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[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - Versión para impresión

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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - Varoganchin - 17-10-2025

Cerré el libro que estaba revisando. No me podía concentrar en su lectura, algo raro en mi. Tal vez fuera porque aquella era una noche de las que tanto me había advertido mi madre. Una de las que podías perder todo, incluso a uno mismo, como había experimentado ya algunas veces. O tal vez fuera por la emoción que se vivía en el puerto. Las antorchas titilaban, como si le marcasen el ritmo a los comerciantes que empezaban a cerrar sus negocios y a la muchedumbre que se concentraba en los paseos cercanos a los embarcaderos. Entre toda la gente, que se agolpaba para conseguir un billete para los barcos, se encontraban ellos. Agentes del gobierno mundial. Un escalofrío me recorrió la espalda al pensar que alguno de ellos pudiera ser el que quedó con vida junto a DaSilva, o peor aún, que el propio Robingo se encontrase en el puerto. ¿Todos esos agentes serían por nosotros? Como fuera, los pensamientos inundaban mi cabeza, hasta tal punto que las letras pasaban de largo por ella sin dejar significados. Aquella noche, mi mente solo estaba puesta en una cosa: esa noche todo cambiaría.

Dejé el libro en la estantería. Caminé unos pasos hasta la puerta de la sala que hacía las veces de biblioteca. O al menos esa era mi intención, puesto que todo el barco parecía estar destinado a la fiesta y el espectáculo. Agarré mi rifle y me aseguré de cargarlo. Aún me resulta extraño poder sentirme cómodo sin tenerlo encima a todas horas. Me puse la chaqueta, cargada con mis cosas, antes de deslizar la correa del rifle por mi hombro y coger los guantes que había comprado para Eros en la ciudad y me dispuse a subir a cubierta. La noche estaba cerrada, pero mis compañeros ya se encontraban formando un tumulto al cargar cajas y tensar cuerdas; los preparativos para el viaje. Mis compañeros... no pensaba volver a poder hablar así. Ceñí con fuerza mi sombrero a la cabeza y subí a echar una mano.

Tan pronto como me encontraba en el exterior, comencé a hacer un nudo a una de las cuerdas que aún se encontraban sin sujeción. La cuerda estaba tersa, sin hilos que apuntaran en todas direcciones, era nueva, como nuestra aventura. Oí como Rosse reclamaba a Giyuu su ayuda para cargar cajas. El grandullón despertaba en mi una sensación de familiaridad. Quizá fuera por sus raíces que algo nos unía, pero su presencia en el barco me reconfortaba; no me sentía tan distinto. Aunque si me paraba a pensarlo, aquella tripulación era de lo más peculiar. Continué atando cabos y tensando cuerdas, hasta que una nueva voz atravesó el aire. Aún me chocaba haberla encontrado allí, pero parecía que Gwendolyn había pasado de ser una chica perdida en la selva a una pirata en tiempo récord. Me acerqué para ver qué quería, no sin abandonar del todo mis queridas sombras.

Junto a ella se encontraba un chico pelirrojo, joven, incluso más que la señorita Gwendolyn. El chico parecía nervioso, tenso por la situación, algo lógico pensando que se encontraba en un barco pirata. O, ¿sería por el anuncio de Gwendolyn sobre su futuro enlace? Como fuera, el sudor, su rostro enrojecido y sus ojos desenfocados dejaban claro que estaba casi en pánico. Justo al contrario que mis compañeros, los cuales comenzaron a interactuar con él con sus peculiaridades.

—¡Bienvenido, GwenOwengonUkerOwen! Espero que tenga un feliz matrimonio junto a la señorita Gwendolyn —dije, mi mano agarrada al ala de mi sombrero, ciñéndolo aún más a mi cabeza. Eros, que había salido de su ataúd con una actitud casi teatral, se dirigió al chico para entregarle algo, lo cual me recordó que yo también tenía algo para él—. Eros, toma tus guantes, estoy seguro de que esta noche los podrás estrenar. Mejor dicho, me apuesto 100 berries contigo a que esta noche alguien prueba tus puños. ¿No? ¿Nadie? Son solo 100 berries. Giyuu, amigo. Tú no me puedes fallar —interrogué tras lanzar los guanteletes a Eros, buscando alguien que aceptara mi apuesta, pues llevaba todo el día sin jugar y mi sangre lo pedía a gritos.

Pero en ese momento, apareció un nuevo hombre, alto, casi tanto como Giyuu, vestido con ropas oscuras, como las que suelo usar yo. Rápido, agarró al pelirrojo por la cabeza y lo reprendió. Parecía no estar contento porque se hubiera alejado de ellos. Se disculpó con buenos modales y con un tono de voy muy distinto al que había utilizado con su compañero. ¿Se trataría acaso de otra banda pirata? Tal vez, solo fueran una banda callejera, pero estaba claro que pertenecían a una misma organización, ya que se trataban de compañeros. Además, parecía que también conocía a la señorita Gwendolyn. Me parece increíble que aquella chica que decía no conocer el mundo, haya acabado conociendo a todas las personas que se nos acercan.

Me alejé hasta apoyarme en la borda del barco, dejando mi rifle sobre ella, mis manos sin separarse de la empuñadura y el guardamanos. Tenía que estar preparado para aquella noche, pues no solo los agentes que llenaban el puerto podrían ser problemas. Observé la ciudad, deseando que fuese la última vez que la veía, al menos durante un largo tiempo, pensando en todo lo que dejaba atrás. Nada que me atase, ningún vínculo. Solo el recuerdo de unas cadenas que me alejaban de mi libertad. Eché una última mirada al cielo y volví a ceñirme el sombrero con fuerza, tanto que mis ojos quedaban ocultos en las sombras.



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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - Lan Caihe - 17-10-2025

Esa misma mañana, Han me había pedido que llevara a dar un paseo a Larry, pues, por alguna extraña razón, me hacía caso y Coatl disfrutaba subiendo a él y enroscándose en su cuello, como si pudiera hablarle como hacía conmigo.
La noche estaba nublada y caminaba a un lado de aquel lagarto de tres metros, con cara de tonto, sonriendo y sacando la lengua, babeando un poco el piso en el proceso.
Mi mano acarició el costado de Larry mientras veía el muelle calle abajo.
Aquella noche me sentía extremadamente jovial. Sentía una excitación que me recorría todas las vértebras del cuerpo; los latidos de mi corazón aumentaban, bombeando la sangre con fuerza a través de mis músculos. Sentía la maravilla entrar por mis ojos, pues ante mí no había espectáculo más hermoso que el que me sacudía esa noche.
La pipa entre mis labios y la primera calada de la noche me acompañaban mientras caminaba calle abajo, pasando las antorchas encendidas y los murmullos de aquellos negocios que finalmente cerraban. Miré al cielo.
Las cosas iban a ponerse interesantes…

Sonreí mientras Coatl iba enroscada en la cabeza de Larry.
—Paciencia en la forja. Debemos encontrarnos con los chicos —dije, mientras ambos hacían algunos sonidos chirriantes y siseantes, al mismo tiempo que yo expulsaba la calada de humo.
Al llegar al puerto, las antorchas que destellaban con fuerza fueron golpeadas por el viento marino, dándole al escenario un aire ciertamente misterioso, tumultuoso y agitado, que transmitía tensiones, cansancio e irritación: entre marines, más gente de la que normalmente habría en un puerto y soldados del Gobierno Mundial.
Corríamos con suerte de que no pasara también algo más. Pensé en Han, Zhang, Kay y Cao. Esperaba que pronto volviéramos a reunirnos como tripulación. Después de todo, separarnos en equipos había sido prudente.

Mis pies descalzos tocaron el frío suelo mientras, sin detenerme y jalando a Larry de las riendas, buscaba con la mirada a dos personas altas y una chica con cola de mono. Luego de un minuto los encontré.
—Buenas noches, muchachos. ¿Están listos? —pregunté con una sonrisa—. Larry vendrá con nosotros en este viaje; Han me ha pedido que lo cuidemos un rato —comenté mientras lo acariciaba, levantando la voz para que Dong me escuchara.
Caminamos un poco más para acercarnos a los barcos, mientras agucé el oído y observé a mi alrededor, escuchando cómo algunos civiles se quejaban de la tardanza para abordar.
Miré nuevamente hacia los barcos. No me gustaba del todo la bandera bajo la que iba a viajar.
El Gobierno Mundial.

Exhalé otra calada y me giré entonces hacia Bai. Con gusto la miré y sonreí.
—Será pronto; pagaremos la entrada y después pediremos un cuarto —contesté, mientras me detenía a mirarla un poco más. Desde el viaje a Samba había tenido un presentimiento cada vez que veía a la birkaniana, y la verdad era que tenía una pregunta que hacerle, pero ese no era el momento de soltarla en la cara, a media fila.
—¿Estás bien, Mahou? —le pregunté a la chica con cola de mono, mientras me giraba para encontrarla con la mirada. Aunque en ese momento también Dong se acercó para intentar decir algo que no comprendí del todo.
—Sería mejor, loba.
—HUHUHYYAAAHYYAAA —proferí una carcajada mientras golpeaba el piso con la planta del pie.
Salté al lomo de Larry, quien comenzó a andar a un lado de Bai.
—¿Quieres venir, Mahou? —pregunté, mientras daba una palmadita a mi lado en el lomo del gran lagarto.

En cuanto pagamos y comenzamos a subir, me dirigí seriamente a la morena alada.
—Disculpe, señorita Bai, creo que me he tardado mucho en preguntarle esto, pero… ¿le gustaría que le enseñara a hablar la lengua común? —le hablé en un birkaniano respetuoso y con calma—. La he observado por un tiempo y me he percatado de que no está del todo cómoda conmigo siendo su traductora.
Estiré la mano para ofrecerle la pipa de hierbas mágicas con una sonrisa.
—Si puedo ayudarla a que ya no se sienta así, me gustaría hacerlo. Por favor, piénselo.

Y me giré nuevamente hacia Dong.
—No te preocupes, yo me encargo.
Me separé del grupo un momento e intenté comprar un cuarto que tuviera cuatro camas y espacio para Larry; no importaba la cantidad de dinero, los ahorros estaban destinados a ello.
—Disculpe, buen hombre, ¿sería posible alquilar un camarote para cuatro y una mascota? —pregunté con seguridad, sacando una bolsa de berries que dejaba claro que podía pagar por ese servicio.

Off



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - Han - 17-10-2025

En una noche aciaga, con la luna y las estrellas ocultas por un manto de nubes, comenzaría un viaje que lo cambiaría todo. Samba era el reino de inicio de la obra y los muelle de este el escenario primero. Extras por doquier con sus tareas, con el papel de ciudadanos y agentes de la ley, además del sonido de algunas gaviotas que se habían despertado por el tumulto y el ruido. Iluminación tenue servida por antorchas, su crepitante fuego era menos vivo que la aventura que acaecía a los protagonistas de esta historia. 

Cientos de uniformados recorrían el lugar imponiendo orden, aunque algunos de ellos se veían abrumados por la dificultad para que la gente pudiera entrar a los barcos, yo lo supe por como los guardias y la gente gesticulaban sus labios, no es que les oyese, pero cierto patrón generaba cierta palabra, como taponar ciertos agujeros de la flauta creaba una nota diferente a otra. Toqué el brazo de Cao mientras caminábamos, la verdad es que me dejaba guiar por él durante la caminata porque yo estaba observando a las personas quejarse. -Parece que hay problemas para comprar pasaje y subir a bordo.- Señalé con el pulgar hacia el lugar del conflicto, la garita de control de tickets. Procuramos no meternos en líos, al menos por mi parte, la idea ante tanta fuerza policial es no llamar la atención, o bueno, con nuestro aspecto pintoresco como grupo, lo difícil era no llamarla. 

Ocho personas de distinta forma y color caminaron juntas por el puerto, pero no por demasiado tiempo, pues lo que fue uno se dividió en dos grupos, cada uno con un objetivo diferente. Aquel hombre de morena piel y modales bastante cuestionables fue con Lan, Bai y Mahou hacia ventanilla, así podrían entrar antes al barco pagando sus pasajes. La verdad es que aquella imponente mujer, Lan... Tenía algo que llamaba mi atención, quizás su fuerza, o tal vez su espíritu, quizás su calidez... Quién sabe, solo sabía que me gustaba tenerla cerca y me preocupaba que pudiese pasarle algo. Por eso desde auquella mañana ella llevaba a Larry, que muy amable accedió a llevarlo de paseo. -Querida Lan, si alguno se cansa de esperar de pie podrá montarse encima de Larry y descansar. Además...- Le guiñé un ojo cómplice y lo acompañé con una sonrisa pícara.-... Tiene un poco de comida por si os entra hambre.- Eso último lo dije acercándome a ella, como si fuera un secreto entre ambos, aunque realmente todos aquellos que me acompañaban pudieron oírlo. 

El segundo grupo, conformados por Cao, el hombre asno, Kay; y yo claro, fuimos hacia otro lugar, la verdad es que no sabía realmente a donde, tan solo seguí a Cao en un intento de no perderme entre el gentío. Realmente había muchas personas, casi no se podía distinguir a nadie. -Cielo santo, esto parece una página del libro "buscando al pirata rojiblanco.- Aquella broma referente a un libro de dibujos para niños despertaba ciertos recuerdos en mi mente con mi familia, recuerdos de cariño y calor parental. No había visto tanto movimiento en los muelles de Samba antes, aunque también era cierto que apenas había visitado sus tierras, no llevaba demasiado tiempo allí. Todo parecía causado por un viaje ¿A dónde? Pues no lo sabía exactamente, aunque había oído el nombre Gran Line unas cuantas veces ya. "Wow... ¿Realmente quieren ir allí?" Para ser sinceros tampoco es que tuviera mucha idea de qué había en el Grand Line, pero sonaba un lugar donde cientos de culturas vivían. "La verdad es que sería emocionante ir... ¿Habrá comida exótica? ¿A qué sabrá?." Sin haberlo pretendido quedé inmerso en mis pensamientos mientras seguía a Cao, poniendo mi mano sobre su hombro a modo de cuerda para saber a donde iba mientras yo miraba a los alrededores, incluido el cielo. -Oye Cao... Tiene pinta de que va a llover.- Él sabía porque se lo decía, solo esperaba que lo recordase para tener cuidado ambos. Durante mi observación periférica vi cajas de madera cu8idada con un símbolo que me era mas que familiar, el símbolo de la marina, levantaron mi curiosidad y di una leve palmada en el hombro a Cao de nuevo. -Oye Cao ¿Qué llevan esas cajas?.- Quizás él, mas conocedor del mundo sabría la respuesta. Moví un poco los hombros para aliviar un poco la tensión de llevar aquella mochila, no estaba acostumbrado a llevar mas que lo puesto pero Cao quería que fuese preparado para este viaje, así que decidí proveerme y cargarlo todo en una vieja mochila que logré cambiar por dos mochis. 

Aclaración de inventario IMPORTANTE



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - Cao Guojiu - 17-10-2025

Exhaló el humo de su pipa con tranquilidad mientras tomaba algo de aire, habían decidido dividirse era lo más sensato ya que Cao había logrado comprar un barco pero aún no estaba lo suficientemente preparado para albergar el tamaño de toda la tripulación por lo que aquella división temporal era necesaria , así que caminaba junto a su grupo confirmado por Zhang, Han y Kayseira, Cao tenía el brazo por encima de esta última, ahora que podía tocarle al fin gracias a qué ya controlaba su fruta no temía mostrar alguna muestra de afecto público por ella, le besó la mejilla antes de quitar el brazo pues Han le había hablado y le parecía una falta de respeto no prestar atención adecuadamente ¿Las cajas? No tengo ni idea, pero sí tendremos cuidado por si llueve... Durante el camino hacia el puerto se había acercado a intentar escuchar las conversaciones , solo esperaba que el grupo que iba a pagar no tuviera problemas para llegar, no tardaron mucho por suerte en llegar a la zona el puerto donde estaba su barco, se giró y tocó la barandilla de madera que los llevaría hasta él, era un barco con tintes de Kano, lo que en otros mundos podrían llamar orientales pues este es nuestro barco, pronto intentaremos mejorarlo pero de momento es lo que he podido conseguir, me muero de ganas por intentar ponerle un nombre entre todos cuando llegue el momento, bueno Zhang, quizás deberías ser el primer en subir ya que tienes la experiencia para manejar estás cosas Caohohoho...
Esperaría entonces que Zhang subiera, luego Han, y luego Kayseira a la que le daría una pequeña nalgada suave y amistosa en el trasero mientras le sonreía, tras ella subiría Cao que al llegar arriba no podría evitar sentir emoción, les había costado pero habían logrado tener un barco, parecía que fue ayer cuando estaban reunidos en la fiesta del té, daría las gracias eternamente a Li Yuan que les había conseguido el contacto para el barco a pesar de que hubiera decidido finalmente no seguir con nosotros, tocaría la barandilla de madera pensando en todo lo que había hecho aquel Gyojin por nosotros pues incluso nos dió cierto material afirmando que en el futuro lo necesitaríamos Eternamente agradecido Li... Susurraba para sí mismo Cao, al menos aquel Gyojin había encontrado el amor y la felicidad, tenía que respetar sus designios , entonces se giró al resto de la tripulación observando agradecido de tener aún a tales maravillosas personas, con la absoluta convicción que jamás dejaría que cualquier peligro se acercase a cualquiera de ellos. estoy plenamente feliz de comenzar este viaje juntos, solo espero que los chicos no tengan problemas en su viaje 

resumen

Inventario

Karmas



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - Giyuu Ramhorn - 17-10-2025

Sabía que este era el último día que pasaba en la isla. Rosse lo había dicho desde la mañana con esa sonrisa suya que siempre suena a anuncio de desastre: “Zarpamos esta noche, cariño.” ¿Por qué en la noche? Beeh, ni idea. Cosas del extravagante y precioso capitán, supongo.
 
El día lo pasé vendiendo lo que quedaba de las pieles y telas que había conseguido en Samba. No fue mal negocio, aunque a ratos tenía la sensación de que los comerciantes me veían más como amenaza que como cliente, quizás sea la capa o la cara o bueno, las dos.
 
Cuando el sol cayó, hice lo que cualquier persona cuerda haría antes de una travesía, tirarme en la cubierta del barco con una toalla sobre la cara y dormir. La brisa marina era tibia, el olor a sal ayudaba a cerrar los ojos, la luna no molestaba porque, en realidad, no había luna. El cielo estaba cubierto de nubes tan densas que parecía que alguien hubiera decidido esconderla a propósito.
 
Eros dormía en su ataúd, como siempre. Una costumbre que nunca entendí, pero no soy quién para juzgar a un hombre que duerme dentro de su propio mobiliario. Pensé que nada podía interrumpir mi descanso, pero me equivoqué. —¡Giyuuuuu! —fue lo primero que escuché.

—Atatatata, ¿qué te pasa? —alcancé a decir antes de recibir un golpe seco en la cabeza. No tuve que abrir los ojos para saber quién era, Rosse tiene una puntería perfecta cuando se trata de arruinar mi descanso.
 
Me levanté con un gruñido, acomodé la capa y miré al puerto. En seguida entendí el motivo de su histeria. Había gente por todas partes, obreros, marineros, comerciantes, familias enteras y grupos de sujetos con trajes formales demasiado limpios para ser simples trabajadores, mi primer pensamiento es que eran empleados del gobierno Mundial. Solo con verlos ya me dolía la cabeza. Las cajas que transportaban no eran precisamente de frutas o telas, parecían pesar demasiado y las movían con cuidado, parte de mi quería robar y revisar una, pero no era el momento.
 
Mercedes ya estaba subiendo cajas de provisiones a bordo, así que me puse manos a la obra. El trabajo físico me despeja la mente, pero resulta que en el último viaje al muelle, Mercedes y yo vimos a Gwendolyn subir con un hombre a su lado y en verdad no pude evitar sonreír.

Mercedes preguntó si tenía idea de quien era, pero en realidad no sabía, si que había pasado un tiempo vendiendo telas y pieles en Samba, pero no conozco su rostro —No tengo idea, Beeh —dije, mientras colocaba la última caja en cubierta —pero creo que lo vamos a descubrir pronto. — Rosse gritó algo desde la cubierta, su voz arrastrándose por el viento como si incluso las olas le prestaran atención. No sé si lo hace a propósito, pero siempre logra que el caos parezca un número musical, hablaba de que conociéramos al futuro esposo de Gwendolyn cosa que nos dejó a Mercedes y a mi totalmente anonadados por unos instantes.
 
El ambiente cambió cuando el capitán y vicecapitán parecían molestar al novio de Gwen. El pelirrojo parecía más rojo que su propio cabello, y eso me dio una risa genuina. —Oye, Varo, no molestes al novio de Gwen con nombre de alien. Hahaha— solté, sin poder evitarlo.
 
La risa se me quedó atascada cuando Varo habló de una apuesta. —Subamos un poco la apuesta, Varo. Te apuesto mil berries a que esos guantes los tendrá de lujo el resto del viaje. —No porque no creyera en Eros, sino porque algo me decía que, si apostaba en su contra, Rosse lo convertiría en otro drama musical sobre mi falta de fe en la tripulación, y eso, aunque para otros seria tedioso, seria música para mis oídos.
 
Lo observé todo un momento, con esa mezcla de cansancio y fascinación que solo Rosse puede provocar. Siempre logra reunir a los personajes más improbables en los lugares más inoportunos, y aun así hacer que funcione. —Oye, Owen —dije, girándome hacia el chico de rostro preocupado —¿por qué no viajas con nosotros? Si tanto te preocupa Gwendolyn, lo mejor sería protegerla tú mismo… si es que puedes hacerlo mejor que nosotros. — Mi voz sonó más seria de lo que pretendía, pero lo decía en serio. La tripulación ya parecía un circo, y aún así, no podía negar que me gustaba ver cómo crecía, gente extraña, destinos cruzados, un capitán más brillante que cuerdo.

OFF



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - Kibai - 17-10-2025

Kibai caminaba relajadamente con la mano apoyada en la empuñadura de Raimei, alejándose por fin de la zona del puerto donde había estado escuchando la música callejera que parecía ser parte casi inseparable de la Isla de Samba. Lo cierto era que aquella región no estaba nada mal, tenía que admitirlo. A comparación con el páramo helado que era Roshwan, aquella isla parecía un lugar ideal para vivir, aunque el mink se seguía quedando con la Isla Kárate, por el momento.

Mientras caminaba a lo largo del espigón, observó a lo lejos a varios barcos que aguardaban perfectamente alineados en cuatro amarres contiguos. Los galeones eran enormes, sin ningún tipo de pabellón que los identificase. Aunque no logró distinguir guardias ni vigías a bordo, sí había un continuo desfile de estibadores cargando cajas a bordo, y una línea de lo que parecían ser pasajeros se estaba empezando a acumular cerca de los cuatro navíos. Extrañado, al ver tal trajín, Kibai decidió repetir la estrategia de la isla Kárate y buscó un callejón que partiese del muelle. En cuanto se hubo meclado con las sombras, cogió carrerilla y de un salto comenzó a escalar hacia el tejado de uno de los edificios, agradeciendo doblemente que la luna estuviese oculta, tanto por la discreción que eso le proporcionaba como por el hecho de que no tuviese que preocuparse por mantener el control.

Una vez consigió llegar al tejado, se tumbó cuan largo era y avanzó hacia el borde, observando desde su nueva atalaya todo el sector portuario. Con la ventaja de la altura, pudo comprobar que aunque parecía que los barcos estaban sin vigilancia, varias patrullas uniformadas con los habituales trajes negros del Gobierno Mundial hacían rondas regulares a lo largo de los amarres y la zona circundante.

"Vaya" se dijo Kibai "Así que quieren tener eso barcos vigilados pero que no parezca directamente que están vigilados...Muy curioso, sin duda"

Dirigiendo su mirada de nuevo al cargamento, arrugó el entrecejo al ver el símbolo del Gobierno Mundial estampado en la madera oscura. Mierda, aquello, fuese lo que fuese, siempre daba problemas. Y no parecía ser lo único preocupante, ya que la cola de pasajeros que se había formado debía estar empezando a impacientarse, pues cada vez mas manos se agitaban con garbo, y el viento traía retazos sueltos de gritos y reclamaciones.

Desentendiéndose momentáneamente del tumulto, el mink observó el resto del panorama. Varios barcos, también sin bandera alzada visible, parecían estar disponiéndose para partir. Aparte de alguna situación peculiar, como lo que parecía ser algún tipo de percance amoroso con una joven que se agarraba con fuerza a un joven de pelo rojo en la cubierta de uno de los navíos, la situación parecía bastante tranquila, aunque había algo que le daba mala espina, y no podía ser solamente el hormigueo que sentía en las manos desde hacía varios días. Además, las apariencias y armamentos de los tripulantes de otros barcos no eran lo que se dijera muy anodinos.

Dándose la vuelta, se tumbó cuan largo era mirando hacia el cielo y sacó su Den Den Mushi. Tras unos segundos de establecimiento de comunicación escuchó que descolgaban desde el otro lado.

"Royal Quiver, aquí Kibai. Me pareció adecuado darme un pequeño garbeo por el puerto. Los barcos de pasajeros van cargados de cajas del Gobierno Mundial, y hay demasiados agentes para que esto sea pura rutina. Recomiendo que cuando se inicie el viaje, mantengamos una distancia suficiente para poder comunicarnos con el convoy, por si la cosa se complica. Varios barcos más parece que van a zarpar también a la vez que nosotros, no he logrado ver banderas, pero a juzgar por muchas de las pintas de sus tripulaciones, si todos son honrados civiles y comerciantes, yo soy un gyojin. Voy de camino al barco, pero sería adecuado estar ojo avizor en cuanto perdamos de vista Isla Samba."

Acto seguido, se guardó el Den Den Mushi en el bolsillo de su capa antes de rodar sobre si mismo para dejarse caer por el lateral del edificio, usando sus garras para anclarse en los alféizares de madera e ir mitigando la caída hasta llegar al suelo. Una vez en tierra, el mink se sacudió el polvo de sus ropas, se caló mejor la gorra sobre los ojos y salió de nuevo al puerto, esquivando a los transeúntes de regreso al Royal Quiver.

Desde luego, el inicio de su viaje hacia la entrada del Grand Line prometía ser muy, muy interesante...


RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - Lucarne Ashveil - 17-10-2025

Una brisa nocturna invadía el entorno en samba; la humedad, el viento huracanado y una sensación de paz inquietante eran lo predominante. Notaba el murmullo de los pescadores y comerciante en el puerto, que, aunque bullicioso parecía más bien arrullado por un silencio expectante. Como si el mar mismo esperara un desenlace de algo que no iba a poder ser evitado. Ashveil llego desde la costa del South Blues. Viajaba por días junto a su tripulación con el atuendo más sutil; el de un turista. Una camisa de palmeras, el típico cliché con cámara y anteojos incluidos.

El puerto de Samba no era particularmente llamativo, común entre los estándares de un navegante, pero sus aguas eran una arteria vital entre los cuatro blues y el Gran Line. El Gran Line… Su destino después de la travesía, surcaría cada rincón de ese mar, aunque ello le convierta en un criminal hambriento de libertad. Varios barcos de carga atracaban allí, traían más que mercancía aparentemente, rumores y secretos encontrados. Y en medio de eso estaba Ashveil, Avanzo discretamente en las sombras, mezclando con los turistas que se desplazaban como cardumen de sardina en medio del océano. Cada uno de sus tripulantes siguiendo su camino hacía quien sabe dónde. Igual no bajaba su guardia, sabía que, en cualquier momento, su espada podría llegar a ser necesaria. Era más un trauma de ser precavido que cualquier otra cosa importante. Las luces del puerto iluminaban aún más las figuras de personas que, para su ojo clínico, no eran marines ordinarios ni algo que ha ya visto ya en el South Blues. — Humm… — Se mantuvo pensante, viéndole la cara a Thyrm, como en señal de que había notado algo sospechoso. Pero sin entender que exactamente. Estaban en todas partes visibles, tenían esa típica actitud que rozaba la absoluta indiferencia, como si ese mundo, « el aquí y ahora », no les perteneciera. Pero él lo sabía bien; Las apariencias, en este mundo, podían ser todo lo contrario a la verdad.


Gracias a su vista excepcional pudo detallar mejor los barcos, majestuosos, desolados por su simplicidad. Parecían incluso esperarlo, pero él no sabía si era el único o si otros como él se acercarían también. Mas permanecer en anonimato era su prioridad. No tenían identificación clara, ni símbolos que él pudiese reconocer fácilmente, Aquellos navíos no eran una señal de la libertad; no, eran lo opuesto… un recordatorio de lo que el gobierno mundial podía hacer cuando se antojase.

—María… lejos de esos barcos, me dan mala espina — Fue lo único que menciono, bastante sosiego en realidad. Aunque su sentido de desorientación casi lo hace tropezarse con un poste de luz. — Mierda… — Murmuro, pero fue allí cuando noto algo increíble; esos hombres no poseían un salvo conducto, carta o pasaje que los identificara. Solo fajos que fácilmente podía distinguir como dinero, tanto… como si para esos seres fuese tan poco en comparación. El gentío se aglomeraba frente al puesto de control, susurros entre sí, nerviosos por razones que solo ellos conocían, Los mercaderes no parecían pasarla mejor. — Debemos comprar capas para María y Odeth —  

Aunque una capa para Odeth era una sabana entera, pero tenia que hacerlo. Una mujer pez y una Oni gigante ya llamaban de por si mucho la atención. 

Vaya que tenían la mala suerte de siempre llegar en mal momento.

Algo estaba por suceder, y muchos estaban expectantes al futuro que vendria tras ello. — Hyak… —. Les haría señal típica con su mirar, expresivo… en realidad decía; Acá hay Dong (Gato) encerrado.(?)

No dijo más nada, pero lograba reconocer rostros allí. Pero dejaría que fuesen sus hombres quienes interactuaran con el ambiente y los demás. Dejaría que María lo guiase para suplir su desorientación y Thyrm sería el encargado de encontrar un refugio donde pasar la noche.

Lo bueno es que se desquito con Jin después del primer encuentro, incluso aunque le había lanzado una caja completa mientras estuvieron en el bar, el desgraciado se las arreglo para encontrar más. La cura fue peor que la enfermedad, definitivamente. 

Posteriormente llegaría su hora de zarpar, junto a sus compañeros. reunidos en el bar finalmente se distribuye para zarpar junto a sus queridos nakamas a esas tierras prometidas.


RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - Chen Huizen - 17-10-2025

He tenido mis incidentes en esta isla, pero no creo que hayan sido lo suficientemente malos como para reprochármelos. No soy una criminal, aunque la Marina, o al menos esos hombres que se visten con su uniforme sin honrar lo que representa, quieran llamarme delincuente por ayudar a una anciana, si eso es un crimen, entonces seguiré cometiéndolo, nunca me arrepentiré de ayudar a quien lo necesite.
 
Esta noche, sin embargo, tiene algo distinto. Samba parece haber perdido su ritmo. El aire, que normalmente baila al compás de los tambores, ahora está quieto, expectante. El cielo, como si guardara un secreto, ha decidido tragarse la luna. Ninguna luz natural acompaña a los hombres esta vez, solo las antorchas y faroles encendidos por manos cansadas intentan pelear contra la oscuridad. No sé si es un castigo o un aviso, pero algo en mí me dice que debo marcharme. Cuando alzo la vista, los nubarrones lo cubren todo, densos, grises, cargados de algo más que lluvia. La luna y las estrellas han desaparecido, y siento que el cielo mismo desea olvidar por un momento que existimos debajo de él.
 
Así que camino hacia el puerto y está abarrotado, lleno de voces, pasos y susurros. Me mezclo entre la multitud, bajando la mirada, dejando que mis alas permanezcan plegadas bajo la tela de mi túnica, no soy más que otra figura entre el gentío, otro rostro cansado que busca una salida. Dos agentes revisan listas frente a los navíos anclados. Hojas con nombres que deciden quién parte y quién se queda, papeles que, para muchos, significan libertad o condena.
 
No necesito acercarme demasiado para oír las quejas de algunos de ellos.

—¡Apúrense, que el barco zarpa pronto! —gruñe uno.

—Dicen que esta ruta va directo a la Grand Line —susurra una mujer detrás de mí, con la voz temblorosa por la esperanza.

La Grand Line, mis ojos, siempre demasiado grandes para ocultar lo que siento, se abren un poco más, es una oportunidad, tal vez la única, el viento sopla desde el río con olor a caña y sal. Lo respiro despacio, y por un instante, el mundo parece volver a moverse, esta noche me iré de Samba.
 
El caos en la fila me dolía más que la espera. Escuché a una madre calmar a su hijo, a un anciano resoplar cansado y a los guardias pedir silencio con la voz temblorosa. No podía quedarme mirando. Me acerqué despacio, levantando las manos para pedir calma. —Todos embarcarán— dije con suavidad. —Respiren. Si avanzamos uno a uno, los barcos partirán antes.— Algunos se giraron, sorprendidos, pero mi voz pareció apaciguar el aire. Los murmullos se transformaron en orden, y los agentes, agradecidos, asintieron sin oponerse. En medio del nuevo orden, me coloqué entre un grupo de viajeros ya aprobados. No mentí, no empujé, solo seguí el flujo que había ayudado a crear.
 
Si lograba pasar con aquel grupo de personas, subiría al barco y me quedaría en la cubierta, observando desde allí el bullicio que quedaba atrás. Las voces, los empujones, la ansiedad por partir, todo parecía tan distante desde esa altura. Aun así, durante un breve instante, el murmullo se calmó. Fue un silencio tenue, como una caricia que se extendió entre la multitud, quizá provocado por mi voz cuando intenté tranquilizarlos, pero sabía que no duraría mucho. El deseo de huir, de hallar un rumbo distinto, pesa demasiado sobre los corazones de quienes viven en estas aguas. Todos buscan su oportunidad de escapar del mar que los retiene, del mismo modo que yo busco el mío.

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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - Alana Sahiba - 17-10-2025

El mundo se balanceó antes de abrirse por completo. No era la primera vez que me metía en una caja, aunque sí la primera que se abría sola, sin que nadie me sacara. La luz me cegó un instante, y el aire húmedo del puerto entró como un bofetón. — ¿Dónde…? —musité, asomando apenas la cabeza entre los pliegues de la chaqueta del gigante. Según había comentado Rosse, aquel nuevo gigante se llama Eros. Recién lo había conocido y recién me había escondido en un bolsillo de su ropa, no por necesidad, pero sí deseaba descansar y ¿qué mejor manera que meciéndome en el dulce vaivén de la tela moviéndose, cubriéndome de todo sol? No, no era una caja. Tampoco había una tapa que se abriese, pero sí una tela que se apartaba de forma natural. Desde ahí, lo veía todo: las velas ondeando, el gentío, el brillo del mar, y un capitán que parecía salido de un cuadro caro y maldito a partes iguales, haciendo su papel y ordenando a toda la tripulación que fuesen de un lado a otro cargando los suministros, listos para empezar el primer y largo viaje del Crimson Stage.

Entonces me di cuenta. Pronto estaríamos surcando los mares. Ese hecho me puso nerviosa pero más aún me asustó los gritos indiscriminados de la gente. No era capaz de distinguir entre gritos de felicidad y gritos de susto, así que de un brinco, saqué mi cabeza de aquel bolsillo.— ¡Ah! ¡Ah! ¡¿Qué demonios pasa aquí?! —chillé, tropezando con el borde del bolsillo y cayendo de cabeza sobre el suelo, a los pies del propio Eros. Reboté, literalmente, como si la tela me escupiera de vuelta.

Me senté, despeinada y completamente indignada, mientras me sacudía las manos. Por fin me puse en pie, y aunque para ellos no habría una gran diferencia entre estar sentada y de pie… bueno, para mí tampoco la había, seguían siendo demasiado altos todos, pero no por ello me dejé impresionar fácilmente—. ¿Tanto he dormido como para haber llegado hasta aquí sin siquiera percatarme —rezongué, aunque sin levantar mucho la voz, pues era un pensamiento en voz alta, lanzado más bien para mí misma—... Oigan, ¿qué queda por hacer? —pues no era excusa haber estado dormida en el bolsillo de un compañero. En algo tenía que colaborar. Viajar en un barco donde no había colaborado, donde todo se me había regalado, no era especialmente cómodo a nivel moral.

Noté que todos me miraban, o así se sentía. Gente altísima. Demasiado altísima. Rosse brillaba como una estrella caída, Gwendolyn parecía un ángel distraído, y el resto… bueno, el resto eran montañas con ropa. Varo, Eros, Mercedes, y unos tal Owen y Giyuu. Nombres conocidos y desconocidos a partes iguales. La escena frente a mí era un caos, sí, pero uno encantador, de esos que te hacen sonreír aunque no entiendas nada. En medio del caos, me acordé de mi madre, llevé de forma instintiva mi mano hacia el colgante de mi pecho. Había risas, pasos acelerados, cajas apilándose, sogas crujiendo, y en medio de todo, el capitán Rosse brillando como siempre, con esa forma suya tan exageradamente natural de ser el centro de todo. Su voz se alzaba sobre el ruido como una trompeta de carnaval, aunque esta vez no parecía estar dando voces de órdenes. Parpadeé un par de veces, confundida, antes de escalar por una caja y sentarme sobre ella. Desde ahí lo veía todo. Pequeña entre gigantes, claro, aunque a estas alturas ya me movía entre ellos como quien pasea por un barrio conocido.

— ¿He oído... boda? —pregunté, ladeando la cabeza con una sonrisa curiosa, la voz tan pequeña como una campanita entre tanto bullicio. Y lo había oído bien. Entre gritos, aplausos y exclamaciones, distinguí el rostro sonrojado de Gwen, tan dulce y nerviosa, y a su lado un muchacho que parecía debatirse entre huir o desmayarse. Y Rosse, claro, girando a su alrededor como si fuera el maestro de ceremonias de un teatro imposible.

— Oh, pero si es nuestra Gwen... —dije con cariño, inclinando la cabecita mientras agitaba una manita en dirección a Gwen—. ¡Así que te nos casas, querida! Y yo que pensaba que hoy solo habría trabajo y tormenta, no corazones desbordando por el puerto.

Me estiré un poco más, alzando la voz lo justo para hacerme oír sin romper el encanto del momento, o más bien el encanto de los enamorados, observando el brillo de Gwen, el desconcierto del chico, la confusión de la tripulación que aún no entendía si debía reír o brindar—. Si es amor de verdad, que los mares los bendigan, y que ni la peor tormenta los haga soltarse, vaya. Y bueno —añadí al final, con un deje de humor—, ya que hay boda, espero que alguien piense en invitar a la dama de honor más pequeña del mundo, porque no pienso quedarme fuera del brindis.

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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - Mahou Chikao - 17-10-2025

Enredó su cola alrededor del Nyoibō mientras apoyaba los brazos sobre la barandilla del barco. Desde allí, Mahou observa el tumulto del puerto con los ojos entrecerrados y una mano sobre la frente siguiendo el ir y venir de la muchedumbre. Era una escena que le resultaba extraña, pero era aún más extraña la situación en la que ella se encuentra por la sensación que provocaba viajar entre desconocidos. Habia compartido viaje con ellos durante dias, y aún asi, cada mañana le parecian rostros nuevos. Recordaba olores, gestos y voces pero su memoria le juega una broma pesada y constante.

No tiene idea de cuales son sus planes, ni pretende entenderlos, porque cree que el misterio es parte de la aventura, y por eso, cuando vio el revuelo en el puerto, el impulso por lanzarse del barco fue casi inmediato. Pero antes de hacerlo, una voz familiar la detuvo. Era el hombre mono-pajaro, que hablaba, como no, de su cola de mono, y que sin más dejó en las manos de Mahou un enorme martillo, sumamente pesado. Ella entendió el gesto a la perfección y el motivo de aquel regalo.

Frunció el ceño, abrazando el mango del martillo con ambos brazos que estaban a punto de ceder ante el peso, y comenzó a tambalearse. Sumado a eso, le molestaba la manera en la que habla sobre su cola, tanto como así le divertía su torpeza al hacerlo. —¡Uh uh…! ¡No te burles de mi cola, pajaro-mono-ukiki! — respondió protestando, agita su cola con energia, y sin pensarselo dos veces la alzó con fuerza y lanzó el Nyoibō por encima de Dong, haciendo que el bastón cayera sobre su cabeza, mas que un golpe era un intercambio ya que debia cargar con aquel martillo descomunal, el otro podia quedarse con su bastón por un rato, y de paso le da una pequeña lección.

En ese instante, una mujer intervino, Mahou advirtió su presencia por su aroma dulce y fuerte, giró la vista para observarla, pero no podia reconocer su rostro, tan solo su olfato. — ¡Por supuesto que estoy bien-ukiki! — con una enorme sonrisa apoyó el mango del martillo sobre su hombro derecho. — ¡Un pájaro-mono malhablado no va a arruinarme la noche-ukiki! — y con su mano libre, se señaló a si misma con el pulgar en un gesto lleno de confianza

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