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[Pasado] Los colores del otoño - Versión para impresión

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RE: [Pasado] Los colores del otoño - Seraphine Soyer - 04-04-2026

Se acercó, sentada en la arena, y colocó los pequeños tesoros que encontró delante de sus rodillas, con sus manos sobre estas, la pelirosa sonrió, escuchando con mucha atención, solo faltando que moviese una cola imaginaria de un perrito de manera energética, dudando un montón que aquella sonrisa que siempre manifestaba en su rostro le fuese a producir un dolor permanente en su rostro, reaccionando con sorpresa al escuchar lo de la botella moviéndose sola y llevando una mano a sus labios para reírse un poco, sabiendo muy bien que a veces se veía algo extraño cuando se reía sin cometer sonido, haciendo un pequeño repaso mental de lo que sabía de aquella raza.

Tontattas, tenían colas, una fuerza que supera con creces su diminuto tamaño y una rapidez notable, siendo su altura máxima 30 centímetros. De pronto, no pudo evitar sentir algo de preocupación cuando escuchó acerca del gyojin, pegando su cabeza entre los hombros, pálida. —¿No le hizo daño a Filo?— Se acercó un poco, inclinándose hacia adelante, con un rostro de pura preocupación, sin darse cuenta de estar invadiendo el espacio personal, con los ojos de la skypean abriéndose aún más al escuchar cómo cayeron. Sin pensárselo demasiado, sus manos salieron disparadas a los brazos del mink, buscando moverlas un poco, en búsqueda de alguna herida, quedándose unos minutos concentrada, hasta darse cuenta de lo que hacía, no pudiendo evitar sonrojarse hasta las orejas, moviendo sus alitas un poco, con exageración, hacia arriba y abajo, casi pareciendo que iba a salir disparada si tuviese la capacidad de volar, soltándolo.

—Lo siento…

Se mordió el labio inferior, retrocediendo unos cuantos pasos, aunque se estaba moviendo más con las rodillas que el resto de sus piernas, al encontrarse sentada sobre estas.

—Yo también quiero ver la bandeja moverse— Infló sus mejillas. —¿Los volviste a ver o están demasiado ocupados?— Los ojos de Seraphine brillaban, queriendo escuchar más historias; volvió a sentir de manera tan animada que casi temió que su cabeza saliese volando, poniéndose de pie con movimientos más torpes, sosteniendo entre sus brazos las conchas, intentando meter algunas en sus bolsillos. —Para ti— Intentó darle la más grande, como regalo.


RE: [Pasado] Los colores del otoño - Kibai - 11-04-2026

Kibai negó con la cabeza al ver la preocupación de Seraphine. Era lógico que las personas no acostumbradas a lidiar con Tontattas mostrasen un extra de preocupación.

— No, para nada, ese pequeño es más fuerte de lo que parece, y escurridizo como él solo. Los tres acabamos la carrera relativamente intactos, algún rasguño aquí y allá pero nada muy relevante. Tras acabanos la botella que no sehabía roto y decidir que ya era la hora de volver a la ciudad, fue cuando nos enteramos de que el gyojin también había sido eliminado. Aquella noche fue cuando el tabernero decidió contratar a Filo, ya que se puso a hacer malabares con cinco jarras que le duplicaban el tamaño. Algunos de los clientes casi se caían de las sillas de la risa.

Kibai arqueó una ceja al ver como la joven le agarraba del brazo. Desde luego, el instinto protector de aquella chica superaba con diferencia el de cualquier otra persona que hubiese conocido. La propia Seraphine pareció darse cuenta de lo que había hecho, pues su rostro se puso rojo como la grana y soltó el brazo del mink rapidamente, retrocediendo varios pasos, antes de garabatear una rápida disculpa en su cuaderno.

— Eh, no te preocupes, no has hecho nada malo. — le dijo Kibai procurando tranquilizarla. — Si quieres verle, solo tienes que dirigirte a la Isla de Roshwan en la ciudad de Pushkin. Pregunta por la taberna Golden Lion, después tan solo busca al pequeño granuja que esté por la barra o saltando entre las mesas. No tiene pérdida, a pesar de ser tan pequeño.

Kibai se puso en pie, sacudiendo la arena de su uniforme.
— Al resto pues cuando nos cuadra. Joss ahora está en otra patrulla diferente, así que nos vemos menos, aunque solemos coincidir en las horas de la comida, al menos si ambos estamos en la base, cosa que como has podido deducir por mi presencia aquí, no siempre ocurre. También hay veces que nos mandan en expediciones por la isla y eso nos tiene un par de días fuera. En cuanto al gyojin, no lo he vuelto a ver, así que quiero suponer que simplemente encontró otro barco mercante en el que enrolarse y se marchó de la isla. O quien sabe, puede que decidiese irse nadando de vuelta a su hogar.

Kibai recogió la cocha que le ofrecía la joven, estudiándola con detenimiento. El constante vaivén del agua y el roce con la arena habían pulido las imperfeccioens del exteriores, dándole un tacto pulido y el interior conservaba el lustre nacarado.

— Vaya, es muy bonita. Gracias, Seraphine.

Inclinándose rapidamente para recoger todos los restos que habían dejado tras la comida, arrojó las piedras machadas al mar donde los peces darían cuenta de los últimos restos, y usó una de las mitadas del coco vacío para verter una buena cantidad de agua sobre las brasas, asegurándose de que el fuego quedase perfectamente apagado. No obstante, antes de hacerlo, Kibai apartó varios de los trozos de carbón en los qu ese había transformado la madera de deriva que había usado para la hoguera, guardándolos en una de las bolsas que le habían dado los vendedores del mercado. Haciendo un nuedo simple, se lo alargó a Seraphine.

— Vale, no es una concha tan bonita, pero si machacas bien esto con una piedra y lo mezclas con algo de agua, tendrás tinta para escribir en tu cuaderno. Me he dado cuenta de que lo usas bastante, así que puede que algún día necesites tener algo con lo que escribir.

Tras meter todos los restos dentro de una de la bolsa y colgar esta de su morral, el mink se giró de nuevo hacia la joven alada.

— Bueno, qué hacemos? Aprovecha antes de que mi superior me reclame, ya que no sé cuando volveré a esta isla.


RE: [Pasado] Los colores del otoño - Seraphine Soyer - 14-04-2026

—¿Por hacer malabares y parecer que la bandeja se movía por su cuenta?

Escribió, parpadeando un poco, sintiendo curiosidad de como sería lo de ver unas cuantas bolas moverse por el aire, sin poder descifrar del todo donde se encontraban las manos que se movían hasta que uno descubre el truco, aquello le dio para pensar, ¿como hubiese sido su vida si su cara bonita no le jugó en su contra? Levantó una mano, dándose unos golpecitos con las yemas en su mejilla, suave, pensativa, ¿habría juzgado a Filo de la misma manera? No lo sabía, los prejuicios estaban en todos lados, por más que uno intentase deshacerse de estos. —¿Cómo sabe el sake?— Sintió un enorme signo de interrogación formarse en su cabeza. —Aparte de alguna cerveza o una pequeña copa de vino, no conozco mucho más de bebidas alcohólicas.

Creía, que con el pasar del tiempo que tuvo en la casa de aquel noble, Seraphine bebió tanto que ya no era capaz de discernir el sabor de aquellas dos cosas, pero tampoco era algo que le preocupaba demasiado, ya que no eran sus bebidas favoritas, prefiriendo mucho más alguna soda o agua, escuchándolo con atención, anotó las indicaciones del rubio y le enseñó lo escrito, buscando asegurarse de que todo estuviera bien. —¿Le mando saludos de tu parte?— Miró sus manos, recordando la sensación de haber sujetado una extremidad de Kibai. —Una pregunta, ¿cómo lo haces para peinarte?— Lo miró con un brillo intenso en su mirada. —¿Puedo… tocarte la cabeza?— Las palabras salieron escritas, mucho antes de lo que pudiera pensar. —Eres una ternura, de pies a cabeza y suavecito.

Por alguna razón, respecto a este “halago”, “cumplido” o insertar palabra aquí, no le daba mucha vergüenza decirlo, creyendo que siempre estaba bien repartir algo de positividad, pensando que los hombres no solían recibirlo muy a menudo. —Pues… entonces solo será cuestión de esperar un poco y podrán beber sake juntos— Eso es lo que le gustaría creer, siempre buscando lo positivo en todo, obligándose a ello, no pudo evitar iluminarse cuando le dio las gracias y moviendo un poco sus piernas, agachándose, salió disparada hacia adelante, dándole un enorme abrazo, con la poca fuerza que la skypean pudo reunir.

—¡Gracias!— Buscó guardarlo de alguna forma para evitar ensuciarlo o perderlo. —Pasear— Se le formó un signo de interrogación, repitiendo las palabras escritas a Kibai de lo que iban a serlo, copia a copia de cada una de sus palabras. —Así que si quieres, damos un paseo y vemos si encontramos algo interesante al respecto, te parece bien?

Le enseñó su dedo pulgar.



RE: [Pasado] Los colores del otoño - Kibai - 19-04-2026

La arena crujía rítmicamente bajo las botas de Kibai y el paso ligero de Seraphine, mientras se alejaban del lugar dónde habían hecho la hoguera, pero siguiendo la línea de la cosa (al fin y al cabo si Seraphine quería encontrar una red de voleibol, no iba a estar en el medio de la ciudad.

— Pues lo creas o no, el sabor tiene muchísimos matices. Depende de cuanto tiempo lo hayan dejado añejar, o incluso del tipo de madera que han usado en el barril en cuestión, o el alcohol que hayan fermentado antes de usarlo para el sake. Pero por lo general, para que te hagas una idea, tiene un sabor suave, afrutado y que te llena la boca. No es muy fuerte, auqnue se tome tradicionalmente en pequeños cuencos. Aunque ya te advierto que no es que sea un experto, no suelo beber, salvo en ocasiones muy puntuales. Me gusta mantener mis sentidos alerta. Para cocinar sí que lo uso con frecuencia. Como alcohol que es, se prende fácilmente y se puede usar para el flambeado, dándole un toque de sabor extra y una textura caramelizada a las carnes, pescados y salsas. El calor elimina el rastro etílico, pero deja esa esencia frutal que transforma un plato mediocre en algo digno de recordar.

Cuando la petición de Sera y su cumplido posterior, la expresión de Kibai se encombreció ligeramente, antes de detener su caminata, respirar hondo y mirarla a los ojos.

— Seraphine, gracias por el cumplido, pero te agradecería que no lo repitieses. No pretendo ser una "ternura" ni ser "suavecito", y te aseguro que no querrías estar cerca de mi una noche de luna llena. Los minks somos guerreros desde el día en que nacemos, y aunque mucho que abandoné mi hogar, eso si se ha quedado dentro de mi.

Kibai comprendía que sus palabras podían sonar duras, pero le parecía que cuanto antes su nueva amiga entiendiese que era un mink y no un gato doméstico, sería mejor.

— Además... — pensó para si, desviando la mirada un instante hacia el mar. — Tampoco me apetece que me empiece a acariciar la cabeza y me salga un ronroneo por accidente, eso sí que desbarataría mis argumentos por completo.

— Para nosotros el contacto de esa forma es algo que se hace entre gente muy cercana, no con persoans que acabamos de conocer, al menos, no de manera habitual.

Tras caminar unos segundos en silencio, escuchó algo de música proveniente de una de las pequeñas calas que bordeaban la isla. Deseoso de relajar la tensión que pudiese haber generado su negativa, señaló hacia aquella dirección con una sonrisa.

— Creo que hemso encontrado lo que buscabas.


A medida que rodeaban el saliente rocoso, la cala se abrió ante ellos. Era un rincón guarecido del viento, iluminado por antorchas que ya empezaban a chisporrotear. Un grupo de lugareños y viajeros se arremolinaba alrededor de una fogata mucho más grande que la suya, y allí, clavada en la arena compacta cerca de la orilla, se alzaba una red de voleibol algo desgastada pero perfectamente funcional.

— ¿Qué me dices? — propuso Kibai, entornando los ojos con un brillo competitivo mientras observaba a los jugadores saltar y rematar. — Nos acercamos, ¿verdad? Quizás hasta podamos pedir turno para jugar un rato. Después de todo, sería una auténtica lástima no darles un par de lecciones acerca de cómo se juega. Mi agilidad y tu tamaño contra sus reflejos humanos... no creen que tengan oportunidad, ¿no crees?


RE: [Pasado] Los colores del otoño - Seraphine Soyer - 30-04-2026

Miró hacia atrás, asegurándose de que la hoguera estuviese del todo apagada, hasta seguir al hombre mink con paso tranquilo; no tenía intención de que por accidente comenzasen un incendio y aquello sería algo que la haría sentir muy mal durante días, por otro lado, Kibai acaparaba de manera muy enorme su atención con cada palabra que soltaba.

—Lo haces sonar como si fuese algo mágico— Sonrió, notandose la enorme pasión que el hombre poseía por la cocina, y se preguntó si su hombre ideal o persona tendría una habilidad así; después de todo, sería algo conveniente y le alegraba la idea de tener a alguien con quien compartir comida rica, pero tampoco es como si hubiese pensado demasiado en que encontraría a alguien así, cuando Moja apareció en su mente, llevó un puño a sus labios, tosiendo un poco para dar la impresión de que el repentino sonrojo era culpa de la fuerza de su tos. —A la próxima que nos veamos— Si es que había próxima; el peso de la revolución volvió a caer sobre sus hombros. —¿me podrías dar clases de cocina? Tengo a alguien que me gustaría hacer sonreír también— Hizo un par de cálculos, sin saber exactamente cuánto necesitaría cocinar para alguien que medía diez metros.

Las siguientes palabras del rubio la hicieron detenerse, con los engranajes de su cabeza girando de manera absurda hasta salir algo de humor por sus orejas.

—¿El llamarte tierno, suavecito… se podría considerar un insulto?

Prefería aclarar aquello cuanto antes, rascándose un poco el mentón. —¿Cuando hay luna llena… os volvéis, cómo decirlo, mas… grandes?— Sintió un enorme signo de interrogación danzar sobre su cabeza; hasta ahora no vio a ningún mink debajo de la luna llena. —¿Podría verlo?— Ante lo siguiente, no pudo evitar reírse, de manera silenciosa, y sacudió su cabeza, ahora le costaba un poco imaginarlo ronronear. —Kibai, solo una cosita, la violencia, el ver a gente morir, ser herida, la sangre… no es algo nuevo para mí y eso que sé que parezco una muñeca de porcelana— Soltó un suspiro, odiando y gustándole aquello por igual, ya que hasta el día de hoy, era algo que la salvaba mucho durante las peleas, pero su valor siempre fue determinado por su rostro, parte del secuestro fue cometido por lo bonita que le pareció a un noble; era un arma de doble filo. —Así que… en caso de contenerte por alguna razón a mi lado, no lo hagas; también eres libre de tratarme con más fiereza, si te llamo tie… eso otra vez.

Se encogió de hombros y de pronto, en un pequeño parpadeo, Seraphine se movió dejando al mink atrás, con las palabras en la boca, buscando llamar la atención de los jugadores para poder unirse, y miró a Kibai, haciéndole señales de que viniera.

—¡Venga!— Dio unos saltitos animada. —¡A jugar!



RE: [Pasado] Los colores del otoño - Kibai - 02-05-2026

Kibai se rascó la nariz, mirando hacia Seraphine con una sonrisa.

— Podría enseñarte alguans cosas pero no esperes que te revele mis trucos secretos, eh? Uno ddebe guardarse siempre ases bajo la manda para sorprender al mundo. Aunque ahora mismo, te puedo ofrecer eso si, un consejo: no tengas miedo a experimentar. Hay muchisimos platos que surgieron por error, por accidente o por casualidad. Uno debe siempre salirse del libro y seguir su propia intuición. Y si pones tu corazón en ello, si de verdad cocinas con la intención de nutrir y cuidar, tu comida siempre hará sonreír a la persona a la que se la has preparado. Esa es la verdadera magia de la cocina.

Sin embargo, al observar la reacción de Seraphine, Kibai notó que el tono de la conversación anterior sobre su naturaleza todavía pesaba en el aire. Comprobando que efectivamente sus palabras habían calado más duramente de lo que pensaba, la sonrisa abandonó el rostro de Kibai, adoptando un semblante más serio. Sus orejas se agacharon apenas unos milímetros, en un gesto de empatía hacia la joven.

— No tanto como un insulto, pero no es algo que me guste escuchar a la ligera de cualquier persona. Y si, al mirar la luna llena, nos volvemos más grandes, pero también más fuertes, más rapidos... Eso si, también cambia algo dentro de nosotros, y si no conseguimos controlarnos, podemos perder la noción de quienes somos. El instinto nos domina, por así decirlo. De hecho, procuro no mirar nunca la luna cuando estoy con mi gente, por su propio bien. No sé si alguno de mis compañeros, con excepción de los mandos de la base, serían capaces de detenerme en ese estado. Es una responsabilidad que llevamos a cuestas, una bendición y una maldición a partes iguales.

Leyendo las siguientes frases que escribia su acompañante, Kibai hizo un ademán con la mano quitándole importancia.

— Bah, no te preocupes, no creo que haga falta disculparse tanto. Como mucho te daré un coscorrón si me incordias mucho. —bromeó, recuperando ese brillo socarrón en la mirada. — Aunque por suerte he sido bendecido con una buena dosis de paciencia. He tratado con reclutas mucho más difíciles que tú, te lo aseguro.

Sorprendido, el mink vio como Seraphine salía corriendo hacia las personas que estaban alrededor de la red de voleibol, y tras hablar brevemente con ellos, le indicó que se acercase. Saboreando el desafío, Kibai se acercó, soltando su capa en la arena por el camino, dejando ver la potente musculatura que ocultaba debajo. Con dos breves gestos, soltó los botones de los puños de su camisa, y remangó la tela blanca dando varias vueltas a cada manga.

— Buenas tardes, mi nombre es Kibai, y ella es Seraphine, nos gustaría jugar si os apetece.

Dos de los presentes, un hombre alto de piel curtida por el sol y una mujer de movimientos ágiles dieron un paso al frente con sonrisas desafiantes.

— ¡Claro que sí! — respondió él, estrechando la mano de Kibai con firmeza. — Yo soy Freddy y ella es Elena. Estábamos buscando a alguien que se atreviera a quitarnos el puesto de la pista. ¡Bienvenidos al reto!

Ambos equipos se colocaron a ambos lados de la red. Otro de los presentes, que había decidido hacer de árbitro improvisado para disfrutar del espectáculo, se acercó al centro de la red sosteniendo una moneda en la mano.

— Bien, hagamos esto oficial — anunció el árbitro con tono solemne claramente impostado. — Cara para los veteranos, cruz para los recién llegados.

Lanzó la moneda al aire, que brilló bajo la luz de las antorchas mientras giraba sobre sí misma. Tras un segundo de suspense, la capturó en el dorso de su mano.

— ¡Cara! —exclamó. — Freddy y Elena sacan primero.

El mink y la joven alada se situaron rápidamente en su lado de la pista, ocupando sus posiciones. Kibai, sintiendo cómo la adrenalina empezaba a recorrer su cuerpo, se crujió los nudillos con un sonido seco y satisfactorio. Sus ojos estaban fijos en el balón que Freddy ya sostenía en el fondo de la pista contraria. Su cola se agitaba de lado a lado con un ritmo frenético, delatando su ansiedad por que empezara el encuentro.

— Eh, Sera — susurró sin apartar la vista del frente. — Vamos a darles un espectáculo que no olvidarán.



RE: [Pasado] Los colores del otoño - Seraphine Soyer - 04-05-2026

—Ningún problema con eso— Sonrió, mirando a Kibai directo a los ojos. —Ya estoy feliz cuando paso tiempo con un futuro amigo— Y no mentía, aunque sabía que no era buena idea, considerando que ambos eran de facciones opuestas; al mink le caía bien, debía de mantener un poco de distancia, pero mientras más pasaban minutos juntos, no podía evitar resentir un poco el mundo, con sus normas imaginarias hechas por la sociedad. —¿Has inventado muchos platos por accidente?— La curiosidad en su rostro era genuina; dudaba llegar a su nivel; no obstante, pensaba que no estaría mal el aprender una u otra cosa por si de pronto se quedaba varada en alguna isla.

Y escuchó las palabras con atención, dándose golpecitos con el mentón.

—Entonces… ¿Si hubiese más confianza, si puedo llamarte a ti… eso?— Ladeó un poco su cabeza, mirándolo directo a los ojos, con una enorme sonrisa, aunque intentaba suprimir aquella necesidad de rascarle detrás de la oreja. —¿Atacarías a la gente solo con verla?— Se dio golpecitos en su mentón, pensativa. —Lo siento, pero… lo único que me viene a mi mente ahora mismo es que en esa forma es como si hubieses tomado un montón de esteroides— Hizo una mueca. —Me gustaría verlo, eso sí— Levantó una mano, dándole un pequeño tic. —¿Entonces… no le puedo decir a todos los minks tiernos? Creo que se lo dije a una pantera, que me parecía guapo, a ti… También me parecen tiernas unas cuantas amigas, dos chicos que conocí y…— Perdió algo de color. —Mierda, espero no haberles faltado el respeto de alguna forma.

Casi parece darle un ataque ahí mismo.

—Dime…— Escribió. —¿Puedo escucharte ronronear algún día?

Por otro lado, los ojos de Seraphine se perdieron un poquito en los músculos del hombre, sin vergüenza alguna, y tosió un poco mientras escribía. —Vale, orgulloso también eres— Con rapidez, añadió. —Recuerda que es un juego… nada de matar por accidente— Lo fulminó con la mirada, tirando su libreta y lápiz en la arena, sabiendo muy bien que la fuerza no era suya, pero la puntería era su más grande aliada, cosa que no tardaría demasiado en demostrar cuando fuese su turno, prefiriendo cuidar la parte de atrás, dejándole la parte agresiva a Kibai.


RE: [Pasado] Los colores del otoño - Kibai - 08-05-2026

Kibai se rascó la nariz, echando la mirada atrás en el tiempo.

— Pues dejame pensar... Una vez descubrí que si dejas verdura encima de una brasa, se quema por fuera pero se cocina de una manera muy particular por dentro. Después, para comerla unicamente tienes que quitarle la parte exterior, y el resto está perfectamente cocinado y con un sabor ahumado delicioso. También en otra ocasión derramé una copa de vino sobre una bandeja dónde estaba asando unos champiñones. Al final resultó que el vino les había dado un toque muy sabroso.

El mink soltó una carcajada mientras seguían caminando hacia la red de voleibol y hacían un gesto de saludo a las personas que jugaban en torno a ella.

—  Pero que no te engañe la emoción! La enorme mayoría de las veces que cometas un error en la cocina, te saldrá un resultado inferior al esperado, o directamente incomestible. Experimentar está muy bien, pero lo ideal es que lo hagas cuando cocinas para ti misma, en un momento en el que nadie tenga que sufrir en sus papilas gustativas tus errores gastronómicos.

Justo antes de descender hacia la playa, Kibai echó un ojo a la frase que había escrito Seraphine acerca de su forma Sulong.

— Es... una forma de verlo, aunque dudo que los esteroides me hiciesen lanzar rayos por doquier, o moverme a toda velocidad. De todas maneras, no es algo de lo que vayas a tener que preocuparte, la luna llena fue ayer, así que hasta dentro de un tiempo no habrá riesgo de que pase algo así. En cuanto a lo de ese mink... —  Kibai se encogió de hombros. — Supongo que si a él no le molestó, quién soy yo para decirte lo que debías decirle o no? Yo hablo unicamente por mi, no me creo en la posición de estipular nada para mi especie, solo por lo que a mi me parece bien o mal.

Ante su siguiente frase, el mink puso ostentosamente los ojos en blanco

— No, no puedes. Siguiente pregunta.

Sin embargo, no hubo tiempo para más. Sera y Kibai se colocaron en su lado de la pista. El mink se soprendió bastante al ver como se colocaba en la zona defensiva, dejándole la red a él. Sonriéndole con confianza, se adelantó varios pasos, crujiéndose los nudillos con un sonoro crujido, mantiendo los ojos fijos en Freddy, que en esos momentos elevaba el balón y saltaba para efectuar el saque.

— Vamos con todo, compañera, ahí vienen!


RE: [Pasado] Los colores del otoño - Seraphine Soyer - 08-05-2026

Enfocó su atención en él; le gustaba cuando Kibai sonreía y no pudo evitar pensar que tenía dos imágenes del hombre, un joven fuerte y activo, mientras que la otra estira la espalda como un gato enojado, siendo normal aquello, ya que apenas estaba empezando a conocerlo y tantear el terreno de las cosas que a Kibai le gustaban y con las que se sentía cómodo; no era algo que iba a aprender del todo de un día a otro, sin embargo, ya conocía un par, ante las palabras “verduras”, no pudo evitar arrugar un poco su nariz, como si fuese una cría pequeña que escuchó su plato menos favorito. 

—¿Todo tipo de verdura o solo una?— Parecía estar anotando las cosas que el hombre le decía con fervor. —¿Y cuáles son tus platos favoritos?— Los ojos de Sera se iluminaron, repitiendo aquel brillo cada vez que aprendía algo nuevo, en específico de él.

Movió su mano, como si le estuviera restando importancia.

—Creo que ya me acostumbré a cometer errores— Sonrió, rascándose un poco la mejilla, con estas coloreadas de rojo. —Suelo besar demasiado el suelo para mi gusto o alguna cosa me saldrá mal; lo importante es seguir intentándolo— Hizo un puño y lanzó un golpe imaginario al aire, con una expresión de convicción. —Además, ni hasta el más sabio hace todo bien a la primera… creo— Hizo una mueca; por alguna razón, a Kazan le parecía que hacía todo bien, ni hablar del resto de personas que conocía, mientras más pensaba que el resto era más genial y fuerte que ella, la pelirosa no podía evitar desinflarse un poco. 

—… ¿Alguien saboreó tus primeros errores?

No sabía por qué, pero aquello fue lo primero que le vino a la mente; sonaba como si Kibai tuviera experiencia con eso. —Me gustaría verlo— Se rascó el mentón, controlando sus ganas de hacer un pequeño berrinche, aunque reconocía que estaba siendo un poco insistente por el hecho de querer experimentar todo lo que la vida tenía que ofrecerle y Sulong parecía ser algo para poner en su bingo. —Entiendo— Asintió, sintiendo algo de curiosidad. —¿Te separaste siendo muy joven de tu familia? ¿Hay alguna costumbre, tradición que todavía sigues?

Frotó sus nudillos entre sí y cuando escuchó el rotundo no, Seraphine no pudo evitar inflar sus mejillas, casi sintiendo que iba a irse al cielo por el aire acumulado en estas, ahora sí se sentía como una cría haciendo un berrinche, sin duda, le hubiese gustado el escucharlo ronronear, al escuchar los crujidos de los nudillos se hizo una pequeña nota mental de mantenerse un poco alejada de Kibai, por las dudas y ya se imaginaba así misma recibiendo un golpe directo a la cabeza con la pelota, le enseñó de inmediato ambos pulgares, significando que estaba lista, protegiendo la retaguardia.


RE: [Pasado] Los colores del otoño - Kibai - 14-05-2026

Kibai descendió con cuidado por el terraplén, delizándose por la superfice a medias de tierra a medias arenosa hasta llegar a la playa.

—  Casi cualquier verdura te valdría, salvo aquellas que sean m uy blandas, como el apio, la remolacha, o las zanahorias. Pero el resto, yo creo que práctiamente todas salen beneficiadas de esa forma de cocinar. En cuando a mis platos preferidos, como ya te comenté en el mercado, tengo una gran preferenecia por las aves, aunque no le hago ascos a prácticamente nada, salvo a animales con pelaje claro está, eso para nosotros los minks es bastante tabú. Muchos de los nuestros, especialmente minks hervíboros, llegan a considerarlo un tabú. Yo he acabado por acostumbrarme a al menos tolerarlo, aunque sigue sin gustarme especialmente, y lo evito siempre que sea posible.



Ambos equipos se posicionaron en los respectivos lados de la red, y el árbitro se colocó en su silla, listo para dar inicio al partido.

— Bien chicos, será un solo set de 15 puntos, ya que hay más equipos para jugar. Freddy y Elena han ganado el saque, así que empiezan ellos. Podéis emepezar!

En el momento que el balón se elevó en el aire, el institinto de Kibai se disparó como una máquina bien engrasada. Sus pupilar se afinaron, captando cada detalle de los giros que daba la pelota mientras esta ascendía hasta el punto más elevado, con Freddy saltando junto a ella para efectuar el saque. El mink flexionó las piernas, listo para cubrir su lado de la pista. Como un destello, recordó un momento de la comida que había mantenido con la joven en la orilla del mar, y como ella le había ofrecido una flecha rota a modo de cubierto improvisado.

— Si usa flechas, por fuerza debe de tener puntería, eso es algo que podemos aprovechar.

No tuvo tiempo a pensar mucho más.  El saque de Freddy resonó como un trueno, y el balón salió disparado por encima de la red hacia la zona derecha de la pista. El mink no perdió ni un instante y se reposicionó, entrelazando las manos y juntando los antebrazos para ofrecer una superficie que amortiguase el trallazo. 

El impacto golpeó su piel desnuda, dejando una molesta sensación de ardor tanto por la fuerza del golpe como por la multitud de granos de rena pegados a la pelota. No obstante, Kibai orientó las caderas, dirigiendo el rebote en una parábola hacia la zona dónde se había situado Seraphine.

— Vamos Sera, colócala lo más alta que puedas!

Sin pararse siquiera a mirar a su comañera, y confiando totalmente en sus capacidades para efectuar el pase de colcocación, Kibai subió hacia la red y tomándo impulso, dio un potente salto, sacando más de medio cuerpo por encima de la red, listo para rematar.