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[Presente absoluto] ¿Es este el lugar? - Versión para impresión

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RE: [Presente absoluto] ¿Es este el lugar? - Irina Volkov - 08-11-2023

A Irina no le importaba que alguno de sus rituales fueran vistos a plena luz. La tinta de los tatuajes se dejaba ver en sus manos y brazos, pero le daba igual, no desentonaba en absoluto con el lore de una extravagante turista a la mayor biblioteca del mundo. Daría un primer bocado a la tostada, sintiendo el potente sabor de aquella sangre que manchó su lengua. Siempre que ingería sangre humana, carne o algún derivado crudo, sentía que sus dioses la abrazaban, formando una comunión casi total con ellos. Venía de estar casi cinco horas en su habitación rezando, de cara a la pared, completamente a oscuras y haberse flagelado un buen rato por no haber completado la misión a tiempo. No era su culpa que el pirata al que esperaban no apareciera, pero sí lo era no haberse percatado que quizás este no era el lugar en el que buscar, llegar hasta Ohara y esperar a la aparición del susodicho era un plan pasivo. Y no. A ella se le tendría que haber ocurrido uno mejor, uno que implicara un asalto más directo, conocer una ruta, seguirla, llegar hasta su mismísimo hogar y estar esperando en su sofá al calor de su mujer e hijos. Pero no fue así.

Era un bar de puerto, allí la gente confluía con bastante asiduidad. No quedaba un rostro sin inspeccionar para ella. Sin duda alguna no pasó desapercibida una atractiva mujer de cabello rojizo que no se sentó muy lejos de allí. Sus ojos, como siempre usados cuál faro, la señalaron. Sin embargo la estrambótica presencia de Alzeid le quitó un objetivo que analizar. Venía vestido con un traje de fémina, pero el era varón. —  Eres puntual. Me alegro agente Alzeid. Es un rasgo reconfortante. — Tomó un sorbo de su té. — Es bonito. —  Miró a su vestimenta. —  No te queda del todo horrible. —  Sonrió. No sabía hacerlo de forma que no pareciera una muñeca diabólica, no le salía de otra forma. De nuevo haría mención a algo que no debería saber. ¿Almas? ¿Sabía que era sangre? el pulso de Irina se aceleró ligeramente, la idea de comer en público con sus pequeños “aderezos” es que nadie pudiera olerlos como tal, que no pudieran identificar lo que era. Pero aquel maníaco lo hizo de primeras. No le gustó en absoluto. Rápidamente, se comió la tostada de varios bocados. Se limpió como toda una señorita los labios e intentaría pasar de ese tema.

Pregunto por Daryl. Irina arqueó una ceja. Al fin el hombre llegó, se le notaba no solo en la voz, sino también en el olor que durmió poco y bebió mucho. — Estamos trabajando, Daryl. —  Miró a Alzeid, casi se arrepintió de decir eso. Ella iba conjuntada a la perfección, el otro parecía un Jack el Destripador de mercadillo. Con quién demonios se estaba juntando. — Hueles a alcohol, otra vez. —  La fémina le miró a los ojos, con intensidad. —  Por cierto, te agradecería que no intentaras tocarme por la noche mientras duermo, si vuelve a suceder, no volverás a levantarte la mañana siguiente. —  Fue cortante. Para ella nada pasaba desapercibido. La triste realidad es que de las ocho horas que le tocaba dormir y dormía siempre, aquella noche tan solo fueron tres.

El cuervo de Irina estaba en un poste cercano de madera. Ojeando lo que sucedía. Siempre estaba con ella, daba igual la situación.
karmas



RE: [Presente absoluto] ¿Es este el lugar? - Ikirami - 08-11-2023

Mientras Ikirami daba los últimos bocados a su desayuno picante, cuyos sabores intensos aún danzaban en su paladar, notó cómo una figura cautivadora se acercaba a la mujer del sombrero de ala ancha que había captado su interés anteriormente. La persona que se aproximaba era de una belleza casi intimidante, portando un vestido negro que a Ikirami le pareció fascinante. El vestido no solo era de un corte exquisito, sino que también revelaba cicatrices imponentes que serpenteaban por su cuerpo como ríos que narraban historias de dolor y supervivencia. "Eso tuvo que doler", pensó Ikirami con una mezcla de asombro y una curiosidad morbosa, mordiéndose el labio mientras su mente hilaba teorías sobre las batallas que habrían dejado tales marcas.

Observó detenidamente al resto de la gente que bullía en el establecimiento, pero ninguno poseía la magnetismo que destilaban esos dos. Eran personas de aspecto corriente, sus vidas y presencias parecían tan predecibles como el ciclo del sol. Carentes de misterio o intriga, apenas eran sombras difusas en el fondo de su conciencia.

Ikirami sabía que tenía obligaciones pendientes en el puerto y, con el último trozo de desayuno consumido, se preparó para levantarse. Pero justo en ese instante, un tercer personaje irrumpió en la escena, uniendo su presencia a la de la misteriosa pareja que había capturado su atención. Era un hombre de estatura prominente, con músculos definidos que tensionaban la tela de su vestimenta negra y una capa que ondeaba tras él como la estela de un cometa nocturno. Su cabello negro y rebelde le confería un aire indomable, y su postura irradiaba la seguridad de quien ha enfrentado incontables desafíos. Ikirami, sorprendida y un poco azorada por el atractivo de aquel guerrero, desvió rápidamente la mirada, volviendo a sentarse en un intento de disimulo, y colocó su libreta abierta frente a ella, fingiendo escribir en ella mientras su mente se debatía entre la curiosidad y la cautela.

"Una mujer de ojos peligrosos que desayuna como si saboreara sangre, una criatura de hermosura andrógina con cicatrices que cuentan epopeyas de dolor y misterio, y un guerrero cuya mera presencia desata una tormenta ardiente en mis sentidos... Debo descubrir sus historias", se dijo internamente, sintiendo cómo la escritora y la observadora en ella se entrelazaban, ávidas de desentrañar los enigmas de aquel trío.

Aunque su deber la llamaba hacia el puerto, donde debía inspeccionar unos barcos sospechosos de albergar mercancías ilícitas, la oscuridad que había germinado en su interior durante sus días de cautiverio la mantenía anclada al asiento. "Solo un momento más", se convenció a sí misma, permitiéndose satisfacerse en la observación. El deber podía esperar; las historias que se desenvolvían ante ella, no. Con los ojos disimuladamente clavados en el grupo, se prometió que solo dedicaría unos minutos más a este ejercicio de observación antes de atender sus responsabilidades. Después de todo, la intriga era un antojo difícil de ignorar para alguien con su pasado y sus inclinaciones.


RE: [Presente absoluto] ¿Es este el lugar? - Alzeid - 08-11-2023

Irina, tan seria como siempre, recibió a Alzeid con algún que otro cumplido. Al menos para como ella era. Cierto es que no se conocían desde hace mucho tiempo, sólo un par de días, pero dicen que los maníacos se entienden mejor entre ellos. Este era un caso de esos. Irina era una persona seria, aparentemente responsable, pero que parecía guardar bajo esa fachada una personalidad tan o más turbia que la del joven andrógino. - ¿Del todo horrible? – Repitió sus palabras. Se puso de pie y comenzó a girar sobre sí mismo un par de veces. Se separó unos cuantos pasos y comenzó a caminar hacia ella, manteniéndole la mirada y jugando con su cabello. – Me queda fabuloso... – Se mordió el dedo índice. – Mi alma nunca había estado tan contenta con un nuevo outfit. Es perfecto para cazar hombres como los que buscamos. – Volvió a sentarse y dejó salir una pequeña carcajada ante el rápido movimiento de Irina con la tostada, que parecía engullirla sin siquiera saborearla. – No te preocupes... Come despacio y disfruta. Las almas están deliciosas. – Le guiñó un ojo, como muestra de ‘compañerismo maníaco’, aceptando aquel extraño gusto de la pelirroja. El café todavía quemaba, así que Alzeid continuó haciendo un examen visual del local.
 
Tan pronto entró Daryl por la puerta del local, Alzeid, atento como de costumbre, comenzó a ondear con el dedo índice de su mano derecha una de sus coletas, que caía por encima de sus hombros. Llegados a este punto, esto era ya personal. Mantuvo la mirada en él hasta que se sentó en la mesa con el resto del grupo. No parecía muy descansado, pero tampoco Alzeid. Dormir estaba infravalorado. – Todo correcto, Daryl, pero... – Dio un sorbo al café. Estaba ya frío, pero a él le encantaba que enfriase en la taza. - ¿Acaso nos has visto demasiado guapas y te preocupa emocionarte en medio de una misión? – Se muerde el labio. Continuaba jugando con una de sus coletas, mientras que con la otra mano estaba sujetando la taza de café. – Esa sonrisa te ha delatado. – Dijo, mientras devolvía la sonrisa. A Alzeid le encantaba el coqueteo y para él era una forma de jugar y entretenerse, pero no le gustaba cuando no sentía reciprocidad. Él, que se tenía en tan alta estima, se sentía dolido cuando otras personas no eran conscientes de su belleza. Incluso un vestido le quedaba bien, ¿qué más podía pedir alguien? Que nadie hubiese mencionado su vestimenta de forma directa y expresa era la peor manera de herir su orgullo. La guinda del pastel fue cuando Irina se refirió a los intentos de tocamientos durante la noche. ¿Eso era verdad? ¿Y él se lo había perdido? - ¿Por eso habíais cogido una habitación para vosotros dos? Pensé que nos podríamos divertir todos pero... – Suspiró fuertemente. – Veo que ya os divertís juntos entre vosotros. – Bebió el fondo de café que le quedaba en la taza. – Mi alma... está llorando. – Era mentira. – Menos mal que no soy celoso. – Se llevó las manos al rostro, cubriéndolo, simulando un estado de tristeza completamente fingido. Separó los dedos de manera que su ojo derecho quedaba descubierto. – Pero Irina, recuerda que no debemos matar. Si matas a Daryl... no podré probar su alma. – Se descubrió completamente la cara para acercarse un poco más a ambos, apoyándose en la mesa. – Y eso... no podría perdérmelo. – Se lamió los labios y volvió a echarse hacia atrás, apoyando la espalda en la silla. Estiró los brazos y bostezó. Estaba cansado, así que pidió otro café. - Será rápido. - Y, unos segundos después, ya se lo habrían puesto en la mesa.
 
Alzeid apartó el café a un lado y se acercó al centro de la mesa, jugando con su cabello. - ¿Os habéis fijado en aquella mujer que no deja de mirarnos? - Indicó con la cabeza la dirección en la que se encontraba. Estaba sola, parecía que sumergida en sus pensamientos y escribiendo, pero no había parado de mirar al grupo de Cipher Pol. - Creo que su alma quiere juntarse con la nuestra. - Acercó la taza y le dio un sorbo. - ¿Os apetece? - Continuó bebiendo. 
 
Karmas



RE: [Presente absoluto] ¿Es este el lugar? - Daryl Kilgore - 08-11-2023

Daryl acababa de sentarse en la mesa con su café y ya estaba Irina con las borderías de siempre. A veces era más seca, otras veces menos, pero parecía que la mañana no le terminaba de sentar bien, porque vaya humor de perros. — No estás trabajando, te has zampado una tostada. — Él tampoco tenía ganas de aguantar una regañina, menos aún después de que le hubiera dejado durmiendo en el suelo como un perro. Aunque lo cierto es que ya estaba acostumbrado a dormir poco. — Sí, ¿algún problema? — ¿Que olía a alcohol? Joder, el alcohol era la única manera que había encontrado de aguantarla. Decidió obviarla un rato, dejarla con sus mierdas y centrarse en Alzeid, que la menos se había dignado a responder a su pregunta. — ¿Así que es eso? ¿Os habéis arreglado para mí? Hm. No hacía falta. — Sonrió de nuevo. Era consciente de que a veces provocaba ese efecto en las mujeres, pero cuando Daryl estaba centrado en algo, solo pensaba en esa cosa, el resto quedaba en un segundo o incluso tercer plano, si teníamos en cuenta sus peculiaridades con el contacto. — Tranquilo, nada hará que me desconcentre de la misión. — Le dio un sorbo al café.

Pero cuando Irina mencionó lo de la noche anterior, sintió que estuvo a punto de tirar la taza al suelo. ¿Cómo se había dado cuenta? Si Daryl vio que tenía los ojos perfectamente cerrados, además ni si quiera llegó a rozarle... Si te fijabas lo suficiente, era posible notar un ligero ligerísimo rubor en las mejillas de Daryl, obviamente el tema le incomodaba. Sobre todo cuando Alzeid la creyó e insinuó cosas que no eran entre la pelirroja y él. — ¿Tocarte? Por favor... es solo que tenías un moco en la cara, deberías asearte más a menudo. — Era increíble como parecía que el objetivo de aquel grupo se basaba siempre en poner incómodo a Daryl, ahora Alzeid decía no se qué de probar su alma... ese tema de nuevo. Puso los ojos en blanco por un momento, decidió que no contestaría y que se dedicaría a terminarse café tranquilamente.

Entonces, Alzeid de nuevo, puso sobre la mesa una cuestión a la que Daryl también llevaba rato dándole vueltas. La pelirroja de antes no dejaba de mirar hacia ellos. Insinuó que quizás se debía a que tenía ganas de unirse al grupo, y preguntó al resto de la mesa si les apetecía. — ¿Por qué no? — Dejó su taza vacía sobre la mesa, se levantó de su asiento y sin pensárselo dos veces, se sentó frente a la llamativa pelirroja. En parte aquello le había servido como una perfecta excusa para alejarse de la incómoda conversación. Seguro que ella era más normal, ¿no? Debía de serlo, tampoco es que fuera muy difícil. Se fijó en que estaba anotando cosas en una libreta, pero no llegaba a ver lo que ponía. — Hola, ¿nos conocemos? Porque no dejas de mirarnos. — Se inclinó sobre la mesa, apoyando su codo derecho encima de esta. Daryl era muy alto y fuerte, era consciente de que su mera presencia intimidaba muchas veces, efecto del que intentó aprovecharse en esa ocasión. — ¿Cómo te llamas? — Le generaba curiosidad ver la reacción de la joven ante lo que era una posible amenaza, o todo lo contrario.

Karmas



RE: [Presente absoluto] ¿Es este el lugar? - Irina Volkov - 09-11-2023

El libertinaje de Alzeid asediaba a Irina, que la combatía con su gran capacidad para que cualquier tema no le importara especialmente. Asentía con la cabeza hasta que llegó al punto donde indicó que tomaron la habitación para los dos por un claro motivo, como no, sexual. — Siento romper el míto. Pero fue algo meramente monetario. — La agente del gobierno cerró sus especiales ojos, hundiéndose en su decepción interna. Nunca una misión se hubo tornada tan pesada en tan poco tiempo. Daryl no ayudaba, se envalentonó escupiendo una broma de mal gusto a Irina. - Está intentando impresionar de nuevo a su amigo. Qué le pasa, el no era así antes, ¿le gustará Alzeid? - Pensó para sí misma terminándose el té de un último sorbo. No contestó a Daryl, tan solo se quedó impasible ahí. Tenebris resultó ser mucho más agudo que todos los que estaban allí, el cuervo de Irina graznó y señaló (parecía) a una invitada en escena. Nadie miraría al cuervo salvo Irina, que terminó por confirmar la sospecha de que alguien les estaba espiando. ¿Como no hacerlo? si es que eran todos llamativisimos.

— No la he perdido de vista. —  Abrió el ojo derecho, cuando solo era uno el que miraba parecía más grande de lo habitual. Para sorpresa de nadie, Daryl se abalanzó hacia la mujer. — Esta misión no está saliendo como debería. No puedo llevar a cabo ningún encargo con un compañero completamente borracho y perdido por sus lascivas necesidades y ... Bueno, tú Alzeid, aún estoy calibrando hasta que punto eres más útil que molesto. — No pudo no ser honesta con ello. Dejó caer la taza en la mesa, con delicadeza. Descruzó sus piernas y miró a la patética situación de su compañero con la pelirroja. Si tenían el menor indicio de que se trataba de una espía, debían reducirla y torturarla, ¿qué hacía Daryl?. — Agente Alzeid. —  Susurró. — Demuestrame por qué eres un agente del Chipher Pol. —  Lo enfocó con sus perturbadores ojos. Las pupilas tomaban formas diversas, las ondulaciones variaban y el color, antaño anaranjado por el sol, se tornaba algo más rojizo debido a la sombra de la pamela.

— Daryl está fuera de sus cabales, ha perdido el norte, después pensaré en si hacer pública o no está información sobre él a los altos mandos. Se comporta como un perro sin bozal. —  Se limpió la comisura de los labios, despacito. — Has sido el primero en verbalizar que hay alguien que nos está mirando muy concienzudamente. ¿Sabes lo que hay que hacer? — Le penetraba el alma con la mirada. Poner la confianza de una acción poco clara en alguien como Alzeid podía ser una locura y también una manera de ganarse la confianza de Irina, que no era fácil.

karmas



RE: [Presente absoluto] ¿Es este el lugar? - Ikirami - 09-11-2023

Entre el bullicio matinal, Ikirami seguía al acecho. Aparentando estar inmersa en su propio mundo, protegida detrás de su libreta. La tinta en la página fluía en espirales negras, escondiendo su nerviosismo mientras observaba al grupo.

Se fijó en que los tres personajes dirigían alguna que otra mirada hacia ella. Entonces, el hombre de negro se levantó y se acercó a ella, su figura imponente cortaba el aire con la precisión de una espada. "Está claro que me han visto, maldición". Ikirami podía sentir la fuerza y el peso de su presencia, tan intensos que parecían empequeñecer el espacio alrededor. El hombre tenía el aire de alguien acostumbrado a ser obedecido, a ser temido.

El misterioso guerrero preguntó si se conocían, se había percatado de que los observaba hacía rato. Su voz era profunda, un susurro de grava que sacudía la calma de Ikirami.

—Creo que todavía no, por desgracia —respondió ella, su sonrisa juguetona escondiendo el rápido latir de su corazón.

Entonces, haciendo gala de su porte intimidante el hombre se apoyó en la mesa, acercándose ligeramente en su dirección. Cuando él se inclinó hacia ella, Ikirami no pudo evitar notar la ausencia de su mano, y algo en su pecho se apretó. Un recordatorio silencioso de los peligros y desafíos que él habría enfrentado, historias que su cuerpo contaba sin necesidad de palabras. La curiosidad se mezclaba con una punzada ardor en su interior, y una extraña fascinación la embargaba al imaginar las batallas que habría librado.

—Ikirami… —susurró ella, permitiéndose un instante para trazar con la mirada la silueta de su figura marcada por la vida guerrera.

La revelación de esa cicatriz y el cuerpo aguerrido del hombre abría en Ikirami un abismo de emociones. Sus sentidos se nublaron al contemplarlo, preguntándose cómo una bestia de tal magnitud había podido sufrir la pérdida de su brazo. La cicatriz, antigua y desvanecida, hablaba de un pasado tormentoso y lejano. Su porte era el de un depredador indomable, y esa ferocidad innata despertaba en ella una resonancia profunda e inesperada. Acostumbrada a dominar el juego de la seducción, se encontraba, curiosamente, en el papel de presa frente a este hombre, y la sensación le resultaba sorprendentemente embriagadora. Aquella parte de su ser que siempre ansiaba el control, ahora se suavizaba, casi se rendía, ante la presencia arrolladora de él.

Sacudiéndose esos pensamientos, Ikirami cruzó los brazos, ejerciendo presión involuntaria sobre su pecho, y levantó la vista hacia él. Su sonrisa era ahora tierna, curiosa, genuina; una mezcla de emociones que reflejaban la complejidad de lo que sentía. Había algo en la intensidad de sus ojos negros que le decía que él también había notado la tensión entre ellos, un juego de poder y seducción que se desarrollaba sin palabras. O tal vez era solo su imaginación, que volaba imaginando lo que todavía no había sucedido.

—¿Y tu eres...? —preguntó Ikirami, dejando que la curiosidad tiñera su voz y la pregunta en el aire.

—He venido a Ohara por un trabajo en el puerto —comenzó Ikirami, intentando desviar la conversación de su agitación interna—, y no podía perder la oportunidad de conocer este lugar. Aunque no esperaba toparme con alguien tan... interesante como tú, y tus compañeros.

Echó un vistazo rápido a quienes lo acompañaban, que hablaban entre ellos, pero no era capaz de discernir sobre qué y dirigió su atención flotando de vuelta hacia él con una gracia innata. Había algo en él que era cautivador, una promesa de historias aún por contar. Con una sonrisa genuina y ojos brillantes de expectativa, Ikirami esperó, ansiosa por descubrir qué secretos escondían el hombre de la mirada profunda y sus compañeros, a los cuales deseaba conocer en breves.

Karmas


Ilustración de la Escena



RE: [Presente absoluto] ¿Es este el lugar? - Alzeid - 09-11-2023

Tanto Irina como Daryl evitaron el tema que Alzeid había iniciado, explicando que el motivo de que ellos se juntasen en una misma habitación era tan sólo monetario. Pero esto sólo le había sonado a una mera excusa, pues si fuese por una cuestión de dinero... - Entonces, ¿no sería mejor que durmiésemos los tres juntos? - Inclinó la cabeza, dándole vueltas al café con la cuchara. - Pero da igual... eso ya no es importante. - Acabó el café con un último sorbo. No pudo articular ninguna palabra más pues, tan pronto como Alzeid se había referido a la joven que los estaba observando, Daryl se acercó hacia ella sin dudarlo ni un segundo. Quién sabe, quizá se haya sentido atraído por su sola presencia (pues era bastante atractiva), o quizá no pudo encontrar mejor excusa para abandonar el asedio al que lo estaban sometiendo tanto Irina como Alzeid; la primera, que no dejaba de calificarlo como "alcohólico", y el segundo, que no cesaba en sus intentos por probar "su alma". Eran un grupo bastante particular, pero el rol de "diana objetivo" estaba muy bien definido. Fuese por un motivo o por otro. El caso es que Daryl se abalanzó sobre ella, colocando su codo derecha sobre la mesa en la que la joven estaba. - Para no acercarse mucho a la gente, no podría haber pegado más su cuerpo al de ella, ¿verdad, agente Irina? - La miró mientras metía el dedo índice en la taza, chupando los restos de café que quedaban en ella. En ese momento, Irina aprovechó para criticar a Daryl y su manera de actuar, recordando su estado ebrio y unas supuestas necesidades lascivas. - ¿Eso no había quedado zanjado con ella? - Fue el único pensamiento que tuvo Alzeid mientras escuchaba a su compañera. Pero, de pronto, comenzó dirigirse directamente hacia él. Hablaba de los motivos que tenía para ser un agente y que le demostrase por qué lo soy, interrogándole sobre si sabía o no actuar ante una situación como la que se encontraban. - Pero agente Irina... - Lamió el dedo índice por última vez. No quedaba más café en la taza. - ¿Acaso sabes con quién estas hablando? - Apoyó ambos brazos sobre la mesa y la miró fijamente. - ¿De verdad quieres que desate todas las cualidades de mi alma para comprobar si la mujer que nos estaba observando es o no una espía y tiene relación con nuestra misión? - Continuó mirándola. - Perfecto. - Echó su melena hacia atrás y se levantó. Pareciera que estaba siguiendo las órdenes de Irina, pero lo cierto es que armar un pequeño alboroto en aquel lugar era lo que más le interesaba en esos momentos a Alzeid. Y lo que más le apetecía, para qué negarlo. - Pero que sepas que me llamaban la belleza asesina en la academia. - Le guiñó un ojo mientras se levantaba de la mesa. 
 
Aceleró el paso hacia la mesa en la que se encontraban Daryl y la joven pelirroja. - Disculpa Daryl. - Le guiñó un ojo mientras pasaba su brazo izquierdo por el hombro izquierdo de Daryl. Sabía que no le gustaría pero, ¿a quién le importaba? Se puso de espaldas a la mesa, apoyando ambas manos sobre ella y, con un pequeño impulso, se sentó encima, incorporándose frente a la joven pelirroja. - Hola, guapa. - Empezó pronunciando estas palabras, mientras ondeaba una de sus coletas con el dedo índice de su mano derecha. Esta era su forma de sacar información. Aprovechar su físico y su personalidad para después dar el golpe. - Hemos visto que nos estabas observando desde hace tiempo y nos ha extrañado. Quizá... - Puso su mano izquierda sobre la libreta que tenía en la mesa. - ¿Estabas intentando obtener información sobre nosotros? ¿O es que eres una artista y nos estás haciendo un retrato? - Dijo con una amplia sonrisa en el rostro, mientras mantenía el coqueteo con su cabello. - ¿Por qué no nos les lo que estabas escribiendo? - Preguntó. - Igual me inspiran para la nueva melodía que estoy creando. - Aunque no lo pareciera, Alzeid era músico. Y comenzó a tararear, de una forma bastante armoniosa y singular, una canción que solía cantar después de cometer alguna masacre. 
 
Karmas



RE: [Presente absoluto] ¿Es este el lugar? - Daryl Kilgore - 09-11-2023

Había abandonado la mesa de los locos, podía escuchar como murmullaban algo pero, sinceramente, no le importaba en absoluto. Ahora toda su atención caía sobre la pelirroja enfrente suya. No, Daryl no era tonto, ni era un hombre especialmente mujeriego, por mucho que a Irina le gustase insinuar lo contrario, era bastante raro que fuera él el que se acercase a ninguna mujer. Pero es que no había hecho ese movimiento con intención de ligar con ella, sino de intentar averiguar si la joven tenía propósitos ocultos con su grupo. Por lo general, a los agentes del Cipher Pol no les gustaban los fisgones, y a Daryl, tampoco.

Dijo llamarse Ikirami... No, no le sonaba de nada. Por el momento, descartó la probabilidad de que fuera otra agente, aunque físicamente podría dar el pego fácilmente. La analizó con la mirada, recorriendo su cuerpo de arriba abajo, completamente descarado y sin ninguna clase de vergüenza. Por el lenguaje corporal de la fémina, se notaba que su intención de resultar intimidante había surtido efecto. La mujer se había empequeñecido ante su presencia, incluso parecía temblar ante la idea de estar completamente a la merced de un depredador por naturaleza como era Daryl. Le gustaba esa sensación, era poderosa. No le interesaba tanto el juego seductor que obviamente se estaba dando, sino el sentirse superior, con todas las cartas a su favor. La pelirroja preguntó por su nombre. Se tomó unos segundos de tensión antes de responderle. — Daryl. — Su tono era frío y áspero. No hizo falta ni preguntarle, enseguida la joven comenzó a contar la razón por la que se encontraba en Ohara. Aquello solo levantó más sospechas en su cabeza. ¿Tenía un trabajo que hacer en el puerto? Parecía sospechosamente parecido a su misión... sin embargo, Irina y él eran los únicos agentes de la Cipher Pol con aquel destino, Alzeid se había unido a ellos, pero él estaba destinado a otra cosa. ¿Qué ocultaba aquella mujer? ¿O quizás no tenía nada que ocultar y estaba viendo cosas donde no las había? Siempre existía esa posibilidad, pero sería a la última a la que recurriría, después de descartar las demás por completo.

Cuando estuvo por preguntarle, apareció Alzeid. En un momento de lucidez, pudo ver las intenciones de su compañero al pasar al lado suya. Como si se tratara de un acto reflejo, el hombre se levantó de la silla, esquivando la mano del albino que buscaba apoyarse sobre su hombro, para luego sentarse encima de la mesa. De no haberlo esquivado, los dedos extendidos de Alzeid se habrían apoyado sobre su piel... Sintió que perdía los nervios de repente. Apretó los dientes, frunció el ceño, no podía pasar aquello por alto, no por un motivo de orgullo, es que simplemente perdía los papeles cuando se daban situaciones de aquel tipo. Por mucho que quisiera, no podía controlarse. Ignoró por completo lo que fuera que estaba hablando, y una vez de pie, lo que hizo fue empujar la mesa con su pie, volcándola sobre el suelo y tirando a Alzeid por el camino, junto con todo lo que estuviera sobre ella. Agarró su espada y acercó el filo a su cuerpo cicatrizado. Era rápido y su rostro expresaba una ira sacada del mismo infierno. — Si vuelves a intentar tocarme, te cortaré la cabeza. — Algunas de las personas que se encontraban en el bar salieron corriendo ante la violencia que se estaba ejerciendo, atemorizados por aquel espadachín oscuro. Sus ojos se clavaban en los de Alzeid como dos puñales sedientos de sangre. Hablaba completamente en serio.

Karmas



RE: [Presente absoluto] ¿Es este el lugar? - Irina Volkov - 10-11-2023

El fino oído de Irina vería respuesta su duda. Por las palabras que utilizó, Ikirami parecía ser reportera, estaba en el puerto "trabajando" pero las personalidades extravagantes del grupo de miembros del gobierno le llamaron tanto la atención que ... Hasta estaba apuntando cosas en un cuaderno. Irina cerró los ojos, sabía qué tenía que hacer, qué es lo que tocaba. Hacía mucho que no torturaba a alguien, por lo menos un año. 

Alzeid, por otro lado, contestaría siempre con un tono fielmente sacado del reptil, daba igual lo que dijera, se sentía sibilino, ocultando verdades detrás de más mentiras. La Volkov no se fiaba de él, ni tampoco de la mujer pelirroja. Si me apuras no se fiaba ni de Daryl, que cada vez parecía estar más fuera de la órbita de Irina. No descartaba que todos estuvieran jugando sus propias cartas en dirección a la tortura del nuevo personaje, pero ninguno se movía con el sigilo que corresponde hacer eso en publico. Era bochornoso.

— A ver si es verdad y no fallas esta vez. — Contestó al polifacético Alzeid, que saldría, de nuevo, sibilinamente hacia la otra escena, donde entraría de la misma forma. Irina ya no veía una persona, veía una serpiente llegando hasta otro objetivo a la que drenarle la energía. Ese era uno de los tipos de personas más peligrosas que existían. Tal como se levantó y enfocó los primeros movimiento para con Daryl, Irina reaccionó como si ya hubiera visto el futuro. Suspiró antes. Sacó un par de guantes de látex que se colocó con finura, después se levantó y caminó con lentitud hacia la escena donde estaban todos. Lo que sucedería efectivamente estaba previsto. Ante el contacto directo Alzeid, Daryl, que dentro de lo que cabe, solía ser un hombre bastante contenido, estalló. Golpeó una mesa y agarró su arma.

Fue en ese instante que Irina se colocaría justo frente a él, sujetando sus mejillas con ambas manos. — Mírame. — Le apretó la cara. Tenía los guantes puestos, eso no evitaba el problema de Daryl, pero logró encontrar la forma mediante aquellos objetos una manera de entrar en contacto con el sin que explotara en ira al instante, se podría decir que retrasaba la molestia que el tipo sentía. Irina soltó el rostro de Daryl a los dos segundos, consciente de su problema. — Este no es el lugar. —  Los ojos de la Volkov otearon el horizonte, todo el mundo estaba pendiente de ellos. El plan había fallado, días tirados a la basura por personajes que se comportaban como niños o peor aún, como piratas. Las altas esferas recibirían notificaciones sobre lo sucedido, de eso no cabía duda. — Has olvidado que estamos de misión. Has olvidado que estamos en público y sobre todo, has olvidado comentar que si estabas a punto de hacer algo, me lo tienes que decir. —  Lo cierto es que entre Daryl e Irina había códigos, seguramente el hombre ya sabía que ahora venía el momento de capturar a Ikirami y practicarle las torturas correspondientes para que desvelara quién era realmente, pero antes de actuar había que decir que lo estabas haciendo. De lo contrario sucedía lo que estaba sucediendo. Descontrol.

El descontrol era el peor aliado de una persona bien aplicada. De repente un den den mushi empezó a sonar en no de sus bolsillos. Irina lo tomó con su diestra. — Agentes Daryl Kilgore e Irina Volkov, Glatus ha sido visto en las costas del Reino de Ilisia. Cierro conexión. —  Se acabó la llamada. Tenebris emanaría un fuerte sonido antes de aterrizar en el hombro izquierdo de la agente. Estallaría de la fuerza el den den mushi. — Nos han tenido que dar ubicación ... Ni si quiera hemos podido llevar a cabo la misión de infiltración un par de días. — Bajó la mirada. —  Esto es una vergüenza. —  Lanzó el den den mushi sobre el cuerpo de Alzeid. — Nos vamos. —  Miró a Daryl. —  A no ser que prefieras seguir aquí comportandote como un simio. —  Finalizó.

La misión les esperaba.


karmas



RE: [Presente absoluto] ¿Es este el lugar? - Ikirami - 10-11-2023

Daryl. Ese era el nombre del enigmático hombre que, por desgracia para Ikirami, no parecía interesado en ella. "Por ahora" se dijo. Pero su atención fue capturada cuando la figura de inusual belleza, con cabello plateado como la luna, se aproxi çmó también. Con un gesto despreocupado, intentó colocar su brazo sobre los hombros de Daryl, pero este reaccionó con una agilidad felina, levantándose rápidamente y esquivando el contacto como si fuera algo repugnante.

El misterioso individuo, entonces, se acomodó sobre la mesa, abordando a Ikirami con una familiaridad desconcertante, incluso llamándola guapa. Fue en ese instante cuando Ikirami se percató de que la aparente belleza era en realidad un hombre, de rasgos andróginos y un aire de feminidad emanando de su vestido. Sin embargo, a pesar de su apariencia delicada, algo en su aura le transmitía un sentido de peligro, distinto y más visceral al que había sentido con Daryl. El hombre indagó sobre el motivo de su observación, mostrando un interés particular por la libreta de Ikirami, a la cual extendió su mano con posesión.

Ikirami, observando la libreta, debatía internamente si inventar alguna excusa. Podía sentir el peligro circundándola, acechando como una serpiente que se enrosca lentamente alrededor de su presa. Una voz en su interior la instaba a ser cautelosa, a medir cuidadosamente sus palabras ante estas personas. Su corazón latía con la anticipación de un conflicto inminente.

-Tan solo...

Comenzaba a articular sus palabras cuando su mirada se desvió hacia Daryl, quien se mantenía erguido frente a ella. La ira marcaba cada rasgo de su rostro, como una tormenta a punto de estallar. Ikirami, por un momento, pensó que esa furia era dirigida hacia ella y se tensó, preparándose para reaccionar. Pero entonces, ¿Daryl atacó a su propio compañero? En un arrebato de furia, había arrojado la mesa por los aires, arrastrando consigo al hombre del vestido y a la libreta, que voló a través del aire dejando sus garabatos de profundas espirales negras a la vista. Ikirami permaneció sentada tranquilamente, con una expectación surgiendo en su interior. El peligro que había sentido antes se había disipado por completo, y ahora estaba absorbida por el espectáculo que se desarrollaba ante ella.

Daryl, con una rapidez impresionante, desenfundó su espada y la blandió amenazadoramente contra su compañero. Sus ojos ardían con fuego y odio, y sus palabras sentenciaban una promesa de muerte si volvía a repetirse el contacto.

En ese momento, Ikirami sintió una oleada de emoción. La oscuridad que emanaba de Daryl la atraía de manera inexplicable. Su boca se curvó en una sonrisa casi maníaca, fascinada por la situación y anticipando un inminente baño de sangre.

Levantándose de su silla, se acercó a ellos, su paso firme y decidido, mientras el resto de los presentes huían en un pánico desenfrenado. Pero en ese preciso instante, la mujer de blanco, que había permanecido sentada en la mesa, apareció en escena. Con unos guantes que antes no llevaba, se acercó a Daryl, arropando su rostro entre sus manos y tratando de instarle a la calma. "NO. No detengas esto", pensó Ikirami, una decepción aguda surgiendo en su corazón sediento de violencia. Sin embargo, parecía que se quedaría con las ganas de presenciar más caos.

De repente, el sonido de un Den Den Mushi emergió del bolsillo de la enigmática dama. Ella lo tomó y una voz resonó:

"Agentes Daryl Kilgore e Irina Volkov, Glatus ha sido visto en las costas del Reino de Ilisia. Cierro conexión."

Ikirami, sorprendida, reflexionó rápidamente. "¿Agentes? ¿Glatus?" El cargamento que había sido enviado para su inspección estaba relacionado con este mismo Glatus. ¿Era posible que Daryl e Irina estuvieran allí por el mismo motivo? ¿Pertenecían, quizás, también a la Marina?

-¿Sois Marines? -preguntó Ikirami, su voz un eco de curiosidad y determinación mientras buscaba en su bolso y extraía su identificación- Mi nombre es Ikirami Kuroichi, soldado de la Marina- Mostró su placa con un movimiento firme, su mente ya analizando las posibilidades. -He venido a Ohara a investigar un supuesto caso de contrabandismo ilegal, relacionado con un tal Glatus.
Guardando su placa, Ikirami sopesó la situación. "Han mencionado la isla de Ilisia... Si pudiera llegar allí y acabar con ese despojo, seguramente aumentaría mi reputación, incluso podría obtener un ascenso. Y, además, podría desahogar estas ansias de sangre..."

-Tal vez sea un poco precipitado, ¿pero podría acompañaros? -inquirió, su mirada ahora afilada y seria, revelando un atisbo de su verdadera naturaleza. -Estoy harta de misiones aburridas, necesito pasar a la acción- Su énfasis en "Necesito" era palpable, y al chocar sus puños, dejó entrever, aunque brevemente, la oscuridad que se escondía en su mirada y una resolución implacable-. Y si hay peligro, mejor.


Karmas