Marine. - Garnet D. Matlock - 16-06-2024 Los sentimientos que se estaban forjando en el interior del músico hacia la marine, comenzaban a cobrar tanta fuerza, que sentía que podían romper todos los tabús y barreras establecidas por la sociedad. Cuando Garnet expresó lo mucho que se la pelaba que pertenecieran a bandos opuestos, pudo ver como Ikirami, quien estaba cabizbaja, alzaba su cabeza, con los ojos abiertos de par en par, al mismo tiempo que sentía como sus manos presionaban con fuerza las del skypiean. Al escuchar como la bella mujer - con un notorio sonrojo en su rostro y mejillas - respondía que ella sentía lo mismo que el pirata, que no le importaban los límites impuestos entre sus facciones, y que no quería se fuera de su vida, el músico respiró aliviado al saber que todo lo que sentía era correspondido. Tras decirle lo idiota que sería si se alejara de ella, Ikirami, con una gran sonrisa en su cara y soltando una de sus manos para pasarla por detrás de la cabeza de Garnet, casi al mismo tiempo que el pirata, y como si sus mentes, junto a sus ganas de darse amor el uno al otro, estuvieran conectadas, se dieron un beso, tras el cuál, y después de contarle que no contaría jamás nada de lo que se hablaría en ese claro, Ikirami respondió con un suspiró, seguido de un tierno beso a su mejilla que hizo - junto a la manera en la que la marine sujetaba sus manos - que al pirata se le erizara la piel por completo. Al preguntar si los responsables de que los que le habían arruinado su vida habían sido piratas, Garnet sintió como el mundo se congelaba y los segundos se hacían eternos. No sabía cuanto tiempo pudo estar Ikirami en silencio, preparándose para responder a la tan complicada pregunta del músico, pero en esa relativa eternidad, sentía como el corazón de Garnet se le subía a la garganta. Cuando afirmó la marine lo que se temía el pirata, no pudo evitar volver a desviar la mirada, cargando con una culpa que a él no le correspondía. Fue entonces cuando Ikirami, en mayor profundidad y detalle que hasta hace un momento, explicó que fue lo que le había ocurrido, haciendo que el skypiean volviera a mirarla. Comenzó narrando que, un día en el que tenía 14 primaveras, Ikirami volvía de las clases con su tutor cuando empezó a ver humo, fuego, gente huyendo, además de escuchar sus gritos y el sonido metálico de las armas chocando, mientras ella corría hacia su hogar. Pudo notar la tristeza que le empezaba a generar contar aquella trágica historia. Ciertamente, pintaba peor de lo que aparentaba, y el músico, en silencio, y dándole su espacio para contarlo con libertad, se limitó a apretar con fuerza sus labios. La joven pelirroja, cuando llegó a la casa fue directa a esconderse a un armario junto a sus hermanos bajo las órdenes de un padre que quería proteger a su familia. Obviamente, sabía de antemano que todo salió de las peores maneras posibles. Podía sentir su agonía y angustia cuando soltó su mano izquierda, justamente para agarrar con las dos su diestra, para llevársela a su frente mientras cerraba los ojos. Con su siniestra libre, aprovechó para situarla encima de su muslo y, con la mano parada, comenzar a contraer y expandir los cinco dedos de su mano con delicadeza y suavidad, mientras apretaba con firmeza con su otra mano las otras dos de la mujer. Sólo tenía deseos de abrazarla, de decirle que todo iba a ir bien, pero no era el momento, aún no. Debía ser paciente y fuerte por ella, y esperar a que terminara de contar su historia. La marine prosiguió relatando ese oscuro episodio de su vida. Como cabía esperar, los piratas la acabaron encontrando, tanto a ella como a sus hermanitos. De solo imaginar el terror que tuvo que vivir en ese momento, un nudo se le formó en la garganta del músico, pero la cosa sólo hacía más que empeorar. Por lo visto, cogieron sólo a Ikirami, ante la idea de venderla como una mercancía, cosa que hizo rechinar los dientes de Garnet, fruncir su ceño y apretar el puño de la mano que estaba sobre su pierna. Intentó suplicar que no hicieran nada a sus hermanos, explicó, pero fue en vano, pues el capitán, gracias a los poderes de una fruta que no conocía en absoluto, los convirtió en óxido delante de los ojos de una Ikirami, desesperada,, que lloraba y gritaba por una ayuda que no le llegaba. No podía imaginarse el dolor que tuvo que soportar al vivir esa experiencia tan terrible, dolor que le recordó ligeramente al que sintió al presenciar las muertes de todos sus amigos de los Shogun Gari. No sabía que decir en ese momento, ni aún menos que hacer. Lo único que podía hacer era seguir escuchándola, liberarse de esas cadenas que le oprimían durante tanto tiempo, en silencio. Ver como la pelirroja sollozaba desconsoladamente, mientras contaba todo en el pecho de Garnet, le partía el alma en mil pedazos. Hizo una pequeña pausa, en la que sus lágrimas seguían descendiendo por sus mejillas y en la que el skypiean aprovechó para pasar la mano situada en su muslo a la parte superior de su cabeza.- Llora lo que tengas que llorar, Ikirami, el menda sigue aquí, ¿es o no es?- Se limitó a decir, con una voz que sentía que le pesaba toneladas, antes de que la marine siguiera relatando su historia. Continuó comentando que siempre se había culpado a ella misma por sus muertes, frase que se le hacía muy similar al propio Garnet por todas sus vivencias, transmitiéndole una mirada cargada de pena. Siguió relatando como los piratas se la llevaron, tuviendo que ver los cadáveres de sus padres y como ardía y se consumía en las llamas todo lo que había querido y había formado parte de su vida hasta ese entonces. Fue entonces, tras contar eso, que Ikirami decidió separarse por el momento del cuerpo de Garnet. Se abrazó a ella misma - cubriéndose con la misma camisa que le había puesto por encima anteriormente el pelirrojo a Ikirami - y miró hacia el frente. El pelirrojo intuyó que necesitaba algo de espacio físico y personal, así que hizo lo propio y apartó sus manos de ellas, pese a todas las ganas que le invadían por abrazarla fuertemente a cada segundo que pasaba, y las situó sobre sus rodillas, todo mientras seguía en silencio, sin apartar su apenada vista de ella. Siguió narrando como la raptaron hasta llevarla a su barco, lugar dónde, en contra de su voluntad, la encerraron en una bodega y la ataron en una columna hasta que la vendieran a saber quién que. Una ligera mezcla entre, ira, tristeza e impotencia se empezaba a apoderar de la mente del pelirrojo, el cuál comenzó a respirar con mayor profundidad para calmarse y no montar un pollo antes de tiempo. La marine intentó esbozar una sonrisa, que había quedado super forzada, cuando contó como le arrancó un dedo de un mordisco, después de que uno de sus piratas se mofara de ella. Por un lado, Garnet no pudo evitar emocionarse y pensar que se lo tenía merecido ese cabrón, pero esa emoción, en apenas un segundo despareció, volviendo esa cólera y pena al escuchar como ese mismo pirata luego le pegó una paliza a la, en aquel entonces, adolescente, enterándose luego el capitán de esto y castigándolo transformando su mano en óxido. En ningún momento, Garnet llegó a imaginar que la situación que había tenido que vivir Ikirami, fuera tan cruda. Y lo peor de todo es que aún no sabía todo. El músico podía notar como a la marine le costaba horrores seguir, viendo como cerraba los ojos y sacudía su cabeza, como si estuviera peleando consigo mismo para olvidar lo que venía a continuación. Por lo visto, como castigo ante la acción de la pelirroja, a los días la enjaularon, estando el mismo hombre que se había mofado de ella como encargado de vigilarla. Como añadido al castigo, como si no fuera suficiente, la obligó a lavarse delante de él, siendo entonces objetivo de sus burlas, mientras la pobre chica lloraba, por su cuerpo ya entonces desarrollado. Como respuesta a esto, Ikirami contó como le escupió, casi por inercia, haciendo otra pequeña pausa seguida de otro llanto, para seguir relatando como, debido a aquella falta de respeto, ese pirata la asaltó y la violó. Al escuchar esto, Garnet se quedó con los ojos abiertos como platos y una cara de pasmado. Estaba atónito, paralizado, como si no acabara de digerir el contenido del mensaje que le acababa de transmitir Ikirami. Fue entonces, cuando sintió como algo dentro de él se fragmentaba, como si de un jarrón a punto de colisionar con el suelo se tratara. Entonces, aún sin creer lo que le había contado, sus ojos se aguaron hasta el punto de que una lágrima descendió por su mejilla izquierda, pestañeando varias veces, aún incrédulo, ante lo que le había contado Ikirami, quién seguía llorando con las cara escondida entre sus manos. Aún así, siguió contando hasta finalizar su tan deprimente pasado. Tras eso, Ikirami expresó su duda de no saber que pasó exactamente en ese momento, sintiendo tan solo los golpes que le llegaban hasta el punto de perder el conocimiento, y un deseo que iba más allá de preferir estar muerta antes que vivir aquella experiencia, al no poder ser salvada por nadie y sentir como, al haber acabado ese hombre con ella, fue convertido en óxido por el Capitán Rust. Conforme más contaba, más lágrimas brotaban de los ojos del pelirrojo. Su impotencia, impotencia por no haber podido hacer nada - obviamente - en su momento de mayor debilidad, se manifestaban en el rechinar de sus dientes y en el apretar de sus puños con fuerza, a la par que el músico alzaba su cabeza hacia arriba. A pesar de no mirar, a la mujer, seguía escuchándola con atención. Prosiguió contando como, después de esa experiencia traumática, ya no le servían para nada, quedando su papel relegado a ser tomada por ese asqueroso capitán pirata casi todas las noches. Por fortuna, en una de esas noches, Ikirami consiguió colar un cuchillo al camarote, estableciéndole múltiples puñaladas al hombre y asesinándolo en el acto. Seguidamente prendería el camarote en llamas, esparciéndose por todo el barco y entonces, saltar al mar, con la esperanza de salir de aquel infierno, aunque tuviera que morir ahogada, finalizando su historia en como, las olas, afortunadamente, la llevaron a la orilla de una isla inconsciente. Garnet, que seguía con la cabeza orientada hacia arriba, llena de lágrimas, mocos y babas, no pudo ver como Ikirami se giraba para volver a mirarle, declarando que, desde ese entonces, era la primera vez que estaba así con alguien, haciendo que el músico tuviera ahora una mezcla de sentimientos agridulces, finalizando con que no iba a pedir que lo aceptase por lo complicado que era.- ¿Aceptarlo?- Pensó incrédulo Garnet, el cuál se sorbía los mocos que seguían bajando por su cara. ¿Qué acababa de escuchar el pirata? ¿Qué clase de vida había tenido Ikirami desde esos 14 años? Lo máximo que había vivido a esa edad el músico, era una especie de crisis existencial, debido al chute hormonas propia de la pubertad, dónde sentía que debía cambiar todo él, para ser realmente fiel a sí mismo. ¿Pero eso? Eso era una historia muchísimo mayor. Casi por acto reflejo, con suma rapidez e intensidad, el skypiean se abalanzó hacia Ikirami, dándole un fuerte abrazo, apoyando su cabeza en uno de sus hombros, situando su diestra en su espalda y su siniestra en la parte posterior de su cabeza.- Iki...Ikirami...- Se sorbía nuevamente los mocos.- Perdón, lo has tenido que pasar fatal todo este tiempo, ¿es o no es?- Tragaba saliva e intentaba respirar con normalidad. Frunció el ceño entonces, a la par que aferraba con mayor firmeza a Ikirami entre sus brazos y su pecho.- NO SÉ CÓMO COJONES LO HARÉ, PERO EL MENDA NO TE DEJARÁ QUE TE VUELVA A PASAR ALGO ASÍ, ¿ES O NO ES?- Rechinaba sus dientes y separaba levemente la cabeza del hombro en el que estaba apoyado. Sabiendo por todo lo que había pasado la marine, sentía definitivamente que no podía perderla, y que movería cielo, mar y tierra para estar con ella y no dejar que le ocurriera nada malo.- PASE LO QUE PASE, TE PROTEGERÉ Y DE ALGUNA MANERA TE HARÉ FELIZ, ¿ES O NO ES?.- Dijo, casi sin pensar realmente en el significado de esas palabras, llevado por la emoción del momento. Alzó entonces su cabeza, con los ojos en blanco, completamente ido de sí y comenzó a gritar hacia el cielo de dolor, haciendo que los árboles retumbaran con aquel llanto tan desgarrador. - BWHOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOAAAAAAAAAAAA -Lloró desconsoladamente por todo lo que había escuchado, visto, y sentido por parte de la marine durante minutos y minutos. Aquella desnudez de su alma que le había mostrado Ikirami a Garnet, había sentenciado, al menos para el músico, la conexión que se estaba forjando entre los dos amantes. Al terminar de llorar, el músico comenzó a respirar con más calma. Sentía que se había quitado todo el peso que había ganado al escuchar aquello de encima. El pirata seguía rodeando entre sus brazos a la pelirroja, hasta ese momento, que decidió separarse para, volver a darle un pequeño beso en sus labios nuevamente. Al alejar su cabeza, le miró con, los ojos rojos de llorar y una sonrisa discreta.-Ikirami, gracias por dejarme escuchar el rugido de tu alma.- Desvió entonces su mirada, sonrojado.- Aún no me entra en la mollera como en tan poco tiempo has puesto patas arriba todo mi corazón.- Volvió a posar su vista en la mujer, con otra sonrisa, a la vez que situaba su mano sobre su muslo, nuevamente.- Ahora que estoy al loro de tu dolor, me alegro de que todos esos psicópatas la hayan palmado... Y aunque entiendo que todo eso lo veas como un momento de vergüenza y vulnerabilidad.- Tragó saliva y la miró con decisión.- El menda sólo es capaz de ver la mujer tan increíble y fuerte que tiene en frente.- Con la otro mano que tenía libre, fue directa a tomar su mano izquierda.- El menda no te va a juzgar por algo de lo que no tienes culpa de nada...- Fue entonces directo a depositar un beso en su frente.- ...¿Sabes?- Dijo de manera tierna, usando a propósito la muletilla que era característica de la marine. La miró entonces con preocupación ahora.- ¿Cómo... Te encuentras ahora?- Quería saber de todo corazón si, quitarse aquella carga que la consumía, había hecho sentirse mejor.
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RE: [Pasado] (+18) La fascinante, esplendida, radiante, hermosa y exquisita Marine. - Ikirami - 17-06-2024 A pesar de que en mi cabeza saltaban las alarmas cada segundo que pasaba contando mi historia, advirtiéndome una voz interior de que iba a salir mal, que no debía confiar, que era un pirata… Fui capaz de hacerlo. Y cada gesto que Garnet hacía acompañando mis palabras, me daba fuerzas y resolución para seguir adelante. Me dejó explicarme, manteniéndose en silencio, lo cual me hacía más sencillo. Además, cuando necesité tiempo para llorar, me apoyó, me dijo que estaba ahí… Y me dio espacio cuando tuve que pasar a la peor parte, sin tener que decir nada. Él lo entendió y se mantuvo ahí, escuchando lo que mi interior escondía y le atemorizaba. Pero ninguno de sus gestos amables y cariñosos podía preparar a mi corazón para lo que vi cuando, finalmente, decidí mirarlo. Estaba llorando, con la cara empapada mirando al cielo. Lloraba… ¿Por mí? Abrí los ojos todavía luchando por contener su humedad, apretando los labios temblorosos, cuando se abalanzó para abrazarme. Temerosa del rechazo, no había creído posible que algo así pudiera suceder. Su calor reconfortó mi cuerpo, sentía como si hubiese estado andando desnuda en la nieve toda mi vida y finalmente había encontrado un refugio con una hoguera. Exploté de nuevo en lágrimas y sollozos, aferrándome a él con toda mi alma, con las manos sobre su pecho y hundiendo mi cara en su hombro a la vez que él lo hacía. Llamó mi nombre, disculpándose porque lo había pasado fatal. Lo abracé con más fuerza aún si era posible. Las palabras morían en mi boca antes de poder pronunciarlas cuando, me aferró más y me prometió que no dejaría que me volviese a pasar algo así. Mi corazón de témpano se derritió en ese momento, como la superficie helada bajo primer sol de primavera, cuando manifestó que, pasase lo que pasase, me protegería y me haría feliz. La niña interior en mí, que tan aprisionada entre rejas y cadenas guardaba bajo cerrojo, lloró con él cuando, con un desgarrador grito hizo retumbar el claro donde estábamos. Todavía no sabía lo que aquel día iba a significar para mí en el futuro, cuanto iba a cambiarme, pero el peso que llevaba arrastrando desde entonces se esfumó y desapareció, al menos por el momento, dándome finalmente libertad para respirar. Lo que el futuro depara siempre es un misterio, pero encuentros aleatorios como ese, que en primera instancia pueden parecer pequeños, generan un efecto mariposa que desencadena en grandes cosas. Aquel día, encontré por primera vez a alguien que de verdad me aceptó, algo que tocó con profundidad mi ser. Mientras me fundía en lágrimas con él, recordé Impel Down y la felicidad que todos compartieron al ser ascendidos, emocionados y unidos. Y como yo me quedé alejada, sintiéndome como una intrusa presenciando un momento íntimo que no era suyo. Pero ese abrazo, aquel momento y esas emociones que sentía… me pertenecían a mí. El minino se separó un momento, para besarme y sonreí al devolvérselo. Nos miramos, ambos con los ojos enrojecidos, más si era posible en los míos ya de por sí carmesíes. Alzó la voz para agradecerme por dejarle escuchar el rugido de mi alma y desvió la mirada sonrojado, le di un beso en la mejilla porque así lo sentía. —Gracias a ti por escucharlo, minino. —respondí agradecida y avergonzada a la vez, secándome las lágrimas de los ojos con la mano. Después, confesó que no entendía como en tan poco tiempo había puesto patas arriba su corazón y el mío dio un vuelco tras escucharlo. Apoyó su mano en mi muslo y yo coloqué la mía encima de ella, acariciándosela. Dijo que ahora que entendía mi dolor se alegraba de que los culpables estuviesen muertos. Torcí una sonrisa, todavía me dolía pensarlo, aunque teniéndolo a él ahí se me hacía más ligero ahora. Casi me da un infarto cuando me soltó con decisión, que a pesar de que yo lo viese como algo vergonzoso y vulnerable, cosa que era así, él solo podía ver a una mujer increíble y fuerte frente a él. Sí, yo era así, y mucho más, pero escucharlo de su boca me hizo arder las mejillas y sonreír avergonzada cuando tomó mi mano libre. No me iba a juzgar, dijo, por algo de lo que no tenía culpa y besó mi frente que me generó un escalofrío que erizó mi piel. La verdad era que siempre pensé que de haber actuado distinto las cosas podrían haber salido mejor. Si no me hubiese resistido desde un inicio y hubiese acatado sus órdenes sin rechistar, sin morder ni escupir… Pero por mucho que odie el calor, dentro de mí siempre ha existido una llama, inconformista y rebelde, que me obliga a seguir. Incluso cuando deseé estar muerta antes que seguir sufriendo aquello, me resistí y luché, con una voluntad aplastante. Había conseguido reconciliarme con mi pasado, aunque fuese un poco. Su ternura, su amabilidad, su mirada, todo cuanto provenía de él me era extremadamente reconfortante, apaciguante, y a la vez alimentaba mi llama. Me preguntó entonces, como me encontraba ahora. Solté sus manos y las apoyé en el tronco en el que estábamos sentados, mirando al cielo sonriendo y soltando un suspiro. Después, giré ligeramente la cabeza para mirarlo de reojo y cambié el dibujo de mis labios a una sonrisa juguetona. Colé mi brazo por detrás de su hombro y tiré de él hacia atrás, tumbándolo de espaldas contra la hierba y dejándome caer de espaldas a su lado. Busqué con mi mano la suya entrecruzando los dedos con los suyos con firmeza, observando el cielo un par de segundos más, divertida y apreciando el momento y todo lo que había sentido hasta que giré la cabeza para mirarlo. —Shshshshsh. —reí cerrando los ojos— Feliz. —respondí volviendo a centrarme en su mirada. Giré sobre mi costado, soltando su mano y apoyando mi cabeza sobre su hombro, mirándolo. Con la mano que quedaba encima acaricié su mejilla y me acerqué para besarlo, con cariño y pasión. Al retirarme reposé de nuevo la cabeza en el mismo sitio, notando como si mi cabeza encajase a la perfección con ese lugar. Me sonrojé, sentía mucha hambre y no sabía si iba a escuchar los gruñidos. —Nunca, jamás de todos los jamases, pensé que le contaría todo esto a alguien, ¿sabes? —respondí acariciando su mejilla y bajando por su cuello hasta su pecho— No te haces ni idea del alivio que siento, no solo por haber podido hablar sobre ello con alguien, sino… —me interrumpí, pensando que debía parecer una cereza estando tan roja— por haberte conocido. La “menda” cree que le gustas, mucho. —confesé, utilizando su jerga y sonriente mirándolo a los ojos— Me da igual que seas lo que eres, un pirata. Tienes un corazón que late como el mío, capaz de sentir empatía por alguien como yo, una marine, y a la que acabas de conocer. Eres dulce, gentil… y fiero también. —continué diciendo al recordar nuestro acto de placer, sonriendo lascivamente un segundo— Pero lo que más me gusta es que sé que has sido sincero. No eres como ellos. Tú, me encantas. Me encogí, recogiendo mis piernas y pasando una por encima de él, rodeándolo también con mi brazo y desvié la mirada con un deje de culpabilidad. —Tengo que decirte algo… más. No quiero tener secretos contigo. —confesé con cierto miedo, no quería perderlo tan pronto, pero tenía que ser sincera también con él— Cuando fui a hablar contigo en las gradas, cuando nos conocimos, ¿sabes? —era incapaz de mirarlo a la cara ahora— Tenía la intención de… capturarte. —apreté los ojos y la mandíbula— Al conocerte más, por primera vez en toda mi carrera, tuve dudas. Pero no me creía que un pirata pudiese ser otra cosa que no sea un asesino y un… bueno. Ya sabes por qué pensaba así, pero creo que no es excusa. —suspiré antes de terminar— Por eso antes… te he preguntado a cuanta gente habías arrebatado la vida, tenía que asegurarme de que no cometía un error o jamás me lo perdonaría. Al ver el dolor en ti y como te responsabilizas por la muerte de tus camaradas, me pareció que era igual que como yo me siento respecto a mis hermanos. Tú, Garnet, tienes un buen corazón, y tu música lo corrobora. No eres a quien yo persigo. Siento muchísimo haberte engañado… —sentía como quería llorar, pero ya había liberado todas las lágrimas de las que era capaz. Levanté la cara al fin para mirarlo, esperando encontrar enojo. Seguramente debería haber mentido o simplemente ocultar la verdad, pero quería devolverle esa sinceridad que yo tanto había agradecido. Era lo mínimo que podía hacer si de verdad quería… lo que fuese con él. RE: [Pasado] (+18) La fascinante, esplendida, radiante, hermosa y exquisita Marine. - Garnet D. Matlock - 17-06-2024 Lo que prometía ser un momento de gran tristeza en la vida de Garnet y, sobre todo de Ikirami, al sacar a luz el oscuro pasado de su corazón, acabó en uno de los instantes que el pelirrojo, sin lugar a dudas, jamás podría olvidar por mucho que los años, lustros y siglos trascurrieran con el pasar del tiempo. Los dos pelirrojos, los dos amantes, y cada vez más, los dos enamorados, se fundieron en un fuerte abrazo dónde sacaron a relucir todo el dolor, una por lo que había vivido y guardado durante tanto tiempo, y otro por lo que había llegado a sentir y conectar de escucharlo. Garnet podía sentir las manos de Ikirami clavarse en su pecho del mismo modo que la cabeza de la joven se hundía en su hombro y viceversa. Después de desahogarse los dos, a gritos y lloros, al separarse Garnet de ella, brindarle con otro dulce beso en sus labios y agradecerle por haberle contado aquel traumático episodio de su vida, la pelirroja le devolvió el agradecimiento, por tomarse la molestia de escucharlo, mientras se secaba sus lágrimas ayudándose de sus manos, y habiéndole dado con anterioridad un beso en su mejilla que hizo sonrojar, aún más al pelirrojo. Al apoyar el músico su mano en el terso y suave muslo de Ikirami, la marine le regaló con el tacto de su delicada mano sobre la del pelirrojo. Decirle a Ikirami, todo lo que opinaba sobre ella, todo lo que su mente y corazón había captado sobre su carácter y figura, y como no la iba a juzgar por algo de lo que no tenía culpa, hacía que su corazón latiera con fuerza y calidez, y aún más viendo las sonrisas y mejillas sonrojadas de la hermosa mujer. Obviamente, todo eso eran pensamientos que Garnet guardaba de todo corazón en su cabeza, pero, exteriorizarlos, incluso aún en el caso de que el músico se llevara el peor de los rechazos, hacía danzar el apenado alma del skypiean. Al preguntarle sobre su situación actual, para ver si se encontraba mucho mejor, Ikirami soltó las manos de Garnet, para apoyarse en el tronco sobre el que estaban sentados, observando el pelirrojo como la mujer alzaba su cabeza hacia el cielo, con una sonrisa y un suspiro que hicieron sacarle otra sonrisa al músico. Justo después, Ikirami, giró su cabeza, para mirar de reojo a Garnet, y esbozarle, esta vez, una sonrisa que reflejaba picardía, causando que el skypiean arqueara una ceja en señal de confusión.- ¿Qué estará maquinando esa cabecita tuya? - Pronto lo descubriría y es que tras colar su brazo por detrás de su hombro, tiró de él hacia atrás.- ¡Pero!- Exclamó, sorprendido, antes de caer de espaldas sobre la fresca hierba. Seguidamente, Ikirami se dejaría caer a su lado, también de espaldas, y buscando con su mano entrelazarla a la de Garnet, haciendo el músico lo mismo, como si sintiera la necesidad de estar al máximo contacto posible con la marine.- Puejejeje.- No pudo evitar reír, sonrojado, después de esa espontánea e inocente necesidad que había sentido la mujer de empujarlo, para después quedarse tumbada a su vera. Risa que se intensificó más aún cuando escuchó de sus labios lo feliz que estaba en ese momento, apretando con más fuerza los dedos que se entrecruzaban con los suyos.- Puejeje, escuchar eso hace que mi patata baile a ritmo de rock and roll.- Dijo esbozando una sonrisa, mostrando todos sus dientes que, honestamente, Garnet no sabía cuándo era la última vez que sonreía tan abiertamente.- Si no estuviéramos sobre una ya, te diría que estoy como en una nube ya, ¿es o no es? - Expresó, a su manera, lo rebosante que estaba de felicidad. Seguidamente - y después de que la mujer se girará sobre su costado para mirarle, apoyada en el hombro de Garnet - sintió la mano libre de Ikirami posarse sobre su mejilla, mientras ella se acercaba a regalarle otro pasional y cariñoso beso que Garnet aceptó más que encantado, cerrando sus ojos y situándose su otra mano también en la mejilla de Ikirami y acariciándola con suavidad. Sintió como su vello se erizaba, todavía como si fuera la primera vez que compartían ese acto tan íntimo, privado y lleno de amor. Tras el beso, Ikirami se separó, volviendo a apoyar su cabeza en el hombro sonrojada. A la vez que acariciaba su mejilla, cuello y pecho - en ese orden descendente - Ikirami confesó que jamás pensaría que le contaría nada así a alguien, expresando lo aliviada que se sentía, no sólo por haber podido contarlo, si no por haberlo conocido, sentenciando - con una deslumbrante hilera de perfectos dientes dibujando su rostro y usando la jerga de Garnet - que le gustaba mucho. Al escuchar esas palabras, la cabeza de Garnet empezaba a hiperventilar, volviéndose más roja, desde la barbilla hasta la frente, momento en el que empezó a echar humo por la cabeza. Para más inri, Ikirami comenzó a soltar que a ella le daba igual también que fuera un pirata, pues su corazón latía al mismo compás que el suyo, pudiendo ser empático por una marine a la que acababa de conocer, resaltando lo gentil, dulce y fiero que era, esbozando una risa algo traviesa con esta última palabra, que hicieron que Garnet imaginara todas las marranadas que habían, y no pudiendo evitar, rápidamente y casi en un segundo, observar su perfectamente esculpido cuerpo desnudo, sacando la lengua y babeando. Ikirami finalizó concluyendo en que lo que más le gustaba de él era lo sincero que era, a diferencia del resto - de piratas, según imaginaba Garnet - y finalizando con que le encantaba. Aquí fue cuando la cabeza del pirata estalló por completo. Había sido K.O. técnico.- Ikirami... Un día de estos... Vas a conseguir que la palme... Pueje pueje...- Su cabeza se había sobrecalentado tanto que estaba con los ojos en blanco y babeando, casi como si estuviera inconsciente, todo mientras la marine, preocupada por algo, rodeaba al músico con su brazo y su pierna. Comentó entonces que tenía que decirle algo, ya que no quería más secretos con él, haciendo que el skypiean, agitara su cabeza hacia los lados, recobrando el sentido y prestando suma atención a la, posible, dolorosa verdad que estaba apunto de contar. Por lo visto, la razón por la que Ikirami había tenido tanto interés en él, la primera vez que interactuaron y conversaron, era porque quería capturarlo. Al oír esto, la expresión de Garnet se tornó seria, a la par que sentía como algo le empezaba a pesar en la boca del estómago.- Así que fue por eso... ¿Huh?- Pensaba, algo cabizbajo el pelirrojo, mientras observaba como Ikirami, probablemente avergonzada por ello, rehuía de su mirada. Momentáneamente, la mano que aún seguía en la mejilla de la mujer, la apartó con lentitud y delicadeza. Siguió contando que, tras conocerlo mejor, empezó a tener dudas, por primera vez en toda su trayectoria como marine, pero intentando hacer caso omiso a dichas dudas para ser firme a sus ideales por todo lo acontecido en su pasado, de lo cuál no se excusaba.- ...- Seguía pensativo, mirando ahora hacia el cielo, y con una expresión neutral en su rostro. Tras un suspiro, confesó que cuando preguntó a cuánta gente había matado, era para asegurarse de si, realmente, esas dudas que ahondaban su cabeza, merecían la pena ser escuchadas.- Para el carro, ¿no formaba parte de un juego sexual? Vaya chasco...- Siguió inmerso en sus pensamientos, dándole vueltas a cada palabra que salía de la boca de la marine, quién siguió explicando como - al ver la responsabilidad que sentía el skypiean por las muertes de sus amigos - se sintió identificada con el caso de sus hermanos. Finalmente, sentenció como, el pirata tenía buen corazón, quedando plasmado en su música, negando ser alguien que debía ser perseguido por ella y sintiendo con todo su ser el haberle engañado.- ...- Cerró sus ojos, a continuación, y quedando en silencio durante un par de segundos, mientras notaba como la pelirroja movía su cabeza, seguramente, para mirarle. Después de unos pocos segundos que se hicieron interminables, Garnet suspiró profundamente, abriendo los ojos al fin y centrándolos en los de la marine.- Ya decía el menda que era raro que una mujer como tú tuviera tanto interés en un babas como yo, ¿es o no es?- Dijo algo apenado, desviando su mirada, algo entristecido.- La verdad que ha sido un poco chasco, sí, no voy a montarme el farol...- Volvió a mirarla, nuevamente.- Sobre todo lo de que lo de las preguntas estas no fueran parte de un juego sexual, puejejeje- Reía, pero de forma algo incómoda, y posando su mano izquierda sobre su propio cuello. Volvió a exhalar otro suspiro, y alzó su vista hacia el cielo.-Pero...- Descendió sus pupilas hasta los ojos de la marine, mientras llevaba su siniestra a su mejilla.-Sabiendo toda la movida que te pasó, entiendo que tu alma te llevara a actuar así.- Esbozaba una tierna sonrisa.-En todo caso...- Se puso colorado como un tomate.- Que me hayas soltado todo esto pudiendo guardártelo significa que tus sentimientos van en serio... Así que el menda agradece que hayas dado ese paso, ¿es o no es?- Acercó sus labios a su frente para besarla por un pequeño instante, para después separarse.- Además, algo me ruge por dentro que, aún con tu intención de enviarme a chirona, hubo algo, en esa primera cita, que fue real, llámame majara...- Cerró los párpados entonces.- Aunque igual era cosa del morbo que tenía por hacerlo con una marine tan buenorra como tú puejeje.- Abrió los ojos, nuevamente, riéndose de su propio comentario, para luego adoptar una expresión más seria- Como bien has soltado antes, Ikirami, a este menda también le gustas mucho.- Su sonrojo aumentaba en demasía.- Y tu sinceridad no ha hecho más que hacerme ver que...- Desviaba su mirada, con cierto nerviosismo.- ...Algo... Podría funcionar...- Dijo de morros, mirando hacia arriba, y observando de reojo a la marine.- No tengo ni pajorera idea de que será de nosotros cuando dejemos esta isla a tomar por culo del resto del mundo...- Se giró para poder mirarla en condiciones, irguiendo su tronco superior, y buscando con sus manos el contacto de las de la marine.- El menda no sabe si estaremos en la misma corriente o si será un escándalo ver a una marine y a un pirata juntos pero...- Tragó saliva, a la par que sentía como sus mejillas comenzaban a arder, tanto como si el propio sol estuviera a 1 metro de distancia de él.- Ikirami, el menda ...- Cerraba momentáneamente sus ojos, apareciendo en su mente la imagen de Aurora, por todo lo que se venía.- Perdóname Aurora... Estés dónde estés, ¿serás capaz de perdonar al tarugo de tu Garnet por ser un egoísta y querer avanzar?- Abrió entonces los ojos de par en par.
- ¡¡EL MENDA QUIERE ESTAR CONTIGO, SEA EN LA DISTANCIA O EN LA CERCANÍA!! -
Exclamó, a los cuatro vientos, en un gritó que reverberó por todo el claro, tras lo cuál empezó a respirar, sobresaltado. No quería separarse de esa mujer, no quería que esa fuera la última vez que la viera, y no quería no volver a sentir el calor de su amor. Algo dentro de él, le rugía que debía estar con ella. Que la quería.
KARMAS
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RE: [Pasado] (+18) La fascinante, esplendida, radiante, hermosa y exquisita Marine. - Ikirami - 18-06-2024 Me pareció supermegamono cuando lo empujé contra el suelo y él gritó sorprendido. También me pareció adorable, además de acertado, que dijo que se sentiría sobre una nube si no estuviéramos ya sobre una de ellas. Ay, Skypiea, el paraíso en el cielo. Lo que estaba pasando aquel día habría sido totalmente imposible que me lo hubiese imaginado apenas unos días antes. Joe, según tenía entendido, no estaba nada contento con que nos hubiesen mandado a allí engañados por el Almirante Aoyagi. Podría haber estado de acuerdo con él, al menos en parte, pero ya no. Me alegraba infinitamente cada pequeño suceso que había desencadenado en que en aquel momento me encontrase allí. Y hablando de ello, si no fuese por el incompetente que me dio mal la dirección de la librería que estaba a la vuelta de la esquina, no habría acabado frente al río donde me encontré con el gatito. Vuelta a la realidad, dejándome de ensoñaciones, las reacciones de Garnet a mis palabras eran, simplemente, demasiado tiernas. Los dos pelirrojos, con las mejillas absolutamente enrojecidas cuando le confesé que me gustaba, seguro que si tuviésemos un espectador indiscreto le pareceríamos dos cerecitas. Pero todas aquellas escenas hermosas, dignas de una novela romántica juvenil, se vieron amenazadas en un abrir y cerrar de ojos. Y la culpable de ello, era yo misma, la preciosa y espectacular marine. Por mucho que doliese, debía sincerarme, aún más, con él. Su silencio mientras explicaba como, antes de conocerlo de verdad, quería capturarlo, me hacía sentir como si tuviese una espina atascada en la garganta. Esperé, con el corazón latiendo desbocado por la incertidumbre y el miedo, mientras él mantenía los ojos cerrados. Finalmente, tras lo que se me hizo una eternidad en ese estado de ansiedad, abrió los ojos y me miró. Pude ver la decepción en su rostro, la tristeza, cuando confesó que ya se le había hecho extraño que alguien como yo se hubiese interesado tanto en él. Me atravesó un pinchazo el corazón, como si me hubiesen clavado una daga en él, al ver su rostro entristecido. De verdad que lo sentía, pero me merecía ese dolor y lo que tuviese que decir. Se llevó una gran decepción al enterarse, sobre todo de que las preguntas no fuesen un juego sexual, me dijo riendo, pero pude notar como su risa demostraba incomodidad. Me estaba matando hacerle daño. —Lo siento mucho de verdad, Garnet. —me disculpé con los ojos inundándose cuando lo creía imposible. Suspiró y miró al cielo, añadiendo un pero que me generó esperanzas, aunque fuese por un mísero instante. Clavó su mirada en mí, llevando su izquierda a mi mejilla, reconfortándome al decir que entendía el porqué había actuado así tras lo que le había contado. Apreté los labios, temblorosos, viendo como recuperaba una sonrisa tierna y se sonrojó al decir que mi confesión le hacía ver que mis sentimientos eran reales y que agradecía que se lo hubiese contado. Asentí, llena de júbilo por sus palabras y nos besamos. Aunque fue un contacto breve, hizo que mi corazón bailase de emoción. Después añadió que pese a lo que le había dicho, él creía que algo de nuestra primera cita que fue real. ¿Era así? —Bu-Bueno, algo hubo… Sí. —reconocí finalmente sonrojada, recordaba como precisamente consiguió sacarme una carcajada sincera al arrodillarse y pedirme que lo pisara. ¿Había sido eso lo que me hizo sentir de forma tan extraña, que realmente había algo de aquella cita real? No me lo había planteado en ningún instante hasta el momento. Aunque las señales habían estado allí, que me habían hecho dudar, las había contenido autoconvenciéndome de que me estaba mintiendo, actuando. Como yo solía hacer… Pero se acabó el fingir con él. Estaba adorable, intentando ponerse serio, pero sonrojándose al decirme que también le gustaba mucho. Mi estómago aleteaba y rugía de forma extraña. Entonces dijo que mi sinceridad, le hacía ver que “algo” podría funcionar. Sentí tal vergüenza en ese momento que escondí la cara tras las manos, abriendo ligeramente los dedos para entrever a través de ellos. ¿Cómo podía hacer que yo, una mujer tan hermosa y confiada, me tambalease y derritiese como un flan ante sus palabras? Entonces sacó un tema complicado a la luz, nuestro futuro. Ninguno de los dos sabíamos a dónde iríamos después de estar en aquella isla, ni siquiera si estaríamos en la misma corriente. Todo eso sumado al escándalo que supondría que una marine y un pirata estuviesen juntos. Desvié la mirada de él un momento, con una idea cobrando forma en mi mente, pero ya lo pensaría después. Me centré en lo que tenía que decir, volviendo a él mi atención y observando como tragaba saliva sonrojándose todavía más si es que aquello era posible, generándome expectación y curiosidad por lo que fuese a decir mi gatito. Me erguí, apoyándome sobre las manos con la cabeza ladeada para mirarlo. Entonces, sorprendiéndome de forma que abrí los ojos por completo, gritó con todas sus fuerzas que quería estar conmigo, en la distancia o la cercanía. Sentí el color subiendo desde mi barbilla hasta mi frente, acompañado por un calor abrasador que bien podría estar echando humo. Dentro de mi cabeza, el grito de una adolescente perforándome la mente, como si la yo de aquella época en la que mis máximas preocupaciones habrían sido los chicos, emergiera por un instante. —Y-y-y-y-y-yo… Ta-ta-ta-también quiero, ¿sabes? —expresé con esfuerzo con la voz temblorosa, con la vista a un lado evitando su mirada. Me llevé una mano al pecho, sobre el corazón. Con solo el tacto podía sentir como retumbaba a toda velocidad bajo mi piel. “A ver, a ver, a ver… Cálmate, no es para tanto. Significa que quiere verte más, ya está. Solo es eso.” me decía a mí misma intentando relajarme. Pero no podía, con él esas vocecitas no tenían poder sobre mí, su sola presencia las acallaba. Me perdí en una nube de algodón, imaginándonos por una playa caminando al atardecer, cogidos de la mano y riendo juntos, con él babeando por mi asombrosa belleza… Con ambas manos, me abofeteé las mejillas, forzándome a volver a la tierra. O a las nubes más bien. —Esto… —comencé a decir, poniéndome con las rodillas y las manos en el suelo y avanzando hasta tener su cara bajo la mía— ¿Significa que somos… pareja? —pregunté avergonzada, pero mirándolo con la ilusión fluyendo en mi rostro— Me gustaría… Sí. Y sea como sea si… esto… hmmm… —me trababa nerviosa— Si queremos, estoy segura de que podemos con lo que sea. Pasé mi brazo y pierna por encima de su cuerpo hasta estar sobre él y me senté. Bajé entonces la cabeza para besarlo, fundiéndome con sus labios. Daba igual lo que hiciese, quería más de él. Lentamente y sin despegarme de sus labios, giré sobre mí misma, rodando por el suelo y acompañándolo para que se pusiera encima. —O… oye. —llamé su atención con la respiración entrecortada observando su cara, su pecho desnudo y su cuerpo sobre el mío, repasando su piel con mis dedos suavemente— Esto hay que celebrarlo, ¿sabes? —me mordí el labio inferior devolviendo la mirada a sus ojos— ¿Te apetece? Y luego me cuentas más sobre ti, si quieres… Quería conocer cada rincón de su alma, de todas la formas posibles. Quería… a él. No lo entendía bien, pero después de aquel rato, sentía algo nuevo y quería conectar más si es que eso era posible. RE: [Pasado] (+18) La fascinante, esplendida, radiante, hermosa y exquisita Marine. - Garnet D. Matlock - 18-06-2024 A pesar del dolor que le hacía conocer el verdadero motivo detrás del primer acercamiento de la marine, ver la reacción silenciosa de la pelirroja, y escuchar como se disculpaba, casi al borde de la lágrima, le hacía aún más daño que enterarse de toda la amarga verdad. Fue aquello, junto a los sentimientos que florecían en el interior del skypiean y el valor que vio en la mujer de contarle la verdad, lo que hizo escuchar la voz de su corazón y, más allá del rencor e inseguridades que podían surgir tras sentirse engañado, comprender sus motivos y perdonarla, expresando todo lo que sentía por ella. Al mirarla directamente a los ojos y llevar su mano a la mejilla de la pelirroja, observó como sus se apretaban temblorosos que, junto a su enérgico asentimiento - al decirle que al contarle todo veía que sus sentimientos hacia él eran reales-, le pareció a Garnet una expresión sumamente tierna, que se consolidó en un breve pero bonito beso. Después, cuando le comentó que, aún así, sintió que hubo algo en la primera cita que lo sintió como algo real y único, la marine, con la cara del mismo color que su pelo y balbuceando, reconoció que si hubo algo. El corazón del músico estalló de amor y en mil pedazos, como si de una bomba se tratara cuando la vio esconder su cara, de forma excesivamente adorable, tras sus manos, cuyos dedos abría levemente para poder ver a través de ellos, expresión que se rompió al sacar el delicado tema sobre lo que sería su futuro, al pertenecer a los bandos que pertenecían. La marine apartaba la mirada del pirata, cosa que alarmó en parte a Garnet, pensando si, de verdad, empezaría a plantearse lo que podría ser el inicio de su relación. Pero no, no era momento de dudar, y era por eso que, con decisión - aunque con muchísimos nervios - le confesó lo su caótico órgano latiente le dictaba que era lo que debía de hacer y lo correcto. Permanecer al lado, ya sea físicamente o de espíritu, de esa increíble mujer. Al mismo tiempo que el músico se erguía, Ikirami lo hacía también, apoyando su cabeza ladeada sobre sus delicadas manos. Al exclamar en un grito que podía dividir, metafóricamente, el cielo en dos, atisbó como la mujer abría, de par en par sus ojos, tornándose su cara, aún más -si es que eso era posible- roja. Los segundos en los que esperaba la respuesta de la pelirroja se hicieron eternos, solo pudiendo escuchar el músico los acentuados latidos de su corazón y su sobresaltada respiración. Fue cuando Ikirami, evitando el contacto visual del pirata, que respondió, casi tartamudeando, que ella también quería estar con él, que Garnet no cabía en si de gozo. Casi que, por acto reflejo, lo primero que hizo fue, con su diestra, darse un pellizco en su mejilla derecha, para ver si aquello que estaba viviendo se trataba de un sueño.- ¡Loco! ¡QUE ESTA MIERDA ES REAL!- Pensaba, como un pasmarote, y abriendo los ojos aún más si cabía, colorado, mientras se volvía a echar hacia atrás, reposando otra vez su espalda en la hierba, y al mismo tiempo que veía como Ikirami se llevaba su mano a su desnudo pecho. Después de apoyarse con sus rodillas y manos en el suelo y avanzar hasta el pirata para situar su cara superior a él, preguntó que, si entonces eso significaba que eran pareja. Al solo escuchar salir la palabra "pareja" de sus labios, sintió como Garnet se quedaba rígido y de piedra. Había alcanzado un nuevo estadio de sobresalto, ya no era suficiente que le corazón le fuera a mil, o que estuviera rojo como un tomate. Encima, ¿cómo podía hacer esa pregunta con esa perfecta y adorable carita? Ikirami siguió declarando, con ciertas trabas, que a ella le gustaría y que estaba segura de que si querían, podrían con lo que fuera. Al escuchar eso, el pirata volvió a erguir su tronco superior, quedando su rostro por debajo, nuevamente, que la de la marine, aprovechando la cercanía para, extender su cuello como pudo hasta regalarle un beso en la frente, tras lo cuál, se separó con una sonrisa nerviosa.- ¡S-sí! ¡Seamos pareja, Ikirami!.- Exclamaba, penetrando con su mirada las pupilas de la marine.- Mi alma me dice que esto que sentimos, Ikirami...- Situó su mano izquierda encima de la diestra, aún apoyada en el suelo, de la marine.- ...Es tan fuerte, que puede romper barreras, e incluso la tierra, ¡y el cielo! ¿Es o no es?- Dijo, excesivamente emocionado, y quizás algo motivado de más, pensando en que como no habría nada ni nadie que los detuviera. Un romance entre una marine y un pirata, sonaba descabellado, pero era algo que sólo una almas aguerridas como las suyas eran capaces de afrontar. Entonces, Ikirami, pasó su brazo y pierna sobre él, quedando sentada encima del pelirrojo. Todo esta floración de sentimientos había hecho olvidar, en parte, al desnudo cuerpo de la diosa que había tenido frente a él todo este tiempo. Al quedar encima de él, pudo volver a apreciarlo, mordiéndose instantáneamente sus labio inferior y sintiendo como por su entrepierna, que ya había dejado de estar fuera de servicio, empezaba a fluir una mayor cantidad de sangre de lo normal. Sentía la imperiosa necesidad ahora de besarla, muy intensamente, de volver a sentir el sabor de sus labios de la misma forma que lo hizo justo antes de que lo hicieran por primera vez. Como si hubiera escuchado su deseo, la mujer descendió su cabeza, hasta que sus contorneados labios conectaron con los del pirata, cerrando los ojos y perdiéndose en el momento. Con el sutil y delicado movimiento de su cuerpo, y sin que sus labios y lenguas se detuvieran en ese intercambio de fluidos salivales, Ikirami logró girarse sobre si misma, de forma que quedó ella debajo del skypiean. Durante unos segundos, separaron sus bocas, deseosas de más, llamando la atención de Garnet, mientras sentía como los suaves dedos de la marine recorrer la piel del pirata, resultando en unos escalofríos que circulaban por todo su cuerpo como si una corriente eléctrica fuera.- ¿S-sí?- Respondió el pirata, casi jadeando, y sintiendo como no podía contener sus ganas de volver a experimentar el cuerpo de su, ahora, amada. La marine dijo, pues, que había que celebrar el nacimiento de su relación, viendo como se mordía el labio inferior y ascendía su mirada hacia los ojos de Garnet - que anteriormente inspeccionaban el trabajado cuerpo del pirata -, preguntando si le apetecía e instándole a que luego le hablara sobre él. De solo pensar en las marranadas que podían volver a hacer, el skypiean empezó a babear, al mismo tiempo que la tercera antena parecía indicar que estaba lista para la acción.- Joder que si me apetece.- Fue directo a besar sus húmedos labios, flexionando sus brazos - los cuáles estaban extendidos y con las manos apoyadas en el suelo- hasta apoyarse con sus codos y rodillas. Con su diestra, y sin apartar el codo del suelo, fue directo a agarrar, con delicadeza, el cuello de la marine, por su lado izquierdo, acariciándolo con su pulgar. Tras unos segundos se apartó del néctar de sus labios, jadeando.- Ya... Ya tendremos tiempo para hablar del menda, ¿es o no es?- Sentenció, aproximando su boca al lado derecho del cuello, empezando a darle besitos, que se intercalaban con lametones y pequeños mordiscos. Apartó, entonces, su diestra de su cuello y, buscando la mano izquierda de la marine, entrelazó sus dedos con los suyos, para situarlos por encima de su cabeza. Sin apartar los labios de los suyos, y sosteniendo todavía su mano, aprovechó la que tenía libre para situarla sobre su inconmensurable teta izquierda, comenzando a sobarla y a acariciar, con suavidad, su pezón.- El menda... Hah... te desea, y no sabes cuanto... Ikirami.- Susurró, separándose durante un par de segundos, entre jadeos, para volver a fundirse en su pasional beso. Sentía que aquel acto sexual no tenía nada que ver con el primero que tuvieron. Si bien el primero dejaban escapar su lado más desenfrenado y salvaje, liberando toda la tensión sexual que llevaban ya acumulada, el de ahora se sentía como si quiera compartir con ella uno de los momentos más íntimos que una persona puede brindarle a otra, y quisieran, no solo recibir el mayor placer posible, sino ofrecer ese mismo placer a la otra persona. Eran dos formas distintas de tener sexo, pero no por ello una era mejor que la otra.
KARMAS
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RE: [Pasado] (+18) La fascinante, esplendida, radiante, hermosa y exquisita Marine. - Ikirami - 19-06-2024 Dos almas tan distintas, tan diametralmente opuestas, se encontraron latiendo en un mismo compás. Bajo la bandera del amor, ambos decidimos derribar las barreras que nos separaban, impulsados quizás por el calor del momento, pero con la certeza de que lo que había nacido entre nosotros era auténtico. Y los dos estábamos dispuestos a entregarnos por completo al otro, de una manera en la que yo nunca antes lo había hecho. La felicidad que sentía con cada segundo a su lado crecía sin cesar, alcanzando su máximo cuando, tras mi pregunta, afirmó que éramos pareja. Nos perdimos en un beso pasional, profundo y sincero, hasta que el deseo de sentirlo más intensamente hizo que mi cuerpo ardiera por él. Quería explorar cada centímetro de su piel, utilizando todos mis sentidos, en un acto que iba más allá de la simple lujuria, buscando una conexión a un nivel todavía más profundo. Él estaba listo, dispuesto, y al aceptar mi petición, selló nuestro pacto con un beso mientras se inclinaba sobre mí. Sus manos recorrieron mi cuello, y la caricia despertó una descarga eléctrica que se propagó desde mi nuca hasta la base de mi espalda. Un instante después, sus labios se apartaron, y como una polilla atraída por la llama, los seguí, ansiosa por no perder el contacto. Me respondió con una promesa de hablar más tarde y retomó su labor, regalándome besos que se acompañaban del húmedo y cálido roce de su lengua deslizándose por mi piel. Sus dientes, aplicando una presión suave pero firme, provocaron que no pudiera contener los gemidos, arqueando la espalda en respuesta al placer. Sumida en aquel mar de sensaciones, noté cómo tomaba mi mano y entrelacé mis dedos con los suyos, mientras con la otra mano atraía su cabello hacia mí para besarlo con más intensidad. Su otra mano, entonces, acarició mi pecho, y mordí su labio inferior, dejándome llevar por el placer que me embargaba. Susurró que me deseaba, y yo me perdí en la melodía de su dulce y apasionada voz. —Yo… Ah… —jadeé— Quiero que me hagas tuya… y hacerte mío. —declaré entre gemidos— Esta vez, quiero… sentirte a ti solo. No saques al tigre, minino. Rodeé su espalda con mi brazo, mis dedos se clavaron suavemente en su piel, dejando una marca apenas perceptible. Cuando no pude más, me giré sobre nosotros, posicionándome encima de él sin soltar nuestras manos entrelazadas. Lo miré a los ojos como un jaguar acechando a su presa, acercándome a su yugular con un mordisco que, aunque cargado de deseo, fue cuidadoso, buscando brindar placer en lugar de dolor a mi querido Garnet. Levanté la vista, con la respiración agitada, y lo besé en esos labios carnosos y dulces que empezaban a convertirse en mi nueva adicción. Con la lengua recorrí sus labios para seguir con mi beso en su cuello, saboreando cada milímetro de su piel y descendiendo lentamente hasta su pecho firme, sus abdominales marcados, y aún más abajo. Desde allí, observándolo, solo deseaba hacerle tan feliz como él me hacía a mí, la curiosidad y el ansia por conocer cada rincón de su ser me impulsaban a explorar sin reservas. Cuando la impaciencia venció, gateé hasta sentarme sobre él, apoyando mis manos en sus abdominales esculpidos, y como si nuestros cuerpos fueran piezas de un rompecabezas destinadas a encajar, nos unimos a la perfección. Me dejé llevar por los instintos que aquel hombre despertaba en mí. Fue la experiencia más hermosa de mi vida. Aquel día, en ese claro, mi mundo se volcó de una manera que jamás había imaginado. El apuesto pirata y la radiante marine habíamos cometido el más bello de los actos, en perfecta sintonía con la melodía del amor. Los juramentos de odio que nos rodeaban no eran rival para la promesa que habíamos sellado el uno al otro. Esa calidez en el pecho, ese rugido silencioso en mi estómago, ese deseo inquebrantable de compartir mi vida y mi ser por completo con él… “¿Es esto lo que llaman amor?” me pregunté, recibiendo como respuesta un latido sincero que mis pensamientos no podían acallar. |